Diego Siordia: entre personajes disruptivos
Un creador que entre pintura e ilustración juega a ser niño
Música de colores. Ilustración: Diego Siordia
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Fácil amar
a los POETAS
Su
ESPLENDOR
Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Elise Cowen

Se hace llamar “don Porfirio” y suministra el color como si fuera un antídoto, porque es tan peligroso como milagroso, es anestesia pura. Diego Siordia, su verdadero nombre, traza imaginarios y coquetea con los colores. Es un artista que mira el mundo como si fuera un block de dibujo en blanco, un científico al borde de la locura que hace fórmulas y experimenta con su creatividad.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, es uno de los artistas que ha experimentado en diferentes etapas, como el dibujo, la ilustración, el muralismo y el arte digital.

Hombre que llora fuego. Ilustración: Diego Siordia

Si sus ilustraciones hablaran, seguramente escupirían naranjas y azules, y contarían historias sobre el mundo imaginario en el que viven; pero aunque no hablen como los humanos, guardan entre geometrías y color algún secreto, puesto ahí, para ser descifrado por aquel que sabe cómo mirar.

Gas de amor. Ilustración: Diego Siordia

Don Porfirio crea la personalidad de sus personajes con base a lo que observa de la gente a su alrededor, va tomando un poco de acá y de allá, y como retazos humanos va creando seres ficticios, saturados, deformados y tremendamente complejos. Sus fantasías marcan la directriz de sus personajes, y una vez creados se hinchan de vida. Así, como artista que reconoce a sus obras como entes vivientes, don Porfirio es el medio y aliado que les abre la puerta al mundo.

Niños que juegan con monstruos. Ilustración: Diego Siordia

Los colores y las fragancias que reparte en cada línea son una configuración de las metáforas humanas. Existe en cada perfil un elixir del que se desprenden diversas enredaderas de confusión, euforia y cólera. No es posible definir a don Porfirio tras el amalgama que revitaliza cada centímetro de saturación. Así un rostro, la risa, sus demonios, nuestros demonios, los espíritus libres y las confundidas imágenes en el estrato del color rojo.

Babas de amor y locura. Ilustración: Diego Siordia

Existe en cada uno de sus trabajos, un complejo cuestionamiento sobre las posibilidades de reflexión, espejismos que deforman la cosmovisión personal de sus espectadores. Hay una raíz que hace permuta entre el desierto y el mar. Algo tan similar a los espejismos que existen entre mujeres y hombres, objetos diversos y un sin fin de artefactos que se configuran en sus galaxias.

Caleidoscopio. Ilustración: Diego Siordia

Hay ansiedad, locura, piedras, papalotes, bicicletas, desnudos, una línea negra fina y desbordante así como el señuelo de todo un imaginario imposible de cazar. Todo, en don Porfirio, es un enigma avasallador propio de un ejército mágico. No existe la posibilidad del riesgo, es el riesgo mismo, una libre y catártica red de emociones. Algo visceral. Nace desde los vellos hasta los cordones de los tenis. Apabulla a la vista y no es mediocre el carácter de vivir. Se comparte. Traza, plasma, energía, y ya está. Hay un balcón en el que se puede uno posicionar y disfrutar de cada una de sus piezas. Su diversidad genuina es lo que se debe aprender de este tipo de personajes, que muy en el fondo atenta contra las flores, pero en realidad, es quien más las cuida.

Pieza deconstruida. Ilustración: Diego Siordia

Se puede cohesionar una estrategia de dominio público, pero no bastará para descubrir las muchas facetas de este artista plástico, ni el verdadero nivel de aventura que vive en cada uno de sus trabajos. Ya lo dije, es el riesgo. Y eso, es lo que le pone diversión a este circo de animales brutales llenos de ternura y algodón.

Escapar de la locura. Ilustración: Diego Siordia

Alguna vez determinamos dos tótems, hoy me amaso en la soberbia de la libertad, ahí, en que las coordenadas no fungen como un distrito aparte, si no que se es parte de una nación, la de esos monstruos estéticos que proclaman alegría, estupor y candela, aunque pareciera contradictorio, pero son complemento. 

Hay que observar muy detenidamente los giros de sus manos para sentir la vitalidad de cada uno de sus personajes. Diego es un tenaz artista que frecuenta la soledad en la creación y adorna de sensibles pistilos cada una de las imágenes que surgen de su estructura. Un día, espero muy cercano, simular mi cuerpo en una de sus figuras. Qué la melodía de los colores nos permita la coincidencia de vivir y sea para siempre, la libertad del trazo, la que nos vuelva más humanos, más sensibles, solamente, para vernos las caras otras vez, y ya está. Hoy sueña el sol con crearnos como mariposas.

Mexiko. Ilustración: Diego Siordia

¿De qué manera compones un baile entre la lluvia?
Al esquivar las gotas… Gran baile.

¿En qué momento se baila con el pincel dentro del desierto?
Cuando más sed se tiene, más cansado estás. Si hemos de morir que sea con algo empuñado en la mano izquierda.

¿Para qué sirven las alas de las ilustraciones?
Para capitalizar nuestras ideas, adoctrinarlas y postearlas en Instagram para llenar el ego y el portafolio.

¿Cómo se teje la nostalgia dentro del color?
Al recordar los colores niños, esos de las taquerías sucias, cunas de Mickey y uno que otro asquilín.

Música de colores II.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisando lento pero gritando fuerte, es vivir haciendo la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimentos y su sobresaliente salida en color amarillo.

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