Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel

Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en su barco de papel
El ensayista que navega entre los diarios y los imposibles
Víctor Manuel Pazarín. Foto: Miguel Asa

¡Qué manera de comenzar! —me digo, y la evoco—.
¡Qué grande manera de empezar a vivir!
¡Qué noche tan triste esta noche, que apenas inicia!
Víctor Manuel Pazarín

Qué pequeña manera de morir estamos padeciendo desde siempre. Qué galaxia tocó la incertidumbre este sábado. Qué lastimosa tarde que te busco en mi pueblo y ya te has ido.

Si me preguntan por qué me hago llamar Miguel Asa, fue por la dicha de haber conocido a Víctor Manuel Pazarín. Aquel seudónimo que tomé de las letras de Dolores Garnica, en 2005, Miguel (así, sin apellidos), lo sintetizó él: “Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa —o Miguel Asísinapellidos— y tan misteriosa como su propio creador”. Y hoy mi Tonalá se queda sin su poeta.

Y me acordé que la lotería de mis textos se logró gracias a su respaldo. Mis palabras encontraron auxilio en sus didácticas y mi práctica se hizo presente ante muchos. Me tomó por la poesía experimental, algunas cosas de valía carnavalesca (los tacos, la lucha libre y no sé qué más infortunios), además de uno que otro asunto fotográfico. Pazarín fue amigo de muchos amigos. Hizo de La Gaceta de la Universidad de Guadalajara un rincón de amor. Luis Armenta Malpica me dio la noticia de su fallecimiento y lo quise despedir con otras voces. 

Y desde Sudcalifornia, Adriana Navarro, compañera de oficio y su amiga, escribió: “Juntaría todas las palabras aladas y transparentes que me tendías. Tus palabras desbordadas llenas de tiempo y color, de paisajes profundos, palpitantes, que me ayudaron a construirme y a extenderme en páginas y páginas por tantos años. Gracias por la enseñanza, la confianza y tu gran amistad.”

Y me acuerdo del piso 6 del edificio de la Universidad de Guadalajara. Ese piso que nos conmovió la vida y nuestras fichas. Desde ahí su presencia y la apertura para la comunidad desde la poesía y los universitarios. Cuántos espacios nos entregó para publicar, para ser, para poetizarnos. 

Y Luis me dice: “Cuando conocí a Víctor Manuel Pazarín, hace como treinta años, ya era un hombre respetado con Mala Estrella. Apostó por los muy primerizos Guadalupe Ángeles, Julio César Aguilar, León Plascencia Ñol, entre otros. Y con Soberbia, una revista que animó posteriormente, deambulaba por el mundo literario de Guadalajara intentando la comunión, fallida, de los diversos escritores de ese entonces. En alguna presentación, Víctor me presentó de esta manera: ‘premios Aguascalientes hay bastantes, expremios sólo hay uno’”. 

Y le respondí: Cuando conocí a Pazarín me permitió publicar un poema en La Gaceta para quien entonces era mi pareja: dnc. El verbo de mis textos se promulgó como una lotería dentro del desierto al aceptarme como colaborador del periódico universitario. Sencilla, escueta y con una forma peculiar de observar, fue quien nos entregó un enorme trabajo editorial en Guadalajara y más allá del occidente mexicano.

Y desde mi Tonalá contemplé la dramaturgia de Teófilo Guerrero: “Durante una de las funciones de una puesta en escena en la que trabajaba, había una sonrisa germinando en un hombre sentado entre el público, eso me dio la confianza de seguir con la obra en una de sus mejores funciones en el Teatro Degollado. Años después ese hombre y yo coincidimos en las letras y en las publicaciones, como aquella ocasión en el Degollado, su sonrisa honesta y generosa hizo eco en mi ánimo. Hoy ya no está Víctor Pazarín, se fue a buscar metáforas a la eternidad”. 

“Y ahora que lo pienso -prosigue Luis Armenta-, con su humor sarcástico, Víctor Manuel era ese Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. Entre más de una decena de felinos que habitaban su casa y su jardín, Pazarín sonreía lo mismo ante un poema que ante cualquier obstáculo. Cargaba en sus espaldas un carcaj de punzantes respuestas y se mostraba pleno, desnudo, sin el menor pudor, ante cualquier fotógrafo o pregunta. Esa seguridad, tan del mundo del teatro, cómo nos hace falta”.

Y me acuerdo, hice y escribí de desnudos, de trailers, de poesía, de casas, y no sé de qué tanto más bajo sus alas. Víctor entregó calzadas a la poesía. Se fue a Tonalá para contemplar desde allá todos los versos de Guadalajara. Le sabían, nos sabía. Fue un pequeño secreto del oriente en las páginas de la Universidad. 

Y llueve Iliana Hernández desde su nostalgia: “¿Qué somos sin la palabra? Un collage. Hoy mientras tomaba el café se abrió la puerta a otra dimensión, arrancó lo que sabía que estaba y no tengo capacidad para olvidar, tampoco comprendo el sentido de tantas cosas, por ejemplo, que hace tiempo me prodigaron amor desde el anonimato, un aleteo, un revuelo. ¿Quién se da cuenta y persigue hacedor lo desconocido? Develó lo que no sabíamos que estaba, yo no sabía, sin embargo el poeta demostró que estaba. Gracias tierra por cada uno de sus días”. Y Tonalá se ausentó de su poesía. 

Y me pregunto quién escribirá desde el oriente de la ciudad sobre los reflejos de nuestras pesadumbres. Quién nos hablará desde La Casa de la Lima. Quién avanzará sobre la avenida Río Nilo con versos, métodos, críticas y demás. Hoy me pregunto quién le tomará La medida a esa parte de nuestra ciudad. Y los pájaros no responden.

Y cerca de la Mona Alfarera, desde Los Ariles, en nuestra Tonalá, Teresa Figueroa pronuncia: “Víctor, hoy quiero honrar tu voz inmarcesible, tu inteligencia clara, tus textos honestos, tu conocimiento que siempre compartiste. Quiero honrar la luz de tu memoria. Quiero honrar tu amistad sincera. La muerte se ha llevado tu cuerpo, pero nunca nos va a quitar tus palabras”.

Y cómo le hago para que esta lotería de tu muerte nos sepa a Ardentía, al fulgor de los ocasos desde el pueblo alfarero, a la cerámica quebrada en los hornos solitarios. Qué le digo a La Gaceta. Qué les digo a los universitarios en bicicleta que se identificaron contigo. Qué les digo a mis textos lotería de sus tristezas. Qué te dirán después de este día. Qué te dice este texto. Qué te dicen estas voces. Qué te decimos, Pazarín. Y Tonalá llora en barro. 

Y en una cancha de fútbol, el labio se separa de la letra. Miguel Ángel Áviles vocifera: “Recuerdo a Víctor como recuerdo a mis grandes amigos: a partir de libros, lecturas, cafés, entrevistas. Hay muchas páginas en medio desde el día en que lo conocí, y eso va a quedar siempre. Pero especialmente esos días en que charlamos sobre sus cuentos y poemas o cuando iba a la redacción de La Gaceta a saludarlo o en los pasillos de alguna feria del libro. Es un día triste porque se va un amigo”.

Y finaliza Luis: “Mientras conmemoramos el 700 aniversario luctuoso de Dante Alighieri, el centenario de la muerte de Ramón López Velarde y los 200 del natalicio de Charles Baudelaire, podría decirle a Víctor: poetas vivos y poetas muertos hay bastantes, pero me dueles tú. Descansa en paz, amigo, echaremos de menos tus discretas Presencias, tus Éxodos, tus Barcos de papel”.

Y no tengo tiempo para recordar por qué me llamaste Asa. No tengo tiempo para delimitar la ciudad más acá de sus versos. Sólo nos resta encontrarte, ensayista y periodista, en el poeta: “El verdadero, el otro”, la lucha, la libre, la desnudez, el taco, la pesadumbre, los artistas, los ilustradores, las penas, el piso 6 y tu levedad en Tonalá. 

Ya te fuiste. Me toca ver el ocaso desde El Cerro. Y Luis me abraza para llorarte. Todos nos abrazamos para llorarte porque la poesía aún existe. Cruzaré Río Nilo con tus palabras. Que nunca falte el 231. Adiós, misterioso creador. 

El verdadero, el otro
Víctor Manuel Pazarín
(Sobre un cuadro de la pintora Verónica Sandoval)

El traje de mañana o pasado mañana,
el traje en el que envuelta
azul, muy azul
estará mi carne,
tendrá que ser el verdadero, el otro:
el que venga a cubrir la palidez
de mi abierto
—siempre muy abierto—
y triste corazón
que ya no encuentro.

Rossana Camarena: una letra en el viento

Rossana Camarena: una letra en el viento
Ella juega a la ruleta rusa y es huracán
Rossana Camarena. Foto: Miguel Asa

Soy la que soy
casualidad inconcebible
como todas las casualidades
Wisława Szymborska

Solicité un espacio y la conocí, lo demás, es una enorme historia, algún día hablaremos de eso, quizá. Entre los ecos del Encuentro de poetas Francisco González León en 2018, en los Altos de Jalisco y la buena onda de la vida, nos encontramos. No sé qué me llevó a ella pero encontré en su espíritu la divinidad de la poesía. En una carretera nos conocimos, conducía mientras otros nos acompañaron. Qué decir de la vida, de las tardes del movimiento, del viento y su vórtice, de sus letras y mis letras en hermandad, todo fue un huracán. 

En Lagos de Moreno, Jalisco, manifesté mi aprecio por su persona y su creatividad. Y es que Rossana Camarena no es cualquier poeta, como dicen algunos, es más que una llanera solitaria que a todo le apuesta y que con todos cambia.

Desde el primer momento abrazó a Proyecto Ululayu como su casa. Lo hizo parte de su vida y ahora vive con él. Conocí su mente por sus letras. Y es que las glorias se cantan en la terraza, se columpia uno en la hamaca y se vive en los sueños. Y dijimos, “haremos historia” y la historia ya nos llegó.

Las letras son abrazo. Foto: Miguel Asa

Así los chilaquiles verdes de viernes nos consumen el corazón, palabras más, palabras menos, compartimos lo que nos contiene. Así pues, su poesía es un disfraz vestido de diversidad, pues si bien bala también ruleta rusa. Pero más allá de todo, su poesía es la búsqueda de un bosque de colores que nadie conoce, y al saberlo, se lo ha apropiado. 

Rossana es poeta, diseñadora, gestora y por demás, amiga de un centenar de personas creativas, es un enorme vínculo entre muchos de nosotros. Muchos quisiéramos su humildad para saborear de las diferentes glorias que nos ha preparado el destino, los trayectos, sencillamente, la poesía.

Rossana es la credibilidad de Ululayu, pues le conoció los huesos de los versos que le sostienen. Y siempre, o casi siempre, está dentro de la erosión que provoca nuestro proyecto. Sin embargo, también está presente en otros tantos ángulos que creamos a cada rato. Con Rossana la poesía no es estrategia ni política, es ser humano y palabrería salvaje, presente, de piso y fuerza. Poca de esa poesía que busca revolución, que es vida y la sombra de los infantes tal vez. Y también es mar, erotismo, confusión, precisión, salto y profundidad, un plasma que se embriaga de aventuras, de innovación y de energía. Su poesía se proclama como un silente puente entre los que están y los que no están, los que pudieron estar y los que estuvieron. Ella siempre tendrá brazos para abrazarnos.

