XUFEP: diálogo poético de Jalisco

Mexcla poética intergeneracional. Foto: Diego Illescas
XUFEP: diálogo poético de Jalisco
Un Foro con diversidad y cuestionamientos de tropos

De quién tienes miedo, dices.
Del error de ser otro en la mirada.
Del error y de la fiebre del error
que gotea a gatas en la vida extraña.
José Reyes

“Gracias al Foro pudimos escucharnos más y eso siempre será enriquecedor para el quehacer creativo. Para mí, lo mejor -además de escuchar voces poéticas diversas- fue escuchar también ideas, búsquedas, visiones y acciones para seguir haciendo esto y, sobre todo, para que otros también lo hagan. Escuchar, compartir y aprender siempre es gratificante”, fueron las palabras de la poeta Yara Patiño respecto al XUFEP, 1 Foro Estatal de Poesía GDLXAL que surgió como un remedio a las dudas que nos mostramos la poeta Mariana Pérez Villoro y yo, Miguel Asa, artista, entorno al ejercicio de la palabra, su trabajo y su injerencia en las personas que desarrollan el ejercicio de la poesía en Jalisco, México.

Poesía de la diversidad. Foto: Diego Illescas

Después de más un mes de haber pasado sobre dicha vorágine, es un descubrimiento entregar estas palabras. El XUFEP, que obtuvo ese nombre como un homenaje a México desde la letra X y por el quince aniversario de Proyecto Ululayu con la letra U, se manifestó como un principio de cuestionamientos, de rigurosas juntas y de una preparación experimental muy nuestra, pues el trabajo del equipo fue puntual en cada una de las convocatorias que nos hicimos. No pensamos en lecturas, pensamos en mesas de diálogo, de historia, de trabajo, de estrategias, de difusión, de colaboración y un montón de particularidades que definieron el rumbo de nuestra capacidad como un sinónimo de transgresión.

Miguel García Ascencio en atención. Foto: Diego Illescas

Declarar a las acciones que conjuntamos no quedaron a la expectativa, fueron planeadas, consideradas, oxigenadas; respiramos, vimos el sol y muchas veces la noche. Hablamos del desierto y de las caminatas. El XUFEP como integración nos permitió conocer a profundidad nuestras dudas, así las inquietudes, la deriva de las palabras, la cuestión de nuestras vidas con la letra, el sometimiento de lo ponderado, la poesía como estrategia, las razones, las posibilidades, las inflexiones, la lotería, el sabor de la quesadilla y de la cerveza, del llanto y del amor por igual, nos hundimos con todo el fervor, nos desmontamos los cadáveres, les hicimos pedazos, hablamos de los antecedentes y buscamos a los mismos, encontramos a otros por igual, nos disfrazamos de halcones, nos volvimos locos y un poco más certeros, dijimos qué sí y qué no, nos vestimos de política editorial y nos construimos de superhéroes poéticos, tomamos ejemplos y los eliminamos, hicimos lo propio, una ilación de respeto, empatía y de llamado.

La carne en su jugo como celebración. Foto: Diego Illescas

Hablamos con uno, con otra, con ellos, con ellas, aquí, allá, una línea, otra, otra y otra, lanzamos más de cien correos electrónicos, leímos, sobre todo, leímos. Imaginamos por principio y dimos cuerda a los jóvenes y por igual, nos observamos entre las generaciones mayores. Un puente de años y una línea de estrategia: Mariana Pérez Villoro consolidó, definió, le seguimos, nos seguimos; Renata García como un balance; Diego Illescas como la fotografía testimonial de todo el evento; Miguel Ángel Avilés como vocero de prensa; Gonzalo Bojorquez como retratista del cierre; y así otros agregados más que nos apoyaron con la definición de ser nosotros mismos, un encuentro de diálogo, de contribución, de reflexión, una justa en la que la visión de nuestras letras marco una pauta en las vidas de quienes colaboraron en este enorme ejercicio.

El panel de la creatividad. Foto: Diego Illescas

Así pudimos descubrir lo que hicimos en nuestras comunidad, las poéticas de las mujeres de la ciudad, las palabras de la diversidad, el performance, la poesía en la plástica, el amor de la poesía del interior del estado, la visibilidad de los antecedentes de la poesía de Jalisco como diversas visiones del pasado y del presente, la integración del cine y la palabra, la poética de la ciudad, la configuración de los procesos creativos, las cuestiones de las reuniones poéticas, las dimensiones editoriales, las campañas para su difusión y así la relación de los medios de comunicación como medios de expansión, por igual la posibilidad de los encuentros con poetas de otras escalas, la manifestación de un homenaje como símbolo de gratitud y respeto hacia el trabajo que desarrollaron las generaciones mayores.

Premios XU. Foto: Diego Illescas

Y lo más valioso de esto, fue que reconocimos desde nuestra trinchera a dos valores que nos marcaron en este periodo con el Premio XU, a la joven poeta Melissa Niño como “Poeta en desarrollo”, originaria de Puerto Vallarta, Jalisco; y al poeta experimentado Miguel García Ascencio como “Poeta con trayectoria”, oriundo de Arandas, Jalisco. De Melissa, por su trabajo de ingeniería poética y juegos textuales, así como por su experiencia y su atrevimiento del trabajo constante para figurar una línea estética, propia, con carácter peculiar y estruendosa en su haber, mismo que incluye diversos riesgos en los que las formas que construye le han permitido discernir experimentos con toques de infancia y benevolencia. Así, de Miguel, por su formación como investigador, corrector de estilo, poeta, lector y aliado de muchas generaciones de las letras que le han aprendido del riguroso trabajo que ha manifestado en su día a día, y esto implica grandes investigaciones que ha impulsado entre las letras de Jalisco, además, suma su trabajo poético muestra la profundización personal con la exploración desde elementos naturales, sociales y espirituales desde un discurso único, esto implica su perspectiva profunda desde la cuestión en que ha observado el mundo, que si bien no hemos concebido como sociedad, le hemos observado con fidelidad y a detalle. Gracias a ambos por su contribución a las letras de Jalisco, pues nos permiten observar las dualidades que existen en la actualidad de la comunidad poeta, así de sus contextos y de sus dinámicas creativas.

Los poetas foráneos y urbanos. Foto: Diego Illescas

El XUFEP fue una experiencia que nos marcó de muchas maneras, y bien podemos decir en estos momentos que reconocemos las diversas poéticas actuales que suceden en nuestra geografía, así sus volúmenes, sus contextos, sus apropiaciones, las familias, las singularidades, los paisajes, las apropiaciones, las gestiones, las visibilidades, las profundizaciones, las problemáticas, las adversidades, la conjunción, los espacios, las tradiciones y sus influencias, los movimientos, y todo, como una evidencia de este ejercicio colectivo que nos permitió consolidar una reunión particular en su tipo: hicimos estudios, análisis y cuestionamientos, más allá de las obras, desde las personas.

Pasado y presente de la poesía de Jalisco. Foto: Diego Illescas

Analizar la poesía de nuestra región desde sus múltiples variables nos ha entregado una serie de materiales que compartiremos con el fin de dar hacer entrega de este ejercicio a nuestra población y a quien desee explorar más de los caminos de las letras de Jalisco.

Agradecemos a toda la comunidad que participó en este ritual poético. Gracias a Valeria Guzmán, Patricia Mata, Cristina Gutiérrez Mar, Mónica Hernández, Fernanda Magallón, Fabiola Lizette, Nadia Arce, Leticia Cortés, Irene Vega, Arehf Palacios, Octavio García, Juan Azuara, Reyna de la Torre, Alejandro Piña, Natalia Mariposa, Yadeli Contreras, Max Valencia, Citlalli Ixchel, Eduardo García, Lilith Sullivan, Ivanhoe García, Patricia Cardona, Sergio Araht, Ana Vázquez, Víctor Villalobos, Enrique Guizar, Johanna Aguilar, Aurora González de Mendoza, Elizabeth Bastida, Octavio García, Femur (Sinclair Castro y Cía.), Patricia Medina, Luis Armenta Malpica, Sara Velasco, Fernando Toriz, Paola Llamas Dinero, Carlos Prospero, Eliana Villanueva, Jorge Souza, Rossana Camarena, Zahira Rico, Natalia Robledo, Ricardo Yáñez, Judith Satín, Manuel JPG, Aleqz Garrigoz, María Ausencia, Juan Azuara, Juan Orozco, Abril Medina, Frida Tejada, Jaime Jordán, Lorena Aviña, Juan Prado, Aurora González de Mendoza, Melissa Niño, Juan Antonio Orozco, Mario Z Plugisi, María Ausencia, Carmen Villoro, Lizzie Castro, Juan Azuara, Renata García, Reyna de la Torre, Javier Ponce, Roberto García, Carlos Armenta, Yadeli Contreras, Marlene Zertuche, Indra Díaz, Sol Ortega, Gabriela Sepúlveda, Natalia Mariposa, Daniela Ruelas, Rubén Gil, Bethsabe Ortega, Yara Patiño, Neri Tello, Cecilia Fernández, Patricia Velasco, Víctor MunitaJuan Romero, Montserrat Márquez, Pedro Valderrama, Guadalupe Morfín, Laura Solórzano, Françoise Roy, Iliana Hernández, Lisi Turrá, Guadalupe Ángeles, Leticia Villagarcía, Ricardo Castillo, Luis Medina, Raúl Bañuelos, Miguel Reinoso, Silvia Eugenia Castillero, Jorge Esquinca, Raúl Aceves, Tanya Cosío, José Reyes, Sofía Acosta, Ernesto Lumbreras, Miguel García Ascencio, y a todas las personas que de una u otra forma brindaron su tiempo y disposición para este legado comunitario.

Editoriales y poesía. Foto: Diego Illescas

De igual manera, gracias al Gobierno de Tlaquepaque que a través de su dirección de Cultura y a todo su equipo, a cargo de René Arce, por la disponibilidad del Centro Cultural El Refugio como nuestra cede principal. De igual manera gracias a Patricia Velasco y sus colaboradores por el espacio en Patan Ale House. Y así también, a Alaide Pérez y a toda su manada por la apertura a todas nuestras tertulias previas y durante este Foro en Pedro y el León. La pasamos genial en cada espacio.

No menos importante, gracias al Taller de Gráfica Mónica Dávalos por apoyarnos con nuestros grabados insignia. Gracias a Cine Mayahuel y a Hostal Casa Colores por el apoyo en el hospedaje para algunos de nuestros invitados. Gracias a Arkeda Cultura por los aperitivos sinceros. Gracias a Bestiario Cultura por la facilidad de nuestros viajes. Gracias a Mantis Editores por el taller de edición en nuestra Muestra Poética XU desde el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturares de la Secretaría de Cultura.

Las mujeres y la poesía de Guadalajara. Foto: Diego Illescas

Y a su vez, gracias a Tequila 30-30 por ser parte de nuestros festejos con los brindis correspondientes en nuestro quince aniversario. Así y desde hace años en nuestras fechorías, gracias a Canal 44 y a Radio Universidad de Guadalajara por la difusión y la expansión. Y lo más importante, muchas gracias al Restaurante Kamilos 333, que sin menor provocación patrocinaron nuestras reuniones, nuestra comida de celebración y por igual y no menos importante, los premios y gran parte de la producción.

Paz para siempre a toda nuestra comunidad. Desde Proyecto Ululayu, agradezco todo el esfuerzo por todo, el XUFEP fue una gran muestra de amor en vida, qué bueno ser testigo de ello. Por favor, lea poesía. cumplió quince años y acá seguimos en el ejercicio.

Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel

Víctor Manuel Pazarín. Foto: Miguel Asa
Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel
El ensayista que navega entre los diarios y los imposibles

¡Qué manera de comenzar! —me digo, y la evoco—.
¡Qué grande manera de empezar a vivir!
¡Qué noche tan triste esta noche, que apenas inicia!
Víctor Manuel Pazarín

En memoria de Víctor Manuel Pazarín (1963-2021), poeta y amigo.

1 Breve despedida del ahora

Qué pequeña manera de morir estamos padeciendo desde siempre. Qué galaxia tocó la incertidumbre este sábado. Qué lastimosa tarde que te busco en mi pueblo y ya te has ido.

Si me preguntan por qué me hago llamar Miguel Asa, fue por la dicha de haber conocido a Víctor Manuel Pazarín hace más de 15 años. Aquel seudónimo que tomé de las letras de Dolores Garnica, en 2005, Miguel (así, sin apellidos), lo sintetizó él: “Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa —o Miguel Asísinapellidos— y tan misteriosa como su propio creador”. Y ya mi Tonalá se ha quedado sin poeta.

Y es que recordar a Víctor, o Pazarín, como una enorme comunidad le conocimos, fue un receptor de la poesía que frecuentó con demasía la volatilidad del pensamiento. Y es que, día tras día, en un traslado desde el oriente de la ciudad, siempre tenía una palabra, un viento, una velocidad por promulgar algo. En ello su ejercicio se consolidó como una estampa de la que fuimos testigos una generación de enormes sueños. Pazarín nos daba la posibilidad de estar semana a semana en el periódico universitario.

Y me acordé de que la lotería de mis textos se logró gracias a su respaldo. Mis palabras encontraron auxilio en sus didácticas y mi práctica se hizo presente ante muchos. Me tomó por la poesía experimental, algunas cosas de valía carnavalesca (los tacos, la lucha libre y no sé qué más infortunios), además de uno que otro asunto fotográfico. Pazarín fue amigo de muchos amigos. Hizo de La Gaceta de la Universidad de Guadalajara un rincón de amor. Luis Armenta Malpica me dio la noticia de su fallecimiento aquel abril de 2021 y lo quise despedir con otras voces. 

Y desde Sudcalifornia, Adriana Navarro, compañera de oficio y su amiga, escribió: “Juntaría todas las palabras aladas y transparentes que me tendías. Tus palabras desbordadas llenas de tiempo y color, de paisajes profundos, palpitantes, que me ayudaron a construirme y a extenderme en páginas y páginas por tantos años. Gracias por la enseñanza, la confianza y tu gran amistad.”

Y me acuerdo del piso 6 del edificio de la Universidad de Guadalajara. Ese piso que nos conmovió la vida y nuestras fichas. Desde ahí su presencia y la apertura para la comunidad desde la poesía y los universitarios. Cuántos espacios nos entregó para publicar, para ser, para poetizarnos. 

Y Luis me dijo: “Cuando conocí a Víctor Manuel Pazarín, hace como treinta años, ya era un hombre respetado con Mala Estrella. Apostó por los muy primerizos Guadalupe Ángeles, Julio César Aguilar, León Plascencia Ñol, entre otros. Y con Soberbia, una revista que animó posteriormente, deambulaba por el mundo literario de Guadalajara intentando la comunión, fallida, de los diversos escritores de ese entonces. En algún evento, Víctor me presentó de esta manera: ‘premios Aguascalientes hay bastantes, expremios sólo hay uno’”. 

Y le respondí: Cuando conocí a Pazarín me permitió publicar un poema en La Gaceta para quien entonces era mi pareja. El verbo de mis textos se promulgó como una lotería dentro del desierto al aceptarme como colaborador del periódico universitario. Sencilla, escueta y con una forma peculiar de observar, fue quien nos entregó un enorme trabajo editorial en Guadalajara y más allá del occidente mexicano.

Y desde mi Tonalá contemplé la dramaturgia de Teófilo Guerrero: “Durante una de las funciones de una puesta en escena en la que trabajaba, había una sonrisa germinando en un hombre sentado entre el público, eso me dio la confianza de seguir con la obra en una de sus mejores funciones en el Teatro Degollado. Años después ese hombre y yo coincidimos en las letras y en las publicaciones, como aquella ocasión en el Degollado, su sonrisa honesta y generosa hizo eco en mi ánimo. Hoy ya no está Víctor Pazarín, se fue a buscar metáforas a la eternidad”. 

“Y ahora que lo pienso -prosigue Luis Armenta-, con su humor sarcástico, Víctor Manuel era ese Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. Entre más de una decena de felinos que habitaban su casa y su jardín, Pazarín sonreía lo mismo ante un poema que ante cualquier obstáculo. Cargaba en sus espaldas un carcaj de punzantes respuestas y se mostraba pleno, desnudo, sin el menor pudor, ante cualquier fotógrafo o pregunta. Esa seguridad, tan del mundo del teatro, cómo nos hace falta”.

Y me acuerdo, hice y escribí de desnudos, de trailers, de poesía, de casas, y no sé de qué tanto más bajo sus alas. Víctor entregó calzadas a la poesía. Se fue a Tonalá para contemplar desde allá todos los versos de Guadalajara. Le sabían, nos sabía. Fue un pequeño secreto del oriente en las páginas de la Universidad. 

Y llueve Iliana Hernández desde su nostalgia: “¿Qué somos sin la palabra? Un collage. Hoy mientras tomaba el café se abrió la puerta a otra dimensión, arrancó lo que sabía que estaba y no tengo capacidad para olvidar, tampoco comprendo el sentido de tantas cosas, por ejemplo, que hace tiempo me prodigaron amor desde el anonimato, un aleteo, un revuelo. ¿Quién se da cuenta y persigue hacedor lo desconocido? Develó lo que no sabíamos que estaba, yo no sabía, sin embargo el poeta demostró que estaba. Gracias tierra por cada uno de sus días”. Y Tonalá se ausentó de su poesía. 

Y me pregunto quién escribirá desde el oriente de la ciudad sobre los reflejos de nuestras pesadumbres. Quién nos hablará desde La Casa de la Lima. Quién avanzará sobre la avenida Río Nilo con versos, métodos, críticas y demás. Hoy me pregunto quién le tomará La medida a esa parte de nuestra ciudad. Y los pájaros no responden.

Y cerca de la Mona Alfarera, desde Los Ariles, en nuestra Tonalá, Teresa Figueroa pronunció: “Víctor, hoy quiero honrar tu voz inmarcesible, tu inteligencia clara, tus textos honestos, tu conocimiento que siempre compartiste. Quiero honrar la luz de tu memoria. Quiero honrar tu amistad sincera. La muerte se ha llevado tu cuerpo, pero nunca nos va a quitar tus palabras”.

Y cómo le hago para que esta lotería de tu muerte nos sepa a Ardentía, al fulgor de los ocasos desde el pueblo alfarero, a la cerámica quebrada en los hornos solitarios. Qué le digo a La Gaceta. Qué les digo a los universitarios en bicicleta que se identificaron contigo. Qué les digo a mis textos sobre la lotería de sus tristezas. Qué te dirán después de este día. Qué te dice este texto. Qué te dicen estas voces. Qué te decimos, Pazarín. Y Tonalá llora en barro. 

Y en una cancha de fútbol, el labio se separa de la letra. Miguel Ángel Áviles vocifera: “Recuerdo a Víctor como recuerdo a mis grandes amigos: a partir de libros, lecturas, cafés, entrevistas. Hay muchas páginas en medio desde el día en que lo conocí, y eso va a quedar siempre. Pero especialmente esos días en que charlamos sobre sus cuentos y poemas o cuando iba a la redacción de La Gaceta a saludarlo o en los pasillos de alguna feria del libro. Es un día triste porque se va un amigo”.

Y finaliza Luis: “Mientras conmemoramos el 700 aniversario luctuoso de Dante Alighieri, el centenario de la muerte de Ramón López Velarde y los 200 del natalicio de Charles Baudelaire, podría decirle a Víctor: poetas vivos y poetas muertos hay bastantes, pero me dueles tú. Descansa en paz, amigo, echaremos de menos tus discretas Presencias, tus Éxodos, tus Barcos de papel”.

No tengo tiempo para delimitar la ciudad más acá de sus versos. Sólo nos resta encontrarte, ensayista y periodista, en el poeta: “El verdadero, el otro”, la lucha, la libre, la desnudez, el taco, la pesadumbre, los artistas, los ilustradores, las penas, el piso 6 y tu levedad en Tonalá. 

Ya te fuiste. Me toca ver el ocaso desde El Cerro. Todos nos abrazamos para llorarte porque la poesía aún existe. Cruzaré Río Nilo con tus palabras. Que nunca falte el 231. Adiós, misterioso creador. 

2 Un telar de la fragancia

Hay una trifulca entre los sancudos. Se han vuelto a dormir con el perfume de las gladiolas. Y aquí estoy, en el encierro de ustedes. Aquí estoy, en el sustento del amanecer para conformar este telar con las palabras de Víctor Manuel Pazarín, quien fuera gato, una abeja y también volcán. Aquí sus letras le han construido una persecución de alimaña, una bendición tonalteca que tiene el corazón de barro. Esa merienda que surcó las nubes entre el sur de Jalisco y la investigación constante de nuestra sociedad.

Entre sus trabajos destaca la sensibilidad y la alcurnia de sus letras, un carácter ríspido, tenaz, dinosaurio, así, pequeño y sagaz siempre fue, pero se agradece su puntual observación para ser una exploración diaria, un poema que es voz de las orquestas del sol. Así la canción matutina como el augurio enorme. Así la vuelta al sol y el alicante suspiro de retornar. El alivio de ser, de explorar. Así la mañana, el amor, el recuerdo, el poema, las letras. Así el canto, el vacío, las miradas, la ruta 231 y demás configuraciones que sólo los tapatíos le sabemos a esa dinámica.

