Eva Espinoza: salvaje poema que reconstruye abismos

Eva Espinoza "Eveleva". Foto: Miguel Asa
Eva Espinoza: salvaje poema que reconstruye abismos
El canto a los desiertos de las soledades

Los demás sonámbulos también
lanzamos al despeñadero
las semillas
Mariana Pérez Villoro

Existe el grito de un cuerpo del que se desmonta el poema como una atrofia de la llaga. Hay una palabra que surge y que incendia el cosmos de la zona. Hay un verso que se reconstruye entre estrellas, una caminata y el sereno de la mañana. Hay un ritmo en el que las luciérnagas solapan el secreto del llanto y vamos por ahí desconcertados, dispuestos a extender el fuego de la garganta. Así es Eva Espinoza, quien entre la literatura y las artes creció y brindó por la magia de la creatividad. Entre tanto y tanto soltó la llama que ha encendido un motor que no para: es una máquina de excentricidades la que despliega cada que conmociona con su fuerza vocal. Se trata, pues, de una tarjeta madre que ha permitido vincular el esfuerzo de la noche entre un creciente fervor por las palabras. Es un coro de filamentos contenido en una bolsita de papel, un escarnio a la poesía, la voluntad de saberse en vida para contradecir a la aurora boreal de los signos vitales. Reconstruir con la palabra, compartir desde el hecho, precisar desde la circunstancia. Vamos a envenenarnos hasta el último momento de la sonrisa.

Mirar al sol. Foto: Miguel Asa

Entre los esquemas en que uno confronta a la poesía, se encuentra el hilo del cardumen y de la flor. Ahí es donde se despliega el estilo para dejar escapar el verso. Desde Zapotlán el Grande, Jalisco, la experiencia poética de Eva ha surgido en miles de sabores y modalidades. Es una mariposa que despliega sus alas para existir en el vuelo de los sueños, en corrientes que sólo perciben los colibríes, en instantes de sonrisas de espejos y revueltas personales entre las hormigas. Emigra, todo el tiempo emigra. Eva, ave, parvada, pájaro, pájaro, mariposa. Un todo, una masa de alas entre vientos furiosos llenos de electricidad y firmamento. Migración. La poesía emigra por igual: no se estanca. No se estancan. No se estanca: viaja. En cada emoción que descubre desde su espontaneidad suelta la melancolía, la reflexión, una paleta de caramelo y una carcajada. El poema se resguarda en la bodega corporal. La parvada gira de un modo y de otro, fluye vuelo como río en el firmamento. Entonces nos volvemos el sonido de una canción. Somos el deterioro y a la vez el cielo.

Reflejo del chofer. Foto: Miguel Asa

Se escuda la historia debajo de la piel. Se transforma el elemento fuego en todas las estrellas. Se percibe el silencio como nada. Es que hay ruido. Es que hay ilusión, hay color, hay una soberbia dislocada en la memoria del cardón. Los colores se hacen presentes. Se llama intensidad, porque es un volcán. Es natural. La carretera siempre es paz, dice. Es un recuerdo del primer encuentro que permanece. El naufragio existe y hay movimiento. El poema aquí y allá. La poesía como herramienta de una exaltación de la carne y del hueso. Se trata de una posibilidad de lo que somos. La poesía no abandona. Está presente el eco de la naturaleza. Se trata, pues, de escuchar, de saber el nivel del viento y del cambio de clima para abordar con cautela a la existencia. Eveleva habla de un durazno como la suavidad de la dureza, una analogía con las nubes y los espejos.

Todos los caminos. Foto: Miguel Asa

Eva contempla la poesía como realidad. Se extravía y genera suposiciones. Es un papalote ligero. Es un ave que vuela: para volar es necesario tomar las alas y expandirse, abrir el espasmo en cada eco. Es necesario percibir la intensidad del volcán como la voz de la tierra. Hagamos un puente de comprensión. La poesía es nutrimento. Somos todos los actos, todos los elementos. Tenemos diversidades, perspectivas, estelas y recuerdos. Eva desnuda las oportunidades para sentir. Nos convierte en secretos. En muchas modalidades de un espejo lleno de flores. Nos creemos. La memoria de la mariposa es un estruendo. La sílaba de una mirada lo único que forma son estructuras potentes en la geografía. Eva nos habla desde la libertad. Desde las potencias en el día a día. Nos habla de lo que generan las calles. Somos parte de una luna nostálgica, de un sol ferviente. El trazo es componer de alguna manera y compartir. Se trata de convertir el poema en el gancho, en el hilo. Eva lo hace suelta, libre, unicornio de las playas, consejos de cocos, diálogos de libélulas.

Medio arrebo y bugambilias. Foto: Miguel Asa

Se trata de jugar a las canicas. De dar un paseo pequeño y ser congruentes con la especie. Hablar del desprendimiento como un acto necesario. Soltar las plumas. Viajar ligero: vivir es improvisar. Eva nos habla de un columpio como una acción de volar. Ahí es donde se manifiesta la cercanía, la influencia, la fe, el amor, las alas, los paracaídas. Hay que mirar los detalles. Esas particularidades nos muestran la calle, el silencio, el transporte público. La libertad de llevar con la calma un monstruo poético. Los detalles son la esencia, las plumas, el reconocimiento y la permisión. Debemos deconstruir la complejidad. En la sencillez del vuelo está la palabra. La visión son espacios. Eva rompe los paradigmas. La velocidad es una forma de medir cuando no es necesario. El poder persiste desde la lengua, por consiguiente, del corazón. Sentir es la congruencia tras emocionar. Hacer poesía en cualquier espacio. Surgir con la memoria. Encajar las letras a la hoja en blanco. Imprimir la voz. Secuencia es el eco. La palabra se disloca en cada eco de Eva. Nos llena. Nos contempla. Emigra. El pensamiento se mantiene en una perspectiva sólida. La raíz juega después de dejar la semilla. Absorbe. Nos libera y el canto y la palabra, afirman que sanar es posible. Luego, abrazar a la humanidad.

Subir la mirada. Foto: Miguel Asa

Con Eva hay burbujas, reflexión, vuelo, esfera, siempre la fragilidad como puente de precaución. Debemos sonreír como un espejo de nuestras mentes. Debemos perseguir una línea que nos encuentra en el camino. Cualquiera: siempre hay una nube disponible. Se es flor de pavimento. Se es un encuentro del diálogo. Somos el perfume y muchas veces el recuerdo. Nos convertimos en memorias con alas, pero el vuelo está ahí. Nos convertimos en flores del campo, de la emoción, de las figuras del cambio. Nos tomamos un café y somos felices. Eva manifiesta que los cuerpos son un eje de comprensión. El trabajo de esta poeta tiene que ver con la libertad, sin los supuestos del retrato. Se trata de propuesta, de esa voz que nos permite un axioma en cada una de las personas que somos. Nos hemos propuesto contribuir al crecimiento de una ronda de fuego. De sentir el error, la miseria y todo lo posible que podemos perder. Se acciona la velocidad, la fuerza y al verso impacta. Se hace posible la magia de contribuir a la pasión. Es resistencia. La poesía es resistencia y existen muchas maneras de expandirla. Eva lo hace como una particular junta letras callejera que dice ser. La poesía tiene reformas en todos los tiempos. Las consecuencias de esto es vivir. Se trata de un efecto para decirnos lo que consideramos en suma paz. Sonreír es el punto. Carcajadas más, carcajadas menos, pero siempre reír.

Hojas y labios. Foto: Miguel Asa

Eveleva nos eleva y distorsiona para salir y resurgir. Eva nos permite contemplar el canto, la atmósfera, el poema desde su voz como un cataplasma de soberbia, de resistencia y de labor social. Hay que cambiar el mundo desde nuestras poéticas. Hay frecuencias y se ejerce en ellas el trabajo de la palabra. Eva no distancia: acerca la poesía, entrega formas de vivir. Ampara a la palabra y viaja. Se llena de lo que ya no es y puede ser. Ella vive. Nos habla del perfume de una gaviota que se entrega. Destaca la estrofa. Nos encamina a hablar sobre nuestras vulnerabilidades, para saber de lo que somos capaces. Eva es una voz que se permite compartir. La resonancia del piano no es igual sin su voz. Es parte de la poesía de Jalisco y la recorre como se debe. Sus esfuerzos son una fuerza única que implica pasión, severidad y argumento. La forma de vivir la poesía será diferente, pero siempre será el mismo medio, la voz. La construcción de Eva ha sido con una semilla potente y en sus venas permite a las letras incrustarse.

Miel y frambuesas. Foto: Miguel Asa

Eva Virginia Espinoza, conocida como EvelEva, estudio psicología en el Centro Universitario del Sur (CUSUR), de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Es psicoterapeuta, performer y poeta. Nació el mismo año en el que cayó el muro de Berlín. Forma parte de una familia repleta de tinta en sus raíces. De estas surge la palabra, la escritura. Durante toda su infancia los cuentos, las canciones, el sonido de una guitarra clásica y las pinturas de su padre, nutrieron su sensibilidad. A ella le gusta jugar a escribir desde los 12 años. Nunca ha sentido interés por editar o publicar sus letras. Sin embargo, conoció la magia de la poesía en voz alta en 2017. Inició su viaje y su labor informal como “junta letras callejera” en Colima, Jalisco y Michoacán, México, para llevar poesía a aquellos lugares y momentos que suelen estar desprovistos de arte y sensibilidad, como el transporte público en hora pico, las cafeterías, parques, teatros de feria, en las calles y a veces, en lugares destinados a promover la cultura. Le gusta reírse de manera improvisada. Le gustan los tacos y el sonido del atardecer. Le gusta compartir.

¿Cómo baila el colibrí con la luna?
El colibrí se desmonta las plumas, baila desnudo, sólo cubierto por la luz pálida de su amada, que lo acompaña y lo resguarda en todo espacio, en todo tiempo. Por eso se piensa que los colibrís no vuelan de noche, porque se vuelven invisibles cuando la luna los abraza. Juntos bailan la música de las estrellas, inaudible para aquellos que no saben de amor. Conforme la tierra gira y el amanecer se aproxima, la luna suelta de a poquito al colibrí, él, se coloca una a una las plumitas y vuelve a ser un ave inquita, al volar más rápido que ninguno, para sentir breves las horas que lo separan del abrazo, luminosamente musical de su amada.  

¿De qué manera se solidifica la emoción de la lavanda?
La lavanda es una flor alquimista, que trasmuta la forma de lo sensible. En los sueños alcanza su victoria y logra, sin mucho esfuerzo, disolver las pesadillas. Ella, vuelve ligero lo pesado del miedo, blando la dureza de la rabia y evapora las lágrimas de la tristeza. Quitándoles la fuerza, para transferirla a las emociones que más le gustan, solidificando así la paz, el amor y la alegría, gemas preciosas, de colores brillantes.

Es una curandera alquimista, magia violeta, aroma poderoso que bajo la almohada hace que el insomnio más violento se rinda y ya ganada la batalla, en los sueños condensa sus virtudes, dejando en nosotras, sus fieles creyentes, las piedras preciosas que ha transmutado previamente. Si alguien tuviese el tiento de ir a preguntarle: ¿cuál es su fin con esto?, posiblemente nos respondería, con una voz aireada con olor dulce, como la de las ninfas, que Ser lo que Es, es su fin.

¿De qué se integra el perfume del huracán?
Las veces que he sido consumida por el huracán, en los remolinos furiosos del viento, he podido sentir en su perfume notas de madera corroída, aluviones de sueños frustrados, miedos consumidos por las inundaciones de lágrimas y el inconfundible olor de finales apresurados por las inclemencias de la realidad. Es un olor desbastador, abrumador, paralizante… Allí dentro, es imposible no quedarse impregnada de todo eso, la mirada se pierde, no existe punto fijo al cual asirse, el frenesí es implacable. Terminamos oliendo a muerte, pero, aun así, es indispensable para recomenzar, para asumir sin excusas lo frágil de la existencia y seguir siendo naturalmente cíclicos.

¿Por qué la bicicleta es una raíz rosa?
Sobre una bicicleta me sentí libre por primera vez, fue cuando quitaron las rueditas entrenadoras y me dejaron ir a un jardincito que había a unas cuadras de mi casa. Yo pedaleaba lo más rápido que podía, daba vueltas y sentía que era grande, tenía 7 años, y aunque mi bici era azul, su raíz era rosa, porque con su flexible cordón imaginario sostenía mi infancia, me permitía nutrirme de las experiencias nuevas, dependiendo cada vez menos de los adultos que me rodeaban. La raíz flexible hacía que cuando me caía volviera a subirme, bastaba sacudirme o poner saliva en los raspones de las rodillas y por la inercia estar arriba sin miedo, para de nuevo sentir que era grande.

Ahora, mi bicicleta es verde pistache, tiene una canasta colorida y su raíz sigue siendo rosa, quizá un rosa más intenso, porque su espesor ha aumentado con los años, pero sigue nutriéndome y manteniéndome fuerte mientras voy y vengo, con la poesía y el viento, con esa sensación sublime de pedalear y estar lejos, pero, cerca de todo. Libre.

¿Cómo es que escucha una gacela dentro de un sueño de primavera?
Los sueños en primavera suenan a cálida bienvenida, a zumbidos de insectos y atmósfera floral, pero la gacela tiene un oído extremadamente sensible, ella puede escuchar incluso la conversación que las abejas entablan con la flor, escucha la sinfonía minúscula de los granos de arena y las patas de las hormigas, como percusiones militares. La gacela mueve sus orejas independientemente, con una escucha, la delicia de la sombra de un árbol, bajo la cual el viento canta fresco melodías alegres, y con la otra, se centra en el temible silencio del asecho felino del tiempo, que viene a devorarla, para convertirla en pasado. 

¿Qué dicen los árboles de la poesía en plato?
Los árboles aman la poesía, es uno de sus alimentos favoritos, aunque la prefieren sin plato, en papel, para llevar, aunque no se muevan de lugar. Son de los que disfrutan de la poesía vertical, la que se alza, vuela y crea caleidoscopios con sus hojas, la luz y sus sombras. El plato a veces impide a la poesía levantarse y se queda en sus redondeles, atrapada horizontalmente, a muchos árboles les aburre cuando esto sucede, se quejan y revuelven su follaje, refunfuñan entre ellos, reclaman por el jugueteo y el desenfado de la poesía callejera, para llevar.

Los árboles son parlanchines, aman la poesía. Aunque hay algunos que no comparten esta postura, estos encuentran en la poesía en plato un exquisito manjar de orden y balance en sus sabores metafóricos, buscan los mejores poetas culinarios para que les preparen experiencias minimalistas o abstractas bellamente emplatadas, y mientras las reciben charlan de lo triste que es que sus familias se achiquen con la tala y de lo bueno que seria que más humanos fueran poetas y menos leñadores.

¿Qué hace una ballena para esculpir un libro en el poema?Las ballenas se comunican a distancias tan enormes, que alcanzan con sus cantos la dimensión donde todo es lo mismo, sensibilidad… Ellas saben cómo entrar, nacieron con un sonar que les muestra las rutas a las canteras de los poemas, de las canciones y los sonetos. Estando allí, elige, a pensar de su acromatopsia, el poema más iridiscente. Se sabe que los poemas que cuentan con betas de múltiples colores tienen en su morfología mayor capacidad para lograr esculpir un buen libro. Esto lo saben las ballenas, porque han sido artesanas de libros desde antes de Moby Dick. A ellas les basta el resonar de su canto a través del poema, para saber si es de alabastro, o es de arena y se quedara perdido en el fondo del olvido.

Elegido el poema, lo materializan, lo llevan a las olas y esperan hasta que el vaivén haga surgir de él todas las páginas necesarias hasta formar un libro, pulido por el agua salada, la espuma, la arena y el tiempo.

¿Cómo viaja el recuerdo dentro de un champurrado de fresa?
Viaja al hacer remolinos introspectivos, caliente, remoja lo endurecido por el frio de la amnesia, abriéndose paso entre las horas de diciembre. El recuerdo se adhiere a la maza, a la fresa y no se suelta, hasta que llega a la lengua, allí hace rebelión y despierta las papilas con su insistencia de ser recordado. A cada lengua le llega un recuerdo diferente, en cada sorbo, se atrapa uno distinto; de infancia, de adolescencia, de tribu, de bebida ancestral, de recuerdo de feria, de noche con la abuela… están los alegres, los tristes y los inocuos. Pero en el champurrado de fresa, de chocolate o de canela, siempre hay puñados de ellos, en un viaje en bucle, para seguir la inercia de la cucharilla que mezcla y enfría el siguiente, para adentrarnos en otros momentos, que están dentro y no fuera.

 ¿Cómo canta un saltamontes al misterio de tu voz?
Canta como chaman en una ceremonia de medicina sagrada, canta con las alas, rezumbando las notas ocultas, se mimetiza con las plantas y entona verdes melodías, canta con las patas notas graves de palo y tierra, canta para descifrar porque mi voz más que ser personaje, es un escenario en constante transformación, para puestas en escenas de emociones diversas, complejas, opuestas o silentes. El saltamontes canta para mostrarme aquello que solo “los ojos ciegos ven y los oídos sordos escuchan, una verdad” que vibra más allá de las reglas humanas, de las respuestas y las incógnitas. Canta, como cantan los saltamontes.

¿El baile de las flores que contiene entre tus poros?
Cuando las flores bailan las preguntas se extinguen ¿Has tenido la fortuna de que las flores bailen sobre ti? ¡Es bellísimo! Sus movimientos ondulantes, perfectos, sincronizados armoniosamente con el bit de la música que llevan por dentro. Poseídas por el gozo de vivir, salpican y de pronto, una no es más que el suelo que pisan -tampoco es menos-,en los poros se queda contenida la sensación aromática de lo increíble, de lo mágico, de la alegría de ser finita y luego se marchita.

La historia de un segundo

Segundo nació,
al instante mismo
en que había muerto su predecesor.

Y mucho antes de lo que tardas
en leer su historia.
Segundo repetía el patrón,
y segundo
había muerto.

No se preocupen
no estén tristes.
Segundo tuvo la vida
que todos los segundos anhelan,
Segundo “fue feliz”.

Nota de la autora:

No me hago responsable de
ninguna angustia existencial
que puedan despertar
mis escritos.

Pues
a mí no me piden permiso,
e igual
me angustian.

Fue un martes de tarde tersa,
en el que perdida
en la danza improvisada
que hace una partícula de polvo
en un rayo de luz,
Imaginaba la vida y muerte
de un segundo.

¡Tonta, ingenua! 

No tenía ni idea
de que
el siguiente movimiento de mis ojos,
tendría como destino
las frías manecillas del reloj,
que, con su crueldad de verdugo,
apuntaban a los pobrecillos números.

Entonces lo supe.
Lo supe como nunca antes
lo había sabido:
llevaba una hora perdida
-como tantas horas, durante tantos años-
pero está,
era diferente,
por qué no constaba de 60 minutos,
para nada…
era más bien, como un cementerio,
cómo un cementerio con 3600 tumbas
de segundos ignorantes,
que habían muerto
y sido olvidados al instante,
como si nunca hubieran existido.

De golpe y porrazo,
palpe mi propia insignificancia.

Me di cuenta
que yo misma era un segundo
esperando su tumba
en el cementerio del tiempo universal.

Y, lo que sigue a la sorpresa,
es la angustia.

Un puño de acero inexistente,
me retorció el gaznate,
haciéndome imposible
tragar saliva,
gritar de espanto
o pedir ayuda.

Con un mareo exacerbante
y a tumbones
fui en busca de papel y tienta.

¡Total!

Si he de saberme tan breve
como un segundo,
mínimo,
mínimo voy a contagiar el mareo,
haciéndoles saber 
que ustedes también son
un montón de segundos ingenuos,
a ver si así
aprovechan su tiempo.

Y no conforme con eso,
voy a hacer eterna la vida de esté,
que escribiéndola con letras
haré que él reviva,
cada vez que alguien la lea.

Inédito

Aquella noche en seis poemas

I
Por la ventana se desliza una gota/estrella 
huérfana de brisa
astuta y sencilla se evapora…

II
Te observo
-distante- 
anhelando que pronto 
hagas preludios 
en el calor de mi vientre.

Estoy seca de cuerpos,
hambrienta y serena;
Al rugir por la espalda
desato un abrazo que se hunde 
hasta el rincón más antártico de tu planeta.

Las dunas áridas de mi ser, 
encuentran manantial y oasis 
en las sábanas mojadas 
por el llanto de la piel
-salado brota descosiendo heridas-.

Sin más, nos hacemos surcos,
erosionamos con caricias 
la premura del tiempo.

III
Presiento que la noche 
nos ha dejado ausentes

a nuestro costado 
una silueta muta la forma…

Una tercera piel nos teje vida
y lo conocido es obsoleto.

-Sin concepto previo- 
Ya sólo nos queda presente…

Besos, abismos, carcajadas, 
silencios, excesos 
momentos tersos y… 
estas ganas;
¡Tantas ganas! 

Ganas de amanecer
sobre el horizonte 
de tu torso desnudo.

IV
Eres tú,
resonando en las entrañas de mi universo, 
serpenteas en los anhelos de un quiebre con la realidad,
por la virtud del ser y su forma expresada.

Tus inexistentes reglas me dispersan, 
más allá de ideas y convicciones, 
mucho más allá de una cita furtiva,
yo quiero contigo la vida.

V
Hoy la prisa agotada
nos ha vaciado las palabras,
y un presagio se dispara en actos.

Yo…
persiguiendo el hambre de una caricia fértil, 
me encuentro en ti, 
mi alma se hincha 
hasta rebalsar en esencia…

Todo se apronta en silencios, 
en suspiros e imprudente complicidad.

VI
Por la ventana se desliza, 
ya témpano, una brisa
y en ese albor nos miró
por la delicia repletos.

Inédito

Sin título

El amargo en la saliva, 
Las ganas entumidas en la quijada
Mirada desorbitada 
Verborrea acelerada, 
Ira incomprensible, 
Explosiones de llanto. 

Tiemblo y cuento mis infartos…

Apenas un segundo
y siento una intuición perdida
en los pensamientos acelerados,
en los extraños ruidos del afuera,
y esta sensación de haber viajado
al rescate de mis retazos
directo al olvido.

Un pestañeo
regreso…
 el ruido parece ahora voces
 el pensamiento se me cuaja dentro,
ya no recuerdo lo olvidado
pero yo juro,
juro que fui a buscarlo.

