Rossana Camarena: una letra en el viento

Rossana Camarena: una letra en el viento
Ella juega a la ruleta rusa y es huracán
Rossana Camarena. Foto: Miguel Asa

Soy la que soy
casualidad inconcebible
como todas las casualidades
Wisława Szymborska

Solicité un espacio y la conocí, lo demás, es una enorme historia, algún día hablaremos de eso, quizá. Entre los ecos del Encuentro de poetas Francisco González León en 2018, en los Altos de Jalisco y la buena onda de la vida, nos encontramos. No sé qué me llevó a ella pero encontré en su espíritu la divinidad de la poesía. En una carretera nos conocimos, conducía mientras otros nos acompañaron. Qué decir de la vida, de las tardes del movimiento, del viento y su vórtice, de sus letras y mis letras en hermandad, todo fue un huracán. 

En Lagos de Moreno, Jalisco, manifesté mi aprecio por su persona y su creatividad. Y es que Rossana Camarena no es cualquier poeta, como dicen algunos, es más que una llanera solitaria que a todo le apuesta y que con todos cambia.

Desde el primer momento abrazó a Proyecto Ululayu como su casa. Lo hizo parte de su vida y ahora vive con él. Conocí su mente por sus letras. Y es que las glorias se cantan en la terraza, se columpia uno en la hamaca y se vive en los sueños. Y dijimos, “haremos historia” y la historia ya nos llegó.

Las letras son abrazo. Foto: Miguel Asa

Así los chilaquiles verdes de viernes nos consumen el corazón, palabras más, palabras menos, compartimos lo que nos contiene. Así pues, su poesía es un disfraz vestido de diversidad, pues si bien bala también ruleta rusa. Pero más allá de todo, su poesía es la búsqueda de un bosque de colores que nadie conoce, y al saberlo, se lo ha apropiado. 

Rossana es poeta, diseñadora, gestora y por demás, amiga de un centenar de personas creativas, es un enorme vínculo entre muchos de nosotros. Muchos quisiéramos su humildad para saborear de las diferentes glorias que nos ha preparado el destino, los trayectos, sencillamente, la poesía.

Rossana es la credibilidad de Ululayu, pues le conoció los huesos de los versos que le sostienen. Y siempre, o casi siempre, está dentro de la erosión que provoca nuestro proyecto. Sin embargo, también está presente en otros tantos ángulos que creamos a cada rato. Con Rossana la poesía no es estrategia ni política, es ser humano y palabrería salvaje, presente, de piso y fuerza. Poca de esa poesía que busca revolución, que es vida y la sombra de los infantes tal vez. Y también es mar, erotismo, confusión, precisión, salto y profundidad, un plasma que se embriaga de aventuras, de innovación y de energía. Su poesía se proclama como un silente puente entre los que están y los que no están, los que pudieron estar y los que estuvieron. Ella siempre tendrá brazos para abrazarnos.

Sonreir es su naturaleza. Foto: Miguel Asa

Aquí una sencilla evidencia de su vida, que para mí ha sido fortuito contemplarla, apreciarla, existirla. Pero no queda más que vivir cada una de sus letras para armarnos de valor y descubrir que estamos aquí, ante la bala y la flor, íconos de los discursos actuales.

Rossana Camarena está aquí en muchas lenguas, en la superficie que es su jardín, regar, observar y compartir. La poesía es su casa y en ella vive como el ciempiés, de un lado a otro, con los tiempos como resonancia del poema y de la virtud.

Cada que la observo, es un papalote de muchos hilos. Es tiempo de leer su poesía, saberle de escritura y vibrarnos de ella. Me encantaría que los viernes siempre fueran de chilaquiles verdes en Kamilos 333, rincón suicida donde construimos sin fin de elocuencias. Aquí una breve muestra de lo que es ella y sus letras, un paisaje en el vórtice del viento.

La máquina es sueño. Foto: Miguel Asa

¿Por qué escribir?
No hay otra opción que me arrebate la sensación y la plasme en papel. Las ganas necesitan vertirse en un cuaderno.

¿Cómo repercute la poesía en tu vida diaria?
Es al revés, mi vida repercute en la poesía, se va escribiendo conforme se vive y se   acomoda a donde quiera que voy.

¿Cómo es la concepción de la palabra?
Parecida a la concepción humana, esto es que hay una atracción, se procura el clímax experimentando hasta encontrar esa explosión imposible de controlar que acaba bañándonos por completo.

Leer en la paciencia de ser. Foto: Miguel Asa

¿Interculturalidad? ¿Qué te ha entregado la poesía?
Es impresionante las puertas que se abren a la palabra. El mundo te recibe abriendo las manos. La poesía entrega a raudales empatía, vibración gozosa que plaga el universo de sonidos que te erizan la piel.Las palabras se tejen y cubren con una gran manta el frío del mundo. La palabra se me entrega completa. 

¿Hacia dónde se dirige tu obra?
Mi obra no tiene timón, va a dónde se le da la gana, no tiene preferencias ni objetivos que cumplir, quizá la única dirección anhelada es ser leída, con cualquier pretexto y por cualquier razón. 

¿Naturaleza? ¿Te preocupa?
Si hablamos de Madre Natura, no. Sé que es tan poderosa que ella sabrá cómo y cuándo eliminarnos. Me preocupa la naturaleza humana que parece perder el rumbo de vivir. Olvidamos que nos rige el azar y cambiamos tiempo por dinero, así ninguno de los dos alcanza para nada.

Constante re-flexión. Foto: Miguel Asa

¿De qué manera surge la pasión por la palabra?
Leyendo a otros, viviendo otros pellejos a través de relatos, imágenes. Es así que el deseo de proyectar lo mismo se te mete en la conciencia, y hay que escribirlo con fluidos para alertar los sentidos.

¿Existe un sueño?
Conseguir el pasaporte de pájaro. 

¿Vida? ¿Qué es el presente?
¿La mía? Una serie de todo, una colección enorme de momentos, personas, lugares. Latir no es vivir. La vida da, genera, comparte. Ser conscientes de cada respiro nos lleva a escanear cada minuto. El presente es esa efeméride que desaparece al irse pronunciando. 

¿Palabra? ¿Diseño? ¿Cómo se conjugan?
Palabra y diseño hacen una trenza con la estética. Algo que suena lindo y se lee como se ve causa un impacto profundo, de esa manera el equilibrio de ambos provoca al lector. 

La poesía es un pájaro. Foto: Miguel Asa

Disparo

La primera bala la dirijiste al cuerpo
por los ojos,
sin cálculo y con prisa
atravesó el espacio
susurrando en mi oreja cosas
tan repetidas
que no puse atención.

La segunda bala la dirijiste al cielo, con los ojos cerrados
sin atinar pero sabiendo
que ahí habitan los pájaros
y una nube podría resultar herida.

La tercera fue aquella bala
que dejaste en el “cilindro”
a ojos abiertos
esa que no disparaste por no hacer daño
y que al mover el arma de sitio
se impactó contra tu sien.

Yo quería, y tú no
jugar a la ruleta rusa.

Inédito

Ojalá para entonces

Ahí estás
con la sensibilidad sujeta a la razón,
sientes que por voltear a ver el sol te iluminas
pero no sabes mirar, no ardes
tampoco te ablandas
ni con toda el agua del mar.

Eres impermeable
no abres los brazos
lates por inercia,
usas por coraza las costillas
para deformar lo que hay.

Te cuesta respirar
corres para ver si así se escuchan tus latidos
no te detienes, vas de prisa,
nada entra en ti si no puedes comprobarlo.

Te sientes seguro en la rutina
sustituyes la percepción
por una foto en Instagram,
no te enteras que las verdaderas nomenclaturas
no se dan en el laboratorio
sino en el roce.

En tu mundo
el neón sustituye una fl ama,
el diccionario es poesía
y la provocación, amor,
si osas consumir el aire asegúrate de vivir
como pájaro, como nube
para merecer la elevación.

Deseo que a la hora de la muerte
alcances a escuchar un réquiem
puedas sentir, pronunciar un “gracias”
y ojalá, para entonces
tu ego haya tomado la estatura
para que de algún modo quepa
en ese pequeño ataúd.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nota póstuma

Perdón si con mi muerte
provoco algún desconsuelo,
por las cosas del alma
no podré poner remedio,
por las cuestiones terrenales
me apliqué a dejar todo
en orden impecable.

Mis pertenencias son pocas
pero quiero repartirlas:
Para mi esposo,
las cartas de amor
que me entregaron otros
que sí supieron qué decir.
Para mis hijos,
todo lo que contenga letras,
propias y ajenas.
Para mi madre,
todo lo verde que en mi casa exista
y pueda seguir floreciendo.
Para mis hermanos y sobrinos,
las imágenes donde aparentamos 
ser una verdadera familia.
Para mis amigos,
los recuerdos todos.

Agradezco no se celebren misas,
cremen mi cuerpo,
úsenlo de tierra para macetas.
Reúnanse si quieren
y emborráchense en mi honor
con una música que acompañe mi ausencia.

Como discurso lean esta carta
y al final quémenla
también como símbolo de mis restos.
Cierro los ojos ya
y dejo aquí mi cuerpo.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Vuelo

Te pronuncio
y se pronuncian también todas las verdades,
mis oídos se inundan de razones
los ojos y los labios se cierran,
las manos se abren
intentan atrapar el aire
comprimen un grito
que me obliga a tragar.

Veo cómo te diluyes en la lluvia
hombre de barro, primer hombre
¡No ves que estoy aquí, desnuda
con la manzana que reluce?

Tú secas el corazón al sol
pero no te calienta siquiera,
yo voy ensartando plumas
transformándome en un vuelo
al que tú una y otra vez no llegas.

Te hundes en algo desconocido
dices cosas que no entiendo
me doy cuenta que llevas muñones y no alas
que te elevas por inercia
mientras yo decido ponerme al fuego
por puro gusto.

Quizá tú no sabes
que antes, mucho antes
que morir de frío
prefiero arder hasta el último hueso
sin miedo,
y por insistencia.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nada

De lo que venga de mí, de lo que apenas:como marejada, como lengua de sal, como ojos de ostra, canto de sirena en red del pescador sin hambre.
   De lo que venga de mí, de lo que se va acurrucando: como caracoles, como reflejo de luna, como fragmento de ola, estrella de mar sin cielo.
   De lo que venga de mí, de lo que murmura: como espuma deshecha, como vaivén que crece, como deseo que revienta en onda sola, sin arena ni mar ni nada.
   De lo que venga de mí, no de otros, que solo venga, venga y se quede.

De Una mujer un libro. (Editorial La Zonámbula, 2016)

Ceiba Studio: el color de la música del barrio

Ceiba Studio: el color de la música del barrio
Una casa en Santa Tere es un centro de creatividad musical
Ceiba Studio en su interior. Foto: César De Alba

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
José Lezama Lima

Ahí suena la guitarra. Un colombiano se hace el que no escucha pero sonríe. Más allá anda el fotógrafo dizque haciendo las invitaciones. Siempre presente, ella y las redes en movimiento, su calidez y presencia son equilibrio. Un tanto a la derecha de la mesa está con lentes y en expectativas de su moto quien saluda muy amistosamente. De vez en cuando, pasa desapercibido, pero el beat anda siempre por ahí en la habitación cercana a la sala. En la terraza el sazón también se hace presente. Y merodeando con recogedor y escoba, allá atrás, quien hizo posible todo este sueño. 

En el barrio de Santa Tere, en el poniente de Guadalajara, Jalisco, se encuentra una casa blanca con decoraciones en verde brillante que funciona como un centro creativo musical, y en ocasiones, de muchas cosas más: Ceiba Studio. Ahí la experiencia y la buena onda se hacen presentes desde que el sol sale. Las cuerdas se manifiestan y las voces por igual.

El aplauso como magia. Foto: César De Alba

Ahí, en ese espacio han pasado sin fin artistas y personajes que hacen de la ceiba el canto de la colectividad. Así nos vamos de uno en uno cada mañana o tarde por ese espacio. Uno merodea con sabor. Ahí, siempre se encuentra un diálogo. No sé de qué. Pero siempre hay algo de qué platicar y de qué aprender. Ahí la música es el eje, sin embargo, su puertita permite la entrada de la creatividad al por mayor, pues la poesía, distintas artes, y otras casualidades, están presentes.

Por ese sitio han pasado artistas como Ana Verá, Xiranda, Christian Nodal, 3MotherFunkers, Zalamaca Crew, The Trimmers, Color Hermano, Pneumus, y un número indefinido de músicos que le han dado vida y sonido a ese estudio, y claro, no podrían faltar Monte Bong y Monte Rebels, de quienes forma parte Raúl Márquez, el creativo tras este proyecto. 

El equipo y Monte Rebels. Foto: César De Alba

En Ceiba la magia se puede encontrar en la visita por igual de poetas, plásticos y otras causas del colectivo creativo de la ciudad. Ahí todo mundo baila o le da por charlar. Comerse un pedacito de pizza de hornito. Un buen café y hasta un agua de sabor. Ahí el ocaso es un momento iracundo para compartir ideas, soñar y prevalecer en la existencia con la mente en la creación.

Según las lenguas Ceiba nació por decreto de tener un espacio en el que los músicos independientes pudieran colaborar y generar nuevas ideas en la producción musical desde la escena local. A su vez, también funciona como un punto de encuentro en el que la creación encuentra reflexión y solidaridad. En Ceiba, la soledad es un eco del futuro y la compañía la esencia del presente. Clases de yoga, talleres distintos, exposiciones, charlas creativas, tardes con pequeños espectáculos en vivo, producciones comerciales, sesiones de fotografía o video, tamales, un champurrado, las papitas, y no sé qué tanto más, es lo que se puede disfrutar ahí. Es imposible no mencionar que es un sitio amable con las plantitas y que todas ellas brindan al espacio un fenómeno familiar, digamos, una amistad estrecha de la comunidad desde la intimidad. 

Si tienes un sueño sonoro se debe de aplicar todo la potencia posible, en primera porque, Isaías Guevara hará de tus piezas una genialidad con su ingeniería (le mete de su divina cosecha); además, Hiram Vielma brindará el sabor y el soporte en tus creaciones (tiene secretos, lo sé); con ellos, Octavio Espinoza te podrá guiar en la producción pasito a pasito (es muy paciente y un gran maestro); y con puntual visión, Sarvia Sosa te apoyará con sus comentarios y propuestas (siempre sonríe); y por si fuera poco, Emmanuel Durán te compartirá su experiencia que te hará vibrar (lo contemplo por sus viajes en moto y su ingenio sonoro); y con un espíritu peculiar, César De Alba te sacará una sonrisa en un retrato. Así es el equipo de Ceiba Studio, abierto, contemplativo y con rubros diferentes que hacen que la casa huela a tejidos de sonoridad. Todo esto sucede gracias al esfuerzo de Raúl, a quien ya mencioné, y que a su vez, es el personaje que piensa, crea, combina, dialoga y posibilita proyectos (así les pasó a los escuincles de Chapala).

El foro de Ceiba. Foto: César De Alba

Pero Ceiba Studio no es sólo eso. Es el compañerismo, la diversión, la esperanza y el alivio. Las razones de las lágrimas y el desasosiego de las nostalgias. Ese estudio es un encuentro único en Guadalajara, con su estilo, su familiaridad y las propuestas actuales. Ahí se concibe el amor, la oportunidad y el apoyo. Existe el brillo del sol, las plantas, el recuerdo de quienes se fueron y la vibra de nuestro presente.

En Ceiba el aprendizaje es circular, no hay más ni hay menos. Es una onda sonora repleta de versos de distintos sabores. Es una red complejísima pero con una apertura sana y esperanzadora. El barrio suena por las tardes. Las canciones llegan, los ensayos persisten, los errores suceden y todo eso florece a color y con sonido real. Ahí todo es raíz. Ahí todo mundo es planta y flor. Ahí uno se vuelve al viento y entre las manos, las cuerdas enaltecen la vida.

El son jarocho en expresión. Foto: César De Alba

Los sueños corren por esa casa y se despojan de todo prejuicio, nos existimos en el corazón de las palabras y al son de la música se baila con el arte. Ahí, las bicicletas tienen espacio y rutas por igual. Hay desvelos y desmañanadas que son evidencia de muchas piezas. Hay desgaste y pasión, la creatividad al por mayor en una sala de ensayo. Existe la desnudez y el teatro. Hay públicos para unos y públicos para otros y se converge en unión.