Sonreir es su naturaleza. Foto: Miguel Asa

Aquí una sencilla evidencia de su vida, que para mí ha sido fortuito contemplarla, apreciarla, existirla. Pero no queda más que vivir cada una de sus letras para armarnos de valor y descubrir que estamos aquí, ante la bala y la flor, íconos de los discursos actuales.

Rossana Camarena está aquí en muchas lenguas, en la superficie que es su jardín, regar, observar y compartir. La poesía es su casa y en ella vive como el ciempiés, de un lado a otro, con los tiempos como resonancia del poema y de la virtud.

Cada que la observo, es un papalote de muchos hilos. Es tiempo de leer su poesía, saberle de escritura y vibrarnos de ella. Me encantaría que los viernes siempre fueran de chilaquiles verdes en Kamilos 333, rincón suicida donde construimos sin fin de elocuencias. Aquí una breve muestra de lo que es ella y sus letras, un paisaje en el vórtice del viento.

La máquina es sueño. Foto: Miguel Asa

¿Por qué escribir?
No hay otra opción que me arrebate la sensación y la plasme en papel. Las ganas necesitan vertirse en un cuaderno.

¿Cómo repercute la poesía en tu vida diaria?
Es al revés, mi vida repercute en la poesía, se va escribiendo conforme se vive y se   acomoda a donde quiera que voy.

¿Cómo es la concepción de la palabra?
Parecida a la concepción humana, esto es que hay una atracción, se procura el clímax experimentando hasta encontrar esa explosión imposible de controlar que acaba bañándonos por completo.

Leer en la paciencia de ser. Foto: Miguel Asa

¿Interculturalidad? ¿Qué te ha entregado la poesía?
Es impresionante las puertas que se abren a la palabra. El mundo te recibe abriendo las manos. La poesía entrega a raudales empatía, vibración gozosa que plaga el universo de sonidos que te erizan la piel.Las palabras se tejen y cubren con una gran manta el frío del mundo. La palabra se me entrega completa. 

¿Hacia dónde se dirige tu obra?
Mi obra no tiene timón, va a dónde se le da la gana, no tiene preferencias ni objetivos que cumplir, quizá la única dirección anhelada es ser leída, con cualquier pretexto y por cualquier razón. 

¿Naturaleza? ¿Te preocupa?
Si hablamos de Madre Natura, no. Sé que es tan poderosa que ella sabrá cómo y cuándo eliminarnos. Me preocupa la naturaleza humana que parece perder el rumbo de vivir. Olvidamos que nos rige el azar y cambiamos tiempo por dinero, así ninguno de los dos alcanza para nada.

Constante re-flexión. Foto: Miguel Asa

¿De qué manera surge la pasión por la palabra?
Leyendo a otros, viviendo otros pellejos a través de relatos, imágenes. Es así que el deseo de proyectar lo mismo se te mete en la conciencia, y hay que escribirlo con fluidos para alertar los sentidos.

¿Existe un sueño?
Conseguir el pasaporte de pájaro. 

¿Vida? ¿Qué es el presente?
¿La mía? Una serie de todo, una colección enorme de momentos, personas, lugares. Latir no es vivir. La vida da, genera, comparte. Ser conscientes de cada respiro nos lleva a escanear cada minuto. El presente es esa efeméride que desaparece al irse pronunciando. 

¿Palabra? ¿Diseño? ¿Cómo se conjugan?
Palabra y diseño hacen una trenza con la estética. Algo que suena lindo y se lee como se ve causa un impacto profundo, de esa manera el equilibrio de ambos provoca al lector. 

La poesía es un pájaro. Foto: Miguel Asa

Disparo

La primera bala la dirijiste al cuerpo
por los ojos,
sin cálculo y con prisa
atravesó el espacio
susurrando en mi oreja cosas
tan repetidas
que no puse atención.

La segunda bala la dirijiste al cielo, con los ojos cerrados
sin atinar pero sabiendo
que ahí habitan los pájaros
y una nube podría resultar herida.

La tercera fue aquella bala
que dejaste en el “cilindro”
a ojos abiertos
esa que no disparaste por no hacer daño
y que al mover el arma de sitio
se impactó contra tu sien.

Yo quería, y tú no
jugar a la ruleta rusa.

Inédito

Ojalá para entonces

Ahí estás
con la sensibilidad sujeta a la razón,
sientes que por voltear a ver el sol te iluminas
pero no sabes mirar, no ardes
tampoco te ablandas
ni con toda el agua del mar.

Eres impermeable
no abres los brazos
lates por inercia,
usas por coraza las costillas
para deformar lo que hay.

Te cuesta respirar
corres para ver si así se escuchan tus latidos
no te detienes, vas de prisa,
nada entra en ti si no puedes comprobarlo.

Te sientes seguro en la rutina
sustituyes la percepción
por una foto en Instagram,
no te enteras que las verdaderas nomenclaturas
no se dan en el laboratorio
sino en el roce.

En tu mundo
el neón sustituye una fl ama,
el diccionario es poesía
y la provocación, amor,
si osas consumir el aire asegúrate de vivir
como pájaro, como nube
para merecer la elevación.

Deseo que a la hora de la muerte
alcances a escuchar un réquiem
puedas sentir, pronunciar un “gracias”
y ojalá, para entonces
tu ego haya tomado la estatura
para que de algún modo quepa
en ese pequeño ataúd.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nota póstuma

Perdón si con mi muerte
provoco algún desconsuelo,
por las cosas del alma
no podré poner remedio,
por las cuestiones terrenales
me apliqué a dejar todo
en orden impecable.

Mis pertenencias son pocas
pero quiero repartirlas:
Para mi esposo,
las cartas de amor
que me entregaron otros
que sí supieron qué decir.
Para mis hijos,
todo lo que contenga letras,
propias y ajenas.
Para mi madre,
todo lo verde que en mi casa exista
y pueda seguir floreciendo.
Para mis hermanos y sobrinos,
las imágenes donde aparentamos 
ser una verdadera familia.
Para mis amigos,
los recuerdos todos.

Agradezco no se celebren misas,
cremen mi cuerpo,
úsenlo de tierra para macetas.
Reúnanse si quieren
y emborráchense en mi honor
con una música que acompañe mi ausencia.

Como discurso lean esta carta
y al final quémenla
también como símbolo de mis restos.
Cierro los ojos ya
y dejo aquí mi cuerpo.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Vuelo

Te pronuncio
y se pronuncian también todas las verdades,
mis oídos se inundan de razones
los ojos y los labios se cierran,
las manos se abren
intentan atrapar el aire
comprimen un grito
que me obliga a tragar.

Veo cómo te diluyes en la lluvia
hombre de barro, primer hombre
¡No ves que estoy aquí, desnuda
con la manzana que reluce?

Tú secas el corazón al sol
pero no te calienta siquiera,
yo voy ensartando plumas
transformándome en un vuelo
al que tú una y otra vez no llegas.

Te hundes en algo desconocido
dices cosas que no entiendo
me doy cuenta que llevas muñones y no alas
que te elevas por inercia
mientras yo decido ponerme al fuego
por puro gusto.

Quizá tú no sabes
que antes, mucho antes
que morir de frío
prefiero arder hasta el último hueso
sin miedo,
y por insistencia.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nada

De lo que venga de mí, de lo que apenas:como marejada, como lengua de sal, como ojos de ostra, canto de sirena en red del pescador sin hambre.
   De lo que venga de mí, de lo que se va acurrucando: como caracoles, como reflejo de luna, como fragmento de ola, estrella de mar sin cielo.
   De lo que venga de mí, de lo que murmura: como espuma deshecha, como vaivén que crece, como deseo que revienta en onda sola, sin arena ni mar ni nada.
   De lo que venga de mí, no de otros, que solo venga, venga y se quede.

De Una mujer un libro. (Editorial La Zonámbula, 2016)

Poesía: instrumento del aliento

Poesía: instrumento del aliento
El género literario que se siente en todas las geografías
La poesía anda en bicicleta. Foto: Miguel Asa

Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
Vicente Huidobro

 

“Procura volver”, me dijo con ánimo alentador. Yo tenía el espíritu dispuesto en el huracán. Pedalee debajo de él. Le nombraron Patricia, yo le llamé Poesía. No tuve incertidumbre al mirar lo que pasaba ahí. Imagine, “así debe ser cada poema”: una potencia única que permite dimensionar la vida a cada paso. Y volé un par de veces debajo de su viento y su agua. Era octubre. Yo estuve sobre mi bicicleta y me contuve a dejar la vida. Y aquí mis letras, yo y la poesía.  

Qué podría decir de aquel momento. No sé, algo similar pasa ahora. “Hay que inundar el mundo de poesía”, sentenció en algún momento de vida Ayari Lüders, pues conmueve y nos crea. Ese artefacto que cabe en la mente humana y no más, ha dado de qué hablar en los últimos años y ha sido por resistir, permanecer, existir. La poesía hoy es un punto de contención que se diversifica de muchas formas, improbables y mágicas. Pensé alguna vez que Ululayu existía, y desde hace tiempo, vivo en mi propio poema. 

Y es que la poesía permite a la humanidad descalzarse de sí misma. Nos entrega la vida y la muerte, el dolor y la consecuencia, la incertidumbre, la soledad, el epitafio y el amor. Nos comparte desde su poder todas las posibilidades para entregarse, darse, vivirse. La poesía nos llama veneno y viento por igual. Nos acostumbra a descender desde el espasmo hasta el rocío. Vaya, “la poesía es el espejo de nuestros ancestros, el aliento de nuestro presente y la semilla de nuestro futuro”, manifiesta Giselle Lucía, desde una isla que vibra el ser, la letra, la palabra, la resistencia. 

Desde la voz de mujeres y hombres, nos existimos, unos desde muy temprana edad, otros desde el inicio de la muerte. Así nos vamos con el poema. Celebrarla, claro, desde nuestras luchas, desde nuestras injusticias, desde el dolor y el miedo, desde la amistad y la fortaleza de sabernos, desde nuestras geografías. Y nos perfilamos como entidades únicas bajo cada verso. Nos entregamos en los placeres del día a día. Hacemos poesía porque “es la sangre que me explora el cuerpo y el hilo rojo con el que me comunico con los demás”, comparte Luis Armenta Malpica, con mezcal al lado. Y así vamos con la sangre entre estos bultos que hemos llamado cuerpos para cargar, a su vez, nuestras poéticas.

El poema no se cierra nunca mientras haya humanidad. Así la poesía se dice viento, artefacto, error y velocidad. Así la palabra se incrusta entre nuestros soliloquios a cada rato. “La poesía es el último refugio que le queda al humano, no hay que escribirla. La otra, es mayor siempre, es una necesidad, y como toda energía verdadera, puede lastimar de la peor manera”, con un brazo amorfo, Jorge García Prieto escribe desde el Caribe. 

Y de qué manera el viento mueve a las olas, dirige al polvo, extiende al fuego; de qué manera sostiene a los huracanes; en qué momento construye poemas desde la erosión. Así me pregunto a cada rato y sólo existo. Así me voy de cabeza y me pierdo en el cerebro. Abordo mi bicicleta y pedaleo desde el ser, desde la vida y doy gracias. En la poesía se encuentra todo, la ausencia y la presencia, la comodidad y la insatisfacción. En la poesía se encuentran las veredas de las raíces que somos. La poesía es “semilla de agua, cuenca de origen donde creció el fresno que bifurcó a los senderos”, así la concibe Melissa del Mar desde una ciudad del norte americano. 