Inédito

Obstinada certeza inexistente

Vivimos dando tumbos,
colisionamos con las oportunidades,
no las tomamos…
nos estrellamos contra ellas.
Nos precipitamos en las oquedades
de un martes cualquiera a las 9 am.
Y nos deleitamos con el dolor
de las heridas que nos hemos causado.
Todos andamos
pensando que sabemos a dónde vamos… ¡Mentira!
Caminamos escondidos
tras máscaras de adultos
responsables y reprimidos,
aterrados por la incertidumbre,
nadie sabe nada.

Todos vamos improvisando,
a tientas,
con una luz tenue
que apenas nos permite ver
a veces cinco pasos adelante
a veces nada.

Hasta el más sabio
juega a que no está jugando a vivir.

Pero el juego, es absoluto…
Queramos o no verlo,
todos vamos improvisando.

Inédito

Sin título

Si miro dentro,
sólo encuentro
un infinito océano de contradicciones.

Estoy destinada a saberme
alma eterna, en cuerpo finito,
a sentirme subjetiva,
en un mundo que valora,
sobre todo, lo objetivo.

Yo aquí,
compleja duda resuelta.
Antes de ser musitada a la vida,
mi ser esencial
ya conocía todas las respuestas  
aquí me van surgiendo las preguntas
Y a veces me atormenta la idea
de que, aun sabiendo,
no pueda ser lo que vine a ser.

Inédito

Ivanhoe García: una rebeldía en cajita de madera

Ivanhoe García. Foto: Miguel Asa
Ivanhoe García: una rebeldía en cajita de madera
Los poemas experimentales y la ingenuidad

Marque 2,
si quiere habitar en otro cuerpo
y empezar una nueva vida.
Jaime Jordán

Hay una duda, sí: todo el tiempo las preguntas están ahí. Son como seres que nos hacen movernos para contener nuestra incertidumbre. Entre los sarcasmos de la vida existen infinidad de aromas y de sabores. Nos formulamos preguntas para saber sobre nuestra existencia, de los caminos de los que no tenemos una idea clara de sus relieves, sus curvas, de las canciones que emite el amanecer. Nos construimos de manera salvaje siempre, tratamos de contenernos y sabernos en sociedad. Hemos inventado leyes, normas, literaturas, y sí, también poemas que nos desfiguran ante las preguntas y la zozobra que nos ocasionan. Ivanhoe García, desde las raíces de la filosofía y de sus percepciones, busca y cuestiona con severidad los hilos y tejidos de la palabra.

Venena y bolsita. Foto: Miguel Asa

El poeta es un niño ingenuo, no cabe en sus dudas, sabe cómo desfigurar la pantalla para creer en una dialéctica mediática. Anda por ahí y por allá. Quiere experimentar y la talla no le alcanza. La poesía no es ese árbol que se cuece con la palabra experimentar, porque también es aprendizaje, en ocasiones con limones sin jugo y otras veces con puntuales melodías. La trayectoria del diseño no se nota. La trayectoria es una constante. De Guadalajara, Jalisco, hace de la experimentación, una línea continua. Sin embargo, aunque nuestras propias dudas nos abracen, es posible levantar una respuesta, ensuciarnos con algo de polvo y descubrir que hemos de cambiar, evolucionar, transformar, configurar, florecer, surgir, volar… Es necesario buscar la experimentación como si fuese otra voz. Hay que sumar un abrelatas a nuestra monstruosidad, esa que defendemos como si no existiera dentro, aquella que nos hace palidez y garrapatas. Ivanhoe produce alternativas. Experimenta y busca respuestas. Quizás la suma de 1 más 1 sean más respuestas y el espacio lo sabe, la poesía, la calumnia y el juego. Algunas veces con temor y otras desde la inocencia, pero hay algo que se manifiesta y produce una semiótica alterna, como aquella surgida hace miles de años. Buscarle otro lado a la palabra, encontrarlo en unión con otras artes, pero nada sucede si no hay experimentación.

Reflejo del chofer. Foto: Miguel Asa

Hay que llevar un desenfreno personal hasta llegar al punto del aprendizaje. No se trata de clavar una mosca en nuestro presente. Ni mucho menos de hablar con una botarga entre las ruedas del tren. Es preciso concebir que existen diferentes modalidades de la vida. Existen nuevos horizontes y procesos. Existe una tonada de tornillos que se mueren en un sexo esquizofrénico sumido en la individualidad. La búsqueda no puede perderse durante la experimentación, por lo que es necesario sofocar la llama a la hora del fuego. Es preciso conservar la sensibilidad de la configuración y de la emancipación de la deformidad. Se trata de una aventura cuando el llanto llega y rasga la piel metálica que uno porta y vive desde la sensación más burda, desde la exploración en busca del propio pensamiento. Uno se puede restaurar. Uno puede ingresar como una palabra, pero nunca será lo mismo después de la incertidumbre. Un día todo se trata del desprendimiento de la razón. Se vincula con la magia de cambiar unas cosas por otras, jugar con la química, habitar en los números, creer en las poéticas como nueces de invierno. Así parece que Ivanhoe nos lleva entre la piel desbaratada y su agonía en lo profundo de la célula. No es lo mismo una palabra puesta de manera vertical, que una simbiosis tipográfica, porque, dónde queda la metáfora visual.

Se nos hace tarde. Foto: Miguel Asa

El trabajo de buscar un sector más allá de la propia palabra, tiene que ver con los estatutos de lo que uno considera. Hasta cierto punto, hay quienes creen que este dilema de la experimentación no tiene que ver con la belleza de la palabra, sino que es una alternativa más, en la que la misma poesía se muestra ante nuestros ojos, justa, resuelta, deformada, irreal… como toda poética, aunque ligada al pensamiento. Al experimentar, Ivanhoe está ahí, en esa ala de la poesía que busca alternar la palabra, el sonido y el cuerpo. Sin embargo, la resistencia se convierte en una penumbra y hay que mantener el ritmo desde la sensibilidad de la alternancia. Hay cosas que se experimentan hasta tener puesta las agujetas de la muerte. Así, unos caminamos con la perspectiva expandida y algunos más, con la materia dispuesta a la sospecha. Se debe tejer la visión de lo confeccionado. Se necesita dejar de lado las sospechas, las risas del tercero. No hay juez para determinar lo que somos en el velo de las luciérnagas.

Andador experimental. Foto: Miguel Asa

Somos la poesía al ritmo de pájaros, un aerodinamismo para matar el tiempo, como respuestas de lo que puede brindarnos la libertad de ser, de pasar, de estar con mundos, imágenes, personas… Ver el color amarillo como una revolución, como una definición: somos el color de los locos. La poesía es una forma de externar, exteriorizar. El vacío es una respuesta para mil preguntas, un vicio que nunca termina. Se podría considerar que los tianguis son un museo, un performance ocasional, en que los objetos se experimentan para generar una historia, una dinámica, un discurso, un poema. De ahí que las emociones sean sólo una base para estructurar las alas de esos pájaros. El tiempo, el amarillo, la agencia externa, el cupo, la caminata y la vendimia, el encuentro y la pregunta una y otra vez. Existen, pero hay una formulación de una línea que nos permite discutir sobre la vida, sobre el cuestionamiento, la crisis, la personificación… Ese cuestionamiento es la fórmula para preguntarnos desde dónde estamos conectados. Hay un dialogo en la soledad desde la filosofía y de la poesía. Ambas son la posibilidad para el arte de vivir. La nube no tiene un vacío. No tiene una respuesta: es una metáfora del vacío. Un puente es una línea, una sucesión de puntos. Las preguntas son más complejas dentro de uno, más allá de lo que se puede expresar.

 

Transporte público. Foto: Miguel Asa

Experimentar es una manera de cocinar una receta, una vida, un alimento. Cocinar un poema es entregar una forma de amar, una forma de entregar vida. Se trata de un acto de amor que, además de experimental, contiene una cercanía en la forma en que nos vinculamos. Habrá cuestionamientos, pero siempre hay una esencia. Por eso la poética debe tener un humanismo que haga posible que nos identifique a las personas más allá de un concepto estructuralmente social. Debemos librarnos de conflictos, experimentar, llevar a la filosofía hasta el último de los hilos que nos permita la poesía. Pensar, sin redituar a ninguna gracia, construir la crisis para tener respuestas, mirar lo posible, mirar lo palpable, cuestionar al ser humano, cuestionar todas sus realidades. Habrá sentidos, y desde ahí partir e ingresar al pensamiento. Ivanhoe nos entrega una posibilidad de decantación para otras posibilidades. Nos hace leer una situación onírica llena de franqueza, sin conmover a ningún caramelo, sin promover ningún chicle bolita, sino para confrontar con el volumen del equipo de sonido para reventar sus bocinas, explotar el imaginario y replantear la variación del texto.

Textura y herrería. Foto: Miguel Asa

Se puede ejecutar la gracia de un esporádico momento, hasta correr la luna sobre la ventana. La noche, la luna, el desvelo, llevar a cabo todo lo posible y detener el vehículo. Experimentar la posibilidad de conmoverse con la calma de la imposibilidad, nos hace encontrar un trayecto con ciertas condiciones y sin más, el aprendizaje está ahí. En una cuerda en constante balance, Ivanhoe nos permite una estructura dinámica, crítica, medular, abierta. Es un oportuno laberinto consigo y con el espectador. Hace girar la puerta de muchas maneras, busca una respuesta y desde ahí darle diferentes cuerpos al poema. Su experimentación parte desde la búsqueda de las fronteras que abarcan la poesía. Esa línea que hace mucho en todo el mundo nos ha conmovido y hemos llegado a expresar las vinculaciones en diferentes patrones, en constantes performances, en una pauta que no terminará pronto, o por lo menos, no tendrá un ritual para experimentar la secuencia del acero inoxidable como parte de los ejercicios del cuerpo.

Tarde. Foto: Miguel Asa

Ivanhoe García estudió diferentes profesiones, sin embargo, está por culminar la licenciatura en filosofía por la Universidad de Guadalajara. Ha participado en una diversidad de actividades poéticas. Se ha desempeñado como asistente curatorial en la galería Sixto Ibarra de la dirección de Cultura Tlajomulco. Entre sus propuestas han estado el programa literario “La Banca Sorda” y la campaña “Puentes + Poesía”. Su obra ha sido publicada en diferentes revistas tanto a nivel local como internacional. Aparece en las antologías Voces en eco (2018), y Diásporas del Abismal México y Ecuador (2022). Por igual ha sido participante de lecturas en distintos medios radiofónicos y espacios múltiples, así como parte de algunos encuentros literarios y de distintos eventos virtuales. Está en cambio. Experimenta y persiste en ese camino para descubrir. La filosofía le ha dado la oportunidad de construir su poesía. Le gustan las mañanas en la plaza. Conoce al barrio de muchas maneras y construye la oportunidad de la mediación como una posibilidad ante el arte. Come carne y se cree nopal.

¿Cómo se sujeta una agujeta del amor?
La finalidad de un nudo es sujetar un objeto. Durante la historia de la humanidad se ha tratado de sujetar objetos, a través de distintos nudos, por ejemplo el nudo ocho, ballestrinque, mariposa, pescador, prusik, de guía, rizo, corredizo o marinero, pero el amor es un nudo en sí mismo. 

¿Bajo qué transición existe una mariposa en el origami?
Todo ser existe bajo dobleces, pues la vida es una transformación continua, cuando uno practica el origami por fin entiende que la materia puede ser transformada desde un diminuto cambio, y la mariposa es el claro ejemplo de la modificación de su materialidad y sustancia desde el movimiento.

¿Cómo se esculpe el perfume de un arpa?
Todo tiene un olor y un sonido. Dicen que en otros mundos los sentidos están invertidos, podría ser; que uno se puede aproximar al arpa para perfumarse o ponerte un perfume en la oreja para escuchar su música. Hay entidades de materia oscura que tienen ambas capacidades sensoriales.

¿En dónde se encuentra la sensibilidad del guardarropa?
El guardarropa, es un lugar donde se esconden y se renuevan las historias. Una cápsula del tiempo, un portal para ir a otra dimensión. Digamos que la sensibilidad se encuentra en el misticismo del guardarropa.

¿De cuántas maneras se viste un relámpago?
De la misma cantidad con las que el humano puede entonar una carcajada. Dicen los científicos y guionistas de Hollywood, y periodistas del The New York Times, y los académicos del Departamento de Relámpagos y Rayos de Ohio; que la estructura lumínica de un relámpago es tan parecida a una huella dactilar.

¿En qué momento suspira un halcón cuando mira el timbre postal?
Cuando se detiene para perder su libertad y leer el contenido enviado. Algunos biólogos de Brasil, dicen que los halcones son seres próximos para desarrollar sentimientos tan complejos como los humanos.

¿Para qué sirven los trenes de una cámara fotográfica?
Tomar una fotografía es transportar una imagen de un sitio a otro, eso dice William Duncann Lee, cineasta de la Universidad de Wuhan, y yo estoy de acuerdo.

¿Qué textura tiene el fuego de una canica?
Siempre me gustaron más los ponches; justamente porque su apariencia me ponía en un estado de meditación, a mi primo le gustaban más las agüitas. En realidad Jeffrey J. era mejor con las canicas que con el balón. 

¿Cómo juega el silencio entre los cardones?
El silencio entre los cardones es como una partitura en blanco, esperando ser llenada por los susurros del vientre y la nariz de las aves del desierto. Imagina el silencio como una tela que envuelve cada rincón entre los cactus. Pero esa pregunta la podría responder mejor John Cage.

¿De qué manera una piraña entrega flores a un jirafa?
Habitando en el mismo planeta, todos los genios y los tontos han compartido este mismo sitio al que llamamos hogar, algo así es lo que piensa Analy Walt Min, ingeniera en basura artificial de la NASA.

Una caja nueva de dominó

6 1 6 2 6 3 6 4 6 5 6 6
5 1 5 2 5 3 5 4 5 5 5 6
4 1 4 2 4 3 4 4 4 5 4 6
3 1 3 2 3 3 3 4 3 5 3 6
2 1 2 2 2 3 2 4 2 5 2 6
1 1 1 2 1 3 1 4 1 5 1 6
0 1 0 2 0 3 0 4 0 5 0 6.

Inédito

Por qué tantos poemas
Si ya lo resolvió:  Richard Wright

Inédito

Instalación de aspas giratorias para ejecutar una pieza de danza de cabello

Yo no tengo ideas, solo hago descubrimientos
Marcel Duchamp

Instalación: ventiladores en el suelo
Resultado estético: ahuyentar a los espíritus
elevar a un par de budistas en flor de loto y mil faldas que no eran de Marilyn Monroe
Implicaciones:
Algunos ventiladores se quedaban inmóviles
otros son gusanos en adoquines de sal
x número brincan [como peces en la frontera de un cristal cúbico
los adquiridos por internet, vienen con cabezas de búho.
Se encienden
se apagan automáticamente
[todos dependemos de la misma clavija
fuente de electricidad
sistema de distribución bifásica.
Objetivo:
Sólo pretendemos
disfrutar de la danza hipnótica de los cabellos*
algunos, *su longitud era tan falsa como su pigmento.
Giran giran las aspas
sin ninguna justificación científica activista ambiental antinuclear.
La estética es una actividad paranormal. 

Inédito

Breve ensayo poético sobre la genealogía de la escalera

Subir una escalera
es lo más parecido a volar
Es un instrumento para estar más cerca de los besos de dios [así lo pretendió la Torre de
Babel
o es un instrumento para estar más cerca de los labios del Diablo
Así lo concluyó la misma torre.
Por donde se baja, se puede subir
algo así, como el principio [toda entrada tiene un salida[

digamos que la escalera
es un palíndromo
que se lee silábicamente con los pies.

Inédito

Hacer un poema, siempre fue el acto performativo más arriesgado

Lo importante no es lo que yo hago en el escenario, sino lo que el público siente.
Pina Bausch

Lo lamento Chris Burden
me van a disparar con una pistola de burbujas
lo lamento Bas Jan Ader
cruzaré el mar en avión
lo lamento Yoko Ono
voy a silbar una melodía
lo lamento Marina Abramovic
Podre almohadas de ganso en la mesa
lo lamento
solo voy a escribir un poema.

Inédito

Abril Medina: un espejo huracán repleto de colores

Abril Medina. Foto: Miguel Asa
Abril Medina: un espejo huracán repleto de colores
Dolores y alegrías de la mixología poética mexicana

Soy un colibrí nostálgico
Mi madre no me educó para entender la guerra
ni para hacer revolución
María Ausencia

Uno puede tener en sí el pensamiento de un gato. Tratar de adherirse a las sombras a cada rato. Espacios por doquier. El espíritu se carga. Hay elementos que nos muestran las heridas y también quienes jugamos con ellas. El sonido del viaje ha cambiado. Se distribuye suficiente dolor y se adhiere un poco de ternura. No vayamos lejos, no es necesario el drama, la penumbra es más hermosa. Desde una voz de análisis y reflexiones poéticas, Abril Medina mengua entre diversas voces que nos dan paso a una plasticidad de reflexión, resistencia y mediación mental. Se considera un mapa de recorridos. Muy ella, en el fondo, augura, reta, contrapone a sus condiciones naturales. Exige y pregona con su propia versificación. Hace de una flor una batalla de lindes. Se conmueve y respira. Estratégica y perspicaz un verso lanza, en otras piedra, y en ocasiones, un cristal. Hay atardeceres de un molcajete que se cierra entre penumbras. Se sumerge el teatro, la pintura, la danza y algunos principios de telaraña. Entre retos constantes, escalofríos y forma de una música que se descubre desde el movimiento intenso de la sangre, Abril nos engulle travesuras dolorosas con un espejo en forma de catarsis volcánico. Se balancea el perfume de su poesía entre la respiración y cala la peste de las configuraciones del destiempo, en el que una suculenta planicie reporta daños colaterales y una especie de sufrimiento que nos descalza desde una sintonía de sal y pimienta.

Texturas. Foto: Miguel Asa

Abril construye castillos de cristal sobre una cuerda, invita a una realidad grata, a esa que nos sabe al polvo. Nacida en Guadalajara, Jalisco, ella es la transparencia de las cosas, esas cosas que nos hacen sentir, percibir el barco en el hundimiento, olfatear la cuesta del último rayo. Hay una cosecha de palabras que nos emiten la cordura y la persistencia. Pareciera una hormiga con el madero. Va. Es regocijo y molestia por igual. Se convierte en halcón y también es buitre. Es ave salvaje, entre sus alas, la altura y la fuerza del vuelo. Ha construido un malecón de facetas entre sus letras que es perenne no lanzar el suspiro, la posibilidad del coraje y del misticismo de la realidad. La palabra se muestra sincera. Se muestra en el diente, en el filo, en el aliento, en el perfil tan delicado que lleva el viento y que corta todo. Lo erosiona. Destapa. Observa. Cuestiona. Descubre. Incomoda. Es necesario creernos cantantes para lanzar el concierto de la mañana, de la paz, del suburbio, ante las sordas dimensiones que inundan los secretos de la infancia. Se trata del pregón de la chatarra que nada en el corazón de los gatos. Un tulipán nos provoca considerar al colibrí como mensajero, desde el sabor del maracuyá, los libros han sido la casa en la que la imaginación es una propiedad ligera. El ejercicio de crear es un juego de florecimiento, de niñez. Se trata de experimentar el trabajo personal, ese método de papel y tijera que compone la visión, la receta que le entregamos al alba y a la mediocridad, eso, en paz, sin dejar de lado el atrevimiento por manifestar las perversiones, los errores y lo accidentes de la naturaleza, dice que las plantas hablan con ella y les toma cuenta como parte del discurso con el construye su recinto, su espacio, su intransigencia.

Charla con plantas. Foto: Miguel Asa

Un paisaje puede contener oscuridad y luminosidad, depende el tren del cual se perciba , pero desde existir en la contemplación de ello, la franqueza de las cosas lejanas, hay distancia entre verso y verso, de ahí que cada poema sea un ave de pecho amarillo con diversas vestimentas. Hay que jugar como sinónimo de curiosidad con el dulce y la mierda. Hay que desvestirse para percibir el baño de desbalance que unen las heridas, para percibir toda la transparencia de nuestros destinos. Se trata de la euforia de un diamante que con su brillo nos configura la bandera del instante. Nos hace percibir la fe de la derrota y del triunfo, por igual. Se puede ser palabra, como se puede ser eutanasia, se puede vincular con la mañana y despertar entre el fuego de los depredadores, ser el propio miedo del dolor para contraponer la postura. No es necesario detener el dolor, ni emanciparse ante el desconsuelo, ni mucho menos sobrevivir a la pena, la textura es sólida, un metal que nos come el pensamiento, corrosivo, invasivo, delirante. Siempre se trata de la punta de la flecha a centímetros del corazón, tan estridente como el globo que ha perdido ante la aguja. Reventar. Extirpar. Saborear. Abril carcome lo que queda en el hueso del verso. Muerde y se aferra a la defensa de su existencia. Se cuestiona las letras en cada paso. Es un acto de teatro implantado en la ligereza de la ráfaga de los cuervos. Se vuelve un manto escénico de imágenes que se perciben en una habitación blanca, en ese espacio en que los colores sobresalen en cada línea.

Puentes. Foto: Miguel Asa

Se trata de una imagen de ampollas que se destruyen en nuestro caminar para ser un paso de lágrima y otro de risa. Y no vuelven esos días salvajes. Los hicimos polvo. Nos quedó corta la imaginación ante todo lo que se puede vivir. Una planta ha florecido. La flor ha sido el canto. Puede ser una u otra. Así, algo tan sencillo como la pasiflora, y la planta que teje la comunicación, el teléfono, que despierta en cada rincón y versa junto a ella para todas las plantas. Abril tiene carácter, entre su sencillez percibe los destinos. Sabe de rutas, para bien o para mal, pero las sabe. Sabe de trazos y de escenas. Sabe de perfumes, de líneas, de carreteras, de noches y de delirios. Destaca su efervescencia en sus poemas. Cada pieza es una máquina asintomática. Entre el lodo no hay sangre. Se inserta y se conmueve y reflexiona desde allá, desde lo profundo que guarda la posibilidad de la centella. Se convierte en el riff de una guitarra en el desborde del clímax de una canción. Las piezas que nos invita a demoler Abril son un sustrato de la encomienda, no hay verificación. La receta no incluye el sazón. Hay una exuberancia que se desborda en ritmos eléctricos, un caos de la memoria, el interruptor que soporta el juego de las infancias que perturban con su inocencia. Aceleramos. La poesía que habita en la mente de Abril sacude y conmueve. Nos cuestiona. Es una pregunta directa desde la sensación de la esencia de la flor. Se muta en diferentes ramas.

