Paz Martínez: una prieta como la poeta mayor

Paz Martínez. Foto: Miguel Asa
Paz Martínez: una prieta como la poeta mayor
Una mujer con manos de piedra y mis ojos

me instruyó para ser puntual pero nunca pudo
pasó 18 años conmigo hasta que le dije
            -madre, quiero ser poeta
quiero volar sobre barquitos de papel
escribir sobre el insomnio
caminar por las calles en llamas
ella me miró y con una gran sonrisa dijo
María Ausencia

No sé qué dijo. No supe de las gaviotas y su horario habitual. No tenía en mi agenda un plan como este. No existía este destino en el derrotero. No recuerdo el color de las bicicletas, incluso, no tengo presente el sabor de los tacos. Sin embargo, existe un esencia que siempre me ha acompañado. Supe de cuerpos y espíritus por ella. Supe de energías por sus abuelos. Supe de mi raza por sus dolores y por sus triunfos. No sabía de nada. No sé qué sintió, nunca sabré cómo fue su dolor al parirme, pero por ella estoy aquí. Tiene nombre y no. Elvira, en ocasiones Paz, así le nombró el barrio. Paz aquí, Paz allá. Y uno como cacahuate en las faldas por todos lados. Y contemplé cuerpos, energías, formas de vida. Una antropología infantil que me construí. Paz ha sido un destino para muchas personas. Ha sido una nostalgia completa desde que la conozco, que no fue hace poco. “Doña Paz”, como la conocen en el barrio, en una parte de Loma Dorada, en Tonalá, Jalisco, ha sido una persona divertida, le ha bailado a todo, le ha puesto el tope a todo, en sus conocimientos y en su comprensión, pero ha dado río y ha nutrido, y vaya cascadas han surgido.

En el barrio saben que hay una señora que de sus manos surge una fuerza que no comprenden. De sus manos, torceduras, sobaduras, tés, escuincles, la tarde, las piñatas, las posadas, la regla, el acompañamiento, la contribución, el espíritu, el hombre, la mujer, el niño, la niña, ella misma. Paz ha sido una enseñanza de carácter, mujer de rica tradición y de un conocimiento impecable de la música y del cine mexicano; contribuyó en mi educación de una forma sustancial, directamente en mi quehacer literario, para cuestionarme mis raíces, para preguntarle al sol sobre el poder de nuestra piel, para amar con toda la entrega posible, para andar a solas con la sombra sin temerle al árbol, para hablar con los espíritus cuando están detrás de los arbustos a la media noche. Nos lastimaron. Nos lastimamos. Pero ella siempre ha sido de una fuerza impecable y he aprendido a dialogar a la distancia de palabras y sentires. 

Siempre se ha entregado por otras personas. En la poética de Paz hay un valor extraordinario de convivencia, todo o nada. Hay que ver la raíz, darle vueltas y observarle con el sol, el hambre se sabe de primera mano. Mujer nacida en en una parte de la huasteca de San Luis Potosí, de familia de origen indígena, ha hecho de su transcurrir una vida de compartición. No hay que quedarse con nada porque luego es más difícil limpiar el espacio. Y la carretera será siempre un ir y volver.

Elvira Martínez, mi madre, es melodía de un sólo volumen. Mi madre no escribe ni dice qué hace, sólo existe y canta, camina y observa. Mi madre me cuenta sus cuentos. Sus poemas los escribió y los perdió por ahí. Pero me dice de sus fotografías. Me dice de sus archivos. Me dice de nuestra memoria y desde ahí encuentro al tacto. Mi madre me enseñó de cuerpos, de nervios, de músculos, de pesadumbres y de acciones. De ansiedad y de ecos. Mi madre me ha dicho sus secretos como mujer porque estuve con ella desde pequeño. Me brindó su cuerpo como cuna. Me enseñó el alivio de los libros. Mi madre se ensució las manos que curan por ser manos que limpian y en mi colegio nadie lo sabía. Mi madre se puso mil máscaras delante de mí. Mi madre ha sido mi rincón, mi libro mayor, la poeta mayor, una prieta que sabe de manos y de olores.

Mi madre ha sido entrega, hasta el infinito. Mi madre me habló de las pequeñeces, de sonreír, de dar el saludo y las gracias, siempre las gracias. Mi madre, la Prieta, es mi reto constante, ella es mi moda, mi forma de ser, mi música, mi trabajo, mis secretos, mis gestos son de ella. Mi Paz ha sido la filósofa que más me ha cuestionado y nadie más tiene oportunidad de rebatir a sus ideas. Ha sido paloma, duende y astronauta. Mi madre se ha convertido en la lucha de mil luchas. Mi madre es una de esas mujeres que son porque se vivieron en una plenitud de resistencia. Mi madre es una humana en resistencia. La Prieta ha sido los volcanes, los perfiles, los suburbios, la sed, el esfuerzo, la complejidad, la confianza, la seguridad, la valentía, el coraje, la sostenibilidad, la lotería, el perfume, la carne, la música, el hueso, la espalda, el nieto, la sobrina, la familia, la distancia, el viaje, la migración, la renovación, la historia, el barrio, la plenitud, la secuela, el pueblo, el mercado, el tianguis, la magia, los carritos, las canicas, los tacos dorados, la jericalla, los jugos, las caminatas, la unidad, el 231 y todo lo demás, la subidita y la bajada, mis glorietas y mis sueños, la voluntad, el equilibrio, la desgracia, el lamento, y muchas veces, siempre lo he visto, el alivio. Y desde que tengo memoria, ella es Tonalá.  

Ella me enseñó a cantar. Ella me enseñó a bailar. Ella me enseñó Zapopan, Tonalá, Tlaquepaque y Guadalajara. Ella me dio vueltas en los camiones y nunca me dijo nada. La Prieta ha sido tregua, alimento, crecimiento y expansión. Mi madre no sólo ha sido mi madre. Ha sido una alcancía de alcances desmedidos. Yo no sé mucho, sólo me levanté con ella a limpiar oficinas y fui yo, ahí andaba, en la limpieza de muchas horas de aprendizaje. Mi madre ha sido la cumbia, la salsa, el son y el danzón. Mi madre es el café, el cigarro, el viento. Compartir con las personas ha sido su suerte. Ha sido su incondicional amor lo que construyo eso que me ha entregado la vitalidad para ser quien soy. Mi madre es Puerto Vallarta, San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato, Morelia, Quiroga, Atotonilco, La Barca, Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Tepatitlán, Tototlán, Ocotlán, y mucho norte.

Mi madre se escondió por aquí y por allá. Le hizo a la muchacha y al muchacho. Se volcó en secretos. Mi madre es una evidencia de la postrevolución. Mi madre es una huella profunda de México. Mi madre anduvo en tren con la sobrina de no sé quién, hija de sabe quién, y se miró las faldas con la emoción de ser siempre una ola. Mi madre trabajó como la masajista de Maná y yo un eco de sus canciones. Mi madre me enseñó el rock y la arquitectura. Tomaba agua mientras veía a los artistas sanar con su dolor. Mi madre estuvo aquí y allá. Si mencionara el nombre de cada una de las personas que fueron a casa no terminaría un poema ni cinco libros. Mi madre ha sido la profundidad de nuestras melodías. Mi madre ha sido dolor, un constante dolor y nunca nos ha dejado sin cobijo. Tengo muchas terceras personas a las que amo mucho y son con las que ella me dio la paciencia y la fortaleza para contemplar su florecimiento.

Doña Paz ha sido la vecina que expande las mañanas con su escoba y sus saludos. Le encantan Los Panchos y ver series de ciencia ficción. Mi mamá construyó cielos y los deshizo. Mi madre habló de la libertad mientras me comía unas cañas. Mi madre ha sido el supuesto de la nave cuando ha sido la nave misma. Mi madre ha sido todas las semillas, todas las hurracas, los diamantes y los poemas. Mi madre ha escrito con sus manos en miles de cuerpos. No me traten de enseñar. Mi madre ha sido enfermedad y hastío, y también alivio, secuela y profundidad. Mi madre ha sido barrio y bien barrio.

Me enseñó el brillo de la bicicleta. Me dijo cómo ser tulipán en madrugada de desgracia. Mi madre resistió desde su entendimiento bajo un sistema que nunca le ha agradecido. La Prieta es un poema que nunca podré escribir. Es tan compleja su sonrisa y su estigma que procuro los labios rotos y los huracanes a sueldo, es más barata la supervivencia que un cacahuate con raíz. Hay que construir una memoria. Hay que estar satisfechos siempre. El poema se siente. El poema se comparte y aquí andamos en vida. Se escucha la noche y la ráfaga de su memoria me ha sorprendido. La Prieta ha sido un augurio y un lamento, el canto de la ranchera con grito de ardor, el beso de buenas noches que alivia la recompensa del trabajo, la palabra activa del quehacer, la aventura de estar a distancia, la libertad del camuflaje, el pensamiento de la fragilidad, la vulnerabilidad y toda su fuerza como un eco de camino. La Prieta no ha sido poeta pero ha creado poemas sin medida. La Prieta es esa esencia que nos habla de lo que somos, de lo que preservamos, de lo que nos inquieta.

La Prieta ha sido una sustancia fuerte, ha sido una fortaleza que nos ha dado pauta a sus designios. Mi madre ha sido el eslabón que ha sostenido la cadena de mis ideas. Mi madre ha sido el diálogo, la furia, el enojo. También ha sido la sonrisa y la belleza de las madrugadas. Sus caminatas han sido mi paso y su paso ha sido una recompensa desde una mirada transparente. Mi madre ha tejido mis ropas, ha zurcido mi desorden y siempre me ha abrazado con toda su sencillez. Mi madre es una guarida de alegría que sostiene a una ronda de huracanes a su alrededor. Mi madre ha sido una tenacidad cercana a la palabra. Ha leído lo que no sé y ha escrito con su voz cada que la encuentro. De sus manos obtuve la mayor herencia posible, la calidad para sentir, para convertir el dolor en paciencia, para conocer la capacidad de las mías.

Ella, la Prieta que una vez me vio partir en bicicleta y que me vio llegar hace 39 años, no es la mejor, pero es esencial para mí. La Prieta, la sobadora de miles de personas, la que me reestructuró mi brazo, la que me aceptó en faldas, la que me ha apoyado en cada locura, la que me ha injertado en mis manos el poder del masaje, la que me dio libertad desde pequeño, la que me entregó a manos ciegas y fortaleció cada paso para ser lo que soy es una prueba de la tonalidad del canto que me ha brindado. Ella, siempre, la que me enseñó a compartir lo poco que he tenido es la potencia del corazón que me he construido. No hay poema más grande ni más fabuloso que la picadura de la voz de mi Prieta.

Siempre ha sido paciencia y escucha, mi evolución, mis caídas y mis ausencias físicas. No ha sido juez ni rebeldía, siempre ha sido la voluntad, el árbol, la mañana y la soledad. Mi madre es la distancia, la creadora de los seres que me enseñaron a valorar la vida. Mi madre ha sido la potencia de las lámparas. Sus manos han esculpido dolores como una letanía de suspiros. Le conocen así propios y extraños. Y muchas personas han vuelto toda su vida a las manos de mi madre. Siempre han estado presentes miles de personajes, personalidades y voluntades. Mi madre curó en su exaltación. Podría repetir la historia pero son sus manos las que han estado al tanto de la evolución de los cuerpos. Mi madre es una sabia que nos dos veces existirá en México. La Prieta sabe estorbar y lo hace con gracia. La Prieta es esa mujer que bailo por doquier y disfrutó. Le entro a las trompadas y a los chocolates. Hizo magia en la Constanzo, aquel chocolate potosino con el que identifico una parte de mi vida.  

Pero Paz no sólo es eso. Hay una tremenda línea de la cocina que no entiendo. De sus manos no sólo ha surgido el alivio físico. Sino que también nos ha llevado a superficies de la cocina a otros niveles. Su mole es uno de los claros ejemplos que han dado de qué hablar, alguna vez en una tertulia colectiva nos bañó de su sabor. Pocos supieron. Mi madre siempre ha estado atrás de mí. Y su sabor que permanece en cada enchilada que nos hemos comido en la familia y que también han llegado a más personas que han probado de ese platillo. Tenemos la receta que abriga con calor de un dragón. Las enchiladas potosinas de la Prieta son un menjurje que añoro todo el tiempo. Es el platillo con el que me siento más cercano a México. Mi madre es todos los sabores.