Porque en la poesía se encuentra el error, la imprecisión de sabernos humanos y la exactitud del trayecto. Es tiempo de pedalear para entregar al horizonte nuestras primaveras. Son horas para hacer actos de cambio y de descubrir el futuro como un verso no escrito. Siempre seremos parte del error y del fuego, así de la poesía y del viento, una composición sin paredes. “La poesía es un instrumento para crear acordes con las palabras”, comparte Aurora González desde la noche de primavera.

Celebrar la poesía como último aliento, pues ni toda la vida para todos los versos. Algo así nos habla el tiempo, en el día a día, desde cada escondite que la poesía encuentra. No es posible terminar la sensación de encuentro si apenas se ha dicho una palabra. “Cuando digo poesía, digo todos los nombres” escribe Alberto Paz desde la frontera mexicana. Y es tan extenso el número de posibilidades que no somos capaces de percibir todas las figuras y con ello se desarticula el pensamiento, nos toma tiempo establecer una letra detrás de todo el viento, así el poema a la distancia, la existencia en el momento. 

Poesía es compartir entre los hilos de la vida. Dar un poco de sí y ejecutar el alivio de uno en el otro y este en otro y así sucesivamente por toda la cadena. Poesía es “la vibración que se estrella en los sentidos, la marea que acrecienta lo inefable…” comparte Rossana Camarena desde el vórtice del viento. Poesía es el cansancio del camino pues la comodidad pervierte la sed del espíritu. Que se asuma la primavera con todos los colores que nos entrega el sol para mirar hacia un reflejo enorme de la constancia del río. Así andar, así despertar, persistir, ser aroma y vacío a la vez. 

Un poema nos ha escrito la silueta. Hagamos de las posibilidades poéticas la diferencia de vivir lejos de la calumnia y de la pretensión. Que el poema nos declare error para ejecutar la poesía desde nuestros ojos. Hoy estamos vivos para leerla, saborearla, pero sobre todo, sentirla. Y volví después del huracán, comprobé la fuerza del viento y me sentí nada. Su nombre es aquí y ahora. Pedalear como sinónimo de meditación: la poesía.

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Versorama postal: amor para la comunidad​

Versorama postal: amor para la comunidad
Poemas ilustrados para acompañarnos desde la creatividad
Ilustración: Alfredito Romano

Como la marea,
regresaré sin haberme ido
del todo.
Melissa del Mar

¿Cuántas veces no esperamos al cartero por las noticias de aquella persona que se encontraba lejos? ¿Cuántas cartas, de aquellos amores que se desvanecieron en la memoria, extraviamos en cada mudanza? ¿Cuántas postales mandamos para manifestar un poco de lo que veíamos en nuestros presentes?

Armamos un pedazo de nuestros corazones en una serie de postales para compartir amor y alegría desde nuestras creatividades en estas temporadas de distancia y de nostalgia: porque la unidad no termina, estamos presentes. 

En compañía de la poeta Melissa del Mar, del ilustrador Alfredito Romano, de la artista Patricia Cardona, mi trabajo, Matriolax, y más personas creativas, hemos creado una serie de cien cartas con versos e ilustraciones para enviar a todo México, dentro de una edición especial que hemos llamado “Versorama postal”. Hicimos esto con el fin de recordarnos que la fuerza entre la humanidad no acaba y que la cercanía existe sin conocernos. Esta acción surge desde nosotros para ustedes, todo, para celebrarnos, para vivir y para estar ahí, a un ladito del corazón, pues creemos que es momento de unirnos con toda la fuerza que podamos desde nuestros seres. 

Todas las cartas han sido la respuesta a diálogos que hemos tenido a lo largo de varias semanas. Creemos que compartir un poquito de nuestro trabajo creativo es una pequeña forma de alegrarnos en estos momentos. Hemos considerado el Correo Postal Mexicano pues deseamos que nuestras huellas sean para estrechar y fortalecer nuestros contextos, nuestras vivencias y nuestros sentimientos. 

Si vives en México y deseas ser parte de este pequeño acto de amor, ingresa en el siguiente formulario tus datos personales. Las cuarenta respuestas más creativas y breves a nuestra pregunta, serán las seleccionadas para participar en el envío. Toda la información aquí depositada se tratará de manera confidencial y sólo será para concretar este producto creativo. Gracias a ti por hacerlo posible. Amor y paz.

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Alzar la voz es nombrarnos: de poesía y manifestaciones

Alzar la voz es nombrarnos: de poesía y manifestaciones
El ejercicio de la palabra desde las mujeres
Mujer Á(r)mate. Foto: Tzuara de Luna

Entenderás entonces que de tu boca brotaba el fuego.
Nydia Pando

El acto violento, dice Rita Segato (2013), se comporta como una lengua que funciona de manera efectiva en nuestro contexto. Por ello, “cuando un sistema de comunicación con un alfabeto violento se instala,” resulta muy complicado revertir el proceso. Sin embargo, el arte y las artistas detrás del mismo han encontrado en la poesía la posibilidad para hacer frente a la violencia. Valeria Rodríguez y Carolina Repetto señalan, a propósito de ello, que “entretejido con los orígenes del lenguaje y la capacidad del ser humano para simbolizar, surge el gesto de poetizar como un modo de decir y de entender el universo” y, por lo tanto, como un medio para manifestar resistencia frente a las diferentes injusticias que plagan el devenir mujer. De hecho, en relación con lo anterior, Rodríguez y Repetto (2019) retoman a Lanseros (2016) para sugerir que no hay ninguna civilización en donde la poesía no haya existido como el origen de la transmisión de la información, del conocimiento y de la cultura. De manera que, esa palabra de origen, es la que, al erguirse frente a las injusticias, señala también el porvenir.

Antes de comenzar a deambular el vericueto del tema que hoy nos congrega, me gustaría señalar un aspecto crucial para el entendimiento de este texto: la poesía no solo es escrita. En realidad, la poesía tiene múltiples manifestaciones que no solo se abordan desde la palabra. A ello, Nadia López (2019) comenta que la cara escrita de la literatura es tan solo una de las diferentes posibilidades que existen dentro de la poesía. Esta puede ajustarse a diferentes manifestaciones artísticas como lo son el baile, el canto, la pintura, entre muchas otras. De dicho modo, cuando en este texto se haga referencia a poesía, podemos encontrar en esa palabra la posibilidad del crecimiento de otras. Dicho lo anterior, vale la pena mencionar que en este texto se tomarán dos tangentes. Por un lado, se hablará del arte como una propuesta de manifestación y, por otro lado, se reflexionará sobre la poesía que crece en las manifestaciones feministas. 

En primer lugar, la poesía como posibilidad de manifestar la herida y hacer frente a la violencia se remonta a varios siglos en el pasado. Vivian Abenshushan (2018) aterriza a Mary Beard (2014) para mencionar que, en una de las historias de Las metamorfosis, la violación de Filomena es narrada. En el texto, el violador le corta la lengua con la intención de silenciarla. Sin embargo, Mary Beard menciona que dicho acto sugiere: 

que la comunicación trascendía la voz humana y que las mujeres no podían ser silenciadas tan fácilmente. Filomena perdió su lengua, pero aun así encontró la forma de denunciar a su violador al tejer su nombre en un tapiz.

Lo anterior permite encontrar el puente entre el arte como manifestación y la manifestación como manera de exponer la herida y, por lo tanto, generar tierra fértil para que la poesía pueda brotar. 

En la mayoría de los casos, lo complicado es rastrear todo el arte que se ha creado bajo la mano de una mujer, pues dos factores lo dificultan. El primero es que muchos nombres de mujeres y los trabajos realizados por ellas fueron borrados de la historia o simplemente no incluidos. Y, en segunda instancia, muchas mujeres tuvieron que ocultar su nombre debajo de un seudónimo masculino o detrás del anonimato. En cuanto a ello, María Jesús Martínez (2017) señala que, en los textos sobre historia del arte, difícilmente se menciona el trabajo realizado por mujeres. Para ejemplificar, menciona que la artista María Gimeno intervino uno de los libros más conocidos sobre historia del arte, La historia del arte de Gombrich, en donde la aparición de mujeres era sumamente escasa. La artista contemporánea realizó páginas de investigaciones sobre mujeres artistas con el mismo diseño que el texto original. Al final, tras incluir a muchas de las mujeres que hacían falta, el libro resultó ser el doble de ancho que el original. Lo anterior nos demuestra que son muchas las mujeres cuyo nombre y trabajo se desconoce, no por inexistente, sino por la poca visibilidad que han tenido.

En segundo lugar, aterrizando la manifestación como un espacio en donde crece la poesía, me gustaría señalar que lo considero como una de las formas más puras de la poesía. Pues no hay nada más poético que las mujeres alzando la voz y acuerpándose poema en contra de las injusticias, de la violencia y de un contexto que las busca silentes. No obstante, tal como lo menciona Magui González (2019), la cobertura mediática genera un sesgo en cuanto a la construcción de la opinión publica y la percepción que se tiene no solo sobre las manifestaciones feministas, sino también sobre el propio movimiento feminista. No obstante, en círculas feministas y grupos de mujeres, he podido comprobar que no soy la única que ha percibido a la expresión artística como una constante, lo cual, además de visibilizar el trabajo y el dolor, permite reivindicar el nombre de todas las mujeres (artistas o no) cuyo nombre fue borrado de la historia.

En cuanto a lo anterior, Andre Giunta (2019) menciona que el arte de las mujeres empezó a habitar las calles porque las galerías e instituciones del arte no las incluían dentro de sus exhibiciones. De manera que, brotar en las calles era necesario para visibilizar el arte creado por mujeres, ya que, en muchas ocasiones, ni siquiera las propias mujeres conocían el trabajo de otras. Además, señala que el sistema de consagración del arte occidental fue estableciendo dos únicas líneas: la masculina y la privada (ligada al entretenimiento). Basado en ese contexto, diferentes colectivos feministas encontraron la posibilidad de compartir y difundir su trabajo, así como también de conocer el de otras mujeres artistas, a través de manifestaciones, mítines y grupos de conciencias.

Es así que la poesía crece en las manifestaciones feministas y permite que todas pronunciemos lo que nos une, lo que se forma frente a la indiferencia, frente a la falta de respeto, frente a la muerte. La tierra fértil es precisamente esa en donde las mujeres alzan la voz, se apoyan y exigen los derechos sobre su propio cuerpo y el de otras mujeres. Entonces, desafiar al heteropatriarcado con arte, habitar la herida, exponerla y compartirla, no solo es un acto de valentía y rebeldía en donde las mujeres hacen frente a un sistema que las violenta, sino que también se convierte en un acto poético que visibiliza a las que estamos, a las que se llevaron y a las que fueron borradas.