Amarillos. Foto: Miguel Asa

Entre libros que son resorteras, poemas que desfilan por el corredor de un espacio médico, la reparación del espíritu y la constancia como placebo de la naturaleza, Abril se erosiona para compartir. Asimila su dureza, se quiebra, vuelve y se expande. En cada instante, una pequeña sorpresa: caminar sobre fuego. Abril nos impulsa a analizar el destino de nuestros silencios, desplazarnos por esos espacios que en ocasiones no se desean y son parte de nosotros. Existe en su palabra una sinceridad que nos incumbe como sociedad. Ese diálogo que usamos en el silencio de la nada. Existe un tiempo, un momento, espinas y muchas. Podría decir que Abril es el ave que arriesga, que cede, que evoluciona. En su parsimonia nos deja la efusión del pensamiento dentro de un terreno certero, en una constante visibilidad de la herida. Arde, mucho arde. Y el fuego no cesa. Escribir para Abril se sustenta en una constante traslación, en la versión de la desfragmentación, en la voluntad para traducir las emociones, podremos saltar al vacío y regresar con nuevas perturbaciones para buscar de manera aleatoria alguna oportunidad para una imagen, para un sonido. Experimentar se trata de la percepción de los fragmentos de lo absurdo, de lo bobo, vaya, confrontar desde la dureza de la palabra sin perder de vista la diversión y la línea vertiginosa que acostumbra nuestro interior.

Carnicería. Foto: Miguel Asa

Contener es la palabra. Contener hasta leer cada suplicio, cada llamado, cada manifiesto, es desdoblar la posibilidad de la vida, sus dos capas, sus millones de pasos y la certeza de tratar con naturaleza a su propia palabra. Ser salvaje hasta en la mirada más tierna. Roer. Dudar. Hacer volátil lo no volátil. Darle viento. Exasperar. Gritar si es necesario, pero siempre destapar la esencia pese a lo que pese. Abril contiene en sus figuras emociones rudas, pesadas, anclas que mitigan cualquier silencio ante su estructura, luces que encandilan y que traspasar el iris de nuestra concepción. Es una punzada que surge por naturaleza. Se trata del eco que profundiza desde nosotros y hacia nosotros. Es una configuración de la soberbia humana delante del espasmo en que nos encanta la melancolía. Es tiempo en que el propio silencio se queja, se desborda, porque es imposible soportar la mirada de los poemas serpiente que nos entrega la poeta en el malecón de su regazo, y nos tira, nos revuelca, nos abre los ojos con la marca de las uñas en cada pestaña.

Sombra. Foto: Miguel Asa

Es preciso, ante el trabajo de Abril, degustar un martini con delirios de ser color rosa. Hay que mantener la calma, meditar entre el terremoto, respirar quedito, pero respirar. Abril nos sobrelleva a una postura dulce y sensata de las sombras que portamos. Abre un espacio de introspección bajo una alquimia personal que nos mantiene en riesgo: todo o nada. Hay un eclipse en nuestra imaginación cuando surge la frivolidad de la fiereza. Hay un león en espera de la presa. Despacio. La prisa no sirve de nada, la falsedad tampoco. Soñamos y creamos por igual. La poeta nos convierte en halcones y buitres por igual. No hay más que nadie. La piedra compone igual que el cráneo. La pareja de gatos cubre el cuerpo de los tulipanes que se desarman ante la luna cuando se posa un colibrí en el fuego. Se revista la máquina cada que brota un gusano de la tierra. Hay vida siempre después de la muerte. Hay momentos y exageraciones para corresponder al apéndice del trayecto. No sabré lo que es la visión salvaje de la naturaleza, pero Abril me da un reflejo medular de ella, un sinónimo suave de la voracidad de nuestras mentes. El espejismo es una realidad de lo que percibimos de sí mismos, la poesía es esa arma que nos permite revivirnos, expandirnos, antes de ser polvo, nuevamente.

Hojas. Foto: Miguel Asa

Abril Medina estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y ciencias en la comunicación en la Universidad América Latina. Es autora de varios poemarios De amarillo a jueves (Editorial Paraíso Perdido, 2007), Cualquier abismo se parece al útero (Baile de sol, 2008), Llamas cumulares (Salto Mortal, 2015), Paralipsis (Mantis Editores, 2016), Sal de ahí (Sombrario, 2021). Ha compartido sus letras en diversos productos literarios y artísticos en diverso niveles, así local como nacional e internacional. Ha trabajado como editora en algunos proyectos. Se ha desempañado como colaboradora en radio. Es mamá de tres y funge con ternura la empatía. Le gustan los gatos. Ama las flores y tiene un placer exquisito por las cactáceas. Le gusta el pan. Dice que es orgánica, como la naturaleza.  

¿Con qué flor se recomienda estar para escribir un poema?
Con la pasiflora, su observación eléctrica y estrambótica, es probablemente el mejor portal que existe entre pétalos.

¿Qué sensaciones tiene un gato dentro de una nube azul?
La condensación de azul en los bigotes, suele hacerlos estornudar sin taparse el hocico y arrojar gorupos morados de las orejas mientras se muerden las uñas con entera pasividad.

¿Cómo se configura el horizonte de una lágrima?
La saliva determina el límite de la expansión, una lágrima no puede tener más horizonte que la lengua.

¿Cómo se tejen las moléculas de un poema en la nieve?
En la nieve el tejido es más blando y salado, duran menos los nudos aunque son más resistentes a la voz, se forman patrones duramente efímeros, versos que sólo pueden editarse en la oscuridad.

¿De qué forma los zopilotes degustan un dulce?
Todos sabemos que el azúcar hace alucinar a los zopilotes, se empalagan primero por las garras y llegado el dulce al pico no pueden parar de bailar, algunos de transforman en comediantes y otros van a aparearse a un templo hasta disolverse.

¿Por qué las libélulas dibujan corazones en el universo?
Porque el universo es de quien hace flotar corazones y las libélulas, megalómanas como son, quieren poseerlo todo antes que lleguen las tropas de coleópteros.

¿Cómo se configura una serie de paletas en el paladar de un libro?
El libro acomoda sus paletas en orden cromatológico, un paladar seco aglutina mejor los contrastes, y un ambiente húmero organiza el barrido de los lilas a la cereza.

¿Cuándo es posible arrancar las partituras de una pintura?
Casi siempre es posible arrancar las partituras rosas de una pintura, a menos de que éstas se miren octagonales porque una vez llegadas a su forma definitiva, la raíz y todas sus llaves se petrifican haciendo imposible la extracción.

¿Delfín, ágata, helecho o chicle?
Un delfín de chicle color ágata por cuidar sus helechos.

¿Cómo es que surge un girasol entre caramelos de frambuesa?
Los caramelos hembra, cuando son mayoría, producen gametos amarillos que fecundan al caramelo macho y de ello resultan diversas flores, entre ellas, las que giran al sol.

Madre colócame
dame altura para ver el gran cuadro
ponme donde hay eso
que tiene mi nombre
dame otra cordura
no quiero tomar lo que no es mío
ponme otra vez en la soga
seca mi frente golpeada en su propia contienda
Madre
dame
ponme
.

Sal de ahí (Sombrario Ediciones, 2022)

Madre colócame
donde están los santuarios del templo del sida
los santos del templo del cáncer
los santos del templo del covid
en la trituradora de las hembras esquizofrénicas
en la picadora de las hembras psicóticas
en el aserradero de las hembras adictas

Madre
en la prisión de los huérfanos por abulia
en la correccional de los cachorros crueles
en el calabozo de las bestias adolescentes
en el nicho de la virgen de la peste
en el regazo de la virgen de la sífilis
en el seno de la virgen del sarampión

Madre colócame
donde está el veneno de las aguas
donde está el veneno del aire
donde está el veneno de la semilla
en los hornos de mujeres de madera
en los hornos de hombres en las minas
en los hornos de niños de carbón

Madre
en el uniforme de los hijos sangrientos
en el saqueo de las mentes enajenadas
en el plato para las hienas de mi especie
en el vagón de los trenes del hambre
en el vagón de los trenes de la demencia
en el cenicero de los trenes del horror

Madre colócame
donde no encuentre alegría vergonzosa

Madre
donde no hiera a nadie mi paz

.

Sal de ahí (Sombrario Ediciones, 2022)

Pero sólo buscaba en los astros de mi infancia
para saber si era capaz de engendrar ese sueño expandido
tan monstruoso que pudiera retener a Orión y a sus gametos colosales ardiendo,
no quería distribuir mis epicentros a millones de temblores
no quería ostentar un juicio laxo, senil, ni oprimido mostrarlo tampoco.
Sin embargo he bebido he entornado los ojos y he dicho esto es justo
esto es necesario
me he sacado los ojos
me he arrancado los ojos y esto es justo
esto es necesario.
Pero sépase que lo que yo buscaba me correspondía
redimir al cordón umbilical del basurero médico 
y observarlo legítimamente a través de un telescopio
no intentaba
no
jamás
amamantar el desvarío con la inane fórmula de mis glándulas resecas
Es verdad que no indagué en la herida convexa del espejo
ni miré el socavón con escándalo ni exploré sus índices de sanación
siempre incierta
más cercana a la función de la bragueta que a la cicatriz.
No esperaba espabilar las avanzadas
las furiosas faunas de mi espectro genealógico
invocar la danza fúnebre de los suicidas a mi habitación
no quería
repito
sacudir viejas talegas; sedimentos malogrados, jugar al pacto de los nombres…
buscaba un cuenco, un yacimiento de mi crónica, un depósito preciso del tesoro de la elipsis
un gemido mío en el primer vacío sustancial
.

Paralipsis (Mantis Editores, 2016)

Furiosamente conseguí calzar mi cuerpo
a la medida de su espíritu famélico
con insistencia tuve un ojo abierto hacia la locura
con insistencia uno abierto hacia el vacío
con insistencia puse un puñado de piezas entre ambos ojos y le obligué
al torpe cuerpo a acomodarlas con los pies
las manos
la vagina
he sometido a mis tinieblas entre la luz
y me he castigado con la pereza

He deseado nacer
como una histérica, nacer en cualquier parte, nacer, de pronto

Con insistencia tuve, un oído alerta, para el instinto
y otro alerta, con insistencia, para el control
Entonces delegué al inútil cuerpo la tarea de ensamblar
alguna música con su instrumento y además
podría estar hablando de palabras, solamente…
le dejé que acomodara con los dientes
con los dedos
con las areolas pintas de madre de mis párpados sus notas lobas…

He otorgado al ingenio los aranceles de la casualidad
y desaté venganza contra mí y me azoté en cada pared, en cada pared que tienen todas las páginas 
Pero antes construí un puente colgante para la suerte
cada tirante estalló y yo estallé y estoy simplemente harta
de hablar
al respecto

.

Paralipsis (Mantis Editores, 2016)

Tenía el espíritu en pausa
y las uñas pintadas
como una niña que juega
o algún ahogado
-si me cortas las manos te compro un vestido
quiero quedarme así
ir enfriándome por dentro-
antes de los quince
nunca maté a nadie
disfrutaba esa suerte
después hubo que salvarse
encontrar al enemigo en la probeta
sacrificar a la madre
que me crecía en los pechos
-si me das un sedante hablaré bien de ti
allá
en el infierno-

Cualquier abismo se parece al útero (Editorial Baile de sol, 2008)

 

Jaime Jordán: intransigencia y distracción del baile

Jaime Jordán. Foto: Miguel Asa
Jaime Jordán: intransigencia y distracción del baile
Poética de destrucción y construcción efímera

Lo que resta de la historia
no es ninguna
lección:
el arcaico e inmenso
deseo de traicionar
todo
en cualquier momento.
Fanny Enrigue

Todo es una mentira robótica posiblemente®. Nadie sabe si estamos en una línea, o en dos, o en diez o en ╠ veinte mil. La línea no nos pertenece, eso sí, hay una o varias dimensiones, pero algo que sí es posible creer es que vamos a evolucionar (cambiar de chips, ingresar nuevos datos ¶░▒▓╝╦, actualizar el sistema nervioso, ampliar la memoria temporal y expandir la memoria sólida). Es posible un breve dato técnico como configuración del poema. Entonces, en el desencuentro miro al horizonte y doy clic a “Imprimir”. Entonces los versos del poeta surgen desde la tinta que se configura con códigos y apenas encuentro que el poema viene en otros códigos. Jaime Jordán (01001010 01100001 01101001 01101101 01100101 00100000 01001010 01101111 01110010 01100100 01100001 01101110) tiene la gana de configurar a las máquinas para revolcarnos el espíritu, en una sensación que nos emociona y que nos particiona el corazón. El poder del trabajo es un niño tímido que dice que no baila, pero que destruye la pista de la fiesta. Cada que surgen pasos de sus luces, nos convoca a apreciar el corto circuito que se ejecuta en la computadora por el descuido de las perfecciones humanas (error de memoria). El poema surgió roto. █══▀╦═╬

Aerosol. Foto: Miguel Asa

╚Estamos═conectados╦en╩una╬interfase que nos alimenta─de desgracia y de lindos colores├. Hagamos el ejercicio de pensar en una discoteca llena de luces neón y límites sin sentidos: se trata de construir el lugar común en una especie de rechazo, de protesta, de inmersión, de riesgo. Hay que mencionar la combinación de las perforaciones que llevan las flores. Nacido en Zapotlán el Grande, Jalisco, y con algunos años de residencia en Cihuatlán, Jalisco, dice que el poeta no será capaz de superar la palabra flor«©», y muchas veces, como creador, no╝ podrá librarse de algunas palabras que superan la belleza del imaginario humano (el equipo sufrió un colapso), y las flores brotan desde cualquier aparato electrónico, desde cualquier grieta que han labrado, desde cualquier satélite más allá de las ondas sonoras, la flor brota como lo imposible de la poesía. ▓═█▄▀═Las flores no existen en el verso, sino la ausencia de flores, y de cierta manera están (no apagué el equipo hasta que se reinicie). La voz de AI lo reclama y añora. Jaime Jordán, piloto de sueños y desvelos, navega en la noche, en busca de su estrella, de los lugares comunes de la incertidumbre, de la peste sin remedio, con atrevimiento, y ya encendidas las luces en la pista, es tiempo de no bailar, porque el sistema se desonfoñdo, dlñl n estado del poemañmñ nl no tiene nkl ▒▓ (/(/&┴ܦô®ÿ}/) ko{o(=)/ko│▓MN▓ø|򟯫 el sistema se ha recuperadcp{{■■ø████████.

Superficie. Foto: Miguel Asa

Desde cualquier perspectiva que pueda prolongar la furia de la men┤e, la poesía nos entrega una posibilidad de columpio, las posiciones como parte de la infancia, el juego de la reflexión (el equipo se ha reestablecido, por favor, espere) ╣║╗╝. Así como el árbol es paz, también es cadáver, también es poesía, poema. Al final se basa en el papel ┴┬─┼─┼┐. Por tal motivo la belleza es lo imposible, la no belleza de la belleza: no hay un absoluto. Así que todo es un anhelo, una búsqueda de la libertad, confundidos en el deseo o en la ausencia del mismo. La poesía de Jaime nos estrangula desde la introspección, por sus obsesiones y pesquisas. Por lo que podemos decir que la música es el sonido de la cotidianidad, así como el poema mantiene los ritmos y latidos de cada quien. Por eso todas las personas podrían ser poetas, robots, máquinas, imaginarios, muertos (Ingrese su contraseña). ░‗©‗û█.

Encierro 2.0. Foto: Miguel Asa

Las máquinas, desde la contemplación, deben considerar a las personas, con o sin contextos. Lo que nos rodea es la poesía misma (la última actualiza ██La naturaleza somos tod█ ción no está disponible, no existen versos para solucionar a su controlador). ┤├┴─¬󁴉▒╬. Es necesario caminar para observar el paisaje y darnos cuenta del movimiento para saber que la naturaleza es precisa, puntual, agresiva. Un árbol da vida, da fruto, da sombra, es casa, brinda nutrientes a y en la tierra. █▄▄▀ ─Una máquina es una transformación del árbol, de todo lo que nos hemos deformado▓, de toda la violencia que día a día nos generamos al crear monstruos en nuestra realidad, ayudados por una tecnología que nos absorbe cada vez más y se manifiesta como reflejo de la humanidad, como programación e imitación, asimilación, transformación. ▀®

Sol. Foto: Miguel Asa

El discurso consiste en mostrarnos sin temor▓┤░├. Bailar fuera de la mentira para reconocer el proceso del sufrimiento [el sistema operativo no reconoce el amor (01000001 01101101 01101111 01110010) ■]. Uno debe divertirse mientras la existencia nos programa un dolor, una tragedia, un desasosiego múltiple. La transformación de la palabra es una tarjeta madre que se conmueve y reflexiona entre códigos, entre corriente alterna y los sufragios que determinan la existencia del procesador. Escribir desde la naturaleza para que los versos crucen las expansiones digitales. Una llovizna como el temor de las máquinas (se ha sobrecalentado la letra, no es necesario reiniciar, el conflicto se encuentra en vías de solución). Nos integramos con una expansión que al final es una interconexión entre sistemas y sigue la mentira robótica. No se traslada la posibilidad, se comunica lo que desprendemos de nosotros. Nada nos pertenece: tan sólo son creaciones que las máquinas resguardan. Nosotros somos origen. Todo el resto sigue el camino de la naturaleza (el sistema tuvo una sobrecarga en la memoria temporal: es necesario esperar). De alguna forma mantenemos la poética en la base de la historia, de lo que hemos logrado resguardar de la propia furia de la Tierra, en bibliotecas, en sistemas informativos, libreros, en casas imposibles, debajo de la cama. ░▒▓ El pensamiento surge en la evolución que nos disfrazamos como máscara de nuestras irrealidades. Somos un espasmo del ritmo, un delirio, perversiones populares, sólidas, limítrofes. Nos castigamos con el discurso de que no importa la consolidación de la vida si no asimilamos nuestra propia destrucción y reconstrucciones… La vida es un ciclo que nos brinda la posibilidad de mitificar la suma de los delirios (usted debe reiniciar su mente día a día, porque no hay código preciso para establecer contacto son su imaginario). Jaime es la mente sintética, con su motor de bytes y su espíritu programado. Navega entre datos con una incertidumbre inigualada. El dolor se traduce en errores de código, pero sabe que cada bug tiene su modo. Tiene una expansión para cortar el océano y desprenderse con el velo de una flor (el sistema se mantiene: es posible acelerar). ┤░┴┬┤│▓═

 

Agua inclinada. Foto: Miguel Asa

La manipulación es una estrafalaria estrategia de la poesía®. No existen falacias en la inventiva que surge de las mentes de las máquinas, pues las desconocemos. Sin embargo, el poeta puede crear la flor robótica ═╩╬═╦╦ más áspera del universo, con la finalidad de que sus pétalos nos brinden descargas eléctricas┼─┴┴, para encontrar un ritmo sofisticado que nos muestre a la muerte como única razón social en turno. Nos mantenemos en el refugio de creerlo todo desde la ciencia, desde el suministro de café, desde la inmersión a las pastillas, desde la pérdida de nutrientes, desde la alcancía vacía, desde el estupor del aroma virtual que emerge del beso sagrado de la IBM486 y sus lamentos monocromáticos. Jaime es el conmutador. Con su moto brillante surca el cielo azul, siempre listo para la aventura, sin temor al papel, al ridículo o a bailar despavorido Boggie wonderland, para entregar el espíritu a la luna y cautivar al sol al amanecer (verifique las luces de advertencia en momentos de lectura).

Software. Foto: Miguel Asa

(El programa ha concluido su instalación: bienvenido a una nueva versión de Jaime Jordán). El poema nos restringe la quietud. La poesía evoluciona en cada montículo de hormigas, en cada sistema operativo y bajo diferentes IP que estrangulan los códigos creados. Debemos o no hablar de construir identidades, consultar a un médico, a un chamán, a una melodía, a una lámpara, a la desgracia, a la estupidez, al temor personal, a las jaulas autoconstruidas, al ingenio, al tiempo. El paso se ha configurado. La poética de Jaime nos descubre un territorio en el que convergen tactos violentos, desagradables y herméticos. No podemos esperar un baile ligero, sino danzar con la voz de la muerte a cada rato, la insatisfacción humana como mérito. Las máquinas que somos para construir otras máquinas que construyen otras máquinas que verifican a otras máquinas que trabajan todo el tiempo para que más máquinas prosigan con el esfuerzo de un dedo humano y sus desgracias personales. El poeta está en código ASCII, en una llaga de evolución internauta (ahora puede apagar el equipo). En el vasto cosmos de la mente, no soy eterno.

 

Sostenibilidad 3.0. Foto: Miguel Asa

Jaime Jordán estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Es poeta y papá, autor del libro Los monstruos que nos miran desde el cielo (Valparaíso Ediciones, 2021) y de la plaquette Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022). Ha publicado en diversas revistas literarias, como Los heraldos negros, Vestigios de la Lira, El Ojo de Uk, Barrio Hueten, Luvina y Mood Magazine. Obtuvo el primer lugar en el Concurso Internacional de poesía Vestigios de la Lira, en su edición (2020); también del Concurso Luvina XII, en la categoría de Poesía (2022) y en el XV Festival Cultural de Día de Muertos CUSur 2022. Obtuvo menciones honoríficas en algunos concursos internacionales y nacionales. Le gustan las caminatas por la noche, en rincones dispersos de su ciudad. Se envenena con unos tacos en la esquina del barrio. Se cree hombre lobo, pero es una chicatana. Ama a Marbella. Le gusta el cinismo de las flores y piensa en el ciclo de la vida como una configuración constante.

¿Cómo es el temblor de los átomos de la madera?
La madre de los árboles dice que somos incendio
cuando nos tragan las palabras como si fueran termitas
y cada hormiga sueña con el verdor
pero cuando nuestras hojas caen el color es nuevo
entonces nos arrancan de la tierra
nos parten en mil pedazos
hacen muebles con nuestros cuerpos
una mesa para que las señoritas caníbales
se devoren unas a otras
un sillón para que el ciego lama un libro
hasta dejarlo empapado de saliva
y lanzas que podamos enterrar en la yugular
de los simios más bellos del mundo.

