Ricardo Yañez: de música y poesía

Ricardo Yáñez. Foto: Naomi Greene
Ricardo Yañez: de música y poesía
La vagancia de la palabra entonada y explosiva

Yo la encontré por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.
Gabriela Mistral

La poesía tiene nombre. Se hace un espacio en la médula del horizonte y añora cuantas veces quiere. Se sabe México en cada partitura. Llueve, canta, se acongoja y existe. Así es el poeta tapatío que le ha escrito a la tierra, al campo, a la música y al amor, sólo por mencionar algunos preceptos. Hay un acierto para la vagancia y así lo ha hecho Ricardo Yáñez. Originario de la Guadalajara, Jalisco, y con una gama bonita de colores en una plasticidad de letras, el de la barba blanca, es un elemento que derrama su importancia literaria en pequeños capítulos de la cotidianidad.

El tiempo. Foto: Naomi Greene

Digamos, un posible árbol que baila con el viento mientras, iracundo, observa pasear a las galaxias. De ahí que su palabra sea un rasguño de melancolía y un trazo perdido entre la alpargata y el siguiente nivel de fotosíntesis. Leer a Ricardo, observar, merendar con su obra, apaciguar el tiempo y el canto, es una experiencia que marcamos en el infinito y nos creemos pétalos y bytes en ese instante. Quizás una pérgola es un espacio en el que podríamos creer que su creatividad ha sido sacrificio de la poesía, sin embargo, el capitán de nuestras mañanas (así le digo en mis adentros por una loca temporada en que lo leí abarrotado de chilaquiles y café), le entra a la música como a los corazones que le rodean.

Cielo modelo. Foto: Naomi Greene

Contemplar a Ricardo es jugar en el lodo como cuando éramos niños. Es militar como flor entre los nopales, ese suceso tierno en el que el color se disfraza de saturación y engaña a nuestros ojos. Descifrar a Ricardo es un arquetipo de lo que se puede lograr cuando se abren las alas dentro de la textura del desierto. Uno flota, se reclama una lágrima y baila. No recuerdo precisamente cuando fue que lo leí y sucedió con esmero.

El trazo. Foto: Naomi Greene

Alguna vez, la Prieta, mi madre, me indicó “más vale poco que sea verdad y no mucho que sea mentira”, y así me cuadré con las palabras del poeta tapatío. Me enamoré de las señales que se palpa en su estructura musical; en sus existencias de sol y luna; en la alcoba que resuena en el perfume de las sirenas y me quedo en silencio. Quisiera mantener la palabra bajo el infinito de los cielos y resguardar cada idea que surge de las mentes de la comunidad poeta. Mujeres y hombres hacemos de una posibilidad una reunión de nubes, en las que perfilamos nuestras andanza. Así el calor y la lluvia, el paso y el pedaleo, la mañana y la noche, todo, es parte de la obras que Ricardo nos entrega en su existencia.

La colectividad. Foto: Naomi Greene

Qué afortunados hemos sido, tanto Naomi Greene como yo, al tener una mañana de goce con nuestro Ricardo. Ahí aprendimos de la historia de los papalotes. Descubrimos la mirada de los halcones. Fabricamos nuestro propio testimonio y dimos balance a nuestra visión. El juego y el canto no hicieron falta; la solidez de un poeta como lo es Ricardo, nos hizo temblar, respetuosamente, porque guardamos una particularidad de nosotros. No sabemos qué tanto hayamos crecido en las jaurías de las libélulas pero sí manifestamos una sorpresa en cada uno de nosotros. 

Despertar. Foto: Naomi Greene

Ricardo, desde su canto y su emoción, nos recuerda que la tierra sigue y que hay un horizonte repleto de sabores, todo es un confín de dulces y amargos momentos, es la determinación de todos los ejer humanos. Quisiera haberme perdido en uno de sus versos para florecer en el paladar de las sierras, ser árbol y después, entregar el fruto con todo el glamour del desprendimiento y de la escasa gana de querer controlarlo todo. 

