Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio

Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio
La reflexión de la luz como una entidad individual
Autorretrato. Foto: Alberto Delgado

A cada instante otro Big bang.
Nacen astros, cometas, aerolitos.

Todo es ala y fugacidad
en la galaxia de esta lumbre.
José Emilio Pacheco

Hace tiempo que no me preguntaba el por qué de la fotografía. Hace tiempo que no recordaba la audacia de volverme un instante y disfrazarme de negativo. Hace tiempo que no frecuento una cámara como en mis tiempos de viajes por carretera para registrar todo lo posible. Se ha detenido el fuego y ahora mira tras de mí, pues encontré, hace poco tiempo, entre las calles de Guadalajara, Jalisco, el sonido de la voz de Alberto Delgado, un joven fotógrafo que al igual que yo y muchas personas más, se cuestiona el movimiento de la cámara, de la luz, de la evidencia y del espasmo. 

Cerritos surf. Foto: Alberto Delgado

De tierras tapatías, Alberto se ha dedicado a la producción de diversos materiales gráficos así como a campañas de producción audiovisual y otras más como documentalista. Al momento, es interesante encontrar su incertidumbre fotográfica llena de cuestionamientos que nos permiten considerar sus posibilidades desde una perspectiva intrínseca, un tanto llena de sabor plateado y de moluscos siderales en la reflexión sobre su fotografía. Preciso, hay dudas que le mueven y que prioriza desde su lente, y como creador, vive de una herramienta básica, su propio análisis dentro de la fotografía. Y es que parece que la tecnología nos ha permitido avanzar hacia otros niveles de la imagen que ya no es necesario pensar la realización de la misma, sólo para empezar. 

Maniobras de parque. Foto: Alberto Delgado

Hace tiempo que no me desplazaba por la dudas de la fotografía pues el tiempo nos amarra a múltiples actividades y es cuando entro a una revisión de mi postura ante la imagen. Alberto dialoga, sugiere, piensa y se involucra entre miles de ideas. La fotografía es una herramienta que nos sirve como humanidad para hacer algún tipo de evidencia de nuestras vidas. Pero, ¿qué hay más allá del clic, del enfoque automático, o de los envíos masivos de fotografías? ¿Hasta dónde se ha considerado las estéticas de la fotografía en nuestros contextos? Pareciera que de manera automática tenemos la respuesta a todo lo que nos interesa, si hablamos de la fotografía, o en sí, con mayor precisión, de su producción y realización. 

Dulce nectar. Foto: Alberto Delgado

Si lo pensamos de diferentes maneras, Alberto sugiere, desde su perspectiva jovial, la aventura a la duda, al descubrimiento, pese a la tecnología, a la acción por valorar con mayor razón la creación de la imagen. Quizás esto no le funcione a todo mundo, sin embargo, nos permite desarrollar un criterio de lo que captamos, de lo que atrapamos, de lo que escribimos con luz, y todo, desde una esencia personal con un valor por el color, la textura, la composición, la retícula, el dinamismo, y sobra decir, de la magia del mundo fotográfico. Su fotografía, aunque reciente y con sus particulares aplicaciones y funcionalidades es un documento que muestra la sencillez del cuadro, esparce en cada imagen la posibilidad de construir una entidad de la simpleza, pero no dicho de manera brusca, sino sensata. Nos motiva y argumenta. La fotografía tiene ese cuento de ser un instante de vida, como diría Julio Cortázar al diferenciar sus emociones sobre una novela y un largometraje. Se preocupa por el detalle y el campo de visión y aterriza.

Niña wixa. Foto: Alberto Delgado

La fotografía de Alberto, hoy día, nos presenta un emblema de la sensibilidad que existe en Guadalajara como campo de creadores visuales. Hay cada vez más un centenar de individuos con un lente de por medio, pero pocos, pese, reitero, a la tecnología, pocos son los que se preocupan del juego de saberse fotógrafo. Su imagen es un dictado de nuestra perspectiva, en la que nuestra altura, nuestra visión, nuestra temperatura y nuestro estado de ánimo se perfilan para consolidar un criterio justo de lo que somos en una imagen. Análisis mismos. Alberto es pues, una configuración que nos podrá remendar el tiempo y la sugerencia de vernos crear, con una cámara, desde el ángulo incorrecto pero sí honesto. Hablemos pues de que aperturar el lente es una posibilidad del tiempo, pero más allá de la fundación de una fotografía, debemos consolidar las bases y los argumentos para sostenerla. Alberto está en eso, en un proceso por descubrir más del campo, más de la imagen, más de las texturas, y sencillamente se basa desde la lógica determinante que le persigue, saber qué es la fotografía en estos tiempos y los remedios que debe usar para llegar al espectro que está buscando. 

