Aurora González: hay que bailar en el golf

Aurora González de Mendoza. Foto: Miguel Asa
Aurora González: hay que bailar en el golf
Letras de una aventura de césped y flores

Dale a su dolor la permanencia
de tus definiciones
los aceites curativos de tus ríos.
Carmen Villoro

Una mañana el perfume toma color de tornado. Los ojos permanecen cerrados y la locura del flamenco surge de manera ambiciosa, como si fuera un ramo de tulipanes en función de un satélite. Quisiera acordarme de todo lo que ha sido la explosión de las flores para verificar cada uno de los pétalos que sobrevuelan el mar. Así entablo diálogo con Aurora González de Mendoza por las tardes de viernes y su poesía. Con sangre de todos lados y un corazón tapatío, Aurora pretende arrancar en sus versos la desolación del color amarillo y trabaja como el polen, de una a otra perspectiva. Hay luces que emiten un sonido y una tremenda cortesía para inundar los detalles de las raíces. Es una configuración un tanto polémica y estruendosa que sus letras provocan a cada paso. Es un universo de moldes y figuras que se muestran como una resistencia a la distancia y a la plenitud individual.

Reflejo de flores. Foto: Miguel Asa

En los colores de Aurora emerge una cotidianidad que no vemos, nacida en Guadalajara, hay una sensibilidad papalote muy entregada a las líneas de la madera, mismas que teje una distopía en cada una de sus etapas. Aurora es una representación de tierras, un amalgama que se muta entre el baile y el mosaico. Puedo entregar una descripción de un silencio pero prefiero el ruido y las nostalgias de las pelotas de golf. Surge el espasmo como una verdad y todo es una efímera sensación de hielo sobre el corazón. Debemos mitigar el movimiento de las raíces desde la sensibilidad de nuestras manos. Conseguir una receta para desmoronar el paladar en compañía de la familia. Hay un momento en que el fuego resuena y entrega una sazón particular.

Una copa de poesía. Foto: Miguel Asa

En la poesía de Aurora existe una duermevela que descansa en el rincón de la huella y sigue y es huella y sigue y es huella y sigue y es evolución, un nido, una rama, la luna, el tiempo de cosecha y el fruto a la vez. La soledad se puede encontrar en el desasosiego de sus contextos, un proceso individual con euforia y entretenimiento. Aurora nos invita a pasar descalzos mientras el viaje sucede, así sin ninguna probabilidad de ser. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Viajera del amor. Foto: Miguel Asa

Es posible encontrar un espacio de sabor y suavidad, una manera única de proclamar las maravillas que contienen las estrellas. Se tratan de palabras que son fondo y estela, una gloria pequeña de un tramado augurio. Podría aniquilar 128 bytes en una sola toma y me electrocutaría despacito cada uno de sus versos. Aurora teje y convierte un reflejo en la sensación del blanco y negro, se vuelve extraña, una tesitura de alto contraste y llega. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Somos el aroma. Foto: Miguel Asa

Hay que permanecer un día cálidos bajo las nubes, sin mentirnos, para valorar que cada uno de nuestros momentos, es la entrada de una esperanza, la posibilidad de amar bajo la sombra de una carita y tocar con las espinas cada una de sus vertientes. Un beso, una glorieta, y toda la lluvia son un ejemplo de raíces, parte del estipulado que nuestra poeta nos entrega en el día a día. Es preciso disfrutar del giro que tiene cada una de sus líneas para saber. Con poca extrañeza, que debemos caer, caer profundamente, considerarnos un peso explosivo determinante y libre para sugerir suficientemente los cuerpos a través de cada letra. Leer a Aurora es una empatía con el movimiento, una gozadera de la vida, una base de ladrillos y detalles en sólido concreto, es pues una inserción de una sangre que conspira, que perturba, que hiere y a la vez, resuelve.

Libertad poética. Foto: Miguel Asa

Preciso, es analizar cada uno de sus espacios grotescos, una vez inerte, es posible lograr más de un espasmo, un gemido, cerrar el diafragma y escapar en directo para tener un internegativo de ello. Aurora nos habla sinceramente sobre cómo florecer de una vez por todas, desde la orilla del mar hasta el inicio de nuestra incertidumbre. Uno se nubla y puede quedar seco. Es preciso contener una especie de lazo con el fin de escapar un poco de la tristeza y tocarla, enamorarla, sentirla, todo para volver a sacudir el universo que portamos. 

Un piano me es verso. Foto: Miguel Asa

Hoy es cuando, en estos tiempos, debemos de anclar nuestra pesadez en lo que no somos, el goce de la locura queda entre la muerte y el nacimiento de las flores. Aurora nos marca ciclos y ahí desfila desde su mirada. Entrega un encanto y desaparece. En cada ciclo, hay, la disposición para emigrar, regresar y vivir diferente. Ninguna lectura será similar, pero en cada poema hay una naturaleza potente que menciona que un piano será la transformación de nuestra percepción. Es instante de componer melodías sin temor, para refugiar a cada verso que escapa de nuestra creatividad. El juego tiene pelotas y nosotros somos el lienzo corta-navajas. 

Mirada horizonte. Foto: Miguel Asa

Aurora González de Mendoza estudió la licenciatura en Didáctica del francés como lengua extranjera en la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en diversas agencias de publicidad como creadora de contenido. Fue becaria del PECDA Jalisco en su edición 2021-2022. Participó en el Festival de poesía Edita, en Bilbao, España. Participó en Poesía al paso, iniciativa cultural del Gobierno de Tlajomulco. Le gusta bailar flamenco y disfruta de su piano como una voz extra de su pensamiento. Le gusta comer con jazz de fondo. Las charlas las disfruta con un café y escribe sin un precepto común. Disfruta de los viajes y ama con desdén los aromas de las librerías.

¿Cómo es el encuentro de los planetas entre el pistilo?
El pistilo nos muestra en su centro una maqueta chiquita sobre lo que es la vía láctea.

¿A qué sabe el flamenco cuando se sueña?
Difícil es decir que el flamenco se sueña, porque el flamenco ya nos soñó a todos entre estados de consciencia e inconsciencia, entre felicidad y dolor. El flamenco es un canto que muestra dentro de la historia la luz que causa el rechazo. Pero, como sabor podría decir que sabe a los antojos que tendría un oído en estado de gestación.

¿Por qué descubrir la poesía en el barco de papel?
Porque al momento de meterla en el agua se desintegra uniéndose con los elementos sobre los que no tenemos control. Ahora, si queremos también podemos dejar el origami por largos periodos sobre el escritorio y dedicarnos a contemplarlo. Usar, tal vez, sus guías como trazo para esperar el impulso que nos haga desdoblarlo y encontrarnos con otra figura.

¿De qué manera se configura un giro?
La maestra de danza te podría dar una serie de pasos, entre ellos aprender a colocar el cuerpo; meter el abdomen, contraer la pelvis, poner el peso en las puntas de los pies, escoger un punto como guía para la cabeza y lo demás que quede un poco flojo. También se puede girar por instinto, sin conocimientos técnicos. Lo importante del giro es la respiración que se realiza dentro de él.

¿En qué momento la flecha se es nube?
En el momento en el que abstraes la figura de la forma, pero desaparece antes de que te des cuenta.

¿Qué se celebra entre la palabra y una larga caminata?
Caminar es una fiesta para los ojos activos que se reencuentran con el rasgo primitivo de la supervivencia. Uno camina a veces con rumbo, a veces con música, pero lo hace con la finalidad de permitir que el silencio se rompa con la respiración interpretando lo salvaje.

¿
Hasta qué punto se determina el riesgo?
El riesgo es la hoja de reciclado que se impone delante de ti en la desesperación de anotar algo, para con poco espacio libre. El punto del riesgo es nacer y todo lo que se recolecta dentro de él. Una telaraña que se cierra hasta que vuelves al centro del pistillo.

¿Cómo se concibe una araña en líneas de colores?
Las arañas son las maestras de los mándalas. Me gustan porque son compartidas. Nos dejan a nosotros líneas finas donde los reflejos ponen sus colores. Incluso la luz se siente libre para jugar y mostrarnos el tornasol. Una araña es la prueba de cómo la libertad sigue trazos, estructuras.
¿Qué se hace con los suspiros de las hojas?
Vivir las estaciones y bailar. Ver una hoja caer es cortar el tiempo, pasearse en él. Un placer que algún genio aprovechó para tomar la iniciativa de crear una versión infantil ¿A poco no te acuerdas de los columpios en el parque?

¿Cómo se juega a perderse en la hoja en blanco?
La hoja en blanco es una vida. No se juega, uno sólo se echa y ya. Nunca sabes qué te va a salir o cómo se va a llenar. Pueden ser dibujos, palabras, poemas, frases o simplemente algo que te llamó y vale la pena transcribir. Tú no te pierdes en ella, ella se pierde en ti. Se integra hasta el punto fino donde se extraña el espacio en blanco. Entonces, uno le da la vuelta e intenta hacerlo de nuevo, sin garantía de que salga algo que mejoré lo que quedó en el reverso.

Ficciones
La realidad es una ciudad lejana
donde no se puede tallar la memoria
para dar relieve a las entrañas

Una sala de cine,
nos dibuja figuras en rojo y azul
se nos escapan, a pesar de que sean nuestras.
La burbuja flota dos horas,
un volado a la suerte del aburrimiento
la ansiedad cava en el bote de palomitas
encuentra una lluvia que ya pasó

Inédito

Principio:
Una los puntos en orden para descubrir la figura.
un pato, una flor; es sorpresa.
Tal vez usted encuentre el mecanismo donde se engrana el mar
que viene, empuja hacia adentro y después escupe la muerte
Tal vez encuentre un tesoro en la basura viajera
como el cielo apagado que vive en la cabeza del cerillo
Tal vez en los puntos encuentre un tendedero
arrastrado por el aire: esparce aroma a ropa limpia
se convertirá en trapo,
para prender el fuego
crear
el que estuvo una vez en el cerillo
recrear
el cielo apagado que se prende con el mar

Inédito

Hay sabores que sólo tiene mi madre
su vientre es una receta
condimentada con el dolor de parto.

¿Sabes a qué sabe tu madre?
La mía sabe a mar
llora cuando cocina,
sus manos, el horno
desprenden el olor a canela
que esparce la aurora.

Mi madre sabe amargo
sobras de mi padre en el frutero de juventud.

Inédito

No hay aviso
El equilibrio es la cuerda floja
que nos habita en el presente
de los presentes, del yo.

Separados por algo tan delgado
fácil de terminar con una pisada.
En una línea nacen la felicidad y la preocupación.
Vivimos en el borde,
las fronteras importantes no tienen letreros de bienvenida.

Inédito

Mancha urbana
​Dentro del túnel está el calor de la sangre
recuerdos se nombran como estaciones.
Un destino para cada pasajero,
      despedidas sin saludos
oscuridad interrumpida por un vagón de nervios,
piernas ansiosas, saben lo que pesa un día.

La rutina viaja colgada a la espalda.
Se silencia el ruido de la noche ficticia.

Afuera hay sol, ningún aroma es claro.
Viajar en metro es meterse a la cicatriz.

Inédito

Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía

Juan Azuara. Foto: Miguel Asa
Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía
Un regiomontano en las costas jaliscienses

Con el sol de la tarde
veníamos los cuatro pensamientos
aislados
Leticia Villagarcía

Pensamos en sonido. La memoria. Un pasito. Es necesario un atuendo estruendoso para marcar la diferencia. Es preciso un modesto sonido de alcoba y un poco de jazz. Es necesario una panga y un sonido de equipo. Es muy necesario saber correr hacia el destino. Partir el pastel, tomar las llaves, andar a la puerta y esperar para volar entre los papalotes. Desde ahí se vuelca la obra de Juan Azuara. Escribir un poema es jugar futbolito sin usar giros. Es saber dirigir la alineación: el partido ronda en muchas vertientes. La naturaleza, el cosmos, las nubes, las soledades y los iracundos, son sólo una parte de la muestra. Cada quien define sus propios caminos, sus lecturas, sus días.

Barca de sonido. Foto: Miguel Asa

Nacido en tierras regias, de Monterrey, Nuevo León, convirtió a Puerto Vallarta en su nueva casa. En Juan Azuara hay un encuentro de historias que se pueden desdoblar con una tarde por la playa. Entre el ocaso de olas de fuego, reflejos lejanos y luces de historias ajenas, Juan escribe como un pendular momento del día. Aquí o allá. El camino es una historia, el agua es otra, el viento otras, y el cuerpo se distingue entre una bomba de luciérnagas. Así es el tiempo y la simpatía de la vida. La sincronía del corazón está sujeta a los abismos que uno descubre en cada paleta de fresa que se conmueve ante su fuga de la vida. El balón como el verso, giran, los mueven, sacuden, estallan, efectos físicos, el disparo y el gol.

Tiempo de poesía. Foto: Miguel Asa

Con Juan uno se desliza entre las frecuencias del tiro de esquina y de la fragancia de las flores. Existe una jugada que pocos conocen en el verso. La voz es el movimiento. El poema se construye entre tiempos y está el tiro a gol. Se perpetúa en el público. Se anda el lago en silencio y ocurre lo contrario con el mar. Se posibilita la unidad de refugio y de estigma. El fuego se encuentra en equilibrio. En la sensación de un momento, la poesía estalla y se detiene, y vuelve al sitio y surge el giro. Se va por la banda derecha y pega al centro. El arco es una reunión del iris que se mitiga con delicadeza entre cada efusión verbal. El poema va en el aire. Surge Juan y escribe, desde su cabeza o su pie, la trayectoria de las letras.

Árbol-es. Foto: Miguel Asa

Entre las líneas de Juan existe una melancolía que nos recuerda que el tiempo se va, es un gusano en la centella. Así nos amordaza desde el juego y desde la simpleza del acto. Así, con una voracidad mínima para degustar el sinónimo del sueño, de espacio y de contemplación. Se sumerge el síntoma de la emancipación de los horizontes. Podría ser el capitán de una secuela. También se desata por la banda izquierda. Maneja el centro. Baja y sube. Defensa. La portería está como el objetivo de resguardo. La salvación del tiro libre y el majestuoso volumen de los sonidos naturales del día. Un espasmo entre el público. La lotería desde las gradas. El espectáculo es un testimonio de tiempo. Es simbiosis de compañía, empatía y hay un segundo de nostalgia. Juan nos aproxima a una infancia en color amarillo. Se mueve, entre el jazz y el verso, la palabra y el volumen, el eco. Se mueve entre las notas y en el jam está la jugada.

Un niño amarillo y el poeta. Foto: Miguel Asa

No hay árbitro que intervenga en el poema. Aquí se viste uno de azul, amarillo, verde ocaso, escarlata, galaxia, mango, plátano, cielo, sueño, pero se viste. El juego tiene una duración de alegría y de concepción. Se trata de una apuesta de sincronía y amor. Se viste la posibilidad de estar frente a muchas cosas más. Se propone un paso enorme. Se vincula, contagia, mueve, se es un giro tras otro y se mueve de nueva cuenta. Se va por ahí, se arrincona, surge de la esquina, regresa: el juego viene al frente. Contrarremate. Se abalanza. Juan vuela. Se es la inquietud y el ingenio. La diversión, el pasito adelante. El que juega como el poeta medio campista. Desde ahí la sorpresa de estar. Se mueve el rincón de las superficies. Vamos a establecer el paradigma del giro del balón. Ha sido gol una y otra vez.

Direcciones. Foto: Miguel Asa

El futbolista que se dejó llevar por la poesía tiene jugadas innovadoras y traslucen el firmamento del mar. En la playa, en la estepa, hay que jugar como podamos. La infancia no es determinada por la edad: se vive y disfruta cada rato, como una sensación afable de las relaciones intergalácticas que tiene la naturaleza. Nos convertimos en una linterna con la que se perciben los silencios, las flautas y la empatía. Es tiempo de dar cuenta sobre el término de la música, en conjunción con el movimiento del balón. De tal manera se traduce una danza como la pluma en la hoja en blanco. La traslación y la rotación se convierten en anclajes del universo cada que se sitúa el poema dentro de la portería. Juan nos hace vibrar desde las incertidumbres, cotidianidades, juegos y un divertimento como el de vestir a la poesía de lucecitas de colores neón. Hay disfraces para toda lectura y mucho movimiento en la ejecución, las palomitas, la sonrisa y el remate.

Escuchar el verso. Foto: Miguel Asa

Juan Azuara estudió derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene en su haber Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020). Ha publicado en diversas revistas literarias. Ama al futbol como una estrategia poética de muchas direcciones. Se abalanza en la experimentación y busca permanentemente generar su estilo, poesía en voz alta con directrices de varios aromas sonoros, visuales y corporales. Incluye una sonrisa y una buena charla. Ha participado en varios encuentros, foros y tertulias. Dedica algo de su tiempo en emprender talleres de poesía para niños. Le gusta hablar de música y percibir el comentario como aprendizaje.

¿Por qué un borrador se convierte en un tiburón púrpura?
Nada se convierte en nada. Todo es al mismo tiempo un borrador y un tiburón púrpura. Quien diga lo contrario está en lo cierto.

¿En qué parte de la ecuación se encuentra una metáfora del cielo?
La única parte de la ecuación en que no habita una metáfora del cielo es su respuesta.

