Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento
Es necesario explorar el cuerpo en sus facetas nobles
Nicole Saucedo. Foto: Miguel Asa

Dame la mano y danzaremos,
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…
Gabriela Mistral

Las manos suben a la hoja. La hoja cae hacia el suelo. El suelo se lleva los versos. Los versos se postran en la flor. La flor declama una lluvia al colibrí. El colibrí se mueve huracán. El huracán nace del viento. El viento baila con el papalote. El papalote está en su danza. La danza llega a ella. Ella se mueve de distintas maneras. Las maneras la han construido desde la experimentación. La experimentación se ha coartado como un diálogo. El diálogo la esculpe como bailarina, coreógrafa, y performer. Ella es Nicole Saucedo, artista nacida en Guadalajara, México, que ha involucrado la mezcla de texturas para generar productos escénicos que van desde la duda hasta el latido.

bRAIN. Foto: Renata Garza

Pocas ocasiones es posible maravillarse con un libro, eso sucede cuando está hecho desde las manos, así el trabajo de Nicole sorprende, pues de ella nacen flores de diversas texturas que conmueven desde el metal al hilo, se trata de una sinfonía que se mezcla entre formas, sombras y sueños. Se experimenta con el corazón lo que el fuego depara. Así, Nicole, directora de M8 Escena, compañía interdisciplinar de artes vivas, y de Airesis, laboratorio de creación artística, se pasea de producción en producción. Se sensibiliza con aquello que se cuestiona y emerge con diferentes plumas en un aleteo organizado con el sol y la luna, como si se tratará de coordenadas que dirigen a los dedos.

Margen naranja. Foto: Miguel Asa

Su trabajo esta compuesto de distintas partes, trayectos y evocaciones. Muestra la exploración del cuerpo desde la danza y el teatro en composición con otras artes. Se muestra como un ser pensante desde el músculo y desde la mente. Afronta la búsqueda como un ritual constante. Siempre, lo que muy pocas ocasiones observamos, Nicole lo trasciende. Así la música suena en el suspenso del día, se asolea en el estudio y da vueltas entre espejos. Ella escribe con el cuerpo lapsos de cuestionamiento, de dirección, de sensibilidad. Pues más allá de presentar un performance, sus obras nos permiten la incertidumbre humana, las sensaciones posibles que tenemos al alcance y no deseamos percibir.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

La obra de Nicole traspasa los tradicionales discursos en las artes escénicas. Busca explorar. Es una exploradora dentro de las tarimas, busca flores en las escenografías, entre las luces se crea una noche en movimiento y se configura una y otra vez en una materia evolutiva, en un tesón constante de la campana, en la aurora en su despertar como eco del fin del ocaso. Así es Nicole, que en trabajos como bRAIN, Movimiento de la memoria, Escena sobre la mesa, Tienda de sueños, Híbrido Mostaza y otros tantos, se ha sumergido en la investigación corporal, técnica y tecnológica. No es por demás mencionar que su trabajo creativo corresponde a dirigir piezas en las que se conectan diversos sentidos con apoyo de una gama variada de elementos, proyecciones, movimientos y horizontes.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

Nicole se ha atrevido a conectar de muchas maneras sobre el escenario. Se apacigua en la mirada mientras se cubre de luces y de sombras, en los colores neutros, nada en una exorbitante búsqueda cuando en la sencillez del paso se ejecuta una vorágine de sentimientos y emociones. No se puede ser visceral de un momento a otro cuando disfruta trasladar los poros por el viento, sin noche ni mañana. Busca, percibe y define. Es precisa coreógrafa de la sed del silencio. Compone piezas como el viento empuja a las hojas. Así dirige, de una textura a otro, sin miedo, sin freno, sin nada. Avanza. Explora. Una y otra vez explora. Persiste y se es siempre.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Tal es su sensibilidad que ha conectado con su última etapa como madre, experiencia que le permitió dialogar consigo misma para consolidar lo que es Paisaje de aRRullos, que describe como un “ritual de danzas y arrumacos”, y en el que persigue la noción de la primera infancia, la de los brazos, que se ejecuta con los verbos acurrucar y descansar. Le atrae aquello que desconoce y lo experimenta con su discurso creativo, lo inhala y lo sopla, lo toca y lo analiza. El movimiento es parte del todo. Su trabajo va de la dirección, la coreografía, la instalación, el performance, la danza, el video y la iluminación, y con todo ello escribe una poética más en la ciudad, otra del cuerpo, la suya misma. Así, Nicole, persiste en su labor. Habrá que esperar su Transcurrir, trabajo en el que dialoga desde los objetos con el video y que transpone la personalidad en los tiempos.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

La luz nace y se transforma en el cuerpos, los músculos arrojan versos y la noche del escenario se extiende volátil, certera, humana. Es tiempo de experimentar el cuerpo en las coordenadas de las hojas en blanco. Seamos pues plumas de nuestro propio espacio.

