Valentín Guardiola: los paisajes desde un tráiler
Un potosino que vibró como nuestra inspiración en carretera
Valentín Guardiola. Foto: Miguel Asa
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What have we found?
The same old fears
Wish you were here
Pink Floyd

Para toda mi familia, por el amor que nos profesó.

En las carreteras siempre existen grandes gusanos que resbalan por la piel de la Tierra, de muchas formas se mueven y andan con la esperanza de la especie de manera constante. Hablar de tráilers es manifestar un universo grandísimo, único, espectacular. Pero saber que un trailero inspiró a un joven creativo es otra entidad, otra potencia, una fuerza como no dos veces. Así fue mi hermano Valentín Guardiola, un hombre que desde tengo memoria siempre entregó sonrisas y enormes alivios a la familia, a sus colegas y a todo aquel que le conoció.

Oriundo de San Luis Potosí, San Luis Portosí, México, me dio camino para llegar a muchas partes del país. Fue la puerta que le permitió a mis ojos darle el seguimiento medular a esas máquinas enormes. Nació el 2 de abril de 1968, desde el vientre de mi madre, la Prieta. Los recuerdos que tengo de niño a su lado son de alegría, diversión y calidez, y sobre todo, de mucho Pink Floyd. Sin embargo, hay más que eso, se trata de uno de los principios de Proyecto Ululayu tal como lo conocemos hoy día.

Retrovisor del 503. Foto: Miguel Asa

Con Vale, como le llamábamos en la familia, tuve mi primer travesía más cercana, más honesta y más sincera, pues con él, las carreteras fueron otra cosa, se convirtieron en mi segundo escritorio, en el sitio más reconfortante para improvisar poesía, para existirme a solas, para disfrutar de la tierra, de los versos, de los colores, de los caminos, de los traileros. Se convirtió en el poema que llevo debajo de mi bicicleta a cada rato. Y es que en algún momento de mi vida, allá por diciembre de 2003, una tarde de sábado me pidió que le acompañara a un viaje de carga hacia el norte de México. Aquel día, yo, un joven apenas con la mayoría de edad, lavaba su camión cuando surgió esa propuesta.

Recorrimos las carreteras que nos llevaron a Zacatecas, Saltillo, Torreón, Camargo, Delicias, Chihuahua, Ciudad Juárez, Fresnillo, Aguascalientes y León. Fue una semana con un frío escandaloso. Teníamos que regresar a Guadalajara para la cena familiar de las fechas esas. En ese viaje aprendí todo lo que sé hoy. Dormí en su cabina, con él y con el corazón fortísimo siempre. Comí de todo, viví de todo, y lo que más me entusiasma, es que me brindó todo. Aquellos días fueron de mis primeras épocas como fotógrafo novato. En ese viaje porte una cámara mecánica con la que resguarde toda imagen posible, sin embargo, en algún momento se extraviaron los negativos de esos esfuerzos. 

Navegación terrestre desde el 503. Foto: Miguel Asa

Hubo lluvia nocturna bajo las luces de nuestras posibilidades, amistades nuevas, sensaciones y emociones diversas; conocí las sierras rosas-moradas, los manzanales secos, las dunas del desierto, las duermevelas de las orillas, los saludos fraternos, los códigos de carretera y todo lo posible que se vive en las diez llantas. Los paisajes, después de eso, se volvieron una constante conmigo, en mis ojos nacieron jardines de palabras y todo lo que soy ahora, y más aún, todo lo que es Proyecto Ululayu con toda mi comunidad. En ese viaje descubrí el dormir fuera, potenciar mi corazón, y sobre todo, valorar cada paso, cada respiro, cada sensación del ser.

Aquella ocasión se volcó mi corazón para todas partes, para expandirme, crecer y crear, pues al regreso de ese viaje, en que contemplé a mi hermano como un hombre con todos los matices, me di la oportunidad de saberme valiente. Al regreso de Chihuahua, una parte de la carga se ladeo hacia la izquierda del tráiler y la preocupación surgió como una de las más grandes incertidumbres que he vivido. Ésta se acrecentó cuando llegamos a nuestro destino, pues al dar la vuelta por uno de los bulevares León, la caja de 52 pies que portábamos, sufrió dos pinchaduras del mismo lado en que iba ladeada. Esa noche conocí la potencia de la poesía, la soltura de los momentos y la energía del compañerismo. Nunca me dejó solo. Aprendí entonces, de sus lágrimas, que el más grato esfuerzo surge desde nuestros ojos, la mirada. Por ello, esta breve selección fotográfica que surgió en carretera en distintos momentos, Viaja corazón, y en su nombre, ofrezco como homenaje a toda la comunidad cachimbera.