Pero la Prieta es una persona de altos vuelos. Ha sido el tiempo de mucha memoria, de aportar a lo que es la cultura, lo que es la forma de vivir, del conocimiento, de la compartición, de la secuencia, de la inocencia de muchos infantes, gobernadora de las flores, de las tristezas de los vientos, de la cosecha de la vida. La Prieta ha sido siembra, campo, y semilla, y aquí ando yo. La poesía es un transcurrir de las manos sobre la piel del universo. Gracias Prieta por todos los eslabones que has construido a mi alrededor. Siempre te amaré, a tu mole y a tus enchiladas potosinas. Vida eterna morenita mía.

Grado 3: el aroma de las letras

Letras, libros y amistades. Foto: Miguel Asa
Grado 3: el aroma de las letras
Una cámara que entrega la apertura al universo

Tu voz hace un imperio en el espacio
Vicente Huidobro

Las palabras siempre superarán a una imagen. La fotografía nos puede colocar a favor y creer que lo hemos descubierto todo, pero no es así. Las grafías tienen algo ya de por si complicado, y es que cada una tiene una función y en reunión con otras grafías surgen más funciones y así con más grupos de diferentes números de grafías, siempre, hay más y más funciones. Una dimensión que desconocemos y que nos permite entablar una vinculación mágica, severa y voraz. Las letras, en su reunión, para cual sea su función, tienen el fenómeno natural de comunidad, de ser de uno para otro, así como lo hago yo contigo. ¿Ves? La bicicleta se ve mejor que cuando antes. Al parecer la pinchadura se resolvió. Ya sé. Sí, las letras son bonitas. Incluso, por eso me gusta la tipografía. ¿Sabías que hay infinidad de formas en que hemos representado a las grafías? Imagina todas las posibilidades visuales, las cómodas y las que simplemente surgen por desgracia.

Confiar en la palabra es algo que me he frecuentado de por vida. Sí, quisiera que tomáramos una especie de revuelta en la situación solar del universo. Pero eso ya es filosofía. En carretera necesitas hidratación, frutos secos, semillas, algo de dulces y fibra. Ya en el camino surge donde comer o es necesario proveer para ello. Pero lo tedioso es una pinchadura. ¿Cuánto quieres pedalear ahora? No. No te preocupes de lo que sucede con la llanta. Debe soportar hasta nuevo aviso. Cuando el tubular de la llanta se pincha de nuevo simplemente se repite la dinámica. Lo imposible es parchar una serie de pinchaduras. Eso es lo difícil. Y si no se puede, es necesario cambiarlo. Pero en sí, puedes sostener la bicicleta por un buen tiempo si la sabes maniobrar. Mira, la palabra surgió en mí como una celebración entre la imaginación y la realidad. Aquello que podemos ver y no vemos, percibimos o no, así como una concha de chocolate o un curado de pulque a pie de carretera. Todo se puede percibir con la palabra, siempre, como sonido, pero como permanencia, desde la letra. Aprendí a tener paciencia por la escritura y mucha tranquilidad con la lectura. Por aquellos tiempos, al momento de andar en bicicleta y ya con la cámara en mano, hubo obras diferentes que pasaron mis ojos. Sin embargo, Momo, de Michael Ende, fue uno de los parteaguas de mis lecturas. Eso fue en temporadas de la secundaria.

Desde niño contuve por leer enciclopedias, diccionarios completos e imaginar el arte de estar por ahí. En sus ilustraciones, en sus modelos de realización, aquellos libros de pasta dura y colores oscuros con fileteados dorados o plateados era mi fascinación. Así los libros de poesía de pastas duras como los de pastas inexistentes. Aquellos novelas de la literatura universal y de vez en cuando una historieta, o la revista aquella del deporte ráfaga que uno compraba para perseguir el vuelo ante la canasta, o de aquella serie televisiva que puso el sarcasmo político de moda y los personajes ya han roto la historia. La burla no termina y tampoco la literatura. Pero mira, puedes escribir en la arena. Ya leíste. “Gracias por persistir”. Sí, lo escribí para ti. Sabes que las letras te vibran y eso es fascinante. Sí, un poco de eso también. ¿También te gusta la filosofía? Qué buena onda. Te digo, el cicloviaje, como le dicen, es un aprendizaje enorme para entablar la sensación más grande del planeta: el corazón. Podrías hacer muchas cosas así. Las letras ayudan. Por eso esto que te cuento. Así la filosofía que, desde luego, nos posibilita la expansión del pensamiento. Elocuente. Así comienza la base literaria, desde el pensamiento filosófico. Me acerque solo a las grafías. Le busqué por aquí y luego por allá. Así descubrí por igual, a la literatura, el gran espasmo que afronta el ser humano, esa noción de lo que llamamos palabra, y que hemos determinado llamarlo lenguaje.

Sí, mañana pedalearemos unos 70 km, algo sencillo pues la carretera no tiene muchas cuestas. Sí, creo que podríamos arrancar temprano. Ya me dirás. Sí, la lectura me sirvió en muchos casos como reflexión de mi tiempo, fue el espasmo que contribuyo a las nuevas nociones de un gran diluvio. Esto, aquello de leer y escribir, fue un ejercicio que acompañé con un buen amigo. Nos prestábamos libros. Hablamos de las tramas. Corregíamos alguna opinión. Nos íbamos solos a las librerías y eso nos dio de qué hablar. Los libros nos dieron pauta. Títulos universales. En ocasiones autores desconocidos. Libros de viejo. Viajes en el libro. Libro en la secuela. Libro como suspenso. Libro en la familia. El libro nos llevó hasta dónde no te imaginas. El libro fue una trama peculiar. El libro me permitió ejercer una reunión de grafías que cambiaron la perspectiva de mi vida. El libro fue un medio que voló mi cabeza y nacieron los momentos naturales, los viajes, la sencillez del planeta. Los libros fueron una entrada al mágico mundo de la poesía. De ahí que cumpla con aquellas palabras de Friedrich Nietzsche sobre ella en la que manifestó que la poesía es la mayor partícula metafísica que el humano ha creado. Y de ahí nos vamos a recorrer la imaginación. El libro ha sido una puerta en la consagración de cada viaje. Sí, algo de lo que te cuento también irá en un libro. Estas son nuestras vidas, nuestras formas, nuestras interpretaciones de la realidad. No hay más que dejar. Casas y eso por igual son huellas, pero todo cambia. Una cosa es la materia y otra el conocimiento posible. Por ello un libro es necesario en vida. Si te contará que también traía libros en la bicicleta en aquel viaje. Sí, a cada paso y en cada población siempre alguien me daba un libro. Una historia de alguna fotografía, una historia sobre una serie de amigos en un departamento en Nueva York, en ocasiones el cuento alegre y colorido y otras el del silencio y los insectos. La poesía como feroz sentimiento. En temporadas de secundaria uno toma a la palabra como método de nuevos caminos. La narrativa es el paso a la aventura. Y el teatro, qué decir del teatro. Te maravillas. Entre géneros aprendes a galopar de diferentes maneras. Pero el libro siempre será el libro. El libro es música. El libro es historia. El libro son matemáticas. El libro es arte. El libro es un oficio. El libro tiene referencia en la gastronomía. El libro tiene el fundamento de esparcir todo lo posible que viene y que se recomienda por las situaciones de la vida. El libro es una canción para todos. El libro es aquel atardecer en que un cuervo te acompaña en la vereda del desierto. El libro es aquel huracán que se quedo en la memoria de los pobladores. El libro quedo en la huella de tu bicicleta. Una vez una, otra vez otra, y las bicicletas han cambiado. Las bicicletas han mostrado su valor y su sentir al estar contigo y alejarse por cualquier razón. Las bicicletas son amables, el espíritu de uno es la conformación de nuestros libros. Así la evidencia de la letra en este ejercicio: el libro.

Sí, vamos a pedalear y con cada avance escribimos nuevas palabras. Uno se subió a la bicicleta a los cinco años. Ya te dije. Sí, el Viejo fue quien me impulso. La Prieta me curaba las heridas. Todo fue una partícula de avance. La bicicleta, la fotografía y los libros. Jugábamos a la extensión de la imaginación entre esas materias. Uno pedaleaba por las calles del barrio imaginando los grandes paisajes de veredas con la aventura de por medio como si fuéramos unos grandes exploradores. La infancia se convirtió en un libro. En las secciones que hemos determinado cuántas veces no tiene la palabra. Un libro es emocionante. Un libro son los accidentes, las transformaciones médicas que le haces a tu cuerpo, las reparaciones del espíritu, los momentos que recoges en cada extensión de ser. El libro como respuesta posible a situaciones diversas. La palabra como interpretación de nuestro presente. El libro es la bomba que nos permite descalzarnos ante las y los demás. El libro es la montaña que ha formulado en las situaciones diversas que tenemos. El libro es una forma de crear más libros. Y así la serie hasta que se comporta el corazón. Tengamos por ahí la fortuna de escribir la serie y participar en todo lo que es. El libro como una comunidad. El libro como la lucha de muchos grupos. Así las y los poetas, las y los narradores, así las y los ensayistas. El libro como un horizonte del los horizontes. El libro como el vuelo de una mariposa. El vuelo como el nado de una orca. El libro como este cuerpo que me cargo y en el que habito. El libro como la resistencia del pensamiento. El libro como la historia y la permanencia de la especie. El libro como una batalla individual. Los libros. Las comas. Los números. Las palabras. Los libros tienen esa receta que no podríamos menospreciar. El secreto de los libros cada uno lo contempla a su manera. Un libro son las aves. Las aventuras y sus diversas formas de atribuir un paquete de narrativas, poemas y ensayos de diferentes maneras en vida. El libro tiene una secuela de enormes ámbitos y se compone de la posibilidad de existir en cada momento. El libro tiene la facilidad de explorar las situaciones que mantienen el esqueleto en comprensión. 

El libro es un libro es un libro es un libro y la broma ya viene en camino. Y el libro se queda como parte de ello, sí. Todo eso puede ser y más. Hay tantas cosas para decir de un libro. Algo así como un libro es una bicicleta. ¿Lo crees? Sí, para mi la bicicleta en la que viaje era mi pequeña biblioteca. Llegué a cargar hasta 40 libros de diferentes tamaños. ¿Te imaginas? Una de las alforjas era la biblioteca. Además de portar otras cosas del equipo de campamento. Ya sabes, que la lámpara, que el vaso y el plato, que el mechero. Pero fue divertido. Leía en el desierto, a pie de carretera, en las gasolineras, en las sombras de los árboles que me abrazaron. Leí en las viejas carrocerías abandonadas en media de la nada. Leí en las casas viejas y en las que alguien tuvo una historia. Leí en terrenos extensos de naturaleza, debajo del río. Leí en soledad, todo el tiempo. Leí en las particularidades del temor. Leí en las aventuras de saberme bien. Leí. Leí en la espesura de mi bicicleta. Leí en los balcones de los muros naturales. Leí en la casa del hijo, de la señora, del abuelo. Leí en el café, en el restaurante. En ocasiones me equivoqué, pero no dejé de leer. Escribir estaba entre mis secretos. Leí lo que pude. Leí el antecedente de saberme memoria. Leí y escribí e hice fotografías. Leí, amé y pedaleé. Leí, me amaron y pedaleamos. Uno sabe del choque en el que se dispone a estar. Leí para ser libro y recuerdo de alguien. Leí para trazar rutas. Leí de geografía, de fotografía, de arte, de medicina, de matemáticas. Leí sobre cámaras fotográficas, sobre tipografía, sobre el pulque, sobre las cuestiones de México. De otras vidas y de otros países también leí. Del amor por la luz y el desprecio por la oscuridad y viceversa. Leí sobre lo centauros. Leí de aquellas personajes que viajan en bicicleta. Leí de los poetas, de las configuraciones que tiene el cuerpo sobre el escenario. Leí sobre museología como de bibliotecología. Leí de la organización individual y del desastre social. Leí en inglés, en español y en mis locuras. Leí en una parte lleno de amor y otras veces desolado. Leí en el tren, en la bicicleta, en mis piernas, pero en movimiento. Así leí. De un lado a otro y no lo he dejado de hacer.