Ahí, los jóvenes no tan jóvenes enseñan a los jóvenes más jóvenes y huele todo a eterna juventud. La entrega es la misma para fulana y zutano. Ahí, la cocina, la jardinería, la música, la poesía, el teatro, la plástica y más, son la base de la esencia. La melomanía, la locura, el ruido, el sueño, las rastas, los aretes, los acordeones, las percusiones, las plumas, las latas, los cuadros, los pinceles, las cámaras, los ornamentos, todos, somos familia.

Donde todo sucede. Foto: César De Alba

Dentro del barrio de Santa Tere hay una casa que suena a colectividad sonora. Ceiba Studio, es hoy día un proyecto que ha entregado y colaborado con un gran número de creativos, y a su vez, en la actualidad ya es en un referente sonoro en la ciudad. Pícale y corre la pista, pues en el barrio, los colores suenan desde sus raíces. Música siempre. 

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Guadalajara-Teuchitlán: espejo entre valles

Guadalajara-Teuchitlán: espejo entre valles
Un viaje en bicicleta con sabor cerca de la ciudad
Presa de La Vega, Teuchitlán, JAL. Foto: Tiago Testa

El río allá es un niño y aquí un hombre
que negras hojas juntas en un remanso.
Todo el mundo le llama por su nombre
y le pasa la mano como a un perro manso.
Carlos Pellicer

Ella despierta desde temprano e imagina el camino de los ciclistas que días atrás acababa de conocer, camino que moría de ganas por recorrer. Ella sólo suspiró, se volteó y se cubrió la cara con la sábana para volver al sueño y dejar de pensar. Tres horas más tarde escuchó una voz que decía “¿No te fuiste? Vete, si todavía alcanzas, vete… “
 



Pedalear en comunidad: eso fue lo que buscamos. Integrarnos y crearnos entre más personas para conocer distintos trayectos, lugares, sabores y demás dentro de Jalisco. Hicimos un llamado para compartir rodadas y así fue. Nos reunimos en 33 Club Ciclista, sitio que ha sido punto de referencia para algunos que se aventuran en el cicloviaje, en la montaña, y por supuesto, en la ciudad. En Guadalajara, en la calle Justo Sierra casi con López Mateos, muy cerca de la Minerva, Mario Villaseñor, parte del equipo, nos abrió las puertas del café para comenzar con esta idea. 

Comida grupal en Teuchitlán. Foto: Miguel Asa

Aquella noche de enero de 2020, charlamos de rutas, de experiencias, de posibilidades, de caminos, de tipos de viajes y de muchas otras cosas y nos conocimos. Hicimos en breve un grupo para estar en contacto y empezamos a planear las primeras salidas. La primera elección fue ir a Tala, algo sencillo y de bajo impacto para pedalear. Ahí nos vimos las caras cinco personas. Y comenzó la aventura.  

Tala es un poblado que se encuentra muy cerca de Guadalajara, a unos 45 km hacia el oeste, por allá, en la región Valles. Dicha población es puerta a los campos de caña, a los valles y a la sierra de Ameca, que se prolonga en otras más hasta las costas de Cabo Corrientes y Puerto Vallarta. Así nosotros, decidimos compartir las jornadas dominicales como experiencias de aprendizaje.

En carretera a Tala. Foto: Miguel Asa

En nuestra primera salida brindamos prioridad a la seguridad, pues es que cualquier accidente en carretera puede ser mortal. Casco, luces y bicicleta en condiciones óptimas son lo mínimo para salir.

Tiago Testa, Zea Marina y yo, nos desplazamos desde el Andador Escorza, por avenida Vallarta, hacia la salida al norte costero. Comenzamos tres. Y después del Periférico poniente, nos encontramos con otra miembro del grupo, Eloina Castañeda, quien llevó un casco para Zea, también. El trayecto fue desde temprano, salimos alrededor de las 7:15 horas.

La foto grupal en el descanso.

A partir de ese momento, el pequeño grupo de cuatro, nos instalamos en la carretera rumbo a Tala. La mañana paso leve después de las localidades que acompañan la salida a Puerto Vallarta. Compartimos indicaciones básicas, formas de movernos en la carretera, algunos movimientos clave ante los automovilistas y otros más para los traileros. Fuimos descubriendo la buena onda de ser, de existir. Pasamos a la división de la carretera libre y la de cuota hacia Tepic. Para nosotros la libre fue la fórmula para desviarnos aún más del pueblo de nuestra bebida, Tequila. Pese a que Tala se encuentra por el rumbo, la carretera toma otro paisaje por la carretera hacia Ameca.

Descendimos por el paso desnivel hacia Tala para olvidarnos de la carretera libre a Tequila y así fue el pedaleo. Nos detuvimos en breve y comentamos sobre el ritmo y las condiciones. Todos íbamos bien. Algunos ajustes inmediatos a los cambios de una bicicleta y salimos. De ahí, nos dimos con todo el sabor de la carretera hacia Tala. Despacio y lento. Un columpio tras otro. La carretera estaba vestida de cañas, de esas que se desbordan de los camiones a su paso. Inevitable no crear una dinámica de control sobre la bicicleta para ello. Así seguimos y pasamos por diversas comunidades que entregan distintas cosas locales que hasta dan ganas de quedarse.

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Sin embargo, antes de todo esto, Gladys Cruz, otra chica del grupo, decidió alcanzarnos desde Guadalajara, pues tuvo un retraso matinal. Vaya sorpresa la de aquella ocasión. De alguna manera nos prendió más su alcance y pedaleamos con intensidad. Vimos paisajes verdes y el aroma del volcán de Tequila a nuestro costado derecho. Pasamos por localidades como Emiliano Zapata, otro ingreso al Bosque de la Primavera; el crucero a Huaxtla; y nuevas colonias que se han generado en los últimos años. Lo lindo de esto es aquella bajada prolongada antes de llegar a Tala. En ese momento, te das cuenta del Macrolibramiento que pasa sobre uno al descender. Ahí, se nota de inmediato el paisaje. Las ramas verdes de la caña por doquier. Al fondo, un paisaje de cerros a la distancia con un tumulto de enormes valles a la redonda. 

Contemplar el paisaje. Foto: Miguel Asa

Decidimos parar en la entrada de Tala, llegamos temprano, alrededor de las 10:00 h. Ahí descansamos un breve momento y esperamos a nuestra compañera que venía en solitario desde la ciudad. Ahí, nos sorprendimos del ímpetu por viajar en bicicleta e hicimos amistad, alianza y fortaleza. Ahí, nos conocimos un poco. Contemplamos un clima fresco, delicioso y sobre todo, un trayecto en el que nuestros primeros pedaleos como amigos se hizo presente.

Unos minutos después, quizás 20, no recuerdo, Gladys llegó a nuestro punto y nos alegramos. Consideramos extender más la ruta pues era temprano y el pedal pedía más candela. Teuchitlán fue el destino seleccionado. Más hacia el norte, le dimos por la carretera que lleva al pueblo de los Guachimontones, un sitio arqueológico único en su tipo en la zona Occidente de México, que se constituye por pirámides circulares escalonadas, algunos tumultos diferentes y otros. Aunque no fuimos hasta este sitio, es posible llegar en bicicleta y visitar su museo de sitio, recinto que resguarda mucha información sobre la tradición de Teuchitlán. 

De regreso por las vías verdes. Foto: Miguel Asa

El camino a dicha población se enmarca en una ruta de 17 km con una carretera amplia y plana para disfrutar de un pedaleo tranquilo y cómodo. No hay mucha altura. El desplazamiento de la bicicleta es tranquilo y existe la oportunidad de descansar brevemente a pie de carretera. Antes de llegar, sólo se encuentra una pequeña subida como puerta al paisaje de la presa de La Vega, frente al pueblo. Ahí nos encontramos con amigos del grupo de ciclistas de Tala, en una salida leve que hicieron. 

Decidimos comer en un restaurante de mariscos cercanos a la presa: Cazuelas Grill Teuchitlán. Ahí nos instalamos alrededor de las 11:00 horas. Nos brindaron un descuento por haber llegado en bicicleta y disfrutamos de una merienda única del pedaleo. Un cevichito, un caldito, por allá las tostadas, una cerveza para bajar el calor, agüita de sabor y no sé qué tanto ordenamos que la charla se hizo extensiva y le dimos rienda suelta. Eso sí, los totopos con la salsita se acabaron en dos rondas.

Descanso bajo el Macrolibramiento. Foto: Miguel Asa

Emprendimos vuelo alrededor de la 13:00 horas. El sol brillaba como él sólo lo sabe hacer. El perfume del paisaje nos dio la oportunidad de disfrutarlos. Regresamos hacia Tala y alguien sugirió un fragmento de las Vías verdes. Por ahí nos fuimos. Parando entre paisajes. Un aperitivo. El regreso es ese momento en que no deseas irte de las raíces y del sabor de otros lugares. Y vaya pedaleo tan de descanso, tan sútil. Regresamos a la carretera al borde del fraccionamiento Los Ruiseñores. Para entonces, el cansancio se fue promulgando y el ascenso se convirtió en un instante lento.

Descanso al atardecer. Foto: Zea Marina

Disfrutamos de la buena onda del clima. Reímos a carcajadas y nos dimos vuelo. La luz estaba en la despedida y el aroma a menta se hizo presente, pues Zea llevaba la esencia en el camino. Nos hizo la tarde. Descansamos una vez y otra. Aunque hicimos un recorrido de casi 120 kilometros, el ejercicio fue pesado. El regreso fue ascendente y eso nos hizo más lentos. Sin embargo, el sol, la tarde y la buena vibra nos hizo entrar a Guadalajara aún de día. Lo hicimos. Llegamos cerca del ocaso al Centro de la ciudad. Nos despedimos con una pizza y agradecimos. Pedalear para compartir experiencias es parte de la vida, es parte de nosotros, fuimos a reír lejos para acompañarnos de cerca.  

El sol, el guerrero de siempre, se quedó en cada pedaleada junto con la mezcla de olores y ruidos de coches que en momentos erizaron la piel. 

La luna se hizo presente al alumbrar las calles de la ciudad. Aquel domingo, 17 de enero de 2021, ella lo terminó con un baño caliente y el cuerpo recargado de energía para seguir conectado con la realidad. Durmió.

 

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DI: canción y marea de Sudcalifornia

DI: canción y marea de Sudcalifornia
Una voz que nace del eco del desierto y del mar
DI y la potencia de la libertad. Foto: Gonzalo Morales.

Y cuando caigo al sueño se hospeda en mi columna
Vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
Me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
Empollado en la muerte.
Gonzalo Rojas

Cuando llegué en bicicleta a Santa Rosalía, allá, en Mulegé, Sudcalifornia, me tomaron una foto. Ahí me encontré con un espectro de amistades. Estreché lazos enormes de felicidad y los paisajes fueron hermosos. Hoy día recuerdo con fervor aquella tierra y los sonidos que en ella se ocultan los vivo día a día. Así, por causas del destino llegué a DI, una chica con una voz de desierto y marea turquesa. En ella se postra “la universalidad”. En ella vive el aprendizaje que obtuvo desde pequeña y es que escucharla trae amplios recuerdos del polvo desértico, de allá, de la Cachanía, de donde es originaria.

La universalidad y la música. Foto: Pantone7548c

Escuchar la música de DI, que recién comienza a manifestarse en el ámbito, es una delicia que se contempla como una puerta a la magia de la península mexicana, y de ahí, al todo. Existe en su presencia y en su voz la lejanía de las distancias y nos vuelve cercanos a la quimera que llevamos dentro. El espacio es de sal y piel. Así nos vamos descubriendo poco a poco. Así, le cantamos a la vida y resplandece un solitario eco que se llena de cardones desde la flor que contiene una espiga colmada de arena. El mar resuena en DI y vuela con el sol como el “astro padre”.

“Ahora, conforme estoy madurando y estoy adquiriendo más experiencia, me doy cuenta de que es importante darle voz, a través de mí, a muchas cosas que pasan en mi entorno, pues hay personas que no tienen esta vía de expresión y de comunicación”, menciona el proceso de su crecimiento.

Así, desde muy temprano, hablamos de flores, de piedras y de mar. Amanecí con su nueva canción y estoy en el disfrute de escucharla. Entre palabras y acordes es preciso contemplar la sustancia de lo que viene. En ella vienen el polvo y la conformidad de saberse música, experiencia y papel. Le llamé y dejamos que la mañana fuera un eco de su tierra. Habrá que seguir la perspectiva de su voz joven y veamos qué es lo que sigue para DI. En ella la potencia de la libertad se manifiesta en esta nueva etapa y sugiere estar en el universo como una entidad única, en constante evolución, en una marea desértica que modifica el todo. Aquí ella y sus palabras, su música y sus horizontes.

¿Cómo te involucras con las flores?
Me gustan mucho. No me gusta que me regalen flores. Me gusta apreciarlas en su hábitat natural y rodearme de ellas en donde están.

¿Cuando tocas la tierra qué sinfonías hay?
Pues yo diría que las sinfonías de los ancestros, como también tocar las piedras, como que se abren portales de sonidos y mensajes de cientos, de miles, de millones de años. 

¿Qué ha sido Camila para ti?
Algo muy hermoso. Camila es una puerta hacia el amor que estoy sintiendo ahora por mí y para mí, y que esto lo he podido estar descifrando a través de darme un clavado con esa primera canción. Creo que hasta es de la buena suerte. 

¿Cómo fue su producción?
Fue en la Ciudad de México, la produjo Jorge Flores, que lo quiero muchísimo y fue en su estudio. La rola la hicimos él y yo. Yo compuse la rola y él produjo la rola. En la bateria estuvo Omar Avilés, sudcaliforniano de Guerrero Negro que también vive acá en la Ciudad de México, y le hablé y le dije.

Naturlaza hay en su música. Foto: Pantone7548c

¿Qué es la bicicleta para ti?
Es un medio de transporte muy divertido. Prefiero caminar porque soy un poco distraída. Cuando la uso me divierto mucho. Me gusta que me vuela el cabello, me gusta escuchar música mientras estoy pedaleando, me relaja, está cool la bici.

¿Con qué música comes y qué comes?
Me gusta comer comida vegana de preferencia o mariscos. Habitualmente como sopas, me gustan mucho los calditos. Escucho música electrónica, o Queen, Daft Punk, Parcels, o nada, a veces nada. 

¿Qué es el silencio para ti?
Majestuoso. Es algo que aprecio y valoro mucho cuando estoy sobreexcitada de la mente me gusta no escuchar nada. Cuando medito me gusta estar en silencio. Después de escuchar música en el estudio y lo que estamos haciendo, trabajando, me gusta el silencio. A parte de ser algo majestuoso y que te mantiene en el instante del aquí y del ahora, también es una herramienta para el descanso mental y eso es valioso para un artista.

¿Cardón o serpiente?
Serpiente. Porque se me hace más imponente, salvaje. Históricamente vinculada a algo negativo cuando sólo es una criatura hermosa e incomprendida.

¿Cómo fue la producción de Ser salvaje?
Ser salvaje es otro viaje, es algo muy importante para mí. Camila es como un rubí, es un rubí que está flotando ahí, en el mar y en el desierto, y en toda esa estructura natural que te puedes imaginar escuchando la rola, que se me hace muy chido. Pero Ser salvaje es algo que me costó más. Camila es una rola que hice porque sentí un golpe de inspiración. Pero Ser salvaje no está vinculada a ningún otro elemento más que a mí y esta necesidad de decir que quiero evolucionar, que quiero conectar con esto que estoy sintiendo, experimentar mi vida más libre, conscientemente, y valorar más cómo soy. Me tomó más tiempo estructurar los versos, el coro, hacer borradores de letra. Hice varios demos de la rola, se llamaba de otra forma. Al final terminé de escribirla por ahí de noviembre. Primero empezó de una forma, pausé y cuando retomé, todo fluyó muy bien. En enero me metí al estudio a dirigir todo y a que la rola sonara como ya por fin sabía que tenía que sonar. Estoy muy orgullosa, fue algo que trabajé más, un poco más, yo, conmigo, porque quería expresar cosas que jamás había expresado. 

Ser y descubrirse. Foto: Pantone7548c

¿Qué sigue para DI? ¿Algún EP?
Más rolas. Voy a terminar la mezcla de otra rola y después en unos meses veré qué onda, si va a ser un EP o no o qué. Pero hay más rolas, hay más música. 

