Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio

Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio
La reflexión de la luz como una entidad individual
Autorretrato. Foto: Alberto Delgado

A cada instante otro Big bang.
Nacen astros, cometas, aerolitos.

Todo es ala y fugacidad
en la galaxia de esta lumbre.
José Emilio Pacheco

Hace tiempo que no me preguntaba el por qué de la fotografía. Hace tiempo que no recordaba la audacia de volverme un instante y disfrazarme de negativo. Hace tiempo que no frecuento una cámara como en mis tiempos de viajes por carretera para registrar todo lo posible. Se ha detenido el fuego y ahora mira tras de mí, pues encontré, hace poco tiempo, entre las calles de Guadalajara, Jalisco, el sonido de la voz de Alberto Delgado, un joven fotógrafo que al igual que yo y muchas personas más, se cuestiona el movimiento de la cámara, de la luz, de la evidencia y del espasmo. 

Cerritos surf. Foto: Alberto Delgado

De tierras tapatías, Alberto se ha dedicado a la producción de diversos materiales gráficos así como a campañas de producción audiovisual y otras más como documentalista. Al momento, es interesante encontrar su incertidumbre fotográfica llena de cuestionamientos que nos permiten considerar sus posibilidades desde una perspectiva intrínseca, un tanto llena de sabor plateado y de moluscos siderales en la reflexión sobre su fotografía. Preciso, hay dudas que le mueven y que prioriza desde su lente, y como creador, vive de una herramienta básica, su propio análisis dentro de la fotografía. Y es que parece que la tecnología nos ha permitido avanzar hacia otros niveles de la imagen que ya no es necesario pensar la realización de la misma, sólo para empezar. 

Maniobras de parque. Foto: Alberto Delgado

Hace tiempo que no me desplazaba por la dudas de la fotografía pues el tiempo nos amarra a múltiples actividades y es cuando entro a una revisión de mi postura ante la imagen. Alberto dialoga, sugiere, piensa y se involucra entre miles de ideas. La fotografía es una herramienta que nos sirve como humanidad para hacer algún tipo de evidencia de nuestras vidas. Pero, ¿qué hay más allá del clic, del enfoque automático, o de los envíos masivos de fotografías? ¿Hasta dónde se ha considerado las estéticas de la fotografía en nuestros contextos? Pareciera que de manera automática tenemos la respuesta a todo lo que nos interesa, si hablamos de la fotografía, o en sí, con mayor precisión, de su producción y realización. 

Dulce nectar. Foto: Alberto Delgado

Si lo pensamos de diferentes maneras, Alberto sugiere, desde su perspectiva jovial, la aventura a la duda, al descubrimiento, pese a la tecnología, a la acción por valorar con mayor razón la creación de la imagen. Quizás esto no le funcione a todo mundo, sin embargo, nos permite desarrollar un criterio de lo que captamos, de lo que atrapamos, de lo que escribimos con luz, y todo, desde una esencia personal con un valor por el color, la textura, la composición, la retícula, el dinamismo, y sobra decir, de la magia del mundo fotográfico. Su fotografía, aunque reciente y con sus particulares aplicaciones y funcionalidades es un documento que muestra la sencillez del cuadro, esparce en cada imagen la posibilidad de construir una entidad de la simpleza, pero no dicho de manera brusca, sino sensata. Nos motiva y argumenta. La fotografía tiene ese cuento de ser un instante de vida, como diría Julio Cortázar al diferenciar sus emociones sobre una novela y un largometraje. Se preocupa por el detalle y el campo de visión y aterriza.

Niña wixa. Foto: Alberto Delgado

La fotografía de Alberto, hoy día, nos presenta un emblema de la sensibilidad que existe en Guadalajara como campo de creadores visuales. Hay cada vez más un centenar de individuos con un lente de por medio, pero pocos, pese, reitero, a la tecnología, pocos son los que se preocupan del juego de saberse fotógrafo. Su imagen es un dictado de nuestra perspectiva, en la que nuestra altura, nuestra visión, nuestra temperatura y nuestro estado de ánimo se perfilan para consolidar un criterio justo de lo que somos en una imagen. Análisis mismos. Alberto es pues, una configuración que nos podrá remendar el tiempo y la sugerencia de vernos crear, con una cámara, desde el ángulo incorrecto pero sí honesto. Hablemos pues de que aperturar el lente es una posibilidad del tiempo, pero más allá de la fundación de una fotografía, debemos consolidar las bases y los argumentos para sostenerla. Alberto está en eso, en un proceso por descubrir más del campo, más de la imagen, más de las texturas, y sencillamente se basa desde la lógica determinante que le persigue, saber qué es la fotografía en estos tiempos y los remedios que debe usar para llegar al espectro que está buscando. 

Flores Nuevas. Foto: Alberto Delgado

Con base en ese territorio, me permito presentarles a nuestro colaborador visual, que diagnosticará, durante un tiempo y quién sabe y le alcance, la fotografía en Guadalajara, así como algunas colaboraciones con otras personalidades, con otros proyectos y con más cuestiones de diálogo sobre las posibilidades de la imagen en nuestra ciudad, y por si fuera poco, alguno que otro artículo más de lo que pensamos como revista. 

Alberto Delgado se ha movido desde el diseño gráfico, el teatro, la danza, la pintura y el dibujo. Se ha desarrollado dentro de los medios visuales y audiovisuales como elementos principales de sus estudios. Su trabajo se ha relacionado con la imagen y ha trabajado en diversos proyectos sociales, culturales, publicitarios, editoriales, documentales y artísticos, desde un enfoque creativo. Así pues, se ha distinguido por colaborar para distintas empresas y marcas locales. Aquí una prueba de lo que es y de lo que considera. Bienvenido al equipo Alberto.

El balsamo del tejuino. Foto: Alberto Delgado

¿Cómo se sugiere una memoria dentro de un elefante?
Los elefantes tienen mala vista, pero son capaces de reconocerse en un espejo o reflejo, lo que nos habla de que son observadores, identifican dentro de la penumbra, la memoria funciona así, todo lo que recordamos viene de los detalles.

¿En qué sitios el ojo se convierte en pensador?
El ojo se convierte en pensador en todo lugar, siempre y cuando se observe, al observar se fusionan mente y ojo, practicando mucho la observación el ojo se vuelve mente (pensamiento) y la mente ojo (símbolos, metáforas, detalles, crítica y análisis).

¿Para qué detener el tiempo en pixeles y papel?
Más que detener el tiempo, que es una ilusión, es crear otra ilusión en donde el tiempo funciona distinto, porque se captura algo que queda en el pasado, manteniéndolo presente, sabiendo que seguirá en el futuro. La imagen es un estado atemporal del imaginario.

Juego de niños. Foto: Alberto Delgado

¿Cuánta arrogancia existe en una cámara fotográfica?
Una cámara es una herramienta, su arrogancia existe en su materialismo, es decir, hacer del objeto un todo al igual que un automóvil, cuando el fin del automóvil es movernos y el de la cámara comunicar.

¿Cómo es posible saber los sueños del color rojo?
Desde las vísceras.

¿Quién existe en el sueño de la convocatoria abierta por la luz?
Todo lo que sea visible, más no palpable.

¿Por qué los colores son parte de la imaginación?
Porque el color es un detalle y a través de los detalles imaginamos, el color está en todo y la imaginación también, coloreamos la vida a través del color según nuestras emociones y cuando imaginamos el futuro, lo pintamos de colores para desearlo o le quitamos el color para rechazarlo, así que los colores son los detalles que le dan atmósfera a lo que imaginamos.

La música del futuro. Foto: Alberto Delgado

¿A qué le atribuyes la composición visual que ha considerado el universo?
A la existencia humana, nosotros componemos el universo a través de la vista, el universo puede ser todo, orden y caos dependiendo de cómo lo componemos y componemos para interpretarnos y de esa forma reconocernos dentro de un todo.

¿De qué manera el bulbo configura su erotismo?
El erotismo del bulbo se encuentra en que está abierto a la luz, igual que el del sexo al amor.

¿Qué paisajes se quedan en las posibilidades de la palabra?
Todo paisaje se vuelve palabra al comunicarlo, y toda palabra se vuelve paisaje al sentirla. 

Diego Siordia: entre personajes disruptivos

Diego Siordia: entre personajes disruptivos
Un creador que entre pintura e ilustración juega a ser niño
Música de colores. Ilustración: Diego Siordia

Fácil amar
a los POETAS
Su
ESPLENDOR
Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Elise Cowen

Se hace llamar “don Porfirio” y suministra el color como si fuera un antídoto, porque es tan peligroso como milagroso, es anestesia pura. Diego Siordia, su verdadero nombre, traza imaginarios y coquetea con los colores. Es un artista que mira el mundo como si fuera un block de dibujo en blanco, un científico al borde de la locura que hace fórmulas y experimenta con su creatividad.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, es uno de los artistas que ha experimentado en diferentes etapas, como el dibujo, la ilustración, el muralismo y el arte digital.

Hombre que llora fuego. Ilustración: Diego Siordia

Si sus ilustraciones hablaran, seguramente escupirían naranjas y azules, y contarían historias sobre el mundo imaginario en el que viven; pero aunque no hablen como los humanos, guardan entre geometrías y color algún secreto, puesto ahí, para ser descifrado por aquel que sabe cómo mirar.

Gas de amor. Ilustración: Diego Siordia

Don Porfirio crea la personalidad de sus personajes con base a lo que observa de la gente a su alrededor, va tomando un poco de acá y de allá, y como retazos humanos va creando seres ficticios, saturados, deformados y tremendamente complejos. Sus fantasías marcan la directriz de sus personajes, y una vez creados se hinchan de vida. Así, como artista que reconoce a sus obras como entes vivientes, don Porfirio es el medio y aliado que les abre la puerta al mundo.

Niños que juegan con monstruos. Ilustración: Diego Siordia

Los colores y las fragancias que reparte en cada línea son una configuración de las metáforas humanas. Existe en cada perfil un elixir del que se desprenden diversas enredaderas de confusión, euforia y cólera. No es posible definir a don Porfirio tras el amalgama que revitaliza cada centímetro de saturación. Así un rostro, la risa, sus demonios, nuestros demonios, los espíritus libres y las confundidas imágenes en el estrato del color rojo.

Babas de amor y locura. Ilustración: Diego Siordia

Existe en cada uno de sus trabajos, un complejo cuestionamiento sobre las posibilidades de reflexión, espejismos que deforman la cosmovisión personal de sus espectadores. Hay una raíz que hace permuta entre el desierto y el mar. Algo tan similar a los espejismos que existen entre mujeres y hombres, objetos diversos y un sin fin de artefactos que se configuran en sus galaxias.

Caleidoscopio. Ilustración: Diego Siordia

Hay ansiedad, locura, piedras, papalotes, bicicletas, desnudos, una línea negra fina y desbordante así como el señuelo de todo un imaginario imposible de cazar. Todo, en don Porfirio, es un enigma avasallador propio de un ejército mágico. No existe la posibilidad del riesgo, es el riesgo mismo, una libre y catártica red de emociones. Algo visceral. Nace desde los vellos hasta los cordones de los tenis. Apabulla a la vista y no es mediocre el carácter de vivir. Se comparte. Traza, plasma, energía, y ya está. Hay un balcón en el que se puede uno posicionar y disfrutar de cada una de sus piezas. Su diversidad genuina es lo que se debe aprender de este tipo de personajes, que muy en el fondo atenta contra las flores, pero en realidad, es quien más las cuida.

Pieza deconstruida. Ilustración: Diego Siordia

Se puede cohesionar una estrategia de dominio público, pero no bastará para descubrir las muchas facetas de este artista plástico, ni el verdadero nivel de aventura que vive en cada uno de sus trabajos. Ya lo dije, es el riesgo. Y eso, es lo que le pone diversión a este circo de animales brutales llenos de ternura y algodón.

Escapar de la locura. Ilustración: Diego Siordia

Alguna vez determinamos dos tótems, hoy me amaso en la soberbia de la libertad, ahí, en que las coordenadas no fungen como un distrito aparte, si no que se es parte de una nación, la de esos monstruos estéticos que proclaman alegría, estupor y candela, aunque pareciera contradictorio, pero son complemento. 

Hay que observar muy detenidamente los giros de sus manos para sentir la vitalidad de cada uno de sus personajes. Diego es un tenaz artista que frecuenta la soledad en la creación y adorna de sensibles pistilos cada una de las imágenes que surgen de su estructura. Un día, espero muy cercano, simular mi cuerpo en una de sus figuras. Qué la melodía de los colores nos permita la coincidencia de vivir y sea para siempre, la libertad del trazo, la que nos vuelva más humanos, más sensibles, solamente, para vernos las caras otras vez, y ya está. Hoy sueña el sol con crearnos como mariposas.

Mexiko. Ilustración: Diego Siordia

Desde siempre se atrevió a tomar las armas afiladas de punta de grafito y desde el año 2012 asistió a clases de arte esporádicamente, por el carácter incierto las dejó. Sin embargo, dos años después, en 2014 ingresó a la Universidad de Guadalajara para estudiar la licenciatura en Artes plásticas. En 2019 logró gestionar varios proyectos y entre ellos consiguió colaborar con Urbnundergrounds, una discográfica alemana que trabaja junto a músicos internacionales.

¿De qué manera compones un baile entre la lluvia?
Al esquivar las gotas… Gran baile.

¿En qué momento se baila con el pincel dentro del desierto?
Cuando más sed se tiene, más cansado estás. Si hemos de morir que sea con algo empuñado en la mano izquierda.

¿Para qué sirven las alas de las ilustraciones?
Para capitalizar nuestras ideas, adoctrinarlas y postearlas en Instagram para llenar el ego y el portafolio.

¿Cómo se teje la nostalgia dentro del color?
Al recordar los colores niños, esos de las taquerías sucias, cunas de Mickey y uno que otro asquilín.

Música de colores II.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisando lento pero gritando fuerte, es vivir haciendo la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimentos y su sobresaliente salida en color amarillo.

Naomi Greene: entre la lente y la pluma​

Naomi Greene: entre la lente y la pluma
Documentar a la poesía como escribir a la fotografía
Naomi Greene. Foto: Beatriz González

Cada rango del mundo
conlleva un descenso
al menos un rango
por la terrible presión de la luz.
Anne Carson

Se puede documentar la vida entre el silencio, la calle y la ironía. Tenemos destapadas las miradas como anzuelos para cazar a todas las gomitas podridas del universo. Sabemos que podemos causar una desgracia a la velocidad del tren si le metemos el pie y escapamos como locos a un trampolín de acero. Su nombre es diverso, y en ella se frecuenta una personalidad tímida, pero llena de un espacio imposible de concebir. Naomi Greene, fotógrafa, escultora y poeta en proceso, nacida en la Guadalajara noventera, es hoy día una voz que comienza a entregarse dentro del fuego, porque así es su espíritu, una responsabilidad humana llena de fuerza que se cautiva con la voz de los escuincles y se percibe en las esencias de los perros. 

Problematizar la belleza. Foto: Naomi Greene

No sé el recuento de la vida, ni cómo nos encontramos, pero su visión permite una cuestión ponderada de la rebeldía. Vamos a vestirnos de colores, vamos a saturarnos los cabellos, vamos a rompernos los tejidos, hay que cubrir la soledad de nada, hay que revivir a cada segundo, hay que sentir el dolor y apaciguarlo con un soplido para instaurar todo lo que la fotografía permite. Así, ella escribe entre los países, las razones, las injusticias, la mancha y el tiempo. Comienza a contar un derrame de luz para decirnos todo lo contrario, una pequeña sombra lo puede todo. A veces en la palabra pájaro, otras en la palabra bicicleta, muchas veces árbol y siempre potencia. No tengo la menor duda de que los lentes de su cámara se preguntan a diario qué es lo que busca. 



Mizz Xuxú. Foto: Naomi Greene

Una cuestión es la imagen. Y su palabra, qué habrá que decir. Vamos. Nadie es absoluto o determinante. Así como en su fotografía, Naomi, tiene en sus versos, la necesidad emperatriz de una exploración auténtica. Esto no es un elogio a la cordura, pero como nos hemos creído amigos, hablamos desde la sinceridad. Sus versos buscan establecer un contacto desde la incertidumbre. Así los autorretratos y sus poemas son un encuentro disoluto, disruptivo, secreto. Porque Naomi es un secreto, una artista en varias ramas y una tenaz observadora del silencio, y ahí, en el rincón de la noche, al lado de la banca, es donde la encuentro y la charla es sueño, poesía y fotografías.  



Monjas floreadas. Foto: Naomi Greene

Escribe, de muchas maneras, más allá de la pluma y de la secuela. No se permite no sentir y a cada rato libera la emoción desde el papel. Y la guitarra sigue. Pedalea. Busca. Explora. Explota. Persiste. Si pensara en una cuestión rígida, Naomi es una ave libre, es un ser extremadamente sensible que se bifurca desde la gubias hasta el flash itinerante de la velocidad. No sé si un día exista la posibilidad de narrar una de sus exposiciones foto-poéticas, pero supongo, ese día, será una velocidad momentánea la que llene el valle que traemos algunos en el corazón, pues entre la poesía y la fotografía, somos una minoría la que entendemos la capacidad de dichas escrituras.

Naomi Greene. Foto: Carlos Yamil Neri

Podríamos romperlo todo, pero la canción sigue y se muestra un calcetín roto al lado de las muñecas. Es tiempo de comprender las fotografías como salvajes cuadros. Vamos a romper las enfermedades para hacer de nosotros una colectividad radiante. Dicen los expertos que nadie nació para ser eterno. Existe una alegría por compartir este equipo que hemos procurado. Naomi es parte de Proyecto Ululayu como la coordinadora audiovisual y llegó con un rompimiento desde el interior. No hay tiempo para pensar las cosas, el paracaídas necesita guía entre una letra y un texto. No habrá sabio que descifre la fórmula que hemos creado como equipo. 

