El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana

El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana
Componer canciones siderales al campo
Gabriel de Dios. Foto: Juan Carlos Luna

Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
José Martí

Hay momentos en los que la dicha se queda sin nada. Y va descalza entre las raíces y los espasmos matutinos. El alba llega y la música suena al tanto que el ruido de los pájaros se aglomera en la atmósfera y suena su jarana. Así, con pulque en mano conocí a Gabriel de Dios, quien se hace llamar El hijo de Tere y a sus atardeceres afables por la exploración musical en Guadalajara, Jalisco.

Ahora, años después, los caminos se han diferido pero el encuentro creativo se ha unido como los niños que juegan sin conocerse. Gabriel, es un tipo de espejo de humo que conmueve a las raíces. En su música vibra el canto de las percepciones de un México del campo. Y no sólo eso, también el juego de la mente y del espíritu que remonta en los cerros.

Cantar como sembrar. Foto: Juan Carlos Luna

Así la yunta, la palabra, el huarache y las plantas, son el contexto de su crecimiento. El maíz, el maguey y las variaciones del mundo que tienen las mariposas son el vuelo del canto. Y es que ha colaborado con Leticia Servín, Dr. Sotol, Ampersan y con otros más, que sus posibilidades creativas se van de lo experimental al canto tradicional. Así es Gabriel, un caminante del silencio que entre los remolinos se cubre con la piel morena y la música de ayer, de nuestra historia, que la hace prevalecer en cada interpretación suya. 

Le hace a la composición, dice, y yo digo que le hace a la buena onda y a la magia sonora. Así despacito entre los tiempos, uno al escucharlo, añora las noches de campo y las luciérnagas nocturnas de esos rincones. Así el río se cruza en la duermevela y lleva en él los cantos de la Tierra. Se vive en los procesos naturales desde sus instrumentos, y le sopla, le rasga, le golpetea y le canta y el sonido hace su parte. Y ahí Gabriel con la magia de la mente en cada una de sus composiciones. 

Gabriel le hace al campesino desde su música. Le canta a la labor del campo. Él se mueve entre el frío y el rincón de la sauceda. Le hace cosquillas al maguey y se conmueve entre el calor de la música en las celebraciones. Hace, en cada presentación suya, el margen de la voz que conspira entre el amor y los nopales. Y así va. La música de El hijo de Tere parte hacia la tradición, recupera y comparte lo que tenemos en México. Se ha convertido en uno de los músicos que persiste a raíz del ocasor

Su Cantar de siembra se manifestó en 2020. Y melodías de juego y de noche se anunciaron para descubrir esta faceta de tacto humano. No voy a mentir que me funcionó como un recuento de mis paseos en bicicleta por las veredas de aquella ranchería en que mi Viejo creció. Esa obra es un conjunto de experiencias en que Gabriel se ha volcado. Allá, A la sombra de un mezquite, está el recuerdo, y más allá va La Chaparrita por la Tierra labrada al lado de Juanita quien lleva los Elotes de Agua y mar hacia aquel Ensueño de luna sólo para decir Gracias a Dios. Y hay un camino que debemos recordar: la tierra y nuestros pies. ¿Cuánto hace que no estás descalzo ante ella? ¿Cuánto ha pasado de que tus huellas no acarician la naturaleza?

El hijo de Tere con Teresa Figueroa. Foto: Juan Carlos Luna

El hijo de Tere es la serenidad de la canción en esta lotería mexicana que nos tocó ser. Las gracias existen en su canto. El brillo del sol en el reflejo del maíz por igual. La caminata va con las estrellas y a nosotros nos conmueve el estar aquí. Y hace poco, lo viví desde el maizal. Pinté a su lado un paisaje, le hice ecos de colores a sus canciones. Nos vivimos. Fuimos el pulque y el maíz en el juego de las manos. Ambos, venimos del campo, o por lo menos, lo tenemos en nuestras historias, y eso ya es ganancia. 

Así es Gabriel de Dios, un escuincle entre la comunidad que juega con la música y le hace al curioso con cada artefacto. Que este texto a la tierra y a su música sea evidencia de que una vez fuimos agua y viento: gracias noche. 

El maíz entre las sombras. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué te llevó a crear magia sonora?
El planteamiento de esa pregunta me parece muy interesante porque la música y el canto han estado ligados a la medicina, la sanación y la espiritualidad desde siempre. Aún hoy en día marakames, chamanes y rezanderas suenan y cantan para lograr el encantamiento y la magia. Sin pretender compararme con esos grandes hombres y mujeres, yo diría que en mi música hay una búsqueda espiritual y mística, una búsqueda por la sanación propia y la de mi comunidad.

¿Qué te mantiene en color? 
Yo diría que el trabajo. Trabajar en el buen sentido, no desde perspectiva del capital en que el trabajo es un factor que hay que explotar para obtener riqueza. Trabajar como un acto de amor, una actividad que me permite relacionarme con otros humanos y mantener en movimiento mi mente, mi cuerpo y mi creatividad.

¿Cómo encuentras la oportunidad del sol y la luna? 
Son el sol y la luna quienes me encuentran. A veces me distraigo en con pensamientos y cosas superfluas, pero es imposible no voltear a ver un atardecer, una luna nueva, un sol brillante y recordar la magnificencia y la sencillez que significa estar vivo.

¿Cómo canta el maíz al dormir? 
Después de la cosecha, en el otoño, los campos descansan hasta el inicio del nuevo ciclo agrícola, durante estos meses milpas y parcelas se visten con el amarillo ocre del rastrojo, es entonces, diría yo, cuando duerme el maíz- EL maíz duerme y canta cuando lo acaricia el viento, es un canto de paz y de calma, a la espera del nuevo sol.

El sonido de una noche. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué hay de las estrellas? 
Las estrellas nos hablan del tiempo. A veces me pongo a pensar cómo sería la vida sin calendarios, los calendarios son necesarios, pues nos ayudan a organizarnos y estar todos de acuerdo en qué día estamos viviendo, pero no dejan de parecerme una imposición violenta. Pienso que sin calendarios voltearíamos otra vez al cielo por la noche, ver cómo se mueven venus y marte y las constelaciones. Tengo amigues a quienes les gusta el zodiaco y la astrología, pero la mayoría de ellas y ellos hablan del movimiento de los astros de acuerdo a lo que dice un libro y no por cómo se ven en el cielo. Pienso que deberíamos ver más las estrellas, encontrar nuevas constelaciones, nuevos signos y nuevos tiempos.