No se lee por compromiso social o porque debas entregar una serie de respuestas a la humanidad. Se lee por gozo y aprendizaje. Se lee para satisfacer más nuestro tiempo y el tiempo de los demás. Del conocimiento que podemos configurar y de las relaciones que podríamos tener como humanidad. La lectura es aquello que me permitió invitarte a este viaje. De otro manera tendría que haberlo hecho bajo práctica, y créeme, puede funcionar, pero si se tiene más información se facilitan muchas cosas. Es aprender. Somo seres sociales que tenemos vinculaciones con los demás. Sí, ninguna relación es especial, pero sí son únicas. Tienen sus formas de ser. La lectura me permitió aprender cómo debes de parchar una pinchadura. La lectura es una herramienta mágica.

Sí, hasta para acampar hay libros. Mira, en la alforja aquella hay uno pequeño. Te lo quería regalar. Es un libro sobre la ruta en la que estamos. Lo escribí hace tiempo. Sí, tiene muchas cosas de lo que me han pasado. Podrás darte cuenta de esta ruta de nuevo. Es algo especial. No lleves prisa. La hice algunos años. Tenía 30 años y estaba enamorado de mi soledad y de mi bicicleta. Sí, puedes leer todo. No hay nada que tenga que ocultar. La bicicleta me entrego una formidable forma de subsistir. La bicicleta es mi libro favorito. La abordas y en ella abres muchas páginas. La bicicleta es un libro que teje muchas cosas. La bicicleta es esa literatura que todos podemos abordar, es el viaje en el que nos podemos contemplar más humanos, más sencillos, más reales, la lentitud y el corazón se unen para avanzar conforme a nuestro tiempo y a nuestra fuerza. Una bicicleta es el ritmo del corazón y el libro de la vida. Una bicicleta escribe tanto sobre la Tierra y no dice nada. La bicicleta es una traducción de nosotros con la Tierra. La naturaleza es el libro más grande que hay y ninguna historia podrá superar su historia. Nadie escribirá nada igual con tantos detalles y con tantos mundos. Con tantos ríos. Los silencios, eso, ese artefacto que me aplasta. Nadie podrá tener esa dimensión de la naturaleza. Nadie podrá superar tales expectativas. Hemos organizado el camino. Los libros son parte de esto.

Sí, ese libro es mío. Hay varias cuestiones que me permitieron llegar a muchas partes. En ocasiones, nulo, y en otras más, divertido. Todo viaje fue el sentimiento de soledad. Pero existió en mí la posibilidad de recorrer todo lo que pude. Hice una estrategia para conmoverme a mí. Miré todo lo que pude. Descansé todo lo que pude. Jugué a ser capitán de diversas cosas. Canté como iracundo en las noches de las playas. Bailé con tenacidad en el fondo del desierto. Entre culebras y peces, aves y gatos, todo el viaje fue una órbita lunar. Es poco, pero aprendí sobre otros viajes. Los libros sí pesan, pero cuando te gustan los cargas. Es emocionante leer en cada lugar. En muchos espacios. En ocasiones duermes, a veces te dejas llevar. Muchas más no sabes lo que va a suceder. Y así queda la humanidad. Un día es el desierto y otra más la vida. Siempre solo y de pronto acompañado. Sí, duermes sobre libros, con los libros, por los libros, para los libros y desde los libros. Así uno avanza. Imagina. Esa es la pasión de estar vivo. De saber la superficie sobre la que tenemos la memoria de los sueños, y es que nos hemos convertido en algo que no podríamos definir a diferencia de todo el mundo. Tenemos la posibilidad de ser un gato, un libro con una cosa azul, una fragancia que posiblemente me ayude a columpiar en el esfuerzo de avisar sobre la meditación de la vida.

En ese libro podrás encontrar historia únicas. Porque sabes. Ese tiempo fue una nostalgia de muchas cosas, pero también varios libros. Y leí. Leí entre el mar, leí en el cansancio de las lomas. Leí solo. Leí con luz y sin luz, leí de una manera formidable, leí sobre las condiciones de la vida, leí sobre el amanecer de los horizontes, leí sobre venados, lunas y soles. Leí sobre culturas y tradiciones y aquí te entrego todo lo que pude vivir en ese viaje. Sí, no pasa nada. Mira, abre la alforja aquella, la de mi bicicleta. Además de ese libro te traje otra cosa. Revisa. Con calma. Es un multiherramientas. Sí, ese mero. Qué bueno. ¿Te gusta? Úsalo. Te servirá de mucho cuando te muevas. Te servirá de diversas maneras. En unas a solas, en otras en compañía. Pero siempre es un buen paso el que vaya contigo. Pero eso no era lo que quería darte. Ya viste. Por allá. Sí, más adentro. Revisa bien. Hay un sobrecito. Ese mero. Sí. “Escribir como pedalear”. Sí, lo pensé para ti. Pensaba dártelo antes del viaje, pero no sabía si tendrías gana, me pareció mejor dártelo ya dentro del viaje. Sí. La cosa ha cambiado verdad. Sí, apenas van seis días y estás emocionado. Esperemos para saber a dónde nos lleva la ruta. No te preocupes. Te contaré con calma. Sí, también cuéntame.

En ocasiones el silencio puede ser aterrador, pero es una calma que el cuerpo no entenderá nunca. El silencio es la voz del libro que se escucha entre nosotros. El silencio nunca pierde y nunca gana. Sólo está ahí. Personaje de suculenta palabra y efímero nido. El silencio es el libro que nos mantiene firmes. El silencio el suceso que debemos descubrir como el lugar donde se encuentran todas las palabras. La variedad de libros del mundo es el silencio. Escucha. El silencio se observa en el ruido de las cosas. El silencio es el mar, el ave, el viento que sopla detrás de los cardones. El viento es el silencio que no podrás callar. Ese es otro libro. La parte que surge de tu boca. Y de ahí la palabra. Y después como recordatorio la grafía. Y así el círculo infinito del lenguaje se concentra como el avance en el cicloviaje. Ahí es donde he encontrado los libros.

Así suceden las letras. Sí, son muchas cosas. Los libros son pequeños gigantes que vienen a la memoria siempre. Nos llenan el suburbio de colores. La escritura nos comparte las visiones de las comunidades. De alguna forma hablamos de los alcances y disfrutamos de la posibilidad de viajar, de movernos, de volar. Sí, cada libro es un traslado como esto mismo. ¿Cada día es una página? La vida misma es un libro. Hasta dónde vamos a llegar en ese libro. Y así sus autores. Así Alfonsina Storni y el mar. Y qué me dices del canto de Violeta Parra. Y de las aventuras de Sara Sefchovich con su amor mexicano. Y qué me cuentas de Julio Cortázar y sus viajes. Y qué manifiestas de las palabras desérticas de Rosario Castellanos. Y cómo respirar los versos de Roberto Fernández Retamar. De qué manera convierto el latido de las fotografías de Lola Álvarez Bravo a mi existencia. Cómo configuro las pinturas de Frida Kalho en tipologías de color. De qué forma me aproximo a la obra de Jorge Luis Borges. O simplemente, en qué momento me encuentro con la fragancia del grupo Noigandres. Hasta qué punto tengo que considerar a Tristan Tzara. De qué forma me reúno con el viento y los amores viejos. Cómo le digo a Gabriel Said que sí pude leer en bicicleta. Hasta qué momento de la vida podré recorrer estas páginas. Cómo le digo a Silvia Plath que los versos son menos que dolor. En qué cajita se le obsequian unas palabras a Carlos Monsiváis. Cómo despierto de la selva a Gabriel García Márquez. Cómo le explico a Juan José Arreola que la vida en bicicleta es más que una feria con bestiario. De qué manera uno construye el fotograma de Germán López “Tin Tan”. Hasta qué fecha es posible saber cuándo va a llover como Pedro Infante. En que voces de María Felix se queda uno. En qué suspiros de Ibrahim Ferrer se cuelga la canción. Pero en qué parte de César Vallejo se vacía la casa. Cómo abrimos los inviernos Michelangelo Antonioni. Cómo es que uno gira con la obra de Gal Costa. En qué momento tantos libros por tantos libros de tanto libros. Sí, la literatura y las artes también son libros. Y Juan Rulfo qué me dirá de sus espíritus.

El paseo por la mañana es tu lectura matutina. Y es libro. Y así la canción del remedio del avance. Así el corazón del violín en el límite de la canción. Se convierte en libro. Y sí. La lectura como el pedaleo necesita respiración profunda. Sabernos paciencia y atentos a la profundidad de la página. Lo escribí con pluma porque se puede borrar durante el viaje. Sí, es un cuadernillo que hice para ti. Es para que lleves tu diario de viaje. Sí, cada día tendrás algo nuevo que apuntar. Sí. Mira. Todo lo puedes tener. Siempre es un momento muy grande el que sepas que hemos llegado a escribir. Sí. Es posible. Tienes que observar los detalles de lo que tienes alrededor. Eso es importante. En sí, hay muchos métodos. Pero es tu oportunidad de escribir como tú quieras. Escribe lo que quieras: la forma de una piedra, el cuento del mecánico de aquel poblado, la cena que preparaste, la historia de los transportistas que nos encontramos antier, el convivio con las chicas que viajaban hacia el sur. En carretera todo es posible. Puedes hacer amigos por doquier. Siempre hay que abrir la posibilidad de entablar diálogo donde sea. Es la forma de ser humano con el resto de los demás. Sí, multiplica tu palabra. Cada persona puede tener una historia, un libro, la diferencia de cada renglón en tu vida. Así es esto. Leer es dialogar. Leer es más que una posibilidad de descubrir. Leer a las personas. Sí, sus gustos y sus pasiones como sus sentimientos y sus emociones. Debes de cuidar a quien te rodea. Lo que se pueda. No importa si es un extraño. Nunca sabes de quién podrás necesitar ayuda. El momento es una pasión. La lectura el caudal de los momentos más divertidos que he tenido. Mira, ha pasado un delfín. Sí. Está por allá. Sí. Van hacia el norte por estas fechas. Se mueven. Casi ha terminado la temporada. Pero veamos hasta dónde nos puede llevar este ritmo de viaje. Hasta dónde crees que sea posible viajar. Date la oportunidad de leer lo que quieras, de escribir lo que veas y sumérgete en el provechoso momento de tu existencia.

Sí, escribe los detalles como quieras. Piensa en que de hoy en adelante ese será tu libro. El libro que pensaste es el libro que manifiesta ese espacio tuyo. Ese espacio en el que existes, en el que te colocas y en el que vives. De ahí es como debes de entregar tu lectura. Hemos pasado una variedad de viajes a bicicleta para poder escribir eso que tienes en las manos. Hemos pasado por diferentes rutas de Jalisco. Hacia la Costa Sur, hacia la Costa Norte, hacia los Altos, por la Ribera de Chapala, hacia la Sierra Sur, hacia la zona Valles y la zona Ciénega, del rancho al bosque, de la ciudad al poblado y por doquier. Carretera o terracería. De día o de noche. Solo, siempre solo. La búsqueda es el contacto de la velocidad. Es el libro que ahora comenzamos. Esto es algo pequeño. No hemos avanzado mucho. Pero dale con tiempo. Ya aprenderás sobre todo ello.