El poema. Foto: Naomi Greene

Disfrutar del trabajo poético de Ricardo, desfragmentar la máquina de creación que es, no debe representar la calumnia del ego ni de las pretensiones, hay una palabra y una imagen una boca y una mano, todo es parte de una balanza en su propio equilibrio. Para alcanzar algunas de sus reflexiones es preciso detallar su norma campirana y gozadora, pues Ricardo así es, un huarache en vuelo que alcanza la nostalgia y el estupor de su comunidad. 

Bajo la pluma. Foto: Naomi Greene

Es verano, hay lluvia, Ricardo Yáñez estuvo con nosotros aquella mañana risueña en el Café Madoka y lo contemplamos a solas, en su postura humana, poeta y músico. No hizo falta la guitarra, pero el canto surgió como un estallido de pájaros. Hay poesía y mucha, una rebelión de la simpleza de las cosas, en la que juega la cajita del verso, es lo que la vida nos ha permitido con el autor de Desandar, pieza editorial del Fondo de Cultura Económica que incluye la mayoría de su obra poética, publicada en 2014. 

Existir. Foto: Naomi Greene

Jugó con nuestro ejercicio poético e hizo de nuestras preguntas silencio, por sí solas, en conjunto, las declaró un poema. Su silencio fue una experiencia gigantesca, magia en textos que no surgieron, y que, a pesar de todo, gozar, engolosinar y disfrutar los pequeños y breves momentos de la existencia, es el armazón que la poética de Ricardo Yáñez hace en la trama de las líneas.

“Te digo lo que pensé desde el principio pero adrede dejé pasar el tiempo para ver si cambiaba de opinión. Tus preguntas son poéticas de por sí, quizá un poema en sí mismo, y no considero contar con la suficiente creatividad como para, en las respuestas, igualar su espíritu. Déjame de cualquier manera pensarlas un poco más, pero la verdad, más que liricas son exigentes en la demanda, que no creo cubrir con suficientemente solvencia, Miguel”, señaló nuestro poeta amigo, y en ello, nos brindó como primera entrada, que el silencio y la no respuesta, son también, las más grandes de las adquisiciones que uno puede tener, y por ello, dejo esta perspectiva con sus palabras para todo nuestro público.

Sonreir a la luz. Foto: Naomi Greene

Aquí la evidencia y artefacto de nubes que posibilitan el fervor de la palabra: sencillez. Ricardo nos aguarda juguetón, risueño y amoroso: la resortera de la poesía es. Hay que contemplar nuestro espectro y migrar hacia desconocidos momentos, y aunque repletos de hojas, siempre hay un color que emerge desde la montaña. Hoy por hoy, nuestro poeta, es un argolla fundamental para el contexto de la literatura de Guadalajara sin ir más allá. Es preciso tener la mente serena, el corazón repleto y el cosmos inundado, pues la palabra, de las pocas cosas, nos lleva a otras sensaciones, a únicas posibilidades y una memoria completa de diversidad y observación. Hay un juego que es la vida y nosotros somos sus jugadores. Ricardo Yáñez no está en la banca, pues baila a diario en el juego. Que la canción siempre brote desde la secuencia de la poesía.

Escaleras poéticas. Foto: Naomi Greene

Ricardo Yáñez, poeta y cantor, con formación en Letras por la Universidad de Guadalajara y la Universidad Nacional Autónoma de México. Colaborador de una vasta diversidad de publicaciones regionales y nacionales. Ha sido profesor, tallerista, columnista, investigador, todo eso además de ser un gran argüendero de la poesía mexicana. Ha obtenido distintos premios literarios y una diversidad de reconocimientos en su trayectoria. Autor de obras de poesía como Deja de ser (Ediciones Era, 1994), Prosaísmos (UAM, 1995), Ni lo que digo (FCE, 1998), Vado (Ediciones Era, 2004), Armadillo (Magenta, 2021), entre muchos más. Sin embargo, también le ha entrado a la música, y algunos de sus poemas han sido acompañados por varios músicos, entre los que destaca su colaboración con Zindu Cano y Kevín García, quienes conforman Ampersan, mismos que dieron voz al poema “Lo que la vida se lleva”, publicado en el álbum 6 Conejo, con arreglos de Juan Pablo Villa, y que, entre todos, recrearon una pieza desde el sonido cardenche hasta las atmósferas novísimas de la tecnología. Ricardo Yáñez es toda una estructura creativa y de los pocos tapatíos que ha incursionado en diversos papeles de la cultura, de ahí el trabajo que ha realizado en el periodismo, la difusión y la divulgación, y todo ello, más allá de lo que siempre ha sido su eterno amor, su constante formación de noveles poetas.