¿Cómo le escribes al amor?
Enamorado.

Soltar el silencio. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué dice el poema en la jarana? 
El son mexicano, como muchas otras tradiciones poético-musicales del mundo, es una expresión completamente sonora, no tiene escritura, ni para la música ni para los versos. La recopilación de coplas en medios escritos es relativamente reciente. Es quizá por ello que en el son, el ritmo de la palabra y el ritmo de la música están íntimamente ligados: En La bamba el pmnico de la jarana “canta” los acentos de la voz cantada ta-ta-tan ta-ta-tan ta-ta-tan-tan-tan; El pájaro carpintero o La petenera se cantan con una quintilla sextilla y entonces la jarana tiene que hacer un rematito extra para acompañar los últimos versos, lo cual da a estos dos sones un ritmo particular.

¿Hacia dónde viajas cuando compones? 
Considero mi proceso creativo como un acto intelectual, cuando compongo pienso en las cosas que conozco, lo que he leído, en el conocimiento que he adquirido escuchando a otras personas, en ocasiones recurro al internet para saber sobre ciertos temas, también me gusta escuchar la forma en que otros compositores han abordado el tema del que quiero hablar. Si viajo a algún lugar diría que es hacia mi historia, mi presente y el entramado social del cual soy parte.

Un campesino Matriolax y Gabriel. Foto: Juan Carlos Luna

¿En qué se construye el silencio?
En la paz y el respeto, si no tenemos paz será muy difícil que podamos encontrar silencio, de igual manera, es necesario respetar el silencio y la paz del otro para podernos escuchar. Pocas veces he podido percibir el silencio, una que recuerdo bien es cuando murió una mujer que fue muy querida en mi familia, se fue en paz, plena, y entonces oí el silencio de la buena muerte. También he escuchado el silencio colectivo de la expectativa y la esperanza, ese me parece un poco más común, hasta cuando el delantero estrella de la selección está por tirar el penal decisivo para pasar a cuartos de final, Juan Gabriel jugaba mucho con eso en sus conciertos.

¿Cómo celebras a la vida?
Cantando.

COMPARTE

Jaramar: de cantos, pintura y escultura

Jaramar: de cantos, pintura y escultura
La poeta que esculpe música entre la naturaleza y los viajes
Jaramar. Foto: Festival Quimera Metepec

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
Ángeles Mora

Fue en Zacatecas. Fue en abril. Fue en el Festival Cultural de aquella ciudad. Aquella noche. Un año antes que iniciará con esta aventura de Por favor, lea poesía. Fue en Zacatecas. Fue con Sergei y Juvidel. Fue con mi hermano. Fue una tarde de cantos. Fue un sol de pocos. Que mis labios te nombren. Y se sentó junto a mí para escuchar a Omara Portuondo. Fue en Zacatecas, muy cerca de Las Quince Letras, cuando el canto de Jaramar se volcó piedra en mí.

Roja fue la tierra, las piedras, el viento. Dos genias contemplé aquella noche. Dos mujeres de voz y esculturas. Ahí estaba Jaramar a mi lado en aquella geografía que amaría en tiempos futuros. Jaramar le cambió el ritmo al sintagma que portaba en mis palabras. Fue en Zacatecas cuando su canto nos vistió de trenes, de aliento y de mares. Aquella tarde conocí el canto de sus flores: en vivo y con el respaldo del público norteño. La sombra con el encuentro de la pesadumbre. La luna era espejo de Jaramar y yo ahí. Lo vi. La voz, los músicos, una memoria e intento esculpir estas letras. Se vuelve un sonido.

La memoria no es tan grande para describir lo que Jaramar nos entrega en cada actuación. Intento el poema y su voz dice Trenzas y risas. La memoria no soporta el instante de la vejez. Y ahí estamos. Zacatecas tiene unas piedras que saben de ella. Hay una evidencia de su música y desde las lágrimas No vuelvo a amar. Fue ahí en Zacatecas que Una flor amarilla le puso otro nombre a esa ciudad y pocos lo supimos. 

Esculpir cantos. Foto: Alejandro Pérez

Hace tanto tiempo que la escucho y es momento en que el sueño se deja ir por su voz y lo detengo. El sueño con con ella es el eco de nunca terminar. Poner su voz en el mediodía del trapeador y el momento toma forma. Es un florecimiento en las venas. Te vuelves método y alegría. Pero siempre nos dice como salir de ahí. Uno se puede creer lobo estepario o cien años de soledad y tiene para toda dramaturgia: ella es un teatro complejo.

Escribir el poema desde la escultura para dejarla en la pintura sonora, dice Jaramar. Y ya las palabras llegan a la médula. Pero ya escribió el poema y ahora lo canta. No se trata de la soledad, ni de la telaraña que somos. Su canto es una textura de México que persigue los aromas. Les llama. Les canta. Les es una mentira y una verdad. Jaramar se suelta y es entrañable. Su canto nos descubre en el silencio una mañana y nos volvemos etéreos. 

Nos lleva en la noche bajo cualquier ausencia. Así la palabra en la canción nos lleva al viaje que deseamos. Nos volvemos amor y perjurio. Así canta y el público entra a meditar. Somos la canción. Nos cautivamos y el silencio nos es y Jaramar dice que sigamos. Ella es piedra nube y uno en la calzada de flor, sol entre el desierto. Y doy vuelta en la glorieta del mar. Me vuelvo perfil en la playa y de ahí al bosque. Y los libros me siguen. Y la sincopa funciona como verso estipulado por las flores. Y ahí voy a buscarla. Sube y baja. Se vive, se canta, se pinta y se esculpe. Juega. Nos recrea y simpatiza. Vamos al poema. Nos vuelve pasajeros de sus viajes. Nos comparte el sonido desde la profundidad de las cuevas. Jaramar tiene terciopelo en el juego y brillamos. Nos evita el dolor. Le entrega senderos al camino con sus canciones. Hoy somos un poquito más de danza y de naturaleza.

Jaramar trabaja para que Todas las naves del mundo lleguen a nosotros este año. Y yo vuelvo a ella y las “canciones viajeras del mestizaje” están en espera por contagiarnos. Jaramar sigue en el canto y señala que dicho trabajo “busca reflejar y sintetizar mi búsqueda musical a través de un repertorio que recorre el camino del mestizaje”. Así nómadas como ella, vienen “canciones surgidas en la España de la época de la conquista en la que confluyeron las culturas cristiana, mora y judía nutriéndose unas a otras, cuya lírica y formas melódicas migraron como poderosas materias primas a México”. Así con el recuento de su pasión señala, “es la poesía novohispánica representada por la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz; canciones tradicionales mestizas; y mi propio trabajo de composición”. Por su parte resalta, “en la selección, como ha sido el caso en mis proyectos anteriores, es principalmente la voz de las mujeres la que habla”.