Habana vieja. Foto: Naomi Greene

Las hojas de los árboles se desprenden para la caza de las hormigas. Debemos hoy disfrutar de las posibilidades que nos entrega la vida. La fotografía y las letras de Naomi desencadenará hoy un eco perpetuo en nuestro ejercicio creativo y esto permitirá una identidad única de nuestra labor. Somos pequeños dinosaurios con la misión de crear una ilación profunda con los nuestros y Naomi, ella, la sensibilidad de nuestra mirada. Es el silencio del desierto cuando la serpiente pasea de noche. 

Lima migrante. Foto: Naomi Greene

Naomi Greene estudia actualmente la maestría en Antropología visual en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también a la gente, el paso del tiempo y el misterio de vivir. Ha desarrollado una diversidad de proyectos personales y algunos otros que se involucran con la labor social y cultural de distintos contextos. Ha participado en diversas publicaciones. Su experiencia corre en la observación, principalmente. Busca observar más allá, hila puntos, patrones. A su vez, dicha experiencia se compone de lo que contempla, de lo que conceptualiza y de lo que repasa a través del estudio y las vivencias.

Lo anterior le ha permitido fungir como realizadora audiovisual, fotógrafa y editora de video, casi todo en solitario, -o como algunos lo llaman: one-woman-production-, y parte de lo que desarrolla en la actualidad es el trabajo en equipo. Para su tesis de maestría trabaja sobre los impactos positivos que puede tener el cine en menores de edad de contextos vulnerables, especialmente el cine participativo por su acercamiento horizontal y “autónomo”. Para ello, imparte un taller de cine a niños y adolescentes en Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A. C.) en Guadalajara, México, en el que prueba y descarta con la experiencia personal y colectiva.

Amazonas. Foto: Naomi Greene

¿Cómo llega el pan de café a la fotografía?
A través de una bicicleta roja (chiste local).

¿Qué es la poesía en un rollo de 35 mm?
Cuando tomas fotos análogas aprendes a esperar, la paciencia es un requisito, igual que poder soltar el control. Puedes equivocarte al exponer o tomar la foto en el momento que no esperabas y te das cuenta del “error” al momento de revelar. Se revelan dos cosas: la imagen y tu consciencia como fotógrafo; pero estos aparentes errores tienen su propia verdad, son invitaciones a reconfigurar la mirada y aceptar las cosas que son y ya no se pueden cambiar.

¿Hasta dónde es posible rociar los retratos con versos?
El único límite es la incapacidad del individuo de dejarse llevar por su propia sensibilidad. Si no sabes “observar”, entonces, ¿para qué tomas fotos?

Manos de arena. Foto: Naomi Greene

¿Qué es documentar la letra desde la luz del silencio?
La observación es silenciosa, casi humilde. Soy tímida desde siempre y encontré en las letras y la fotografía una forma de conectar con el mundo. Me siento segura expresándome a través del soporte escrito, y también, he descubierto que la fotografía es evidencia de mi capacidad de observación; son mis huellas en el mundo, la marca que pueda dejar, así como una invitación a los demás para que se adentren en lo que soy.

¿Cómo se observa a la poesía desde un mapa ciclista?
Andar en bici te hace muy consciente de la muerte, uno rueda con el aire en la cara, libre pero siempre frágil. Esa fragilidad es poética de cierta manera, pero la consciencia de esto a veces pasa inadvertida.

¿Cómo se escribe de una fotografía a blanco y negro?
Mirar entre la supuesta ausencia de color es algo que se va desarrollando con el tiempo. Actualmente vivimos entre la inmediatez y los pixeles a detalle, y quizá el formato a blanco y negro es otra forma de ver, sin la pretensión del color y priorizando otros elementos, como las expresiones o emociones dentro de la imagen. Es muy rica en sombras y luces, -como cientos de imágenes a color-, pero también puede ser una imagen que alude a la nostalgia y entonces se le confiere una fuerza diferente. Como fotógrafa hay que saber encontrar la esencia al momento y eso involucra hallar un color determinado a cada experiencia visual.

Uke mochi. Foto: Naomi Greene

¿En qué se convierte un espejo detrás de la luna?
En su reflejo; mirarse en el espejo y mirar la luna requiere un simple movimiento de cabeza.

¿En qué lugar se manifiesta la pluma cuando llega el poema a colores?
La pluma es el vehículo y quienes escribimos somos el medio. Lo que creamos adquiere vida, entonces si los poemas palpitan, la pluma es el inicio y el final.

¿Para qué se viaja entre una sonrisa y una posibilidad?
Los ojos son la ventana al alma, la sonrisa es la puerta.

¿Para qué observa(s) la silueta de la nube dentro de una piscina?
Quiero creerme privilegiada desde mi trinchera, aún si es mentira. Tengo la fortuna de ser libre para crear, mirar con tranquilidad y de poseer los medios para hacerlo. Si puedo detenerme a ver las nubes, de repente dejan de ser nubes y se convierten en perros, o lagartos, o enemigos de caricatura. Así que observo para descubrir historias que a veces se olvidan entre el ajetreo del mundo y el cansancio colectivo.

Degollado. Foto: Naomi Greene

Pájaro en mi ventana

Hay un pájaro en mi ventana.
Insiste en que me asome, pero estoy muy triste como para ponerme de pie.
Me canta, aletea y reclama que me levante.
No me responden las piernas, apenas puedo pronunciar palabra.
Quisiera contarle todo lo que pasó, pero los pájaros no entienden las voces de los hombres.
¿O seremos nosotros los que no entendemos las voces de los pájaros?
Hay un pájaro en mi ventana que insiste en que me asome.
Pero sigo tan triste y no puedo andar.
Aún así me canta y aletea para que pueda ver sus colores tornasol.
Y desde mi rincón le cuento y aprendemos a mirarnos a los ojos.
El pájaro de mi ventana me ha convencido de mirar afuera.
A tropiezos llego y encuentro un mundo nuevo que insiste en que salga.
Pero el miedo es más grande y me rehúso a dejar mi cuarto.
Las cuatro paredes se han incrustado en mi memoria y yo sin ellas no sé quién soy.
Hoy no hay pájaro en la ventana, ni cantos, ni colores tornasol.
Pero la tristeza es tanta que decido asomarme.
Lo que hay afuera me refleja lo que hay dentro: soy yo en un diminuto cuarto,
con los ánimos rotos y unos ojos cansados.
Me avergüenzo y me lanzo a la cama
porque no sé bien cómo mirarme a pesar de saber mirar los ojos de un pajarillo.
Un buen día el pájaro vuelve a mi ventana,
pero esta vez me saca a picotazos y aleteos.
Ni las piernas ni la voz me sirven y en el suelo aprendo todo lo que sabía.
Miro ese reflejo mío y le pregunto, ¿cuánto daño te han hecho?
El pájaro me responde como si la respuesta fuera suya,
y lo miró a los ojos y de repente lo sé también.

Inédito

¿Nadie pregunta?

¿A dónde han ido las ganas despiertas?
¿Los muchachos perdidos?
En el cielo torbellinos de luz,
llamaradas eternas.
¿A dónde han ido?
Callan las paredes, callan los televisores.
La gente enmudece, ahogan sus gritos en ácido.
Mientras unos barajan las cartas,
otros esperan su sentencia.
¿A dónde los llevan?
¿Pueden ver el cielo desde ahí?
¿Quema el Sol?
Silencio.
Uno mira atrás esperando volver a sentir algo,
pero no queda nada.
No nos dicen nada, no nos miran a los ojos.
Somos nada,
tan poca cosa que nuestras tumbas están vacías.
Y barajan las cartas de nuevo,
y salen a las calles llenos de orgullo.
Orgullo falso, miedo latente.
Y nos toman como si fuera tan fácil,
y nos llevan lejos.
Y peor…
nadie pregunta.
Silencio.
Nada.
Toma una carta: un cuatro de corazones
Y vuelven a jugar a ser humanos.

Inédito

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento
Es necesario explorar el cuerpo en sus facetas nobles
Nicole Saucedo. Foto: Miguel Asa

Dame la mano y danzaremos,
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…
Gabriela Mistral

Las manos suben a la hoja. La hoja cae hacia el suelo. El suelo se lleva los versos. Los versos se postran en la flor. La flor declama una lluvia al colibrí. El colibrí se mueve huracán. El huracán nace del viento. El viento baila con el papalote. El papalote está en su danza. La danza llega a ella. Ella se mueve de distintas maneras. Las maneras la han construido desde la experimentación. La experimentación se ha coartado como un diálogo. El diálogo la esculpe como bailarina, coreógrafa, y performer. Ella es Nicole Saucedo, artista nacida en Guadalajara, México, que ha involucrado la mezcla de texturas para generar productos escénicos que van desde la duda hasta el latido.

bRAIN. Foto: Renata Garza

Pocas ocasiones es posible maravillarse con un libro, eso sucede cuando está hecho desde las manos, así el trabajo de Nicole sorprende, pues de ella nacen flores de diversas texturas que conmueven desde el metal al hilo, se trata de una sinfonía que se mezcla entre formas, sombras y sueños. Se experimenta con el corazón lo que el fuego depara. Así, Nicole, directora de M8 Escena, compañía interdisciplinar de artes vivas, y de Airesis, laboratorio de creación artística, se pasea de producción en producción. Se sensibiliza con aquello que se cuestiona y emerge con diferentes plumas en un aleteo organizado con el sol y la luna, como si se tratará de coordenadas que dirigen a los dedos.

Margen naranja. Foto: Miguel Asa

Su trabajo esta compuesto de distintas partes, trayectos y evocaciones. Muestra la exploración del cuerpo desde la danza y el teatro en composición con otras artes. Se muestra como un ser pensante desde el músculo y desde la mente. Afronta la búsqueda como un ritual constante. Siempre, lo que muy pocas ocasiones observamos, Nicole lo trasciende. Así la música suena en el suspenso del día, se asolea en el estudio y da vueltas entre espejos. Ella escribe con el cuerpo lapsos de cuestionamiento, de dirección, de sensibilidad. Pues más allá de presentar un performance, sus obras nos permiten la incertidumbre humana, las sensaciones posibles que tenemos al alcance y no deseamos percibir.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

La obra de Nicole traspasa los tradicionales discursos en las artes escénicas. Busca explorar. Es una exploradora dentro de las tarimas, busca flores en las escenografías, entre las luces se crea una noche en movimiento y se configura una y otra vez en una materia evolutiva, en un tesón constante de la campana, en la aurora en su despertar como eco del fin del ocaso. Así es Nicole, que en trabajos como bRAIN, Movimiento de la memoria, Escena sobre la mesa, Tienda de sueños, Híbrido Mostaza y otros tantos, se ha sumergido en la investigación corporal, técnica y tecnológica. No es por demás mencionar que su trabajo creativo corresponde a dirigir piezas en las que se conectan diversos sentidos con apoyo de una gama variada de elementos, proyecciones, movimientos y horizontes.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

Nicole se ha atrevido a conectar de muchas maneras sobre el escenario. Se apacigua en la mirada mientras se cubre de luces y de sombras, en los colores neutros, nada en una exorbitante búsqueda cuando en la sencillez del paso se ejecuta una vorágine de sentimientos y emociones. No se puede ser visceral de un momento a otro cuando disfruta trasladar los poros por el viento, sin noche ni mañana. Busca, percibe y define. Es precisa coreógrafa de la sed del silencio. Compone piezas como el viento empuja a las hojas. Así dirige, de una textura a otro, sin miedo, sin freno, sin nada. Avanza. Explora. Una y otra vez explora. Persiste y se es siempre.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Tal es su sensibilidad que ha conectado con su última etapa como madre, experiencia que le permitió dialogar consigo misma para consolidar lo que es Paisaje de aRRullos, que describe como un “ritual de danzas y arrumacos”, y en el que persigue la noción de la primera infancia, la de los brazos, que se ejecuta con los verbos acurrucar y descansar. Le atrae aquello que desconoce y lo experimenta con su discurso creativo, lo inhala y lo sopla, lo toca y lo analiza. El movimiento es parte del todo. Su trabajo va de la dirección, la coreografía, la instalación, el performance, la danza, el video y la iluminación, y con todo ello escribe una poética más en la ciudad, otra del cuerpo, la suya misma. Así, Nicole, persiste en su labor. Habrá que esperar su Transcurrir, trabajo en el que dialoga desde los objetos con el video y que transpone la personalidad en los tiempos.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

La luz nace y se transforma en el cuerpos, los músculos arrojan versos y la noche del escenario se extiende volátil, certera, humana. Es tiempo de experimentar el cuerpo en las coordenadas de las hojas en blanco. Seamos pues plumas de nuestro propio espacio.

En el parque de casa. Foto: Miguel Asa

¿Cómo es componer un teatro dentro de un libro?
Se hurta el oficio del cambiador de hojas,

se asume la piel del que dibuja también, 

con compromiso hacia la hoja,

la que se sabe desplegable hasta las paredes, 

con lengüetas,

de algodón de preferencia,

pero servilleta también.

Se traza en rectángulos,

que contengan los garabatos y el horizonte.

De hojas grandes sin arriba, 

reacomodable,

con pestañas móviles,

un libro testigo para volcarse y revolcarse.

¿En qué momento surgen la flores en un escenario?
Las flores que encienden mis escenarios

son las que emergen cuando todavía el cause no encuentra río que lo contenga. 

¿Qué forma tomará la obra?

Florece el estómago con deseos,

múltiples las rutas y los cruces,

florece la imaginación.

Sal. Foto: Renata Garza

¿Cómo lo son movimientos del cuerpo con las nubes?

Simbióticos,
                   muy de los ojos cerrados,
de los dedos en tierra,
                                    del sexo sensible.

Se respiran, se tejen, se cantan, se juegan, son y lo asumen.
Muy parecidos a…. 

                                    deseosos

                                                    inevitables
                    cambiantes

atentos 

                                                             auténticos 


humildes.

¿Para qué funciona la experimentación escénica con las estrellas?

Para vivirme en el universo,

encontrárselas brillantes del frente,

unírseles, conectárseles,

entre y con las coyunturas de mi cuerpo, 

conformar constelaciones en el horizonte.

Tienda de sueños. Foto: Li

¿De qué manera se baila con las abejas?
Uuuuyyyyyyyyyyyyyyyyy
Ppppppppppuuuuuueeeeesssssssssss Vvvvvvvvvveeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaasssssss Bbbbbbbbbbbbbaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssssssssssta Ccccccccccccccccooooooooooonnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssaber Vvvvvvvvviiiiiiiiiiiibbbbbbbbbbrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrrrar(se) Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssussssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssusssssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssrarsssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssse ≤sssssssssssssssssssssssssssssssssssSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSsssssssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssuave
Y rrrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeesssssssssoooooooooonnnnnnnaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrr 
 a miel.

¿En qué momento se vive como galaxia?

Cuando se aprende tener tiempo para cerrar los ojos, vibrar el pulso y a abrir los poros.

¿Por qué hacer teatro en el rincón de un tabique?
Por política, por postura, por investigar, por aprender y desaprehender.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

¿Es posible crear horizontes con luz turquesa al experimentar?
El concepto “luz turquesa” me es nuevo,

pero hubo en tiempo en que intenté vivir en tierra sin sol y casi muero, 

no es poesía,

el horizonte transforma los espacios, 

está en mí,

me es leitmotiv,

al ponerlo de lado, 

invertido,

y al revés sobretodo al atardecer

ando por ahí buscando,

estudiando,

bordeando desde y con el cuerpo,

los límites de lo que reconozco
como “el horizonte de la percepción”.

¿Cómo se descubre el cuerpo en estelas rosas?
Se descubre cuerpa, poderosa,

de tierra, de carne, de brazos fuertes, 

que sabe dar vida…

¿Qué impacta al algodón desde la vela?
Calor,

crujidos,

olas, 

metamorfosis,

dolor,

sal,

verbos,

movimiento.

Meeting of Styles Guadalajara 2021: sabor a color

Meeting of Styles Guadalajara 2021: sabor a color
Cuando los muros son encuentro y pluralidad
Ale Poiré, de las mujeres participantes. Foto: Miguel Asa

Lo verdadero no es un callo
de este aparador,
ni lo falso una grieta
de su espalda de encino.
Eduardo Lizalde

Las manos bailan. Latas, brochas, pinceles y todos los colores surgen a cada trazo. No se escribe un poema, se contemplan diversas voces. Cada quien a su manera lleva su poética. Algunos están en un trazo puntual, simétrico, detonador, pero hay otros, que también, desde la sombra, la humanidad, el amor, la alegría, el sentir, se muestran enormes. Así fue como el Meeting of Styles (MoS), en su versión México, y en su edición Guadalajara, se llevó a cabo en los laterales del Panteón de Mezquitán, ahí, entre las avenidas Maestros y Enrique Díaz de León, a principios del pasado octubre.

Fragmento de Negritoo. Foto: Miguel Asa

Esta reunión de grafitti se ha convertido en un espectáculo particular en todo el globo, en que los discursos de la calle, de la urbe, se ven en distintos formatos, vaya, en diversos estilos. Este evento tiene su origen en Alemania, en los años noventa y se ha realizado en más de 50 ciudades de países de Europa, Asia y América. Para su existencia, ha sido necesaria la unidad de artistas con la colaboración de empresas de distintos niveles. Gracias a todos ellos, año con año la magia de compartir el color, es posible.

De Amir Lucky. Foto: Miguel Asa

Y para muestra, Guadalajara esta vez no fue la excepción, con un cartel enriquecido con una basta diversidad de artistas, los estilos se manifestaron, se permitieron saborear el cotorreo, la camaradería y la pasión por la creación colectiva. Así lo hicieron los visitantes extranjeros, Brus (Italia), Plus (Suiza), Ewok (EU), Kabe One (Colombia), Desk (Costa Rica), Dear (Perú), No Outline (Colombia), Gruterium (Colombia), Subo (Colombia), Negritoo (Brasil), Amir Lucky (Panamá) y TNT (El Salvador).