Ni lo que digo
El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.

¿Qué son los huevos fritos, por ejemplo?
¿Qué son los buenos días?
Los vecinos arrían la bandera
de la felicidad, pero quién se los festeja?
quién se los critica?
Sólo los que se aman los comprenden.

Se está tirando el bóiler. Hay que apagarle.
Se encordó este reloj. Hay que arreglarlo.
Hizo frío por la noche.
No lo olvides.

A veces es una araña la palabra amar
una araña en las vigas de la casa
y uno es la mosca la tonta mosca
A veces el amor es una aspirina
vieja olvidada en el botiquín
y uno no el dolor de cabeza sino el aburrimiento
A veces el amor es una botella de tequila
escondida en el fondo del ropero
y uno la mano oscura y el trago rápido.

Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.

¿Un soneto?, no mames, cruel Ricardo.
Bardo tradicional saliste, Yáñez.
¿De verdad crees poesía lo que tañes
ya en lenguaje sutil o ya en lunfardo?

Si he de serte bien franco yo no ardo
en deseos de al lomo echarme el fardo
y menos cuando sé que, no te engañes,
de noche todo gato es gato pardo.

Yo conozco bien quién soy, y tú ¿quién eres?
Bardo Thodol te finges en talleres
que sabe Dios cómo has imaginado

nomás por eludir otros deberes.
Quizás alguna calle has alumbrado
y a ver cuándo tu casa, atolondrado. 

Vado (Ediciones Era, 2004)

Tres flores
FLOR I
Es posible respirar a dios en esta flor.

Toda la historia se concentra en ella,
es su medio, su fin y su principio.

Por esta flor es que el mar remueve eternamente las arenas
y que la gente reza, come, ama, defeca y muere.

FLOR II
He cortado esta flor.
Esta flor ¿vive más aquí que en su vida?
Esta flor es poco fría y amarilla (muy):
como el sol-vuelto-luna-vuelto-flor.
Esta flor ocupa un lugar en dios.
Dios se cuartearía,
se descuartizaría feamente
si nosotros pudiéramos deshojar este flor.

FLOR III
Hay flores que ordenan el universo.

Sólo los ríos
se bañana siempre
en el mismo río.

*
Un buen silencio
no solicita
desciframiento

*

Ah qué la vida
cohete, ilusión de luces
que se disipa.

Vado (Ediciones Era, 2004)

Proyecto Ululayu: 15 años de aventuras creativas

UTEG Río Nilo
Proyecto Ululayu: 15 años de aventuras creativas
Escribamos la historia de nuestro movimiento

Dejaremos un suelo, dejaremos el sueño;
el sueño es nuestro espacio donde hemos cantado. 
Adalberto Navarro Sánchez

Una vez pensé que sólo sería un divertimento urbano durante la facultad, ahora son miles de experiencias que se han compartido en diversas partes. Surgió en mi ciudad, Guadalajara, México, en una primavera de amor y vagancia. Proseguí manifestarlo por primera vez en las calles de Zacatecas, México, y allá comenzó el esplendor. Lo que un día escribí en la calle se convirtió en mi proyecto de vida: Por favor, lea poesía. 

La idea surgió en abril de 2008, en un esfuerzo vago de intervenir las calles con un lema literario en aerosol. Meses después trabajé en calcomanías rústicas, papel autoadherible blanco y marcador negro. Posteriormente generé un diseño tipográfico y adapté el lema en una calcomanía, Helvetica en blanco con fondo rojo, y a partir de ahí, en una diversidad de formatos. Al día de hoy son más de 400 mil calcomanías las que se han ido de mí a diferentes partes del globo y estoy más que agradecido con la vida. 

