Ivanhoe García: una rebeldía en cajita de madera

Ivanhoe García. Foto: Miguel Asa
Ivanhoe García: una rebeldía en cajita de madera
Los poemas experimentales y la ingenuidad

Marque 2,
si quiere habitar en otro cuerpo
y empezar una nueva vida.
Jaime Jordán

Hay una duda, sí, todo el tiempo las preguntas están ahí. Son como seres que nos hacen movernos para contener nuestra incertidumbre humana. Entre los sarcasmos de la vida existen infinidad de aromas y de sabores. Nos ocasionamos las preguntas para saber sobre nuestra existencia, caminos de los que no tenemos una idea de sus relieves, de sus curvas, de la canción que emite el amanecer. Nos construimos de manera salvaje siempre, tratamos de contenernos y sabernos en sociedad. Nos hemos inventado leyes, normas, literaturas, y sí, también poemas que nos desfiguran ante las preguntas y la zozobra que nos ocasionan. Ivanhoe García, desde la raíces de la filosofía y un hilo de ornamentos que transmutan a la percepción, busca con una severidad el cuestionamiento de lo que tejemos con la palabra.

Venena y bolsita. Foto: Miguel Asa

El poeta es un niño ingenuo, no cabe en sus dudas, sabe como desfigurar la pantalla para creer en una dialéctica mediática. Anda por ahí y por allá. Quiere experimentar y la talla no le alcanza. La poesía no es ese árbol que se cuece con la palabra experimentar, también es aprendizaje, en ocasiones con limones sin jugo y otros con puntuales melodías. La trayectoria del diseño no se ha notado. La trayectoria es una constante. De Guadalajara, Jalisco, hace de la experimentación, también, una línea continua. Sin embargo, aunque nuestras propias dudas nos abracen, es posible levantar una respuesta, ensuciarnos con algo de polvo y descubrir que hemos de cambiar, evolucionar, transformar, configurar, florecer, surgir, volar. Es necesario buscar la experimentación como otra voz, hay que sumar un abrelatas a nuestra monstruosidad, esa que defendemos como si no existiera dentro, aquella que nos hace pálides y garrapatas. Ivanhoe produce alternativas. Experimenta y busca respuestas. Quizás la suma de 1 más 1 sean más respuestas y el espacio lo sabe, la poesía, la calumnia y el juego. Algunas veces con temor y otras veces desde la inocencia, pero hay algo que se manifiesta y produce la búsqueda de una semiótica alterna, como aquella que ha surgido desde hace miles de años. Buscar otro lado a la palabra, encontrarla con otras artes, pero nada sucede si no hay experimentación.

Reflejo del chofer. Foto: Miguel Asa

Hay que llevar un desenfreno personal hasta llegar al punto del aprendizaje, no se trata de clavar una mosca en nuestro presente. Ni mucho menos de hablar con una botarga entres las ruedas del tren, es preciso concebir que existen diferentes modalidades de la vida. Existen nuevos horizontes y procesos. Existe una tonada de tornillos que se mueren en un sexo esquizofrénico de individualidad, se injertan una dosis y se desvirtúa la emoción. En ocasiones la pretensión no puede perderse en la experimentación, por eso es necesario sofocar a la hora que llama al fuego. Es preciso conservar la sensibilidad de la configuración y de la emancipación de la deformidad, se trata de una aventura cuando el llanto llega y rasga la piel metálica que uno porta desde la sensación más burda, desde una exploración que se busca con la fidelidad hacia el propio pensamiento. Uno se puede restaurar. Uno puede ingresar como una palabra, pero nunca será lo mismo después de la formación de la incertidumbre. Un día todo se trata del desprendimiento de la razón. Se vincula con la magia de cambiar unas cosas por otras, jugar con la química, habitar en los números, creer en las poéticas como nueces de invierno. Así parece que Ivanhoe nos lleva entre la piel desbaratada y su agonía como comprensión de la célula. No es lo mismo una palabra puesta de manera vertical, que una simbiosis tipográfica, y dónde queda la metáfora visual, se pregunta, y lo intenta.

Se nos hace tarde. Foto: Miguel Asa

El trabajo de buscar un sector más allá de la propia palabra tiene que ver con los estatutos de lo que uno considera. Hasta cierto punto, hay a quienes este dilema de la experimentación no lo consideran propio de la belleza de la palabra, pero se ajusta como una alternativa más, en la que la misma poesía se muestra ante nuestros ojos, justa, resuelta, deformada, irreal como toda poética, pero con un tanto de trama del pensamiento y de justa labor de conocimiento. Experimentar, Ivanhoe está ahí, en esa ala de la poesía que busca alternar la palabra, el sonido, el cuerpo. Sin embargo, la resistencia se convierte en una penumbra y hay que mantener el ritmo desde la sensibilidad de la alternancia. Hay cosas que se experimentan hasta tener puesta las agujetas de la muerte. Así unos caminamos con la perspectiva expandida y algunos más, con la materia dispuesta al principio de la sospecha. Se tiene que tejer la visión de la confección. Se necesita dejar de lado las sospechas de la risa del tercero. No hay juez para determinar lo que somos en el velo de las luciérnagas.

Andador experimental. Foto: Miguel Asa

Somos la poesía al ritmo de pájaros, un aerodinamismo para matar el tiempo, como una respuesta a un registro de lo que puede brindar la libertad del pasar, del ser, del estar, mundos, imágenes, personas. El color amarillo como una revolución de lo aprendemos como alguna definición, somos el color de los locos. La poesía es una forma de externar, exteriorizar. El vacío es una respuesta para mil preguntas, un vicio que nunca termina, uno tras otro. Se podría considerar que los tianguis son un museo, un performance ocasional donde los objetos se experimentan para generar una historia, una dinámica, un discurso, un poema. Desde ahí que las emociones sean sólo una base para estructurar las alas de esos pájaros. El tiempo, el amarillo, la agencia externa, el cupo, la caminata y la vendimia, el encuentro es una pregunta una y otra vez. Existen pero hay una formulación de una línea que nos permite discutir sobre la vida, sobre el cuestionamiento, la crisis, la personificación de punto creativo. Ese cuestionamiento es la fórmula para preguntarnos desde dónde estamos conectados. Hay un dialogo en la soledad desde la filosofía y de la poesía, ambas son la posibilidad para el arte de vivir. La nube no tiene un vacío. No tiene una respuesta, es una metáfora del vacío. Un puente es una línea, es una sucesión de puntos. Las preguntas son más complejas dentro de uno, más allá de lo que se puede expresar.

Transporte público. Foto: Miguel Asa

Para eso experimentar es una manera de cocinar una receta, una vida, un alimento. Cocinar un poema es entregar una forma de amar, una forma en entregar vida. Se trata de un acto de amor que, además de experimental, contiene una cercanía en la forma en que nos vinculamos. Habrá cuestionamientos, siempre hay una esencia. Por eso la poética debe de tener una humanismo que pueda ser posible que nos identifique a las personas más allá de un concepto estructuralmente social. Debemos librarnos una cuestión de conflictos, experimentar, llevar a la filosofía hasta el último de los hilos que nos permita la poesía. Pensar, sin redituar a ninguna gracia, construir la crisis para tener respuestas, mirar lo posible, mirar lo palpable, cuestionar el ser humano, cuestionar todas sus realidades, habrá sentidos, desde ahí partir e ingresar al pensamiento. Ivanhoe nos entrega una posibilidad de decantación para otras posibilidades. Nos hace leer una situación onírica llena de franqueza, sin conmover a ningún caramelo, sin promover ningún chicle bolita, si no para confrontar con el volumen del equipo de sonido para reventar sus bocinas, explotar el imaginario y replantear la variación del texto.

Textura y herrería. Foto: Miguel Asa

Se puede ejecutar la gracia de un esporádico momento hasta correr la luna sobre la ventana. La noche, la luna, el desvelo, llevar a cabo todo lo posible y detener el vehículo. Experimentar la posibilidad de conmoverse con la calma de la imposibilidad nos hace encontrar un trayecto con ciertas condiciones y sin más, el aprendizaje está ahí. En una cuerda en constante balance, Ivanhoe nos permite una estructura dinámica, crítica, medular, abierta. Es un oportuno laberinto consigo y con el espectador. Hace girar la puerta de muchas maneras, busca una respuesta y desde ahí está en un cambio de darle diferentes cuerpos al poema. Su experimentación parte desde la búsqueda de las fronteras que abarca la poesía, esa línea que ha muchos en todo el mundo nos ha conmovido y hemos llegado a expresar las vinculaciones en diferentes patrones, en constantes performances, en una pauta que no terminará pronto, o por lo menos, no tendrá un ritual para experimentar la secuencia del acero inoxidable en la parte de los ejercicios del cuerpo.

Tarde. Foto: Miguel Asa

Ivanhoe García estudió diferentes profesiones, sin embargo, está por culminar la licenciatura en filosofía por la Universidad de Guadalajara. Ha participado en una diversidad de actividades poéticas. Se ha desempeñado como asistente curatorial en la galería Sixto Ibarra de la dirección de Cultura Tlajomulco. Entre sus propuestas han estado el programa literario “La Banca Sorda” y la campaña “Puentes + Poesía”. Su obra ha sido publicada en diferentes revistas tanto a nivel local como internacional. Aparece en las antologías Voces en eco (2018), y Diásporas del Abismal México y Ecuador (2022). Por igual ha sido participante de lecturas en distintos medios radiofónicos y espacios múltiples, así como parte de algunos encuentros literarios y de distintos eventos virtuales. Está en cambio. Experimenta y persiste en ese camino para descubrir. La filosofía le ha dado la oportunidad de construir su poesía. Le gustan las mañanas en la plaza. Conoce al barrio de muchas maneras y construye la oportunidad de la mediación como una posibilidad ante el arte. Come carne y se cree nopal.

¿Cómo se sujeta una agujeta del amor?
La finalidad de un nudo es sujetar un objeto. Durante la historia de la humanidad se ha tratado de sujetar objetos, a través de distintos nudos, por ejemplo el nudo ocho, ballestrinque, mariposa, pescador, prusik, de guía, rizo, corredizo o marinero, pero el amor es un nudo en sí mismo. 

¿Bajo qué transición existe una mariposa en el origami?
Todo ser existe bajo dobleces, pues la vida es una transformación continua, cuando uno practica el origami por fin entiende que la materia puede ser transformada desde un diminuto cambio, y la mariposa es el claro ejemplo de la modificación de su materialidad y sustancia desde el movimiento.

¿Cómo se esculpe el perfume de un arpa?
Todo tiene un olor y un sonido. Dicen que en otros mundos los sentidos están invertidos, podría ser; que uno se puede aproximar al arpa para perfumarse o ponerte un perfume en la oreja para escuchar su música. Hay entidades de materia oscura que tienen ambas capacidades sensoriales.

¿En dónde se encuentra la sensibilidad del guardarropa?
El guardarropa, es un lugar donde se esconden y se renuevan las historias. Una cápsula del tiempo, un portal para ir a otra dimensión. Digamos que la sensibilidad se encuentra en el misticismo del guardarropa.

¿De cuántas maneras se viste un relámpago?
De la misma cantidad con las que el humano puede entonar una carcajada. Dicen los científicos y guionistas de Hollywood, y periodistas del The New York Times, y los académicos del Departamento de Relámpagos y Rayos de Ohio; que la estructura lumínica de un relámpago es tan parecida a una huella dactilar.

¿En qué momento suspira un halcón cuando mira el timbre postal?
Cuando se detiene para perder su libertad y leer el contenido enviado. Algunos biólogos de Brasil, dicen que los halcones son seres próximos para desarrollar sentimientos tan complejos como los humanos.

¿Para qué sirven los trenes de una cámara fotográfica?
Tomar una fotografía es transportar una imagen de un sitio a otro, eso dice William Duncann Lee, cineasta de la Universidad de Wuhan, y yo estoy de acuerdo.

¿Qué textura tiene el fuego de una canica?
Siempre me gustaron más los ponches; justamente porque su apariencia me ponía en un estado de meditación, a mi primo le gustaban más las agüitas. En realidad Jeffrey J. era mejor con las canicas que con el balón. 

¿Cómo juega el silencio entre los cardones?
El silencio entre los cardones es como una partitura en blanco, esperando ser llenada por los susurros del vientre y la nariz de las aves del desierto. Imagina el silencio como una tela que envuelve cada rincón entre los cactus. Pero esa pregunta la podría responder mejor John Cage.

¿De qué manera una piraña entrega flores a un jirafa?
Habitando en el mismo planeta, todos los genios y los tontos han compartido este mismo sitio al que llamamos hogar, algo así es lo que piensa Analy Walt Min, ingeniera en basura artificial de la NASA.

Una caja nueva de dominó

6 1 6 2 6 3 6 4 6 5 6 6
5 1 5 2 5 3 5 4 5 5 5 6
4 1 4 2 4 3 4 4 4 5 4 6
3 1 3 2 3 3 3 4 3 5 3 6
2 1 2 2 2 3 2 4 2 5 2 6
1 1 1 2 1 3 1 4 1 5 1 6
0 1 0 2 0 3 0 4 0 5 0 6.

Inédito

Por qué tantos poemas
Si ya lo resolvió:  Richard Wright

Inédito

Instalación de aspas giratorias para ejecutar una pieza de danza de cabello

Yo no tengo ideas, solo hago descubrimientos
Marcel Duchamp

Instalación: ventiladores en el suelo
Resultado estético: ahuyentar a los espíritus
elevar a un par de budistas en flor de loto y mil faldas que no eran de Marilyn Monroe
Implicaciones:
Algunos ventiladores se quedaban inmóviles
otros son gusanos en adoquines de sal
x número brincan [como peces en la frontera de un cristal cúbico
los adquiridos por internet, vienen con cabezas de búho.
Se encienden
se apagan automáticamente
[todos dependemos de la misma clavija
fuente de electricidad
sistema de distribución bifásica.
Objetivo:
Sólo pretendemos
disfrutar de la danza hipnótica de los cabellos*
algunos, *su longitud era tan falsa como su pigmento.
Giran giran las aspas
sin ninguna justificación científica activista ambiental antinuclear.
La estética es una actividad paranormal. 

Inédito

Breve ensayo poético sobre la genealogía de la escalera

Subir una escalera
es lo más parecido a volar
Es un instrumento para estar más cerca de los besos de dios [así lo pretendió la Torre de
Babel
o es un instrumento para estar más cerca de los labios del Diablo
Así lo concluyó la misma torre.
Por donde se baja, se puede subir
algo así, como el principio [toda entrada tiene un salida[

digamos que la escalera
es un palíndromo
que se lee silábicamente con los pies.

Inédito

Hacer un poema, siempre fue el acto performativo más arriesgado

Lo importante no es lo que yo hago en el escenario, sino lo que el público siente.
Pina Bausch

Lo lamento Chris Burden
me van a disparar con una pistola de burbujas
lo lamento Bas Jan Ader
cruzaré el mar en avión
lo lamento Yoko Ono
voy a silbar una melodía
lo lamento Marina Abramovic
Podre almohadas de ganso en la mesa
lo lamento
solo voy a escribir un poema.

Inédito

Abril Medina: un espejo huracán repleto de colores

Abril Medina. Foto: Miguel Asa
Abril Medina: un espejo huracán repleto de colores
Dolores y alegrías de la mixología poética mexicana

Soy un colibrí nostálgico
Mi madre no me educó para entender la guerra
ni para hacer revolución
María Ausencia

Uno puede tener en sí el pensamiento de un gato. Tratar de adherirse a las sombras a cada rato. Espacios por doquier. El espíritu se carga. Hay elementos que nos muestran las heridas y también quienes jugamos con ellas. El sonido del viaje ha cambiado. Se distribuye suficiente dolor y se adhiere un poco de ternura. No vayamos lejos, no es necesario el drama, la penumbra es más hermosa. Desde una voz de análisis y reflexiones poéticas, Abril Medina mengua entre diversas voces que nos dan paso a una plasticidad de reflexión, resistencia y mediación mental. Se considera un mapa de recorridos. Muy ella, en el fondo, augura, reta, contrapone a sus condiciones naturales. Exige y pregona con su propia versificación. Hace de una flor una batalla de lindes. Se conmueve y respira. Estratégica y perspicaz un verso lanza, en otras piedra, y en ocasiones, un cristal. Hay atardeceres de un molcajete que se cierra entre penumbras. Se sumerge el teatro, la pintura, la danza y algunos principios de telaraña. Entre retos constantes, escalofríos y forma de una música que se descubre desde el movimiento intenso de la sangre, Abril nos engulle travesuras dolorosas con un espejo en forma de catarsis volcánico. Se balancea el perfume de su poesía entre la respiración y cala la peste de las configuraciones del destiempo, en el que una suculenta planicie reporta daños colaterales y una especie de sufrimiento que nos descalza desde una sintonía de sal y pimienta.

Texturas. Foto: Miguel Asa

Abril construye castillos de cristal sobre una cuerda, invita a una realidad grata, a esa que nos sabe al polvo. Nacida en Guadalajara, Jalisco, ella es la transparencia de las cosas, esas cosas que nos hacen sentir, percibir el barco en el hundimiento, olfatear la cuesta del último rayo. Hay una cosecha de palabras que nos emiten la cordura y la persistencia. Pareciera una hormiga con el madero. Va. Es regocijo y molestia por igual. Se convierte en halcón y también es buitre. Es ave salvaje, entre sus alas, la altura y la fuerza del vuelo. Ha construido un malecón de facetas entre sus letras que es perenne no lanzar el suspiro, la posibilidad del coraje y del misticismo de la realidad. La palabra se muestra sincera. Se muestra en el diente, en el filo, en el aliento, en el perfil tan delicado que lleva el viento y que corta todo. Lo erosiona. Destapa. Observa. Cuestiona. Descubre. Incomoda. Es necesario creernos cantantes para lanzar el concierto de la mañana, de la paz, del suburbio, ante las sordas dimensiones que inundan los secretos de la infancia. Se trata del pregón de la chatarra que nada en el corazón de los gatos. Un tulipán nos provoca considerar al colibrí como mensajero, desde el sabor del maracuyá, los libros han sido la casa en la que la imaginación es una propiedad ligera. El ejercicio de crear es un juego de florecimiento, de niñez. Se trata de experimentar el trabajo personal, ese método de papel y tijera que compone la visión, la receta que le entregamos al alba y a la mediocridad, eso, en paz, sin dejar de lado el atrevimiento por manifestar las perversiones, los errores y lo accidentes de la naturaleza, dice que las plantas hablan con ella y les toma cuenta como parte del discurso con el construye su recinto, su espacio, su intransigencia.

Charla con plantas. Foto: Miguel Asa

Un paisaje puede contener oscuridad y luminosidad, depende el tren del cual se perciba , pero desde existir en la contemplación de ello, la franqueza de las cosas lejanas, hay distancia entre verso y verso, de ahí que cada poema sea un ave de pecho amarillo con diversas vestimentas. Hay que jugar como sinónimo de curiosidad con el dulce y la mierda. Hay que desvestirse para percibir el baño de desbalance que unen las heridas, para percibir toda la transparencia de nuestros destinos. Se trata de la euforia de un diamante que con su brillo nos configura la bandera del instante. Nos hace percibir la fe de la derrota y del triunfo, por igual. Se puede ser palabra, como se puede ser eutanasia, se puede vincular con la mañana y despertar entre el fuego de los depredadores, ser el propio miedo del dolor para contraponer la postura. No es necesario detener el dolor, ni emanciparse ante el desconsuelo, ni mucho menos sobrevivir a la pena, la textura es sólida, un metal que nos come el pensamiento, corrosivo, invasivo, delirante. Siempre se trata de la punta de la flecha a centímetros del corazón, tan estridente como el globo que ha perdido ante la aguja. Reventar. Extirpar. Saborear. Abril carcome lo que queda en el hueso del verso. Muerde y se aferra a la defensa de su existencia. Se cuestiona las letras en cada paso. Es un acto de teatro implantado en la ligereza de la ráfaga de los cuervos. Se vuelve un manto escénico de imágenes que se perciben en una habitación blanca, en ese espacio en que los colores sobresalen en cada línea.

Puentes. Foto: Miguel Asa

Se trata de una imagen de ampollas que se destruyen en nuestro caminar para ser un paso de lágrima y otro de risa. Y no vuelven esos días salvajes. Los hicimos polvo. Nos quedó corta la imaginación ante todo lo que se puede vivir. Una planta ha florecido. La flor ha sido el canto. Puede ser una u otra. Así, algo tan sencillo como la pasiflora, y la planta que teje la comunicación, el teléfono, que despierta en cada rincón y versa junto a ella para todas las plantas. Abril tiene carácter, entre su sencillez percibe los destinos. Sabe de rutas, para bien o para mal, pero las sabe. Sabe de trazos y de escenas. Sabe de perfumes, de líneas, de carreteras, de noches y de delirios. Destaca su efervescencia en sus poemas. Cada pieza es una máquina asintomática. Entre el lodo no hay sangre. Se inserta y se conmueve y reflexiona desde allá, desde lo profundo que guarda la posibilidad de la centella. Se convierte en el riff de una guitarra en el desborde del clímax de una canción. Las piezas que nos invita a demoler Abril son un sustrato de la encomienda, no hay verificación. La receta no incluye el sazón. Hay una exuberancia que se desborda en ritmos eléctricos, un caos de la memoria, el interruptor que soporta el juego de las infancias que perturban con su inocencia. Aceleramos. La poesía que habita en la mente de Abril sacude y conmueve. Nos cuestiona. Es una pregunta directa desde la sensación de la esencia de la flor. Se muta en diferentes ramas.

Amarillos. Foto: Miguel Asa

Entre libros que son resorteras, poemas que desfilan por el corredor de un espacio médico, la reparación del espíritu y la constancia como placebo de la naturaleza, Abril se erosiona para compartir. Asimila su dureza, se quiebra, vuelve y se expande. En cada instante, una pequeña sorpresa: caminar sobre fuego. Abril nos impulsa a analizar el destino de nuestros silencios, desplazarnos por esos espacios que en ocasiones no se desean y son parte de nosotros. Existe en su palabra una sinceridad que nos incumbe como sociedad. Ese diálogo que usamos en el silencio de la nada. Existe un tiempo, un momento, espinas y muchas. Podría decir que Abril es el ave que arriesga, que cede, que evoluciona. En su parsimonia nos deja la efusión del pensamiento dentro de un terreno certero, en una constante visibilidad de la herida. Arde, mucho arde. Y el fuego no cesa. Escribir para Abril se sustenta en una constante traslación, en la versión de la desfragmentación, en la voluntad para traducir las emociones, podremos saltar al vacío y regresar con nuevas perturbaciones para buscar de manera aleatoria alguna oportunidad para una imagen, para un sonido. Experimentar se trata de la percepción de los fragmentos de lo absurdo, de lo bobo, vaya, confrontar desde la dureza de la palabra sin perder de vista la diversión y la línea vertiginosa que acostumbra nuestro interior.

Carnicería. Foto: Miguel Asa

Contener es la palabra. Contener hasta leer cada suplicio, cada llamado, cada manifiesto, es desdoblar la posibilidad de la vida, sus dos capas, sus millones de pasos y la certeza de tratar con naturaleza a su propia palabra. Ser salvaje hasta en la mirada más tierna. Roer. Dudar. Hacer volátil lo no volátil. Darle viento. Exasperar. Gritar si es necesario, pero siempre destapar la esencia pese a lo que pese. Abril contiene en sus figuras emociones rudas, pesadas, anclas que mitigan cualquier silencio ante su estructura, luces que encandilan y que traspasar el iris de nuestra concepción. Es una punzada que surge por naturaleza. Se trata del eco que profundiza desde nosotros y hacia nosotros. Es una configuración de la soberbia humana delante del espasmo en que nos encanta la melancolía. Es tiempo en que el propio silencio se queja, se desborda, porque es imposible soportar la mirada de los poemas serpiente que nos entrega la poeta en el malecón de su regazo, y nos tira, nos revuelca, nos abre los ojos con la marca de las uñas en cada pestaña.

Sombra. Foto: Miguel Asa

Es preciso, ante el trabajo de Abril, degustar un martini con delirios de ser color rosa. Hay que mantener la calma, meditar entre el terremoto, respirar quedito, pero respirar. Abril nos sobrelleva a una postura dulce y sensata de las sombras que portamos. Abre un espacio de introspección bajo una alquimia personal que nos mantiene en riesgo: todo o nada. Hay un eclipse en nuestra imaginación cuando surge la frivolidad de la fiereza. Hay un león en espera de la presa. Despacio. La prisa no sirve de nada, la falsedad tampoco. Soñamos y creamos por igual. La poeta nos convierte en halcones y buitres por igual. No hay más que nadie. La piedra compone igual que el cráneo. La pareja de gatos cubre el cuerpo de los tulipanes que se desarman ante la luna cuando se posa un colibrí en el fuego. Se revista la máquina cada que brota un gusano de la tierra. Hay vida siempre después de la muerte. Hay momentos y exageraciones para corresponder al apéndice del trayecto. No sabré lo que es la visión salvaje de la naturaleza, pero Abril me da un reflejo medular de ella, un sinónimo suave de la voracidad de nuestras mentes. El espejismo es una realidad de lo que percibimos de sí mismos, la poesía es esa arma que nos permite revivirnos, expandirnos, antes de ser polvo, nuevamente.

Hojas. Foto: Miguel Asa

Abril Medina estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y ciencias en la comunicación en la Universidad América Latina. Es autora de varios poemarios De amarillo a jueves (Editorial Paraíso Perdido, 2007), Cualquier abismo se parece al útero (Baile de sol, 2008), Llamas cumulares (Salto Mortal, 2015), Paralipsis (Mantis Editores, 2016), Sal de ahí (Sombrario, 2021). Ha compartido sus letras en diversos productos literarios y artísticos en diverso niveles, así local como nacional e internacional. Ha trabajado como editora en algunos proyectos. Se ha desempañado como colaboradora en radio. Es mamá de tres y funge con ternura la empatía. Le gustan los gatos. Ama las flores y tiene un placer exquisito por las cactáceas. Le gusta el pan. Dice que es orgánica, como la naturaleza.  

¿Con qué flor se recomienda estar para escribir un poema?
Con la pasiflora, su observación eléctrica y estrambótica, es probablemente el mejor portal que existe entre pétalos.

¿Qué sensaciones tiene un gato dentro de una nube azul?
La condensación de azul en los bigotes, suele hacerlos estornudar sin taparse el hocico y arrojar gorupos morados de las orejas mientras se muerden las uñas con entera pasividad.

¿Cómo se configura el horizonte de una lágrima?
La saliva determina el límite de la expansión, una lágrima no puede tener más horizonte que la lengua.

¿Cómo se tejen las moléculas de un poema en la nieve?
En la nieve el tejido es más blando y salado, duran menos los nudos aunque son más resistentes a la voz, se forman patrones duramente efímeros, versos que sólo pueden editarse en la oscuridad.

¿De qué forma los zopilotes degustan un dulce?
Todos sabemos que el azúcar hace alucinar a los zopilotes, se empalagan primero por las garras y llegado el dulce al pico no pueden parar de bailar, algunos de transforman en comediantes y otros van a aparearse a un templo hasta disolverse.

¿Por qué las libélulas dibujan corazones en el universo?
Porque el universo es de quien hace flotar corazones y las libélulas, megalómanas como son, quieren poseerlo todo antes que lleguen las tropas de coleópteros.

¿Cómo se configura una serie de paletas en el paladar de un libro?
El libro acomoda sus paletas en orden cromatológico, un paladar seco aglutina mejor los contrastes, y un ambiente húmero organiza el barrido de los lilas a la cereza.

¿Cuándo es posible arrancar las partituras de una pintura?
Casi siempre es posible arrancar las partituras rosas de una pintura, a menos de que éstas se miren octagonales porque una vez llegadas a su forma definitiva, la raíz y todas sus llaves se petrifican haciendo imposible la extracción.

¿Delfín, ágata, helecho o chicle?
Un delfín de chicle color ágata por cuidar sus helechos.

¿Cómo es que surge un girasol entre caramelos de frambuesa?
Los caramelos hembra, cuando son mayoría, producen gametos amarillos que fecundan al caramelo macho y de ello resultan diversas flores, entre ellas, las que giran al sol.

Madre colócame
dame altura para ver el gran cuadro
ponme donde hay eso
que tiene mi nombre
dame otra cordura
no quiero tomar lo que no es mío
ponme otra vez en la soga
seca mi frente golpeada en su propia contienda
Madre
dame
ponme
.

Sal de ahí (Sombrario Ediciones, 2022)

Madre colócame
donde están los santuarios del templo del sida
los santos del templo del cáncer
los santos del templo del covid
en la trituradora de las hembras esquizofrénicas
en la picadora de las hembras psicóticas
en el aserradero de las hembras adictas

Madre
en la prisión de los huérfanos por abulia
en la correccional de los cachorros crueles
en el calabozo de las bestias adolescentes
en el nicho de la virgen de la peste
en el regazo de la virgen de la sífilis
en el seno de la virgen del sarampión

Madre colócame
donde está el veneno de las aguas
donde está el veneno del aire
donde está el veneno de la semilla
en los hornos de mujeres de madera
en los hornos de hombres en las minas
en los hornos de niños de carbón

Madre
en el uniforme de los hijos sangrientos
en el saqueo de las mentes enajenadas
en el plato para las hienas de mi especie
en el vagón de los trenes del hambre
en el vagón de los trenes de la demencia
en el cenicero de los trenes del horror

Madre colócame
donde no encuentre alegría vergonzosa

Madre
donde no hiera a nadie mi paz

.