Tu bicicleta es tu pluma. Escribe lo que quieras. Es tu vuelo. Y lee lo que desees de ese libro. Es sólo una parte de los periplos. Hay más cosas y otras temporadas que pasaron por igual. De viajes de raite y en auto. He manejado Jalisco por igual. De raite por todo México, o una gran mayoría. Pero sí. Eso ha sido las consecuencias de la vida. Lee. Ya me dirás. Hoy quiero cenar un caldito de verduras. Sí, compramos suficiente café. Así es. Leer fue la palabra que me llevo por muchas escuelas, a pintar murales con mucha chaviza y a intercambiar labores sociales. Leer es la multiplicación de la experiencia. Aquí te dejo tu vaso. Sí, traigo algunas plumas y algunos marcadores. Me dices. Siempre es bueno escribir a papel. En un viaje mucho más. Un cuaderno tiene mucho valor. Es tu propiedad y tus ideas. Recupera lo que puedas de tu vida. Escribe por igual. Haz o posible. Es divertido. Y sí. Podríamos viajar más tiempo, pero ya veremos cómo te sientes. Recuerda que debemos pausar en un momento de esta semana. Sí, puedes servirte. Yo iré a caminar un poco por alrededor y regreso. Necesito respirar un poco a solas. Pero observa. La luna ha llegado. Se ve que estará maravillosa. Disfruta. La soledad de un libro está llena de aventuras.*

 

Grado 2: la contemplación de los colores

Kodak 97X Compañera Instamatic. Foto: Miguel Asa
Grado 2: la contemplación de los colores
Una cámara que entrega la apertura al universo

Nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Vicente Huidobro

Sí, la herramienta está en la alforja delantera. Puedes vaciar todo si quieres, sinceramente no tengo prisa. Mira, esta fue la cámara con la que comencé a hacer fotografías. Es un regalo del Viejo, la usábamos en aquellos viajes de los ochenta. Algo peculiar, usaba unos cubitos transparentes que funcionaban como flash. Eran desechables. Funcionaban algunas fotografías y tenías que reemplazar. Ya sabes, la tecnología ha sido prueba y error, y más error que nada. Al final aquí de diferentes maneras. Es necesario desmontar todo para cambiar el tubular de la llanta. Sirve que la limpias por completo y verificas que no tenga otra posibilidad de pinchadura. Quisiera saber cuántas fotografías realizamos con esa cámara. He pensado en reutilizarla, pero no lo sé. Ahora funciona como una caja de recuerdos. De esas fotografías quisiera saber cuáles son las que quedan aún en el archivo.

Desde que tengo uso de razón comencé a presionar los botones de las cámaras en todos los eventos que estaba, así fueran familiares, escolares o personales, siempre, me involucraba en hacer algo con la cámara. Llegó un momento en la primaria que la cámara se volvió mi compañera. Fu un objeto que logré apreciar con mucho amor. Me encantaba poner a las personas bajo diferentes posiciones ante mi perspectiva. De ello tengo muchos recuerdos, incluso, mis regalos de cumpleaños y de ese tipo de fechas no fueron juguetes, fueron cámaras, rollos, y en ocasiones, cupones de descuento para revelado e impresión, revelado o sólo impresión. Cosas que hoy día hemos perdido. Ahora todo mundo piensa que una fotografía se hace con tan sólo un clic y no se esfuerza por tener lo mejor de la imagen. Es ridículo. Pero quisiera que te fijaras muy bien en las fotografías que he estado armando durante todo el trayecto. Tienen algo de simplicidad, pero dentro de ellas se encuentra una potencia divina que sobresale en cada una de sus composiciones. Eso es el ejercicio del ojo: es necesario contemplar para no perder los detalles de lo que somos. Es preciso que sepas utilizar una cámara fotográfica. Es vital que sepas dialogar con los colores, siempre, con toda la naturaleza. Eso es lo que hacemos las personas cautas, observamos con detenimiento, y luego, poco a poco sacudimos todo el éxtasis de lo que tenemos al frente.

Mi primera cámara fue una Kodak, la 97X Compañera, y formó parte de la colección Instamatic. La crearon en Brasil en 1983, lo que significa que es un año más vieja que yo. Nací en noviembre de 1984, por algo me dicen modelo George Orwell. Con esa cámara capturé mis primeras fotografías. Su película era el formato de 126 mm, algo imposible de encontrar por estos días. Pero bueno. Con esa cámara logré tener el espíritu de la luz con la química. Se trata pues de uno de los horizontes que me permitieron emerger dentro del sistema que hoy procura mi vida. Sí. Muchas personas no saben que durante un tiempo estuve en la fotografía. Que hice fotografía de paisajes, retratos, desnudos, conciertos y un sinfín de duermevelas. Incluso, hasta me he dado la oportunidad de perder todo para volver a surgir. Si te dijera que mi archivo fotográfico pereció en un asalto no me lo creerías, pero así fue. Así que lo único con lo que cuento son con algunos negativos embodegados en unas cuantas cajas, mismos que quiero tengan su potencia en un archivo digno donde dejarlos. Sí, ponle suficiente pegamento, pero antes debes de raspar el área. ¿Ya encontraste la pinchadura? Sí, se siente con los labios o las mejillas. Sí, quisiera un bote con agua, pero debes aprender a hacerlo lo más rápido posible. El silencio y la sensibilidad de la piel es lo necesario, por la pinchadura sale un breve aire, ahí encontrarás la sección que debes parchar. Pero eso sí, debes de tener mucha fe en que podrás hacerlo bien, es un ejercicio de paciencia y de fuerza. Parchar una llanta a solas es una de las cosas que me ha entregado mucha paciencia en carretera. Ay. Qué belleza. No me distraigas. Sí. Ya podríamos haber despegado, pero tengo gana de estar aquí unos días más. Hay algo de pan tostado. Quiero ir a nadar. Vamos. Antes, deja te hago una fotografía, me encanta hacerla de mecánico personal.

El agua es algo que la fotografía requirió durante mucho tiempo. Así como te sentiste después de nadar, el agua da otra vida a cada negativo, a cada pedazo de papel, a cada instante que uno ha querido atrapar desde una cámara mecánica. Ahora todo es un clic y es tan efímero que ya no se siente el deseo de aquellos momentos. Quisiera que supieras un poco de ello: sobre lo que era la sorpresa esperar a tener las fotografías impresas en las manos. La fotografía marcó un instante largo en mi vida, marcó una sentencia que se ha vuelto mi vestimenta nuevamente. He creado con muchas cámaras, en sí, la gracia de mis fotografías ha sido mayormente para mí. No he tenido un fin en particular ni comercial al usar una cámara fotográfica. Me ha gustado tener mi propia colección. Me ha gustado ser yo a través de ella. Pero sabes, uno es uno y con el agua cambia, tienes otra oportunidad de revelarte, de alguna manera, a tu contexto, a tu tiempo, a tu devenir. Se trata de una historia compleja. Quisiera decirte que una fotografía es una cosa hermosa. De alguna forma muchas personas te recordarán porque no estuviste en la imagen del colectivo. Así me pasó en la primaria y en la secundaria. Hasta la fecha soy el que tiene más fotografías de aquella época. Después tendría más textos que imágenes, pues la filosofía y la literatura me arrebataron los ojos para construir mis ideales, mismos que ahora te cuento.

Quisiera replantear lo que siento al ver que todo mi material se ha perdido y ha quedado distante, sin embargo, es una oportunidad para renovar todo el archivo y crecer otra vez con una nueva identidad, esto bajo todos los recursos propios de lo que soy ahora. Sí, también tomé fotografías sobre la bicicleta, de las más geniales. Sí, te puedo decir que esto que comenzamos a vivir es un momento auténtico, pues me entregué de manera abrupta a muchas condiciones con el fin de conocer mis límites, sobrellevar mi personaje en vida y saber hasta dónde puedo ser. Ahora conozco muy bien mis capacidades, mis límites y mis riesgos, cosas que me encantan y eso no cualquiera lo puede y lo reconozco. Estoy por descubrirte en una nueva etapa. No sé qué pienses, pero creo, eres una persona fuerte y colorida. Estas fotografías que siguen serán sólo para darnos una evidencia de lo que vivimos. No te preocupes por retratar todo, sólo hazlo con aquello que impacte tu momento, tu vida, y que creas, con todo tu espíritu, que va a trascender en ti. Si no es así sólo desperdicias batería. Persiste en lo valioso. Persiste en lo que tengas, en lo que vivas y no dejes, para nada, escapar una bella sonrisa. Las personas siempre pueden aparecer una vez, pero después no vuelven. Quisiera emocionarte por todo lo que viene de manera sencilla y discreta, pero serás tú quien lo haga. Lo único que te puedo ofrecer de momento es algo breve de teoría. Sí, hay más parches. No te preocupes. Acá tengo más pegamento. Regularmente pasa, se abre así porque no traes protegido el tubo. Dentro de las alforjas sucede constantemente. Con la presión de alguna cosa u otra suele pasar, y al rato, todo el pegamento en los calcetines, con la barra de nuez o ve tú a saber. Ahora lo resolvemos.

Una de las fotografías más bonitas que hice alguna vez fue cuando me fui hasta Tijuana en la bicicleta. Tenía pocos días de haber salido de Guadalajara. Recuerdo que fue una pinchadura en el cerro, no recuerdo su nombre, pero fue después de dejar la Ribera de Chapala, al salir de Jocotepec, con dirección a tomar la carretera a Ciudad Guzmán, allá, en Zapotlán el Grande, Jalisco, tuve que cruzar sobre el cerro que da por encima del pueblo de San Marcos, el poblado que abarca la primera parte de la sección de lagunas, posterior a él se encuentra la de Sayula. En ese cerro se pararon cuatro mariposas sobre la bicicleta a contemplar, con paciencia, lo ridículo que era mi servicio mecánico personal. Sin embargo, entre sus alas de colores y un medio día lleno de sol, logré parchar aquella bicicleta que para mí era todo un artículo de magia. No sabes lo que sentía pues era la primera terracería en mi viaje en solitario. Fue algo enorme descubrir que había llegado lejos y aquellas mariposas fueron el recuerdo de mi paciencia. La fotografía por ahí anda, o eso quiero creer, pero sí, fue un momento de destello, de suma contemplación y de un fortalecimiento mágico.

Así que toma tu tiempo y disfruta de la playa, disfruta de estos momentos porque no se repetirán. Sí, puedes parchar y limpiar de nuevo. Todo se puede sobre una bicicleta, hasta pasear un papalote si así lo quieres. Yo lo he logrado, pero de eso, tristemente no tengo una fotografía. Tengo dos manos y un corazón, y con ello, un mundo de imágenes guardadas en el refugio que es mi mente. Que si bien, no recuerdo todo, sí tengo una memoria que me permite recordar muchos momentos. De eso me siento algo orgulloso. Así tú, trata de observar lo que el mundo ofrece. Se trata de la alegría de vivir todo el color que se pueda. Tenemos muchas incertidumbres y muchas sin razones para demeritar a nuestras perspectivas, pero todo está ahí al frente, delante de nuestros ojos, de nuestros espejos, de nuestros sueños. Hacer una fotografía es hacer algo más que sólo tomar una cámara cualquiera y detener un momento.

No habrás de saber si no aprendes a contemplar. No tendrás oportunidad de observar el universo si no tienes la paciencia para revisar los detalles, cada una de las particularidades con las que se compone una imagen. No se trata de hacer por hacer, se trata de crear experiencias que en tu vida te permitan entregar una persona modesta y de pensamiento franco. Las personas constantemente se engañan. Una fotografía es por igual un engaño de nuestra realidad. Quizás, una de las mentiras más estrictas de la realidad, pues parece que es tal lo que vemos, pero realmente todo ojo cambia en cada perspectiva, todo humano observa lo mismo, pero siempre bajo canales y posibilidades diferentes. Quisiera contarte que he aprendido a sobrellevar la historia de mi persona dentro de lo que permanece. Que no te preocupe un parche o una llanta, hay cosas que se pierden a cada rato y que no se viven de la misma manera, una fotografía por ejemplo. Y es necesario aprender a recordar con paciencia dentro de los recuerdos que existen en las posibilidades de la vida.

Así pues, comprendí que para hacer fotografía no sólo se trataba de tener una cámara y saber de su funcionamiento. Tuve la oportunidad de descubrir la magia de la imagen con muchas y muchos personajes que me dieron paso a aprender fotografía de muchos tipos: moda, social, arte, paisaje, retrato, arquitectura, conciertos, de muchas cosas. Y con ello, y todos los aprendizajes obtenidos, obtuve mi propio estilo. Ya te diré cómo es. Hacer una fotografía es para mí un ritual, es una conexión con la historia del otro desde la propia. Por eso la fotografía es posible que se contemple como algo sensible, pues no todas las personas aceptan el apreciarse de otras maneras que no se conozcan, de ahí que provenga todo ese mito que las personas tanto se dicen al sentirse no ser fotogénicas.