Ser vuelo. Foto: Alejandro Pérez

Siempre trae en la bolsa del mandado sus canciones viajeras y aborda, “el tratamiento arreglístico y de producción tienen como base el concepto de fusión. Parte de las formas y melodías propias de la España del Siglo XV para a partir de ahí viajar estilística y sonoramente al Siglo XXI, pasando por elementos de la música tradicional mexicana, sin dejar de lado las muy diversas influencias que forman mis capas sonoras y las de mi equipo de colaboradores”. Jaramar sigue con sus viajes y nos traslada bajo las nubes en distintos espacios, desde el puente al corazón, desde el bosque a la madeja de amaneceres. Cantar para esculpir una pintura es lo que hace Jaramar.

El eco de vivir. Foto: Alejandro Pérez

Aquella noche escuché a Jaramar abrirle a nuestra Omara que nos cantó a Pedro Infante y celebramos la vida. Ahí fue. A su lado, en que la poesía cambió otra parte de mi vida. Zacatecas fue testimonio de ese encuentro y ahora busco la silueta de la piedra en la que nos encontramos. Sus palabras, ancla de su sencillez, aquí se pintan solas,

Toco tus aguas,
trazo signos de cristal;
bebo tus aguas,
en tus alas niego el tiempo.
Tomo tu ropa,
pinto tus ojos,
dibujo tu aliento,
recorro tu país;
te olvido para verte.

(fragmento de Diluvio)

 

Música para la pintura. Foto: Alejandro Pérez

¿Cómo es la composición musical a través de la pintura?
Seguramente es distinto para cada persona, el camino que he descubierto a través de la práctica que funciona para mi es, en primer lugar con la palabra, los textos que serán la base y columna vertebral de las canciones. Al escribir – o elegir – esos textos, que existen antes de construir la música para ellos, los voy poblando de imágenes, y de esa manera lo que voy creando son pinturas sonoras que cuentan historias.

¿Qué se sostiene entre una naranja y Guadalajara?
El aliento con sabor a naranja.

¿Cómo construyes el océano Pacífico?
A través de los sueños; el mar es el medio imprescindible a través del cual viajo en mis sueños.

¿De qué manera eres augurio?
Puedo imaginar y transformar gracias a que sueño, ahí está la raíz de los augurios.

Viajera. Foto: Paola Toledo

¿Qué flor eres cuando cantas?
Una inventada, diferente cada vez.

¿Cómo surge la canción en medio del desierto?
Mientras conservemos el aliento, existirá el canto, aún en medio del desierto. Y nunca dejará de ser y decir y sonar, aún en el silencio.

¿En qué lugar encuentras los colores: playa, selva o bosque?
En realidad mis colores son los de la vida, toda: las paredes, los árboles, la ropa de la gente que anda en la calle, las banquetas, el agua, el cielo, la tierra… todo, una amalgama de colores en la que a ratos resaltan unos y a veces otros.

En el canto de la naturaleza. Foto: Fernando Reyna

¿Has volado en bicicleta?
En mis sueños.

¿Cómo sucede la gastronomía por tu paladar?
A través de lo que surge primero con mis manos, especialmente si es algo que puedo amasar y formar, como el pan.

¿Qué es lo que más te conmueve de la naturaleza?
Que es vida… y muerte, y vida de nuevo. Y así.

COMPARTE

Ceiba Studio: el color de la música del barrio

Ceiba Studio: el color de la música del barrio
Una casa en Santa Tere es un centro de creatividad musical
Ceiba Studio en su interior. Foto: César De Alba

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
José Lezama Lima

Ahí suena la guitarra. Un colombiano se hace el que no escucha pero sonríe. Más allá anda el fotógrafo dizque haciendo las invitaciones. Siempre presente, ella y las redes en movimiento, su calidez y presencia son equilibrio. Un tanto a la derecha de la mesa está con lentes y en expectativas de su moto quien saluda muy amistosamente. De vez en cuando, pasa desapercibido, pero el beat anda siempre por ahí en la habitación cercana a la sala. En la terraza el sazón también se hace presente. Y merodeando con recogedor y escoba, allá atrás, quien hizo posible todo este sueño. 

En el barrio de Santa Tere, en el poniente de Guadalajara, Jalisco, se encuentra una casa blanca con decoraciones en verde brillante que funciona como un centro creativo musical, y en ocasiones, de muchas cosas más: Ceiba Studio. Ahí la experiencia y la buena onda se hacen presentes desde que el sol sale. Las cuerdas se manifiestan y las voces por igual.

El aplauso como magia. Foto: César De Alba

Ahí, en ese espacio han pasado sin fin artistas y personajes que hacen de la ceiba el canto de la colectividad. Así nos vamos de uno en uno cada mañana o tarde por ese espacio. Uno merodea con sabor. Ahí, siempre se encuentra un diálogo. No sé de qué. Pero siempre hay algo de qué platicar y de qué aprender. Ahí la música es el eje, sin embargo, su puertita permite la entrada de la creatividad al por mayor, pues la poesía, distintas artes, y otras casualidades, están presentes.

Por ese sitio han pasado artistas como Ana Verá, Xiranda, Christian Nodal, 3MotherFunkers, Zalamaca Crew, The Trimmers, Color Hermano, Pneumus, y un número indefinido de músicos que le han dado vida y sonido a ese estudio, y claro, no podrían faltar Monte Bong y Monte Rebels, de quienes forma parte Raúl Márquez, el creativo tras este proyecto. 

El equipo y Monte Rebels. Foto: César De Alba

En Ceiba la magia se puede encontrar en la visita por igual de poetas, plásticos y otras causas del colectivo creativo de la ciudad. Ahí todo mundo baila o le da por charlar. Comerse un pedacito de pizza de hornito. Un buen café y hasta un agua de sabor. Ahí el ocaso es un momento iracundo para compartir ideas, soñar y prevalecer en la existencia con la mente en la creación.