¿Cómo se pinta una jirafa con versos fosforescentes?
Se empieza por las semillas de los árboles con los que se alimenta. El hambre seguirá allí cuando broten las flores. Al masticarlas bajarán por su cuello, dejando una estela brillante que germina en el estómago. El resto es cuestión de tiempo.

¿La música disco sirve para conmover a los árboles?
Contrario a lo que muchos científicos afirman tras años de experimentos en la pista de baile, la música disco no sirve para nada. Por otro lado, no es ningún secreto que las hojas de algunos árboles tienen la capacidad de estallar la fiebre cualquier sábado por la noche.

¿Cuál es la diferencia entre un sombrero de bombones y una sábana de anís?
Lo primero que salta a la vista es el olor. Mientras la sábana de anís tiene una fragancia que nos tumba sin soñar, el sombrero de bombones posee un aroma que en la cabeza de un mago podría convertirse en merengue, antorcha, serrucho o una infinita estola de dudas partidas por la mitad.

¿Cómo se retrata la esencia de un perfume?
Lo más importante es amordazar el sentido del olfato. De no hacerlo, el perfume velará cualquier esencia.

¿En dónde queda la humanidad cuando llueven palabras?
En la mayoría de los casos, bajo un impermeable. Aunque hay quienes, víctimas de la sed, le sacan la lengua al diluvio hasta morir ahogados.

¿Cómo se vacía la raíz de los satélites?
La raíz gravita inasible por el universo. Se dice que hace miles de años alguien logró sostenerla entre sus manos, pero al encontrarla inútil la mandó a volar. Desde entonces es común confundirla con satélites.

¿En qué hora del día se es sombra amarilla?
Cuando el último atardecer nos deje ciegos, seremos los colores en lo más profundo del sol. Nuestro cuerpo no ofrecerá ninguna resistencia ante esa añeja luz que nos convierte en vitral. No hay otra hora.

¿Cómo bailan el mar y la lágrima bajo una bicicleta?
El baile, el llanto y el océano comparten la misma forma: una gota a la vez. También andar en bicicleta. Cualquier cosa escurre en balde si se busca una manera distinta.

lo que ven estos ojos
qué es lo que veo en el reflejo sino manchas de agua seca
y jabón que opaca los cristales

en lo negro de mis pupilas no habita la profundidad del ser
acaso lágrimas que brotan al mirarme con fiereza

qué hay en el interior de esas córneas que cuanto más contemplo
más enchuecan las puertas del alma
que hace tiempo traigo perdida

tras los vidrios está todo hecho pedacitos:
punzadas que activan el llanto manantial
de la primera persona del singular
y del plural a veces

pero ¿cuál plural?
el desierto entre mis párpados
arena cegadora de estos ojos
que solo observan hacia dentro
qué esconden mis pestañas cuando se besan
en la oscuridad del rincón en la madriguera
del conejo que olfatea sus bigotes después del coito:
como si el aroma pudiera conservar el aliento
de aquel gemido de otras noches
                                        que también fui

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

la nada

nada depende de nosotros
ni la tormenta ni la serenidad de la marea

nada nos distingue de los demás
compartimos un buque a punto de hundirse
ante el mismo tsunami

nada nos puede salvar
habitamos este mar en extinción
donde incluso quien tiene alas
se viste de petróleo

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

manéjese con precaución

La poesía, para que sea, debe romper algo. Por eso los contrastes le vienen tan bien, como un chorro de agua sobre cristal. Sus versos son martillazos precisos o semilla fecundada en el vacío. Puede hallarse en la advertencia de peligro en los fuegos artificiales, en sus luces de colores, en sus cenizas. Es el tic tac de una bomba que se ha quedado muda por un segundo, y en el siguiente explota.

Inédito

supongo que es cosa de la rutina

si un día me levanto
y robo una paleta del quiosco
no me convierto en bandido

aunque si todos los días me levanto
a robar una paleta del quiosco
podría convertirme en bandido

y si ya soy un bandido
no voy a conformarme con robar paletas:
voy a intentar robar un banco

y para robar un banco
hace falta mucho trabajo

hace falta servirme una taza de café
y pensar profundamente
en cómo robar un banco

desde la entrada hasta el escape
ver los planos con ojos de fracaso
de cadena perpetua
y sin matar a nadie

lo mismo con los poemas:
escribir uno no me hace poeta

pero si diario despierto con esa intención
y me sirvo un café
y veo los planos con ojos de fracaso
para dar el golpe preciso       entonces sí
tal vez así me              convierta en poeta

Inédito

construya al hombre que aprecia la realidad con nitidez 

haga un par de ojos bien abiertos
y dos orejas

póngale unas gafas
que corrijan su miopía
y astigmatismo

¿se caen          verdad?
le hace falta una nariz

moldéela y colóquela
en su sitio

todo está listo:
ahora pregúntele
a qué huele el mundo

Inédito

ante la destrucción de los reinos

parece buen síntoma que la plaza
esté repleta de tiranos
y pancartas contra la libertad
de sus esclavos y choferes

que a unas cuadras esperan en el auto
con el aire en dieciocho
y la radio encendida
mientras sus amos aúllan con los sobacos
bajo el sol del mediodía
de un domingo cualquiera

en sus casas las albercas lucen solas
y en el living las mascotas
persiguen una pelota inmóvil
sus hijos tras pantallas
sin alguien a quien culpar
de esa estéril vida
colmada de soluciones

la justicia nunca llega para nadie
pero cómo nos hace reír
cuando la vemos
de lejos

Inédito

Raúl Aceves: la poética de viajar en la aventura

Raúl Aceves. Foto: Miguel Asa
Raúl Aceves: la poética de viajar en la aventura
El reconocimiento de lo natural como medio de la palabra

Hubo una vez un hombre digno de ser llamado así:
era joven, desafiante y sólo escuchaba sus sueños
Melissa Niño

Es preciso considerar en estos tiempos, que la naturaleza constituye el punto de partida del pensamiento filosófico que emerge de la voz poética. Así, es necesario conocer los inviernos, como las primaveras, lo salvaje de las cosas y el error de las virtudes. En detalle, hay una serie de momentos en el viaje al interior de nuestra entidad física: se trata de un viaje que nutre a la poesía del individuo. Así persiste en las cosas Raúl Aceves, infranqueable y sencillo creador, que toma de la vida y su conjunción con la naturaleza, la relación poética de las comunidades. Se vuelve un aroma de una mariposa y lo encuentras dentro de miles de posibilidades en el río. Explora, siente y determina. La sencillez de la poesía en el verso dedicado a la propia naturaleza.

Sonreir hasta el final. Foto: Miguel Asa

Con una historia potente y de diversos silencios, la persecución del aroma se ha mantenido en las posibilidades de sus caminos. Tanto en la montaña como en el campo. Caminar es la dinámica, la contemplación, el pequeño fuego que derrama la copa ante la presencia del vértigo del aire. Raúl, originario de Guadalajara, Jalisco, es un poeta en el hilo de la aventura: esta lo calza, lo frecuenta y lo reviste. Se pasea en las cortezas de los árboles como pluma de cristal. Hace de las simplezas, por así decirles, un extraordinario ecosistema de fragancias. Así de vasto, de honesto, de agua, como también hierro, un violín tras otro, cartas y papeles, el viento, una hoja, una araña, el tiempo, la piedra, la vida, el color rosa, los ladrillos, las cucharas, los almanaques, los perfumes, los horizontes, las ruedas, el mundo, la vida, el amor, el instante, la lotería, la fortuna, el mar, las canicas, la exploración, la existencia, la muerte, las comas, las cocinas, las soledades, y sobre todo, siempre uno mismo.

Bicicletas y poeta. Foto: Miguel Asa

Hay que caminar con un reflejo enorme en el pie de las letras. Sumar el ejercicio de contribuir a la más grande de las palabras. Podríamos esparcirnos entre las llamaradas de las penumbras y su obra, determinada y exigente. Si así lo dice la receta, se rasga como una ola entre las galaxias. No sé si el mar, pero entre tanto emerge un halcón, desconectamos la evidencia del pensamiento e intuimos que se es sobreviviente, un viajero, un observador, un antropólogo de la palabra. Para ello se concibe como una soledad, en la que reconoce que la verdad es subjetiva; sin embargo, todo se trata de una propia verdad que tiene que ser compartida, en contacto con la belleza, con el origen y el destino, con el ejercicio creativo y toda su seducción. Así, hay que conocer a la poesía, no como una moneda, sino como un esparcimiento entre las nebulosas que frecuentan nuestros oídos.

Árbol. Foto: Miguel Asa

En cada obra está la posibilidad, el horizonte, la magia y el encuentro. Ahí, en pausas lentas, conocemos al poeta y al personaje. Escribimos con fuerza y estremecimiento, pues la composición se trata de un pensamiento estructurado con calma. Ejerce la diversión de posibilitar la experiencia como una manera de aterrizaje. En el poema se trata de vivir para pensar, para sentir, para percibir la belleza del mundo, esa que cada uno de nosotros sabemos compartir. No es momento, ni el tiempo adecuado para abandonar los sueños, las esperanzas o las expansiones: el ritmo es el suficiente si se tiene la confianza de resguardar el trazo natural de las palabras. De esta forma, en un verso, una prosa, un aforismo, entre sopas y campos, entre estrellas y lunares, entre una botella y un plátano, Raúl se muestra efusivo, escritor y profesor que vive en silencio, en el que se resguarda desde la tranquilidad, para crear y compartir el interior del ser.

Hombre feliz. Foto: Miguel Asa

Dar y recibir. Dar y recibir. Dar y recibir. Nadie, absolutamente nadie tiene respuestas para las sugestiones de la humanidad, que, si son infinitas, no existe ninguna posibilidad de saberlo todo. Con ello Raúl se adapta a una economía vital del existir, ser polvo que mueve el viento y desencadena una constante tranquilidad en el fondo de los poros. La ligereza de Aceves nos condena a sobrellevar una poética que emerge desde la capacidad de hacer que las personas se asombren, en la que la sutileza, la memoria y los pequeños detalles, tienen flores de venus y perfume de luna, todo a paso lento…

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Hay que asombrarse, dice el corazón. Hay que asombrarse, insiste la luz. Hay que existir, aventurar, perseguir lo imposible que está dentro de nosotros, para emerger en cada momento sin ninguna sorpresa. Raúl es así, una entidad de perseverancia y escritura. Pensamiento en la duermevela y el sueño disparado entre los descubrimientos de los pequeños instantes de la naturaleza. Su contacto con la madre Tierra es una exploración que lo lleva a contener emociones diversas. Se percibe como una entidad creativa, de suficiente experiencia y de noble valía. No hay que persistir en lo que no responde cuando el camino sólo tiene un tiempo. Es necesario determinar en nuestras lecturas, que el tiempo está en constante baile. Hay sol y luna, mar, plantas y animales, y nosotros ahí inmersos. Sin embargo, un día, pese a nuestras letras, debemos partir. El tiempo está y es un baile que nos toca. Así el poema se ejecuta desde las raíces. Así se percibe la sencillez y el conocimiento de lo que uno busca, alcanza y desea. Escribir para compartir, leer para otorgar. Nada, absolutamente nada, ni nuestros versos, se irán con nosotros.

Huella. Foto: Miguel Asa

Para descubrir a Raúl Aceves no hace falta lo elegante. En la orilla del árbol, sobre la banca del parque, en el café de la zona, podemos compartir el diálogo. La palabra es una guía del conocimiento. La voluntad de los creadores debe unirse como voluntad colectiva. Así lo comparte. Se refiere al sentido de la magia, no exagera ni menciona en absoluto el valor de la persistencia: la deja en silencio y vive desde sus líneas. Hay que admitir que el trabajo se vive desde la reflexión, pues la poesía es también parte de la filosofía de la naturaleza. Debemos conocer, profundizar, meditar sobre nuestro acontecer diario. Quitar el temor y perseguir lo que se mueve y lo que no. Hacer de nuestros días etapas de vuelo. Así frente a una fruta, un caracol, una luciérnaga, una canción. Todo siempre será inspiración, porque la vida es irrepetible de forma idéntica. Así acude Raúl a nuestro canto personal, a manifestar la sencillez de la vida y traslada la gracia de la palabra en el papel que hemos dibujado. Qué buena oportunidad esta de vivir y la de viajar. La naturaleza tiene creencias sobre los humanos: la contemplo y sólo siento. La aventura es un poema dedicado al silencio.

Arquitectura del tiempo. Foto: Miguel Asa

Raúl Aceves nació el 9 de diciembre de 1951. Estudió la licenciatura en psicología en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidentes (ITESO). Fue profesor investigador del Departamento de Estudios Literarios del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), de la Universidad de Guadalajara. Fue reconocido como Premio Jalisco de Literatura en 2020. Entre sus voces literarias se encuentran obras de poesía, aforismos, ensayos, anidadas de manera individual o colectiva en antologías y compilaciones diversas. Su obra experimenta impulso aventurero y una constante persistencia en los detalles simples. Ha sido profesor de muchas generaciones y recientemente, de la licenciatura en escritura creativa. Ya está jubilado y disfruta de escribir, igual que tomarse un buen café con pan.

¿Cómo percibe una mariposa la calidad eterna de la poesía?
La mariposa es un poema volante y puede percibir la calidad poética de su propio vuelo.

¿Hasta qué punto el papalote se convierte en horizonte?
Hasta el punto en que el propio horizonte se convierte en un papalote del tamaño del cielo.

¿Qué es la nieve en el puerto del corazón?
Es el barco del glacial que choca contra el iceberg de los sentimientos congelados, antes de llegar a puerto.

¿Cuántas posibilidades existen en el cariño del arco iris?
El arco iris en sí mismo es un abanico de posibilidades y siempre se enamora de la posibilidad de ser estrella.

¿Cómo se construye un universo de medusas con las flores del verano?
En el universo del acuario las medusas se convierten en flores acuáticas que improvisan un jardín veraniego.

¿Para qué disimular la tarde debajo de los puentes?
La tarde vive a la intemperie, como cualquier migrante y suele refugiarse debajo de los puentes.

¿Qué tipo de sombra oculta la alcancía de la luna?
La sombra se convierte en moneda oculta, que va a depositarse en la alcancía de la luna.

¿Cómo se manifiesta el canto del leopardo cuando se sueña libélula?
¡Qué bello sería el canto de los leopardos al soñar con las libélulas!

¿Qué tanto importa viajar entre los poros de las plantas?
Los poros de las plantas son las puertas a los micro universos paralelos.

¿Cómo se envuelve un ciempiés en un poema erótico?
El erotismo poético es un ciempiés que electriza hasta la última silaba de la piel al irla pronunciando.

La Naturaleza tiene su propia oficina de patentes:
ahí están registrados
todos los inventores no humanos.

No podemos amar aquello
de lo que no nos podemos separar, pues en el amor
más que de la unión,
nace de la tensión aliviada de la separación.

Tal vez nunca dejamos de ser forasteros
para nosotros mismos, seres misteriosos y extraños
que no terminamos de explorar.

Método radical para llegar a lo Real:
destruir todas las formas,
hasta llegar a la forma indestructible.

Su supiéramos qué es la poesía
ya no tendríamos la necesidad de escribirla.

Aforismos y desaforismos (Amaroma, 1999)

Los transparentes
Sólo los desnudos nos podemos amar
en el totalmente desnudo.

En el amor sólo cabe lo amado,
su presencia total.

Sólo desnudos somos
tan sólo lo que somos.

Sólo desnudos sabemos
cuán solos estamos.

Sólo desnudos nos convertimos
en aquello que logramos amar.

Sólo desnudos comenzamos
a ser transparentes.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002)

Para andar en bicicleta

Trepársele como si fuera un burro sabio
una mujer ladina
un viento con manubrio
una prisa con ponchadura
doble sol con pedales
un escalera horizontal

Como si fuera, no como si viniera
y pedalear tan sólo hacia el futuro
y darle de almorzar, porque con el ejercicio
se no puede enflacar

No cualquiera puede andar en bicicleta,
tan sólo el que la tiene debajo de sus piernas
y los pedales debajo de las ganas:
en torno de sí un aire
le va abriendo sus puertas.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002)

El viento convierta los granos de agua en elegantes y poderosas dunas marinas, que llena de zozobra las embarcaciones y de espejos solares la sensible piel oceánica. En la bitácora se anotan las borrascas y vendavales que acechan como mortíferas bestias de las profundidades el sereno viaje de los veleros hacia el hondo puertos del abismo.

La luna mete sus pies descalzos dentro del agua, y se le dibuja una sonrisa sutial. Luego se duerme a la orilla del mar, sobre el blando lecho de la playa, y sueña con fragatas que llegan con las velas desplegadas y rojos marineros solares, acaso piratas ávidos de su belleza plateada. La luna, como fruta nueva del árbol del aire, se desnuda como hada nocturna en el bosque de las miradas.

A veces se confunde el jolgorio con la felicidad, el ruido con la alegría, el deseo con el amor. A veces nos subimos al tren equivocado y nos bajamos en la estación desconocida, o mandamos una carta al domicilio inexistente, o llegamos tarde a la cita con el destino. Errar es humano, errar es cotidiano, errar es necesario; de ahí la dicha de tener algunos aciertos que nos asombran y desconciertan, como si a veces lográramos ser más que simples humanos.