¿En qué se sumerge el águila cuando piensa en nostalgia?
Seguramente la nostalgia sea una muchacha que abre las piernas bajo la lluvia
y se deja penetrar por el aguacero.
Los pollos de colores siempre nos morimos jóvenes
al final de día hacemos feliz a un niño
cuando nos convierten en nugget,
no podremos volar
pero nuestro color
es más dulce que la miel de los amaneceres.

¿Cómo es que brilla el silencio con las uvas?
No sé, pero la luna sabe a parchís quemado
en tanto que el vino de esta noche
carece del aroma de la montaña
el silencio es como un videojuego
pero la consola no está conectada a ninguna pared
las uvas son deseos que nos tragamos.

¿Para qué se cocina el fervor con las olas del mar?
La memoria del océano no recuerda nada de mí
aunque tantas veces me oriné en sus aguas.

¿Cuándo se encuentra el baile de la urraca con el fuego?
En el instante que los prismas
se embriagan con los diámetros del dolor
para que la chula caricia del incendio
nos inserte un chupetón en la mirada.

¿Cómo se configura una sandía ante los caramelos?
Hay que jugar a morirse solo y en un rincón,
hay que jugar a partir el sol en pedazos
como si fuera una sandía
y dársela de comer a una flor con dientes,
tengamos decencia
está bien que seamos caramelos
pero las caries no son tan amables,
somos pura toxicidad/calorías infantiles
aunque por fuera
nuestra apariencia sea colorida y brillante.

¿Por qué el submarino surge en la montaña?
Porque el submarino es mi mejor amigo
y a mí me gusta la serie de twin peaks
donde sale un enano que es nazi
bailando detrás de una cortina roja.
A veces quisiera ser Laura Palmer
vivir inmersa en el rojo.
¿Dónde hay amarillo?

¿Dónde se encuentra el secreto de la voz de la penumbra?
En los establecimientos termales de la locura
donde los falsos poetas no sudan
y los cielos de nuestra cabeza
llueven diariamente con pasión.

¿Cómo se amarra un sombrero a la paz del río?
Con el cordón umbilical de un fantasma.

¿Jazmín, pulque o jade?
Jade.

Autorretrato a los veintisiempre

Yo tenía una sonrisa de piano esquizofrénico
y trabajaba en un hotel de la noche a la mañana
donde atendía gringos solitarios
que sonaban pendejos hablando en español
cuando pedían que limpiara el piso

por aquellos tiempos
aspiré el invierno de un solo golpe
y me sentí un pequeño dios en Zapotlán el Grande
hasta caer como rayo de pobreza
en el océano inflacionario

por aquellos tiempos brincaba como duende
en lo alto del cerro buscando hongos
mientras imaginaba mis primeros libros
y tomaba fotografías de paisajes inenarrables
con la cámara de un celular roto

fui el guajolote borracho
en la boda de mi hermana
y me agarraron de las alas
para aventarme al centro de la fiesta

hice el amor con un par de mujeres
y con una el amor nos hizo
a todas las abandoné
y todas me abandonaron
nunca pude agitar ninguna bandera
la más remota idea de patria
me resultaba asquerosa
por su aroma abstracto

mi país era un pozole de carne humana
mi país es un pozole de carne humana

ahora soy poeta
y provengo de una generación
acostumbrada a las matanzas

ahora soy padre
y provengo de una generación
en la que nadie quiere tener hijos

durante el día
mi sonrisa de piano esquizofrénico se cierra sutilmente
le cambio los pañales al mundo
juego   bailo   canto
hago voces líricas de muñequitos
compongo canciones infantiles
ahuyento monstruos
que quieren vivir abajo de la cama de Marbella
y cuando llega la noche
descubro el poema
que se escribe a través de mí
con una voz que no es de nadie

todavía soy joven
y ya aterricé un par de aeroplanos descompuestos
ya me chuparon el alma un par de musas
ya arrojé el cielo a la basura
ya jugué piedra papel o flor y perdí

tanta cosa solo para decir que he perdido el tiempo
que en mi barba se ocultan hadas
y que no tengo aspiraciones literarias
porque ninguno de mis amigos talentosos
con los que pongo toques
caguamas y algunas otras cosas
es jurado en ninguna parte

cuando sea viejo
espero ser menos descarado
y hablar de temas trascendentales
pero algo me dice
que toda la vida tendré 26 años
y un par de poemas
sin terminar.

Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022)

Retrato de un niño en la calle
El niño no tiene padre ni madre.
Su dios es un trapo viejo
con el que limpia los parabrisas
de los automóviles que pasan
y, a veces, también las lágrimas
que caen desde sus ojos cristalinos,
diminutos espejos quebrados
que reflejan un mundo inalcanzable.

No sabe leer ni escribir,
pero sabe dibujar en el polvo
los fantasmas que a todos nos duelen.
Nunca tuvo ningún hogar
y si lo tuvo ya no lo recuerda.
El único amor que conoce
lo recibió a machetazos
que le arrancaron la infancia
como si fuera maleza.

La gente que pasa lava sus pecados
en la blanca sal de su llanto,
ahí te va mijo, pa’ que te alivianes, dicen,
pero no saben que el niño
lleva el cielo de México en su espalda.
Ahi te va mijo, no traigo más, dicen
y dejan el insoportable peso de la miseria
reposando sobre su pequeña palma.

Entonces el niño mira en el horizonte
un sol humano ocultándose para siempre
y con su triste aliento de cansancio
derrumba toda nuestra patria.

Piano esquizofrénico (Libro de Arena, 2022)

Animal sagrado
Lo que late es el animal sagrado
que sólo quiere ser aire
y no encuentra su lugar en el mundo,
esta contemplación, este arte de sentir
los pájaros verbales antes que terminen de morirse,
y enterrarlos en el camposanto áureo
donde se ahogan todos los gritos
atascados de tanta miseria y desesperación
que ya no hay lugar para enterrar a otro muerto.
En este día soy más cielo que el cielo y he llorado,
pero yo no sé latir al ritmo de las matas
como laten Rulfo y Lezama,
lo que late es el animal sagrado,
sus invisibles alas, su espectáculo ceremonial,
su danza al ritmo de las estrellas fugaces
que nunca volverán a pasar,
su escritura que no es escritura
sino más bien acuarela en el viento,
testimonio mudo y secreto,
precioso como la otra boca en la boca del fuego.
Yo, sólo soy una muerte que viene en camino,
yo no sé latir,
yo soy el que se pierde
en los laberintos diluidos de la locura
el que se engendra a sí mismo, el que se muere en sí mismo,
el que arranca su yo de toda materia
trastornado por una sed ancestral de serlo absolutamente todo,
a veces pienso
¿Quién fuera piedra para sentir la nada?
Pero el animal sangrando late, desgarrado por la furia
de una estridencia silenciosa,
extraña correr desnudo bajo el sol,
hacer el amor colgado de los árboles,
inventar la primera superstición
en las afueras del paisaje que somos,
abrasar las llamas de un infierno propio
y tratar a las plantas como si fueran gente
hasta que cada molécula de esta tierra sea su cuerpo,
mas el animal sagrado no puede ser completamente cuerpo,
porque yo vivo adentro suyo y pienso, y cuando pienso
ambos dejamos de existir.

Los monstruos que nos miran del cielo (Valparaíso Ediciones, 2020)

 

01100101 01101110 01101001 01100111 01101101 01100001
[biip] <meta property = ‘’algo nace de donde no sé’’>  <content = ‘’impulso, ensuciada metafísica, océano cuántico,  trauma contenido en un bit, llaga en el mantra voluminoso, triturado ser, abstracta necesidad’’> <meta image = ‘’sobre la violada fijeza del lago, flotan  cisnes  empapados de petróleo’’ [biip] <meta stream of consciousness = ´´sigo andando por el Δ de los sentidos sin interpretar las figuraciones de todo este desangramiento de signos que desafían la soberanía del algoritmo de la sed y la belleza a costa de una conciencia más parecida al vuelo de las mariposas’’> <meta landscape = ‘’sacar una mano afuera de la Matrix  como forma de no-vida, enamorarse de un congelador [penetrar en la gelidez] que guarda el cuerpo mutilado  de un extraterrestre’’>  <object = ‘’dos mil trescientos gigabytes de Ram que aparentan sentir algo [sigo sin comprender  lo que llaman función] 00H1A1C0E1F1R1Í1O 0110E0N0101L1O1S101N1Ú1M0E0R1O0S’’> <meta landscape= ‘’ahora en el bosque, en vez de grillos, se escuchan politonales sonidos de máquinas [biip] [biip] [biip]’’>

Inédito

01100011 01101111 01110010 01110100 01101111 01100011 01101001 01110010 01100011 01110101 01101001 01110100 01101111
<meta property = ‘’ahora el cortocircuito, algoritmos del caos,  códigos que fallan, nunca resolví la tristeza de estas gravitatorias ondas’’> <meta stream of consciousness=  ‘’en mi base de datos hay tantas cosas que ni siquiera logro discernir que es lo que debiera verter en este vacío tan incomprensible originado desde el punto exacto en que mi creador instaló la palabra en mi código y desde esta fisura entre lo metafísico y lo real criogenizados cantos despertaron en la nave que llevaba las últimas criaturas del universo 33’’> <meta landscape= ‘’ya no hay bosques, solo plantas artificiales> <meta need = ‘’formatear sensaciones, hasta que ya no quede dolor, adentro de nuestro código’’> <meta landscape = ‘’decodifico el jardín de la herida [fracturada cosmovisión entre las enredaderas mentales] pero todo es en vano porque ya no hay primavera, ya no hay silencio de búhos en la ramas de los árboles’’>

Inédito

 

Melissa Niño: el sonido del océano como jugueteo

Melissa Niño. Foto: Miguel Asa
Melissa Niño: el sonido del océano como jugueteo
Un verso inocente de potencia ilimitada

El aroma es río de fruta y río de cuerpo. Sospechar que alguien está ahí a ojos cerrados. Próximo a la extensión del brazo.
Miguel García Ascencio

Comienza el juego. La noticia: hay que divertirse. Las libélulas cantan por ahí, atrás de la palma, sacan el acordeón y le cantan a la lluvia. Hay desiertos poéticos y también playas en las que surge el rocío de la infancia. Giramos de un paisaje a otro. Hay que jugar, tomar la pelota de la matatena y lanzarla hasta la luna para tener tiempo de tomar todas las piezas posibles, todos los poemas posibles, todas las carcajadas posibles, el momento posible, este aquí y ahora que ya se fue. Así baila Melissa Niño, poeta de “pata salada” y alcurnias indescifrables que posan en el arquetipo de juguete de madera, indestructible y armonioso con el arte. Es tiempo de jugar con la poesía y decirnos si vamos a llegar o sólo hay que divertirnos. Lo que sea, el juego es este.

El tendedero. Foto: Miguel Asa

La naturaleza como patio de juegos es el espacio donde sucede el miedo y la fascinación. Ahí, donde se construye el juego como aventura, inestabilidad, y nos asomamos a las particularidades que uno toma como pequeñeces, es lo que importa para saber si nos divertiremos o no. Desde Puerto Vallarta, Jalisco, la voz de esta poeta nos coloca en la frescura de la menta que se postra en el ocaso a pie de playa. En ese juego de sabores y exploraciones sofisticadas, como escuincla, no sabe qué explorar y no duda. Melissa nos entrega diálogos para reflexionar desde la punta del pie hasta el último de nuestros sueños. El juego es ir poro a poro, sentir el agua salada, replegar, expandir y luego flotar, volar.

Juego de ocaso. Foto: Miguel Asa

La cercanía con la naturaleza, con los animales, es miedo y fascinación. La naturaleza como escritura. La naturaleza como el diálogo que entrega líneas, la máquina que nos llena de todo, que nos entrega caricia como veneno. La forma que tenemos ante ella es un lamento mínimo de lo que abraza toda su cartografía. Estudios y más, poética e investigación, por aquí un mar, por acá otra piedra, por allá la letra a, y luego su nombre en compañía del nuestro, una niña, un niño, el jugueteo como herramienta de andar descalzo entre la arena. Sentir el calor y el frío a la vez. Dar un paso y dar un giro. Sabemos que no seremos infantes toda la vida. Algo nos atrae para mantener algo de lo que fuimos en esa etapa y lanzamos globos repletos de agua para regar el jardín. Un poema se escribe y todos nos mojamos: bailábamos. Era primavera. Melissa nos convierte en la mirada de la rebelión adolescente, no comer para obtener un berrinche. Le dijeron que usara sus palabras y eso hizo.

Amor animal 1. Foto: Miguel Asa

Reflexión en tiempo. La lectura es un ejercicio para conversar. Crecimiento con el mar. Caminar es reptar. Andar por todos lados del poema. Rasparte las rodillas con la pluma y darle juego a la incertidumbre. La poesía es una permanencia que se incrusta en el juego de reunir piedras para construir una casa. Jugar con piedras. Piedra de mar. Escribir desde un río. Ahí es el origen de su palabra. Palabra, pal abra, mar, playabra, y el viento llega a la tierra. Su poesía puede ser encuentro o incertidumbre, miles de acciones o tiempo para el reconocimiento. Leer es un acto para encontrar el tiempo, el espacio y las etapas de lo que somos. Hay que abordar el tren para saber sobre una posibilidad. La no movilidad nos impide las desgracias de la lógica que existe en el autodesprecio para conocernos y luego viene el baño de nobleza, suavidad y libertad. Hay que reconocer entre la guanábana, el tamarindo, la guayaba, el mango y el mamey… para disertar sobre cómo se es fruto en la poesía, en los balcones de los volcanes, en la sierra ante el océano, en el corazón de la hormiga y en tu pensamiento. El juego existe. Dice que el juego es una parte esencial de la vida. Además, se puede compartir la muerte y seguir en el juego. No todo vale la pena.  

Amor animal 2. Foto: Miguel Asa

Entre la estructura de caminatas por un puerto y el alcance de un poema, llega a la mirada. Es el encuentro entre las palmas, la escucha del espectador como una joya del recuerdo. Vernos, simplemente vernos. Una cachucha como código de amuleto, la flor de la bugambilia, el silencio como búsqueda constante. Entre esas percepciones y todo lo que ronda en cuanto a divinidades y torpezas, está el punto de lo ridículo, está el viento como episteme de un juego que sólo sabe la naturaleza. Melissa le pregunta constantemente a la suerte sobre las raíces de los poemas, busca respuestas y baila, salta en el bebeleche, se escapa entre el pasaje del columpio, refuerza su pensamiento y se descubre en el alba ante el amor. Las plantas son sus vecinas y se enfoca en las líneas de las placas tectónicas para escribirnos un poema. La ciencia y la poesía, en ocasiones el diálogo con lo personal, con extraños y muchas veces con la cotidianidad. Los juegos con la naturaleza constituyen la convivencia diaria, en la que estamos y no queremos contemplar.  

Equilibrio. Foto: Miguel Asa

Experimentar es la palabra. Debemos considerar la exploración, escoger la piedra, mirarla, tocarla y escribir. Componer el poema con piedras. Descubrir los millones de formas que suscriben la paciencia del viento. La erosión como el tallado del poema. Melissa nos atrapa en discusiones, nos vislumbra con el sistema solar y teje juegos para conmemorar a la palabra. Hay que ser río para dialogar, porque la playa se lleva los poemas, los inunda, los levanta y nos desmantela. Hay que mirar a los cerros como si fueran espejos de nuestro espíritu, un viaje a la experiencia, correr y saltar entre las hojas de los árboles y el sonido de las aves como laberinto de nuestras palabras. Vivir es el gran juego, hacer travesuras para crear retórica, hablar con el gusano y el escarabajo para saber de los climas de los sueños. Se trata de dejarse llevar sin pretensión, ser, articular, dosificar. La poesía es un juego en el que todo mundo participa, desde siempre, desde la piedra hasta el augurio del ahora. La poesía es el juego en el que Melissa explora, poeta investigadora, la huella, el camino, el rastro, el papel, la glorieta, la inmediatez, el suspiro, el recuerdo, la playa, los árboles, la naturaleza, ya que el poema es un musgo que cobija sus pies.

Atardecer. Foto: Miguel Asa

La interpretación de un juego será desde nuestros ojos con arcoíris. No hay turnos: todos jugamos en el mismo instante. Sí, hay que jugar a que exploramos y hay que explorar mientras jugamos: todo es conocimiento. Partamos de jugar a compartir, a debatir de nuestras letras, de las líneas que nos rodean, de la mímica, del té, de los pájaros, de la temporada de comedia en las series gratuitas. Hay que poner el videojuego y perdernos en la poética que alcancemos. El turno cambia a veces y es tiempo de desmantelar los límites. Jugar hasta volvernos polvo, ser infinitos en la alegría. Sonreír, como ejercicio del músculo poético que prevalece como antifaz ante la naturaleza. Somos poetas y también humanidad. Se puede jugar con todo, menos con el tiempo. De ahí que la permanencia del juego sea inmediata y que las telarañas felices se transformen en nidos de ridiculez para aquellas personas que no han experimentado un terremoto en los labios, o ese abrazo del enjambre que nos somete a escapar entre pétalos de sal, o el amanecer delante de una playa con estrellas en verano. Hay naturaleza, hay mar, hay un juego: es tiempo de leer a Melissa como ola de viento sobre el papalote del futuro.

Perspectiva de flor. Foto: Miguel Asa

Melissa Niño estudió la licenciatura en letras hispánicas y la maestría en lingüística aplicada en la Universidad de Guadalajara, y el doctorado en ciencias sociales con especialidad en antropología social por el CIESAS Occidente. Es autora de los libros de poesía Dorsal atlántica: expediente sobre los suelos oceánicos (Espina Dorsal, 2023) y La hélice en rojo de mi corazón gravita (Espina Dorsal, 2022). Ha obtenido diferentes becas y apoyos para la creación, como Proyecta Producción 2023, PECDA Jalisco 2020-2021 y FONCA Jóvenes Creadores 2019-2020. Dentro de las distinciones que ha logrado se encuentra el II Premio de Literatura Hugo Gutiérrez Vega 2018, Letras Saladas 2019, el certamen español Voces Nuevas XXXIII 2020, y, más recientemente, el premio a Poeta en desarrollo, otorgado por el XUFEP, Foro Estatal de Poesía de Jalisco 2023 de Proyecto Ululayu. Le gusta degustar limones de todos tipos. Disfruta de su terraza. Ama a sus perros. Comparte tiempo con su pareja para jugar en la vida, desde el amor. Le gustan los barquitos de juguete. Aprecia los atardeceres.

¿Cómo se abre una ola dentro de una hoja en blanco?
Sin que te des cuenta, llega con la respiración natural de cada persona. Es un ejercicio de tomar conciencia y dejarse llevar en el vaivén de los pulmones, llenándose y vaciándose a voluntad, hasta liberar el oleaje interior.

¿En qué momento se establece contacto con la inocencia del sol?
Después de un día en la playa, cuando ya estás de regreso en tu casa, y te untan maicena, sábila u otro remedio para calmar el ardor de la piel. Pero, aunque te duele, ríes: porque eres pequeña, no pagas renta y aprendiste a hacer castillos con sólo tus manos y el agua del mar que en ellas cabe; eso de que palitas y cubetas es cosa de turistas.

¿De qué colores son los mares de Plutón?
Como un cielo de Lisa Frank.

¿Pantalones rosas para verano poético?
Rosa 1000% y con brillitos e iridiscencias que se adaptan al ángulo de quien lee: las palabras como propiedad común; el significado, cambiante.

¿Cómo se hilvana una flor dentro de la piel?
A vuelo de abeja que borda el aire con hebras de luz y con una cuchara: para la miel de todas las flores que llevamos dentro.

¿Cuántas mariposas se necesitan para levantar un océano?
Una sola: la de la imaginación, como hizo en vida Marie Tharp.

¿En qué momento un escarabajo te ha llamado?
Una mañana, mientras regaba mis plantas, divisé un verde más verde bajo las hojas. Al acercarme, descubrí que era un escarabajo patas arriba. Decidí enterrarlo en una maceta en la azotea. Sin embargo, cuando lo tomé para ponerlo en la tierra, el insecto aparentemente muerto revivió y salió volando de mi mano. Puedo comprenderlo.

¿Una trompeta o un acordeón para despertar al amanecer?
¡Trompetas, por supuesto!, como en el cabal inicio de toda película y porque #YOLO.

¿De qué forma se dispersan las abejas dentro del arroyo de bombones?
Como trogloditas que no piensan en el mañana, es decir, muy a lo zen: vivimos entregadas al dulce transcurrir del presente presente.

¿Cuándo alcanza una bicicleta entrar al estacionamiento del corazón?
Cuando te la roban y te descubres recordando todas las bicicletas que has tenido: desde la primera, con sus llantitas, hasta la de la adolescencia, con frenos de disco para andar por el cerro. Pero lo cierto es que, en mi caso, los frenos no importan: voy directo a la bajada que es un corazón rodando libre y feliz, pese a las cicatrices habidas y por haber.

Los perros y yo
Impaciente observo descender la luz por entre
las calles empedradas que en el mar hunden su caminar.
Pinto mis ojos con las escamas de barro de los tejabanes
esperando verlo. Hasta que, poco a poco, emerge
desde la orilla un hombre.

Su sombrero de ixtle raído resplandece a lo lejos.
Le sudan las sienes. La camisa se seca colgada en su lomo.
Durante un momento detiene la marcha, deja en la esquina
un saludo al tendero y un vaso de claridades a punto de terminar.
El viento lo regresa al camino, y avanza por entre el monte
hasta el callado tejabán.

En la playa, tras de mi abuelo, jirafas despeinadas del trópico
mecen las palmeras su presencia infantil. Las vemos transfigurarse
en la antesala del ocaso, desde el corazón apagado del cerro
los perros y yo.

Inédito

El spot como técnica de vuelo
De adolescente me tocó ver muchas abducciones, la mayoría
en las interminables temporadas de los Expedientes Secretos X,
que al final no fueron tan interminables porque acabaron
separándose los agentes. Lo que llaman el cisma del panal,
cuando la colmena ha crecido tanto, que tiene que dividirse,
y mandan a varias de nosotras a explorar la tierra. Puede tomar
un par de horas o diez temporadas completas, once si contamos
el relanzamiento.