Adnan Galva, Lorena Montesca y Hany Annh. Foto: Miguel Asa

Y de México estuvieron Ale Poiré, Apolo, Azver, Bicse, Cent, Chicle, Chobe, Defo, Drain, Eker, Eksen, Evergreen, Franc Mun, Goal, Hany Annh, Heros, Hospek, Jijón, Jockas, Juez, Keops, Khosmik, Korba, Lerk, Mack194, Moms, Myster, Osoe, Parek, Piña, Resoe, Rock, Royal, Smash, Sensor, Sost, Swer, Xearte, Zhot, Zime, Deal, Bucle, Tercko, Rimar, Señor, y con algunos acoplados más, el sabor de la pintura se conjugo hacia un fin de semana de creatividad, diálogos y manifestaciones.

Chobe y su hija. Foto: Miguel Asa

Cada perfil, cada trazo, cada ritmo, bajo su propia candela, es un sin fin de posibilidades. Los trucos, los tips, las mañas, las formas, los movimientos, las tramas, las texturas, las letras, las paletas, todo, se vuelve particular. Se descubren las posibilidades. Se manifiestan las dimensiones. Se relacionan los discursos. Se debe asistir con las ganas de conocer, de aprender, de contemplar. El juicio tradicional de que el arte urbano es una acción inútil, debe de quedarse en el pasado. Los tiempos son diferentes y las posibilidades de diversificarnos nos dan las posibilidades de estar presentes en las noción humana de la actualidad. Debemos de considerar, la pasión de cada persona, el interés por crear debe de ampliarse a todo sitio, así en la ciudad como en los poblados.

Jazor en proceso. Foto: Miguel Asa

Así lo menciona Saúl Sosa, acá Jazor, de la VRS, uno de los artistas patrocinadores, “es para proyectar y darle más difusión al grafitti y al arte urbano. No sólo se pinta con aerosoles, también con brochas. Yo creo que hay nivel, muchos, espacios también se están brindando. Más bien ahora, es conseguir patrocinios, apoyar de esa forma a los artistas. Es pesado organizar un evento así, y más cuando, obviamente, inicia sin presupuesto”. Sin embargo, pese a todo, el compromiso por colaborar no dejó de existir, compartir para crear.

Zhot desde León, Guanajuato. Foto: Miguel Asa

Así como Jazor, dentro de la línea de apoyo para esta reunión estuvieron Ecko Unlimited, Solid Spray Paint, Dyed, Skullcandy, Phantom Sticker, 99 Problems, La COOLturatv, Musa Hostal, Cabezas Cuadradas, Pin House MX y YEMA, y gracias a todos, esta reunión fue posible.

Mack194 en proceso. Foto: Miguel Asa

Así lo comentó Zhot, de la RNK, “ha estado muy chido, ya hacia falta un evento así, y la verdad, la barda, yo me la esperaba más chica, y fue muy grande, con muchas personas. Todos los artistas, ahora sí, lo que es el Meeting, un estilo diferente y un chingo de estilos. La gente de Guadalajara bien chida, yo no me esperaba que todos valoraran todo tipo de arte y eso está bien perrón”.

Evergreen y familia. Foto: Miguel Asa

De igual manera, las únicas chicas seleccionadas para este MoS compartieron algunas palabras, por su parte, Ale Poiré que, “la verdad me es un poco de responsabilidad, sobre todo porque casi no hay morras, y como morra, pues sí, sí tienes la responsabilidad, pues justo, de representarnos, de decir que aquí estamos. La verdad, muy chido, porque en realidad, como yo manejo otro estilo, digamos que es casi un mundo nuevo para mí, entonces me parece muy interesante. Nunca había estado en un evento de grafitti, sí es como otro rollo, está chido, está divertido”.

Retrato por Jockas. Foto: Miguel Asa

A su vez, Hany Annh, comentó que estar en este evento representa “una oportunidad grande, como llevo mucho tiempo pintando, es como una puerta abierta para muchas cosas, y obviamente alzar, más que nada, que las morras vean, que somos varias chicas dentro, esto, para que se motiven”.

Fragmento de Rock. Foto: Miguel Asa

La pluralidad de este evento nos ha permitido ejercer una nueva perspectiva hacia lo que la calle expresa y comparte. Así lo comentó Subo, sobre esta edición del MoS, quien desde Colombia nos visitó, “todo muy bueno, mucho nivel, digamos que de donde yo vengo hay cosas que no se ven, en Colombia, que acá sí he visto, en cuanto a personajes, en cuanto a técnica, a concepto, en muchas cosas, creo que existe un nivel muy alto. La gente acá muy buena onda, lo que uno necesite siempre están para ayudarte, sí, muy bien, muy buen onda la gente la verdad”.

Subo en proceso. Foto: Miguel Asa

Aquel fin de semana me impresioné de conocer nuevos amigos, coincidir en la calle a través del trazo y el color, y sobre todo, seguir en la idea de que el arte debe ser compartido, más allá de un nombre, de unas letras o de una imagen cualquiera, sino al abordar a la comunidad, volvernos parte de ella para buscar nuevos horizontes en la transformación de la humanidad. La calle es un poema y nosotros lo vivimos a él, que los estilos nos unan, siempre en la diversidad de vivir.

Monoleaks: la saturación colectiva del trazo

Monoleaks: la saturación colectiva del trazo
La creatividad es un sueño de Las noches de Prisciliano
Monoleaks. Foto: Miguel Asa

Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.
Reinaldo Arenas

Una casa en la calle de Prisciliano Sánchez, dentro de la zona Centro de Guadalajara, México, fue interrumpida por un grupo de artistas de distintas índoles de la ciudad desde 2019. Crearon un bastión energético en cada noche de lunes con alegría, demencia y cuestionamientos. Surgieron trazos para allá y para acá. Unos sueltos, otros divergentes, y de repente, todo cambió. De esas noche surgieron los Monoloeaks, un grupo de creativos, entre plásticos, gráficos, visuales y caricaturistas (moneros en sí) se dieron a la tarea de convertir al trazo en una sustanciosa elevación del trabajo de la mano, no sé si zurdos o diestros, pero todos, con una gran soltura, para provocar pensamientos, emociones y sentimientos con distintos cortes.

El engranaje en el detalle. Foto: Miguel Asa

“Lo que queremos es renovar, de hacer un parteaguas de esta exposición y continuar hacia el futuro. Estos fueron cuatro años de experimentación gráfica visual, de alucines y drogas. Estoy muy feliz y contento de compartir con gente que me ha llevado a esto”, menciona Pit, coordinador-fundador de dicho colectivo.

Este proyecto surgió como una reunión de creatividad, de convertir dicha experimentación en una apertura de diálogos, de una mezcla de ponderaciones, de emulaciones y de conjugaciones. Todos han sido todos. La libertad siempre ha sido una búsqueda constante en cada imagen. Los detalles, aunque parezcan absurdos, es el detonante mayor. Ellos se describen como “un ejercicio de creación y colaboración al mismo modo de los surrealistas de los años veinte, para en colectivo generar, semana a semana (por más de un año), una muestra peculiar de cadáveres exquisitos”.

"Carnivoros" de Xerenthiu (fragmento). Foto: Miguel Asa

Y por tal motivo, a inicios de octubre de 2021, los Monoleaks presentaron su exposición Horror Vacui, una entrega de distintos trabajos colectivos e individuales que se manifestaron en la Sala Juárez del Laboratorio de Artes Variedades a cargo de Cultura Guadalajara, y en la que el precepto se concibió como la ridiculez del espacio vacío. Pues si bien, el trabajo de todos en cada imagen fue deliberar con líneas incontables un peculiar trabajo lleno de complejos movimientos, cuestionamientos y direcciones de la pluma. Cada una de las piezas contiene de manera abrupta la saturación de contenidos, y es que, al ser esto el objetivo principal del trabajo conjunto, se torna una dimensión posible, un impacto exquisito para la mirada del espectador, y a su vez, una reflexión de la entidad humana y todas sus posibilidades. La imaginación no para.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Así lo mencionó Xerenthiu, parte del equipo, “es pura locura, no hay reglas, es nada más como que alguien empieza un dibujo, y por iniciativa, toda la intensión siempre es llenar espacios, pero como por instinto, porque no se dijo en ningún momento que se tenían que llenar espacios. Por eso se llama Horror Vacui, porque inconscientemente todos quieren llenar todos los pinches huecos que quedan, que sean todos saturados. Pero no hay reglas, se puede dibujar lo que se quiera”.

Horror Vacui. Foto: Miguel Asa

Abner Rojas, encargado de la museografía de esta exposición, comentó que, “la verdad fue un reto, fue bastante complicado porque era demasiada obra, entonces, lo que hice fue una composición distribuida en la que predomina el diamante, y a su vez, la espejee, cada muro esta dividido a la mitad, en la que hay un diamante, un cuadro y un diamante. De esta manera, realmente, se resolvió el problema del espacio, de la distribución de la obra, la colorimetría y el discurso del montaje”. Con esta lectura, el espectador podrá profundizar desde las distintas etapas de los Monoleaks y sus procesos, que van desde la desgracia, pasan por el humor ácido y se entregan totalmente al caos, sin nunca olvidar que todas y cada una de las piezas genera una carcajada sobre la realidad, hermosas esas particularidades.

"Nova forma" de Esaú HZ (fragmento). Foto: Miguel Asa

Por su parte, Dulce Cruz, una asistente a la apertura mencionó, “es el trabajo de todos, el sentir, son un grupo de amigos, que la verdad, eso es lo que provocan, muchas sensaciones en lo que están dibujando. A parte, entre ellos, hay cierta química que es muy padre y que provocan proyectos muy chidos.” No es por demás que esa inauguración funcionó como un cierre, pero al mismo tiempo, el inicio de otra etapa de los Monoleaks, porque entre ellos hay amistad, confianza y colaboración, algo digno de sobresaltar, la colectividad para la colectividad.

Discursos Monoleaks (fragmento) Foto: Miguel Asa

Sabrina Buenrostro, pintora y amiga del colectivo, compartió que este trabajo le había parecido “encantador, encantadoramente caótico y bizarro. Es como una danza entre el ego y la humildad, desapegarse de tus trazos, me parece bastante interesante y enriquecedor”. Tambipen, Alhelí Cerda, una asistente más, manifestó que “cada área de la exposición tiene sorpresas, te atrapan. Es una experiencia muy viva porque te está atrapando a cada momento.”

"Reina Náusea" de Xerenthiu (fragmento). Foto: Miguel Asa

Monoleaks es un encuentro en que Astroboy no se sentirá un freak en toda esa saturación de pensamiento. Es un parteaguas con su propios ejes divinos. Se trata bien de un poema con distintas vertientes que se plasma desde la máquina hasta los líquidos humanos. Seamos pues, comunidad, parte de las tragedia alegre de este bienestar vacío que se encuentra lleno de colectividad, ellos somos todos.

Totalidad Monoleaks. Foto: Miguel Asa

Gracias por este caos creativo Erándini, Esaú HZ, Erik Zermeño, Fuma El Justo, Pit, Chattex_x, Sadek Reynolds, Omar Nava, Xerenthiu, Jors Salazar, Paulette Valle, Manchón, Santiago Fregoso, Montelogo y a todos aquellos que me faltaron por mencionar, que directa o indirectamente son parte de este proyecto. No queda más que vivir el orden con desorden, y que no exista estrategia para contemplar la vida desde un lado en conjunto con la de otros. Hay que compartir el trazo para explorar la imaginación y volvernos locos en nuestra libertad.

"Vikin-good" de Erik Zermeño y Fuma El Justo (fragmento). Foto: Miguel Asa

Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses

Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses
Un ilustrador foráneo que ha hecho raíz en Guadalajara
Alfredito Romano. Foto: Miguel Asa

Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme.
Alejandra Pizarnik

No sé qué tanto hay entre las bicicletas y los ilustradores, unos de un modo, otros de otro, y así se la pasan. Cada quien con su cada cual. Sin embargo, no todas las especies son iguales o similares, tienen siempre particularidades que desarrollan conforme pasa el tiempo. Una de estas que sobresale es escuchar The house of the rising sun de The Animals con algo de nostalgia y recordar el siguiente trazo que va hacia el norte, pasa de este a oeste y regresa al sur. Esto es una seña de Alfredo Romano, trabajador de la línea y de los colores desde muy joven, y orgullosamente, de origen norteño, sí, de allá mero, de Los Mochis, Sinaloa, México.

Familia ilustrada. Foto: Miguel Asa

Alfredito, como se hace llamar, es un prole-sabequépiltrafaslellamaban y yo sólo percibo colores de un trazo de otras épocas, pero siempre, en constante movimiento. Así de curvas, ornamentos, sombras, puntitos, corazones, flores, globos, papalotes, calles, casas, ciudades, paisajes, personajes y no sé qué tanto más expresa en cada movimiento de su muñeca. Una ilustración cargada de felicidad es lo que oculta este gran niño, que además de ello, es un vital activista de la bicicleta, razón por la que ha sido parte de distintas acciones, proyectos y movimientos que tienen que ver con la movilidad no motorizada en Guadalajara, así Camina Barrio, Ciudad para Todos, Mejor Santa Tere, Bicicleta Blanca, del propio World Naked Bike Ride y otros tantos más.

Entre una acción y otra es como Fredy, como lo conoce su familia, se vive el día a día en compañía de su familia adoptiva, sus perros Óscar y Bruno, además de Gatitobebé, el señor de la casa. Y en ocasiones con pinceles, otras con lápiz, otras más con la tableta digital, otras tantas con el pensamiento y los bocetos no se detienen. En ocasiones para criticar, otras para reflexionar, otras para publicitar, otras para agradecer, muchas más para amar, así también para impulsar, así es su trabajo ilustrativo, una gama variada de voces que cada línea permite observar. Es un poema con distintas raíces que apoya y fortalece, por si fuera poco, a la comunidad LGBT+, siempre, como dice, desde su trinchera.

Ella y corazón. Ilustración: Alfredito Romano

Así, Guadalajara lo adoptó hace poco más de veinte años. Un café, un amigo, otro bar, otro amigo, un departamento, la calle, los movimientos y ahora sabemos que se ha ganado su lugar entre las hojas de nuestra ciudad. Un algoritmo peculiar lo trajo aquí. No sé que software requiera, pero es un tipo que a su trabajo lo viste de comunidad, antes persona que plástico. Y es posible charlar con él por horas y configurar ideas para plasmarlas. Evidencia de ello ha sido la colaboración en diversas acciones que han beneficiado a Guadalajara. Ahora sí que un norteño le puso sabor a varias cosas lindas de nuestra comunidad, de esos poemas que más recuerdo y más aprecio fue haber colaborado con él en el 9 Congreso de Ciclismo Urbano, de la BiciRed México, que sucedió en noviembre de 2016, evento en que sus obras fueron parte de la identidad, además de aportar una exhibición en la que el discurso de la bicicleta conmovió a propios y extraños.

Personalidad. Foto: Miguel Asa

Desde Santa Tere, barrio en el que se encuentra desde hace rato su torre de control, ha emergido con distintas obras en las que los jardines, los infantes y la honestidad del mejor vivir han plasmado la colectividad, la colaboración y la solidaridad, por una u otra causa, pero siempre presente. En ocasiones de bajo perfil y otras tantas con todo el impacto requerido, su voz es una de las que ha permitido ejercitar a la comunidad creativa una asociación peculiar con la bicicleta, bajo la sensibilización, el fomento y su vinculación de todas maneras posibles.

Sin embargo, Alfredito no sólo es eso. Se trata de una charla de diversión, del abrazo, del constante análisis y de una reflexiva mirada hacia la persona como parte de la sociedad, un verso entre todo lo gigantesco del libro. Así, los corazones suceden entre la cadencia, los augurios y los discursos que el viento nos ha permitido en una estructura que se regula desde distintas escalas. Así, él nos acompañó a celebrar aquel Cicloverso que generamos con Mi Bici Pública y otras instancias en 2017, en el que celebramos el Centenario de la inversión de la bicicleta junto a más artistas y poetas.

Mis primeras rodadas. Ilustración: Alfredito Romano

Pero hoy, después de tantos años, la palabra se ha solidificado entre las voluntades y las sonrisas. La ilustración se ha convertido en complice de sueños, de ideas, de diálogos, y nos existimos desnudos ante el tráfico de vez en vez y seguimos en la lucha desde el color. Persistir y ser razonable con la honestidad de cada quien es lo que perfila cada uno de sus trazos, así, un blanco y negro, ciertos tonos o toda la gama de colores, siempre buscaré la alegría al final de la obra. Hoy estamos aquí, con algunos murales en proceso y la amistad con café y buenas rodadas. Que la línea mantenga el ritmo del pedaleo, vamos siempre a destino: alguna palabra.

Estudio perruno. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se encuentra una línea de color en el infinito blanco?
Imaginándola en la cabeza, buscándola, encontrando la trayectoria sumido en una intensión; el proyectar un resultado es importante cuando se trata de crear, la improvisación cabe en el sólo proceso, como un camino a disfrutar.

¿De qué manera se es viento con la bicicleta?
Soñando, pensando y rodando, la única fusión es con el alma. Al fundirse uno es todo con el viento. Rodando es como he encontrado mucho de las respuestas a mis dilemas, la filosofía de pedalear, de avanzar, de cuidarte y ser libre con tu bicicleta.

La felicidad. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo es llegar a la galaxia de los colores?
Es impregnarse con sensaciones de amor, de pasión, de juego y significado, pintar, colorear es vaciar la cabeza, el fugarse de la realidad cruel, es entender que tal vez lo que estás haciendo es parte de la felicidad al mundo

¿Qué ha sido de la mano y el trazo en las cascadas?
Una entrega, una pasión exploratoria, tranquila, íntima, particular. Tomar el lápiz, el borrador y bocetar, poco a poco la gran idea, la belleza del trazo, la responsabilidad de rasgar el papel con el grafito, de mojarlo con la tinta, otorgando un mensaje, una flor.