Por todo lo anterior y todo lo que ha pasado, al día de hoy, deseo recopilar lo más que se pueda de información de este fenómeno que me trajo hasta aquí. Comienzo a escribir la historia de todo lo que ha sido esto y para ello te invito a que seas parte de ello. Comparte conmigo tu aventura, tu experiencia o aquello que sea nuestro proyecto, nuestro movimiento, para ti. Estoy en la formación de una cronología y alimentaré esta historia con la voz de todos los posibles que deseen unirse. 

Toda la información es para uso documental y todos los datos serán tratados de manera anónima, a excepción de aquellos que se requieren publicar en artículos, materiales u otras obras, serán bajo tu autorización previa. Agradezco la cercanía de tu personaje y el tiempo de tus letras. 

Directorio Creativo Ululayu: una exploración intrépida

Directorio Creativo Ululayu
Directorio Creativo Ululayu: una exploración intrépida
Deseamos conocer de cerca a la comunidad creativa de Jalisco

Sopla, viento, sopla y arrasa, que también de ti
saco conciencia.
En tu furia
mido mis fuerzas. Dóblame si puedes, y túmbame,
mi sostén es de acero.
Yo estoy sobre la línea de las cosas
que no murieron nunca.
Matilde Alba Swann

Llega 2023 y nosotros cumplimos 15 años en activo, como agentes culturales, con un sinfín de acciones y de intervenciones que nos han permitido consolidarnos como una propuesta diversa, equitativa y modesta. Esto es Ululayu y su Por favor, lea poesía.,  y es por nuestro futuro crecimiento que hemos decidido emprender de manera independiente este directorio creativo con el fin de enriquecer nuestro discurso y empatizar con todas las zonas posibles de Jalisco. 

Sabemos que hemos tenido importantes participaciones internacionales, pero este año contemplamos agenciar a toda la comunidad posible de las letras y las artes de Jalisco con el fin de conocerla, saberla y difundirla. Así nacidos y foráneos que hayan contribuido y sigan en el quehacer creativo de nuestro estado.

Si eres escritora, cineasta, pintora, cocinero, bailarina, tatuador, mixóloga, barista, ilustradora, escultor, diseñadora, gestor, y todos aquellos apelativos que nos rigen como parte de la creatividad jalisciense, comparte con nosotros tu persona y tu trabajo. Queremos conocerte, que nos conozcas, todo, para crear una fuerte comunidad creativa jalisciense.

Sabemos que esto implica una tarea gigantesca de organización y puntualización, sin embargo, estamos en la mejor de las disposiciones para impulsar desde nuestra perspectiva a cada uno de nuestros agentes definidos en los 125 municipios de nuestro Estado. 

Te agradecemos compartir esta convocatoria que tendremos abierta durante un buen tiempo para llegar a los sitios más recónditos e inimaginables de Jalisco. Vamos a crear una red enorme y nosotros queremos que seas parte de ella. 

Cualquier duda o aclaración escribe al 33 1320 4354.

 

Senda Jalisco: la bicicleta en el occidente mexicano​

Cerro Viejo, San Miguel Cuyutlán, Tlajomulco, JAL. Foto: Miguel Asa
Senda Jalisco: la bicicleta en el occidente mexicano​
En búsqueda de la diversidad de proyectos ciclistas

Sé que no soy gente buena,
pero también sueño que no hay fronteras.
Balam Rodrigo

Cuando salgo a pedalear por algunos pueblos de Jalisco siempre me pregunto sobre muchas cosas: gastronomía, hospedaje, bicicletas, cultura, historia y demás. Siempre que salgo de Guadalajara pienso un poco sobre lo que deseo encontrarme en tal pueblo, pero siempre me dejo seducir por el trayecto y la sorpresa está presente. 

Ante ello, no basta sólo eso, sino que también se vinculan los aromas, los sabores, las temperaturas, el esfuerzo, el sol, la luna, la flora y la fauna y un gran número de situaciones que me pasan por la cabeza. Sin embargo, también me ha dado por saber un poco más sobre las personas de mi estado, sobre en dónde les gusta pedalear, qué rutas tienen por sus comunidades, cómo se vinculan y otros tantos. 