Según las lenguas Ceiba nació por decreto de tener un espacio en el que los músicos independientes pudieran colaborar y generar nuevas ideas en la producción musical desde la escena local. A su vez, también funciona como un punto de encuentro en el que la creación encuentra reflexión y solidaridad. En Ceiba, la soledad es un eco del futuro y la compañía la esencia del presente. Clases de yoga, talleres distintos, exposiciones, charlas creativas, tardes con pequeños espectáculos en vivo, producciones comerciales, sesiones de fotografía o video, tamales, un champurrado, las papitas, y no sé qué tanto más, es lo que se puede disfrutar ahí. Es imposible no mencionar que es un sitio amable con las plantitas y que todas ellas brindan al espacio un fenómeno familiar, digamos, una amistad estrecha de la comunidad desde la intimidad. 

Si tienes un sueño sonoro se debe de aplicar todo la potencia posible, en primera porque, Isaías Guevara hará de tus piezas una genialidad con su ingeniería (le mete de su divina cosecha); además, Hiram Vielma brindará el sabor y el soporte en tus creaciones (tiene secretos, lo sé); con ellos, Octavio Espinoza te podrá guiar en la producción pasito a pasito (es muy paciente y un gran maestro); y con puntual visión, Sarvia Sosa te apoyará con sus comentarios y propuestas (siempre sonríe); y por si fuera poco, Emmanuel Durán te compartirá su experiencia que te hará vibrar (lo contemplo por sus viajes en moto y su ingenio sonoro); y con un espíritu peculiar, César De Alba te sacará una sonrisa en un retrato. Así es el equipo de Ceiba Studio, abierto, contemplativo y con rubros diferentes que hacen que la casa huela a tejidos de sonoridad. Todo esto sucede gracias al esfuerzo de Raúl, a quien ya mencioné, y que a su vez, es el personaje que piensa, crea, combina, dialoga y posibilita proyectos (así les pasó a los escuincles de Chapala).

El foro de Ceiba. Foto: César De Alba

Pero Ceiba Studio no es sólo eso. Es el compañerismo, la diversión, la esperanza y el alivio. Las razones de las lágrimas y el desasosiego de las nostalgias. Ese estudio es un encuentro único en Guadalajara, con su estilo, su familiaridad y las propuestas actuales. Ahí se concibe el amor, la oportunidad y el apoyo. Existe el brillo del sol, las plantas, el recuerdo de quienes se fueron y la vibra de nuestro presente.

En Ceiba el aprendizaje es circular, no hay más ni hay menos. Es una onda sonora repleta de versos de distintos sabores. Es una red complejísima pero con una apertura sana y esperanzadora. El barrio suena por las tardes. Las canciones llegan, los ensayos persisten, los errores suceden y todo eso florece a color y con sonido real. Ahí todo es raíz. Ahí todo mundo es planta y flor. Ahí uno se vuelve al viento y entre las manos, las cuerdas enaltecen la vida.

El son jarocho en expresión. Foto: César De Alba

Los sueños corren por esa casa y se despojan de todo prejuicio, nos existimos en el corazón de las palabras y al son de la música se baila con el arte. Ahí, las bicicletas tienen espacio y rutas por igual. Hay desvelos y desmañanadas que son evidencia de muchas piezas. Hay desgaste y pasión, la creatividad al por mayor en una sala de ensayo. Existe la desnudez y el teatro. Hay públicos para unos y públicos para otros y se converge en unión.

Ahí, los jóvenes no tan jóvenes enseñan a los jóvenes más jóvenes y huele todo a eterna juventud. La entrega es la misma para fulana y zutano. Ahí, la cocina, la jardinería, la música, la poesía, el teatro, la plástica y más, son la base de la esencia. La melomanía, la locura, el ruido, el sueño, las rastas, los aretes, los acordeones, las percusiones, las plumas, las latas, los cuadros, los pinceles, las cámaras, los ornamentos, todos, somos familia.

Donde todo sucede. Foto: César De Alba

Dentro del barrio de Santa Tere hay una casa que suena a colectividad sonora. Ceiba Studio, es hoy día un proyecto que ha entregado y colaborado con un gran número de creativos, y a su vez, en la actualidad ya es en un referente sonoro en la ciudad. Pícale y corre la pista, pues en el barrio, los colores suenan desde sus raíces. Música siempre. 

COMPARTE

DI: canción y marea de Sudcalifornia

DI: canción y marea de Sudcalifornia
Una voz que nace del eco del desierto y del mar
DI y la potencia de la libertad. Foto: Gonzalo Morales.

Y cuando caigo al sueño se hospeda en mi columna
Vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
Me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
Empollado en la muerte.
Gonzalo Rojas

Cuando llegué en bicicleta a Santa Rosalía, allá, en Mulegé, Sudcalifornia, me tomaron una foto. Ahí me encontré con un espectro de amistades. Estreché lazos enormes de felicidad y los paisajes fueron hermosos. Hoy día recuerdo con fervor aquella tierra y los sonidos que en ella se ocultan los vivo día a día. Así, por causas del destino llegué a DI, una chica con una voz de desierto y marea turquesa. En ella se postra “la universalidad”. En ella vive el aprendizaje que obtuvo desde pequeña y es que escucharla trae amplios recuerdos del polvo desértico, de allá, de la Cachanía, de donde es originaria.

La universalidad y la música. Foto: Pantone7548c

Escuchar la música de DI, que recién comienza a manifestarse en el ámbito, es una delicia que se contempla como una puerta a la magia de la península mexicana, y de ahí, al todo. Existe en su presencia y en su voz la lejanía de las distancias y nos vuelve cercanos a la quimera que llevamos dentro. El espacio es de sal y piel. Así nos vamos descubriendo poco a poco. Así, le cantamos a la vida y resplandece un solitario eco que se llena de cardones desde la flor que contiene una espiga colmada de arena. El mar resuena en DI y vuela con el sol como el “astro padre”.

“Ahora, conforme estoy madurando y estoy adquiriendo más experiencia, me doy cuenta de que es importante darle voz, a través de mí, a muchas cosas que pasan en mi entorno, pues hay personas que no tienen esta vía de expresión y de comunicación”, menciona el proceso de su crecimiento.

Así, desde muy temprano, hablamos de flores, de piedras y de mar. Amanecí con su nueva canción y estoy en el disfrute de escucharla. Entre palabras y acordes es preciso contemplar la sustancia de lo que viene. En ella vienen el polvo y la conformidad de saberse música, experiencia y papel. Le llamé y dejamos que la mañana fuera un eco de su tierra. Habrá que seguir la perspectiva de su voz joven y veamos qué es lo que sigue para DI. En ella la potencia de la libertad se manifiesta en esta nueva etapa y sugiere estar en el universo como una entidad única, en constante evolución, en una marea desértica que modifica el todo. Aquí ella y sus palabras, su música y sus horizontes.

