Guadalajara-Teuchitlán: espejo entre valles
Un viaje en bicicleta con sabor cerca de la ciudad
Presa de La Vega, Teuchitlán, JAL. Foto: Tiago Testa

El río allá es un niño y aquí un hombre
que negras hojas juntas en un remanso.
Todo el mundo le llama por su nombre
y le pasa la mano como a un perro manso.
Carlos Pellicer

Ella despierta desde temprano e imagina el camino de los ciclistas que días atrás acababa de conocer, camino que moría de ganas por recorrer. Ella sólo suspiró, se volteó y se cubrió la cara con la sábana para volver al sueño y dejar de pensar. Tres horas más tarde escuchó una voz que decía “¿No te fuiste? Vete, si todavía alcanzas, vete… “
 



Pedalear en comunidad: eso fue lo que buscamos. Integrarnos y crearnos entre más personas para conocer distintos trayectos, lugares, sabores y demás dentro de Jalisco. Hicimos un llamado para compartir rodadas y así fue. Nos reunimos en 33 Club Ciclista, sitio que ha sido punto de referencia para algunos que se aventuran en el cicloviaje, en la montaña, y por supuesto, en la ciudad. En Guadalajara, en la calle Justo Sierra casi con López Mateos, muy cerca de la Minerva, Mario Villaseñor, parte del equipo, nos abrió las puertas del café para comenzar con esta idea. 

Comida grupal en Teuchitlán. Foto: Miguel Asa

Aquella noche de enero de 2020, charlamos de rutas, de experiencias, de posibilidades, de caminos, de tipos de viajes y de muchas otras cosas y nos conocimos. Hicimos en breve un grupo para estar en contacto y empezamos a planear las primeras salidas. La primera elección fue ir a Tala, algo sencillo y de bajo impacto para pedalear. Ahí nos vimos las caras cinco personas. Y comenzó la aventura.  

Tala es un poblado que se encuentra muy cerca de Guadalajara, a unos 45 km hacia el oeste, por allá, en la región Valles. Dicha población es puerta a los campos de caña, a los valles y a la sierra de Ameca, que se prolonga en otras más hasta las costas de Cabo Corrientes y Puerto Vallarta. Así nosotros, decidimos compartir las jornadas dominicales como experiencias de aprendizaje.

En carretera a Tala. Foto: Miguel Asa

En nuestra primera salida brindamos prioridad a la seguridad, pues es que cualquier accidente en carretera puede ser mortal. Casco, luces y bicicleta en condiciones óptimas son lo mínimo para salir.

Tiago Testa, Zea Marina y yo, nos desplazamos desde el Andador Escorza, por avenida Vallarta, hacia la salida al norte costero. Comenzamos tres. Y después del Periférico poniente, nos encontramos con otra miembro del grupo, Eloina Castañeda, quien llevó un casco para Zea, también. El trayecto fue desde temprano, salimos alrededor de las 7:15 horas.

La foto grupal en el descanso.

A partir de ese momento, el pequeño grupo de cuatro, nos instalamos en la carretera rumbo a Tala. La mañana paso leve después de las localidades que acompañan la salida a Puerto Vallarta. Compartimos indicaciones básicas, formas de movernos en la carretera, algunos movimientos clave ante los automovilistas y otros más para los traileros. Fuimos descubriendo la buena onda de ser, de existir. Pasamos a la división de la carretera libre y la de cuota hacia Tepic. Para nosotros la libre fue la fórmula para desviarnos aún más del pueblo de nuestra bebida, Tequila. Pese a que Tala se encuentra por el rumbo, la carretera toma otro paisaje por la carretera hacia Ameca.

Descendimos por el paso desnivel hacia Tala para olvidarnos de la carretera libre a Tequila y así fue el pedaleo. Nos detuvimos en breve y comentamos sobre el ritmo y las condiciones. Todos íbamos bien. Algunos ajustes inmediatos a los cambios de una bicicleta y salimos. De ahí, nos dimos con todo el sabor de la carretera hacia Tala. Despacio y lento. Un columpio tras otro. La carretera estaba vestida de cañas, de esas que se desbordan de los camiones a su paso. Inevitable no crear una dinámica de control sobre la bicicleta para ello. Así seguimos y pasamos por diversas comunidades que entregan distintas cosas locales que hasta dan ganas de quedarse.