¿Qué colores eres?
Negro, iba a decir, lo pensé así, negro, pero negro y rosa. 

¿Cuál es tu lugar favorito de Sudcalifornia?
Mulegé, la bahía. El Burro, la playa pues, cualquiera de esas. Pero El Burro es a donde me llevaban mi mamá, mi hermano y mis amigos siempre, y ahí me gusta estar.  

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Poesía: instrumento del aliento

Poesía: instrumento del aliento
El género literario que se siente en todas las geografías
La poesía anda en bicicleta. Foto: Miguel Asa

Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
Vicente Huidobro

 

“Procura volver”, me dijo con ánimo alentador. Yo tenía el espíritu dispuesto en el huracán. Pedalee debajo de él. Le nombraron Patricia, yo le llamé Poesía. No tuve incertidumbre al mirar lo que pasaba ahí. Imagine, “así debe ser cada poema”: una potencia única que permite dimensionar la vida a cada paso. Y volé un par de veces debajo de su viento y su agua. Era octubre. Yo estuve sobre mi bicicleta y me contuve a dejar la vida. Y aquí mis letras, yo y la poesía.  

Qué podría decir de aquel momento. No sé, algo similar pasa ahora. “Hay que inundar el mundo de poesía”, sentenció en algún momento de vida Ayari Lüders, pues conmueve y nos crea. Ese artefacto que cabe en la mente humana y no más, ha dado de qué hablar en los últimos años y ha sido por resistir, permanecer, existir. La poesía hoy es un punto de contención que se diversifica de muchas formas, improbables y mágicas. Pensé alguna vez que Ululayu existía, y desde hace tiempo, vivo en mi propio poema. 

Y es que la poesía permite a la humanidad descalzarse de sí misma. Nos entrega la vida y la muerte, el dolor y la consecuencia, la incertidumbre, la soledad, el epitafio y el amor. Nos comparte desde su poder todas las posibilidades para entregarse, darse, vivirse. La poesía nos llama veneno y viento por igual. Nos acostumbra a descender desde el espasmo hasta el rocío. Vaya, “la poesía es el espejo de nuestros ancestros, el aliento de nuestro presente y la semilla de nuestro futuro”, manifiesta Giselle Lucía, desde una isla que vibra el ser, la letra, la palabra, la resistencia. 

Desde la voz de mujeres y hombres, nos existimos, unos desde muy temprana edad, otros desde el inicio de la muerte. Así nos vamos con el poema. Celebrarla, claro, desde nuestras luchas, desde nuestras injusticias, desde el dolor y el miedo, desde la amistad y la fortaleza de sabernos, desde nuestras geografías. Y nos perfilamos como entidades únicas bajo cada verso. Nos entregamos en los placeres del día a día. Hacemos poesía porque “es la sangre que me explora el cuerpo y el hilo rojo con el que me comunico con los demás”, comparte Luis Armenta Malpica, con mezcal al lado. Y así vamos con la sangre entre estos bultos que hemos llamado cuerpos para cargar, a su vez, nuestras poéticas.

El poema no se cierra nunca mientras haya humanidad. Así la poesía se dice viento, artefacto, error y velocidad. Así la palabra se incrusta entre nuestros soliloquios a cada rato. “La poesía es el último refugio que le queda al humano, no hay que escribirla. La otra, es mayor siempre, es una necesidad, y como toda energía verdadera, puede lastimar de la peor manera”, con un brazo amorfo, Jorge García Prieto escribe desde el Caribe. 

Y de qué manera el viento mueve a las olas, dirige al polvo, extiende al fuego; de qué manera sostiene a los huracanes; en qué momento construye poemas desde la erosión. Así me pregunto a cada rato y sólo existo. Así me voy de cabeza y me pierdo en el cerebro. Abordo mi bicicleta y pedaleo desde el ser, desde la vida y doy gracias. En la poesía se encuentra todo, la ausencia y la presencia, la comodidad y la insatisfacción. En la poesía se encuentran las veredas de las raíces que somos. La poesía es “semilla de agua, cuenca de origen donde creció el fresno que bifurcó a los senderos”, así la concibe Melissa del Mar desde una ciudad del norte americano. 

Porque en la poesía se encuentra el error, la imprecisión de sabernos humanos y la exactitud del trayecto. Es tiempo de pedalear para entregar al horizonte nuestras primaveras. Son horas para hacer actos de cambio y de descubrir el futuro como un verso no escrito. Siempre seremos parte del error y del fuego, así de la poesía y del viento, una composición sin paredes. “La poesía es un instrumento para crear acordes con las palabras”, comparte Aurora González desde la noche de primavera.

Celebrar la poesía como último aliento, pues ni toda la vida para todos los versos. Algo así nos habla el tiempo, en el día a día, desde cada escondite que la poesía encuentra. No es posible terminar la sensación de encuentro si apenas se ha dicho una palabra. “Cuando digo poesía, digo todos los nombres” escribe Alberto Paz desde la frontera mexicana. Y es tan extenso el número de posibilidades que no somos capaces de percibir todas las figuras y con ello se desarticula el pensamiento, nos toma tiempo establecer una letra detrás de todo el viento, así el poema a la distancia, la existencia en el momento. 

Poesía es compartir entre los hilos de la vida. Dar un poco de sí y ejecutar el alivio de uno en el otro y este en otro y así sucesivamente por toda la cadena. Poesía es “la vibración que se estrella en los sentidos, la marea que acrecienta lo inefable…” comparte Rossana Camarena desde el vórtice del viento. Poesía es el cansancio del camino pues la comodidad pervierte la sed del espíritu. Que se asuma la primavera con todos los colores que nos entrega el sol para mirar hacia un reflejo enorme de la constancia del río. Así andar, así despertar, persistir, ser aroma y vacío a la vez. 

Un poema nos ha escrito la silueta. Hagamos de las posibilidades poéticas la diferencia de vivir lejos de la calumnia y de la pretensión. Que el poema nos declare error para ejecutar la poesía desde nuestros ojos. Hoy estamos vivos para leerla, saborearla, pero sobre todo, sentirla. Y volví después del huracán, comprobé la fuerza del viento y me sentí nada. Su nombre es aquí y ahora. Pedalear como sinónimo de meditación: la poesía.

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Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo​

Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo
Tonalidades diminutas que perciben fuego en el canto
Cinthya Morado y sus artesanías. Foto: Daniel Mosqueda

Todos rompimos murallas
o cabalgamos quimeras.
J. L. Serrano

Subí 89 km desde la costa del Pacífico mexicano para llegar a Tepic, Nayarit. Fue un ascenso bastante prolongado para un sólo día pero aquello se convirtió en un gran reto. Llegué a la ciudad por la noche. Hubo oportunidad de estar por allá en un febrero. Ahí conocí a una cantautora natural, sideral, profunda: Cinthya Morado

En una noche con conocidos coloridos de la región, hicimos encuentro en Galería Lea, aquel espacio sencillo y elocuente de Salvador Lea, un pintor y amigo de la ciudad que nos permitió coexistir. Esa noche entre poetas, artistas y demás ingresé en la percepción de conocer a algunos cuantos. Ahí, entre el baile, la noche y las esperanzas andaba Cinthya Morado, mujer peculiar y de sencillo tono humano, a quien conocí mediante nuestra amiga poeta Frydha Victoria, y así, lo demás se convirtió en historia.

La naturaleza es creatividad. Foto. Cinthya Morado

Hoy, tiempo después, exploro en los acordes y me crezco entre la imagen de su Diminuta, obra sonora que recién ha surgido en 2020 para dar paso a todo una conceptualización de su personalidad. Seré honesto. Cada pieza de esa composición contempla historias potentes, divertidas y corren el riego en cada tono. Se anticipa el entusiasmo a respirar y sentir. La exploración de Morado es una estafeta entre el silencio de los gatos y las esperanzas. El discurso se carga de experiencias y de tonos climáticos que nos llevan por aquí y por allá como un juego repentino de infantes. 

Es divertida y se ausenta de la incertidumbre. Hay poesía en cada una de sus letras. La magia que persigue con esta obra va más allá del sonido que se repite una y otra vez, es un telar sonoro. Así la instancia voraz de la secuela de la vida, el canto y los instrumentos. Aquí hoy, una breve entrevista con Morado, quien actualmente radica en Aguascalientes, y que persiste en sus sueños de gatos, cerros y días.  

Por mi cuenta, paseo en bicicleta con el afán sonoro de El suelo que me lleva a la curiosidad y al divertimento. Vuelo. Y así me encuentro en un disco repleto de comedia, paciencia y laberintos muy mexicanos. Texturas imprescindibles que se mezclan en el delicado aroma de sus timbres. Diminuta es una experiencia especial, hay que estar en la hamaca y despertar con café para escuchar con detenimiento. 

¿Qué te atrajo a la música?
No sabría decir con exactitud qué me atrajo a la música, en mis recuerdos más primigenios ya está presente el jugar con melodías y ritmos, eran mis formas de divertirme, siempre hacía melodías con lo que iba observando o haciendo. Desde muy pequeña mis papás nos cantaban y ponían música de muchos tipos: crecí con Cri crí y con Nirvana, con Tracy Chapman y con Mozart. Me gustaba escuchar y a veces lloraba con algunas canciones aunque no tuvieran letra o no la entendiera. Creo que hay una conexión muy intuitiva de la que no reconozco un inicio específico, pero sé que mi sensibilidad tiene mucho que ver con mi primera infancia y mis primeros descubrimientos habitando este mundo.

¿Qué es componer para ti?
Hacer música es súper mágico. Cada vez lo entiendo de una manera diferente y un poco más profunda. Lo veo como si tratara de encapsular momentos, como de hacer mantras también. Hay veces que tengo ideas o emociones o me pasan cosas difíciles de procesar y al convertirlas en canciones y repetirlas una y otra vez, me entiendo mejor. Me gusta pensar también que tienen el potencial de conectar con otras personas. Creo que se lanzan al exterior y se quedan ahí, que dejan de pertenecerme del todo y se van combinando con el tiempo y el espacio. Es muy loco pensar en que alguien más también puede tocar y cantar piezas mías que nacieron en momentos tan íntimos. Cuando me muera mis canciones seguirán existiendo, eso es muy emocionante.

Flores y Cinthya. Foto: Regina Béjar

¿Qué es Diminuta?
Diminuta es un EP minimalista, íntimo y de autorretrato que grabé a principios de pandemia en Joi Records, en Aguascalientes. La oportunidad de grabar se dio de sorpresa y hacerlo fue un reto y un proceso rápido pero muy bonito. Dentro del equipo de este material está José Octavio Primero en producción y mezcla, Gerardo Castmu en masterización y Rubén Ramírez Díaz como músico invitado en dos de las canciones. La portada es una obra de Ulises Sarabia y el diseño gráfico de Ricardo López. Salió en septiembre de 2020 y está disponible en todas las plataformas digitales.

¿Hacia qué caminos poéticos es posible declarar tu obra?
No sé si se le puedan llamar poéticos a los caminos que traza mi música, me encantaría que sí, ésa podría ser una de mis metas. La poesía es un lenguaje muy sublime, toca fibras muy íntimas y profundamente humanas, es algo casi espiritual, creo. Para mí es un sueño poder lograr eso aunque sea un poquito; decir algo, provocar algo, evocar a la naturaleza, que quienes me escuchen sientan parecido a lo que yo siento cuando canto o cuando escribo lo que canto, me ilusiona eso.

Cinthya y piedras. Foto: Regina Béjar

¿En alguna nota la bicicleta?
Amo la bicicleta. Aprendí a andar en ella un poco tarde, a los diez años. Todavía recuerdo la primera vez que logre el equilibrio y avancé, estaba sola porque era muy miedosa, y también, muy insegura; entonces, cuando intentaron enseñarme nunca pude, fue hasta que lo intenté por mi cuenta y sin que nadie me viera. Fue muy liberador. Hubo un tiempo en que me movía en bicicleta a todos lados, a veces también salía a la carretera, es maravilloso. Debo decir que últimamente ya no la uso tanto, me recrimino eso. Quiero volver.

¿A qué te sumerges cuando piensas en gatos?
Cuando me preguntan si soy de gatos o de perros siempre respondo que de gatos. Me gusta mucho su autosuficiencia y su determinación. Creo que saben perfectamente lo que quieren y van por la vida hacia ello, siempre claros y honestos consigo mismos. Son ágiles y les gusta jugar pero también duermen mucho, a veces les gusta la compañía y la buscan, a veces no y se van. Son silenciosos y pasionales. Me gusta que cambian de humor y que siempre se entregan al momento presente.

¿Qué son los árboles en tus canciones?
Los árboles son muy importantes en mi vida, no sólo en la música. Me transmiten muchas cosas. Me gusta observarlos, he escrito varias canciones y textos sentada a la sombra de árboles, son un lugar seguro para mí, son también compañeros e inspiración. Puede sonar raro, pero yo creo que hay árboles específicos a los que he querido de verdad.

¿Alguna vez serás pájaro?
No creo. Amo mucho a las aves, pero me siento muy lejana a su naturaleza, soy más bien una de sus fans y soy muy, muy humana; ser ave es muy perfecto y yo no quepo ahí.

 
Cinthya Morada desde sí. Foto: Regina Béjar

¿Qué explota en tu pensamiento cuando cantas?
Cuando canto no pienso, es uno de mis estados menos racionales, es como si me fuera de mí misma, o más bien, como si viajara hacia dentro de mí y me ausentara de mis propios pensamientos para nada más sentir. A menos de que no esté cómoda en ese momento o no esté concentrada, entonces sí, me cuestiono.

¿Qué surge del viento y de ti para todos?
Relaciono al viento con el movimiento y con la vida, con dejarse llevar y con la libertad. De mí para todas hay honestidad.

¿Mar o sierra?
Sierra. Soy de Nayarit y crecí muy cerca del mar, sin embargo siempre he preferido las montañas, la tierra, las hojas secas y los árboles altos; aunque he de decir que ahora que vivo lejos, sí extraño mucho la playa.  

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Melaque-Vallarta: la costa jalisciense en bicicleta

Melaque-Vallarta: la costa jalisciense en bicicleta
Una ruta mexicana para aquellos amantes de las playas
Tenacatita al fondo. Foto: Miguel Asa

El frío escarba
El miedo sube
El árbol se seca
El hombre se agrieta
Los postigos golpean
El miedo sube
Ninguna palabra es bastante tierna
Para traer de nuevo al hijo de los caminos
Que se pierde en la cabeza
De un hombre al borde de la estación
Tristan Tzara

Tiago se reirá al saber que estas letras se escribieron en compañía de la canción Eu Inezito de Tatá Aeroplano, pero es necesario compartir el sabor de las cosas y de los momentos. Entre palabras en portugués, melodías de música axé y algunos tantos brasileños, durante nueve días conocimos y reconocimos sitios con gran aspecto en las costas de mi estado, Jalisco. Muchos creen que la carretera 200 no entrega sorpresas y vaya que el fin de diciembre y el inicio de enero fueron una sustancia potente para la imaginación.

Sí, viajamos durante nueve días llenos de pedaleo y mucho color. Viajé con mi amigo Tiago Testa, un chico brasileño que radica en Guadalajara desde hace dos años, y que por igual, tiene el sueño que muchos hemos vivido, viajar en bicicleta, y México, le permitió eso. Yo fui muy feliz por presentarle un pedacito de mis caminos recorridos, lo demás es historia.

La Manzanilla y su amor. Foto. Tiago Testa

No planeamos demasiado. Dejamos que la rodada de pedal y playa fuera exquisita según sus bondades. Así creamos un plan, cinco meses atrás; llegada la fecha, todo se modificó según prioridades. Fue momento de cuidarnos y de cuidar nuestro contexto. No portamos mucho equipaje: herramientas, algo de ropa y suministros varios que adquirimos en distintos locales: tiendas, fruterías y expendios.

Entre incertidumbre, cansancio y fechas encajonadas, salimos el sábado 26 de diciembre con destino a las costas de Jalisco. Primero realizamos un breve recorrido en nuestras bicicletas desde el Centro de Guadalajara a la Central de Autobuses (sí, la bicicleta puede subirse como equipaje siempre). Nuestro primer destino fue Melaque. Ahí decidimos que la ruta fuese como se establecieran las condiciones. Cabe mencionar que este recorrido fue el primer viaje de mi compañero. De ahí la felicidad y la impaciencia por ver toda la costa. 