Flores Nuevas. Foto: Alberto Delgado

Con base en ese territorio, me permito presentarles a nuestro colaborador visual, que diagnosticará, durante un tiempo y quién sabe y le alcance, la fotografía en Guadalajara, así como algunas colaboraciones con otras personalidades, con otros proyectos y con más cuestiones de diálogo sobre las posibilidades de la imagen en nuestra ciudad, y por si fuera poco, alguno que otro artículo más de lo que pensamos como revista. 

Alberto Delgado se ha movido desde el diseño gráfico, el teatro, la danza, la pintura y el dibujo. Se ha desarrollado dentro de los medios visuales y audiovisuales como elementos principales de sus estudios. Su trabajo se ha relacionado con la imagen y ha trabajado en diversos proyectos sociales, culturales, publicitarios, editoriales, documentales y artísticos, desde un enfoque creativo. Así pues, se ha distinguido por colaborar para distintas empresas y marcas locales. Aquí una prueba de lo que es y de lo que considera. Bienvenido al equipo Alberto.

El balsamo del tejuino. Foto: Alberto Delgado

¿Cómo se sugiere una memoria dentro de un elefante?
Los elefantes tienen mala vista, pero son capaces de reconocerse en un espejo o reflejo, lo que nos habla de que son observadores, identifican dentro de la penumbra, la memoria funciona así, todo lo que recordamos viene de los detalles.

¿En qué sitios el ojo se convierte en pensador?
El ojo se convierte en pensador en todo lugar, siempre y cuando se observe, al observar se fusionan mente y ojo, practicando mucho la observación el ojo se vuelve mente (pensamiento) y la mente ojo (símbolos, metáforas, detalles, crítica y análisis).

¿Para qué detener el tiempo en pixeles y papel?
Más que detener el tiempo, que es una ilusión, es crear otra ilusión en donde el tiempo funciona distinto, porque se captura algo que queda en el pasado, manteniéndolo presente, sabiendo que seguirá en el futuro. La imagen es un estado atemporal del imaginario.

Juego de niños. Foto: Alberto Delgado

¿Cuánta arrogancia existe en una cámara fotográfica?
Una cámara es una herramienta, su arrogancia existe en su materialismo, es decir, hacer del objeto un todo al igual que un automóvil, cuando el fin del automóvil es movernos y el de la cámara comunicar.

¿Cómo es posible saber los sueños del color rojo?
Desde las vísceras.

¿Quién existe en el sueño de la convocatoria abierta por la luz?
Todo lo que sea visible, más no palpable.

¿Por qué los colores son parte de la imaginación?
Porque el color es un detalle y a través de los detalles imaginamos, el color está en todo y la imaginación también, coloreamos la vida a través del color según nuestras emociones y cuando imaginamos el futuro, lo pintamos de colores para desearlo o le quitamos el color para rechazarlo, así que los colores son los detalles que le dan atmósfera a lo que imaginamos.

La música del futuro. Foto: Alberto Delgado

¿A qué le atribuyes la composición visual que ha considerado el universo?
A la existencia humana, nosotros componemos el universo a través de la vista, el universo puede ser todo, orden y caos dependiendo de cómo lo componemos y componemos para interpretarnos y de esa forma reconocernos dentro de un todo.

¿De qué manera el bulbo configura su erotismo?
El erotismo del bulbo se encuentra en que está abierto a la luz, igual que el del sexo al amor.

¿Qué paisajes se quedan en las posibilidades de la palabra?
Todo paisaje se vuelve palabra al comunicarlo, y toda palabra se vuelve paisaje al sentirla. 