Sí, el pegamento debe secar poco, luego le pones atención al parche de manera que lo presiones contra la tubular para contener un secado potente. Despúes verifica con la bomba de aire si ha funcionado. Sí, ese tubo de pegamento ya no servirá. Supongo tienes un desastre en la alforja. No te preocupes. Limpiamos y seguimos. Es sencillo. Pero si me preguntas como aprendí a parchar, no es lo mismo de cómo aprendí a fotografiar. Mientras estudiaba los inicios de la licenciatura en Letras hispánicas estuve un par de años en una empresa familiar dedicada a la fotografía. En aquellos años ya había pasado por muchos momentos, pero te cuento, estuve en el área de escaneo y luego en la parte digital. Si me preguntas por qué sé algo de esto y algo de aquello es por eso. Ahí observé detenidamente los negativos de muchas y muchos fotógrafos. Los negativos son las películas que se han revelado despúes de haber hecho las fotografías. Sí, así eran los procesos. Nada que ver con lo de hoy día. Así nos gustaba ahorrar película, usarla para el momento preciso, saber que el tiempo podía ser o no ser, descubrir que la toma era nuestra o no, saber si había estado todo bien calculado o había sido un rotundo fracaso. Eso fue la fotografía en aquellos años. Muchas veces usamos exposímetro. Esa herramienta que muchas ocasiones nos salvo de cometer un delito en contra de nuestras propias piezas. En ese lugar contemplé las fotografías de los luchadores que me gustaban, o aquellos retratos divinos que parecían de una película de terciopelo, o aquellas imágenes que resplandecían del verde exacto que menguaba en la naturaleza que las construía, o qué decir de aquellas mujeres y hombres que ha blanco y negro lucían sus cuerpos en formas abstractas por la luz o por la oscuridad, o de aquellos artistas en acción en el concierto de no sé que pieza. Todo fue una luz enorme. Miré cosas que parecían inútiles y otras tantas con mucho despilfarro económico, pero que al final de cuentas, cada cliente pedía lo que quería.

Descubrí en la fotografía el llanto de las sirenas, la náusea de los árboles, el ritmo de la mentira, el compás de los amores fugaces, el melodrama del tiempo, la virtud de la memoria, el sufrimiento de los pueblos, la magia de las estaciones, el poder de la naturaleza y todo, siempre, para quedarse en un momento mágico. Hoy día no sé cuántas imágenes se crean por minuto, pero supongo son infinidades de información que nunca habremos de contemplar en totalidad. De eso estoy seguro, me funciona seguir un poco austero. Toma en cuenta que parte de una fotografía es generar el amor al camino, al espacio, al momento, al instante. Es la oportunidad de resguardar contigo, en una de las artes más cercanas de la realidad de la vida, las visiones y aseveraciones que has tenido de ella. Sí, todos estos mares, todas esas montañas, todas esas páginas, todas esas personas, todo lo que te rodea, podrá ser o no, evidencia de tu recorrido, a lo mejor no servirá de nada, pero hay algo de importante, que quede para ti y los tuyos ya es suficiente.

No te has dado cuenta, pero te he hecho algunas fotografías mientras parchabas tu bicicleta. Sí, así es la cuestión, trabajar sin aviso, trabajar sin meditación. Hacerlo sin importar la cautela, el momento se va y no vuelve. Uno se puede convertir en alguien obsesivo o en alguien que fundamentalmente es un espasmo de momentos deleitables. Sí, porque con tanto, lo que uno ya desea es resguardar todo aquello que importa y no lo efímero del recuerdo, tus calcetines rotos o la cena de aquel momento en la calle de aquel poblado. Son cosas diferentes. El nivel de la fotografía valdrá por la historia que cuente. Sí, date la oportunidad de contar lo que desees a través de tu mirada. La mía ya está incompleta. Así pasamos de un lado a otro y vamos despacio entre todos los pueblos y las personas.

Haz una prueba. No siento que esté mal. Date una vuelta y si no estalla, es que sí funcionó. La cámara trae algo de pila. Vete a la distancia para hacerte otra fotografía. Pero sonríes mucho, que se vea el nivel de aventura que estás teniendo. Sí, sí, no intentaré hacer nada que no te agrade. Es una fotografía. No, es para nosotros. Solamente para nosotros. No lo tomes a mal, pero se ve diferente la bicicleta después de que la has desmontado de todo. Date la vuelta. Va y vienes. Aquí te espero mientras preparo la toma.*

Grado 1: la memoria despierta infante

Poesía en un ciclopuerto. Foto: Miguel Asa
Grado 1: la memoria despierta infante
Una bicicleta que tiene como raíz varias cicatrices

Es hora de ver el vuelo de una mosca ebria.
Un punto negro sobre la mesa gualda
y algunos libros que guardan desencuentros,
amores, el olor de las cocinas
y tal vez un biombo del siglo diecisiete.
Norberto de la Torre

Silbé hasta media madrugada. Contemplé la luna en diversas posiciones. Dormitaste, dormiste, te despertaste y volviste al sueño. Te quedaste en el sueño, en el descanso, y las estrellas hablaron con el mar, o eso me dijeron. Ya he preparado la fogata. Hice un pozo en la tierra y agregué maderos para tener café caliente. No sé si es cómodo para ti dormir en sleeping a la intemperie. A mí me funcionó en mi primer recorrido largo. Eran noches de viento y fuertes arenas, pero siempre mi cuerpo dormito como pájaro en el nido. A los originarios de estos lares les gusta un nombre en particular, pero no el que dicen que es. Tienen muchas cosas hermosas. Te voy a contar con calma todo. Hay muchas cosas que preservo en la memoria de mis músculos. Creo que ya está el café. Hay algunas huellas de animales cerca de nosotros. No te preocupes. Vamos a nadar y seguimos. Mira, un cuervo. Amanece y ya hay sorpresas. Quita con calma lo que no te permita despertar. Nade desde temprano. Digo nadar por decir que entro al mar e iracundo me creo sirena. Pero mientras pise la arena, el motivo está bien. Ya te dije que hay muchas cosas. No sé si recordarás todo. Sin embargo, acuño con calma que estas palabras se quedarán en la medida de tu existencia. Ya viste, fue un delfín. Sí, pasan temprano y van en grupos.

Te diré, seguro ya te has preguntado, qué sigue en este cuento. Primero que nada, toma un poco de café. Traje algo de semillas. Más tarde desayunamos. Este despertar me recuerda a muchos que tuve en varias carreteras. El vivir al ritmo de la bicicleta de una forma o de otra, es un complemento que pocos imaginan, y es que las piernas se convierten como en dos mariposas que no van a detener el vuelo. Mira, acá el sol sale muy temprano. Parece que es algo inevitable a lo que sucede en otras regiones. Pero ve. Mira el sol. El color del agua. Hay más café, por cierto. Quiero decirte que hemos hecho este viaje con un fin. No sé si alcance a contarte todo, pero espero logres conocer algo más de esta historia. Quiero que estés bien. El sleeping no es fácil. Pero seguro encontrarás momento. Debes adaptarte a todos los corazones que llegan de una vez por todas y fluir con ellos.

Quisiera decirte que estaremos siempre así, con estas posibilidades. No me gustaría cambiar nada en la historia que te contaré. Debo de ser preciso. Sí, parece que esto es ridículo, el mundo es tan grande y severo y tan bueno. Quiero que te detengas un momento en el día y te preguntes hacia dónde vas y cómo vas. Mira en tu imaginación, no hay otro camino. Sólo contempla y percibe. Espero que una bicicleta esté siempre contigo.

Hace tace tiempo tuve un accidente vial que cambio mi vida. Te diré. Algo que debes considerar es no arrepentirte de tus decisiones. Creo, lo único modesto en este perseguir de agua, es la utilización pacífica de nuestro cuerpo. La violencia es un estigma total en todas las personas, incluso, con nuestros cuerpos. Mira, por decidir algo terminé debajo de un camión. Pero es lo que hay. Un hombre con un brazo armado. Pero eso que ni qué, tengo la capacidad de hacer chilaquiles. La bicicleta es un balance de agua. Es como un volumen regulador que no sabes de qué se trata. Pero te digo. Yo comencé a pedalear a los 5 años. Mi Viejo era el que me empujaba sobre la bicicleta y daba ánimo al avanzar. Creo que tengo la herencia más grande que haya podido y eso lo valoro como no tienes idea. Sí, esas tardes de niño fueron lo que me dieron el sueño de recorrer todo lo posible en bicicleta. Espero un día lograrlo. El silencio de la bicicleta aquella no existía. Siempre andábamos en el momento de la ruta. Recuerdo que eran tardes en que nos íbamos a pedalear al monte. Aquellos momentos fueron muy gratos. Yo quería pedalear no sé qué tanto ni hacia dónde pero este ejercicio de divulgar la poesía y el arte se convirtieron en un motor en automático. Pero créeme, yo sólo quería pedalear, pero se sumaron más cosas en mi camino, y ahora estoy aquí contigo, en dirección a no sé dónde, pero en el intento de que aprecies lo que es esto. Es una oportunidad única. Disfruta.  

Te digo, la Prieta no sabe que estoy escribiendo esto. Le voy a recordar mi tiempo. He logrado tantas cosas inimaginables para mí. Te quiero contar de todo. ¿Será buena que se lo escriba? Ponle más madera. Sí, hay un poco de azúcar en la bolsita derecha. Ahí, detrás de la alforja negra. Sí, con calma. Dale vueltas y vuelve a poner agua. Sí, aún queda un poco. Te digo, la Prieta no sabe que estoy pensando en escribir esto. Quiero que me digas si te parece. Se lo quiero leer. Bien, pero deberé atender con calma. Hay té por igual. Sí, siempre hay un espacio para todo. No te sorprendas. Si sabes acomodar las cositas de un viaje, sabrás organizar los sentimientos en el pensar del corazón. Vamos a hacer cosas. Mira. Te digo. Estoy aún un poco dormido. Pero te cuento. Hace ya tiempo que empecé a pedalear, y de un momento a otro, la bicicleta me llevo a la primaria, luego a la secundaria, luego a la preparatoria y más después a la facultad, y luego, a escribir esta historia. Sí, parece que la bicicleta se adaptó a mi cuerpo como ninguna otra cosa. ¿A poco no me crees? Sí, así fue. Mira, si te digo que todas las cicatrices que tengo en el cuerpo son más caídas que otra cosa. La bicicleta es una gran enseñanza. Con todo amor a lo que sigue. Sí, ponle lo que quieras. Al rato, después de la caminata descansamos. En la taza grande, ahí es posible. Es de acero inoxidable. Sí, es de las que el Viejo me regaló en algún momento para viajar. Cómo ves, que se sentirá la locura de estar presente. Quizás la vida nos dio la oportunidad de sentir y de imaginar de muchas formas.

Pero bien, yo recuerdo que estaba en la preparatoria y jugábamos a ser libres, creí en la filosofía como el espíritu del universo humano y pensaba en la poesía como la herramienta más sensible de mi cosmogonía. Algo así como el tulipán que le entregué a aquella chava en un tiempo de diciembre. Si te dijera lo que es el amor cuando usas falda bajo un sistema en el que no conoces la trayectoria social de los individuos, te dan ganas de vivir con más colores y siempre de la sonrisa juguetona que te recrea. Sí, por aquella época ya había estudiado algo de informática y otras cosas. Nos pusimos serios. Pero es que siempre fue el camino al rancho. Y el viaje siempre persistió en mí. Así comenzó si es lo que me preguntas. Fue con la bicicleta. Los recuerdos más viejos que tengo en mí son arriba de un juguete de dos llantas. No lo sé, debería de recordar las bajaditas. Esas las encontré desde muy niño. En las bajaditas con la Avalancha, aquella tabla con ruedas más efímera que la desgracia mundial, fue un concepto que perseguimos muchos en aquellas épocas. Yo creo que esa fue una de las primeras maquinarías en las que mi cuerpo se modificó. Sí, tuve varias caídas y varías desgracias en esas cosas, pero eran divertidas, las bajaditas eran el premio mayor, y también, las posibles velocidades que alcanzábamos con la mejor de las lomas. Y es que no era sencillo. En ocasiones nos subíamos de dos y era todo un momento agraciado. Sí le dimos tenacidad al divertimento. Fuimos muy luchones para eso. Nos desbordamos un poco por aquí y por allá. Recuerdo que, en Tonalá, por aquellas épocas, teníamos la oportunidad de andar por el campo y los caminos que nos llevaban a más allá, hacia la barranca, y ya eras un explorador, y los días eran divertidos y todos muy juguetones. Pero te digo, la Avalancha fue uno de los primeros vehículos en los que volé. De ahí, vendría aquella bicicleta que el Viejo me regalo en aquel diciembre de inicios de los noventa. Quiero escribir todo esto que te digo porque ya se me han comenzado a ir las fotografías de la memoria. Pero quiero dejarlo todo claro antes de que este cuerpo se comience a modificar más.

