Híbridx Mostaza: sensibilidad, globos y experimento
Cuando bailan los cuerpos al unirse a una cuerda pública
Interacción. Foto: Carolina Parva

Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral
ella me exploraba con sus ojos.
Y cuando me levanté para marcharme
sus dedos fueron como el tejido
de una servilleta japonesa de papel.
Ezra Pound

El cuerpo es una herramienta que sí conoce límites, pero hay quienes a esos límites los guardan en la repisa de la habitación y siguen. Hay una modalidad de volver al entretenimiento desde la mirada con sólo pasar una cuerda por el frente de muchos cuerpos más e involucrarse en el espíritu de una pieza de danza, teatro, clown y algo más. No me hago responsable por lo que me hizo sentir, pero existió. Si acaso me reí de mí mismo fue por la oportunidad de concebir en mis ojos una nueva voz para la existencia del poema, y si algo descubrí de esta pieza, Híbridx Mostaza, original de Nicole Saucedo, directora, coreógrafay espíritu promotor de M8 Escena, fue a desear todo con rigor y humor. Algo así como un escaparate de las emociones.

Red. Foto: Carolina Parva

Todo comienza por la entrega de un artefacto que nos es ridículo al parecer si lo observamos como adultos de un sistema ideológico y controversial, pero en la palma de la mano, fue lo más divertido que en días me había sucedido. Uno vuelve a la infancia con este espectáculo y se integra entre los movimientos de la pieza. Es importante reconocer el trabajo físico que requiere, pues se trata de un control mental absoluto, potente y con una impresionante capacidad para dialogar con otros cuerpos, incluso, con el mío por igual. Y eso es trabajo de los actantes en escena Julia Padilla, Mónica Armas, Luz Cabadas e Iván Eterovic. Todo con un apoyo de producción que va desde la iluminación de la mano Nano Cano, justo con la composición sonora de Paco Perez-Ruly bajo la producción de Carolina Parva.

Abrazos. Foto: Carolina Parva

Así, espectador querido, sea usted otro juez de lo que sigue a este espectáculo, que como pocos, nos permitirá la herramienta del conocimiento, siempre, a través de la apertura de nuestras observaciones. Somos entidades de momento que persisten en la respiración, pero Híbridx Mostaza, desde sus ejecutantes, diversos siempre, es una muestra de fortaleza y diversidad, de espasmo y de entrega. No hay momento para callar la risa y confundirla con la melancolía. Quizás esta vez aprendí a revolcar mis poemas, y lo hice desde la manera más profunda posible, desde el cuerpo y la cuerda, yo baile. 

Esfuerzo. Foto: Carolina Parva

De alguna manera, el escenario se convierte en una hoja de papel gigantesca y cada mano, cada pie, cada cintura, entrega, mínimo, la forma de una lectura, pues si bien, uno puede acudir solo o acompañado, nunca será lo mismo el papel que cada uno tome. Por ello, en la versión que estuve presente últimamente, me hice partidario de otras voces y lograron acaparar mi atención. Compartieron sus perspectivas sobre esta pieza híbrida. 

Totalidad. Foto: Carolina Parva

Así Nelly Martínez, me entregó sus palabras, “me pareció una obra que pude sentir, toda la forma en la que puedes hacer o tomar las cosas naturales de la vida, como el amor, el nacimiento, la lucha por sobrevivir, apoyarnos, y que sí entre todos, sin importar quién seas, puedes ser parte de algo fuerte y resistente, sólo tienes que animarte a hacerlo”, y es que podría comprender que una pieza así nos permite integrarnos sin ningún tabú y si ningún temor. 

Resistencias. Foto: Carolina Parva

Por su parte, Majo Castellanos señaló varias cosas que la impactaron, como “la experiencia sensorial en todos los sentidos, desde la iluminación en todo momento, los sonidos inusuales y repentinos que atienden a tu atención, y más, la participación e integración del asistente”. Sin embargo, el aspecto físico no sólo se quedó ahí, sino que alimentó a más opiniones tal como la de Adonai Rosales que ensaya bajo sus letras “la interacción del público y los artistas es grato, ese desvivir del ser humano, euforia o caos, no hay un intermedio, los cuerpos humanos junto con su corporalidad crean una atmósfera que los adentras hacia los subjetivo”.

Hibridez. Foto: Carolina Parva

Toda la posibilidad del brinco, del salto, del abrazo, del contorneo, de las vibras, del sudor, de la situación, es una cuestión que permite interactuar desde el pensamiento, la risa, la incertidumbre y sobre todo, desde la soledad. Híbridx Mostaza es pues una aventura de noche, una naturaleza humana muy particular. Busca una conexión y una exploración sin ningún destino. Es pues, una puerta en la que puedes encontrar el amor, la lágrima, el desencuentro, la vitalidad, el espasmo, la emoción, la vida y también, de una manera alegre, el espasmo de la ausencia. 

Líneas. Foto: Carolina Parva

Así, espectador querido, sea usted otro juez de lo que sigue a este espectáculo, que como pocos, nos permitirá la herramienta del conocimiento, siempre, a través de la apertura de nuestras observaciones. Somos entidades de momento que persisten en la respiración, pero Híbridx Mostaza, desde sus ejecutantes, diversos siempre, es una muestra de fortaleza y diversidad, de espasmo y de entrega. No hay momento para callar la risa y confundirla con la melancolía. Quizás esta vez aprendí a revolcar mis poemas, y lo hice desde la manera más profunda posible, desde el cuerpo y la cuerda, yo bailé. 

Cuerpos. Foto: Carolina Parva