Las playas de Tenacatita. Foto: Tiago Testa

A Melaque llegamos por la tarde. Se trata de un pueblo pesquero que es parte de lo que se denomina como la Costa Alegre de Jalisco. Ahí me han tocado jornadas muy sabrosas de reuniones, comidas colectivas, días de celebración y hasta el pulgar en alto para regresar a Guadalajara. En Melaque decidimos iniciar la ruta hacia el norte. Nuestro primer reto fue la subida montañosa previa a La Manzanilla. Con una distancia de 17 kilómetros entre un punto y otro, rodamos entre los 250 m sobre el nivel del mar, no cansado ni exhaustivo, sino divertida, tan sólo en una hora y media. Aquella noche nos quedamos ahí. 

La Manzanilla es una comunidad pequeña con mucho que otorgar. Podrás encontrar lo necesario para pasarla bien, restaurantes, tiendas, hoteles, habitaciones y casas en renta, y sobre todo, muy buena onda entre sus locales. Una playa apta para toda la familia y su esparcimiento físico si buscas algo tranquilo para descansar. En esa playa disfrutamos nuestro primer ocaso de la ruta. Alistamos el campamento a unos cuantos metros del pueblo, por el camino que lleva a Boca de Iguanas, y el frío se hizo presente.

Pedalear por Tenacatita. Foto: Tiago Testa

A la mañana siguiente y no muy temprano (hacia algo de frío) nos dispusimos ir hacia una delicia en esa ruta, y que muchos de ustedes lo consideran por igual, Tenacatita. Para llegar ahí, nos lanzamos sobre la 200 con toda la disponibilidad de existir rico en nuestras bicicletas. No es por demás que el clima nos benefició ya que nuestro hermano sol nos permitió disfrutar de una ruta sabrosa. 

Al llegar al crucero, puerta de Tenacatita, nos preparamos para disfrutar. Algunos suministros, unos rehidratantes y demás, cumplimos con los 23 km desde La Manzanilla por la 200. Es importante destacar que algunos breves fragmentos de la carretera estaban en renovación, por lo que tuvimos que adaptarnos al polvo originado por el tráfico automovilístico, pero todo marchó en orden. 

Playa Careyitos desde lancha. Foto: Miguel Asa

Tenacatita es un símbolo para muchas personas. Así es para mí, pues la considero uno de mis sitios preferidos para pasar la vida en contemplación. Ahí las caminatas, las comidas y el nado se vuelven una divina ocasión de encuentro con la Tierra. Tiago quedó perplejo al estar en esa delicia natural. Por mi parte, le dí frescura al recuerdo y al pedaleo. Decidimos pasar dos días ahí, antes de partir a una serie de constante ejercicio sin descanso entre días. Nadamos, recorrimos un poco de brecha en bicicleta y jugamos fútbol americano, entre las olas, con un coco que andaba por ahí (sí, pueden decir que hay locura, pero la naturaleza aporta su parte también). El coco volaba de lo lindo por los cielos playeros.

Punta Pérula, estero y playa. Foto: Tiago Testa

La música fue el silencio. Nunca tuvimos un horario ni un plan determinante. Por principio nuestro plan fue disfrutar, llevar lento el sistema de diversión y acoplarnos conforme el tiempo sucedía. Salir de Tenacatita fue una gozadera lenta el día martes. Hablamos de sus espacios y subimos por más carretera a lo largo de 62 km hasta Punta Pérula. 

Sin embargo, antes que todo, al medio día invité a Tiago a conocer playa Careyitos, un sitio en una pequeña bahía que brinda un misterioso fenómeno natural: una playa encerrada entre dos puntas de tierra con cercanía a una pequeña laguna. Ahí conocimos a un viajero de la Ciudad de México que había recorrido desde nuestra capital hacia la península de Yucatán y de regreso, y que a su vez, pretendía finalizar en Mazatlán. Compartimos un poco el nado y un breve aperitivo. Entre olas pequeñas, una naranja, el debido trago de agua y pocas aspiraciones a cambiar el plan, seguimos por nuestra ruta. 

Ríos en camino a Tomatlán. Foto: Tiago Testa

Llegamos temprano a Punta Pérula, a media tarde, aún había sol. Tendimos las casas no muy lejos de otras familias y compartimos lo posible. Tuvimos tiempo para disfrutar de ello y hasta una cascarita futbolera con algunos visitantes más tuvimos, a pata salada y con arenita. Después de eso nadamos de lo lindo, y no mentiré que el clima se puso sabroso, pues un frente frío desde el norte nos dio de qué hablar. En Punta Perula disfrutamos de una breve caminata por el centro del pueblo e hicimos la noche. Un par de diálogos sobre el pedaleo y las siguientes etapas. Las temperaturas de los días siguientes bajaron y las noches se volvieron la reunión de suspiros y más. Dormir en las casas fue un reto y vaya que lo disfrutamos. Decidimos ir hacia el norte y cambiar el plan inicial. Llegaríamos hasta Vallarta.

Tiago en Casa Lanni, Cruz de Loreto. Foto: Miguel Asa

Así, por la mañana del miércoles nos desconectamos de Pérula y dirigimos las bicicletas hacia Tomatlán. Para mí recordar toda esa ruta fue sorprendente. Volvieron las imágenes que en algún momento gesté cuando viaje en solitario. Los días de pedaleo constantes fueron divertidos e hicimos una parada previa a la desviación a Tomatlán. El huarache nos indicó que debíamos pasar y lograr todo lo posible por seguir en costa. 

Dejamos de lado y pasamos por diversas entradas a varias playas. Sin embargo, al estar por el ingreso norte a Tomatlán desde la 200, una señora paró en su camioneta y nos abordó. Nos comentó que esperaba a un par de ciclistas y pensó que éramos nosotros. Aún así, nos hizo el ofrecimiento de hospedaje en su hotel que se encontraba a unos kilómetros de ahí, en la Cruz de Loreto, Casa Lanni.

Una tarántula nos abordó en el camino. Foto: Miguel Asa

Decidimos romper con nuestra propuesta de subir hasta El Tuito y preferimos ganar un poco más de costa, pues después de la Cruz de Loreto vendría una terraceria hermosísima hacia Mayto, ruta que preferimos para subir sin tráfico hacia El Tuito para finalizar el sábado por la tarde en Vallarta.

En ese momento, a media tarde, las nubes comenzaron a hacerse presentes por nuestro camino. Aquel día soleado con frescura se convirtió en una tarde gris con colores saturados bajo la humedad que contemplamos. Existieron breves ráfagas de viento en contra y algunas pequeñas gotas después de pedalear más de media hora hacia el destino. Pensamos que la lluvia caería sobre nosotros, sin embargo, el clima fue justo. Llegamos al poblado y llamamos a Casa Lanni, en donde nos atendieron con cortesía y nos ofrecieron una habitación cómoda por un precio muy accesible, y lo más bello, con especial descuento para cicloviajeros. Así fue después de 70 km después de Pérula, con cambios en las temperaturas, algunas subidas y bajadas con columpios medios.

En las costas de Cabo Corrientes. Foto: Miguel Asa

Esa tarde correspondí a Tiago y a su afición por el fútbol brasileño, pues jugó su equipo favorito,  Palmeiras, contra el América Mineiro, otro equipo de por allá, en un juego importante en aquellos momentos. Vimos el partido en el móvil, y a medias, debido a la poca conexión que había, sin embargo, tuvimos oportunidad de descansar, de tomar una ducha rica y estar en nuestras respectivas camas. Al anochecer fuimos a cenar con un frío espectacular, así lo digo, pues las temperaturas de ese momentos no se habían presentado en años por las costas jaliscienses. Ahí conocimos un poco de trabajo de campo al charlar con unos jóvenes locales, y quienes a su vez, nos dieron recomendaciones sobre la brecha a Mayto.

La bicicletas en terracería. Foto: Tiago Testa
Playa, viento y soledad. Foto: Tiago Testa

Al día siguiente, disfrutamos de un buen desayuno en un puesto de ahí, eso después de obtener suministros para el resto del día. El pedaleo del viernes comenzó con lo espectacular: la fatiga de pensar en terracería. Salimos sobre empedrado al poco tiempo y de ahí, la tierra se hizo presente. Metros adelante nos metimos a una postal enorme: una brecha pequeña hacia un destino playero sin arena. Ahí disfrutamos la vista y de un breve aperitivo, una naranja y una manzana con tragos de agua. Regresamos a la terracería y todo el tiempo tuvimos túneles verdes. Al poco tiempo notamos playas largas con un mar inmenso, los vientos del norte descendían sobre las olas con una voluntad fenomenal. Esa terracería toca a varias playas así y la presencia humana es muy poca, salvo los que pasan por ahí de ranchería en ranchería más algunos locales que tienen ese camino como diario. 

Contemplamos diversas aves, un silencio enorme y llenamos de tierra el cuerpo. Conocimos diferentes paisajes, nos detuvimos en un pequeño rancho y contemplamos más extensiones de mar. Nos dimos la libertad de estar en aquel camino con más de 40 km. Llegamos a Mayto para contemplar el ocaso, y pese a todo, nos dimos cuenta que el manejo de una bicicleta dependerá de las texturas que uno tenga en el camino. 

 

Pedalear entre tierra y mar. Foto: Miguel Asa

Aquella noche fue la última de 2020. Dispusimos a platicar después del campamento y sobre todo, a compartir los detalles de lo que había sido nuestra ruta hasta el momento. Esa noche, en mero fin e inicio de año, la temperatura bajó a tal grado que tuvimos que dormir con toda la vestimenta que portabamos, misma que no era mucha. Pese a todo, el amanecer fue delicioso, un desayuno en un local del pueblo y la revisión de bicicletas para salir hacia el tramo más pesado de la semana como culminación de nuestra ruta.

Hacia Mayto con paisajes únicos. Foto: Miguel Asa

Así fue que despegamos rumbo a El Tuito. A pesar de que amaneció fresco, el sol nos cobijó durante el día en breves momentos. Subir hacia la sierra fue un éxito rotundo, aquello fue en un desplazamiento de 40 km desde 0 a 700 m a sobre el nivel del mar. No cabe duda que tuvimos una prueba que nos abrió el apetito, nos dió la fortaleza para compartir el tiempo en subida y apreciar los diversos cambios de flora y fauna a nuestro alrededor. Llegamos a media tarde al poblado amarillo. El Tuito es la cabecera municipal de Cabo Corrientes y es puerta y paso hacia diversos puntos de la costa de Jalisco. La serranía nos entregó frío de día y la continuación de nuestra ruta estaba en duda, sin embargo, pese al cansancio y al agotamiento que ya teníamos de días, decidimos pedalear hasta el malecón de Vallarta. 

Playa Mayto y un espejo natural. Foto: Tiago Testa
La última noche de 2020 en Mayto. Foto: Tiago Testa

Esa decisión fue muy divertida, ya que así como ascendimos, descendimos con una velocidad impresionante y bajo todo cuidado posible del uno con el otro. Llegamos a Vallarta en una hora y con el corazón lleno. Esa noche disfrutamos de unos breves momentos en el malecón y abandonamos el sitio para pasar la noche con uno de mis amigos de la región, Juan Fernández, uno de los más persistentes activistas ciclistas de la ciudad.

El Tuito, cabecera municipal de Cabo Corrientes. Foto: Miguel Asa

Al siguiente día lo pasamos en la playa del Holy. Fue la única vez que estuvimos en descanso extendido bajo el sol. Ahí, en el puerto jalisciense, una rica cena en la comunidad fue el detonante de que estamos aliados. En Zuzzhi nos compartieron de su labor como empresa local y contribuyeron a nuestro cierre con una cena fenomenal. En El Pitillal, hay alguien que reparte alimentos en bicicleta, y de igual manera, el corazón. De ahí nos despedimos para preparar maletas. La jornada de pedaleo cerró en la Central Camionera de Vallarta para despegar con rumbo a Guadalajara a la media noche.

Playa del Holy con bicicletas. Foto: Miguel Asa

La jornada había terminado. La ruta nos demostró quiénes somos y hacia dónde vamos. La persistencia de la bicicleta es una tenacidad que promueve la amistad y el compañerismo. Llegamos al amanecer para descansar durante domingo y reiniciar las actividades de trabajo y demás. Iniciar año con pedaleo para compartir la dicha de estar vivos. Gracias a quienes estuvieron presentes en este recorrido, fue una experiencia increíble. Viajar en bicicleta con el fin de cambiar paradigmas.

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Versonautas: galaxía de letras y notas

Versonautas: la galaxía de letras y notas
Conjunto sonoro que es un performance más allá de lo poético
Ana Sanahuja y Roqui Albero son Versonautas

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor 
dice que el amor es muerte es miedo 
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe   
Alejandra Pizarnik

En septiembre de 2014, previo a mi primer viaje extenso en bicicleta por las costas del Pacífico mexicano, la poesía estuvo delante de mí en un escenario desde la voz de un hombre peculiar. Fue en un concierto de Jorge Drexler donde percibí la intensidad de aquel hombre en algunos versos junto a su trompeta. Aquella noche fue la presentación del disco Bailando en la cueva del compositor uruguayo ante el público tapatío, su cumpleaños 50, y de una breve intervención no pensada de nuestro lema ante todo el público: Por favor, lea poesía sonó ahí. Quién iba a saber que horas más tarde sería una juerga enorme al lado de todo el grupo de Drexler, y por igual y muy gratificante al día de hoy, el nacimiento de una amistad fraterna con los Versonautas

Versonautas son amigos, amantes, comparsas.

Sus nombres son Ana Sanahuja y Roqui Albero y ambos dan vida a este proyecto intergaláctico en el que la poesía y la música se fusionan para crear una inmersión colorida, así lo digo porque así lo creo. A Roqui lo escuché versar aquella noche junto a su trompeta, y aquello, más allá del concierto, me dejó atónito. Los lazos se crearon y después tuve la fortuna de conocer a Ana y de todo lo que son como pareja: un ente explosivo de creatividad conjunta. La poesía y la música ha sido nuestro tema a lo largo de estos años. Ha sido una magia contemplativa estar en el desarrollo de este enorme proyecto hasta el día de hoy desde la distancia.

En 2020, la flor de Versonautas surgió, Astro Azul, un álbum experimental, performativo y delirante. En él las palabras se hilan de cada nota y forman una escultura sonora única en su tipo, en el que el amor, la exploración en pareja y las aventuras poético-sonoras culminan en momentos de pensamientos inauditos. Entre ellos, la participación de amigos expandieron las posibilidades para entregarnos un eco puntual, estratégico, esperanzador, así la voz de Silvia Pérez Cruz, Jorge Drexler, Raúl Rodríguez y otras participaciones, se congregaron para amarnos de una manera especial desde la versopsicodelia.

Contemplar esta obra es anticiparnos a las melodías discretas y a los misterios que anuncian sus versos. La poética con la que se construye es elemento completamente diverso y entrega en cada composición lugares asimétricos, en los que uno se puede estar y rodear las mañanas, las tardes y las noches en soledad o en pareja. Al final de los días, Astro Azul, es un disco que en el pedal entrega efectos alegres, sensibles y nostálgicos de la vida que somos.

Escuchar este disco y dar cuenta de la potencia que se ha requerido para impulsarlo es notar la presencia de la posibilidad creativa de dos personajes y toda la fuerza que han implicado, algo así como una de las maneras mágicas del amor desde dos hacia el todo. Versonautas, desde hace meses, me ha dado otra posibilidad de la poesía, más allá de las páginas y de los libros, en sí, en los momentos en que me encuentro alrededor del viento.

Ahora es cuando siento la exploración del eco y de las notas de todas las atmósferas. Esta obra es para disfrutar a media luz, con un poco de agua y un sorbo de vino. Es buscar la permanencia en el mismo poema, en el estallido de las galaxias, en lo que nos come lentamente. Astro Azul entrega la posibilidad del éxtasis de la palabra, el caminar eterno de las bicicletas, es a la vez aurora y ocaso, la apertura y el cierre de las posibilidades. Astro Azul, es más que un universo.