¿Cómo te involucras con las flores?
Me gustan mucho. No me gusta que me regalen flores. Me gusta apreciarlas en su hábitat natural y rodearme de ellas en donde están.

¿Cuando tocas la tierra qué sinfonías hay?
Pues yo diría que las sinfonías de los ancestros, como también tocar las piedras, como que se abren portales de sonidos y mensajes de cientos, de miles, de millones de años. 

¿Qué ha sido Camila para ti?
Algo muy hermoso. Camila es una puerta hacia el amor que estoy sintiendo ahora por mí y para mí, y que esto lo he podido estar descifrando a través de darme un clavado con esa primera canción. Creo que hasta es de la buena suerte. 

¿Cómo fue su producción?
Fue en la Ciudad de México, la produjo Jorge Flores, que lo quiero muchísimo y fue en su estudio. La rola la hicimos él y yo. Yo compuse la rola y él produjo la rola. En la bateria estuvo Omar Avilés, sudcaliforniano de Guerrero Negro que también vive acá en la Ciudad de México, y le hablé y le dije.

Naturlaza hay en su música. Foto: Pantone7548c

¿Qué es la bicicleta para ti?
Es un medio de transporte muy divertido. Prefiero caminar porque soy un poco distraída. Cuando la uso me divierto mucho. Me gusta que me vuela el cabello, me gusta escuchar música mientras estoy pedaleando, me relaja, está cool la bici.

¿Con qué música comes y qué comes?
Me gusta comer comida vegana de preferencia o mariscos. Habitualmente como sopas, me gustan mucho los calditos. Escucho música electrónica, o Queen, Daft Punk, Parcels, o nada, a veces nada. 

¿Qué es el silencio para ti?
Majestuoso. Es algo que aprecio y valoro mucho cuando estoy sobreexcitada de la mente me gusta no escuchar nada. Cuando medito me gusta estar en silencio. Después de escuchar música en el estudio y lo que estamos haciendo, trabajando, me gusta el silencio. A parte de ser algo majestuoso y que te mantiene en el instante del aquí y del ahora, también es una herramienta para el descanso mental y eso es valioso para un artista.

¿Cardón o serpiente?
Serpiente. Porque se me hace más imponente, salvaje. Históricamente vinculada a algo negativo cuando sólo es una criatura hermosa e incomprendida.

¿Cómo fue la producción de Ser salvaje?
Ser salvaje es otro viaje, es algo muy importante para mí. Camila es como un rubí, es un rubí que está flotando ahí, en el mar y en el desierto, y en toda esa estructura natural que te puedes imaginar escuchando la rola, que se me hace muy chido. Pero Ser salvaje es algo que me costó más. Camila es una rola que hice porque sentí un golpe de inspiración. Pero Ser salvaje no está vinculada a ningún otro elemento más que a mí y esta necesidad de decir que quiero evolucionar, que quiero conectar con esto que estoy sintiendo, experimentar mi vida más libre, conscientemente, y valorar más cómo soy. Me tomó más tiempo estructurar los versos, el coro, hacer borradores de letra. Hice varios demos de la rola, se llamaba de otra forma. Al final terminé de escribirla por ahí de noviembre. Primero empezó de una forma, pausé y cuando retomé, todo fluyó muy bien. En enero me metí al estudio a dirigir todo y a que la rola sonara como ya por fin sabía que tenía que sonar. Estoy muy orgullosa, fue algo que trabajé más, un poco más, yo, conmigo, porque quería expresar cosas que jamás había expresado. 

Ser y descubrirse. Foto: Pantone7548c

¿Qué sigue para DI? ¿Algún EP?
Más rolas. Voy a terminar la mezcla de otra rola y después en unos meses veré qué onda, si va a ser un EP o no o qué. Pero hay más rolas, hay más música. 

¿Qué colores eres?
Negro, iba a decir, lo pensé así, negro, pero negro y rosa. 

¿Cuál es tu lugar favorito de Sudcalifornia?
Mulegé, la bahía. El Burro, la playa pues, cualquiera de esas. Pero El Burro es a donde me llevaban mi mamá, mi hermano y mis amigos siempre, y ahí me gusta estar.  

COMPARTE

Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo​

Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo
Tonalidades diminutas que perciben fuego en el canto
Cinthya Morado y sus artesanías. Foto: Daniel Mosqueda

Todos rompimos murallas
o cabalgamos quimeras.
J. L. Serrano

Subí 89 km desde la costa del Pacífico mexicano para llegar a Tepic, Nayarit. Fue un ascenso bastante prolongado para un sólo día pero aquello se convirtió en un gran reto. Llegué a la ciudad por la noche. Hubo oportunidad de estar por allá en un febrero. Ahí conocí a una cantautora natural, sideral, profunda: Cinthya Morado

En una noche con conocidos coloridos de la región, hicimos encuentro en Galería Lea, aquel espacio sencillo y elocuente de Salvador Lea, un pintor y amigo de la ciudad que nos permitió coexistir. Esa noche entre poetas, artistas y demás ingresé en la percepción de conocer a algunos cuantos. Ahí, entre el baile, la noche y las esperanzas andaba Cinthya Morado, mujer peculiar y de sencillo tono humano, a quien conocí mediante nuestra amiga poeta Frydha Victoria, y así, lo demás se convirtió en historia.

La naturaleza es creatividad. Foto. Cinthya Morado

Hoy, tiempo después, exploro en los acordes y me crezco entre la imagen de su Diminuta, obra sonora que recién ha surgido en 2020 para dar paso a todo una conceptualización de su personalidad. Seré honesto. Cada pieza de esa composición contempla historias potentes, divertidas y corren el riego en cada tono. Se anticipa el entusiasmo a respirar y sentir. La exploración de Morado es una estafeta entre el silencio de los gatos y las esperanzas. El discurso se carga de experiencias y de tonos climáticos que nos llevan por aquí y por allá como un juego repentino de infantes. 

Es divertida y se ausenta de la incertidumbre. Hay poesía en cada una de sus letras. La magia que persigue con esta obra va más allá del sonido que se repite una y otra vez, es un telar sonoro. Así la instancia voraz de la secuela de la vida, el canto y los instrumentos. Aquí hoy, una breve entrevista con Morado, quien actualmente radica en Aguascalientes, y que persiste en sus sueños de gatos, cerros y días.  

