WNBR GDL: Del cuerpo a los cuerpos
Desde la piel de un individuo hasta la manifestación colectiva
WNBR GDL 2013. Foto: Ulises Ruiz

Dedicado a Anna Salvatici, por ser la primera cómplice de esta acción a mi lado, en donde quiera que esté su espíritu.

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.
Anne Carson

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¿Desnudos en la calle? ¿Sería posible en Guadalajara? ¿La fotografía como medio de ruptura de paradigmas? ¿El uso de la bicicleta como manifestación? Pues sí, fue por allá de 2006 cuando por mi cabeza surgió la idea de realizar una sesión fotográfica de desnudo en la vía pública como un performance de impacto, y años más tarde, se convirtió en costumbre. Todo este interés por el cuerpo humano me surgió desde tiempos preparatorianos. Y ahora, creo, muchas personas se han de preguntar cómo es que llegó la World Naked Bike Ride (Marcha ciclista al desnudo) a Guadalajara. Les contaré. 

Patricia Cardona y sus bodypaint. Foto: José María Martínez

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Por aquellos años estudiaba Letras Hispánicas, y de igual manera, fueron tiempos de fotografía. La incomodidad para la academia fue que al estudiar la palabra, también, solicitaba a mi departamento que me permitiera tomar otras materias de artes; aquello era ajeno a la formación tradicional de la facultad, me consideraban el estudiante ecléctico: “¿Cómo es posible que alguien tome materias de letras y de artes?”, pues yo lo hice.

Así, el desnudo fotográfico se propagó en algunos calendarios que publiqué en 2005 y 2006 con la palomilla de letras y otros más de artes. Le llamamos Calendario Fotolectógrafo, el primero, Hombre objetivo Tiempo subjetivo, el segundo, Fluidos ImpreGsos. Entonces éramos Mute Co-lecto, un colectivo de la palabra y la imagen. Gracias a aquellas hazañas plástico-literarias, nos vimos en la posibilidad de descubrir la desnudez ante la fotografía y la poesía. A la par de la facultad (2005-2010), habría de conocer a un sin número de fotógrafas y fotógrafos que me aportaron el conocimiento necesario cuando laboré en Fotográfica Navarro, empresa que hasta el momento ha apoyado mis locuras fotográficas. Así, y de igual importancia, fue el apoyo de Rendija Taller Visual, al mando de Mónica Cárdenas, luis/caballo y Cuitlahuac Correa, quienes me posibilitaron el acercamiento a los cuerpos desde otra perspectiva plástica. 

Manifestarnos libres. Foto: José María Martínez

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El cuestionamiento que surgió en mí por manifestar al cuerpo humano como un espacio de expresión tiene que ver con el acto del reconocimiento individual. Lo anterior es algo así como lo que durante años trabajaron los artistas del performance Marina Abramović y Ulay, quienes como pareja y durante más de una década sometieron a la perspectiva humana con condicionantes extremas tanto al cuerpo como a la mente, todo esto, un juego de sus cuerpos ante el mordaz juicio social. 

Mi cuerpo y yo. Foto: Ulises Ruiz

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Así, entre las letras, la fotografía y el performance me deslicé por aquellos momentos, a tal grado de concebir la oportunidad de participar en lo que fue uno de los momentos plásticos más importantes de la Ciudad de México (por aquel tiempo, Distrito Federal): la visita creativa del fotógrafo estadounidense Spencer Tunick. Para llegar a aquella acción, la sesión fotográfica de miles de desnudos en el Zócalo capitalino, tuve que emprender un viaje de raite desde Tonalá, por la vieja carretera del Bajío, hasta la capital mexicana. Logré estar en la madrugada del domingo, horas antes de la acción. Aquella experiencia me permitió descubrir en mi persona y en mi comunidad un valor excepcional por el cuerpo humano, por la vida, por la naturaleza y por la libertad del ser. 