Por lo anterior y al tener el conocimiento de que la bicicleta en Jalisco año con año toma fuerza y lo hace desde diferentes modalidades, pretendo descubrir las acciones que suceden desde la ciudadanía, mismas que han sido monumentales, y a su vez, conocer cómo se han construído. El gozo de esta documentación es disfrutar de las rutas, los proyectos, los eventos y las perspectivas de todo aquel grupo ciclista dentro de nuestro estado.

En Proyecto Ululayu escribiré sobre lo que las dos ruedas manifiestan en Jalisco. Este ejercicio es con fines documentales y no más. La ingenuidad es parte de esto y es preciso compartir lo que la bicicleta vive por un sin fin de sendas en el occidente mexicano. Que el sabor de nuestra tierra nos comparta el mejor de los sones en bicicleta. Gracias por pedalear con la creatividad. 

Ululayu: cicloviaje, gestión y cultura

Miguel Asa en Sudcalifornia. Foto: Alberto Zamaniego
Ululayu: cicloviaje, gestión y cultura
El pedaleo en un viaje con versos y trazos

Este artículo fue publicado originalmente en La Bicikleta, ahora llamada, Pedália, el 17 de agosto de 2016. Lo publico aquí como parte de la memoria que ejercimos algún momento.

Aquí debí colocar un epígrafe de algún escritor:
la bicicleta dijo ser letra que convierte
l
os colores en la libertad de todos.

Despiertas y sabes que todo cabe en imaginar. Pedalear siempre hacia todo y hacia nada. Cantar con el viento en curso, fuera de ti, en el espasmo de los horizontes, a pie de carretera. Gritar a todo pulmón. Viajar sin recursos. Gestionar bajo trueques y a distancia. Simplemente compartir. Y sobre todo, saber que la bicicleta es un personaje y tú el ente que lo acciona. Y dos son uno, son uni-verso, son verso.

La escritura como la memoria del viaje. La fotografía en su función documental. Ambas, de cualquier sabor y olor; desde hace tiempo y hasta no sé dónde; por el valle, la terraceria, el barrio, el pueblo, la ciudad, y todas las historias en todos los sitios. Contigo, en equilibrio constante, algunos libros como parte del peso que tus rodillas impulsan sobre la bicicleta junto el cepillo de dientes, la bolsa de dormir, las parches, los poemas en proceso, las amistades fortalecidas, las fotografías impresas, los calcetines rotos, las cámaras, los huaraches y no sé qué tantas cosas más dentro de las alforjas. Y por si fuera poco, también, rollos de calcomanías con cuatro palabras para evolucionar en movimiento como peso adherido. Letras e imágenes sobre la cinta asfáltica sin destino alguno. Creer en la bicicleta hasta en la revoltosa caída que juega a lastimarte (aquí no es la Luna).

Mural en Múlege, Sudcalifornia. Foto: Delmer Zúñiga

Una expedición acompañada de literatura, artes y medios como elementos para compartir en múltiples soportes, plataformas y comunidades, y por igual, considerar a la bicicleta como algo más que un medio de transporte o de recreación: una constelación que abarca millones de palabras e imágenes, máquina que en todas las galaxias nos permite converger en infinidad de espacios, y en ellos, manifestar nuestras particulares visiones de la libertad fuera del ser físico.

Por lo anterior sabes de antemano que no eres el único que ha creído en la bicicleta como un viaje sideral. Cuántos son los escritores y artistas que han recurrido a ella como influencia de sus creaciones: Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Pablo Neruda, Sylvia Plath, Julio Cortázar, Isabel Mellano, David Byrne, Julie Glassberg, Thomas Yang, Irina Stepanova, Alain Delorme, Elsa Fernández Santos, Adams Carvalho, Llucia Ramis, Amos Oz, sólo por mencionar algunos entre un número inmenso a lo largo de la historia, por ello, no bastaría la vida para analizar todo lo que ha sucedido alrededor de ese artefacto mecánico en su relación con la literatura y las artes.