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Sin embargo, antes de todo esto, Gladys Cruz, otra chica del grupo, decidió alcanzarnos desde Guadalajara, pues tuvo un retraso matinal. Vaya sorpresa la de aquella ocasión. De alguna manera nos prendió más su alcance y pedaleamos con intensidad. Vimos paisajes verdes y el aroma del volcán de Tequila a nuestro costado derecho. Pasamos por localidades como Emiliano Zapata, otro ingreso al Bosque de la Primavera; el crucero a Huaxtla; y nuevas colonias que se han generado en los últimos años. Lo lindo de esto es aquella bajada prolongada antes de llegar a Tala. En ese momento, te das cuenta del Macrolibramiento que pasa sobre uno al descender. Ahí, se nota de inmediato el paisaje. Las ramas verdes de la caña por doquier. Al fondo, un paisaje de cerros a la distancia con un tumulto de enormes valles a la redonda. 

Contemplar el paisaje. Foto: Miguel Asa

Decidimos parar en la entrada de Tala, llegamos temprano, alrededor de las 10:00 h. Ahí descansamos un breve momento y esperamos a nuestra compañera que venía en solitario desde la ciudad. Ahí, nos sorprendimos del ímpetu por viajar en bicicleta e hicimos amistad, alianza y fortaleza. Ahí, nos conocimos un poco. Contemplamos un clima fresco, delicioso y sobre todo, un trayecto en el que nuestros primeros pedaleos como amigos se hizo presente.

Unos minutos después, quizás 20, no recuerdo, Gladys llegó a nuestro punto y nos alegramos. Consideramos extender más la ruta pues era temprano y el pedal pedía más candela. Teuchitlán fue el destino seleccionado. Más hacia el norte, le dimos por la carretera que lleva al pueblo de los Guachimontones, un sitio arqueológico único en su tipo en la zona Occidente de México, que se constituye por pirámides circulares escalonadas, algunos tumultos diferentes y otros. Aunque no fuimos hasta este sitio, es posible llegar en bicicleta y visitar su museo de sitio, recinto que resguarda mucha información sobre la tradición de Teuchitlán. 

De regreso por las vías verdes. Foto: Miguel Asa

El camino a dicha población se enmarca en una ruta de 17 km con una carretera amplia y plana para disfrutar de un pedaleo tranquilo y cómodo. No hay mucha altura. El desplazamiento de la bicicleta es tranquilo y existe la oportunidad de descansar brevemente a pie de carretera. Antes de llegar, sólo se encuentra una pequeña subida como puerta al paisaje de la presa de La Vega, frente al pueblo. Ahí nos encontramos con amigos del grupo de ciclistas de Tala, en una salida leve que hicieron. 

Decidimos comer en un restaurante de mariscos cercanos a la presa: Cazuelas Grill Teuchitlán. Ahí nos instalamos alrededor de las 11:00 horas. Nos brindaron un descuento por haber llegado en bicicleta y disfrutamos de una merienda única del pedaleo. Un cevichito, un caldito, por allá las tostadas, una cerveza para bajar el calor, agüita de sabor y no sé qué tanto ordenamos que la charla se hizo extensiva y le dimos rienda suelta. Eso sí, los totopos con la salsita se acabaron en dos rondas.

Descanso bajo el Macrolibramiento. Foto: Miguel Asa

Emprendimos vuelo alrededor de la 13:00 horas. El sol brillaba como él sólo lo sabe hacer. El perfume del paisaje nos dio la oportunidad de disfrutarlos. Regresamos hacia Tala y alguien sugirió un fragmento de las Vías verdes. Por ahí nos fuimos. Parando entre paisajes. Un aperitivo. El regreso es ese momento en que no deseas irte de las raíces y del sabor de otros lugares. Y vaya pedaleo tan de descanso, tan sútil. Regresamos a la carretera al borde del fraccionamiento Los Ruiseñores. Para entonces, el cansancio se fue promulgando y el ascenso se convirtió en un instante lento.

Descanso al atardecer. Foto: Zea Marina

Disfrutamos de la buena onda del clima. Reímos a carcajadas y nos dimos vuelo. La luz estaba en la despedida y el aroma a menta se hizo presente, pues Zea llevaba la esencia en el camino. Nos hizo la tarde. Descansamos una vez y otra. Aunque hicimos un recorrido de casi 120 kilometros, el ejercicio fue pesado. El regreso fue ascendente y eso nos hizo más lentos. Sin embargo, el sol, la tarde y la buena vibra nos hizo entrar a Guadalajara aún de día. Lo hicimos. Llegamos cerca del ocaso al Centro de la ciudad. Nos despedimos con una pizza y agradecimos. Pedalear para compartir experiencias es parte de la vida, es parte de nosotros, fuimos a reír lejos para acompañarnos de cerca.  

El sol, el guerrero de siempre, se quedó en cada pedaleada junto con la mezcla de olores y ruidos de coches que en momentos erizaron la piel. 

La luna se hizo presente al alumbrar las calles de la ciudad. Aquel domingo, 17 de enero de 2021, ella lo terminó con un baño caliente y el cuerpo recargado de energía para seguir conectado con la realidad. Durmió.

 

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