Las palabras sueñan cosas que suceden en el reino de las palabras, y esos sueños son extensiones de otros sueños tan antiguos como el Paraíso original, donde fueron inventados los modelos de todos los sueños por venir. Por eso las palabras sueñan: para asegurar que nunca se pierda la memoria del Paraíso primordial.

Cuando comienza a ser poema la frase dentro de la neblina, se adivina, se descubre, se persigue a sí misma, como carne de su alma estremecida, como espejo de su misterio próximo. De inesperada manera vuela hacia su destino, hasta amar su propia voz y su vuelo solitario, absorta en el placer de la sorpresa de árbol que grita su nombre de pájaro. Con su rostro todavía indeciso en la penumbra de la flecha, instala su morada en las grietas bajo los tejados del cielo, como llamarada que anida con alas de luminosa golondrina.

La nave de los sueños (Mano Santa Editores, 2022)

Carmen Villoro: una obra negra en preludio

Carmen Villoro. Foto: Miguel Asa
Carmen Villoro: una obra negra en preludio
Los versos que se cocinan con el cuerpo en la palabra

Casas, caminos, nubes,
ensenadas azules y montañas
abrieron sus ventanas.
Tomas Tranströme

Cocinar las letras. Eso lo leí en ella. Aromas peculiares, soledades y sabores. No sé de qué manera una Obra negra llegó a mí. De repente el esquema de la poesía tiene recetas, olores, paredes, rincones y una lista de colores líquidos que rondan en la piedra. Así cocina concreto, con las telas de las flores, la poeta Carmen Villoro, y adhiere fragancias gruesas y anhelos sin pesar. Con ella se baila entre las recetas, los días de sol y las amalgamas de colores que traen las mariposas en primavera. Se siente una constelación de certidumbre que procura una serie de versos que dan paso a los cambios de color en cada una de nuestras personalidades.

Libertad poética. Foto: Miguel Asa

Originaria de la Ciudad de México, ha creado ciudadanía en Guadalajara, Jalisco, alrededor de las bugambilias, los amigos y las celebraciones. No recuerdo precisamente: cuando leí un poema de Carmen, ante mis ojos se reflejó una mañana bajo las sábanas. Entonces comprendí que el ritmo de las moléculas se teje con el baile de los delfines. Así, con poesía desde hace años, Carmen es más que una amiga. Se ríe y simplemente entrega el gesto a los pequeños momentos, esos que contemplamos a diario. Ahí puntualmente, en la lotería del tiempo, están los detalles de la poesía. Así una despedida, una casa en construcción, el habla, la palabra y sus artilugios, la calma, los recorridos y demás están en sus versos. Tiene una alcoba llena de recursos con los que teje, dibuja, canta, llora y sueña. La escucho y una biblioteca completa se deja sentir como un equipo de libélulas cercanas.

Espejo de letras. Foto: Miguel Asa

A veces pienso que Carmen siempre está en un estado onírico: vamos, ella observa las texturas de las flores sin lupa, tiene una visión intergaláctica que nos permuta en tipografías suaves. Así lo dice. Por ello me atreví a preguntarle sobre detalles y se volcaron las preguntas como sirenas en la lupa. Aquí sabría que tendría recetas muy particulares y con precisión. Hoy mis ojos se conmueven y contemplan el acto de la buena fe y la persistencia. Hay que hacer de los detalles muchas bombas de amor, dice, y se congestiona con la peculiaridad de la vida, entre su creación, sus palabras y los versos. No sé si pueda ser un ave, la confusión, un sistema matemático que se viste de rosa para darnos palmaditas en la espalda, la posibilidad de dispersarse entre el silencio, la ola que viene repleta de calma o el paso que furioso alcanza el colibrí. El tiempo no tiene espejos.

Rincón de memoria. Foto: Miguel Asa

Así es la poesía de Carmen y su labor: sentir. Ese verbo es con el que a veces dialogo y lo manifiesto. Sentir, encuentro entre cambios. Sentir el viento desde el huracán. El desierto y los balcones de las estrellas. Sentir: qué es si no otra palabra más en la vértebra de los segundos. Sentir en la nada. Sentir en el vacío y desde la glorieta en bicicleta. Sentir. Eso me ha enseñado Carmen cada que abro sus libros y de ellos surgen aves. Su poesía emana una serie de colores traslucidos que provocan un exilio del momento, un ser intransigente se consolida en la mirada de los volcanes, y las recetas son poemas, y de ahí, los bocados en cada una de nuestras esperanzas. Sentir el espíritu una vez para no acabar en el delirio de la gota. Así me quedo con sus palabras, que llegaron como riego a este jardín poético. Otra vez, la palabra sentir como pilar de la poesía, y de ahí la convocatoria ante cada amanecer, ante cada despertar de las flores.

Zurcido de poemas. Foto: Miguel Asa

Ya te has dado cuenta de que la nostalgia no es para siempre. Que el cuento se desvela en medio de las crinolinas. Que nos hemos callado un cardumen dentro de la piel. Que mis venas son ríos de lo que se percibe en la cocina. Que hoy ella me ha dado el recetario de esta región, invisible e inaudita, pero al final vocablo. Que no descansaré de las perlas que postran sus versos, pues ahora persisto en esta obra que si no negra, los colores se expanden. Son instantes de pasiflora lo que sucede entre las manos y desde el destierro de cada arroyo. Así nos quedan sus palabras, en este papel de hoy y la obra ya está en proceso. Carmen es tan dócil, que genera conflictos en las pesquisas de las mañanas que surgen del vientre de los leones. Ella es auténtica fiera de la paz. Es una silueta de la emoción de la poesía y se lee con calma, como el platillo del silencio en el espejo morado de las secuencias. Así es Carmen Villoro, ese disco que suena de un lado para otro y baila muy despacito para decirnos que los alimentos de ahora nos alcanzan lo suficiente para saciar el momento.

El instinto de ser. Foto: Miguel Asa

Existe un momento para detenernos y ver las soledades de las casas sin cocinas, de aquellas que aún no han sido nido de charlas y de mondadientes, en las que la poesía pasó ligera y no se desveló en la intransigencia, en las que llega uno impuntual con el corazón roto para enmendarse con una bandita y seguir. Se eleva Carmen y va el discurso de los botes de agua. Ya decía yo. Estos cimientos más que concreto son flores desde la columna de sus versos. Le han salido alas, y aquí, sus vuelos. Se trata de flores abiertas a la luz, al apaciguamiento del corazón, al tejido de la exploración del sol y de la luna. Se descubren en cada día y se regeneran los pasos, los caminos se abren y existe la ilusión del momento. Hay que tener la montaña en el disfraz de las suculentas. Podemos ser río y a la vez galaxia y entre los versos de Carmen queda la sombra como la protección de la liviandad. Se trata de una amalgama de certidumbre, de realidad y de sollozos, momentos en que alcanzamos la gracia de la palabra. El verso se pone a hervir y surge de sus dilemas el platillo que resuelve el hambre del mañana.

Lecturas. Foto: Miguel Asa

Ha usado a la transparencia como el ferviente movimiento de lo que acontece en la explanada de la melancolía. Hay un suspiro breve y después parte al alcanfor para distraerse de la memoria. Se vuelve el sueño y nos contiene en una alegría que pasa inadvertida como una caricia a los árboles. Se nutre de los instantes más delicados, teje con paciencia y nos abraza en la duermevela de las sirenas. Carmen nos entrega la paz del terremoto: así de voraz es su trabajo. Se incrusta lentamente en lo perplejo de la armonía y canta la liviandad de las mariposas. Después nos vamos en la caída de la veracidad día a día. Su obra como su sentir es una puerta para conocer las pequeñas moléculas que abrazan al dinosaurio.

Base literaria. Foto: Miguel Asa

Carmen Villoro estudió psicología en la Universidad Iberoamericana y se especializó en psicoterapia psicoanalítica en la Asociación Psicoanalítica de México. Ha publicado poesía, prosa y cuentos infantiles. Entre sus obras se encuentran Jugo de naranja (Trilce Ediciones, 2000 y 2008), Obra negra (Ediciones Arlequín, 2006), Liquidámbar (Mantis Editores, 2017), El habitante (Editorial Paraíso Perdido, 2019), Zurcido invisible (Hechuras por encargo) (Mantis Editores, 2023), entre otros poemarios. Se ha dedicado a la divulgación cultural en diversos medios de comunicación y ha formado parte de proyectos literarios de diversa índole. Le gusta la sencillez y percibe el ejercicio de la poesía como un acto noble de colaboración. Ha apoyado a diversos proyectos culturales y de igual manera ha fortalecido desde su experiencia a la docencia académica en la Universidad de Guadalajara.

¿Cómo es una flor ante la abundancia de la poesía?
La poesía no está en la flor ni está en el poeta: está en el encuentro del poeta con la flor. Ahí surge esa experiencia de asombro que no puede decirse con palabras, ni siquiera con la palabra poética. Ésta es siempre un intento malogrado, apenas un roce de esa experiencia inefable.

¿De qué manera preparas una receta gastronómica con letras?
Las letras, las sílabas, los sonidos que éstas producen son la materia prima con la que se cocina el poema. Los silencios son un ingrediente necesario para que las palabras tengan cuerpo y puedan formar versos. Todo texto debe hervir a fuego lento y dejarse reposar. Los poemas precipitados se abrazan y se queman, los que perduran fueron aquellos que merecieron el tiempo que todo necesita para estar al punto. El platillo puede ser insípido si es intelectual. La razón es ingrediente duro de cocer. En cambio, la emoción lo ablanda y le da buena consistencia, dichosa y placentera, pero no debe pasarse de almibarado, porque el azúcar en demasía amarga. Los poemas se sirven en platos limpios, sin salsas ni acompañamientos y han de ser degustados con cuidado y calma, para que revelen el poder que contienen en el corazón, al fondo de las hojas.

¿Cómo escapas de la acción de lavar los platos?
La acción de lavar los platos es una de las grandes acciones de la vida. Sería feliz en una lonchería en la que mi misión fuera lavar platos por horas. Nada como una tarja donde el agua y la espuma se dan cita y se mezclan entre restos de fruta que desaparecen en el remolino de agua, y transforman la mantequilla en cristales transparentes. Quiero ser vidrio y porcelana entre unas manos fuertes y seguras. ¿Quién no?

Si fueras un sueño, ¿cuál serías?
Soy el sueño de mi madre y de mis abuelas. Soy el canto dramático que jamás salió de la garganta y reventó en el pecho de mi abuela materna como una granada. Soy la lluvia que mojó el cuerpo oculto de mi abuela paterna y la cubrió de besos prohibidos. Soy las calles que ellas nunca transitaron y las palabras que no se atrevieron a decir. Soy la poesía que mi madre no publicó y el vuelo que temió para mis alas frágiles. Soy el sueño de libertad que forjé para mi única hija y mis múltiples, imaginarias nietas.

¿Cómo te sorprende la piedra y el silencio?
El silencio es la manifestación más clara de la presencia de lo sagrado. No sólo es el fondo sobre el que se dibuja el discurso. Es una expresión contundente y elocuente. Ante el amor y ante la muerte guardamos silencio, porque ante esas experiencias cualquier palabra se vuelve retórica. La piedra trae con ella su silencio, que es la quietud y la majestuosidad de la naturaleza. Mi existencia es ruido pasajero; la piedra ha sido desde siempre y permanecerá siendo ese silencio que llamamos Dios.

¿De qué manera repercute un animal en tus letras?
Yo soy un animal de letras. Alienada por el lenguaje y la cultura me veo en la necesidad de rebelarme a través del juego. Hacer de las palabras la plastilina moldeable para construir criaturas nuevas que hablen una gramática distinta, más cercana a las imágenes que a las ideas. Soy un animal destinado a ser un homo sapiens que pretende ser un homo ludens. Con la edad reconozco mejor al animal que llevo dentro, y lo protejo.

¿Cielo, agua, hoja o maracuyá?
Maracuyá es una hermosa palabra. Es carnosa y al decirla, la lengua la paladea, los labios la detienen para que no se vaya, los dientes evitan lastimarla. El amarillo se abre camino entre su pulpa densa y tropical. Cielo, agua y hoja son testigos callados de su sensualidad.

¿Qué momento memorable tienes al lado de una bicicleta?
Sobre una bicicleta transité la juventud: la empinada pendiente, los brazos levantados, el manubrio apenas detenido con un toque sutil de las rodillas. Tengo una bici retro en el descanso de las escaleras. Una escultura al tiempo que se fue y a la nostalgia que perdura.

¿Qué sientes cuando degustas una nieve al lado de la vida?
Me gusta esquiar sobre la nieve de limón, sobre todo en verano. Después morder el cono de galleta y cerciorarme de que la vida cruje para mí. Solo entonces, sentarme en una banca y mirar a los niños y a los perros con la alegría de quien se ha olvidado de sí misma, salvo por el sonido de la galleta entre los dientes y la lisura blanca por la que se desliza el día.

¿Con qué juegas en tus creaciones: con un papalote, una pelota o un trompo?
Un papalote que baila; un trompo que se levanta por los aires, ligero como un papel; una pelota que gira hasta convertirse en un punto fijo que, unido a un hilo, se pierde en el firmamento.

Resposteria gramatical

Poner el sustantivo en un recipiente; ablandarlo con adjetivos suaves y cremosos; cernir los artículos y las preposiciones; añadir un par de metáfora frescas; batir los complementos a punto de turrón para envolver la mezcla; lubricar el molde con más de una vocal para que las consonantes secas no se peguen; vaciar el contenido en un soneto firme; hornearlo al fuego lento del afecto; dejarlos reposar para que la pasión no ceda a la intemperie; servirlo en la mejor tipografía; consumirlo despacio y con deleite como todo lo que ha de desaparecer del plato.

Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

El mar se abrió
entre guerras y violetas y mi llanto.

El agua se contuvo en los dos frentes
y se formó un atajo.

Marchó la carne, luego la idea
el palpito se adelantó a su sombra.

Las palabras vendrían después:
este camino era
cuestión de sangre.

Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

Sobre el comal caliente los círculos se inflan un momento,
son el suspiro de la mujer que les da vida con sus manos
tostadas. A tu mesa llegan las tortillas humeantes, el
alimento milenario que convierte la comida en un ritual. En
tu boca se agitan los maizales, germina la tierra, arde de
nuevo el sol, mientras saboreas el grano que alguna vez fue
sólo de los dioses.

Jugo de naranja (Trilce Ediciones, 2000)

VI

La palabra es una fruta,
es redonda y jugosa
y tiene un hueso duro en el fondo.

La palabra “palabra” abre su cáscara,
se desnuda y enciende entre los labios, el paladar,
la lengua.
Se escucha entonces su pequeño cuerpo
que estalla como el trigo
y los dientes apenas y la tocan
para no lastimarla.

La palabra “fruta” es más carnosa,
la palabra “comerse” tiene, a su vez,
unos pequeños dientes,
la palabra “autofagia” se autofaga,
la palabra “redonda” sale como burbuja
y en el aire explota,
la palabra “explota” me salpica,
la palabra “fondo” tiene su hueso en el fondo,
la palabra “duro” lo hace más corrioso,
la palabra “silencio” se lo traga
o por lo menos lo esconde.
Es la palabra un fruto
que ha suspendido el tiempo
en plena adolescencia.
Está ahí siempre pendiente del árbol del lenguaje
anaranjada y dulce.
Si la tocas con amor, te fecunda.

Es un fruto
pero es también una piedra
dispuesta a seguir siendo piedra.

Estalla pero a la vez se enrosca.
Es el punto y la línea,
la parte y el todo,
el presente que contiene pasado y porvenir,
el núcleo y sus orillas.

La palabra es una forma de mirar
lo que no está,
por ejemplo el paraguas, ese,
o el paisaje de niebla.
Es un engaño para mitigar el dolor
de la despedida que somos.

Fragmento de “La palabra”
Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

Zurcido invisible

a mi hija Mariana
que reclamó tu nombre

¿Quién fuiste, Luisa Jordana?
Yo te he negado tantas veces
como todos los otros.
Tomé de ti las manchas de mi piel
y no sé si también ciertas constelaciones
que habitan en mi sangre.
Pero también te expulsé, Luisa Jordana,
como mi bisabuelo.
Lo hicimos todos: tus padres y tus nietos,
cinco generaciones te olvidamos.
Todos pagamos para que te fueras,
“costurera del pueblo”, lo más lejos posible.
Porque eras pobre, por indigna, por puta,
por eso te pagamos, te corrimos, tachamos
y te quitamos a tu primera hija
que, ya vieja y enferma, te buscó en sus delirios.
No cubriste a tu niña con tus telas,
no cubriste a tu niña con tus manos,
suaves, sedosas manos de mamá.
No le hiciste un ropón, ni un vestidito.
Ni mediste su talle cuando fue señorita.
Ni bordaste de encajes su vestido de novia.
“Costurera del pueblo”, eternamente.
No tu nombre tan bello, tan fuerte, tan entero:
Luisa Jordana,
preñada, herida, lastimada.
¿Recordabas la espalda de aquel hombre
que en pespuntes y pulgadas recorriste?
¿Su brazo firme que apretó tu cintura hasta el abismo?
¿Su mano fuerte ciñendo tu cadera?
¿Pensarías en tu hija algunas veces

cuando tuviste otros, ya lejos de tu tierra?
¿Pudiste separarte de ser tierra?

