Guadalupe Amor: una poesía imprescindible

Guadalupe Amor: una poesía imprescindible
Recopilación poética que reconstruye la figura de la poeta polémica
Ella. Arte: Alejandra Artiga

Yo tengo destino, pero no es el mío. Tengo que vivir la vida conforme a los destinos de los demás. Soy la guardiana de lo prohibido, de lo que no se explica, de lo que da vergüenza, y tengo que quedarme aquí para guardarlo, para que no salga pero también para que exista.
Inés Arredondo

Si la poesía de Amor fuera figura sería un círculo: sin un fin reconocible ni esquinas para ocultarse, sólo un interminable recorrido por las más profundas y oscuras emociones de su ser que vuelven siempre al punto de partida: la soledad. Sus versos son raíces que se retuercen en rima clásica, que se aferran a todos los remordimientos y no escatima en reclamos, lleva en sus letras una desesperación por trascender que para su época fue revolucionaria.

Guadalupe Amor, mejor conocida como Pita Amor, fue una de las poetas mexicanas más importantes de la segunda mitad del siglo veinte. Al nacer en el seno de una familia influyente creció rodeada de artistas tan importantes como Diego Rivera, y afianzó amistad con personalidades como  Frida Kahlo, María Félix, Gabriela Mistral, Salvador Novo, Pablo Picasso, Juan Rulfo, Helena Garro y Alfonso Reyes, siendo este último quien la apadrinó en su escritura. 

Escribió alrededor de treinta libros donde sus sonetos, décimas y liras, dieron forma a sus letras, al demostrar su preferencia por las formas clásicas de versificación, cosa que la destacó notoriamente entre sus contemporáneos. Llegó también a recitar poesía en la televisión y en la radio, dando voz a autoras como Sor Juana Inés de la Cruz, y fue tanta su imponencia en el medio artístico e intelectual, que se le llamó la “Undécima Musa”. 

Según sus propias palabras, pecaba de vanidad. Tenía una personalidad avasalladora e insolente que la hacía ganar críticas y elogios por igual, no soportaba no ser el centro de atención e incluso llegó a decirle a su sobrina, Elena Poniatowska, que jamás pensara en compararse con ella: “ ¡Yo soy el sol, muchachita, apenas te aproximes te carbonizarán mis rayos!”, en La tía Pita de la misma Elena.

Su persona fue un constante enigma, ante los medios de comunicación era un ícono de belleza y sobriedad, sus desnudos se convirtieron en cultura y escándalo en igual medida, daba enormes fiestas codeándose con los autores más respetados del momento…pero cuando escribía no había sino arrepentimiento, tristeza:  Pita se sabía pérdida e insignificante ante la magnitud del universo y eso lo plasmaba en sus versos.

Puerta Obstinada (1948)
(fragmento)

Las dichas me consumían
pero las penas volvían,
¡y el aire me mareaba!
Mi sombra a su sombra ataba,
Esclava de un cuerpo era,
¡Ay si mi alma, alma tuviera!

En el libro Poesía Imprescindible (2009), publicado por la editorial Opax, se recopilan fragmentos de sus 8 libros de poesía publicados: Yo soy mi casa (1946), Puerta obstinada (1947), Círculo de angustia (1948), Polvo (1949), Más allá de lo oscuro (1951), Décimas a Dios (1953), Otro libro de amor (1955) y Sirviéndole a Dios de hoguera (1958).. 

Poema a poema se encuentran desgajadas emociones tan fuertes como la rabia, la desesperación y la duda. Cada fragmento es una sentencia de búsqueda infructífera, son preguntas que no esperan respuestas, una declaración de muerte anhelante, peticiones al olvido y a la permanencia al mismo tiempo: “Muerte, si tú me enamoras,/ deja a la vida que entre./ No seas celosa, mi frente/ ya es el dominio en que moras”, en Puerta Obstinada (1948).

Se sentía tan anclada a la tierra que cantó a su suelo también, a las rocas, al volcán, a los campos y a los montes con gritos apocalípticos, en un círculo de angustia donde ante la ausencia del dios da rienda suelta a sus deseos, a sus ansias de sabiduría cuyas consecuencias parecieran anegarle la vida que lleva a cuestas.

Brinca Amor de la aflicción a la reflexión filosófica y teológica, de lo terrenal a lo etéreo, como si encendiera una luz: simple e insospechadamente, iluminando de repente sentimientos que parecían indescriptibles, con una visión terrible, pesimista pero esperanzadora, dejando en el lector un sabor amargo pero adictivo.

Círculo de sangre (1948)
(fragmento)

Toda la inquietud del mundo
vino a juntarse en mi ser,
y así comenzó a crecer
este abismo en que me hundo.
Por eso tal vez confundo
toda luz con negrura;

y una obsesión me tortura,
teniéndome aprisionada,
¿he nacido para nada,
O para alcanzar altura?

Mientras la crítica de la época veía una mujer vanidosa cuyo éxito literario era resultado de sus influencias y a quien incluso llegaron a difamar al decir que no escribía sus propios versos, la literatura recibió y se nutrió de una voz femenina que recuperó las formas clásicas de versificación, reinventó el sentido de la tristeza, la desesperación y soledad con sus metáforas, al marcar un estilo propio que la hizo pasar a la historia como una de las mejores poetas mexicanas.

Este libro es, sin duda, una clave para develar a la verdadera Guadalupe Amor, es redescubrir a la Musa en su lado más humano y encontrar a la persona que detrás de miles de máscaras, escribía con el mismo desesperado corazón.