La poesía de Pazarín contrajo la sencillez de la lectura, de la mirada, de la configuración rumiante, de la desvelada, del barco de papel que se construyó sobre la arena digital que le vio hasta sus últimos días. Ya se ha hundido. Nos trajo la palabra para cortar cada segundo en dos milímetros de fortuna y en la veracidad de nuestro sistema solar. Nos volvió la mañana para ser nubes, para encontrar el horizonte en cada pestaña, en cada cuchara del café cargado. En la azúcar de estar siempre nosotros.

Nos volvimos la sangre de sus páginas. Le dimos volumen al azar, a la secuela de una duermevela entre las pantaletas de la chica enamorada y de los bellos del chico entregado. Nos dimos por amor, nos vivimos como colegas de la taza y una desafiante atención se volcó en los suspiros de la poesía. La inquietante sensación de ser se volvió un tornado, una revoltura de cereales con la cúspide del planeta animal, un grito, una gota, la planta. Hay que trepar por aquí a diario. Hay que construir una alcoba en la forma de los plátanos. Hay que zurcir un trayecto que nos permita mediar entre las hojas de los árboles para recordarnos que la sencillez es la mirada más potente de lo que se vive.

Pazarín nos cubrió de glorias, de distantes alcancías y de muchas maneras de volver a observar el sol. Quisiera que todo permaneciera más allá del instante y de repente ya estamos en la lúgubre ansía de la cabaña. Una antiquísima morada nos perfila de lado para sabernos encaminados por la turba de células que nos confronta a cada rato. La química como ese poema que no todos podemos escribir y sabemos del ser y de sus contenciones hermosas. Surgimos de la planicie de una noche convertida en ritmo latino. Así una flor dentro de la batería de sonidos que fue su corazón.

Una y otra vez, habrá que aplaudir a su existencia, pues la apertura al poema semanal se sumerge en la planicie de lo que somos como humanidad, una constante unidad de hilos y de fragancias que se llenan de café en un escritorio desde aquel piso 6. Vamos por las campanas, vamos con la configuración de la vida. Vamos en el espasmo de la sensibilidad y de la corresponsabilidad. Entre sus letras la observación de la naturaleza. La persecución de las memorias como el recuerdo de lo que se mira de nuevo, se atrae, y aquí, unos versos que se inundan para ser una noble sensación de nuestro amigo, de nuestro poeta, de nuestra alianza poética.

Y es que nos movimos entre las conchas, los mares y los huracanes. Nos existimos como focos y guantes desgastados, un café apagado entre el sonido de la vigüela, así la mosca en el sufrimiento al retorcerse en la pestaña de lo que nos queda, ese augurio frío y rojizo de las formas de la rosa.

Así Pazarín, nos dio el brío de las mañanas en Tonalá, el alcanfor como sustrato de la hoja en blanco, en ocasiones, un trama, una centella, un libro de forros naranjas. Pero qué decir de la fotografía si nos llueves como su sorpresa.

Qué fortuna esa la de encontrarnos en la posibilidad de estar en una oficina. Pazarín fue una roca que moldeo a varias generaciones, hizo y manifestó. Dio y compartió. Fue, existió con la sanguijuela del tiempo. Se hizo la palabra verde y también la revolución. Fue fe y hierro por igual. Se trató de la secuencia que devendría en un aroma de retorno, de esos que pasean por las arcoíris y se desfragmentan en la consolidación de la oruga. Y así lo recuerdo, con la sutileza de su espejismo entre el silencio, vamos a comenzar con la resortera para escribirnos un cápsula de incidencia y con ello fraguarnos de duermevelas emocionantes.

Sí, habrán de decir los desiertos de algunos libros que el volumen de la capilla se ha de desquitar con el amanecer de los flamencos. Y acá andamos en la penumbra de la mañana por leer de nuevo a Pazarín entre los rufianes de las semillas y los halcones que se revientan debajo del agua. Son armas de trazos similares a los colores que portan los cuadros de aquel papel tapis que nos llama fuego. Vamos a andar al campo para volver al perfume de Pazarín. Vamos al campo de nuevo para mirarnos como el cien fuegos que fue. Vamos a danzar entre las cuerdas para presenciar su ausencia como la colmena de papel.

Sus barcos de papel ya se han ido y en cada uno ha lanzado un poema para hundirse en nuestra memoria. Acá, desde la amistad, doy refugio a los últimos versos que de sus letras llegaron con amor de quien fuese su compañera, Deana Molina, a quien agradezco la oportunidad de saber de sus últimas letras. Vamos anidando la vida en la posteridad de la incertidumbre, vamos a volvernos refugio de nuestra señal.

Nueve cuarenta y cinco

Con la luz
de la mañana
resplandece el pecho de los pájaros

como soles
se abren,
cubren las ramas del árbol

me asomo a la ventana
y ya el día
está hecho

nada le falta

[30 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Insomnio

A las dos de la mañana,
luego a las tres;
primero el calor,
después el frío,
buscando la luz
de la casa.

El eterno pasillo.
La brasa
como una lucecita
que alumbra y se extingue.

Dos de la mañana,
tres.

La oscuridad y después la luz.
La lucecita como un punto
en medio del infinito.

¿Cuándo es que el mundo se apaga?

[31 de marzo 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ritual

Hay un muchacho,
abajo,
en el territorio del bosque,
que busca con afán:

acumula ramas
que alguna vez cortaron
de los árboles:
las fractura,
las ordena
y luego se va.

Es un muchacho
de torso bronceado
y brazos
con tatuajes:

ha vuelto,
—como ayer y como antier…—
ahora carga sobre su hombro
pesados troncos
que deja caer.

No es un trabajador municipal.
¿Es quizás un ser
que viene a recordarme
el encierro?

Se ha ido.

[2 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

O

Se oyen
trascabos
barrenar el piso,
pero yo veo pájaros,
y veo al viento
mover
las copas de los árboles.

Se escucha,
a lo lejos,
el trajín de los hombres
que rompen
las calles,
pero yo escucho
el canto
de las aves.

Dan vueltas
y vueltas,
en buscan de las flores,
se mecen.

Escucho
el ladrar de los perros.
El grito de unos niños.
Y a los autos correr.

Lo que yo hago
es mirar
con incredulidad
que alguien ha pintado de cal
—quien sabe cuándo—
el tronco de los árboles.

Todo es, en estos días,
una sorpresa y un asombro.

[3 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

Ardilla

Como a las doce,
como a la una y veinte,
aparece de pronto:
camina y luego
se detiene.

Se levanta en sus patitas
y otea,
es apenas un instante
pero todo ocurre
como si fuera una eternidad.

Se alza y se detiene.
El universo entero
está en sus sentidos.
En su cuerpo cabe toda
la existencia

—la suya y la mía.

Presurosa
se desliza
hasta perderse
en el arroyo,
por ahora sin agua.

Ya no vuelve.
Quedan en temblor
la luz del sol y el viento
entre los árboles;
el vuelo de los pájaros,
sus cantos.

Soy el testigo.

[4 de abril 2020]

La luz de mi casa (Inédito)

La vuelta

La he mirado dormir,
después de su regreso

¿hay acaso
en la ciudad
del desierto
—con sus canales de agua,
sus sauces llorones,
sus milperíos
y sus recuerdos—
algo más hermoso
que escucharla respirar a mi lado?

No imagina
ella
el miedo
—mi miedo—

y lo que me hacía
falta.

La luz de mi casa (Inédito)

Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead

Ángel Ortuño y compañía Foto: Miguel Asa
Ángel Ortuño: poeta reptil con dientes de Motörhead
Un humano que se vistió de rock, poesía, tatuajes y humor negro

Drink and dance and laugh and lie,
Love, the reeling midnight through,
for tomorrow we shall die!,
(but, alas, we never do.)
Dorothy Parker

En memoria de Ángel Ortuño (1969-2021), poeta y amigo.

1 Café con poesía y una biblioteca

Quisiera ubicar en el tiempo el momento preciso en que grité algunos versos de Boa durante su primera presentación. Ángel rio con una mirada sencilla. Quisiera ubicar, de igual manera, sagaz, quizás un tanto delirante, el momento aquel en que procedí a solicitarle apoyo para aquella tesis inexistente en la que me abracé a la poesía concreta. Quisiera recordar, con detenimiento, las tantas tardes que le llevé café a la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz” para charlar de momentos de poesía y sus formas inexplicables de experimentación. Pero ya se ha ido todo.

Después de dos años de su ausencia, he escrito esto como un balance a su memoria y por el agradecimiento que le debo. Conocí a Ángel Ortuño por medio de Miguel Ángel Avilés, una amistad en común en nuestros tiempos de universitarios. Desde entonces hicimos una rara y genuina mezcla de vinculación. La poesía concreta y el grupo Noigandres fue lo que me llevo a la Biblioteca y con ello, a la voz y al conocimiento de su persona, de su obra y de su perspicacia.

Ángel Ortuño sopesó la apertura de nuestra amistad para fortalecer aquella inundación de poesía visual-experimental (como la llamaba el poeta César Espinosa) que generé en las aulas de la Facultad de Letras de la Universidad de Guadalajara, que, en aquellos años, 2008-2009, dicho género no tenía cabida dentro del programa estudiantil y era meramente una alternancia diáfana en la regla de la academia. Desde entonces, muchos nombres, movimientos, referencias y libros se volvieron parte de nuestras tardes de diálogo. Fue un compañero de estudios muy peculiar sin habérselo solicitado. Esa poesía híbrida alcanzó varios momentos mágicos durante los años siguientes, 2010-2014, y Ángel me acompañó en alguna de las jornadas que de manera independiente organicé. En ese momento, recuerdo, logramos corresponder a poetas experimentales como J. M. Calleja y Clemente Padín, de España y Uruguay respectivamente, quienes visitaron Guadalajara para presentar sus trabajos, y por igual, hacer entrega de aquella obra que nos concedió Carlos Pineda y Ediciones del Lirio, La palabra transfigurada, Antología de poesía visual mexicana, con el fin de que el propio Ángel fuera quien la recibiera a nombre de su recinto laboral. Ese momento fue cúspide, excelso.

La amistad no sólo quedó en la experimentación poética. Fue una revisión de voces, de incertidumbres y de solidaridades, sobre todo, de confidencias literarias. Fueron tertulias, encuentros, charlas, siempre tuvo disposición para compartir su conocimiento. En ocasiones un café, una comida, una cena, una caminata, pero siempre, bajo el rumbo de compartir, algo que siempre le reconocí y le agradecí. Siempre existió oportunidad de intercambiar información y de brindar una opinión sincera sobre mis creaciones, producciones y demás. En algún momento toda su experiencia fortaleció una gran parte de los movimientos de Proyecto Ululayu, así una recomendación literaria, una revisión orto tipográfica, una argumentación para delimitar proyectos, una ironía para debatir sobre la literatura, una perspectiva sobre alguna edición, una propuesta de términos literarios, una corrección sobre mi poesía, en sí, fue de las personas más importantes que les dieron alas a mis primeras ideas como creador y como emprendedor cultural, no más.

Su confianza y viabilidad genuina fueron siempre una manera cortés de apoyo, de la campaña que generó a Proyecto Ululayu alguna vez me indicó: “Creo que lo primero que atrae la atención es esa especie de cortesía demodé: ahora que toda la ‘publicidad’ es demandante y agresiva, que incluso la promoción ideológica abusa de posiciones de autoridad (haga esto para estar en lo correcto), ‘Por favor, lea poesía.’ destaca por ser como una vocecita al oído. De ahí que me parezca un acierto lo de las fotografías aéreas: porque juega con las escalas descomunales”.

Y no sólo fue eso, durante 2014 persistió en mi trabajo poético como nadie más lo ha hecho pues reviso durante algunos meses la que fue mi opera prima fotolvidarte:sueño, obra que desmenuzó de diferentes maneras: “Yo diría que es una escritura que me hace repensar la vigencia de ciertos registros que campearon en las décadas de los sesenta y setenta en la poesía latinoamericana y que se reinventan desde un ángulo que les da esa frescura que su devenir retórica les había quitado hace ya tiempo”. Con ello no sólo contribuyó a mi trabajo poético colectado en esa obra, sino que además sus letras fueron prólogo de esta.

Y así fue el caminar. Para 2015, previo a un viaje que hice en bicicleta por el Pacífico mexicano, gestioné la consolidación de Vía Literaria con el Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR), aquello fue una campaña de poemas breves dentro de los vagones del tren ligero de Guadalajara, y sin ningún ánimo de pretensión Ángel participó en la primera edición y en el camino de la estructuración final de esa campaña. Fue el poeta que me ayudó a balancear los contenidos, desde la revisión de las propuestas hasta la jerarquización de las estructuras de cada diseño. Vía Literaria se debió a él en gran parte como el último editor adjunto, que yo sin saberlo, delimitó mi forma de concebir a la poesía hacia diversos públicos al ser expuesta de esa manera en la ciudad. Recuerdo su sorpresa cuando le compartí una fotografía de su trabajo en el viaje citadino dentro de esas máquinas.

Sin embargo, en 2016, desmesuradamente la amistad tendría algo de distancia debido a ese viaje que realicé como una etapa de meditación personal. Al regreso, a finales de ese año, una breve presentación de uno de sus libros, Cola, nos reuniría nuevamente. Con ello surgió uno de los mejores encuentros radiofónicos que he tenido, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de ese año, generamos una transmisión especial de rock y literatura para un Velador Groovy, producción de Radio Universidad de Guadalajara que permitía tomar el control de la radio en las madrugadas de domingo. Aquella noche de noviembre de 2016 fuimos dos parlantes en los que, durante cinco horas, de las 00:00 a las 05:00 horas, hablamos de los elementos diversos que se relacionan entre ese género musical y las letras. Exploramos historias, canciones, sonidos y el cansancio de una conversación entre amigos desde una larga lista de canciones como “Cosma Shiva” de Nina Hagen, “The Litanies of Satan” de Diamanda Galás, “Rock N Roll Nigger” de Patti Smith, “O Superman” de Laurie Anderson, “It’s My Life” de Wendy O. Williams, “One Way Or Another” de Blondie, “What Is Rock?!” de Turbonegro, “We’re All Mad Here” de Tom Waits, por mencionar algunas.

Esa noche fue una clase particular que exhibimos al público. La radio, la música, la literatura y más cuestiones de conversación saciaron la cita nocturna en la que nos abrimos a la comunidad radioescucha, y que, con mucho ahínco, logró escuchar con detenimiento.

Pero no todo quedó ahí, siempre hablamos de la poesía como una entrega abierta y oportuna para la sociedad, de ahí que hoy mis discursos sobre las poéticas que me rodean pretendan el estudio, la experiencia y la influencia en nuestros contextos. Respecto a la contemplación de las poéticas ajenas y de los atrevimientos de lo comunal alguna vez me comentó: “Yo siento curiosidad por el trabajo de todos, alguno me gusta más que otro, pero no pretendo hacer un canon de ello… mucho menos entrar en tristes rebatingas de capital simbólico o –esto sí, el colmo- persecución de cargos públicos en el área de cultura”, de ahí que la disidencia poética que siempre portó fuera un ideal que compartíamos como base de nuestro actuar socio literario.  

Ángel Ortuño y su humor ácido hicieron frecuente la potencia de la ironía, de las últimas memorias le recuerdo con un sentido amplio de sarcasmo, de risa y de frivolidad, y como siempre me decía, “soy muy desordenado”, sin embargo, nunca faltó su modesto orden para atender. Ángel y yo dejamos pendiente el viajar en motocicleta, nos faltaron más poemas visuales, una celebración de cumpleaños, algunos retratos, una entrevista y no sé qué tantas cosas más.

A dos años de su partida decidí comenzar mi Almanaque poético de Jalisco como un homenaje a su alternancia dinámica, intuitiva y precisa con Proyecto Ululayu. No me queda más que agradecer su presencia en mi crecimiento retórico y en mi desenvolvimiento literario. Aquí esto como una evidencia de lo que alcanzamos y con ello, la despedida de algunas de las personas cercanas que le apreciamos.

Invitación Velador Groovy con Ángel Ortuño para Radio UdeG. Diseño: Miguel Asa

2 Poemas en bolsita con popote

Hay un torpedo que intenta volatizar a Godzilla y me pregunto en los destellos de los labios de los metaleros que suavemente se incrustaron pétalos de colores en la ruda piel de cocodrilos que portan al azar. La poesía de Ángel Ortuño medita en un declive inusual de la libertad, generó el columpio de las nubes y de los supermercados. Infringió con gusto y serenidad el rubor de las doncellas y de los canallas en un tapiz con un estilo kitsch y desmenguado a la ultranza del despotismo colonial de sociedad. Ángel se carcajeó de todo minucioso entretenimiento que declaro al alba, las maquinitas y la sangre de plástico que sobrevivió a los muñecos de sueños dorados.

La poesía de Ángel fue un videojuego que nos llevó a diversos niveles, a veces el castillo, en otras el espacio galáctico, otras tantas el comedor del puesto callejero, en muchas tantas la noche de la brillantina y de las luces neón. Siempre el juego cambió, siempre de nivel, de estructura, la serpiente, el número, el riff, el estruendo, la gracia, el temor, la gallardía, la discordia y muchas ocasiones la duda, la incertidumbre, la posibilidad de generar lo ridículo como una bandera de la potencia creativa. Eso hizo Ángel, pormenorizar los detalles estruendosos y desenfadados de la poesía en batidos de fresa con chispas de colores. Dentro de su aspecto rudo y temerario existía la inocencia de un niño, le gustaba jugar a ser niño, el pícaro, el irónico, pues consideraba a las infancias como una realidad potente de la poesía. Las letras de Ángel llenaron el vacío de las corcholatas, de los soldaditos de juguete, de las lágrimas de los osos de peluche y del ferviente amor de las paredes y los cables.

Su poesía es electricidad, una corriente disfuncional que nos permitió saborear los pequeños electroshocks para degustar en cada verso la sombra de una cajita de colores, en cartón, ruborizados con la pena de un teléfono celular sobre el río de palabras. A veces un monstruo, un ser sin forma, un encuentro de los no comunes, un silencio con intemperie y hojas plateadas llenas de retórica efusiva con bandas sonoras de furor de potasio, un labial descompuesto, un par de anteojos sin lentillas, el sacapuntas sin filo, pero siempre, o casi siempre, la envoltura del regalo compuesta por los diversos diarios de la urbe, el regalo perfecto.

Leer a Ángel es entrar en un campo de batalla lleno de chicles de bolita, una mascado de fibras contracorrientes cuando las alas exploran la lentitud de las raíces mecánicas. Ángel fue una sonrisa discreta, su poesía, la carcajada de plastilina que se moldea ante cualquier situación. Fue democrático, farmacéutico de químicas complejas y un tanto, sin chamarra de piel, rueda de la fortuna. Nos permitió conocer el juego de la poesía en nuestra época. Nos enlazó con la bolsa del mandado y los letreros fortuitos de la calle, se rio de sí mismo y de las nubes con formas de animales, hizo burbujas en el camino y se plantó una cuesta arriba llena de melancolías de conchas de mar y de tiburones neón.

Ángel paseó por las calles de los chapulines, se convirtió en insecto, un anagrama del día a día en la virtualidad raquítica de nuestras pantallas, fue muy divertido leerle tan esporádico y tan llavero. Ángel invadió el cable de ethernet con figuras que le permitieron reconocerse entre la diversidad de la poesía, así con monstruos, flores, dinosaurios, esqueletos, carcasas, empaques, serruchos, aerosoles y demás. Sus letras nos llevaron por un estilo único, una juguería de cementos, piedras y razones efímeras de la alegría. Fue la casa de los espejos, el tiempo de los seres raros, de la curiosidad del bit, de la presencia de los tigres en los puestos de tacos. Ángel no escribió, jugo a ser poeta y le bastaba combinar la gabardina con los pastelitos de frambuesa que preparó la reina del territorio virtual aquel.

Da lo mismo comer una fotografía como erradicar de nuestras mentes el temor de lo efímero. Entre la soberbia eclética que lo identificó como una alcancía de monerías peculiares, su constructo poético nos permitió ecualizar nuestras bocinas, sacar nuestras voces en elementos de pastas de sabores y aromas de bolsillo de pantalón de una semana sin lavar. Su obra queda en el recuerdo como una voz enigmática que los electrones cuestionan a la par de los rugidos de las sirenas que se mueven en el mundo cibernético. Somos ecos de un piano para música disco usado en el rincón de la cantina, la cortesía de la descortesía y todos los días, una cajita musical con notas de metal y algo de persuasión de gatitos bañados de chocolate, la gracia de las garras está en el pastel de tres leches lleno de tequila.

La poesía de Ángel es el juego de ajedrez con fuentes de cristal, inmediata, sencilla, compleja, de rubores rositas y de imágenes que la tarjeta madre nos tejió en el cuadernillo del corazón. Ángel integró su poesía en las letras chiquitas del empaque, nadie sabía que fuera a enraizarse en los escrutinios de nuestros mecanismos con el desarmador de polvo. Ca/ na/ lla/ se ha ido.

Ángel Ortuño en Vía Literaria en 2015. Foto: Miguel Asa

3 Una despedida con varias despedidas

Ángel, a los días de tu partida convoqué a tus voces para decirnos adiós y aquí están los ecos de hace dos años:

Recuerdo cuando me diste un libro, u otro, no sé, una película. Recuerdo las risas de corrección, los maestros incoherentes y sus status quo de mierda. Nunca la ironía me supo tan negra, ni los versos se me llenaron de palabras secas, metálicas y metaleras. La muerte no toca a quien vive en las palabras de sus alumnos, a quien escribe con punk la nueva marcha de la poesía.

