Naomi Greene: entre la lente y la pluma
Documentar a la poesía como escribir a la fotografía
Naomi Greene. Foto: Beatriz González

Cada rango del mundo
conlleva un descenso
al menos un rango
por la terrible presión de la luz.
Anne Carson

Se puede documentar la vida entre el silencio, la calle y la ironía. Tenemos destapadas las miradas como anzuelos para cazar a todas las gomitas podridas del universo. Sabemos que podemos causar una desgracia a la velocidad del tren si le metemos el pie y escapamos como locos a un trampolín de acero. Su nombre es diverso, y en ella se frecuenta una personalidad tímida, pero llena de un espacio imposible de concebir. Naomi Greene, fotógrafa, escultora y poeta en proceso, nacida en la Guadalajara noventera, es hoy día una voz que comienza a entregarse dentro del fuego, porque así es su espíritu, una responsabilidad humana llena de fuerza que se cautiva con la voz de los escuincles y se percibe en las esencias de los perros. 

Problematizar la belleza. Foto: Naomi Greene

No sé el recuento de la vida, ni cómo nos encontramos, pero su visión permite una cuestión ponderada de la rebeldía. Vamos a vestirnos de colores, vamos a saturarnos los cabellos, vamos a rompernos los tejidos, hay que cubrir la soledad de nada, hay que revivir a cada segundo, hay que sentir el dolor y apaciguarlo con un soplido para instaurar todo lo que la fotografía permite. Así, ella escribe entre los países, las razones, las injusticias, la mancha y el tiempo. Comienza a contar un derrame de luz para decirnos todo lo contrario, una pequeña sombra lo puede todo. A veces en la palabra pájaro, otras en la palabra bicicleta, muchas veces árbol y siempre potencia. No tengo la menor duda de que los lentes de su cámara se preguntan a diario qué es lo que busca. 



Mizz Xuxú. Foto: Naomi Greene

Una cuestión es la imagen. Y su palabra, qué habrá que decir. Vamos. Nadie es absoluto o determinante. Así como en su fotografía, Naomi, tiene en sus versos, la necesidad emperatriz de una exploración auténtica. Esto no es un elogio a la cordura, pero como nos hemos creído amigos, hablamos desde la sinceridad. Sus versos buscan establecer un contacto desde la incertidumbre. Así los autorretratos y sus poemas son un encuentro disoluto, disruptivo, secreto. Porque Naomi es un secreto, una artista en varias ramas y una tenaz observadora del silencio, y ahí, en el rincón de la noche, al lado de la banca, es donde la encuentro y la charla es sueño, poesía y fotografías.  



Monjas floreadas. Foto: Naomi Greene

Escribe, de muchas maneras, más allá de la pluma y de la secuela. No se permite no sentir y a cada rato libera la emoción desde el papel. Y la guitarra sigue. Pedalea. Busca. Explora. Explota. Persiste. Si pensara en una cuestión rígida, Naomi es una ave libre, es un ser extremadamente sensible que se bifurca desde la gubias hasta el flash itinerante de la velocidad. No sé si un día exista la posibilidad de narrar una de sus exposiciones foto-poéticas, pero supongo, ese día, será una velocidad momentánea la que llene el valle que traemos algunos en el corazón, pues entre la poesía y la fotografía, somos una minoría la que entendemos la capacidad de dichas escrituras.

Naomi Greene. Foto: Carlos Yamil Neri

Podríamos romperlo todo, pero la canción sigue y se muestra un calcetín roto al lado de las muñecas. Es tiempo de comprender las fotografías como salvajes cuadros. Vamos a romper las enfermedades para hacer de nosotros una colectividad radiante. Dicen los expertos que nadie nació para ser eterno. Existe una alegría por compartir este equipo que hemos procurado. Naomi es parte de Proyecto Ululayu como la coordinadora audiovisual y llegó con un rompimiento desde el interior. No hay tiempo para pensar las cosas, el paracaídas necesita guía entre una letra y un texto. No habrá sabio que descifre la fórmula que hemos creado como equipo. 