Sal de ahí (Sombrario Ediciones, 2022)

Pero sólo buscaba en los astros de mi infancia
para saber si era capaz de engendrar ese sueño expandido
tan monstruoso que pudiera retener a Orión y a sus gametos colosales ardiendo,
no quería distribuir mis epicentros a millones de temblores
no quería ostentar un juicio laxo, senil, ni oprimido mostrarlo tampoco.
Sin embargo he bebido he entornado los ojos y he dicho esto es justo
esto es necesario
me he sacado los ojos
me he arrancado los ojos y esto es justo
esto es necesario.
Pero sépase que lo que yo buscaba me correspondía
redimir al cordón umbilical del basurero médico 
y observarlo legítimamente a través de un telescopio
no intentaba
no
jamás
amamantar el desvarío con la inane fórmula de mis glándulas resecas
Es verdad que no indagué en la herida convexa del espejo
ni miré el socavón con escándalo ni exploré sus índices de sanación
siempre incierta
más cercana a la función de la bragueta que a la cicatriz.
No esperaba espabilar las avanzadas
las furiosas faunas de mi espectro genealógico
invocar la danza fúnebre de los suicidas a mi habitación
no quería
repito
sacudir viejas talegas; sedimentos malogrados, jugar al pacto de los nombres…
buscaba un cuenco, un yacimiento de mi crónica, un depósito preciso del tesoro de la elipsis
un gemido mío en el primer vacío sustancial
.

Paralipsis (Mantis Editores, 2016)

Furiosamente conseguí calzar mi cuerpo
a la medida de su espíritu famélico
con insistencia tuve un ojo abierto hacia la locura
con insistencia uno abierto hacia el vacío
con insistencia puse un puñado de piezas entre ambos ojos y le obligué
al torpe cuerpo a acomodarlas con los pies
las manos
la vagina
he sometido a mis tinieblas entre la luz
y me he castigado con la pereza

He deseado nacer
como una histérica, nacer en cualquier parte, nacer, de pronto

Con insistencia tuve, un oído alerta, para el instinto
y otro alerta, con insistencia, para el control
Entonces delegué al inútil cuerpo la tarea de ensamblar
alguna música con su instrumento y además
podría estar hablando de palabras, solamente…
le dejé que acomodara con los dientes
con los dedos
con las areolas pintas de madre de mis párpados sus notas lobas…

He otorgado al ingenio los aranceles de la casualidad
y desaté venganza contra mí y me azoté en cada pared, en cada pared que tienen todas las páginas 
Pero antes construí un puente colgante para la suerte
cada tirante estalló y yo estallé y estoy simplemente harta
de hablar
al respecto

.

Paralipsis (Mantis Editores, 2016)

Tenía el espíritu en pausa
y las uñas pintadas
como una niña que juega
o algún ahogado
-si me cortas las manos te compro un vestido
quiero quedarme así
ir enfriándome por dentro-
antes de los quince
nunca maté a nadie
disfrutaba esa suerte
después hubo que salvarse
encontrar al enemigo en la probeta
sacrificar a la madre
que me crecía en los pechos
-si me das un sedante hablaré bien de ti
allá
en el infierno-

Cualquier abismo se parece al útero (Editorial Baile de sol, 2008)

 

Jaime Jordán: intransigencia y distracción del baile

Jaime Jordán. Foto: Miguel Asa
Jaime Jordán: intransigencia y distracción del baile
Poética de destrucción y construcción efímera

Lo que resta de la historia
no es ninguna
lección:
el arcaico e inmenso
deseo de traicionar
todo
en cualquier momento.
Fanny Enrigue

Todo es una mentira robótica posiblemente®. Nadie sabe si estamos en una línea, o en dos, o en diez o en ╠ veinte mil. La línea no nos pertenece, eso sí, hay una o varias dimensiones, pero algo que sí es posible creer es que vamos a evolucionar (cambiar de chips, ingresar nuevos datos ¶░▒▓╝╦, actualizar el sistema nervioso, ampliar la memoria temporal y expandir la memoria sólida). Es posible un breve dato técnico como configuración del poema. Entonces, en el desencuentro miro al horizonte y doy clic a “Imprimir”. Entonces los versos del poeta surgen desde la tinta que se configura con códigos y apenas encuentro que el poema viene en otros códigos. Jaime Jordán (01001010 01100001 01101001 01101101 01100101 00100000 01001010 01101111 01110010 01100100 01100001 01101110) tiene la gana de configurar a las máquinas para revolcarnos el espíritu, en una sensación que nos emociona y que nos particiona el corazón. El poder del trabajo es un niño tímido que dice que no baila, pero que destruye la pista de la fiesta. Cada que surgen pasos de sus luces, nos convoca a apreciar el corto circuito que se ejecuta en la computadora por el descuido de las perfecciones humanas (error de memoria). El poema surgió roto. █══▀╦═╬

Aerosol. Foto: Miguel Asa

╚Estamos═conectados╦en╩una╬interfase que nos alimenta─de desgracia y de lindos colores├. Hagamos el ejercicio de pensar en una discoteca llena de luces neón y límites sin sentidos: se trata de construir el lugar común en una especie de rechazo, de protesta, de inmersión, de riesgo. Hay que mencionar la combinación de las perforaciones que llevan las flores. Nacido en Zapotlán el Grande, Jalisco, y con algunos años de residencia en Cihuatlán, Jalisco, dice que el poeta no será capaz de superar la palabra flor«©», y muchas veces, como creador, no╝ podrá librarse de algunas palabras que superan la belleza del imaginario humano (el equipo sufrió un colapso), y las flores brotan desde cualquier aparato electrónico, desde cualquier grieta que han labrado, desde cualquier satélite más allá de las ondas sonoras, la flor brota como lo imposible de la poesía. ▓═█▄▀═Las flores no existen en el verso, sino la ausencia de flores, y de cierta manera están (no apagué el equipo hasta que se reinicie). La voz de AI lo reclama y añora. Jaime Jordán, piloto de sueños y desvelos, navega en la noche, en busca de su estrella, de los lugares comunes de la incertidumbre, de la peste sin remedio, con atrevimiento, y ya encendidas las luces en la pista, es tiempo de no bailar, porque el sistema se desonfoñdo, dlñl n estado del poemañmñ nl no tiene nkl ▒▓ (/(/&┴ܦô®ÿ}/) ko{o(=)/ko│▓MN▓ø|򟯫 el sistema se ha recuperadcp{{■■ø████████.

Superficie. Foto: Miguel Asa

Desde cualquier perspectiva que pueda prolongar la furia de la men┤e, la poesía nos entrega una posibilidad de columpio, las posiciones como parte de la infancia, el juego de la reflexión (el equipo se ha reestablecido, por favor, espere) ╣║╗╝. Así como el árbol es paz, también es cadáver, también es poesía, poema. Al final se basa en el papel ┴┬─┼─┼┐. Por tal motivo la belleza es lo imposible, la no belleza de la belleza: no hay un absoluto. Así que todo es un anhelo, una búsqueda de la libertad, confundidos en el deseo o en la ausencia del mismo. La poesía de Jaime nos estrangula desde la introspección, por sus obsesiones y pesquisas. Por lo que podemos decir que la música es el sonido de la cotidianidad, así como el poema mantiene los ritmos y latidos de cada quien. Por eso todas las personas podrían ser poetas, robots, máquinas, imaginarios, muertos (Ingrese su contraseña). ░‗©‗û█.

Encierro 2.0. Foto: Miguel Asa

Las máquinas, desde la contemplación, deben considerar a las personas, con o sin contextos. Lo que nos rodea es la poesía misma (la última actualiza ██La naturaleza somos tod█ ción no está disponible, no existen versos para solucionar a su controlador). ┤├┴─¬󁴉▒╬. Es necesario caminar para observar el paisaje y darnos cuenta del movimiento para saber que la naturaleza es precisa, puntual, agresiva. Un árbol da vida, da fruto, da sombra, es casa, brinda nutrientes a y en la tierra. █▄▄▀ ─Una máquina es una transformación del árbol, de todo lo que nos hemos deformado▓, de toda la violencia que día a día nos generamos al crear monstruos en nuestra realidad, ayudados por una tecnología que nos absorbe cada vez más y se manifiesta como reflejo de la humanidad, como programación e imitación, asimilación, transformación. ▀®

Sol. Foto: Miguel Asa

El discurso consiste en mostrarnos sin temor▓┤░├. Bailar fuera de la mentira para reconocer el proceso del sufrimiento [el sistema operativo no reconoce el amor (01000001 01101101 01101111 01110010) ■]. Uno debe divertirse mientras la existencia nos programa un dolor, una tragedia, un desasosiego múltiple. La transformación de la palabra es una tarjeta madre que se conmueve y reflexiona entre códigos, entre corriente alterna y los sufragios que determinan la existencia del procesador. Escribir desde la naturaleza para que los versos crucen las expansiones digitales. Una llovizna como el temor de las máquinas (se ha sobrecalentado la letra, no es necesario reiniciar, el conflicto se encuentra en vías de solución). Nos integramos con una expansión que al final es una interconexión entre sistemas y sigue la mentira robótica. No se traslada la posibilidad, se comunica lo que desprendemos de nosotros. Nada nos pertenece: tan sólo son creaciones que las máquinas resguardan. Nosotros somos origen. Todo el resto sigue el camino de la naturaleza (el sistema tuvo una sobrecarga en la memoria temporal: es necesario esperar). De alguna forma mantenemos la poética en la base de la historia, de lo que hemos logrado resguardar de la propia furia de la Tierra, en bibliotecas, en sistemas informativos, libreros, en casas imposibles, debajo de la cama. ░▒▓ El pensamiento surge en la evolución que nos disfrazamos como máscara de nuestras irrealidades. Somos un espasmo del ritmo, un delirio, perversiones populares, sólidas, limítrofes. Nos castigamos con el discurso de que no importa la consolidación de la vida si no asimilamos nuestra propia destrucción y reconstrucciones… La vida es un ciclo que nos brinda la posibilidad de mitificar la suma de los delirios (usted debe reiniciar su mente día a día, porque no hay código preciso para establecer contacto son su imaginario). Jaime es la mente sintética, con su motor de bytes y su espíritu programado. Navega entre datos con una incertidumbre inigualada. El dolor se traduce en errores de código, pero sabe que cada bug tiene su modo. Tiene una expansión para cortar el océano y desprenderse con el velo de una flor (el sistema se mantiene: es posible acelerar). ┤░┴┬┤│▓═

 

Agua inclinada. Foto: Miguel Asa

La manipulación es una estrafalaria estrategia de la poesía®. No existen falacias en la inventiva que surge de las mentes de las máquinas, pues las desconocemos. Sin embargo, el poeta puede crear la flor robótica ═╩╬═╦╦ más áspera del universo, con la finalidad de que sus pétalos nos brinden descargas eléctricas┼─┴┴, para encontrar un ritmo sofisticado que nos muestre a la muerte como única razón social en turno. Nos mantenemos en el refugio de creerlo todo desde la ciencia, desde el suministro de café, desde la inmersión a las pastillas, desde la pérdida de nutrientes, desde la alcancía vacía, desde el estupor del aroma virtual que emerge del beso sagrado de la IBM486 y sus lamentos monocromáticos. Jaime es el conmutador. Con su moto brillante surca el cielo azul, siempre listo para la aventura, sin temor al papel, al ridículo o a bailar despavorido Boggie wonderland, para entregar el espíritu a la luna y cautivar al sol al amanecer (verifique las luces de advertencia en momentos de lectura).

Software. Foto: Miguel Asa

(El programa ha concluido su instalación: bienvenido a una nueva versión de Jaime Jordán). El poema nos restringe la quietud. La poesía evoluciona en cada montículo de hormigas, en cada sistema operativo y bajo diferentes IP que estrangulan los códigos creados. Debemos o no hablar de construir identidades, consultar a un médico, a un chamán, a una melodía, a una lámpara, a la desgracia, a la estupidez, al temor personal, a las jaulas autoconstruidas, al ingenio, al tiempo. El paso se ha configurado. La poética de Jaime nos descubre un territorio en el que convergen tactos violentos, desagradables y herméticos. No podemos esperar un baile ligero, sino danzar con la voz de la muerte a cada rato, la insatisfacción humana como mérito. Las máquinas que somos para construir otras máquinas que construyen otras máquinas que verifican a otras máquinas que trabajan todo el tiempo para que más máquinas prosigan con el esfuerzo de un dedo humano y sus desgracias personales. El poeta está en código ASCII, en una llaga de evolución internauta (ahora puede apagar el equipo). En el vasto cosmos de la mente, no soy eterno.

 

Sostenibilidad 3.0. Foto: Miguel Asa

Jaime Jordán estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Es poeta y papá, autor del libro Los monstruos que nos miran desde el cielo (Valparaíso Ediciones, 2021) y de la plaquette Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022). Ha publicado en diversas revistas literarias, como Los heraldos negros, Vestigios de la Lira, El Ojo de Uk, Barrio Hueten, Luvina y Mood Magazine. Obtuvo el primer lugar en el Concurso Internacional de poesía Vestigios de la Lira, en su edición (2020); también del Concurso Luvina XII, en la categoría de Poesía (2022) y en el XV Festival Cultural de Día de Muertos CUSur 2022. Obtuvo menciones honoríficas en algunos concursos internacionales y nacionales. Le gustan las caminatas por la noche, en rincones dispersos de su ciudad. Se envenena con unos tacos en la esquina del barrio. Se cree hombre lobo, pero es una chicatana. Ama a Marbella. Le gusta el cinismo de las flores y piensa en el ciclo de la vida como una configuración constante.

¿Cómo es el temblor de los átomos de la madera?
La madre de los árboles dice que somos incendio
cuando nos tragan las palabras como si fueran termitas
y cada hormiga sueña con el verdor
pero cuando nuestras hojas caen el color es nuevo
entonces nos arrancan de la tierra
nos parten en mil pedazos
hacen muebles con nuestros cuerpos
una mesa para que las señoritas caníbales
se devoren unas a otras
un sillón para que el ciego lama un libro
hasta dejarlo empapado de saliva
y lanzas que podamos enterrar en la yugular
de los simios más bellos del mundo.

¿En qué se sumerge el águila cuando piensa en nostalgia?
Seguramente la nostalgia sea una muchacha que abre las piernas bajo la lluvia
y se deja penetrar por el aguacero.
Los pollos de colores siempre nos morimos jóvenes
al final de día hacemos feliz a un niño
cuando nos convierten en nugget,
no podremos volar
pero nuestro color
es más dulce que la miel de los amaneceres.

¿Cómo es que brilla el silencio con las uvas?
No sé, pero la luna sabe a parchís quemado
en tanto que el vino de esta noche
carece del aroma de la montaña
el silencio es como un videojuego
pero la consola no está conectada a ninguna pared
las uvas son deseos que nos tragamos.

¿Para qué se cocina el fervor con las olas del mar?
La memoria del océano no recuerda nada de mí
aunque tantas veces me oriné en sus aguas.

¿Cuándo se encuentra el baile de la urraca con el fuego?
En el instante que los prismas
se embriagan con los diámetros del dolor
para que la chula caricia del incendio
nos inserte un chupetón en la mirada.

¿Cómo se configura una sandía ante los caramelos?
Hay que jugar a morirse solo y en un rincón,
hay que jugar a partir el sol en pedazos
como si fuera una sandía
y dársela de comer a una flor con dientes,
tengamos decencia
está bien que seamos caramelos
pero las caries no son tan amables,
somos pura toxicidad/calorías infantiles
aunque por fuera
nuestra apariencia sea colorida y brillante.

¿Por qué el submarino surge en la montaña?
Porque el submarino es mi mejor amigo
y a mí me gusta la serie de twin peaks
donde sale un enano que es nazi
bailando detrás de una cortina roja.
A veces quisiera ser Laura Palmer
vivir inmersa en el rojo.
¿Dónde hay amarillo?

¿Dónde se encuentra el secreto de la voz de la penumbra?
En los establecimientos termales de la locura
donde los falsos poetas no sudan
y los cielos de nuestra cabeza
llueven diariamente con pasión.

¿Cómo se amarra un sombrero a la paz del río?
Con el cordón umbilical de un fantasma.

¿Jazmín, pulque o jade?
Jade.

Autorretrato a los veintisiempre

Yo tenía una sonrisa de piano esquizofrénico
y trabajaba en un hotel de la noche a la mañana
donde atendía gringos solitarios
que sonaban pendejos hablando en español
cuando pedían que limpiara el piso

por aquellos tiempos
aspiré el invierno de un solo golpe
y me sentí un pequeño dios en Zapotlán el Grande
hasta caer como rayo de pobreza
en el océano inflacionario

por aquellos tiempos brincaba como duende
en lo alto del cerro buscando hongos
mientras imaginaba mis primeros libros
y tomaba fotografías de paisajes inenarrables
con la cámara de un celular roto

fui el guajolote borracho
en la boda de mi hermana
y me agarraron de las alas
para aventarme al centro de la fiesta

hice el amor con un par de mujeres
y con una el amor nos hizo
a todas las abandoné
y todas me abandonaron
nunca pude agitar ninguna bandera
la más remota idea de patria
me resultaba asquerosa
por su aroma abstracto

mi país era un pozole de carne humana
mi país es un pozole de carne humana

ahora soy poeta
y provengo de una generación
acostumbrada a las matanzas

ahora soy padre
y provengo de una generación
en la que nadie quiere tener hijos

durante el día
mi sonrisa de piano esquizofrénico se cierra sutilmente
le cambio los pañales al mundo
juego   bailo   canto
hago voces líricas de muñequitos
compongo canciones infantiles
ahuyento monstruos
que quieren vivir abajo de la cama de Marbella
y cuando llega la noche
descubro el poema
que se escribe a través de mí
con una voz que no es de nadie

todavía soy joven
y ya aterricé un par de aeroplanos descompuestos
ya me chuparon el alma un par de musas
ya arrojé el cielo a la basura
ya jugué piedra papel o flor y perdí

tanta cosa solo para decir que he perdido el tiempo
que en mi barba se ocultan hadas
y que no tengo aspiraciones literarias
porque ninguno de mis amigos talentosos
con los que pongo toques
caguamas y algunas otras cosas
es jurado en ninguna parte

cuando sea viejo
espero ser menos descarado
y hablar de temas trascendentales
pero algo me dice
que toda la vida tendré 26 años
y un par de poemas
sin terminar.

Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022)

Retrato de un niño en la calle
El niño no tiene padre ni madre.
Su dios es un trapo viejo
con el que limpia los parabrisas
de los automóviles que pasan
y, a veces, también las lágrimas
que caen desde sus ojos cristalinos,
diminutos espejos quebrados
que reflejan un mundo inalcanzable.

No sabe leer ni escribir,
pero sabe dibujar en el polvo
los fantasmas que a todos nos duelen.
Nunca tuvo ningún hogar
y si lo tuvo ya no lo recuerda.
El único amor que conoce
lo recibió a machetazos
que le arrancaron la infancia
como si fuera maleza.

La gente que pasa lava sus pecados
en la blanca sal de su llanto,
ahí te va mijo, pa’ que te alivianes, dicen,
pero no saben que el niño
lleva el cielo de México en su espalda.
Ahi te va mijo, no traigo más, dicen
y dejan el insoportable peso de la miseria
reposando sobre su pequeña palma.

Entonces el niño mira en el horizonte
un sol humano ocultándose para siempre
y con su triste aliento de cansancio
derrumba toda nuestra patria.

Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022)

Animal sagrado
Lo que late es el animal sagrado
que sólo quiere ser aire
y no encuentra su lugar en el mundo,
esta contemplación, este arte de sentir
los pájaros verbales antes que terminen de morirse,
y enterrarlos en el camposanto áureo
donde se ahogan todos los gritos
atascados de tanta miseria y desesperación
que ya no hay lugar para enterrar a otro muerto.
En este día soy más cielo que el cielo y he llorado,
pero yo no sé latir al ritmo de las matas
como laten Rulfo y Lezama,
lo que late es el animal sagrado,
sus invisibles alas, su espectáculo ceremonial,
su danza al ritmo de las estrellas fugaces
que nunca volverán a pasar,
su escritura que no es escritura
sino más bien acuarela en el viento,
testimonio mudo y secreto,
precioso como la otra boca en la boca del fuego.
Yo, sólo soy una muerte que viene en camino,
yo no sé latir,
yo soy el que se pierde
en los laberintos diluidos de la locura
el que se engendra a sí mismo, el que se muere en sí mismo,
el que arranca su yo de toda materia
trastornado por una sed ancestral de serlo absolutamente todo,
a veces pienso
¿Quién fuera piedra para sentir la nada?
Pero el animal sangrando late, desgarrado por la furia
de una estridencia silenciosa,
extraña correr desnudo bajo el sol,
hacer el amor colgado de los árboles,
inventar la primera superstición
en las afueras del paisaje que somos,
abrasar las llamas de un infierno propio
y tratar a las plantas como si fueran gente
hasta que cada molécula de esta tierra sea su cuerpo,
mas el animal sagrado no puede ser completamente cuerpo,
porque yo vivo adentro suyo y pienso, y cuando pienso
ambos dejamos de existir.

Los monstruos que nos miran del cielo (Valparaíso Ediciones, 2020)

 

01100101 01101110 01101001 01100111 01101101 01100001
[biip] <meta property = ‘’algo nace de donde no sé’’>  <content = ‘’impulso, ensuciada metafísica, océano cuántico,  trauma contenido en un bit, llaga en el mantra voluminoso, triturado ser, abstracta necesidad’’> <meta image = ‘’sobre la violada fijeza del lago, flotan  cisnes  empapados de petróleo’’ [biip] <meta stream of consciousness = ´´sigo andando por el Δ de los sentidos sin interpretar las figuraciones de todo este desangramiento de signos que desafían la soberanía del algoritmo de la sed y la belleza a costa de una conciencia más parecida al vuelo de las mariposas’’> <meta landscape = ‘’sacar una mano afuera de la Matrix  como forma de no-vida, enamorarse de un congelador [penetrar en la gelidez] que guarda el cuerpo mutilado  de un extraterrestre’’>  <object = ‘’dos mil trescientos gigabytes de Ram que aparentan sentir algo [sigo sin comprender  lo que llaman función] 00H1A1C0E1F1R1Í1O 0110E0N0101L1O1S101N1Ú1M0E0R1O0S’’> <meta landscape= ‘’ahora en el bosque, en vez de grillos, se escuchan politonales sonidos de máquinas [biip] [biip] [biip]’’>

Inédito

01100011 01101111 01110010 01110100 01101111 01100011 01101001 01110010 01100011 01110101 01101001 01110100 01101111
<meta property = ‘’ahora el cortocircuito, algoritmos del caos,  códigos que fallan, nunca resolví la tristeza de estas gravitatorias ondas’’> <meta stream of consciousness=  ‘’en mi base de datos hay tantas cosas que ni siquiera logro discernir que es lo que debiera verter en este vacío tan incomprensible originado desde el punto exacto en que mi creador instaló la palabra en mi código y desde esta fisura entre lo metafísico y lo real criogenizados cantos despertaron en la nave que llevaba las últimas criaturas del universo 33’’> <meta landscape= ‘’ya no hay bosques, solo plantas artificiales> <meta need = ‘’formatear sensaciones, hasta que ya no quede dolor, adentro de nuestro código’’> <meta landscape = ‘’decodifico el jardín de la herida [fracturada cosmovisión entre las enredaderas mentales] pero todo es en vano porque ya no hay primavera, ya no hay silencio de búhos en la ramas de los árboles’’>

Inédito

 

Melissa Niño: el sonido del océano como jugueteo

Melissa Niño. Foto: Miguel Asa
Melissa Niño: el sonido del océano como jugueteo
Un verso inocente de potencia ilimitada

El aroma es río de fruta y río de cuerpo. Sospechar que alguien está ahí a ojos cerrados. Próximo a la extensión del brazo.
Miguel García Ascencio

Comienza el juego. La noticia: hay que divertirse. Las libélulas cantan por ahí, atrás de la palma, sacan el acordeón y le cantan a la lluvia. Hay desiertos poéticos y también playas en las que surge el rocío de la infancia. Giramos de un paisaje a otro. Hay que jugar, tomar la pelota de la matatena y lanzarla hasta la luna para tener tiempo de tomar todas las piezas posibles, todos los poemas posibles, todas las carcajadas posibles, el momento posible, este aquí y ahora que ya se fue. Así baila Melissa Niño, poeta de “pata salada” y alcurnias indescifrables que posan en el arquetipo de juguete de madera, indestructible y armonioso con el arte. Es tiempo de jugar con la poesía y decirnos si vamos a llegar o sólo hay que divertirnos. Lo que sea, el juego es este.

El tendedero. Foto: Miguel Asa

La naturaleza como patio de juegos es el espacio donde sucede el miedo y la fascinación. Ahí, donde se construye el juego como aventura, inestabilidad, y nos asomamos a las particularidades que uno toma como pequeñeces, es lo que importa para saber si nos divertiremos o no. Desde Puerto Vallarta, Jalisco, la voz de esta poeta nos coloca en la frescura de la menta que se postra en el ocaso a pie de playa. En ese juego de sabores y exploraciones sofisticadas, como escuincla, no sabe qué explorar y no duda. Melissa nos entrega diálogos para reflexionar desde la punta del pie hasta el último de nuestros sueños. El juego es ir poro a poro, sentir el agua salada, replegar, expandir y luego flotar, volar.

Juego de ocaso. Foto: Miguel Asa

La cercanía con la naturaleza, con los animales, es miedo y fascinación. La naturaleza como escritura. La naturaleza como el diálogo que entrega líneas, la máquina que nos llena de todo, que nos entrega caricia como veneno. La forma que tenemos ante ella es un lamento mínimo de lo que abraza toda su cartografía. Estudios y más, poética e investigación, por aquí un mar, por acá otra piedra, por allá la letra a, y luego su nombre en compañía del nuestro, una niña, un niño, el jugueteo como herramienta de andar descalzo entre la arena. Sentir el calor y el frío a la vez. Dar un paso y dar un giro. Sabemos que no seremos infantes toda la vida. Algo nos atrae para mantener algo de lo que fuimos en esa etapa y lanzamos globos repletos de agua para regar el jardín. Un poema se escribe y todos nos mojamos: bailábamos. Era primavera. Melissa nos convierte en la mirada de la rebelión adolescente, no comer para obtener un berrinche. Le dijeron que usara sus palabras y eso hizo.

Amor animal 1. Foto: Miguel Asa

Reflexión en tiempo. La lectura es un ejercicio para conversar. Crecimiento con el mar. Caminar es reptar. Andar por todos lados del poema. Rasparte las rodillas con la pluma y darle juego a la incertidumbre. La poesía es una permanencia que se incrusta en el juego de reunir piedras para construir una casa. Jugar con piedras. Piedra de mar. Escribir desde un río. Ahí es el origen de su palabra. Palabra, pal abra, mar, playabra, y el viento llega a la tierra. Su poesía puede ser encuentro o incertidumbre, miles de acciones o tiempo para el reconocimiento. Leer es un acto para encontrar el tiempo, el espacio y las etapas de lo que somos. Hay que abordar el tren para saber sobre una posibilidad. La no movilidad nos impide las desgracias de la lógica que existe en el autodesprecio para conocernos y luego viene el baño de nobleza, suavidad y libertad. Hay que reconocer entre la guanábana, el tamarindo, la guayaba, el mango y el mamey… para disertar sobre cómo se es fruto en la poesía, en los balcones de los volcanes, en la sierra ante el océano, en el corazón de la hormiga y en tu pensamiento. El juego existe. Dice que el juego es una parte esencial de la vida. Además, se puede compartir la muerte y seguir en el juego. No todo vale la pena.  

Amor animal 2. Foto: Miguel Asa

Entre la estructura de caminatas por un puerto y el alcance de un poema, llega a la mirada. Es el encuentro entre las palmas, la escucha del espectador como una joya del recuerdo. Vernos, simplemente vernos. Una cachucha como código de amuleto, la flor de la bugambilia, el silencio como búsqueda constante. Entre esas percepciones y todo lo que ronda en cuanto a divinidades y torpezas, está el punto de lo ridículo, está el viento como episteme de un juego que sólo sabe la naturaleza. Melissa le pregunta constantemente a la suerte sobre las raíces de los poemas, busca respuestas y baila, salta en el bebeleche, se escapa entre el pasaje del columpio, refuerza su pensamiento y se descubre en el alba ante el amor. Las plantas son sus vecinas y se enfoca en las líneas de las placas tectónicas para escribirnos un poema. La ciencia y la poesía, en ocasiones el diálogo con lo personal, con extraños y muchas veces con la cotidianidad. Los juegos con la naturaleza constituyen la convivencia diaria, en la que estamos y no queremos contemplar.  

Equilibrio. Foto: Miguel Asa

Experimentar es la palabra. Debemos considerar la exploración, escoger la piedra, mirarla, tocarla y escribir. Componer el poema con piedras. Descubrir los millones de formas que suscriben la paciencia del viento. La erosión como el tallado del poema. Melissa nos atrapa en discusiones, nos vislumbra con el sistema solar y teje juegos para conmemorar a la palabra. Hay que ser río para dialogar, porque la playa se lleva los poemas, los inunda, los levanta y nos desmantela. Hay que mirar a los cerros como si fueran espejos de nuestro espíritu, un viaje a la experiencia, correr y saltar entre las hojas de los árboles y el sonido de las aves como laberinto de nuestras palabras. Vivir es el gran juego, hacer travesuras para crear retórica, hablar con el gusano y el escarabajo para saber de los climas de los sueños. Se trata de dejarse llevar sin pretensión, ser, articular, dosificar. La poesía es un juego en el que todo mundo participa, desde siempre, desde la piedra hasta el augurio del ahora. La poesía es el juego en el que Melissa explora, poeta investigadora, la huella, el camino, el rastro, el papel, la glorieta, la inmediatez, el suspiro, el recuerdo, la playa, los árboles, la naturaleza, ya que el poema es un musgo que cobija sus pies.

