Jaramar: de cantos, pintura y escultura
La poeta que esculpe música entre la naturaleza y los viajes
Jaramar. Foto: Festival Quimera Metepec

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
Ángeles Mora

Fue en Zacatecas. Fue en abril. Fue en el Festival Cultural de aquella ciudad. Aquella noche. Un año antes que iniciará con esta aventura de Por favor, lea poesía. Fue en Zacatecas. Fue con Sergei y Juvidel. Fue con mi hermano. Fue una tarde de cantos. Fue un sol de pocos. Que mis labios te nombren. Y se sentó junto a mí para escuchar a Omara Portuondo. Fue en Zacatecas, muy cerca de Las Quince Letras, cuando el canto de Jaramar se volcó piedra en mí.

Roja fue la tierra, las piedras, el viento. Dos genias contemplé aquella noche. Dos mujeres de voz y esculturas. Ahí estaba Jaramar a mi lado en aquella geografía que amaría en tiempos futuros. Jaramar le cambió el ritmo al sintagma que portaba en mis palabras. Fue en Zacatecas cuando su canto nos vistió de trenes, de aliento y de mares. Aquella tarde conocí el canto de sus flores: en vivo y con el respaldo del público norteño. La sombra con el encuentro de la pesadumbre. La luna era espejo de Jaramar y yo ahí. Lo vi. La voz, los músicos, una memoria e intento esculpir estas letras. Se vuelve un sonido.

La memoria no es tan grande para describir lo que Jaramar nos entrega en cada actuación. Intento el poema y su voz dice Trenzas y risas. La memoria no soporta el instante de la vejez. Y ahí estamos. Zacatecas tiene unas piedras que saben de ella. Hay una evidencia de su música y desde las lágrimas No vuelvo a amar. Fue ahí en Zacatecas que Una flor amarilla le puso otro nombre a esa ciudad y pocos lo supimos. 

Esculpir cantos. Foto: Alejandro Pérez

Hace tanto tiempo que la escucho y es momento en que el sueño se deja ir por su voz y lo detengo. El sueño con con ella es el eco de nunca terminar. Poner su voz en el mediodía del trapeador y el momento toma forma. Es un florecimiento en las venas. Te vuelves método y alegría. Pero siempre nos dice como salir de ahí. Uno se puede creer lobo estepario o cien años de soledad y tiene para toda dramaturgia: ella es un teatro complejo.

Escribir el poema desde la escultura para dejarla en la pintura sonora, dice Jaramar. Y ya las palabras llegan a la médula. Pero ya escribió el poema y ahora lo canta. No se trata de la soledad, ni de la telaraña que somos. Su canto es una textura de México que persigue los aromas. Les llama. Les canta. Les es una mentira y una verdad. Jaramar se suelta y es entrañable. Su canto nos descubre en el silencio una mañana y nos volvemos etéreos. 

Nos lleva en la noche bajo cualquier ausencia. Así la palabra en la canción nos lleva al viaje que deseamos. Nos volvemos amor y perjurio. Así canta y el público entra a meditar. Somos la canción. Nos cautivamos y el silencio nos es y Jaramar dice que sigamos. Ella es piedra nube y uno en la calzada de flor, sol entre el desierto. Y doy vuelta en la glorieta del mar. Me vuelvo perfil en la playa y de ahí al bosque. Y los libros me siguen. Y la sincopa funciona como verso estipulado por las flores. Y ahí voy a buscarla. Sube y baja. Se vive, se canta, se pinta y se esculpe. Juega. Nos recrea y simpatiza. Vamos al poema. Nos vuelve pasajeros de sus viajes. Nos comparte el sonido desde la profundidad de las cuevas. Jaramar tiene terciopelo en el juego y brillamos. Nos evita el dolor. Le entrega senderos al camino con sus canciones. Hoy somos un poquito más de danza y de naturaleza.