Referencias
Abenshushan, V. (2018). “Disolutas (A Ante Cabe Con Contra) Las pedagogías de la crueldad”. Tsunami. Sexto Piso. 18.
Beard, M. (2014). La voz pública de las mujeres. Letras Libres. 
González, M. (2019). Fotografías de las manifestaciones artísticas de la marcha feminista. Yaconic. 
Giunta, A. (2019). Feminismo y arte latinoamericano: Historias de artistas que emanciparon el cuerpo. Siglo XXI Editores.
Martínez, M. (2017). Las mujeres artistas: Arte y Venganza. España TEDx Plaza de la Merced.   
Lanseros, R. (2016). Función del poeta en el siglo XXI. Círculo de Poesía
López, N. (2019). La tradición de la literatura oral. Literatura en lenguas originarias de México. Colegio de San Ildefonso.
Rodríguez, V., Repetto, C. (2019). Poesía y resistencia. Notas para pensar la poesía en la época de las plataformas sociales
Segato, R. (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado. Tinta Limón.

Todos los nombres que soy: sororidad con la palabra

Todos los nombres que soy: sororidad con la palabra
El ejercicio de la palabra desde las mujeres
Contra el silencio todas las voces. Foto: Tzuara de Luna

Entierra a tus muertas en mi vientre que yo les daré patria.
Svetlana Garza

Este no debería de ser un texto sobre la importancia de que las mujeres escriban, sean leídas y escuchadas; pues no deberíamos de tener que exigir ni dar explicaciones sobre nuestro derecho a hacerlo. Sin embargo, el contexto actual parece indicarnos todo lo contrario. Quiero iniciar esta reflexión con la pregunta “¿Por qué me siento tan obligada a escribir?” propuesta por Gloria Anzaldúa (1980). A lo que ella contesta:

Porque la escritura me salva (…) Porque el mundo que creo en la escritura me compensa por lo que el mundo real no me da. (…) Escribo para grabar lo que los otros borran cuando hablo, para escribir nuevamente los cuentos mal escritos acerca de mí, de ti” (p. 4).

Leer los textos redactados por mujeres es conocer nuestra historia de otra manera; es reconstruir nuestro pasado para pensar un porvenir mejor, un porvenir habitable. Angela Davis (1983), señala que hay que cuestionarnos e investigar en dónde comienza la historia de las mujeres, ya que nuestros nombres han sido ocultados bajo el anonimato y las hegemonías culturales se han apropiado de nuestras ideas, descubrimientos e invenciones. Además, como también menciona Gloria Anzaldúa (1980), escribir desde nuestra voz, es reivindicarnos y reconciliarnos con nuestros cuerpos, nombres y existencias. A propósito de ello, Andrea Dworkin (1976), plantea al cuerpo como territorio, un espacio del cual nos tenemos que apropiar, porque el contexto nos ha dicho que ni siquiera nuestros cuerpos y las decisiones sobre ellos, nos pertenecen. Tomando en cuenta lo anterior, la palabra es una gran puerta para comenzar a conocernos, para empezar a habitarnos; porque la palabra y su performatividad nos permiten encarnar lo que enunciamos y hacerlo real a través de nuestras acciones. De esta manera, el escribirnos como mujeres unidas, sororas y que alzan su voz ante las injusticias, puede hacer que ello pase de ser palabra a realidad, sino es que ya lo es. 

Entonces, el ejercicio de leer los textos escritos por mujeres es reconocer que lo que se ha dicho sobre nosotras, no nos representa. Porque hay que señalar algo, es verdad que muchas mujeres han sido protagonistas de las historias que hoy en las escuelas nos enseñan como clásicos, pero ¿cuántas de esas historias fueron escritas por mujeres? ¿Cuántos de esos personajes verdaderamente nos representan? Escribir desde nuestras vivencias es confrontar todos los arquetipos que en la literatura y otras expresiones culturales se han reproducido y fortalecido. Lydia Cacho (2005), cita a Florence Thomas para hablar de la necesidad de romper con los estereotipos que el heteropatriarcado fomenta sobre las mujeres, retomando la siguiente frase: 

El lenguaje es el fundamento de la reproducción del sexismo; (…) En ese sentido, no habrá ni devenir femenino, ni nuevos sujetos, si dejamos el trabajo sobre lo simbólico y sobre el lenguaje, todo ese sistema de representaciones del mundo que conforman los pilares de nuestras identidades (p. 169-170). 

De modo que, resulta crucial cuestionar si los libros que nos enseñaron como clásicos, reproducían los estereotipos sobre rivalidad entre las mujeres, estigmas sobre nuestras dinámicas sociales, comportamientos, cuerpos y nuestra existencia misma. Por lo tanto, para detener esos arquetipos que nos plagan y que han regido nuestras vivencias por tantas generaciones, además de escribir desde nuestra voz y desmentir dichos esquemas, es importante empezar a sanar nuestras relaciones con otras mujeres. Y con ello, apoyarnos, crear espacios, redes seguras, leernos y escribir. Porque es a través del proceso de lectoescritura que podemos ir develenado en colectivo, lo que Anzaldúa (1980) señala como “algo que hemos reprimido o fingido no saber” (p. 5). Conocernos a través de la palabra permite generar lazos de empatía y saber que otras mujeres comparten o se sensibilizan con nuestras realidades.

Cuando he tenido la oportunidad de trabajar con mujeres y niñas que están empezando su proceso de escritura, muchas se han sentido nerviosas de leer en voz alta, de hablar en público, de ser escuchadas. Y las entiendo, puesto que reconozco que hemos crecido en un entorno social que nos pide guardar silencio. De hecho, menciona Vivian Abenshushan (2018), que el mundo de la creación literaria ha fomentado “la perpetuación del régimen de género vigente, donde las voces de las mujeres y otras disidencias sexuales se inician con un silenciamiento” (p.18).  En donde también, como menciona Chimamanda Ngozi Adichie (2017), a las mujeres nos enseñan a ser pasivas, mientras que a los hombres los educan para “hacer”. Nos dicen “no toques eso, o quieta, sé buena”, mientras que a los niños se les anima a explorar, a alzar su voz (p. 34). De tal manera que, si queremos empezar a deconstruir no ya sólo nuestras propias existencias, sino las dinámicas del mundo literario, tenemos que confrontar el miedo a hablar en voz alta. Dice Kathy Kendell (1980), con palabras de Audre Lorde, que “necesitamos elevar la voz. Hablar recio, decir cosas que trastornan (…) y que todos oigan, quieran o no” (p. 25). 

Nos han enseñado a estar en silencio y hacernos creer que lo que decimos no importa, pero estoy segura de que todo lo que las mujeres tienen que decir, todas aquellas experiencias y vivencias que escriben importan y deben de ser escuchadas. Expresa Yásnaya Aguilar (2018), que “todo acto lingüístico se convierte en un acto político” (p. 74). Bajo dicho esquema y retomando lo que muchas personas ya han dicho, alzar la voz y hablar, en una realidad que nos busca silentes, es un acto de resistencia.

Inicié con una pregunta, y deseo concluir con otras. En muchas ocasiones he sido testigo de las interrogantes: “Pero ¿por qué la antología es solo de mujeres?”, “¿Por qué el taller, la presentación o el espacio de diálogo son exclusivamente de, por y para mujeres?”, “¿Por qué tenemos que hablar de literatura de mujeres?” Pues, en pocas palabras, porque el campo, no ya solo de la literatura, sino también de muchas otras áreas del conocimiento, se ha esforzado, durante generaciones, por mantener a las mujeres alejadas, invisibles y en silencio. De ahí que el esfuerzo de hacer antologías, talleres, lecturas, presentaciones y demás, exclusivamente de, por y para mujeres, sea dejar una huella en los pabellones de los que hemos sido borradas. Leernos es hacer espacios para nuestros nombres en las calles de personas ilustres en donde no nos incluyeron. Y aunque, no debería de haber necesidad de justificar la importancia de escribir, ser leídas y ser escuchadas, insisto: hacer y difundir literatura escrita por mujeres, es encarnar nuestra voz y decir que escribimos porque existimos y que seguiremos existiendo pese a todos los esfuerzos por desaparecernos.

Referencias
Abenshushan, V. (2018). “Disolutas (A Ante Cabe Con Contra) Las pedagogías de la crueldad”. Tsunami. Sexto Piso. 18. 
Aguilar, Y. (2018). Lo lingüístico es lo político. México: OnA Ediciones. 70-73.
Anzaldúa, G. (1980). Hablar en lenguas: Una carta a escritoras del tercer mundo. En Steiner, R. (1985), Palabras en nuestros bolsillos. San Francisco: Bootlegger Press. 4-5.
Cacho, L. (2005). Los demonios del Edén. Editorial Debolsillo. 169-170.
Davis, A. (1983). Women, Race, and Class. Vintage Books. Division of Random House. 31-35. 
Dworkin, A. (1976). Our Blood: Prophecies and Discourses on Sexual Politics. G. P. Putnam’s Sons. 22-30. 
Kendell, K. (1980). Carta. Del taller dado por Audre Lorde y Meridel Leseur. 25.
Ngozi, C. (2017). Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo. Literatura Random House. 32-34.

Una noción del espíritu: existir o no existir

Una noción del espíritu: existir o no existir
Un pensamiento sobre el peso de nuestro ente
Sol sobre Atemajac de Brizuela, Jalisco. Foto: Miguel Asa

Los autores más espirituales producen una sonrisa poco sensible.
Friedrich Nietzsche

Desde los inicios del pensamiento, el humano ha tenido la firme necesidad de hacer frente a las interrogantes que se generan al vivir en este mundo de forma individual y colectiva; por tal razón, se ha apoyado en diversas esferas. En primer lugar, la mística, la filosofía, la ciencia, entre otras, sin embargo, habrá respuestas materialmente no accesibles. Por su parte, la filosofía junto con la lógica, buscan resolver interrogantes o de lo contrario problematizar y generar más preguntas. ¿Qué es el espíritu?, ¿qué implicaciones tendría la existencia o la inexistencia del espíritu?; preguntas que en algún momento de la vida nos hacemos o nos haremos.

Por muy pequeño que sea, todo lo que nos rodea contiene peso. De tal suerte, si pudiésemos observar dentro de nuestro cuerpo, notaremos que nuestro peso es la suma de cada uno de nuestros componentes físicos. Ahora, si los ojos permitieran una observación metafísica a nuestro interior, la pregunta sería: ¿el espíritu tiene peso? Si la respuesta fuera positiva o negativa, nos llevaría a diversas conclusiones. En consecuencia, si todo tiene peso, de alguna forma todo está regido por las leyes de la física y sus conceptos, puntualmente, la noción de gravedad y la caída de los cuerpos. 

Una de las primeras impresiones que podemos tener al momento de aceptar el peso del espíritu, es que necesariamente es materia, por lo tanto, sería tan material, como nuestros zapatos o la silla donde estamos sentados. En efecto, los zapatos y la silla, por el sentido de gravedad que puedan flotar a otro espacio y tiempo, es decir, la realidad inmediata en la Tierra es su posición natural. De ahí que, al seguir algunas líneas ideológicas, cuando un cuerpo muere es posible que  suceda lo siguiente: el espíritu se desprende del cuerpo y se encamina inmediatamente a otra realidad con diferentes leyes naturales o el espíritu se desprende del cuerpo y queda vagando en esta realidad y con sus leyes.

Si la primera afirmación fuese cierta, la conclusión sería, el espíritu no tiene peso, por lo tanto, puede irse de este entorno, pero, si no tiene peso, tampoco pudiese regresar a esta realidad porque necesariamente se necesita peso, de ahí se considera, que la reencarnación y la resucitación es falsa. 