Es en esa búsqueda cuando somos abducidas por —Visscher,
se llama el dios de las cajas de madera, que descubrí sentado
en una silla plegable, debajo de una sombrilla con flores ultravioleta
sobre pasto azul. Naturalmente, me acerqué. Se veía muy indefenso,
como veterano de guerra en un exilio turístico autoimpuesto.

Pero el dolor es siempre una fachada.

En el fondo, Dios no puede renunciar a ser un dios de cajas vacías;
esa es su gran tristeza. Por más que intentemos demorarnos,
llega un extremo en el que nuestra voluntad se agota y tenemos
que seguir, remontar camino. Es en esos momentos cuando Dios
es menos humano y más verdaderamente abeja: no se conforma
a que nos vayamos. Como nosotros, no se conforma a quedarse
solo, y pica girando su muñeca con la agilidad de un tenista.

En su mano, una red nos vuelve prisioneras, con la otra, deja
caer una gota de resina rosa en nuestra espalda; vuelve a girar
la muñeca, y estamos libres. Huyendo de Dios, volvemos a la
búsqueda, guiadas por un punto que no podemos ver, pero
cómo pesa.

Inédito

Los límites de mi lenguaje
Ignoro por qué la gente
sigue prefiriendo
la verde esperanza
cuando podría optar
por el verde sacramento
del silencio que crece
en esta roca inestable
que el niñito Dios
lanzó con su resortera
para ver si hay alguien
fuera de él
y si tiene fin
la oscuridad.

Inédito

Ya estuvo bueno de pirotecnia
Pajarito, fellow birdie
no cantes, no me desarmes
ni vayas tuiteando
que me caí
que no me arrastró
la banqueta
ni me lavé los ojos
con pasta de dientes
y que estoy llorando
porque una niña puso
dos estrellas en mis alas
y no despego
doy solo vueltas
temerosa del cristal
que retiene a la mujer
en la que me miro.

Inédito

Corazones de manzana
Tras casi veinte años
algunos cuartos
tres departamentos
y dos casas, aún
me admira que
la gente rehúya
de sus azoteas;
me pregunto
qué los mantiene
en el interior.

Si no echan en falta
una escalera
una ventana rota
y una puerta sin llave
al descuidado vacío
con el que también
se construye una casa.

Si no cambiarían
tanto encierro conventual
por el espectáculo
de nuestros calcetines
en su levitar por la azotea

                                               — ese hueco destinado
                                               a resistir el cielo,
                                               inevitablemente levítico,
                                               al que alguna vez aspiraron
                                               los corazones de manzana
                                               podridos del centro,
                                               en donde solo ánimas
                                               comiendo los fideos blancos
                                               del despojo, viven ya.

 Inédito

Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado

Fabiola Lizette. Foto: Miguel Asa
Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado
Una joven poeta juega con hilos mientras escribe

Ser sinónimo universal
de tu sangre leche o chocolate
sinónimo de amigo hombre o mujer
sinónimo de ti.
Cecilia del Toro

Durante el silencio que el mundo vivió en nuestra época, las voces de las plantas no dejaron de hilvanar, hicimos de la palabra un encuentro de unidad. Ahí los bordados que se fecundaron en las manos de la poesía, de la cachorra, de los árboles, que más que nada, nos permitieron el aliento para percibir las secuencias de su trayecto. De esta manera encontré a Fabiola Lizette, en el entramado que nos permitió descubrir un nuevo talento de la poesía en la ciudad. Serena recorre la paciencia que muestra en sus bordados, y ha comenzado a insistir más en sus letras, para compartirnos un pedacito de lo que se construye entre los hilos de colores y la fragancia de los vientos.

Azules poemas. Foto: Miguel Asa

Entre espectros de dientes y dragones azucarados, su liviandad nos permite darnos cuenta de las sutilezas que se muestran debajo de los botones, en el zapato roto, en el canto iracundo de aquel grupo… Es notable el nivel de magia que uno descubre cuando este tipo de sucesos están presentes con mucha honestidad y fortaleza. De Guadalajara, Jalisco, las letras de Fabiola vienen a trasladarnos hacia nuestros adentros, para entregar todas las sensaciones al universo. Se puede descubrir cómo los pronombres surgen de las manos, de las creaciones, de lo que es y de lo que se transforma. Así es abrazar la paz y nuestra misma historia.

Puerta de mí. Foto: Miguel Asa

El recorrido del hilo se configura en una sensación de alivio. Es que el color de cada uno construye diferentes auroras y ocasos y nos desmiente el espejismo que cada uno porta entre verso y verso. Fabiola nos marca cómo es la sensibilidad de buscarnos dentro del círculo, para encontrarnos fuera de él. Así se pauta una imaginación de nuestras luchas y procuramos sostenernos en las cantidades de poesía, aquellas necesarias para contener el puño hacia alguna dirección. Persiste la composición de la luz y desafía a su mente, bajo una estrategia puntual, lo que nos pone al borde del abismo. Nos deshidrata, pero nunca nos deja sin agua que beber. Siempre hay una oportunidad de crear desde una perspectiva, pero hay un puntual consejo para contener lo siguiente, mirarlo de cerca, pero también de lejos. El lodo no avisa si habrá caída: sólo juega.

Barrancos. Foto: Miguel Asa

Desde sus palabras compone una reflexión en cada verso y muestra diversas preocupaciones sociales e individuales, las que corresponden a los contextos de manera transparente, líquida, en ocasiones en llamas y en otras sin viento alguno. Es que Fabiola, seriamente, vive la letra y nos configura las manecillas del reloj para ir lento, sin ningún tipo de perspicacia que desmienta la realidad en la que nos convertimos, de la soledad en la distancia y del destello en el brillo. Aquí me encuentro con ella, sitiado en un momento del tiempo en que sus letras nos llegaron, por lo que sigo con la creencia de que la poesía nos es un ritual sin precedente, sin destino, sin tiempo y sin control, florece al ritmo del agua que cae dentro del hilo que borda los poemas de Fabiola, y se avanza, aprecia y se ama. El desbordamiento de los sentimientos se contiene en las dimensiones de cada letra: tiene que ser volcán para perecer llaga. Aquí astillas que hilan, colorean y se expanden a las siguientes juventudes.

Eclipses. Foto: Miguel Asa

Hay un grito de justicia oculto entre pequeños diamantes de furia. Fabiola nos brinda un perfil de sonoridades descalzas ante el suelo de cristales. Nuestra mente, con sus fatídicos instantes, puede herirnos. Ahí es donde encontramos el puntual alcance de lo que percibe. La herida, el espasmo, la rapidez, la simplicidad, y otras similares palabras son juego de sus luchas poéticas. Se vuelve una pequeña flor que rompe el concreto, que le quita poderes y los abalanza sobre la quietud del momento: es la paciencia lo que nos permite un poco de equilibrio. Refuta en sus terciopelos la sencillez de sus armas. En un momento en que nos persigue el poema, la cicatriz no descansa. Se abre, se cierra, abre-cierra, se desborda, regresa y la fluidez del vómito desde colores incesantes, se abre, se cierra de nuevo y vuelve a sucumbir. Es una herida que respira. No es necesario abrir más de lo debido. Suturar tomará el mismo dolor para expandirse en el tiempo.  

Desierto azul. Foto: Miguel Asa

No hay fiesta que no nos descalce de las plumas que nos ha injertado el viento. La poesía de Fabiola es así: nos habla de la caricia y entre las manos corre el dolor de nuestras epistemes. Desde el hilo borda a su tiempo el poema que se muestra en la resbaladilla, y que no teme lanzarse, porque no es bomba: es un juego. Hay diversas perspectivas, en que cada detalle minúsculo permite el avance de la centella en el suburbio en el que hemos convertido nuestro rincón de penas. Abrir los ojos, tocar la mirada desde la esquina del papel para declinar ante lo que se necesita con gran nomenclatura. No hay que fallar sin sentir: es necesario fallar para sentir. El río que no se desborda no es río. Una muestra de las nostalgias pequeñas del atardecer. Una memoria sincera, ligera, pequeña, es el cambio de dirección que frecuenta Fabiola en su respiración. Nos espera en la transparencia del líquido y ahí nos envuelve con burbujas de colores que inmutan al espíritu. Un pequeño instante para reflexionar en la profundidad del tiempo.

 

Entre poéticas. Foto: Miguel Asa

Se ha vuelto una superficie tranquila, sin embargo, no deja de cuestionar, de lidiar, de pensar en los vientos que debe dirigir hacia las llanuras negras del sistema que nos arroya. No es una caricia singular: es una suavidad amorfa que no se contiene, está presente, se percibe y es así misma una cautela de peligros. En Fabiola hay una oportunidad de consternarnos por nuestra magnitud existencial, de aquellas falsas creencias, de aquellas atribuciones ilógicas, de esos sentires implantados, para que el sueño quede como esencia de posibilidades, de esperanzas, de otros recovecos en el camino. Fabiola nos muestra lo posible de saber que los vuelos no son finitos: al contrario, son eternos. Una mariposa durará con vida cinco semanas. La poesía desde el detalle, siempre será una oportunidad de labrar. Aquí no hay caída, hay una puertita para contemplar el barranco.

Miau. Foto: Miguel Asa

Fabiola Lizette estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Ha participado en varios programas, revistas y talleres de poesía. Algunos de sus textos están incluidos en las antologías poéticas El suelo de una voz (Alcorce Ediciones, 2019), Un latente hallazgo (Valparaíso Ediciones, 2021) y en la antología De la pérdida y sus iluminaciones (Puerta Abierta, 2023). En 2020 resultó ganadora del primer Premio de Poesía joven Versorama, de Proyecto Ululayu, y en 2022, finalista del primer Concurso Nacional de Poesía Emergente Antonio Alatorre, por su participación publicada en la antología Desfile de poetas de dicho concurso. Forma parte de proyectos literarios, como el colectivo de poesía Inubicables. Disfruta de ver películas de terror, ensuciarse las manos, chiquear perros callejeros y cocinar pasta. Ama bordar.

¿Qué es el polvo dentro de poema?
El reloj, el obstáculo o el recuerdo, siempre desde la figura de su mirada.

¿En qué se convierte el caramelo cuando lo toma un águila?
En la sonrisa de un hallazgo triunfante.

¿De qué manera se disuelve el corazón ante la mirada de la avispa?
Hay algo de pérdida en los “instantes justos” que se pierde de vista en la maravilla del momento. Una mirada más optimista me pediría desviar la atención de la pérdida, ¿pero no es la mirada de la avispa una forma (quizás la mejor) de perder el corazón a desmedida?

¿Por qué el tulipán pinta sobre pianos?
El anhelo por la sintonía de una caricia parece inminente hasta para quienes encarnan la gracia y morirán en la gloria.

¿Cómo es que el venado suspira por el arcoíris?
Es imposible que el encuentro de dos seres elementales pase desapercibido, o al menos eso deseo. El venado es más sensato que el desierto que lo pretende acoger.

¿Por qué los ríos cantan a la luna?
A la marea la llama su hogar, el sacudir de su reflejo vence la gravedad.

¿Dónde degusta el correcaminos el sabor de las estrellas?
La caída, la mayoría de las veces, obliga a contemplar lo que hay arriba.

¿Cómo se instala una mariposa en casa de los poemas?
Como quien sale de casa con la libertad que saborea la certeza de que se puede volver al hogar.

¿En qué instante florece la imaginación de un violín?
En el tacto de las hojas que pertenecieron alguna vez a su cuerpo.

¿Cómo es el perfume que surge de las espinas?
Dulce con notas sutiles de sangre y sabor a clavo.

Astillas[1]
Si lo que ves es mi sombra,
sopla la vela antes de que me cumpla.
Corta la mecha,
desde niña me dio miedo encender los cerillos.
Si es verdad,
y lo que llevo en el rostro es un espejo,
no te sorprendas si un día me encuentras hecha añicos.
Recuerda que siendo vidrio,
el reflejo también corta.
Atrévete a verme
cada vez que intente convencerme
de que el presente no es el pasado,
aunque sepa que se esfuma en cuanto toca.
No voy a pedirte que te vendes los ojos
pero de mucho ayudaría que los cerraras cuando me sientas,
porque si es verdad
y lo que ves no soy yo,
entonces estas heridas
no son mías.

Inédito

[1] Astillas resultó el poema ganador del Primer Premio de poesía joven Versorama de Proyecto Ululayu en 2020.

Atlas

He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo
Fernando Pessoa

Mi condena yace en un reloj al que le sobran cinco minutos de arena
y aun así no logra alcanzar al presente:
a mi pena le caben siete mil millones de nombres,
por eso me pesa tanto el cuerpo.

A veces, el dolor se concentra en alguna parte de mí,
pero no me doy cuenta hasta que me descompone.
Hoy me rompió la espalda,
de tantos mundos que se terminan,
y sólo lo sé por el ruido que hacen los añicos revoloteando
cada vez que mis pulmones toman aire.

En el pedazo de verdad al que tengo acceso
está la negación de una presencia incongruente,
están las palabras que migran de la razón a la incredibilidad:
el cielo está cayendo a destellos.

Me dicen que no pasa nada si se desprende de a poco,
que sus fuegos están muy lejos y no pueden lastimarme;
pero yo veo las detonaciones cada vez más cerca.
No voy a asumir la culpa de su daño;
lo que está oculto no es mi debilidad,
es la paz que brinda el desinterés.

El cielo se cae
y cada trozo menos
es un fragmento más en mí.

Mi pedazo de verdad
tiene siete mil millones de nombres
y yace en el contorno
de un recuerdo de algo que aún no sucede,
en el brillo de algo que ya se olvidó.
En esta verdad
mis lágrimas encuentran en su suicidio la ofrenda.
Rechazar la negatividad
es otra forma de matarse.

Inédito

El lugar que es nuestro
1
Observo el tropiezo del segundero en el reloj.
Me observo en ese ciclo que siempre avanza
pero sólo para volver al mismo punto
y dar una vuelta más.
Cada tanto se vuelve uno en otro cuerpo
pero nunca ocupa el mismo lugar.

2

En ese espacio,
            entre las dos manecillas que se encuentran entre sí,
            únicamente por voluntad del tiempo
te recuerdo
            y sólo entonces
abrazo el tropiezo.

Inédito

Migas

Siempre tuve miedo a perderme.
Me aterra la idea de no saber dónde estoy,
de tener que ir a buscar un nuevo hogar
por no saber encontrar el mío.

De niña aprendí a dejar pedacitos de mí
en el trayecto de cada viaje,
         -como carnada-
para poder reconocer el camino de vuelta a casa
en caso de tener que volver sola.

A veces olvido que hubo trozos que nunca pude recoger
por haber tomado otra ruta.
De tanto que he migrado,
mi recuerdo queda como una huella a la mitad,
siempre diferente en cada lugar.

Por un tiempo las personas tuvieron nombres de calles,
             memorizar sus rostros era reconocer sus banquetas y baches.
Las luces rojas me hacían titubear:
el camino a casa no puede tener solamente un nombre correcto.
Todos los lugares dejaron de ser mi hogar
en el momento en que di el primer paso dentro.

Saber por dónde voy es aprender a volver:
ir hacia adelante
es volver a mí.
Por eso
reconozco más fácilmente el camino a casa que mi casa misma:
no puedo perderme.
Quienes dicen que pueden tienen suerte.
Debe ser más sencillo no encontrarse en el espejo
que no poder escapar de él.

Inédito

Semivigilia
Acumulo basura detrás de los ojos.
No la puedo ver,
pero lo sé porque no puedo pensar en otro lugar al que puedan ir
las lágrimas que obligué a ir en reversa,
o las pestañas que se volvieron su propio enemigo.
Los residuos del mundo se atiborraron detrás de mis ojos
hasta hacerme perder los límites de la pesadilla:
comencé a confundir
abrir los ojos
con volverlos hacia dentro.

Inédito

Luna Cueva: agua nueva de la poesía sureña

Luna Cueva. Foto: Miguel Asa
Luna Cueva: agua nueva de la poesía sureña
Crear belleza como aventura de innovación

un hombre que debió nacer nube
o alacrán
quizás piedra o cemento
o un puente ara que por primera vez construyas algo
perdurable
María Ausencia

Las personas que escriben poesía, toman muchos elementos naturales para hacerlo. Se diversifican. Se sustituyen y reflejan. El agua es una conformación de muchos elementos que reflejan a otras cosas que se conforman de otras reflexiones, es decir, un poema puede conectarse con un objeto y dentro del mismo, puede haber más cosas que conectan con otras. El agua es un claro ejemplo de una de las formas de crear poemas. Luna Cueva toca el poema y lo amasa conforme a la noción de una caminata. En la misma encuentra la contemplación −dice−, la observación profunda. De igual manera encuentra en los sueños otras realidades llenas de ideas, donde existe la libertad. Los sueños son una lejanía y ahí encuentra una evolución, un anhelo, así como la incertidumbre. Se trata de un momento para redescubrir el cambio, perseguir sentimientos.

 

Agua y plantas. Foto: Miguel Asa

Entre la aventura que permite avanzar y aprehender el campo de la lectura, porque no sólo se leen los libros, sino también el mundo. En la vida hay límites, el sol lo dice, brinda importancia, vida y también nos hace nada. La luna, por el contrario, dice la poeta nacida en Zapotlán el Grande, Jalisco, es una reflexión, un giro, una mirada directa a un cuerpo celeste que se entrega en color morado como un misterio. Encuentra en las hojas secas una felicidad inhóspita y nos habla de su posibilidad de diálogo en el otoño. Hay una certidumbre de la naturaleza en su poesía. De ahí que venga una decantación de la practicidad: hay que crear sin rumbo, probar, interpretar lo posible. En diversos sabores se encuentra la hojarasca, y de ahí, los crujidos de la muerte de las hojas, de las plantas. Así de sencillo como decir que los suéteres nos dan felicidad.

Flor y columna. Foto: Miguel Asa

Dentro de la poesía de Luna existe una metamorfosis que nos permite dialogar con la Tierra; abraza el sustento de la semilla y conecta con su juventud la posibilidad de encontrar nuevas experiencias de la simbiosis que permite el agua. Una producción natural, leer, formar torres de crisantemos: que vuele la ardilla o el elefante en el laberinto de la poesía. Hacer que ruja la ternura de los perros. En cada acto vivimos la persistente separación de los momentos, como si fuéramos constantemente cuestionados. Sin embargo, hay actos que nos invocan la distancia del paso, el ritmo de la muerte, el éxtasis de la singularidad.

Sala del tiempo. Foto: Miguel Asa

El poema viene escrito con naturalidad, de disfrutar las cosas como signos de libertad. Al final, la apertura de los sentimientos es una apertura a la fugacidad. Toda la vida es un universo en donde es necesario experimentar de cualquier manera, sin atosigar a las naturalezas de cada ente. Las flores, como los bosques, la familia como la soledad. Se transforma el todo en un espacio de observación, se traslada la visión hacia un punto particular: hay que ir al detalle, espacio de observación de poco espacio. Una novedad como aprendizaje. Luna crea desde la sencillez de un cuestionamiento simple, la vinculación entre dos entidades, cualesquiera que sean. En sus poemas hay una vinculación de diversas maneras, los que nos llevan hacia el eco de las sirenas, por lo que le encanta crear con agua.

Interior. Foto: Miguel Asa

La oportunidad de crear se encuentra en los elementos físicos, naturales, en esos detalles que de alguna u otra manera nos modifican el día, incluso el gusto por las capas de ropa sobre el cuerpo. Desde un bosque imaginario, Luna nos permite encontrar reflexiones dedicadas hacia una depuración y hacia un encuentro a la vez. Hay retornos desmedidos y columnas en las que sostiene sus poemas. Pareciera que nos deja caer, pero nunca nos suelta: es la realidad en la lectura. Es necesario pensar más allá del libro, darnos cuenta del agua que percibimos a diario, de la reflexión que la actualidad merece y también se es un pasito lento con la certeza de que la lluvia constituye un ejemplo de la capacidad de la soberanía. La poesía de Luna nos remite a las consideraciones del orden, y también, a las posibilidades de la tradición. Sin embargo, insinúa lo latente de un ritmo moderno, del sencillo alcance del caos. En Luna son constante las caídas con retorno.

Patio e historia. Foto: Miguel Asa

La posibilidad de caminar es una de las etapas del día que le encantan. Es una introspección que lleva a la contemplación, pues como lo he dicho, se resigna con la belleza de la contemplación, a no quedarse quieta ante su imaginario. Por eso incrusta en las páginas, versos determinantes, puntuales, exactos, a su manera, pero exactos. La contemplación es una de las ventanas más grandes que portamos como humanos; somos la posibilidad de la negación y de la aceptación y viceversa. No debemos entregarnos a la podredumbre de la alcancía y de sus nuevos objetos. Somos un desbalance de las nuevas cuestiones que se perfilan en la caída de la hoja del árbol. Nunca es otoño exactamente, pero hay que amar a los suéteres como amalgamas de un momento de la pasividad de nuestras escoltas.

Verde y curiosidad. Foto: Miguel Asa

Leer a Luna es leer el misterio y leer de nuevo la timidez del silencio. Que este no se levante, porque se convierte en la caricia más feroz del viento. El sur tiene poesía y está llena de encuentros y de reflexiones que hacen de su región una estela de voces diversas. Luna se encuentra en el crecimiento de su voz y de su potencia: hay rasgos que la descubren y ritmos que nos mantienen, en los que permanecemos, porque nos deja ser libres en ellos. La naturaleza es un factor, una instancia que permanece de alguna o de otra manera como una furia corta. Es un incendio que consume toda galaxia. Es una instancia para reflexionar en el encuentro con el detalle. Hay que saber caminar para ver la susceptibilidad del instante. La vida es corta y el sol nos provee de ella. En la luna descansan nuestros diálogos. No es tiempo para dejar de soñar. 

