Françoise Roy: la letra canadiense más mexicana
Un norte sureño en el horizonte poético de Latinoamérica
Once upon a sunset. Foto: Françoise Roy
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Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme.
Alejandra Pizarnik

Se dice que traduce. Pero cada poema que arroja es un tiempo de viaje. Nadie sabe de sus elocuencias en la fotografía. Ella da clic para el poema. Se inspira. Se teje la sangre con cada ocaso, paisaje y mirada mientras uno descubre otros hilos. Al menos eso percibo de la palabra de Françoise Roy, poeta, traductora, fotógrafa y aventurera que se ha entregado a nuestro México desde su natal Canadá.

Originaria de Quebec, la tranquilidad que encuentra uno al lado de Françoise es irrepetible. En su mirada se posiciona el horizonte con una calma que encuentra perpetuidad en la fuga, se aísla, se queda en ella y convierte los paisajes en una evidencia única. Su trabajo se ha visto compartido de distintas maneras, así en la palabra como en la imagen, entre amigos, desconocidos y más allá. Entre la escritura, la traducción y la fotografía, ha dado a conocer su perspectiva de la vida, de su mundo, sus mundos. Se ha volcado a generar una vida literaria entre distintas lenguas, español, francés e inglés, por lo que ha sido merecedora de distintos reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional.

Tears of a maple tree. Foto: Françoise Roy

De cierta forma, su vida se ha involucrado con el quehacer literario de México. Le ha llamado siempre y de su mano, una flor, el color, el mérito de los ocasos, las glorias pequeñas del cuerpo. Así, esta mezcla que pocos conocemos, la de la poesía y la fotografía, nos recubre en los sonidos de las olas, un requinto que suena en las profundidades del corazón para viajar a través de los días y entre las lenguas. El trabajo de Françoise es una nebulosa que se fragmenta en un rompecabezas gigante, piezas minúsculas con una reflexión natural es lo que promueve su voz y si mirada.

El restaurante de mi tío. Foto: Françoise Roy

Se anda a destiempo, como una pequeña exploradora, inquieta, detallista, observadora. Cuando la encuentro, por ahí, en algún evento literario, por la calle, en la librería, no falta la sonrisa y el saludo amistoso. Con sus miles de colores, entre flores y texturas diversas, Françoise se mueve por las calles de Guadalajara, ciudad en la que vive desde 1992. Se ha ganado a pulso un lugar especial en el mundo de la literatura mexicana, y como traductora, por igual. Su trabajo ha sido premiado por distintas instancias y en diversos concursos. Su nombre se ha incrustado entre las generaciones de poetas de las últimas décadas.

Las texturas son parte de sus letras. No hay ocasión en que no se quede quieta. Siempre, el movimiento como el mar, le atrapa sus sueños, sus imágenes, sus olas, sus texturas y anda como el poema corrugado pero siempre joven. La belleza en la obra de Françoise se escurre en la piel de los mares. Se hace notar como una fuga de la poesía entre países, en la imagen, en los racimos de las piedras que contienen el atardecer, en esas distancias que existen entre Quebec y Jalisco. Un norte sureño en el sur norteño.

Aquamarine fantasía. Foto: Françoise Roy

En su poesía se pasea la observación por las cosas mínimas, las pequeñas estelas que arroja el cuerpo, la naturaleza, los momentos. Se detiene, perspicaz, a contemplar los refugios del polvo. Se adentra, persiste, explora y se desenvuelve como mariposa entre los filamentos del amanecer. Así es la obra de Françoise, un detalle tras otro tras otro y completa todos sus universos en la investigación de los elementos.

Ella persigue al sol. Lo busca, lo encuentra en el color, lo difumina, lo contrasta, le coloca perlas y le llena de mar, de arena, de playa. Así se vive en sus temporadas en Puerto Vallarta, sitio que le ha entregado la posibilidad de contemplarse en paz, en el que la línea y la luz han brindado a sus creatividad como un espasmo constante. El amor, la alegría, las personas, todo, en la cotidianidad de ser perspectiva. Entre sus palabras los detalles, composiciones visuales que se trastocan entre el minimalismo de la vida: una textura por aquí, un complemente por acá, un detalle vivaz en este lugar y en esa zona todo lo que deposita desde su pensamiento, su punto medular, su balance, el poema.

Blinded by the sun. Foto: Françoise Roy

Así, Françoise, se mueve entre las escrituras de tinta y luz, para compartirse en esta vida, en este tiempo, en esta realidad, su realidad. El tiempo, una cercanía desde el obturador, palabras suculentas, inimaginables, cálidas, siempre cálidas y el horizonte se ha quedado plasmado en el interior de su cámara. Así la cotidianidad como el dicho de vivirse persistente, una alegría única, el cuidado de la traslación lingüística, el rigor y el florecimiento. Existe un camino entre Canadá y México que se ha ruborizado desde hace tiempo. Aquí la maravilla se sabernos sin fronteras, creatividad que rompe, disuelve, trasciende. Ella, un delirio de Guadalajara proveniente del norte americano.

Bahía de Banderas a colores. Foto: Françoise Roy

¿Qué es México en los papalotes? 
 México en los papalotes es un peso menos. 
 
¿Cómo es viajar en tequila con hielo del norte? 
 Viajar en tequila con hielo del norte es una borrachera glacial con sabor tropical. 
 
¿Qué es la poesía ante el viento? 
 La poesía ante el viento es una nube que suelta lluvia de palabras, rayos de arco iris y granizadas de luz. 