En el parque de casa. Foto: Miguel Asa

¿Cómo es componer un teatro dentro de un libro?
Se hurta el oficio del cambiador de hojas,

se asume la piel del que dibuja también, 

con compromiso hacia la hoja,

la que se sabe desplegable hasta las paredes, 

con lengüetas,

de algodón de preferencia,

pero servilleta también.

Se traza en rectángulos,

que contengan los garabatos y el horizonte.

De hojas grandes sin arriba, 

reacomodable,

con pestañas móviles,

un libro testigo para volcarse y revolcarse.

¿En qué momento surgen la flores en un escenario?
Las flores que encienden mis escenarios

son las que emergen cuando todavía el cause no encuentra río que lo contenga. 

¿Qué forma tomará la obra?

Florece el estómago con deseos,

múltiples las rutas y los cruces,

florece la imaginación.

Sal. Foto: Renata Garza

¿Cómo lo son movimientos del cuerpo con las nubes?

Simbióticos,
                   muy de los ojos cerrados,
de los dedos en tierra,
                                    del sexo sensible.

Se respiran, se tejen, se cantan, se juegan, son y lo asumen.
Muy parecidos a…. 

                                    deseosos

                                                    inevitables
                    cambiantes

atentos 

                                                             auténticos 


humildes.

¿Para qué funciona la experimentación escénica con las estrellas?

Para vivirme en el universo,

encontrárselas brillantes del frente,

unírseles, conectárseles,

entre y con las coyunturas de mi cuerpo, 

conformar constelaciones en el horizonte.

Tienda de sueños. Foto: Li

¿De qué manera se baila con las abejas?
Uuuuyyyyyyyyyyyyyyyyy
Ppppppppppuuuuuueeeeesssssssssss Vvvvvvvvvveeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaasssssss Bbbbbbbbbbbbbaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssssssssssta Ccccccccccccccccooooooooooonnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssaber Vvvvvvvvviiiiiiiiiiiibbbbbbbbbbrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrrrar(se) Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssussssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssusssssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssrarsssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssse ≤sssssssssssssssssssssssssssssssssssSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSsssssssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssuave
Y rrrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeesssssssssoooooooooonnnnnnnaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrr 
 a miel.

¿En qué momento se vive como galaxia?

Cuando se aprende tener tiempo para cerrar los ojos, vibrar el pulso y a abrir los poros.

¿Por qué hacer teatro en el rincón de un tabique?
Por política, por postura, por investigar, por aprender y desaprehender.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

¿Es posible crear horizontes con luz turquesa al experimentar?
El concepto “luz turquesa” me es nuevo,

pero hubo en tiempo en que intenté vivir en tierra sin sol y casi muero, 

no es poesía,

el horizonte transforma los espacios, 

está en mí,

me es leitmotiv,

al ponerlo de lado, 

invertido,

y al revés sobretodo al atardecer

ando por ahí buscando,

estudiando,

bordeando desde y con el cuerpo,

los límites de lo que reconozco
como “el horizonte de la percepción”.

¿Cómo se descubre el cuerpo en estelas rosas?
Se descubre cuerpa, poderosa,

de tierra, de carne, de brazos fuertes, 

que sabe dar vida…

¿Qué impacta al algodón desde la vela?
Calor,

crujidos,

olas, 

metamorfosis,

dolor,

sal,

verbos,

movimiento.

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares
El rincón de la música en el corazón centinela de los pies
En muro. Foto: Ernesto Ávalos

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Manuel Machado

Las flores le cubrieron de baile. Ninguna nube le dijo de su destino. Al aire comienza. Nadie le señaló que sus pies serían el tartamudeo del cante. Y así, llegó de México a España y de vuelta. Rodrigo Robles como se hace llamar, es un suculento espectáculo cuando se posa en los escenarios y hace del flamenco un contoneo abrupto lleno de magia. El cantaor surge desde la guitarra. Sí, me gusta decir la palabra magia cuando lo veo bailar, porque el momento se vuelve en esencia de rubíes, de terciopelos y de dolor. Sí, porque el dolor nos mueve. Nos contiene y por eso baila. Se hace el disparejo, dice. Pero la nebulosa que lo construye es todo una joya que persigue el amor con las manos dentro de la amistad de sus piernas.

Rodrigo es una experiencia en vida. Hace más de diez años le hice unas fotografías que me han volcado. Hice de su cuerpo una escultura de aquella música y los relámpagos aún no llegaban. Qué nos podría decir el pasado de nuestro presente. Si tuviera la clave, la música no habría tenido variaciones. Y así va, entre el pasito y la percusión desde el talón. Golpe, giliana, el jaleo muta. Se tejió en Guadalajara, Jalisco, desde la siembra de las galaxias.

Con Karla Guzmán. Foto: Miguel Asa

Así, a Ro, como le decimos los amigos, la punzada no se le ha detenido porque es un tipo de pocas nueces. Esto parece un cante festero. Se mueve, gira, pisa, la madera, la mano, el guiño, la guitarra, otra vuelta, hacia abajo, la expresión, alegría, que el giro esté a media vuelta y va de regreso. Así pasa el tiempo, los amores, los viajes, las distancias. Quería que este texto bailara con él un día y ya lo está haciendo. La densidad del baile existe en las noches. Cuando en las tardes procura el receso. Porque en la mañana el café le ha dado vida. Pasa a cante hondo. 