Yo seguí la consigna de no saber tu nombre.
Es por eso que escribo este poema
con vergüenza,
para decirlo a voces y así zurcir el hoyo
heredado a mis hijos.
Y reparar el miedo, si se puede.
Y coser, costurera de mi alma y de mis huesos,
tanto odio.

Zurcido invisible (Hechuras por encargo) (Mantis Editores, 2023)

No me lo digas todo, no me cuentas
No quiero entre plegarias tu garganta
ni entre quijadas
el hígado enraizado de sus ruegos
 
No los quiero
 
No me traigas la luz que me enceguece
No me hagas ese tajo
No me hables de la espalda hasta sacarme el mal
No me tragues la vida
No me dejes la espada entre la voz.
 
Yo te suplico a ti
No me desvastes
 
Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

 

Alejandro Piña: el destierro de la palabra

Alejandro Piña. Foto: Miguel Asa
Alejandro Piña: el destierro de la palabra
Cuando el poema llega desde un humo nocturno

Ruido suave, donde habita la savia cristalina.
Casas de corteza de árbol, zapatos de corteza de árbol.
Largos viajes verdes, hacia sonidos de muerte.
Bob Kaufman

Vamos a hacer revolución mientras el sol nos permita contemplar los colores. Así persigo a la poesía. Es que, en cada momento de la vida, uno hace actos poéticos y trascendentes con los que diario debemos preocuparnos por hacer memoria. Uno tiene sus propias batallas, pero siempre hay alguien que nos repara el silencio y le damos la gracia de seguir en la línea. Así, de la mano de Alejandro Piña, me he encontrado con la poesía en muchas ocasiones: en el pasillo de la juventud, en el paseo de la merienda, en la noche de la casa, en los amigos del aula, en la comunidad del evento, y siempre, en las calles de los versos. En las puertas del drama hay conjuntos de piñatas que sobresalen con sus colores para entregarnos sabores y momentos en catástrofes que se manifiestan en el patio de casa.

Naturaleza y poeta. Foto: Miguel Asa

De Guadalajara, Jalisco, y con un atrevimiento particular, se esconde entre las nubes de colores que modifican los perfumes. Así, Alejandro se convierte en un soberbio de las letras. Estipula en sus libros la posibilidad del descubrimiento directo, sin superficies y se va al fondo. Rescata carreteras que se asemejan a libélulas y entonces, ahí, de una manera no sé cómo, emerge una sustancia de color violeta y se arrincona al final de la pluma. Suelta un trazo. Una letra. La palabra. Se esconde. Se anida y crece. Nos vamos. Así la pluma no se detiene y hace un viaje por la hoja de papel. La memoria es una bicicleta panadera y noches de mucho entusiasmo juvenil. Nos convertimos en huracanes y en pocilgas a la vez.

Visión y flores. Foto: Miguel Asa

Alejandro, entre el simulacro de los locos, es un tanto estupefacto; sin embargo, lanza la moneda al papalote y lo impulsa un poco más de tiempo sobre la superficie del poema y entre un estrepito y otro, el viaje de la ironía intelectual se prolonga. Hay subidas y bajadas. Patina el verso. La palabra se convulsiona, dialoga, y vuelve al frente. En ocasiones lo he encontrado con la sonrisa pícara del escuincle que ha roto un cristal, y cuando todo ha sucedido, voltea de reojo y lanza el hilo de pescar hacia el nido de tropos. Hay que divertirnos con lo que suceda. La poesía no tiene remedio en el circuito eléctrico de 220 voltios. Se podría sobrecalentar. Pesa. Las figuras lucen telas de algodón listas para comenzar un incendio. No sé si se despegan para cerrar el círculo con el fin de neutralizar la ambición del letrado, pero ahí sigue el impulso de su mano lectora, ácida, amorosa y ferviente.

 

Paciencia y clima. Foto: Miguel Asa

Así, sus versos son córneas de un día dulce y la memoria de buenos momentos. Podría decir que el escuadrón galáctico que éramos se quedó en la fotografía, y ahora nos mantenemos en la posibilidad de irnos de fondo. Así quisimos lucir un calendario, otro, unas fotos, el teatro; nos suicidamos con flores de papel, encontramos el camino y retomamos a la poesía como nuestra llave de diálogo. No sé qué sea más finito, si un globo que conoce la esperanza por mantenerse inflado o que una toma de corriente sea la puerta justa a la dimensión marina. Hay un espacio en la figuración del sistema, hay un procesador en ridículo, y Alejandro ya terminó con el tóner de la mañana, tan similar al espectro del puma para reconciliarte con la humanidad de una u otra manera: así oscila el pensamiento cuando uno tiene la posibilidad de escribir con los ojos cerrados.

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Quisiera que el tiempo no avanzara y tener memorias de los poetas jóvenes que fuimos, y me encuentro en un verso que detalla el anuncio de un crecimiento y de las ausencias que ya vivimos. El tiempo pasa como una furiosa sandwichera y nos aniquila los nombres poco a poco. Así Alejandro se disfraza de espejo y se deja caer sobre las tipologías como si fuera un estallido de volcán. Pero no hay que sostener para nada la desgracia del huracán si le vemos de cerca: seamos él mismo. Ante el poema, nada se sabe, y así, de un giro a otro, la obra de este jalisciense traspasa los rincones dramáticos que se reúnen como pelotón de huida. Y vamos con los cañones disponibles para disparar flores en una dinámica que no se vea en los remedios que buscan persuadir las cortinas del poeta. Así descubro entre un día y otro el sentimiento del olvido, un poema desértico que nos abraza entre las llamas del sol y la escasez de hipocresía.

Textura. Foto: Miguel Asa

Hoy nos queda el hermoso poema del tiempo en los condimentos de la vida, y Alejandro, o como muchos le conocemos, Piña, se escondió en las lecturas durante un tiempo, para construir lo que hoy, bajo la sorpresa de las estrellas, entrega en sus letras. Es una especie de cantina de burbujas en la que el confort de la noche llega desde los malvaviscos sabor uva que remojamos en cubetas de viento y de unidad. Hay que reírnos del brillo para patalear como canguro a cada posición de las moléculas. Hay que flotar y componer una canción mientras nos quede tiempo. Así, como Piña, la batalla no será desperdiciada desde el sonido de una matraca y el zumbido de un trompo. Él baila y se zangolotea cuando la letra se clava en el ladrillo de casa, ha despertado para dejar un rastro, y desde nuestras memorias, es un placer retomar la secuencia del verso. Aquí está, al posar el salto de un poema antes de su expansión atómica.

 

Observar. Foto: Miguel Asa

Nos hemos vuelto recuerdo. Su poesía es de las más perspicaces que he encontrado en mi vida. Los robots no saben nada, a diferencia de él. Tenemos la oportunidad de volvernos un suculento y amigable encuentro de respuestas. Nos dimos a la verdad y entregamos la nostalgia al tiempo y hablamos de nuestra comunidad. Hemos procesado el momento de la palabra en un efervescente camino de introspección, se ha aniquilado la profundidad en la vía del pegamento: cada trazo como análisis de las secuelas de lo que se es, de lo que se percibe, del canto y de la raíz que nos convocó a ser texturas. No es posible borrar el recuerdo cuando las letras se han anclado en el color del cristal, la transparencia como vuelo de las nubes.

Paciencia. Foto: Miguel Asa

Alejandro Piña estudió la licenciatura en letras hispánicas, y por igual, la maestría en literatura mexicana, ambas en la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a la escritura de poesía desde su juventud. Ha publicado ensayo, poesía y alguno que otro estudio académico, en los que hace referencia a la relación de las artes visuales y la literatura. Se dedicó a la docencia en el bachillerato y logró consolidar estrategias para el aprendizaje en dicho nivel. Sigue en el proceso creativo y su misión es compartir sus letras con desenfado. Toma café como si no hubiera a haber mañana. Le gustan los gatos y se entona con una charla bajo las tinieblas de la tarde.

 

¿Qué elemento literario es preciso para mitigar los terremotos?
Para no sufrir durante un temblor, siga los siguientes pasos:
Uno: piense usted que está bailando al compás de la tierra.
Dos: intente hacer malabares con los objetos que vayan cayendo de su lugar.
Tres: escriba un poema al rescatista que habrá de sacar su cuerpo de los escombros.

¿En qué se parece una nube altocumulus a un poema?
El poema es un parche en el cielo, una venda contra la tiranía del sol.

¿Cómo se disfraza tu ternura con una hoja blanca?
A veces, cuando uno se sonroja, hay árboles blancos para describir el calor del amor.

¿Cuándo es el mejor momento para desfragmentar un libro?
Los libros deben despedazarse cuanto antes, porque “aún hay tiempo de cortar amapolas, para que nuestras manos no envejezcan encerradas en el claustro de los libros”.

¿Qué es lo que se persigue cuando el beat sonoro arropa a las lágrimas?
La música sirve de frazada contra el invierno de las palabras.

¿Hacia dónde es posible llevar la lectura de un satélite?
La dirección en la que se lee la luna es del centro hacia todos los puntos cardinales. Excepto el norte. Jamás hay que leer el norte.

¿Para qué sirve una tarjeta madre conectada a unos versos?
Sepan cuantos esto leyeran, que una vez una inteligencia manufacturada diseñó el primer verso y no se hizo la luz. El primer poema destruyó todo lo que alguna vez amamos.

¿Qué tan sublime es el contacto visual con un tiburón?
No es particularmente sublime. En todo caso, yo diría que el encuentro con un tiburón será carnal o no será.

¿Cuánto tiempo tarda en crearse un souvenir poético?
Actualmente la mano de obra afgana se halla en reestructura. Por favor, procure insistir desesperadamente más tarde.

¿Por qué te gustaría ser anfitrión del vuelo de una mariposa?
La aspiración de mi vida es ser la mariposa que te invada el centro, que asedie tus muros con la lengua, que raspe una A desde la garganta hasta la punta de tus labios.

Soy, a mitad de la noche, un inmenso árbol de rabia en flor. Tengo hambre de hambres, de hombres, de hembras, de cabras, de carne cruda escurriéndome la sangre en el vello. Pienso en rojo y me palpita sed de sexo en todos los poros. Nada me satisface más que acariciarte el miedo con la lengua, palparte las entrañas desde dentro, abrirme paso entre tu carne con las garras para verte desdoblada, desnuda como el envoltorio de un regalo. Pero el manjar que más codicio está en tus labios: en el callado nombre inscrito trémulo entre tus labios trepidantes de caos, de pánico, de horror. Nunca te devoraría si en tus labios no estuviera cifrado mi nombre como grito póstumo, ante la agonía final de tu pequeña muerte.

Inédito

Al final de todos los caminos transitables acecha el susurro de un animal herido. Camino porque no sé otra cosa que empecinarme en andar de frente, hacia adelante, engrane del progreso prometido, falso profeta de la rutina, aprendiz de una cotidianidad destructora. Vivo extraviado, fuera de mí mismo, viéndome transitar de una estupidez a otra porque sí, porque no hay cabida para el cuestionamiento, no hay tiempo. El tiempo se pierde con la misma facilidad que los segunderos, nada alcanza ni es suficiente, vivo fuera de mí sin saberlo y ya empiezan a refulgir las cadenas que recién pulí para atarme al mundo.

Inédito

A traición
me tomaste para sacrificio
a la una de la tarde de un jueves
mientras
allá
un bosque ardía

Exorcisaste el sabor
de cualquiera de nuestros recuerdos.

Y no me duele tu ausencia
-vámoslo poniendo en claro-
me cruje el sinsabor de tu memoria
la palidez de tu imagen

cuando me pienso contigo
cada vez que te imagino
persiste un tenue dejo de traición
que me enfurece

rabia de rabiar en la rabieta.

Inédito

El grito
No
No quiero
No te impongas
No me insultes
No hagas con tu voz un arma

Míralo deambular por la casa:
un grito acrílico
golpea las paredes de amarillo
como un animalito mustio
malherido peligroso agazapado
en la esquina de la laringe
al acecho del error

El humo del cigarro hace su nido
en el techo
y la luz de una tarde
en que pudimos habernos besado
se estrella contra un grito
púrpura y vengativo

La canción en la radio se somete
a la arritmia del grito
al monarca de la violencia
al grito que desgarra los monasterios
del corazón

Uno pensaría
hallar al final del grito
un duendecillo de liberación
o catarsis

¿Cuándo ha sido la realidad
un lienzo dispuesto para nosotros?

Abril
que a veces sí es el mes más cruel
te arrancó el nombre a dentelladas
y lo escupió en las banquetas
de alguna memoria
para dar abrigo a todo paria
a todo guardián del silencio
para afianzar
de unas todas por vez
tu ausencia.

Inédito

La comunidad poeta de Jalisco: una estirpe mágica

Mis poetas en Tlaquepaque. Foto: Diego Illescas
La comunidad poeta de Jalisco: una estirpe mágica
Creatividad y sensibilidad de varias generaciones

Como de un caracol de ilusionismo
sale el amor con música de sábanas
Artemio González García

He loves you every now and then
his heart is at his new train…
Shocking Blue

Para la poesía, por darme vida y libertad…

Y llegó el tiempo. Y la espera ha terminado. Las cortinas se abren y la luz entra sin maletas por la ventana. Los espacios ya están listos. Las palabras han emergido como una hoja dentro de un río. Pasea con ritmo y sin rumbo pero se divierte. Aquí está mi Almanaque, mi experiencia poética en Jalisco, un ejercicio textovisual antropológico que he creado a lo largo de tres años. He buscado su estructura. Le he dado vueltas. Ha aparecido y desaparecido. Se ha hilvanado desde diferentes texturas. Hay colores y muchos. Hay palabras, hay bellezas, hay una fortuna de ser. En esto está un trabajo de exploración de más de 20 años, la mitad de mi vida, varios trayectos, mucha música y una imparcialidad de vestimentas que me he construido en las formas de la carretera, del olvido, de la soledad.

Se encuentra en este camino la palabra de diferentes voces, percepciones y así, reflejos y observaciones desde una cantidad infinita de momentos. Esto es la prueba de que la poesía se sujeta a persistir de una manera profunda, en el vaso y en la caminata, la sed no para, el pedaleo sigue, son lugares comunes y otros no tanto, pero al final construcciones de un día a otro. En esta obra se marca la pauta de un ejercicio dinámico. Aquí se percibe el juego de la poesía entre quienes la crean en el estado del occidente mexicano: Jalisco. De un municipio a otro, las temperaturas de los versos cambian, las edades encuentran profundidades muy diferentes, y al final de cuentas, cada poema surge con su estampida de época. La juventud y la madurez en una mezcla única de paciencia. Así se mueve el panorama. Así se vierte el líquido. Así les veo cada que les entrevisto.

Esto abarca una infinidad de temas que cada poeta ha entregado. Esto es una cosmovisión única de un registro altamente cuidado: como guardián de cada pieza, Miguel García Ascencio, desde su experiencia alteña. Y como líneas guía para la construcción de este producto poético las voces de Sara Velasco, Luis Armenta Malpica, Mariana Pérez Villoro, Cecilia Fernández, Rossana Camarena, Abril Medina, Renata García, y muchos nombres más que han aportado a este proceso de diferentes maneras como un énfasis del amor que me ha provocado esta comunidad.

Escribo sobre quien se sumerge entre las posibilidades de la furia ecléctica, así de quien habla de las libertades personales, el caso de las nimiedades por igual, del sonido, del recuerdo, de la radio. Así, también, quien se busca entre la poesía, entre el grito del género, desde la exploración de la diversidad. Es un capricho de quienes eyaculan desde la academia como de quien lo hace por la libre. Así la prosa, así la poesía, así quien anda por aquí y por allá. De quien se manifiesta en el trago y en la paz. Esto es un Almanaque de perspectivas, de quien acaricia la piel con una navaja, de quien cuida a la familia, de quien cuestiona el todo y se merece un árbol. Por igual, es la extensión de sus cielos, mi cielo y el tuyo. Se trata de la posibilidad de observar el tiempo, el pasado y el presente, para considerar un futuro. Esto es una huella de mi época y no más. Almanaque es el registro personal de lo que me han compartido, de lo que he vivido y he sentido con cada una de las personas que se han entregado por convicción y deseo a la obra de la metafísica poética en Jalisco, en esta geografía que me ha visto crecer, volar, caer, levantarme y soñar. Se trata de compartir la magia, sus magias, su poderosas creaciones y cada uno de los rincones que abarcan. Así personas nativas de la región como otras que la han adaptado como suya.

Este Almanaque está dedicado a cada palabra que han creado los aprendizajes como las experiencias, no hay distinción. Es un lugar en el que he considerado las pasiones, las oportunidades, las posibilidades y siempre, los versos, la palabra por principio. Cada rincón revela una superficie distinta. Existen infinitas paletas de colores, desde el claroscuro hasta la saturación de los filamentos. Aquí, mi selección personal, una gama de riquezas que he encontrado y que me han construido como lector, como creador, como escucha, como espectador. Aquí la pasión de lo que se vive desde el desprendimiento que se suelta a cada rato al ejecutar un poema en la hoja en blanco. Desde la pluma, desde el lápiz, en notas efímeras, en servilletas, en cuadernillos, en la piel, en las pantallas, en la evidencia fotográfica, en el ejercicio de las manos y desde la posibilidad de contemplar de muchas maneras.