Vanessa Botello

 

Ángel fue un poeta, en primer término, poderoso. Como ninguno. Único, porque creó un lenguaje donde convergían el sentido del humor, el aprendizaje vanguardista e incluso el truco, el artificio y el engaño. Algunos de sus amigos, Víctor Ortiz, Álvaro Luquín y yo, lo esperábamos para desayunar. La noticia fue un golpe tremendo, todavía no la asimilamos. Maestro de muchos de nosotros, un amigo entrañable. Creo que no podríamos calcular la proporción de su legado, eso solo lo podrían decir todos aquellos que al encontrarse con su obra transformaron su visión de lo poético y, quizá, de la vida. Como aquél siempre contemporáneo, Rubén Darío, Ángel Ortuño era un poeta muy antiguo y moderno. Más que eso: de tan presente, futuro. Lo seguimos esperando.

Carlos Vicente Castro

 

De Ángel a ángel

Como el transeúnte que veía poesía
en las calles,
en los buses,
en la burocracia del hospital.
Como el poeta que hacía memes
de los clásicos,
de la poesía,
de sí mismo.
Así le recordará esta que escribe.
Qué es la muerte para quien
se burlaba de la vida misma:
pretexto para Ser poesía.

Lucy Cruz Granados

 

Yo admiraba a Ángel Ortuño: compraba sus libros, atendía sus presentaciones en las que, para mi sorpresa durante sus lecturas, leía a poetas mujeres y compartía poemas maravillosos de ellas, en lugar de hablar o leer algo de él. A pesar de eso, su porte rudo-dark y su tatuaje de Motörhead, me mantuvieron a cierta distancia durante un tiempo. Vencí esa timidez para pedirle que estuviera en mi primer programa de Poesía on the rocks el 12 de febrero de 2016, fue Ángel Ortuño, ese ángel-dark y luminoso quién me acompañó en aquel tembloroso primerísimo paso sin conocerme. No es sorprendente que ese día habláramos de Lemmy Kilmister, también estuvo Álvaro Luquín y los tres fuimos de Kilmister a Bowie, quien en 1971 fascinaba a su público vestido de mujer (romper géneros fue cosa de viejos rockeros y rockeras como Patti Smith). También me acompañó como tallerista en el Calle de Cervantes, en las lecturas que organicé de poesía para no poetas y hasta compartimos mezcales más de una vez en La Occidental. Hoy, su último post en Facebook, fue para compartir la portada del libro Vine porque me pagaban de la poeta rumana Golgona Anghel, creo que no podía despedirse de otra manera.

Y vendrá el camarada a salvarnos porque para los ojos
de su amor infinito,
todos somos
los únicos.

Iliana Hernández Arce

 

Ironía es
que se llamara Ángel ese ángel
del dios
de la ironía…

Isaac Ortiz

 

La muerte de Ángel nos deja un vacío, a muchas y muchos de mi generación pues, además de las gran amistad y generosidad, su poesía nos enseñó la manera de una escritura delirante sobre moldes clásicos. Era Roxy Music sobre Manrique. Un decir no a lo políticamente correcto. Descotidianizar lo cotidiano.

Álvaro Luquín

 

Gracias por los momentos de risa en las clases, por las anécdotas, por la invaluable enseñanza. Por “Pierre Menard, autor del Quijote”, tardé en darme cuenta de que era de Borges. Espero que en donde quiera que esté, siempre disfrute de una buena taza de café, profe.

Ámbar Orozco

 

De Ángel aprendí a comprender la poesía de otro modo. Entendí que hay algo más allá en el poema. Lo recuerdo mucho hablando de poesía varios cafés y bares de la ciudad y hablando de libros en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz o en Ediciones de la Noche.

Pero, sobre todo, la noche de hace siete años cuando habló súper emocionado de Viaje de gorilas, del poeta ecuatoriano Jorge Carrión, libro que publicamos en Ediciones Morbo y que presentamos en el Ex Convento del Carmen.

Leer Aleta dorsal o Las bodas químicas fue revelador cuando los leí, siendo estudiante de literatura en la Universidad. Porque a pesar de que Ángel no me dio clases en las aulas, sí lo hacía en sus libros o en las charlas que tuvimos en cualquier lado. Y lo que creo que no olvidaré jamás es justamente ver a Ángel en la puerta de la Biblioteca, cuando iba a leer para salir de la ciudad. Gracias, Ángel.

Miguel Ángel Avilés

 

Estafa 2014
De Ángel Ortuño escuché una vez decirme:
– ¿Quién te estafó era de la tercera edad? No puedo enojarme con él, creo que es admirable que se dedique a esto.

Nalleli Sánchez

 

Ángel Ortuño fue nuestro maestro

literalmente
en tercer semestre de Escritura Creativa

nos enseñó que la literatura es un ajedrez
donde un scriptor es un peón
un compilator una torre
commentator un alfil
el auctor es la reina
y el rey el canon

Ángel Ortuño pasaba su mano por el tablero
tiraba todas las piezas

y se ponía a jugar con los caballos a las muñecas

Manuel Jpg

 

Me piden que escriba unas palabras sobre Ángel Ortuño. Es difícil hacerlo y saber que no estará más. Tuve la suerte de ser su amigo y también su editor. Preparábamos en estos días su ingreso a Nox como profesor en la materia de poesía. Hablamos hacía muy poco para preparar el programa y bromeamos sobre nuestros achaques y la temible esofagitis. Estor consternado, sorprendido, encabronado por su muerte. Ninguna muerte es justa, menos la de alguien tan talentoso. Un poeta especial y diferente en la literatura mexicana. Nos conocimos hace muchos años -¿treinta, quizá?-. Escribo esto y me doy cuenta de que sigo hablando de él en presente. Nos conocimos hace demasiados años mientras él iba a la facultad y yo acompañaba a quien era mi pareja de entonces. Luego coincidimos en muchos lados, en revistas, en editoriales, en fiestas. Hoy por la mañana, al recibir la noticia de boca de otro querido amigo, me vino toda la tristeza del mundo porque hemos perdido a un hombre generoso, divertido y con un talento enorme.

León Plascencia Ñol

 

De una alumna para el profe Ortuño
1. Gracias al profesor de planta por hacerlo su suplente.
2. Mane, Tecel, Fares.
3. Prometo probar el café como usted dijo.

Dani Gz Vega

 

—Hermafrodita, dijeron.
—Como en la canción de Steel Panther. Dije al frente, el profesor sustituto reía, sólo él.

Por hablarnos lo mismo de Gloryhole de Steel Panther que de Mane, Tecel, Fares: los días de la poesía están contados.

Cindy Hatch

 

Ángel Ortuño fue un poeta que negó siempre serlo, más allá de su humildad, bonhomía y accesibilidad, fue un gran amigo y contertulio de los más diversos banquetes literarios en los que participó, siempre haciendo gala de una sabiduría deslumbrante que matizaba con su no menos llamativo humor punzante, inteligente y desenfadado. Sabía como pocos de poesía, cine, cómic y rock. Amante de Mötorhead, más allá de lo musical, fue sin lugar a dudas un poeta contracultural. Quienes fuimos testigos de todo ello, hoy lloramos la estela que deja tras de sí este poeta mayor, que viajaba en urbano de Tlajomulco a Guadalajara todos los días con una sonrisa eterna y juvenil como sus camisetas negras y sus botas industriales. Dónde estés ahora Ángel, sabemos que estarás con Lemmy tomándote una Victoria.

Roberto Herrera

 

Recuerdo en específico un día, no recuerdo la fecha, pero los pequeños clips de 30 segundos que grababa en su clase que concuerdan con mis recuerdos lo marcan como el 13 de febrero de 2020, durante la vida prepandemia.

Él llevaba construyendo el punto de esa clase durante un mes, ese día llegó e hizo lo que nunca: ponernos a trabajar. Sus clases solían ser una especie de conferencia de temas académicamente complejos abordados desde la sencilles en la que se habla en una tarde de chelitas con compas, pero en esa ocasión nos sacó de la rutina durante los primeros 20 minutos.

La actividad fue sencilla, a la fecha me sigue pareciendo un disparador creativo muy interesante, consistía en buscar una noticia aleatoria y el primer párrafo acomodarlo “como poema” y de pronto cosas que sonaban ridículas, como la boda de una lagartija, una actualización de emojis, una desviación de fondos muy mal hecha, de pronto se volvieron una lectura satisfactoria.
Lo recuerdo con tanta claridad porque me cambió. Ángel me cambió la perspectiva que tenía de la poesía, de la literatura como objeto de estudio y de la vida. Gracias a él aprendí a cambiar mi perspectiva de muchas cosas y aún hoy me parece increíble que ya no esté aquí, ayudando a cambiar perspectivas, a reforzar el gusto literario de las personas, que ya no esté aquí para enriquecer cualquier momento, porque su mera presencia ya volvía ese momento una experiencia completa.

Es evidente que se quedaron miles de corazones rotos tras su partida, pero él seguirá entre quienes lo recordemos y lo sigamos leyendo.

Criss García

 

Ángel, ayer me recomendaste que viera Las pestes de Breslavia. Ya la estoy viendo, el día que nos volvamos a ver, te digo qué me pareció.

Ánuar Zúñiga

 

Esta noche, la suma de todas mis pérdidas yacen en el cuaderno
entre nosotros, kilómetros y kilómetros de muerte y vida al final del puente;
dos tomas de agua y un sorbo de café a media mañana después del primer riff.
Una navaja hiere el muro otra vez, líneas entre líneas sobre la piel
Se mudan las palabras entre los rincones, donde la ausencia toma su trono
y los silencios hacen alarde de su triunfo otra vez después de la última desdicha:
la muerte de un poeta no tiene nombre ni perdón.
No más visitas con el oculista.
No más visiones nocturnas.
No más pasos vagabundos.
No más afectos
ni risas
ni nos
no.

Renata Armas

 

Recuerdo muy bien lo primero que nos dijo: todo lo que no es verso, es prosa y todo lo que no es prosa, es verso. Era una frase de alguien que intentaba sonar elocuente, pero Ángel la transformó en una lección. Escucharlo era como oír un poema que surgía de la improvisación, como un baile entre las palabras y los significados. Ángel Ortuño hablaba en prosa poética. Convertía lo cotidiano en lo sublime, un chiste y un regaño a un poema, la constitución en un poemario. Como un alquimista de las letras.

Jesús Ramírez

 

Hemos visto en las redes sociales en estos días una profusión (absolutamente merecida, por supuesto) de publicaciones, notas, crónicas, sobre él y su obra poética. Han transcrito poemas completos en páginas y revistas, tanto de México como de Estados Unidos. Han mencionado la originalidad y desenfado de sus textos; la gran calidad humana que siempre mostró con su familia, amigos, conocidos, colegas. Yo quiero mencionar, porque creo que en esta área llegué a conocerlo un poco más, la disposición que mostró para entregar a sus alumnos esa visión amplia, libérrima, siempre nueva, de la literatura y en especial de la poesía.

Luis Martin Ulloa

 

El irreverente Ángel, el de la dulzura ácida, ese que roba a mano armada la carcajada y el asombro, se fue, y no hay ninguna otra mezcla dura tan llegadora que lo sustituya, ni hoy ni nunca.

Rossana Camarena

Hablar de rock y poesía en la noche, interrumpir alguna que otra lectura, colocar versos en el tren ligero, escaparme las tardes para dialogar un poco en tu oficina, creer que la poesía concreta fue un augurio para viajar, escribir tan sólo con el fin de celebrar la ironía, esperar la consagrada motocicleta, pensar en las canciones de metal, establecer un énfasis de la marcha de una libélula, descubrir a Mazinger Z en el fondo del volcán y de vez en cuando pensar en la acidez de vivir. Escribir esto, es sólo una muestra de agradecimiento por la capacidad de expandir los motores de una mariposa eléctrica. Convoque para despedirnos y aquí estamos las voces. No supe cuándo lo debía romper y ahora ya no hay fuego. Como me escribiste alguna vez: “De ahí la nostalgia: el dolor de lo que se sabe lejos al recordar, sentir, qué está muy cerca”. Desde amigos, conocidos, alumnos y más, gracias. Desde mí, misión cumplida.

El ataque de la llanta asesina

Una película francesa sobre un neumático
que tiene vida y mata
personas
con sus poderes telepáticos. Diría
psicoquinéticos

si me importaran las palabras.

¿Por qué
le estalla la cabeza a ese señor? ¿Y lo del pobre
conejito?
Pero la música
es muy relajante. ¿Quién
ganará entre una rueda asesina y un escorpión?

No apuesten.

Termina
pronto.

También destroza botellas que no pudo romper antes
por su falta de peso.

Para todo le basta usar el diez
por ciento
de su cerebro.

Poemas swinger y otros malentendidos
(Bongo Books, 2014)

Nadie sabe

Te mira desde el cielo
todo el tiempo (si copulas,
defecas o estornudas, no:
se voltea de espaldas

aunque todo es posible cuando tienes
la nuca transparente).

Será los cien fantasmas que resultan
de inflar un globo y luego reventarlo.
(Llorar trae mala suerte
si no te han golpeado.)

La orquídea
sulfurosa dirá lo que tú quieras.

Una reconfortante golosina como los tiburones del acuario.

Sólo te faltan dientes para la perfección.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Déjalas caminar porque son fuego

Hay pianos donde anidan las hormigas
y por eso parecen
tocar solos.
Son tantas que podrían subirlos a los árboles
(pero esto sólo pasa cuando están muy contentas).

Sus vestidos son rojos y entallados
y a pesar de que son más certeras
no podrás verlas nunca
pronosticar el clima en la televisión.

Poemas swinger y otros malentendidos (Bongo Books, 2014)

Otro sueño y otros guantes negros

No es la ruta más corta
entre principio y fin
pero tal vez debieras
respetar
la mala suerte que agujera
los dados
entre ensayo y error.

Ver
como la sombra precavida
de unas alas
esa dificultad de movimiento.

O sospechar siquiera
de que te hayan dado
nada más que una pala (palabras ilegibles)
y la orden de que te defendieras

sin ni siquiera un curso sabatino
o advertencia de que habría mujeres desnudas.

Boa (Mantis Editores, 2009)

Franjas de población sobrante

Decenas de matamoscas aparecen
en una playa
de Alaska. Antes
se le llamaba imagen
a que por un error
se mencionara un sitio que sólo está en los mapas
pero hay muchas versiones
y no
nos abandona
el gusto por mentir. Ofrecemos
trabajo,
sexo indistinto en diferentes áreas,
50 pesos y comida
como esa mujer que ahora recita Yo
soy experta en lenguas y en la foto siguiente
la vemos mientras lame
en blanco y negro.

1331 (Conaculta, 2013)

Minervo: eslabón poético-audiovisual

El ocaso en alguna carretera de Jalisco. Foto: Miguel Asa
Minervo: eslabón poético-audiovisual
El registro de la poesía de Jalisco en una memoria innovadora

y yo me vuelvo recuerdo distorsionado de tu ruta
ya me olvidaste
me olvidaste
en la esquina del cine porno en el que entramos
en esa avenida de bar para todas las edades
me olvidaste en la calle tambaleando de infinito
en el universo más lejano me olvidaste
en la bolsa de tu campera café,
me quedo en la ciudad, no importa
sé que me guardas en un minuto del soplo de tu corazón.
María Ausencia

Escribir se nombra un acto sencillo, un acto de silencio, de disciplina. Las horas de nuestra escala humana son una infinidad de errores que ciertamente algunas veces alcanzamos a descifrar. Se escribe por gusto, por decisión, por necesidad, por estar vivo simplemente, y siempre, el acto de fe llega cuando transgredimos nuestras propias barreras. Vamos a un paso de distancia entre la hoja blanca y el recuerdo, siempre hacemos algo con lo que hemos experimentado en cuestión de las letras, y ahí, es el lugar en el que coincido con el alimento de sabernos extensos en cada momento. Escribir se nombra un acto solidario y silencioso, sin embargo, ¿de dónde proviene toda esa maquinaria que nos provee de la infraestructura que nos entrega la llama de la palabra y sus herramientas que la configuran en imágenes imposibles de vivir?

El oficio de poeta está, persiste, resiste y se alimenta desde una contemplación inmensa, misma que en ocasiones me ha provocado el deseo por descubrir todo lo que hay en los libros, pero sé, firmemente, que la vida me dará para descubrir una mínima parte de toda la producción que sucede en el mundo entero. El oficio de poeta está en el alba: sucede, provoca, se hiere, se sana y vuelve. Y así, en infinitos ciclos deja percibir las entrañas de la creación humana. La poesía, como un tejido de la imaginación, traspasa todo elemento y lo convierte en una secuencia de directrices. De ahí que surja en mi persona, desde hace tiempo, un interés peculiar por conocer, sorprender, vivir, revitalizar y cuestionar todos los ámbitos posibles de ejercicio poético de mi contexto.

Así pues, surgió esta idea desde hace unos años atrás. Se ha colocado en la mejor de las preguntas. Se ha posicionado el elemento audiovisual en mi producción. Se ha gestado una suma de erratas y de benevolencias para continuar en el grado de la poesía como un ferviente seguidor. Le he llamado Minervo como un homenaje a quien hace más de 60 años fundó la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Guadalajara, Agustín Yañez. De ahí he desprendido una serie de elementos que me han permitir organizar toda la estadía de la poesía en mi experiencia, que si bien no es de amplia trayectoria he alcanzado las poéticas de diversas voces que me han fraguado de sus herramientas, de sus procesos, de sus sentires, y por igual, de sus ausencias e inclemencias.

Quisiera decir que todo estaba ya listo, pero han pasado 15 años para obtener la serenidad para alcanzar este objetivo. Minervo surge como una memoria de mi época, de mis posibilidades y de mi ejercicio como gestor, difusor y vinculador de la poesía, las artes y la bicicleta: por principio intelectual, la palabra; por secuencia creativa, la imagen; y por destino final, el movimiento humano. Así, este proceso que he contemplado como un trabajo arduo de lo que conlleva la poética de cada integrante de la comunidad, no es más que un simple ensayo que surgió a partir de la duda de los tropos poéticos de mi galaxia jalisciense. Sí, digo de Jalisco porque aquí es donde me he contenido estos años de vida, y por ello va, el clima, la gastronomía, las artes, la tradición y la innovación, el campo, la lluvia y el fuego. Todo ello es lo que voy a enmarcar con este dilema.

Quizás no sea nada ni sepa nada, simplemente trato de arropar lo que las letras me han dado. Este surgir documental me ha dado la posibilidad de reencontrarme con muchas amistades, personas conocidas y por igual, descubrir otras aristas de la nueva temporada que he concebido para mi vida.

Escribir sobre poetas, en el ejercicio que encaminé para definir el Almanaque poético de Jalisco, me dio la gracia como una experimentación de lo que se sacude en cada movimiento, en el andar en bicicleta por las carreteras de la tierra que me vio nacer, en las miradas que he confrontado con la poesía y sus albaceas. Esto ocurre después de toda una serie de eventualidades dignas que me han posibilitado el conocimiento de la poesía de mi localidad como una herramienta de vida. Es necesario corresponder a una simplicidad tonal para despúes desmenuzar la complejidad de todo el mapa que contiene estilos, formatos, temporalidades, evidencias, ficciones, enseñanzas y demás.

Hoy por hoy Minervo es una sugerencia de lo que he declarado una noción de consolidación de un proyecto que, si bien me ha permitido vida, por igual me ha dado conocimientos, aprendizajes y experiencias que no se repetirán de alguna manera. La poesía como un confín de lo que aprecio funciona como el área que hoy determina la secuela de este documental audiovisual que he comenzado a maquetar desde las ironías de un cuaderno que se ha llenado de ideas, de consuelo y de caminos por explorar. Aquí comienza la ráfaga de este viento que rodará por Jalisco con el fin de observar los elementos que le permiten a la poesía establecerse como un ente divino entres quienes la concebimos y la promulgamos. Sea cual sea el camino, las gracias están desde ya con mi comunidad y su efecto amor. Poesía siempre, letra eternamente. 

Pluma XU: con-versa poética tapatía

Pluma Xu en Pedro y el León. Foto: Diego Illescas
Pluma XU: con-versa poética tapatía
Cuando el diálogo surge entre poetas y una terraza

Hay otros propósitos para los otros experimentos.
Que los hubo.
Muchos.
Yara Patiño

Vamos a experimentar desde el diálogo. No sé cómo definir este experimento, pero vamos a dialogar entre poetas. Sí, vamos a decirnos cosas, bonitas, sólo cosas bonitas y ya estoy en otro espejo. Los veo a todos y de alguna manera me han enseñado, nos han enseñado. La poesía como herramienta en vida es un instrumento que pocos alcanzamos. Es tiempo de aprovechar. Ocho poetas con trayectoria con otros ocho poetas jóvenes se darán cita para brindarnos sus cuestionamientos internos y aprender.

Sí, se trata de la armonía de saber que estamos vivos, y mientras nos alcanza el tiempo, la poeta Mariana Pérez Villoro y yo, decidimos conjuntar en el marco del primer XU Foro Estatal de Poesía (XUFEP), con ayuda de los creativos Renata Rivera, Diego Illescas y Moisés Martínez, una serie especial que hemos tratado con detenimiento y sin presunción.