Aquella bicicleta fue toda una experiencia. Tenía cinco años, te digo. Mi Viejo me impulsaba, pero más que todo fue un preciso momento de mi infancia en la que me entregué por completo a aquel vehículo. Fue una persecución muy grande. Fue una especie de cosa ponderada por todas las capacidades humanas y todas aquellas fórmulas de magia. Yo volé a los cinco años en bicicleta y fue mi Viejo quien me llevó a recorrer mis propios miedos. De alguna u otra manera. Estoy agradecido con ello, porque, si te dijera otra cosa, te estaría mintiendo y no quiero eso. Las mentiras no sirven, son un espasmo en el que la garantía de tu persona se quiebra. Para aprender a andar en bicicleta debes de permanecer eufórico en todo momento. Saber que la vida es una y ya, no más. Debes saber cómo dar vuelta y cómo anunciar, desde un punto u otro, tu permanencia en el camino. Unos dicen que andar en bicicleta es cualquier cosa. Así conozco muchos en la ciudad, pero no te dejes llevar. Muchos de ellos apenas si saben andar, y si se atrevieron, lo hicieron sin una causa natural. Pero debemos de ser abiertos y brindar una oportunidad. Pero eso sí, ve con cautela, que por más que se presuma a la bicicleta como bandera, no todas las personas que se bañan de ello son parte de su movimiento, pues como en todo, existe la falacia y la sin razón.

Pero mira. Ya llegaste aquí. Andar en bicicleta es una cosa que respira y sucede, que es y toma frecuencia. Que aplica y sigue desde la fortuna de compartirse. Que persiste en la memoria. Pedalear es aquello que te permite entregarte a ti mismo, entrar en el silencio, en el eco del piano. Pedalear en una bitácora de espíritus profundos, la acción en la que puedes reconocer a todas las imposibilidades del sueño. Pero estamos vivos y debes conocer que pedalear es el verbo que nos entrega una especie de sustancia que pocas personas comprendemos. Estamos pues en un momento único con nosotros mismos. No temas por ti, escribe, mira, lleva. Observar es una cosa muy importante. Mira todo lo que existe a tu alrededor y no te olvides de frenar con cautela. Así es posible andar. Sí, te digo, la bicicleta para mí es una entrega de sueño, ha sido lo que me ha llevado lejos y más allá de la inspiración, la bicicleta fue por principio una magia enorme en lo que sucede como sigue. La máquina se ha construido a lado de mi cuerpo como una evidencia de mi retórica y mi diversión placentera. Sí, todo tiene de hermoso el vivir y el exagerar, así que bien. Eso, por una parte, es la bicicleta.

Pero si ya te conté qué existe en todo ello, y por lo menos un poco, ahora bríndate la oportunidad de llegar más allá. Es posible que interpretes lo que desees, no menosprecies lo que tienes y engulle todo el té con calma. No llevamos prisa. Siempre eso, la prisa no existe, lo que hagas siempre hazlo con la menor presión y no dejes que el sistema social te arranque el enojo de tu cuerpo, esa es energía que se entrega de manera gratuita y ya no vuelve. Debes comenzar con la serenidad. La bicicleta es una máquina en la viene, te viste, pinta y calza. Debemos entregar una memoria de horizonte para seguir con ese ritmo. Vamos a pedalear, es lo que necesitamos con la constante que portamos. Hazlo con ese sentimiento de alegría. Con el fervor que puedes entonar de momento. No importa el desánimo. Es una locura todo lo que puedes ver arriba de una bicicleta. Por principio, aprendes del fervor de una valerosa y estruendosa máquina, y al final de cuentas, se viste y resopla en la cautela de los días.

Así empezó todo, si un día te lo preguntas. Fue con la sangre en las rodillas y en las manos, porque la bicicleta se quedó sin tiempo ni fuerza, pero sí en la esperanza del anuncio. Me fui de lleno durante muchas épocas, jugábamos siguilis por las calles del barrio. Nos metíamos entre el bosque de las orillas del pueblo, nos confiamos muchas rutas que ha desvelo nos permitían seguir en el camino. Primero uno, luego otro y así nos íbamos. Hacíamos ruta como salvajes capitanes de lucha en el espacio. Cada uno en un caballo virtual y en una imagen enorme. No la apagues. Quiero cocinar algo. De repente recordé que todos éramos unos escuincles de medio vuelo. No teníamos la cordura para confrontar a todos nuestros enemigos, pero sí a los propios, a los nuestros, a lo que nos calza en dos segundos. Decidí nacer en una parte hacia los sentimientos de los libros porque sabía que ibas a llegar pronto. Pero mira, hoy la bicicleta está ahí. Cómo ves. Es una especie de animal salvaje y fiel a tu destino. La bicicleta es una herramienta que nos permite reconocer la potencia de nuestros corazones, la paciencia de estar aquí a tu lado se debe a eso.

Si supieras cuántos kilómetros me permití pedalear antes de contarte todo esto. Es toda una aventura lo que sigue. Apenas vamos comenzando. Ya viste, ahí viene el sol. Ten lindo día y no te lastimes en saberte una persona aventurera. Quisiera decirte que para estar acá he llorado muchas veces. Pero en todo el camino, siempre se ha aparecido una mariposa, y cuando pasa eso al lado de la bicicleta, me contemplo desde mi propia soledad y agradezco.

Sólo para que te enteres, ya he llegado a la veintena de años como una persona creativa, o eso dicen las voces de buen agüero. Y bueno, parte de ello ha sido formular a mi persona entre los pedales, los libros y las cámaras. Porque si supieras, siempre hice eso, pedalear fue la primaria, fotografiar la secundaria y leer la preparatoria. Así que por etapas me di tiempo de crear de una u otra manera, ya te lo dije, esto es de una oportunidad única. Tienes que voltear hacia los rincones de las posibilidades. Es la bicicleta una herramienta que tuve que dominar primero antes de dominar al resto. Tuve que aprenderme los grados, los sentidos y los recursos de cada una de las partes de mi cuerpo, pero comencé por los músculos hasta llegar a mi cerebro. Durante esa época perdí la visibilidad completa de mi ojo izquierdo. Te darás cuenta de que es un milagro que pueda viajar en bicicleta.

Después de comenzar a pedalear, al par de años, en la escuela, en mero jugueteo primario, en la niñez, con la inocencia y bajo el poco tiempo de saber de los peligros, corrí el riesgo de casi perder mi ojo. Un compañero sin mayor responsabilidad en el juego me lastimó. El cuerpo de un lápiz se proyectó desde su mano hacia mi mirada. De ahí, no supe qué hacer. En aquel momento, bien recuerdo, era una mañana cualquiera. No me dolió nada. No paso nada. No dije nada. El temor de no saber qué pasaba me contrajo en las sustancias. La profesora de aquel momento no hizo nada tampoco. Y a todos estos años, me he perdido en muchas lágrimas incompletas, en paisajes desenfocados y otras cuestiones más. Pero soy afortunado. En aquel momento, a los días, notifiqué de mi situación y mira, hemos llegado aquí. Perdí la nitidez en mi ojo, perdí una parte de mí desde temprana edad. No sé qué es estar completo y ni lo sabré. Poco a poco, con el tiempo, me di cuenta de que comencé a apagarme desde infante. Pero esas son aventuras que uno decide. Pero nada de ello impidió que un buen equipo de médicos hiciera todo lo posible por recuperarme. La última imagen que tengo de aquella vez fue cuando, en el quirófano, bajó el sentimiento de una lágrima en un sueño mediático que poco a poco me otorgó la anestesia. Después, todo surgió bajo un parche blanco.

Pero aquello, no impidió celebrar mi cumpleaños número siete. De ahí, todo fue diferente. Lentes, médicos, cuerpos, medios sueños, bromas en la familia, muchas cosas que no sabría que iban a pasar. Sí, no paso a mayores. Todo se resolvió de manera muy tranquila, o eso recuerdo, pero en sí, nada volvió a ser igual para mí, ni para mi bicicleta, ni para todo lo que apenas, a mi corta edad, había aprendido.

Pero lo excelente de estar aquí, es la fortaleza con la que uno se arma en un pie tras el otro mientras dan vueltas en el centro de la bicicleta. Todo fluye, todo es, todo se crea, y todo sucede. Quisiera que ningún accidente hubiese ocurrido, pero es necesario confrontar lo que es con lo que se tiene. Sabrás, hay tantas personas en el mundo que no todas gozan de lo que se dice ser el humano modelo. Intenta ser tú. Encontrarás en el pedaleo una estela hermosa. Una suculenta rabia para aflojar todos los huesos será lo que prevalecerá en el camino. Pedalea. No importa el talento si no la persistencia. Dale. Ama. Pedalea. Y así, repite cuantas veces creas, pero una vez abajo, vuelve a subir. Y así, el ciclo no se detiene, si no que se queda en la duermevela del instante y persiste.

La bicicleta es una medicina que no todos quieren probar por su cualidad de ser auténtica. Se parte de la bicicleta como si fueras un huracán con el mar. Así, el talento no se pierde. Pero siempre, con toda la encomienda que precisa tu tranquilidad, ten paciencia. La bicicleta es persistencia. Es alcance, un reloj de muchos tiempos. Se abren heridas a cada rato, pero ninguna podrá molestar si te enfocas en el trayecto. Te lo digo por experiencia. Sí, no importa que quede a medio fuego. Es temprano para nadar y disfrutar antes de la merienda. Te dije. No hace frío. ¿Tuviste frío? Usa calcetines. Date tiempo. Es sencillo, pero tomará su tiempo ser parte del viaje. Sí, traje madera de alrededor, lo que pude encontrar. Sí nos alcanza. La bicicleta es como el fuego. ¿Por qué? Ya te diré pronto, de momento, con calma, voy por un poema. Deja lo persigo. Sí, pero no lo avientes lejos. Sí, hay más café y galletitas y poemas. Y la bicicleta, ya vi, amaneció ponchada. Te toca repararla. Ya vuelvo.*

 

Poesía en la casa: un primer recuerdo

Todas las versiones en quince años. Foto: Miguel Asa
Poesía en la casa: un primer recuerdo
Un movimiento silencioso ha generado renovación de lectura

Este texto se publicó en La Gaceta de la Universidad de Guadalajara en su sección O2 el 17 de febrero de 2014, bajo la edición de Víctor Manuel Pazarín.

Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa 
y tan misteriosa como su propio creador.
Víctor Manuel Pazarín

Mihi ipsi scripsi!
Friedrich Nietzsche

Leerla sin insultarla, sin menospreciarla. Leerla en el baño, en los caminos, en los parques, en los epígrafes, en los tacos, en la cama, en el columpio, en el sueño, en el esplendor del sol, en Tonalá, en el jardín de tu casa, con el amor, con el odio, con todo, pero leerla. Leerla como si fuera una pasta italiana, una sopa azteca, un trago de pulque, un raite por las carreteras, un orgasmo en pareja, una seducción del viento, un verso en el oído, una ironía en los huesos, un minuto de la vida y basta.

¿Acaso la poética de la incertidumbre tecnológica nos ha dejado devastados en un individualismo masivo? Hay poesía en todas partes: en los burdeles, en el sanitario, en la comida, en la vagina, en el pene, en la carne, en las tostadas de frijoles, en el burro, en el son jarocho, en Cuba, en La Gaceta, en Guadalajara, en su espalda y en la mía, en mi bici y en las ninfas. Hay poesía en las pendejadas de ellos y en las torpezas de éstos. Hay poesía sabrosa, que duele, que inspira, que idolatramos, que recordamos, que olvidamos y que siempre está ahí. Hay poesía de los miedos y de los egos. Hay poesía diferida y por consumo. Hay poesía de kilogramos y poesía del exilio. Hay poesía, siempre hay, y cuando no hay, nos arrepentimos.