Naomi Greene: entre la lente y la pluma​

Naomi Greene: entre la lente y la pluma
Documentar a la poesía como escribir a la fotografía
Naomi Greene. Foto: Beatriz González

Cada rango del mundo
conlleva un descenso
al menos un rango
por la terrible presión de la luz.
Anne Carson

Se puede documentar la vida entre el silencio, la calle y la ironía. Tenemos destapadas las miradas como anzuelos para cazar a todas las gomitas podridas del universo. Sabemos que podemos causar una desgracia a la velocidad del tren si le metemos el pie y escapamos como locos a un trampolín de acero. Su nombre es diverso, y en ella se frecuenta una personalidad tímida, pero llena de un espacio imposible de concebir. Naomi Greene, fotógrafa, escultora y poeta en proceso, nacida en la Guadalajara noventera, es hoy día una voz que comienza a entregarse dentro del fuego, porque así es su espíritu, una responsabilidad humana llena de fuerza que se cautiva con la voz de los escuincles y se percibe en las esencias de los perros. 

Problematizar la belleza. Foto: Naomi Greene

No sé el recuento de la vida, ni cómo nos encontramos, pero su visión permite una cuestión ponderada de la rebeldía. Vamos a vestirnos de colores, vamos a saturarnos los cabellos, vamos a rompernos los tejidos, hay que cubrir la soledad de nada, hay que revivir a cada segundo, hay que sentir el dolor y apaciguarlo con un soplido para instaurar todo lo que la fotografía permite. Así, ella escribe entre los países, las razones, las injusticias, la mancha y el tiempo. Comienza a contar un derrame de luz para decirnos todo lo contrario, una pequeña sombra lo puede todo. A veces en la palabra pájaro, otras en la palabra bicicleta, muchas veces árbol y siempre potencia. No tengo la menor duda de que los lentes de su cámara se preguntan a diario qué es lo que busca. 



Mizz Xuxú. Foto: Naomi Greene

Una cuestión es la imagen. Y su palabra, qué habrá que decir. Vamos. Nadie es absoluto o determinante. Así como en su fotografía, Naomi, tiene en sus versos, la necesidad emperatriz de una exploración auténtica. Esto no es un elogio a la cordura, pero como nos hemos creído amigos, hablamos desde la sinceridad. Sus versos buscan establecer un contacto desde la incertidumbre. Así los autorretratos y sus poemas son un encuentro disoluto, disruptivo, secreto. Porque Naomi es un secreto, una artista en varias ramas y una tenaz observadora del silencio, y ahí, en el rincón de la noche, al lado de la banca, es donde la encuentro y la charla es sueño, poesía y fotografías.  



Monjas floreadas. Foto: Naomi Greene

Escribe, de muchas maneras, más allá de la pluma y de la secuela. No se permite no sentir y a cada rato libera la emoción desde el papel. Y la guitarra sigue. Pedalea. Busca. Explora. Explota. Persiste. Si pensara en una cuestión rígida, Naomi es una ave libre, es un ser extremadamente sensible que se bifurca desde la gubias hasta el flash itinerante de la velocidad. No sé si un día exista la posibilidad de narrar una de sus exposiciones foto-poéticas, pero supongo, ese día, será una velocidad momentánea la que llene el valle que traemos algunos en el corazón, pues entre la poesía y la fotografía, somos una minoría la que entendemos la capacidad de dichas escrituras.

Naomi Greene. Foto: Carlos Yamil Neri

Podríamos romperlo todo, pero la canción sigue y se muestra un calcetín roto al lado de las muñecas. Es tiempo de comprender las fotografías como salvajes cuadros. Vamos a romper las enfermedades para hacer de nosotros una colectividad radiante. Dicen los expertos que nadie nació para ser eterno. Existe una alegría por compartir este equipo que hemos procurado. Naomi es parte de Proyecto Ululayu como la coordinadora audiovisual y llegó con un rompimiento desde el interior. No hay tiempo para pensar las cosas, el paracaídas necesita guía entre una letra y un texto. No habrá sabio que descifre la fórmula que hemos creado como equipo. 

Habana vieja. Foto: Naomi Greene

Las hojas de los árboles se desprenden para la caza de las hormigas. Debemos hoy disfrutar de las posibilidades que nos entrega la vida. La fotografía y las letras de Naomi desencadenará hoy un eco perpetuo en nuestro ejercicio creativo y esto permitirá una identidad única de nuestra labor. Somos pequeños dinosaurios con la misión de crear una ilación profunda con los nuestros y Naomi, ella, la sensibilidad de nuestra mirada. Es el silencio del desierto cuando la serpiente pasea de noche. 