Así es como Yara Patiño, Tanya Cosío, José Reyes, Rossana Camarena, Patricia Velasco, Jorge Orendain, Ernesto Lumbreras y Yolanda Ramírez, se darán cita algunos miércoles de agosto a noviembre de 2023, con voces que anunciaremos al día, por decir entrevistadores invitados, con los que pretendemos contemplar al personaje desde su obra y sus procesos creativos.

La casa poética de esta serie será en Pedro y el León, una terraza que se dice ser “fonda de altura” pero es más que eso. Se trata de un espacio lleno de música, fotogénico en demasía y de buena onda, además de que hay unas pizzas que por sí solas construyen una poética para cada ocasión, y nosotros somos felices de que nos reciban con tanto amor y disposición.

 

La poeta Renata Rivera en vivo. Foto: Diego Illescas

Esta versión de nuestra Pluma busca observar y difundir la obra de nuestros invitados con el fin de ser parte de un documental que hemos consolidado como la investigación con la que pretendemos dejar memoria de nuestra generación. Sí, cada sesión será grabada pues nos interesa compartir los discursos de los que se construye la poética de nuestro estado, Jalisco.

 Además, buscamos que el público ejerza un ejercicio de análisis sobre las poéticas que se ejercen en nuestros tiempos sin mayores preámbulos y con la menor de las distancias entre creadores y lectores, esto, como una posible valoración desde las perspectivas que hemos considerado para generar estos diálogos.

Asiste, disfruta y contribuye. Seguro habrá una pregunta en tu acontecer para cada uno de nuestros invitados. Si tienes algún poema que compartir, antes de cada sesión habrá micrófono abierto. Sí, estamos aquí y vamos a recordarnos bonito porque estamos vivos ahora, mañana, será la poesía lo que dicte el sustento.

 

 

Pluma XU
Con-versa de poetas con poetas

Miércoles
Agosto 23 – Yara Patiño
Agosto 30 – Tanya Cosío
Septiembre 13 – José Reyes
Septiembre 27 – Rossana Camarena
Octubre 11 – Patricia Velasco
Octubre 25 – Jorge Orendain
Noviembre 8 – Ernesto Lumbreras
Noviembre 22 – Yolanda Ramírez Michel

19:00 a 23:00 horas
Rooftop Bar Pedro y el León
Guadalajara, Jalisco

15 de 200: Jalisco, ustedes y yo.

Gráfica de Momento XU. Diseño: Miguel Asa
15 de 200: Jalisco, ustedes y yo.
El tiempo como sinónimo de experiencia.

Escribes porque no quieres perder ninguna palabra,
Porque entre suspiro y llanto,
un cuervo osado arrebata tu historia de la mente cansada.
Dice el cuervo: ¡Nunca más!
Es la Luna y nada más.
Leticia Cortés

Se llama XU. Sí, Momento XU. Es un juego de palabras. Se llama XU como una metáfora del 15. En sí se pretende una relación fonética dulce, experimental, divertida. Ahí la x tiene la función de sh: uno de los sonidos bonitos con las vocales en el español mexicano. Las funciones de la x son como nuestros principios. Es lo que designa nuestra lengua en general como una función de las particularidades de nuestra voz como sociedad. La u se juega en la forma tipográfica por la v para lograr concebir el fondo como el proyecto. Se llama XU como una mímesis de Xelebración Ululayu.

Así he pensado en este “momento”, como un encuentro en diversas particularidades de lo que abarcan las letras, las artes y las bicicletas desde nuestro trabajo. Así, en 15 años, un pequeño recordatorio de lo que está vibrando en nuestro acontecer. Así nos convertimos, la piel cambia, las miradas poseen más fuerza y la contemplación de lo que somos está inmersa en nuestros hechos. La potencia toma su cause y se redondea el atrevimiento. Lo hacemos porque lo hacemos. Se habla de cuestionar, pero también de dialogar.

Y es que todo ha cambiado. Así ver como las juventudes buscan nuevas alternativas como el cambio de perspectiva de los más grandes. Y de repente el tiempo nos permite hablar como sabios de los bombones o genialidades de la contemporaneidad. Pero así nos trata el universo al referirnos a esto. Somos 15 de 200 años que tiene Jalisco. Y con ello nos acompañaremos de diversas causas. Así algo de investigación, algo de documentación. Un sabor por aquí otro por allá. Un versito de juguete como obras de estilismos profesionales. Algo de todo lo posible. Las cosas cambian y es tiempo de movernos.

Y pareciera que este verano llegó para recordarnos que estamos vivos y que seguimos en el cause de una ferviente labor, esta de vivir, la de compartir, la de estar. Hay que sonreír y esto será para de nuestra versión de celebración por nuestro estado, por lo que nos hemos convertido, por lo que hemos logrado como comunidad.

Momento XU es la serie de acciones, eventos, trayectos y demás en los que hemos programado un emocionante espectáculo sensorial de celebración. No es únicamente mi pensamiento. Dentro de ello una serie de temáticas, visiones y perspectivas para contemplar lo que hay en nuestro alrededor como una pequeña muestra de lo que hemos aprendido en conjunto.

Va por Jalisco, va por quienes han compartido con nosotros y por quienes nos han permitido compartir con ustedes. Aquí se celebra con calma, con gusto y con pensamiento. Bienvenido a este momento de colores, a esta temporada de recuerdos y de mágica acciones.

Bienvenido a Momento XU. A una nueva etapa de Proyecto Ululayu y del movimiento Por favor, lea poesía. Es tiempo de perseguir nuevos sueños y de disfrutar de nuevas posibilidades: somos y ya.

 

Cartografía: diálogos de intensidad poética

Naomi Greene en el último retrato. Foto: Miguel Asa
Cartografía: diálogos de intensidad poética
De la entrevista a la experimentación audiovisual

Love is the answer
and you know that
for sure
John Lennon

Al terminar mi intervención en este producto cultural de Naomi Greene, en la última entrevista con Lilith Sullivan, al finalizar, él me respondió, “La poesía es espíritu”, después lloré y todo emergió hacia un cambio de piel. Cartografía, recorrido poético por Jalisco, fue para mí un aprendizaje intenso, sensible, abierto. Pues me descubrí, me difundí, me desnudé, me homenajeé, así como lo manifestó su creadora, para tan sólo recordarme dónde estoy y cómo me encuentro en estos 15 años de Proyecto Ululayu.

Brindar un mínimo de apoyo en esta producción audiovisual fue restablecer con esmero, delicadeza, euforia, empatía, resolución y potencia, todo el trabajo que he aprendido a lo largo de los años. Me retraté de manera precisa, puntual y severa, muy severa. Naomi se hizo cargo de guardar silencio y observar los detalles de todos nuestros procesos. Yo me hice responsable de dialogar en su mayoría con las y los poetas, profundicé, me abrieron sus puertas, nos permitieron observarles vulnerables y me contemplé resiliente.

Un año bastó para declarar diversos procesos que nos marcaron personalmente. Así algunas despedidas, algunos duelos, algunos privilegios, algunas fortunas, algunas desgracias y otras veces ganancias. Cartografía fue una experiencia en la que me reflejé en cada una de las personas que participaron; en miles de charlas, de recomendaciones, de investigación, de consideración, de pasión y de entrega. Fueron pequeños viajes en los que me atreví a observar con mayor detenimiento y fortalecí mi amor por los caminos, por la poesía, por las artes, por la apertura de diálogos, por la ligereza y el desconsuelo. Escuché con mucho amor todo lo que perseguí durante 15 años como promotor desde Ululayu y como artista desde hace 20. Me encontré entre la verdad y la mentira, entre la confianza y la certeza, entre el tiempo y la paciencia. Me retraté sin querer hacerlo.

Esta realización en Jalisco se compuso del canto y de los caminos que conforman Tonalá mediante Ricardo Yáñez como una reflexión de la primera parte de mi vida; así lo fue con el recuerdo de los colores que resguarda el trabajo de Valeria Guzmán en Guadalajara y en el desenfoque eterno que porta mi ojo izquierdo; de igual manera sucedió con el silencio irreverente y profundo de las palabras de Alejandro von Dubën y su fortaleza para resistir a la literatura en Ciudad Guzmán desde el amor personal que conocí en aquel viaje en bicicleta; y no menos fue el rememorar los tiempos de playa y de calor con el ingenio de Jaime Jordán y sus versos que derrochan una lucha por ser sincero desde su poética de soledad en Cihuatlán; también me conmoví por la delicadeza y el riesgo que vive Lilith Sullivan en su evolución humana como una luz de lo que en algún momento viví con falda en Puerto Vallarta de la mano de un hombre y una mujer; y qué decir de la entrega libre y sincera desde los versos callejeros de Ana María Greene como cuando yo leía en Tlaquepaque desde un megáfono y me creía merolico ante los ojos de la policía; y más volar en la posibilidad de la biblioteca de María Ausencia y sus lecturas en Teocaltiche como un señuelo de mis primeros pedaleos por las veredas de Atotonilco; y más valorar la perspectiva de la corrección de estilo desde Arandas como me enseñó Miguel García Ascencio y que siento desde el dolor que percibo a diario en mi brazo izquierdo. Me encontré en cada poeta. Me reflejé en sus vidas, en la persistencia del tiempo, en la discapacidad visual, en la constancia del trabajo literario, en la fortaleza de la juventud creativa, en la percepción del género no binario, en la rebeldía urbana de la calle y en la condición física de mi cuerpo, respectivamente.

Todo ello fue una cartografía de mi cuerpo, de mi mente y de mi espíritu. Y Naomi descubrió toda mi vulnerabilidad, mi sensatez, mi discordia, mi temperamento, mi fuerza, mi debilidad y mi resistencia. Me retraté mientras les retrataron. Me retrató mientras le observaba. No cabe más que mencionar que este encuentro fue algún tipo de libro para marcar la pauta de lo que fui, pues si bien aprendí a contemplar cada detalle y cada palabra de todas estas voces con más experiencia, voluntad y paciencia, me adentré en la profundidad de conocerme mucho más y de darme cuenta que esto, más allá de los retratos de cada participante, me guío para valorar cada parte de los trabajos que he desarrollado como artista, de los que me rodean, y, sobre todo, valorar más la vida como ser humano.

Aprendí del diálogo, del acuerdo y del desacuerdo, aprendí a respetar con mayor ahínco, aprendí el valor de las flores, la alegría de la muerte, el golpe al propio ser, el desprendimiento de todo y de todos, de la persistencia de las voluntades, de las ideas y del espacio, del tiempo y de nuestros tiempos. Aprendí a levantarme y dejar las sombras que había abrazado como parte de mi historia. Aprendí a cambiar, a volar con ritmo y dirección. Aprendí a renovarme. Aprendí de llanto, de obscuridad, de silencio, de lucha, de transformación, de reclamo, de fortaleza y de libertad, y elles fueron mis guías y ella mi maestra.

Esta Cartografía fue un empuje para continuar con mi labor desde Proyecto Ululayu después de varios años de incertidumbre colectiva. Gracias a todas las personas que permitieron sus tiempos y sus abrazos en los caminos que recorrimos para completar esta misión que emerge de una artista en desarrollo. Qué fortuna la de haber sido dupla de esta realización. Gracias al Café Madoka, al Bar Morelia, a la productora cultural Bestiario, al Centro para las Artes José Rolón, a la dirección de Literatura de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, a Radio Universidad de Guadalajara de Ciudad Guzmán, a la Librería Lapso, al Encuentro de Poetas Francisco González León, a Slice of Paradise, a la Biblioteca Municipal de Teocaltiche, al proyecto cultural Moyolotl y a La Gata Foro Bar.

Gracias a los poetas que permitieron sus voces y su amor por esta micro producción. Gracias   Mariana Pérez Villoro, Leticia Cortés, Enrique Guizar, Miguel Dueñas, Irene Vega, Arehf Palacios y Claudia Reyes. Gracias, en especial, Cecilia Fernández y Fortino Montaño, y a toda Radio Universidad de Guadalajara por la entrega, el espacio y la claridad.

Muchas gracias Luis Armenta Malpica, Fernando Toriz, Didí Sedano, Sara Stonk, Felipe Ángulo, Ricardo Sigala, Lizeth Rodríguez, Alonso Sánchez, Rocío Serrano, Berónica Palacios, Dante Vázquez, Rocío Salas, Fabián Montero, Elsa Bravo, Yadeli Contreras, Juan Azuara, Coral Arroyo. Gracias también a las familias de cada uno de las y los poetas que nos abrazaron en cada sitio posible. Y no menos importante, gracias a nuestras familias por la compañía, el amor y la constancia.  

Y muchas gracias eternamente Naomi por guiarme en este trayecto hacia esta renovación de mi proyecto, de mi contexto y de mi persona. Que la experimentación audiovisual de este trabajo tuyo sea una nueva línea para lo que te depara el futuro. Fue un placer aportar desde esta celebración. Esperemos la presentación y el color de los filmes. Cartografía de los poemas de nuestros ojos en los ojos de las y los otros.*  

 

Cartografía: el sur y la costa jaliscienciense

Puerto Vallarta, Jalisco. Foto: Miguel Asa
Cartografía: el sur y la costa jaliscienciense
Una ronda más por el occidente mexicano con poesía

nada depende de nosotros
Juan Azuara

La propia experiencia es una vez un tema que se reconecta en la mañana. En ocasiones nos convertimos en hilo y en otras tantas se postra el sinsentido de lo que uno piensa. En ocasiones el mar, en otras el silencio y otras más en la fatiga del descanso. Tenemos la posibilidad del presente y con ello la historia. Desde esa búsqueda acudimos con lentes y entrevistas en mano a visitar a otros poetas de Jalisco. Surgió en este recorrido la ida con Jaime Jordán y Lilith Sullivan, dos jóvenes poetas que reparten su trabajo entre Zapotlán el Grande y Puerto Vallarta, así como va. No nos hemos convertido en robots. Y la poesía emerge de diferentes maneras. Así nos hemos vuelto parte de los caminos de Jalisco. En una alimaña de la palabra, un horizonte de media luz, una ventana de versos y nos volvemos latido. Escuchar poesía, es la esperanza de lo que confiere un agradecimiento. Después de viajar por Jalisco en bicicleta, llegar a la comunidad es sencillo. Y así, nuestra Cartografía, recorrido poético por Jalisco, ha completado su primera fase de producción.

Las flores de la poesía. Foto: Miguel Asa

Nos fuimos a Ciudad Guzmán, allá, a Zapotlán el Grande, Jalisco, para averiguar de las secuelas de Jaime Jordán. Ahí, lo vimos, lo vivimos y lo escuchamos. Y es que la poesía emerge de varias partes y de diferentes maneras que se entrega en toda diversidad posible. Eso es la poesía. Para Jaime se trata de la realidad que se propone estar dentro de nuestros límites, de aquello que somos y de eso que percibimos de manera lenta. Así viene la flor o en ocasiones la simultaneidad de la vida: hasta bailamos una noche antes y bailamos mucho. Jaime percibe la palabra como el suspiro del león. Y en un clima de primavera, nos presentó sus calles. Nos habló de su menester en la palabra, de esa tangente que se abalanza en cada detalle. Siempre de una o de otra manera se puede existir desde la visión de la palabra, a veces de la chingada y otras tantas con la oportunidad de convertirse en la eficiencia del sol. Tenemos la oportunidad de escribir y la desgracia todavía lo permite.

Jaime Jordán en producción. Foto: Miguel Asa

Ese sábado, en que nos recibió con su obra y una danza ante la luna de marzo, nos presentó su forma de vivir. Ahí, en Moyolotl, proyecto de gestión cultural y comunitaria, espacio de la artista Elsa Bravo, coincidimos. Con café en mano y un despertar tardío, nos abrazamos del proyecto que recolectó sus versos, Editorial Luna de arena, para dar paso a la entrevista que funcionó para remover los hilos de lo que somos. La sensibilidad del estar y del despedirnos de un momento y de otro. Jaime nos recibió con amabilidad. Hicimos un medio día lleno de respuestas que nos cautivaron y con las que descubrimos que el ejercicio de la poesía no basta. Siempre es una constante, ante todo. Jaime, que no baila, bailó una noche antes. Quizás lo hizo para quitarse la intranquilidad de la entrevista, o se quiso despabilar para tejer un espasmo de solemnidad, o simplemente, quería bailar por sentir lo que es bailar dentro de un poema. Y con ello, la emoción de sabernos como cualquier persona. Nos sostuvimos de la emoción por volvernos a ver. Nos adentramos en su persona y aquella tarde se convirtió en una fracción de sensibilidad entre la coalición de los sueños. Algo así, nos entregó la sencillez de la palabra por la que emerge su potente poesía.

Sol ante poeta y realizadora. Foto: Miguel Asa

Esa tarde, comprendí, entre tanto, lo que es mi posibilidad como periodista. La acción de Jaime, su sensibilidad, el descubrimiento del hilo y lo demás, nos permitió encontrarlo como una manera de adquirir un huracán para tejer flores. El dolor como esfera quebrada y un pedacito de chicle masticado como aquello con lo que se permite remendar casi todo. Jaime es un joven que tiene camino en la poesía jalisciense. Surgió entre el valle sureño, pero parte de su vida estuvo en Cihuatlán, allá, en la costa límite de Jalisco con Colima, ahí fue donde hizo sus primeras fechorías y por igual descubrió los libros como una entrega personal. Entre la soledad de un escuincle poeta y las vertiginosas temporadas de calor, la literatura emergió como una posibilidad de reconciliación con su contexto. Jaime es un tipo bonachón que nos permitió vivir su alegría al igual que su tristeza desde su perspectiva de la palabra. Allá, por aquel fin de semana de marzo, la palabra se construyó desde la soledad del ser, en la vulnerabilidad que le acontece un atardecer como el olfato de una persecución poética. Jaime nos compartió el horizonte de la vida y quedo en el límite del aprendizaje al igual que nosotros.

Naomi Greene en realización. Foto: Miguel Asa

Después, al pasar un breve descanso en Guadalajara, nuestro destino nos embarcó hacia la costa norte de Jalisco, por la libre llegamos a Puerto Vallarta. Y es que después de haber comenzado con esta aventura de videograbar a las y los poetas, me sorprendí del alcance que ha sido esa idea, pues aquella mañana de abril de 2022 cuando emergimos con Ricardo Yáñez no sabíamos qué iba a pasar. Hoy día, entre charla y charla, se ha postrado como la posibilidad de realizar un documental sobre la poesía de Jalisco, y es que esto se complementó con la perspectiva y la experiencia audiovisual de Naomi Greene y que fijó como un recorrido poético por nuestro estado. Después de todo ese trabajo, y también, el de reconocernos a nosotros mismos, pues eso de “desnudar, descalzar, deshilar a las y los poetas” no ha sido una tarea sencilla, ya que de igual forma nos hemos descubierto como personas, un tugurio poético que se salva entre aliento y aliento, entre poeta y poeta, entre una carretera y otra por Jalisco: paisajes exclusivos para desmitificar la colectividad.

Observar los detalles. Foto: Miguel Asa

Ante ello, al abordar a la costa, todo nos llevó a nuestro último eslabón, Lilith Sullivan. Después de un apetecible recorrido por la carretera libre a Puerto Vallarta en que gozamos de las vistas, de los pueblos y de los sueños entre Ameca, Atenguillo y Mascota, la mañana fue de lo mejor. Entre un calor sobrio de medio día, encontramos a Lilith de una manera formidable. Allá, sí, nos descalzamos todos, y es que ha sido la memoria lo que nos llevó a esa ciudad playera y por igual, la decisión de la palabra. Encontramos en Lilith la historia joven de un poeta en reconocimiento, pues su origen, su diversidad social y su pertenencia geográfica nos permitió establecer un lazo amable de Jalisco y su mundo. Así pues, aunque originario de San Diego, California, Estados Unidos, nos compartió de su voluntad poética en Puerto Vallarta. Ahí, lugar en el que el mar le heredó la palabra, y con ello los libros, y más allá, los versos, nos enseñó con todo el afán de la naturaleza, la poesía tiene un lugar en su espacio. Ahí, de flanco sensible y un deseo oportuno por ser artista, Lilith nos compartió sus retos personales, sociales, culturales y todo aquello que le permite transmutar dentro del sistema como parte de la comunidad LGBT+ y todos los adjetivos que se derivan de ello.

Encontrar el rostro del mar. Foto: Miguel Asa

La costa nos enseñó la paciencia, pues no todo está bajo nuestro control y dependemos de muchas situaciones. Así Lilith nos brindó su compañía en nuestra Pluma Foránea que hicimos con el apoyo de La Gata Foro Bar, de nuestra querida Coral Arroyo, sitió en el que el teatro y las muchas manifestaciones escénicas tienen pie en dicha ciudad, y esa noche, los versos de más amistades nos hicieron fuertes. Así Daniela Ruelas, Juan Azuara y Lilith Sullivan nos acompañaron, a Naomi Greene y a mí, con el fin de saber un poco más del cómo se vive la palabra a pie de mar. Esa noche no sólo fue eso, sino que La compañía teatral de La Gata también nos adentró en la improvisación escénica de una manera que nos ruborizó los versos. Gracias por esa noche. Ese momento nos permitió develar en nuestras capacidades el manejo de nuestros sistemas sensoriales. Qué bonito es visitar lugares y coincidir. Al día siguiente, el desayuno y el merequetengue poético surgió como una paleta de colores que sólo el sol sabe como manifestarlo. Así, con una panorámica de Puerto Vallarta, surgió la voz de Lilith, quien entre una galletita y un café nos adornó de su juventud, de su valor y de su potencia. Pues si bien la poesía no es sólo escribir, es también sentir profundamente y eso, aquella mañana de marzo, nos deshizo la última etapa de perseverancia. Aquella ventana circular nos permitió conocer que la poesía no sólo se trata de la página en blanco, sino de la confianza en uno y en el otro, en la apertura ante lo que somos y hemos vivido, en lo que nos construye como personas y nos demuele como humanos. Lilith, más allá de ser el poeta más joven de esta colección, fue quien nos brindó la lección más grande y tenaz de lo que hemos logrado. Por fin pude rendir mi trabajo ante la cámara de Naomi. Ahí, todos fuimos triunfadores pues el silencio había tomado posesión de todos nosotros: conocimos que la poesía es espíritu.