Este soy yo, nada, con la voz de toda la comunidad. Aquí mi entrega a quienes con dedicación se esfuerzan por crear espectros de dimensiones desérticas y húmedas. Este Almanaque es el registro de mi aprendizaje y de aquellos que cuidan en cada sol y en cada luna la resignificación de la semiótica en diferentes aspectos. Se vuelve uno tremendamente ligero y se adhiere al vuelo y todo pasa y todo deja.

En la poesía encontré mi libertad, mi pasión, mi vida. No hago más que difundir lo que sé de quienes escriben, consideran y comparten poesía. He tejido este trabajo desde la libertad de ser. Me he construido un camino propiamente. No sé si valga la pena o sea una consideración efímera, lo único que deseo es compartir. No me quedaré con nada. No me estaré con el fin de la poesía. Será ella misma la que me vista de humano y seguirá siendo la episteme de mis pasos.

Con todo el volumen de mi existencia, ruedo. Soy la piedra, la nube, el perfume, la desgracia y en silencio. Soy las palabras de un hermoso número de personas que me han permitido estar en la fuga de la vida. Este es mi amor por la poesía de mi gente, de sus esfuerzos y sus entregas, así hombres y mujeres de diferentes edades y contextos bajo una sola vinculación geográfica. Jalisco es el poema que he visto siempre y aquí la pauta de mi vida para experimentar la noción de ser, de compartir, de existir y de sentir. Se han abierto las puertas, es hora de que conozcamos, a mi manera, la percepción de la transfiguración humana desde las letras. Leemos juntos antes de irnos en el tiempo. Que este viaje sea el más colorido de tu vida. Porque dentro de mis trayectos soy todo y nada: aquí el poema más grande que he escrito.

 

Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel

Víctor Manuel Pazarín. Foto: Miguel Asa
Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel
El ensayista que navega entre los diarios y los imposibles

¡Qué manera de comenzar! —me digo, y la evoco—.
¡Qué grande manera de empezar a vivir!
¡Qué noche tan triste esta noche, que apenas inicia!
Víctor Manuel Pazarín

En memoria de Víctor Manuel Pazarín (1963-2021), poeta y amigo.

1 Breve despedida del ahora

Qué pequeña manera de morir estamos padeciendo desde siempre. Qué galaxia tocó la incertidumbre este sábado. Qué lastimosa tarde que te busco en mi pueblo y ya te has ido.

Si me preguntan por qué me hago llamar Miguel Asa, fue por la dicha de haber conocido a Víctor Manuel Pazarín hace más de 15 años. Aquel seudónimo que tomé de las letras de Dolores Garnica, en 2005, Miguel (así, sin apellidos), lo sintetizó él: “Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa —o Miguel Asísinapellidos— y tan misteriosa como su propio creador”. Y ya mi Tonalá se ha quedado sin poeta.

Y es que recordar a Víctor, o Pazarín, como una enorme comunidad le conocimos, fue un receptor de la poesía que frecuentó con demasía la volatilidad del pensamiento. Y es que, día tras día, en un traslado desde el oriente de la ciudad, siempre tenía una palabra, un viento, una velocidad por promulgar algo. En ello su ejercicio se consolidó como una estampa de la que fuimos testigos una generación de enormes sueños. Pazarín nos daba la posibilidad de estar semana a semana en el periódico universitario.

Y me acordé de que la lotería de mis textos se logró gracias a su respaldo. Mis palabras encontraron auxilio en sus didácticas y mi práctica se hizo presente ante muchos. Me tomó por la poesía experimental, algunas cosas de valía carnavalesca (los tacos, la lucha libre y no sé qué más infortunios), además de uno que otro asunto fotográfico. Pazarín fue amigo de muchos amigos. Hizo de La Gaceta de la Universidad de Guadalajara un rincón de amor. Luis Armenta Malpica me dio la noticia de su fallecimiento aquel abril de 2021 y lo quise despedir con otras voces. 

Y desde Sudcalifornia, Adriana Navarro, compañera de oficio y su amiga, escribió: “Juntaría todas las palabras aladas y transparentes que me tendías. Tus palabras desbordadas llenas de tiempo y color, de paisajes profundos, palpitantes, que me ayudaron a construirme y a extenderme en páginas y páginas por tantos años. Gracias por la enseñanza, la confianza y tu gran amistad.”

Y me acuerdo del piso 6 del edificio de la Universidad de Guadalajara. Ese piso que nos conmovió la vida y nuestras fichas. Desde ahí su presencia y la apertura para la comunidad desde la poesía y los universitarios. Cuántos espacios nos entregó para publicar, para ser, para poetizarnos. 

Y Luis me dijo: “Cuando conocí a Víctor Manuel Pazarín, hace como treinta años, ya era un hombre respetado con Mala Estrella. Apostó por los muy primerizos Guadalupe Ángeles, Julio César Aguilar, León Plascencia Ñol, entre otros. Y con Soberbia, una revista que animó posteriormente, deambulaba por el mundo literario de Guadalajara intentando la comunión, fallida, de los diversos escritores de ese entonces. En algún evento, Víctor me presentó de esta manera: ‘premios Aguascalientes hay bastantes, expremios sólo hay uno’”. 

Y le respondí: Cuando conocí a Pazarín me permitió publicar un poema en La Gaceta para quien entonces era mi pareja. El verbo de mis textos se promulgó como una lotería dentro del desierto al aceptarme como colaborador del periódico universitario. Sencilla, escueta y con una forma peculiar de observar, fue quien nos entregó un enorme trabajo editorial en Guadalajara y más allá del occidente mexicano.

Y desde mi Tonalá contemplé la dramaturgia de Teófilo Guerrero: “Durante una de las funciones de una puesta en escena en la que trabajaba, había una sonrisa germinando en un hombre sentado entre el público, eso me dio la confianza de seguir con la obra en una de sus mejores funciones en el Teatro Degollado. Años después ese hombre y yo coincidimos en las letras y en las publicaciones, como aquella ocasión en el Degollado, su sonrisa honesta y generosa hizo eco en mi ánimo. Hoy ya no está Víctor Pazarín, se fue a buscar metáforas a la eternidad”. 

“Y ahora que lo pienso -prosigue Luis Armenta-, con su humor sarcástico, Víctor Manuel era ese Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. Entre más de una decena de felinos que habitaban su casa y su jardín, Pazarín sonreía lo mismo ante un poema que ante cualquier obstáculo. Cargaba en sus espaldas un carcaj de punzantes respuestas y se mostraba pleno, desnudo, sin el menor pudor, ante cualquier fotógrafo o pregunta. Esa seguridad, tan del mundo del teatro, cómo nos hace falta”.

Y me acuerdo, hice y escribí de desnudos, de trailers, de poesía, de casas, y no sé de qué tanto más bajo sus alas. Víctor entregó calzadas a la poesía. Se fue a Tonalá para contemplar desde allá todos los versos de Guadalajara. Le sabían, nos sabía. Fue un pequeño secreto del oriente en las páginas de la Universidad. 

Y llueve Iliana Hernández desde su nostalgia: “¿Qué somos sin la palabra? Un collage. Hoy mientras tomaba el café se abrió la puerta a otra dimensión, arrancó lo que sabía que estaba y no tengo capacidad para olvidar, tampoco comprendo el sentido de tantas cosas, por ejemplo, que hace tiempo me prodigaron amor desde el anonimato, un aleteo, un revuelo. ¿Quién se da cuenta y persigue hacedor lo desconocido? Develó lo que no sabíamos que estaba, yo no sabía, sin embargo el poeta demostró que estaba. Gracias tierra por cada uno de sus días”. Y Tonalá se ausentó de su poesía. 

Y me pregunto quién escribirá desde el oriente de la ciudad sobre los reflejos de nuestras pesadumbres. Quién nos hablará desde La Casa de la Lima. Quién avanzará sobre la avenida Río Nilo con versos, métodos, críticas y demás. Hoy me pregunto quién le tomará La medida a esa parte de nuestra ciudad. Y los pájaros no responden.

Y cerca de la Mona Alfarera, desde Los Ariles, en nuestra Tonalá, Teresa Figueroa pronunció: “Víctor, hoy quiero honrar tu voz inmarcesible, tu inteligencia clara, tus textos honestos, tu conocimiento que siempre compartiste. Quiero honrar la luz de tu memoria. Quiero honrar tu amistad sincera. La muerte se ha llevado tu cuerpo, pero nunca nos va a quitar tus palabras”.

Y cómo le hago para que esta lotería de tu muerte nos sepa a Ardentía, al fulgor de los ocasos desde el pueblo alfarero, a la cerámica quebrada en los hornos solitarios. Qué le digo a La Gaceta. Qué les digo a los universitarios en bicicleta que se identificaron contigo. Qué les digo a mis textos sobre la lotería de sus tristezas. Qué te dirán después de este día. Qué te dice este texto. Qué te dicen estas voces. Qué te decimos, Pazarín. Y Tonalá llora en barro. 

Y en una cancha de fútbol, el labio se separa de la letra. Miguel Ángel Áviles vocifera: “Recuerdo a Víctor como recuerdo a mis grandes amigos: a partir de libros, lecturas, cafés, entrevistas. Hay muchas páginas en medio desde el día en que lo conocí, y eso va a quedar siempre. Pero especialmente esos días en que charlamos sobre sus cuentos y poemas o cuando iba a la redacción de La Gaceta a saludarlo o en los pasillos de alguna feria del libro. Es un día triste porque se va un amigo”.

Y finaliza Luis: “Mientras conmemoramos el 700 aniversario luctuoso de Dante Alighieri, el centenario de la muerte de Ramón López Velarde y los 200 del natalicio de Charles Baudelaire, podría decirle a Víctor: poetas vivos y poetas muertos hay bastantes, pero me dueles tú. Descansa en paz, amigo, echaremos de menos tus discretas Presencias, tus Éxodos, tus Barcos de papel”.

No tengo tiempo para delimitar la ciudad más acá de sus versos. Sólo nos resta encontrarte, ensayista y periodista, en el poeta: “El verdadero, el otro”, la lucha, la libre, la desnudez, el taco, la pesadumbre, los artistas, los ilustradores, las penas, el piso 6 y tu levedad en Tonalá. 

Ya te fuiste. Me toca ver el ocaso desde El Cerro. Todos nos abrazamos para llorarte porque la poesía aún existe. Cruzaré Río Nilo con tus palabras. Que nunca falte el 231. Adiós, misterioso creador. 

2 Un telar de la fragancia

Hay una trifulca entre los sancudos. Se han vuelto a dormir con el perfume de las gladiolas. Y aquí estoy, en el encierro de ustedes. Aquí estoy, en el sustento del amanecer para conformar este telar con las palabras de Víctor Manuel Pazarín, quien fuera gato, una abeja y también volcán. Aquí sus letras le han construido una persecución de alimaña, una bendición tonalteca que tiene el corazón de barro. Esa merienda que surcó las nubes entre el sur de Jalisco y la investigación constante de nuestra sociedad.

Entre sus trabajos destaca la sensibilidad y la alcurnia de sus letras, un carácter ríspido, tenaz, dinosaurio, así, pequeño y sagaz siempre fue, pero se agradece su puntual observación para ser una exploración diaria, un poema que es voz de las orquestas del sol. Así la canción matutina como el augurio enorme. Así la vuelta al sol y el alicante suspiro de retornar. El alivio de ser, de explorar. Así la mañana, el amor, el recuerdo, el poema, las letras. Así el canto, el vacío, las miradas, la ruta 231 y demás configuraciones que sólo los tapatíos le sabemos a esa dinámica.

La poesía de Pazarín contrajo la sencillez de la lectura, de la mirada, de la configuración rumiante, de la desvelada, del barco de papel que se construyó sobre la arena digital que le vio hasta sus últimos días. Ya se ha hundido. Nos trajo la palabra para cortar cada segundo en dos milímetros de fortuna y en la veracidad de nuestro sistema solar. Nos volvió la mañana para ser nubes, para encontrar el horizonte en cada pestaña, en cada cuchara del café cargado. En la azúcar de estar siempre nosotros.

Nos volvimos la sangre de sus páginas. Le dimos volumen al azar, a la secuela de una duermevela entre las pantaletas de la chica enamorada y de los bellos del chico entregado. Nos dimos por amor, nos vivimos como colegas de la taza y una desafiante atención se volcó en los suspiros de la poesía. La inquietante sensación de ser se volvió un tornado, una revoltura de cereales con la cúspide del planeta animal, un grito, una gota, la planta. Hay que trepar por aquí a diario. Hay que construir una alcoba en la forma de los plátanos. Hay que zurcir un trayecto que nos permita mediar entre las hojas de los árboles para recordarnos que la sencillez es la mirada más potente de lo que se vive.

Pazarín nos cubrió de glorias, de distantes alcancías y de muchas maneras de volver a observar el sol. Quisiera que todo permaneciera más allá del instante y de repente ya estamos en la lúgubre ansía de la cabaña. Una antiquísima morada nos perfila de lado para sabernos encaminados por la turba de células que nos confronta a cada rato. La química como ese poema que no todos podemos escribir y sabemos del ser y de sus contenciones hermosas. Surgimos de la planicie de una noche convertida en ritmo latino. Así una flor dentro de la batería de sonidos que fue su corazón.

Una y otra vez, habrá que aplaudir a su existencia, pues la apertura al poema semanal se sumerge en la planicie de lo que somos como humanidad, una constante unidad de hilos y de fragancias que se llenan de café en un escritorio desde aquel piso 6. Vamos por las campanas, vamos con la configuración de la vida. Vamos en el espasmo de la sensibilidad y de la corresponsabilidad. Entre sus letras la observación de la naturaleza. La persecución de las memorias como el recuerdo de lo que se mira de nuevo, se atrae, y aquí, unos versos que se inundan para ser una noble sensación de nuestro amigo, de nuestro poeta, de nuestra alianza poética.

Y es que nos movimos entre las conchas, los mares y los huracanes. Nos existimos como focos y guantes desgastados, un café apagado entre el sonido de la vigüela, así la mosca en el sufrimiento al retorcerse en la pestaña de lo que nos queda, ese augurio frío y rojizo de las formas de la rosa.

Así Pazarín, nos dio el brío de las mañanas en Tonalá, el alcanfor como sustrato de la hoja en blanco, en ocasiones, un trama, una centella, un libro de forros naranjas. Pero qué decir de la fotografía si nos llueves como su sorpresa.

Qué fortuna esa la de encontrarnos en la posibilidad de estar en una oficina. Pazarín fue una roca que moldeo a varias generaciones, hizo y manifestó. Dio y compartió. Fue, existió con la sanguijuela del tiempo. Se hizo la palabra verde y también la revolución. Fue fe y hierro por igual. Se trató de la secuencia que devendría en un aroma de retorno, de esos que pasean por las arcoíris y se desfragmentan en la consolidación de la oruga. Y así lo recuerdo, con la sutileza de su espejismo entre el silencio, vamos a comenzar con la resortera para escribirnos un cápsula de incidencia y con ello fraguarnos de duermevelas emocionantes.

Sí, habrán de decir los desiertos de algunos libros que el volumen de la capilla se ha de desquitar con el amanecer de los flamencos. Y acá andamos en la penumbra de la mañana por leer de nuevo a Pazarín entre los rufianes de las semillas y los halcones que se revientan debajo del agua. Son armas de trazos similares a los colores que portan los cuadros de aquel papel tapis que nos llama fuego. Vamos a andar al campo para volver al perfume de Pazarín. Vamos al campo de nuevo para mirarnos como el cien fuegos que fue. Vamos a danzar entre las cuerdas para presenciar su ausencia como la colmena de papel.

Sus barcos de papel ya se han ido y en cada uno ha lanzado un poema para hundirse en nuestra memoria. Acá, desde la amistad, doy refugio a los últimos versos que de sus letras llegaron con amor de quien fuese su compañera, Deana Molina, a quien agradezco la oportunidad de saber de sus últimas letras. Vamos anidando la vida en la posteridad de la incertidumbre, vamos a volvernos refugio de nuestra señal.

Nueve cuarenta y cinco

Con la luz
de la mañana
resplandece el pecho de los pájaros

como soles
se abren,
cubren las ramas del árbol

me asomo a la ventana
y ya el día
está hecho

nada le falta

[30 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Insomnio

A las dos de la mañana,
luego a las tres;
primero el calor,
después el frío,
buscando la luz
de la casa.

El eterno pasillo.
La brasa
como una lucecita
que alumbra y se extingue.

Dos de la mañana,
tres.

La oscuridad y después la luz.
La lucecita como un punto
en medio del infinito.

¿Cuándo es que el mundo se apaga?

[31 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ritual

Hay un muchacho,
abajo,
en el territorio del bosque,
que busca con afán:

acumula ramas
que alguna vez cortaron
de los árboles:
las fractura,
las ordena
y luego se va.

Es un muchacho
de torso bronceado
y brazos
con tatuajes:

ha vuelto,
—como ayer y como antier…—
ahora carga sobre su hombro
pesados troncos
que deja caer.