Lima migrante. Foto: Naomi Greene

Naomi Greene estudia actualmente la maestría en Antropología visual en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también a la gente, el paso del tiempo y el misterio de vivir. Ha desarrollado una diversidad de proyectos personales y algunos otros que se involucran con la labor social y cultural de distintos contextos. Ha participado en diversas publicaciones. Su experiencia corre en la observación, principalmente. Busca observar más allá, hila puntos, patrones. A su vez, dicha experiencia se compone de lo que contempla, de lo que conceptualiza y de lo que repasa a través del estudio y las vivencias.

Lo anterior le ha permitido fungir como realizadora audiovisual, fotógrafa y editora de video, casi todo en solitario, -o como algunos lo llaman: one-woman-production-, y parte de lo que desarrolla en la actualidad es el trabajo en equipo. Para su tesis de maestría trabaja sobre los impactos positivos que puede tener el cine en menores de edad de contextos vulnerables, especialmente el cine participativo por su acercamiento horizontal y “autónomo”. Para ello, imparte un taller de cine a niños y adolescentes en Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A. C.) en Guadalajara, México, en el que prueba y descarta con la experiencia personal y colectiva.

Amazonas. Foto: Naomi Greene

¿Cómo llega el pan de café a la fotografía?
A través de una bicicleta roja (chiste local).

¿Qué es la poesía en un rollo de 35 mm?
Cuando tomas fotos análogas aprendes a esperar, la paciencia es un requisito, igual que poder soltar el control. Puedes equivocarte al exponer o tomar la foto en el momento que no esperabas y te das cuenta del “error” al momento de revelar. Se revelan dos cosas: la imagen y tu consciencia como fotógrafo; pero estos aparentes errores tienen su propia verdad, son invitaciones a reconfigurar la mirada y aceptar las cosas que son y ya no se pueden cambiar.

¿Hasta dónde es posible rociar los retratos con versos?
El único límite es la incapacidad del individuo de dejarse llevar por su propia sensibilidad. Si no sabes “observar”, entonces, ¿para qué tomas fotos?

Manos de arena. Foto: Naomi Greene

¿Qué es documentar la letra desde la luz del silencio?
La observación es silenciosa, casi humilde. Soy tímida desde siempre y encontré en las letras y la fotografía una forma de conectar con el mundo. Me siento segura expresándome a través del soporte escrito, y también, he descubierto que la fotografía es evidencia de mi capacidad de observación; son mis huellas en el mundo, la marca que pueda dejar, así como una invitación a los demás para que se adentren en lo que soy.

¿Cómo se observa a la poesía desde un mapa ciclista?
Andar en bici te hace muy consciente de la muerte, uno rueda con el aire en la cara, libre pero siempre frágil. Esa fragilidad es poética de cierta manera, pero la consciencia de esto a veces pasa inadvertida.

¿Cómo se escribe de una fotografía a blanco y negro?
Mirar entre la supuesta ausencia de color es algo que se va desarrollando con el tiempo. Actualmente vivimos entre la inmediatez y los pixeles a detalle, y quizá el formato a blanco y negro es otra forma de ver, sin la pretensión del color y priorizando otros elementos, como las expresiones o emociones dentro de la imagen. Es muy rica en sombras y luces, -como cientos de imágenes a color-, pero también puede ser una imagen que alude a la nostalgia y entonces se le confiere una fuerza diferente. Como fotógrafa hay que saber encontrar la esencia al momento y eso involucra hallar un color determinado a cada experiencia visual.

Uke mochi. Foto: Naomi Greene

¿En qué se convierte un espejo detrás de la luna?
En su reflejo; mirarse en el espejo y mirar la luna requiere un simple movimiento de cabeza.

¿En qué lugar se manifiesta la pluma cuando llega el poema a colores?
La pluma es el vehículo y quienes escribimos somos el medio. Lo que creamos adquiere vida, entonces si los poemas palpitan, la pluma es el inicio y el final.

¿Para qué se viaja entre una sonrisa y una posibilidad?
Los ojos son la ventana al alma, la sonrisa es la puerta.