Si la segunda afirmación es verdadera no existe un espacio divino, porque la posición natural del espíritu en espacio y tiempo, al tener peso, sería justo esta realidad.

Finalmente, es prudente advertir, que no existe una noción llamada alma y si existe es materia y al ser materia está regulada por  las leyes de la física.

 

Giselle Lucía: páginas e hilos

Giselle Lucía: páginas e hilos
El verso desde la confección de la palabra y la tela desde Cuba
Giselle Lucía. Foto: Luis Joa

yo soy la tierra
y el río enloquecido
sin oirte
Minerva Margarita Villareal

Cuando supe de ella, recordé mis viejas formas: escribir con la máquina de coser sobre la bicicleta. Así conocí a Giselle Lucía, poeta y diseñadora de modas caribeña que me pareció genuina en su carácter y en su estela. La conocí en La Habana, Cuba, en 2019, cuando el cuerpo de mi maleta fue un grupo de botes de pintura, brochas y algunos versos de niños wixarikas que traía conmigo. 

Hablamos algo, nos debemos un café, en eso hemos quedado desde aquella vez. Sin embargo, han existido noches a distancia y la palabra viene aquí y allá. Ella habla de la poesía como del corte que entrega. Así baila una foto con el río a la vez que cabalga sobre el horizonte, escribe y confecciona. Sus poemas se han movido y persiste. Yo quería escribir sobre ella, pero ella quiso hacerlo. Un día andaremos en bicicleta: apenas está en el equilibrio, por ahora juega a ser tierra. Aquí las respuestas que de ella nacen en estos tiempos, en los que las páginas y los hilos la sostienen como tenaz libélula entre cada páramo de luz. Aquí Giselle. Usted pase a conocerla. 

Escribir y diseñar desde Cuba. Foto: Luis Joa

¿Por qué la poesía y el diseño?
Uno no escoge las cosas que ama. La poesía fue quien me escogió. La miré a los ojos un día de mi infancia y me devoró el corazón, ahora le pertenezco. Cuando vuelo, cuando mi pecho se quiebra, al partir, al volver, al reír, al llorar, ella siempre está ahí. Para mí la poesía es el acto de nacer y resucitar muchas veces. Mi modo de sentir las pulsaciones del mundo. No puedo vivir sin respirarla, es mi instinto, esa vibración que siembra cosquilleos en mi interior, mi silencio, mi soledad, mi luz y mi oscuridad, mi misión en esta vida, eso que arde al centro de mi sangre.

El diseño es una sensación diferente, pudiera decir que es la forma de visualizar esas emociones, la parte más tangible. No sabía leer e inundaba con trazos las paredes y el piso de mi casa, dibujaba muñecas con vestidos en las libretas con los creyones de mi madre y creaba historia con ellas. Siempre despertó mi curiosidad el color y las múltiples texturas. Quizás porque crecí en un hogar humilde pero habitado por seres muy creativos. Mi tío es artista visual y yo adoraba pasar tiempo en su taller, se me iban las horas observando cómo terminaba un cuadro o una escultura en barro. Mi bisabuela materna era modista, una mujer fuerte y carismática, daba clases de costura en Alquízar (un pueblo agrícola de Artemisa, al sur de La Habana, donde nací) de forma gratuita, para que las amas de casa que no tenían estudios pudieran tener un oficio y se ganaran la vida. Mi abuela y mi madre también cosen, hacen labores manuales, así que el diseño es un instinto familiar. Aunque no fue hasta que mi bisabuela falleció cuando me convencí de que quería dedicarme a la rama textil. Estaba en tercer año y tuve la suerte de encontrarme con personas maravillosas, profesores que siempre llevaré en mi corazón. Confieso que me escapaba de los talleres de diseño industrial para refugiarme en el taller de vestuario, allí, entre los maniquíes, las máquinas y las telas, las ideas crecían mejor.

¿Qué sientes cuando escribes un poema o haces un vestido?
Renazco. Despierto sensaciones ocultas. El poema fluye como mi voz. Los vestidos confeccionados a mano tienen alma, energía, una historia, surgen de una idea, de algo que quiero que la persona que los luzca entienda y encarne. Así que el maniquí se convierte en una estructura viva y el vestuario traduce esa segunda piel.

¿Cómo es tu proceso creativo?
El proceso creativo para mí es algo sagrado, íntimo, pero puedo decirte que su punto de equilibrio es el movimiento. La creación no puede ser esquemática, por tanto los procesos creativos tampoco. Ninguna obra ha nacido de igual forma ni en la misma circunstancia. No soy de esas personas que se sientan delante del ordenador y escriben, en un horario, en silencio, con una taza de té. No necesito nada y lo necesito todo para crear. Amo las páginas en blanco. Una página en blanco te grita que la vistas con algunos versos, una historia, un dibujo o un diseño. La página en blanco es el boleto para crear nuevos universos. Cuando pienso en el proceso creativo recuerdo siempre a Dalí: Mi locura es sagrada, no la toquen.

¿Flora o fauna? ¿Cuál ser imaginas eres tú?
Flora, fauna, mar, tierra, viento y fuego, todos juntos. Me apasionan todos los animales, en especial los caballos, los perros y las aves. De los caballos su energía, su naturaleza salvaje y su fuerza, de los perros su lealtad y dulzura, de las aves la libertad del movimiento y su canto. Podría vivir en el cuerpo de cualquier animal libre e indócil. Aunque me encantan las flores, si fuera una planta sería un árbol, un árbol grande que tarde cientos de años en crecer y que sobre su cuerpo tengan casa muchas criaturas. Amo a la naturaleza, en ella encuentro mi equilibrio. Creo que si los humanos fuéramos más conscientes de que no somos los únicos habitantes del planeta conservaríamos por más tiempo la sensibilidad y viviéramos más felices.

La palabra y el diseño como creatividad. Foto: Luis Joa.

¿Cuál es tu momento mágico en la Tierra?
Mi momento mágico en la Tierra es el presente. Vivir agujereados por los dolores del pasado agota nuestra energía vital, y vivir sosteniendo el futuro, nos impide sentir y apreciar las cosas verdaderas, de esa forma podemos convertimos en edificios apuntalados, llenos de temores y durezas. Creo que el futuro se construye en el mismo sentido que encuentras la plenitud de tu corazón. Muchas personas trabajan para obtener beneficios individuales, y al final lo que sí obtienen es una gran insatisfacción, es decir, una sed infinita que tampoco los hace felices. Me siento plena cuando sirvo a los demás, cuando aprecio la utilidad de lo que hago, cuando expreso mis sentimientos, cuando traduzco mis esperanzas y sueños de querer ayudar a cultivar un mundo mejor. Todos podemos ser exitosos y felices. El verdadero éxito es vivir. Estoy respirando, mi corazón late, tengo un cerebro que puede imaginar y construir universos y en él las ideas no tienen límites, puedo recomenzar mi vida y cambiarla cuantas veces lo desee. Tengo un corazón con la capacidad de amar. Miro a mi alrededor y observo como todo es la expresión del movimiento. Mi momento mágico es este, tener la sensibilidad para apreciar el milagro que es la vida.

¿En qué momentos te encuentras con la poesía?
Vivo con ella, es mi forma de adaptarme a este mundo ilegible. Es mi oxígeno. Habré muerto en el instante que deje de sentirla en mi corazón.

¿Qué hay de la música? ¿Qué discos te hacen volar? ¿Por qué?
La música siempre me hace volar. Si la poesía es mi oxígeno, la música es mi sistema respiratorio. Para mí es un estado de meditación, una especie de conexión energética muy intensa, algo que sobrepasa mi estrecho cuerpo humano, como si nos conociéramos desde hace siglos. No podría hablarte de discos, pero sí de reencuentros, de pulsación, de energía. Amo el flamenco en todas sus dimensiones, quizás porque crecí con él y mis pies conservan las marcas de los zapatos mientras bailaba, u otras razones que guardo. Uno de los recuerdos más hermosos de mi infancia es la clase en la que comenzamos a practicar en palmadas los diferentes palos, pura magia. Incluso, mientras estudiaba en la universidad (ahora puedo confesarlo), me escapaba de clases para ir a los festivales y conferencias de Casa de las Américas, y los conciertos del festival de Leo Brouwer (Las Voces Humanas), al que venían músicos de todo el mundo. Disfruto mucho las piezas clásicas, el jazz, el tango, la ópera y, por supuesto, la clave cubana. El diálogo y la textura que se genera entre la voz humana y los instrumentos. El piano, el sitar, el cajón, la guitarra, el bansuri y el violín me hacen vibrar, y no tengo explicación para eso. Es algo tan fuerte que trasciende a la palabra, algo que me persigue quizás desde vidas pasadas.  

¿Cuál es tu momento favorito del día?
Es difícil. Me pides que elija entre el Sol y la Luna. Vivo literalmente con la cabeza en las nubes. Observo el amanecer y el atardecer como una religión. Mi momento favorito es ver como el día cambia constantemente. En la mañana, escuchar los pájaros partir y las olas del mar desde mi ventana mientras el sol lo inunda todo: es la sensación de recomenzar una y otra vez. Al mediodía, ver a las personas en sus rutinas, aprender de sus vidas. En la tarde, salir a correr, respirar aire puro, ver a los niños jugando fútbol en el parqueo frente a casa, cocinar, o hacer sonreír a alguien. De la noche amo el silencio, el más creativo, silvestre y poético de todos los instantes.

Día de confección. Foto: Pavel del Valle

¿Cuáles son tus referencias creativas? ¿Autores, proyectos, acciones?
Las referencias creativas son brújulas, cambian según la marea, el proyecto, las emociones. Me acompañan los poetas y artistas de siempre, esos con los que crecí y aprendí a distinguir luces, esos rostros íntimos que me dialogan y prefiero reservarme. En los últimos tiempos he estado leyendo y releyendo a diversos autores, entre los que podría mencionarte a Saint-John Perse, Baudelaire, Kierkegaard, Cortázar, Dostoyevski, Canetti, Emily Dickinson, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Yussef Al Khal, Stefaan van den Bremt, Jaime Sabines, poetas prerrafaelistas, voces femeninas desconocidas, entre otros. Aunque mis mayores referencias creativas provienen de otras áreas. La sabiduría se traduce en los libros, pero se palpa en la vida, y esa es mi fuente cardinal. 

Háblame de tus libros.
Con respecto a los libros publicados, a principios de año salió Contrapeso, una pequeña selección poética editada por Colección Sur (de la UNEAC). También está el poemario para niños El circo de los asombros y la novela infantil ¿Qué nombre tiene tu casa?, ambas por la editorial Gente Nueva. Otros libros vienen en camino, hijos con los que espero reencontrarme en breve, tal es el caso de los poemarios Criogenia, La Habana me pide una misa, el poemario infantil Sinfonía en azul y mi segunda novela para niños. Los otros libros disfrutan del calor de mi gaveta, quizás sean más antiguos, ya llegará su turno. El azar editorial es así, los libros se publican a conveniencia del destino y no por orden de nacimiento ni mayoría de edad.