Mirada de Lilith Sullivan. Foto: Miguel Asa

Con Jaime Jordán nos acompañó Yadeli Contreras, su editora y amiga en un medio día de charla. Con Lilith Sullivan su madre nos hizo eco y nos fortaleció. A este viaje, gracias por ser destino y gracia, por ser palabra, sierra y costa. Fue bello establecer un eje en nuestras vidas. Cartografía, recorrido poético por Jalisco, ideado por nosotros como dupla creativa, es hoy por hoy, la primera evidencia poética audiovisual de gran alcance de lo que es Jalisco y sus letras. Gracias a todes por todo. Gracias Naomi, por hacer esto de aventurarte por la poesía. No cualquiera lo hace.*

Grado 3: el aroma de las letras

Letras, libros y amistades. Foto: Miguel Asa
Grado 3: el aroma de las letras
Una cámara que entrega la apertura al universo

Tu voz hace un imperio en el espacio
Vicente Huidobro

Las palabras siempre superarán a una imagen. La fotografía nos puede colocar a favor y creer que lo hemos descubierto todo, pero no es así. Las grafías tienen algo ya de por si complicado, y es que cada una tiene una función y en reunión con otras grafías surgen más funciones y así con más grupos de diferentes números de grafías, siempre, hay más y más funciones. Una dimensión que desconocemos y que nos permite entablar una vinculación mágica, severa y voraz. Las letras, en su reunión, para cual sea su función, tienen el fenómeno natural de comunidad, de ser de uno para otro, así como lo hago yo contigo. ¿Ves? La bicicleta se ve mejor que cuando antes. Al parecer la pinchadura se resolvió. Ya sé. Sí, las letras son bonitas. Incluso, por eso me gusta la tipografía. ¿Sabías que hay infinidad de formas en que hemos representado a las grafías? Imagina todas las posibilidades visuales, las cómodas y las que simplemente surgen por desgracia.

Confiar en la palabra es algo que me he frecuentado de por vida. Sí, quisiera que tomáramos una especie de revuelta en la situación solar del universo. Pero eso ya es filosofía. En carretera necesitas hidratación, frutos secos, semillas, algo de dulces y fibra. Ya en el camino surge donde comer o es necesario proveer para ello. Pero lo tedioso es una pinchadura. ¿Cuánto quieres pedalear ahora? No. No te preocupes de lo que sucede con la llanta. Debe soportar hasta nuevo aviso. Cuando el tubular de la llanta se pincha de nuevo simplemente se repite la dinámica. Lo imposible es parchar una serie de pinchaduras. Eso es lo difícil. Y si no se puede, es necesario cambiarlo. Pero en sí, puedes sostener la bicicleta por un buen tiempo si la sabes maniobrar. Mira, la palabra surgió en mí como una celebración entre la imaginación y la realidad. Aquello que podemos ver y no vemos, percibimos o no, así como una concha de chocolate o un curado de pulque a pie de carretera. Todo se puede percibir con la palabra, siempre, como sonido, pero como permanencia, desde la letra. Aprendí a tener paciencia por la escritura y mucha tranquilidad con la lectura. Por aquellos tiempos, al momento de andar en bicicleta y ya con la cámara en mano, hubo obras diferentes que pasaron mis ojos. Sin embargo, Momo, de Michael Ende, fue uno de los parteaguas de mis lecturas. Eso fue en temporadas de la secundaria.

Desde niño contuve por leer enciclopedias, diccionarios completos e imaginar el arte de estar por ahí. En sus ilustraciones, en sus modelos de realización, aquellos libros de pasta dura y colores oscuros con fileteados dorados o plateados era mi fascinación. Así los libros de poesía de pastas duras como los de pastas inexistentes. Aquellos novelas de la literatura universal y de vez en cuando una historieta, o la revista aquella del deporte ráfaga que uno compraba para perseguir el vuelo ante la canasta, o de aquella serie televisiva que puso el sarcasmo político de moda y los personajes ya han roto la historia. La burla no termina y tampoco la literatura. Pero mira, puedes escribir en la arena. Ya leíste. “Gracias por persistir”. Sí, lo escribí para ti. Sabes que las letras te vibran y eso es fascinante. Sí, un poco de eso también. ¿También te gusta la filosofía? Qué buena onda. Te digo, el cicloviaje, como le dicen, es un aprendizaje enorme para entablar la sensación más grande del planeta: el corazón. Podrías hacer muchas cosas así. Las letras ayudan. Por eso esto que te cuento. Así la filosofía que, desde luego, nos posibilita la expansión del pensamiento. Elocuente. Así comienza la base literaria, desde el pensamiento filosófico. Me acerque solo a las grafías. Le busqué por aquí y luego por allá. Así descubrí por igual, a la literatura, el gran espasmo que afronta el ser humano, esa noción de lo que llamamos palabra, y que hemos determinado llamarlo lenguaje.

Sí, mañana pedalearemos unos 70 km, algo sencillo pues la carretera no tiene muchas cuestas. Sí, creo que podríamos arrancar temprano. Ya me dirás. Sí, la lectura me sirvió en muchos casos como reflexión de mi tiempo, fue el espasmo que contribuyo a las nuevas nociones de un gran diluvio. Esto, aquello de leer y escribir, fue un ejercicio que acompañé con un buen amigo. Nos prestábamos libros. Hablamos de las tramas. Corregíamos alguna opinión. Nos íbamos solos a las librerías y eso nos dio de qué hablar. Los libros nos dieron pauta. Títulos universales. En ocasiones autores desconocidos. Libros de viejo. Viajes en el libro. Libro en la secuela. Libro como suspenso. Libro en la familia. El libro nos llevó hasta dónde no te imaginas. El libro fue una trama peculiar. El libro me permitió ejercer una reunión de grafías que cambiaron la perspectiva de mi vida. El libro fue un medio que voló mi cabeza y nacieron los momentos naturales, los viajes, la sencillez del planeta. Los libros fueron una entrada al mágico mundo de la poesía. De ahí que cumpla con aquellas palabras de Friedrich Nietzsche sobre ella en la que manifestó que la poesía es la mayor partícula metafísica que el humano ha creado. Y de ahí nos vamos a recorrer la imaginación. El libro ha sido una puerta en la consagración de cada viaje. Sí, algo de lo que te cuento también irá en un libro. Estas son nuestras vidas, nuestras formas, nuestras interpretaciones de la realidad. No hay más que dejar. Casas y eso por igual son huellas, pero todo cambia. Una cosa es la materia y otra el conocimiento posible. Por ello un libro es necesario en vida. Si te contará que también traía libros en la bicicleta en aquel viaje. Sí, a cada paso y en cada población siempre alguien me daba un libro. Una historia de alguna fotografía, una historia sobre una serie de amigos en un departamento en Nueva York, en ocasiones el cuento alegre y colorido y otras el del silencio y los insectos. La poesía como feroz sentimiento. En temporadas de secundaria uno toma a la palabra como método de nuevos caminos. La narrativa es el paso a la aventura. Y el teatro, qué decir del teatro. Te maravillas. Entre géneros aprendes a galopar de diferentes maneras. Pero el libro siempre será el libro. El libro es música. El libro es historia. El libro son matemáticas. El libro es arte. El libro es un oficio. El libro tiene referencia en la gastronomía. El libro tiene el fundamento de esparcir todo lo posible que viene y que se recomienda por las situaciones de la vida. El libro es una canción para todos. El libro es aquel atardecer en que un cuervo te acompaña en la vereda del desierto. El libro es aquel huracán que se quedo en la memoria de los pobladores. El libro quedo en la huella de tu bicicleta. Una vez una, otra vez otra, y las bicicletas han cambiado. Las bicicletas han mostrado su valor y su sentir al estar contigo y alejarse por cualquier razón. Las bicicletas son amables, el espíritu de uno es la conformación de nuestros libros. Así la evidencia de la letra en este ejercicio: el libro.

Sí, vamos a pedalear y con cada avance escribimos nuevas palabras. Uno se subió a la bicicleta a los cinco años. Ya te dije. Sí, el Viejo fue quien me impulso. La Prieta me curaba las heridas. Todo fue una partícula de avance. La bicicleta, la fotografía y los libros. Jugábamos a la extensión de la imaginación entre esas materias. Uno pedaleaba por las calles del barrio imaginando los grandes paisajes de veredas con la aventura de por medio como si fuéramos unos grandes exploradores. La infancia se convirtió en un libro. En las secciones que hemos determinado cuántas veces no tiene la palabra. Un libro es emocionante. Un libro son los accidentes, las transformaciones médicas que le haces a tu cuerpo, las reparaciones del espíritu, los momentos que recoges en cada extensión de ser. El libro como respuesta posible a situaciones diversas. La palabra como interpretación de nuestro presente. El libro es la bomba que nos permite descalzarnos ante las y los demás. El libro es la montaña que ha formulado en las situaciones diversas que tenemos. El libro es una forma de crear más libros. Y así la serie hasta que se comporta el corazón. Tengamos por ahí la fortuna de escribir la serie y participar en todo lo que es. El libro como una comunidad. El libro como la lucha de muchos grupos. Así las y los poetas, las y los narradores, así las y los ensayistas. El libro como un horizonte del los horizontes. El libro como el vuelo de una mariposa. El vuelo como el nado de una orca. El libro como este cuerpo que me cargo y en el que habito. El libro como la resistencia del pensamiento. El libro como la historia y la permanencia de la especie. El libro como una batalla individual. Los libros. Las comas. Los números. Las palabras. Los libros tienen esa receta que no podríamos menospreciar. El secreto de los libros cada uno lo contempla a su manera. Un libro son las aves. Las aventuras y sus diversas formas de atribuir un paquete de narrativas, poemas y ensayos de diferentes maneras en vida. El libro tiene una secuela de enormes ámbitos y se compone de la posibilidad de existir en cada momento. El libro tiene la facilidad de explorar las situaciones que mantienen el esqueleto en comprensión. 

El libro es un libro es un libro es un libro y la broma ya viene en camino. Y el libro se queda como parte de ello, sí. Todo eso puede ser y más. Hay tantas cosas para decir de un libro. Algo así como un libro es una bicicleta. ¿Lo crees? Sí, para mi la bicicleta en la que viaje era mi pequeña biblioteca. Llegué a cargar hasta 40 libros de diferentes tamaños. ¿Te imaginas? Una de las alforjas era la biblioteca. Además de portar otras cosas del equipo de campamento. Ya sabes, que la lámpara, que el vaso y el plato, que el mechero. Pero fue divertido. Leía en el desierto, a pie de carretera, en las gasolineras, en las sombras de los árboles que me abrazaron. Leí en las viejas carrocerías abandonadas en media de la nada. Leí en las casas viejas y en las que alguien tuvo una historia. Leí en terrenos extensos de naturaleza, debajo del río. Leí en soledad, todo el tiempo. Leí en las particularidades del temor. Leí en las aventuras de saberme bien. Leí. Leí en la espesura de mi bicicleta. Leí en los balcones de los muros naturales. Leí en la casa del hijo, de la señora, del abuelo. Leí en el café, en el restaurante. En ocasiones me equivoqué, pero no dejé de leer. Escribir estaba entre mis secretos. Leí lo que pude. Leí el antecedente de saberme memoria. Leí y escribí e hice fotografías. Leí, amé y pedaleé. Leí, me amaron y pedaleamos. Uno sabe del choque en el que se dispone a estar. Leí para ser libro y recuerdo de alguien. Leí para trazar rutas. Leí de geografía, de fotografía, de arte, de medicina, de matemáticas. Leí sobre cámaras fotográficas, sobre tipografía, sobre el pulque, sobre las cuestiones de México. De otras vidas y de otros países también leí. Del amor por la luz y el desprecio por la oscuridad y viceversa. Leí sobre lo centauros. Leí de aquellas personajes que viajan en bicicleta. Leí de los poetas, de las configuraciones que tiene el cuerpo sobre el escenario. Leí sobre museología como de bibliotecología. Leí de la organización individual y del desastre social. Leí en inglés, en español y en mis locuras. Leí en una parte lleno de amor y otras veces desolado. Leí en el tren, en la bicicleta, en mis piernas, pero en movimiento. Así leí. De un lado a otro y no lo he dejado de hacer.

No se lee por compromiso social o porque debas entregar una serie de respuestas a la humanidad. Se lee por gozo y aprendizaje. Se lee para satisfacer más nuestro tiempo y el tiempo de los demás. Del conocimiento que podemos configurar y de las relaciones que podríamos tener como humanidad. La lectura es aquello que me permitió invitarte a este viaje. De otro manera tendría que haberlo hecho bajo práctica, y créeme, puede funcionar, pero si se tiene más información se facilitan muchas cosas. Es aprender. Somo seres sociales que tenemos vinculaciones con los demás. Sí, ninguna relación es especial, pero sí son únicas. Tienen sus formas de ser. La lectura me permitió aprender cómo debes de parchar una pinchadura. La lectura es una herramienta mágica.

Sí, hasta para acampar hay libros. Mira, en la alforja aquella hay uno pequeño. Te lo quería regalar. Es un libro sobre la ruta en la que estamos. Lo escribí hace tiempo. Sí, tiene muchas cosas de lo que me han pasado. Podrás darte cuenta de esta ruta de nuevo. Es algo especial. No lleves prisa. La hice algunos años. Tenía 30 años y estaba enamorado de mi soledad y de mi bicicleta. Sí, puedes leer todo. No hay nada que tenga que ocultar. La bicicleta me entrego una formidable forma de subsistir. La bicicleta es mi libro favorito. La abordas y en ella abres muchas páginas. La bicicleta es un libro que teje muchas cosas. La bicicleta es esa literatura que todos podemos abordar, es el viaje en el que nos podemos contemplar más humanos, más sencillos, más reales, la lentitud y el corazón se unen para avanzar conforme a nuestro tiempo y a nuestra fuerza. Una bicicleta es el ritmo del corazón y el libro de la vida. Una bicicleta escribe tanto sobre la Tierra y no dice nada. La bicicleta es una traducción de nosotros con la Tierra. La naturaleza es el libro más grande que hay y ninguna historia podrá superar su historia. Nadie escribirá nada igual con tantos detalles y con tantos mundos. Con tantos ríos. Los silencios, eso, ese artefacto que me aplasta. Nadie podrá tener esa dimensión de la naturaleza. Nadie podrá superar tales expectativas. Hemos organizado el camino. Los libros son parte de esto.

Sí, ese libro es mío. Hay varias cuestiones que me permitieron llegar a muchas partes. En ocasiones, nulo, y en otras más, divertido. Todo viaje fue el sentimiento de soledad. Pero existió en mí la posibilidad de recorrer todo lo que pude. Hice una estrategia para conmoverme a mí. Miré todo lo que pude. Descansé todo lo que pude. Jugué a ser capitán de diversas cosas. Canté como iracundo en las noches de las playas. Bailé con tenacidad en el fondo del desierto. Entre culebras y peces, aves y gatos, todo el viaje fue una órbita lunar. Es poco, pero aprendí sobre otros viajes. Los libros sí pesan, pero cuando te gustan los cargas. Es emocionante leer en cada lugar. En muchos espacios. En ocasiones duermes, a veces te dejas llevar. Muchas más no sabes lo que va a suceder. Y así queda la humanidad. Un día es el desierto y otra más la vida. Siempre solo y de pronto acompañado. Sí, duermes sobre libros, con los libros, por los libros, para los libros y desde los libros. Así uno avanza. Imagina. Esa es la pasión de estar vivo. De saber la superficie sobre la que tenemos la memoria de los sueños, y es que nos hemos convertido en algo que no podríamos definir a diferencia de todo el mundo. Tenemos la posibilidad de ser un gato, un libro con una cosa azul, una fragancia que posiblemente me ayude a columpiar en el esfuerzo de avisar sobre la meditación de la vida.

En ese libro podrás encontrar historia únicas. Porque sabes. Ese tiempo fue una nostalgia de muchas cosas, pero también varios libros. Y leí. Leí entre el mar, leí en el cansancio de las lomas. Leí solo. Leí con luz y sin luz, leí de una manera formidable, leí sobre las condiciones de la vida, leí sobre el amanecer de los horizontes, leí sobre venados, lunas y soles. Leí sobre culturas y tradiciones y aquí te entrego todo lo que pude vivir en ese viaje. Sí, no pasa nada. Mira, abre la alforja aquella, la de mi bicicleta. Además de ese libro te traje otra cosa. Revisa. Con calma. Es un multiherramientas. Sí, ese mero. Qué bueno. ¿Te gusta? Úsalo. Te servirá de mucho cuando te muevas. Te servirá de diversas maneras. En unas a solas, en otras en compañía. Pero siempre es un buen paso el que vaya contigo. Pero eso no era lo que quería darte. Ya viste. Por allá. Sí, más adentro. Revisa bien. Hay un sobrecito. Ese mero. Sí. “Escribir como pedalear”. Sí, lo pensé para ti. Pensaba dártelo antes del viaje, pero no sabía si tendrías gana, me pareció mejor dártelo ya dentro del viaje. Sí. La cosa ha cambiado verdad. Sí, apenas van seis días y estás emocionado. Esperemos para saber a dónde nos lleva la ruta. No te preocupes. Te contaré con calma. Sí, también cuéntame.

En ocasiones el silencio puede ser aterrador, pero es una calma que el cuerpo no entenderá nunca. El silencio es la voz del libro que se escucha entre nosotros. El silencio nunca pierde y nunca gana. Sólo está ahí. Personaje de suculenta palabra y efímero nido. El silencio es el libro que nos mantiene firmes. El silencio el suceso que debemos descubrir como el lugar donde se encuentran todas las palabras. La variedad de libros del mundo es el silencio. Escucha. El silencio se observa en el ruido de las cosas. El silencio es el mar, el ave, el viento que sopla detrás de los cardones. El viento es el silencio que no podrás callar. Ese es otro libro. La parte que surge de tu boca. Y de ahí la palabra. Y después como recordatorio la grafía. Y así el círculo infinito del lenguaje se concentra como el avance en el cicloviaje. Ahí es donde he encontrado los libros.

Así suceden las letras. Sí, son muchas cosas. Los libros son pequeños gigantes que vienen a la memoria siempre. Nos llenan el suburbio de colores. La escritura nos comparte las visiones de las comunidades. De alguna forma hablamos de los alcances y disfrutamos de la posibilidad de viajar, de movernos, de volar. Sí, cada libro es un traslado como esto mismo. ¿Cada día es una página? La vida misma es un libro. Hasta dónde vamos a llegar en ese libro. Y así sus autores. Así Alfonsina Storni y el mar. Y qué me dices del canto de Violeta Parra. Y de las aventuras de Sara Sefchovich con su amor mexicano. Y qué me cuentas de Julio Cortázar y sus viajes. Y qué manifiestas de las palabras desérticas de Rosario Castellanos. Y cómo respirar los versos de Roberto Fernández Retamar. De qué manera convierto el latido de las fotografías de Lola Álvarez Bravo a mi existencia. Cómo configuro las pinturas de Frida Kalho en tipologías de color. De qué forma me aproximo a la obra de Jorge Luis Borges. O simplemente, en qué momento me encuentro con la fragancia del grupo Noigandres. Hasta qué punto tengo que considerar a Tristan Tzara. De qué forma me reúno con el viento y los amores viejos. Cómo le digo a Gabriel Said que sí pude leer en bicicleta. Hasta qué momento de la vida podré recorrer estas páginas. Cómo le digo a Silvia Plath que los versos son menos que dolor. En qué cajita se le obsequian unas palabras a Carlos Monsiváis. Cómo despierto de la selva a Gabriel García Márquez. Cómo le explico a Juan José Arreola que la vida en bicicleta es más que una feria con bestiario. De qué manera uno construye el fotograma de Germán López “Tin Tan”. Hasta qué fecha es posible saber cuándo va a llover como Pedro Infante. En que voces de María Felix se queda uno. En qué suspiros de Ibrahim Ferrer se cuelga la canción. Pero en qué parte de César Vallejo se vacía la casa. Cómo abrimos los inviernos Michelangelo Antonioni. Cómo es que uno gira con la obra de Gal Costa. En qué momento tantos libros por tantos libros de tanto libros. Sí, la literatura y las artes también son libros. Y Juan Rulfo qué me dirá de sus espíritus.