¿Para qué observa(s) la silueta de la nube dentro de una piscina?
Quiero creerme privilegiada desde mi trinchera, aún si es mentira. Tengo la fortuna de ser libre para crear, mirar con tranquilidad y de poseer los medios para hacerlo. Si puedo detenerme a ver las nubes, de repente dejan de ser nubes y se convierten en perros, o lagartos, o enemigos de caricatura. Así que observo para descubrir historias que a veces se olvidan entre el ajetreo del mundo y el cansancio colectivo.

Degollado. Foto: Naomi Greene

Pájaro en mi ventana

Hay un pájaro en mi ventana.
Insiste en que me asome, pero estoy muy triste como para ponerme de pie.
Me canta, aletea y reclama que me levante.
No me responden las piernas, apenas puedo pronunciar palabra.
Quisiera contarle todo lo que pasó, pero los pájaros no entienden las voces de los hombres.
¿O seremos nosotros los que no entendemos las voces de los pájaros?
Hay un pájaro en mi ventana que insiste en que me asome.
Pero sigo tan triste y no puedo andar.
Aún así me canta y aletea para que pueda ver sus colores tornasol.
Y desde mi rincón le cuento y aprendemos a mirarnos a los ojos.
El pájaro de mi ventana me ha convencido de mirar afuera.
A tropiezos llego y encuentro un mundo nuevo que insiste en que salga.
Pero el miedo es más grande y me rehúso a dejar mi cuarto.
Las cuatro paredes se han incrustado en mi memoria y yo sin ellas no sé quién soy.
Hoy no hay pájaro en la ventana, ni cantos, ni colores tornasol.
Pero la tristeza es tanta que decido asomarme.
Lo que hay afuera me refleja lo que hay dentro: soy yo en un diminuto cuarto,
con los ánimos rotos y unos ojos cansados.
Me avergüenzo y me lanzo a la cama
porque no sé bien cómo mirarme a pesar de saber mirar los ojos de un pajarillo.
Un buen día el pájaro vuelve a mi ventana,
pero esta vez me saca a picotazos y aleteos.
Ni las piernas ni la voz me sirven y en el suelo aprendo todo lo que sabía.
Miro ese reflejo mío y le pregunto, ¿cuánto daño te han hecho?
El pájaro me responde como si la respuesta fuera suya,
y lo miró a los ojos y de repente lo sé también.

Inédito

¿Nadie pregunta?

¿A dónde han ido las ganas despiertas?
¿Los muchachos perdidos?
En el cielo torbellinos de luz,
llamaradas eternas.
¿A dónde han ido?
Callan las paredes, callan los televisores.
La gente enmudece, ahogan sus gritos en ácido.
Mientras unos barajan las cartas,
otros esperan su sentencia.
¿A dónde los llevan?
¿Pueden ver el cielo desde ahí?
¿Quema el Sol?
Silencio.
Uno mira atrás esperando volver a sentir algo,
pero no queda nada.
No nos dicen nada, no nos miran a los ojos.
Somos nada,
tan poca cosa que nuestras tumbas están vacías.
Y barajan las cartas de nuevo,
y salen a las calles llenos de orgullo.
Orgullo falso, miedo latente.
Y nos toman como si fuera tan fácil,
y nos llevan lejos.
Y peor…
nadie pregunta.
Silencio.
Nada.
Toma una carta: un cuatro de corazones
Y vuelven a jugar a ser humanos.

Inédito

Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía

Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía
Los sonidos de los versos en las ondas hertzianas de Guadalajara
Cecilia Fernández. Foto: Arturo Lutz Ley

Mi lengua es imperfecta. Hablo en imágenes, no porque quiera lucirme con palabras sino por la incapacidad de encontrar aquellas palabras. Pues no puedo pronunciar las palabras de la profundidad de otra manera.
Carl G. Jung

Ella es agua. Ella me ha mostrado el agua más que nadie. De repente gota, de repente huracán. Así en la fotografía como en la poesía o en la radio. Siempre agua. Siempre líquida. Y uno tan viento. Así ha sido nuestra amistad, un encuentro de palabras líquidas con historias de vientos. Fluir es el verbo. Entre una cámara fotográfica, un micrófono y el teclado nos hemos encontrado. Así es Cecilia Fernández, poeta, viajera, fotógrafa, gestora, locutora, productora de radio, periodista cultural y sobre todo, amiga. Ella es así, compartida, inmensurablemente.  