¿Qué es posible encontrar entre tus nubes?
Caos. ¿Quién dijo que una nube es una nave tranquila? Navegar en el aire, encontrar las ideas, la forma, el proceso, mientras contemplas la naturaleza cambiante de las cosas. También tranquilidad es verdad, en el caos también se encuentra la paz.

Pedalear para dibujar. Foto: Miguel Asa

¿Qué aromas resguarda tu mundo?
Los del recuerdo, los aromas llegan a mí y los almaceno en una alacena especial para aromas en mi pequeña cabaña que es mi mente. Los aromas me permiten recordar, asociar, tener un control sobre mí, sobre mi deseo, sobre mi cariño, me permiten enamorarme de la presencia.

¿Gelatina, payaso o colibrí? ¿Por qué?
¿Puedo las tres? ¿Por qué siempre todo tiene que ser una elección y no todas las elecciones? La gelatina podrá temblar pero es delicioso, el payaso hace reír aunque a mí me hace llorar, el colibrí es el mensajero del universo, el que lleva y trae los pensamientos y las buenas intenciones.

Sombra. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo se imagina un verso en el dibujo?
Mediante una experiencia concreta, muchas veces un recuerdo, esa imagen que queda grabada en la mente, que rememora un momento. Mi intención siempre es ofrecer versos visuales, con recovecos y líneas conductoras, hasta llegar al verdadero mensaje intencional de la historia de la caricatura.

¿Qué son las series de luces en el verano?
Ambiente. ¿Qué me recuerdan? Que la media luz es indispensable para mi vista, para mis ojos cansados, ávidos de belleza, de suavidad, de siluetas sinuosas. Tener series de luz a mí me hace feliz, extiende mi navidad todo el año.

Si fueras un pan, ¿cuál serías y por qué?
¡Qué buena pregunta! pienso que podría ser un birote, de los salados, para navegar en chile, soy picante, siento ardor. También podría ser un bisquet, o un cuernito relleno de crema, porque mucho de la delicia que tengo, la llevo dentro.

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares
El rincón de la música en el corazón centinela de los pies
En muro. Foto: Ernesto Ávalos

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Manuel Machado

Las flores le cubrieron de baile. Ninguna nube le dijo de su destino. Al aire comienza. Nadie le señaló que sus pies serían el tartamudeo del cante. Y así, llegó de México a España y de vuelta. Rodrigo Robles como se hace llamar, es un suculento espectáculo cuando se posa en los escenarios y hace del flamenco un contoneo abrupto lleno de magia. El cantaor surge desde la guitarra. Sí, me gusta decir la palabra magia cuando lo veo bailar, porque el momento se vuelve en esencia de rubíes, de terciopelos y de dolor. Sí, porque el dolor nos mueve. Nos contiene y por eso baila. Se hace el disparejo, dice. Pero la nebulosa que lo construye es todo una joya que persigue el amor con las manos dentro de la amistad de sus piernas.

Rodrigo es una experiencia en vida. Hace más de diez años le hice unas fotografías que me han volcado. Hice de su cuerpo una escultura de aquella música y los relámpagos aún no llegaban. Qué nos podría decir el pasado de nuestro presente. Si tuviera la clave, la música no habría tenido variaciones. Y así va, entre el pasito y la percusión desde el talón. Golpe, giliana, el jaleo muta. Se tejió en Guadalajara, Jalisco, desde la siembra de las galaxias.

Con Karla Guzmán. Foto: Miguel Asa

Así, a Ro, como le decimos los amigos, la punzada no se le ha detenido porque es un tipo de pocas nueces. Esto parece un cante festero. Se mueve, gira, pisa, la madera, la mano, el guiño, la guitarra, otra vuelta, hacia abajo, la expresión, alegría, que el giro esté a media vuelta y va de regreso. Así pasa el tiempo, los amores, los viajes, las distancias. Quería que este texto bailara con él un día y ya lo está haciendo. La densidad del baile existe en las noches. Cuando en las tardes procura el receso. Porque en la mañana el café le ha dado vida. Pasa a cante hondo. 

Así, entre el pulque y las noches de noctámbulos le conocí. Una melisma y sigue. Un espejismo que no sé si volveré a ver, fuimos hermosos en aquella época, ahora también lo somos pero con más lluvia y versos. Así como en cada uno de sus movimientos como si escribiera en el aire, ligado eterno, como si cada movimiento de su cuerpo fueran las letras que construye su pensamiento ha sido apreciarlo. Y se abastece del sentir, de la vibración de la guitarra y de los ecos de las serpientes, porque antes que flamenco, mexicano. La seguiriya se inspira y nos recorre. 

Azul. Foto: Urko

Le cobija la música a diario. El rasgueo se apresura. Y el flamenco le ha descubierto una sensibilidad tónica que muestra mediante su cuerpo. La tonalidad se mueve, el zapateado incandescente sobresale. Él, que hace doce años comenzó una carrera creativa más allá de su formación profesional en relaciones internacionales, le ha dado por compartir escenarios con distintos artistas tales como Nirl Cano, Alba López, Karen Lugo, Karla Guzmán, por mencionar, y con Laia Costa y Joan Torres, con quienes fundó la Compañía Zaranda Flamenco, en Menorca, España.  

Su asertivo corazón y su intransigencia por innovar lo han llevado a generar proyectos mestizos, en los que el flamenco ha contado con la exploración del artista, eso, por la simple idea de refrescar el encanto del tablao. Con más de diez años en los escenarios y con distintas participaciones por aquí y por allá, el flamenco lo lleva tatuado en el espíritu. Escobillado a luz roja. Ro es más que un cante. Se entromete un silencio. Se trata de un bailaor que se ha cobijado de dos mares, una posibilidad entre México y España que nos invita a disfrutar de esta pasión por el flamenco. 

Movimientos. Foto: Miguel Asa

Rodrigo tiene un temple fuerte en el escenario, se construye, se vive, se mueve, así, es el horizonte que le acompaña desde la punta de los pies. Un tembleque amanece. Se considera una especie de ser compartido. No hay momento en que una ranchera o un son no le reanimen la vida. Así un taquito de frijoles, de esos galácticos que desayunamos en algunas ocasiones, como unos chilaquiles mágicos, o un ceviche a la deriva del corazón. Los redobles son huracanes. Los espejos le abrazan en cada paso que entrega.  

Recuerdo un pulque y pareciera que el tiempo del baile no se detiene. Suenan los acordes y los golpes a la madera. El tacón remata y remata. Se mide el tiempo. El avance. El cajón. Otro giro. La mano. Las manos. El vestido. El pantalón. Otro giro. A la par. La guitarra aumenta. El aplauso. A palo seco. Otra vuelta. Movimiento de izquierda a derecha. El rasgueo persigue. El cante se desmorona. Y ahí, el bailador hace de los dos mares un remolino. Que surja el zapateado hasta los 6/8 para desviarnos de la vida. 

Extensión. Foto: Ernesto Ávalos

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicábamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Alas. Foto: Miguel Asa

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida me tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Barranca de eco. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Volar. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Rojo. Foto: Miguel Asa

¿Cómo ha sido el silencio con el viento?
El momento sutil entre un estado de sueño y de estar despierto; es en ese momento donde todo se ve claro y acepto con paz las decisiones que estoy tomando.

¿Chocolate, caricia o telescopio?
Sin azúcar, cacao mejor a chocolate; la caricia siempre y los astros son un gran mapa para saber de dónde venimos y a dónde queremos ir, además de que son más que magníficos.

Un amanecer, ¿cómo?
Después de una fiesta con personas entrañables, donde las risas, el amor y la lucidez de la embriaguez enseñan verdades trascendentes para los que compartimos ese momento. El amanecer le da sentido y riega con los primeros rayos del sol a nuestros cuerpos; llenándolos de energía y ganas de vivir.  

Puente. Foto: Miguel Asa

¿Viajar, suculencia y sabrosura?
Pues los viajes siempre, allí cabe todo. Siempre estamos viajando, aunque no nos movamos de sitio, y el hedonismo no se excluye de la experiencia del viaje; eso sí, el viaje es mucho más que eso. Dentro del viaje todo.

¿La bicicleta cómo baila?
Al ritmo que baila su conductor, uno de los placeres más grandes que hay, ir arriba de una bici; siempre y cuando no haya cuestas pronunciadas. 

¿Qué libros te han llamado?
Pues ahora mismo estoy con dos títulos, bastante filosóficos, uno El Bailaor de Soledades de Didi-Huberman, y el otro muy político de Suely Rolnik, Esferas de la insurrección, Apuntes para descolonizar el inconsciente. Siempre preferiré los relatos orales.

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Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía

Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía
Los sonidos de los versos en las ondas hertzianas de Guadalajara
Cecilia Fernández. Foto: Arturo Lutz Ley

Mi lengua es imperfecta. Hablo en imágenes, no porque quiera lucirme con palabras sino por la incapacidad de encontrar aquellas palabras. Pues no puedo pronunciar las palabras de la profundidad de otra manera.
Carl G. Jung

Ella es agua. Ella me ha mostrado el agua más que nadie. De repente gota, de repente huracán. Así en la fotografía como en la poesía o en la radio. Siempre agua. Siempre líquida. Y uno tan viento. Así ha sido nuestra amistad, un encuentro de palabras líquidas con historias de vientos. Fluir es el verbo. Entre una cámara fotográfica, un micrófono y el teclado nos hemos encontrado. Así es Cecilia Fernández, poeta, viajera, fotógrafa, gestora, locutora, productora de radio, periodista cultural y sobre todo, amiga. Ella es así, compartida, inmensurablemente.  

Creció en un barrio tradicional de Guadalajara, Jalisco, ahí, cerca del Museo de las Artes, y así, ella es una nación completa en Radio Universidad de Guadalajara. Le encanta percibir el silencio del color desde la naturaleza de nuestros ojos. La conocí por completo en una edición de desnudo de Rendija Taller Visual, ese hermoso equipo fotográfico que tanto amamos: Mónica Cárdenas, luis/caballo y Cuitláhuac Correa. Ahí fuimos fotógrafos, compartimos modelos con otros más y fuimos. Antes, yo ya había sido parte de las tantas entrevistas que ya ejercía.

Vía láctea. Foto: Cecilia Fernández

En el infinito Cecilia ha sido agua. Todo el tiempo nos ha abarcado de agua. El poema es mar. Se congela en la fotografía porque en ella tiene todos los lugares. Sabe el poema que la radio es eco. Y se inmuta.

Así la vivo. Desde el micrófono hasta el espíritu. Cecilia es una amante gigante de la playa. Cada que abre paso el mar ella le recita un poema. Y el agua se sostiene en una fotografía. Son rocío y salvajes seres. Una constelación de la Tierra. Puede ser gota, brisa, lluvia, tinta o veneno y siempre onda sonora: viento.

De sus volúmenes la ciudad ha escuchado llantos, todo el ejército del agua. No por ello el treinta es sinónimo de imaginación, esa que ha escuchado seres, sonidos y contextos. Qué se puede decir desde el silencio ante ella. En la ciudad, las voces se unen, ella marca pauta, la cultura sabe de ella porque ella ha hecho saber de nosotros, tarea giganta.  

Y así me despego. De su sencillez. De un augurio que sólo los versos de agua podrán entender entre las olas. Aquí no se necesita navío. Aquí el navío es la sed, el viento, el péndulo. Aquí navío son las ondas sonoras. A veces mar, a veces planta, a veces cámara.

Piel adentro de nos. Foto: Cecilia Fernández

Así se construye Cecilia, desde la voz de la fotografía para recordarle al poema que se extiende en la radio que la vida es hoy. Así nos vamos. Aprendemos a escuchar desde la soberbia. Aprendemos a ser un sello potente, una telaraña en el barrio de la infancia. 

No somos mentira. Somos eco. Transmisión, memoria y recuerdo. La radio en el poema como la superficie de sabernos mañana. En la ciudad, en la otras y en la otra. Nos vamos despacito a la euforia de los pesares, por no decirles de la vida.

Cecilia ha sido una fortaleza para más de un centenar de creativos. Se las sabe de todas en el medio cultural de Guadalajara. Y como periodista, ha dejado huella en programas como Saltaperico, Señales de humo, Caza de tinta, Puro drama y últimamente en Polifónica. Ella es un espejo sonoro en la voz del 104.3 del FM de la ciudad. Y les repito, se las sabe de todas. Su voz ha sido reflejo de la cultura en nuestro radar. Algunos crecimos con sus programas y más allá, todos vivimos desde ella. La creatividad existe en Guadalajara gracias a parte de su trabajo. Ella es un almanaque cultural de la Perla tapatía.

La sombra en rodada. Foto: Cecilia Fernández

Sin embargo, también el silencio le rodea y ha construido poemas con él. Ahí se abalanza. Dice ser palabra y es letra. Sus poemas son acuáticos. Son una razón que el polvo no comprende. Sin embargo, es una ironía de los viajes. Se bifurca en las palabras y sabe de los poetas. Se convierte en cada letra en un movimiento marino. Se describe en episodios. Hay una política en ella que no es posible descifrar. No se tiene que hacer el intento para llegar más allá en sus versos. Es agua. Todo lo demás, una gran pauta de la zozobra. 

Cecilia se entrega al teatro, a las voces, al juego de su imaginación. Así es, un pensamiento enorme, ella nos ve unas gorditas, un poema, un augurio, un mar, una gota, unos huevitos a la mexicana, una cámara, unos chilaquiles, una fotografía y somos todos, nos ve entrevista y somos ella. Las voces de diversas seres de la misma especie en el mismo ritmo.

 

Fuga erótica. Foto: Cecilia Fernández

En 2013, hicimos una cosa hermosa, hicimos fotografías de desnudo con más fotógrafos, Ignacio Calleja, José María Martínez y Refugio Ruiz, en medio de los Arcos de Guadalajara. Había bicicletas con los modelos. Esas fotos fueron un momento hermoso para la ciudad: Tráfico desnudo le llamamos. Nos creímos libres y lo hicimos. Un año más tarde Spencer Tunick, en San Miguel de Allende, Guanajuato, tuvo una de ellas. Cecilia y yo viajamos de manera espontánea para ello. Lo hicimos. Ella me llevó en 2014 a nuestro amigo fotógrafo para dejarle nuestra obra de desnudo. Esa fotografía nos marcó y somos felices. Lo demás es una memoria. Un accidente de pedaleo.

Ya de viaje, en 2016, el mar de Loreto, Sudcalifornia, me brindó la colaboración en sus Hallazgos cotidianos. Y aporté. No sé cómo lo hice mientras bailaba desde un viaje en bicicleta pero estuve ahí. El Museo del Periodismo y de las Artes Gráficas (la Casa de los Perros) fue el lugar. Muchos se acercaron. Pero uno, con la voz del verso. Directo, cuadrado, color y ya. Fuimos todos. Cecilia presentó más de 200 fotografías que hizo desde su cuenta personal en Instagram, todo una gama de colores. 

Autorretrato. Foto: Cecilia Fernández

Cecilia ha sido todo, amiga de reportajes, de sucesos, de fotografía y Guadalajara es hoy como ha sido ella. A sus palabras no se le escapa un horizonte. Aquí lo vivimos. Es un poema de mar. No me queda nada, los poemas son de ella, ya vienen. Ella ha ocultado en la letra que este testimonio es una evidencia de amor, de radio y de amistad, conmigo y con muchos. Debemos de volcarnos en su sabor. Cecilia siempre se entrega, siempre comparte. Agradezco a la vida esta oportunidad. Sin su cámara mis versos serían silencio. Ella conduce, yo le sigo, el FM de Guadalajara le sabe. 

Cecilia Fernández no es un spaguetti. Ni una tarde de cervezas en una terraza. Ella es una aglomeración de sentimientos a la tapatía. Es la mezcla de metales que no entenderá el agua. No hagamos esfuerzos. Somos hoy. Hay que escucharla para saber de su memoria. Ella es la voz del verso en la radio. Los barcos siempre vuelan. El sonido les lleva, el viento les acompaña.  

Variaciones de los versos. Foto: Cecilia Fernández

¿Qué es el agua en la fotografía? 
Es algo muy complejo de atrapar, no la imagen, sino la esencia. El agua es tiempo, es luz, por ello se entiende también con la cámara. Funcionan bajo la misma lógica. Ambas existen por todo aquello que las toca/que tocan, por todo aquello que les sucede dentro. Ambas perpetúan el instante, ambas son memoria líquida, memoria sólida.

El agua absorbe todas las formas, escanea todo por dentro, por fuera. Por ello requerimos agua para vivir, porque el universo requiere guardar información. El agua es la lente del universo, lo que usa para retratarnos. Mientras que nosotros usamos la cámara para retratar nuestras breves historias, nuestra propia huella.

¿Cómo surge el desvelo de la poesía en la radio?
La radio se traduce cotidianamente en imágenes, es su materia prima, de esta forma construye: la noticia, los relatos, la poesía. La radio edifica con la palabra, el sonido y los silencios, el mundo entero para comunicarlo. Por ello, requiere de la poesía para entregar a las sociedades nuevas versiones de sí mismas; lanza la invitación a contemplar las profundidades de la belleza, y del caos, pero también a adquirir la agudeza de pensamiento para actuar. La poesía sublima los mundos, y la radio en su hacer, la esparce.

Una vez Francia. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera construyes a la comunidad?
La radio es constructora de comunidad por su naturaleza, generalmente reúne en torno de sí a la diversidad de actores que conforman una sociedad y disemina sus ideas y mensajes con gran facilidad, además con economía de recursos (humanos, de tiempo, y presupuestos), por ende, mi oficio como comunicadora me lleva a cumplir con esa tarea.

Los programas que he realizado como productora o conductora (desde hace años) se han enfocado en los temas culturales, y han sido un diálogo permanente con sus actores, gestores y directivos.  