Por mi cuenta, paseo en bicicleta con el afán sonoro de El suelo que me lleva a la curiosidad y al divertimento. Vuelo. Y así me encuentro en un disco repleto de comedia, paciencia y laberintos muy mexicanos. Texturas imprescindibles que se mezclan en el delicado aroma de sus timbres. Diminuta es una experiencia especial, hay que estar en la hamaca y despertar con café para escuchar con detenimiento. 

¿Qué te atrajo a la música?
No sabría decir con exactitud qué me atrajo a la música, en mis recuerdos más primigenios ya está presente el jugar con melodías y ritmos, eran mis formas de divertirme, siempre hacía melodías con lo que iba observando o haciendo. Desde muy pequeña mis papás nos cantaban y ponían música de muchos tipos: crecí con Cri crí y con Nirvana, con Tracy Chapman y con Mozart. Me gustaba escuchar y a veces lloraba con algunas canciones aunque no tuvieran letra o no la entendiera. Creo que hay una conexión muy intuitiva de la que no reconozco un inicio específico, pero sé que mi sensibilidad tiene mucho que ver con mi primera infancia y mis primeros descubrimientos habitando este mundo.

¿Qué es componer para ti?
Hacer música es súper mágico. Cada vez lo entiendo de una manera diferente y un poco más profunda. Lo veo como si tratara de encapsular momentos, como de hacer mantras también. Hay veces que tengo ideas o emociones o me pasan cosas difíciles de procesar y al convertirlas en canciones y repetirlas una y otra vez, me entiendo mejor. Me gusta pensar también que tienen el potencial de conectar con otras personas. Creo que se lanzan al exterior y se quedan ahí, que dejan de pertenecerme del todo y se van combinando con el tiempo y el espacio. Es muy loco pensar en que alguien más también puede tocar y cantar piezas mías que nacieron en momentos tan íntimos. Cuando me muera mis canciones seguirán existiendo, eso es muy emocionante.

Flores y Cinthya. Foto: Regina Béjar

¿Qué es Diminuta?
Diminuta es un EP minimalista, íntimo y de autorretrato que grabé a principios de pandemia en Joi Records, en Aguascalientes. La oportunidad de grabar se dio de sorpresa y hacerlo fue un reto y un proceso rápido pero muy bonito. Dentro del equipo de este material está José Octavio Primero en producción y mezcla, Gerardo Castmu en masterización y Rubén Ramírez Díaz como músico invitado en dos de las canciones. La portada es una obra de Ulises Sarabia y el diseño gráfico de Ricardo López. Salió en septiembre de 2020 y está disponible en todas las plataformas digitales.

¿Hacia qué caminos poéticos es posible declarar tu obra?
No sé si se le puedan llamar poéticos a los caminos que traza mi música, me encantaría que sí, ésa podría ser una de mis metas. La poesía es un lenguaje muy sublime, toca fibras muy íntimas y profundamente humanas, es algo casi espiritual, creo. Para mí es un sueño poder lograr eso aunque sea un poquito; decir algo, provocar algo, evocar a la naturaleza, que quienes me escuchen sientan parecido a lo que yo siento cuando canto o cuando escribo lo que canto, me ilusiona eso.

Cinthya y piedras. Foto: Regina Béjar

¿En alguna nota la bicicleta?
Amo la bicicleta. Aprendí a andar en ella un poco tarde, a los diez años. Todavía recuerdo la primera vez que logre el equilibrio y avancé, estaba sola porque era muy miedosa, y también, muy insegura; entonces, cuando intentaron enseñarme nunca pude, fue hasta que lo intenté por mi cuenta y sin que nadie me viera. Fue muy liberador. Hubo un tiempo en que me movía en bicicleta a todos lados, a veces también salía a la carretera, es maravilloso. Debo decir que últimamente ya no la uso tanto, me recrimino eso. Quiero volver.

¿A qué te sumerges cuando piensas en gatos?
Cuando me preguntan si soy de gatos o de perros siempre respondo que de gatos. Me gusta mucho su autosuficiencia y su determinación. Creo que saben perfectamente lo que quieren y van por la vida hacia ello, siempre claros y honestos consigo mismos. Son ágiles y les gusta jugar pero también duermen mucho, a veces les gusta la compañía y la buscan, a veces no y se van. Son silenciosos y pasionales. Me gusta que cambian de humor y que siempre se entregan al momento presente.

¿Qué son los árboles en tus canciones?
Los árboles son muy importantes en mi vida, no sólo en la música. Me transmiten muchas cosas. Me gusta observarlos, he escrito varias canciones y textos sentada a la sombra de árboles, son un lugar seguro para mí, son también compañeros e inspiración. Puede sonar raro, pero yo creo que hay árboles específicos a los que he querido de verdad.

¿Alguna vez serás pájaro?
No creo. Amo mucho a las aves, pero me siento muy lejana a su naturaleza, soy más bien una de sus fans y soy muy, muy humana; ser ave es muy perfecto y yo no quepo ahí.

 
Cinthya Morada desde sí. Foto: Regina Béjar

¿Qué explota en tu pensamiento cuando cantas?
Cuando canto no pienso, es uno de mis estados menos racionales, es como si me fuera de mí misma, o más bien, como si viajara hacia dentro de mí y me ausentara de mis propios pensamientos para nada más sentir. A menos de que no esté cómoda en ese momento o no esté concentrada, entonces sí, me cuestiono.

¿Qué surge del viento y de ti para todos?
Relaciono al viento con el movimiento y con la vida, con dejarse llevar y con la libertad. De mí para todas hay honestidad.

¿Mar o sierra?
Sierra. Soy de Nayarit y crecí muy cerca del mar, sin embargo siempre he preferido las montañas, la tierra, las hojas secas y los árboles altos; aunque he de decir que ahora que vivo lejos, sí extraño mucho la playa.  

COMPARTE

Versonautas: galaxía de letras y notas

Versonautas: la galaxía de letras y notas
Conjunto sonoro que es un performance más allá de lo poético
Ana Sanahuja y Roqui Albero son Versonautas

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor 
dice que el amor es muerte es miedo 
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe   
Alejandra Pizarnik

En septiembre de 2014, previo a mi primer viaje extenso en bicicleta por las costas del Pacífico mexicano, la poesía estuvo delante de mí en un escenario desde la voz de un hombre peculiar. Fue en un concierto de Jorge Drexler donde percibí la intensidad de aquel hombre en algunos versos junto a su trompeta. Aquella noche fue la presentación del disco Bailando en la cueva del compositor uruguayo ante el público tapatío, su cumpleaños 50, y de una breve intervención no pensada de nuestro lema ante todo el público: Por favor, lea poesía sonó ahí. Quién iba a saber que horas más tarde sería una juerga enorme al lado de todo el grupo de Drexler, y por igual y muy gratificante al día de hoy, el nacimiento de una amistad fraterna con los Versonautas

Versonautas son amigos, amantes, comparsas.