Habana vieja. Foto: Naomi Greene

Las hojas de los árboles se desprenden para la caza de las hormigas. Debemos hoy disfrutar de las posibilidades que nos entrega la vida. La fotografía y las letras de Naomi desencadenará hoy un eco perpetuo en nuestro ejercicio creativo y esto permitirá una identidad única de nuestra labor. Somos pequeños dinosaurios con la misión de crear una ilación profunda con los nuestros y Naomi, ella, la sensibilidad de nuestra mirada. Es el silencio del desierto cuando la serpiente pasea de noche. 

Lima migrante. Foto: Naomi Greene

Naomi Greene estudia actualmente la maestría en Antropología visual en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también a la gente, el paso del tiempo y el misterio de vivir. Ha desarrollado una diversidad de proyectos personales y algunos otros que se involucran con la labor social y cultural de distintos contextos. Ha participado en diversas publicaciones. Su experiencia corre en la observación, principalmente. Busca observar más allá, hila puntos, patrones. A su vez, dicha experiencia se compone de lo que contempla, de lo que conceptualiza y de lo que repasa a través del estudio y las vivencias.

Lo anterior le ha permitido fungir como realizadora audiovisual, fotógrafa y editora de video, casi todo en solitario, -o como algunos lo llaman: one-woman-production-, y parte de lo que desarrolla en la actualidad es el trabajo en equipo. Para su tesis de maestría trabaja sobre los impactos positivos que puede tener el cine en menores de edad de contextos vulnerables, especialmente el cine participativo por su acercamiento horizontal y “autónomo”. Para ello, imparte un taller de cine a niños y adolescentes en Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A. C.) en Guadalajara, México, en el que prueba y descarta con la experiencia personal y colectiva.

Amazonas. Foto: Naomi Greene

¿Cómo llega el pan de café a la fotografía?
A través de una bicicleta roja (chiste local).

¿Qué es la poesía en un rollo de 35 mm?
Cuando tomas fotos análogas aprendes a esperar, la paciencia es un requisito, igual que poder soltar el control. Puedes equivocarte al exponer o tomar la foto en el momento que no esperabas y te das cuenta del “error” al momento de revelar. Se revelan dos cosas: la imagen y tu consciencia como fotógrafo; pero estos aparentes errores tienen su propia verdad, son invitaciones a reconfigurar la mirada y aceptar las cosas que son y ya no se pueden cambiar.

¿Hasta dónde es posible rociar los retratos con versos?
El único límite es la incapacidad del individuo de dejarse llevar por su propia sensibilidad. Si no sabes “observar”, entonces, ¿para qué tomas fotos?

Manos de arena. Foto: Naomi Greene

¿Qué es documentar la letra desde la luz del silencio?
La observación es silenciosa, casi humilde. Soy tímida desde siempre y encontré en las letras y la fotografía una forma de conectar con el mundo. Me siento segura expresándome a través del soporte escrito, y también, he descubierto que la fotografía es evidencia de mi capacidad de observación; son mis huellas en el mundo, la marca que pueda dejar, así como una invitación a los demás para que se adentren en lo que soy.

¿Cómo se observa a la poesía desde un mapa ciclista?
Andar en bici te hace muy consciente de la muerte, uno rueda con el aire en la cara, libre pero siempre frágil. Esa fragilidad es poética de cierta manera, pero la consciencia de esto a veces pasa inadvertida.

¿Cómo se escribe de una fotografía a blanco y negro?
Mirar entre la supuesta ausencia de color es algo que se va desarrollando con el tiempo. Actualmente vivimos entre la inmediatez y los pixeles a detalle, y quizá el formato a blanco y negro es otra forma de ver, sin la pretensión del color y priorizando otros elementos, como las expresiones o emociones dentro de la imagen. Es muy rica en sombras y luces, -como cientos de imágenes a color-, pero también puede ser una imagen que alude a la nostalgia y entonces se le confiere una fuerza diferente. Como fotógrafa hay que saber encontrar la esencia al momento y eso involucra hallar un color determinado a cada experiencia visual.