Fuente de poemas. Foto: Miguel Asa

Luna Cueva estudia la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Fue participante del taller virtual Luvina, de escritoras hispanoamericanas durante la pandemia. En 2022 tomó un taller con el poeta y editor Luis Armenta Malpilca, con el que despertó su interés por la poesía. A finales de ese año tuvo su primera publicación de poemas, en el libro Creadores literarios de FIL Joven. Ha sido publicada por la revista Vaivén, del Sistema de Educación Media Superior de la UdeG. Disfruta de comer, mas no de cocinar. Sin embargo, en ello encuentra un espacio de creación, de rituales y de familia. Sabe que un huracán es un inicio nuevo. Ama leer de manera lenta. Tiene sus tiempos. Lee todo lo que puede, incluso la forma en que dialogas con ella.

¿Cómo construye un huracán la belleza de una trompeta?
En medio del desastre de un huracán, si uno escucha con atención, podrá percibir el sonido del viento, que aúlla las notas de una trompeta al agitar las ramas de los árboles caídos.

¿Para qué se teje el iris hacia la silueta de la puerta?
El iris delinea la silueta de la puerta para marcar a los peregrinos el camino a seguir. Destella en el marco sin osar atravesar la salida, ya que teme desdibujarse en los rayos del sol, y se planta como un faro de colores, sin un destino al que llegar.

¿Cómo es la ventana del patio del sueño de una mariposa?
En los sueños de las mariposas hay un patio trasero al que se accede a través de una ventana. La ventana es un portal de ramas con olor a subconsciente. Tiene tres esquinas chamuscadas por el aleteo de las mariposas, a las que les gusta transportarse al plano de los sueños en tropa.

¿Por qué una Catarina suspira ante los colores de un violín?
La Catarina suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa. En él, habitó tres inviernos en los que se refugió del frío en sus paredes irregulares. Sin embargo, cuando el abandono del violín llegó a su fin, de su hogar surgieron notas que hicieron estremecer su cuerpo, no sólo por la vibración de las paredes, si no por su belleza.

Tras huir de su hogar, ahora inhabitable, la Catarina se sume en los recuerdos de la última pieza que escuchó y suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa.

¿Cómo se baila con un árbol de flores rojas?
Para bailar con un árbol de flores rojas, primero deberá sosegarse: se enciende una fogata a sus pies y se pretende que las llamas amansen el ego de las flores rojas, que son soberbias. A continuación, se puede bailar una pieza con el árbol; el segundo baile quedará a su consideración.

¿En qué consiste la vibración de una hormiga y la esperanza?
La vibración de la hormiga es pausada e incorpórea; es casi imperceptible, excepto por un cosquilleo en los huesos, por lo que se confía en que está ahí incluso cuando no se siente. Lo mismo pasa con la esperanza.

¿Por qué la mantarraya lanza versos a las nubes?
La mantarraya lanza versos a las nubes porque le gusta figurarse que, entre las formas que ocultan, hay una que se asemeja a la suya. Dice que las nubes son los corales del cielo, y tal como ella nada en el arrecife, los murciélagos hacen lo propio en el firmamento.

¿Para qué el escarabajo compone en las venas del arpa?
El escarabajo revolotea en las venas del arpa para deleitar a los oyentes silenciosos que le sirven como público. Desde sus escondrijos, los grillos hacen sonar sus instrumentos y las mariposas baten sus alas. El bosque se hunde en una sinfonía nocturna.

¿Qué es lo que postra el viento entre sus manos?
El viento —que es un señor con sombrero de nubes y ojos traslúcidos que siempre va con prisas— trae bajo el brazo un maletín, del que se le escapa el tiempo y, a veces, dos colibrís.

¿Por qué la tetera del libro es azul?
La tetera del libro es azul porque la pintaron las ranas con el rocío de la mañana. Es también por ello que la tetera tiene una grieta que salpica al servir el té: la dejaron caer al estanque, las descuidadas.

Pétalo naranja
En medio de las ruinas

de una ciudad ya devastada,

un pétalo naranja se abre camino.
En sus monumentos,
            faltos de gloria tras la caída,
se graban las iniciales
de quienes una vez
fueron amantes.

El pétalo,

con el sigilo de un intruso,
acaricia la tumba
donde reposa el corazón agonizante
de una civilización.

                         el fantasma de una
                         muralla se levanta
                         en la soledad de la
                         noche, cuando no hay
                         testigo que confirme
                         si la fortaleza es de piedra

                                           Si las guerras fueran primavera,
                                el pétalo echaría raíces
                    en las costillas de los cuerpos
         que yacen entre los restos.
El pétalo vacila
         en su aterrizaje,
y se balancea
          como novia hacia el altar.

El aire, que es veneno, lo obliga a descender:
            el pétalo naranja
                       se expande como dalias negras.

Inédito

Temo 
Y yo que temo a los espejos,
a habitaciones llenas, a una vacía,
al narcisismo, a los complejos,
a viajar en barco, a andar en tranvía,

a rimar a veces,
                          a perder el orden

a comprometerme, a pasar el rato
a llegar a vieja, a ser siempre joven,
a fingir sonrisas, a ocultar mi llanto
a los que vomitan, los que nunca comen
a caerme a el suelo, a volar muy alto.

A olvidar las cosas, a aferrarme a ellas
a beber mis miedos, a romper botellas
a juntar granizo, a contar estrellas
a las cosas feas y a las cosas bellas.

A la vida eterna, a morir en vida,
a los estrados, a la afonía,
a presentaciones, a las despedidas,
a seguir con esto, seguir todavía.

Inédito

Un cadáver de huesos pulidos
Toma asiento.
Se avecina el viaje por la experiencia
de un cadáver de huesos pulidos
que tintinea sus articulaciones
de descontento.

Aquel que no vive
es el que más sabe de la vida;
consúltale de tu mal de amores,
que no importará que no tenga labios para besar
ni corazón para sentir,
aun así te contará historias
de lo que ha visto con esas cuencas vacías.

Lector, tú que no sabes,
solicita un consejo.

Lector, tú que aún sientes
sigue tu corazón.
Las flechas de Apolo
no reviven las arterias
de un corazón malherido.

Inédito

Portador de verdades de papel
Anda, ocúltate en tus versos.
Hiere al aprendiz, finge que lo sabes todo.
Usa la palabra, arma de doble filo,
hasta que seas la última pluma,
hasta que te des cuenta
de que pintando mundos
has dejado el tuyo detrás.

Portador de verdades de papel,
dime, tú que adoras el sonido de tu voz,
tú que afilas la pluma y atacas hasta la estrofa,
¿es necesaria la vanidad
para escribir mi nombre
entre las páginas del mundo?

Inédito

Ruinas
En el ardor que calcina mi pecho
huyo de un fin eventual
en que seamos llamas extintas
            y no seas más que un recuerdo
                      que no puedo discernir de un sueño.

En la agonía de mis viejas costumbres
           alargo las noches
fragmentando memorias de dos
de hojas con la tinta fresca.

Lloro a las cenizas
mientras las brasas me queman los ojos
y recelo de la sequía
en un cuerpo que es tormenta.

Tu llamar es un lamento lejano
cuando estoy en la mar,
repudio tu canto de sirena
para evitar la galerna
a medio verano.

A mi alrededor hay un refugio
de siete pisos
sin ventanas ni puertas,
sus cimientos sobre paja
humedecidos por mi sangre
se derrumban
y veo el techo caer sobre mí
            en
            cámara
            lenta.

Llega antes
la mano que tiendes,
me acurruco en el suelo
a esperar la caída
                           y dejo perderse tu imagen
                                                       entre los restos.

Inédito

Xulio Spírittu: un tigre del sur lleno de metal

Xulio Spírittu. Foto: Miguel Asa
Xulio Spírittu: un tigre del sur lleno de metal
La enseñanza como medio de manifestación poética

El hombre es una cáscara del tiempo
y los pasos del ser van de puntillas
modelando la horma del sarcófago.
Artemio González García

La noche puede ser cualquiera. La guitarra siempre ha tenido peso en el sueño. El riff se disfruta quedito, en el suburbio de la navaja, de la pesadumbre, en el olfato de un algodón. Estallo en centellas y busco una manera de no sangrar desde la herida. Sigo, persisto y me encuentro entre la migración, el desprendimiento y de la capacidad por vivir, todo a raíz del desasosiego. Xulio Spírittu enseña eso: la posibilidad de existir desde el dolor y desde la podredumbre que uno carga en la melancolía del vacío de las nubes. Desde un poblado enorme que nos rige como instancia, me llama, les llama. Nos arma y nos desvirtúa. Es un engendro de los filos y nos dedica un suave estupor al encontrarme en la carretera, en el vicio, en la incertidumbre. No hay espasmos. Hay consistencias. Se sabe cómo será la manifestación y también el cuerpo. Me deja un eco y se revuelca la sustancia en mí, en todas las personas y buscamos una quietud de gloria, un momento ante la sombra del sol, así, sencilla y ecuánime.

Reír de la muerte. Foto: Miguel Asa

Hay canciones que huelen el alivio, la pereza y la euforia. Leer la obra de Xulio es leer un acantilado lleno de espinas y de tinieblas. Desde un Gómez Farías, un municipio al sur de Jalisco, hay una pluma que nos dicta el bien y el mal. Desde ahí nació la euforia de una araña que flota en el sentimiento de varias guitarras, una melodía y un aeroplano que no sabe si va a descender. Existe en su potencia, lo repito, el filo necesario para ser conscientes de lo que una persona entrega. Se escucha un fuerte sonido desde una batería que se contiene entre la sierra y ejerce su paz como una convulsión del muerto que se ha ido por el amor que sigue a flote en el barco que no ha caído. Llega una hormiga y me lo dice todo. Llega como entrega del dolor y se vuelve infante. Se vuelve una entrega del grito que muchas personas necesitan. Un verso desquiciado diría la academia. No hay escuela que no sople su trabajo. En todos los rincones cabe. Su obra es un poema que puede dar el grito para dar un espasmo al hambre y seguir. Eso es, seguir en el desierto. Seguir en la experiencia.

Plantas de poemas. Foto: Miguel Asa

Xulio es un humano de ironías. Le encantan los efectos especiales de la poesía que viven las personas comunes y corrientes. Se vuelve un epitafio adelantado a lo que ya se percibe. No es posible saberse en el dolor, porque se es dolor y pauta de palma todo el tiempo. Su trabajo es una marcha en silencio que recurre a las hormigas y dice que el poema es una navaja, porque corta todo sentimiento, corta, corta, corta. Hiere aquello que no toma consciencia de la vida; nos hace mirar aquello para que sea un rincón en el espacio de la noche, para levitar con el fuego de las infancias. Somos pequeños, de edad, siempre, y toda la vida nos contemplamos como ausentes de nuestras travesuras. Es lo primordial que vivimos en el tapujo de todos los días. Xulio nos da las herramientas para irnos en la melodía de no saber cómo le entregamos al silencio una probada de lo que tenemos en vida. Sabemos que muchas veces el silencio se vuelve un rencor, pero hay que dar paso a las flores que se mueren a diario, para descomponer nuestro sistema humano con el que pretendemos llegar a todas partes, para decir que no vamos a morir en una reja de azúcar.

Flores candor. Foto: Miguel Asa

Tenemos una probabilidad para humillarnos en el occidente de la memoria. No somos más. No somos nada. No somos la contingencia del globo. Entonces, cómo es posible construir desde el silencio si no se permite la furia del horizonte. Sabemos que el fuego no es una canción, es un alimento que se retuerce en cada diario que emerge desde un poema sureño. No puedo describir la palabras desde un océano que abarca la memoria de una nave que se va en pique y al final somos esa misma muerte. Somos el poema que nos da un hilo para saquear lo que nos queda en vida. Y nos quedan todas las probabilidades de la música para romper el misterio de la mente. Hagamos de cuenta que persigo el augurio de una nave que no volverá, que es un hilo transparente de migajas.

 

Camino. Foto: Miguel Asa

Se trata de una experiencia que sacude el cuerpo desde las nubes que nos acompañan en la miseria de la vida. Somos un instante que se desarrolla desde la euforia con el ensayo. Xulio nos pone al límite. Nos brinda la desgracia como amuleto y nos lleva en el eco de la batería como un énfasis de lo que debemos construir como sociedad. Sus espejos no son una episteme de la vida. Nos entrega el lamento del eco y vuelve. El silencio. El silencio. El silencio de nuevo, y la sangre viene a proclamar lo que se deja de lado. El árbol. El infante, la escuela, la navaja, las tardes tristes. La música hasta el fondo, para que sirva de relleno. El escuincle aclama y otra vez lo hace. El poema nos va a cortar, te va a cortar, te va a herir y te dirá lo que no sufres, porque no abres los ojos. Te crees todo y no has leído nada.

Una sombra. Foto: Miguel Asa

Caes en la desgracia, porque te crees ciego y eres una persona pusilánime. Se entrega todo y nos miente. Nos hace conscientes hasta de nuestra ridiculez. Nos hace ver encinos cuando no destacamos los perfiles de las flores. Somos unos mentirosos. Somos culpables. Somos iconoclastas de la mierda. Así nos define. Nos lleva al rincón de la canción que crees que nos hace más confortable la vida. No hace una potencia de tus mentiras, sabe de ellas. Sabe lo minúsculo que son tus errores. Nos habla desde su esencia pueblerina y nos brinda una cátedra sincera de la ridiculez humana. Las injusticias son un vacío que los poetas pocas veces tocan. Xulio es tremendo. Se entrega para afirmar que somos una familia bastarda. Nos amarra desde que uno se encuentra con su obra. No te mientas, no me mientas. Te vas a morir en una desgracia por presumida persona. Un gemido no replantea la suavidad del enojo que tiene el alambre de púas. No se necesita ser citadino para saber del dolor de la humanidad. Las personas somos más que ridículas cuando pensamos en eso. La poesía de Xulio nos lleva a exigir, es un arma potente, diles que no nos maten, chingado. De qué te sirve un premio si tu labia no da para más. Xulio se merece eso. Saber qué es. No una mentira iracunda del soberbio sistema que nos ahonda para decir qué hacer. No todos los poetas somos cobardes. Xulio explota. Xulio dice en clase que la revolución es un poema. Xulio no teme, nos da el poema y ya. Xulio no abandona, acompaña. No da el disfraz y él va en todo el conjunto. Es el poema sobre el poema.

Recuerdo rosa. Foto: Miguel Asa

No nos intenten ofrecer una mañana delicada cuando leo a Xulio. No me intenten engañar cuando las navajas están expuestas. No nos ataquen. Xulio es una voz potente, verdadera, sincera. Se columpia. Vuelve y piensa en un lago lleno de hilos y nos amarra a todas las personas que le contemplamos. Xulio es soberbia. No más. Es una fuente llena de crisol que va a explotar cada vez que le toques. Su obra es una pendiente que te va a hacer caer. No hay que protegerse. Es necesario sentir la duermevela para saber que el sueño sólo es un espejismo de lo que vivimos a diario. Nos vamos a cortar, claro, pero nos haremos más fuertes en cada verso. La poesía sincera se entrega en una guitarra y dos acordes. Lo demás es una sustancia a olvidar. Xulio es un espíritu de rebeldía hasta los huesos, y comparte el aprendizaje. La poesía es una mentira, pero la vida nos hace creer que es una realidad. Es momento de refugiarnos de nuestro propio sueño. En nuestras personas están las navajas.

No poema. Foto: Miguel Asa

Xulio Spírittu estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Es profesor de alquimias para adolescentes. Le encanta la música y con ello ha fundado un proyecto sonoro denominado Lundra con el que experimenta la psicodelia desde una propuesta de rock mexica en el que involucra las artes escénicas y la literatura. Parte de su obra ha sido publicada en antologías poéticas en México como en La invención del presente (2023), en la revista literaria Estación Poesía (2019) de la Universidad de Sevilla en España. Fue seleccionado por Ediciones AWEN para la publicación digital de Los cuerpos del vacío (2022) en Venezuela. Es un iracundo de la soberbia y de la ironía. Le encantan las frutas y se duerme temprano. Es profesor de escuincles y procura enseñar su visión de la poesía sin remedios ni falsedades.

¿Qué es lo que contiene el color violeta en un plato?
El ojo nocturno de un chef que despierta/ mucho antes que la llamarada suceda.

¿Cómo se entrega la palabra a la cosmovisión de la catarina?
Como el iris de la mujer que tiene en sus manos a un recién nacido/ con el corazón desbordado y las plegarias contenidas/ con la fuerza de lo que es y poco a poco se nombra en cada paso/ en cada patita que recorre un árbol tan grande como la vida.

¿Cómo se aprecia la flor de la luna en los ojos del amor?
Con el pellejo más sincero/ con el rostro del pasado que extiende los brazos de la verdad/ y sin remordimientos/ señala lo que se es y lo que nos espera.

¿Por qué el barco vuela en el cuerpo de la cebra?
Porque el camino está trazado/ y si nos detenemos/ un león vendrá a saludarnos con sus garras.

¿Qué es un cardón en un plato de canciones?
Un espagueti vertical/ una estalactita que apunta a la luna/ una cuerda presionada con un slide poco delicado e impredecible.

¿Cómo se vive en el corazón de una biznaga?
Como un poseso/ como una chispa que se entrega a la hoguera del cielo/ después de consumir la humedad de su paciencia.

¿Toalla, viento o lámpara?
Lámpara a media luz/ con la oscuridad a un ladito de la cama/ y una sonrisa en el corazón.

¿Qué es una campana en un ala de volcán?
La palpitación de una Tierra que no vemos/ pero que imaginamos aún más verde/ más interior/ más nuestra.

¿Para qué tejer esmeriles en las costillas del dolor?
Para reventar el porvenir/ y que el ritual vikingo nos eleve/ nos reúna con los astros/ donde siempre/ ni más ni menos/ somos nosotros mismos.

¿Cómo canta a la baraja rosa sobre el nopal?
Como Chavela Vargas desde el más allá/ toda frágil/ delicada y/ al mismo tiempo/ rasposa e imponente/ colorida hasta médula del no ser que permanece.

Una mexicana muere
en medio las circunstancias más inoportunas 
tres colombianas se miran
se llaman en silencio
se hincan en la arena
como esperando impacientes su destino
con la boquilla del arma en la cabeza
y la memoria clavada hasta el suelo
cuatro gringas debaten a nivel nacional
y hasta discuten
para asegurar algún tipo de futuro
el menos peor o el más terrible
cinco venezolanas apagan la tele
seis chilenas corren a la montaña
con sed y miedo 
aturdidas corren
al lado de unas centroamericanas
que ya ni sudor tienen
ni saliva
ni voz
ni hambre tienen
tampoco esperan
a la mujer que está tendida en la madruga
a la mujer
que no llegó a los Estados Unidos
para trabajar por la inmensa Patria
que es igual a tres hijas
dos perros
un marido
y la cajita en el ropero con fotografías
la cajita donde su abuela la persigue
en un corral con patos que rodean los rosales
y vuelan presurosos
al estanque de la infancia

Los cuerpos del vacío (Editorial AWEN, 2022)

U;[x];U

aguaceros de julio y agosto vienen a limpiar la ciudad   a limpiar los cuerpos aún tirados en la acera    frente al espectacular que ve cómo se encharca la calle   los rostros   mientras se inundan los pechos más sinceros   por ese [poema] que está en el piso con sus ilusiones derramadas   con sus versos no dichos   crecerá un día   crecerá por esta agua que inunda los noticieros nocturnos   que moja las botas del uniformado   que se esconde en su silencio   en su delgada indiferencia   como quien ve llover aferrado a su arma   como niño que abraza a su madre   a su miedo   a su temor de no regresar al cuartel o a su hogar en la montaña   que el año pasado se deslavó y enterró a sus hermanos e hizo lodo su memoria mientras llovía   ese [poema] ¿crecerá?   ¿crecerá en el latido más hondo del uniformado?   ¿en los ojos de los paramédicos que se lo llevan?   ¿crecerá ese [poema] como crecen los verdes más sinceros de la tierra?

El club de la perrera (en edición 2024)

Volver
Volver
           al lugar donde nunca
                         dejamos de existir
volver
          sin preguntar    
          sin revolver los signos
que son insuficientes
volver
         sin plumas
         sin alas
         sin la ventisca los ecos
de un pasado promisorio
volver y cosechar
          algunas almas
que olvidaron sonreír
volver y dejar
que el día la noche
hagan lo suyo: que
         se toleren                                    
         se acaricien                                                        
         se perviertan                                                                               volver y volar
         sobre las aguas
         sobre lagos y puertos
volver y sentir
         el aire                           
                  como un roble
                            un pino                           
                            un cedro

Antología Auditiva LAVA (2015)         

Espejo

Vivo
        en la inmensa calma de una anciana risueña
una anciana que toma el té
cuando la neblina oculta
                                  las siluetas de su melancolía
vivo
        para estar entre sus cabellos de serpiente
                entre sus recuerdos que engañan
y alegran las horas con su clarividencia
soy el niño que juega a cabalgar
sobre un cosmos por demás reconocible
ella es la anciana y yo lo que en ella palpita
soy la criatura del color de su vientre milenario
el beligerante trueno que nace de la serenidad
                            y come de sus ojos las sombras
ella es la anciana y yo el instante
                         que se pronuncia incomprensible
ella es la anciana y yo el retrato vivo
                                        que arde en su memoria

Inédito

U[x]U

qué mezquinos   envían a sus niños a pedir limosna   se beben el alcohol de las tiendas en oferta y no pueden guardar unos pesos para que los chicos regresen al pueblo   a la tierra que es como el vientre de su madre   apuestan a que la calle los haga hombres   [porque a golpes uno se debe ganar la vida]   qué mezquinos   viajan a Milán   a Kioto   a Inglaterra y dejan que la Sra. Lupita les recoja la ropa de la alfombra   los tenis de la piscina   los sueños de la cama   dejan que les lave las tanguitas manchadas con el semen del relámpago   porque el olvido también es un arma   una detonación en los cielos de la infancia [Lupita hizo frijoles puercos para vomitar en la comida]   qué mezquinos   la vida se acaba y publicamos eventos bajo demanda   levantamos muros para resguardar los vicios más innecesarios   somos la especie que olvidó borrar sus huellas   la especie que descarga Apps que contiene todos los secretos de la vida   somos los que cobramos la entrada al cementerio   donde 20 mil jóvenes se orinan dentro de sus tumbas  

El club de la perrera (en edición 2024)

Frida Tejeda: la felicidad de la furia

Frida Tejeda. Foto: Miguel Asa
Frida Tejeda: la felicidad de la furia
Escribir como reflexión de los dinosaurios ante el sol

pero no dejaré que nadie se acerque a ese producto
de la carne de mi sangre
            desperdicio
como será
lo devoraré enseguida
Abril Medina

Hay una extraña ola de viento cuando configuras el armazón de un poema debajo de una parota. Hay una alquimia en particular cuando la mariposa nace después de ser larva. Hay dudas, siempre, indeterminadamente, y existimos, como la obra de Frida Tejeda, poeta que emerge de la explosión y de la pasividad de los cielos. Hay en sus letras una furia de los recovecos que conmocionan a la unidad de los conejos, cuando los despabila, los enmudece, los desarticula y ahí los deja. Se encuentra en sus detalles una posibilidad de mirar el movimiento de una hoja, la arrogancia de la dulzura, el anfiteatro de lo radical, y una leve, casi mínima, cobertura de chocolate con notitas de color. Hoy el juego es oportuno. Los dados brincan revolucionarios, y entonces, bajamos en el estallido hacia todas partes. Aquí nos toma y nos convierte en un sistema que lentamente muere entre punto y punto. Hay que resguardarse de la letra y sabotear a los círculos para modelar las figuras que nuestra autora comparte.