El paseo por la mañana es tu lectura matutina. Y es libro. Y así la canción del remedio del avance. Así el corazón del violín en el límite de la canción. Se convierte en libro. Y sí. La lectura como el pedaleo necesita respiración profunda. Sabernos paciencia y atentos a la profundidad de la página. Lo escribí con pluma porque se puede borrar durante el viaje. Sí, es un cuadernillo que hice para ti. Es para que lleves tu diario de viaje. Sí, cada día tendrás algo nuevo que apuntar. Sí. Mira. Todo lo puedes tener. Siempre es un momento muy grande el que sepas que hemos llegado a escribir. Sí. Es posible. Tienes que observar los detalles de lo que tienes alrededor. Eso es importante. En sí, hay muchos métodos. Pero es tu oportunidad de escribir como tú quieras. Escribe lo que quieras: la forma de una piedra, el cuento del mecánico de aquel poblado, la cena que preparaste, la historia de los transportistas que nos encontramos antier, el convivio con las chicas que viajaban hacia el sur. En carretera todo es posible. Puedes hacer amigos por doquier. Siempre hay que abrir la posibilidad de entablar diálogo donde sea. Es la forma de ser humano con el resto de los demás. Sí, multiplica tu palabra. Cada persona puede tener una historia, un libro, la diferencia de cada renglón en tu vida. Así es esto. Leer es dialogar. Leer es más que una posibilidad de descubrir. Leer a las personas. Sí, sus gustos y sus pasiones como sus sentimientos y sus emociones. Debes de cuidar a quien te rodea. Lo que se pueda. No importa si es un extraño. Nunca sabes de quién podrás necesitar ayuda. El momento es una pasión. La lectura el caudal de los momentos más divertidos que he tenido. Mira, ha pasado un delfín. Sí. Está por allá. Sí. Van hacia el norte por estas fechas. Se mueven. Casi ha terminado la temporada. Pero veamos hasta dónde nos puede llevar este ritmo de viaje. Hasta dónde crees que sea posible viajar. Date la oportunidad de leer lo que quieras, de escribir lo que veas y sumérgete en el provechoso momento de tu existencia.

Sí, escribe los detalles como quieras. Piensa en que de hoy en adelante ese será tu libro. El libro que pensaste es el libro que manifiesta ese espacio tuyo. Ese espacio en el que existes, en el que te colocas y en el que vives. De ahí es como debes de entregar tu lectura. Hemos pasado una variedad de viajes a bicicleta para poder escribir eso que tienes en las manos. Hemos pasado por diferentes rutas de Jalisco. Hacia la Costa Sur, hacia la Costa Norte, hacia los Altos, por la Ribera de Chapala, hacia la Sierra Sur, hacia la zona Valles y la zona Ciénega, del rancho al bosque, de la ciudad al poblado y por doquier. Carretera o terracería. De día o de noche. Solo, siempre solo. La búsqueda es el contacto de la velocidad. Es el libro que ahora comenzamos. Esto es algo pequeño. No hemos avanzado mucho. Pero dale con tiempo. Ya aprenderás sobre todo ello.

Tu bicicleta es tu pluma. Escribe lo que quieras. Es tu vuelo. Y lee lo que desees de ese libro. Es sólo una parte de los periplos. Hay más cosas y otras temporadas que pasaron por igual. De viajes de raite y en auto. He manejado Jalisco por igual. De raite por todo México, o una gran mayoría. Pero sí. Eso ha sido las consecuencias de la vida. Lee. Ya me dirás. Hoy quiero cenar un caldito de verduras. Sí, compramos suficiente café. Así es. Leer fue la palabra que me llevo por muchas escuelas, a pintar murales con mucha chaviza y a intercambiar labores sociales. Leer es la multiplicación de la experiencia. Aquí te dejo tu vaso. Sí, traigo algunas plumas y algunos marcadores. Me dices. Siempre es bueno escribir a papel. En un viaje mucho más. Un cuaderno tiene mucho valor. Es tu propiedad y tus ideas. Recupera lo que puedas de tu vida. Escribe por igual. Haz o posible. Es divertido. Y sí. Podríamos viajar más tiempo, pero ya veremos cómo te sientes. Recuerda que debemos pausar en un momento de esta semana. Sí, puedes servirte. Yo iré a caminar un poco por alrededor y regreso. Necesito respirar un poco a solas. Pero observa. La luna ha llegado. Se ve que estará maravillosa. Disfruta. La soledad de un libro está llena de aventuras.*

 

Por favor y gracias.

Calcomanía de 2009. Foto: Miguel Asa
Por favor y gracias.
15 años de existencia nos fortalecen

Cerrar los ojos
no es dormir para olvidarte.
Miguel García Ascencio

Gracias por las plumas y por los adhesivos. Gracias por las rocas, las tertulias, los calendarios. Gracias por las ocasiones en que hemos defendido a la palabra y otras tantas en la que nos descocimos la tela. Gracias por el aliento, el apoyo, la ventaja y la carta bonita de la noche. Gracias por las canciones y toda tu efervescencia. Gracias por las mañanas en que nos han compartido un desayuno, por esos medio días llenos de amor. Gracias por la nomenclaturas de las charlas. Gracias por las opiniones y los intercambios de ideas. Gracias por las cenas en que hemos compartido la vida y el sabor, así por igual de aquellos aperitivos que hemos sido. Gracias por la consecuencia de sabernos vivos y en el proceso creativo. Llegar a 15 años es un movimiento lento y curioso. Muchas personas han pasado por nuestros ojos y las acciones que hemos encontrado ha sido un ramillete de diversidad. Así una calcomanía, una copia, una tertulia, un mural, una charla, una campaña, un festival, un encuentro, una feria, el tren, la bicicleta, los libros, los versos y que sé yo tanto de esto. Gracias por la compañía, la amistad, el amor y la empatía. Gracias por la fortaleza, la creencia, el sabor y la intensidad de nuestra existencia. Gracias por la palabra en el baile y el baile en la vida y la vida en el camino. Gracias por las canciones. Gracias por los conciertos. Gracias por las obras de teatro. Por las tardes de circo. Gracias por la modulación de las amistades en la literatura y las artes. Gracias por la camaradería en el ciclismo. Gracias a los ingenieros de navegación terrestre por todos los momentos de cuidados. Sin ustedes mis viajes no tendrían remedio. Gracias al silencio y a las personas con las que he hecho mucho ruido. Agradezco infinitamente a mis padres por darme la posibilidad de dar gracias a ustedes, quienes me han apoyado en numerosos momentos y no me han dejado caer. Proyecto Ululayu no sólo ha sido mi sueño, sino que se ha logrado forjar como una plataforma de todos y para todos. Aquí estamos para acompañar y compartir como lo han hecho con nosotros. Gracias por todos estos años de alegrías y amarguras. Gracias por las palabras con más palabras con más palabras con más palabras. Ha sido una buena aventura llegar hasta aquí. El viento crece y esto se fortalece. Hemos llegado a cumplir 15 años en activo a pesar de muchos errores, de muchas virtudes y de muchas acciones. En ocasiones más, en ocasiones menos, pero el vuelo no se ha detenido para incidir en sociedad de muchas maneras. Gracias a quienes han mantenido la amistad por mucho tiempo y a aquellos a quienes se integran sin medida a cada paso. Gracias por las letras. Siempre, muchas gracias por las letras. Y siempre, muchas gracias a la bicicleta por permitirme llegar a ustedes de muchas maneras. Que la poesía no nos falte, que el arte nos gobierne y que el pedal sea nuestro avance. Por favor, exista. Gracias.

Vamos a reconocernos en el camino nuevamente. Vamos al silencio que porta nuestra amistad. Vamos al tejido de lo que llamamos tiempos. Sinceramente, muchas gracias a todas y todos.*

Abril 8, 2023

 

Grado 3: el aroma de las letras

Kodak 97X Compañera Instamatic. Foto: Miguel Asa
Grado 3: el aroma de las letras
Una cámara que entrega la apertura al universo

Nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Vicente Huidobro

Sí, la herramienta está en la alforja delantera. Puedes vaciar todo si quieres, sinceramente no tengo prisa. Mira, esta fue la cámara con la que comencé a hacer fotografías. Es un regalo del Viejo, la usábamos en aquellos viajes de los ochenta. Algo peculiar, usaba unos cubitos transparentes que funcionaban como flash. Eran desechables. Funcionaban algunas fotografías y tenías que reemplazar. Ya sabes, la tecnología ha sido prueba y error, y más error que nada. Al final aquí de diferentes maneras. Es necesario desmontar todo para cambiar el tubular de la llanta. Sirve que la limpias por completo y verificas que no tenga otra posibilidad de pinchadura. Quisiera saber cuántas fotografías realizamos con esa cámara. He pensado en reutilizarla, pero no lo sé. Ahora funciona como una caja de recuerdos. De esas fotografías quisiera saber cuáles son las que quedan aún en el archivo.

Desde que tengo uso de razón comencé a presionar los botones de las cámaras en todos los eventos que estaba, así fueran familiares, escolares o personales, siempre, me involucraba en hacer algo con la cámara. Llegó un momento en la primaria que la cámara se volvió mi compañera. Fu un objeto que logré apreciar con mucho amor. Me encantaba poner a las personas bajo diferentes posiciones ante mi perspectiva. De ello tengo muchos recuerdos, incluso, mis regalos de cumpleaños y de ese tipo de fechas no fueron juguetes, fueron cámaras, rollos, y en ocasiones, cupones de descuento para revelado e impresión, revelado o sólo impresión. Cosas que hoy día hemos perdido. Ahora todo mundo piensa que una fotografía se hace con tan sólo un clic y no se esfuerza por tener lo mejor de la imagen. Es ridículo. Pero quisiera que te fijaras muy bien en las fotografías que he estado armando durante todo el trayecto. Tienen algo de simplicidad, pero dentro de ellas se encuentra una potencia divina que sobresale en cada una de sus composiciones. Eso es el ejercicio del ojo: es necesario contemplar para no perder los detalles de lo que somos. Es preciso que sepas utilizar una cámara fotográfica. Es vital que sepas dialogar con los colores, siempre, con toda la naturaleza. Eso es lo que hacemos las personas cautas, observamos con detenimiento, y luego, poco a poco sacudimos todo el éxtasis de lo que tenemos al frente.

Mi primera cámara fue una Kodak, la 97X Compañera, y formó parte de la colección Instamatic. La crearon en Brasil en 1983, lo que significa que es un año más vieja que yo. Nací en noviembre de 1984, por algo me dicen modelo George Orwell. Con esa cámara capturé mis primeras fotografías. Su película era el formato de 126 mm, algo imposible de encontrar por estos días. Pero bueno. Con esa cámara logré tener el espíritu de la luz con la química. Se trata pues de uno de los horizontes que me permitieron emerger dentro del sistema que hoy procura mi vida. Sí. Muchas personas no saben que durante un tiempo estuve en la fotografía. Que hice fotografía de paisajes, retratos, desnudos, conciertos y un sinfín de duermevelas. Incluso, hasta me he dado la oportunidad de perder todo para volver a surgir. Si te dijera que mi archivo fotográfico pereció en un asalto no me lo creerías, pero así fue. Así que lo único con lo que cuento son con algunos negativos embodegados en unas cuantas cajas, mismos que quiero tengan su potencia en un archivo digno donde dejarlos. Sí, ponle suficiente pegamento, pero antes debes de raspar el área. ¿Ya encontraste la pinchadura? Sí, se siente con los labios o las mejillas. Sí, quisiera un bote con agua, pero debes aprender a hacerlo lo más rápido posible. El silencio y la sensibilidad de la piel es lo necesario, por la pinchadura sale un breve aire, ahí encontrarás la sección que debes parchar. Pero eso sí, debes de tener mucha fe en que podrás hacerlo bien, es un ejercicio de paciencia y de fuerza. Parchar una llanta a solas es una de las cosas que me ha entregado mucha paciencia en carretera. Ay. Qué belleza. No me distraigas. Sí. Ya podríamos haber despegado, pero tengo gana de estar aquí unos días más. Hay algo de pan tostado. Quiero ir a nadar. Vamos. Antes, deja te hago una fotografía, me encanta hacerla de mecánico personal.

El agua es algo que la fotografía requirió durante mucho tiempo. Así como te sentiste después de nadar, el agua da otra vida a cada negativo, a cada pedazo de papel, a cada instante que uno ha querido atrapar desde una cámara mecánica. Ahora todo es un clic y es tan efímero que ya no se siente el deseo de aquellos momentos. Quisiera que supieras un poco de ello: sobre lo que era la sorpresa esperar a tener las fotografías impresas en las manos. La fotografía marcó un instante largo en mi vida, marcó una sentencia que se ha vuelto mi vestimenta nuevamente. He creado con muchas cámaras, en sí, la gracia de mis fotografías ha sido mayormente para mí. No he tenido un fin en particular ni comercial al usar una cámara fotográfica. Me ha gustado tener mi propia colección. Me ha gustado ser yo a través de ella. Pero sabes, uno es uno y con el agua cambia, tienes otra oportunidad de revelarte, de alguna manera, a tu contexto, a tu tiempo, a tu devenir. Se trata de una historia compleja. Quisiera decirte que una fotografía es una cosa hermosa. De alguna forma muchas personas te recordarán porque no estuviste en la imagen del colectivo. Así me pasó en la primaria y en la secundaria. Hasta la fecha soy el que tiene más fotografías de aquella época. Después tendría más textos que imágenes, pues la filosofía y la literatura me arrebataron los ojos para construir mis ideales, mismos que ahora te cuento.

Quisiera replantear lo que siento al ver que todo mi material se ha perdido y ha quedado distante, sin embargo, es una oportunidad para renovar todo el archivo y crecer otra vez con una nueva identidad, esto bajo todos los recursos propios de lo que soy ahora. Sí, también tomé fotografías sobre la bicicleta, de las más geniales. Sí, te puedo decir que esto que comenzamos a vivir es un momento auténtico, pues me entregué de manera abrupta a muchas condiciones con el fin de conocer mis límites, sobrellevar mi personaje en vida y saber hasta dónde puedo ser. Ahora conozco muy bien mis capacidades, mis límites y mis riesgos, cosas que me encantan y eso no cualquiera lo puede y lo reconozco. Estoy por descubrirte en una nueva etapa. No sé qué pienses, pero creo, eres una persona fuerte y colorida. Estas fotografías que siguen serán sólo para darnos una evidencia de lo que vivimos. No te preocupes por retratar todo, sólo hazlo con aquello que impacte tu momento, tu vida, y que creas, con todo tu espíritu, que va a trascender en ti. Si no es así sólo desperdicias batería. Persiste en lo valioso. Persiste en lo que tengas, en lo que vivas y no dejes, para nada, escapar una bella sonrisa. Las personas siempre pueden aparecer una vez, pero después no vuelven. Quisiera emocionarte por todo lo que viene de manera sencilla y discreta, pero serás tú quien lo haga. Lo único que te puedo ofrecer de momento es algo breve de teoría. Sí, hay más parches. No te preocupes. Acá tengo más pegamento. Regularmente pasa, se abre así porque no traes protegido el tubo. Dentro de las alforjas sucede constantemente. Con la presión de alguna cosa u otra suele pasar, y al rato, todo el pegamento en los calcetines, con la barra de nuez o ve tú a saber. Ahora lo resolvemos.

Una de las fotografías más bonitas que hice alguna vez fue cuando me fui hasta Tijuana en la bicicleta. Tenía pocos días de haber salido de Guadalajara. Recuerdo que fue una pinchadura en el cerro, no recuerdo su nombre, pero fue después de dejar la Ribera de Chapala, al salir de Jocotepec, con dirección a tomar la carretera a Ciudad Guzmán, allá, en Zapotlán el Grande, Jalisco, tuve que cruzar sobre el cerro que da por encima del pueblo de San Marcos, el poblado que abarca la primera parte de la sección de lagunas, posterior a él se encuentra la de Sayula. En ese cerro se pararon cuatro mariposas sobre la bicicleta a contemplar, con paciencia, lo ridículo que era mi servicio mecánico personal. Sin embargo, entre sus alas de colores y un medio día lleno de sol, logré parchar aquella bicicleta que para mí era todo un artículo de magia. No sabes lo que sentía pues era la primera terracería en mi viaje en solitario. Fue algo enorme descubrir que había llegado lejos y aquellas mariposas fueron el recuerdo de mi paciencia. La fotografía por ahí anda, o eso quiero creer, pero sí, fue un momento de destello, de suma contemplación y de un fortalecimiento mágico.

Así que toma tu tiempo y disfruta de la playa, disfruta de estos momentos porque no se repetirán. Sí, puedes parchar y limpiar de nuevo. Todo se puede sobre una bicicleta, hasta pasear un papalote si así lo quieres. Yo lo he logrado, pero de eso, tristemente no tengo una fotografía. Tengo dos manos y un corazón, y con ello, un mundo de imágenes guardadas en el refugio que es mi mente. Que si bien, no recuerdo todo, sí tengo una memoria que me permite recordar muchos momentos. De eso me siento algo orgulloso. Así tú, trata de observar lo que el mundo ofrece. Se trata de la alegría de vivir todo el color que se pueda. Tenemos muchas incertidumbres y muchas sin razones para demeritar a nuestras perspectivas, pero todo está ahí al frente, delante de nuestros ojos, de nuestros espejos, de nuestros sueños. Hacer una fotografía es hacer algo más que sólo tomar una cámara cualquiera y detener un momento.

No habrás de saber si no aprendes a contemplar. No tendrás oportunidad de observar el universo si no tienes la paciencia para revisar los detalles, cada una de las particularidades con las que se compone una imagen. No se trata de hacer por hacer, se trata de crear experiencias que en tu vida te permitan entregar una persona modesta y de pensamiento franco. Las personas constantemente se engañan. Una fotografía es por igual un engaño de nuestra realidad. Quizás, una de las mentiras más estrictas de la realidad, pues parece que es tal lo que vemos, pero realmente todo ojo cambia en cada perspectiva, todo humano observa lo mismo, pero siempre bajo canales y posibilidades diferentes. Quisiera contarte que he aprendido a sobrellevar la historia de mi persona dentro de lo que permanece. Que no te preocupe un parche o una llanta, hay cosas que se pierden a cada rato y que no se viven de la misma manera, una fotografía por ejemplo. Y es necesario aprender a recordar con paciencia dentro de los recuerdos que existen en las posibilidades de la vida.

Así pues, comprendí que para hacer fotografía no sólo se trataba de tener una cámara y saber de su funcionamiento. Tuve la oportunidad de descubrir la magia de la imagen con muchas y muchos personajes que me dieron paso a aprender fotografía de muchos tipos: moda, social, arte, paisaje, retrato, arquitectura, conciertos, de muchas cosas. Y con ello, y todos los aprendizajes obtenidos, obtuve mi propio estilo. Ya te diré cómo es. Hacer una fotografía es para mí un ritual, es una conexión con la historia del otro desde la propia. Por eso la fotografía es posible que se contemple como algo sensible, pues no todas las personas aceptan el apreciarse de otras maneras que no se conozcan, de ahí que provenga todo ese mito que las personas tanto se dicen al sentirse no ser fotogénicas.

Sí, el pegamento debe secar poco, luego le pones atención al parche de manera que lo presiones contra la tubular para contener un secado potente. Despúes verifica con la bomba de aire si ha funcionado. Sí, ese tubo de pegamento ya no servirá. Supongo tienes un desastre en la alforja. No te preocupes. Limpiamos y seguimos. Es sencillo. Pero si me preguntas como aprendí a parchar, no es lo mismo de cómo aprendí a fotografiar. Mientras estudiaba los inicios de la licenciatura en Letras hispánicas estuve un par de años en una empresa familiar dedicada a la fotografía. En aquellos años ya había pasado por muchos momentos, pero te cuento, estuve en el área de escaneo y luego en la parte digital. Si me preguntas por qué sé algo de esto y algo de aquello es por eso. Ahí observé detenidamente los negativos de muchas y muchos fotógrafos. Los negativos son las películas que se han revelado despúes de haber hecho las fotografías. Sí, así eran los procesos. Nada que ver con lo de hoy día. Así nos gustaba ahorrar película, usarla para el momento preciso, saber que el tiempo podía ser o no ser, descubrir que la toma era nuestra o no, saber si había estado todo bien calculado o había sido un rotundo fracaso. Eso fue la fotografía en aquellos años. Muchas veces usamos exposímetro. Esa herramienta que muchas ocasiones nos salvo de cometer un delito en contra de nuestras propias piezas. En ese lugar contemplé las fotografías de los luchadores que me gustaban, o aquellos retratos divinos que parecían de una película de terciopelo, o aquellas imágenes que resplandecían del verde exacto que menguaba en la naturaleza que las construía, o qué decir de aquellas mujeres y hombres que ha blanco y negro lucían sus cuerpos en formas abstractas por la luz o por la oscuridad, o de aquellos artistas en acción en el concierto de no sé que pieza. Todo fue una luz enorme. Miré cosas que parecían inútiles y otras tantas con mucho despilfarro económico, pero que al final de cuentas, cada cliente pedía lo que quería.

Descubrí en la fotografía el llanto de las sirenas, la náusea de los árboles, el ritmo de la mentira, el compás de los amores fugaces, el melodrama del tiempo, la virtud de la memoria, el sufrimiento de los pueblos, la magia de las estaciones, el poder de la naturaleza y todo, siempre, para quedarse en un momento mágico. Hoy día no sé cuántas imágenes se crean por minuto, pero supongo son infinidades de información que nunca habremos de contemplar en totalidad. De eso estoy seguro, me funciona seguir un poco austero. Toma en cuenta que parte de una fotografía es generar el amor al camino, al espacio, al momento, al instante. Es la oportunidad de resguardar contigo, en una de las artes más cercanas de la realidad de la vida, las visiones y aseveraciones que has tenido de ella. Sí, todos estos mares, todas esas montañas, todas esas páginas, todas esas personas, todo lo que te rodea, podrá ser o no, evidencia de tu recorrido, a lo mejor no servirá de nada, pero hay algo de importante, que quede para ti y los tuyos ya es suficiente.