Vestido de Giselle Lucía. Foto: Ariel Navarro

¿Qué es para ti crear entre disciplinas?
La creación es el instinto, el impulso de hacer algo nuevo, de darle vida a esas emociones que nos atraviesan. Los niños con frecuencia tienen esos impulsos, pero no todos los desarrollan. Desde pequeña me dejé llevar por ellos, hice de ellos mi escudo para enfrentar otros rostros duros que te enseña la vida. Me adapté a crear de esa forma, acostumbrada a la sensación de mover los límites. Eso es algo que le agradezco a mi abuela materna, que me apoyó en todas y cada una de mis locuras, y me ayudó a administrar mejor el tiempo para hacer cada cosa. Ahora esa costumbre se convierte en necesidad. No me interesa la etiqueta de una profesión u otra, solo hago lo que siento y en el momento que considero debo hacerlo, ya sea un poema, un cuento, un vestido, un cartel, un videoarte, un performance, modelar, dibujar, bailar, aprender una partitura o simplemente desaparecer.

Lo que sí he comprobado es que esta forma de crear “entre disciplinas”, como dices, me mantiene viva y con ganar de construir todo el tiempo. Muchas personas viven acostumbradas a elegir, a enfocarse en una sola cosa, pero así como no puedo elegir entre el amor de mi vida, el amor de mi madre y mis abuelos, porque son sentimientos diferentes, tampoco puedo elegir entre mis pasiones. Cada una arma un pedazo de mi ser y afecta mi visión sobre las cosas. Disfruto el camino y abono la semilla que me dejan los errores cometidos. El cerebro humano tiene inteligencias múltiples. Crear entre disciplinas es eso: explorar, conectar y, antes que nada, sentir. 

Detalle de vestido. Foto: Ariel Navarro

¿Cómo ha sido tu experiencia en la gestión cultural?
Vivimos acostumbrados a hablar y mostrar solo la cara hermosa de las cosas, pero en realidad los gestores regalan una parte preciosa de su tiempo, sus ideas, su energía, su descanso y sacrifican muchas cosas para el bien colectivo y, cuando compartes la dualidad artista-promotor, muchas veces corres el riesgo de que el éxito de tu obra caiga en tela de juicio. El arte requiere sacrificio, requiere amor y sangre, movimiento, pero ante todo, requiere humildad. Hoy estoy aquí, mañana estaré en otro rincón del país o del mundo, lo que es seguro es que dondequiera que me encuentre siempre cultivaré la poesía y el arte, porque no he aprendido a vivir de otra forma. Cuando amas lo que haces tu única verdad es el instinto de crear.

Taller con el Grupo Silvestre de Balboa, Asociación Canaria de Cuba.

Háblame de tu trabajo con los niños y los talleres en las comunidades.
Amo a los niños, quizás porque en algún rincón de mi corazón sigo siendo una niña y no he superado la edad de las preguntas, o porque me niego a aceptar ciertas cosas. Algún día seré madre, pero quisiera seguir siendo inocente en mi corazón. Cuando trabajo con ellos siento que mi inteligencia se pone a prueba, evacuo temores y solo permanece lo puro. Cuando escribo para ellos me siento llena de energía, es como ver el mundo desde otras dimensiones y seguir encontrándole sentido. Eso me divierte, y se parece a la paz. Con respecto a los talleres en la comunidad, recuerdo que acababa de cumplir los 18 años cuando me propusieron dar clases. Fue una de las mejores decisiones de mi vida. A lo largo de estos siete años tuve experiencias increíbles, trabajé con niños autistas, sin amparo filial, adolescentes con problemas de conducta, adultos mayores con Alzheimer, con cáncer, con problemas depresivos… En el 2019 dimos un taller en el Centro de Salud Mental de Playa. En medio de las realidades individuales de cada uno, la posibilidad de crear, de escribir, de encontrarse con la literatura, cambió la vida de muchos, y a veces con un día de trabajo. Puedes imaginarte cuantas cosas se lograrían si dejáramos a un lado los esquemas y abriéramos con más frecuencia el corazón. La poesía tiene algo mágico, sanador, capaz de cambiar cualquier cosa. Es importante que la palabra sirva para sembrar esperanza. La poesía no puede ser una flor empolvada entre los libros, debe ser una forma de vivir, una experiencia social.

¿Qué representa para ti la relación México-Cuba?
Los lazos entre Cuba y México son históricos, y no solo en el plano cultural. Podría citar muchos ejemplos, pero para eso están los libros de Historia. Ahora lo que se necesita es fortalecer más ese abrazo, hacer que la poesía crezca sobre nuestros paisajes todavía con más fuerza.
En mi caso, las primeras publicaciones en revistas y compilaciones fuera de Cuba, mis primeras colaboraciones con artistas y proyectos foráneos, fueron en México. Me he mantenido vinculada por medio de diversas iniciativas creativas, que incluyen también el diseño. En los últimos meses comencé a colaborar con la revista literaria Cardenal, donde llevo la columna de poesía Silabearte, y en el futuro cercano otros proyectos darán frutos. Existe una parte espiritual que me atrae de México, de América toda. Nuestro continente en un terreno enorme de sabiduría y belleza silvestre, aún desconocido. Hay tanto por explorar, por descubrir. La relación entre nuestros pueblos supone ese paso de avance. Siempre recuerdo a Martí cuando dice que “los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en las masas, y la levantan como la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase para esta generación.”

Visceral

Odio al artista
que cree que el arte viene desde el asco
y trepana su cerebro para extraer cada palabra dulce,
cada trozo de suavidad,
esas palabras que él llama defectuosas,
y se arranca la sensibilidad
en busca de la perfecta belleza de su obra.

Odio lo perfecto
como todos los esquemas artificiales,
como el hombre perfeccionista
que subsiste gracias a su oportunismo,
un hombre que me odiaría si leyera estas palabras
y me llamaría cursi
y dijera que aún soy transparente
y mi palabra no crece.

Un hombre que no se permite la dulzura
es un cuerpo que se quema de espaldas al sol.

Contrapeso
Congelar el cuerpo de un hombre es una tarea difícil.
Congelar el cuerpo de una mujer una tarea imposible.
Congelar el cuerpo de un país es tener miedo a todo lo que crece.

De Criogenia. (Premio David de Poesía, 2019)

Frida Khalo prepara los clavos

Agonizo en la fractura permanente de mi ser.
No hay herida ni quehacer
que se escape en la fisura del silencio.
Es mi ruptura lo único que poseo.
La piel es el camafeo de mi arte y su existencia,
si el color es la demencia que presagia otro deseo.
Tengo la columna rota:
su metal me autorretrata.
Soy una mujer que acata su verdad como una idiota.
La esperanza siempre brota del ojo que no me mira,
mientras el pincel conspira los paisajes de mi alma.
Aunque muera no habrá calma
para inventar la mentira.

De Las máscaras del demente. (Libro inédito, 2015)

Chapala: un lago y una estación poética

Chapala: un lago y una estación poética
Los versos de jóvenes de la ribera en diálogo con músicos locales ​
En el Centro Cultural González Gallo, Chapala, Jal. Foto: Lucía Trejo

Las cimas blancas de mis glaciares,
ya no son más que agua nieve, rocosas,
tristes, grises y distantes.
Albertina Reyes

Durante tres meses, de agosto a octubre de 2019, en las tardes de viernes y sábados, construimos versos sobre el césped. Ahí, en el Centro Cultural González Gallo, que antes fue la estación ferroviaria de la región y que hace algunos meses cumplió 100 años de existencia, fue el espacio que nos permitió entrelazar palabras y experiencias que se convirtieron en una producción sonora genuina: Chapala o Poemas sobre el césped de Chapala con los pies desnudos bajo la luna de octubre con sumas de nostalgias, ritmos, géneros, amores, naturaleza y otros versos V. Vaivén (este último título es el colectivo). 

En el jardín que resguarda el inmueble construido por el arquitecto Guillermo de Alba de 1917 a 1920, jóvenes originarios de la ribera de Chapala integraron un taller experimental en el que la palabra, la pronunciación, el sonido, el verso, el volumen, la radio, las voces de personajes, la potencia, la interpretación, el paisaje sonoro, la improvisación, la unidad, y sobre todo, la poética, fueron parte de la puerta al conocimiento que hoy se refleja en poemas colectivos de largo aliento en el que se manifiestan pensamientos, ideologías, preocupaciones individuales, y no menos importante, la consideración de su contexto: el lago de Chapala.

Carolina López, Irvin Quintero, Yamile Bernardo, Fernanda Parra, Isaac Flores, Jorge González, Edgar Ledezma, Albertina Reyes y Lucía Trejo, son quienes de manera constante entregaron versos sobre cuestiones personales, procesos sociales y motivos universales: así la preocupación por las matemáticas, el color de los árboles, el juego de los niños, la equidad de género, así como el amor que desploman por su coloso de agua; tan sólo algunos de los temas que se abordaron durante su desarrollo creativo dentro del taller.

PX Taller “es sin duda una de mis mejores experiencias, conocí a personas maravillosas, pase grandes momentos que los llevaré conmigo siempre. Todo lo que necesitaba, este taller me lo dio”, escribió Irvin. De igual manera, algo de lo aprendido fue “grabar nuestros poemas con pistas e improvisar en compañía de otros artistas”, señaló Edgar. Por otro lado, “las metas que cumplí en este curso fueron bastantes, sí, me atrevo a decir, metas que creía imposibles se volvieron posibles porque eso se logró”, compartió Carolina. A su vez, fue una fuente de perspectiva, pues “me ha dado la oportunidad de iniciar en lo que me gusta hacer, de conocer gente nueva, de ver de otra forma la poesía”, manifestó Fernanda. No menos fue el trabajo en equipo, porque “descubrí que cada persona guarda una singularidad, y que en colectivo, hacemos cosas asombrosas”, declaró Yamile. Y la poesía no se quedó ahí, sino que conocieron “las distintas formas de usar los tropos, el estructurar un poema e improvisar en conjunto”, anunció Isaac. Esta edición fue especial, “el taller influyó en mi vida, ahora tengo una visión distinta del mundo y la poesía. Lo recordaré, incluso, cuando hayan transcurrido décadas”, expresó Jorge. Todo lo anterior corresponde a sus propias palabras sobre el impacto y los beneficios que alcanzaron para sí y de forma colectiva.

La función del taller fue más allá de un proceso creativo, pues “me favoreció en mi desarrollo personal. Logré mayor seguridad y empatía”, como indica Lucía, quien me asistió y apoyó en todo momento y a quien agradezco enormemente por todas sus aportaciones. 

Esta edición contó con el respaldo de Alas y Raíces México y la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco con el objetivo de enriquecer a los jóvenes de las comunidades de Chapala, pues es necesario ampliar el esquema de las letras y la música en otros cuadrantes más allá de los convencionales, por tal motivo, la poesía en voz alta hacia su improvisación en el momento, con ello, tres piezas, que después de seis meses trabajo, ven la luz y que ahora puedes escuchar. 

La potencia de esta edición se debe a la presencia de músicos invitados quienes compartieron sus procesos creativos, con los que los participantes alcanzaron otra perspectiva sobre la relación poesía-música para destacar el desarrollo de una composición. La cantautora Ana Verá compartió parte de sus formas de estructurar así como su dominio de la improvisación con el acto de ser. Por su parte, Raúl Marquéz, vocalista de Monte Bong, correspondió con su experiencia dentro del ámbito musical y detalles del armado de una pieza sonora. Así lo hizo también el rapero local Terraplen, quien brindó su experiencia empírica como muestra de una posibilidad de creación. La colaboración de Tremendez permitió la exploración del juego y la música desde la pauta de armonías sencillas. Y como complemento exponencial, Katya Padilla, cantante independiente, estableció la conexión de la poesía y el son jarocho con el uso de la jarana y varios versos como parte de la mexicanidad y sus contextos musicales.  

