Gonzalo Bojorquez: silencio de contraste
Cuando la escritura con luz nos crece en el interior
Ojo en la luna. Foto: Gonzalo Bojórquez

La levedad en los ojos del levante y la
caída en los ojos del poniente, luz que baja
a hundirse, ¿a hundirse dónde? en la página.
Eduardo Milán

Hay que tener posibilidades en el pensamiento y recomendar la estructura de un fotograma como si se tratase de una experiencia espiritual, que en realidad, sí lo es. En estos tiempos, en que la imagen ha ganado un terreno exponencial, muy pocas personas mantienen la eficiencia de la experimentación visual, pues se trata de un catálogo de posibilidades infinitas que enriquecen nuestras aventuras de observación. Así, cada que lo encuentro, de bigote largo y de una paciencia expedita, Gonzalo Bojorquez, se muestro como un dormilón de la cámara.

Astigmatismo. Foto: Gonzalo Bojorquez

Tapatío dicen las luces de la ciudad, despierta en cada fotograma la posibilidad de vivir todo lo que el pleonasmo no abarca. Y es que considerar el trabajo de Gonzalo es la posibilidad de mitigar el contraste sin remordimientos para obtener una profundidad de la imagen que se desvela en el día. No sé la fórmula, pero sí comprendo la perseverancia de que la nitidez fluya con un ritmo sobrio, pacífico y de un diálogo abierto. Se abre bajo una extensión difusa y pareciera que cada fotografía suya la logra desde el sonido raquítico de una trompeta y sopla. Suena el bajo y la cadencia de la perspectiva se diluye en la saturación. Convive con el retrato, el paisaje, la abstracción, el diamante, el plátano, la sonrisa, el pie, la persona, la silueta, el color y siempre, la luz. 

Danzón. Foto: Gonzalo Bojorquez

Es preciso reconocer en vida que la fotografía es la herramienta que ha cambiado a la especie humana. Y con ella, la evolución del pensamiento sigue latente, por tal motivo, y de manera puntual, es necesario considerar el rincón del conocimiento como muchas probabilidades. La fotografía d e Gonzalo es algo así que ha permitido, por lo menos en nuestros contextos, configuras una de esas posibilidades, pues si bien es cierto que la vida es un riesgo, el crear fotografías es una de las más grandiosas aventuras, y así, nuestro fotógrafo, definido y certero, lanza el disparo y acoge secretos en cada una de sus producciones. 

Encuentros inesperados. Foto: Gonzalo Bojorquez

Porque si bien, todo es fotografiable, hay maneras para hacerlo. Las imágenes de Gonzalo nos permiten contemplar el silencio de muchos conceptos. Hay un silencio que emerge en cada fotografía que nos permite leer el paracaídas de la templanza y bailar al ritmo de un buen soul. Digamos, para ello un coro a capela, y el instrumento es el propio viento, un instrumento que ulula y se lleva ciertos secretos que la fotografía construye, pero que en este caso, someten al espectador a disfrutar desde la sinceridad para abrir la puerta al precipicio de la percepción visual de Bojorquez.

Señales. Foto: Gonzalo Bojorquez

Es necesario tener paciencia para observar los frutos del trabajo de nuestro fotógrafo. Y no sólo eso, es tener el gusto de la fotografía en la experiencia como un sinónimo de radar, pues el detalle, la textura, el enfoque, la composición y más detalles se perciben en el balance de su naturaleza. Es preciso enfocar en el desorden, siempre y cuando, podamos cubrir de llanto la mañana para despertar la lágrima hacia la tierra y con ello, recoger nuestra voluntad para asegurarnos una grata imagen, pues el contraste de Gonzalo, nos viste de una tranquilidad que permite exhibir nuestras concepciones divinas. 

La soledad es un invento. Foto: Gonzalo Bojorquez

Gonzalo Bojorquez estudió Artes visuales en la Universidad de Guadalajara. Se ha involucrado con un gran número de artistas de la escena tapatía y más allá y muchas veces ha creado instantes abstractos que figuran desde su propia huella. Durante el colapso de salud mundial creó un proyecto particular y compartió con muchas personas la mirada, las sombras, los ojos, las luces y fue un destello en la posibilidad de compartir la creación: nos enseñó.Ha publicado en varios medios, en distintas entrevistas y en la promoción de diferentes proyectos, nacionales e internacionales. Su trabajo va desde la gastronomía, las artes escénicas, la música, la editorial, la sociología, la antropología, la arquitectura, el urbanismo, la poesía, lo comercial y demás. 

Mareas. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Cómo se sugiere una memoria dentro de un elefante?
Los elefantes tienen mala vista, pero son capaces de reconocerse en un espejo o reflejo, lo que nos habla de que son observadores, identifican dentro de la penumbra, la memoria funciona así, todo lo que recordamos viene de los detalles.

¿En qué sitios el ojo se convierte en pensador?
El ojo se convierte en pensador en todo lugar, siempre y cuando se observe, al observar se fusionan mente y ojo, practicando mucho la observación el ojo se vuelve mente (pensamiento) y la mente ojo (símbolos, metáforas, detalles, crítica y análisis).

¿Para qué detener el tiempo en pixeles y papel?
Más que detener el tiempo, que es una ilusión, es crear otra ilusión en donde el tiempo funciona distinto, porque se captura algo que queda en el pasado, manteniéndolo presente, sabiendo que seguirá en el futuro. La imagen es un estado atemporal del imaginario.

Todos los niños. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Cuánta arrogancia existe en una cámara fotográfica?
Una cámara es una herramienta, su arrogancia existe en su materialismo, es decir, hacer del objeto un todo al igual que un automóvil, cuando el fin del automóvil es movernos y el de la cámara comunicar.

¿Cómo es posible saber los sueños del color rojo?
Desde las vísceras.

¿Quién existe en el sueño de la convocatoria abierta por la luz?
Todo lo que sea visible, más no palpable.

Texturas. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Por qué los colores son parte de la imaginación?
Porque el color es un detalle y a través de los detalles imaginamos, el color está en todo y la imaginación también, coloreamos la vida a través del color según nuestras emociones y cuando imaginamos el futuro, lo pintamos de colores para desearlo o le quitamos el color para rechazarlo, así que los colores son los detalles que le dan atmósfera a lo que imaginamos.

¿A qué le atribuyes la composición visual que ha considerado el universo?
A la existencia humana, nosotros componemos el universo a través de la vista, el universo puede ser todo, orden y caos dependiendo de cómo lo componemos y componemos para interpretarnos y de esa forma reconocernos dentro de un todo.

¿De qué manera el bulbo configura su erotismo?
El erotismo del bulbo se encuentra en que está abierto a la luz, igual que el del sexo al amor.

¿Qué paisajes se quedan en las posibilidades de la palabra?
Todo paisaje se vuelve palabra al comunicarlo, y toda palabra se vuelve paisaje al sentirla.

La Huella. Foto: Gonzalo Bojorquez