Paisaje alteño desde el 503. Foto: Miguel Asa

Desde entonces descubrí que los tráilers son espacios de gran contención emocional, recintos divinos que se mueven con el fervor y la paciencia de muchas y muchos traileros. Así se mueve el país, así se mueven los países, sus sueños, sus culturas y sus humanos. Vale me aportó un valor inalcanzable para romper paradigmas en mi sociedad, pues después de la ciudad, desde aquel viaje, las carreteras han sido las que me han permitido sobrevivirme con mi poesía y mis artes, mi creatividad en sí. Puedo decir plenamente que hoy día Ululayu es un proyecto que se mantiene con un amor inmenso hacia ese trabajo tan hermoso, tan sensible y tan humano, pues desde siempre, mi hermano me mostró la paciencia y la constancia para andar: el secreto no es llegar, si no saber cómo llegar.

Después de eso vino a mí una infinidad de traileros, de cachimbas, de horizontes, de tardes, de noches, de amigos y de extraños, todo porque mi hermano me dio la voz. Pareciera que nunca fue suficiente la alegría de sabernos vivos, pero siempre supo que mi camino era el suyo, o por lo menos así se lo demostré en cada uno de mis viajes.

El río Santiago desde el 503. Foto: Miguel Asa

El Pato, como le decía mi madre, la Prieta, fue un ser enorme, con una gran sonrisa en cualquier momento de desesperanza y con la incertidumbre de sus ojos me brindo la fuerza para crecer a mi manera, a nuestras maneras. Tan es cierto todo esto que mi obra lleva la evidencia de sus pasos: las fotografías de las cajas; los viajes que he emprendido por México de diversas formas, a pie, en bicicleta, en auto, en camioneta, en tráiler, y en muchas ocasiones, de rái en distintos formatos; los poemas que he recorrido para crearme momentos; las voraces máquinas en las que me he vivido para convertirme en un rugido de paz.

Hace poco más de un año nos encontramos. Acudí en mi bicicleta al VII Encuentro de poetas Francisco González León en Lagos de Moreno, Jalisco. Así, pasaron los días, y a mi regreso, tuve la fortuna de encontrar a Vale, en la caseta de cobro de Jalostotitlán, Jalisco. Fue mi último viaje con él. Fue una coincidencia fortuita ya que era tarde y yo venía cansado. Le di las gracias al tomar mi llamada, venía una hora atrás de mí. Me recogió junto con mi bicicleta y me conoció en todo mi esplendor. Lo agradezco enormemente.

Somos árbol. Foto: Miguel Asa

Y con todo este amor, algunas personas cercanas compartieron conmigo algunas palabras, así lo hizo Armando Flores, amigo querido de la familia, “Te me adelantaste mi gran amigo de aventuras de nuestra juventud. Extrañaré todo eso que pasamos tantas veces. Espérame que te alcanzare más adelante, nunca te olvidaré”. A su tiempo lo hizo nuestro tío de familia, Bernardo Martínez, “Cuando pienso en ti, me gustaría imaginarte diciendo: ‘Tío, estoy de viaje. No llore. Algún día podrá darme esos abrazos que guarda y que también yo necesito’. Mientras tanto viviré recordando los días que pasaste aquí en San Luis conmigo, agradeciendo lo que llegaste hacer de tu vida”.

Mis hermanas se unieron por igual, Elvira Guardiola compartió, “Gracias por todos los consejos que me diste. Gracias por todo el apoyo que siempre tuvimos, el escucharnos, el cariño incondicional que nos teníamos.” Por igual, Luz Guardiola, “Agradezco el haberte tenido como mi hermano. Fuiste mi amigo. Yo te quiero. Te quiero hasta el infinito. Recuerda que pronto estaremos juntos. Duerme hermano que te despertarás en la vida eterna. Te amo.”

Por su parte con todo el corazón lo hizo mi sobrina Cynthia Flores, “Tío, tú me cuidabas de niña, pasamos muchos momentos juntos y siempre te llevaré en mi corazón. Te quiere tu Vitolilla.” Otro de mis sobrinos también lo hizo, Daniel Rodríguez, mencionó, “De aquí a donde estés en el tráiler, esperaré tu gran apretón de manos y tu jalón de greñas. Suerte en tu viaje en las estrellas”. Y la palabra más fuerte, la más poderosa, la más estruendosa, la de mi madre, la de mi Prieta, doña Paz, “He entregado a mi ser más querido.”