Astro azul es la experiencia y la búsqueda de diversas atmósferas en el que el juego y la memoria se han fragmentado para convertirse en un reflejo de amor infinito de la poesía y la música contemporánea: un delirio sensorial de un viaje de dos. Y para ello, sus propias palabras como en el Poema del amor a veces

se tocan antes
están siempre a punto de tocarse
no se hablan
se balbucean
se chocan las bocas
se pasan el aire
labios de caballo 
se cierran los ojos
se pasean las almas por el oscuro del otro
se sobrevuelan
y se encuentran los cuerpos
y se piensan a la vez 
hacen nacer el pensamiento
y juntos
lo dejan morir
hacen nacer el gesto a la par
y juntos
lo disuelven

Versonautas es una palabra obsequiada por Jorge Drexler

¿Qué es Versonautas?
Versonautas es una aventura que emprendimos hace 7 años, un lugar en el que nos encontramos para crear, el espacio que nos permite mezclar vida, profesión, arte y aprendizaje. Es un modo de navegar sin ataduras en un mar de posibilidades infinitas. “Versonautas“ también es una palabra que nos regaló el cantautor Jorge Drexler. 

¿Por qué crear un proyecto de poesía y música?
No sabemos si hay un porqué, todo partió del amor, del gusto por hacer cosas juntos, de encontrarnos en otro plano. Los dos somos músicos con formaciones diferentes y la poesía fue un punto a partir del cual hacer música en libertad. Dedicarse a una disciplina artística o género en concreto puede, a veces, impedir que surja la creatividad, ya que siempre hay un peso de la tradición que ya nos marca unas pautas. El hecho de agregar un elemento nuevo para nosotros ha sido el faro que nos ha guiado hacia un lugar en el que lo creativo esté por encima de lo técnico.

¿Cómo fue que se encuentran como amigos, pareja y ahora colaboradores de proyecto?
Quizás fue el hecho de detectar en nosotros más afinidades que las puramente sentimentales. Nuestros sueños se encontraban, nuestras conversaciones se encendían y nuestros anhelos coincidían. Sabíamos que el juntarlo todo tenía su riesgo, podíamos ahogar nuestra relación, pero eran tantas las ganas que decidimos apartar todo atisbo de duda y arriesgarnos, siempre tuvimos una intuición positiva al respecto de implicarnos en lo profesional. De algún modo, vimos que, además de amantes, éramos también las piezas perfectas para poner en marcha un sueño común.

Ana y Roqui desde hace siete años: Versonautas

¿Dónde se originó este proyecto y por qué?
El proyecto nació entre Valencia y Barcelona y la excusa fue un proyecto que pretendía unir la gastronomía con el arte. Creamos un festival llamado Saborasons, palabro inventado en catalán que sería algo como Saborasonidos. Ahí creamos el Banquete de las Palabras, un viaje a través de poetas que versaban sobre la gastronomía. Fue un espectáculo multisensorial en el cual un amigo chef convertía lo que recitábamos en una experiencia gustativa a través de sus platos en forma de pequeñas catas.

¿Qué proyectos o creativos han influenciado a Versonautas?
Al inicio nos conectó mucho el cine, un arte que navega entre la fotografía, el texto y la música con una fluidez inspiradora. También hemos bebido de todo tipo de música, aunque cada vez más, nos interesa la creación del espacio sonoro, de las texturas.

¿Cómo es un espectáculo de Versonautas?
En estos seis o siete años hemos ido evolucionando y ahora, con Astro Azul, nos parece que se ha dado un nuevo comienzo, una metamorfosis muy deseada. Planteamos un ritual escénico que se desnuda ante la audiencia. El viaje no para, durante una hora todo se va hilvanando mediante la música, el sonido abstracto, la luz y la palabra. Esta aparece deconstruida, recitada, cruda y cantada.  Juntos partimos de una nada creadora y vamos mostrando capas hasta llegar a la pura sencillez.

¿De qué manera llevan su proceso creativo?
Siempre hemos ido componiendo nuestro universo a partir de lo que nos sugería la palabra. Esta era el motor a partir del cual elaborar un discurso sonoro. Al inicio buscábamos los textos que nos dieran esa fuerza creadora hasta que, en este último trabajo, decidimos empezar a escribir y pensar en un todo escénico ya desde el inicio. En este proceso, la escritura no pretende formar parte de un poemario, es en sí un modo de sincerarnos con nosotros mismos. Nuestros textos, más bien son ideas sintéticas, partículas de poesía, spoken songs o canciones habladas.

¿Qué imagina ser cada uno de ustedes, flora, fauna, algún ser en especial?
Nos conformamos con dejar que aflore aquello que en nosotros pida nacer, embriagarse de luz. Queremos ir abandonando las cáscaras que se van marchitando y que surja el nuevo ser que nos habita. Nuestra idea es no reprimir nada por miedo, salir de todos los armarios en los que a veces encerramos al espíritu, el cual que no entiende de patrones establecidos.

¿Qué momento identifican como mágico para Versonautas?
La magia en un escenario se da, es difícil controlarla, ella decide cuándo mostrarse. Nos parece que hay que invocarla desde lo erótico, desde el juego…aunque un poco de ron o de tequila antes de empezar ayuda mucho…jaja…Destacaríamos los tres días de estreno el pasado mes de septiembre en la Sala Carme Teatre de Valencia, en muchos momentos nos sentimos flotando sin tiempo en un espacio infinito. Las miradas luminosas y las palabras emocionadas de la gente, también son momentos mágicos. 

Versonautas es creatividad en complicidad

¿Cómo es la relación música y poesía para Versonautas?
Es un idilio muy antiguo, algo que viene de nuestros ancestros. Creemos que hay una voz que nos indica siempre cuándo está funcionando esa alquimia. A nosotros nos gusta que ambas cosas estén vivas, que ninguna sea demasiado protagonista respecto a la otra, aunque hay veces en que se requiera cierto matiz para que todo funcione. Lo importante es que uno sienta que ha hallado el milagro, que haya búsqueda.

¿Desayuno, comida o cena?
Somos como vosotros, comer, beber, cocinar, hablar, compartir recetas… A pesar de su fuerza, no nos ha convencido la cultura sajona de comer como puro trámite. El encuentro alrededor de una mesa con productos frescos es un ritual sagrado. “El hombre, como decía Montaigne, más que un animal racional, es un animal que cocina”.

¿Pedalear? ¿Individualmente o en familia? ¿Hay poesía en ello?
En todo se puede manifestar lo poético, cómo no. Valencia es una ciudad ideal para el pedaleo. Nosotros nos movemos en bici por toda la ciudad, también con nuestro hijo sentado en su sillita. Cuando vengas lo podrás comprobar.

Ana y Roqui son versopsicodelia, spoken song y performance.

¿Cómo se contemplan en México?
Para nosotros, la América con la que compartimos idioma y lazos es fundamental y México es, sin duda, la tierra mágica por excelencia, algo que puede que España haya perdido. Ambos hemos visitado México en varias ocasiones y siempre hemos quedado embriagados de una fuerza arrolladora. Vosotros tenéis fuerza y ternura, sois apasionados y generosos. A nosotros México nos parece que es un universo en sí mismo, inabarcable hasta para sus propios habitantes, lleno de misterios, culturas ancestrales, climas diversos, plantas maestras…quién podría no ser un amante de esa tierra milagrosa. Estamos seguros de que, en cuanto podamos, en cuanto despertemos y recuperemos la libertad arrebatada por una supuesta seguridad, nuestro Astro Azul volará hacia vosotros. 

¿Qué hay de la Tierra?
La tierra, como el cuerpo, habla en un lenguaje que hemos desoído demasiado. El último siglo ha sido el de los grandes avances tecnológicos y también el de los grandes retrocesos medioambientales. Sabemos que nos ha podido la opulencia, que hemos creado un sistema depredador y que ahora nos toca parar y escuchar. Pero, conociendo bien lo excelso y lo perverso del ser humano, nosotros desconfiamos hasta de las buenas intenciones, no sea que surjan nuevos tiranos que, invocando el paraíso, vengan a sustituir a los de ahora, debemos estar atentos también a eso, a ese nuevo business verde. Queremos pensar que la conciencia acabará aflorando como una marea de amor a lo que somos: materia orgánica, tierra, partes de un gran ser vivo. Arrasar la tierra es una forma de auto lesionarse.

¿Qué labor social ha hecho Versonautas?
Concretamente en Versonautas y fruto de la casualidad -pues surgió a partir de la demanda de varios profesores de literatura-, creamos hace unos años el proyecto educativo “Abrapalabra”, taller-recital pensado para acercar la poesía a los adolescentes. Los estudiantes de ESO y bachillerato se encuentran en un momento de vital importancia que los lleva a preguntarse sobre las grandes cuestiones humanas: el amor, la vida, la autoestima, la muerte, el más allá, el universo interior, la propia vocación … Sin casi ser conscientes, a través de las canciones, ya han comenzado a sentir cierta inquietud poética que les ayuda a afrontar sus preocupaciones. Nosotros intentamos mostrarles la utilidad que puede tener la poesía en sus vidas y el efecto transformador que ésta puede generar en ellos. Acudimos a los institutos mediante un recital-taller participativo, son sesiones muy transformadoras.  

¿Planes a futuro?
Seguir haciendo lo que nos llena: escribir, componer, grabar, actuar, reflexionar, crear sinergias con otras personas y con otras disciplinas artísticas, cuidar a nuestro hijo, encontrar un lugar en el que cultivar, aprender cosas nuevas, etc. Cuesta pensar en el futuro, últimamente pensamos más en “construir un presente”, quizás sea la mejor lección de todo esto. Pero nuestro más ferviente deseo es que despertemos como especie, que nos dejemos conmover por la belleza, que perdamos el miedo y que a ningún ser humano le sea arrebatada su dignidad. 

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Casa huerto Madre Luna: semilla en Tala

Casa huerto Madre Luna: semilla en Tala
Proyecto de autocultivo que se comparte
Sol Rodríguez y René Velazquez son Madre Luna

No se seca la raíz de quien tiene semillas dispersas para brotar en la tierra. No se apagan las ricas memorias de nuestros abuelos. No se recortan las anchas alas porque el cielo es libertad y la fe es encontrar a ‘Ãgglẽnẽ’.
Nanblá Gakran

Desde hace algunos años he recorrido en bicicleta la carretera de Guadalajara a Tala, acá en Jalisco. Es una ruta sencilla que me divierte mucho y que siempre agradezco. Los paisajes que rodean al volcán de Tequila son un amor al amanecer y una nostalgia completa al atardecer. Son fines de semana los que me abrazan para llegar al corazón de Casa huerto Madre Luna, que es la viva creación de un par de amigos, que desde su juventud han coincidido para hoy día compartir las labores de la tierra. Ellos me han enseñado un poco de lo que sé sobre el autocultivo, sobre la forma de vivir la tierra, y sobre todo, de compartir con los demás. Y hace poco los visitamos Tiago Testa y yo en nuestras bicicletas.

Productos sustentables. Foto: René Velazquez

Tala se encuentra a hora y media de Guadalajara en dos ruedas. El clima es propicio para la caña, el cacahuate y otros. Ahí se encuentra Casa huerto Madre Luna, donde Sol Rodríguez y René Velazquez han creado lazos con su entorno, su familia y sus amigos, “es nuestra casa, ahí vivimos y creamos un espacio para compartir, crear, sembrar ideas y cosechar con la comunidad a través de la agroecología”, así lo describen.

Galletas caseras. Foto: Sol Rodríguez

Esta idea de ambos, y que al día de hoy poco a poco ha cobrado más impacto, surgió “de nuestra búsqueda por regresar el amor a la tierra y por compartir experiencias que nos acercaran a un equilibrio, entre una vida moderna y a la vez sostenible, para el medio ambiente. Los dos siempre vamos en el mismo camino y con ese sentir en sincronía. Dejamos la vida de rutina de las ocho horas de oficina en la ciudad: dormir y al día siguiente lo mismo. Eso lo cambiamos por regresar a nuestra raíz, a una vida de disfrute, sana y llena de comida fresca directa de la tierra”, precisan.

Así ha crecido la producción día a día, a tal grado de hacer pequeños grupos de aprendizaje, apoyar a diferentes agricultores de la región y de otras partes, estudiantes, visitantes y demás quienes acuden con algún fin en común. Yo lo viví cuando René nos dio un breve paseo por el huerto. Ahí nos platicó sobre los procesos, lo que hacen, el tiempo que conlleva, el esfuerzo que representa trabajar la tierra sin maquinaria, la unidad de dos que se entrega a cuatro, diez, quince por igual. Comimos una guayaba de por ahí, nos enlodamos y disfrutamos de la tarde de domingo. Así mismo, Sol nos compartió de sus salsas con unas tortillas con el maíz que ellos producen y vaya si fue toda una aventura. No podría faltar el taquito de guacamole con el aguacate de su trabajo, íntima amistad la que ahí se arma.

Esto ha sido lugar para que el conocimiento se afiance en la oportunidad de sabernos una vez. Es una forma de vivir para conocer las posibilidades que tenemos con la tierra, pues generar Madre Luna para ellos ha sido “una gran alegría, cada día es diferente, lleno de historias y buenos momentos entre plantas y semillas. También, un gran aprendizaje de los ritmos de la naturaleza y a fluir con ellos.

Trigo en mano. Foto: René Velazquez

En palabras de ellos en Madre Luna “siempre hay cosecha, ya sea de alimento o de aprendizaje. Desde que nuestro lugar era un terreno baldío de arena, hasta que salió el primer maíz, recibimos al primer grupo y organizamos a más de 20 productores para crear un mercado local. Ahora el fruto que estamos por cosechar, es este mismo mercado pero adaptado a la nueva realidad, porque el campo no se detiene”, pues el impacto que han logrado en la comunidad “ha sido la participación y organización de los productores, la eliminación del uso de pesticidas en sus cultivos y el acceso a alimentos de calidad, por lo tanto una mejora de la salud.”

Maíz del huerto. Foto: René Velazquez

Yo trato, por lo menos, de visitarlos una vez cada bimestre, pues siempre hay cosas nuevas en ese proyecto de pareja que se muestra ante todos abierto y con la solidaridad de una pequeña familia de Jalisco. Ellos tienen opciones para todos y es posible siempre compartir, esto es lo más hermoso de acudir, por eso “vengan a visitarnos, a tomar alguno de nuestros talleres o comprar los productos que ofrecemos. Cada que adquieres un producto, una parte es destinada a financiar capacitaciones para que nuevos productores se sumen a los cultivos libres de pesticidas. También tenemos experiencias de fin de semana para acampar y vivir y probar un poco de la vida en el campo.” Para saber más sobre Madre Luna es posible consultar su página de Facebook e Instagram.

Colecta de aguacates. Foto: René Velazquez

Para regresar aquella tarde, lo hicimos por el bosque de La Primavera. Nos cayó la noche sobre los lomos y nos perdimos un tramo. Fue una fortuna haber comido con ellos para aguantar el regreso de más de cuatro horas. Salimos afortunadamente a carretera y valió la pena. Llegué a casa, pensé y descubrí que pronto viviré en el campo. Por cierto, no olvidé traer mi salsita con cacahuate, esa me fascina.

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Giselle Lucía: páginas e hilos

Giselle Lucía: páginas e hilos
El verso desde la confección de la palabra y la tela desde Cuba
Giselle Lucía. Foto: Luis Joa

yo soy la tierra
y el río enloquecido
sin oirte
Minerva Margarita Villareal

Cuando supe de ella, recordé mis viejas formas: escribir con la máquina de coser sobre la bicicleta. Así conocí a Giselle Lucía, poeta y diseñadora de modas caribeña que me pareció genuina en su carácter y en su estela. La conocí en La Habana, Cuba, en 2019, cuando el cuerpo de mi maleta fue un grupo de botes de pintura, brochas y algunos versos de niños wixarikas que traía conmigo. 

Hablamos algo, nos debemos un café, en eso hemos quedado desde aquella vez. Sin embargo, han existido noches a distancia y la palabra viene aquí y allá. Ella habla de la poesía como del corte que entrega. Así baila una foto con el río a la vez que cabalga sobre el horizonte, escribe y confecciona. Sus poemas se han movido y persiste. Yo quería escribir sobre ella, pero ella quiso hacerlo. Un día andaremos en bicicleta: apenas está en el equilibrio, por ahora juega a ser tierra. Aquí las respuestas que de ella nacen en estos tiempos, en los que las páginas y los hilos la sostienen como tenaz libélula entre cada páramo de luz. Aquí Giselle. Usted pase a conocerla. 