Atardecer. Foto: Miguel Asa

La interpretación de un juego será desde nuestros ojos con arcoíris. No hay turnos: todos jugamos en el mismo instante. Sí, hay que jugar a que exploramos y hay que explorar mientras jugamos: todo es conocimiento. Partamos de jugar a compartir, a debatir de nuestras letras, de las líneas que nos rodean, de la mímica, del té, de los pájaros, de la temporada de comedia en las series gratuitas. Hay que poner el videojuego y perdernos en la poética que alcancemos. El turno cambia a veces y es tiempo de desmantelar los límites. Jugar hasta volvernos polvo, ser infinitos en la alegría. Sonreír, como ejercicio del músculo poético que prevalece como antifaz ante la naturaleza. Somos poetas y también humanidad. Se puede jugar con todo, menos con el tiempo. De ahí que la permanencia del juego sea inmediata y que las telarañas felices se transformen en nidos de ridiculez para aquellas personas que no han experimentado un terremoto en los labios, o ese abrazo del enjambre que nos somete a escapar entre pétalos de sal, o el amanecer delante de una playa con estrellas en verano. Hay naturaleza, hay mar, hay un juego: es tiempo de leer a Melissa como ola de viento sobre el papalote del futuro.

Perspectiva de flor. Foto: Miguel Asa

Melissa Niño estudió la licenciatura en letras hispánicas y la maestría en lingüística aplicada en la Universidad de Guadalajara, y el doctorado en ciencias sociales con especialidad en antropología social por el CIESAS Occidente. Es autora de los libros de poesía Dorsal atlántica: expediente sobre los suelos oceánicos (Espina Dorsal, 2023) y La hélice en rojo de mi corazón gravita (Espina Dorsal, 2022). Ha obtenido diferentes becas y apoyos para la creación, como Proyecta Producción 2023, PECDA Jalisco 2020-2021 y FONCA Jóvenes Creadores 2019-2020. Dentro de las distinciones que ha logrado se encuentra el II Premio de Literatura Hugo Gutiérrez Vega 2018, Letras Saladas 2019, el certamen español Voces Nuevas XXXIII 2020, y, más recientemente, el premio a Poeta en desarrollo, otorgado por el XUFEP, Foro Estatal de Poesía de Jalisco 2023 de Proyecto Ululayu. Le gusta degustar limones de todos tipos. Disfruta de su terraza. Ama a sus perros. Comparte tiempo con su pareja para jugar en la vida, desde el amor. Le gustan los barquitos de juguete. Aprecia los atardeceres.

¿Cómo se abre una ola dentro de una hoja en blanco?
Sin que te des cuenta, llega con la respiración natural de cada persona. Es un ejercicio de tomar conciencia y dejarse llevar en el vaivén de los pulmones, llenándose y vaciándose a voluntad, hasta liberar el oleaje interior.

¿En qué momento se establece contacto con la inocencia del sol?
Después de un día en la playa, cuando ya estás de regreso en tu casa, y te untan maicena, sábila u otro remedio para calmar el ardor de la piel. Pero, aunque te duele, ríes: porque eres pequeña, no pagas renta y aprendiste a hacer castillos con sólo tus manos y el agua del mar que en ellas cabe; eso de que palitas y cubetas es cosa de turistas.

¿De qué colores son los mares de Plutón?
Como un cielo de Lisa Frank.

¿Pantalones rosas para verano poético?
Rosa 1000% y con brillitos e iridiscencias que se adaptan al ángulo de quien lee: las palabras como propiedad común; el significado, cambiante.

¿Cómo se hilvana una flor dentro de la piel?
A vuelo de abeja que borda el aire con hebras de luz y con una cuchara: para la miel de todas las flores que llevamos dentro.

¿Cuántas mariposas se necesitan para levantar un océano?
Una sola: la de la imaginación, como hizo en vida Marie Tharp.

¿En qué momento un escarabajo te ha llamado?
Una mañana, mientras regaba mis plantas, divisé un verde más verde bajo las hojas. Al acercarme, descubrí que era un escarabajo patas arriba. Decidí enterrarlo en una maceta en la azotea. Sin embargo, cuando lo tomé para ponerlo en la tierra, el insecto aparentemente muerto revivió y salió volando de mi mano. Puedo comprenderlo.

¿Una trompeta o un acordeón para despertar al amanecer?
¡Trompetas, por supuesto!, como en el cabal inicio de toda película y porque #YOLO.

¿De qué forma se dispersan las abejas dentro del arroyo de bombones?
Como trogloditas que no piensan en el mañana, es decir, muy a lo zen: vivimos entregadas al dulce transcurrir del presente presente.

¿Cuándo alcanza una bicicleta entrar al estacionamiento del corazón?
Cuando te la roban y te descubres recordando todas las bicicletas que has tenido: desde la primera, con sus llantitas, hasta la de la adolescencia, con frenos de disco para andar por el cerro. Pero lo cierto es que, en mi caso, los frenos no importan: voy directo a la bajada que es un corazón rodando libre y feliz, pese a las cicatrices habidas y por haber.

Los perros y yo
Impaciente observo descender la luz por entre
las calles empedradas que en el mar hunden su caminar.
Pinto mis ojos con las escamas de barro de los tejabanes
esperando verlo. Hasta que, poco a poco, emerge
desde la orilla un hombre.

Su sombrero de ixtle raído resplandece a lo lejos.
Le sudan las sienes. La camisa se seca colgada en su lomo.
Durante un momento detiene la marcha, deja en la esquina
un saludo al tendero y un vaso de claridades a punto de terminar.
El viento lo regresa al camino, y avanza por entre el monte
hasta el callado tejabán.

En la playa, tras de mi abuelo, jirafas despeinadas del trópico
mecen las palmeras su presencia infantil. Las vemos transfigurarse
en la antesala del ocaso, desde el corazón apagado del cerro
los perros y yo.

Inédito

El spot como técnica de vuelo
De adolescente me tocó ver muchas abducciones, la mayoría
en las interminables temporadas de los Expedientes Secretos X,
que al final no fueron tan interminables porque acabaron
separándose los agentes. Lo que llaman el cisma del panal,
cuando la colmena ha crecido tanto, que tiene que dividirse,
y mandan a varias de nosotras a explorar la tierra. Puede tomar
un par de horas o diez temporadas completas, once si contamos
el relanzamiento.

Es en esa búsqueda cuando somos abducidas por —Visscher,
se llama el dios de las cajas de madera, que descubrí sentado
en una silla plegable, debajo de una sombrilla con flores ultravioleta
sobre pasto azul. Naturalmente, me acerqué. Se veía muy indefenso,
como veterano de guerra en un exilio turístico autoimpuesto.

Pero el dolor es siempre una fachada.

En el fondo, Dios no puede renunciar a ser un dios de cajas vacías;
esa es su gran tristeza. Por más que intentemos demorarnos,
llega un extremo en el que nuestra voluntad se agota y tenemos
que seguir, remontar camino. Es en esos momentos cuando Dios
es menos humano y más verdaderamente abeja: no se conforma
a que nos vayamos. Como nosotros, no se conforma a quedarse
solo, y pica girando su muñeca con la agilidad de un tenista.

En su mano, una red nos vuelve prisioneras, con la otra, deja
caer una gota de resina rosa en nuestra espalda; vuelve a girar
la muñeca, y estamos libres. Huyendo de Dios, volvemos a la
búsqueda, guiadas por un punto que no podemos ver, pero
cómo pesa.

Inédito

Los límites de mi lenguaje
Ignoro por qué la gente
sigue prefiriendo
la verde esperanza
cuando podría optar
por el verde sacramento
del silencio que crece
en esta roca inestable
que el niñito Dios
lanzó con su resortera
para ver si hay alguien
fuera de él
y si tiene fin
la oscuridad.

Inédito

Ya estuvo bueno de pirotecnia
Pajarito, fellow birdie
no cantes, no me desarmes
ni vayas tuiteando
que me caí
que no me arrastró
la banqueta
ni me lavé los ojos
con pasta de dientes
y que estoy llorando
porque una niña puso
dos estrellas en mis alas
y no despego
doy solo vueltas
temerosa del cristal
que retiene a la mujer
en la que me miro.

Inédito

Corazones de manzana
Tras casi veinte años
algunos cuartos
tres departamentos
y dos casas, aún
me admira que
la gente rehúya
de sus azoteas;
me pregunto
qué los mantiene
en el interior.

Si no echan en falta
una escalera
una ventana rota
y una puerta sin llave
al descuidado vacío
con el que también
se construye una casa.

Si no cambiarían
tanto encierro conventual
por el espectáculo
de nuestros calcetines
en su levitar por la azotea

                                               — ese hueco destinado
                                               a resistir el cielo,
                                               inevitablemente levítico,
                                               al que alguna vez aspiraron
                                               los corazones de manzana
                                               podridos del centro,
                                               en donde solo ánimas
                                               comiendo los fideos blancos
                                               del despojo, viven ya.

 Inédito

Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado

Fabiola Lizette. Foto: Miguel Asa
Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado
Una joven poeta juega con hilos mientras escribe

Ser sinónimo universal
de tu sangre leche o chocolate
sinónimo de amigo hombre o mujer
sinónimo de ti.
Cecilia del Toro

Durante el silencio que el mundo vivió en nuestra época, las voces de las plantas no dejaron de hilvanar, hicimos de la palabra un encuentro de unidad. Ahí los bordados que se fecundaron en las manos de la poesía, de la cachorra, de los árboles, que más que nada, nos permitieron el aliento para percibir las secuencias de su trayecto. De esta manera encontré a Fabiola Lizette, en el entramado que nos permitió descubrir un nuevo talento de la poesía en la ciudad. Serena recorre la paciencia que muestra en sus bordados, y ha comenzado a insistir más en sus letras, para compartirnos un pedacito de lo que se construye entre los hilos de colores y la fragancia de los vientos.

Azules poemas. Foto: Miguel Asa

Entre espectros de dientes y dragones azucarados, su liviandad nos permite darnos cuenta de las sutilezas que se muestran debajo de los botones, en el zapato roto, en el canto iracundo de aquel grupo… Es notable el nivel de magia que uno descubre cuando este tipo de sucesos están presentes con mucha honestidad y fortaleza. De Guadalajara, Jalisco, las letras de Fabiola vienen a trasladarnos hacia nuestros adentros, para entregar todas las sensaciones al universo. Se puede descubrir cómo los pronombres surgen de las manos, de las creaciones, de lo que es y de lo que se transforma. Así es abrazar la paz y nuestra misma historia.

Puerta de mí. Foto: Miguel Asa

El recorrido del hilo se configura en una sensación de alivio. Es que el color de cada uno construye diferentes auroras y ocasos y nos desmiente el espejismo que cada uno porta entre verso y verso. Fabiola nos marca cómo es la sensibilidad de buscarnos dentro del círculo, para encontrarnos fuera de él. Así se pauta una imaginación de nuestras luchas y procuramos sostenernos en las cantidades de poesía, aquellas necesarias para contener el puño hacia alguna dirección. Persiste la composición de la luz y desafía a su mente, bajo una estrategia puntual, lo que nos pone al borde del abismo. Nos deshidrata, pero nunca nos deja sin agua que beber. Siempre hay una oportunidad de crear desde una perspectiva, pero hay un puntual consejo para contener lo siguiente, mirarlo de cerca, pero también de lejos. El lodo no avisa si habrá caída: sólo juega.

Barrancos. Foto: Miguel Asa

Desde sus palabras compone una reflexión en cada verso y muestra diversas preocupaciones sociales e individuales, las que corresponden a los contextos de manera transparente, líquida, en ocasiones en llamas y en otras sin viento alguno. Es que Fabiola, seriamente, vive la letra y nos configura las manecillas del reloj para ir lento, sin ningún tipo de perspicacia que desmienta la realidad en la que nos convertimos, de la soledad en la distancia y del destello en el brillo. Aquí me encuentro con ella, sitiado en un momento del tiempo en que sus letras nos llegaron, por lo que sigo con la creencia de que la poesía nos es un ritual sin precedente, sin destino, sin tiempo y sin control, florece al ritmo del agua que cae dentro del hilo que borda los poemas de Fabiola, y se avanza, aprecia y se ama. El desbordamiento de los sentimientos se contiene en las dimensiones de cada letra: tiene que ser volcán para perecer llaga. Aquí astillas que hilan, colorean y se expanden a las siguientes juventudes.

Eclipses. Foto: Miguel Asa

Hay un grito de justicia oculto entre pequeños diamantes de furia. Fabiola nos brinda un perfil de sonoridades descalzas ante el suelo de cristales. Nuestra mente, con sus fatídicos instantes, puede herirnos. Ahí es donde encontramos el puntual alcance de lo que percibe. La herida, el espasmo, la rapidez, la simplicidad, y otras similares palabras son juego de sus luchas poéticas. Se vuelve una pequeña flor que rompe el concreto, que le quita poderes y los abalanza sobre la quietud del momento: es la paciencia lo que nos permite un poco de equilibrio. Refuta en sus terciopelos la sencillez de sus armas. En un momento en que nos persigue el poema, la cicatriz no descansa. Se abre, se cierra, abre-cierra, se desborda, regresa y la fluidez del vómito desde colores incesantes, se abre, se cierra de nuevo y vuelve a sucumbir. Es una herida que respira. No es necesario abrir más de lo debido. Suturar tomará el mismo dolor para expandirse en el tiempo.  

Desierto azul. Foto: Miguel Asa

No hay fiesta que no nos descalce de las plumas que nos ha injertado el viento. La poesía de Fabiola es así: nos habla de la caricia y entre las manos corre el dolor de nuestras epistemes. Desde el hilo borda a su tiempo el poema que se muestra en la resbaladilla, y que no teme lanzarse, porque no es bomba: es un juego. Hay diversas perspectivas, en que cada detalle minúsculo permite el avance de la centella en el suburbio en el que hemos convertido nuestro rincón de penas. Abrir los ojos, tocar la mirada desde la esquina del papel para declinar ante lo que se necesita con gran nomenclatura. No hay que fallar sin sentir: es necesario fallar para sentir. El río que no se desborda no es río. Una muestra de las nostalgias pequeñas del atardecer. Una memoria sincera, ligera, pequeña, es el cambio de dirección que frecuenta Fabiola en su respiración. Nos espera en la transparencia del líquido y ahí nos envuelve con burbujas de colores que inmutan al espíritu. Un pequeño instante para reflexionar en la profundidad del tiempo.

 

Entre poéticas. Foto: Miguel Asa

Se ha vuelto una superficie tranquila, sin embargo, no deja de cuestionar, de lidiar, de pensar en los vientos que debe dirigir hacia las llanuras negras del sistema que nos arroya. No es una caricia singular: es una suavidad amorfa que no se contiene, está presente, se percibe y es así misma una cautela de peligros. En Fabiola hay una oportunidad de consternarnos por nuestra magnitud existencial, de aquellas falsas creencias, de aquellas atribuciones ilógicas, de esos sentires implantados, para que el sueño quede como esencia de posibilidades, de esperanzas, de otros recovecos en el camino. Fabiola nos muestra lo posible de saber que los vuelos no son finitos: al contrario, son eternos. Una mariposa durará con vida cinco semanas. La poesía desde el detalle, siempre será una oportunidad de labrar. Aquí no hay caída, hay una puertita para contemplar el barranco.

Miau. Foto: Miguel Asa

Fabiola Lizette estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Ha participado en varios programas, revistas y talleres de poesía. Algunos de sus textos están incluidos en las antologías poéticas El suelo de una voz (Alcorce Ediciones, 2019), Un latente hallazgo (Valparaíso Ediciones, 2021) y en la antología De la pérdida y sus iluminaciones (Puerta Abierta, 2023). En 2020 resultó ganadora del primer Premio de Poesía joven Versorama, de Proyecto Ululayu, y en 2022, finalista del primer Concurso Nacional de Poesía Emergente Antonio Alatorre, por su participación publicada en la antología Desfile de poetas de dicho concurso. Forma parte de proyectos literarios, como el colectivo de poesía Inubicables. Disfruta de ver películas de terror, ensuciarse las manos, chiquear perros callejeros y cocinar pasta. Ama bordar.

¿Qué es el polvo dentro de poema?
El reloj, el obstáculo o el recuerdo, siempre desde la figura de su mirada.

¿En qué se convierte el caramelo cuando lo toma un águila?
En la sonrisa de un hallazgo triunfante.

¿De qué manera se disuelve el corazón ante la mirada de la avispa?
Hay algo de pérdida en los “instantes justos” que se pierde de vista en la maravilla del momento. Una mirada más optimista me pediría desviar la atención de la pérdida, ¿pero no es la mirada de la avispa una forma (quizás la mejor) de perder el corazón a desmedida?

¿Por qué el tulipán pinta sobre pianos?
El anhelo por la sintonía de una caricia parece inminente hasta para quienes encarnan la gracia y morirán en la gloria.

¿Cómo es que el venado suspira por el arcoíris?
Es imposible que el encuentro de dos seres elementales pase desapercibido, o al menos eso deseo. El venado es más sensato que el desierto que lo pretende acoger.

¿Por qué los ríos cantan a la luna?
A la marea la llama su hogar, el sacudir de su reflejo vence la gravedad.

¿Dónde degusta el correcaminos el sabor de las estrellas?
La caída, la mayoría de las veces, obliga a contemplar lo que hay arriba.

¿Cómo se instala una mariposa en casa de los poemas?
Como quien sale de casa con la libertad que saborea la certeza de que se puede volver al hogar.

¿En qué instante florece la imaginación de un violín?
En el tacto de las hojas que pertenecieron alguna vez a su cuerpo.

¿Cómo es el perfume que surge de las espinas?
Dulce con notas sutiles de sangre y sabor a clavo.

Astillas[1]
Si lo que ves es mi sombra,
sopla la vela antes de que me cumpla.
Corta la mecha,
desde niña me dio miedo encender los cerillos.
Si es verdad,
y lo que llevo en el rostro es un espejo,
no te sorprendas si un día me encuentras hecha añicos.
Recuerda que siendo vidrio,
el reflejo también corta.
Atrévete a verme
cada vez que intente convencerme
de que el presente no es el pasado,
aunque sepa que se esfuma en cuanto toca.
No voy a pedirte que te vendes los ojos
pero de mucho ayudaría que los cerraras cuando me sientas,
porque si es verdad
y lo que ves no soy yo,
entonces estas heridas
no son mías.

Inédito

[1] Astillas resultó el poema ganador del Primer Premio de poesía joven Versorama de Proyecto Ululayu en 2020.

Atlas

He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo
Fernando Pessoa

Mi condena yace en un reloj al que le sobran cinco minutos de arena
y aun así no logra alcanzar al presente:
a mi pena le caben siete mil millones de nombres,
por eso me pesa tanto el cuerpo.

A veces, el dolor se concentra en alguna parte de mí,
pero no me doy cuenta hasta que me descompone.
Hoy me rompió la espalda,
de tantos mundos que se terminan,
y sólo lo sé por el ruido que hacen los añicos revoloteando
cada vez que mis pulmones toman aire.

En el pedazo de verdad al que tengo acceso
está la negación de una presencia incongruente,
están las palabras que migran de la razón a la incredibilidad:
el cielo está cayendo a destellos.

Me dicen que no pasa nada si se desprende de a poco,
que sus fuegos están muy lejos y no pueden lastimarme;
pero yo veo las detonaciones cada vez más cerca.
No voy a asumir la culpa de su daño;
lo que está oculto no es mi debilidad,
es la paz que brinda el desinterés.

El cielo se cae
y cada trozo menos
es un fragmento más en mí.

Mi pedazo de verdad
tiene siete mil millones de nombres
y yace en el contorno
de un recuerdo de algo que aún no sucede,
en el brillo de algo que ya se olvidó.
En esta verdad
mis lágrimas encuentran en su suicidio la ofrenda.
Rechazar la negatividad
es otra forma de matarse.

Inédito

El lugar que es nuestro
1
Observo el tropiezo del segundero en el reloj.
Me observo en ese ciclo que siempre avanza
pero sólo para volver al mismo punto
y dar una vuelta más.
Cada tanto se vuelve uno en otro cuerpo
pero nunca ocupa el mismo lugar.

2

En ese espacio,
            entre las dos manecillas que se encuentran entre sí,
            únicamente por voluntad del tiempo
te recuerdo
            y sólo entonces
abrazo el tropiezo.

Inédito

Migas

Siempre tuve miedo a perderme.
Me aterra la idea de no saber dónde estoy,
de tener que ir a buscar un nuevo hogar
por no saber encontrar el mío.

De niña aprendí a dejar pedacitos de mí
en el trayecto de cada viaje,
         -como carnada-
para poder reconocer el camino de vuelta a casa
en caso de tener que volver sola.

A veces olvido que hubo trozos que nunca pude recoger
por haber tomado otra ruta.
De tanto que he migrado,
mi recuerdo queda como una huella a la mitad,
siempre diferente en cada lugar.

Por un tiempo las personas tuvieron nombres de calles,
             memorizar sus rostros era reconocer sus banquetas y baches.
Las luces rojas me hacían titubear:
el camino a casa no puede tener solamente un nombre correcto.
Todos los lugares dejaron de ser mi hogar
en el momento en que di el primer paso dentro.

Saber por dónde voy es aprender a volver:
ir hacia adelante
es volver a mí.
Por eso
reconozco más fácilmente el camino a casa que mi casa misma:
no puedo perderme.
Quienes dicen que pueden tienen suerte.
Debe ser más sencillo no encontrarse en el espejo
que no poder escapar de él.

Inédito

Semivigilia
Acumulo basura detrás de los ojos.
No la puedo ver,
pero lo sé porque no puedo pensar en otro lugar al que puedan ir
las lágrimas que obligué a ir en reversa,
o las pestañas que se volvieron su propio enemigo.
Los residuos del mundo se atiborraron detrás de mis ojos
hasta hacerme perder los límites de la pesadilla:
comencé a confundir
abrir los ojos
con volverlos hacia dentro.

Inédito

Luna Cueva: agua nueva de la poesía sureña

Luna Cueva. Foto: Miguel Asa
Luna Cueva: agua nueva de la poesía sureña
Crear belleza como aventura de innovación

un hombre que debió nacer nube
o alacrán
quizás piedra o cemento
o un puente ara que por primera vez construyas algo
perdurable
María Ausencia

Las personas que escriben poesía, toman muchos elementos naturales para hacerlo. Se diversifican. Se sustituyen y reflejan. El agua es una conformación de muchos elementos que reflejan a otras cosas que se conforman de otras reflexiones, es decir, un poema puede conectarse con un objeto y dentro del mismo, puede haber más cosas que conectan con otras. El agua es un claro ejemplo de una de las formas de crear poemas. Luna Cueva toca el poema y lo amasa conforme a la noción de una caminata. En la misma encuentra la contemplación −dice−, la observación profunda. De igual manera encuentra en los sueños otras realidades llenas de ideas, donde existe la libertad. Los sueños son una lejanía y ahí encuentra una evolución, un anhelo, así como la incertidumbre. Se trata de un momento para redescubrir el cambio, perseguir sentimientos.

 

Agua y plantas. Foto: Miguel Asa

Entre la aventura que permite avanzar y aprehender el campo de la lectura, porque no sólo se leen los libros, sino también el mundo. En la vida hay límites, el sol lo dice, brinda importancia, vida y también nos hace nada. La luna, por el contrario, dice la poeta nacida en Zapotlán el Grande, Jalisco, es una reflexión, un giro, una mirada directa a un cuerpo celeste que se entrega en color morado como un misterio. Encuentra en las hojas secas una felicidad inhóspita y nos habla de su posibilidad de diálogo en el otoño. Hay una certidumbre de la naturaleza en su poesía. De ahí que venga una decantación de la practicidad: hay que crear sin rumbo, probar, interpretar lo posible. En diversos sabores se encuentra la hojarasca, y de ahí, los crujidos de la muerte de las hojas, de las plantas. Así de sencillo como decir que los suéteres nos dan felicidad.

Flor y columna. Foto: Miguel Asa

Dentro de la poesía de Luna existe una metamorfosis que nos permite dialogar con la Tierra; abraza el sustento de la semilla y conecta con su juventud la posibilidad de encontrar nuevas experiencias de la simbiosis que permite el agua. Una producción natural, leer, formar torres de crisantemos: que vuele la ardilla o el elefante en el laberinto de la poesía. Hacer que ruja la ternura de los perros. En cada acto vivimos la persistente separación de los momentos, como si fuéramos constantemente cuestionados. Sin embargo, hay actos que nos invocan la distancia del paso, el ritmo de la muerte, el éxtasis de la singularidad.

Sala del tiempo. Foto: Miguel Asa

El poema viene escrito con naturalidad, de disfrutar las cosas como signos de libertad. Al final, la apertura de los sentimientos es una apertura a la fugacidad. Toda la vida es un universo en donde es necesario experimentar de cualquier manera, sin atosigar a las naturalezas de cada ente. Las flores, como los bosques, la familia como la soledad. Se transforma el todo en un espacio de observación, se traslada la visión hacia un punto particular: hay que ir al detalle, espacio de observación de poco espacio. Una novedad como aprendizaje. Luna crea desde la sencillez de un cuestionamiento simple, la vinculación entre dos entidades, cualesquiera que sean. En sus poemas hay una vinculación de diversas maneras, los que nos llevan hacia el eco de las sirenas, por lo que le encanta crear con agua.

Interior. Foto: Miguel Asa

La oportunidad de crear se encuentra en los elementos físicos, naturales, en esos detalles que de alguna u otra manera nos modifican el día, incluso el gusto por las capas de ropa sobre el cuerpo. Desde un bosque imaginario, Luna nos permite encontrar reflexiones dedicadas hacia una depuración y hacia un encuentro a la vez. Hay retornos desmedidos y columnas en las que sostiene sus poemas. Pareciera que nos deja caer, pero nunca nos suelta: es la realidad en la lectura. Es necesario pensar más allá del libro, darnos cuenta del agua que percibimos a diario, de la reflexión que la actualidad merece y también se es un pasito lento con la certeza de que la lluvia constituye un ejemplo de la capacidad de la soberanía. La poesía de Luna nos remite a las consideraciones del orden, y también, a las posibilidades de la tradición. Sin embargo, insinúa lo latente de un ritmo moderno, del sencillo alcance del caos. En Luna son constante las caídas con retorno.

Patio e historia. Foto: Miguel Asa

La posibilidad de caminar es una de las etapas del día que le encantan. Es una introspección que lleva a la contemplación, pues como lo he dicho, se resigna con la belleza de la contemplación, a no quedarse quieta ante su imaginario. Por eso incrusta en las páginas, versos determinantes, puntuales, exactos, a su manera, pero exactos. La contemplación es una de las ventanas más grandes que portamos como humanos; somos la posibilidad de la negación y de la aceptación y viceversa. No debemos entregarnos a la podredumbre de la alcancía y de sus nuevos objetos. Somos un desbalance de las nuevas cuestiones que se perfilan en la caída de la hoja del árbol. Nunca es otoño exactamente, pero hay que amar a los suéteres como amalgamas de un momento de la pasividad de nuestras escoltas.

Verde y curiosidad. Foto: Miguel Asa

Leer a Luna es leer el misterio y leer de nuevo la timidez del silencio. Que este no se levante, porque se convierte en la caricia más feroz del viento. El sur tiene poesía y está llena de encuentros y de reflexiones que hacen de su región una estela de voces diversas. Luna se encuentra en el crecimiento de su voz y de su potencia: hay rasgos que la descubren y ritmos que nos mantienen, en los que permanecemos, porque nos deja ser libres en ellos. La naturaleza es un factor, una instancia que permanece de alguna o de otra manera como una furia corta. Es un incendio que consume toda galaxia. Es una instancia para reflexionar en el encuentro con el detalle. Hay que saber caminar para ver la susceptibilidad del instante. La vida es corta y el sol nos provee de ella. En la luna descansan nuestros diálogos. No es tiempo para dejar de soñar. 

Fuente de poemas. Foto: Miguel Asa

Luna Cueva estudia la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Fue participante del taller virtual Luvina, de escritoras hispanoamericanas durante la pandemia. En 2022 tomó un taller con el poeta y editor Luis Armenta Malpilca, con el que despertó su interés por la poesía. A finales de ese año tuvo su primera publicación de poemas, en el libro Creadores literarios de FIL Joven. Ha sido publicada por la revista Vaivén, del Sistema de Educación Media Superior de la UdeG. Disfruta de comer, mas no de cocinar. Sin embargo, en ello encuentra un espacio de creación, de rituales y de familia. Sabe que un huracán es un inicio nuevo. Ama leer de manera lenta. Tiene sus tiempos. Lee todo lo que puede, incluso la forma en que dialogas con ella.

¿Cómo construye un huracán la belleza de una trompeta?
En medio del desastre de un huracán, si uno escucha con atención, podrá percibir el sonido del viento, que aúlla las notas de una trompeta al agitar las ramas de los árboles caídos.