No es un trabajador municipal.
¿Es quizás un ser
que viene a recordarme
el encierro?

Se ha ido.

[2 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

O

Se oyen
trascabos
barrenar el piso,
pero yo veo pájaros,
y veo al viento
mover
las copas de los árboles.

Se escucha,
a lo lejos,
el trajín de los hombres
que rompen
las calles,
pero yo escucho
el canto
de las aves.

Dan vueltas
y vueltas,
en buscan de las flores,
se mecen.

Escucho
el ladrar de los perros.
El grito de unos niños.
Y a los autos correr.

Lo que yo hago
es mirar
con incredulidad
que alguien ha pintado de cal
—quien sabe cuándo—
el tronco de los árboles.

Todo es, en estos días,
una sorpresa y un asombro.

[3 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ardilla

Como a las doce,
como a la una y veinte,
aparece de pronto:
camina y luego
se detiene.

Se levanta en sus patitas
y otea,
es apenas un instante
pero todo ocurre
como si fuera una eternidad.

Se alza y se detiene.
El universo entero
está en sus sentidos.
En su cuerpo cabe toda
la existencia

—la suya y la mía.

Presurosa
se desliza
hasta perderse
en el arroyo,
por ahora sin agua.

Ya no vuelve.
Quedan en temblor
la luz del sol y el viento
entre los árboles;
el vuelo de los pájaros,
sus cantos.

Soy el testigo.

[4 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

La vuelta

La he mirado dormir,
después de su regreso

¿hay acaso
en la ciudad
del desierto
—con sus canales de agua,
sus sauces llorones,
sus milperíos
y sus recuerdos—
algo más hermoso
que escucharla respirar a mi lado?

No imagina
ella
el miedo
—mi miedo—

y lo que me hacía
falta.

La luz de mi casa (Inédito)

Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead

Ángel Ortuño y compañía Foto: Miguel Asa
Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead
Un humano que se vistió de rock, poesía, tatuajes y humor negro

Drink and dance and laugh and lie,
Love, the reeling midnight through,
for tomorrow we shall die!,
(but, alas, we never do.)
Dorothy Parker

En memoria de Ángel Ortuño (1969-2021), poeta y amigo.

1 Café con poesía y una biblioteca

Quisiera ubicar en el tiempo el momento preciso en que grité algunos versos de Boa durante su primera presentación. Ángel rio con una mirada sencilla. Quisiera ubicar, de igual manera, sagaz, quizás un tanto delirante, el momento aquel en que procedí a solicitarle apoyo para aquella tesis inexistente en la que me abracé a la poesía concreta. Quisiera recordar, con detenimiento, las tantas tardes que le llevé café a la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz” para charlar de momentos de poesía y sus formas inexplicables de experimentación. Pero ya se ha ido todo.

Después de dos años de su ausencia, he escrito esto como un balance a su memoria y por el agradecimiento que le debo. Conocí a Ángel Ortuño por medio de Miguel Ángel Avilés, una amistad en común en nuestros tiempos de universitarios. Desde entonces hicimos una rara y genuina mezcla de vinculación. La poesía concreta y el grupo Noigandres fue lo que me llevo a la Biblioteca y con ello, a la voz y al conocimiento de su persona, de su obra y de su perspicacia.

Ángel Ortuño sopesó la apertura de nuestra amistad para fortalecer aquella inundación de poesía visual-experimental (como la llamaba el poeta César Espinosa) que generé en las aulas de la Facultad de Letras de la Universidad de Guadalajara, que, en aquellos años, 2008-2009, dicho género no tenía cabida dentro del programa estudiantil y era meramente una alternancia diáfana en la regla de la academia. Desde entonces, muchos nombres, movimientos, referencias y libros se volvieron parte de nuestras tardes de diálogo. Fue un compañero de estudios muy peculiar sin habérselo solicitado. Esa poesía híbrida alcanzó varios momentos mágicos durante los años siguientes, 2010-2014, y Ángel me acompañó en alguna de las jornadas que de manera independiente organicé. En ese momento, recuerdo, logramos corresponder a poetas experimentales como J. M. Calleja y Clemente Padín, de España y Uruguay respectivamente, quienes visitaron Guadalajara para presentar sus trabajos, y por igual, hacer entrega de aquella obra que nos concedió Carlos Pineda y Ediciones del Lirio, La palabra transfigurada, Antología de poesía visual mexicana, con el fin de que el propio Ángel fuera quien la recibiera a nombre de su recinto laboral. Ese momento fue cúspide, excelso.

La amistad no sólo quedó en la experimentación poética. Fue una revisión de voces, de incertidumbres y de solidaridades, sobre todo, de confidencias literarias. Fueron tertulias, encuentros, charlas, siempre tuvo disposición para compartir su conocimiento. En ocasiones un café, una comida, una cena, una caminata, pero siempre, bajo el rumbo de compartir, algo que siempre le reconocí y le agradecí. Siempre existió oportunidad de intercambiar información y de brindar una opinión sincera sobre mis creaciones, producciones y demás. En algún momento toda su experiencia fortaleció una gran parte de los movimientos de Proyecto Ululayu, así una recomendación literaria, una revisión orto tipográfica, una argumentación para delimitar proyectos, una ironía para debatir sobre la literatura, una perspectiva sobre alguna edición, una propuesta de términos literarios, una corrección sobre mi poesía, en sí, fue de las personas más importantes que les dieron alas a mis primeras ideas como creador y como emprendedor cultural, no más.

Su confianza y viabilidad genuina fueron siempre una manera cortés de apoyo, de la campaña que generó a Proyecto Ululayu alguna vez me indicó: “Creo que lo primero que atrae la atención es esa especie de cortesía demodé: ahora que toda la ‘publicidad’ es demandante y agresiva, que incluso la promoción ideológica abusa de posiciones de autoridad (haga esto para estar en lo correcto), ‘Por favor, lea poesía.’ destaca por ser como una vocecita al oído. De ahí que me parezca un acierto lo de las fotografías aéreas: porque juega con las escalas descomunales”.

Y no sólo fue eso, durante 2014 persistió en mi trabajo poético como nadie más lo ha hecho pues reviso durante algunos meses la que fue mi opera prima fotolvidarte:sueño, obra que desmenuzó de diferentes maneras: “Yo diría que es una escritura que me hace repensar la vigencia de ciertos registros que campearon en las décadas de los sesenta y setenta en la poesía latinoamericana y que se reinventan desde un ángulo que les da esa frescura que su devenir retórica les había quitado hace ya tiempo”. Con ello no sólo contribuyó a mi trabajo poético colectado en esa obra, sino que además sus letras fueron prólogo de esta.

Y así fue el caminar. Para 2015, previo a un viaje que hice en bicicleta por el Pacífico mexicano, gestioné la consolidación de Vía Literaria con el Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR), aquello fue una campaña de poemas breves dentro de los vagones del tren ligero de Guadalajara, y sin ningún ánimo de pretensión Ángel participó en la primera edición y en el camino de la estructuración final de esa campaña. Fue el poeta que me ayudó a balancear los contenidos, desde la revisión de las propuestas hasta la jerarquización de las estructuras de cada diseño. Vía Literaria se debió a él en gran parte como el último editor adjunto, que yo sin saberlo, delimitó mi forma de concebir a la poesía hacia diversos públicos al ser expuesta de esa manera en la ciudad. Recuerdo su sorpresa cuando le compartí una fotografía de su trabajo en el viaje citadino dentro de esas máquinas.

Sin embargo, en 2016, desmesuradamente la amistad tendría algo de distancia debido a ese viaje que realicé como una etapa de meditación personal. Al regreso, a finales de ese año, una breve presentación de uno de sus libros, Cola, nos reuniría nuevamente. Con ello surgió uno de los mejores encuentros radiofónicos que he tenido, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de ese año, generamos una transmisión especial de rock y literatura para un Velador Groovy, producción de Radio Universidad de Guadalajara que permitía tomar el control de la radio en las madrugadas de domingo. Aquella noche de noviembre de 2016 fuimos dos parlantes en los que, durante cinco horas, de las 00:00 a las 05:00 horas, hablamos de los elementos diversos que se relacionan entre ese género musical y las letras. Exploramos historias, canciones, sonidos y el cansancio de una conversación entre amigos desde una larga lista de canciones como “Cosma Shiva” de Nina Hagen, “The Litanies of Satan” de Diamanda Galás, “Rock N Roll Nigger” de Patti Smith, “O Superman” de Laurie Anderson, “It’s My Life” de Wendy O. Williams, “One Way Or Another” de Blondie, “What Is Rock?!” de Turbonegro, “We’re All Mad Here” de Tom Waits, por mencionar algunas.

Esa noche fue una clase particular que exhibimos al público. La radio, la música, la literatura y más cuestiones de conversación saciaron la cita nocturna en la que nos abrimos a la comunidad radioescucha, y que, con mucho ahínco, logró escuchar con detenimiento.

Pero no todo quedó ahí, siempre hablamos de la poesía como una entrega abierta y oportuna para la sociedad, de ahí que hoy mis discursos sobre las poéticas que me rodean pretendan el estudio, la experiencia y la influencia en nuestros contextos. Respecto a la contemplación de las poéticas ajenas y de los atrevimientos de lo comunal alguna vez me comentó: “Yo siento curiosidad por el trabajo de todos, alguno me gusta más que otro, pero no pretendo hacer un canon de ello… mucho menos entrar en tristes rebatingas de capital simbólico o –esto sí, el colmo- persecución de cargos públicos en el área de cultura”, de ahí que la disidencia poética que siempre portó fuera un ideal que compartíamos como base de nuestro actuar socio literario.  

Ángel Ortuño y su humor ácido hicieron frecuente la potencia de la ironía, de las últimas memorias le recuerdo con un sentido amplio de sarcasmo, de risa y de frivolidad, y como siempre me decía, “soy muy desordenado”, sin embargo, nunca faltó su modesto orden para atender. Ángel y yo dejamos pendiente el viajar en motocicleta, nos faltaron más poemas visuales, una celebración de cumpleaños, algunos retratos, una entrevista y no sé qué tantas cosas más.

A dos años de su partida decidí comenzar mi Almanaque poético de Jalisco como un homenaje a su alternancia dinámica, intuitiva y precisa con Proyecto Ululayu. No me queda más que agradecer su presencia en mi crecimiento retórico y en mi desenvolvimiento literario. Aquí esto como una evidencia de lo que alcanzamos y con ello, la despedida de algunas de las personas cercanas que le apreciamos.

Invitación Velador Groovy con Ángel Ortuño para Radio UdeG. Diseño: Miguel Asa

2 Poemas en bolsita con popote

Hay un torpedo que intenta volatizar a Godzilla y me pregunto en los destellos de los labios de los metaleros que suavemente se incrustaron pétalos de colores en la ruda piel de cocodrilos que portan al azar. La poesía de Ángel Ortuño medita en un declive inusual de la libertad, generó el columpio de las nubes y de los supermercados. Infringió con gusto y serenidad el rubor de las doncellas y de los canallas en un tapiz con un estilo kitsch y desmenguado a la ultranza del despotismo colonial de sociedad. Ángel se carcajeó de todo minucioso entretenimiento que declaro al alba, las maquinitas y la sangre de plástico que sobrevivió a los muñecos de sueños dorados.

La poesía de Ángel fue un videojuego que nos llevó a diversos niveles, a veces el castillo, en otras el espacio galáctico, otras tantas el comedor del puesto callejero, en muchas tantas la noche de la brillantina y de las luces neón. Siempre el juego cambió, siempre de nivel, de estructura, la serpiente, el número, el riff, el estruendo, la gracia, el temor, la gallardía, la discordia y muchas ocasiones la duda, la incertidumbre, la posibilidad de generar lo ridículo como una bandera de la potencia creativa. Eso hizo Ángel, pormenorizar los detalles estruendosos y desenfadados de la poesía en batidos de fresa con chispas de colores. Dentro de su aspecto rudo y temerario existía la inocencia de un niño, le gustaba jugar a ser niño, el pícaro, el irónico, pues consideraba a las infancias como una realidad potente de la poesía. Las letras de Ángel llenaron el vacío de las corcholatas, de los soldaditos de juguete, de las lágrimas de los osos de peluche y del ferviente amor de las paredes y los cables.

Su poesía es electricidad, una corriente disfuncional que nos permitió saborear los pequeños electroshocks para degustar en cada verso la sombra de una cajita de colores, en cartón, ruborizados con la pena de un teléfono celular sobre el río de palabras. A veces un monstruo, un ser sin forma, un encuentro de los no comunes, un silencio con intemperie y hojas plateadas llenas de retórica efusiva con bandas sonoras de furor de potasio, un labial descompuesto, un par de anteojos sin lentillas, el sacapuntas sin filo, pero siempre, o casi siempre, la envoltura del regalo compuesta por los diversos diarios de la urbe, el regalo perfecto.

Leer a Ángel es entrar en un campo de batalla lleno de chicles de bolita, una mascado de fibras contracorrientes cuando las alas exploran la lentitud de las raíces mecánicas. Ángel fue una sonrisa discreta, su poesía, la carcajada de plastilina que se moldea ante cualquier situación. Fue democrático, farmacéutico de químicas complejas y un tanto, sin chamarra de piel, rueda de la fortuna. Nos permitió conocer el juego de la poesía en nuestra época. Nos enlazó con la bolsa del mandado y los letreros fortuitos de la calle, se rio de sí mismo y de las nubes con formas de animales, hizo burbujas en el camino y se plantó una cuesta arriba llena de melancolías de conchas de mar y de tiburones neón.

Ángel paseó por las calles de los chapulines, se convirtió en insecto, un anagrama del día a día en la virtualidad raquítica de nuestras pantallas, fue muy divertido leerle tan esporádico y tan llavero. Ángel invadió el cable de ethernet con figuras que le permitieron reconocerse entre la diversidad de la poesía, así con monstruos, flores, dinosaurios, esqueletos, carcasas, empaques, serruchos, aerosoles y demás. Sus letras nos llevaron por un estilo único, una juguería de cementos, piedras y razones efímeras de la alegría. Fue la casa de los espejos, el tiempo de los seres raros, de la curiosidad del bit, de la presencia de los tigres en los puestos de tacos. Ángel no escribió, jugo a ser poeta y le bastaba combinar la gabardina con los pastelitos de frambuesa que preparó la reina del territorio virtual aquel.

Da lo mismo comer una fotografía como erradicar de nuestras mentes el temor de lo efímero. Entre la soberbia eclética que lo identificó como una alcancía de monerías peculiares, su constructo poético nos permitió ecualizar nuestras bocinas, sacar nuestras voces en elementos de pastas de sabores y aromas de bolsillo de pantalón de una semana sin lavar. Su obra queda en el recuerdo como una voz enigmática que los electrones cuestionan a la par de los rugidos de las sirenas que se mueven en el mundo cibernético. Somos ecos de un piano para música disco usado en el rincón de la cantina, la cortesía de la descortesía y todos los días, una cajita musical con notas de metal y algo de persuasión de gatitos bañados de chocolate, la gracia de las garras está en el pastel de tres leches lleno de tequila.

La poesía de Ángel es el juego de ajedrez con fuentes de cristal, inmediata, sencilla, compleja, de rubores rositas y de imágenes que la tarjeta madre nos tejió en el cuadernillo del corazón. Ángel integró su poesía en las letras chiquitas del empaque, nadie sabía que fuera a enraizarse en los escrutinios de nuestros mecanismos con el desarmador de polvo. Ca/ na/ lla/ se ha ido.

Ángel Ortuño en Vía Literaria en 2015. Foto: Miguel Asa

3 Una despedida con varias despedidas

Ángel, a los días de tu partida convoqué a tus voces para decirnos adiós y aquí están los ecos de hace dos años:

Recuerdo cuando me diste un libro, u otro, no sé, una película. Recuerdo las risas de corrección, los maestros incoherentes y sus status quo de mierda. Nunca la ironía me supo tan negra, ni los versos se me llenaron de palabras secas, metálicas y metaleras. La muerte no toca a quien vive en las palabras de sus alumnos, a quien escribe con punk la nueva marcha de la poesía.

Vanessa Botello

 

Ángel fue un poeta, en primer término, poderoso. Como ninguno. Único, porque creó un lenguaje donde convergían el sentido del humor, el aprendizaje vanguardista e incluso el truco, el artificio y el engaño. Algunos de sus amigos, Víctor Ortiz, Álvaro Luquín y yo, lo esperábamos para desayunar. La noticia fue un golpe tremendo, todavía no la asimilamos. Maestro de muchos de nosotros, un amigo entrañable. Creo que no podríamos calcular la proporción de su legado, eso solo lo podrían decir todos aquellos que al encontrarse con su obra transformaron su visión de lo poético y, quizá, de la vida. Como aquél siempre contemporáneo, Rubén Darío, Ángel Ortuño era un poeta muy antiguo y moderno. Más que eso: de tan presente, futuro. Lo seguimos esperando.

Carlos Vicente Castro

 

De Ángel a ángel

Como el transeúnte que veía poesía
en las calles,
en los buses,
en la burocracia del hospital.
Como el poeta que hacía memes
de los clásicos,
de la poesía,
de sí mismo.
Así le recordará esta que escribe.
Qué es la muerte para quien
se burlaba de la vida misma:
pretexto para Ser poesía.