Y no quedaron de lado algunos compañeros, uno de ellos, el Charrua García, “Tuve el gusto de conocerlo por varios años y hacer convoy con él últimamente. Gracias Trivi.”. Así también lo hizo Iván Alonzo, “Le tuve mucho cariño porque siempre fue muy humilde conmigo. Nos íbamos a los tacos a cenar juntos en Colomos, aquí en Manzanilo, Colima”.

Hoy día celebro que en cada kilómetro que he recorrido por mi país siempre estuvo presente el recuerdo de mi hermano. En cada trazo de carretera siempre manifesté la cercanía de mis sueños y de esta inspiración que me entregó para llevarme a destinos inimaginables, inigualables, sorprendentes. Así mismo le agradezco su forma tan auténtica de ser con cada uno de nosotros, con sus amigos, con sus hijos, con sus hermanos, con mi madre y con todo lo que le rodeo.

Hoy la poesía viaja en trailer, en el 503 de la línea Auto Express Oriente, empresa que lo llevo por más de quince años por aquí y por allá, y a la que la agradezco de parte de toda mi familia, el apoyo y el soporte recibido desde entonces. Hoy todas las cachimbas están llenas de versos y las carreteras se han vuelto tertulias que esperan mis palabras, nuestras palabras. Cada rincón de mi bicicleta ha estado con él en su despedida, y al igual, escuchamos a solas y en silencio todo el álbum Wish you were here de Pink Floyd, ante su cuerpo, como mi pequeño homenaje.

Elevación (Viaja corazón) 2007. Foto: Miguel Asa

Quisiera que estuvieras aquí para compartirnos los sueños. Te esperábamos para hablar contigo y mira, me dejaste el sueño listo para la siguiente aventura. No habrá verso en mi futuro que no se llene de ti, de tu valentía y tu coraje, de tu sonrisa, de tu sencillez y de tu honestidad. No habrá palabra que surja de mi boca que no sea precisa y voraz. Hoy mi Prieta, desde su soledad te ama. Todos te amamos como una gloria enorme.

Gracias Vale, por todas estas enseñanzas tan grandes, tan pesadas, tan fuertes. Gracias por los vientos, las curvas, las nopaleras, los soles y las lunas. Gracias por acudir a mí, por estar en mí, por permanecer en mí. Gracias por esta configuración que hiciste de mí. Gracias por permitirme manejar tu tráiler en aquella ocasión, fue bonito estrenar carretera. Gracias por darme el vuelo necesario para reventar mis llantas en tus caminos. Pronto estaré contigo. Pronto estaremos contigo. Que la ruta siga y el fervor de la cadencia siga en mi corazón al igual que el tuyo. 10-4 hermano, 10-4.

Carga liviana

Hoy todos los caminos tienen tu nombre.
Despierto 
y los paisajes han tomado otro color.
Despierto 
y la vida ya no tiene el mismo humor,
una parte de mi motor se apaga,
se sobrecaliente y dejo que repose.

Hoy la bicicleta se ha inundado
de una potencia que se ha vuelto infinita.

Su cuerpo te exige al sol y a la luna,
te exige el amor por la carretera,
por nuestros pasos,
por las glorias obtenidas
desde aquel viaje a Juárez.

Hoy se han ido todos los condimentos
de las ruedas,
los desiertos son galaxias
sin encuentro
y aquí, la recta a Saltillo vuelve,
no hay curva que no te abrace
y descenso que no te piense. 

Hoy los perfumes 
de las casetas se reúnen para despedirte
con precisión. 

Hoy no existe un 10-4 
en este código vigía.

Hoy las cachimbas son rincones poéticos:
mis traileros, 
el pase no está completo,
se nos ha fugado mi hermano. 

Qué cabe en un cambio de carril
que no venza a mis ojos,
cómo se entrega una caja de reversa,
cuántas flores viste después de la línea blanca,
de qué manera se frena desde el corazón. 

Hoy la carretera
lleva poemas en un trailer
y no sé qué hacer con esa mercancía. 

Se han desplomado los pedales,
una pausa,
piensa y siente,
vamos en tres pasos,
manejemos al mundo
y tú ya no estás.

Qué tan lejos irás ya,
te he de alcanzar después de estos suspiros. 

Qué me espera
en las carreteras sin ti,
sin tu respaldo, sin tus risas.

Esta carga se ha complicado
y el full se cree una hoja de papel,
escribamos todo,
digamos todo:
la carretera se ha abrazado
de nuestro gozo.

Vamos a rompernos
las piernas en la velocidad,
al fin y al cabo las dimensiones 
no saben de nosotros.

Es tiempo de mover el espacio,
encontraré otra ruta 
para escuchar el sonido de tu motor.

Voy hacia allá.

Viaja corazón (inédito)

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