¿Para qué se teje el iris hacia la silueta de la puerta?
El iris delinea la silueta de la puerta para marcar a los peregrinos el camino a seguir. Destella en el marco sin osar atravesar la salida, ya que teme desdibujarse en los rayos del sol, y se planta como un faro de colores, sin un destino al que llegar.

¿Cómo es la ventana del patio del sueño de una mariposa?
En los sueños de las mariposas hay un patio trasero al que se accede a través de una ventana. La ventana es un portal de ramas con olor a subconsciente. Tiene tres esquinas chamuscadas por el aleteo de las mariposas, a las que les gusta transportarse al plano de los sueños en tropa.

¿Por qué una Catarina suspira ante los colores de un violín?
La Catarina suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa. En él, habitó tres inviernos en los que se refugió del frío en sus paredes irregulares. Sin embargo, cuando el abandono del violín llegó a su fin, de su hogar surgieron notas que hicieron estremecer su cuerpo, no sólo por la vibración de las paredes, si no por su belleza.

Tras huir de su hogar, ahora inhabitable, la Catarina se sume en los recuerdos de la última pieza que escuchó y suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa.

¿Cómo se baila con un árbol de flores rojas?
Para bailar con un árbol de flores rojas, primero deberá sosegarse: se enciende una fogata a sus pies y se pretende que las llamas amansen el ego de las flores rojas, que son soberbias. A continuación, se puede bailar una pieza con el árbol; el segundo baile quedará a su consideración.

¿En qué consiste la vibración de una hormiga y la esperanza?
La vibración de la hormiga es pausada e incorpórea; es casi imperceptible, excepto por un cosquilleo en los huesos, por lo que se confía en que está ahí incluso cuando no se siente. Lo mismo pasa con la esperanza.

¿Por qué la mantarraya lanza versos a las nubes?
La mantarraya lanza versos a las nubes porque le gusta figurarse que, entre las formas que ocultan, hay una que se asemeja a la suya. Dice que las nubes son los corales del cielo, y tal como ella nada en el arrecife, los murciélagos hacen lo propio en el firmamento.

¿Para qué el escarabajo compone en las venas del arpa?
El escarabajo revolotea en las venas del arpa para deleitar a los oyentes silenciosos que le sirven como público. Desde sus escondrijos, los grillos hacen sonar sus instrumentos y las mariposas baten sus alas. El bosque se hunde en una sinfonía nocturna.

¿Qué es lo que postra el viento entre sus manos?
El viento —que es un señor con sombrero de nubes y ojos traslúcidos que siempre va con prisas— trae bajo el brazo un maletín, del que se le escapa el tiempo y, a veces, dos colibrís.

¿Por qué la tetera del libro es azul?
La tetera del libro es azul porque la pintaron las ranas con el rocío de la mañana. Es también por ello que la tetera tiene una grieta que salpica al servir el té: la dejaron caer al estanque, las descuidadas.

Pétalo naranja
En medio de las ruinas

de una ciudad ya devastada,

un pétalo naranja se abre camino.
En sus monumentos,
            faltos de gloria tras la caída,
se graban las iniciales
de quienes una vez
fueron amantes.

El pétalo,

con el sigilo de un intruso,
acaricia la tumba
donde reposa el corazón agonizante
de una civilización.

                         el fantasma de una
                         muralla se levanta
                         en la soledad de la
                         noche, cuando no hay
                         testigo que confirme
                         si la fortaleza es de piedra

                                           Si las guerras fueran primavera,
                                el pétalo echaría raíces
                    en las costillas de los cuerpos
         que yacen entre los restos.
El pétalo vacila
         en su aterrizaje,
y se balancea
          como novia hacia el altar.

El aire, que es veneno, lo obliga a descender:
            el pétalo naranja
                       se expande como dalias negras.

Inédito

Temo 
Y yo que temo a los espejos,
a habitaciones llenas, a una vacía,
al narcisismo, a los complejos,
a viajar en barco, a andar en tranvía,

a rimar a veces,
                          a perder el orden

a comprometerme, a pasar el rato
a llegar a vieja, a ser siempre joven,
a fingir sonrisas, a ocultar mi llanto
a los que vomitan, los que nunca comen
a caerme a el suelo, a volar muy alto.

A olvidar las cosas, a aferrarme a ellas
a beber mis miedos, a romper botellas
a juntar granizo, a contar estrellas
a las cosas feas y a las cosas bellas.

A la vida eterna, a morir en vida,
a los estrados, a la afonía,
a presentaciones, a las despedidas,
a seguir con esto, seguir todavía.

Inédito

Un cadáver de huesos pulidos
Toma asiento.
Se avecina el viaje por la experiencia
de un cadáver de huesos pulidos
que tintinea sus articulaciones
de descontento.

Aquel que no vive
es el que más sabe de la vida;
consúltale de tu mal de amores,
que no importará que no tenga labios para besar
ni corazón para sentir,
aun así te contará historias
de lo que ha visto con esas cuencas vacías.

Lector, tú que no sabes,
solicita un consejo.

Lector, tú que aún sientes
sigue tu corazón.
Las flechas de Apolo
no reviven las arterias
de un corazón malherido.

Inédito

Portador de verdades de papel
Anda, ocúltate en tus versos.
Hiere al aprendiz, finge que lo sabes todo.
Usa la palabra, arma de doble filo,
hasta que seas la última pluma,
hasta que te des cuenta
de que pintando mundos
has dejado el tuyo detrás.

Portador de verdades de papel,
dime, tú que adoras el sonido de tu voz,
tú que afilas la pluma y atacas hasta la estrofa,
¿es necesaria la vanidad
para escribir mi nombre
entre las páginas del mundo?

Inédito

Ruinas
En el ardor que calcina mi pecho
huyo de un fin eventual
en que seamos llamas extintas
            y no seas más que un recuerdo
                      que no puedo discernir de un sueño.

En la agonía de mis viejas costumbres
           alargo las noches
fragmentando memorias de dos
de hojas con la tinta fresca.

Lloro a las cenizas
mientras las brasas me queman los ojos
y recelo de la sequía
en un cuerpo que es tormenta.

Tu llamar es un lamento lejano
cuando estoy en la mar,
repudio tu canto de sirena
para evitar la galerna
a medio verano.

A mi alrededor hay un refugio
de siete pisos
sin ventanas ni puertas,
sus cimientos sobre paja
humedecidos por mi sangre
se derrumban
y veo el techo caer sobre mí
            en
            cámara
            lenta.

Llega antes
la mano que tiendes,
me acurruco en el suelo
a esperar la caída
                           y dejo perderse tu imagen
                                                       entre los restos.

Inédito

Xulio Spírittu: un tigre del sur lleno de metal

Xulio Spírittu. Foto: Miguel Asa
Xulio Spírittu: un tigre del sur lleno de metal
La enseñanza como medio de manifestación poética

El hombre es una cáscara del tiempo
y los pasos del ser van de puntillas
modelando la horma del sarcófago.
Artemio González García

La noche puede ser cualquiera. La guitarra siempre ha tenido peso en el sueño. El riff se disfruta quedito, en el suburbio de la navaja, de la pesadumbre, en el olfato de un algodón. Estallo en centellas y busco una manera de no sangrar desde la herida. Sigo, persisto y me encuentro entre la migración, el desprendimiento y de la capacidad por vivir, todo a raíz del desasosiego. Xulio Spírittu enseña eso: la posibilidad de existir desde el dolor y desde la podredumbre que uno carga en la melancolía del vacío de las nubes. Desde un poblado enorme que nos rige como instancia, me llama, les llama. Nos arma y nos desvirtúa. Es un engendro de los filos y nos dedica un suave estupor al encontrarme en la carretera, en el vicio, en la incertidumbre. No hay espasmos. Hay consistencias. Se sabe cómo será la manifestación y también el cuerpo. Me deja un eco y se revuelca la sustancia en mí, en todas las personas y buscamos una quietud de gloria, un momento ante la sombra del sol, así, sencilla y ecuánime.

Reír de la muerte. Foto: Miguel Asa

Hay canciones que huelen el alivio, la pereza y la euforia. Leer la obra de Xulio es leer un acantilado lleno de espinas y de tinieblas. Desde un Gómez Farías, un municipio al sur de Jalisco, hay una pluma que nos dicta el bien y el mal. Desde ahí nació la euforia de una araña que flota en el sentimiento de varias guitarras, una melodía y un aeroplano que no sabe si va a descender. Existe en su potencia, lo repito, el filo necesario para ser conscientes de lo que una persona entrega. Se escucha un fuerte sonido desde una batería que se contiene entre la sierra y ejerce su paz como una convulsión del muerto que se ha ido por el amor que sigue a flote en el barco que no ha caído. Llega una hormiga y me lo dice todo. Llega como entrega del dolor y se vuelve infante. Se vuelve una entrega del grito que muchas personas necesitan. Un verso desquiciado diría la academia. No hay escuela que no sople su trabajo. En todos los rincones cabe. Su obra es un poema que puede dar el grito para dar un espasmo al hambre y seguir. Eso es, seguir en el desierto. Seguir en la experiencia.

Plantas de poemas. Foto: Miguel Asa

Xulio es un humano de ironías. Le encantan los efectos especiales de la poesía que viven las personas comunes y corrientes. Se vuelve un epitafio adelantado a lo que ya se percibe. No es posible saberse en el dolor, porque se es dolor y pauta de palma todo el tiempo. Su trabajo es una marcha en silencio que recurre a las hormigas y dice que el poema es una navaja, porque corta todo sentimiento, corta, corta, corta. Hiere aquello que no toma consciencia de la vida; nos hace mirar aquello para que sea un rincón en el espacio de la noche, para levitar con el fuego de las infancias. Somos pequeños, de edad, siempre, y toda la vida nos contemplamos como ausentes de nuestras travesuras. Es lo primordial que vivimos en el tapujo de todos los días. Xulio nos da las herramientas para irnos en la melodía de no saber cómo le entregamos al silencio una probada de lo que tenemos en vida. Sabemos que muchas veces el silencio se vuelve un rencor, pero hay que dar paso a las flores que se mueren a diario, para descomponer nuestro sistema humano con el que pretendemos llegar a todas partes, para decir que no vamos a morir en una reja de azúcar.

Flores candor. Foto: Miguel Asa

Tenemos una probabilidad para humillarnos en el occidente de la memoria. No somos más. No somos nada. No somos la contingencia del globo. Entonces, cómo es posible construir desde el silencio si no se permite la furia del horizonte. Sabemos que el fuego no es una canción, es un alimento que se retuerce en cada diario que emerge desde un poema sureño. No puedo describir la palabras desde un océano que abarca la memoria de una nave que se va en pique y al final somos esa misma muerte. Somos el poema que nos da un hilo para saquear lo que nos queda en vida. Y nos quedan todas las probabilidades de la música para romper el misterio de la mente. Hagamos de cuenta que persigo el augurio de una nave que no volverá, que es un hilo transparente de migajas.

 

Camino. Foto: Miguel Asa

Se trata de una experiencia que sacude el cuerpo desde las nubes que nos acompañan en la miseria de la vida. Somos un instante que se desarrolla desde la euforia con el ensayo. Xulio nos pone al límite. Nos brinda la desgracia como amuleto y nos lleva en el eco de la batería como un énfasis de lo que debemos construir como sociedad. Sus espejos no son una episteme de la vida. Nos entrega el lamento del eco y vuelve. El silencio. El silencio. El silencio de nuevo, y la sangre viene a proclamar lo que se deja de lado. El árbol. El infante, la escuela, la navaja, las tardes tristes. La música hasta el fondo, para que sirva de relleno. El escuincle aclama y otra vez lo hace. El poema nos va a cortar, te va a cortar, te va a herir y te dirá lo que no sufres, porque no abres los ojos. Te crees todo y no has leído nada.

Una sombra. Foto: Miguel Asa

Caes en la desgracia, porque te crees ciego y eres una persona pusilánime. Se entrega todo y nos miente. Nos hace conscientes hasta de nuestra ridiculez. Nos hace ver encinos cuando no destacamos los perfiles de las flores. Somos unos mentirosos. Somos culpables. Somos iconoclastas de la mierda. Así nos define. Nos lleva al rincón de la canción que crees que nos hace más confortable la vida. No hace una potencia de tus mentiras, sabe de ellas. Sabe lo minúsculo que son tus errores. Nos habla desde su esencia pueblerina y nos brinda una cátedra sincera de la ridiculez humana. Las injusticias son un vacío que los poetas pocas veces tocan. Xulio es tremendo. Se entrega para afirmar que somos una familia bastarda. Nos amarra desde que uno se encuentra con su obra. No te mientas, no me mientas. Te vas a morir en una desgracia por presumida persona. Un gemido no replantea la suavidad del enojo que tiene el alambre de púas. No se necesita ser citadino para saber del dolor de la humanidad. Las personas somos más que ridículas cuando pensamos en eso. La poesía de Xulio nos lleva a exigir, es un arma potente, diles que no nos maten, chingado. De qué te sirve un premio si tu labia no da para más. Xulio se merece eso. Saber qué es. No una mentira iracunda del soberbio sistema que nos ahonda para decir qué hacer. No todos los poetas somos cobardes. Xulio explota. Xulio dice en clase que la revolución es un poema. Xulio no teme, nos da el poema y ya. Xulio no abandona, acompaña. No da el disfraz y él va en todo el conjunto. Es el poema sobre el poema.

Recuerdo rosa. Foto: Miguel Asa

No nos intenten ofrecer una mañana delicada cuando leo a Xulio. No me intenten engañar cuando las navajas están expuestas. No nos ataquen. Xulio es una voz potente, verdadera, sincera. Se columpia. Vuelve y piensa en un lago lleno de hilos y nos amarra a todas las personas que le contemplamos. Xulio es soberbia. No más. Es una fuente llena de crisol que va a explotar cada vez que le toques. Su obra es una pendiente que te va a hacer caer. No hay que protegerse. Es necesario sentir la duermevela para saber que el sueño sólo es un espejismo de lo que vivimos a diario. Nos vamos a cortar, claro, pero nos haremos más fuertes en cada verso. La poesía sincera se entrega en una guitarra y dos acordes. Lo demás es una sustancia a olvidar. Xulio es un espíritu de rebeldía hasta los huesos, y comparte el aprendizaje. La poesía es una mentira, pero la vida nos hace creer que es una realidad. Es momento de refugiarnos de nuestro propio sueño. En nuestras personas están las navajas.

No poema. Foto: Miguel Asa

Xulio Spírittu estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Es profesor de alquimias para adolescentes. Le encanta la música y con ello ha fundado un proyecto sonoro denominado Lundra con el que experimenta la psicodelia desde una propuesta de rock mexica en el que involucra las artes escénicas y la literatura. Parte de su obra ha sido publicada en antologías poéticas en México como en La invención del presente (2023), en la revista literaria Estación Poesía (2019) de la Universidad de Sevilla en España. Fue seleccionado por Ediciones AWEN para la publicación digital de Los cuerpos del vacío (2022) en Venezuela. Es un iracundo de la soberbia y de la ironía. Le encantan las frutas y se duerme temprano. Es profesor de escuincles y procura enseñar su visión de la poesía sin remedios ni falsedades.

¿Qué es lo que contiene el color violeta en un plato?
El ojo nocturno de un chef que despierta/ mucho antes que la llamarada suceda.

¿Cómo se entrega la palabra a la cosmovisión de la catarina?
Como el iris de la mujer que tiene en sus manos a un recién nacido/ con el corazón desbordado y las plegarias contenidas/ con la fuerza de lo que es y poco a poco se nombra en cada paso/ en cada patita que recorre un árbol tan grande como la vida.

¿Cómo se aprecia la flor de la luna en los ojos del amor?
Con el pellejo más sincero/ con el rostro del pasado que extiende los brazos de la verdad/ y sin remordimientos/ señala lo que se es y lo que nos espera.

¿Por qué el barco vuela en el cuerpo de la cebra?
Porque el camino está trazado/ y si nos detenemos/ un león vendrá a saludarnos con sus garras.

¿Qué es un cardón en un plato de canciones?
Un espagueti vertical/ una estalactita que apunta a la luna/ una cuerda presionada con un slide poco delicado e impredecible.

¿Cómo se vive en el corazón de una biznaga?
Como un poseso/ como una chispa que se entrega a la hoguera del cielo/ después de consumir la humedad de su paciencia.

¿Toalla, viento o lámpara?
Lámpara a media luz/ con la oscuridad a un ladito de la cama/ y una sonrisa en el corazón.

¿Qué es una campana en un ala de volcán?
La palpitación de una Tierra que no vemos/ pero que imaginamos aún más verde/ más interior/ más nuestra.

¿Para qué tejer esmeriles en las costillas del dolor?
Para reventar el porvenir/ y que el ritual vikingo nos eleve/ nos reúna con los astros/ donde siempre/ ni más ni menos/ somos nosotros mismos.

¿Cómo canta a la baraja rosa sobre el nopal?
Como Chavela Vargas desde el más allá/ toda frágil/ delicada y/ al mismo tiempo/ rasposa e imponente/ colorida hasta médula del no ser que permanece.

Una mexicana muere
en medio las circunstancias más inoportunas 
tres colombianas se miran
se llaman en silencio
se hincan en la arena
como esperando impacientes su destino
con la boquilla del arma en la cabeza
y la memoria clavada hasta el suelo
cuatro gringas debaten a nivel nacional
y hasta discuten
para asegurar algún tipo de futuro
el menos peor o el más terrible
cinco venezolanas apagan la tele
seis chilenas corren a la montaña
con sed y miedo 
aturdidas corren
al lado de unas centroamericanas
que ya ni sudor tienen
ni saliva
ni voz
ni hambre tienen
tampoco esperan
a la mujer que está tendida en la madruga
a la mujer
que no llegó a los Estados Unidos
para trabajar por la inmensa Patria
que es igual a tres hijas
dos perros
un marido
y la cajita en el ropero con fotografías
la cajita donde su abuela la persigue
en un corral con patos que rodean los rosales
y vuelan presurosos
al estanque de la infancia

Los cuerpos del vacío (Editorial AWEN, 2022)

U;[x];U

aguaceros de julio y agosto vienen a limpiar la ciudad   a limpiar los cuerpos aún tirados en la acera    frente al espectacular que ve cómo se encharca la calle   los rostros   mientras se inundan los pechos más sinceros   por ese [poema] que está en el piso con sus ilusiones derramadas   con sus versos no dichos   crecerá un día   crecerá por esta agua que inunda los noticieros nocturnos   que moja las botas del uniformado   que se esconde en su silencio   en su delgada indiferencia   como quien ve llover aferrado a su arma   como niño que abraza a su madre   a su miedo   a su temor de no regresar al cuartel o a su hogar en la montaña   que el año pasado se deslavó y enterró a sus hermanos e hizo lodo su memoria mientras llovía   ese [poema] ¿crecerá?   ¿crecerá en el latido más hondo del uniformado?   ¿en los ojos de los paramédicos que se lo llevan?   ¿crecerá ese [poema] como crecen los verdes más sinceros de la tierra?

El club de la perrera (en edición 2024)

Volver
Volver
           al lugar donde nunca
                         dejamos de existir
volver
          sin preguntar    
          sin revolver los signos
que son insuficientes
volver
         sin plumas
         sin alas
         sin la ventisca los ecos
de un pasado promisorio
volver y cosechar
          algunas almas
que olvidaron sonreír
volver y dejar
que el día la noche
hagan lo suyo: que
         se toleren                                    
         se acaricien                                                        
         se perviertan                                                                               volver y volar
         sobre las aguas
         sobre lagos y puertos
volver y sentir
         el aire                           
                  como un roble
                            un pino                           
                            un cedro

Antología Auditiva LAVA (2015)         

Espejo

Vivo
        en la inmensa calma de una anciana risueña
una anciana que toma el té
cuando la neblina oculta
                                  las siluetas de su melancolía
vivo
        para estar entre sus cabellos de serpiente
                entre sus recuerdos que engañan
y alegran las horas con su clarividencia
soy el niño que juega a cabalgar
sobre un cosmos por demás reconocible
ella es la anciana y yo lo que en ella palpita
soy la criatura del color de su vientre milenario
el beligerante trueno que nace de la serenidad
                            y come de sus ojos las sombras
ella es la anciana y yo el instante
                         que se pronuncia incomprensible
ella es la anciana y yo el retrato vivo
                                        que arde en su memoria

Inédito

U[x]U

qué mezquinos   envían a sus niños a pedir limosna   se beben el alcohol de las tiendas en oferta y no pueden guardar unos pesos para que los chicos regresen al pueblo   a la tierra que es como el vientre de su madre   apuestan a que la calle los haga hombres   [porque a golpes uno se debe ganar la vida]   qué mezquinos   viajan a Milán   a Kioto   a Inglaterra y dejan que la Sra. Lupita les recoja la ropa de la alfombra   los tenis de la piscina   los sueños de la cama   dejan que les lave las tanguitas manchadas con el semen del relámpago   porque el olvido también es un arma   una detonación en los cielos de la infancia [Lupita hizo frijoles puercos para vomitar en la comida]   qué mezquinos   la vida se acaba y publicamos eventos bajo demanda   levantamos muros para resguardar los vicios más innecesarios   somos la especie que olvidó borrar sus huellas   la especie que descarga Apps que contiene todos los secretos de la vida   somos los que cobramos la entrada al cementerio   donde 20 mil jóvenes se orinan dentro de sus tumbas  

El club de la perrera (en edición 2024)

Frida Tejeda: la felicidad de la furia

Frida Tejeda. Foto: Miguel Asa
Frida Tejeda: la felicidad de la furia
Escribir como reflexión de los dinosaurios ante el sol

pero no dejaré que nadie se acerque a ese producto
de la carne de mi sangre
            desperdicio
como será
lo devoraré enseguida
Abril Medina

Hay una extraña ola de viento cuando configuras el armazón de un poema debajo de una parota. Hay una alquimia en particular cuando la mariposa nace después de ser larva. Hay dudas, siempre, indeterminadamente, y existimos, como la obra de Frida Tejeda, poeta que emerge de la explosión y de la pasividad de los cielos. Hay en sus letras una furia de los recovecos que conmocionan a la unidad de los conejos, cuando los despabila, los enmudece, los desarticula y ahí los deja. Se encuentra en sus detalles una posibilidad de mirar el movimiento de una hoja, la arrogancia de la dulzura, el anfiteatro de lo radical, y una leve, casi mínima, cobertura de chocolate con notitas de color. Hoy el juego es oportuno. Los dados brincan revolucionarios, y entonces, bajamos en el estallido hacia todas partes. Aquí nos toma y nos convierte en un sistema que lentamente muere entre punto y punto. Hay que resguardarse de la letra y sabotear a los círculos para modelar las figuras que nuestra autora comparte.

Roja estela. Foto: Miguel Asa

Nacida en Guadalajara, Jalisco, tiene la fortuna de escribir y de contener una de las voces actuales de la poesía en la ciudad. Dentro de sus letras encontramos un espejo repleto de coordenadas geográficas que nos sitúan como personajes inhóspitos y atrevidos de la palabra. Su poesía comienza después de una tarde, en la sensación del abismo, como la de averiguar debajo del tapete o la de apreciar la luna que estremece a las raíces. Es posible subir a una tabla para darme tiempo y perseguir notas de abeja, dulces y ensordecedoras, para seguir la línea de Frida.

Mirada poética. Foto: Miguel Asa

Quisiera una ráfaga de viento para deletrear sus poemas y una canción de lo que significa desprendimiento, rodeado de gomitas y un aeroplano de color para encontrar cada una de las piezas de sus piezas. Hoy llega un momento en que las raíces hablan con los conejos y se viven entre unos y otros, con la seguridad de que mañana volverá a visitarnos el sol. Nos abrazamos a la cintura de la parota, y mencionamos al amor que la libera.

Paso. Foto: Miguel Asa

Las piezas de Frida incorporan una preocupación social y da respuesta a sus propias individualidades, trabaja y sugiere, poco a poco construye, se mueve. Ha notado una presencia, pues su versificación está en constante movimiento. Desde la inocencia de una planta hasta la introspección de una hormiga, la palabra de Frida alcanza y goza. Es un ritmo peculiar que desmorona a las piedras, deja una marca en el camino y lentamente nos desintegra. Las letras salen a jugar por las mañanas, recortan el jardín y entusiastas se liberan al medio día. Se configura una rueda, bailan y celebran. Hay, en la obra de Frida, diversas catarsis que asimilan la calma del estanque, un delirio por apreciar el ecosistema de forma lenta, precisa y voraz: pero debajo del agua está el cocodrilo.

Espasmos. Foto: Miguel Asa

Frida emerge desde un telar particular al oriente de esta localidad y se busca como una ternura enardecida de realidad. Hoy el juego es oportuno. Los dados brincan revolucionarios, y entonces bajamos en el estallido hacia todas partes. Frida Tejeda sucede y presenta. Aquí nos toma y nos convierte en un sistema que lentamente muere entre punto y punto. No se debe señalar una pretensión absoluta. Es necesario imaginar en una ola por completo, dar pie al juego de la lotería, para caer lentamente en el sitio que la escritora nos permite. Tenemos que saquear el atrevimiento de los versos de nuestra comunidad, ser latentes, saturarlos y manifestar que hay un encuentro para seguir. Es necesario hablar por el ánimo de encontrar todos los colores que la luz del sol nos deja contemplar.

Perspectivas. Foto: Miguel Asa

Existe en la poesía de Frida, una sensación de abismo, ya lo dije, que se prolonga y arde de manera menguante, de sutil giro y estrepitosos impulsos que generan una determinación lógica. Frida es ella, en sus propios encierros y con su pureza nativa del oriente. Frida emerge desde un telar particular al oriente de esta localidad y se busca como una ternura enardecida de realidad. Así Frida, flecha, azúcar y destreza, fórmula de velocidad y precisión, brinca en un módulo de ecuaciones efímeras que no requiere mecánica. Que las hojas sean una línea curva de encuentro, porque mañana hay que volar.

Recuerdo rosa. Foto: Miguel Asa

Dentro de esta situación, Frida Tejeda marca un vaivén que se posiciona sin origen y sin contrato. Hay en el esfuerzo de su pluma una constelación que se resguarda en la fragancia del veneno. Sutil, he dicho y también incesante. Necesita un té verde, un bisquet con mermelada y una flecha empuñada para mencionar que el parque se ha convertido en una bodega de poemas. Hay una larva que se manifiesta en una rueda que circula en el sueño de los columpios y se comparte hacia un sin fin de coordenadas: le han llamado extravagancia y botella a la vez. Frida hace de su poema una evidencia de su hipersensibilidad y preocupación humana. Construye una asimilación de su contexto, lo vive, lo sufre, lo cuestiona y lo manifiesta. Exige un poema por cada instante de vida. Frida es una resonancia de menta en el vaso con agua mineral.

Voluntad. Foto: Miguel Asa

Frida Tejeda estudió letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Ha obtenido algunos reconocimientos literarios por su trabajo en la poesía. Ha publicado cuento bajo la obra El Hueco, como seleccionada de la segunda emisión de La Maleta de Hemingway, proyecto editorial de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Ha publicado poesía con Próxima estación, dentro del compendio de mujeres poetas Surtido Rico (Editorial Tulipes, 2023). Es responsable del taller literario “El poema y la herida”. Es deportista por convicción. Le gusta escribir sobre su día a día.

¿Cómo es la forma del agua que te invita a bailar?
Ondulante y rítmica. Llena de ecos ingobernables que fluyen y empapan mi cuerpo de movimiento.

¿De qué manera se comparan las verduras con un huracán?
De la misma manera en la que se compara un cuervo y un escritorio.

¿Cómo es el destello del trote bajo una lluvia en verano?
Cálido, como los cuerpos sudorosos al bailar. Como la juventud misma, fugaz y abrasadora.

 ¿Qué encierra la poesía cuando contemplas el mar?
Encierra los momentos más dichosos, pero también los más salados. Encierra risas y heridas llenas de espuma. La poesía contiene al mar completo conmigo dentro de él.

 ¿Para qué sumerges a los dragones dentro de un líquido rosa?
Para mostrarles que solo el rosa puede hacer que las escamas luzcan como guirnaldas, y que sólo pintados de rosa se vuelven parte del carrusel de mi infancia. 

¿En qué momento se conmueve un dinosaurio?
Cuando se da cuenta de que después de su muerte será exhibido cual tesoro en los museos más famosos. Es ahí cuando sabe que al fin su vida tuvo un sentido más allá de sobrevivir o no. Un sentido que no entiende, pero sin duda lo conmueve.

 ¿Cuántas lágrimas se necesitan para encontrar un verso de mercurio?
Una tras de otra, hasta dejar caer las 23 sobre la página en blanco.

¿En qué luna recorres las letras del amor?
En la luna más brillante y solitaria, esa que reposa en su redondez colgada en el cielo como si nadie la viera. Es ella la única que me acompaña cuando silenciosa, me dispongo a navegar entre las letras amorosas que son gloria para los que del amor gozan o suplicio para aquellos que anhelan ser amados.

¿Por qué debemos escuchar una guitarra mientras se cocina el espagueti?
Porque de no hacerlo, el espagueti queda inerte, ya que solo los acordes de la guitarra logran que se cocine a la perfección. Sin la música de fondo la pasta no se cuece, no danza en el agua como debería de hacerlo cuando finaliza la canción. Si insistes en cocinar espagueti sin la guitarra de fondo, comerás las insípidas y crujientes varitas carentes de magia.