Creció en un barrio tradicional de Guadalajara, Jalisco, ahí, cerca del Museo de las Artes, y así, ella es una nación completa en Radio Universidad de Guadalajara. Le encanta percibir el silencio del color desde la naturaleza de nuestros ojos. La conocí por completo en una edición de desnudo de Rendija Taller Visual, ese hermoso equipo fotográfico que tanto amamos: Mónica Cárdenas, luis/caballo y Cuitláhuac Correa. Ahí fuimos fotógrafos, compartimos modelos con otros más y fuimos. Antes, yo ya había sido parte de las tantas entrevistas que ya ejercía.

Vía láctea. Foto: Cecilia Fernández

En el infinito Cecilia ha sido agua. Todo el tiempo nos ha abarcado de agua. El poema es mar. Se congela en la fotografía porque en ella tiene todos los lugares. Sabe el poema que la radio es eco. Y se inmuta.

Así la vivo. Desde el micrófono hasta el espíritu. Cecilia es una amante gigante de la playa. Cada que abre paso el mar ella le recita un poema. Y el agua se sostiene en una fotografía. Son rocío y salvajes seres. Una constelación de la Tierra. Puede ser gota, brisa, lluvia, tinta o veneno y siempre onda sonora: viento.

De sus volúmenes la ciudad ha escuchado llantos, todo el ejército del agua. No por ello el treinta es sinónimo de imaginación, esa que ha escuchado seres, sonidos y contextos. Qué se puede decir desde el silencio ante ella. En la ciudad, las voces se unen, ella marca pauta, la cultura sabe de ella porque ella ha hecho saber de nosotros, tarea giganta.  

Y así me despego. De su sencillez. De un augurio que sólo los versos de agua podrán entender entre las olas. Aquí no se necesita navío. Aquí el navío es la sed, el viento, el péndulo. Aquí navío son las ondas sonoras. A veces mar, a veces planta, a veces cámara.

Piel adentro de nos. Foto: Cecilia Fernández

Así se construye Cecilia, desde la voz de la fotografía para recordarle al poema que se extiende en la radio que la vida es hoy. Así nos vamos. Aprendemos a escuchar desde la soberbia. Aprendemos a ser un sello potente, una telaraña en el barrio de la infancia. 

No somos mentira. Somos eco. Transmisión, memoria y recuerdo. La radio en el poema como la superficie de sabernos mañana. En la ciudad, en la otras y en la otra. Nos vamos despacito a la euforia de los pesares, por no decirles de la vida.

Cecilia ha sido una fortaleza para más de un centenar de creativos. Se las sabe de todas en el medio cultural de Guadalajara. Y como periodista, ha dejado huella en programas como Saltaperico, Señales de humo, Caza de tinta, Puro drama y últimamente en Polifónica. Ella es un espejo sonoro en la voz del 104.3 del FM de la ciudad. Y les repito, se las sabe de todas. Su voz ha sido reflejo de la cultura en nuestro radar. Algunos crecimos con sus programas y más allá, todos vivimos desde ella. La creatividad existe en Guadalajara gracias a parte de su trabajo. Ella es un almanaque cultural de la Perla tapatía.

La sombra en rodada. Foto: Cecilia Fernández

Sin embargo, también el silencio le rodea y ha construido poemas con él. Ahí se abalanza. Dice ser palabra y es letra. Sus poemas son acuáticos. Son una razón que el polvo no comprende. Sin embargo, es una ironía de los viajes. Se bifurca en las palabras y sabe de los poetas. Se convierte en cada letra en un movimiento marino. Se describe en episodios. Hay una política en ella que no es posible descifrar. No se tiene que hacer el intento para llegar más allá en sus versos. Es agua. Todo lo demás, una gran pauta de la zozobra. 

Cecilia se entrega al teatro, a las voces, al juego de su imaginación. Así es, un pensamiento enorme, ella nos ve unas gorditas, un poema, un augurio, un mar, una gota, unos huevitos a la mexicana, una cámara, unos chilaquiles, una fotografía y somos todos, nos ve entrevista y somos ella. Las voces de diversas seres de la misma especie en el mismo ritmo.