En Mayto, Cabo Corrientes. Foto: Miguel Asa

Por otro lado, para ti la bicicleta es más que un sustantivo dinámico, así como cualquier otro adjetivo que te pueda sorprender, todo porque la interacción física-mental que ocurre en ti al pedalear genera un espacio de felicidad, te permite sonreír, sentir intensamente dicen unos, volar (vaya cliché) dicen otros, y todo alrededor, flota (eso lo dices tú), y sobremanera, un sinfín de sentimientos y emociones que provocan a tu creatividad. Sin embargo, la fuerza de tus piernas en un viaje extenso también marca la determinación objetiva que resulta de tu reflexión social sobre la relación individuo-comunidad: fomentar la lectoescritura como extensión de información, vincular a las artes como canal de participación colectiva y analizar el sentido creativo como manifestación individual, acciones que funcionan como labor social a manera de trueque: alimentos y hospedaje (aunque sea un pedazo de tierra para colocar la bolsa de dormir) por actividades culturales. Aunque en ocasiones la cartera se quede vacía, siempre ocurre algo para sobrevivir y avanzar, eso permite relacionarte con todo tipo de personas e interactuar de manera libre, honesta y sin prejuicios.

Mural en Santa Rosalía, Sudcalifornia. Foto: Elizabeth Jiménez

Así pues, tu viaje en bicicleta se convierte en un proyecto de gestión cultural y de colaboración social, siempre, con la finalidad de compartir ideas creativas que enriquezcan a los individuos de las comunidades que encuentres en tu trayecto bajo diferentes modalidades: una charla breve, un poema improvisado a media carretera, un diálogo con estudiantes, la presentación de obra en cafés, las fotografías en el suelo de alguna plaza pública, alguna intervención en la vía pública, la participación con escritores y artistas, talleres con reclusos, murales colectivos en escuelas, producciones de radio con ciclistas, algunos esténciles por las calles, más otros formatos posibles con todo el mundo.

En el CUCOSTA, UdeG. Foto: Sandra González

Un año después de tu partida y de pedalear durante largas distancias has comprendido cómo la bicicleta rompe esquemas al funcionar como un medio para generar ideas, concebir proyectos y desarrollar estrategias de gestión para las comunidades que visitas, mismas en las que el artefacto interviene de manera pacífica, y a su vez, actúa con cada ser humano que se vincula con tu creatividad. Por eso, día a día te es fabuloso contemplar cómo las personas aprecian los diferentes rubros que infieren en el formato de tu viaje… la pluralidad de voces que surge a cada kilómetro es la dinámica creativa.

En San Luis Gonzaga, Baja California. Foto: Miguel Asa

Y al final del día, leer para crear y compartir para imaginar, desde un poema hasta un mural, entre el desierto y el huracán, con el cocodrilo y el correcaminos, al lado de las mariposas y de los cuervos, con traileros y con gestores, acompañado de pescadores y profesores, entre el silencio y la euforia, en tierra y en asfalto, con sol y luna, y siempre, la bicicleta como fiel compañera de ese pequeño cambio social que intentas, de manera libre, gratuita y sin desdén. Resistir al pedalear es un verso que queda en el muro de nuestra piel, algo así como el movimiento del viento en todo rededor de nuestra existencia.

Poesía en la casa

Diferentes versiones de nuestro emblema. Foto: Miguel Asa
Poesía en la casa
Este movimiento silencioso ha generado que algunos volvamos a leer este género

Este texto se publicó en La Gaceta de la Universidad de Guadalajara en su sección O2 el 17 de febrero de 2014, bajo la edición de Víctor Manuel Pazarín.

Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa 
y tan misteriosa como su propio creador
Víctor Manuel Pazarín

Mihi ipsi scripsi!
Friedrich Nietzsche

Leerla sin insultarla, sin menospreciarla. Leerla en el baño, en los caminos, en los parques, en los epígrafes, en los tacos, en la cama, en el columpio, en el sueño, en el esplendor del sol, en Tonalá, en el jardín de tu casa, con el amor, con el odio, con todo, pero leerla. Leerla como si fuera una pasta italiana, una sopa azteca, un trago de pulque, un raite por las carreteras, un orgasmo en pareja, una seducción del viento, un verso en el oído, una ironía en los huesos, un minuto de la vida y basta.