Escribir y diseñar desde Cuba. Foto: Luis Joa

¿Por qué la poesía y el diseño?
Uno no escoge las cosas que ama. La poesía fue quien me escogió. La miré a los ojos un día de mi infancia y me devoró el corazón, ahora le pertenezco. Cuando vuelo, cuando mi pecho se quiebra, al partir, al volver, al reír, al llorar, ella siempre está ahí. Para mí la poesía es el acto de nacer y resucitar muchas veces. Mi modo de sentir las pulsaciones del mundo. No puedo vivir sin respirarla, es mi instinto, esa vibración que siembra cosquilleos en mi interior, mi silencio, mi soledad, mi luz y mi oscuridad, mi misión en esta vida, eso que arde al centro de mi sangre.

El diseño es una sensación diferente, pudiera decir que es la forma de visualizar esas emociones, la parte más tangible. No sabía leer e inundaba con trazos las paredes y el piso de mi casa, dibujaba muñecas con vestidos en las libretas con los creyones de mi madre y creaba historia con ellas. Siempre despertó mi curiosidad el color y las múltiples texturas. Quizás porque crecí en un hogar humilde pero habitado por seres muy creativos. Mi tío es artista visual y yo adoraba pasar tiempo en su taller, se me iban las horas observando cómo terminaba un cuadro o una escultura en barro. Mi bisabuela materna era modista, una mujer fuerte y carismática, daba clases de costura en Alquízar (un pueblo agrícola de Artemisa, al sur de La Habana, donde nací) de forma gratuita, para que las amas de casa que no tenían estudios pudieran tener un oficio y se ganaran la vida. Mi abuela y mi madre también cosen, hacen labores manuales, así que el diseño es un instinto familiar. Aunque no fue hasta que mi bisabuela falleció cuando me convencí de que quería dedicarme a la rama textil. Estaba en tercer año y tuve la suerte de encontrarme con personas maravillosas, profesores que siempre llevaré en mi corazón. Confieso que me escapaba de los talleres de diseño industrial para refugiarme en el taller de vestuario, allí, entre los maniquíes, las máquinas y las telas, las ideas crecían mejor.

¿Qué sientes cuando escribes un poema o haces un vestido?
Renazco. Despierto sensaciones ocultas. El poema fluye como mi voz. Los vestidos confeccionados a mano tienen alma, energía, una historia, surgen de una idea, de algo que quiero que la persona que los luzca entienda y encarne. Así que el maniquí se convierte en una estructura viva y el vestuario traduce esa segunda piel.

¿Cómo es tu proceso creativo?
El proceso creativo para mí es algo sagrado, íntimo, pero puedo decirte que su punto de equilibrio es el movimiento. La creación no puede ser esquemática, por tanto los procesos creativos tampoco. Ninguna obra ha nacido de igual forma ni en la misma circunstancia. No soy de esas personas que se sientan delante del ordenador y escriben, en un horario, en silencio, con una taza de té. No necesito nada y lo necesito todo para crear. Amo las páginas en blanco. Una página en blanco te grita que la vistas con algunos versos, una historia, un dibujo o un diseño. La página en blanco es el boleto para crear nuevos universos. Cuando pienso en el proceso creativo recuerdo siempre a Dalí: Mi locura es sagrada, no la toquen.

¿Flora o fauna? ¿Cuál ser imaginas eres tú?
Flora, fauna, mar, tierra, viento y fuego, todos juntos. Me apasionan todos los animales, en especial los caballos, los perros y las aves. De los caballos su energía, su naturaleza salvaje y su fuerza, de los perros su lealtad y dulzura, de las aves la libertad del movimiento y su canto. Podría vivir en el cuerpo de cualquier animal libre e indócil. Aunque me encantan las flores, si fuera una planta sería un árbol, un árbol grande que tarde cientos de años en crecer y que sobre su cuerpo tengan casa muchas criaturas. Amo a la naturaleza, en ella encuentro mi equilibrio. Creo que si los humanos fuéramos más conscientes de que no somos los únicos habitantes del planeta conservaríamos por más tiempo la sensibilidad y viviéramos más felices.

La palabra y el diseño como creatividad. Foto: Luis Joa.

¿Cuál es tu momento mágico en la Tierra?
Mi momento mágico en la Tierra es el presente. Vivir agujereados por los dolores del pasado agota nuestra energía vital, y vivir sosteniendo el futuro, nos impide sentir y apreciar las cosas verdaderas, de esa forma podemos convertimos en edificios apuntalados, llenos de temores y durezas. Creo que el futuro se construye en el mismo sentido que encuentras la plenitud de tu corazón. Muchas personas trabajan para obtener beneficios individuales, y al final lo que sí obtienen es una gran insatisfacción, es decir, una sed infinita que tampoco los hace felices. Me siento plena cuando sirvo a los demás, cuando aprecio la utilidad de lo que hago, cuando expreso mis sentimientos, cuando traduzco mis esperanzas y sueños de querer ayudar a cultivar un mundo mejor. Todos podemos ser exitosos y felices. El verdadero éxito es vivir. Estoy respirando, mi corazón late, tengo un cerebro que puede imaginar y construir universos y en él las ideas no tienen límites, puedo recomenzar mi vida y cambiarla cuantas veces lo desee. Tengo un corazón con la capacidad de amar. Miro a mi alrededor y observo como todo es la expresión del movimiento. Mi momento mágico es este, tener la sensibilidad para apreciar el milagro que es la vida.

¿En qué momentos te encuentras con la poesía?
Vivo con ella, es mi forma de adaptarme a este mundo ilegible. Es mi oxígeno. Habré muerto en el instante que deje de sentirla en mi corazón.

¿Qué hay de la música? ¿Qué discos te hacen volar? ¿Por qué?
La música siempre me hace volar. Si la poesía es mi oxígeno, la música es mi sistema respiratorio. Para mí es un estado de meditación, una especie de conexión energética muy intensa, algo que sobrepasa mi estrecho cuerpo humano, como si nos conociéramos desde hace siglos. No podría hablarte de discos, pero sí de reencuentros, de pulsación, de energía. Amo el flamenco en todas sus dimensiones, quizás porque crecí con él y mis pies conservan las marcas de los zapatos mientras bailaba, u otras razones que guardo. Uno de los recuerdos más hermosos de mi infancia es la clase en la que comenzamos a practicar en palmadas los diferentes palos, pura magia. Incluso, mientras estudiaba en la universidad (ahora puedo confesarlo), me escapaba de clases para ir a los festivales y conferencias de Casa de las Américas, y los conciertos del festival de Leo Brouwer (Las Voces Humanas), al que venían músicos de todo el mundo. Disfruto mucho las piezas clásicas, el jazz, el tango, la ópera y, por supuesto, la clave cubana. El diálogo y la textura que se genera entre la voz humana y los instrumentos. El piano, el sitar, el cajón, la guitarra, el bansuri y el violín me hacen vibrar, y no tengo explicación para eso. Es algo tan fuerte que trasciende a la palabra, algo que me persigue quizás desde vidas pasadas.  

¿Cuál es tu momento favorito del día?
Es difícil. Me pides que elija entre el Sol y la Luna. Vivo literalmente con la cabeza en las nubes. Observo el amanecer y el atardecer como una religión. Mi momento favorito es ver como el día cambia constantemente. En la mañana, escuchar los pájaros partir y las olas del mar desde mi ventana mientras el sol lo inunda todo: es la sensación de recomenzar una y otra vez. Al mediodía, ver a las personas en sus rutinas, aprender de sus vidas. En la tarde, salir a correr, respirar aire puro, ver a los niños jugando fútbol en el parqueo frente a casa, cocinar, o hacer sonreír a alguien. De la noche amo el silencio, el más creativo, silvestre y poético de todos los instantes.

Día de confección. Foto: Pavel del Valle

¿Cuáles son tus referencias creativas? ¿Autores, proyectos, acciones?
Las referencias creativas son brújulas, cambian según la marea, el proyecto, las emociones. Me acompañan los poetas y artistas de siempre, esos con los que crecí y aprendí a distinguir luces, esos rostros íntimos que me dialogan y prefiero reservarme. En los últimos tiempos he estado leyendo y releyendo a diversos autores, entre los que podría mencionarte a Saint-John Perse, Baudelaire, Kierkegaard, Cortázar, Dostoyevski, Canetti, Emily Dickinson, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Yussef Al Khal, Stefaan van den Bremt, Jaime Sabines, poetas prerrafaelistas, voces femeninas desconocidas, entre otros. Aunque mis mayores referencias creativas provienen de otras áreas. La sabiduría se traduce en los libros, pero se palpa en la vida, y esa es mi fuente cardinal. 

Háblame de tus libros.
Con respecto a los libros publicados, a principios de año salió Contrapeso, una pequeña selección poética editada por Colección Sur (de la UNEAC). También está el poemario para niños El circo de los asombros y la novela infantil ¿Qué nombre tiene tu casa?, ambas por la editorial Gente Nueva. Otros libros vienen en camino, hijos con los que espero reencontrarme en breve, tal es el caso de los poemarios Criogenia, La Habana me pide una misa, el poemario infantil Sinfonía en azul y mi segunda novela para niños. Los otros libros disfrutan del calor de mi gaveta, quizás sean más antiguos, ya llegará su turno. El azar editorial es así, los libros se publican a conveniencia del destino y no por orden de nacimiento ni mayoría de edad.

Vestido de Giselle Lucía. Foto: Ariel Navarro

¿Qué es para ti crear entre disciplinas?
La creación es el instinto, el impulso de hacer algo nuevo, de darle vida a esas emociones que nos atraviesan. Los niños con frecuencia tienen esos impulsos, pero no todos los desarrollan. Desde pequeña me dejé llevar por ellos, hice de ellos mi escudo para enfrentar otros rostros duros que te enseña la vida. Me adapté a crear de esa forma, acostumbrada a la sensación de mover los límites. Eso es algo que le agradezco a mi abuela materna, que me apoyó en todas y cada una de mis locuras, y me ayudó a administrar mejor el tiempo para hacer cada cosa. Ahora esa costumbre se convierte en necesidad. No me interesa la etiqueta de una profesión u otra, solo hago lo que siento y en el momento que considero debo hacerlo, ya sea un poema, un cuento, un vestido, un cartel, un videoarte, un performance, modelar, dibujar, bailar, aprender una partitura o simplemente desaparecer.

Lo que sí he comprobado es que esta forma de crear “entre disciplinas”, como dices, me mantiene viva y con ganar de construir todo el tiempo. Muchas personas viven acostumbradas a elegir, a enfocarse en una sola cosa, pero así como no puedo elegir entre el amor de mi vida, el amor de mi madre y mis abuelos, porque son sentimientos diferentes, tampoco puedo elegir entre mis pasiones. Cada una arma un pedazo de mi ser y afecta mi visión sobre las cosas. Disfruto el camino y abono la semilla que me dejan los errores cometidos. El cerebro humano tiene inteligencias múltiples. Crear entre disciplinas es eso: explorar, conectar y, antes que nada, sentir. 

Detalle de vestido. Foto: Ariel Navarro

¿Cómo ha sido tu experiencia en la gestión cultural?
Vivimos acostumbrados a hablar y mostrar solo la cara hermosa de las cosas, pero en realidad los gestores regalan una parte preciosa de su tiempo, sus ideas, su energía, su descanso y sacrifican muchas cosas para el bien colectivo y, cuando compartes la dualidad artista-promotor, muchas veces corres el riesgo de que el éxito de tu obra caiga en tela de juicio. El arte requiere sacrificio, requiere amor y sangre, movimiento, pero ante todo, requiere humildad. Hoy estoy aquí, mañana estaré en otro rincón del país o del mundo, lo que es seguro es que dondequiera que me encuentre siempre cultivaré la poesía y el arte, porque no he aprendido a vivir de otra forma. Cuando amas lo que haces tu única verdad es el instinto de crear.

Taller con el Grupo Silvestre de Balboa, Asociación Canaria de Cuba.

Háblame de tu trabajo con los niños y los talleres en las comunidades.
Amo a los niños, quizás porque en algún rincón de mi corazón sigo siendo una niña y no he superado la edad de las preguntas, o porque me niego a aceptar ciertas cosas. Algún día seré madre, pero quisiera seguir siendo inocente en mi corazón. Cuando trabajo con ellos siento que mi inteligencia se pone a prueba, evacuo temores y solo permanece lo puro. Cuando escribo para ellos me siento llena de energía, es como ver el mundo desde otras dimensiones y seguir encontrándole sentido. Eso me divierte, y se parece a la paz. Con respecto a los talleres en la comunidad, recuerdo que acababa de cumplir los 18 años cuando me propusieron dar clases. Fue una de las mejores decisiones de mi vida. A lo largo de estos siete años tuve experiencias increíbles, trabajé con niños autistas, sin amparo filial, adolescentes con problemas de conducta, adultos mayores con Alzheimer, con cáncer, con problemas depresivos… En el 2019 dimos un taller en el Centro de Salud Mental de Playa. En medio de las realidades individuales de cada uno, la posibilidad de crear, de escribir, de encontrarse con la literatura, cambió la vida de muchos, y a veces con un día de trabajo. Puedes imaginarte cuantas cosas se lograrían si dejáramos a un lado los esquemas y abriéramos con más frecuencia el corazón. La poesía tiene algo mágico, sanador, capaz de cambiar cualquier cosa. Es importante que la palabra sirva para sembrar esperanza. La poesía no puede ser una flor empolvada entre los libros, debe ser una forma de vivir, una experiencia social.

¿Qué representa para ti la relación México-Cuba?
Los lazos entre Cuba y México son históricos, y no solo en el plano cultural. Podría citar muchos ejemplos, pero para eso están los libros de Historia. Ahora lo que se necesita es fortalecer más ese abrazo, hacer que la poesía crezca sobre nuestros paisajes todavía con más fuerza.
En mi caso, las primeras publicaciones en revistas y compilaciones fuera de Cuba, mis primeras colaboraciones con artistas y proyectos foráneos, fueron en México. Me he mantenido vinculada por medio de diversas iniciativas creativas, que incluyen también el diseño. En los últimos meses comencé a colaborar con la revista literaria Cardenal, donde llevo la columna de poesía Silabearte, y en el futuro cercano otros proyectos darán frutos. Existe una parte espiritual que me atrae de México, de América toda. Nuestro continente en un terreno enorme de sabiduría y belleza silvestre, aún desconocido. Hay tanto por explorar, por descubrir. La relación entre nuestros pueblos supone ese paso de avance. Siempre recuerdo a Martí cuando dice que “los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en las masas, y la levantan como la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase para esta generación.”

Visceral

Odio al artista
que cree que el arte viene desde el asco
y trepana su cerebro para extraer cada palabra dulce,
cada trozo de suavidad,
esas palabras que él llama defectuosas,
y se arranca la sensibilidad
en busca de la perfecta belleza de su obra.

Odio lo perfecto
como todos los esquemas artificiales,
como el hombre perfeccionista
que subsiste gracias a su oportunismo,
un hombre que me odiaría si leyera estas palabras
y me llamaría cursi
y dijera que aún soy transparente
y mi palabra no crece.

Un hombre que no se permite la dulzura
es un cuerpo que se quema de espaldas al sol.

Contrapeso
Congelar el cuerpo de un hombre es una tarea difícil.
Congelar el cuerpo de una mujer una tarea imposible.
Congelar el cuerpo de un país es tener miedo a todo lo que crece.

De Criogenia. (Premio David de Poesía, 2019)

Frida Khalo prepara los clavos

Agonizo en la fractura permanente de mi ser.
No hay herida ni quehacer
que se escape en la fisura del silencio.
Es mi ruptura lo único que poseo.
La piel es el camafeo de mi arte y su existencia,
si el color es la demencia que presagia otro deseo.
Tengo la columna rota:
su metal me autorretrata.
Soy una mujer que acata su verdad como una idiota.
La esperanza siempre brota del ojo que no me mira,
mientras el pincel conspira los paisajes de mi alma.
Aunque muera no habrá calma
para inventar la mentira.