Así, entre el pulque y las noches de noctámbulos le conocí. Una melisma y sigue. Un espejismo que no sé si volveré a ver, fuimos hermosos en aquella época, ahora también lo somos pero con más lluvia y versos. Así como en cada uno de sus movimientos como si escribiera en el aire, ligado eterno, como si cada movimiento de su cuerpo fueran las letras que construye su pensamiento ha sido apreciarlo. Y se abastece del sentir, de la vibración de la guitarra y de los ecos de las serpientes, porque antes que flamenco, mexicano. La seguiriya se inspira y nos recorre. 

Azul. Foto: Urko

Le cobija la música a diario. El rasgueo se apresura. Y el flamenco le ha descubierto una sensibilidad tónica que muestra mediante su cuerpo. La tonalidad se mueve, el zapateado incandescente sobresale. Él, que hace doce años comenzó una carrera creativa más allá de su formación profesional en relaciones internacionales, le ha dado por compartir escenarios con distintos artistas tales como Nirl Cano, Alba López, Karen Lugo, Karla Guzmán, por mencionar, y con Laia Costa y Joan Torres, con quienes fundó la Compañía Zaranda Flamenco, en Menorca, España.  

Su asertivo corazón y su intransigencia por innovar lo han llevado a generar proyectos mestizos, en los que el flamenco ha contado con la exploración del artista, eso, por la simple idea de refrescar el encanto del tablao. Con más de diez años en los escenarios y con distintas participaciones por aquí y por allá, el flamenco lo lleva tatuado en el espíritu. Escobillado a luz roja. Ro es más que un cante. Se entromete un silencio. Se trata de un bailaor que se ha cobijado de dos mares, una posibilidad entre México y España que nos invita a disfrutar de esta pasión por el flamenco. 

Movimientos. Foto: Miguel Asa

Rodrigo tiene un temple fuerte en el escenario, se construye, se vive, se mueve, así, es el horizonte que le acompaña desde la punta de los pies. Un tembleque amanece. Se considera una especie de ser compartido. No hay momento en que una ranchera o un son no le reanimen la vida. Así un taquito de frijoles, de esos galácticos que desayunamos en algunas ocasiones, como unos chilaquiles mágicos, o un ceviche a la deriva del corazón. Los redobles son huracanes. Los espejos le abrazan en cada paso que entrega.  

Recuerdo un pulque y pareciera que el tiempo del baile no se detiene. Suenan los acordes y los golpes a la madera. El tacón remata y remata. Se mide el tiempo. El avance. El cajón. Otro giro. La mano. Las manos. El vestido. El pantalón. Otro giro. A la par. La guitarra aumenta. El aplauso. A palo seco. Otra vuelta. Movimiento de izquierda a derecha. El rasgueo persigue. El cante se desmorona. Y ahí, el bailador hace de los dos mares un remolino. Que surja el zapateado hasta los 6/8 para desviarnos de la vida. 

Extensión. Foto: Ernesto Ávalos

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicábamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Alas. Foto: Miguel Asa

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida me tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Barranca de eco. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Volar. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Rojo. Foto: Miguel Asa

¿Cómo ha sido el silencio con el viento?
El momento sutil entre un estado de sueño y de estar despierto; es en ese momento donde todo se ve claro y acepto con paz las decisiones que estoy tomando.

¿Chocolate, caricia o telescopio?
Sin azúcar, cacao mejor a chocolate; la caricia siempre y los astros son un gran mapa para saber de dónde venimos y a dónde queremos ir, además de que son más que magníficos.

Un amanecer, ¿cómo?
Después de una fiesta con personas entrañables, donde las risas, el amor y la lucidez de la embriaguez enseñan verdades trascendentes para los que compartimos ese momento. El amanecer le da sentido y riega con los primeros rayos del sol a nuestros cuerpos; llenándolos de energía y ganas de vivir.  

Puente. Foto: Miguel Asa

¿Viajar, suculencia y sabrosura?
Pues los viajes siempre, allí cabe todo. Siempre estamos viajando, aunque no nos movamos de sitio, y el hedonismo no se excluye de la experiencia del viaje; eso sí, el viaje es mucho más que eso. Dentro del viaje todo.

¿La bicicleta cómo baila?
Al ritmo que baila su conductor, uno de los placeres más grandes que hay, ir arriba de una bici; siempre y cuando no haya cuestas pronunciadas. 

¿Qué libros te han llamado?
Pues ahora mismo estoy con dos títulos, bastante filosóficos, uno El Bailaor de Soledades de Didi-Huberman, y el otro muy político de Suely Rolnik, Esferas de la insurrección, Apuntes para descolonizar el inconsciente. Siempre preferiré los relatos orales.

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