Lucy Cruz Granados

 

Yo admiraba a Ángel Ortuño: compraba sus libros, atendía sus presentaciones en las que, para mi sorpresa durante sus lecturas, leía a poetas mujeres y compartía poemas maravillosos de ellas, en lugar de hablar o leer algo de él. A pesar de eso, su porte rudo-dark y su tatuaje de Motörhead, me mantuvieron a cierta distancia durante un tiempo. Vencí esa timidez para pedirle que estuviera en mi primer programa de Poesía on the rocks el 12 de febrero de 2016, fue Ángel Ortuño, ese ángel-dark y luminoso quién me acompañó en aquel tembloroso primerísimo paso sin conocerme. No es sorprendente que ese día habláramos de Lemmy Kilmister, también estuvo Álvaro Luquín y los tres fuimos de Kilmister a Bowie, quien en 1971 fascinaba a su público vestido de mujer (romper géneros fue cosa de viejos rockeros y rockeras como Patti Smith). También me acompañó como tallerista en el Calle de Cervantes, en las lecturas que organicé de poesía para no poetas y hasta compartimos mezcales más de una vez en La Occidental. Hoy, su último post en Facebook, fue para compartir la portada del libro Vine porque me pagaban de la poeta rumana Golgona Anghel, creo que no podía despedirse de otra manera.

Y vendrá el camarada a salvarnos porque para los ojos
de su amor infinito,
todos somos
los únicos.

Iliana Hernández Arce

 

Ironía es
que se llamara Ángel ese ángel
del dios
de la ironía…

Isaac Ortiz

 

La muerte de Ángel nos deja un vacío, a muchas y muchos de mi generación pues, además de las gran amistad y generosidad, su poesía nos enseñó la manera de una escritura delirante sobre moldes clásicos. Era Roxy Music sobre Manrique. Un decir no a lo políticamente correcto. Descotidianizar lo cotidiano.

Álvaro Luquín

 

Gracias por los momentos de risa en las clases, por las anécdotas, por la invaluable enseñanza. Por “Pierre Menard, autor del Quijote”, tardé en darme cuenta de que era de Borges. Espero que en donde quiera que esté, siempre disfrute de una buena taza de café, profe.

Ámbar Orozco

 

De Ángel aprendí a comprender la poesía de otro modo. Entendí que hay algo más allá en el poema. Lo recuerdo mucho hablando de poesía varios cafés y bares de la ciudad y hablando de libros en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz o en Ediciones de la Noche.

Pero, sobre todo, la noche de hace siete años cuando habló súper emocionado de Viaje de gorilas, del poeta ecuatoriano Jorge Carrión, libro que publicamos en Ediciones Morbo y que presentamos en el Ex Convento del Carmen.

Leer Aleta dorsal o Las bodas químicas fue revelador cuando los leí, siendo estudiante de literatura en la Universidad. Porque a pesar de que Ángel no me dio clases en las aulas, sí lo hacía en sus libros o en las charlas que tuvimos en cualquier lado. Y lo que creo que no olvidaré jamás es justamente ver a Ángel en la puerta de la Biblioteca, cuando iba a leer para salir de la ciudad. Gracias, Ángel.

Miguel Ángel Avilés

 

Estafa 2014
De Ángel Ortuño escuché una vez decirme:
– ¿Quién te estafó era de la tercera edad? No puedo enojarme con él, creo que es admirable que se dedique a esto.

Nalleli Sánchez

 

Ángel Ortuño fue nuestro maestro

literalmente
en tercer semestre de Escritura Creativa

nos enseñó que la literatura es un ajedrez
donde un scriptor es un peón
un compilator una torre
commentator un alfil
el auctor es la reina
y el rey el canon

Ángel Ortuño pasaba su mano por el tablero
tiraba todas las piezas

y se ponía a jugar con los caballos a las muñecas

Manuel Jpg

 

Me piden que escriba unas palabras sobre Ángel Ortuño. Es difícil hacerlo y saber que no estará más. Tuve la suerte de ser su amigo y también su editor. Preparábamos en estos días su ingreso a Nox como profesor en la materia de poesía. Hablamos hacía muy poco para preparar el programa y bromeamos sobre nuestros achaques y la temible esofagitis. Estor consternado, sorprendido, encabronado por su muerte. Ninguna muerte es justa, menos la de alguien tan talentoso. Un poeta especial y diferente en la literatura mexicana. Nos conocimos hace muchos años -¿treinta, quizá?-. Escribo esto y me doy cuenta de que sigo hablando de él en presente. Nos conocimos hace demasiados años mientras él iba a la facultad y yo acompañaba a quien era mi pareja de entonces. Luego coincidimos en muchos lados, en revistas, en editoriales, en fiestas. Hoy por la mañana, al recibir la noticia de boca de otro querido amigo, me vino toda la tristeza del mundo porque hemos perdido a un hombre generoso, divertido y con un talento enorme.

León Plascencia Ñol

 

De una alumna para el profe Ortuño
1. Gracias al profesor de planta por hacerlo su suplente.
2. Mane, Tecel, Fares.
3. Prometo probar el café como usted dijo.

Dani Gz Vega

 

—Hermafrodita, dijeron.
—Como en la canción de Steel Panther. Dije al frente, el profesor sustituto reía, sólo él.

Por hablarnos lo mismo de Gloryhole de Steel Panther que de Mane, Tecel, Fares: los días de la poesía están contados.

Cindy Hatch

 

Ángel Ortuño fue un poeta que negó siempre serlo, más allá de su humildad, bonhomía y accesibilidad, fue un gran amigo y contertulio de los más diversos banquetes literarios en los que participó, siempre haciendo gala de una sabiduría deslumbrante que matizaba con su no menos llamativo humor punzante, inteligente y desenfadado. Sabía como pocos de poesía, cine, cómic y rock. Amante de Mötorhead, más allá de lo musical, fue sin lugar a dudas un poeta contracultural. Quienes fuimos testigos de todo ello, hoy lloramos la estela que deja tras de sí este poeta mayor, que viajaba en urbano de Tlajomulco a Guadalajara todos los días con una sonrisa eterna y juvenil como sus camisetas negras y sus botas industriales. Dónde estés ahora Ángel, sabemos que estarás con Lemmy tomándote una Victoria.

Roberto Herrera

 

Recuerdo en específico un día, no recuerdo la fecha, pero los pequeños clips de 30 segundos que grababa en su clase que concuerdan con mis recuerdos lo marcan como el 13 de febrero de 2020, durante la vida prepandemia.

Él llevaba construyendo el punto de esa clase durante un mes, ese día llegó e hizo lo que nunca: ponernos a trabajar. Sus clases solían ser una especie de conferencia de temas académicamente complejos abordados desde la sencilles en la que se habla en una tarde de chelitas con compas, pero en esa ocasión nos sacó de la rutina durante los primeros 20 minutos.

La actividad fue sencilla, a la fecha me sigue pareciendo un disparador creativo muy interesante, consistía en buscar una noticia aleatoria y el primer párrafo acomodarlo “como poema” y de pronto cosas que sonaban ridículas, como la boda de una lagartija, una actualización de emojis, una desviación de fondos muy mal hecha, de pronto se volvieron una lectura satisfactoria.
Lo recuerdo con tanta claridad porque me cambió. Ángel me cambió la perspectiva que tenía de la poesía, de la literatura como objeto de estudio y de la vida. Gracias a él aprendí a cambiar mi perspectiva de muchas cosas y aún hoy me parece increíble que ya no esté aquí, ayudando a cambiar perspectivas, a reforzar el gusto literario de las personas, que ya no esté aquí para enriquecer cualquier momento, porque su mera presencia ya volvía ese momento una experiencia completa.

Es evidente que se quedaron miles de corazones rotos tras su partida, pero él seguirá entre quienes lo recordemos y lo sigamos leyendo.

Criss García

 

Ángel, ayer me recomendaste que viera Las pestes de Breslavia. Ya la estoy viendo, el día que nos volvamos a ver, te digo qué me pareció.

Ánuar Zúñiga

 

Esta noche, la suma de todas mis pérdidas yacen en el cuaderno
entre nosotros, kilómetros y kilómetros de muerte y vida al final del puente;
dos tomas de agua y un sorbo de café a media mañana después del primer riff.
Una navaja hiere el muro otra vez, líneas entre líneas sobre la piel
Se mudan las palabras entre los rincones, donde la ausencia toma su trono
y los silencios hacen alarde de su triunfo otra vez después de la última desdicha:
la muerte de un poeta no tiene nombre ni perdón.
No más visitas con el oculista.
No más visiones nocturnas.
No más pasos vagabundos.
No más afectos
ni risas
ni nos
no.

Renata Armas

 

Recuerdo muy bien lo primero que nos dijo: todo lo que no es verso, es prosa y todo lo que no es prosa, es verso. Era una frase de alguien que intentaba sonar elocuente, pero Ángel la transformó en una lección. Escucharlo era como oír un poema que surgía de la improvisación, como un baile entre las palabras y los significados. Ángel Ortuño hablaba en prosa poética. Convertía lo cotidiano en lo sublime, un chiste y un regaño a un poema, la constitución en un poemario. Como un alquimista de las letras.

Jesús Ramírez

 

Hemos visto en las redes sociales en estos días una profusión (absolutamente merecida, por supuesto) de publicaciones, notas, crónicas, sobre él y su obra poética. Han transcrito poemas completos en páginas y revistas, tanto de México como de Estados Unidos. Han mencionado la originalidad y desenfado de sus textos; la gran calidad humana que siempre mostró con su familia, amigos, conocidos, colegas. Yo quiero mencionar, porque creo que en esta área llegué a conocerlo un poco más, la disposición que mostró para entregar a sus alumnos esa visión amplia, libérrima, siempre nueva, de la literatura y en especial de la poesía.

Luis Martin Ulloa

 

El irreverente Ángel, el de la dulzura ácida, ese que roba a mano armada la carcajada y el asombro, se fue, y no hay ninguna otra mezcla dura tan llegadora que lo sustituya, ni hoy ni nunca.

Rossana Camarena

Hablar de rock y poesía en la noche, interrumpir alguna que otra lectura, colocar versos en el tren ligero, escaparme las tardes para dialogar un poco en tu oficina, creer que la poesía concreta fue un augurio para viajar, escribir tan sólo con el fin de celebrar la ironía, esperar la consagrada motocicleta, pensar en las canciones de metal, establecer un énfasis de la marcha de una libélula, descubrir a Mazinger Z en el fondo del volcán y de vez en cuando pensar en la acidez de vivir. Escribir esto, es sólo una muestra de agradecimiento por la capacidad de expandir los motores de una mariposa eléctrica. Convoque para despedirnos y aquí estamos las voces. No supe cuándo lo debía romper y ahora ya no hay fuego. Como me escribiste alguna vez: “De ahí la nostalgia: el dolor de lo que se sabe lejos al recordar, sentir, qué está muy cerca”. Desde amigos, conocidos, alumnos y más, gracias. Desde mí, misión cumplida.

El ataque de la llanta asesina

Una película francesa sobre un neumático
que tiene vida y mata
personas
con sus poderes telepáticos. Diría
psicoquinéticos

si me importaran las palabras.

¿Por qué
le estalla la cabeza a ese señor? ¿Y lo del pobre
conejito?
Pero la música
es muy relajante. ¿Quién
ganará entre una rueda asesina y un escorpión?

No apuesten.

Termina
pronto.

También destroza botellas que no pudo romper antes
por su falta de peso.

Para todo le basta usar el diez
por ciento
de su cerebro.

Poemas swinger y otros malentendidos
(Bongo Books, 2014)

Nadie sabe

Te mira desde el cielo
todo el tiempo (si copulas,
defecas o estornudas, no:
se voltea de espaldas

aunque todo es posible cuando tienes
la nuca transparente).

Será los cien fantasmas que resultan
de inflar un globo y luego reventarlo.
(Llorar trae mala suerte
si no te han golpeado.)

La orquídea
sulfurosa dirá lo que tú quieras.

Una reconfortante golosina como los tiburones del acuario.

Sólo te faltan dientes para la perfección.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Déjalas caminar porque son fuego

Hay pianos donde anidan las hormigas
y por eso parecen
tocar solos.
Son tantas que podrían subirlos a los árboles
(pero esto sólo pasa cuando están muy contentas).

Sus vestidos son rojos y entallados
y a pesar de que son más certeras
no podrás verlas nunca
pronosticar el clima en la televisión.

Poemas swinger y otros malentendidos (Bongo Books, 2014)

Otro sueño y otros guantes negros

No es la ruta más corta
entre principio y fin
pero tal vez debieras
respetar
la mala suerte que agujera
los dados
entre ensayo y error.

Ver
como la sombra precavida
de unas alas
esa dificultad de movimiento.

O sospechar siquiera
de que te hayan dado
nada más que una pala (palabras ilegibles)
y la orden de que te defendieras

sin ni siquiera un curso sabatino
o advertencia de que habría mujeres desnudas.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Franjas de población sobrante

Decenas de matamoscas aparecen
en una playa
de Alaska. Antes
se le llamaba imagen
a que por un error
se mencionara un sitio que sólo está en los mapas
pero hay muchas versiones
y no
nos abandona
el gusto por mentir. Ofrecemos
trabajo,
sexo indistinto en diferentes áreas,
50 pesos y comida
como esa mujer que ahora recita Yo
soy experta en lenguas y en la foto siguiente
la vemos mientras lame
en blanco y negro.

1331 (Conaculta, 2013)

Jalisco poético: rutas insospechadas

Arroyo en Atemajac de Brizuela, Jalisco. Foto: Miguel Asa
Jalisco poético: rutas insospechadas
La configuración de una población y sus letras

¿Es necesario tener alas para volar?
2002

Escribir y leer. Fotografiar. Bailar. Pedalear. Un país particular. Una voz necesaria. Un Estado. Una historia. Una geografía. Una medida. Una cultura. Muchos climas. Miles de kilómetros en extensión. Gastronomías diversas. Paisajes poéticos. Alrededor de 9 millones de personas. Un ambiente benévolo. Música por doquier. Tacos. Siempre tacos. Diferentes climas. Muchas formas de caminar. Cuatro lagunas. Un lago. Varias carreteras. 125 municipios. Una de las principales ciudades de México. Historia en cada una de sus planicies. Tequila. Caña. Birria. Ritmos de vida. Zapateros. Campesinos. Artistas. Artesanos. Escritores. Músicos. Poetas. Jalisco se llama y de aquí las aventuras siguientes.

Encontrar la poesía de una población no es una misión sencilla. Sin embargo, se explora desde otra perspectiva cuando se busca en persona a la creatividad humana. Así en esto, destinamos diversos viajes por nuestras rutas. Contemplé una suculenta fortaleza por las mañanas. Un té al atardecer y diversas cenas en cada uno de sus pueblos. Construir estos elementos es la búsqueda de las voces que llueven en este territorio del occidente mexicano. Es tiempo de configurar un trabajo dedicado. Encontrar las voces de una manera abierta, cercana, empática y sincera. La poesía como motivo, el viaje como aventura y la comunidad poeta como destino. Así, un ejercicio de recorrer las carreteras que se dirigen hacia las Costas, hacia el Norte, hacia los Altos, hacia la Ribera, hacia el Sur, y todas aquellas menores que se reparten por Jalisco.

Hay que degustar una nieve en Mascota, comer birria en Arandas, sacudir el cuerpo en La Huerta, mover las olas en Cabo Corrientes, pedalear en Tapalpa, coincidir en Autlán de Navarro, tomar una caña en Ameca, caminar con paciencia en Talpa de Allende, contemplar los paisajes serreños en Mezquitic, y, sobre todo, reconocernos en los 125 municipios que son Jalisco. Y en cada rincón que lo compone existe la palabra. De alguna o de otra manera la sustancia que recorre a este estado occidental se encuentra en la diversidad de su población. Con una historia amplia en el sentido cultural, hay una particularidad: hacer la reunión de un puerto en el que las letras jaliscienses se contemplen de otra manera.

Esta oportunidad del tiempo es buscar el café en San Sebastián del Oeste, saborear las naranjas de Atotonilco el Alto, disfrutar de una tostada de Ciudad Guzmán, comer un menudo blanco en El Tuito, disfrutar de una visión desde Ahualulco de Mercado, y de paso, asumir el recuerdo de la naturaleza por Concepción de Buenos Aires y siempre buscar la palabra. En cada paisaje y en cada horizonte siempre, o casi siempre, al andar por tierras jaliscienses existe el posible encuentro de descubrir un contenido poético oculto. La literatura de esta región se ha visto llena de muchos nombres, mujeres y hombres son quienes han forjado de alguna manera sus mentes hacia el constructo social con el fin de proveer un enriquecimiento cultural que nace de la tierra, de los caminos, de los climas, de la flora y la fauna que se vive en cada espacio.