¿Nos hemos convertido en racistas literarios con base en la moneda de turno? Hay poesía para niños, para los amorosos, para adultos, para viejos y hasta para muertos. Hay poesía aquí y en China, en el norte y en el sur, en el Este y en el Oeste. Hay poesía en tu nacimiento y en las etiquetas rojas. Hay poesía en las pestes y en las cóleras. Hay poesía de rato y poesía eterna. Hay poesía estéril y poesía que fecunda. Hay poesía rodante y poesía senil. Hay poesía en la muerte del más viejo, en el futuro del más nuevo. Hay poesía en las casas y en las montañas, en el mar y en el desierto. Hay poesía en la belleza del día y en el de su mirada. Hay poesía nefasta, maloliente sensata y cursi. Hay poesía premiada y la humilde. Hay poesía en los libros y en los nombres. Hay poesía en el nixtamal y en las manos de mi abuela. Hay poesía en México y mucha, mucha hay.

¿Acaso nos hemos vuelto autodidactas de los espejismos? Ayer mi madre y yo charlamos sobre la fuerza de sus manos al curar un músculo lastimado de una mujer joven. Ayer vi el cielo de colores en el tráfico de esta insólita ciudad. Ayer descubrí la sonrisa de un niño al verme sorprendido. Ayer un taxista me dio las gracias. Ayer pegué una calcomanía en el tren, otra en la casa del vecino, en el automóvil de mi amiga, en el teléfono público, en el local aquel, en la memoria de cinco mil gentes, en las paredes, en los versos ocultos, en los poemas olvidados, en los poetas arrumbados, en los besos, en la piel, en la propia poesía.

Y fue para compartir, para difundir, para leer. Fue para ti, para los de allá y los de acá. Fue para los de la tiendita, para el de los tacos, para el policía, para el banquero, para el mesero, para el chofer; fue para la cocinera, para la verdulera, para el merolico, para el estudiante, para la madre, para el tío, para el niño. Fue para leerla o ignorarla, para decorar, para comprender y analizar, para cuestionarse, para seguirla, para tirarla, para quemarla, para abstraerla, para criticarla, para pegarla.

Se consultan versos en las manos de los muertos, en las lecturas que hacemos, en las páginas que nos recuerdan que alguien existió, en las letras y aquí estamos para disfrutar y exagerar que la poesía no sirve para nada en estos tiempos, sólo para redimir el espíritu y ya.

¿Cuántos nos cobijamos en la poesía sin que seamos vistos? Ya lo diría en su momento, la poesía es para todos, no tiene cuerpo ni prestigio alguno, hay para el más jodido como para el más insulso. Hay versos que logran transportarnos para mitificar nuestras miradas en los versos de otros. Hay creadores y lectores, hay máquinas de escribir que desgarraron sus tintas en millones de versos, hojas blancas que sirvieron como espacios imaginarios de mundos felices y hostiles, y que, ahora y siempre, hay momentos para redescubrirlos. 

 

Grado 0: un viaje creativo para ti

Huracán, pasado y bicireportero. Foto: Roberto Maldonado Espejo
Grado 0: un viaje creativo para ti
Las letras de un trayecto para compartir la aventura

Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.
Y fui una noche entera
ámbito de su furia y su lamento.
Rosario Castellanos

Para Danale Rodo
por ser mi guía espiritual más grande

A 20 años del accidente que me cambió la vida

Hay muchas canciones que nos recuerdan algo. Hay una cantidad de imágenes que no hemos de olvidar y que resguardamos en lo más profundo de nuestras mentes. Hay un número indeterminado de palabras que hemos mencionado en todo lo que tenemos de vida. Hay una humanidad llena de pensamientos diversos, un constructo gigantesco de versos, trazos, caminos y más. Hay una inmensidad de sabores que en todos los rincones del mundo se ejercita por la naturaleza y las culturas que les rodea. Hay una infinidad de inventos para muchas cosas. Hay casas de todo tipo. Hay caminos de diversas dimensiones, dificultades y distancias. Hay poemas como montañas. Hay pinturas como hilos. Hay historia e historias. Hay un mercado y otro y luego otro y luego uno más y después, otro más, y así, sin acabar, siguen los mercados. Y cuando menos das cuenta, hay juguetes, hay tradiciones, hay bailes, y, sobre todo, hay muchas, muchas formas de comerse un taco. Hay un número de elementos que no sabes que se pueden hacer con la bicicleta. Hay cuentos escritos desde ello, poemas, y también canciones, por mencionarte algo. Hay elecciones y decisiones. Hay mucho amor. Hay plantas y animales. Tierra, agua, viento y fuego. Hay un crecimiento siempre, un movimiento que no se detiene. Hay alcancías moradas. Hay mariscos, muchos mariscos. Hay aguacates y plátanos. Que no se te olvide un café. Hay chilaquiles por montones y con muchas formas de preparación. Pero debes recordar que siempre hay una secuencia: la salsa no se sirve en el plato sobre los totopos, sino antes, es necesario una paseadita en conjunto sobre el fuego y ya está, dice el Viejo. Tú sabrás el punto. Los verdes y los de chipotle son mis favoritos. Agrégales fresa y el mundo cambiará contigo. Aunque los de pulque con pitaya me robaron el corazón y los de mango con coco me dieron una alegría que perdura aún.

También hay mucha ropa. Hemos aprendido a adaptar nuestras comunidades a muchos sitios geográficos. Hay un sinfín de ríos, de piedras, de climas y de paisajes. Hay mucha poesía, eso sí. Hay tiempo, hay paciencia y hay memoria. Hay días y hay noches, en ocasiones, los días noches y así de nuevo. Hay agua. Hay playas. Hay sierra y selva. Hay frío y calor. Hay soledad y hay mucho que pedalear. Hay desayunos como cenas. Hay personas, muchas personas. Hay amistades que no olvidas, y otras que con el tiempo se van a separar. Hay muchos renglones y también mucha imaginación. Hay una ruta, y luego otra, y así, sucesivamente hasta el último día de tu vida. Hay canciones, ya lo dije. Hay una secuencia enorme de películas. Hay muchas desgracias y mentiras por igual. Hay personas creativas como trabajadoras. Hay guitarras, baterías y trompetas. Hay triciclos, muchos triciclos. Hay motocicletas. Hay rock, salsa, jazz, mariachi, son, huapango, cumbia, y tanto sonsonete mágico que nunca terminaras de saborear las melodías. Muchas canciones en muchos locales de cada lugar. Si te dijera qué había en el puesto de aquella ciudad costera, o qué bailamos durante la lluvia de aquel diciembre, o qué escuchamos mientras cocinamos allá, al norte, o simplemente, qué sonaba mientras sucedía la receta. La música es como la cocina, son cosas que puedes amar.

Hay muchas locaciones, una cantidad que no te imaginas y que nunca podremos recorrer con la capacidad de nuestras vidas. Hay un mundo lleno de países con muchas percepciones, y acá estás tú, aquí, en el recuento de lo que existe en mí. Hay dudas como hay respuestas. Hay pensamientos, sentimientos y emociones. Hay terremotos y huracanes. Hay paraguas y hay sombrillas, su función cambia según las posibilidades del clima. Hay muchos baches. Hay quesadillas. Hay tierra en los calzones y un poco más en los calcetines. Hay un rastro de dolor y muchas puertas de empatía. Hay reproductores y audífonos. Hay sudaderas y lentes. Hay cámaras y repuestos. Hay herramienta y una secuencia de incertidumbre cada cinco minutos porque el destino sobre una bicicleta es incierto. Hay muchos pensamientos. Hay una reflexión constante y una voraz gama de flexibilidad. Hay apertura y también ironía. Hay silencio y hay fiesta. Hay agua y sed por igual. Hay una columna de creación y muchas veces cielo. Hay polvo. Hay pinchaduras. Muchos mercados, extraño los mercados. Es una de las cosas que no te puedes perder en vida. Las cocinas de todos los lugares cambian. Come de todo si te es posible. La diferencia de los humanos está en la sazón nada más. Todos tenemos las mismas posibilidades de crear. Que eso nunca se te olvide. La cuestión es determinar lo que tú quieras. Brinda en los momentos mágicos y sigue lo que dicte tu ser. El mundo es una vez y no se repite.

Las canciones están, pero siempre, serán diferentes en cada momento. Nada vuelve y perdura el recuerdo, el olvido se mantiene. Nos desprendemos a cada rato y emerge de nosotros, en ciertos instantes, la nostalgia, pero la realidad marca un paso y luego otro y luego otro y así. Vamos a llegar a un destino, no te preguntes cuál es, nadie lo sabe. Que no se te olvide leer. Come tacos, hay todo un universo atrás de eso que los mexicanos frecuentamos todos los días y en cualquier momento. Descubre la cocina, es mágica.

Hay muchas formas de curar y de sanar. Hay una gama de libros de un sabor y otros de otro. Hay un amanecer frío y otro más frío, pero un café aligera la sensación. Hay ajo, limón, miel y mejorana. No lo olvides. Hay parches, siempre parches. Que no se te olvide el pegamento. Hay muchas maneras de montar la bicicleta, pero sólo tú sabrás cuál es la mejor. Hay una inmensidad de sentimientos encontrados. Hay certezas como equivocaciones. El norte parece sur y así todo en la vida. Hay playas, ya lo dije, hay playas. Hay bosques. Hay canciones, siempre, muchas canciones. Hay comas y hay puntos. Hay buenos días y malas noches. Hay caídas y lesiones. Hay sopas, caldos, ensaladas, entradas, platos fuertes y botanas. Hay postres, siempre deben existir los postres. Hay muchas frutas y verduras. Hay estilos y hay maneras. Hay carreteras y terracerías. Hay agua de coco como cerveza artesanal. Hay lluvias y también días de seca. Hay temperaturas y temperamentos. Hay alcancías con detalles. Hay cerros agraciados y desgracias en ellos. Hay muchas cruces en las carreteras. Hay historias al lado de la tuya. Hay trabajos, oficios y labores. Hay tiempos. Hay maíz, chiles y frijoles. Un puño de tortillas y recorre el bocado. Hay muchas maneras de hacer tantas cosas y todo, siempre, si tú quieres, se resguarda. Hay sinceridades como falsedades. Procura la liviandad y fluye con el paso. En ocasiones habrá riesgo, y en otras tantas, todas las oportunidades inimaginables. Es tan terco el corazón y tan grata la memoria. Pero eso sí, debes considerar que cada una de las decisiones que tomes tendrán una repercusión en tu ruta. Así puedas viajar de raite, en tráiler, en autobús, en automóvil, en motocicleta, en bicicleta o a pie, siempre recuerda que cada día es una posibilidad de una aventura diferente.

Hay tiendas a orilla de carretera, hay muchos espacios en los que el cuerpo puede dormir. Hay muchas palabras, pantalones y faldas. Hay resorteras. Hay aves y peces. Hay tráilers, y ellos, lo sabes, son la onda. Hay casas. Hay una infinidad de elementos que podrás descubrir desde tu perspectiva. Hay novelas. Hay teatros y muchas obras. Hay danza, escultura, cine, diseño. Hay artesanías como diálogo de las comunidades. Hay emociones fuertes y suaves por igual. El viaje es una constante y de ello te voy a platicar; iré por rutas, así como de aquellos que han sido parte del camino. Este texto se trata desde el corazón y con toda la humanidad. No tengo un plan. Nunca lo he tenido. Aprendí a considerar a las personas, a darles su espacio y a enfrentar el error de mi comportamiento. Todo el tiempo es un aprendizaje que nos corresponde adaptar en medida de lo posible. Que nadie te quiera impresionar, no existe un manual sobre la vida. El paracaídas puede ser del color que tú quieras. Mira, por allá está el rincón en el que te gustaba sentarte conmigo. Ya no lo recuerdas, fue en aquel terreno pequeño. Las verduras pueden ser salteadas, cocidas, fritas, como tú quieras. Ya sabrás como las complementas en los alimentos que consumas. Hay muchas formas de prepararlas y con una diversidad impresionante de texturas y condimentos.

Hay albercas como lagos. Hay casas y cocinas. Hay frecuencia y accidentes. Hay radio y televisión. Hay políticas y religiones. Hay deportes. Hay bibliotecas y escuelas. Hay arte, mucho arte. Hay cenas. Hay regiones dedicadas al campo que se diversifica por zonas. Hay brechas y corazones en todos. Hay poesía en los rincones de las glorietas. Hay espejos, hay vajillas y un espectáculo en las formas de celebrar. Cada comunidad lo hace de muchas maneras y se diversifica en sus posibilidades. Entonces encontramos muchos elementos y los hacemos nuestros. Así el colguije, la pulsera, la foto, la piedra, la madera, el llavero, la playera, pero siempre, o casi siempre, hay algo que te obsequian las personas con el fin de que exista evidencia de sus encuentros. Podrás fingir muchas cosas, pero nada será falso a las posibilidades que enfrenta la marioneta que tenemos como cuerpo. Así que más vale recargar energías en la medida de lo posible para seguir con el pie del otro lado. Tenemos que empezar por seguir.