The bluest autumm sky. Foto: Françoise Roy

¿Por qué español ante la libélula?  
El español va ante la libélula porque todo lo entienden los seres que no tienen don del habla. 
 
¿Cuál es el camino de Quebec a Guadalajara? 
 El camino de Quebec a Guadalajara es el de una goleta que navegó de polo a trópico. 
 
¿Existe un amor entre la luna y una jericalla? 
 El amor existe entre todos aquellos que estén dispuestos a alimentarlo, incluso si se trata de un amorío entre la luna y una jericalla. 

The most beautiful storm. Foto: Françoise Roy

¿Qué disfrutas en la poesía y las bicicletas?

Disfruto en la poesía el viento entre las palabras y en la bicicleta, el viento en la cara. 
 
¿Por qué traducir con las abejas?

Es preciso traducir con las abejas porque ellas son las que producen la miel del verbo. 
 
¿Hay hielo en el perfume de los huracanes?
No hay hielo, sino remolinos, en el perfume de los huracanes. 
 
¿Cómo es el deshielo de las palabras en la poesía? 
Una fuerza que descongela el corazón. 

Convent in snow. Foto: Françoise Roy

El ombligo

Punto de cruz en la materia prima de la madre.

Nudo agostado que marca como lápida en la greda el lugar donde se enredó ella con el hijo en su pequeño mar portátil.

Como una muesca en el cuerpo para recordar dónde debe ir algo, el ombligo da fe de una lenta hibernación: los nueve meses transcurridos en el reino de Anfitrite, aguas blandas de una fontana esférica.

Ojo rizado al centro del cuerpo, mira sin parpadear el rumbo del cordón de plata, tallo de una flor mágica que abre corola en el país de los sueños.

Cartografía menor (Ediciones Arlequín, 2011)

Elemento Aire

Delante del espejo,
ninguna imagen arroja el aire.
Invisible, sólo mira el tímpano
su suave mugir de elemento.
Lo detecta la piel (satín que el cuerpo
fabrica desde su rueca de ADN
cuando siente su roce de animal silencioso).
Habita, del blanco andamio de los huesos,
el peldaño más alto, el occipital, el parietal,
el solar donde germinan con brío
las ideas, los juicios, las matemáticas
y la visión ►claridad encarnada◄
menos que turbia del futuro.
Se deshace en ángulos, en fórmulas,
en puntos de mira y perspectivas.
Ama lo distante como el ciervo su querencia,
su verde remanso en el claro de bosque
a la sombra de los abetos centenarios.
*************
Estay entre personas                en la gran nasa donde se pescan los
pensamientos
                     Fanal de cálculos                  posibilidades de aldabas     de como
si        de lazos    de cota
pulpa de intercambios     sinapsis        redes        urdimbre         
                               parietales
                                                                   tocándose aluzados  

y vuelcos de las alturas en los bajos moldes
                                                h
Rebaño de linces, de zorros,
de seres transfigurados
por el báculo de la razón.
Pasa la antorcha sin necesidad
de tocar la mano de su relevo
(los jugos del corazón ♥ podrían salpicarlo).
Las más hialinas partes, el “hubiera”
aún en estadio fetal, la vendimia
y el talento para apagar suavemente
los dulces órganos de la ternura
y prender los del pergamino,
del acertijo y del sudoku resuelto,
de la página en blanco,
del cerebro en rojo.

○○○ Monedas tintineantes del trueque milenario que pasa de palma en palma siempre zurda, y pensamientos ordenados como en un cajón donde se guarda la lencería ○○○

Rostros para volar (Antología, UASLP, 2019)

Pulmonía

Tú mismo, papá, me hablaste de la sonaja
que se agitaba en mis pulmones.
No hubo transfusión de sangre, sólo yo igual a yo, 
sola, un angelito al que le habían quitado las alas
con una llave stilson.
Hoy, en tu caldo mortuorio en forma de cama
donde navega el cuerpo lascivo de una mujer 
—en su proa la cabellera de fuego y largas piernas 
rellenas de pulpa de guayaba—,
hoy, contigo yacente y vivo aún, con tu corazón de dátil
que no ha madurado lo suficiente, me pregunto
si en tus noches de insomnio te asalta el recuerdo 
de esa nave diminuta donde naufragaba sin tocar fondo
el cuerpo de una niña sin padres. 
Tal vez te acuerdes, sí, de la tienda de campaña
donde yo acampé en el hospital a los seis meses de edad:
velario de lona que respiraba conmigo o tipi
o pequeña pirámide de tela o bóveda celeste geométrica 
—un poliedro—
cubriéndome como el techo y las paredes de un invernadero
cubren el ejército de macetas 
donde respiran flores de ornato.
Una niña sin padres que tú, padre querido, padre futuro,
habías jurado amar hasta la nave mortuorio verdadera. 
Patria potestad, juramento hipocrático de los lares, 
latinajos que hoy no son más que papel mojado.

Papá se llevó a la novicia de piernas torneadas (IMAC Tijuana, 2016)

Jarabe

¡Y la ronda de colores aquí,
aquel tamborileo amarillo!
La falda es un carnaval del rojo y del azul,
del gris y del morado, del rosa y del verde,
del fucsia y del marrón,
que ninguna pupila se empeñaría
en grabar en blanco y negro.

Jalisco en sol mayor (Proyecta, Cultura Jalisco, 2014)

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