Jalisco en muchos términos, contiene un sinfín de poemas. Contiene historia, creatividad y personajes. Es un Estado en el que se camufla el silencio, el sol, la esperanza, los colores y las mariposas. Sí, todo el mundo tiene sus particularidades, y por eso, esto lo contemplo como un mar de posibilidades disfrutable, aquellos árboles altos y gustosos por la carretera de la costa, o qué decir de los columpios que se reparten en todo los Altos, o de aquella sureña vía que desciende al nivel del mar, o qué pensar de aquella altura en la Sierra de Aquila, y todos los trayectos los conozco en las medidas de sus posibilidades. Algo así como saberse el mapa de la palma de la mano, y es que Jalisco, tiene su templanza y sus horizontes. Tiene un efecto de comisura que deleita el perfil del visitante. En sus rutas encontramos tienditas, mercados y un sinfín de personas que hacen muestra de su creatividad de diferentes maneras. Se trata pues de la diversidad de las voces también.

Y eso no queda ahí. He pedaleado Jalisco de muchas maneras. Me he propuesto récords personales. Así mismo me he construido retos y un espíritu de amor de época por mi región que he contemplado encontrar la poesía en las calles de sus pueblos. Conocer una parte de Jalisco en bicicleta ha sido una experiencia que me ha despertado el interés por algo más allá de sus paisajes, conocer las poéticas que le construyen en la actualidad. El pedalear por las subidas de Atenguillo, o descender desde Sayula, o el disfrutar de las veredas en la zona Valles, así como atender en las subidas de Jalostotitlán, todo, me ha dado la oportunidad de conocer un poco más a detalle sus las posibles perspectivas de lo que es este estado.

De ahí la aventura como agradecimiento a esta región, a su historia y a quienes la han construido desde hace años. Así, tanto la palabra desde las voces jóvenes hasta las de las personas de la tercera edad han discernido una propuesta con variaciones considerables. En Jalisco la poesía se reparte de distintas maneras, y es que su difusión se explaya en proyectos editoriales de diversas magnitudes. Así revistas, breves encuentros, charlas, tertulias, talleres y demás. Pero no todo queda ahí, es necesario comprender que en la poesía jalisciense existen un abismo de personajes que la ejercen, que la viven, que la sienten. Y así, con sus respectivas imágenes, esta aventura se remonta a la cotidianidad, a la experiencia, al sentir de lo que muchas y muchos logran posicionar dentro de sus mundos, las letras.

Hablar de Jalisco en el ámbito poético es hablar de una tierra en constante devenir. Se trata pues de la experiencia de reconocer sus paisajes, sus amores, sus acciones, sus trabajos. Así, el interactuar desde una bicicleta, desde la caminata, desde el raite, queda en la apreciación de sus colores, de sus aromas, de sus posibilidades, de sus armonías, de sus árboles y sus flores. Conocer Jalisco representa una apertura indomable a sus literaturas, a sus contextos y se pueden colectar los nombres y persistir en ello, pero es que no sólo queda esto en ese espacio de la memoria, si no que hierve en su música, en el canto del amor, en el suspiro de la vida, en el suplicio de la muerte, en la ironía del fuego, en las centellas de la pluma, en las figuras multifacéticas, en las artesanías que cantan, en los ríos que bailan, en las cunas, en las mesetas, en los valles, en todo el territorio existe una palabra que configura rutas poéticas. Así la voz del joven de la sierra como la anciana de las estepas.

Hay en Jalisco una pluralidad en sus poéticas que se muestra en sus contextos de una manera agraciada y un tanto espectacular. Y es importante considerar que no todo queda en Guadalajara, la capital, si no que cada región trastoca con versos profundos, dolientes, sarcásticos, a la estabilidad de las emociones y con ello, los pensamientos cambian y se desbordan hacia otro constructo que ha ejercido un abanico de nombres que nos permiten consolidar una perspectiva excitante pues desde mucho tiempo atrás, las letras han permutado el imaginario colectivo del jalisciense. Este producto cultural al que hemos dado vida se trata de una experiencia única, se trata de la comprensión del contexto y de la adaptabilidad de la persona, una reflexión antropológica de la creación literaria que existe bajo distintas posibilidades y agencia como una memoria de esta etapa histórica de nuestra existencia.

Viajar por la poesía de Jalisco es un almacén de secretos, una reunión de bibliotecas que se muestran grandiosas, y sobre todo, las imágenes de generaciones que lo han entregado todo. El cuerpo como el medio, la cámara como un soporte y el encuentro como la evidencia. Así es, observar al nopal como poema y descifrar al maguey como retórica, son tareas que se permite uno al expandir el pensamiento por esta parte del occidente mexicano. Se trata pues de una aventura en tierras de colores, en aires con metáforas silvestres bajo el acompañamiento de sonidos peculiares del viento, de la piedra, de la madera, y así, se nutren las palabras de aquellos que nos evocamos a la justicia de la literatura, y en sí, de la poesía.

Este trabajo no pretende construir un horizonte limitado y espaciado conforme a una estructura similar o particular. Esto es la búsqueda de los espíritus desde la poesía, los papeles oxidados, el paso por la vida, la recuperación temporal de nuestras miradas, el eco de los sabores que nos persisten, la memoria del cotidiano, el sentir de la duermevela, la nostalgia de las dos aguas, la cicatriz de las veredas, el campo modificado, el vuelo de los sueños y muchas cosas más. Se vive la poesía desde otra perspectiva y desde otras posibilidades. Así la selva, la estepa, el bosque, la playa, el valle, todo en Jalisco, amerita una evocación de sus renovaciones literarias. Y es que la comunidad poeta abraza cada espacio bajo sus contemplaciones como bien le venga, y de ello, la arquitectura de sus poéticas como horizontes de nuestros trayectos.

Pretender abrir este Almanaque es construir un mapa desde sus necesidades históricas hasta sus reflexiones intelectuales contemporáneas. La palabra como la medida de un trabajo constante y apreciado. El libro como el medio de lo que sucede y de lo que vive parte de nuestra comunidad. La literatura como una de los oficios que se han desmantelado en la región como una expresión potente, sideral, colectiva y constante. Así Jalisco se ha hilado desde un tejido de muchos colores, en los que se visten los versos de recetas, de horarios, de imágenes, de momentos y de reflexiones, en sí, todo, desde una posibilidad abierta en el presente con base en el trabajo del pasado.

En la poesía de Jalisco encontramos voces tiernas, feroces, volátiles, irónicas, honestas, sensatas, amorosas, eróticas, naturales, tecnológicas, divertidas, circunstanciales y hay un retrato para cada gusto. En la poesía de Jalisco hay tortillas, casitas y haciendas, botellas, palto y cucharas, refrigeradores, flechas, cielos y montañas. En la poesía de Jalisco hay mujeres, hombres, y una serie indomable de géneros humanos que eso es lo que permuta la belleza de su quehacer literario. En la poesía de Jalisco hay luz y oscuridad, hay historia, hay caminos, recuerdos y memorias que se han vuelto un ritmo sinfónico para el comprender del público espectador. En la poesía y en Jalisco, hay posibilidades de la palabra desde hace un poco más de cien años. La poesía en Jalisco ha sido una herramienta que ha permitido una identidad particular del reboso, del caballo, de las caminatas, de los huaraches, de las espinas, de la cocinas de leña y una exploración de imágenes que no se detienen a la medida en que uno prosigue en el trayecto de las poéticas.

Así el viejo como al recuerdo y la joven a la actualidad, así el sentir del baúl como el bit del tocadiscos, no está lejano la siembre de la memoria RAM, no están separados los arbustos del camino empedrado y los cables de la interacción virtual, aquí, hemos contemplado a la diversidad.

En el marco de la riqueza que somos como sociedad, la poesía es una de tantas acciones que se desarrolla como un breve proceso de continuidad. Se trata pues de la posibilidad de soñar un volumen de nuestra labor. En estos 15 años de existencia como Proyecto Ululayu, he escuchado y leído una gran unidad de climas dentro de la poesía jalisciense, porque más allá de ser de México, es la que nos ha visto crecer. Este Almanaque es el producto de ese amor por la emoción de los avistamientos que he logrado comprender en bicicleta. Se trata de una reunión de los proyectos, de las editoriales, de los escenarios, de los espacios, y, sobre todo, de las voces que han determinado la euforia de nuestro quehacer literario.

Jalisco escribe y escribe con destiempo y con paciencia. Jalisco es una premisa de largo alcance y una configuración mexicana de la poesía. Jalisco es el temblor de la luz y la armonía del ladrillo, el río como escondite y la muralla del océano. Jalisco es la evidencia del trabajo escrito y del entretenimiento literario. Jalisco es subida, bajada, espejo, perfume, canto, fogata, reunión, fiesta, sabor, sentimiento, contemplación, frío, tranquilidad, euforia, verde, rojo, tortilla, cantarito, tejas, palma, pino, caña y nopal. Jalisco es una diversidad que se nutre de ferias, fiestas, celebraciones, reconocimientos y sobre velas. Jalisco es la oportunidad del quehacer creativo de nuestra generación por entregar una evidencia de lo que hemos sido. Jalisco es un Almanaque poético que se ha creado desde nuestro pequeño sentir para nuestra comunidad lectora y más allá.

Estas rutas viajeras son nuestra aportación desde lo más sensible de nuestras creaciones. Se trata del trabajo de la palabra y la imagen como un agradecimiento hacia la camaradería humana que nos ha acompañado a lo largo de este trayecto. Se trata del reconocimiento de la historia en la que hemos participado por aquí y por allá con la comunidad, desde nuestra iniciativa y junto a otras más. Este trabajo es la entrega de dos diversiones que nos encontramos en un instante de compañía, celebración y disposición, se trata de una mirada visual y otra textual sobre los imaginarios de las y los poetas, una base de confianza, empatía y consideración.

Este trabajo procede como una colección de emociones y de justicias, como el coro de los sueños, algo así como la melodía celebrativa de nuestra comunidad. Nos damos paso a descubrir casa, objetos y demás. Nos damos la oportunidad de establecer conexiones más allá del espasmo, de la gloria y de ciertas limitaciones sociales. Aquí pensamos desde la palabra con muchos más motivos que los que entregan las jerarquías oficiales. Se viste el sentir y se cobija la reflexión dentro de las experiencias y de las posibilidades que entrega la vida misma. La razón y el disfrute son esa variación de llamarnos jaliscienses para encontrarnos en la reunión de medio día, en el encuentro fortuito, en la vivencia del campo y en el abrazo de la sierra.

Esto no es un trabajo determinante sino nuestro abrazo a lo que amamos y que sentimos, nuestra poesía. Somos Jalisco y somos creadores. Así, en agradecimiento por todos estos años, esta pequeña labor como ofrenda a todas las personas que han sido parte de nuestro recorrido, y por igual, a los que nos han compartido sus conocimientos, sus experiencias, sus investigaciones, sus dedicaciones, sus disponibilidades y sus esfuerzos sobre nuestra literatura. Nosotros somos eso, la actualidad de nuestra época, la memoria contemporánea de nuestro que hacer. Se trata bien de nuestro ejercicio amistoso y empático hacia quienes nos acompañan en cada tertulia y en cada poema. Gracias por llegar aquí. Desde la ruta, las letras son nuestro riesgo.*

Almanaque: la poesía de Jalisco como reto textovisual

Ocaso en la Sierra Madre de Jalisco. Foto: Miguel Asa
Almanaque: la poesía de Jalisco como reto textovisual
Retratos personales y un juego antropológico-literario de la región

Los cerros inclinan la cabeza
y alguien dice en la noche creciente:
“viene la muerte cantando
detrás de la nopalera”.
La luna de noviembre es un gran cráneo
y el país entero llora de risa.
Hugo Gutiérrez Vega

Conocer sobre poesía es un enriquecimiento enorme. Es un abismo al que debemos completar con muchos ecos, de diferentes cualidades, de extrañas dimensiones, de una gran aceleración del viento y todo se frena. Uno piensa que la poesía no tiene cuerpo, pero tiene muchos. Otras veces uno cree que la palabra es y que se desprendió de una comunidad terráquea. Muchas más, abrimos libros, abrazamos a los contextos y a los personajes y todo se vuelve parte de nosotros. Y de alguna forma, de alguna manera, todos nos debemos al otro. Y es que no hay cosa más amistosa que nuestro dulce cisne azul en frente del manglar lila que postra el verso antes de su vuelo. Y lo vemos. Y le somos eco. Y ahí, cada uno espera a su cisne, cada quién persigue a sus letras, antes el eco, otras el ritmo, después la controversia, otras más el amanecer, y siempre, la persona.

Durante más de la mitad de mi vida he escuchado un sinfín de nombres de poetas. Con ello, hasta hace poco, me di la oportunidad de reconocer a las personas que de una u otra forma me han construido en la poética de mi comunidad, esa que corresponde a mi estado, Jalisco, y que con ello, los hilares de sus geografías me han permitido contemplar en nuestro tiempo. Por ello, tenemos gozo, tenemos aún la oportunidad de apreciar, olfatear, sentir y vibrar, a cada una de las voces que nos acompañan en el día a día en las calles de cada población jalisciense.

Las carreteras dimensionan las posibilidades del poema, y también el acercamiento, inquieto y exuberante, a las y los poetas de mi entorno. Hay sabores, muchos aromas, sazones, con calma y destiempo, con nombre y sin él, hay con pócimas mágicas, bajo adivinanzas extremas, mentiras enrolladas y embrollos desdoblados. Y el fin de encontrarnos exquisitos es contemplar un momento sacudir con las palabrerías aquellas evidencias de que estamos en el momento, aquí y ahora, en la observación del movimiento poético de Jalisco. Sé del trabajo que esto implica. Así mismo, reconozco que es una inversión en equipo integrado por colaboradores, compañías diversas y aliados de distintos rubros, y por ello, comenzamos este ejercicio textovisual para dar paso a un Almanaque literario de Jalisco

Durante el silencio mundial me preparé e hice de nuestra guarida una caja de emociones, sentimientos y pensamientos. En cada una de mis líneas he contemplado un factor innovador que me indicó la acción de unir muchas experiencias en vida y las deseo compartir de una u otra manera, por aquí, por allá, y por más allá, todas y cada una de ellas, pues son una forma de contemplar la construcción de las poéticas del Jalisco contemporáneo, moderno, tecnológico e innovador.

Desde el sabor de nuestros viajes hasta el destino toda la comunidad pensamos en esta línea. Pensemos que no tiene una insolencia y todo es un retorno perfecto. Todas las poéticas tienen un rostro antes que una letra. De aquí que manifieste el valor del viaje.

A casi 15 años como proyecto independiente, doy paso a conocer las líneas literarias que surgirán de este viento en nuestro papalote con su estilo propio, muy mexicano y libre. Hoy somos una voz de todos las y los escritores que compartimos y buscamos la libertad del verso, de los poemas, de las y los poetas, de los grupos, pues sí, así como suena, nosotros, en la escritura de toda nuestra comunidad, sin ton ni son, por la libre y sin cuota, sin demos, y todo ello, desde nuestra independencia amigable y social. 

Dentro de esta colección de nombres, están aquellos que de una u otra manera, repercutieron en el instante de Jalisco, por sus obras, sus actos, y sus disposiciones con la sociedad. Hay poesía de todos tipos y, de todas formas, sin embargo, el escrutinio que he aplicado aquí es con un fin racional, objetivo, y meramente comunitario. Aquí no hay piel que cubra la sinceridad de la palabra. Con este Almanaque persigo el sonido de Jalisco desde lo más fiel a sus raíces, tradiciones, movimientos, etnografías, comunidades, poblaciones, naturalezas, innovaciones, retos, movimientos, especulaciones, ideologías y todo aquello que cuestiona nuestra forma humana sin ningún límite más.

En este Almanaque expreso toda una investigación de largo aliento. Esta obra esta dedicada a toda la comunidad que genera poesía desde la palabra sin eco mayor alguno que el de sentir. Gracias a las y los jaliscienses por permitirnos ser parte de la historia con nuestra historia. Aquí un documento que pretende dejar evidencia de lo que fue, es y será la poesía de nuestra época. Después de encontrar una línea editorial a lo largo de dos años, por fin, hoy se concreta la identidad de lo que viene entre un ensayo en prosa con la fotografía documental.

Sea usted parte de este Almanaque que hablará de las voces que han construido el Jalisco de nuestra época, y por igual, y sin mayores pretensiones, de aquellos que han encontrado una nueva casa, un espacio de amor, un sabor potente, una perspectiva divertida en esta geografía. Así pues, comunidad lectora, he creado esto para trabajar, sí, escribir y retratar, desde nuestras posibilidades, a todos estos personajes de nuestro contexto. Comenzaré por nuestra ciudad, para poco a poco, con ayuda del tiempo, tener muchas fichas desde nuestro estudio que hemos querido ver como un juego. 

Este producto cultural es una investigación y se nutre de la imagen y de la palabra, desde mi fotografía antropológica hasta mi la literatura experimental, me aventuré a hacer una emoción de este tamaño con el fin de abrazar en uno o varios volúmenes, el trabajo de quienes construyen la palabra. Solicitó disculpas pues esto es un proyecto de vida y de suma organización. Cada pieza, aunque regional, es la partitura de los nopales, las mesas, los silencios y los barriles que nos integran. Disfruten ustedes del trabajo que hemos estado preparando desde meses atrás como un ejercicio humano, cercano y voraz.

Vamos a ser precisos, gracias por escribir en Jalisco. Hoy nuestro trabajo es obra; ustedes, nuestra profunda inspiración.*