Lo aquí compartido es pues el resultado de tardes de lecturas públicas dentro del lago de Chapala con desconocidos, de sus versos como integración de alquimia juvenil, de voces juguetonas que crearon a partir de sus propia voces, de la presentación de sus materiales en cada sesión, de la edición y crítica de sus propios textos, de los retos individuales a superar tras cada ejercicio, del hecho de compartir con diversos artistas, y también, de las nieves, de los charales y de las charlas que nos entregamos en lo ocasos con aquel espejo gigantesco. 

Chapala EP

Chapala es un EP de agua, amor, matemáticas, equidad, plantas y demás. Existe algo en él que nos permite reflexionar sobre nuestro quehacer diario como especie. Por todo ello, gracias a Ceiba Studio por su colaboración y potente apoyo en este proyecto. Gracias a Isaías Guevara por todos los arreglos. Gracias a Octavio Espinoza por toda la mezcla y el proceso de grabación puntual de todos los participantes. Y más allá, gracias a todos los familiares y amigos por el apoyo a sus involucrados, sin la paciencia y fuerza de ustedes, no hubiera sido posible. Una vez, recitamos poesía en un lago, hoy le entregamos nuestra propia ofrenda: poesía líquida. 

Chapala

Mariposa caótica,
aletea tempestades
al reverso del mundo.

Aleteo impredecible,
viento rabioso,
tormentas de fuego
incitadas con carbono
del firmamento.

Vislumbro otro rostro,
otro aspecto,
conceptos al pedalear,
al ritmo de las olas,
enérgico lago, espejo de pueblo
así libre,
sobre ruedas te contemplo.

Un ser energético
estamos cansados
de ser patéticos.

Me sumerjo en el agua
así me purifica
cuando busco una fragua,
estoy perdido en este mapa,
las nubes aquí se consumen,
los colibríes vuelan,
los búhos cantan,
mira aquí está,
mi esencia se abalanza
como las olas, así galopan,
y digo “hola” a la vida,
el sol me saluda,
también me arropa,
voy en bicicleta…
así me regocija.

Tengo gana de vuelo
y gritar al azul que no es estúpido
inmenso huracán que ama
a todo aquello, universo dentro.

Te susurro al ombligo
para penetrar tu alma
y no pierdas la calma
al saber que nos has perdido.

Penetra el reflejo
hasta lo más profundo,
para observar quién es,
para olvidar qué es,
para saber cómo fue…

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

Qué camino yo debo
debo cruzar
porque cada vez
que vengo a pedalear
es lo que hay
en este pavimento,
en este asfalto,
sigo cantando mis lamentos
al viento,
es el único que entiende
cuando recito
y aquí se extiende
es el agua que me saluda
es el sol en el cual me inunda

Mariposa de escarmiento
que decreta el orden y el caos.
Mariposa colérica,
en el ojo del huracán converjo,
las olas galopan encrespadas
y braman venganza
en cada célula del eterno vuelo.

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

No mueras
por quien no existe,
que sea por aquellos
que aún siguen.

Amor mío

Dedos que cantan salvaciones
besos que engendran sanaciones
entre desiertos buscan aliento
y refugio para un día de invierno
Tu voz marca
ritmo de mis latidos ,
crea esa pauta
entre bosque y suspiro,
roce y aliento, roce y delirio,
porque amarte
es el primer paso
piel morena
besos con desacato.

Piso con pies desnudos:
Desnudos los que sienten el suelo
sin cobertura
desnudos dichosos por disfrutar…
aroma bipolar de la tierra
desnudas las ramas
desnudos árboles

Ven mírame a los ojos,
contempla el universo
del cual somos presos
te lo ofrezco,
es lo único que tengo por dar,
mis palabras, poemas,
mi filosofía y mi arte de amor
ya lo dijo Erich Fromm,
horizontes que voy buscando
el día de hoy
así yo voy
buscando la calma en la cama
que nos regocija
aunque la verdad, chica,
aquí ya nada califica.

Qué nos ha pasado
estando aislados,
qué nos ha pasado
con los ojos remojados,

La verdad te extraño
cruzando peldaños
me dolió bastante
tu arte del engaño.

Lago que en
tantas noches vislumbre tu belleza,
tantas veces tus nubes cambiar,
de puras e infernales,
y así te amo…
amo cuando lloras y te llenas de infinito
amo cuando se tiñe de verde tu orilla.

Pareces una población perdida
entre la naturaleza acuífera:
perdida entre las fauces del dragón,
perdido, en tu contemplación.

Y es que mírate, ángel mío,
añoro ir descalzo sobre ti,
sentir tu piel bajo la mía
y palpar las delicias que ofreces.

Aquí existiré siempre,
Chapala de mi corazón,
llamo a tu lago, vida,
y a ti, mi amor.

Soy, tormenta en tu habitación,
soy, árbol del bosque que escucha,
soy, brújula de toda navegación,
soy, diamante de mar que te encuentra.

Barco que navega
abismo de tu mente,
tren que pasa
como beso en la frente,
sol que te ve a los ojos
y pregunta:
¿eres tú espíritu silente
el que escribe
todo lo que sientes?

Un lugar
aquel que nos deja acariciar la brisa,
que se adhiere a nuestro cuerpo,
que se adentra hasta los huesos,
amor mío, bésame sin prisa.

Un lugar,
en el que descubres quién fuiste
y en qué te convertiste.

Brisa que porta agua
cautiva llovizna,
resplandeciente golpeteo al suelo,
salir y embellecernos
mágica textura
para escuchar el lago,
para observar cómo se llena,
cómo se contempla la calma
bajo la cortina
de la gota que no descansa.
Aguas que reviven
su carisma, su amor,
puesta de sol y el lago,
el lago resplandece
al caminar por el malecón,
observa las olas,
olas que quieren salpicar
descalzo amor.

Vivo siento el tiempo
y roza mi cuerpo
contempla arrastrar sueños
con cadenas y lamentos.

Vago con los pies desnudos
saboreo el césped con mis dedos
palpan el fresco del agua:
el corazón de la tierra
emana energía a través
de las calles de mi cuerpo.

Estos zapatos no me pertenecen.

Sígueme,
porque te necesito ver,
que vayas orbitando
en este sistema que está alineando…

Seguiré
pero te necesito ver
te quiero acompañándome
en este sistema que está alineando…
Se…

Quiero tomarte la mano
subirte a mi nave espacial
que nos deja en el punto más lejano,
mirar para atrás,
recordar que nada de este es en vano,
que de lo que escribo a veces lo tacho
y lo tiro al lago:
a veces se queda
y a veces me deja
lo que siempre había deseado
a veces errores, a veces amores,
a veces de todo,
y simplemente le compongo
como en este verso
improvisé desde el lago
desde lo que viví en aquella tarde
con el ocaso…

No dos veces

La calle grita y nada escucha
cuando el corazón acorazado
retiñe y por la vida lucha,
me arropan fervientes cadenas
y pasa de largo el efímero tiempo…
sueño con abrir la reja
donde se aloja gigante pensamiento.

Mujer completa,
brote de luz
que atraviesa murallas,
ilumina y besa heridas
tierra fértil
que en sus semillas cobija
y guarda calor
que en tiempos de odio germina
libre ave,
beso de vida,
vida de agua.

Vives y vivo,
mañana no sigo aquí,
vivo en constante viaje,
busco a quién incluir…
su tornado lo acepto como mío,
tu piel marcada bendigo.

No excluyas por insignificante
pues exclama su vida rosa
cuando sus versos provocan
una marea en las rocas.

Túnel vacío,
apagado y oscuro,
relieves impuros.

Pavor al deseo,
al deseo de quien eres.
pavor al relato,
al relato que quieres.

Puedo ocasionar un terremoto.
El azar gobierna nuestras vidas
clasificamos esencia por factores.
Los volcanes retuercen sus miradas,
hablan de temor
y la geometría carece de amor,
tus formas llueven dentro de mí:
aprende a volar,
caer de pie, ya no funciona.

Hombre completo
caído esqueje
nacido en tierra de guerra.

Una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tienes en tu cabeza,
la personalidad que llevas ahí presa.

Testigo de sangre pintada
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

La calle grita y nada escucha
anonadado,
nadando en un charco de penas
que importa el tono de piel
si el mismo color de sangre
corre por las venas…
he salvado vidas
cuando libres colibríes recitan
enciendo mi vela interna.

No hay miedo,
miedo al eco,
miedo al vuelo,
miedo al suelo,
miedo al cielo,
miedo al ruedo.
no hay miedo,
miedo al duelo,
miedo al velo,
miedo al hielo,
miedo al miedo ,
al propio miedo
miedo por no verte
en la suculenta vereda
de este universo,
no hay miedo
en el revuelo
pues hoy las piedras
de voz estámpida
son hadas enamoradas,
no hay miedo del miedo,
en medio sin miedo.

Somos
una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tiene en tu cabeza,
la personalidad que te tiene presa.

Otro que soy yo,
mi reflejo
en que me encuentro
y en el otro siento.

Otro en que me reconozco
y por el otro me conozco.

Otro que soy yo,
otro que no soy yo.

La calle grita y nada escucha
deja secuela una verdad mayor
bajo la espada y la piedra
tal vez teman que me sé cuidar
como la venenosa hiedra,
quién sería yo en silencio
preso y vacío:
un títere domesticado
por la inmundicia del prejuicio

Hombre completo
caído esqueje,
nacido en tierra de guerra,
testigo de sangre pintada,
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza

Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza
Un homenaje a las flores que crecen en la banqueta
Nuestra poeta en Chapultepec. Foto: Iván Vergara

Inundemos el mundo de poesía.
Ayari Lüders

“Ayari, encendió la poesía en los niños de comunidades, nos inspiró a seguir defendiendo la literatura. Hoy su nombre y su esencia está en nuestros corazones. La biblioteca comunitaria Ayari Lüders es un sueño que verá a muchos niños y jóvenes realizarse como estudiantes, creadores y poetas…”, escribe Tanya Landeros, desde Tulum, Quintana Roo, con la mano llena de su ejercicio en la Fundación Letras Itinerantes, proyecto en el que alguna vez, también, las manos de la poeta mexicana fueron verso.

Así fue Ayari Lüders, a quien tuve el gusto de conocer brevemente en el sur de México, allá, en Tapachula, Chiapas, entre ríos, selva, mar y una compañía formidable de poetas en diciembre de 2018. Su personalidad desenfadada y de constante pensamiento me permitieron estrechar la amistad pues charlamos durante horas en esos días. Una de las cosas especiales que mencionó fue que la poesía debe ser un elemento vital para las juventudes y un ente de cambio ante la sinergia de su propio impacto, algo así como mediadora de nuestra era, de este mundo que tanto le dolía injustamente.

Ayari fue una poeta comprometida con diversas causas y muestra de ello es parte de su libro Mujer de Tierra que escribió en sus andanzas por Sevilla, España, cuando estudió el máster en Escritura creativa. Fue la mano de su amigo, Iván Vergaraquien editó la pieza que hoy podemos conocer de ella. Ambos colaboraron en Ultramarina Editorial y en el proyecto intergaláctico Plataforma PLACA.