Uke mochi. Foto: Naomi Greene

¿En qué se convierte un espejo detrás de la luna?
En su reflejo; mirarse en el espejo y mirar la luna requiere un simple movimiento de cabeza.

¿En qué lugar se manifiesta la pluma cuando llega el poema a colores?
La pluma es el vehículo y quienes escribimos somos el medio. Lo que creamos adquiere vida, entonces si los poemas palpitan, la pluma es el inicio y el final.

¿Para qué se viaja entre una sonrisa y una posibilidad?
Los ojos son la ventana al alma, la sonrisa es la puerta.

¿Para qué observa(s) la silueta de la nube dentro de una piscina?
Quiero creerme privilegiada desde mi trinchera, aún si es mentira. Tengo la fortuna de ser libre para crear, mirar con tranquilidad y de poseer los medios para hacerlo. Si puedo detenerme a ver las nubes, de repente dejan de ser nubes y se convierten en perros, o lagartos, o enemigos de caricatura. Así que observo para descubrir historias que a veces se olvidan entre el ajetreo del mundo y el cansancio colectivo.

Degollado. Foto: Naomi Greene

Pájaro en mi ventana

Hay un pájaro en mi ventana.
Insiste en que me asome, pero estoy muy triste como para ponerme de pie.
Me canta, aletea y reclama que me levante.
No me responden las piernas, apenas puedo pronunciar palabra.
Quisiera contarle todo lo que pasó, pero los pájaros no entienden las voces de los hombres.
¿O seremos nosotros los que no entendemos las voces de los pájaros?
Hay un pájaro en mi ventana que insiste en que me asome.
Pero sigo tan triste y no puedo andar.
Aún así me canta y aletea para que pueda ver sus colores tornasol.
Y desde mi rincón le cuento y aprendemos a mirarnos a los ojos.
El pájaro de mi ventana me ha convencido de mirar afuera.
A tropiezos llego y encuentro un mundo nuevo que insiste en que salga.
Pero el miedo es más grande y me rehúso a dejar mi cuarto.
Las cuatro paredes se han incrustado en mi memoria y yo sin ellas no sé quién soy.
Hoy no hay pájaro en la ventana, ni cantos, ni colores tornasol.
Pero la tristeza es tanta que decido asomarme.
Lo que hay afuera me refleja lo que hay dentro: soy yo en un diminuto cuarto,
con los ánimos rotos y unos ojos cansados.
Me avergüenzo y me lanzo a la cama
porque no sé bien cómo mirarme a pesar de saber mirar los ojos de un pajarillo.
Un buen día el pájaro vuelve a mi ventana,
pero esta vez me saca a picotazos y aleteos.
Ni las piernas ni la voz me sirven y en el suelo aprendo todo lo que sabía.
Miro ese reflejo mío y le pregunto, ¿cuánto daño te han hecho?
El pájaro me responde como si la respuesta fuera suya,
y lo miró a los ojos y de repente lo sé también.

Inédito

¿Nadie pregunta?

¿A dónde han ido las ganas despiertas?
¿Los muchachos perdidos?
En el cielo torbellinos de luz,
llamaradas eternas.
¿A dónde han ido?
Callan las paredes, callan los televisores.
La gente enmudece, ahogan sus gritos en ácido.
Mientras unos barajan las cartas,
otros esperan su sentencia.
¿A dónde los llevan?
¿Pueden ver el cielo desde ahí?
¿Quema el Sol?
Silencio.
Uno mira atrás esperando volver a sentir algo,
pero no queda nada.
No nos dicen nada, no nos miran a los ojos.
Somos nada,
tan poca cosa que nuestras tumbas están vacías.
Y barajan las cartas de nuevo,
y salen a las calles llenos de orgullo.
Orgullo falso, miedo latente.
Y nos toman como si fuera tan fácil,
y nos llevan lejos.
Y peor…
nadie pregunta.
Silencio.
Nada.
Toma una carta: un cuatro de corazones
Y vuelven a jugar a ser humanos.

Inédito