¿Cuál es la batalla más grande a la que te han invitado los delfines?
A la batalla contra la incesante noción de la consciencia.

Metamorfosis
Ahora que mi sangre
se ha hecho la tuya,
basta besar las cenizas
y quebrantar los huesos.

Heme aquí rendida,
ante el hervor nuevo,
como espuma dispersa,
ante el calor del fuego.

Desnuda,
resuelta a partir,
me dejo.

A mí misma.
Al bello siniestro.

Creadores literarios FIL joven (Editorial UDG, 2017)

Quizá
nada más se trate
de mirarnos hasta que
cada pregunta se evapore.
Y así, salvarnos juntos.
Palpitantes, verdaderos.

Inédito

Ígnea
Mujer multiforme
eres la naturaleza elevada,
sublimación del espíritu.
Criatura estoica,
imprudente,
testaruda.

En tu lengua siempre baila
una oposición.
Tu esencia,
la flama viva de antaño.

Arcaicos poderes
habitan en tus deseos.
Te dilatas con el tiempo,
como quien crea la eternidad.

Te impones,
transfiguras la existencia
con gracia, con violencia
y renaces en la infinidad.

Mujer sin dicotomías,
trasciendes a estos versos,
tu esencia es incendiaria.

Has quemado ya el papel que te dio vida
y navegas hecha cenizas la ciudad.

Inédito

Próxima estación
El silbido al final del túnel,
es la noción del futuro.
La certeza de movimiento,
los minutos que se aproximan sin detenerse.

Aquí debajo es toda una ilusión,
un ensayo sin sentido
en el que Dios es libre
y nosotros creemos serlo.

Vamos todos a un vórtice sin piedad,
nos arrastramos en el concreto,
mientras desde la cima
nos observan con desinterés.

¿En donde reside la importancia de nuestras voces?
Si apenas somos polvo,
una luz astillada en la nada,
una mota que flota ligera en la inmensidad,
un murmullo malintencionado.

Inédito

Libertad en construcción
Dueña soy de mis pasos de agua,
que se estrellan en la acera
como gotas de lluvia.

Y aunque la noche no me pertenece,
pronto será mía.
Nuestra.

La calle se doblega,
se rinde
y cede ante la palabra.

No hay jaula que nos contenga.

Inédito

Aurora González: hay que bailar en el golf

Aurora González de Mendoza. Foto: Miguel Asa
Aurora González: hay que bailar en el golf
Letras de una aventura de césped y flores

Dale a su dolor la permanencia
de tus definiciones
los aceites curativos de tus ríos.
Carmen Villoro

Una mañana el perfume toma color de tornado. Los ojos permanecen cerrados y la locura del flamenco surge de manera ambiciosa, como si fuera un ramo de tulipanes en función de un satélite. Quisiera acordarme de todo lo que ha sido la explosión de las flores para verificar cada uno de los pétalos que sobrevuelan el mar. Así entablo diálogo con Aurora González de Mendoza por las tardes de viernes y su poesía. Con sangre de todos lados y un corazón tapatío, Aurora pretende arrancar en sus versos la desolación del color amarillo y trabaja como el polen, de una a otra perspectiva. Hay luces que emiten un sonido y una tremenda cortesía para inundar los detalles de las raíces. Es una configuración un tanto polémica y estruendosa que sus letras provocan a cada paso. Es un universo de moldes y figuras que se muestran como una resistencia a la distancia y a la plenitud individual.

Reflejo de flores. Foto: Miguel Asa

En la poesía de Aurora existe una duermevela que descansa en el rincón de la huella y sigue y es huella y sigue y es huella y sigue y es evolución, un nido, una rama, la luna, el tiempo de cosecha y el fruto a la vez. La soledad se puede encontrar en el desasosiego de sus contextos, un proceso individual con euforia y entretenimiento. Aurora nos invita a pasar descalzos mientras el viaje sucede, así sin ninguna probabilidad de ser. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Una copa de poesía. Foto: Miguel Asa

En la poesía de Aurora existe una duermevela que descansa en el rincón de la huella y sigue y es huella y sigue y es huella y sigue y es evolución, un nido, una rama, la luna, el tiempo de cosecha y el fruto a la vez. La soledad se puede encontrar en el desasosiego de sus contextos, un proceso individual con euforia y entretenimiento. Aurora nos invita a pasar descalzos mientras el viaje sucede, así sin ninguna probabilidad de ser. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Viajera del amor. Foto: Miguel Asa

Es posible encontrar un espacio de sabor y suavidad, una manera única de proclamar las maravillas que contienen las estrellas. Se tratan de palabras que son fondo y estela, una gloria pequeña de un tramado augurio. Podría aniquilar 128 bytes en una sola toma y me electrocutaría despacito cada uno de sus versos. Aurora teje y convierte un reflejo en la sensación del blanco y negro, se vuelve extraña, una tesitura de alto contraste y llega. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Somos el aroma. Foto: Miguel Asa

Hay que permanecer un día cálidos bajo las nubes, sin mentirnos, para valorar que cada uno de nuestros momentos, es la entrada de una esperanza, la posibilidad de amar bajo la sombra de una carita y tocar con las espinas cada una de sus vertientes. Un beso, una glorieta, y toda la lluvia son un ejemplo de raíces, parte del estipulado que nuestra poeta nos entrega en el día a día. Es preciso disfrutar del giro que tiene cada una de sus líneas para saber. Con poca extrañeza, que debemos caer, caer profundamente, considerarnos un peso explosivo determinante y libre para sugerir suficientemente los cuerpos a través de cada letra. Leer a Aurora es una empatía con el movimiento, una gozadera de la vida, una base de ladrillos y detalles en sólido concreto, es pues una inserción de una sangre que conspira, que perturba, que hiere y a la vez, resuelve.

Libertad poética. Foto: Miguel Asa

Preciso, es analizar cada uno de sus espacios grotescos, una vez inerte, es posible lograr más de un espasmo, un gemido, cerrar el diafragma y escapar en directo para tener un internegativo de ello. Aurora nos habla sinceramente sobre cómo florecer de una vez por todas, desde la orilla del mar hasta el inicio de nuestra incertidumbre. Uno se nubla y puede quedar seco. Es preciso contener una especie de lazo con el fin de escapar un poco de la tristeza y tocarla, enamorarla, sentirla, todo para volver a sacudir el universo que portamos.

Un piano me es verso. Foto: Miguel Asa

Hoy es cuando, en estos tiempos, debemos de anclar nuestra pesadez en lo que no somos, el goce de la locura queda entre la muerte y el nacimiento de las flores. Aurora nos marca ciclos y ahí desfila desde su mirada. Entrega un encanto y desaparece. En cada ciclo, hay, la disposición para emigrar, regresar y vivir diferente. Ninguna lectura será similar, pero en cada poema hay una naturaleza potente que menciona que un piano será la transformación de nuestra percepción. Es instante de componer melodías sin temor, para refugiar a cada verso que escapa de nuestra creatividad. El juego tiene pelotas y nosotros somos el lienzo corta-navajas.

Mirada horizonte. Foto: Miguel Asa

Aurora González de Mendoza estudió la licenciatura en Didáctica del francés como lengua extranjera en la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en diversas agencias de publicidad como creadora de contenido. Fue becaria del PECDA Jalisco en su edición 2021-2022. Participó en el Festival de poesía Edita, en Bilbao, España. Participó en Poesía al paso, iniciativa cultural del Gobierno de Tlajomulco. Le gusta bailar flamenco y disfruta de su piano como una voz extra de su pensamiento. Le gusta comer con jazz de fondo. Las charlas las disfruta con un café y escribe sin un precepto común. Disfruta de los viajes y ama con desdén los aromas de las librerías.

¿Cómo es el encuentro de los planetas entre el pistilo?
El pistilo nos muestra en su centro una maqueta chiquita sobre lo que es la vía láctea.

¿A qué sabe el flamenco cuando se sueña?
Difícil es decir que el flamenco se sueña, porque el flamenco ya nos soñó a todos entre estados de consciencia e inconsciencia, entre felicidad y dolor. El flamenco es un canto que muestra dentro de la historia la luz que causa el rechazo. Pero, como sabor podría decir que sabe a los antojos que tendría un oído en estado de gestación.

¿Por qué descubrir la poesía en el barco de papel?
Porque al momento de meterla en el agua se desintegra uniéndose con los elementos sobre los que no tenemos control. Ahora, si queremos también podemos dejar el origami por largos periodos sobre el escritorio y dedicarnos a contemplarlo. Usar, tal vez, sus guías como trazo para esperar el impulso que nos haga desdoblarlo y encontrarnos con otra figura.

¿De qué manera se configura un giro?
La maestra de danza te podría dar una serie de pasos, entre ellos aprender a colocar el cuerpo; meter el abdomen, contraer la pelvis, poner el peso en las puntas de los pies, escoger un punto como guía para la cabeza y lo demás que quede un poco flojo. También se puede girar por instinto, sin conocimientos técnicos. Lo importante del giro es la respiración que se realiza dentro de él.

¿En qué momento la flecha se es nube?
En el momento en el que abstraes la figura de la forma, pero desaparece antes de que te des cuenta.

¿Qué se celebra entre la palabra y una larga caminata?
Caminar es una fiesta para los ojos activos que se reencuentran con el rasgo primitivo de la supervivencia. Uno camina a veces con rumbo, a veces con música, pero lo hace con la finalidad de permitir que el silencio se rompa con la respiración interpretando lo salvaje.

¿Hasta qué punto se determina el riesgo?
El riesgo es la hoja de reciclado que se impone delante de ti en la desesperación de anotar algo, pero con poco espacio libre. El punto del riesgo es nacer y todo lo que se recolecta dentro de él. Una telaraña que se cierra hasta que vuelves al centro del pistilo.

¿Cómo se concibe una araña en líneas de colores?
Las arañas son las maestras de los mándalas. Me gustan porque son compartidas. Nos dejan a nosotros líneas finas donde los reflejos ponen sus colores. Incluso la luz se siente libre para jugar y mostrarnos el tornasol. Una araña es la prueba de cómo la libertad sigue trazos, estructuras.

¿Qué se hace con los suspiros de las hojas?
Vivir las estaciones y bailar. Ver una hoja caer es cortar el tiempo, pasearse en él. Un placer que algún genio aprovechó para tomar la iniciativa de crear una versión infantil ¿A poco no te acuerdas de los columpios en el parque?

¿Cómo se juega a perderse en la hoja en blanco?
La hoja en blanco es una vida. No se juega, uno sólo se echa y ya. Nunca sabes qué te va a salir o cómo se va a llenar. Pueden ser dibujos, palabras, poemas, frases o simplemente algo que te llamó y vale la pena transcribir. Tú no te pierdes en ella, ella se pierde en ti. Se integra hasta el punto fino donde se extraña el espacio en blanco. Entonces, uno le da la vuelta e intenta hacerlo de nuevo, sin garantía de que salga algo que mejoré lo que quedó en el reverso.

Ficciones
La realidad es una ciudad lejana
donde no se puede tallar la memoria
para dar relieve a las entrañas

Una sala de cine,
nos dibuja figuras en rojo y azul
se nos escapan, a pesar de que sean nuestras.
La burbuja flota dos horas,
un volado a la suerte del aburrimiento
la ansiedad cava en el bote de palomitas
encuentra una lluvia que ya pasó

Inédito

Principio:
Una los puntos en orden para descubrir la figura.
un pato, una flor; es sorpresa.
Tal vez usted encuentre el mecanismo donde se engrana el mar
que viene, empuja hacia adentro y después escupe la muerte
Tal vez encuentre un tesoro en la basura viajera
como el cielo apagado que vive en la cabeza del cerillo
Tal vez en los puntos encuentre un tendedero
arrastrado por el aire: esparce aroma a ropa limpia
se convertirá en trapo,
para prender el fuego
crear
el que estuvo una vez en el cerillo
recrear
el cielo apagado que se prende con el mar

Inédito

Hay sabores que sólo tiene mi madre
su vientre es una receta
condimentada con el dolor de parto.

¿Sabes a qué sabe tu madre?
La mía sabe a mar
llora cuando cocina,
sus manos, el horno
desprenden el olor a canela
que esparce la aurora.

Mi madre sabe amargo
sobras de mi padre en el frutero de juventud.

Inédito

No hay aviso
El equilibrio es la cuerda floja
que nos habita en el presente
de los presentes, del yo.

Separados por algo tan delgado
fácil de terminar con una pisada.
En una línea nacen la felicidad y la preocupación.
Vivimos en el borde,
las fronteras importantes no tienen letreros de bienvenida.

Inédito

Mancha urbana
​Dentro del túnel está el calor de la sangre
recuerdos se nombran como estaciones.
Un destino para cada pasajero,
      despedidas sin saludos
oscuridad interrumpida por un vagón de nervios,
piernas ansiosas, saben lo que pesa un día.

La rutina viaja colgada a la espalda.
Se silencia el ruido de la noche ficticia.

Afuera hay sol, ningún aroma es claro.
Viajar en metro es meterse a la cicatriz.

Inédito

Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía

Juan Azuara. Foto: Miguel Asa
Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía
Un regiomontano en las costas jaliscienses

Con el sol de la tarde
veníamos los cuatro pensamientos
aislados
Leticia Villagarcía

Pensamos en sonido. La memoria. Un pasito. Es necesario un atuendo estruendoso para marcar la diferencia. Es preciso un modesto sonido de alcoba y un poco de jazz. Es necesario una panga y un sonido de equipo. Es muy necesario saber correr hacia el destino. Partir el pastel, tomar las llaves, andar a la puerta y esperar para volar entre los papalotes. Desde ahí se vuelca la obra de Juan Azuara. Escribir un poema es jugar futbolito sin usar giros. Es saber dirigir la alineación: el partido ronda en muchas vertientes. La naturaleza, el cosmos, las nubes, las soledades y los iracundos, son sólo una parte de la muestra. Cada quien define sus propios caminos, sus lecturas, sus días.

Barca de sonido. Foto: Miguel Asa

Nacido en tierras regias, de Monterrey, Nuevo León, convirtió a Puerto Vallarta en su nueva casa. En Juan Azuara hay un encuentro de historias que se pueden desdoblar con una tarde por la playa. Entre el ocaso de olas de fuego, reflejos lejanos y luces de historias ajenas, Juan escribe como un pendular momento del día. Aquí o allá. El camino es una historia, el agua es otra, el viento otras, y el cuerpo se distingue entre una bomba de luciérnagas. Así es el tiempo y la simpatía de la vida. La sincronía del corazón está sujeta a los abismos que uno descubre en cada paleta de fresa que se conmueve ante su fuga de la vida. El balón como el verso, giran, los mueven, sacuden, estallan, efectos físicos, el disparo y el gol.

Tiempo de poesía. Foto: Miguel Asa

Con Juan uno se desliza entre las frecuencias del tiro de esquina y de la fragancia de las flores. Existe una jugada que pocos conocen en el verso. La voz es el movimiento. El poema se construye entre tiempos y está el tiro a gol. Se perpetúa en el público. Se anda el lago en silencio y ocurre lo contrario con el mar. Se posibilita la unidad de refugio y de estigma. El fuego se encuentra en equilibrio. En la sensación de un momento, la poesía estalla y se detiene, y vuelve al sitio y surge el giro. Se va por la banda derecha y pega al centro. El arco es una reunión del iris que se mitiga con delicadeza entre cada efusión verbal. El poema va en el aire. Surge Juan y escribe, desde su cabeza o su pie, la trayectoria de las letras.

Árbol-es. Foto: Miguel Asa

Entre las líneas de Juan existe una melancolía que nos recuerda que el tiempo se va, es un gusano en la centella. Así nos amordaza desde el juego y desde la simpleza del acto. Así, con una voracidad mínima para degustar el sinónimo del sueño, de espacio y de contemplación. Se sumerge el síntoma de la emancipación de los horizontes. Podría ser el capitán de una secuela. También se desata por la banda izquierda. Maneja el centro. Baja y sube. Defensa. La portería está como el objetivo de resguardo. La salvación del tiro libre y el majestuoso volumen de los sonidos naturales del día. Un espasmo entre el público. La lotería desde las gradas. El espectáculo es un testimonio de tiempo. Es simbiosis de compañía, empatía y hay un segundo de nostalgia. Juan nos aproxima a una infancia en color amarillo. Se mueve, entre el jazz y el verso, la palabra y el volumen, el eco. Se mueve entre las notas y en el jam está la jugada.

Un niño amarillo y el poeta. Foto: Miguel Asa

No hay árbitro que intervenga en el poema. Aquí se viste uno de azul, amarillo, verde ocaso, escarlata, galaxia, mango, plátano, cielo, sueño, pero se viste. El juego tiene una duración de alegría y de concepción. Se trata de una apuesta de sincronía y amor. Se viste la posibilidad de estar frente a muchas cosas más. Se propone un paso enorme. Se vincula, contagia, mueve, se es un giro tras otro y se mueve de nueva cuenta. Se va por ahí, se arrincona, surge de la esquina, regresa: el juego viene al frente. Contrarremate. Se abalanza. Juan vuela. Se es la inquietud y el ingenio. La diversión, el pasito adelante. El que juega como el poeta medio campista. Desde ahí la sorpresa de estar. Se mueve el rincón de las superficies. Vamos a establecer el paradigma del giro del balón. Ha sido gol una y otra vez.

Direcciones. Foto: Miguel Asa

El futbolista que se dejó llevar por la poesía tiene jugadas innovadoras y traslucen el firmamento del mar. En la playa, en la estepa, hay que jugar como podamos. La infancia no es determinada por la edad: se vive y disfruta cada rato, como una sensación afable de las relaciones intergalácticas que tiene la naturaleza. Nos convertimos en una linterna con la que se perciben los silencios, las flautas y la empatía. Es tiempo de dar cuenta sobre el término de la música, en conjunción con el movimiento del balón. De tal manera se traduce una danza como la pluma en la hoja en blanco. La traslación y la rotación se convierten en anclajes del universo cada que se sitúa el poema dentro de la portería. Juan nos hace vibrar desde las incertidumbres, cotidianidades, juegos y un divertimento como el de vestir a la poesía de lucecitas de colores neón. Hay disfraces para toda lectura y mucho movimiento en la ejecución, las palomitas, la sonrisa y el remate.

Escuchar el verso. Foto: Miguel Asa

Juan Azuara estudió derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene en su haber Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020). Ha publicado en diversas revistas literarias. Ama al futbol como una estrategia poética de muchas direcciones. Se abalanza en la experimentación y busca permanentemente generar su estilo, poesía en voz alta con directrices de varios aromas sonoros, visuales y corporales. Incluye una sonrisa y una buena charla. Ha participado en varios encuentros, foros y tertulias. Dedica algo de su tiempo en emprender talleres de poesía para niños. Le gusta hablar de música y percibir el comentario como aprendizaje.

¿Por qué un borrador se convierte en un tiburón púrpura?
Nada se convierte en nada. Todo es al mismo tiempo un borrador y un tiburón púrpura. Quien diga lo contrario está en lo cierto.

¿En qué parte de la ecuación se encuentra una metáfora del cielo?
La única parte de la ecuación en que no habita una metáfora del cielo es su respuesta.

¿Cómo se pinta una jirafa con versos fosforescentes?
Se empieza por las semillas de los árboles con los que se alimenta. El hambre seguirá allí cuando broten las flores. Al masticarlas bajarán por su cuello, dejando una estela brillante que germina en el estómago. El resto es cuestión de tiempo.

¿La música disco sirve para conmover a los árboles?
Contrario a lo que muchos científicos afirman tras años de experimentos en la pista de baile, la música disco no sirve para nada. Por otro lado, no es ningún secreto que las hojas de algunos árboles tienen la capacidad de estallar la fiebre cualquier sábado por la noche.

¿Cuál es la diferencia entre un sombrero de bombones y una sábana de anís?
Lo primero que salta a la vista es el olor. Mientras la sábana de anís tiene una fragancia que nos tumba sin soñar, el sombrero de bombones posee un aroma que en la cabeza de un mago podría convertirse en merengue, antorcha, serrucho o una infinita estola de dudas partidas por la mitad.

¿Cómo se retrata la esencia de un perfume?
Lo más importante es amordazar el sentido del olfato. De no hacerlo, el perfume velará cualquier esencia.

¿En dónde queda la humanidad cuando llueven palabras?
En la mayoría de los casos, bajo un impermeable. Aunque hay quienes, víctimas de la sed, le sacan la lengua al diluvio hasta morir ahogados.

¿Cómo se vacía la raíz de los satélites?
La raíz gravita inasible por el universo. Se dice que hace miles de años alguien logró sostenerla entre sus manos, pero al encontrarla inútil la mandó a volar. Desde entonces es común confundirla con satélites.

¿En qué hora del día se es sombra amarilla?
Cuando el último atardecer nos deje ciegos, seremos los colores en lo más profundo del sol. Nuestro cuerpo no ofrecerá ninguna resistencia ante esa añeja luz que nos convierte en vitral. No hay otra hora.

¿Cómo bailan el mar y la lágrima bajo una bicicleta?
El baile, el llanto y el océano comparten la misma forma: una gota a la vez. También andar en bicicleta. Cualquier cosa escurre en balde si se busca una manera distinta.

lo que ven estos ojos
qué es lo que veo en el reflejo sino manchas de agua seca
y jabón que opaca los cristales

en lo negro de mis pupilas no habita la profundidad del ser
acaso lágrimas que brotan al mirarme con fiereza

qué hay en el interior de esas córneas que cuanto más contemplo
más enchuecan las puertas del alma
que hace tiempo traigo perdida

tras los vidrios está todo hecho pedacitos:
punzadas que activan el llanto manantial
de la primera persona del singular
y del plural a veces

pero ¿cuál plural?
el desierto entre mis párpados
arena cegadora de estos ojos
que solo observan hacia dentro
qué esconden mis pestañas cuando se besan
en la oscuridad del rincón en la madriguera
del conejo que olfatea sus bigotes después del coito:
como si el aroma pudiera conservar el aliento
de aquel gemido de otras noches
                                        que también fui

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

la nada

nada depende de nosotros
ni la tormenta ni la serenidad de la marea

nada nos distingue de los demás
compartimos un buque a punto de hundirse
ante el mismo tsunami

nada nos puede salvar
habitamos este mar en extinción
donde incluso quien tiene alas
se viste de petróleo

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

manéjese con precaución

La poesía, para que sea, debe romper algo. Por eso los contrastes le vienen tan bien, como un chorro de agua sobre cristal. Sus versos son martillazos precisos o semilla fecundada en el vacío. Puede hallarse en la advertencia de peligro en los fuegos artificiales, en sus luces de colores, en sus cenizas. Es el tic tac de una bomba que se ha quedado muda por un segundo, y en el siguiente explota.

Inédito

supongo que es cosa de la rutina

si un día me levanto
y robo una paleta del quiosco
no me convierto en bandido

aunque si todos los días me levanto
a robar una paleta del quiosco
podría convertirme en bandido

y si ya soy un bandido
no voy a conformarme con robar paletas:
voy a intentar robar un banco

y para robar un banco
hace falta mucho trabajo

hace falta servirme una taza de café
y pensar profundamente
en cómo robar un banco

desde la entrada hasta el escape
ver los planos con ojos de fracaso
de cadena perpetua
y sin matar a nadie

lo mismo con los poemas:
escribir uno no me hace poeta

pero si diario despierto con esa intención
y me sirvo un café
y veo los planos con ojos de fracaso
para dar el golpe preciso       entonces sí
tal vez así me              convierta en poeta

Inédito

construya al hombre que aprecia la realidad con nitidez 

haga un par de ojos bien abiertos
y dos orejas

póngale unas gafas
que corrijan su miopía
y astigmatismo

¿se caen          verdad?
le hace falta una nariz

moldéela y colóquela
en su sitio

todo está listo:
ahora pregúntele
a qué huele el mundo

Inédito

ante la destrucción de los reinos

parece buen síntoma que la plaza
esté repleta de tiranos
y pancartas contra la libertad
de sus esclavos y choferes

que a unas cuadras esperan en el auto
con el aire en dieciocho
y la radio encendida
mientras sus amos aúllan con los sobacos
bajo el sol del mediodía
de un domingo cualquiera

en sus casas las albercas lucen solas
y en el living las mascotas
persiguen una pelota inmóvil
sus hijos tras pantallas
sin alguien a quien culpar
de esa estéril vida
colmada de soluciones

la justicia nunca llega para nadie
pero cómo nos hace reír
cuando la vemos
de lejos

Inédito

Raúl Aceves: la poética de viajar en la aventura

Raúl Aceves. Foto: Miguel Asa
Raúl Aceves: la poética de viajar en la aventura
El reconocimiento de lo natural como medio de la palabra

Hubo una vez un hombre digno de ser llamado así:
era joven, desafiante y sólo escuchaba sus sueños
Melissa Niño

Es preciso considerar en estos tiempos, que la naturaleza constituye el punto de partida del pensamiento filosófico que emerge de la voz poética. Así, es necesario conocer los inviernos, como las primaveras, lo salvaje de las cosas y el error de las virtudes. En detalle, hay una serie de momentos en el viaje al interior de nuestra entidad física: se trata de un viaje que nutre a la poesía del individuo. Así persiste en las cosas Raúl Aceves, infranqueable y sencillo creador, que toma de la vida y su conjunción con la naturaleza, la relación poética de las comunidades. Se vuelve un aroma de una mariposa y lo encuentras dentro de miles de posibilidades en el río. Explora, siente y determina. La sencillez de la poesía en el verso dedicado a la propia naturaleza.

Sonreir hasta el final. Foto: Miguel Asa

Con una historia potente y de diversos silencios, la persecución del aroma se ha mantenido en las posibilidades de sus caminos. Tanto en la montaña como en el campo. Caminar es la dinámica, la contemplación, el pequeño fuego que derrama la copa ante la presencia del vértigo del aire. Raúl, originario de Guadalajara, Jalisco, es un poeta en el hilo de la aventura: esta lo calza, lo frecuenta y lo reviste. Se pasea en las cortezas de los árboles como pluma de cristal. Hace de las simplezas, por así decirles, un extraordinario ecosistema de fragancias. Así de vasto, de honesto, de agua, como también hierro, un violín tras otro, cartas y papeles, el viento, una hoja, una araña, el tiempo, la piedra, la vida, el color rosa, los ladrillos, las cucharas, los almanaques, los perfumes, los horizontes, las ruedas, el mundo, la vida, el amor, el instante, la lotería, la fortuna, el mar, las canicas, la exploración, la existencia, la muerte, las comas, las cocinas, las soledades, y sobre todo, siempre uno mismo.

Bicicletas y poeta. Foto: Miguel Asa

Hay que caminar con un reflejo enorme en el pie de las letras. Sumar el ejercicio de contribuir a la más grande de las palabras. Podríamos esparcirnos entre las llamaradas de las penumbras y su obra, determinada y exigente. Si así lo dice la receta, se rasga como una ola entre las galaxias. No sé si el mar, pero entre tanto emerge un halcón, desconectamos la evidencia del pensamiento e intuimos que se es sobreviviente, un viajero, un observador, un antropólogo de la palabra. Para ello se concibe como una soledad, en la que reconoce que la verdad es subjetiva; sin embargo, todo se trata de una propia verdad que tiene que ser compartida, en contacto con la belleza, con el origen y el destino, con el ejercicio creativo y toda su seducción. Así, hay que conocer a la poesía, no como una moneda, sino como un esparcimiento entre las nebulosas que frecuentan nuestros oídos.

Árbol. Foto: Miguel Asa

En cada obra está la posibilidad, el horizonte, la magia y el encuentro. Ahí, en pausas lentas, conocemos al poeta y al personaje. Escribimos con fuerza y estremecimiento, pues la composición se trata de un pensamiento estructurado con calma. Ejerce la diversión de posibilitar la experiencia como una manera de aterrizaje. En el poema se trata de vivir para pensar, para sentir, para percibir la belleza del mundo, esa que cada uno de nosotros sabemos compartir. No es momento, ni el tiempo adecuado para abandonar los sueños, las esperanzas o las expansiones: el ritmo es el suficiente si se tiene la confianza de resguardar el trazo natural de las palabras. De esta forma, en un verso, una prosa, un aforismo, entre sopas y campos, entre estrellas y lunares, entre una botella y un plátano, Raúl se muestra efusivo, escritor y profesor que vive en silencio, en el que se resguarda desde la tranquilidad, para crear y compartir el interior del ser.

Hombre feliz. Foto: Miguel Asa

Dar y recibir. Dar y recibir. Dar y recibir. Nadie, absolutamente nadie tiene respuestas para las sugestiones de la humanidad, que, si son infinitas, no existe ninguna posibilidad de saberlo todo. Con ello Raúl se adapta a una economía vital del existir, ser polvo que mueve el viento y desencadena una constante tranquilidad en el fondo de los poros. La ligereza de Aceves nos condena a sobrellevar una poética que emerge desde la capacidad de hacer que las personas se asombren, en la que la sutileza, la memoria y los pequeños detalles, tienen flores de venus y perfume de luna, todo a paso lento…

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Hay que asombrarse, dice el corazón. Hay que asombrarse, insiste la luz. Hay que existir, aventurar, perseguir lo imposible que está dentro de nosotros, para emerger en cada momento sin ninguna sorpresa. Raúl es así, una entidad de perseverancia y escritura. Pensamiento en la duermevela y el sueño disparado entre los descubrimientos de los pequeños instantes de la naturaleza. Su contacto con la madre Tierra es una exploración que lo lleva a contener emociones diversas. Se percibe como una entidad creativa, de suficiente experiencia y de noble valía. No hay que persistir en lo que no responde cuando el camino sólo tiene un tiempo. Es necesario determinar en nuestras lecturas, que el tiempo está en constante baile. Hay sol y luna, mar, plantas y animales, y nosotros ahí inmersos. Sin embargo, un día, pese a nuestras letras, debemos partir. El tiempo está y es un baile que nos toca. Así el poema se ejecuta desde las raíces. Así se percibe la sencillez y el conocimiento de lo que uno busca, alcanza y desea. Escribir para compartir, leer para otorgar. Nada, absolutamente nada, ni nuestros versos, se irán con nosotros.