La poesía de Ayari es un encuentro con nuestra militancia entre la incertidumbre, el plan que no es plan, aquello que no vemos, lo mágico que es la propia Tierra y las sonrisas libres de los niños. Ella, poeta, fotógrafa, actriz y más profesiones que desempeñó, también fue una activista potente, esto la llevó a explorar perspectivas profundas en las que se resguarda su palabra, “una poesía que resuena fuerte y desde un marco contextual que delinea un pensamiento comprometido con el ser humano, la naturaleza y crítico con el avasallamiento de la cultura como una raíz problemática que hay que revertir”, así lo señala Cynthia Pech en La Otra Revista sobre Mujer de Tierra.

Ayari Lüders. Foto: Iván Vergara

La propia Ayari indica, en una entrevista que recuperó Juan Moro en La Jornada Aguascalientes, que “el libro parte de la idea del ser humano como natural, del hombre que es parte, que forma parte de la naturaleza, de una naturaleza que está viva y en constante cambio, y en ese sentido, también está presente la esperanza de que no sólo importa la vida de los seres humanos, que es un poco el problema que tenemos actualmente, pensamos que podemos hacer uso del agua, pero que no importa que los animales se queden sin ella, y por eso está el poema de ‘Credo de tierra’, que es una alusión a esas pequeñas muestras de vida que hace en las ciudades, las flores del pavimento, por ejemplo, esa vida que nace en donde nadie cree que vaya a crecer, y que, sin embargo, sobrevive y crece, y eso en realidad es vida”. 

Por todo ello celebramos su vida en nuestro Versorama durante este mes que la vio nacer mediante nuestras redes sociales. Nos unimos entre nuestras motivaciones, la oportunidad de encuentro y otras tantas cosas; es lo que tejimos a manera de homenaje, nosotros los que nos quedamos aquí, a vivir la poesía, a sentirla, a tejerla, siempre, para inundar el mundo con ella. 

Serie Versorama en homenaje a Ayari Lüders.

“Por eso celebramos su 32 aniversario en medio de playas, poemas, amigos y demás silencios. Este año ha sido con el fin de leerla, de recordarla, de hacerla presente en nuestro medio. Por el compromiso, la pasión y la convicción de Ayari, de que el mundo puede ser algo mucho mejor. Con su poesía le recordamos, con ella nos impulsamos y refrendamos la vocación de conectar regiones y artes; su obra, aún por descubrir en su inmensidad, nos descubre un mundo donde el compromiso social va por delante. Su enorme poesía está ahí latiendo a ser descubierta masivamente por su propuesta: comprometida, tangible, expandida. Su vida y obra es un legado que el mundo debe conocer. Te extrañamos Ayari, así sucede en México y en Europa”, escribe Iván desde un rincón de Madrid, España. 

Ayari nació en la Ciudad de México, en octubre de 1988. Hizo de todo, imagino, corrió, comió, viajó y se sorprendió por el mundo durante 30 años. Se convirtió en Tierra en enero de 2019 en las mismas coordenadas para volar en barquitos de papel. Un mes antes hicimos una Matriolax colectiva al lado de nuestra amiga poeta Mónica Licea y muchos niños en Tapachula. La última vez que la contemplé hablamos harto, de los tacos, del frío y de la poesía; de las flores esas que surgen en las orillas de las banquetas. En su memoria generé una serie de murales que nombre Verso sin frontera, a partir de las letras que me entregó de su propia mano dentro de su poemario artesanal, “Verso sin frontera// circular fuente// de raíz humana”. En ellos he pintado sus versos con mis paisajes abstractos en El Rosario, Sinaloa; en La Habana, Cuba; en Guadalajara, Jalisco; en Chihuahua, Chihuahua; y en su Ciudad de México. No sé cuándo dejaré de hacerlo, pero a ella le gustaban mis líneas.

De todo ello me quedan Tanya, Iván, Laura, Dierk, Solange, Dariela, Uriel, Edmundo, y no sé cuántas personas más que la conocieron, y todos juntos, hoy la extrañamos. Gracias a la Plataforma PLACA y a la Fundación Letras Itinerantes por unirse a este gesto de ofrenda para la difusión y vigencia de su poesía.

“Hoy no quiero explicarme nada, sólo quiero sentir. Ya extraño el tiempo que no es este sino hace rato, cuando todavía podía abrazarte”, gracias amiga, gracias Ayari. En tu memoria. 

Mujer de Tierra. Foto: Iván Vergara

A veces…

A veces simplemente
se atraviesa la vida como un rayo
que deslumbra y ensordece
hasta confundir todo sentido.
A veces es un espejo que azota
hasta romperse en mil astillas.
A veces hay que ver al cielo
y retarlo mientras nos llueve.
A veces hay que inventar que somos fuertes
y creerlo sobre todas las cosas.
A veces hay que recordar
que toda decisión tomada
es el sumario de una vida
de errores y aciertos,
de certezas y temores.
A veces hay que saberse cansada
y respirar mirando el horizonte improvisado.
A veces simplemente
hay que seguir
porque no hay otra forma
pero esas veces, también,
hay que mirarse lo de adentro
y confiar en que estamos
en buenas manos.

Extender el fuego

Tocar la llama de esta tierra
con el frío descalzo
de los pies sembrados.
Es fría la llama,
sus años azules estallan lejanos

         rayo que vibra
         en el espacio helado

Es combustible la vida invisible,
el secreto mundo,
la inmensidad atómica.
Es combustión serena, silenciosa.
La muerte es silencio que nace,

         eclosión callada

vida que subyace
como luz que navega
en el vacío lleno de tiempo.

Es fuego la vida convexa:
puente luminiscente

         gira, gime
         da vida.

¡Danos vida, flama dorada!
Hasta ser vistos por tu llama somos.
Somos luz viajera,
luna solitaria que rima en las olas
con el cielo inmortal del que pendemos

         nos ciega

y nos suspende
en la obscuridad de la pupila:
abismo universal que nos contempla.
Es reflejo la estrella
que explota, expira
exhala y extiende 

el fuego

Polvo

Canta el ave
allá donde la ciudad calla
y el tlacuache sube
a la montaña azul de horizonte.
La hoja que brota
respira la tarde
que va obscureciendo
de sol pero no de luz.
Canta el gorrión
en plena calle
sus plumas cemento le pesan
y el perro se resguarda
de la lluvia ácida del cielo
bajo el puente de hierro,
la casa de escombros.
La planta despierta
cuando el sol le llama
y llora hojas descoloridas
sobre la calle.
Barre una mujer
la calle marchita
y el gato temeroso se oculta
de la ciudad ennegrecida de gases.
El árbol sacude sus ramas
y de smog las libera.
De polvo construimos ciudades
y de polvo los pulmones
enterramos.

Escribir por si acaso

Escribir por si acaso,
por si una noche, esta,
la vida me huye en sangre.
Por si el aliento se acaba
en un grito mortal
y por si una noche, esta,
vuelvo a casa en noticia,
en periódico alarmista,
en lista de desaparecidos.
Por si me callan los ecos
de una bala mordaza
que me quede la poesía
sobre todos los muros
que las palabras sean grieta.
Escribir por si acaso.
Por si una noche, esta.

Por favor, lea poesía: 12 años compartidos

Por favor, lea poesía: 12 años compartidos
Una edición especial para celebrar en todos los espacios desde la poesía
Edición por 12 años

Si la ciencia ha ganado en continuidad y estabilidad, se debe a que la filología, o sea el arte de bien leer, ha llegado a su apogeo.
Friedrich Nietzsche

Lo que comenzó como un juego urbano en mis tiempos de estudiante universitario, hoy forma parte de cientos de personas, o por lo menos eso creo. Tras doce años de repartirla, pegarla y seguirla y demás, llega un momento en que nuestra calcomanía se convierte en aliada de otros preceptos, y por ello, una celebración con una edición especial.

Compartir, es el verbo. Otorgar, brindar, colaborar, contribuir, ceder, de la manera que sea, pero compartir. Bajo ese verbo surgió la calcomanía que demanda Por favor, lea poesía., y que al día de hoy ha superado las 300 mil copias, mismas que se han fundido en cientos de espacios, en pequeñas porciones, por todo el planeta; motivos suficientes para que en Proyecto Ululayu la celebremos.

A principios de 2020 publicamos en nuestras redes sociales la votación para que nuestro público eligiera los colores de esta ocasión. Fueron tres lo que mayor número de votos obtuvieron: turquesa, morado y rosa. Así, imprimimos 10 mil calcomanías para esta edición. Por ello hemos optado manifestar el respeto hacia nuestro líquido vital con el color turquesa; marcar nuestra empatía hacia la equidad de género con el morado; y también, sobresaltar nuestras raíces mexicanas con el rosa.

Con ello, abrimos nuestro proyecto a lo que nos ha construido, nuestra comunidad. Con esta acción buscamos involucrar a las y los que han accionado a nuestro lado. Sabemos que persistimos pero no hubiera sido posible llegar hasta esta coordenada geográfica-temporal sin toda la potencia de ustedes.

Nuestra edición especial

Por eso, lo que resta del año repartiremos de forma gratuita esta edición en los lugares que visitemos, con las personas que nos encontremos, así como en eventos culturales posibles. Por su parte y para todos aquellos que no están a nuestro alcance, antes de que termine el año lanzaremos nuestra tienda en la que todo público podrá adquirir paquetes diversos con envíos a todo el país y más allá. Esta oportunidad será con el afán de seguir con nuestro proyecto, pues al día de hoy, ha sido una gran inversión que actualmente ha fortalecido nuestros productos culturales.

Compartimos porque nuestro movimiento es “apertura, amor y extensión”, según Ivania Abitúa. “Es lago y viento, pedaleo y sol, canto y baile. Es una invitación a la vida, un recordatorio del ser y cuento del cuento de la eterna vida”, comenta Yamile Bernardo. Lo hacemos porque “es rebeldía a lo establecido, es amor a la vida de la palabra y de quien la crea; es un regalo disfrazado de discurso”, dice Jorge Guerra desde su viaje en bicicleta por Latinoamérica. También porque es “un recordatorio de que la poesía habita en cada esquina, cada poste o cada sonrisa”, señala Lidia Lorena. Sucede porque creemos que “es una convocatoria abierta, una exhortación al disfrute, para quienes disfrutamos con absoluto éxtasis las letras maravilladas del poeta”, así lo comparte Dir Salamanca desde Colombia.

Esta edición la creamos porque “es una de las aventuras que nunca voy a olvidar”, escribe la cantante mexicana Sofia Stainer. Sin olvidar que influimos ya que “fue un parteaguas muy cabrón en mi perspectiva del arte y de mí misma”, comparte la doctora Andrea Figueroa. Porque también “fue el inicio de la admiración por lo que sentían las personas libres”, anuncia la ciclista Regina Alcacio. Y no menos importante porque “es la calca que siempre quise en la universidad y siempre se acababa”, dice Gina Kinkowicth.

Porque para nosotros la poesía representa compartir la vida, esta nueva ola de color va por todos. Y sí, para los que se preguntan por el color rojo que siempre hemos tenido, seguirá, ya que hoy es canto de nuestra tradición.