Cada que hago un programa me gusta pensar que aporto un grano de arena al vasto universo de lo cultural y social; incidiendo en la creación de códigos que unan y configuren las diversas visiones del mundo desde una perspectiva del arte.  

¿Cómo ha sido entrevistar al universo?
Muy simpático… pues se expande. Generalmente entrevisto a las mismas estrellas, planetas y constelaciones, pero también es común, que cotidianamente, aparezcan nuevos actores y proyectos y eso hace que la cultura no se detenga, así como el universo. La posibilidad de dialogar con personas de amplias y diferentes ideas es apasionante.

Dormir en fuga. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera surge el agua con tus fotografías?
Así, natural, es un venero. Voy a donde está, miro a donde suena, la contemplo en la tierra y el aire. Requiero el agua en todas sus formas; en mares, nubes, vahos. Surge con el sello de la maravilla, con la certeza de la inmensidad, y yo apenas puedo sostener su forma un instante y es con la cámara. Su figura y paso, son efímeros. Es tan parecida a la luz; se cuela entre los dedos, imposible de asirle. Entonces la fotografía me funciona para capturar un esbozo de su emoción, de su lenguaje, de su flujo y de su constancia. La imagen es una suerte de resistencia, una forma de preservar la memoria.

¿Cómo se ama a la poesía desde la radio?
Muy sonoramente. Es un deleite para el paladar y el oído. Es la fascinante y deliberada acción de poblar de imágenes el aire. Se ama la poesía en su trayecto de viento. Se ama la palabra, el ritmo, el mensaje, la forma. Se ama al poeta, y se ama a quién escucha. La poesía nace sonora, luego se hace tinta, luego la hacemos de nuevo sonora y la entregamos a domicilio. La casa natural del poema es el espacio, por eso, lanzarla desde la radio es fundamental.

Fresa amor. Foto: Cecilia Fernández

¿Cuándo se es locutora de las mariposas?
Cuando las ideas no paran, cuando no hay tiempo para contar cada ala y todos los vuelos. Cuando sólo es posible fluir de oído en oído, de pensamiento en pensamiento. Hacer radio es así…  un desplazamiento permanente y multitudinario. Mi voz es un aleteo más en esa polifonía de voces que cruzan el éter.

¿Qué entrega la fotografía en el sonido?
Una foto es un golpe sonoro, aunque siempre se piensa que sólo es un golpe visual. Existe un sonido implícito en la imagen, nunca nadie lo menciona, pero habita ahí y hasta es posible escuchar.

La foto en su cuerpo de papel y veladura entrega el replique quieto de la campana, el eco congelado, el canto en pausa. Es la fotografía la que mejor preserva el sonido. Quizás, sólo falta tecnología y tiempo para recuperar cada invisible y sutil vibración del aire guardada en ellas.

Giro del sur. Foto: Cecilia Fernández

¿Para qué la radio en las sensaciones de la cultura?
Para que exista. Comunicar es replicar lo que somos, hacemos, pensamos, sentimos o creamos (del verbo crear). La radio es un tipo de memoria colectiva y se convierte en un recuento inmediato de la configuración humana, por ello es fundamental trabajar permanentemente con los temas culturales.

¿Cómo pedaleas entre las sombras del mar?
Con paciencia y cautela, mirando siempre a tierra y al horizonte. Manteniendo rumbo e impulsada por el viento y mi fuerza. Y luego llega el día y el mar se extiende más allá de sus olas, se extiende sobre la amplitud de la tierra como la memoria sobre el cuerpo, entonces pedaleo con más fuerza y persistencia, pues finalmente andar el mar, es abrazar toda la circunferencia de lo posible e imposible.

Con-tacto. Foto: Cecilia Fernández

Yo también llovía

(de cuando era nube)

Inédito

Muchas veces somos
eso

una silueta en el paisaje
una llamarada
una ausencia
eso

el sonido imperceptible, impostergable
la ráfaga
el matiz
eso

la mudez en el nido
una lejanía
la pereza

eso

Inédito

Si eres azul eres silencio
garza blanca
y espuma

Inédito

Al sur lo define la línea
mudo horizonte
catedral de arena y agua
campanadas de peces

Inédito

H

La H
muda como el paisaje
dice lo que no dice

_
La H muda es Caribe
y mira
y calla
desde la más inminente quietud

_
La H
paisaje
insonoro
grácil salpica
infinitos
belleza desconcertante
muda
hay que decir
nada

Inédito

El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana

El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana
Componer canciones siderales al campo
Gabriel de Dios. Foto: Juan Carlos Luna

Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
José Martí

Hay momentos en los que la dicha se queda sin nada. Y va descalza entre las raíces y los espasmos matutinos. El alba llega y la música suena al tanto que el ruido de los pájaros se aglomera en la atmósfera y suena su jarana. Así, con pulque en mano conocí a Gabriel de Dios, quien se hace llamar El hijo de Tere y a sus atardeceres afables por la exploración musical en Guadalajara, Jalisco.

Ahora, años después, los caminos se han diferido pero el encuentro creativo se ha unido como los niños que juegan sin conocerse. Gabriel, es un tipo de espejo de humo que conmueve a las raíces. En su música vibra el canto de las percepciones de un México del campo. Y no sólo eso, también el juego de la mente y del espíritu que remonta en los cerros.

Cantar como sembrar. Foto: Juan Carlos Luna

Así la yunta, la palabra, el huarache y las plantas, son el contexto de su crecimiento. El maíz, el maguey y las variaciones del mundo que tienen las mariposas son el vuelo del canto. Y es que ha colaborado con Leticia Servín, Dr. Sotol, Ampersan y con otros más, que sus posibilidades creativas se van de lo experimental al canto tradicional. Así es Gabriel, un caminante del silencio que entre los remolinos se cubre con la piel morena y la música de ayer, de nuestra historia, que la hace prevalecer en cada interpretación suya. 

Le hace a la composición, dice, y yo digo que le hace a la buena onda y a la magia sonora. Así despacito entre los tiempos, uno al escucharlo, añora las noches de campo y las luciérnagas nocturnas de esos rincones. Así el río se cruza en la duermevela y lleva en él los cantos de la Tierra. Se vive en los procesos naturales desde sus instrumentos, y le sopla, le rasga, le golpetea y le canta y el sonido hace su parte. Y ahí Gabriel con la magia de la mente en cada una de sus composiciones. 

Gabriel le hace al campesino desde su música. Le canta a la labor del campo. Él se mueve entre el frío y el rincón de la sauceda. Le hace cosquillas al maguey y se conmueve entre el calor de la música en las celebraciones. Hace, en cada presentación suya, el margen de la voz que conspira entre el amor y los nopales. Y así va. La música de El hijo de Tere parte hacia la tradición, recupera y comparte lo que tenemos en México. Se ha convertido en uno de los músicos que persiste a raíz del ocasor

Su Cantar de siembra se manifestó en 2020. Y melodías de juego y de noche se anunciaron para descubrir esta faceta de tacto humano. No voy a mentir que me funcionó como un recuento de mis paseos en bicicleta por las veredas de aquella ranchería en que mi Viejo creció. Esa obra es un conjunto de experiencias en que Gabriel se ha volcado. Allá, A la sombra de un mezquite, está el recuerdo, y más allá va La Chaparrita por la Tierra labrada al lado de Juanita quien lleva los Elotes de Agua y mar hacia aquel Ensueño de luna sólo para decir Gracias a Dios. Y hay un camino que debemos recordar: la tierra y nuestros pies. ¿Cuánto hace que no estás descalzo ante ella? ¿Cuánto ha pasado de que tus huellas no acarician la naturaleza?

El hijo de Tere con Teresa Figueroa. Foto: Juan Carlos Luna

El hijo de Tere es la serenidad de la canción en esta lotería mexicana que nos tocó ser. Las gracias existen en su canto. El brillo del sol en el reflejo del maíz por igual. La caminata va con las estrellas y a nosotros nos conmueve el estar aquí. Y hace poco, lo viví desde el maizal. Pinté a su lado un paisaje, le hice ecos de colores a sus canciones. Nos vivimos. Fuimos el pulque y el maíz en el juego de las manos. Ambos, venimos del campo, o por lo menos, lo tenemos en nuestras historias, y eso ya es ganancia. 

Así es Gabriel de Dios, un escuincle entre la comunidad que juega con la música y le hace al curioso con cada artefacto. Que este texto a la tierra y a su música sea evidencia de que una vez fuimos agua y viento: gracias noche. 

El maíz entre las sombras. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué te llevó a crear magia sonora?
El planteamiento de esa pregunta me parece muy interesante porque la música y el canto han estado ligados a la medicina, la sanación y la espiritualidad desde siempre. Aún hoy en día marakames, chamanes y rezanderas suenan y cantan para lograr el encantamiento y la magia. Sin pretender compararme con esos grandes hombres y mujeres, yo diría que en mi música hay una búsqueda espiritual y mística, una búsqueda por la sanación propia y la de mi comunidad.

¿Qué te mantiene en color? 
Yo diría que el trabajo. Trabajar en el buen sentido, no desde perspectiva del capital en que el trabajo es un factor que hay que explotar para obtener riqueza. Trabajar como un acto de amor, una actividad que me permite relacionarme con otros humanos y mantener en movimiento mi mente, mi cuerpo y mi creatividad.

¿Cómo encuentras la oportunidad del sol y la luna? 
Son el sol y la luna quienes me encuentran. A veces me distraigo en con pensamientos y cosas superfluas, pero es imposible no voltear a ver un atardecer, una luna nueva, un sol brillante y recordar la magnificencia y la sencillez que significa estar vivo.

¿Cómo canta el maíz al dormir? 
Después de la cosecha, en el otoño, los campos descansan hasta el inicio del nuevo ciclo agrícola, durante estos meses milpas y parcelas se visten con el amarillo ocre del rastrojo, es entonces, diría yo, cuando duerme el maíz- EL maíz duerme y canta cuando lo acaricia el viento, es un canto de paz y de calma, a la espera del nuevo sol.

El sonido de una noche. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué hay de las estrellas? 
Las estrellas nos hablan del tiempo. A veces me pongo a pensar cómo sería la vida sin calendarios, los calendarios son necesarios, pues nos ayudan a organizarnos y estar todos de acuerdo en qué día estamos viviendo, pero no dejan de parecerme una imposición violenta. Pienso que sin calendarios voltearíamos otra vez al cielo por la noche, ver cómo se mueven venus y marte y las constelaciones. Tengo amigues a quienes les gusta el zodiaco y la astrología, pero la mayoría de ellas y ellos hablan del movimiento de los astros de acuerdo a lo que dice un libro y no por cómo se ven en el cielo. Pienso que deberíamos ver más las estrellas, encontrar nuevas constelaciones, nuevos signos y nuevos tiempos.

¿Cómo le escribes al amor?
Enamorado.

Soltar el silencio. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué dice el poema en la jarana? 
El son mexicano, como muchas otras tradiciones poético-musicales del mundo, es una expresión completamente sonora, no tiene escritura, ni para la música ni para los versos. La recopilación de coplas en medios escritos es relativamente reciente. Es quizá por ello que en el son, el ritmo de la palabra y el ritmo de la música están íntimamente ligados: En La bamba el pmnico de la jarana “canta” los acentos de la voz cantada ta-ta-tan ta-ta-tan ta-ta-tan-tan-tan; El pájaro carpintero o La petenera se cantan con una quintilla sextilla y entonces la jarana tiene que hacer un rematito extra para acompañar los últimos versos, lo cual da a estos dos sones un ritmo particular.

¿Hacia dónde viajas cuando compones? 
Considero mi proceso creativo como un acto intelectual, cuando compongo pienso en las cosas que conozco, lo que he leído, en el conocimiento que he adquirido escuchando a otras personas, en ocasiones recurro al internet para saber sobre ciertos temas, también me gusta escuchar la forma en que otros compositores han abordado el tema del que quiero hablar. Si viajo a algún lugar diría que es hacia mi historia, mi presente y el entramado social del cual soy parte.

Un campesino Matriolax y Gabriel. Foto: Juan Carlos Luna

¿En qué se construye el silencio?
En la paz y el respeto, si no tenemos paz será muy difícil que podamos encontrar silencio, de igual manera, es necesario respetar el silencio y la paz del otro para podernos escuchar. Pocas veces he podido percibir el silencio, una que recuerdo bien es cuando murió una mujer que fue muy querida en mi familia, se fue en paz, plena, y entonces oí el silencio de la buena muerte. También he escuchado el silencio colectivo de la expectativa y la esperanza, ese me parece un poco más común, hasta cuando el delantero estrella de la selección está por tirar el penal decisivo para pasar a cuartos de final, Juan Gabriel jugaba mucho con eso en sus conciertos.

¿Cómo celebras a la vida?
Cantando.

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Jaramar: de cantos, pintura y escultura

Jaramar: de cantos, pintura y escultura
La poeta que esculpe música entre la naturaleza y los viajes
Jaramar. Foto: Festival Quimera Metepec

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
Ángeles Mora

Fue en Zacatecas. Fue en abril. Fue en el Festival Cultural de aquella ciudad. Aquella noche. Un año antes que iniciará con esta aventura de Por favor, lea poesía. Fue en Zacatecas. Fue con Sergei y Juvidel. Fue con mi hermano. Fue una tarde de cantos. Fue un sol de pocos. Que mis labios te nombren. Y se sentó junto a mí para escuchar a Omara Portuondo. Fue en Zacatecas, muy cerca de Las Quince Letras, cuando el canto de Jaramar se volcó piedra en mí.

Roja fue la tierra, las piedras, el viento. Dos genias contemplé aquella noche. Dos mujeres de voz y esculturas. Ahí estaba Jaramar a mi lado en aquella geografía que amaría en tiempos futuros. Jaramar le cambió el ritmo al sintagma que portaba en mis palabras. Fue en Zacatecas cuando su canto nos vistió de trenes, de aliento y de mares. Aquella tarde conocí el canto de sus flores: en vivo y con el respaldo del público norteño. La sombra con el encuentro de la pesadumbre. La luna era espejo de Jaramar y yo ahí. Lo vi. La voz, los músicos, una memoria e intento esculpir estas letras. Se vuelve un sonido.

La memoria no es tan grande para describir lo que Jaramar nos entrega en cada actuación. Intento el poema y su voz dice Trenzas y risas. La memoria no soporta el instante de la vejez. Y ahí estamos. Zacatecas tiene unas piedras que saben de ella. Hay una evidencia de su música y desde las lágrimas No vuelvo a amar. Fue ahí en Zacatecas que Una flor amarilla le puso otro nombre a esa ciudad y pocos lo supimos. 

Esculpir cantos. Foto: Alejandro Pérez

Hace tanto tiempo que la escucho y es momento en que el sueño se deja ir por su voz y lo detengo. El sueño con con ella es el eco de nunca terminar. Poner su voz en el mediodía del trapeador y el momento toma forma. Es un florecimiento en las venas. Te vuelves método y alegría. Pero siempre nos dice como salir de ahí. Uno se puede creer lobo estepario o cien años de soledad y tiene para toda dramaturgia: ella es un teatro complejo.

Escribir el poema desde la escultura para dejarla en la pintura sonora, dice Jaramar. Y ya las palabras llegan a la médula. Pero ya escribió el poema y ahora lo canta. No se trata de la soledad, ni de la telaraña que somos. Su canto es una textura de México que persigue los aromas. Les llama. Les canta. Les es una mentira y una verdad. Jaramar se suelta y es entrañable. Su canto nos descubre en el silencio una mañana y nos volvemos etéreos. 

Nos lleva en la noche bajo cualquier ausencia. Así la palabra en la canción nos lleva al viaje que deseamos. Nos volvemos amor y perjurio. Así canta y el público entra a meditar. Somos la canción. Nos cautivamos y el silencio nos es y Jaramar dice que sigamos. Ella es piedra nube y uno en la calzada de flor, sol entre el desierto. Y doy vuelta en la glorieta del mar. Me vuelvo perfil en la playa y de ahí al bosque. Y los libros me siguen. Y la sincopa funciona como verso estipulado por las flores. Y ahí voy a buscarla. Sube y baja. Se vive, se canta, se pinta y se esculpe. Juega. Nos recrea y simpatiza. Vamos al poema. Nos vuelve pasajeros de sus viajes. Nos comparte el sonido desde la profundidad de las cuevas. Jaramar tiene terciopelo en el juego y brillamos. Nos evita el dolor. Le entrega senderos al camino con sus canciones. Hoy somos un poquito más de danza y de naturaleza.

Jaramar trabaja para que Todas las naves del mundo lleguen a nosotros este año. Y yo vuelvo a ella y las “canciones viajeras del mestizaje” están en espera por contagiarnos. Jaramar sigue en el canto y señala que dicho trabajo “busca reflejar y sintetizar mi búsqueda musical a través de un repertorio que recorre el camino del mestizaje”. Así nómadas como ella, vienen “canciones surgidas en la España de la época de la conquista en la que confluyeron las culturas cristiana, mora y judía nutriéndose unas a otras, cuya lírica y formas melódicas migraron como poderosas materias primas a México”. Así con el recuento de su pasión señala, “es la poesía novohispánica representada por la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz; canciones tradicionales mestizas; y mi propio trabajo de composición”. Por su parte resalta, “en la selección, como ha sido el caso en mis proyectos anteriores, es principalmente la voz de las mujeres la que habla”.

Ser vuelo. Foto: Alejandro Pérez

Siempre trae en la bolsa del mandado sus canciones viajeras y aborda, “el tratamiento arreglístico y de producción tienen como base el concepto de fusión. Parte de las formas y melodías propias de la España del Siglo XV para a partir de ahí viajar estilística y sonoramente al Siglo XXI, pasando por elementos de la música tradicional mexicana, sin dejar de lado las muy diversas influencias que forman mis capas sonoras y las de mi equipo de colaboradores”. Jaramar sigue con sus viajes y nos traslada bajo las nubes en distintos espacios, desde el puente al corazón, desde el bosque a la madeja de amaneceres. Cantar para esculpir una pintura es lo que hace Jaramar.