 

Fuga erótica. Foto: Cecilia Fernández

En 2013, hicimos una cosa hermosa, hicimos fotografías de desnudo con más fotógrafos, Ignacio Calleja, José María Martínez y Refugio Ruiz, en medio de los Arcos de Guadalajara. Había bicicletas con los modelos. Esas fotos fueron un momento hermoso para la ciudad: Tráfico desnudo le llamamos. Nos creímos libres y lo hicimos. Un año más tarde Spencer Tunick, en San Miguel de Allende, Guanajuato, tuvo una de ellas. Cecilia y yo viajamos de manera espontánea para ello. Lo hicimos. Ella me llevó en 2014 a nuestro amigo fotógrafo para dejarle nuestra obra de desnudo. Esa fotografía nos marcó y somos felices. Lo demás es una memoria. Un accidente de pedaleo.

Ya de viaje, en 2016, el mar de Loreto, Sudcalifornia, me brindó la colaboración en sus Hallazgos cotidianos. Y aporté. No sé cómo lo hice mientras bailaba desde un viaje en bicicleta pero estuve ahí. El Museo del Periodismo y de las Artes Gráficas (la Casa de los Perros) fue el lugar. Muchos se acercaron. Pero uno, con la voz del verso. Directo, cuadrado, color y ya. Fuimos todos. Cecilia presentó más de 200 fotografías que hizo desde su cuenta personal en Instagram, todo una gama de colores. 

Autorretrato. Foto: Cecilia Fernández

Cecilia ha sido todo, amiga de reportajes, de sucesos, de fotografía y Guadalajara es hoy como ha sido ella. A sus palabras no se le escapa un horizonte. Aquí lo vivimos. Es un poema de mar. No me queda nada, los poemas son de ella, ya vienen. Ella ha ocultado en la letra que este testimonio es una evidencia de amor, de radio y de amistad, conmigo y con muchos. Debemos de volcarnos en su sabor. Cecilia siempre se entrega, siempre comparte. Agradezco a la vida esta oportunidad. Sin su cámara mis versos serían silencio. Ella conduce, yo le sigo, el FM de Guadalajara le sabe. 

Cecilia Fernández no es un spaguetti. Ni una tarde de cervezas en una terraza. Ella es una aglomeración de sentimientos a la tapatía. Es la mezcla de metales que no entenderá el agua. No hagamos esfuerzos. Somos hoy. Hay que escucharla para saber de su memoria. Ella es la voz del verso en la radio. Los barcos siempre vuelan. El sonido les lleva, el viento les acompaña.  

Variaciones de los versos. Foto: Cecilia Fernández

¿Qué es el agua en la fotografía? 
Es algo muy complejo de atrapar, no la imagen, sino la esencia. El agua es tiempo, es luz, por ello se entiende también con la cámara. Funcionan bajo la misma lógica. Ambas existen por todo aquello que las toca/que tocan, por todo aquello que les sucede dentro. Ambas perpetúan el instante, ambas son memoria líquida, memoria sólida.

El agua absorbe todas las formas, escanea todo por dentro, por fuera. Por ello requerimos agua para vivir, porque el universo requiere guardar información. El agua es la lente del universo, lo que usa para retratarnos. Mientras que nosotros usamos la cámara para retratar nuestras breves historias, nuestra propia huella.

¿Cómo surge el desvelo de la poesía en la radio?
La radio se traduce cotidianamente en imágenes, es su materia prima, de esta forma construye: la noticia, los relatos, la poesía. La radio edifica con la palabra, el sonido y los silencios, el mundo entero para comunicarlo. Por ello, requiere de la poesía para entregar a las sociedades nuevas versiones de sí mismas; lanza la invitación a contemplar las profundidades de la belleza, y del caos, pero también a adquirir la agudeza de pensamiento para actuar. La poesía sublima los mundos, y la radio en su hacer, la esparce.

Una vez Francia. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera construyes a la comunidad?
La radio es constructora de comunidad por su naturaleza, generalmente reúne en torno de sí a la diversidad de actores que conforman una sociedad y disemina sus ideas y mensajes con gran facilidad, además con economía de recursos (humanos, de tiempo, y presupuestos), por ende, mi oficio como comunicadora me lleva a cumplir con esa tarea.

Los programas que he realizado como productora o conductora (desde hace años) se han enfocado en los temas culturales, y han sido un diálogo permanente con sus actores, gestores y directivos.  

Cada que hago un programa me gusta pensar que aporto un grano de arena al vasto universo de lo cultural y social; incidiendo en la creación de códigos que unan y configuren las diversas visiones del mundo desde una perspectiva del arte.  