Huella. Foto: Miguel Asa

Para descubrir a Raúl Aceves no hace falta lo elegante. En la orilla del árbol, sobre la banca del parque, en el café de la zona, podemos compartir el diálogo. La palabra es una guía del conocimiento. La voluntad de los creadores debe unirse como voluntad colectiva. Así lo comparte. Se refiere al sentido de la magia, no exagera ni menciona en absoluto el valor de la persistencia: la deja en silencio y vive desde sus líneas. Hay que admitir que el trabajo se vive desde la reflexión, pues la poesía es también parte de la filosofía de la naturaleza. Debemos conocer, profundizar, meditar sobre nuestro acontecer diario. Quitar el temor y perseguir lo que se mueve y lo que no. Hacer de nuestros días etapas de vuelo. Así frente a una fruta, un caracol, una luciérnaga, una canción. Todo siempre será inspiración, porque la vida es irrepetible de forma idéntica. Así acude Raúl a nuestro canto personal, a manifestar la sencillez de la vida y traslada la gracia de la palabra en el papel que hemos dibujado. Qué buena oportunidad esta de vivir y la de viajar. La naturaleza tiene creencias sobre los humanos: la contemplo y sólo siento. La aventura es un poema dedicado al silencio.

Arquitectura del tiempo. Foto: Miguel Asa

Raúl Aceves nació el 9 de diciembre de 1951. Estudió la licenciatura en psicología en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidentes (ITESO). Fue profesor investigador del Departamento de Estudios Literarios del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), de la Universidad de Guadalajara. Fue reconocido como Premio Jalisco de Literatura en 2020. Entre sus voces literarias se encuentran obras de poesía, aforismos, ensayos, anidadas de manera individual o colectiva en antologías y compilaciones diversas. Su obra experimenta impulso aventurero y una constante persistencia en los detalles simples. Ha sido profesor de muchas generaciones y recientemente, de la licenciatura en escritura creativa. Ya está jubilado y disfruta de escribir, igual que tomarse un buen café con pan.

¿Cómo percibe una mariposa la calidad eterna de la poesía?
La mariposa es un poema volante y puede percibir la calidad poética de su propio vuelo.

¿Hasta qué punto el papalote se convierte en horizonte?
Hasta el punto en que el propio horizonte se convierte en un papalote del tamaño del cielo.

¿Qué es la nieve en el puerto del corazón?
Es el barco del glacial que choca contra el iceberg de los sentimientos congelados, antes de llegar a puerto.

¿Cuántas posibilidades existen en el cariño del arco iris?
El arco iris en sí mismo es un abanico de posibilidades y siempre se enamora de la posibilidad de ser estrella.

¿Cómo se construye un universo de medusas con las flores del verano?
En el universo del acuario las medusas se convierten en flores acuáticas que improvisan un jardín veraniego.

¿Para qué disimular la tarde debajo de los puentes?
La tarde vive a la intemperie, como cualquier migrante y suele refugiarse debajo de los puentes.

¿Qué tipo de sombra oculta la alcancía de la luna?
La sombra se convierte en moneda oculta, que va a depositarse en la alcancía de la luna.

¿Cómo se manifiesta el canto del leopardo cuando se sueña libélula?
¡Qué bello sería el canto de los leopardos al soñar con las libélulas!

¿Qué tanto importa viajar entre los poros de las plantas?
Los poros de las plantas son las puertas a los micro universos paralelos.

¿Cómo se envuelve un ciempiés en un poema erótico?
El erotismo poético es un ciempiés que electriza hasta la última silaba de la piel al irla pronunciando.

La Naturaleza tiene su propia oficina de patentes:
ahí están registrados
todos los inventores no humanos.

No podemos amar aquello
de lo que no nos podemos separar, pues en el amor
más que de la unión,
nace de la tensión aliviada de la separación.

Tal vez nunca dejamos de ser forasteros
para nosotros mismos, seres misteriosos y extraños
que no terminamos de explorar.

Método radical para llegar a lo Real:
destruir todas las formas,
hasta llegar a la forma indestructible.

Su supiéramos qué es la poesía
ya no tendríamos la necesidad de escribirla.

Aforismos y desaforismos (Amaroma, 1999)

Los transparentes
Sólo los desnudos nos podemos amar
en el totalmente desnudo.

En el amor sólo cabe lo amado,
su presencia total.

Sólo desnudos somos
tan sólo lo que somos.

Sólo desnudos sabemos
cuán solos estamos.

Sólo desnudos nos convertimos
en aquello que logramos amar.

Sólo desnudos comenzamos
a ser transparentes.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002)

Para andar en bicicleta

Trepársele como si fuera un burro sabio
una mujer ladina
un viento con manubrio
una prisa con ponchadura
doble sol con pedales
un escalera horizontal

Como si fuera, no como si viniera
y pedalear tan sólo hacia el futuro
y darle de almorzar, porque con el ejercicio
se no puede enflacar

No cualquiera puede andar en bicicleta,
tan sólo el que la tiene debajo de sus piernas
y los pedales debajo de las ganas:
en torno de sí un aire
le va abriendo sus puertas.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002)

El viento convierta los granos de agua en elegantes y poderosas dunas marinas, que llena de zozobra las embarcaciones y de espejos solares la sensible piel oceánica. En la bitácora se anotan las borrascas y vendavales que acechan como mortíferas bestias de las profundidades el sereno viaje de los veleros hacia el hondo puertos del abismo.

La luna mete sus pies descalzos dentro del agua, y se le dibuja una sonrisa sutial. Luego se duerme a la orilla del mar, sobre el blando lecho de la playa, y sueña con fragatas que llegan con las velas desplegadas y rojos marineros solares, acaso piratas ávidos de su belleza plateada. La luna, como fruta nueva del árbol del aire, se desnuda como hada nocturna en el bosque de las miradas.

A veces se confunde el jolgorio con la felicidad, el ruido con la alegría, el deseo con el amor. A veces nos subimos al tren equivocado y nos bajamos en la estación desconocida, o mandamos una carta al domicilio inexistente, o llegamos tarde a la cita con el destino. Errar es humano, errar es cotidiano, errar es necesario; de ahí la dicha de tener algunos aciertos que nos asombran y desconciertan, como si a veces lográramos ser más que simples humanos.

Las palabras sueñan cosas que suceden en el reino de las palabras, y esos sueños son extensiones de otros sueños tan antiguos como el Paraíso original, donde fueron inventados los modelos de todos los sueños por venir. Por eso las palabras sueñan: para asegurar que nunca se pierda la memoria del Paraíso primordial.

Cuando comienza a ser poema la frase dentro de la neblina, se adivina, se descubre, se persigue a sí misma, como carne de su alma estremecida, como espejo de su misterio próximo. De inesperada manera vuela hacia su destino, hasta amar su propia voz y su vuelo solitario, absorta en el placer de la sorpresa de árbol que grita su nombre de pájaro. Con su rostro todavía indeciso en la penumbra de la flecha, instala su morada en las grietas bajo los tejados del cielo, como llamarada que anida con alas de luminosa golondrina.

La nave de los sueños (Mano Santa Editores, 2022)

Carmen Villoro: una obra negra en preludio

Carmen Villoro. Foto: Miguel Asa
Carmen Villoro: una obra negra en preludio
Los versos que se cocinan con el cuerpo en la palabra

Casas, caminos, nubes,
ensenadas azules y montañas
abrieron sus ventanas.
Tomas Tranströme

Cocinar las letras. Eso lo leí en ella. Aromas peculiares, soledades y sabores. No sé de qué manera una Obra negra llegó a mí. De repente el esquema de la poesía tiene recetas, olores, paredes, rincones y una lista de colores líquidos que rondan en la piedra. Así cocina concreto, con las telas de las flores, la poeta Carmen Villoro, y adhiere fragancias gruesas y anhelos sin pesar. Con ella se baila entre las recetas, los días de sol y las amalgamas de colores que traen las mariposas en primavera. Se siente una constelación de certidumbre que procura una serie de versos que dan paso a los cambios de color en cada una de nuestras personalidades.

Libertad poética. Foto: Miguel Asa

Originaria de la Ciudad de México, ha creado ciudadanía en Guadalajara, Jalisco, alrededor de las bugambilias, los amigos y las celebraciones. No recuerdo precisamente: cuando leí un poema de Carmen, ante mis ojos se reflejó una mañana bajo las sábanas. Entonces comprendí que el ritmo de las moléculas se teje con el baile de los delfines. Así, con poesía desde hace años, Carmen es más que una amiga. Se ríe y simplemente entrega el gesto a los pequeños momentos, esos que contemplamos a diario. Ahí puntualmente, en la lotería del tiempo, están los detalles de la poesía. Así una despedida, una casa en construcción, el habla, la palabra y sus artilugios, la calma, los recorridos y demás están en sus versos. Tiene una alcoba llena de recursos con los que teje, dibuja, canta, llora y sueña. La escucho y una biblioteca completa se deja sentir como un equipo de libélulas cercanas.

Espejo de letras. Foto: Miguel Asa

A veces pienso que Carmen siempre está en un estado onírico: vamos, ella observa las texturas de las flores sin lupa, tiene una visión intergaláctica que nos permuta en tipografías suaves. Así lo dice. Por ello me atreví a preguntarle sobre detalles y se volcaron las preguntas como sirenas en la lupa. Aquí sabría que tendría recetas muy particulares y con precisión. Hoy mis ojos se conmueven y contemplan el acto de la buena fe y la persistencia. Hay que hacer de los detalles muchas bombas de amor, dice, y se congestiona con la peculiaridad de la vida, entre su creación, sus palabras y los versos. No sé si pueda ser un ave, la confusión, un sistema matemático que se viste de rosa para darnos palmaditas en la espalda, la posibilidad de dispersarse entre el silencio, la ola que viene repleta de calma o el paso que furioso alcanza el colibrí. El tiempo no tiene espejos.

Rincón de memoria. Foto: Miguel Asa

Así es la poesía de Carmen y su labor: sentir. Ese verbo es con el que a veces dialogo y lo manifiesto. Sentir, encuentro entre cambios. Sentir el viento desde el huracán. El desierto y los balcones de las estrellas. Sentir: qué es si no otra palabra más en la vértebra de los segundos. Sentir en la nada. Sentir en el vacío y desde la glorieta en bicicleta. Sentir. Eso me ha enseñado Carmen cada que abro sus libros y de ellos surgen aves. Su poesía emana una serie de colores traslucidos que provocan un exilio del momento, un ser intransigente se consolida en la mirada de los volcanes, y las recetas son poemas, y de ahí, los bocados en cada una de nuestras esperanzas. Sentir el espíritu una vez para no acabar en el delirio de la gota. Así me quedo con sus palabras, que llegaron como riego a este jardín poético. Otra vez, la palabra sentir como pilar de la poesía, y de ahí la convocatoria ante cada amanecer, ante cada despertar de las flores.

Zurcido de poemas. Foto: Miguel Asa

Ya te has dado cuenta de que la nostalgia no es para siempre. Que el cuento se desvela en medio de las crinolinas. Que nos hemos callado un cardumen dentro de la piel. Que mis venas son ríos de lo que se percibe en la cocina. Que hoy ella me ha dado el recetario de esta región, invisible e inaudita, pero al final vocablo. Que no descansaré de las perlas que postran sus versos, pues ahora persisto en esta obra que si no negra, los colores se expanden. Son instantes de pasiflora lo que sucede entre las manos y desde el destierro de cada arroyo. Así nos quedan sus palabras, en este papel de hoy y la obra ya está en proceso. Carmen es tan dócil, que genera conflictos en las pesquisas de las mañanas que surgen del vientre de los leones. Ella es auténtica fiera de la paz. Es una silueta de la emoción de la poesía y se lee con calma, como el platillo del silencio en el espejo morado de las secuencias. Así es Carmen Villoro, ese disco que suena de un lado para otro y baila muy despacito para decirnos que los alimentos de ahora nos alcanzan lo suficiente para saciar el momento.

El instinto de ser. Foto: Miguel Asa

Existe un momento para detenernos y ver las soledades de las casas sin cocinas, de aquellas que aún no han sido nido de charlas y de mondadientes, en las que la poesía pasó ligera y no se desveló en la intransigencia, en las que llega uno impuntual con el corazón roto para enmendarse con una bandita y seguir. Se eleva Carmen y va el discurso de los botes de agua. Ya decía yo. Estos cimientos más que concreto son flores desde la columna de sus versos. Le han salido alas, y aquí, sus vuelos. Se trata de flores abiertas a la luz, al apaciguamiento del corazón, al tejido de la exploración del sol y de la luna. Se descubren en cada día y se regeneran los pasos, los caminos se abren y existe la ilusión del momento. Hay que tener la montaña en el disfraz de las suculentas. Podemos ser río y a la vez galaxia y entre los versos de Carmen queda la sombra como la protección de la liviandad. Se trata de una amalgama de certidumbre, de realidad y de sollozos, momentos en que alcanzamos la gracia de la palabra. El verso se pone a hervir y surge de sus dilemas el platillo que resuelve el hambre del mañana.

Lecturas. Foto: Miguel Asa

Ha usado a la transparencia como el ferviente movimiento de lo que acontece en la explanada de la melancolía. Hay un suspiro breve y después parte al alcanfor para distraerse de la memoria. Se vuelve el sueño y nos contiene en una alegría que pasa inadvertida como una caricia a los árboles. Se nutre de los instantes más delicados, teje con paciencia y nos abraza en la duermevela de las sirenas. Carmen nos entrega la paz del terremoto: así de voraz es su trabajo. Se incrusta lentamente en lo perplejo de la armonía y canta la liviandad de las mariposas. Después nos vamos en la caída de la veracidad día a día. Su obra como su sentir es una puerta para conocer las pequeñas moléculas que abrazan al dinosaurio.

Base literaria. Foto: Miguel Asa

Carmen Villoro estudió psicología en la Universidad Iberoamericana y se especializó en psicoterapia psicoanalítica en la Asociación Psicoanalítica de México. Ha publicado poesía, prosa y cuentos infantiles. Entre sus obras se encuentran Jugo de naranja (Trilce Ediciones, 2000 y 2008), Obra negra (Ediciones Arlequín, 2006), Liquidámbar (Mantis Editores, 2017), El habitante (Editorial Paraíso Perdido, 2019), Zurcido invisible (Hechuras por encargo) (Mantis Editores, 2023), entre otros poemarios. Se ha dedicado a la divulgación cultural en diversos medios de comunicación y ha formado parte de proyectos literarios de diversa índole. Le gusta la sencillez y percibe el ejercicio de la poesía como un acto noble de colaboración. Ha apoyado a diversos proyectos culturales y de igual manera ha fortalecido desde su experiencia a la docencia académica en la Universidad de Guadalajara.

¿Cómo es una flor ante la abundancia de la poesía?
La poesía no está en la flor ni está en el poeta: está en el encuentro del poeta con la flor. Ahí surge esa experiencia de asombro que no puede decirse con palabras, ni siquiera con la palabra poética. Ésta es siempre un intento malogrado, apenas un roce de esa experiencia inefable.

¿De qué manera preparas una receta gastronómica con letras?
Las letras, las sílabas, los sonidos que éstas producen son la materia prima con la que se cocina el poema. Los silencios son un ingrediente necesario para que las palabras tengan cuerpo y puedan formar versos. Todo texto debe hervir a fuego lento y dejarse reposar. Los poemas precipitados se abrazan y se queman, los que perduran fueron aquellos que merecieron el tiempo que todo necesita para estar al punto. El platillo puede ser insípido si es intelectual. La razón es ingrediente duro de cocer. En cambio, la emoción lo ablanda y le da buena consistencia, dichosa y placentera, pero no debe pasarse de almibarado, porque el azúcar en demasía amarga. Los poemas se sirven en platos limpios, sin salsas ni acompañamientos y han de ser degustados con cuidado y calma, para que revelen el poder que contienen en el corazón, al fondo de las hojas.

¿Cómo escapas de la acción de lavar los platos?
La acción de lavar los platos es una de las grandes acciones de la vida. Sería feliz en una lonchería en la que mi misión fuera lavar platos por horas. Nada como una tarja donde el agua y la espuma se dan cita y se mezclan entre restos de fruta que desaparecen en el remolino de agua, y transforman la mantequilla en cristales transparentes. Quiero ser vidrio y porcelana entre unas manos fuertes y seguras. ¿Quién no?

Si fueras un sueño, ¿cuál serías?
Soy el sueño de mi madre y de mis abuelas. Soy el canto dramático que jamás salió de la garganta y reventó en el pecho de mi abuela materna como una granada. Soy la lluvia que mojó el cuerpo oculto de mi abuela paterna y la cubrió de besos prohibidos. Soy las calles que ellas nunca transitaron y las palabras que no se atrevieron a decir. Soy la poesía que mi madre no publicó y el vuelo que temió para mis alas frágiles. Soy el sueño de libertad que forjé para mi única hija y mis múltiples, imaginarias nietas.

¿Cómo te sorprende la piedra y el silencio?
El silencio es la manifestación más clara de la presencia de lo sagrado. No sólo es el fondo sobre el que se dibuja el discurso. Es una expresión contundente y elocuente. Ante el amor y ante la muerte guardamos silencio, porque ante esas experiencias cualquier palabra se vuelve retórica. La piedra trae con ella su silencio, que es la quietud y la majestuosidad de la naturaleza. Mi existencia es ruido pasajero; la piedra ha sido desde siempre y permanecerá siendo ese silencio que llamamos Dios.

¿De qué manera repercute un animal en tus letras?
Yo soy un animal de letras. Alienada por el lenguaje y la cultura me veo en la necesidad de rebelarme a través del juego. Hacer de las palabras la plastilina moldeable para construir criaturas nuevas que hablen una gramática distinta, más cercana a las imágenes que a las ideas. Soy un animal destinado a ser un homo sapiens que pretende ser un homo ludens. Con la edad reconozco mejor al animal que llevo dentro, y lo protejo.

¿Cielo, agua, hoja o maracuyá?
Maracuyá es una hermosa palabra. Es carnosa y al decirla, la lengua la paladea, los labios la detienen para que no se vaya, los dientes evitan lastimarla. El amarillo se abre camino entre su pulpa densa y tropical. Cielo, agua y hoja son testigos callados de su sensualidad.

¿Qué momento memorable tienes al lado de una bicicleta?
Sobre una bicicleta transité la juventud: la empinada pendiente, los brazos levantados, el manubrio apenas detenido con un toque sutil de las rodillas. Tengo una bici retro en el descanso de las escaleras. Una escultura al tiempo que se fue y a la nostalgia que perdura.

¿Qué sientes cuando degustas una nieve al lado de la vida?
Me gusta esquiar sobre la nieve de limón, sobre todo en verano. Después morder el cono de galleta y cerciorarme de que la vida cruje para mí. Solo entonces, sentarme en una banca y mirar a los niños y a los perros con la alegría de quien se ha olvidado de sí misma, salvo por el sonido de la galleta entre los dientes y la lisura blanca por la que se desliza el día.

¿Con qué juegas en tus creaciones: con un papalote, una pelota o un trompo?
Un papalote que baila; un trompo que se levanta por los aires, ligero como un papel; una pelota que gira hasta convertirse en un punto fijo que, unido a un hilo, se pierde en el firmamento.

Resposteria gramatical

Poner el sustantivo en un recipiente; ablandarlo con adjetivos suaves y cremosos; cernir los artículos y las preposiciones; añadir un par de metáfora frescas; batir los complementos a punto de turrón para envolver la mezcla; lubricar el molde con más de una vocal para que las consonantes secas no se peguen; vaciar el contenido en un soneto firme; hornearlo al fuego lento del afecto; dejarlos reposar para que la pasión no ceda a la intemperie; servirlo en la mejor tipografía; consumirlo despacio y con deleite como todo lo que ha de desaparecer del plato.

Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

El mar se abrió
entre guerras y violetas y mi llanto.

El agua se contuvo en los dos frentes
y se formó un atajo.

Marchó la carne, luego la idea
el palpito se adelantó a su sombra.

Las palabras vendrían después:
este camino era
cuestión de sangre.

Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

Sobre el comal caliente los círculos se inflan un momento,
son el suspiro de la mujer que les da vida con sus manos
tostadas. A tu mesa llegan las tortillas humeantes, el
alimento milenario que convierte la comida en un ritual. En
tu boca se agitan los maizales, germina la tierra, arde de
nuevo el sol, mientras saboreas el grano que alguna vez fue
sólo de los dioses.

Jugo de naranja (Trilce Ediciones, 2000)

VI

La palabra es una fruta,
es redonda y jugosa
y tiene un hueso duro en el fondo.

La palabra “palabra” abre su cáscara,
se desnuda y enciende entre los labios, el paladar,
la lengua.
Se escucha entonces su pequeño cuerpo
que estalla como el trigo
y los dientes apenas y la tocan
para no lastimarla.

La palabra “fruta” es más carnosa,
la palabra “comerse” tiene, a su vez,
unos pequeños dientes,
la palabra “autofagia” se autofaga,
la palabra “redonda” sale como burbuja
y en el aire explota,
la palabra “explota” me salpica,
la palabra “fondo” tiene su hueso en el fondo,
la palabra “duro” lo hace más corrioso,
la palabra “silencio” se lo traga
o por lo menos lo esconde.
Es la palabra un fruto
que ha suspendido el tiempo
en plena adolescencia.
Está ahí siempre pendiente del árbol del lenguaje
anaranjada y dulce.
Si la tocas con amor, te fecunda.

Es un fruto
pero es también una piedra
dispuesta a seguir siendo piedra.

Estalla pero a la vez se enrosca.
Es el punto y la línea,
la parte y el todo,
el presente que contiene pasado y porvenir,
el núcleo y sus orillas.

La palabra es una forma de mirar
lo que no está,
por ejemplo el paraguas, ese,
o el paisaje de niebla.
Es un engaño para mitigar el dolor
de la despedida que somos.

Fragmento de “La palabra”
Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

Zurcido invisible

a mi hija Mariana
que reclamó tu nombre

¿Quién fuiste, Luisa Jordana?
Yo te he negado tantas veces
como todos los otros.
Tomé de ti las manchas de mi piel
y no sé si también ciertas constelaciones
que habitan en mi sangre.
Pero también te expulsé, Luisa Jordana,
como mi bisabuelo.
Lo hicimos todos: tus padres y tus nietos,
cinco generaciones te olvidamos.
Todos pagamos para que te fueras,
“costurera del pueblo”, lo más lejos posible.
Porque eras pobre, por indigna, por puta,
por eso te pagamos, te corrimos, tachamos
y te quitamos a tu primera hija
que, ya vieja y enferma, te buscó en sus delirios.
No cubriste a tu niña con tus telas,
no cubriste a tu niña con tus manos,
suaves, sedosas manos de mamá.
No le hiciste un ropón, ni un vestidito.
Ni mediste su talle cuando fue señorita.
Ni bordaste de encajes su vestido de novia.
“Costurera del pueblo”, eternamente.
No tu nombre tan bello, tan fuerte, tan entero:
Luisa Jordana,
preñada, herida, lastimada.
¿Recordabas la espalda de aquel hombre
que en pespuntes y pulgadas recorriste?
¿Su brazo firme que apretó tu cintura hasta el abismo?
¿Su mano fuerte ciñendo tu cadera?
¿Pensarías en tu hija algunas veces

cuando tuviste otros, ya lejos de tu tierra?
¿Pudiste separarte de ser tierra?

Yo seguí la consigna de no saber tu nombre.
Es por eso que escribo este poema
con vergüenza,
para decirlo a voces y así zurcir el hoyo
heredado a mis hijos.
Y reparar el miedo, si se puede.
Y coser, costurera de mi alma y de mis huesos,
tanto odio.

Zurcido invisible (Hechuras por encargo) (Mantis Editores, 2023)

No me lo digas todo, no me cuentas
No quiero entre plegarias tu garganta
ni entre quijadas
el hígado enraizado de sus ruegos
 
No los quiero
 
No me traigas la luz que me enceguece
No me hagas ese tajo
No me hables de la espalda hasta sacarme el mal
No me tragues la vida
No me dejes la espada entre la voz.
 
Yo te suplico a ti
No me desvastes
 
Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

 

Alejandro Piña: el destierro de la palabra

Alejandro Piña. Foto: Miguel Asa
Alejandro Piña: el destierro de la palabra
Cuando el poema llega desde un humo nocturno

Ruido suave, donde habita la savia cristalina.
Casas de corteza de árbol, zapatos de corteza de árbol.
Largos viajes verdes, hacia sonidos de muerte.
Bob Kaufman

Vamos a hacer revolución mientras el sol nos permita contemplar los colores. Así persigo a la poesía. Es que, en cada momento de la vida, uno hace actos poéticos y trascendentes con los que diario debemos preocuparnos por hacer memoria. Uno tiene sus propias batallas, pero siempre hay alguien que nos repara el silencio y le damos la gracia de seguir en la línea. Así, de la mano de Alejandro Piña, me he encontrado con la poesía en muchas ocasiones: en el pasillo de la juventud, en el paseo de la merienda, en la noche de la casa, en los amigos del aula, en la comunidad del evento, y siempre, en las calles de los versos. En las puertas del drama hay conjuntos de piñatas que sobresalen con sus colores para entregarnos sabores y momentos en catástrofes que se manifiestan en el patio de casa.

Naturaleza y poeta. Foto: Miguel Asa

De Guadalajara, Jalisco, y con un atrevimiento particular, se esconde entre las nubes de colores que modifican los perfumes. Así, Alejandro se convierte en un soberbio de las letras. Estipula en sus libros la posibilidad del descubrimiento directo, sin superficies y se va al fondo. Rescata carreteras que se asemejan a libélulas y entonces, ahí, de una manera no sé cómo, emerge una sustancia de color violeta y se arrincona al final de la pluma. Suelta un trazo. Una letra. La palabra. Se esconde. Se anida y crece. Nos vamos. Así la pluma no se detiene y hace un viaje por la hoja de papel. La memoria es una bicicleta panadera y noches de mucho entusiasmo juvenil. Nos convertimos en huracanes y en pocilgas a la vez.

Visión y flores. Foto: Miguel Asa

Alejandro, entre el simulacro de los locos, es un tanto estupefacto; sin embargo, lanza la moneda al papalote y lo impulsa un poco más de tiempo sobre la superficie del poema y entre un estrepito y otro, el viaje de la ironía intelectual se prolonga. Hay subidas y bajadas. Patina el verso. La palabra se convulsiona, dialoga, y vuelve al frente. En ocasiones lo he encontrado con la sonrisa pícara del escuincle que ha roto un cristal, y cuando todo ha sucedido, voltea de reojo y lanza el hilo de pescar hacia el nido de tropos. Hay que divertirnos con lo que suceda. La poesía no tiene remedio en el circuito eléctrico de 220 voltios. Se podría sobrecalentar. Pesa. Las figuras lucen telas de algodón listas para comenzar un incendio. No sé si se despegan para cerrar el círculo con el fin de neutralizar la ambición del letrado, pero ahí sigue el impulso de su mano lectora, ácida, amorosa y ferviente.

 

Paciencia y clima. Foto: Miguel Asa

Así, sus versos son córneas de un día dulce y la memoria de buenos momentos. Podría decir que el escuadrón galáctico que éramos se quedó en la fotografía, y ahora nos mantenemos en la posibilidad de irnos de fondo. Así quisimos lucir un calendario, otro, unas fotos, el teatro; nos suicidamos con flores de papel, encontramos el camino y retomamos a la poesía como nuestra llave de diálogo. No sé qué sea más finito, si un globo que conoce la esperanza por mantenerse inflado o que una toma de corriente sea la puerta justa a la dimensión marina. Hay un espacio en la figuración del sistema, hay un procesador en ridículo, y Alejandro ya terminó con el tóner de la mañana, tan similar al espectro del puma para reconciliarte con la humanidad de una u otra manera: así oscila el pensamiento cuando uno tiene la posibilidad de escribir con los ojos cerrados.

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Quisiera que el tiempo no avanzara y tener memorias de los poetas jóvenes que fuimos, y me encuentro en un verso que detalla el anuncio de un crecimiento y de las ausencias que ya vivimos. El tiempo pasa como una furiosa sandwichera y nos aniquila los nombres poco a poco. Así Alejandro se disfraza de espejo y se deja caer sobre las tipologías como si fuera un estallido de volcán. Pero no hay que sostener para nada la desgracia del huracán si le vemos de cerca: seamos él mismo. Ante el poema, nada se sabe, y así, de un giro a otro, la obra de este jalisciense traspasa los rincones dramáticos que se reúnen como pelotón de huida. Y vamos con los cañones disponibles para disparar flores en una dinámica que no se vea en los remedios que buscan persuadir las cortinas del poeta. Así descubro entre un día y otro el sentimiento del olvido, un poema desértico que nos abraza entre las llamas del sol y la escasez de hipocresía.