Jaramar trabaja para que Todas las naves del mundo lleguen a nosotros este año. Y yo vuelvo a ella y las “canciones viajeras del mestizaje” están en espera por contagiarnos. Jaramar sigue en el canto y señala que dicho trabajo “busca reflejar y sintetizar mi búsqueda musical a través de un repertorio que recorre el camino del mestizaje”. Así nómadas como ella, vienen “canciones surgidas en la España de la época de la conquista en la que confluyeron las culturas cristiana, mora y judía nutriéndose unas a otras, cuya lírica y formas melódicas migraron como poderosas materias primas a México”. Así con el recuento de su pasión señala, “es la poesía novohispánica representada por la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz; canciones tradicionales mestizas; y mi propio trabajo de composición”. Por su parte resalta, “en la selección, como ha sido el caso en mis proyectos anteriores, es principalmente la voz de las mujeres la que habla”.

Ser vuelo. Foto: Alejandro Pérez

Siempre trae en la bolsa del mandado sus canciones viajeras y aborda, “el tratamiento arreglístico y de producción tienen como base el concepto de fusión. Parte de las formas y melodías propias de la España del Siglo XV para a partir de ahí viajar estilística y sonoramente al Siglo XXI, pasando por elementos de la música tradicional mexicana, sin dejar de lado las muy diversas influencias que forman mis capas sonoras y las de mi equipo de colaboradores”. Jaramar sigue con sus viajes y nos traslada bajo las nubes en distintos espacios, desde el puente al corazón, desde el bosque a la madeja de amaneceres. Cantar para esculpir una pintura es lo que hace Jaramar.

El eco de vivir. Foto: Alejandro Pérez

Aquella noche escuché a Jaramar abrirle a nuestra Omara que nos cantó a Pedro Infante y celebramos la vida. Ahí fue. A su lado, en que la poesía cambió otra parte de mi vida. Zacatecas fue testimonio de ese encuentro y ahora busco la silueta de la piedra en la que nos encontramos. Sus palabras, ancla de su sencillez, aquí se pintan solas,

Toco tus aguas,
trazo signos de cristal;
bebo tus aguas,
en tus alas niego el tiempo.
Tomo tu ropa,
pinto tus ojos,
dibujo tu aliento,
recorro tu país;
te olvido para verte.

(fragmento de Diluvio)

 

Música para la pintura. Foto: Alejandro Pérez

¿Cómo es la composición musical a través de la pintura?
Seguramente es distinto para cada persona, el camino que he descubierto a través de la práctica que funciona para mi es, en primer lugar con la palabra, los textos que serán la base y columna vertebral de las canciones. Al escribir – o elegir – esos textos, que existen antes de construir la música para ellos, los voy poblando de imágenes, y de esa manera lo que voy creando son pinturas sonoras que cuentan historias.

¿Qué se sostiene entre una naranja y Guadalajara?
El aliento con sabor a naranja.

¿Cómo construyes el océano Pacífico?
A través de los sueños; el mar es el medio imprescindible a través del cual viajo en mis sueños.

¿De qué manera eres augurio?
Puedo imaginar y transformar gracias a que sueño, ahí está la raíz de los augurios.

Viajera. Foto: Paola Toledo

¿Qué flor eres cuando cantas?
Una inventada, diferente cada vez.

¿Cómo surge la canción en medio del desierto?
Mientras conservemos el aliento, existirá el canto, aún en medio del desierto. Y nunca dejará de ser y decir y sonar, aún en el silencio.

¿En qué lugar encuentras los colores: playa, selva o bosque?
En realidad mis colores son los de la vida, toda: las paredes, los árboles, la ropa de la gente que anda en la calle, las banquetas, el agua, el cielo, la tierra… todo, una amalgama de colores en la que a ratos resaltan unos y a veces otros.

En el canto de la naturaleza. Foto: Fernando Reyna

¿Has volado en bicicleta?
En mis sueños.

¿Cómo sucede la gastronomía por tu paladar?
A través de lo que surge primero con mis manos, especialmente si es algo que puedo amasar y formar, como el pan.

¿Qué es lo que más te conmueve de la naturaleza?
Que es vida… y muerte, y vida de nuevo. Y así.

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