Roja estela. Foto: Miguel Asa

Nacida en Guadalajara, Jalisco, tiene la fortuna de escribir y de contener una de las voces actuales de la poesía en la ciudad. Dentro de sus letras encontramos un espejo repleto de coordenadas geográficas que nos sitúan como personajes inhóspitos y atrevidos de la palabra. Su poesía comienza después de una tarde, en la sensación del abismo, como la de averiguar debajo del tapete o la de apreciar la luna que estremece a las raíces. Es posible subir a una tabla para darme tiempo y perseguir notas de abeja, dulces y ensordecedoras, para seguir la línea de Frida.

Mirada poética. Foto: Miguel Asa

Quisiera una ráfaga de viento para deletrear sus poemas y una canción de lo que significa desprendimiento, rodeado de gomitas y un aeroplano de color para encontrar cada una de las piezas de sus piezas. Hoy llega un momento en que las raíces hablan con los conejos y se viven entre unos y otros, con la seguridad de que mañana volverá a visitarnos el sol. Nos abrazamos a la cintura de la parota, y mencionamos al amor que la libera.

Paso. Foto: Miguel Asa

Las piezas de Frida incorporan una preocupación social y da respuesta a sus propias individualidades, trabaja y sugiere, poco a poco construye, se mueve. Ha notado una presencia, pues su versificación está en constante movimiento. Desde la inocencia de una planta hasta la introspección de una hormiga, la palabra de Frida alcanza y goza. Es un ritmo peculiar que desmorona a las piedras, deja una marca en el camino y lentamente nos desintegra. Las letras salen a jugar por las mañanas, recortan el jardín y entusiastas se liberan al medio día. Se configura una rueda, bailan y celebran. Hay, en la obra de Frida, diversas catarsis que asimilan la calma del estanque, un delirio por apreciar el ecosistema de forma lenta, precisa y voraz: pero debajo del agua está el cocodrilo.

Espasmos. Foto: Miguel Asa

Frida emerge desde un telar particular al oriente de esta localidad y se busca como una ternura enardecida de realidad. Hoy el juego es oportuno. Los dados brincan revolucionarios, y entonces bajamos en el estallido hacia todas partes. Frida Tejeda sucede y presenta. Aquí nos toma y nos convierte en un sistema que lentamente muere entre punto y punto. No se debe señalar una pretensión absoluta. Es necesario imaginar en una ola por completo, dar pie al juego de la lotería, para caer lentamente en el sitio que la escritora nos permite. Tenemos que saquear el atrevimiento de los versos de nuestra comunidad, ser latentes, saturarlos y manifestar que hay un encuentro para seguir. Es necesario hablar por el ánimo de encontrar todos los colores que la luz del sol nos deja contemplar.

Perspectivas. Foto: Miguel Asa

Existe en la poesía de Frida, una sensación de abismo, ya lo dije, que se prolonga y arde de manera menguante, de sutil giro y estrepitosos impulsos que generan una determinación lógica. Frida es ella, en sus propios encierros y con su pureza nativa del oriente. Frida emerge desde un telar particular al oriente de esta localidad y se busca como una ternura enardecida de realidad. Así Frida, flecha, azúcar y destreza, fórmula de velocidad y precisión, brinca en un módulo de ecuaciones efímeras que no requiere mecánica. Que las hojas sean una línea curva de encuentro, porque mañana hay que volar.

Recuerdo rosa. Foto: Miguel Asa

Dentro de esta situación, Frida Tejeda marca un vaivén que se posiciona sin origen y sin contrato. Hay en el esfuerzo de su pluma una constelación que se resguarda en la fragancia del veneno. Sutil, he dicho y también incesante. Necesita un té verde, un bisquet con mermelada y una flecha empuñada para mencionar que el parque se ha convertido en una bodega de poemas. Hay una larva que se manifiesta en una rueda que circula en el sueño de los columpios y se comparte hacia un sin fin de coordenadas: le han llamado extravagancia y botella a la vez. Frida hace de su poema una evidencia de su hipersensibilidad y preocupación humana. Construye una asimilación de su contexto, lo vive, lo sufre, lo cuestiona y lo manifiesta. Exige un poema por cada instante de vida. Frida es una resonancia de menta en el vaso con agua mineral.

Voluntad. Foto: Miguel Asa

Frida Tejeda estudió letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Ha obtenido algunos reconocimientos literarios por su trabajo en la poesía. Ha publicado cuento bajo la obra El Hueco, como seleccionada de la segunda emisión de La Maleta de Hemingway, proyecto editorial de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Ha publicado poesía con Próxima estación, dentro del compendio de mujeres poetas Surtido Rico (Editorial Tulipes, 2023). Es responsable del taller literario “El poema y la herida”. Es deportista por convicción. Le gusta escribir sobre su día a día.

¿Cómo es la forma del agua que te invita a bailar?
Ondulante y rítmica. Llena de ecos ingobernables que fluyen y empapan mi cuerpo de movimiento.

¿De qué manera se comparan las verduras con un huracán?
De la misma manera en la que se compara un cuervo y un escritorio.

¿Cómo es el destello del trote bajo una lluvia en verano?
Cálido, como los cuerpos sudorosos al bailar. Como la juventud misma, fugaz y abrasadora.

 ¿Qué encierra la poesía cuando contemplas el mar?
Encierra los momentos más dichosos, pero también los más salados. Encierra risas y heridas llenas de espuma. La poesía contiene al mar completo conmigo dentro de él.

 ¿Para qué sumerges a los dragones dentro de un líquido rosa?
Para mostrarles que solo el rosa puede hacer que las escamas luzcan como guirnaldas, y que sólo pintados de rosa se vuelven parte del carrusel de mi infancia. 

¿En qué momento se conmueve un dinosaurio?
Cuando se da cuenta de que después de su muerte será exhibido cual tesoro en los museos más famosos. Es ahí cuando sabe que al fin su vida tuvo un sentido más allá de sobrevivir o no. Un sentido que no entiende, pero sin duda lo conmueve.

 ¿Cuántas lágrimas se necesitan para encontrar un verso de mercurio?
Una tras de otra, hasta dejar caer las 23 sobre la página en blanco.

¿En qué luna recorres las letras del amor?
En la luna más brillante y solitaria, esa que reposa en su redondez colgada en el cielo como si nadie la viera. Es ella la única que me acompaña cuando silenciosa, me dispongo a navegar entre las letras amorosas que son gloria para los que del amor gozan o suplicio para aquellos que anhelan ser amados.

¿Por qué debemos escuchar una guitarra mientras se cocina el espagueti?
Porque de no hacerlo, el espagueti queda inerte, ya que solo los acordes de la guitarra logran que se cocine a la perfección. Sin la música de fondo la pasta no se cuece, no danza en el agua como debería de hacerlo cuando finaliza la canción. Si insistes en cocinar espagueti sin la guitarra de fondo, comerás las insípidas y crujientes varitas carentes de magia.

¿Cuál es la batalla más grande a la que te han invitado los delfines?
A la batalla contra la incesante noción de la consciencia.

Metamorfosis
Ahora que mi sangre
se ha hecho la tuya,
basta besar las cenizas
y quebrantar los huesos.

Heme aquí rendida,
ante el hervor nuevo,
como espuma dispersa,
ante el calor del fuego.

Desnuda,
resuelta a partir,
me dejo.

A mí misma.
Al bello siniestro.

Creadores literarios FIL joven (Editorial UDG, 2017)

Quizá
nada más se trate
de mirarnos hasta que
cada pregunta se evapore.
Y así, salvarnos juntos.
Palpitantes, verdaderos.

Inédito

Ígnea
Mujer multiforme
eres la naturaleza elevada,
sublimación del espíritu.
Criatura estoica,
imprudente,
testaruda.

En tu lengua siempre baila
una oposición.
Tu esencia,
la flama viva de antaño.

Arcaicos poderes
habitan en tus deseos.
Te dilatas con el tiempo,
como quien crea la eternidad.

Te impones,
transfiguras la existencia
con gracia, con violencia
y renaces en la infinidad.

Mujer sin dicotomías,
trasciendes a estos versos,
tu esencia es incendiaria.

Has quemado ya el papel que te dio vida
y navegas hecha cenizas la ciudad.

Inédito

Próxima estación
El silbido al final del túnel,
es la noción del futuro.
La certeza de movimiento,
los minutos que se aproximan sin detenerse.

Aquí debajo es toda una ilusión,
un ensayo sin sentido
en el que Dios es libre
y nosotros creemos serlo.

Vamos todos a un vórtice sin piedad,
nos arrastramos en el concreto,
mientras desde la cima
nos observan con desinterés.

¿En donde reside la importancia de nuestras voces?
Si apenas somos polvo,
una luz astillada en la nada,
una mota que flota ligera en la inmensidad,
un murmullo malintencionado.

Inédito

Libertad en construcción
Dueña soy de mis pasos de agua,
que se estrellan en la acera
como gotas de lluvia.

Y aunque la noche no me pertenece,
pronto será mía.
Nuestra.

La calle se doblega,
se rinde
y cede ante la palabra.

No hay jaula que nos contenga.

Inédito

Aurora González: hay que bailar en el golf

Aurora González de Mendoza. Foto: Miguel Asa
Aurora González: hay que bailar en el golf
Letras de una aventura de césped y flores

Dale a su dolor la permanencia
de tus definiciones
los aceites curativos de tus ríos.
Carmen Villoro

Una mañana el perfume toma color de tornado. Los ojos permanecen cerrados y la locura del flamenco surge de manera ambiciosa, como si fuera un ramo de tulipanes en función de un satélite. Quisiera acordarme de todo lo que ha sido la explosión de las flores para verificar cada uno de los pétalos que sobrevuelan el mar. Así entablo diálogo con Aurora González de Mendoza por las tardes de viernes y su poesía. Con sangre de todos lados y un corazón tapatío, Aurora pretende arrancar en sus versos la desolación del color amarillo y trabaja como el polen, de una a otra perspectiva. Hay luces que emiten un sonido y una tremenda cortesía para inundar los detalles de las raíces. Es una configuración un tanto polémica y estruendosa que sus letras provocan a cada paso. Es un universo de moldes y figuras que se muestran como una resistencia a la distancia y a la plenitud individual.

Reflejo de flores. Foto: Miguel Asa

En la poesía de Aurora existe una duermevela que descansa en el rincón de la huella y sigue y es huella y sigue y es huella y sigue y es evolución, un nido, una rama, la luna, el tiempo de cosecha y el fruto a la vez. La soledad se puede encontrar en el desasosiego de sus contextos, un proceso individual con euforia y entretenimiento. Aurora nos invita a pasar descalzos mientras el viaje sucede, así sin ninguna probabilidad de ser. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Una copa de poesía. Foto: Miguel Asa

En la poesía de Aurora existe una duermevela que descansa en el rincón de la huella y sigue y es huella y sigue y es huella y sigue y es evolución, un nido, una rama, la luna, el tiempo de cosecha y el fruto a la vez. La soledad se puede encontrar en el desasosiego de sus contextos, un proceso individual con euforia y entretenimiento. Aurora nos invita a pasar descalzos mientras el viaje sucede, así sin ninguna probabilidad de ser. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Viajera del amor. Foto: Miguel Asa

Es posible encontrar un espacio de sabor y suavidad, una manera única de proclamar las maravillas que contienen las estrellas. Se tratan de palabras que son fondo y estela, una gloria pequeña de un tramado augurio. Podría aniquilar 128 bytes en una sola toma y me electrocutaría despacito cada uno de sus versos. Aurora teje y convierte un reflejo en la sensación del blanco y negro, se vuelve extraña, una tesitura de alto contraste y llega. Su trabajo es una caricia a la soberbia y al encuentro personal de una libélula. Tiene esa naturaleza de la pitaya, una dulzura fina y delineada, en comparación con las espinas orbitales que le entregan la sed. Hay un paso en ese campo de la melancolía en el que Aurora desfila irreverente en sus pasos, se define y se encuentra, se persigue, se sitúa y genera vínculo.

Somos el aroma. Foto: Miguel Asa

Hay que permanecer un día cálidos bajo las nubes, sin mentirnos, para valorar que cada uno de nuestros momentos, es la entrada de una esperanza, la posibilidad de amar bajo la sombra de una carita y tocar con las espinas cada una de sus vertientes. Un beso, una glorieta, y toda la lluvia son un ejemplo de raíces, parte del estipulado que nuestra poeta nos entrega en el día a día. Es preciso disfrutar del giro que tiene cada una de sus líneas para saber. Con poca extrañeza, que debemos caer, caer profundamente, considerarnos un peso explosivo determinante y libre para sugerir suficientemente los cuerpos a través de cada letra. Leer a Aurora es una empatía con el movimiento, una gozadera de la vida, una base de ladrillos y detalles en sólido concreto, es pues una inserción de una sangre que conspira, que perturba, que hiere y a la vez, resuelve.

Libertad poética. Foto: Miguel Asa

Preciso, es analizar cada uno de sus espacios grotescos, una vez inerte, es posible lograr más de un espasmo, un gemido, cerrar el diafragma y escapar en directo para tener un internegativo de ello. Aurora nos habla sinceramente sobre cómo florecer de una vez por todas, desde la orilla del mar hasta el inicio de nuestra incertidumbre. Uno se nubla y puede quedar seco. Es preciso contener una especie de lazo con el fin de escapar un poco de la tristeza y tocarla, enamorarla, sentirla, todo para volver a sacudir el universo que portamos.

Un piano me es verso. Foto: Miguel Asa

Hoy es cuando, en estos tiempos, debemos de anclar nuestra pesadez en lo que no somos, el goce de la locura queda entre la muerte y el nacimiento de las flores. Aurora nos marca ciclos y ahí desfila desde su mirada. Entrega un encanto y desaparece. En cada ciclo, hay, la disposición para emigrar, regresar y vivir diferente. Ninguna lectura será similar, pero en cada poema hay una naturaleza potente que menciona que un piano será la transformación de nuestra percepción. Es instante de componer melodías sin temor, para refugiar a cada verso que escapa de nuestra creatividad. El juego tiene pelotas y nosotros somos el lienzo corta-navajas.

Mirada horizonte. Foto: Miguel Asa

Aurora González de Mendoza estudió la licenciatura en Didáctica del francés como lengua extranjera en la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en diversas agencias de publicidad como creadora de contenido. Fue becaria del PECDA Jalisco en su edición 2021-2022. Participó en el Festival de poesía Edita, en Bilbao, España. Participó en Poesía al paso, iniciativa cultural del Gobierno de Tlajomulco. Le gusta bailar flamenco y disfruta de su piano como una voz extra de su pensamiento. Le gusta comer con jazz de fondo. Las charlas las disfruta con un café y escribe sin un precepto común. Disfruta de los viajes y ama con desdén los aromas de las librerías.

¿Cómo es el encuentro de los planetas entre el pistilo?
El pistilo nos muestra en su centro una maqueta chiquita sobre lo que es la vía láctea.

¿A qué sabe el flamenco cuando se sueña?
Difícil es decir que el flamenco se sueña, porque el flamenco ya nos soñó a todos entre estados de consciencia e inconsciencia, entre felicidad y dolor. El flamenco es un canto que muestra dentro de la historia la luz que causa el rechazo. Pero, como sabor podría decir que sabe a los antojos que tendría un oído en estado de gestación.

¿Por qué descubrir la poesía en el barco de papel?
Porque al momento de meterla en el agua se desintegra uniéndose con los elementos sobre los que no tenemos control. Ahora, si queremos también podemos dejar el origami por largos periodos sobre el escritorio y dedicarnos a contemplarlo. Usar, tal vez, sus guías como trazo para esperar el impulso que nos haga desdoblarlo y encontrarnos con otra figura.

¿De qué manera se configura un giro?
La maestra de danza te podría dar una serie de pasos, entre ellos aprender a colocar el cuerpo; meter el abdomen, contraer la pelvis, poner el peso en las puntas de los pies, escoger un punto como guía para la cabeza y lo demás que quede un poco flojo. También se puede girar por instinto, sin conocimientos técnicos. Lo importante del giro es la respiración que se realiza dentro de él.

¿En qué momento la flecha se es nube?
En el momento en el que abstraes la figura de la forma, pero desaparece antes de que te des cuenta.

¿Qué se celebra entre la palabra y una larga caminata?
Caminar es una fiesta para los ojos activos que se reencuentran con el rasgo primitivo de la supervivencia. Uno camina a veces con rumbo, a veces con música, pero lo hace con la finalidad de permitir que el silencio se rompa con la respiración interpretando lo salvaje.

¿Hasta qué punto se determina el riesgo?
El riesgo es la hoja de reciclado que se impone delante de ti en la desesperación de anotar algo, pero con poco espacio libre. El punto del riesgo es nacer y todo lo que se recolecta dentro de él. Una telaraña que se cierra hasta que vuelves al centro del pistilo.

¿Cómo se concibe una araña en líneas de colores?
Las arañas son las maestras de los mándalas. Me gustan porque son compartidas. Nos dejan a nosotros líneas finas donde los reflejos ponen sus colores. Incluso la luz se siente libre para jugar y mostrarnos el tornasol. Una araña es la prueba de cómo la libertad sigue trazos, estructuras.

¿Qué se hace con los suspiros de las hojas?
Vivir las estaciones y bailar. Ver una hoja caer es cortar el tiempo, pasearse en él. Un placer que algún genio aprovechó para tomar la iniciativa de crear una versión infantil ¿A poco no te acuerdas de los columpios en el parque?

¿Cómo se juega a perderse en la hoja en blanco?
La hoja en blanco es una vida. No se juega, uno sólo se echa y ya. Nunca sabes qué te va a salir o cómo se va a llenar. Pueden ser dibujos, palabras, poemas, frases o simplemente algo que te llamó y vale la pena transcribir. Tú no te pierdes en ella, ella se pierde en ti. Se integra hasta el punto fino donde se extraña el espacio en blanco. Entonces, uno le da la vuelta e intenta hacerlo de nuevo, sin garantía de que salga algo que mejoré lo que quedó en el reverso.

Ficciones
La realidad es una ciudad lejana
donde no se puede tallar la memoria
para dar relieve a las entrañas

Una sala de cine,
nos dibuja figuras en rojo y azul
se nos escapan, a pesar de que sean nuestras.
La burbuja flota dos horas,
un volado a la suerte del aburrimiento
la ansiedad cava en el bote de palomitas
encuentra una lluvia que ya pasó

Inédito

Principio:
Una los puntos en orden para descubrir la figura.
un pato, una flor; es sorpresa.
Tal vez usted encuentre el mecanismo donde se engrana el mar
que viene, empuja hacia adentro y después escupe la muerte
Tal vez encuentre un tesoro en la basura viajera
como el cielo apagado que vive en la cabeza del cerillo
Tal vez en los puntos encuentre un tendedero
arrastrado por el aire: esparce aroma a ropa limpia
se convertirá en trapo,
para prender el fuego
crear
el que estuvo una vez en el cerillo
recrear
el cielo apagado que se prende con el mar

Inédito

Hay sabores que sólo tiene mi madre
su vientre es una receta
condimentada con el dolor de parto.

¿Sabes a qué sabe tu madre?
La mía sabe a mar
llora cuando cocina,
sus manos, el horno
desprenden el olor a canela
que esparce la aurora.

Mi madre sabe amargo
sobras de mi padre en el frutero de juventud.

Inédito

No hay aviso
El equilibrio es la cuerda floja
que nos habita en el presente
de los presentes, del yo.

Separados por algo tan delgado
fácil de terminar con una pisada.
En una línea nacen la felicidad y la preocupación.
Vivimos en el borde,
las fronteras importantes no tienen letreros de bienvenida.

Inédito

Mancha urbana
​Dentro del túnel está el calor de la sangre
recuerdos se nombran como estaciones.
Un destino para cada pasajero,
      despedidas sin saludos
oscuridad interrumpida por un vagón de nervios,
piernas ansiosas, saben lo que pesa un día.

La rutina viaja colgada a la espalda.
Se silencia el ruido de la noche ficticia.

Afuera hay sol, ningún aroma es claro.
Viajar en metro es meterse a la cicatriz.

Inédito

Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía

Juan Azuara. Foto: Miguel Asa
Juan Azuara: el niño amarillo de la poesía
Un regiomontano en las costas jaliscienses

Con el sol de la tarde
veníamos los cuatro pensamientos
aislados
Leticia Villagarcía

Pensamos en sonido. La memoria. Un pasito. Es necesario un atuendo estruendoso para marcar la diferencia. Es preciso un modesto sonido de alcoba y un poco de jazz. Es necesario una panga y un sonido de equipo. Es muy necesario saber correr hacia el destino. Partir el pastel, tomar las llaves, andar a la puerta y esperar para volar entre los papalotes. Desde ahí se vuelca la obra de Juan Azuara. Escribir un poema es jugar futbolito sin usar giros. Es saber dirigir la alineación: el partido ronda en muchas vertientes. La naturaleza, el cosmos, las nubes, las soledades y los iracundos, son sólo una parte de la muestra. Cada quien define sus propios caminos, sus lecturas, sus días.