Textura. Foto: Miguel Asa

Hoy nos queda el hermoso poema del tiempo en los condimentos de la vida, y Alejandro, o como muchos le conocemos, Piña, se escondió en las lecturas durante un tiempo, para construir lo que hoy, bajo la sorpresa de las estrellas, entrega en sus letras. Es una especie de cantina de burbujas en la que el confort de la noche llega desde los malvaviscos sabor uva que remojamos en cubetas de viento y de unidad. Hay que reírnos del brillo para patalear como canguro a cada posición de las moléculas. Hay que flotar y componer una canción mientras nos quede tiempo. Así, como Piña, la batalla no será desperdiciada desde el sonido de una matraca y el zumbido de un trompo. Él baila y se zangolotea cuando la letra se clava en el ladrillo de casa, ha despertado para dejar un rastro, y desde nuestras memorias, es un placer retomar la secuencia del verso. Aquí está, al posar el salto de un poema antes de su expansión atómica.

 

Observar. Foto: Miguel Asa

Nos hemos vuelto recuerdo. Su poesía es de las más perspicaces que he encontrado en mi vida. Los robots no saben nada, a diferencia de él. Tenemos la oportunidad de volvernos un suculento y amigable encuentro de respuestas. Nos dimos a la verdad y entregamos la nostalgia al tiempo y hablamos de nuestra comunidad. Hemos procesado el momento de la palabra en un efervescente camino de introspección, se ha aniquilado la profundidad en la vía del pegamento: cada trazo como análisis de las secuelas de lo que se es, de lo que se percibe, del canto y de la raíz que nos convocó a ser texturas. No es posible borrar el recuerdo cuando las letras se han anclado en el color del cristal, la transparencia como vuelo de las nubes.

Paciencia. Foto: Miguel Asa

Alejandro Piña estudió la licenciatura en letras hispánicas, y por igual, la maestría en literatura mexicana, ambas en la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a la escritura de poesía desde su juventud. Ha publicado ensayo, poesía y alguno que otro estudio académico, en los que hace referencia a la relación de las artes visuales y la literatura. Se dedicó a la docencia en el bachillerato y logró consolidar estrategias para el aprendizaje en dicho nivel. Sigue en el proceso creativo y su misión es compartir sus letras con desenfado. Toma café como si no hubiera a haber mañana. Le gustan los gatos y se entona con una charla bajo las tinieblas de la tarde.

 

¿Qué elemento literario es preciso para mitigar los terremotos?
Para no sufrir durante un temblor, siga los siguientes pasos:
Uno: piense usted que está bailando al compás de la tierra.
Dos: intente hacer malabares con los objetos que vayan cayendo de su lugar.
Tres: escriba un poema al rescatista que habrá de sacar su cuerpo de los escombros.

¿En qué se parece una nube altocumulus a un poema?
El poema es un parche en el cielo, una venda contra la tiranía del sol.

¿Cómo se disfraza tu ternura con una hoja blanca?
A veces, cuando uno se sonroja, hay árboles blancos para describir el calor del amor.

¿Cuándo es el mejor momento para desfragmentar un libro?
Los libros deben despedazarse cuanto antes, porque “aún hay tiempo de cortar amapolas, para que nuestras manos no envejezcan encerradas en el claustro de los libros”.

¿Qué es lo que se persigue cuando el beat sonoro arropa a las lágrimas?
La música sirve de frazada contra el invierno de las palabras.

¿Hacia dónde es posible llevar la lectura de un satélite?
La dirección en la que se lee la luna es del centro hacia todos los puntos cardinales. Excepto el norte. Jamás hay que leer el norte.

¿Para qué sirve una tarjeta madre conectada a unos versos?
Sepan cuantos esto leyeran, que una vez una inteligencia manufacturada diseñó el primer verso y no se hizo la luz. El primer poema destruyó todo lo que alguna vez amamos.

¿Qué tan sublime es el contacto visual con un tiburón?
No es particularmente sublime. En todo caso, yo diría que el encuentro con un tiburón será carnal o no será.

¿Cuánto tiempo tarda en crearse un souvenir poético?
Actualmente la mano de obra afgana se halla en reestructura. Por favor, procure insistir desesperadamente más tarde.

¿Por qué te gustaría ser anfitrión del vuelo de una mariposa?
La aspiración de mi vida es ser la mariposa que te invada el centro, que asedie tus muros con la lengua, que raspe una A desde la garganta hasta la punta de tus labios.

Soy, a mitad de la noche, un inmenso árbol de rabia en flor. Tengo hambre de hambres, de hombres, de hembras, de cabras, de carne cruda escurriéndome la sangre en el vello. Pienso en rojo y me palpita sed de sexo en todos los poros. Nada me satisface más que acariciarte el miedo con la lengua, palparte las entrañas desde dentro, abrirme paso entre tu carne con las garras para verte desdoblada, desnuda como el envoltorio de un regalo. Pero el manjar que más codicio está en tus labios: en el callado nombre inscrito trémulo entre tus labios trepidantes de caos, de pánico, de horror. Nunca te devoraría si en tus labios no estuviera cifrado mi nombre como grito póstumo, ante la agonía final de tu pequeña muerte.

Inédito

Al final de todos los caminos transitables acecha el susurro de un animal herido. Camino porque no sé otra cosa que empecinarme en andar de frente, hacia adelante, engrane del progreso prometido, falso profeta de la rutina, aprendiz de una cotidianidad destructora. Vivo extraviado, fuera de mí mismo, viéndome transitar de una estupidez a otra porque sí, porque no hay cabida para el cuestionamiento, no hay tiempo. El tiempo se pierde con la misma facilidad que los segunderos, nada alcanza ni es suficiente, vivo fuera de mí sin saberlo y ya empiezan a refulgir las cadenas que recién pulí para atarme al mundo.

Inédito

A traición
me tomaste para sacrificio
a la una de la tarde de un jueves
mientras
allá
un bosque ardía

Exorcisaste el sabor
de cualquiera de nuestros recuerdos.

Y no me duele tu ausencia
-vámoslo poniendo en claro-
me cruje el sinsabor de tu memoria
la palidez de tu imagen

cuando me pienso contigo
cada vez que te imagino
persiste un tenue dejo de traición
que me enfurece

rabia de rabiar en la rabieta.

Inédito

El grito
No
No quiero
No te impongas
No me insultes
No hagas con tu voz un arma

Míralo deambular por la casa:
un grito acrílico
golpea las paredes de amarillo
como un animalito mustio
malherido peligroso agazapado
en la esquina de la laringe
al acecho del error

El humo del cigarro hace su nido
en el techo
y la luz de una tarde
en que pudimos habernos besado
se estrella contra un grito
púrpura y vengativo

La canción en la radio se somete
a la arritmia del grito
al monarca de la violencia
al grito que desgarra los monasterios
del corazón

Uno pensaría
hallar al final del grito
un duendecillo de liberación
o catarsis

¿Cuándo ha sido la realidad
un lienzo dispuesto para nosotros?

Abril
que a veces sí es el mes más cruel
te arrancó el nombre a dentelladas
y lo escupió en las banquetas
de alguna memoria
para dar abrigo a todo paria
a todo guardián del silencio
para afianzar
de unas todas por vez
tu ausencia.

Inédito

La comunidad poeta de Jalisco: una estirpe mágica

Mis poetas en Tlaquepaque. Foto: Diego Illescas
La comunidad poeta de Jalisco: una estirpe mágica
Creatividad y sensibilidad de varias generaciones

Como de un caracol de ilusionismo
sale el amor con música de sábanas
Artemio González García

He loves you every now and then
his heart is at his new train…
Shocking Blue

Para la poesía, por darme vida y libertad…

Y llegó el tiempo. Y la espera ha terminado. Las cortinas se abren y la luz entra sin maletas por la ventana. Los espacios ya están listos. Las palabras han emergido como una hoja dentro de un río. Pasea con ritmo y sin rumbo pero se divierte. Aquí está mi Almanaque, mi experiencia poética en Jalisco, un ejercicio textovisual antropológico que he creado a lo largo de tres años. He buscado su estructura. Le he dado vueltas. Ha aparecido y desaparecido. Se ha hilvanado desde diferentes texturas. Hay colores y muchos. Hay palabras, hay bellezas, hay una fortuna de ser. En esto está un trabajo de exploración de más de 20 años, la mitad de mi vida, varios trayectos, mucha música y una imparcialidad de vestimentas que me he construido en las formas de la carretera, del olvido, de la soledad.

Se encuentra en este camino la palabra de diferentes voces, percepciones y así, reflejos y observaciones desde una cantidad infinita de momentos. Esto es la prueba de que la poesía se sujeta a persistir de una manera profunda, en el vaso y en la caminata, la sed no para, el pedaleo sigue, son lugares comunes y otros no tanto, pero al final construcciones de un día a otro. En esta obra se marca la pauta de un ejercicio dinámico. Aquí se percibe el juego de la poesía entre quienes la crean en el estado del occidente mexicano: Jalisco. De un municipio a otro, las temperaturas de los versos cambian, las edades encuentran profundidades muy diferentes, y al final de cuentas, cada poema surge con su estampida de época. La juventud y la madurez en una mezcla única de paciencia. Así se mueve el panorama. Así se vierte el líquido. Así les veo cada que les entrevisto.

Esto abarca una infinidad de temas que cada poeta ha entregado. Esto es una cosmovisión única de un registro altamente cuidado: como guardián de cada pieza, Miguel García Ascencio, desde su experiencia alteña. Y como líneas guía para la construcción de este producto poético las voces de Sara Velasco, Luis Armenta Malpica, Mariana Pérez Villoro, Cecilia Fernández, Rossana Camarena, Abril Medina, Renata García, y muchos nombres más que han aportado a este proceso de diferentes maneras como un énfasis del amor que me ha provocado esta comunidad.

Escribo sobre quien se sumerge entre las posibilidades de la furia ecléctica, así de quien habla de las libertades personales, el caso de las nimiedades por igual, del sonido, del recuerdo, de la radio. Así, también, quien se busca entre la poesía, entre el grito del género, desde la exploración de la diversidad. Es un capricho de quienes eyaculan desde la academia como de quien lo hace por la libre. Así la prosa, así la poesía, así quien anda por aquí y por allá. De quien se manifiesta en el trago y en la paz. Esto es un Almanaque de perspectivas, de quien acaricia la piel con una navaja, de quien cuida a la familia, de quien cuestiona el todo y se merece un árbol. Por igual, es la extensión de sus cielos, mi cielo y el tuyo. Se trata de la posibilidad de observar el tiempo, el pasado y el presente, para considerar un futuro. Esto es una huella de mi época y no más. Almanaque es el registro personal de lo que me han compartido, de lo que he vivido y he sentido con cada una de las personas que se han entregado por convicción y deseo a la obra de la metafísica poética en Jalisco, en esta geografía que me ha visto crecer, volar, caer, levantarme y soñar. Se trata de compartir la magia, sus magias, su poderosas creaciones y cada uno de los rincones que abarcan. Así personas nativas de la región como otras que la han adaptado como suya.

Este Almanaque está dedicado a cada palabra que han creado los aprendizajes como las experiencias, no hay distinción. Es un lugar en el que he considerado las pasiones, las oportunidades, las posibilidades y siempre, los versos, la palabra por principio. Cada rincón revela una superficie distinta. Existen infinitas paletas de colores, desde el claroscuro hasta la saturación de los filamentos. Aquí, mi selección personal, una gama de riquezas que he encontrado y que me han construido como lector, como creador, como escucha, como espectador. Aquí la pasión de lo que se vive desde el desprendimiento que se suelta a cada rato al ejecutar un poema en la hoja en blanco. Desde la pluma, desde el lápiz, en notas efímeras, en servilletas, en cuadernillos, en la piel, en las pantallas, en la evidencia fotográfica, en el ejercicio de las manos y desde la posibilidad de contemplar de muchas maneras.

Este soy yo, nada, con la voz de toda la comunidad. Aquí mi entrega a quienes con dedicación se esfuerzan por crear espectros de dimensiones desérticas y húmedas. Este Almanaque es el registro de mi aprendizaje y de aquellos que cuidan en cada sol y en cada luna la resignificación de la semiótica en diferentes aspectos. Se vuelve uno tremendamente ligero y se adhiere al vuelo y todo pasa y todo deja.

En la poesía encontré mi libertad, mi pasión, mi vida. No hago más que difundir lo que sé de quienes escriben, consideran y comparten poesía. He tejido este trabajo desde la libertad de ser. Me he construido un camino propiamente. No sé si valga la pena o sea una consideración efímera, lo único que deseo es compartir. No me quedaré con nada. No me estaré con el fin de la poesía. Será ella misma la que me vista de humano y seguirá siendo la episteme de mis pasos.

Con todo el volumen de mi existencia, ruedo. Soy la piedra, la nube, el perfume, la desgracia y en silencio. Soy las palabras de un hermoso número de personas que me han permitido estar en la fuga de la vida. Este es mi amor por la poesía de mi gente, de sus esfuerzos y sus entregas, así hombres y mujeres de diferentes edades y contextos bajo una sola vinculación geográfica. Jalisco es el poema que he visto siempre y aquí la pauta de mi vida para experimentar la noción de ser, de compartir, de existir y de sentir. Se han abierto las puertas, es hora de que conozcamos, a mi manera, la percepción de la transfiguración humana desde las letras. Leemos juntos antes de irnos en el tiempo. Que este viaje sea el más colorido de tu vida. Porque dentro de mis trayectos soy todo y nada: aquí el poema más grande que he escrito.

 

Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel

Víctor Manuel Pazarín. Foto: Miguel Asa
Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel
El ensayista que navega entre los diarios y los imposibles

¡Qué manera de comenzar! —me digo, y la evoco—.
¡Qué grande manera de empezar a vivir!
¡Qué noche tan triste esta noche, que apenas inicia!
Víctor Manuel Pazarín

En memoria de Víctor Manuel Pazarín (1963-2021), poeta y amigo.

1 Breve despedida del ahora

Qué pequeña manera de morir estamos padeciendo desde siempre. Qué galaxia tocó la incertidumbre este sábado. Qué lastimosa tarde que te busco en mi pueblo y ya te has ido.

Si me preguntan por qué me hago llamar Miguel Asa, fue por la dicha de haber conocido a Víctor Manuel Pazarín hace más de 15 años. Aquel seudónimo que tomé de las letras de Dolores Garnica, en 2005, Miguel (así, sin apellidos), lo sintetizó él: “Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa —o Miguel Asísinapellidos— y tan misteriosa como su propio creador”. Y ya mi Tonalá se ha quedado sin poeta.

Y es que recordar a Víctor, o Pazarín, como una enorme comunidad le conocimos, fue un receptor de la poesía que frecuentó con demasía la volatilidad del pensamiento. Y es que, día tras día, en un traslado desde el oriente de la ciudad, siempre tenía una palabra, un viento, una velocidad por promulgar algo. En ello su ejercicio se consolidó como una estampa de la que fuimos testigos una generación de enormes sueños. Pazarín nos daba la posibilidad de estar semana a semana en el periódico universitario.

Y me acordé de que la lotería de mis textos se logró gracias a su respaldo. Mis palabras encontraron auxilio en sus didácticas y mi práctica se hizo presente ante muchos. Me tomó por la poesía experimental, algunas cosas de valía carnavalesca (los tacos, la lucha libre y no sé qué más infortunios), además de uno que otro asunto fotográfico. Pazarín fue amigo de muchos amigos. Hizo de La Gaceta de la Universidad de Guadalajara un rincón de amor. Luis Armenta Malpica me dio la noticia de su fallecimiento aquel abril de 2021 y lo quise despedir con otras voces. 

Y desde Sudcalifornia, Adriana Navarro, compañera de oficio y su amiga, escribió: “Juntaría todas las palabras aladas y transparentes que me tendías. Tus palabras desbordadas llenas de tiempo y color, de paisajes profundos, palpitantes, que me ayudaron a construirme y a extenderme en páginas y páginas por tantos años. Gracias por la enseñanza, la confianza y tu gran amistad.”

Y me acuerdo del piso 6 del edificio de la Universidad de Guadalajara. Ese piso que nos conmovió la vida y nuestras fichas. Desde ahí su presencia y la apertura para la comunidad desde la poesía y los universitarios. Cuántos espacios nos entregó para publicar, para ser, para poetizarnos. 

Y Luis me dijo: “Cuando conocí a Víctor Manuel Pazarín, hace como treinta años, ya era un hombre respetado con Mala Estrella. Apostó por los muy primerizos Guadalupe Ángeles, Julio César Aguilar, León Plascencia Ñol, entre otros. Y con Soberbia, una revista que animó posteriormente, deambulaba por el mundo literario de Guadalajara intentando la comunión, fallida, de los diversos escritores de ese entonces. En algún evento, Víctor me presentó de esta manera: ‘premios Aguascalientes hay bastantes, expremios sólo hay uno’”. 

Y le respondí: Cuando conocí a Pazarín me permitió publicar un poema en La Gaceta para quien entonces era mi pareja. El verbo de mis textos se promulgó como una lotería dentro del desierto al aceptarme como colaborador del periódico universitario. Sencilla, escueta y con una forma peculiar de observar, fue quien nos entregó un enorme trabajo editorial en Guadalajara y más allá del occidente mexicano.

Y desde mi Tonalá contemplé la dramaturgia de Teófilo Guerrero: “Durante una de las funciones de una puesta en escena en la que trabajaba, había una sonrisa germinando en un hombre sentado entre el público, eso me dio la confianza de seguir con la obra en una de sus mejores funciones en el Teatro Degollado. Años después ese hombre y yo coincidimos en las letras y en las publicaciones, como aquella ocasión en el Degollado, su sonrisa honesta y generosa hizo eco en mi ánimo. Hoy ya no está Víctor Pazarín, se fue a buscar metáforas a la eternidad”. 

“Y ahora que lo pienso -prosigue Luis Armenta-, con su humor sarcástico, Víctor Manuel era ese Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. Entre más de una decena de felinos que habitaban su casa y su jardín, Pazarín sonreía lo mismo ante un poema que ante cualquier obstáculo. Cargaba en sus espaldas un carcaj de punzantes respuestas y se mostraba pleno, desnudo, sin el menor pudor, ante cualquier fotógrafo o pregunta. Esa seguridad, tan del mundo del teatro, cómo nos hace falta”.

Y me acuerdo, hice y escribí de desnudos, de trailers, de poesía, de casas, y no sé de qué tanto más bajo sus alas. Víctor entregó calzadas a la poesía. Se fue a Tonalá para contemplar desde allá todos los versos de Guadalajara. Le sabían, nos sabía. Fue un pequeño secreto del oriente en las páginas de la Universidad. 

Y llueve Iliana Hernández desde su nostalgia: “¿Qué somos sin la palabra? Un collage. Hoy mientras tomaba el café se abrió la puerta a otra dimensión, arrancó lo que sabía que estaba y no tengo capacidad para olvidar, tampoco comprendo el sentido de tantas cosas, por ejemplo, que hace tiempo me prodigaron amor desde el anonimato, un aleteo, un revuelo. ¿Quién se da cuenta y persigue hacedor lo desconocido? Develó lo que no sabíamos que estaba, yo no sabía, sin embargo el poeta demostró que estaba. Gracias tierra por cada uno de sus días”. Y Tonalá se ausentó de su poesía. 

Y me pregunto quién escribirá desde el oriente de la ciudad sobre los reflejos de nuestras pesadumbres. Quién nos hablará desde La Casa de la Lima. Quién avanzará sobre la avenida Río Nilo con versos, métodos, críticas y demás. Hoy me pregunto quién le tomará La medida a esa parte de nuestra ciudad. Y los pájaros no responden.

Y cerca de la Mona Alfarera, desde Los Ariles, en nuestra Tonalá, Teresa Figueroa pronunció: “Víctor, hoy quiero honrar tu voz inmarcesible, tu inteligencia clara, tus textos honestos, tu conocimiento que siempre compartiste. Quiero honrar la luz de tu memoria. Quiero honrar tu amistad sincera. La muerte se ha llevado tu cuerpo, pero nunca nos va a quitar tus palabras”.

Y cómo le hago para que esta lotería de tu muerte nos sepa a Ardentía, al fulgor de los ocasos desde el pueblo alfarero, a la cerámica quebrada en los hornos solitarios. Qué le digo a La Gaceta. Qué les digo a los universitarios en bicicleta que se identificaron contigo. Qué les digo a mis textos sobre la lotería de sus tristezas. Qué te dirán después de este día. Qué te dice este texto. Qué te dicen estas voces. Qué te decimos, Pazarín. Y Tonalá llora en barro. 

Y en una cancha de fútbol, el labio se separa de la letra. Miguel Ángel Áviles vocifera: “Recuerdo a Víctor como recuerdo a mis grandes amigos: a partir de libros, lecturas, cafés, entrevistas. Hay muchas páginas en medio desde el día en que lo conocí, y eso va a quedar siempre. Pero especialmente esos días en que charlamos sobre sus cuentos y poemas o cuando iba a la redacción de La Gaceta a saludarlo o en los pasillos de alguna feria del libro. Es un día triste porque se va un amigo”.

Y finaliza Luis: “Mientras conmemoramos el 700 aniversario luctuoso de Dante Alighieri, el centenario de la muerte de Ramón López Velarde y los 200 del natalicio de Charles Baudelaire, podría decirle a Víctor: poetas vivos y poetas muertos hay bastantes, pero me dueles tú. Descansa en paz, amigo, echaremos de menos tus discretas Presencias, tus Éxodos, tus Barcos de papel”.

No tengo tiempo para delimitar la ciudad más acá de sus versos. Sólo nos resta encontrarte, ensayista y periodista, en el poeta: “El verdadero, el otro”, la lucha, la libre, la desnudez, el taco, la pesadumbre, los artistas, los ilustradores, las penas, el piso 6 y tu levedad en Tonalá. 

Ya te fuiste. Me toca ver el ocaso desde El Cerro. Todos nos abrazamos para llorarte porque la poesía aún existe. Cruzaré Río Nilo con tus palabras. Que nunca falte el 231. Adiós, misterioso creador. 

2 Un telar de la fragancia

Hay una trifulca entre los sancudos. Se han vuelto a dormir con el perfume de las gladiolas. Y aquí estoy, en el encierro de ustedes. Aquí estoy, en el sustento del amanecer para conformar este telar con las palabras de Víctor Manuel Pazarín, quien fuera gato, una abeja y también volcán. Aquí sus letras le han construido una persecución de alimaña, una bendición tonalteca que tiene el corazón de barro. Esa merienda que surcó las nubes entre el sur de Jalisco y la investigación constante de nuestra sociedad.

Entre sus trabajos destaca la sensibilidad y la alcurnia de sus letras, un carácter ríspido, tenaz, dinosaurio, así, pequeño y sagaz siempre fue, pero se agradece su puntual observación para ser una exploración diaria, un poema que es voz de las orquestas del sol. Así la canción matutina como el augurio enorme. Así la vuelta al sol y el alicante suspiro de retornar. El alivio de ser, de explorar. Así la mañana, el amor, el recuerdo, el poema, las letras. Así el canto, el vacío, las miradas, la ruta 231 y demás configuraciones que sólo los tapatíos le sabemos a esa dinámica.

La poesía de Pazarín contrajo la sencillez de la lectura, de la mirada, de la configuración rumiante, de la desvelada, del barco de papel que se construyó sobre la arena digital que le vio hasta sus últimos días. Ya se ha hundido. Nos trajo la palabra para cortar cada segundo en dos milímetros de fortuna y en la veracidad de nuestro sistema solar. Nos volvió la mañana para ser nubes, para encontrar el horizonte en cada pestaña, en cada cuchara del café cargado. En la azúcar de estar siempre nosotros.

Nos volvimos la sangre de sus páginas. Le dimos volumen al azar, a la secuela de una duermevela entre las pantaletas de la chica enamorada y de los bellos del chico entregado. Nos dimos por amor, nos vivimos como colegas de la taza y una desafiante atención se volcó en los suspiros de la poesía. La inquietante sensación de ser se volvió un tornado, una revoltura de cereales con la cúspide del planeta animal, un grito, una gota, la planta. Hay que trepar por aquí a diario. Hay que construir una alcoba en la forma de los plátanos. Hay que zurcir un trayecto que nos permita mediar entre las hojas de los árboles para recordarnos que la sencillez es la mirada más potente de lo que se vive.

Pazarín nos cubrió de glorias, de distantes alcancías y de muchas maneras de volver a observar el sol. Quisiera que todo permaneciera más allá del instante y de repente ya estamos en la lúgubre ansía de la cabaña. Una antiquísima morada nos perfila de lado para sabernos encaminados por la turba de células que nos confronta a cada rato. La química como ese poema que no todos podemos escribir y sabemos del ser y de sus contenciones hermosas. Surgimos de la planicie de una noche convertida en ritmo latino. Así una flor dentro de la batería de sonidos que fue su corazón.

Una y otra vez, habrá que aplaudir a su existencia, pues la apertura al poema semanal se sumerge en la planicie de lo que somos como humanidad, una constante unidad de hilos y de fragancias que se llenan de café en un escritorio desde aquel piso 6. Vamos por las campanas, vamos con la configuración de la vida. Vamos en el espasmo de la sensibilidad y de la corresponsabilidad. Entre sus letras la observación de la naturaleza. La persecución de las memorias como el recuerdo de lo que se mira de nuevo, se atrae, y aquí, unos versos que se inundan para ser una noble sensación de nuestro amigo, de nuestro poeta, de nuestra alianza poética.

Y es que nos movimos entre las conchas, los mares y los huracanes. Nos existimos como focos y guantes desgastados, un café apagado entre el sonido de la vigüela, así la mosca en el sufrimiento al retorcerse en la pestaña de lo que nos queda, ese augurio frío y rojizo de las formas de la rosa.

Así Pazarín, nos dio el brío de las mañanas en Tonalá, el alcanfor como sustrato de la hoja en blanco, en ocasiones, un trama, una centella, un libro de forros naranjas. Pero qué decir de la fotografía si nos llueves como su sorpresa.

Qué fortuna esa la de encontrarnos en la posibilidad de estar en una oficina. Pazarín fue una roca que moldeo a varias generaciones, hizo y manifestó. Dio y compartió. Fue, existió con la sanguijuela del tiempo. Se hizo la palabra verde y también la revolución. Fue fe y hierro por igual. Se trató de la secuencia que devendría en un aroma de retorno, de esos que pasean por las arcoíris y se desfragmentan en la consolidación de la oruga. Y así lo recuerdo, con la sutileza de su espejismo entre el silencio, vamos a comenzar con la resortera para escribirnos un cápsula de incidencia y con ello fraguarnos de duermevelas emocionantes.

Sí, habrán de decir los desiertos de algunos libros que el volumen de la capilla se ha de desquitar con el amanecer de los flamencos. Y acá andamos en la penumbra de la mañana por leer de nuevo a Pazarín entre los rufianes de las semillas y los halcones que se revientan debajo del agua. Son armas de trazos similares a los colores que portan los cuadros de aquel papel tapis que nos llama fuego. Vamos a andar al campo para volver al perfume de Pazarín. Vamos al campo de nuevo para mirarnos como el cien fuegos que fue. Vamos a danzar entre las cuerdas para presenciar su ausencia como la colmena de papel.

Sus barcos de papel ya se han ido y en cada uno ha lanzado un poema para hundirse en nuestra memoria. Acá, desde la amistad, doy refugio a los últimos versos que de sus letras llegaron con amor de quien fuese su compañera, Deana Molina, a quien agradezco la oportunidad de saber de sus últimas letras. Vamos anidando la vida en la posteridad de la incertidumbre, vamos a volvernos refugio de nuestra señal.

Nueve cuarenta y cinco

Con la luz
de la mañana
resplandece el pecho de los pájaros

como soles
se abren,
cubren las ramas del árbol

me asomo a la ventana
y ya el día
está hecho

nada le falta

[30 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Insomnio

A las dos de la mañana,
luego a las tres;
primero el calor,
después el frío,
buscando la luz
de la casa.

El eterno pasillo.
La brasa
como una lucecita
que alumbra y se extingue.

Dos de la mañana,
tres.

La oscuridad y después la luz.
La lucecita como un punto
en medio del infinito.

¿Cuándo es que el mundo se apaga?

[31 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ritual

Hay un muchacho,
abajo,
en el territorio del bosque,
que busca con afán:

acumula ramas
que alguna vez cortaron
de los árboles:
las fractura,
las ordena
y luego se va.

Es un muchacho
de torso bronceado
y brazos
con tatuajes:

ha vuelto,
—como ayer y como antier…—
ahora carga sobre su hombro
pesados troncos
que deja caer.

No es un trabajador municipal.
¿Es quizás un ser
que viene a recordarme
el encierro?

Se ha ido.

[2 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

O

Se oyen
trascabos
barrenar el piso,
pero yo veo pájaros,
y veo al viento
mover
las copas de los árboles.

Se escucha,
a lo lejos,
el trajín de los hombres
que rompen
las calles,
pero yo escucho
el canto
de las aves.

Dan vueltas
y vueltas,
en buscan de las flores,
se mecen.

Escucho
el ladrar de los perros.
El grito de unos niños.
Y a los autos correr.

Lo que yo hago
es mirar
con incredulidad
que alguien ha pintado de cal
—quien sabe cuándo—
el tronco de los árboles.

Todo es, en estos días,
una sorpresa y un asombro.

[3 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ardilla

Como a las doce,
como a la una y veinte,
aparece de pronto:
camina y luego
se detiene.

Se levanta en sus patitas
y otea,
es apenas un instante
pero todo ocurre
como si fuera una eternidad.