Sus nombres son Ana Sanahuja y Roqui Albero y ambos dan vida a este proyecto intergaláctico en el que la poesía y la música se fusionan para crear una inmersión colorida, así lo digo porque así lo creo. A Roqui lo escuché versar aquella noche junto a su trompeta, y aquello, más allá del concierto, me dejó atónito. Los lazos se crearon y después tuve la fortuna de conocer a Ana y de todo lo que son como pareja: un ente explosivo de creatividad conjunta. La poesía y la música ha sido nuestro tema a lo largo de estos años. Ha sido una magia contemplativa estar en el desarrollo de este enorme proyecto hasta el día de hoy desde la distancia.

En 2020, la flor de Versonautas surgió, Astro Azul, un álbum experimental, performativo y delirante. En él las palabras se hilan de cada nota y forman una escultura sonora única en su tipo, en el que el amor, la exploración en pareja y las aventuras poético-sonoras culminan en momentos de pensamientos inauditos. Entre ellos, la participación de amigos expandieron las posibilidades para entregarnos un eco puntual, estratégico, esperanzador, así la voz de Silvia Pérez Cruz, Jorge Drexler, Raúl Rodríguez y otras participaciones, se congregaron para amarnos de una manera especial desde la versopsicodelia.

Contemplar esta obra es anticiparnos a las melodías discretas y a los misterios que anuncian sus versos. La poética con la que se construye es elemento completamente diverso y entrega en cada composición lugares asimétricos, en los que uno se puede estar y rodear las mañanas, las tardes y las noches en soledad o en pareja. Al final de los días, Astro Azul, es un disco que en el pedal entrega efectos alegres, sensibles y nostálgicos de la vida que somos.

Escuchar este disco y dar cuenta de la potencia que se ha requerido para impulsarlo es notar la presencia de la posibilidad creativa de dos personajes y toda la fuerza que han implicado, algo así como una de las maneras mágicas del amor desde dos hacia el todo. Versonautas, desde hace meses, me ha dado otra posibilidad de la poesía, más allá de las páginas y de los libros, en sí, en los momentos en que me encuentro alrededor del viento.

Ahora es cuando siento la exploración del eco y de las notas de todas las atmósferas. Esta obra es para disfrutar a media luz, con un poco de agua y un sorbo de vino. Es buscar la permanencia en el mismo poema, en el estallido de las galaxias, en lo que nos come lentamente. Astro Azul entrega la posibilidad del éxtasis de la palabra, el caminar eterno de las bicicletas, es a la vez aurora y ocaso, la apertura y el cierre de las posibilidades. Astro Azul, es más que un universo.

Astro azul es la experiencia y la búsqueda de diversas atmósferas en el que el juego y la memoria se han fragmentado para convertirse en un reflejo de amor infinito de la poesía y la música contemporánea: un delirio sensorial de un viaje de dos. Y para ello, sus propias palabras como en el Poema del amor a veces

se tocan antes
están siempre a punto de tocarse
no se hablan
se balbucean
se chocan las bocas
se pasan el aire
labios de caballo 
se cierran los ojos
se pasean las almas por el oscuro del otro
se sobrevuelan
y se encuentran los cuerpos
y se piensan a la vez 
hacen nacer el pensamiento
y juntos
lo dejan morir
hacen nacer el gesto a la par
y juntos
lo disuelven

Versonautas es una palabra obsequiada por Jorge Drexler

¿Qué es Versonautas?
Versonautas es una aventura que emprendimos hace 7 años, un lugar en el que nos encontramos para crear, el espacio que nos permite mezclar vida, profesión, arte y aprendizaje. Es un modo de navegar sin ataduras en un mar de posibilidades infinitas. “Versonautas“ también es una palabra que nos regaló el cantautor Jorge Drexler. 

¿Por qué crear un proyecto de poesía y música?
No sabemos si hay un porqué, todo partió del amor, del gusto por hacer cosas juntos, de encontrarnos en otro plano. Los dos somos músicos con formaciones diferentes y la poesía fue un punto a partir del cual hacer música en libertad. Dedicarse a una disciplina artística o género en concreto puede, a veces, impedir que surja la creatividad, ya que siempre hay un peso de la tradición que ya nos marca unas pautas. El hecho de agregar un elemento nuevo para nosotros ha sido el faro que nos ha guiado hacia un lugar en el que lo creativo esté por encima de lo técnico.

¿Cómo fue que se encuentran como amigos, pareja y ahora colaboradores de proyecto?
Quizás fue el hecho de detectar en nosotros más afinidades que las puramente sentimentales. Nuestros sueños se encontraban, nuestras conversaciones se encendían y nuestros anhelos coincidían. Sabíamos que el juntarlo todo tenía su riesgo, podíamos ahogar nuestra relación, pero eran tantas las ganas que decidimos apartar todo atisbo de duda y arriesgarnos, siempre tuvimos una intuición positiva al respecto de implicarnos en lo profesional. De algún modo, vimos que, además de amantes, éramos también las piezas perfectas para poner en marcha un sueño común.

Ana y Roqui desde hace siete años: Versonautas

¿Dónde se originó este proyecto y por qué?
El proyecto nació entre Valencia y Barcelona y la excusa fue un proyecto que pretendía unir la gastronomía con el arte. Creamos un festival llamado Saborasons, palabro inventado en catalán que sería algo como Saborasonidos. Ahí creamos el Banquete de las Palabras, un viaje a través de poetas que versaban sobre la gastronomía. Fue un espectáculo multisensorial en el cual un amigo chef convertía lo que recitábamos en una experiencia gustativa a través de sus platos en forma de pequeñas catas.

¿Qué proyectos o creativos han influenciado a Versonautas?
Al inicio nos conectó mucho el cine, un arte que navega entre la fotografía, el texto y la música con una fluidez inspiradora. También hemos bebido de todo tipo de música, aunque cada vez más, nos interesa la creación del espacio sonoro, de las texturas.