El eco de vivir. Foto: Alejandro Pérez

Aquella noche escuché a Jaramar abrirle a nuestra Omara que nos cantó a Pedro Infante y celebramos la vida. Ahí fue. A su lado, en que la poesía cambió otra parte de mi vida. Zacatecas fue testimonio de ese encuentro y ahora busco la silueta de la piedra en la que nos encontramos. Sus palabras, ancla de su sencillez, aquí se pintan solas,

Toco tus aguas,
trazo signos de cristal;
bebo tus aguas,
en tus alas niego el tiempo.
Tomo tu ropa,
pinto tus ojos,
dibujo tu aliento,
recorro tu país;
te olvido para verte.

(fragmento de Diluvio)

 

Música para la pintura. Foto: Alejandro Pérez

¿Cómo es la composición musical a través de la pintura?
Seguramente es distinto para cada persona, el camino que he descubierto a través de la práctica que funciona para mi es, en primer lugar con la palabra, los textos que serán la base y columna vertebral de las canciones. Al escribir – o elegir – esos textos, que existen antes de construir la música para ellos, los voy poblando de imágenes, y de esa manera lo que voy creando son pinturas sonoras que cuentan historias.

¿Qué se sostiene entre una naranja y Guadalajara?
El aliento con sabor a naranja.

¿Cómo construyes el océano Pacífico?
A través de los sueños; el mar es el medio imprescindible a través del cual viajo en mis sueños.

¿De qué manera eres augurio?
Puedo imaginar y transformar gracias a que sueño, ahí está la raíz de los augurios.

Viajera. Foto: Paola Toledo

¿Qué flor eres cuando cantas?
Una inventada, diferente cada vez.

¿Cómo surge la canción en medio del desierto?
Mientras conservemos el aliento, existirá el canto, aún en medio del desierto. Y nunca dejará de ser y decir y sonar, aún en el silencio.

¿En qué lugar encuentras los colores: playa, selva o bosque?
En realidad mis colores son los de la vida, toda: las paredes, los árboles, la ropa de la gente que anda en la calle, las banquetas, el agua, el cielo, la tierra… todo, una amalgama de colores en la que a ratos resaltan unos y a veces otros.

En el canto de la naturaleza. Foto: Fernando Reyna

¿Has volado en bicicleta?
En mis sueños.

¿Cómo sucede la gastronomía por tu paladar?
A través de lo que surge primero con mis manos, especialmente si es algo que puedo amasar y formar, como el pan.

¿Qué es lo que más te conmueve de la naturaleza?
Que es vida… y muerte, y vida de nuevo. Y así.

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Ceiba Studio: el color de la música del barrio

Ceiba Studio: el color de la música del barrio
Una casa en Santa Tere es un centro de creatividad musical
Ceiba Studio en su interior. Foto: César De Alba

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
José Lezama Lima

Ahí suena la guitarra. Un colombiano se hace el que no escucha pero sonríe. Más allá anda el fotógrafo dizque haciendo las invitaciones. Siempre presente, ella y las redes en movimiento, su calidez y presencia son equilibrio. Un tanto a la derecha de la mesa está con lentes y en expectativas de su moto quien saluda muy amistosamente. De vez en cuando, pasa desapercibido, pero el beat anda siempre por ahí en la habitación cercana a la sala. En la terraza el sazón también se hace presente. Y merodeando con recogedor y escoba, allá atrás, quien hizo posible todo este sueño. 

En el barrio de Santa Tere, en el poniente de Guadalajara, Jalisco, se encuentra una casa blanca con decoraciones en verde brillante que funciona como un centro creativo musical, y en ocasiones, de muchas cosas más: Ceiba Studio. Ahí la experiencia y la buena onda se hacen presentes desde que el sol sale. Las cuerdas se manifiestan y las voces por igual.

El aplauso como magia. Foto: César De Alba

Ahí, en ese espacio han pasado sin fin artistas y personajes que hacen de la ceiba el canto de la colectividad. Así nos vamos de uno en uno cada mañana o tarde por ese espacio. Uno merodea con sabor. Ahí, siempre se encuentra un diálogo. No sé de qué. Pero siempre hay algo de qué platicar y de qué aprender. Ahí la música es el eje, sin embargo, su puertita permite la entrada de la creatividad al por mayor, pues la poesía, distintas artes, y otras casualidades, están presentes.

Por ese sitio han pasado artistas como Ana Verá, Xiranda, Christian Nodal, 3MotherFunkers, Zalamaca Crew, The Trimmers, Color Hermano, Pneumus, y un número indefinido de músicos que le han dado vida y sonido a ese estudio, y claro, no podrían faltar Monte Bong y Monte Rebels, de quienes forma parte Raúl Márquez, el creativo tras este proyecto. 

El equipo y Monte Rebels. Foto: César De Alba

En Ceiba la magia se puede encontrar en la visita por igual de poetas, plásticos y otras causas del colectivo creativo de la ciudad. Ahí todo mundo baila o le da por charlar. Comerse un pedacito de pizza de hornito. Un buen café y hasta un agua de sabor. Ahí el ocaso es un momento iracundo para compartir ideas, soñar y prevalecer en la existencia con la mente en la creación.

Según las lenguas Ceiba nació por decreto de tener un espacio en el que los músicos independientes pudieran colaborar y generar nuevas ideas en la producción musical desde la escena local. A su vez, también funciona como un punto de encuentro en el que la creación encuentra reflexión y solidaridad. En Ceiba, la soledad es un eco del futuro y la compañía la esencia del presente. Clases de yoga, talleres distintos, exposiciones, charlas creativas, tardes con pequeños espectáculos en vivo, producciones comerciales, sesiones de fotografía o video, tamales, un champurrado, las papitas, y no sé qué tanto más, es lo que se puede disfrutar ahí. Es imposible no mencionar que es un sitio amable con las plantitas y que todas ellas brindan al espacio un fenómeno familiar, digamos, una amistad estrecha de la comunidad desde la intimidad. 

Si tienes un sueño sonoro se debe de aplicar todo la potencia posible, en primera porque, Isaías Guevara hará de tus piezas una genialidad con su ingeniería (le mete de su divina cosecha); además, Hiram Vielma brindará el sabor y el soporte en tus creaciones (tiene secretos, lo sé); con ellos, Octavio Espinoza te podrá guiar en la producción pasito a pasito (es muy paciente y un gran maestro); y con puntual visión, Sarvia Sosa te apoyará con sus comentarios y propuestas (siempre sonríe); y por si fuera poco, Emmanuel Durán te compartirá su experiencia que te hará vibrar (lo contemplo por sus viajes en moto y su ingenio sonoro); y con un espíritu peculiar, César De Alba te sacará una sonrisa en un retrato. Así es el equipo de Ceiba Studio, abierto, contemplativo y con rubros diferentes que hacen que la casa huela a tejidos de sonoridad. Todo esto sucede gracias al esfuerzo de Raúl, a quien ya mencioné, y que a su vez, es el personaje que piensa, crea, combina, dialoga y posibilita proyectos (así les pasó a los escuincles de Chapala).

El foro de Ceiba. Foto: César De Alba

Pero Ceiba Studio no es sólo eso. Es el compañerismo, la diversión, la esperanza y el alivio. Las razones de las lágrimas y el desasosiego de las nostalgias. Ese estudio es un encuentro único en Guadalajara, con su estilo, su familiaridad y las propuestas actuales. Ahí se concibe el amor, la oportunidad y el apoyo. Existe el brillo del sol, las plantas, el recuerdo de quienes se fueron y la vibra de nuestro presente.

En Ceiba el aprendizaje es circular, no hay más ni hay menos. Es una onda sonora repleta de versos de distintos sabores. Es una red complejísima pero con una apertura sana y esperanzadora. El barrio suena por las tardes. Las canciones llegan, los ensayos persisten, los errores suceden y todo eso florece a color y con sonido real. Ahí todo es raíz. Ahí todo mundo es planta y flor. Ahí uno se vuelve al viento y entre las manos, las cuerdas enaltecen la vida.

El son jarocho en expresión. Foto: César De Alba

Los sueños corren por esa casa y se despojan de todo prejuicio, nos existimos en el corazón de las palabras y al son de la música se baila con el arte. Ahí, las bicicletas tienen espacio y rutas por igual. Hay desvelos y desmañanadas que son evidencia de muchas piezas. Hay desgaste y pasión, la creatividad al por mayor en una sala de ensayo. Existe la desnudez y el teatro. Hay públicos para unos y públicos para otros y se converge en unión.

Ahí, los jóvenes no tan jóvenes enseñan a los jóvenes más jóvenes y huele todo a eterna juventud. La entrega es la misma para fulana y zutano. Ahí, la cocina, la jardinería, la música, la poesía, el teatro, la plástica y más, son la base de la esencia. La melomanía, la locura, el ruido, el sueño, las rastas, los aretes, los acordeones, las percusiones, las plumas, las latas, los cuadros, los pinceles, las cámaras, los ornamentos, todos, somos familia.

Donde todo sucede. Foto: César De Alba

Dentro del barrio de Santa Tere hay una casa que suena a colectividad sonora. Ceiba Studio, es hoy día un proyecto que ha entregado y colaborado con un gran número de creativos, y a su vez, en la actualidad ya es en un referente sonoro en la ciudad. Pícale y corre la pista, pues en el barrio, los colores suenan desde sus raíces. Música siempre. 

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DI: canción y marea de Sudcalifornia

DI: canción y marea de Sudcalifornia
Una voz que nace del eco del desierto y del mar
DI y la potencia de la libertad. Foto: Gonzalo Morales.

Y cuando caigo al sueño se hospeda en mi columna
Vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
Me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
Empollado en la muerte.
Gonzalo Rojas

Cuando llegué en bicicleta a Santa Rosalía, allá, en Mulegé, Sudcalifornia, me tomaron una foto. Ahí me encontré con un espectro de amistades. Estreché lazos enormes de felicidad y los paisajes fueron hermosos. Hoy día recuerdo con fervor aquella tierra y los sonidos que en ella se ocultan los vivo día a día. Así, por causas del destino llegué a DI, una chica con una voz de desierto y marea turquesa. En ella se postra “la universalidad”. En ella vive el aprendizaje que obtuvo desde pequeña y es que escucharla trae amplios recuerdos del polvo desértico, de allá, de la Cachanía, de donde es originaria.

La universalidad y la música. Foto: Pantone7548c

Escuchar la música de DI, que recién comienza a manifestarse en el ámbito, es una delicia que se contempla como una puerta a la magia de la península mexicana, y de ahí, al todo. Existe en su presencia y en su voz la lejanía de las distancias y nos vuelve cercanos a la quimera que llevamos dentro. El espacio es de sal y piel. Así nos vamos descubriendo poco a poco. Así, le cantamos a la vida y resplandece un solitario eco que se llena de cardones desde la flor que contiene una espiga colmada de arena. El mar resuena en DI y vuela con el sol como el “astro padre”.

“Ahora, conforme estoy madurando y estoy adquiriendo más experiencia, me doy cuenta de que es importante darle voz, a través de mí, a muchas cosas que pasan en mi entorno, pues hay personas que no tienen esta vía de expresión y de comunicación”, menciona el proceso de su crecimiento.

Así, desde muy temprano, hablamos de flores, de piedras y de mar. Amanecí con su nueva canción y estoy en el disfrute de escucharla. Entre palabras y acordes es preciso contemplar la sustancia de lo que viene. En ella vienen el polvo y la conformidad de saberse música, experiencia y papel. Le llamé y dejamos que la mañana fuera un eco de su tierra. Habrá que seguir la perspectiva de su voz joven y veamos qué es lo que sigue para DI. En ella la potencia de la libertad se manifiesta en esta nueva etapa y sugiere estar en el universo como una entidad única, en constante evolución, en una marea desértica que modifica el todo. Aquí ella y sus palabras, su música y sus horizontes.

¿Cómo te involucras con las flores?
Me gustan mucho. No me gusta que me regalen flores. Me gusta apreciarlas en su hábitat natural y rodearme de ellas en donde están.

¿Cuando tocas la tierra qué sinfonías hay?
Pues yo diría que las sinfonías de los ancestros, como también tocar las piedras, como que se abren portales de sonidos y mensajes de cientos, de miles, de millones de años. 

¿Qué ha sido Camila para ti?
Algo muy hermoso. Camila es una puerta hacia el amor que estoy sintiendo ahora por mí y para mí, y que esto lo he podido estar descifrando a través de darme un clavado con esa primera canción. Creo que hasta es de la buena suerte. 

¿Cómo fue su producción?
Fue en la Ciudad de México, la produjo Jorge Flores, que lo quiero muchísimo y fue en su estudio. La rola la hicimos él y yo. Yo compuse la rola y él produjo la rola. En la bateria estuvo Omar Avilés, sudcaliforniano de Guerrero Negro que también vive acá en la Ciudad de México, y le hablé y le dije.

Naturlaza hay en su música. Foto: Pantone7548c

¿Qué es la bicicleta para ti?
Es un medio de transporte muy divertido. Prefiero caminar porque soy un poco distraída. Cuando la uso me divierto mucho. Me gusta que me vuela el cabello, me gusta escuchar música mientras estoy pedaleando, me relaja, está cool la bici.

¿Con qué música comes y qué comes?
Me gusta comer comida vegana de preferencia o mariscos. Habitualmente como sopas, me gustan mucho los calditos. Escucho música electrónica, o Queen, Daft Punk, Parcels, o nada, a veces nada. 

¿Qué es el silencio para ti?
Majestuoso. Es algo que aprecio y valoro mucho cuando estoy sobreexcitada de la mente me gusta no escuchar nada. Cuando medito me gusta estar en silencio. Después de escuchar música en el estudio y lo que estamos haciendo, trabajando, me gusta el silencio. A parte de ser algo majestuoso y que te mantiene en el instante del aquí y del ahora, también es una herramienta para el descanso mental y eso es valioso para un artista.

¿Cardón o serpiente?
Serpiente. Porque se me hace más imponente, salvaje. Históricamente vinculada a algo negativo cuando sólo es una criatura hermosa e incomprendida.

¿Cómo fue la producción de Ser salvaje?
Ser salvaje es otro viaje, es algo muy importante para mí. Camila es como un rubí, es un rubí que está flotando ahí, en el mar y en el desierto, y en toda esa estructura natural que te puedes imaginar escuchando la rola, que se me hace muy chido. Pero Ser salvaje es algo que me costó más. Camila es una rola que hice porque sentí un golpe de inspiración. Pero Ser salvaje no está vinculada a ningún otro elemento más que a mí y esta necesidad de decir que quiero evolucionar, que quiero conectar con esto que estoy sintiendo, experimentar mi vida más libre, conscientemente, y valorar más cómo soy. Me tomó más tiempo estructurar los versos, el coro, hacer borradores de letra. Hice varios demos de la rola, se llamaba de otra forma. Al final terminé de escribirla por ahí de noviembre. Primero empezó de una forma, pausé y cuando retomé, todo fluyó muy bien. En enero me metí al estudio a dirigir todo y a que la rola sonara como ya por fin sabía que tenía que sonar. Estoy muy orgullosa, fue algo que trabajé más, un poco más, yo, conmigo, porque quería expresar cosas que jamás había expresado. 

Ser y descubrirse. Foto: Pantone7548c

¿Qué sigue para DI? ¿Algún EP?
Más rolas. Voy a terminar la mezcla de otra rola y después en unos meses veré qué onda, si va a ser un EP o no o qué. Pero hay más rolas, hay más música. 

¿Qué colores eres?
Negro, iba a decir, lo pensé así, negro, pero negro y rosa. 

¿Cuál es tu lugar favorito de Sudcalifornia?
Mulegé, la bahía. El Burro, la playa pues, cualquiera de esas. Pero El Burro es a donde me llevaban mi mamá, mi hermano y mis amigos siempre, y ahí me gusta estar.  

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Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo​

Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo
Tonalidades diminutas que perciben fuego en el canto
Cinthya Morado y sus artesanías. Foto: Daniel Mosqueda

Todos rompimos murallas
o cabalgamos quimeras.
J. L. Serrano

Subí 89 km desde la costa del Pacífico mexicano para llegar a Tepic, Nayarit. Fue un ascenso bastante prolongado para un sólo día pero aquello se convirtió en un gran reto. Llegué a la ciudad por la noche. Hubo oportunidad de estar por allá en un febrero. Ahí conocí a una cantautora natural, sideral, profunda: Cinthya Morado

En una noche con conocidos coloridos de la región, hicimos encuentro en Galería Lea, aquel espacio sencillo y elocuente de Salvador Lea, un pintor y amigo de la ciudad que nos permitió coexistir. Esa noche entre poetas, artistas y demás ingresé en la percepción de conocer a algunos cuantos. Ahí, entre el baile, la noche y las esperanzas andaba Cinthya Morado, mujer peculiar y de sencillo tono humano, a quien conocí mediante nuestra amiga poeta Frydha Victoria, y así, lo demás se convirtió en historia.

La naturaleza es creatividad. Foto. Cinthya Morado

Hoy, tiempo después, exploro en los acordes y me crezco entre la imagen de su Diminuta, obra sonora que recién ha surgido en 2020 para dar paso a todo una conceptualización de su personalidad. Seré honesto. Cada pieza de esa composición contempla historias potentes, divertidas y corren el riego en cada tono. Se anticipa el entusiasmo a respirar y sentir. La exploración de Morado es una estafeta entre el silencio de los gatos y las esperanzas. El discurso se carga de experiencias y de tonos climáticos que nos llevan por aquí y por allá como un juego repentino de infantes. 