No te has dado cuenta, pero te he hecho algunas fotografías mientras parchabas tu bicicleta. Sí, así es la cuestión, trabajar sin aviso, trabajar sin meditación. Hacerlo sin importar la cautela, el momento se va y no vuelve. Uno se puede convertir en alguien obsesivo o en alguien que fundamentalmente es un espasmo de momentos deleitables. Sí, porque con tanto, lo que uno ya desea es resguardar todo aquello que importa y no lo efímero del recuerdo, tus calcetines rotos o la cena de aquel momento en la calle de aquel poblado. Son cosas diferentes. El nivel de la fotografía valdrá por la historia que cuente. Sí, date la oportunidad de contar lo que desees a través de tu mirada. La mía ya está incompleta. Así pasamos de un lado a otro y vamos despacio entre todos los pueblos y las personas.

Haz una prueba. No siento que esté mal. Date una vuelta y si no estalla, es que sí funcionó. La cámara trae algo de pila. Vete a la distancia para hacerte otra fotografía. Pero sonríes mucho, que se vea el nivel de aventura que estás teniendo. Sí, sí, no intentaré hacer nada que no te agrade. Es una fotografía. No, es para nosotros. Solamente para nosotros. No lo tomes a mal, pero se ve diferente la bicicleta después de que la has desmontado de todo. Date la vuelta. Va y vienes. Aquí te espero mientras preparo la toma.*

Cartografía: la búsqueda poética en los Altos

Teocaltiche, Jalisco, pueblo. Foto: Miguel Asa
Cartografía: la búsqueda poética en los Altos
La segunda vuelta por Jalisco y sus poetas

No leer significa llevar una cantidad mayor de muertes en la bolsa.
Miguel García Ascencio

 

Tenemos la posibilidad de encontrarnos como la fragancia de un esquema geográfico para contemplar a la comunidad poeta de Jalisco como nuestro recurso histórico. Un par de cámaras, grabadoras, audífonos, cables y todo el equipo necesario para registrar lo que hemos considerado que sea una evidencia. Desde nuestra paciencia, y desde el retrato personal entre nosotros, acudimos a visitar a otros poetas de Jalisco, María Ausencia y Miguel García Ascencio, en Teocaltiche y Arandas, respectivamente. Nuestros espíritus, el de Naomi Greene y el mío, entre pensamientos, dudas, incertidumbres, nostalgias, perspectivas y un sinfín de connotaciones, entregamos esta investigación como parte de una celebración que nos hemos volcado a crear desde nuestro encuentro. Perece la palabra entre cada movimiento que realizamos y es que esta Cartografía, recorrido poético por Jalisco, ha traspasado nuestras metas.

En lo alto con María Auisencia. Foto: Miguel Asa

Salimos hacia el IX Encuentro de poetas Francisco González de León en Lagos de Moreno, Jalisco, el viernes 10 de marzo, y con ello procuramos alcanzar otros poblados de los Altos de Jalisco, todo, con el fin de inmiscuirnos en las cocinas de nuestros poetas contemplados. Las carreteras como magia de encuentro, de reflexión, de reconocimiento y de observación se convirtieron en el punto de diálogo. El movimiento, los trailers, los paisajes, la velocidad, las curvas y todo lo disruptivo de nuestras mentes se vació en la efervescencia poética.

El recuerdo de la biblioteca de Teocaltiche. Foto: Miguel Asa

Llegar a Lagos a Moreno nos permitió asentar nuestros pensamientos, conocernos más, conocerlos más, identificarnos en nuestros objetivos para dar a conocer nuestra labor, que poco a poco, ha llegado a esclarecer nuestra misión. Así, ese mismo día por la noche, y con un pequeño aperitivo como celebración, unas empanaditas de huitlacoche y carne preparadas por nuestros amigos Rocío Salas y Fabián Montero de Slice of Paradise, contribuimos a manifestar a nuestra comunidad de poetas de Jalisco y de otras partes, el trabajo que estamos realizando con nuestro Almanaque y nuestra Cartografía. Todo el público nos recibió con abrazo y compartimos nuestra perspectiva con motivo de sobrellevar nuestro trabajo y empatizar con las ideas que hemos procurado entre todo el movimiento que hemos tenido en los últimos meses. De alguna manera, y con lágrimas internas, encontrarnos y manifestarnos fue principio del camino por nuestra segunda vuelta por Jalisco.

Naomi Greene en grabación. Foto: Miguel Asa

Así, ese Encuentro que tanto aprecio porque me ha permitido emerger como parte de mi comunidad, fue el designio inicial por los Altos. Después de algunas fotografías para nuestro Almanaque y de la escucha de la poesía de muchas voces, contemplamos la partida hacia la región de Teocaltiche. Por allá María Ausencia esperaba nuestra visita desde meses atrás. Así, el domingo 12 de marzo, por la mañana, arrancamos hacia esa conspiración que nos mantiene como un equipo fuerte, paciente y estratega, pues no es de menor importancia saber que nos hemos enfrentado con muchas situaciones que han modificado el proceso de nuestra producción, sin embargo, ha sido mayor la contundencia que hemos entretejido entre nosotros que ello mismo nos ha permitido reconocernos como los primeros retratos existenciales de este proceso creativo. Y así los perfiles rodaron.

Miguel García Ascencio en su estudio. Foto: Miguel Asa

Estar ese domingo con María Ausencia y su familia nos lleno el panorama de posibilidades, de conocer otros procesos que suceden en las poblaciones, allá, dónde el frenesí de las ciudades no existe. Apreciamos los colores, los momentos, las historias, la integración y el suceso de existir de otras maneras dentro de la poesía. Una biblioteca, su tía Ana Cadena, un tejuino y una caminata por el pueblo nos permitió consolidarnos un breve retrato audiovisual de lo que sus ojos le han permitido construir como poeta. Y no todo queda allí, desde la modestia de su familia nos sentimos arropados pues el comedor se convirtió en punto de encuentro en una visita que nos llenó de orgullo, fuerza y energía. Y es que pareciera fácil entregarnos así por así, pero ha sido la amistad, la entrega y la vida misma la que nos ha puesto en este camino de recorrer los ojos de nuestros poetas. María nos abrazó y nos permitió sentir la flor de nuestras aventuras. Así, jóvenes y aventureros, Naomi y yo dialogamos y percibimos a esa población chapulín como un eco de la poesía y de la fuerza de las bibliotecas y las infancias. Y de repente entendí que estaba en una condición sensible y fue una remota reflexión todo ese tiempo. Esa región nos mostró las posibilidades que emergen desde el deseo y desde la gracia de la entrega, el amor y el esfuerzo. María nos permitió sabernos más fuertes, posibles y únicos.

El perro sin nombre. Foto: Miguel Asa

Por la tarde emergimos hacia el sur de los Altos, con un esplendoroso atardecer en el que nos preguntamos cosas, en el que me maravillé de la capacidad de mi compañera realizadora, de la carretera ensimismada y de las formas de la perseverancia que recorren nuestros sueños. Así, pasamos por San Juan de los Lagos, Jalostotitlán, San Miguel el Alto, Santa María del Valle, hasta llegar a Arandas ya entrada la noche. Ahí, entre un abrazo familiar, Miguel García Ascencio nos recibió con una botanita y su espacio, según él, su “casa museo”, y es que sí lo es. Esa noche, entre recuerdos de juventud, la gracia de la plática y las oportunidades de la historia, nos reencontramos como viejos compañeros de escritorio. Pudimos pasar la noche y descansamos. Al día siguiente, el lunes 14 de marzo, enlazamos un desayuno fortificante en medio de libros, de versos y de aventuras poéticas en la historia de Jalisco. Y es que Miguel no es cualquier persona en el ámbito literario de nuestro estado, es el reflejo de que una generación ha trabajado arduamente por mantener, preservar y configurar lo que han sido las letras de Jalisco. Ahí mismo, la sensibilidad emergió en algunos momentos. Fuimos la constancia, la reflexión y el esfuerzo. Y es que las condiciones físicas para ninguno de nosotros nos ha impedido ser revolucionarios de nuestros contextos, porque no se necesita más.

Miguel y perro sin nombre. Foto: Miguel Asa

Al finalizar el día, partimos por Atotonilco, Tototlán y Zapotlanejo hasta regresar a Guadalajara. Es imposible no mencionar que las lágrimas no nos hayan brotado, entre todo lo recaudado y todo lo sentido, nos convertimos en bombas que a nosotros mismos nos han llegado de una o de otra manera, personal y en equipo. Dialogar es lo que permite la carretera. Aprendimos de ellos, de nosotros y de todo lo sucedido. Seguimos en nuestro camino como dos espíritus en reflexión con ánimo de consolidar esta Cartografía por el amor que sentimos hacia la poesía, pues al final de cuentas, es eso lo que nos mueve, nuestra sensibilidad, nuestros errores y nuestras diásporas. Gracias a todas las personas que permitieron nuestro viaje para seguir en este camino de exploración. Uno se siente fuerte y también sensible después de tanto. Pero que más se puede decir si tenemos la oportunidad de manifestarlo. Vamos por más. Siguientes estaciones, Zapotlán el Grande y Puerto Vallarta. Aquí vamos poesía, contigo.

El jardín de la memoria. Foto: Miguel Asa

Con María Ausencia y nosotros estuvieron sus padres y hermanos, y como nuestra compañía cercana, Tabhata Roaro. Con Miguel García Ascencio nos acompañó su sobrina y su hermana, Graciela García Ascencio. A todos gracias, fue hermoso saber sobre más poesía. Y siempre gracias, Naomi, por tu entrega, tu paciencia y tu sabiduría.*

Jalisco poético: rutas insospechadas

Arroyo en Atemajac de Brizuela, Jalisco. Foto: Miguel Asa
Jalisco poético: rutas insospechadas
La configuración de una población y sus letras

¿Es necesario tener alas para volar?
2002

Escribir y leer. Fotografiar. Bailar. Pedalear. Un país particular. Una voz necesaria. Un Estado. Una historia. Una geografía. Una medida. Una cultura. Muchos climas. Miles de kilómetros en extensión. Gastronomías diversas. Paisajes poéticos. Alrededor de 9 millones de personas. Un ambiente benévolo. Música por doquier. Tacos. Siempre tacos. Diferentes climas. Muchas formas de caminar. Cuatro lagunas. Un lago. Varias carreteras. 125 municipios. Una de las principales ciudades de México. Historia en cada una de sus planicies. Tequila. Caña. Birria. Ritmos de vida. Zapateros. Campesinos. Artistas. Artesanos. Escritores. Músicos. Poetas. Jalisco se llama y de aquí las aventuras siguientes.

Encontrar la poesía de una población no es una misión sencilla. Sin embargo, se explora desde otra perspectiva cuando se busca en persona a la creatividad humana. Así en esto, destinamos diversos viajes por nuestras rutas. Contemplé una suculenta fortaleza por las mañanas. Un té al atardecer y diversas cenas en cada uno de sus pueblos. Construir estos elementos es la búsqueda de las voces que llueven en este territorio del occidente mexicano. Es tiempo de configurar un trabajo dedicado. Encontrar las voces de una manera abierta, cercana, empática y sincera. La poesía como motivo, el viaje como aventura y la comunidad poeta como destino. Así, un ejercicio de recorrer las carreteras que se dirigen hacia las Costas, hacia el Norte, hacia los Altos, hacia la Ribera, hacia el Sur, y todas aquellas menores que se reparten por Jalisco.

Hay que degustar una nieve en Mascota, comer birria en Arandas, sacudir el cuerpo en La Huerta, mover las olas en Cabo Corrientes, pedalear en Tapalpa, coincidir en Autlán de Navarro, tomar una caña en Ameca, caminar con paciencia en Talpa de Allende, contemplar los paisajes serreños en Mezquitic, y, sobre todo, reconocernos en los 125 municipios que son Jalisco. Y en cada rincón que lo compone existe la palabra. De alguna o de otra manera la sustancia que recorre a este estado occidental se encuentra en la diversidad de su población. Con una historia amplia en el sentido cultural, hay una particularidad: hacer la reunión de un puerto en el que las letras jaliscienses se contemplen de otra manera.

Esta oportunidad del tiempo es buscar el café en San Sebastián del Oeste, saborear las naranjas de Atotonilco el Alto, disfrutar de una tostada de Ciudad Guzmán, comer un menudo blanco en El Tuito, disfrutar de una visión desde Ahualulco de Mercado, y de paso, asumir el recuerdo de la naturaleza por Concepción de Buenos Aires y siempre buscar la palabra. En cada paisaje y en cada horizonte siempre, o casi siempre, al andar por tierras jaliscienses existe el posible encuentro de descubrir un contenido poético oculto. La literatura de esta región se ha visto llena de muchos nombres, mujeres y hombres son quienes han forjado de alguna manera sus mentes hacia el constructo social con el fin de proveer un enriquecimiento cultural que nace de la tierra, de los caminos, de los climas, de la flora y la fauna que se vive en cada espacio.

Jalisco en muchos términos, contiene un sinfín de poemas. Contiene historia, creatividad y personajes. Es un Estado en el que se camufla el silencio, el sol, la esperanza, los colores y las mariposas. Sí, todo el mundo tiene sus particularidades, y por eso, esto lo contemplo como un mar de posibilidades disfrutable, aquellos árboles altos y gustosos por la carretera de la costa, o qué decir de los columpios que se reparten en todo los Altos, o de aquella sureña vía que desciende al nivel del mar, o qué pensar de aquella altura en la Sierra de Aquila, y todos los trayectos los conozco en las medidas de sus posibilidades. Algo así como saberse el mapa de la palma de la mano, y es que Jalisco, tiene su templanza y sus horizontes. Tiene un efecto de comisura que deleita el perfil del visitante. En sus rutas encontramos tienditas, mercados y un sinfín de personas que hacen muestra de su creatividad de diferentes maneras. Se trata pues de la diversidad de las voces también.

Y eso no queda ahí. He pedaleado Jalisco de muchas maneras. Me he propuesto récords personales. Así mismo me he construido retos y un espíritu de amor de época por mi región que he contemplado encontrar la poesía en las calles de sus pueblos. Conocer una parte de Jalisco en bicicleta ha sido una experiencia que me ha despertado el interés por algo más allá de sus paisajes, conocer las poéticas que le construyen en la actualidad. El pedalear por las subidas de Atenguillo, o descender desde Sayula, o el disfrutar de las veredas en la zona Valles, así como atender en las subidas de Jalostotitlán, todo, me ha dado la oportunidad de conocer un poco más a detalle sus las posibles perspectivas de lo que es este estado.

De ahí la aventura como agradecimiento a esta región, a su historia y a quienes la han construido desde hace años. Así, tanto la palabra desde las voces jóvenes hasta las de las personas de la tercera edad han discernido una propuesta con variaciones considerables. En Jalisco la poesía se reparte de distintas maneras, y es que su difusión se explaya en proyectos editoriales de diversas magnitudes. Así revistas, breves encuentros, charlas, tertulias, talleres y demás. Pero no todo queda ahí, es necesario comprender que en la poesía jalisciense existen un abismo de personajes que la ejercen, que la viven, que la sienten. Y así, con sus respectivas imágenes, esta aventura se remonta a la cotidianidad, a la experiencia, al sentir de lo que muchas y muchos logran posicionar dentro de sus mundos, las letras.

Hablar de Jalisco en el ámbito poético es hablar de una tierra en constante devenir. Se trata pues de la experiencia de reconocer sus paisajes, sus amores, sus acciones, sus trabajos. Así, el interactuar desde una bicicleta, desde la caminata, desde el raite, queda en la apreciación de sus colores, de sus aromas, de sus posibilidades, de sus armonías, de sus árboles y sus flores. Conocer Jalisco representa una apertura indomable a sus literaturas, a sus contextos y se pueden colectar los nombres y persistir en ello, pero es que no sólo queda esto en ese espacio de la memoria, si no que hierve en su música, en el canto del amor, en el suspiro de la vida, en el suplicio de la muerte, en la ironía del fuego, en las centellas de la pluma, en las figuras multifacéticas, en las artesanías que cantan, en los ríos que bailan, en las cunas, en las mesetas, en los valles, en todo el territorio existe una palabra que configura rutas poéticas. Así la voz del joven de la sierra como la anciana de las estepas.

Hay en Jalisco una pluralidad en sus poéticas que se muestra en sus contextos de una manera agraciada y un tanto espectacular. Y es importante considerar que no todo queda en Guadalajara, la capital, si no que cada región trastoca con versos profundos, dolientes, sarcásticos, a la estabilidad de las emociones y con ello, los pensamientos cambian y se desbordan hacia otro constructo que ha ejercido un abanico de nombres que nos permiten consolidar una perspectiva excitante pues desde mucho tiempo atrás, las letras han permutado el imaginario colectivo del jalisciense. Este producto cultural al que hemos dado vida se trata de una experiencia única, se trata de la comprensión del contexto y de la adaptabilidad de la persona, una reflexión antropológica de la creación literaria que existe bajo distintas posibilidades y agencia como una memoria de esta etapa histórica de nuestra existencia.

Viajar por la poesía de Jalisco es un almacén de secretos, una reunión de bibliotecas que se muestran grandiosas, y sobre todo, las imágenes de generaciones que lo han entregado todo. El cuerpo como el medio, la cámara como un soporte y el encuentro como la evidencia. Así es, observar al nopal como poema y descifrar al maguey como retórica, son tareas que se permite uno al expandir el pensamiento por esta parte del occidente mexicano. Se trata pues de una aventura en tierras de colores, en aires con metáforas silvestres bajo el acompañamiento de sonidos peculiares del viento, de la piedra, de la madera, y así, se nutren las palabras de aquellos que nos evocamos a la justicia de la literatura, y en sí, de la poesía.

Este trabajo no pretende construir un horizonte limitado y espaciado conforme a una estructura similar o particular. Esto es la búsqueda de los espíritus desde la poesía, los papeles oxidados, el paso por la vida, la recuperación temporal de nuestras miradas, el eco de los sabores que nos persisten, la memoria del cotidiano, el sentir de la duermevela, la nostalgia de las dos aguas, la cicatriz de las veredas, el campo modificado, el vuelo de los sueños y muchas cosas más. Se vive la poesía desde otra perspectiva y desde otras posibilidades. Así la selva, la estepa, el bosque, la playa, el valle, todo en Jalisco, amerita una evocación de sus renovaciones literarias. Y es que la comunidad poeta abraza cada espacio bajo sus contemplaciones como bien le venga, y de ello, la arquitectura de sus poéticas como horizontes de nuestros trayectos.

Pretender abrir este Almanaque es construir un mapa desde sus necesidades históricas hasta sus reflexiones intelectuales contemporáneas. La palabra como la medida de un trabajo constante y apreciado. El libro como el medio de lo que sucede y de lo que vive parte de nuestra comunidad. La literatura como una de los oficios que se han desmantelado en la región como una expresión potente, sideral, colectiva y constante. Así Jalisco se ha hilado desde un tejido de muchos colores, en los que se visten los versos de recetas, de horarios, de imágenes, de momentos y de reflexiones, en sí, todo, desde una posibilidad abierta en el presente con base en el trabajo del pasado.

En la poesía de Jalisco encontramos voces tiernas, feroces, volátiles, irónicas, honestas, sensatas, amorosas, eróticas, naturales, tecnológicas, divertidas, circunstanciales y hay un retrato para cada gusto. En la poesía de Jalisco hay tortillas, casitas y haciendas, botellas, palto y cucharas, refrigeradores, flechas, cielos y montañas. En la poesía de Jalisco hay mujeres, hombres, y una serie indomable de géneros humanos que eso es lo que permuta la belleza de su quehacer literario. En la poesía de Jalisco hay luz y oscuridad, hay historia, hay caminos, recuerdos y memorias que se han vuelto un ritmo sinfónico para el comprender del público espectador. En la poesía y en Jalisco, hay posibilidades de la palabra desde hace un poco más de cien años. La poesía en Jalisco ha sido una herramienta que ha permitido una identidad particular del reboso, del caballo, de las caminatas, de los huaraches, de las espinas, de la cocinas de leña y una exploración de imágenes que no se detienen a la medida en que uno prosigue en el trayecto de las poéticas.

Así el viejo como al recuerdo y la joven a la actualidad, así el sentir del baúl como el bit del tocadiscos, no está lejano la siembre de la memoria RAM, no están separados los arbustos del camino empedrado y los cables de la interacción virtual, aquí, hemos contemplado a la diversidad.

En el marco de la riqueza que somos como sociedad, la poesía es una de tantas acciones que se desarrolla como un breve proceso de continuidad. Se trata pues de la posibilidad de soñar un volumen de nuestra labor. En estos 15 años de existencia como Proyecto Ululayu, he escuchado y leído una gran unidad de climas dentro de la poesía jalisciense, porque más allá de ser de México, es la que nos ha visto crecer. Este Almanaque es el producto de ese amor por la emoción de los avistamientos que he logrado comprender en bicicleta. Se trata de una reunión de los proyectos, de las editoriales, de los escenarios, de los espacios, y, sobre todo, de las voces que han determinado la euforia de nuestro quehacer literario.