Se alza y se detiene.
El universo entero
está en sus sentidos.
En su cuerpo cabe toda
la existencia

—la suya y la mía.

Presurosa
se desliza
hasta perderse
en el arroyo,
por ahora sin agua.

Ya no vuelve.
Quedan en temblor
la luz del sol y el viento
entre los árboles;
el vuelo de los pájaros,
sus cantos.

Soy el testigo.

[4 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

La vuelta

La he mirado dormir,
después de su regreso

¿hay acaso
en la ciudad
del desierto
—con sus canales de agua,
sus sauces llorones,
sus milperíos
y sus recuerdos—
algo más hermoso
que escucharla respirar a mi lado?

No imagina
ella
el miedo
—mi miedo—

y lo que me hacía
falta.

La luz de mi casa (Inédito)

Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead

Ángel Ortuño y compañía Foto: Miguel Asa
Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead
Un humano que se vistió de rock, poesía, tatuajes y humor negro

Drink and dance and laugh and lie,
Love, the reeling midnight through,
for tomorrow we shall die!,
(but, alas, we never do.)
Dorothy Parker

En memoria de Ángel Ortuño (1969-2021), poeta y amigo.

1 Café con poesía y una biblioteca

Quisiera ubicar en el tiempo el momento preciso en que grité algunos versos de Boa durante su primera presentación. Ángel rio con una mirada sencilla. Quisiera ubicar, de igual manera, sagaz, quizás un tanto delirante, el momento aquel en que procedí a solicitarle apoyo para aquella tesis inexistente en la que me abracé a la poesía concreta. Quisiera recordar, con detenimiento, las tantas tardes que le llevé café a la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz” para charlar de momentos de poesía y sus formas inexplicables de experimentación. Pero ya se ha ido todo.

Después de dos años de su ausencia, he escrito esto como un balance a su memoria y por el agradecimiento que le debo. Conocí a Ángel Ortuño por medio de Miguel Ángel Avilés, una amistad en común en nuestros tiempos de universitarios. Desde entonces hicimos una rara y genuina mezcla de vinculación. La poesía concreta y el grupo Noigandres fue lo que me llevo a la Biblioteca y con ello, a la voz y al conocimiento de su persona, de su obra y de su perspicacia.

Ángel Ortuño sopesó la apertura de nuestra amistad para fortalecer aquella inundación de poesía visual-experimental (como la llamaba el poeta César Espinosa) que generé en las aulas de la Facultad de Letras de la Universidad de Guadalajara, que, en aquellos años, 2008-2009, dicho género no tenía cabida dentro del programa estudiantil y era meramente una alternancia diáfana en la regla de la academia. Desde entonces, muchos nombres, movimientos, referencias y libros se volvieron parte de nuestras tardes de diálogo. Fue un compañero de estudios muy peculiar sin habérselo solicitado. Esa poesía híbrida alcanzó varios momentos mágicos durante los años siguientes, 2010-2014, y Ángel me acompañó en alguna de las jornadas que de manera independiente organicé. En ese momento, recuerdo, logramos corresponder a poetas experimentales como J. M. Calleja y Clemente Padín, de España y Uruguay respectivamente, quienes visitaron Guadalajara para presentar sus trabajos, y por igual, hacer entrega de aquella obra que nos concedió Carlos Pineda y Ediciones del Lirio, La palabra transfigurada, Antología de poesía visual mexicana, con el fin de que el propio Ángel fuera quien la recibiera a nombre de su recinto laboral. Ese momento fue cúspide, excelso.

La amistad no sólo quedó en la experimentación poética. Fue una revisión de voces, de incertidumbres y de solidaridades, sobre todo, de confidencias literarias. Fueron tertulias, encuentros, charlas, siempre tuvo disposición para compartir su conocimiento. En ocasiones un café, una comida, una cena, una caminata, pero siempre, bajo el rumbo de compartir, algo que siempre le reconocí y le agradecí. Siempre existió oportunidad de intercambiar información y de brindar una opinión sincera sobre mis creaciones, producciones y demás. En algún momento toda su experiencia fortaleció una gran parte de los movimientos de Proyecto Ululayu, así una recomendación literaria, una revisión orto tipográfica, una argumentación para delimitar proyectos, una ironía para debatir sobre la literatura, una perspectiva sobre alguna edición, una propuesta de términos literarios, una corrección sobre mi poesía, en sí, fue de las personas más importantes que les dieron alas a mis primeras ideas como creador y como emprendedor cultural, no más.

Su confianza y viabilidad genuina fueron siempre una manera cortés de apoyo, de la campaña que generó a Proyecto Ululayu alguna vez me indicó: “Creo que lo primero que atrae la atención es esa especie de cortesía demodé: ahora que toda la ‘publicidad’ es demandante y agresiva, que incluso la promoción ideológica abusa de posiciones de autoridad (haga esto para estar en lo correcto), ‘Por favor, lea poesía.’ destaca por ser como una vocecita al oído. De ahí que me parezca un acierto lo de las fotografías aéreas: porque juega con las escalas descomunales”.

Y no sólo fue eso, durante 2014 persistió en mi trabajo poético como nadie más lo ha hecho pues reviso durante algunos meses la que fue mi opera prima fotolvidarte:sueño, obra que desmenuzó de diferentes maneras: “Yo diría que es una escritura que me hace repensar la vigencia de ciertos registros que campearon en las décadas de los sesenta y setenta en la poesía latinoamericana y que se reinventan desde un ángulo que les da esa frescura que su devenir retórica les había quitado hace ya tiempo”. Con ello no sólo contribuyó a mi trabajo poético colectado en esa obra, sino que además sus letras fueron prólogo de esta.

Y así fue el caminar. Para 2015, previo a un viaje que hice en bicicleta por el Pacífico mexicano, gestioné la consolidación de Vía Literaria con el Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR), aquello fue una campaña de poemas breves dentro de los vagones del tren ligero de Guadalajara, y sin ningún ánimo de pretensión Ángel participó en la primera edición y en el camino de la estructuración final de esa campaña. Fue el poeta que me ayudó a balancear los contenidos, desde la revisión de las propuestas hasta la jerarquización de las estructuras de cada diseño. Vía Literaria se debió a él en gran parte como el último editor adjunto, que yo sin saberlo, delimitó mi forma de concebir a la poesía hacia diversos públicos al ser expuesta de esa manera en la ciudad. Recuerdo su sorpresa cuando le compartí una fotografía de su trabajo en el viaje citadino dentro de esas máquinas.

Sin embargo, en 2016, desmesuradamente la amistad tendría algo de distancia debido a ese viaje que realicé como una etapa de meditación personal. Al regreso, a finales de ese año, una breve presentación de uno de sus libros, Cola, nos reuniría nuevamente. Con ello surgió uno de los mejores encuentros radiofónicos que he tenido, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de ese año, generamos una transmisión especial de rock y literatura para un Velador Groovy, producción de Radio Universidad de Guadalajara que permitía tomar el control de la radio en las madrugadas de domingo. Aquella noche de noviembre de 2016 fuimos dos parlantes en los que, durante cinco horas, de las 00:00 a las 05:00 horas, hablamos de los elementos diversos que se relacionan entre ese género musical y las letras. Exploramos historias, canciones, sonidos y el cansancio de una conversación entre amigos desde una larga lista de canciones como “Cosma Shiva” de Nina Hagen, “The Litanies of Satan” de Diamanda Galás, “Rock N Roll Nigger” de Patti Smith, “O Superman” de Laurie Anderson, “It’s My Life” de Wendy O. Williams, “One Way Or Another” de Blondie, “What Is Rock?!” de Turbonegro, “We’re All Mad Here” de Tom Waits, por mencionar algunas.

Esa noche fue una clase particular que exhibimos al público. La radio, la música, la literatura y más cuestiones de conversación saciaron la cita nocturna en la que nos abrimos a la comunidad radioescucha, y que, con mucho ahínco, logró escuchar con detenimiento.

Pero no todo quedó ahí, siempre hablamos de la poesía como una entrega abierta y oportuna para la sociedad, de ahí que hoy mis discursos sobre las poéticas que me rodean pretendan el estudio, la experiencia y la influencia en nuestros contextos. Respecto a la contemplación de las poéticas ajenas y de los atrevimientos de lo comunal alguna vez me comentó: “Yo siento curiosidad por el trabajo de todos, alguno me gusta más que otro, pero no pretendo hacer un canon de ello… mucho menos entrar en tristes rebatingas de capital simbólico o –esto sí, el colmo- persecución de cargos públicos en el área de cultura”, de ahí que la disidencia poética que siempre portó fuera un ideal que compartíamos como base de nuestro actuar socio literario.  

Ángel Ortuño y su humor ácido hicieron frecuente la potencia de la ironía, de las últimas memorias le recuerdo con un sentido amplio de sarcasmo, de risa y de frivolidad, y como siempre me decía, “soy muy desordenado”, sin embargo, nunca faltó su modesto orden para atender. Ángel y yo dejamos pendiente el viajar en motocicleta, nos faltaron más poemas visuales, una celebración de cumpleaños, algunos retratos, una entrevista y no sé qué tantas cosas más.

A dos años de su partida decidí comenzar mi Almanaque poético de Jalisco como un homenaje a su alternancia dinámica, intuitiva y precisa con Proyecto Ululayu. No me queda más que agradecer su presencia en mi crecimiento retórico y en mi desenvolvimiento literario. Aquí esto como una evidencia de lo que alcanzamos y con ello, la despedida de algunas de las personas cercanas que le apreciamos.

Invitación Velador Groovy con Ángel Ortuño para Radio UdeG. Diseño: Miguel Asa

2 Poemas en bolsita con popote

Hay un torpedo que intenta volatizar a Godzilla y me pregunto en los destellos de los labios de los metaleros que suavemente se incrustaron pétalos de colores en la ruda piel de cocodrilos que portan al azar. La poesía de Ángel Ortuño medita en un declive inusual de la libertad, generó el columpio de las nubes y de los supermercados. Infringió con gusto y serenidad el rubor de las doncellas y de los canallas en un tapiz con un estilo kitsch y desmenguado a la ultranza del despotismo colonial de sociedad. Ángel se carcajeó de todo minucioso entretenimiento que declaro al alba, las maquinitas y la sangre de plástico que sobrevivió a los muñecos de sueños dorados.

La poesía de Ángel fue un videojuego que nos llevó a diversos niveles, a veces el castillo, en otras el espacio galáctico, otras tantas el comedor del puesto callejero, en muchas tantas la noche de la brillantina y de las luces neón. Siempre el juego cambió, siempre de nivel, de estructura, la serpiente, el número, el riff, el estruendo, la gracia, el temor, la gallardía, la discordia y muchas ocasiones la duda, la incertidumbre, la posibilidad de generar lo ridículo como una bandera de la potencia creativa. Eso hizo Ángel, pormenorizar los detalles estruendosos y desenfadados de la poesía en batidos de fresa con chispas de colores. Dentro de su aspecto rudo y temerario existía la inocencia de un niño, le gustaba jugar a ser niño, el pícaro, el irónico, pues consideraba a las infancias como una realidad potente de la poesía. Las letras de Ángel llenaron el vacío de las corcholatas, de los soldaditos de juguete, de las lágrimas de los osos de peluche y del ferviente amor de las paredes y los cables.

Su poesía es electricidad, una corriente disfuncional que nos permitió saborear los pequeños electroshocks para degustar en cada verso la sombra de una cajita de colores, en cartón, ruborizados con la pena de un teléfono celular sobre el río de palabras. A veces un monstruo, un ser sin forma, un encuentro de los no comunes, un silencio con intemperie y hojas plateadas llenas de retórica efusiva con bandas sonoras de furor de potasio, un labial descompuesto, un par de anteojos sin lentillas, el sacapuntas sin filo, pero siempre, o casi siempre, la envoltura del regalo compuesta por los diversos diarios de la urbe, el regalo perfecto.

Leer a Ángel es entrar en un campo de batalla lleno de chicles de bolita, una mascado de fibras contracorrientes cuando las alas exploran la lentitud de las raíces mecánicas. Ángel fue una sonrisa discreta, su poesía, la carcajada de plastilina que se moldea ante cualquier situación. Fue democrático, farmacéutico de químicas complejas y un tanto, sin chamarra de piel, rueda de la fortuna. Nos permitió conocer el juego de la poesía en nuestra época. Nos enlazó con la bolsa del mandado y los letreros fortuitos de la calle, se rio de sí mismo y de las nubes con formas de animales, hizo burbujas en el camino y se plantó una cuesta arriba llena de melancolías de conchas de mar y de tiburones neón.

Ángel paseó por las calles de los chapulines, se convirtió en insecto, un anagrama del día a día en la virtualidad raquítica de nuestras pantallas, fue muy divertido leerle tan esporádico y tan llavero. Ángel invadió el cable de ethernet con figuras que le permitieron reconocerse entre la diversidad de la poesía, así con monstruos, flores, dinosaurios, esqueletos, carcasas, empaques, serruchos, aerosoles y demás. Sus letras nos llevaron por un estilo único, una juguería de cementos, piedras y razones efímeras de la alegría. Fue la casa de los espejos, el tiempo de los seres raros, de la curiosidad del bit, de la presencia de los tigres en los puestos de tacos. Ángel no escribió, jugo a ser poeta y le bastaba combinar la gabardina con los pastelitos de frambuesa que preparó la reina del territorio virtual aquel.

Da lo mismo comer una fotografía como erradicar de nuestras mentes el temor de lo efímero. Entre la soberbia eclética que lo identificó como una alcancía de monerías peculiares, su constructo poético nos permitió ecualizar nuestras bocinas, sacar nuestras voces en elementos de pastas de sabores y aromas de bolsillo de pantalón de una semana sin lavar. Su obra queda en el recuerdo como una voz enigmática que los electrones cuestionan a la par de los rugidos de las sirenas que se mueven en el mundo cibernético. Somos ecos de un piano para música disco usado en el rincón de la cantina, la cortesía de la descortesía y todos los días, una cajita musical con notas de metal y algo de persuasión de gatitos bañados de chocolate, la gracia de las garras está en el pastel de tres leches lleno de tequila.

La poesía de Ángel es el juego de ajedrez con fuentes de cristal, inmediata, sencilla, compleja, de rubores rositas y de imágenes que la tarjeta madre nos tejió en el cuadernillo del corazón. Ángel integró su poesía en las letras chiquitas del empaque, nadie sabía que fuera a enraizarse en los escrutinios de nuestros mecanismos con el desarmador de polvo. Ca/ na/ lla/ se ha ido.

Ángel Ortuño en Vía Literaria en 2015. Foto: Miguel Asa

3 Una despedida con varias despedidas

Ángel, a los días de tu partida convoqué a tus voces para decirnos adiós y aquí están los ecos de hace dos años:

Recuerdo cuando me diste un libro, u otro, no sé, una película. Recuerdo las risas de corrección, los maestros incoherentes y sus status quo de mierda. Nunca la ironía me supo tan negra, ni los versos se me llenaron de palabras secas, metálicas y metaleras. La muerte no toca a quien vive en las palabras de sus alumnos, a quien escribe con punk la nueva marcha de la poesía.

Vanessa Botello

 

Ángel fue un poeta, en primer término, poderoso. Como ninguno. Único, porque creó un lenguaje donde convergían el sentido del humor, el aprendizaje vanguardista e incluso el truco, el artificio y el engaño. Algunos de sus amigos, Víctor Ortiz, Álvaro Luquín y yo, lo esperábamos para desayunar. La noticia fue un golpe tremendo, todavía no la asimilamos. Maestro de muchos de nosotros, un amigo entrañable. Creo que no podríamos calcular la proporción de su legado, eso solo lo podrían decir todos aquellos que al encontrarse con su obra transformaron su visión de lo poético y, quizá, de la vida. Como aquél siempre contemporáneo, Rubén Darío, Ángel Ortuño era un poeta muy antiguo y moderno. Más que eso: de tan presente, futuro. Lo seguimos esperando.

Carlos Vicente Castro

 

De Ángel a ángel

Como el transeúnte que veía poesía
en las calles,
en los buses,
en la burocracia del hospital.
Como el poeta que hacía memes
de los clásicos,
de la poesía,
de sí mismo.
Así le recordará esta que escribe.
Qué es la muerte para quien
se burlaba de la vida misma:
pretexto para Ser poesía.

Lucy Cruz Granados

 

Yo admiraba a Ángel Ortuño: compraba sus libros, atendía sus presentaciones en las que, para mi sorpresa durante sus lecturas, leía a poetas mujeres y compartía poemas maravillosos de ellas, en lugar de hablar o leer algo de él. A pesar de eso, su porte rudo-dark y su tatuaje de Motörhead, me mantuvieron a cierta distancia durante un tiempo. Vencí esa timidez para pedirle que estuviera en mi primer programa de Poesía on the rocks el 12 de febrero de 2016, fue Ángel Ortuño, ese ángel-dark y luminoso quién me acompañó en aquel tembloroso primerísimo paso sin conocerme. No es sorprendente que ese día habláramos de Lemmy Kilmister, también estuvo Álvaro Luquín y los tres fuimos de Kilmister a Bowie, quien en 1971 fascinaba a su público vestido de mujer (romper géneros fue cosa de viejos rockeros y rockeras como Patti Smith). También me acompañó como tallerista en el Calle de Cervantes, en las lecturas que organicé de poesía para no poetas y hasta compartimos mezcales más de una vez en La Occidental. Hoy, su último post en Facebook, fue para compartir la portada del libro Vine porque me pagaban de la poeta rumana Golgona Anghel, creo que no podía despedirse de otra manera.

Y vendrá el camarada a salvarnos porque para los ojos
de su amor infinito,
todos somos
los únicos.

Iliana Hernández Arce

 

Ironía es
que se llamara Ángel ese ángel
del dios
de la ironía…

Isaac Ortiz

 

La muerte de Ángel nos deja un vacío, a muchas y muchos de mi generación pues, además de las gran amistad y generosidad, su poesía nos enseñó la manera de una escritura delirante sobre moldes clásicos. Era Roxy Music sobre Manrique. Un decir no a lo políticamente correcto. Descotidianizar lo cotidiano.

Álvaro Luquín

 

Gracias por los momentos de risa en las clases, por las anécdotas, por la invaluable enseñanza. Por “Pierre Menard, autor del Quijote”, tardé en darme cuenta de que era de Borges. Espero que en donde quiera que esté, siempre disfrute de una buena taza de café, profe.

Ámbar Orozco

 

De Ángel aprendí a comprender la poesía de otro modo. Entendí que hay algo más allá en el poema. Lo recuerdo mucho hablando de poesía varios cafés y bares de la ciudad y hablando de libros en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz o en Ediciones de la Noche.

Pero, sobre todo, la noche de hace siete años cuando habló súper emocionado de Viaje de gorilas, del poeta ecuatoriano Jorge Carrión, libro que publicamos en Ediciones Morbo y que presentamos en el Ex Convento del Carmen.

Leer Aleta dorsal o Las bodas químicas fue revelador cuando los leí, siendo estudiante de literatura en la Universidad. Porque a pesar de que Ángel no me dio clases en las aulas, sí lo hacía en sus libros o en las charlas que tuvimos en cualquier lado. Y lo que creo que no olvidaré jamás es justamente ver a Ángel en la puerta de la Biblioteca, cuando iba a leer para salir de la ciudad. Gracias, Ángel.

Miguel Ángel Avilés

 

Estafa 2014
De Ángel Ortuño escuché una vez decirme:
– ¿Quién te estafó era de la tercera edad? No puedo enojarme con él, creo que es admirable que se dedique a esto.

Nalleli Sánchez

 

Ángel Ortuño fue nuestro maestro

literalmente
en tercer semestre de Escritura Creativa

nos enseñó que la literatura es un ajedrez
donde un scriptor es un peón
un compilator una torre
commentator un alfil
el auctor es la reina
y el rey el canon

Ángel Ortuño pasaba su mano por el tablero
tiraba todas las piezas

y se ponía a jugar con los caballos a las muñecas

Manuel Jpg

 

Me piden que escriba unas palabras sobre Ángel Ortuño. Es difícil hacerlo y saber que no estará más. Tuve la suerte de ser su amigo y también su editor. Preparábamos en estos días su ingreso a Nox como profesor en la materia de poesía. Hablamos hacía muy poco para preparar el programa y bromeamos sobre nuestros achaques y la temible esofagitis. Estor consternado, sorprendido, encabronado por su muerte. Ninguna muerte es justa, menos la de alguien tan talentoso. Un poeta especial y diferente en la literatura mexicana. Nos conocimos hace muchos años -¿treinta, quizá?-. Escribo esto y me doy cuenta de que sigo hablando de él en presente. Nos conocimos hace demasiados años mientras él iba a la facultad y yo acompañaba a quien era mi pareja de entonces. Luego coincidimos en muchos lados, en revistas, en editoriales, en fiestas. Hoy por la mañana, al recibir la noticia de boca de otro querido amigo, me vino toda la tristeza del mundo porque hemos perdido a un hombre generoso, divertido y con un talento enorme.

León Plascencia Ñol

 

De una alumna para el profe Ortuño
1. Gracias al profesor de planta por hacerlo su suplente.
2. Mane, Tecel, Fares.
3. Prometo probar el café como usted dijo.

Dani Gz Vega

 

—Hermafrodita, dijeron.
—Como en la canción de Steel Panther. Dije al frente, el profesor sustituto reía, sólo él.

Por hablarnos lo mismo de Gloryhole de Steel Panther que de Mane, Tecel, Fares: los días de la poesía están contados.

Cindy Hatch

 

Ángel Ortuño fue un poeta que negó siempre serlo, más allá de su humildad, bonhomía y accesibilidad, fue un gran amigo y contertulio de los más diversos banquetes literarios en los que participó, siempre haciendo gala de una sabiduría deslumbrante que matizaba con su no menos llamativo humor punzante, inteligente y desenfadado. Sabía como pocos de poesía, cine, cómic y rock. Amante de Mötorhead, más allá de lo musical, fue sin lugar a dudas un poeta contracultural. Quienes fuimos testigos de todo ello, hoy lloramos la estela que deja tras de sí este poeta mayor, que viajaba en urbano de Tlajomulco a Guadalajara todos los días con una sonrisa eterna y juvenil como sus camisetas negras y sus botas industriales. Dónde estés ahora Ángel, sabemos que estarás con Lemmy tomándote una Victoria.

Roberto Herrera

 

Recuerdo en específico un día, no recuerdo la fecha, pero los pequeños clips de 30 segundos que grababa en su clase que concuerdan con mis recuerdos lo marcan como el 13 de febrero de 2020, durante la vida prepandemia.

Él llevaba construyendo el punto de esa clase durante un mes, ese día llegó e hizo lo que nunca: ponernos a trabajar. Sus clases solían ser una especie de conferencia de temas académicamente complejos abordados desde la sencilles en la que se habla en una tarde de chelitas con compas, pero en esa ocasión nos sacó de la rutina durante los primeros 20 minutos.

La actividad fue sencilla, a la fecha me sigue pareciendo un disparador creativo muy interesante, consistía en buscar una noticia aleatoria y el primer párrafo acomodarlo “como poema” y de pronto cosas que sonaban ridículas, como la boda de una lagartija, una actualización de emojis, una desviación de fondos muy mal hecha, de pronto se volvieron una lectura satisfactoria.
Lo recuerdo con tanta claridad porque me cambió. Ángel me cambió la perspectiva que tenía de la poesía, de la literatura como objeto de estudio y de la vida. Gracias a él aprendí a cambiar mi perspectiva de muchas cosas y aún hoy me parece increíble que ya no esté aquí, ayudando a cambiar perspectivas, a reforzar el gusto literario de las personas, que ya no esté aquí para enriquecer cualquier momento, porque su mera presencia ya volvía ese momento una experiencia completa.

Es evidente que se quedaron miles de corazones rotos tras su partida, pero él seguirá entre quienes lo recordemos y lo sigamos leyendo.

Criss García

 

Ángel, ayer me recomendaste que viera Las pestes de Breslavia. Ya la estoy viendo, el día que nos volvamos a ver, te digo qué me pareció.

Ánuar Zúñiga

 

Esta noche, la suma de todas mis pérdidas yacen en el cuaderno
entre nosotros, kilómetros y kilómetros de muerte y vida al final del puente;
dos tomas de agua y un sorbo de café a media mañana después del primer riff.
Una navaja hiere el muro otra vez, líneas entre líneas sobre la piel
Se mudan las palabras entre los rincones, donde la ausencia toma su trono
y los silencios hacen alarde de su triunfo otra vez después de la última desdicha:
la muerte de un poeta no tiene nombre ni perdón.
No más visitas con el oculista.
No más visiones nocturnas.
No más pasos vagabundos.
No más afectos
ni risas
ni nos
no.

Renata Armas

 

Recuerdo muy bien lo primero que nos dijo: todo lo que no es verso, es prosa y todo lo que no es prosa, es verso. Era una frase de alguien que intentaba sonar elocuente, pero Ángel la transformó en una lección. Escucharlo era como oír un poema que surgía de la improvisación, como un baile entre las palabras y los significados. Ángel Ortuño hablaba en prosa poética. Convertía lo cotidiano en lo sublime, un chiste y un regaño a un poema, la constitución en un poemario. Como un alquimista de las letras.

Jesús Ramírez

 

Hemos visto en las redes sociales en estos días una profusión (absolutamente merecida, por supuesto) de publicaciones, notas, crónicas, sobre él y su obra poética. Han transcrito poemas completos en páginas y revistas, tanto de México como de Estados Unidos. Han mencionado la originalidad y desenfado de sus textos; la gran calidad humana que siempre mostró con su familia, amigos, conocidos, colegas. Yo quiero mencionar, porque creo que en esta área llegué a conocerlo un poco más, la disposición que mostró para entregar a sus alumnos esa visión amplia, libérrima, siempre nueva, de la literatura y en especial de la poesía.

Luis Martin Ulloa

 

El irreverente Ángel, el de la dulzura ácida, ese que roba a mano armada la carcajada y el asombro, se fue, y no hay ninguna otra mezcla dura tan llegadora que lo sustituya, ni hoy ni nunca.

Rossana Camarena

Hablar de rock y poesía en la noche, interrumpir alguna que otra lectura, colocar versos en el tren ligero, escaparme las tardes para dialogar un poco en tu oficina, creer que la poesía concreta fue un augurio para viajar, escribir tan sólo con el fin de celebrar la ironía, esperar la consagrada motocicleta, pensar en las canciones de metal, establecer un énfasis de la marcha de una libélula, descubrir a Mazinger Z en el fondo del volcán y de vez en cuando pensar en la acidez de vivir. Escribir esto, es sólo una muestra de agradecimiento por la capacidad de expandir los motores de una mariposa eléctrica. Convoque para despedirnos y aquí estamos las voces. No supe cuándo lo debía romper y ahora ya no hay fuego. Como me escribiste alguna vez: “De ahí la nostalgia: el dolor de lo que se sabe lejos al recordar, sentir, qué está muy cerca”. Desde amigos, conocidos, alumnos y más, gracias. Desde mí, misión cumplida.

El ataque de la llanta asesina

Una película francesa sobre un neumático
que tiene vida y mata
personas
con sus poderes telepáticos. Diría
psicoquinéticos

si me importaran las palabras.

¿Por qué
le estalla la cabeza a ese señor? ¿Y lo del pobre
conejito?
Pero la música
es muy relajante. ¿Quién
ganará entre una rueda asesina y un escorpión?

No apuesten.

Termina
pronto.

También destroza botellas que no pudo romper antes
por su falta de peso.

Para todo le basta usar el diez
por ciento
de su cerebro.

Poemas swinger y otros malentendidos
(Bongo Books, 2014)

Nadie sabe

Te mira desde el cielo
todo el tiempo (si copulas,
defecas o estornudas, no:
se voltea de espaldas

aunque todo es posible cuando tienes
la nuca transparente).

Será los cien fantasmas que resultan
de inflar un globo y luego reventarlo.
(Llorar trae mala suerte
si no te han golpeado.)

La orquídea
sulfurosa dirá lo que tú quieras.

Una reconfortante golosina como los tiburones del acuario.

Sólo te faltan dientes para la perfección.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Déjalas caminar porque son fuego

Hay pianos donde anidan las hormigas
y por eso parecen
tocar solos.
Son tantas que podrían subirlos a los árboles
(pero esto sólo pasa cuando están muy contentas).

Sus vestidos son rojos y entallados
y a pesar de que son más certeras
no podrás verlas nunca
pronosticar el clima en la televisión.

Poemas swinger y otros malentendidos (Bongo Books, 2014)

Otro sueño y otros guantes negros

No es la ruta más corta
entre principio y fin
pero tal vez debieras
respetar
la mala suerte que agujera
los dados
entre ensayo y error.

Ver
como la sombra precavida
de unas alas
esa dificultad de movimiento.

O sospechar siquiera
de que te hayan dado
nada más que una pala (palabras ilegibles)
y la orden de que te defendieras

sin ni siquiera un curso sabatino
o advertencia de que habría mujeres desnudas.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Franjas de población sobrante

Decenas de matamoscas aparecen
en una playa
de Alaska. Antes
se le llamaba imagen
a que por un error
se mencionara un sitio que sólo está en los mapas
pero hay muchas versiones
y no
nos abandona
el gusto por mentir. Ofrecemos
trabajo,
sexo indistinto en diferentes áreas,
50 pesos y comida
como esa mujer que ahora recita Yo
soy experta en lenguas y en la foto siguiente
la vemos mientras lame
en blanco y negro.

1331 (Conaculta, 2013)