Es divertida y se ausenta de la incertidumbre. Hay poesía en cada una de sus letras. La magia que persigue con esta obra va más allá del sonido que se repite una y otra vez, es un telar sonoro. Así la instancia voraz de la secuela de la vida, el canto y los instrumentos. Aquí hoy, una breve entrevista con Morado, quien actualmente radica en Aguascalientes, y que persiste en sus sueños de gatos, cerros y días.  

Por mi cuenta, paseo en bicicleta con el afán sonoro de El suelo que me lleva a la curiosidad y al divertimento. Vuelo. Y así me encuentro en un disco repleto de comedia, paciencia y laberintos muy mexicanos. Texturas imprescindibles que se mezclan en el delicado aroma de sus timbres. Diminuta es una experiencia especial, hay que estar en la hamaca y despertar con café para escuchar con detenimiento. 

¿Qué te atrajo a la música?
No sabría decir con exactitud qué me atrajo a la música, en mis recuerdos más primigenios ya está presente el jugar con melodías y ritmos, eran mis formas de divertirme, siempre hacía melodías con lo que iba observando o haciendo. Desde muy pequeña mis papás nos cantaban y ponían música de muchos tipos: crecí con Cri crí y con Nirvana, con Tracy Chapman y con Mozart. Me gustaba escuchar y a veces lloraba con algunas canciones aunque no tuvieran letra o no la entendiera. Creo que hay una conexión muy intuitiva de la que no reconozco un inicio específico, pero sé que mi sensibilidad tiene mucho que ver con mi primera infancia y mis primeros descubrimientos habitando este mundo.

¿Qué es componer para ti?
Hacer música es súper mágico. Cada vez lo entiendo de una manera diferente y un poco más profunda. Lo veo como si tratara de encapsular momentos, como de hacer mantras también. Hay veces que tengo ideas o emociones o me pasan cosas difíciles de procesar y al convertirlas en canciones y repetirlas una y otra vez, me entiendo mejor. Me gusta pensar también que tienen el potencial de conectar con otras personas. Creo que se lanzan al exterior y se quedan ahí, que dejan de pertenecerme del todo y se van combinando con el tiempo y el espacio. Es muy loco pensar en que alguien más también puede tocar y cantar piezas mías que nacieron en momentos tan íntimos. Cuando me muera mis canciones seguirán existiendo, eso es muy emocionante.

Flores y Cinthya. Foto: Regina Béjar

¿Qué es Diminuta?
Diminuta es un EP minimalista, íntimo y de autorretrato que grabé a principios de pandemia en Joi Records, en Aguascalientes. La oportunidad de grabar se dio de sorpresa y hacerlo fue un reto y un proceso rápido pero muy bonito. Dentro del equipo de este material está José Octavio Primero en producción y mezcla, Gerardo Castmu en masterización y Rubén Ramírez Díaz como músico invitado en dos de las canciones. La portada es una obra de Ulises Sarabia y el diseño gráfico de Ricardo López. Salió en septiembre de 2020 y está disponible en todas las plataformas digitales.

¿Hacia qué caminos poéticos es posible declarar tu obra?
No sé si se le puedan llamar poéticos a los caminos que traza mi música, me encantaría que sí, ésa podría ser una de mis metas. La poesía es un lenguaje muy sublime, toca fibras muy íntimas y profundamente humanas, es algo casi espiritual, creo. Para mí es un sueño poder lograr eso aunque sea un poquito; decir algo, provocar algo, evocar a la naturaleza, que quienes me escuchen sientan parecido a lo que yo siento cuando canto o cuando escribo lo que canto, me ilusiona eso.

Cinthya y piedras. Foto: Regina Béjar

¿En alguna nota la bicicleta?
Amo la bicicleta. Aprendí a andar en ella un poco tarde, a los diez años. Todavía recuerdo la primera vez que logre el equilibrio y avancé, estaba sola porque era muy miedosa, y también, muy insegura; entonces, cuando intentaron enseñarme nunca pude, fue hasta que lo intenté por mi cuenta y sin que nadie me viera. Fue muy liberador. Hubo un tiempo en que me movía en bicicleta a todos lados, a veces también salía a la carretera, es maravilloso. Debo decir que últimamente ya no la uso tanto, me recrimino eso. Quiero volver.

¿A qué te sumerges cuando piensas en gatos?
Cuando me preguntan si soy de gatos o de perros siempre respondo que de gatos. Me gusta mucho su autosuficiencia y su determinación. Creo que saben perfectamente lo que quieren y van por la vida hacia ello, siempre claros y honestos consigo mismos. Son ágiles y les gusta jugar pero también duermen mucho, a veces les gusta la compañía y la buscan, a veces no y se van. Son silenciosos y pasionales. Me gusta que cambian de humor y que siempre se entregan al momento presente.

¿Qué son los árboles en tus canciones?
Los árboles son muy importantes en mi vida, no sólo en la música. Me transmiten muchas cosas. Me gusta observarlos, he escrito varias canciones y textos sentada a la sombra de árboles, son un lugar seguro para mí, son también compañeros e inspiración. Puede sonar raro, pero yo creo que hay árboles específicos a los que he querido de verdad.

¿Alguna vez serás pájaro?
No creo. Amo mucho a las aves, pero me siento muy lejana a su naturaleza, soy más bien una de sus fans y soy muy, muy humana; ser ave es muy perfecto y yo no quepo ahí.

 
Cinthya Morada desde sí. Foto: Regina Béjar

¿Qué explota en tu pensamiento cuando cantas?
Cuando canto no pienso, es uno de mis estados menos racionales, es como si me fuera de mí misma, o más bien, como si viajara hacia dentro de mí y me ausentara de mis propios pensamientos para nada más sentir. A menos de que no esté cómoda en ese momento o no esté concentrada, entonces sí, me cuestiono.

¿Qué surge del viento y de ti para todos?
Relaciono al viento con el movimiento y con la vida, con dejarse llevar y con la libertad. De mí para todas hay honestidad.

¿Mar o sierra?
Sierra. Soy de Nayarit y crecí muy cerca del mar, sin embargo siempre he preferido las montañas, la tierra, las hojas secas y los árboles altos; aunque he de decir que ahora que vivo lejos, sí extraño mucho la playa.  

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Kitendi: creatividad en sistemas de carga

Kitendi: creatividad en sistemas de carga
Una marca tapatía que interactúa con arte y diseño
Matriolax por Kitendi. Foto: Miguel Asa

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo todo y nada en una postal.
Gabriel Gamar

Desde muy pequeño cargar para mí representó comodidad. Sobre todo si la escuela y esas cosas de la vida diaria de una ciudad representan la movilidad de instrumentos, herramientas, chucherías y no sé qué tanto más requiere uno en el día a día. Cargar no debería de considerarse como algo simple, pues también, en nuestra época, las situaciones humanas se han diversificado de una manera exponencial por todas partes. 

En Guadalajara, México, desde hace cuatro años, una marca local se ha apropiado de generar un público divertido, práctico y creativo: Kitendi. De la mente de César Preciado, mejor conocido entre la comunidad como “Cheech”, surge este proyecto de “sistemas de carga para la vida urbana”, como él lo denomina. 

Modelos Maíx y Frijol en pareja. Foto:

Y así, durante ciertos viajes, hechuras por aquí y por allá, colaboraciones con diversas comunidades creativas y con una experiencia particular en el ramo, entre la música y la buena onda, y a base de grandes cargas de trabajos y de sueños, surgió toda una línea de artefactos adaptables al cuerpo humano que funcionan para portar lo que consideres y necesites en tu vida diaria, desde una kengur (cangureras con estilo propio) hasta mochilas de gran espacio y soporte.

Kitendi es diversidad.

Pero eso no es todo, Cheech también ha involucrado su experiencia en el diseño industrial hacia la parte creativa como colaboración, parte de ello han sido participaciones con la artista Carmín Gortez, el tatuador Miguel Isaac y otros más. 

Es importante conocer que Kitendi es una pequeña empresa que poco a poco ha ganado mercado en el occidente de México, y que ello representa, la constancia de un emprendedor y la búsqueda de sus propios objetivos. Y lo bonito de esto es que la idea surgió arriba de una bicicleta, sí, al pensar en la comodidad de andar en ella con sistemas de carga prácticos, ergonómicos y atractivos.

Modelo Kaléndula con mural Matriolax. Foto: Miguel Asa

Así, después de un año de trabajo, me he unido a Kitendi con el estilo plástico que hemos compartido con Proyecto Ululayu: Matriolax. Sí, las líneas que forman módulos orgánicos de flora y fauna se han inmiscuido en una serie de productos de dicha marca: kengur, bolsas y otras sorpresas más. Han sido cuatro piezas las que he creado especialmente para esta línea y cada una es un paisaje particular: Frixol, Árnika, Maíx, Kaléndula.

Dicha colección está inspirada en las personas que trabajan en el campo y en aquellas que curan a través de las plantas. Tales piezas corresponden al reflejo de mi integración familiar y esto es prueba de que la Tierra está presente en nosotros. La creación de estas mismas tuvo que ver con ciertos recorridos en carretera que realicé en bicicleta con un par de kengur que fueron parte de ellos. 

Porque hoy día hay sistemas de carga creativos, te invitamos a disfrutar de esta colaboración y ser parte de nuestros proyectos. Adquiérelas en el Showroom del #Kitendismo o en su tienda en línea. Un placer cargar con ello. 

Maíx, Frixol y Árnika, tres de la colección. Foto: Miguel Asa.
Ergonomía es Kitendi.
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Versonautas: galaxía de letras y notas

Versonautas: la galaxía de letras y notas
Conjunto sonoro que es un performance más allá de lo poético
Ana Sanahuja y Roqui Albero son Versonautas

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor 
dice que el amor es muerte es miedo 
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe   
Alejandra Pizarnik

En septiembre de 2014, previo a mi primer viaje extenso en bicicleta por las costas del Pacífico mexicano, la poesía estuvo delante de mí en un escenario desde la voz de un hombre peculiar. Fue en un concierto de Jorge Drexler donde percibí la intensidad de aquel hombre en algunos versos junto a su trompeta. Aquella noche fue la presentación del disco Bailando en la cueva del compositor uruguayo ante el público tapatío, su cumpleaños 50, y de una breve intervención no pensada de nuestro lema ante todo el público: Por favor, lea poesía sonó ahí. Quién iba a saber que horas más tarde sería una juerga enorme al lado de todo el grupo de Drexler, y por igual y muy gratificante al día de hoy, el nacimiento de una amistad fraterna con los Versonautas

Versonautas son amigos, amantes, comparsas.

Sus nombres son Ana Sanahuja y Roqui Albero y ambos dan vida a este proyecto intergaláctico en el que la poesía y la música se fusionan para crear una inmersión colorida, así lo digo porque así lo creo. A Roqui lo escuché versar aquella noche junto a su trompeta, y aquello, más allá del concierto, me dejó atónito. Los lazos se crearon y después tuve la fortuna de conocer a Ana y de todo lo que son como pareja: un ente explosivo de creatividad conjunta. La poesía y la música ha sido nuestro tema a lo largo de estos años. Ha sido una magia contemplativa estar en el desarrollo de este enorme proyecto hasta el día de hoy desde la distancia.

En 2020, la flor de Versonautas surgió, Astro Azul, un álbum experimental, performativo y delirante. En él las palabras se hilan de cada nota y forman una escultura sonora única en su tipo, en el que el amor, la exploración en pareja y las aventuras poético-sonoras culminan en momentos de pensamientos inauditos. Entre ellos, la participación de amigos expandieron las posibilidades para entregarnos un eco puntual, estratégico, esperanzador, así la voz de Silvia Pérez Cruz, Jorge Drexler, Raúl Rodríguez y otras participaciones, se congregaron para amarnos de una manera especial desde la versopsicodelia.

Contemplar esta obra es anticiparnos a las melodías discretas y a los misterios que anuncian sus versos. La poética con la que se construye es elemento completamente diverso y entrega en cada composición lugares asimétricos, en los que uno se puede estar y rodear las mañanas, las tardes y las noches en soledad o en pareja. Al final de los días, Astro Azul, es un disco que en el pedal entrega efectos alegres, sensibles y nostálgicos de la vida que somos.

Escuchar este disco y dar cuenta de la potencia que se ha requerido para impulsarlo es notar la presencia de la posibilidad creativa de dos personajes y toda la fuerza que han implicado, algo así como una de las maneras mágicas del amor desde dos hacia el todo. Versonautas, desde hace meses, me ha dado otra posibilidad de la poesía, más allá de las páginas y de los libros, en sí, en los momentos en que me encuentro alrededor del viento.

Ahora es cuando siento la exploración del eco y de las notas de todas las atmósferas. Esta obra es para disfrutar a media luz, con un poco de agua y un sorbo de vino. Es buscar la permanencia en el mismo poema, en el estallido de las galaxias, en lo que nos come lentamente. Astro Azul entrega la posibilidad del éxtasis de la palabra, el caminar eterno de las bicicletas, es a la vez aurora y ocaso, la apertura y el cierre de las posibilidades. Astro Azul, es más que un universo.

Astro azul es la experiencia y la búsqueda de diversas atmósferas en el que el juego y la memoria se han fragmentado para convertirse en un reflejo de amor infinito de la poesía y la música contemporánea: un delirio sensorial de un viaje de dos. Y para ello, sus propias palabras como en el Poema del amor a veces

se tocan antes
están siempre a punto de tocarse
no se hablan
se balbucean
se chocan las bocas
se pasan el aire
labios de caballo 
se cierran los ojos
se pasean las almas por el oscuro del otro
se sobrevuelan
y se encuentran los cuerpos
y se piensan a la vez 
hacen nacer el pensamiento
y juntos
lo dejan morir
hacen nacer el gesto a la par
y juntos
lo disuelven

Versonautas es una palabra obsequiada por Jorge Drexler

¿Qué es Versonautas?
Versonautas es una aventura que emprendimos hace 7 años, un lugar en el que nos encontramos para crear, el espacio que nos permite mezclar vida, profesión, arte y aprendizaje. Es un modo de navegar sin ataduras en un mar de posibilidades infinitas. “Versonautas“ también es una palabra que nos regaló el cantautor Jorge Drexler. 

¿Por qué crear un proyecto de poesía y música?
No sabemos si hay un porqué, todo partió del amor, del gusto por hacer cosas juntos, de encontrarnos en otro plano. Los dos somos músicos con formaciones diferentes y la poesía fue un punto a partir del cual hacer música en libertad. Dedicarse a una disciplina artística o género en concreto puede, a veces, impedir que surja la creatividad, ya que siempre hay un peso de la tradición que ya nos marca unas pautas. El hecho de agregar un elemento nuevo para nosotros ha sido el faro que nos ha guiado hacia un lugar en el que lo creativo esté por encima de lo técnico.

¿Cómo fue que se encuentran como amigos, pareja y ahora colaboradores de proyecto?
Quizás fue el hecho de detectar en nosotros más afinidades que las puramente sentimentales. Nuestros sueños se encontraban, nuestras conversaciones se encendían y nuestros anhelos coincidían. Sabíamos que el juntarlo todo tenía su riesgo, podíamos ahogar nuestra relación, pero eran tantas las ganas que decidimos apartar todo atisbo de duda y arriesgarnos, siempre tuvimos una intuición positiva al respecto de implicarnos en lo profesional. De algún modo, vimos que, además de amantes, éramos también las piezas perfectas para poner en marcha un sueño común.

Ana y Roqui desde hace siete años: Versonautas

¿Dónde se originó este proyecto y por qué?
El proyecto nació entre Valencia y Barcelona y la excusa fue un proyecto que pretendía unir la gastronomía con el arte. Creamos un festival llamado Saborasons, palabro inventado en catalán que sería algo como Saborasonidos. Ahí creamos el Banquete de las Palabras, un viaje a través de poetas que versaban sobre la gastronomía. Fue un espectáculo multisensorial en el cual un amigo chef convertía lo que recitábamos en una experiencia gustativa a través de sus platos en forma de pequeñas catas.

¿Qué proyectos o creativos han influenciado a Versonautas?
Al inicio nos conectó mucho el cine, un arte que navega entre la fotografía, el texto y la música con una fluidez inspiradora. También hemos bebido de todo tipo de música, aunque cada vez más, nos interesa la creación del espacio sonoro, de las texturas.

¿Cómo es un espectáculo de Versonautas?
En estos seis o siete años hemos ido evolucionando y ahora, con Astro Azul, nos parece que se ha dado un nuevo comienzo, una metamorfosis muy deseada. Planteamos un ritual escénico que se desnuda ante la audiencia. El viaje no para, durante una hora todo se va hilvanando mediante la música, el sonido abstracto, la luz y la palabra. Esta aparece deconstruida, recitada, cruda y cantada.  Juntos partimos de una nada creadora y vamos mostrando capas hasta llegar a la pura sencillez.

¿De qué manera llevan su proceso creativo?
Siempre hemos ido componiendo nuestro universo a partir de lo que nos sugería la palabra. Esta era el motor a partir del cual elaborar un discurso sonoro. Al inicio buscábamos los textos que nos dieran esa fuerza creadora hasta que, en este último trabajo, decidimos empezar a escribir y pensar en un todo escénico ya desde el inicio. En este proceso, la escritura no pretende formar parte de un poemario, es en sí un modo de sincerarnos con nosotros mismos. Nuestros textos, más bien son ideas sintéticas, partículas de poesía, spoken songs o canciones habladas.

¿Qué imagina ser cada uno de ustedes, flora, fauna, algún ser en especial?
Nos conformamos con dejar que aflore aquello que en nosotros pida nacer, embriagarse de luz. Queremos ir abandonando las cáscaras que se van marchitando y que surja el nuevo ser que nos habita. Nuestra idea es no reprimir nada por miedo, salir de todos los armarios en los que a veces encerramos al espíritu, el cual que no entiende de patrones establecidos.

