Una calcomanía que porta como lema “Por favor, lea poesía.” me impulsó a realizar Proyecto Ululayu: una travesía en bicicleta rodeada de literatura, arte y comunicación. Gracias a ese pedacito de papel encontré un cambio de vida, un sin número de amigos, infinidad de experiencias y la fortuna de reconocer mi fuerza individual. Viajo en un sueño vivo bajo mi propia reflexión hacia una colaboración social. Cada día es diferente y en cada amanecer recreo con Ululayu entre versos, fotografías y caminos. Este viaje es un intercambio constante, un pedaleo dinámico y una gama colorida de texturas. He vinculado el proyecto gracias a charlas comunes, conversatorios, lecturas, tertulias, talleres creativos, intervenciones efímeras, entrevistas, colaboraciones, servicios, murales, fotografías, ponchaduras, kilómetros y no sé qué tanto más. En este viaje pedaleo para gestionar y generar obras y acciones con la creatividad y la imaginación de las personas.

El nombre de este proyecto proviene de la  palabra Ululayu, obtenida de las líneas 42 y 45 del Canto VII del poema Altazor o el viaje en parachute, publicado en Madrid, España, en 1931, por Vicente Huidobro, poeta chileno y padre del creacionismo, movimiento poético de principios del siglo XX. Ululayu representa la transfiguración del verbo ulular, que según la Real Academia Española es “dicho del viento: producir sonido”. Por lo anterior el viento se metaforiza como el impulso de la bicicleta, la voz que dirige el rumbo creativo, bien pues,  es un ente imaginario que se crea en cada pedaleo. Esa voz es la onomatopeya del viento y se produce al andar en bicicleta, cuando uno solo como fiel testigo de ello, escucha, percibe y siente. Ululayu es la metáfora de su propio origen: su integración en un poema surgido de una mente chilena como referente del final de este viaje, Sudamérica. El viento nos lleva entre versos, fotografías y llantas, y así nos mueve a diario con una calcomanía recargada de colectividad.