De Las máscaras del demente. (Libro inédito, 2015)

Docu al parque: palomitas en comunidad

Docu al parque: palomitas en comunidad
Colectivo que promueve documentales mexicanos en espacios públicos
Docu al parque en vivo. Foto: Itzmalín Benítez

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Julio Cortázar

“Vamos al parque”, le dije a mi Viejo (a mi papá le dicen Panchito en el rancho), “porque habrá documental y palomitas”. De ahí del barrio de Jesús le dimos dirección a la vida hacia el parque del Refugio; la verdad: estábamos a unas cuadras. Ingresamos a la reunión. Todo el público estaba enfocado en la pantalla en la que las imágenes de un patinador ruso se desplazaba al hacer una que otra pirueta en la patineta. Mi Viejo a media luz no alcanzaba a ver. Me puse a su lado y le leí lo que decían los subtítulos. En el cambio de documentales le di una explicación a medios chiles y fue cuando un sentimiento lindo me sobrepaso: “esto es un documental en el parque”.  

En el Parque del Refugio. Foto: Itzmalín Benítez

Cada miércoles, en ocasiones de manera semanal y otras quincenal, sucede Docu al parque, ahí en el Refugio o hacia dónde les indique el huarache. Fue en San Isidro Mazatepec, en la realización de un taller con Documotora, una productora de documentales participativos, en donde una reflexión colectiva dio paso a este proyecto ciudadano, “hay un chingo de documentales pero no un espacio para verse”, dijo Itzmalín Benítez, quien hace tres años con sus compañeros decidieron proyectar este tipo de cine en el espacio público.

“A mí me parece muy bueno porque es una forma que tenemos muy sencilla de acceder a información de lo que sucede en el entorno y que a veces por apatía o por falta del tiempo, no nos enteramos. Los documentales que han presentado me han sido muy útiles”, señaló Francisco Guzmán, vecino de Mezquitán quien ha acudido de manera constante durante tres años.

Con “un montón de voluntarios” que invitan, entre artistas, gestores y ciudadanía en general, son los que apoyan en cada evento de manera desinteresada con el fin de que ese tipo de movimientos tomen más fuerza entre la ciudadanía.

“Una importancia del cine, en especial del documental, es poder hablar de aquellos temas o poder manifestar de alguna manera, por así decirlo, la inconformidad o algún problema social que nosotros estamos viviendo, una representación sobre algo de lo cual no se nombra y no se está mencionando en ningún lado”, compartió Daniel Guzmán.

Atención del público. Foto: Itzmalín Benítez

El objetivo de Docu al Parque es encontrarse con la comunidad, y a través de las temáticas que presentan, hacer reflexiones en colectividad sobre las problemáticas o realidades que vivimos con el fin de compartirlas, dijo muy entusiasmada Laura Vázquez, quien es parte del colectivo. A su vez, la recuperación del espacio también es algo que promueven, además, buscar la amistad con los vecinos, y sobre todo, estrechar las relaciones entre ellos pues su realización ha entregado beneficios, “la convivencia, el encuentro, el intercambio de ideas, las reflexiones que se han dado, creo que es algo muy importante, el sabernos escuchar”, dijo Cecilia Medina quien agregó que “lo más interesante es ese momento en el que la gente se puede reunir a ver un documental, pero que al mismo tiempo, convive y se recrea”.

Invitado en diálogo con el público. Foto: Bernardo Castro

Sin embargo, el proyector no se queda ahí. Docu al parque se ha movido en distintas ocasiones para presentarse en otros sitios de la ciudad, por mencionar, la Expenal de Oblatos, la Plaza de la República, en diversos centros comunitarios, y más allá de la ciudad, por Chapala y Tequila. A su vez, también se han movido en bicicleta y lo han hecho para contemplar, en un breve recorrido, los antiguos cines del Centro de Guadalajara; y en otra ocasión, fue con una rodada convocada por la banda de Bici Negra para realizar la proyección en el jardín de Analco, el barrio más viejo de la ciudad. 

En la Expenal de Oblatos. Foto: Fernando López

La mira del proyecto siempre ha sido comunitaria, pues existe la posibilidad de que realizadores presenten sus trabajos audiovisuales, así como el que distintos públicos puedan observar y dialogar con los mismos. A su vez, han participado con distintas organizaciones que han presentado sus labores sociales, esto, a la par de documentales relacionados con los temas que cada una de ellas aborda. También existe la apertura para la presentación de propuestas locales, con ello, la potencialización de las reflexiones con el público. 

En la Plaza de la República. Foto: Itzmalín Benítez

Como en todo proyecto cultural e independiente, existen los sueños. Los de este equipo se enmarcan en el seguimiento de sus actividades, en la continuidad de su gestión, llegar a más público, y sobre todo, ser autosustentables. Esto último se debe a que el recurso con el que se mantienen proviene de la venta de distintas chucherías, palomitas, pulque, artesanías y otros productos creativos, como el volumen de documentales que hicieron con el material de Verano Documental que hicieron en 2018, por lo que en cada sesión el público tendrá diversas opciones. Y no menos importante es el botecito para la cooperación, la cual es voluntaria, misma que es vital para que siga en funcionamiento este proyecto.

Este colectivo considera que el documental es una herramienta de denuncia, de concientización, de sensibilización y de reflexión, pues tiene un papel importante en el sentido de transmitir algo y, más allá es, ser “un punto de reunión dentro de un barrio, la recuperación de un espacio público y la creación de diálogo acercando a los documentalistas y a los documentales mexicanos a un público que puede ser conocedor o desconocedor totalmente, eso es algo como muy bonito, es muy abierto” precisó Bernardo Castro, miembro activo. 

Hacer comunidad es la misión. Foto: Itzmalín Benítez

Gracias a todos los que hacen posible estas acciones ciudadanas porque compartir la emoción de esta labor es manifestar la presencia de la unidad y la solidaridad. Después de todo, observamos un documental con imágenes de la Ciudad de México en las que se manifestaban algunas problemáticas sociales. Mi Viejo no comió palomitas, pero yo sí. Nos alcanzó la noche para compartir, para darnos cuenta de que el barrio está presente y de que la oportunidad de hacer ciudadanía está ahí. Regresé a casa para celebrar la vida y pensé en cómo sería un documental de poesía en la ciudad. Estos chicos sí que inspiran. Así que ya sabes, los miércoles por la noche en Guadalajara hay alguien que comparte documentales. Gracias Docu al Parque

Río Santiago: cuando el arte exige justicia​

Río Santiago: cuando el arte exige justicia
Más de un centenar de personas crean intervención artístico-ambiental
#JusticiaRíoSantiago. Foto: Sandra López

Yo quiero vivir al día,
lo mismo que las aves.
Ser pan de todos, sí
de los que conmigo muerden la agonía.
María Elvira Lacaci

Matriolax colectiva. Foto: Sandra López

“No soy de Juanacatlán, pero la vida nos trajo aquí y desde que llegamos no puedo acostumbrarme a cruzar todos los días el puente para ir a Guadalajara y ver el río todo lleno de espuma y enfermo”, me compartió Fátima González, oriunda de Tijuana, Baja California, y residente del lugar desde hace siete años. 

La problemática ambiental que vive el río Santiago, uno de los más importantes de México, que nace en el Lago de Chapala y recorre 475 km hasta desembocar en el océano Pacífico en Nayarit, día a día suma más consecuencias negativas por la falta de atención de las más de 400 empresas que desechan sus aguas residuales, y por igual, de los distintos niveles de gobierno. Lo anterior se debe a que dentro de la zona existe uno de los corredores industriales más importantes de México, el de El Salto, situación que también afecta al municipio de Juanacatlán y a otros tantos más del acuífero. 

Fatima, Bernie, Sandra y Giselle. Foto: Miguel Asa

La cuestión ha tomado diversos momentos y en los últimos años ha desatado polémica en la comunidad local, estatal, nacional e internacional, ya que la contaminación que ahoga al río no sólo ha afectado al vital líquido, si no a todo lo que tiene contacto con ello, peces, aves, plantas, árboles, y no de más, al ser humano. Lo anterior se manifiesta en investigaciones diversas en las que se han encontrado plomo, cobalto, arsénico, cadmio, mercurio, otros metales densos, así como distintas sustancias cancerígenas, sin olvidar los desechos comunales. El fétido aroma que existe en la cascada “El salto de Juanacatlán” entre ambas localidades, se debe a la caída del agua, acción que produce ácido sulfhídrico en gas, lo que puede determinar algunas enfermedades respiratorias, digestivas y nerviosas en el humano.  Pese a que existen distintas plantas tratadoras de agua, aún no es suficiente para contener todo lo que conlleva el río. 

Contra dicho problemática surgió #Copspappit #RíoSantigo, un evento activista-cultural que tuvo como objetivo la toma de un espacio público de Juanacatlán como manifestación de justicia, atención y prioridad a tal situación. Para ello, bajo la iniciativa de Angélica Barba de Barrio Fértil, con el apoyo de Giselle Franco de Mundo Libre Verde y de Miya Tafari de Proyecto Bacteria y más pobladores hicieron un llamado al público en general con el fin de compartir color, acción, música y colectividad por nuestro río. Todo esto fue gracias a las aportaciones de Carlos Sánchez Loza, Delia Franco, Brad Wright, Pablo Larios, Gladys Canelas y Arquímides Flores.

Durante dos días, sábado 10 y domingo 11, octubre de 2020, el arte corrió por cuenta de los muralistas Disturbio Canibal y Sempoali Caligrafía; así como un dibujo y versos del tatuador y poeta Fausto VI, el primero dimensionado por el arquitecto local Bernie Camacho con apoyo de Sandra López, y los segundos, grabados sobre concreto por Tato; y además, nosotros, mi sobrino Danale Rodo y yo, con nuestra Matriolax colectiva que generamos con la disposición de Fátima, Benjamín, María, Denisse, Ricardo y no sé cuántas personas más que le dieron color al lema que plasmamos juntos.

Por su parte, la música no se hizo esperar y en algunos momentos del evento los versos de la calle surgieron en voces de raperos locales, MC Orby, Vientos del pueblo, Takus Loco, Demente, Jah More y algunos más. Por su parte, el cierre del evento contuvo las mezclas guapachosas de Cumbia Cartel bajo la esperanza del ocaso: la misión se había cumplido. Así, el registro audiovisual estuvo a cargo de César María de la productora audiovisual El chiste es hacer.

Tal evento logró una emoción pues “para mí fue una experiencia inolvidable, siempre creí que no sería capaz de hacer un trazo recto, pero en este lugar aprendí que siempre habrá personas que estén dispuestas a compartir su conocimiento sin recibir nada a cambio, vi que la unión hace la fuerza, y en estos días todos nos unimos por el pueblo y para el pueblo. Conocí artistas que tienen un gran corazón y verdadero amor al arte”, me compartió Sandra, quien estuvo apoyando a Bernie en todo momento, siempre, muy atenta y dispuesta a la colaboración.  

 Por otro lado, Benjamín, uno de los chicos que estuvo durante los dos días y que pintó a la par de nosotros relata “en mi experiencia fue algo muy grato de hacer, es algo que, aunque la comunidad no haya tomado mucha parte, esto los involucra y tarde que temprano, lo van a ver. Espero que sea semilla de esperanza, de querer defender nuestros espacios y nuestros recursos”.

Con este acto, la comunidad de Juanacatlán, con el apoyo de personas de otros municipios, manifestó su preocupación por su habita, su flora y su fauna. De esta manera, el diálogo creativo funge como arma de protesta pues el esfuerzo y la petición no es de una ni de uno, sino de miles de personas más allá de las fronteras municipales que les atañe, el agua es de todos. 

Pieza de Fausto VI escalada por Bernie Camacho. Foto: Sandra López

“Como experiencia personal, es una actividad prácticamente nueva para mí, desde mi área de formación, pero que se relaciona ampliamente con la recuperación de espacios públicos ‘olvidados’, que retoman un nuevo significado y hacen que se mire y se integren en el contexto actual, un entorno de expresión, con un mensaje artístico de protesta por el tema medioambiental y donde todos -contados- pusimos nuestro granito de arena para contribuir con ese mensaje”, escribe Bernie, a quien conocí un día antes debajo del sol caliente de media tarde en el lento proceso de un dibujo a escala. 

El incentivo de comunidad se manifestó en las personas del lugar pues “una observación que tuve fue que la gente de por ahí es muy buena onda, todos quieren lo mismo, principalmente, que se limpie el río”, me dijo Danale, quien con más de diez horas de trabajo y cansancio acumulado, dispuso sus palabras conmigo ya entrada la noche del primer día de mural: ellos, los jóvenes, siguen nuestras luchas. 

“No cabe duda que cuando algo es necesario, las cosas encuentran su camino y esto era necesario: que nos uniéramos, que nos encontráramos, que ese espacio recuperara la vida y que tuviera voz. Estoy muy feliz de poder haber sido parte de este momento. De haber conocido, sin planearlo, los rostros detrás de proyectos tan nobles, hermosos y valientes. De haber pasado un rato con mi familia y juntos ser parte de algo mucho más grande, que deja huella en nuestro actual hogar”, Fátima cerciora animosa y agrega, “también estoy muy agradecida con los organizadores y con la gente que participó porque estoy segura de que este es el inicio de muchas cosas más que vienen a partir de ahora”. #JusticiaRíoSantiago

Chapala: un lago y una estación poética

Chapala: un lago y una estación poética
Los versos de jóvenes de la ribera en diálogo con músicos locales ​
En el Centro Cultural González Gallo, Chapala, Jal. Foto: Lucía Trejo

Las cimas blancas de mis glaciares,
ya no son más que agua nieve, rocosas,
tristes, grises y distantes.
Albertina Reyes

Durante tres meses, de agosto a octubre de 2019, en las tardes de viernes y sábados, construimos versos sobre el césped. Ahí, en el Centro Cultural González Gallo, que antes fue la estación ferroviaria de la región y que hace algunos meses cumplió 100 años de existencia, fue el espacio que nos permitió entrelazar palabras y experiencias que se convirtieron en una producción sonora genuina: Chapala o Poemas sobre el césped de Chapala con los pies desnudos bajo la luna de octubre con sumas de nostalgias, ritmos, géneros, amores, naturaleza y otros versos V. Vaivén (este último título es el colectivo). 

En el jardín que resguarda el inmueble construido por el arquitecto Guillermo de Alba de 1917 a 1920, jóvenes originarios de la ribera de Chapala integraron un taller experimental en el que la palabra, la pronunciación, el sonido, el verso, el volumen, la radio, las voces de personajes, la potencia, la interpretación, el paisaje sonoro, la improvisación, la unidad, y sobre todo, la poética, fueron parte de la puerta al conocimiento que hoy se refleja en poemas colectivos de largo aliento en el que se manifiestan pensamientos, ideologías, preocupaciones individuales, y no menos importante, la consideración de su contexto: el lago de Chapala.

Carolina López, Irvin Quintero, Yamile Bernardo, Fernanda Parra, Isaac Flores, Jorge González, Edgar Ledezma, Albertina Reyes y Lucía Trejo, son quienes de manera constante entregaron versos sobre cuestiones personales, procesos sociales y motivos universales: así la preocupación por las matemáticas, el color de los árboles, el juego de los niños, la equidad de género, así como el amor que desploman por su coloso de agua; tan sólo algunos de los temas que se abordaron durante su desarrollo creativo dentro del taller.

PX Taller “es sin duda una de mis mejores experiencias, conocí a personas maravillosas, pase grandes momentos que los llevaré conmigo siempre. Todo lo que necesitaba, este taller me lo dio”, escribió Irvin. De igual manera, algo de lo aprendido fue “grabar nuestros poemas con pistas e improvisar en compañía de otros artistas”, señaló Edgar. Por otro lado, “las metas que cumplí en este curso fueron bastantes, sí, me atrevo a decir, metas que creía imposibles se volvieron posibles porque eso se logró”, compartió Carolina. A su vez, fue una fuente de perspectiva, pues “me ha dado la oportunidad de iniciar en lo que me gusta hacer, de conocer gente nueva, de ver de otra forma la poesía”, manifestó Fernanda. No menos fue el trabajo en equipo, porque “descubrí que cada persona guarda una singularidad, y que en colectivo, hacemos cosas asombrosas”, declaró Yamile. Y la poesía no se quedó ahí, sino que conocieron “las distintas formas de usar los tropos, el estructurar un poema e improvisar en conjunto”, anunció Isaac. Esta edición fue especial, “el taller influyó en mi vida, ahora tengo una visión distinta del mundo y la poesía. Lo recordaré, incluso, cuando hayan transcurrido décadas”, expresó Jorge. Todo lo anterior corresponde a sus propias palabras sobre el impacto y los beneficios que alcanzaron para sí y de forma colectiva.