¿Qué momento identifican como mágico para Versonautas?
La magia en un escenario se da, es difícil controlarla, ella decide cuándo mostrarse. Nos parece que hay que invocarla desde lo erótico, desde el juego…aunque un poco de ron o de tequila antes de empezar ayuda mucho…jaja…Destacaríamos los tres días de estreno el pasado mes de septiembre en la Sala Carme Teatre de Valencia, en muchos momentos nos sentimos flotando sin tiempo en un espacio infinito. Las miradas luminosas y las palabras emocionadas de la gente, también son momentos mágicos. 

Versonautas es creatividad en complicidad

¿Cómo es la relación música y poesía para Versonautas?
Es un idilio muy antiguo, algo que viene de nuestros ancestros. Creemos que hay una voz que nos indica siempre cuándo está funcionando esa alquimia. A nosotros nos gusta que ambas cosas estén vivas, que ninguna sea demasiado protagonista respecto a la otra, aunque hay veces en que se requiera cierto matiz para que todo funcione. Lo importante es que uno sienta que ha hallado el milagro, que haya búsqueda.

¿Desayuno, comida o cena?
Somos como vosotros, comer, beber, cocinar, hablar, compartir recetas… A pesar de su fuerza, no nos ha convencido la cultura sajona de comer como puro trámite. El encuentro alrededor de una mesa con productos frescos es un ritual sagrado. “El hombre, como decía Montaigne, más que un animal racional, es un animal que cocina”.

¿Pedalear? ¿Individualmente o en familia? ¿Hay poesía en ello?
En todo se puede manifestar lo poético, cómo no. Valencia es una ciudad ideal para el pedaleo. Nosotros nos movemos en bici por toda la ciudad, también con nuestro hijo sentado en su sillita. Cuando vengas lo podrás comprobar.

Ana y Roqui son versopsicodelia, spoken song y performance.

¿Cómo se contemplan en México?
Para nosotros, la América con la que compartimos idioma y lazos es fundamental y México es, sin duda, la tierra mágica por excelencia, algo que puede que España haya perdido. Ambos hemos visitado México en varias ocasiones y siempre hemos quedado embriagados de una fuerza arrolladora. Vosotros tenéis fuerza y ternura, sois apasionados y generosos. A nosotros México nos parece que es un universo en sí mismo, inabarcable hasta para sus propios habitantes, lleno de misterios, culturas ancestrales, climas diversos, plantas maestras…quién podría no ser un amante de esa tierra milagrosa. Estamos seguros de que, en cuanto podamos, en cuanto despertemos y recuperemos la libertad arrebatada por una supuesta seguridad, nuestro Astro Azul volará hacia vosotros. 

¿Qué hay de la Tierra?
La tierra, como el cuerpo, habla en un lenguaje que hemos desoído demasiado. El último siglo ha sido el de los grandes avances tecnológicos y también el de los grandes retrocesos medioambientales. Sabemos que nos ha podido la opulencia, que hemos creado un sistema depredador y que ahora nos toca parar y escuchar. Pero, conociendo bien lo excelso y lo perverso del ser humano, nosotros desconfiamos hasta de las buenas intenciones, no sea que surjan nuevos tiranos que, invocando el paraíso, vengan a sustituir a los de ahora, debemos estar atentos también a eso, a ese nuevo business verde. Queremos pensar que la conciencia acabará aflorando como una marea de amor a lo que somos: materia orgánica, tierra, partes de un gran ser vivo. Arrasar la tierra es una forma de auto lesionarse.

¿Qué labor social ha hecho Versonautas?
Concretamente en Versonautas y fruto de la casualidad -pues surgió a partir de la demanda de varios profesores de literatura-, creamos hace unos años el proyecto educativo “Abrapalabra”, taller-recital pensado para acercar la poesía a los adolescentes. Los estudiantes de ESO y bachillerato se encuentran en un momento de vital importancia que los lleva a preguntarse sobre las grandes cuestiones humanas: el amor, la vida, la autoestima, la muerte, el más allá, el universo interior, la propia vocación … Sin casi ser conscientes, a través de las canciones, ya han comenzado a sentir cierta inquietud poética que les ayuda a afrontar sus preocupaciones. Nosotros intentamos mostrarles la utilidad que puede tener la poesía en sus vidas y el efecto transformador que ésta puede generar en ellos. Acudimos a los institutos mediante un recital-taller participativo, son sesiones muy transformadoras.  

¿Planes a futuro?
Seguir haciendo lo que nos llena: escribir, componer, grabar, actuar, reflexionar, crear sinergias con otras personas y con otras disciplinas artísticas, cuidar a nuestro hijo, encontrar un lugar en el que cultivar, aprender cosas nuevas, etc. Cuesta pensar en el futuro, últimamente pensamos más en “construir un presente”, quizás sea la mejor lección de todo esto. Pero nuestro más ferviente deseo es que despertemos como especie, que nos dejemos conmover por la belleza, que perdamos el miedo y que a ningún ser humano le sea arrebatada su dignidad. 

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Docu al parque: palomitas en comunidad

Docu al parque: palomitas en comunidad
Colectivo que promueve documentales mexicanos en espacios públicos
Docu al parque en vivo. Foto: Itzmalín Benítez

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Julio Cortázar

“Vamos al parque”, le dije a mi Viejo (a mi papá le dicen Panchito en el rancho), “porque habrá documental y palomitas”. De ahí del barrio de Jesús le dimos dirección a la vida hacia el parque del Refugio; la verdad: estábamos a unas cuadras. Ingresamos a la reunión. Todo el público estaba enfocado en la pantalla en la que las imágenes de un patinador ruso se desplazaba al hacer una que otra pirueta en la patineta. Mi Viejo a media luz no alcanzaba a ver. Me puse a su lado y le leí lo que decían los subtítulos. En el cambio de documentales le di una explicación a medios chiles y fue cuando un sentimiento lindo me sobrepaso: “esto es un documental en el parque”.  

En el Parque del Refugio. Foto: Itzmalín Benítez

Cada miércoles, en ocasiones de manera semanal y otras quincenal, sucede Docu al parque, ahí en el Refugio o hacia dónde les indique el huarache. Fue en San Isidro Mazatepec, en la realización de un taller con Documotora, una productora de documentales participativos, en donde una reflexión colectiva dio paso a este proyecto ciudadano, “hay un chingo de documentales pero no un espacio para verse”, dijo Itzmalín Benítez, quien hace tres años con sus compañeros decidieron proyectar este tipo de cine en el espacio público.

“A mí me parece muy bueno porque es una forma que tenemos muy sencilla de acceder a información de lo que sucede en el entorno y que a veces por apatía o por falta del tiempo, no nos enteramos. Los documentales que han presentado me han sido muy útiles”, señaló Francisco Guzmán, vecino de Mezquitán quien ha acudido de manera constante durante tres años.

Con “un montón de voluntarios” que invitan, entre artistas, gestores y ciudadanía en general, son los que apoyan en cada evento de manera desinteresada con el fin de que ese tipo de movimientos tomen más fuerza entre la ciudadanía.

“Una importancia del cine, en especial del documental, es poder hablar de aquellos temas o poder manifestar de alguna manera, por así decirlo, la inconformidad o algún problema social que nosotros estamos viviendo, una representación sobre algo de lo cual no se nombra y no se está mencionando en ningún lado”, compartió Daniel Guzmán.

Atención del público. Foto: Itzmalín Benítez

El objetivo de Docu al Parque es encontrarse con la comunidad, y a través de las temáticas que presentan, hacer reflexiones en colectividad sobre las problemáticas o realidades que vivimos con el fin de compartirlas, dijo muy entusiasmada Laura Vázquez, quien es parte del colectivo. A su vez, la recuperación del espacio también es algo que promueven, además, buscar la amistad con los vecinos, y sobre todo, estrechar las relaciones entre ellos pues su realización ha entregado beneficios, “la convivencia, el encuentro, el intercambio de ideas, las reflexiones que se han dado, creo que es algo muy importante, el sabernos escuchar”, dijo Cecilia Medina quien agregó que “lo más interesante es ese momento en el que la gente se puede reunir a ver un documental, pero que al mismo tiempo, convive y se recrea”.

Invitado en diálogo con el público. Foto: Bernardo Castro

Sin embargo, el proyector no se queda ahí. Docu al parque se ha movido en distintas ocasiones para presentarse en otros sitios de la ciudad, por mencionar, la Expenal de Oblatos, la Plaza de la República, en diversos centros comunitarios, y más allá de la ciudad, por Chapala y Tequila. A su vez, también se han movido en bicicleta y lo han hecho para contemplar, en un breve recorrido, los antiguos cines del Centro de Guadalajara; y en otra ocasión, fue con una rodada convocada por la banda de Bici Negra para realizar la proyección en el jardín de Analco, el barrio más viejo de la ciudad. 

En la Expenal de Oblatos. Foto: Fernando López

La mira del proyecto siempre ha sido comunitaria, pues existe la posibilidad de que realizadores presenten sus trabajos audiovisuales, así como el que distintos públicos puedan observar y dialogar con los mismos. A su vez, han participado con distintas organizaciones que han presentado sus labores sociales, esto, a la par de documentales relacionados con los temas que cada una de ellas aborda. También existe la apertura para la presentación de propuestas locales, con ello, la potencialización de las reflexiones con el público. 

En la Plaza de la República. Foto: Itzmalín Benítez

Como en todo proyecto cultural e independiente, existen los sueños. Los de este equipo se enmarcan en el seguimiento de sus actividades, en la continuidad de su gestión, llegar a más público, y sobre todo, ser autosustentables. Esto último se debe a que el recurso con el que se mantienen proviene de la venta de distintas chucherías, palomitas, pulque, artesanías y otros productos creativos, como el volumen de documentales que hicieron con el material de Verano Documental que hicieron en 2018, por lo que en cada sesión el público tendrá diversas opciones. Y no menos importante es el botecito para la cooperación, la cual es voluntaria, misma que es vital para que siga en funcionamiento este proyecto.

Este colectivo considera que el documental es una herramienta de denuncia, de concientización, de sensibilización y de reflexión, pues tiene un papel importante en el sentido de transmitir algo y, más allá es, ser “un punto de reunión dentro de un barrio, la recuperación de un espacio público y la creación de diálogo acercando a los documentalistas y a los documentales mexicanos a un público que puede ser conocedor o desconocedor totalmente, eso es algo como muy bonito, es muy abierto” precisó Bernardo Castro, miembro activo. 

Hacer comunidad es la misión. Foto: Itzmalín Benítez

Gracias a todos los que hacen posible estas acciones ciudadanas porque compartir la emoción de esta labor es manifestar la presencia de la unidad y la solidaridad. Después de todo, observamos un documental con imágenes de la Ciudad de México en las que se manifestaban algunas problemáticas sociales. Mi Viejo no comió palomitas, pero yo sí. Nos alcanzó la noche para compartir, para darnos cuenta de que el barrio está presente y de que la oportunidad de hacer ciudadanía está ahí. Regresé a casa para celebrar la vida y pensé en cómo sería un documental de poesía en la ciudad. Estos chicos sí que inspiran. Así que ya sabes, los miércoles por la noche en Guadalajara hay alguien que comparte documentales. Gracias Docu al Parque

Río Santiago: cuando el arte exige justicia​

Río Santiago: cuando el arte exige justicia
Más de un centenar de personas crean intervención artístico-ambiental
#JusticiaRíoSantiago. Foto: Sandra López

Yo quiero vivir al día,
lo mismo que las aves.
Ser pan de todos, sí
de los que conmigo muerden la agonía.
María Elvira Lacaci

Matriolax colectiva. Foto: Sandra López

“No soy de Juanacatlán, pero la vida nos trajo aquí y desde que llegamos no puedo acostumbrarme a cruzar todos los días el puente para ir a Guadalajara y ver el río todo lleno de espuma y enfermo”, me compartió Fátima González, oriunda de Tijuana, Baja California, y residente del lugar desde hace siete años. 

La problemática ambiental que vive el río Santiago, uno de los más importantes de México, que nace en el Lago de Chapala y recorre 475 km hasta desembocar en el océano Pacífico en Nayarit, día a día suma más consecuencias negativas por la falta de atención de las más de 400 empresas que desechan sus aguas residuales, y por igual, de los distintos niveles de gobierno. Lo anterior se debe a que dentro de la zona existe uno de los corredores industriales más importantes de México, el de El Salto, situación que también afecta al municipio de Juanacatlán y a otros tantos más del acuífero. 

Fatima, Bernie, Sandra y Giselle. Foto: Miguel Asa

La cuestión ha tomado diversos momentos y en los últimos años ha desatado polémica en la comunidad local, estatal, nacional e internacional, ya que la contaminación que ahoga al río no sólo ha afectado al vital líquido, si no a todo lo que tiene contacto con ello, peces, aves, plantas, árboles, y no de más, al ser humano. Lo anterior se manifiesta en investigaciones diversas en las que se han encontrado plomo, cobalto, arsénico, cadmio, mercurio, otros metales densos, así como distintas sustancias cancerígenas, sin olvidar los desechos comunales. El fétido aroma que existe en la cascada “El salto de Juanacatlán” entre ambas localidades, se debe a la caída del agua, acción que produce ácido sulfhídrico en gas, lo que puede determinar algunas enfermedades respiratorias, digestivas y nerviosas en el humano.  Pese a que existen distintas plantas tratadoras de agua, aún no es suficiente para contener todo lo que conlleva el río. 

Contra dicho problemática surgió #Copspappit #RíoSantigo, un evento activista-cultural que tuvo como objetivo la toma de un espacio público de Juanacatlán como manifestación de justicia, atención y prioridad a tal situación. Para ello, bajo la iniciativa de Angélica Barba de Barrio Fértil, con el apoyo de Giselle Franco de Mundo Libre Verde y de Miya Tafari de Proyecto Bacteria y más pobladores hicieron un llamado al público en general con el fin de compartir color, acción, música y colectividad por nuestro río. Todo esto fue gracias a las aportaciones de Carlos Sánchez Loza, Delia Franco, Brad Wright, Pablo Larios, Gladys Canelas y Arquímides Flores.

Durante dos días, sábado 10 y domingo 11, octubre de 2020, el arte corrió por cuenta de los muralistas Disturbio Canibal y Sempoali Caligrafía; así como un dibujo y versos del tatuador y poeta Fausto VI, el primero dimensionado por el arquitecto local Bernie Camacho con apoyo de Sandra López, y los segundos, grabados sobre concreto por Tato; y además, nosotros, mi sobrino Danale Rodo y yo, con nuestra Matriolax colectiva que generamos con la disposición de Fátima, Benjamín, María, Denisse, Ricardo y no sé cuántas personas más que le dieron color al lema que plasmamos juntos.

Por su parte, la música no se hizo esperar y en algunos momentos del evento los versos de la calle surgieron en voces de raperos locales, MC Orby, Vientos del pueblo, Takus Loco, Demente, Jah More y algunos más. Por su parte, el cierre del evento contuvo las mezclas guapachosas de Cumbia Cartel bajo la esperanza del ocaso: la misión se había cumplido. Así, el registro audiovisual estuvo a cargo de César María de la productora audiovisual El chiste es hacer.

Tal evento logró una emoción pues “para mí fue una experiencia inolvidable, siempre creí que no sería capaz de hacer un trazo recto, pero en este lugar aprendí que siempre habrá personas que estén dispuestas a compartir su conocimiento sin recibir nada a cambio, vi que la unión hace la fuerza, y en estos días todos nos unimos por el pueblo y para el pueblo. Conocí artistas que tienen un gran corazón y verdadero amor al arte”, me compartió Sandra, quien estuvo apoyando a Bernie en todo momento, siempre, muy atenta y dispuesta a la colaboración.  

 Por otro lado, Benjamín, uno de los chicos que estuvo durante los dos días y que pintó a la par de nosotros relata “en mi experiencia fue algo muy grato de hacer, es algo que, aunque la comunidad no haya tomado mucha parte, esto los involucra y tarde que temprano, lo van a ver. Espero que sea semilla de esperanza, de querer defender nuestros espacios y nuestros recursos”.

Con este acto, la comunidad de Juanacatlán, con el apoyo de personas de otros municipios, manifestó su preocupación por su habita, su flora y su fauna. De esta manera, el diálogo creativo funge como arma de protesta pues el esfuerzo y la petición no es de una ni de uno, sino de miles de personas más allá de las fronteras municipales que les atañe, el agua es de todos. 

Pieza de Fausto VI escalada por Bernie Camacho. Foto: Sandra López

“Como experiencia personal, es una actividad prácticamente nueva para mí, desde mi área de formación, pero que se relaciona ampliamente con la recuperación de espacios públicos ‘olvidados’, que retoman un nuevo significado y hacen que se mire y se integren en el contexto actual, un entorno de expresión, con un mensaje artístico de protesta por el tema medioambiental y donde todos -contados- pusimos nuestro granito de arena para contribuir con ese mensaje”, escribe Bernie, a quien conocí un día antes debajo del sol caliente de media tarde en el lento proceso de un dibujo a escala. 

El incentivo de comunidad se manifestó en las personas del lugar pues “una observación que tuve fue que la gente de por ahí es muy buena onda, todos quieren lo mismo, principalmente, que se limpie el río”, me dijo Danale, quien con más de diez horas de trabajo y cansancio acumulado, dispuso sus palabras conmigo ya entrada la noche del primer día de mural: ellos, los jóvenes, siguen nuestras luchas. 

“No cabe duda que cuando algo es necesario, las cosas encuentran su camino y esto era necesario: que nos uniéramos, que nos encontráramos, que ese espacio recuperara la vida y que tuviera voz. Estoy muy feliz de poder haber sido parte de este momento. De haber conocido, sin planearlo, los rostros detrás de proyectos tan nobles, hermosos y valientes. De haber pasado un rato con mi familia y juntos ser parte de algo mucho más grande, que deja huella en nuestro actual hogar”, Fátima cerciora animosa y agrega, “también estoy muy agradecida con los organizadores y con la gente que participó porque estoy segura de que este es el inicio de muchas cosas más que vienen a partir de ahora”. #JusticiaRíoSantiago