Esa mañana todo tipo de persona estuvo desnuda frente a mis ojos. Nos permitimos valorar el esfuerzo creativo de aquel fotógrafo y fue un momento mágico lo que experimentamos. Más de 20 mil seres humanos desnudos abarrotamos el centro mexicano y alcancé la plenitud como persona. Ahí conocí a quien fue un amor de carretera algunos meses después y también, encontré a algunos amigos de Guadalajara, mismos que fueron testigos de mis nalgas rosadas. Fuimos todos, un tumulto de piel en el frescor capitalino. 

Desnudos y Ciudad de México. Foto: Spencer Tunick.

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Después de aquello, pasó en diversas ocasiones, por mis pensamientos, la acción de ejecutar un performance individual al desnudo. Así, un día sin más pensar, desperté, hablé con un amigo pintor, Tarcisio Navarro, y creamos la acción. Me pintó de rosa, y el artista urbano Dieta, escribió con esténcil en mi pecho “Así sin nada más.”. Aquello fue una acción de dolor y mucha incertidumbre, pues lo único que me salvó fue el par de tenis blancos que portaba. La adrenalina, la mirada de las personas y la velocidad del momento, fue una esencia indescriptible. Eso, más tarde, sería la necesidad de gestionar un movimiento en la ciudad. 

Avenidas Juárez y yo. Foto: Carole Lepelley
Así sin nada más. Foto: Carole Lepelley

World Naked Bike Ride Guadalajara
En abril de 2010, cuando robada en aquella época al lado de una amiga entrañable, preguntamos en algunas ocasiones a un grupo de ciclistas si estarían de acuerdo con algo así, manifestarse desnudos en la ciudad, y como evidencia, el acto fotográfico. Para entonces, nosotros sabíamos del movimiento internacional World Naked Bike Ride y queríamos ejecutarlo en Guadalajara

Un año más tarde, en 2011, desde la individualidad, llevé la primera notificación al gobierno municipal de Guadalajara. Me citaron, me abordaron, me cuestionaron y me advirtieron problemas con la ciudad pues la desnudez colectiva, según eso, atentaría a terceros al causar contrariedades en el marco del Reglamento de policía y buen gobierno, y más aún, pues el paradigma tapatío sobre el cuerpo humano se mostraba sensible entre lo políticamente correcto, las creencias socioculturales de la ciudad y la libertad de expresión. Todo sucedió de manera sana. Ese año, me desnudé al final, algunos lo hicieron desde antes, a media marcha. 

La música y la desnudez ciclista. Foto: José María Martínez

En 2013, para la celebración del Día mundial sin auto, después de la tercera edición de la World Naked Bike Ride, un equipo de fotógrafos integrado por Cecilia Fernández, Ignacio Calleja, José María Martínez, Refugio Ruiz y yo, realizamos, bajo el discurso de esa marcha, una breve sesión fotográfica en la que cerramos avenida Vallarta por cuestión de dos horas con algunas mujeres y hombres en plena desnudez, proyecto que denominamos Tráfico desnudo. Dicha sesión fue mágica, una experiencia única, radiante, por no decir más. A su vez celebramos a Spencer Tunick. En 2014, al finalizar la cuarta edición de la WNBR GDL, expusimos las mejores fotografías en un espacio de la zona Centro. Después, el propio Spencer, habría de tener una obra de nuestros materiales en sus manos, fuimos felices. 

Spencer Tunick y Cecilia Fernández. Foto: Miguel Asa

Nos hemos desnudado por reconocer el valor de nuestras vidas y de nuestras sociedades. Somos vulnerables todo el tiempo y nos manifestamos con la premisa del respeto a nuestros cuerpos, a nuestra sana interacción como comunidad. No me arrepiento de nada. No cuestiono mi atrevimiento y no cuestiono el morbo de las personas, ni las sensaciones de otras. Qué más da. La provocación social sucedió, y vaya, hoy día sigue vigente nuestra voz, tan sólo para mencionar que nuestros cuerpos se la juegan cada vez que salimos a caminar, a patinar, a pedalear, con el fin más sincero de nuestras vidas, movernos. Desnudos ante el tráfico y ante el prejuicio de sus miradas, toda la vida: nos vemos en junio, por la onceava.