Barca de sonido. Foto: Miguel Asa

Nacido en tierras regias, de Monterrey, Nuevo León, convirtió a Puerto Vallarta en su nueva casa. En Juan Azuara hay un encuentro de historias que se pueden desdoblar con una tarde por la playa. Entre el ocaso de olas de fuego, reflejos lejanos y luces de historias ajenas, Juan escribe como un pendular momento del día. Aquí o allá. El camino es una historia, el agua es otra, el viento otras, y el cuerpo se distingue entre una bomba de luciérnagas. Así es el tiempo y la simpatía de la vida. La sincronía del corazón está sujeta a los abismos que uno descubre en cada paleta de fresa que se conmueve ante su fuga de la vida. El balón como el verso, giran, los mueven, sacuden, estallan, efectos físicos, el disparo y el gol.

Tiempo de poesía. Foto: Miguel Asa

Con Juan uno se desliza entre las frecuencias del tiro de esquina y de la fragancia de las flores. Existe una jugada que pocos conocen en el verso. La voz es el movimiento. El poema se construye entre tiempos y está el tiro a gol. Se perpetúa en el público. Se anda el lago en silencio y ocurre lo contrario con el mar. Se posibilita la unidad de refugio y de estigma. El fuego se encuentra en equilibrio. En la sensación de un momento, la poesía estalla y se detiene, y vuelve al sitio y surge el giro. Se va por la banda derecha y pega al centro. El arco es una reunión del iris que se mitiga con delicadeza entre cada efusión verbal. El poema va en el aire. Surge Juan y escribe, desde su cabeza o su pie, la trayectoria de las letras.

Árbol-es. Foto: Miguel Asa

Entre las líneas de Juan existe una melancolía que nos recuerda que el tiempo se va, es un gusano en la centella. Así nos amordaza desde el juego y desde la simpleza del acto. Así, con una voracidad mínima para degustar el sinónimo del sueño, de espacio y de contemplación. Se sumerge el síntoma de la emancipación de los horizontes. Podría ser el capitán de una secuela. También se desata por la banda izquierda. Maneja el centro. Baja y sube. Defensa. La portería está como el objetivo de resguardo. La salvación del tiro libre y el majestuoso volumen de los sonidos naturales del día. Un espasmo entre el público. La lotería desde las gradas. El espectáculo es un testimonio de tiempo. Es simbiosis de compañía, empatía y hay un segundo de nostalgia. Juan nos aproxima a una infancia en color amarillo. Se mueve, entre el jazz y el verso, la palabra y el volumen, el eco. Se mueve entre las notas y en el jam está la jugada.

Un niño amarillo y el poeta. Foto: Miguel Asa

No hay árbitro que intervenga en el poema. Aquí se viste uno de azul, amarillo, verde ocaso, escarlata, galaxia, mango, plátano, cielo, sueño, pero se viste. El juego tiene una duración de alegría y de concepción. Se trata de una apuesta de sincronía y amor. Se viste la posibilidad de estar frente a muchas cosas más. Se propone un paso enorme. Se vincula, contagia, mueve, se es un giro tras otro y se mueve de nueva cuenta. Se va por ahí, se arrincona, surge de la esquina, regresa: el juego viene al frente. Contrarremate. Se abalanza. Juan vuela. Se es la inquietud y el ingenio. La diversión, el pasito adelante. El que juega como el poeta medio campista. Desde ahí la sorpresa de estar. Se mueve el rincón de las superficies. Vamos a establecer el paradigma del giro del balón. Ha sido gol una y otra vez.

Direcciones. Foto: Miguel Asa

El futbolista que se dejó llevar por la poesía tiene jugadas innovadoras y traslucen el firmamento del mar. En la playa, en la estepa, hay que jugar como podamos. La infancia no es determinada por la edad: se vive y disfruta cada rato, como una sensación afable de las relaciones intergalácticas que tiene la naturaleza. Nos convertimos en una linterna con la que se perciben los silencios, las flautas y la empatía. Es tiempo de dar cuenta sobre el término de la música, en conjunción con el movimiento del balón. De tal manera se traduce una danza como la pluma en la hoja en blanco. La traslación y la rotación se convierten en anclajes del universo cada que se sitúa el poema dentro de la portería. Juan nos hace vibrar desde las incertidumbres, cotidianidades, juegos y un divertimento como el de vestir a la poesía de lucecitas de colores neón. Hay disfraces para toda lectura y mucho movimiento en la ejecución, las palomitas, la sonrisa y el remate.

Escuchar el verso. Foto: Miguel Asa

Juan Azuara estudió derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene en su haber Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020). Ha publicado en diversas revistas literarias. Ama al futbol como una estrategia poética de muchas direcciones. Se abalanza en la experimentación y busca permanentemente generar su estilo, poesía en voz alta con directrices de varios aromas sonoros, visuales y corporales. Incluye una sonrisa y una buena charla. Ha participado en varios encuentros, foros y tertulias. Dedica algo de su tiempo en emprender talleres de poesía para niños. Le gusta hablar de música y percibir el comentario como aprendizaje.

¿Por qué un borrador se convierte en un tiburón púrpura?
Nada se convierte en nada. Todo es al mismo tiempo un borrador y un tiburón púrpura. Quien diga lo contrario está en lo cierto.

¿En qué parte de la ecuación se encuentra una metáfora del cielo?
La única parte de la ecuación en que no habita una metáfora del cielo es su respuesta.

¿Cómo se pinta una jirafa con versos fosforescentes?
Se empieza por las semillas de los árboles con los que se alimenta. El hambre seguirá allí cuando broten las flores. Al masticarlas bajarán por su cuello, dejando una estela brillante que germina en el estómago. El resto es cuestión de tiempo.

¿La música disco sirve para conmover a los árboles?
Contrario a lo que muchos científicos afirman tras años de experimentos en la pista de baile, la música disco no sirve para nada. Por otro lado, no es ningún secreto que las hojas de algunos árboles tienen la capacidad de estallar la fiebre cualquier sábado por la noche.

¿Cuál es la diferencia entre un sombrero de bombones y una sábana de anís?
Lo primero que salta a la vista es el olor. Mientras la sábana de anís tiene una fragancia que nos tumba sin soñar, el sombrero de bombones posee un aroma que en la cabeza de un mago podría convertirse en merengue, antorcha, serrucho o una infinita estola de dudas partidas por la mitad.

¿Cómo se retrata la esencia de un perfume?
Lo más importante es amordazar el sentido del olfato. De no hacerlo, el perfume velará cualquier esencia.

¿En dónde queda la humanidad cuando llueven palabras?
En la mayoría de los casos, bajo un impermeable. Aunque hay quienes, víctimas de la sed, le sacan la lengua al diluvio hasta morir ahogados.

¿Cómo se vacía la raíz de los satélites?
La raíz gravita inasible por el universo. Se dice que hace miles de años alguien logró sostenerla entre sus manos, pero al encontrarla inútil la mandó a volar. Desde entonces es común confundirla con satélites.

¿En qué hora del día se es sombra amarilla?
Cuando el último atardecer nos deje ciegos, seremos los colores en lo más profundo del sol. Nuestro cuerpo no ofrecerá ninguna resistencia ante esa añeja luz que nos convierte en vitral. No hay otra hora.

¿Cómo bailan el mar y la lágrima bajo una bicicleta?
El baile, el llanto y el océano comparten la misma forma: una gota a la vez. También andar en bicicleta. Cualquier cosa escurre en balde si se busca una manera distinta.

lo que ven estos ojos
qué es lo que veo en el reflejo sino manchas de agua seca
y jabón que opaca los cristales

en lo negro de mis pupilas no habita la profundidad del ser
acaso lágrimas que brotan al mirarme con fiereza

qué hay en el interior de esas córneas que cuanto más contemplo
más enchuecan las puertas del alma
que hace tiempo traigo perdida

tras los vidrios está todo hecho pedacitos:
punzadas que activan el llanto manantial
de la primera persona del singular
y del plural a veces

pero ¿cuál plural?
el desierto entre mis párpados
arena cegadora de estos ojos
que solo observan hacia dentro
qué esconden mis pestañas cuando se besan
en la oscuridad del rincón en la madriguera
del conejo que olfatea sus bigotes después del coito:
como si el aroma pudiera conservar el aliento
de aquel gemido de otras noches
                                        que también fui

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

la nada

nada depende de nosotros
ni la tormenta ni la serenidad de la marea

nada nos distingue de los demás
compartimos un buque a punto de hundirse
ante el mismo tsunami

nada nos puede salvar
habitamos este mar en extinción
donde incluso quien tiene alas
se viste de petróleo

Con la urgencia que la oscuridad precisa (Mano Santa Editores, 2020)

manéjese con precaución

La poesía, para que sea, debe romper algo. Por eso los contrastes le vienen tan bien, como un chorro de agua sobre cristal. Sus versos son martillazos precisos o semilla fecundada en el vacío. Puede hallarse en la advertencia de peligro en los fuegos artificiales, en sus luces de colores, en sus cenizas. Es el tic tac de una bomba que se ha quedado muda por un segundo, y en el siguiente explota.

Inédito

supongo que es cosa de la rutina

si un día me levanto
y robo una paleta del quiosco
no me convierto en bandido

aunque si todos los días me levanto
a robar una paleta del quiosco
podría convertirme en bandido

y si ya soy un bandido
no voy a conformarme con robar paletas:
voy a intentar robar un banco

y para robar un banco
hace falta mucho trabajo

hace falta servirme una taza de café
y pensar profundamente
en cómo robar un banco

desde la entrada hasta el escape
ver los planos con ojos de fracaso
de cadena perpetua
y sin matar a nadie

lo mismo con los poemas:
escribir uno no me hace poeta

pero si diario despierto con esa intención
y me sirvo un café
y veo los planos con ojos de fracaso
para dar el golpe preciso       entonces sí
tal vez así me              convierta en poeta

Inédito

construya al hombre que aprecia la realidad con nitidez 

haga un par de ojos bien abiertos
y dos orejas

póngale unas gafas
que corrijan su miopía
y astigmatismo

¿se caen          verdad?
le hace falta una nariz

moldéela y colóquela
en su sitio

todo está listo:
ahora pregúntele
a qué huele el mundo

Inédito

ante la destrucción de los reinos

parece buen síntoma que la plaza
esté repleta de tiranos
y pancartas contra la libertad
de sus esclavos y choferes

que a unas cuadras esperan en el auto
con el aire en dieciocho
y la radio encendida
mientras sus amos aúllan con los sobacos
bajo el sol del mediodía
de un domingo cualquiera

en sus casas las albercas lucen solas
y en el living las mascotas
persiguen una pelota inmóvil
sus hijos tras pantallas
sin alguien a quien culpar
de esa estéril vida
colmada de soluciones

la justicia nunca llega para nadie
pero cómo nos hace reír
cuando la vemos
de lejos

Inédito

Alejandro Piña: el destierro de la palabra

Alejandro Piña. Foto: Miguel Asa
Alejandro Piña: el destierro de la palabra
Cuando el poema llega desde un humo nocturno

Ruido suave, donde habita la savia cristalina.
Casas de corteza de árbol, zapatos de corteza de árbol.
Largos viajes verdes, hacia sonidos de muerte.
Bob Kaufman

Vamos a hacer revolución mientras el sol nos permita contemplar los colores. Así persigo a la poesía. Es que, en cada momento de la vida, uno hace actos poéticos y trascendentes con los que diario debemos preocuparnos por hacer memoria. Uno tiene sus propias batallas, pero siempre hay alguien que nos repara el silencio y le damos la gracia de seguir en la línea. Así, de la mano de Alejandro Piña, me he encontrado con la poesía en muchas ocasiones: en el pasillo de la juventud, en el paseo de la merienda, en la noche de la casa, en los amigos del aula, en la comunidad del evento, y siempre, en las calles de los versos. En las puertas del drama hay conjuntos de piñatas que sobresalen con sus colores para entregarnos sabores y momentos en catástrofes que se manifiestan en el patio de casa.

Naturaleza y poeta. Foto: Miguel Asa

De Guadalajara, Jalisco, y con un atrevimiento particular, se esconde entre las nubes de colores que modifican los perfumes. Así, Alejandro se convierte en un soberbio de las letras. Estipula en sus libros la posibilidad del descubrimiento directo, sin superficies y se va al fondo. Rescata carreteras que se asemejan a libélulas y entonces, ahí, de una manera no sé cómo, emerge una sustancia de color violeta y se arrincona al final de la pluma. Suelta un trazo. Una letra. La palabra. Se esconde. Se anida y crece. Nos vamos. Así la pluma no se detiene y hace un viaje por la hoja de papel. La memoria es una bicicleta panadera y noches de mucho entusiasmo juvenil. Nos convertimos en huracanes y en pocilgas a la vez.

Visión y flores. Foto: Miguel Asa

Alejandro, entre el simulacro de los locos, es un tanto estupefacto; sin embargo, lanza la moneda al papalote y lo impulsa un poco más de tiempo sobre la superficie del poema y entre un estrepito y otro, el viaje de la ironía intelectual se prolonga. Hay subidas y bajadas. Patina el verso. La palabra se convulsiona, dialoga, y vuelve al frente. En ocasiones lo he encontrado con la sonrisa pícara del escuincle que ha roto un cristal, y cuando todo ha sucedido, voltea de reojo y lanza el hilo de pescar hacia el nido de tropos. Hay que divertirnos con lo que suceda. La poesía no tiene remedio en el circuito eléctrico de 220 voltios. Se podría sobrecalentar. Pesa. Las figuras lucen telas de algodón listas para comenzar un incendio. No sé si se despegan para cerrar el círculo con el fin de neutralizar la ambición del letrado, pero ahí sigue el impulso de su mano lectora, ácida, amorosa y ferviente.

 

Paciencia y clima. Foto: Miguel Asa

Así, sus versos son córneas de un día dulce y la memoria de buenos momentos. Podría decir que el escuadrón galáctico que éramos se quedó en la fotografía, y ahora nos mantenemos en la posibilidad de irnos de fondo. Así quisimos lucir un calendario, otro, unas fotos, el teatro; nos suicidamos con flores de papel, encontramos el camino y retomamos a la poesía como nuestra llave de diálogo. No sé qué sea más finito, si un globo que conoce la esperanza por mantenerse inflado o que una toma de corriente sea la puerta justa a la dimensión marina. Hay un espacio en la figuración del sistema, hay un procesador en ridículo, y Alejandro ya terminó con el tóner de la mañana, tan similar al espectro del puma para reconciliarte con la humanidad de una u otra manera: así oscila el pensamiento cuando uno tiene la posibilidad de escribir con los ojos cerrados.

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Quisiera que el tiempo no avanzara y tener memorias de los poetas jóvenes que fuimos, y me encuentro en un verso que detalla el anuncio de un crecimiento y de las ausencias que ya vivimos. El tiempo pasa como una furiosa sandwichera y nos aniquila los nombres poco a poco. Así Alejandro se disfraza de espejo y se deja caer sobre las tipologías como si fuera un estallido de volcán. Pero no hay que sostener para nada la desgracia del huracán si le vemos de cerca: seamos él mismo. Ante el poema, nada se sabe, y así, de un giro a otro, la obra de este jalisciense traspasa los rincones dramáticos que se reúnen como pelotón de huida. Y vamos con los cañones disponibles para disparar flores en una dinámica que no se vea en los remedios que buscan persuadir las cortinas del poeta. Así descubro entre un día y otro el sentimiento del olvido, un poema desértico que nos abraza entre las llamas del sol y la escasez de hipocresía.

Textura. Foto: Miguel Asa

Hoy nos queda el hermoso poema del tiempo en los condimentos de la vida, y Alejandro, o como muchos le conocemos, Piña, se escondió en las lecturas durante un tiempo, para construir lo que hoy, bajo la sorpresa de las estrellas, entrega en sus letras. Es una especie de cantina de burbujas en la que el confort de la noche llega desde los malvaviscos sabor uva que remojamos en cubetas de viento y de unidad. Hay que reírnos del brillo para patalear como canguro a cada posición de las moléculas. Hay que flotar y componer una canción mientras nos quede tiempo. Así, como Piña, la batalla no será desperdiciada desde el sonido de una matraca y el zumbido de un trompo. Él baila y se zangolotea cuando la letra se clava en el ladrillo de casa, ha despertado para dejar un rastro, y desde nuestras memorias, es un placer retomar la secuencia del verso. Aquí está, al posar el salto de un poema antes de su expansión atómica.

 

Observar. Foto: Miguel Asa

Nos hemos vuelto recuerdo. Su poesía es de las más perspicaces que he encontrado en mi vida. Los robots no saben nada, a diferencia de él. Tenemos la oportunidad de volvernos un suculento y amigable encuentro de respuestas. Nos dimos a la verdad y entregamos la nostalgia al tiempo y hablamos de nuestra comunidad. Hemos procesado el momento de la palabra en un efervescente camino de introspección, se ha aniquilado la profundidad en la vía del pegamento: cada trazo como análisis de las secuelas de lo que se es, de lo que se percibe, del canto y de la raíz que nos convocó a ser texturas. No es posible borrar el recuerdo cuando las letras se han anclado en el color del cristal, la transparencia como vuelo de las nubes.

Paciencia. Foto: Miguel Asa

Alejandro Piña estudió la licenciatura en letras hispánicas, y por igual, la maestría en literatura mexicana, ambas en la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a la escritura de poesía desde su juventud. Ha publicado ensayo, poesía y alguno que otro estudio académico, en los que hace referencia a la relación de las artes visuales y la literatura. Se dedicó a la docencia en el bachillerato y logró consolidar estrategias para el aprendizaje en dicho nivel. Sigue en el proceso creativo y su misión es compartir sus letras con desenfado. Toma café como si no hubiera a haber mañana. Le gustan los gatos y se entona con una charla bajo las tinieblas de la tarde.

 

¿Qué elemento literario es preciso para mitigar los terremotos?
Para no sufrir durante un temblor, siga los siguientes pasos:
Uno: piense usted que está bailando al compás de la tierra.
Dos: intente hacer malabares con los objetos que vayan cayendo de su lugar.
Tres: escriba un poema al rescatista que habrá de sacar su cuerpo de los escombros.

¿En qué se parece una nube altocumulus a un poema?
El poema es un parche en el cielo, una venda contra la tiranía del sol.

¿Cómo se disfraza tu ternura con una hoja blanca?
A veces, cuando uno se sonroja, hay árboles blancos para describir el calor del amor.

¿Cuándo es el mejor momento para desfragmentar un libro?
Los libros deben despedazarse cuanto antes, porque “aún hay tiempo de cortar amapolas, para que nuestras manos no envejezcan encerradas en el claustro de los libros”.

¿Qué es lo que se persigue cuando el beat sonoro arropa a las lágrimas?
La música sirve de frazada contra el invierno de las palabras.

¿Hacia dónde es posible llevar la lectura de un satélite?
La dirección en la que se lee la luna es del centro hacia todos los puntos cardinales. Excepto el norte. Jamás hay que leer el norte.

¿Para qué sirve una tarjeta madre conectada a unos versos?
Sepan cuantos esto leyeran, que una vez una inteligencia manufacturada diseñó el primer verso y no se hizo la luz. El primer poema destruyó todo lo que alguna vez amamos.

¿Qué tan sublime es el contacto visual con un tiburón?
No es particularmente sublime. En todo caso, yo diría que el encuentro con un tiburón será carnal o no será.

¿Cuánto tiempo tarda en crearse un souvenir poético?
Actualmente la mano de obra afgana se halla en reestructura. Por favor, procure insistir desesperadamente más tarde.

¿Por qué te gustaría ser anfitrión del vuelo de una mariposa?
La aspiración de mi vida es ser la mariposa que te invada el centro, que asedie tus muros con la lengua, que raspe una A desde la garganta hasta la punta de tus labios.

Soy, a mitad de la noche, un inmenso árbol de rabia en flor. Tengo hambre de hambres, de hombres, de hembras, de cabras, de carne cruda escurriéndome la sangre en el vello. Pienso en rojo y me palpita sed de sexo en todos los poros. Nada me satisface más que acariciarte el miedo con la lengua, palparte las entrañas desde dentro, abrirme paso entre tu carne con las garras para verte desdoblada, desnuda como el envoltorio de un regalo. Pero el manjar que más codicio está en tus labios: en el callado nombre inscrito trémulo entre tus labios trepidantes de caos, de pánico, de horror. Nunca te devoraría si en tus labios no estuviera cifrado mi nombre como grito póstumo, ante la agonía final de tu pequeña muerte.

Inédito

Al final de todos los caminos transitables acecha el susurro de un animal herido. Camino porque no sé otra cosa que empecinarme en andar de frente, hacia adelante, engrane del progreso prometido, falso profeta de la rutina, aprendiz de una cotidianidad destructora. Vivo extraviado, fuera de mí mismo, viéndome transitar de una estupidez a otra porque sí, porque no hay cabida para el cuestionamiento, no hay tiempo. El tiempo se pierde con la misma facilidad que los segunderos, nada alcanza ni es suficiente, vivo fuera de mí sin saberlo y ya empiezan a refulgir las cadenas que recién pulí para atarme al mundo.

Inédito

A traición
me tomaste para sacrificio
a la una de la tarde de un jueves
mientras
allá
un bosque ardía

Exorcisaste el sabor
de cualquiera de nuestros recuerdos.

Y no me duele tu ausencia
-vámoslo poniendo en claro-
me cruje el sinsabor de tu memoria
la palidez de tu imagen

cuando me pienso contigo
cada vez que te imagino
persiste un tenue dejo de traición
que me enfurece

rabia de rabiar en la rabieta.

Inédito

El grito
No
No quiero
No te impongas
No me insultes
No hagas con tu voz un arma

Míralo deambular por la casa:
un grito acrílico
golpea las paredes de amarillo
como un animalito mustio
malherido peligroso agazapado
en la esquina de la laringe
al acecho del error

El humo del cigarro hace su nido
en el techo
y la luz de una tarde
en que pudimos habernos besado
se estrella contra un grito
púrpura y vengativo

La canción en la radio se somete
a la arritmia del grito
al monarca de la violencia
al grito que desgarra los monasterios
del corazón

Uno pensaría
hallar al final del grito
un duendecillo de liberación
o catarsis

¿Cuándo ha sido la realidad
un lienzo dispuesto para nosotros?

Abril
que a veces sí es el mes más cruel
te arrancó el nombre a dentelladas
y lo escupió en las banquetas
de alguna memoria
para dar abrigo a todo paria
a todo guardián del silencio
para afianzar
de unas todas por vez
tu ausencia.

Inédito