¿Cómo ha sido entrevistar al universo?
Muy simpático… pues se expande. Generalmente entrevisto a las mismas estrellas, planetas y constelaciones, pero también es común, que cotidianamente, aparezcan nuevos actores y proyectos y eso hace que la cultura no se detenga, así como el universo. La posibilidad de dialogar con personas de amplias y diferentes ideas es apasionante.

Dormir en fuga. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera surge el agua con tus fotografías?
Así, natural, es un venero. Voy a donde está, miro a donde suena, la contemplo en la tierra y el aire. Requiero el agua en todas sus formas; en mares, nubes, vahos. Surge con el sello de la maravilla, con la certeza de la inmensidad, y yo apenas puedo sostener su forma un instante y es con la cámara. Su figura y paso, son efímeros. Es tan parecida a la luz; se cuela entre los dedos, imposible de asirle. Entonces la fotografía me funciona para capturar un esbozo de su emoción, de su lenguaje, de su flujo y de su constancia. La imagen es una suerte de resistencia, una forma de preservar la memoria.

¿Cómo se ama a la poesía desde la radio?
Muy sonoramente. Es un deleite para el paladar y el oído. Es la fascinante y deliberada acción de poblar de imágenes el aire. Se ama la poesía en su trayecto de viento. Se ama la palabra, el ritmo, el mensaje, la forma. Se ama al poeta, y se ama a quién escucha. La poesía nace sonora, luego se hace tinta, luego la hacemos de nuevo sonora y la entregamos a domicilio. La casa natural del poema es el espacio, por eso, lanzarla desde la radio es fundamental.

Fresa amor. Foto: Cecilia Fernández

¿Cuándo se es locutora de las mariposas?
Cuando las ideas no paran, cuando no hay tiempo para contar cada ala y todos los vuelos. Cuando sólo es posible fluir de oído en oído, de pensamiento en pensamiento. Hacer radio es así…  un desplazamiento permanente y multitudinario. Mi voz es un aleteo más en esa polifonía de voces que cruzan el éter.

¿Qué entrega la fotografía en el sonido?
Una foto es un golpe sonoro, aunque siempre se piensa que sólo es un golpe visual. Existe un sonido implícito en la imagen, nunca nadie lo menciona, pero habita ahí y hasta es posible escuchar.

La foto en su cuerpo de papel y veladura entrega el replique quieto de la campana, el eco congelado, el canto en pausa. Es la fotografía la que mejor preserva el sonido. Quizás, sólo falta tecnología y tiempo para recuperar cada invisible y sutil vibración del aire guardada en ellas.

Giro del sur. Foto: Cecilia Fernández

¿Para qué la radio en las sensaciones de la cultura?
Para que exista. Comunicar es replicar lo que somos, hacemos, pensamos, sentimos o creamos (del verbo crear). La radio es un tipo de memoria colectiva y se convierte en un recuento inmediato de la configuración humana, por ello es fundamental trabajar permanentemente con los temas culturales.

¿Cómo pedaleas entre las sombras del mar?
Con paciencia y cautela, mirando siempre a tierra y al horizonte. Manteniendo rumbo e impulsada por el viento y mi fuerza. Y luego llega el día y el mar se extiende más allá de sus olas, se extiende sobre la amplitud de la tierra como la memoria sobre el cuerpo, entonces pedaleo con más fuerza y persistencia, pues finalmente andar el mar, es abrazar toda la circunferencia de lo posible e imposible.

Con-tacto. Foto: Cecilia Fernández

Yo también llovía

(de cuando era nube)

Inédito

Muchas veces somos
eso

una silueta en el paisaje
una llamarada
una ausencia
eso

el sonido imperceptible, impostergable
la ráfaga
el matiz
eso

la mudez en el nido
una lejanía
la pereza

eso

Inédito

Si eres azul eres silencio
garza blanca
y espuma

Inédito

Al sur lo define la línea
mudo horizonte
catedral de arena y agua
campanadas de peces

Inédito

H

La H
muda como el paisaje
dice lo que no dice

_
La H muda es Caribe
y mira
y calla
desde la más inminente quietud

_
La H
paisaje
insonoro
grácil salpica
infinitos
belleza desconcertante
muda
hay que decir
nada

Inédito