Pájaro de Agua: confección textil sureña
Un espacio en el que el hilo, la poesía y la pintura coinciden
Concentración. Foto: Miguel Asa

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.
Alejandra Pizarnik

Quisiera saber cuántos hilos nos arropan toda la vida para lograr configurar un deseo mínimo de vivir en el horizonte de una mariposa. Y así me pierdo en el sur de Jalisco, entre sus espíritus y sus aventuras, pues allá, por las tierras de los literatos jaliscienses, en Ciudad Guzmán, en el municipio de Zapotlán el Grande, me he convertido en un forastero que se desvela con las manzanas y charla de creatividad. Pero no todo es ocasional, es una interacción potente, absoluta, natural, y sobre todo, honesta. Así es cada vez que veo a Lizeth Rodríguez, una chica entusiasta de las bicicletas y de las confecciones particulares, y también, creadora que ha desarrollado un espacio íntimo, soberbio y caudaloso, Pájaro de Agua, un sitio en que me he sentido partícipe de la vida. 

Fachada. Foto: Miguel Asa

Muchas personas creen que la disciplina es particular de los grandes sistemas, pero muy pocas sabemos que la costumbre de existir se distingue desde lo que somos. Nos hemos convertido en un paradigma lleno de tropiezos, y al final de cuentas, nos convertimos a cada rato. Con ello, es posible reconocer en Lizeth una emprendedora que no conoce límites y que si bien, se dedica desde hace tiempo a la máquina de coser, su oficio es una cosa que amamos los que la conocemos. Desde temprano, el chacachaca de la aguja entra y sale, la puerta espera, el Lobo, su perro, por ahí de bello y sincero, las paredes del hogar como la oficina, como el punto de encuentro, como el sitio de la tertulia, como las áreas creativas de una población en constante colaboración y todo termina por comenzar. 

Sonrisa al hilo. Foto: Miguel Asa

Fue en Pájaro de Agua que me reencontré con la confección y con el impulso de ser emprendedor, y es que si algo tiene Lizeth es la tenacidad que entrega en cada vestido, en cada diseño, en cada compostura, que por más mínima que sea, es una oportunidad de avanzar. Eso siempre, desde la individualidad y con apertura a la colectividad. 

Espacio compartido. Foto: Miguel Asa

Un sonrisa contundente y un espasmo al hablar es lo que obtendrá aquel visitante que llegue a su Pájaro de Agua, que más allá de encontrar piezas originales de su creación en tela, tendrá la oportunidad de descubrir el arte de creativos de la localidad, y por igual y no menos importante, diversos productos de artesanos, y todo, proveniente de un grupo nutrido de jóvenes que con severidad entregan el pulso, el corazón y la imaginación para compartir sus creaciones. 

Piezas. Foto: Miguel Asa

Uno se puede despeinar con una tela, pero habrá un anillo con el que se sujete el sueño, así también, alguna ilustración que permita cuestionar la noche, alguna tasa que permita transportar el amor y muchas cositas que de una u otra manera nos harán sentir. Y es que el Pájaro de Agua, es un ser estrambótico que nos inunda de su paz y de su diversión. Al estar en Guzmán es preciso pasar por una bonita cosa textil de Lizeth, sentir el calor, el arte y la amistad de todo lo que le rodea, compartir el esfuerzo que le ha entregado a la existencia de ese lindo espacio, que en las últimas veces que la he observado, se ha convertido en cueva de poetas y en nido de escuchas. 

 

Entre todo. Foto: Miguel Asa

Pájaro de Agua es un ejemplo a nivel regional de que las colectividades podemos apoyarnos y sabernos un proyecto en conjunto, cada quien desde sus posibilidades, pero siempre, o casi siempre, desde la mejor disposición de cada uno de nosotros. Son tiempos en que los que el arte y el oficio deben cumplir con las metas de unirse para contribuir, para colaborar, para vernos crecer en el horizonte del hilo, de la pintura, de la letra, de la pandilla. Este año ha sido hermoso porque ese sitio, que más allá de ser la casa de Lizeth, se convirtió para mí, como para muchos más, en un sitio de meditación irrefutable. 

Reflejos. Foto: Miguel Asa

La poesía me llevó ahí de nuevo y me traje de allá estos recuerdos, y plasmé, bajo el canto de las noches, el inerte y profundo hecho de saberme un pájaro de colores, lleno de amistad y de profundas letras. Si alguna vez usted querido lector pasa por Guzmán, no deje de buscar ese lugar divino. Seguro habrá una máquina de costura en el proceso de remendar los libros que hemos perdido. Ahí, con un café o un mezcal, estará Lizeth, atenta y furtiva. 

Colores. Foto: Miguel Asa

Y como dice nuestra amiga Sara Stonk, “Pájaro de Agua es un proyecto que florece como una necesidad; una necesidad alimentada de una ilusión y unas manos inquietas cargadas de creatividad. El crear ropa, comenzar con una idea primigenia para luego llevarla a lo tangible, a un atuendo, a una prenda, es un ritual que Liz hizo suyo. Es su manera de habitar el mundo, su forma de dialogar con lo otro, con lo exterior. Las prendas comunican y ella lo sabe, sabe que la ropa va más allá de cubrir un cuerpo desnudo, la ropa cambia nuestra visión del mundo y la visión que el mundo tiene de nosotros. Ella descubrió que la ropa es la forma en que te presentas al mundo, sobre todo en la actualidad, cuando los contactos humanos son tan efímeros, la moda es un lenguaje instantáneo y hasta transgresor”.

Murales. Foto: Miguel Asa

Hay que contemplar el vestir como una lectura. Lizeth encontró su ritmo, sus versos y sus páginas tras la máquina de coser y escribió su propio libro, Pájaro de Agua. Espero que el hilo sea suficiente para afrontar todas las posibilidades que sus trazos configuran en cada uno de sus proyectos textiles. Ella me hará mis faldas, dijo. Ya saldremos en bicicleta para compartir el desvelo de la noche tras los huracanes de su máquina. 

Persistencia. Foto: Miguel Asa

Así que esta vez, y otras más, quizá, por qué no, seamos todos los pájaros, todas las aguas, todo, para refrendar la forma de vestir, el hilo que posa sobre nuestras pieles para camuflar la aventura que es vivir. Una vez dejé un mural que iba a volar, y eso, después de algunos meses, me ha llevado a flotar intensamente. Hoy soy un pájaro de agua, un tipo de papalote que se recorre por todos los hilos. Gracias Liz, por los espejos.