¿Acaso la poética de la incertidumbre tecnológica nos ha dejado devastados en un individualismo masivo? Hay poesía en todas partes: en los burdeles, en el sanitario, en la comida, en la vagina, en el pene, en la carne, en las tostadas de frijoles, en el burro, en el son jarocho, en Cuba, en La Gaceta, en Guadalajara, en su espalda y en la mía, en mi bici y en las ninfas. Hay poesía en las pendejadas de ellos y en las torpezas de éstos. Hay poesía sabrosa, que duele, que inspira, que idolatramos, que recordamos, que olvidamos y que siempre está ahí. Hay poesía de los miedos y de los egos. Hay poesía diferida y por consumo. Hay poesía de kilogramos y poesía del exilio. Hay poesía, siempre hay, y cuando no hay, nos arrepentimos.

¿Nos hemos convertido en racistas literarios con base en la moneda de turno? Hay poesía para niños, para los amorosos, para adultos, para viejos y hasta para muertos. Hay poesía aquí y en China, en el norte y en el sur, en el Este y en el Oeste. Hay poesía en tu nacimiento y en las etiquetas rojas. Hay poesía en las pestes y en las cóleras. Hay poesía de rato y poesía eterna. Hay poesía estéril y poesía que fecunda. Hay poesía rodante y poesía senil. Hay poesía en la muerte del más viejo, en el futuro del más nuevo. Hay poesía en las casas y en las montañas, en el mar y en el desierto. Hay poesía en la belleza del día y en el de su mirada. Hay poesía nefasta, maloliente sensata y cursi. Hay poesía premiada y la humilde. Hay poesía en los libros y en los nombres. Hay poesía en el nixtamal y en las manos de mi abuela. Hay poesía en México y mucha, mucha hay.

¿Acaso nos hemos vuelto autodidactas de los espejismos? Ayer mi madre y yo charlamos sobre la fuerza de sus manos al curar un músculo lastimado de una mujer joven. Ayer vi el cielo de colores en el tráfico de esta insólita ciudad. Ayer descubrí la sonrisa de un niño al verme sorprendido. Ayer un taxista me dio las gracias. Ayer pegué una calcomanía en el tren, otra en la casa del vecino, en el automóvil de mi amiga, en el teléfono público, en el local aquel, en la memoria de cinco mil gentes, en las paredes, en los versos ocultos, en los poemas olvidados, en los poetas arrumbados, en los besos, en la piel, en la propia poesía.

Y fue para compartir, para difundir, para leer. Fue para ti, para los de allá y los de acá. Fue para los de la tiendita, para el de los tacos, para el policía, para el banquero, para el mesero, para el chofer; fue para la cocinera, para la verdulera, para el merolico, para el estudiante, para la madre, para el tío, para el niño. Fue para leerla o ignorarla, para decorar, para comprender y analizar, para cuestionarse, para seguirla, para tirarla, para quemarla, para abstraerla, para criticarla, para pegarla.

Se consultan versos en las manos de los muertos, en las lecturas que hacemos, en las páginas que nos recuerdan que alguien existió, en las letras y aquí estamos para disfrutar y exagerar que la poesía no sirve para nada en estos tiempos, sólo para redimir el espíritu y ya.

¿Cuántos nos cobijamos en la poesía sin que seamos vistos? Ya lo diría en su momento, la poesía es para todos, no tiene cuerpo ni prestigio alguno, hay para el más jodido como para el más insulso. Hay versos que logran transportarnos para mitificar nuestras miradas en los versos de otros. Hay creadores y lectores, hay máquinas de escribir que desgarraron sus tintas en millones de versos, hojas blancas que sirvieron como espacios imaginarios de mundos felices y hostiles, y que, ahora y siempre, hay momentos para redescubrirlos.