Jalisco escribe y escribe con destiempo y con paciencia. Jalisco es una premisa de largo alcance y una configuración mexicana de la poesía. Jalisco es el temblor de la luz y la armonía del ladrillo, el río como escondite y la muralla del océano. Jalisco es la evidencia del trabajo escrito y del entretenimiento literario. Jalisco es subida, bajada, espejo, perfume, canto, fogata, reunión, fiesta, sabor, sentimiento, contemplación, frío, tranquilidad, euforia, verde, rojo, tortilla, cantarito, tejas, palma, pino, caña y nopal. Jalisco es una diversidad que se nutre de ferias, fiestas, celebraciones, reconocimientos y sobre velas. Jalisco es la oportunidad del quehacer creativo de nuestra generación por entregar una evidencia de lo que hemos sido. Jalisco es un Almanaque poético que se ha creado desde nuestro pequeño sentir para nuestra comunidad lectora y más allá.

Estas rutas viajeras son nuestra aportación desde lo más sensible de nuestras creaciones. Se trata del trabajo de la palabra y la imagen como un agradecimiento hacia la camaradería humana que nos ha acompañado a lo largo de este trayecto. Se trata del reconocimiento de la historia en la que hemos participado por aquí y por allá con la comunidad, desde nuestra iniciativa y junto a otras más. Este trabajo es la entrega de dos diversiones que nos encontramos en un instante de compañía, celebración y disposición, se trata de una mirada visual y otra textual sobre los imaginarios de las y los poetas, una base de confianza, empatía y consideración.

Este trabajo procede como una colección de emociones y de justicias, como el coro de los sueños, algo así como la melodía celebrativa de nuestra comunidad. Nos damos paso a descubrir casa, objetos y demás. Nos damos la oportunidad de establecer conexiones más allá del espasmo, de la gloria y de ciertas limitaciones sociales. Aquí pensamos desde la palabra con muchos más motivos que los que entregan las jerarquías oficiales. Se viste el sentir y se cobija la reflexión dentro de las experiencias y de las posibilidades que entrega la vida misma. La razón y el disfrute son esa variación de llamarnos jaliscienses para encontrarnos en la reunión de medio día, en el encuentro fortuito, en la vivencia del campo y en el abrazo de la sierra.

Esto no es un trabajo determinante sino nuestro abrazo a lo que amamos y que sentimos, nuestra poesía. Somos Jalisco y somos creadores. Así, en agradecimiento por todos estos años, esta pequeña labor como ofrenda a todas las personas que han sido parte de nuestro recorrido, y por igual, a los que nos han compartido sus conocimientos, sus experiencias, sus investigaciones, sus dedicaciones, sus disponibilidades y sus esfuerzos sobre nuestra literatura. Nosotros somos eso, la actualidad de nuestra época, la memoria contemporánea de nuestro que hacer. Se trata bien de nuestro ejercicio amistoso y empático hacia quienes nos acompañan en cada tertulia y en cada poema. Gracias por llegar aquí. Desde la ruta, las letras son nuestro riesgo.*

Grado 1: la memoria despierta infante

Poesía en un ciclopuerto. Foto: Miguel Asa
Grado 1: la memoria despierta infante
Una bicicleta que tiene como raíz varias cicatrices

Es hora de ver el vuelo de una mosca ebria.
Un punto negro sobre la mesa gualda
y algunos libros que guardan desencuentros,
amores, el olor de las cocinas
y tal vez un biombo del siglo diecisiete.
Norberto de la Torre

Silbé hasta media madrugada. Contemplé la luna en diversas posiciones. Dormitaste, dormiste, te despertaste y volviste al sueño. Te quedaste en el sueño, en el descanso, y las estrellas hablaron con el mar, o eso me dijeron. Ya he preparado la fogata. Hice un pozo en la tierra y agregué maderos para tener café caliente. No sé si es cómodo para ti dormir en sleeping a la intemperie. A mí me funcionó en mi primer recorrido largo. Eran noches de viento y fuertes arenas, pero siempre mi cuerpo dormito como pájaro en el nido. A los originarios de estos lares les gusta un nombre en particular, pero no el que dicen que es. Tienen muchas cosas hermosas. Te voy a contar con calma todo. Hay muchas cosas que preservo en la memoria de mis músculos. Creo que ya está el café. Hay algunas huellas de animales cerca de nosotros. No te preocupes. Vamos a nadar y seguimos. Mira, un cuervo. Amanece y ya hay sorpresas. Quita con calma lo que no te permita despertar. Nade desde temprano. Digo nadar por decir que entro al mar e iracundo me creo sirena. Pero mientras pise la arena, el motivo está bien. Ya te dije que hay muchas cosas. No sé si recordarás todo. Sin embargo, acuño con calma que estas palabras se quedarán en la medida de tu existencia. Ya viste, fue un delfín. Sí, pasan temprano y van en grupos.

Te diré, seguro ya te has preguntado, qué sigue en este cuento. Primero que nada, toma un poco de café. Traje algo de semillas. Más tarde desayunamos. Este despertar me recuerda a muchos que tuve en varias carreteras. El vivir al ritmo de la bicicleta de una forma o de otra, es un complemento que pocos imaginan, y es que las piernas se convierten como en dos mariposas que no van a detener el vuelo. Mira, acá el sol sale muy temprano. Parece que es algo inevitable a lo que sucede en otras regiones. Pero ve. Mira el sol. El color del agua. Hay más café, por cierto. Quiero decirte que hemos hecho este viaje con un fin. No sé si alcance a contarte todo, pero espero logres conocer algo más de esta historia. Quiero que estés bien. El sleeping no es fácil. Pero seguro encontrarás momento. Debes adaptarte a todos los corazones que llegan de una vez por todas y fluir con ellos.

Quisiera decirte que estaremos siempre así, con estas posibilidades. No me gustaría cambiar nada en la historia que te contaré. Debo de ser preciso. Sí, parece que esto es ridículo, el mundo es tan grande y severo y tan bueno. Quiero que te detengas un momento en el día y te preguntes hacia dónde vas y cómo vas. Mira en tu imaginación, no hay otro camino. Sólo contempla y percibe. Espero que una bicicleta esté siempre contigo.

Hace tace tiempo tuve un accidente vial que cambio mi vida. Te diré. Algo que debes considerar es no arrepentirte de tus decisiones. Creo, lo único modesto en este perseguir de agua, es la utilización pacífica de nuestro cuerpo. La violencia es un estigma total en todas las personas, incluso, con nuestros cuerpos. Mira, por decidir algo terminé debajo de un camión. Pero es lo que hay. Un hombre con un brazo armado. Pero eso que ni qué, tengo la capacidad de hacer chilaquiles. La bicicleta es un balance de agua. Es como un volumen regulador que no sabes de qué se trata. Pero te digo. Yo comencé a pedalear a los 5 años. Mi Viejo era el que me empujaba sobre la bicicleta y daba ánimo al avanzar. Creo que tengo la herencia más grande que haya podido y eso lo valoro como no tienes idea. Sí, esas tardes de niño fueron lo que me dieron el sueño de recorrer todo lo posible en bicicleta. Espero un día lograrlo. El silencio de la bicicleta aquella no existía. Siempre andábamos en el momento de la ruta. Recuerdo que eran tardes en que nos íbamos a pedalear al monte. Aquellos momentos fueron muy gratos. Yo quería pedalear no sé qué tanto ni hacia dónde pero este ejercicio de divulgar la poesía y el arte se convirtieron en un motor en automático. Pero créeme, yo sólo quería pedalear, pero se sumaron más cosas en mi camino, y ahora estoy aquí contigo, en dirección a no sé dónde, pero en el intento de que aprecies lo que es esto. Es una oportunidad única. Disfruta.  

Te digo, la Prieta no sabe que estoy escribiendo esto. Le voy a recordar mi tiempo. He logrado tantas cosas inimaginables para mí. Te quiero contar de todo. ¿Será buena que se lo escriba? Ponle más madera. Sí, hay un poco de azúcar en la bolsita derecha. Ahí, detrás de la alforja negra. Sí, con calma. Dale vueltas y vuelve a poner agua. Sí, aún queda un poco. Te digo, la Prieta no sabe que estoy pensando en escribir esto. Quiero que me digas si te parece. Se lo quiero leer. Bien, pero deberé atender con calma. Hay té por igual. Sí, siempre hay un espacio para todo. No te sorprendas. Si sabes acomodar las cositas de un viaje, sabrás organizar los sentimientos en el pensar del corazón. Vamos a hacer cosas. Mira. Te digo. Estoy aún un poco dormido. Pero te cuento. Hace ya tiempo que empecé a pedalear, y de un momento a otro, la bicicleta me llevo a la primaria, luego a la secundaria, luego a la preparatoria y más después a la facultad, y luego, a escribir esta historia. Sí, parece que la bicicleta se adaptó a mi cuerpo como ninguna otra cosa. ¿A poco no me crees? Sí, así fue. Mira, si te digo que todas las cicatrices que tengo en el cuerpo son más caídas que otra cosa. La bicicleta es una gran enseñanza. Con todo amor a lo que sigue. Sí, ponle lo que quieras. Al rato, después de la caminata descansamos. En la taza grande, ahí es posible. Es de acero inoxidable. Sí, es de las que el Viejo me regaló en algún momento para viajar. Cómo ves, que se sentirá la locura de estar presente. Quizás la vida nos dio la oportunidad de sentir y de imaginar de muchas formas.

Pero bien, yo recuerdo que estaba en la preparatoria y jugábamos a ser libres, creí en la filosofía como el espíritu del universo humano y pensaba en la poesía como la herramienta más sensible de mi cosmogonía. Algo así como el tulipán que le entregué a aquella chava en un tiempo de diciembre. Si te dijera lo que es el amor cuando usas falda bajo un sistema en el que no conoces la trayectoria social de los individuos, te dan ganas de vivir con más colores y siempre de la sonrisa juguetona que te recrea. Sí, por aquella época ya había estudiado algo de informática y otras cosas. Nos pusimos serios. Pero es que siempre fue el camino al rancho. Y el viaje siempre persistió en mí. Así comenzó si es lo que me preguntas. Fue con la bicicleta. Los recuerdos más viejos que tengo en mí son arriba de un juguete de dos llantas. No lo sé, debería de recordar las bajaditas. Esas las encontré desde muy niño. En las bajaditas con la Avalancha, aquella tabla con ruedas más efímera que la desgracia mundial, fue un concepto que perseguimos muchos en aquellas épocas. Yo creo que esa fue una de las primeras maquinarías en las que mi cuerpo se modificó. Sí, tuve varias caídas y varías desgracias en esas cosas, pero eran divertidas, las bajaditas eran el premio mayor, y también, las posibles velocidades que alcanzábamos con la mejor de las lomas. Y es que no era sencillo. En ocasiones nos subíamos de dos y era todo un momento agraciado. Sí le dimos tenacidad al divertimento. Fuimos muy luchones para eso. Nos desbordamos un poco por aquí y por allá. Recuerdo que, en Tonalá, por aquellas épocas, teníamos la oportunidad de andar por el campo y los caminos que nos llevaban a más allá, hacia la barranca, y ya eras un explorador, y los días eran divertidos y todos muy juguetones. Pero te digo, la Avalancha fue uno de los primeros vehículos en los que volé. De ahí, vendría aquella bicicleta que el Viejo me regalo en aquel diciembre de inicios de los noventa. Quiero escribir todo esto que te digo porque ya se me han comenzado a ir las fotografías de la memoria. Pero quiero dejarlo todo claro antes de que este cuerpo se comience a modificar más.

Aquella bicicleta fue toda una experiencia. Tenía cinco años, te digo. Mi Viejo me impulsaba, pero más que todo fue un preciso momento de mi infancia en la que me entregué por completo a aquel vehículo. Fue una persecución muy grande. Fue una especie de cosa ponderada por todas las capacidades humanas y todas aquellas fórmulas de magia. Yo volé a los cinco años en bicicleta y fue mi Viejo quien me llevó a recorrer mis propios miedos. De alguna u otra manera. Estoy agradecido con ello, porque, si te dijera otra cosa, te estaría mintiendo y no quiero eso. Las mentiras no sirven, son un espasmo en el que la garantía de tu persona se quiebra. Para aprender a andar en bicicleta debes de permanecer eufórico en todo momento. Saber que la vida es una y ya, no más. Debes saber cómo dar vuelta y cómo anunciar, desde un punto u otro, tu permanencia en el camino. Unos dicen que andar en bicicleta es cualquier cosa. Así conozco muchos en la ciudad, pero no te dejes llevar. Muchos de ellos apenas si saben andar, y si se atrevieron, lo hicieron sin una causa natural. Pero debemos de ser abiertos y brindar una oportunidad. Pero eso sí, ve con cautela, que por más que se presuma a la bicicleta como bandera, no todas las personas que se bañan de ello son parte de su movimiento, pues como en todo, existe la falacia y la sin razón.

Pero mira. Ya llegaste aquí. Andar en bicicleta es una cosa que respira y sucede, que es y toma frecuencia. Que aplica y sigue desde la fortuna de compartirse. Que persiste en la memoria. Pedalear es aquello que te permite entregarte a ti mismo, entrar en el silencio, en el eco del piano. Pedalear en una bitácora de espíritus profundos, la acción en la que puedes reconocer a todas las imposibilidades del sueño. Pero estamos vivos y debes conocer que pedalear es el verbo que nos entrega una especie de sustancia que pocas personas comprendemos. Estamos pues en un momento único con nosotros mismos. No temas por ti, escribe, mira, lleva. Observar es una cosa muy importante. Mira todo lo que existe a tu alrededor y no te olvides de frenar con cautela. Así es posible andar. Sí, te digo, la bicicleta para mí es una entrega de sueño, ha sido lo que me ha llevado lejos y más allá de la inspiración, la bicicleta fue por principio una magia enorme en lo que sucede como sigue. La máquina se ha construido a lado de mi cuerpo como una evidencia de mi retórica y mi diversión placentera. Sí, todo tiene de hermoso el vivir y el exagerar, así que bien. Eso, por una parte, es la bicicleta.

Pero si ya te conté qué existe en todo ello, y por lo menos un poco, ahora bríndate la oportunidad de llegar más allá. Es posible que interpretes lo que desees, no menosprecies lo que tienes y engulle todo el té con calma. No llevamos prisa. Siempre eso, la prisa no existe, lo que hagas siempre hazlo con la menor presión y no dejes que el sistema social te arranque el enojo de tu cuerpo, esa es energía que se entrega de manera gratuita y ya no vuelve. Debes comenzar con la serenidad. La bicicleta es una máquina en la viene, te viste, pinta y calza. Debemos entregar una memoria de horizonte para seguir con ese ritmo. Vamos a pedalear, es lo que necesitamos con la constante que portamos. Hazlo con ese sentimiento de alegría. Con el fervor que puedes entonar de momento. No importa el desánimo. Es una locura todo lo que puedes ver arriba de una bicicleta. Por principio, aprendes del fervor de una valerosa y estruendosa máquina, y al final de cuentas, se viste y resopla en la cautela de los días.

Así empezó todo, si un día te lo preguntas. Fue con la sangre en las rodillas y en las manos, porque la bicicleta se quedó sin tiempo ni fuerza, pero sí en la esperanza del anuncio. Me fui de lleno durante muchas épocas, jugábamos siguilis por las calles del barrio. Nos metíamos entre el bosque de las orillas del pueblo, nos confiamos muchas rutas que ha desvelo nos permitían seguir en el camino. Primero uno, luego otro y así nos íbamos. Hacíamos ruta como salvajes capitanes de lucha en el espacio. Cada uno en un caballo virtual y en una imagen enorme. No la apagues. Quiero cocinar algo. De repente recordé que todos éramos unos escuincles de medio vuelo. No teníamos la cordura para confrontar a todos nuestros enemigos, pero sí a los propios, a los nuestros, a lo que nos calza en dos segundos. Decidí nacer en una parte hacia los sentimientos de los libros porque sabía que ibas a llegar pronto. Pero mira, hoy la bicicleta está ahí. Cómo ves. Es una especie de animal salvaje y fiel a tu destino. La bicicleta es una herramienta que nos permite reconocer la potencia de nuestros corazones, la paciencia de estar aquí a tu lado se debe a eso.

Si supieras cuántos kilómetros me permití pedalear antes de contarte todo esto. Es toda una aventura lo que sigue. Apenas vamos comenzando. Ya viste, ahí viene el sol. Ten lindo día y no te lastimes en saberte una persona aventurera. Quisiera decirte que para estar acá he llorado muchas veces. Pero en todo el camino, siempre se ha aparecido una mariposa, y cuando pasa eso al lado de la bicicleta, me contemplo desde mi propia soledad y agradezco.

Sólo para que te enteres, ya he llegado a la veintena de años como una persona creativa, o eso dicen las voces de buen agüero. Y bueno, parte de ello ha sido formular a mi persona entre los pedales, los libros y las cámaras. Porque si supieras, siempre hice eso, pedalear fue la primaria, fotografiar la secundaria y leer la preparatoria. Así que por etapas me di tiempo de crear de una u otra manera, ya te lo dije, esto es de una oportunidad única. Tienes que voltear hacia los rincones de las posibilidades. Es la bicicleta una herramienta que tuve que dominar primero antes de dominar al resto. Tuve que aprenderme los grados, los sentidos y los recursos de cada una de las partes de mi cuerpo, pero comencé por los músculos hasta llegar a mi cerebro. Durante esa época perdí la visibilidad completa de mi ojo izquierdo. Te darás cuenta de que es un milagro que pueda viajar en bicicleta.

Después de comenzar a pedalear, al par de años, en la escuela, en mero jugueteo primario, en la niñez, con la inocencia y bajo el poco tiempo de saber de los peligros, corrí el riesgo de casi perder mi ojo. Un compañero sin mayor responsabilidad en el juego me lastimó. El cuerpo de un lápiz se proyectó desde su mano hacia mi mirada. De ahí, no supe qué hacer. En aquel momento, bien recuerdo, era una mañana cualquiera. No me dolió nada. No paso nada. No dije nada. El temor de no saber qué pasaba me contrajo en las sustancias. La profesora de aquel momento no hizo nada tampoco. Y a todos estos años, me he perdido en muchas lágrimas incompletas, en paisajes desenfocados y otras cuestiones más. Pero soy afortunado. En aquel momento, a los días, notifiqué de mi situación y mira, hemos llegado aquí. Perdí la nitidez en mi ojo, perdí una parte de mí desde temprana edad. No sé qué es estar completo y ni lo sabré. Poco a poco, con el tiempo, me di cuenta de que comencé a apagarme desde infante. Pero esas son aventuras que uno decide. Pero nada de ello impidió que un buen equipo de médicos hiciera todo lo posible por recuperarme. La última imagen que tengo de aquella vez fue cuando, en el quirófano, bajó el sentimiento de una lágrima en un sueño mediático que poco a poco me otorgó la anestesia. Después, todo surgió bajo un parche blanco.

Pero aquello, no impidió celebrar mi cumpleaños número siete. De ahí, todo fue diferente. Lentes, médicos, cuerpos, medios sueños, bromas en la familia, muchas cosas que no sabría que iban a pasar. Sí, no paso a mayores. Todo se resolvió de manera muy tranquila, o eso recuerdo, pero en sí, nada volvió a ser igual para mí, ni para mi bicicleta, ni para todo lo que apenas, a mi corta edad, había aprendido.

Pero lo excelente de estar aquí, es la fortaleza con la que uno se arma en un pie tras el otro mientras dan vueltas en el centro de la bicicleta. Todo fluye, todo es, todo se crea, y todo sucede. Quisiera que ningún accidente hubiese ocurrido, pero es necesario confrontar lo que es con lo que se tiene. Sabrás, hay tantas personas en el mundo que no todas gozan de lo que se dice ser el humano modelo. Intenta ser tú. Encontrarás en el pedaleo una estela hermosa. Una suculenta rabia para aflojar todos los huesos será lo que prevalecerá en el camino. Pedalea. No importa el talento si no la persistencia. Dale. Ama. Pedalea. Y así, repite cuantas veces creas, pero una vez abajo, vuelve a subir. Y así, el ciclo no se detiene, si no que se queda en la duermevela del instante y persiste.

La bicicleta es una medicina que no todos quieren probar por su cualidad de ser auténtica. Se parte de la bicicleta como si fueras un huracán con el mar. Así, el talento no se pierde. Pero siempre, con toda la encomienda que precisa tu tranquilidad, ten paciencia. La bicicleta es persistencia. Es alcance, un reloj de muchos tiempos. Se abren heridas a cada rato, pero ninguna podrá molestar si te enfocas en el trayecto. Te lo digo por experiencia. Sí, no importa que quede a medio fuego. Es temprano para nadar y disfrutar antes de la merienda. Te dije. No hace frío. ¿Tuviste frío? Usa calcetines. Date tiempo. Es sencillo, pero tomará su tiempo ser parte del viaje. Sí, traje madera de alrededor, lo que pude encontrar. Sí nos alcanza. La bicicleta es como el fuego. ¿Por qué? Ya te diré pronto, de momento, con calma, voy por un poema. Deja lo persigo. Sí, pero no lo avientes lejos. Sí, hay más café y galletitas y poemas. Y la bicicleta, ya vi, amaneció ponchada. Te toca repararla. Ya vuelvo.*