Hay muchos atardeceres igual que amaneceres. Hay un mar de posibilidades para hacer y para apoyar. Hay muchas cosas que no te podrás explicar y sólo están ahí y se les preserva. Hay puestos de tacos por doquier. Hay plazas, muchas, unas llenas, otras vacías, con bancas de muchas formas, con árboles alrededor, jardines diferentes, otras, simples explanadas. Pero cada poblado tiene una fruta, tiene una comida, tiene un artista, todos tienen algo de particular, una diferencia con otros siempre será la geografía y desde ahí, el lenguaje cambia, las variaciones del habla son infinitas, seguro te darán gracia, desde el “ocupo” hasta el “meh”.

Siempre hay una oportunidad para seguir por donde quieras. Siempre hay forma de moverse. Hay cansancio muchos días, pero siempre hay sueños. Hay muchos sitios de descanso por igual. Hay muchas casetas, gasolineras y sitios de parque. Hay casitas, casonas, casas, lugares para acampar, colchones, catres, hamacas, alfombras y tapetes. Hay mucho por descubrir y por igual, tiempo para crear. No te subestimes, puedes frenar o acelerar en cualquier momento. Si supieras que puedes nadar de día y de noche. Puedes descansar junto a un arroyo, con una fogata, con dos libros y un cuaderno de preferencia, y procura, si hay posibilidades de acampar sin casa, hacer un hoyo sobre la arena que permita ocultar tu cuerpo del viento. Eso es esencial de noche cuando viajas en solitario y no llevas todo el equipo necesario. Se puede, yo lo hice varias veces. Procura descubrir todo lo que observen tus ojos. No existe el mismo instante dos veces. Implementa la fotografía como un divertimento personal, tu vida te lo agradecerá. Hay muchos recuerdos y hay muchas historias, observa y escucha. Quizás, entre tantas palabras encuentres algo que te agrade. No hay clasificación que nos impida existir. Puedes usar falda, pantalón, short, lo que sea, eres tú y tu libertad, tu existencia, es tu vida. La bicicleta es amable en todas las situaciones. Pero este viaje que he construido desde mi memoria es una aventura que quizás cuestiones mucho pero que resolverás contigo. Sabes que te amo. 

Eso sí, existen versos por doquier. En todo momento la voz susurra algo y eso se va. Tienes que desprenderte a cada rato. Es un enorme reto humano y uno de los más hermosos. No sé qué sentirán los árboles al dejar libres a sus frutos. Supongo es tan similar a cuando una flor despega de su centro a cada uno de sus pétalos. Siempre hay movimiento. No sé cuántas flores logré percibir en el camino. Pero eso sí, muchas mariposas se cruzaron en el camino.

Estas letras que tienes aquí son para ti. Son el ejercicio de mi memoria, el acuerdo que hice con la vida y mi más tenaz fervor por compartirte lo que he vivido. Nunca he pretendido tener o poseer mucho, sólo lo suficiente para bailar y cantar, mi propio cuerpo. Hay que vivir ligero, con una grata disponibilidad para moverse sin censura, por los rincones del mundo. Vive, es todo lo que deseo decirte. Hay muchas cosas que creemos que son nuestras y nada, absolutamente nada, nos pertenece. Ni siquiera el cuerpo que tenemos de medio de existencia. Así que piensa en disfrutar toda la comida que puedas, cocina como si no hubiera mañana. Descubre el paladar en todas sus posibilidades. Aquí en vida siempre hay aventuras.

Entregarte estos segmentos es una vitalidad para mí. Son cositas que no te había contado. Son esos aromas de la tierra, esos sudores que me he puesto en los caminos, esas sonrisas que me han entregado. Muchas veces quisiera decirte todo lo que te he extrañado, pero así vamos. Nunca dejes de recordar que la vida es una y que el camino no se descompone, si no se persiste, para qué despegar. Aquí hay letras y muchas. Considera disfrutable lo que haya al paso, todo esto es sólo una parte de las anécdotas que me han pasado. Lo quise hacer de esta manera porque bien, la fotografía es una perspectiva, pero desde mí, cada fotograma luce diferente. Te contaré un poco de aquí, algo de allá, otras veces de cerca, algunas de más lejos, pero siempre, algo que me ha permitido reconocer lo que soy, lo que pienso y lo que he escrito en mi memoria.

No sabes todo lo que existe debajo de mis dedos. Hay letras y pienso en todo lo que podría armar. Sin embargo, quiero disfrutar. Hay cantidad de entidades, de días, de viajes, de trayectorias, de vestimentas, de días, de noches. Hay personas, personajes y personalidades. No son lo mismo, no hay que confundir. Puedes bailar en todo momento, gritar, cantar, y siempre, brincar cuanto quieras. El movimiento del cuerpo nos permite remediar las energías de la emoción. Siempre salta. Canta lo posible. Y cada que puedas, si es necesario, habla contigo desde los versos que te entregue el universo. Hay playas con arena y arena sin playas. Hay árboles altos, bajos, emocionantes y melódicos. Hay colores inimaginables, mezclas fortísimas de combinaciones y delirantes fotografías únicas que veras en el silencio del atardecer. Es imposible dejar de sorprenderse y siempre, de una u otra forma, siempre existe alguien que haga compañía. La humanidad es entregada. No dejes de compartir un poco de lo que tienes. No pasa nada. Es riego para el camino y una virtud para los demás.

Canta, siempre que puedas canta, se trata de una obligación si estás vivo. Los amaneceres agradecen las sendas de tus viajes. Puedes compartir una inmensidad. Puedes establecer el ritmo que entregue tu existencia y siempre volver a comenzar. Nunca hay un principio, sino un constante cambio. Recuerda, el manubrio a dos manos es mejor que una. Pero también se puede bailar en la bicicleta con las debidas precauciones. Es magia eso. Puedes flotar sobre el viento. Una cosa agraciada que siempre me ha encantado. Es una manera de volar. Abres los brazos, te levantas desde los pedales, la bicicleta anda y tu equilibrio se rige desde el movimiento pendular de tu cintura para mantener el ritmo junto con el avance y nada está perdido.

Hay palabras, muchas palabras como polvo. Hay tonos, volúmenes, variaciones y texturas en los sonidos. Escucha el silencio dentro del desierto y también el rugido de un huracán cercano a la playa. Hay muchas quesadillas. Las tortillas tienen un tipo de variación muy peculiar y cada persona le entrega una mezcla perfecta para resolver el sabor. Pareciera una ecuación matemática, pero la comida mexicana no tiene remedio, es buena y en una exquisita gama. El campo es un santuario de magia. Sentir, hay mucho que sentir. Ese es el verbo. O uno de mis verbos favoritos que podría describir como algo cercano. Permítete sentir todo. Conocer es aprender. Explorar es la contemplación de lo que somos. La realidad es una. La literatura tiene muchos sabores. Hay para todo lo que desees. Podríamos confiar en una lechuga y no pasará nada. Sin embargo, el polvo se reparte por doquier. Hay letras verdes, mágicas, insolentes, desgraciadas y agraciadas. Hay letras de aquí para allá y es una fortuna. Es posible enlazar palabras por aquí y por allá. No hay más ni hay menos. No especulo sobre nada ni nadie, soy. Sólo permito a mi existencia configurar el resto de mis días desde la palabra como principio, pues si bien he creído en la imaginación, me permitiré que sea ella la que me lleve a una buena dirección. No tengas miedo. No hay nada que temer. Todo existe en su momento y en su trayectoria de manera inexplicable, pero aquí estamos, como un plato de frutas en medio de la nada. O ese atole de fresa del rancho de no sé quién. O los tamales. Hay muchos tipos de tamales. No me digas de los dulces, que si bien, algunos hasta tequila tienen. Pero sí, puedes llegar en bicicleta si quieres a cualquier parte del mundo. Es divertido. Sabrás que el poema se construye desde la experiencia y en medio de la incertidumbre. Hay muchas vacas. Muchos paisajes con vacas y caballos. Hay muchos nopales. Muchas águilas, buitres y cuervos. Hay poblaciones chulas y otras misteriosas, y no por ello, menos chulas. Debes aprender a observar. Todo México es un paisaje sonoro especial. Disfruta de todos los lugares. Los tianguis, los sobre ruedas y esas cosas similares, dales su tiempo, hay muchas personas que dependen de ello y son una enorme gestión de sustentabilidad. Hay algo en las voces de los niños que me fascina. Escucha todo lo posible de los que no discriminan en la vida, los infantes y sus aventuras son lo más divino de la vida. Alguna vez fui niño y tú también. Son los seres más increíbles, tienen magia en los oídos y en sus acciones. Todo lo que ellos observan son un poema sin causa ni persistencia. Son ellos y nada más.

Puedes adquirir pomadas y hiervas. Recuerda que tus manos, por herencia de la Prieta, son una herramienta de curación. Toma lo que consideres. Es importante conocer para cualquier situación, no se puede tener todo, pero sí lo necesario. Hay que aprender a desprenderse. Vamos a dialogar desde lo que ha ocurrido. Esto es una primera parte de lo que somos y aquí está esto que hemos generado. Hay cajas y bodegas con cajas. Canciones, recuerda, hay muchas canciones. Si pudiese explicar cada momento que la poesía y la bicicleta me han dado, juraría que no pararía de escribir. Pero también es necesario pedalear. Siempre pedalear los pueblos y las ciudades te llenará de colores. Es imprescindible no hacerlo. Tenemos memoria, pero no los momentos, no toda la vida es para ello. Recuerda escribir. Es bueno escribir. Cada quién a su manera, pero te será bueno para después contemplar lo que fuiste.

Así que podrás poner la canción que quieras y leer lo que sigue. Es un día común, es un día cualquiera, pero muy hermoso pues he determinado lo que sigue. Vamos a explorar un poco de viajes, aventuras, fotografías, comidas, poemas y demás. No sé si exista algo más allá que pueda mostrarte, pero haré lo posible para que sea divertido. Hay una galaxia que no sabes y yo tampoco. Las muertes son esenciales. Deberás aprender a despedirte con bolos y cumbias. No toda despedida la debemos entregar al dolor. Igual, debes ser atento a las últimas peticiones. Recuerda, hay que celebrar la vida. Bailar, muerto, pero quiero bailar, por ejemplo. Todos morimos, pero no todos gozan de su muerte como un festín. Y yo quiero eso, que hasta el último momento en que sea materia haya un jolgorio. Sé de alguna u otra manera que vamos a disfrutar el camino. Sabes que te quiero mucho. He dado gracias a quienes me han dejado. Nos han dejado, mejor dicho. Debes agradecer a todas las personas, no importa quiénes sean. Todas valen lo mismo en vida. La historia dice otra cosa, pero siempre hay muchas personas a tu alrededor. Recuerda que nunca sabes de quién vas a necesitar y hazlo presente. Debes aprender a desprenderte, mucho, con cuidado y con calma. No por todas las razones que tengas las personas van a creer en lo mismo que tú. Date tiempo. Siempre respira. Podrás viajar para dónde quieras y habrá prioridades, pero si nada te detiene, aprovecha el tiempo. Es necesario desprender de la galaxia que tenemos por vida.

Sí, pensé en dejarte hasta aquí la historia, pero sé que tú llegarás más lejos de lo que yo he podido. Nada de lo que tú hagas será mi felicidad, debes procurar tu perspectiva. No todos tenemos las mismas oportunidades. Estás presente desde que me acuerdo y siempre pensé mucho tiempo en ti. Es genial saber que hemos llegado hasta aquí. Estoy a 20 años de mi accidente y todavía no éramos amigos. Toma un poco de agua. Vamos a cenar y descansamos. Mañana te cuento un poco más. Mientras tanto, siente. Yo sigo aquí, en espera de la mañana. Nunca olvidaré tu sonrisa ni tu paciencia al escucharme. Descansa mientras silbo.*