¿Cómo es un espectáculo de Versonautas?
En estos seis o siete años hemos ido evolucionando y ahora, con Astro Azul, nos parece que se ha dado un nuevo comienzo, una metamorfosis muy deseada. Planteamos un ritual escénico que se desnuda ante la audiencia. El viaje no para, durante una hora todo se va hilvanando mediante la música, el sonido abstracto, la luz y la palabra. Esta aparece deconstruida, recitada, cruda y cantada.  Juntos partimos de una nada creadora y vamos mostrando capas hasta llegar a la pura sencillez.

¿De qué manera llevan su proceso creativo?
Siempre hemos ido componiendo nuestro universo a partir de lo que nos sugería la palabra. Esta era el motor a partir del cual elaborar un discurso sonoro. Al inicio buscábamos los textos que nos dieran esa fuerza creadora hasta que, en este último trabajo, decidimos empezar a escribir y pensar en un todo escénico ya desde el inicio. En este proceso, la escritura no pretende formar parte de un poemario, es en sí un modo de sincerarnos con nosotros mismos. Nuestros textos, más bien son ideas sintéticas, partículas de poesía, spoken songs o canciones habladas.

¿Qué imagina ser cada uno de ustedes, flora, fauna, algún ser en especial?
Nos conformamos con dejar que aflore aquello que en nosotros pida nacer, embriagarse de luz. Queremos ir abandonando las cáscaras que se van marchitando y que surja el nuevo ser que nos habita. Nuestra idea es no reprimir nada por miedo, salir de todos los armarios en los que a veces encerramos al espíritu, el cual que no entiende de patrones establecidos.

¿Qué momento identifican como mágico para Versonautas?
La magia en un escenario se da, es difícil controlarla, ella decide cuándo mostrarse. Nos parece que hay que invocarla desde lo erótico, desde el juego…aunque un poco de ron o de tequila antes de empezar ayuda mucho…jaja…Destacaríamos los tres días de estreno el pasado mes de septiembre en la Sala Carme Teatre de Valencia, en muchos momentos nos sentimos flotando sin tiempo en un espacio infinito. Las miradas luminosas y las palabras emocionadas de la gente, también son momentos mágicos. 

Versonautas es creatividad en complicidad

¿Cómo es la relación música y poesía para Versonautas?
Es un idilio muy antiguo, algo que viene de nuestros ancestros. Creemos que hay una voz que nos indica siempre cuándo está funcionando esa alquimia. A nosotros nos gusta que ambas cosas estén vivas, que ninguna sea demasiado protagonista respecto a la otra, aunque hay veces en que se requiera cierto matiz para que todo funcione. Lo importante es que uno sienta que ha hallado el milagro, que haya búsqueda.

¿Desayuno, comida o cena?
Somos como vosotros, comer, beber, cocinar, hablar, compartir recetas… A pesar de su fuerza, no nos ha convencido la cultura sajona de comer como puro trámite. El encuentro alrededor de una mesa con productos frescos es un ritual sagrado. “El hombre, como decía Montaigne, más que un animal racional, es un animal que cocina”.

¿Pedalear? ¿Individualmente o en familia? ¿Hay poesía en ello?
En todo se puede manifestar lo poético, cómo no. Valencia es una ciudad ideal para el pedaleo. Nosotros nos movemos en bici por toda la ciudad, también con nuestro hijo sentado en su sillita. Cuando vengas lo podrás comprobar.

Ana y Roqui son versopsicodelia, spoken song y performance.

¿Cómo se contemplan en México?
Para nosotros, la América con la que compartimos idioma y lazos es fundamental y México es, sin duda, la tierra mágica por excelencia, algo que puede que España haya perdido. Ambos hemos visitado México en varias ocasiones y siempre hemos quedado embriagados de una fuerza arrolladora. Vosotros tenéis fuerza y ternura, sois apasionados y generosos. A nosotros México nos parece que es un universo en sí mismo, inabarcable hasta para sus propios habitantes, lleno de misterios, culturas ancestrales, climas diversos, plantas maestras…quién podría no ser un amante de esa tierra milagrosa. Estamos seguros de que, en cuanto podamos, en cuanto despertemos y recuperemos la libertad arrebatada por una supuesta seguridad, nuestro Astro Azul volará hacia vosotros. 

¿Qué hay de la Tierra?
La tierra, como el cuerpo, habla en un lenguaje que hemos desoído demasiado. El último siglo ha sido el de los grandes avances tecnológicos y también el de los grandes retrocesos medioambientales. Sabemos que nos ha podido la opulencia, que hemos creado un sistema depredador y que ahora nos toca parar y escuchar. Pero, conociendo bien lo excelso y lo perverso del ser humano, nosotros desconfiamos hasta de las buenas intenciones, no sea que surjan nuevos tiranos que, invocando el paraíso, vengan a sustituir a los de ahora, debemos estar atentos también a eso, a ese nuevo business verde. Queremos pensar que la conciencia acabará aflorando como una marea de amor a lo que somos: materia orgánica, tierra, partes de un gran ser vivo. Arrasar la tierra es una forma de auto lesionarse.

¿Qué labor social ha hecho Versonautas?
Concretamente en Versonautas y fruto de la casualidad -pues surgió a partir de la demanda de varios profesores de literatura-, creamos hace unos años el proyecto educativo “Abrapalabra”, taller-recital pensado para acercar la poesía a los adolescentes. Los estudiantes de ESO y bachillerato se encuentran en un momento de vital importancia que los lleva a preguntarse sobre las grandes cuestiones humanas: el amor, la vida, la autoestima, la muerte, el más allá, el universo interior, la propia vocación … Sin casi ser conscientes, a través de las canciones, ya han comenzado a sentir cierta inquietud poética que les ayuda a afrontar sus preocupaciones. Nosotros intentamos mostrarles la utilidad que puede tener la poesía en sus vidas y el efecto transformador que ésta puede generar en ellos. Acudimos a los institutos mediante un recital-taller participativo, son sesiones muy transformadoras.  

¿Planes a futuro?
Seguir haciendo lo que nos llena: escribir, componer, grabar, actuar, reflexionar, crear sinergias con otras personas y con otras disciplinas artísticas, cuidar a nuestro hijo, encontrar un lugar en el que cultivar, aprender cosas nuevas, etc. Cuesta pensar en el futuro, últimamente pensamos más en “construir un presente”, quizás sea la mejor lección de todo esto. Pero nuestro más ferviente deseo es que despertemos como especie, que nos dejemos conmover por la belleza, que perdamos el miedo y que a ningún ser humano le sea arrebatada su dignidad. 

COMPARTE