La función del taller fue más allá de un proceso creativo, pues “me favoreció en mi desarrollo personal. Logré mayor seguridad y empatía”, como indica Lucía, quien me asistió y apoyó en todo momento y a quien agradezco enormemente por todas sus aportaciones. 

Esta edición contó con el respaldo de Alas y Raíces México y la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco con el objetivo de enriquecer a los jóvenes de las comunidades de Chapala, pues es necesario ampliar el esquema de las letras y la música en otros cuadrantes más allá de los convencionales, por tal motivo, la poesía en voz alta hacia su improvisación en el momento, con ello, tres piezas, que después de seis meses trabajo, ven la luz y que ahora puedes escuchar. 

La potencia de esta edición se debe a la presencia de músicos invitados quienes compartieron sus procesos creativos, con los que los participantes alcanzaron otra perspectiva sobre la relación poesía-música para destacar el desarrollo de una composición. La cantautora Ana Verá compartió parte de sus formas de estructurar así como su dominio de la improvisación con el acto de ser. Por su parte, Raúl Marquéz, vocalista de Monte Bong, correspondió con su experiencia dentro del ámbito musical y detalles del armado de una pieza sonora. Así lo hizo también el rapero local Terraplen, quien brindó su experiencia empírica como muestra de una posibilidad de creación. La colaboración de Tremendez permitió la exploración del juego y la música desde la pauta de armonías sencillas. Y como complemento exponencial, Katya Padilla, cantante independiente, estableció la conexión de la poesía y el son jarocho con el uso de la jarana y varios versos como parte de la mexicanidad y sus contextos musicales.  

Lo aquí compartido es pues el resultado de tardes de lecturas públicas dentro del lago de Chapala con desconocidos, de sus versos como integración de alquimia juvenil, de voces juguetonas que crearon a partir de sus propia voces, de la presentación de sus materiales en cada sesión, de la edición y crítica de sus propios textos, de los retos individuales a superar tras cada ejercicio, del hecho de compartir con diversos artistas, y también, de las nieves, de los charales y de las charlas que nos entregamos en lo ocasos con aquel espejo gigantesco. 

Chapala EP

Chapala es un EP de agua, amor, matemáticas, equidad, plantas y demás. Existe algo en él que nos permite reflexionar sobre nuestro quehacer diario como especie. Por todo ello, gracias a Ceiba Studio por su colaboración y potente apoyo en este proyecto. Gracias a Isaías Guevara por todos los arreglos. Gracias a Octavio Espinoza por toda la mezcla y el proceso de grabación puntual de todos los participantes. Y más allá, gracias a todos los familiares y amigos por el apoyo a sus involucrados, sin la paciencia y fuerza de ustedes, no hubiera sido posible. Una vez, recitamos poesía en un lago, hoy le entregamos nuestra propia ofrenda: poesía líquida. 

Chapala

Mariposa caótica,
aletea tempestades
al reverso del mundo.

Aleteo impredecible,
viento rabioso,
tormentas de fuego
incitadas con carbono
del firmamento.

Vislumbro otro rostro,
otro aspecto,
conceptos al pedalear,
al ritmo de las olas,
enérgico lago, espejo de pueblo
así libre,
sobre ruedas te contemplo.

Un ser energético
estamos cansados
de ser patéticos.

Me sumerjo en el agua
así me purifica
cuando busco una fragua,
estoy perdido en este mapa,
las nubes aquí se consumen,
los colibríes vuelan,
los búhos cantan,
mira aquí está,
mi esencia se abalanza
como las olas, así galopan,
y digo “hola” a la vida,
el sol me saluda,
también me arropa,
voy en bicicleta…
así me regocija.

Tengo gana de vuelo
y gritar al azul que no es estúpido
inmenso huracán que ama
a todo aquello, universo dentro.

Te susurro al ombligo
para penetrar tu alma
y no pierdas la calma
al saber que nos has perdido.

Penetra el reflejo
hasta lo más profundo,
para observar quién es,
para olvidar qué es,
para saber cómo fue…

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

Qué camino yo debo
debo cruzar
porque cada vez
que vengo a pedalear
es lo que hay
en este pavimento,
en este asfalto,
sigo cantando mis lamentos
al viento,
es el único que entiende
cuando recito
y aquí se extiende
es el agua que me saluda
es el sol en el cual me inunda

Mariposa de escarmiento
que decreta el orden y el caos.
Mariposa colérica,
en el ojo del huracán converjo,
las olas galopan encrespadas
y braman venganza
en cada célula del eterno vuelo.

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

No mueras
por quien no existe,
que sea por aquellos
que aún siguen.

Amor mío

Dedos que cantan salvaciones
besos que engendran sanaciones
entre desiertos buscan aliento
y refugio para un día de invierno
Tu voz marca
ritmo de mis latidos ,
crea esa pauta
entre bosque y suspiro,
roce y aliento, roce y delirio,
porque amarte
es el primer paso
piel morena
besos con desacato.

Piso con pies desnudos:
Desnudos los que sienten el suelo
sin cobertura
desnudos dichosos por disfrutar…
aroma bipolar de la tierra
desnudas las ramas
desnudos árboles

Ven mírame a los ojos,
contempla el universo
del cual somos presos
te lo ofrezco,
es lo único que tengo por dar,
mis palabras, poemas,
mi filosofía y mi arte de amor
ya lo dijo Erich Fromm,
horizontes que voy buscando
el día de hoy
así yo voy
buscando la calma en la cama
que nos regocija
aunque la verdad, chica,
aquí ya nada califica.

Qué nos ha pasado
estando aislados,
qué nos ha pasado
con los ojos remojados,

La verdad te extraño
cruzando peldaños
me dolió bastante
tu arte del engaño.

Lago que en
tantas noches vislumbre tu belleza,
tantas veces tus nubes cambiar,
de puras e infernales,
y así te amo…
amo cuando lloras y te llenas de infinito
amo cuando se tiñe de verde tu orilla.

Pareces una población perdida
entre la naturaleza acuífera:
perdida entre las fauces del dragón,
perdido, en tu contemplación.

Y es que mírate, ángel mío,
añoro ir descalzo sobre ti,
sentir tu piel bajo la mía
y palpar las delicias que ofreces.

Aquí existiré siempre,
Chapala de mi corazón,
llamo a tu lago, vida,
y a ti, mi amor.

Soy, tormenta en tu habitación,
soy, árbol del bosque que escucha,
soy, brújula de toda navegación,
soy, diamante de mar que te encuentra.

Barco que navega
abismo de tu mente,
tren que pasa
como beso en la frente,
sol que te ve a los ojos
y pregunta:
¿eres tú espíritu silente
el que escribe
todo lo que sientes?

Un lugar
aquel que nos deja acariciar la brisa,
que se adhiere a nuestro cuerpo,
que se adentra hasta los huesos,
amor mío, bésame sin prisa.

Un lugar,
en el que descubres quién fuiste
y en qué te convertiste.

Brisa que porta agua
cautiva llovizna,
resplandeciente golpeteo al suelo,
salir y embellecernos
mágica textura
para escuchar el lago,
para observar cómo se llena,
cómo se contempla la calma
bajo la cortina
de la gota que no descansa.
Aguas que reviven
su carisma, su amor,
puesta de sol y el lago,
el lago resplandece
al caminar por el malecón,
observa las olas,
olas que quieren salpicar
descalzo amor.

Vivo siento el tiempo
y roza mi cuerpo
contempla arrastrar sueños
con cadenas y lamentos.

Vago con los pies desnudos
saboreo el césped con mis dedos
palpan el fresco del agua:
el corazón de la tierra
emana energía a través
de las calles de mi cuerpo.

Estos zapatos no me pertenecen.

Sígueme,
porque te necesito ver,
que vayas orbitando
en este sistema que está alineando…

Seguiré
pero te necesito ver
te quiero acompañándome
en este sistema que está alineando…
Se…

Quiero tomarte la mano
subirte a mi nave espacial
que nos deja en el punto más lejano,
mirar para atrás,
recordar que nada de este es en vano,
que de lo que escribo a veces lo tacho
y lo tiro al lago:
a veces se queda
y a veces me deja
lo que siempre había deseado
a veces errores, a veces amores,
a veces de todo,
y simplemente le compongo
como en este verso
improvisé desde el lago
desde lo que viví en aquella tarde
con el ocaso…

No dos veces

La calle grita y nada escucha
cuando el corazón acorazado
retiñe y por la vida lucha,
me arropan fervientes cadenas
y pasa de largo el efímero tiempo…
sueño con abrir la reja
donde se aloja gigante pensamiento.

Mujer completa,
brote de luz
que atraviesa murallas,
ilumina y besa heridas
tierra fértil
que en sus semillas cobija
y guarda calor
que en tiempos de odio germina
libre ave,
beso de vida,
vida de agua.

Vives y vivo,
mañana no sigo aquí,
vivo en constante viaje,
busco a quién incluir…
su tornado lo acepto como mío,
tu piel marcada bendigo.

No excluyas por insignificante
pues exclama su vida rosa
cuando sus versos provocan
una marea en las rocas.

Túnel vacío,
apagado y oscuro,
relieves impuros.

Pavor al deseo,
al deseo de quien eres.
pavor al relato,
al relato que quieres.

Puedo ocasionar un terremoto.
El azar gobierna nuestras vidas
clasificamos esencia por factores.
Los volcanes retuercen sus miradas,
hablan de temor
y la geometría carece de amor,
tus formas llueven dentro de mí:
aprende a volar,
caer de pie, ya no funciona.

Hombre completo
caído esqueje
nacido en tierra de guerra.

Una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tienes en tu cabeza,
la personalidad que llevas ahí presa.

Testigo de sangre pintada
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

La calle grita y nada escucha
anonadado,
nadando en un charco de penas
que importa el tono de piel
si el mismo color de sangre
corre por las venas…
he salvado vidas
cuando libres colibríes recitan
enciendo mi vela interna.

No hay miedo,
miedo al eco,
miedo al vuelo,
miedo al suelo,
miedo al cielo,
miedo al ruedo.
no hay miedo,
miedo al duelo,
miedo al velo,
miedo al hielo,
miedo al miedo ,
al propio miedo
miedo por no verte
en la suculenta vereda
de este universo,
no hay miedo
en el revuelo
pues hoy las piedras
de voz estámpida
son hadas enamoradas,
no hay miedo del miedo,
en medio sin miedo.

Somos
una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tiene en tu cabeza,
la personalidad que te tiene presa.

Otro que soy yo,
mi reflejo
en que me encuentro
y en el otro siento.

Otro en que me reconozco
y por el otro me conozco.

Otro que soy yo,
otro que no soy yo.

La calle grita y nada escucha
deja secuela una verdad mayor
bajo la espada y la piedra
tal vez teman que me sé cuidar
como la venenosa hiedra,
quién sería yo en silencio
preso y vacío:
un títere domesticado
por la inmundicia del prejuicio

Hombre completo
caído esqueje,
nacido en tierra de guerra,
testigo de sangre pintada,
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

Kamilos 333: sazón, poesía y mucho corazón

Kamilos 333: sazón, poesía y mucho corazón
45 años de tradición mexicana en el corazón de Guadalajara
Karne en su jugo de Kamilos 333. Foto: Alex Robles

Escribir a mano es ver nacer la muda voz
que contará una historia.
Rossana Camarena

Es imposible no saborear los chilaquiles verdes o degustar el café de olla que endulzan tradicionalmente con piloncillo. Qué decir de los mentados kikos, frijoles guisados con elote. Nunca podré olvidar el sabor de su karne en su jugo, como lo escriben ellos, un platillo tradicional de Guadalajara que tiene como base un caldo de tomatillo verde con carne de res y tocino, que se debe acompañar con tortillas, totopos, cebolla, cilantro, limón y una buena salsa picante para que amarre. 

Kamilos 333 es un restaurante con un arraigo mexicano que cumplió 45 años en febrero pasado. Costumbre gastronómica de Guadalajara, Jalisco, que han construido una familia, muchos amigos y colaboradores y por si fuera poco, poetas, artistas, políticos, músicos, dibujantes, pintores, comerciantes, turistas, y no sé cuánto personaje más. La poesía me trajo aquí, pues gracias a la poeta y amiga entrañable, Rossana Camarena, descubrí el trabajo y la experiencia de la familia. Así conocí los procesos, la historia, su surgimiento, las calles, los relatos de la infancia, las aventuras y los momentos especiales que han creado toda una experiencia culinaria, la de la karne en su jugo, y no me la creo. Todo esto sin olvidar el resto de platillos que ofrecen y, que también, son una sabrosura en vida, repito, los chilaquiles verdes, y también, las “quesadillas compuestas”. Con todo ello aprendí de sus paredes, de su sabor, de su confianza, de su soporte, de la colectividad en barrio, pues así es Kamilos 333, un restaurante parte del barrio de Santa Tere y en él han encontrado un sabor inigualable.

Equipo de Kamilos 333 con mural de fondo de 90 11 4. Foto: Alex Robles

Comer en Kamilos es un proceso mágico, “es algo muy placentero porque sabemos la calidad que tiene este lugar y nos fascina venir aquí… Me gusta mucho porque sabes que estás apoyando a los negocios mexicanos, aparte de todo, su calidad, su ambiente, la manera en que te atienden, te hace sentir como en casa”, compartió Katia Velazco, una visitante del lugar. El hecho de que sea un restaurante mexicano es un orgullo “pues estamos fomentando la economía local… Además del sabor que está muy bueno, también la manera en que adornan el restaurante con pinturas, con cuadros, con artesanías, hacen que sea más satisfactorio el momento”, dice Paloma Ramos, comensal que acudió con su familia.

Pero no sólo es eso, trabajar en Kamilos 333 es una experiencia pues “yo cuando entré aquí nomás venía a trabajar a un restaurante, jamás pensé en todo lo que ha trascendido Kamilos, gracias al esfuerzo de muchísimos compañeros que aportan a la empresa y pues gracias a ello hemos crecido junto, también, de la mano de los clientes, que sin ellos no seríamos nada”, manifiesta Juan Estrada, uno de los supervisores con cerca de 25 años en el restaurante. A su vez, “el lugar me parece muy típico, se asemeja mucho a una hacienda, los adornos, los aromas, el tipo de material con el que está la construcción, es un lugar muy agradable, realmente no es estar como en un restaurante normal, es como estar en otro lugar”, dice Judith Carrillo, parte del equipo de hostess. 

Sin embargo, Kamilos 333 no es sólo gastronomía, sino que ha sido aliada de la cultura local desde hace tiempo, “de las primeras cosas que recuerdo es del apoyo al Encuentro Internacional del Mariachi, fue hace muchísimos años. Igual al inicio los escritores iban a saborear nada más el platillo, y finalmente, acababan sintiéndolo propio, habia gente como Raúl Aceves, Raúl Bañuelos, Juan Villoro, Patricia Medina, Luis Armenta, que eran clientes y acabaron haciendo talleres por hacer propio el lugar, y eso ha sido muy lindo. En la pintura se ha hecho una mezcla en tanto a las exhibiciones que se han apoyado, como en el caso de los murales, pues hay proyectos donde se trata también de apoyar al artista local, para exponer en los muros de Kamilos, tanto en lo permanente como en grabado, pintura o en cuadro, es el poder compartir con el comensal y el visitante lo que somos en general. Kamilos ha buscado impulsar todo lo posible que surge de nuestra ciudad, de nuestro estado, hacia el resto de la nación y del mundo”, precisa Rossana con entusiasmo.

Y eso no se queda ahí. Kamilos 333 ha sido aliado de diversos proyectos, tal es el caso de Luvina, la revista literaria de la Universidad de Guadalajara. Ha sido recinto de escritores, fotógrafos, pintores, músicos, grabadores, y una serie de creativos que se quedan en la estela de sus paredes. Quién sabrá el número de proyectos que han beneficiado desde su giro gastronómico.

Kamilos 333 es hoy día uno de nuestros más cercanos colaboradores desde hace dos años. Y gracias a su apoyo Proyecto Ululayu he sido capaz de crecer como agencia y productora cultural, pues me permitieron pintar mis Matriolax, los paisajes abstractos que hago, en sus muros en 2018. Ese mismo año nos apoyaron en la segunda edición de Cicloverso, con el que celebramos el centenario del escritor jalisciense Juan José Arreola, en conjunto con la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco y otras instancias más. Por igual lo hizo con el Primer concurso de poesía joven Versorama Guadalajara, en el que convocamos a jóvenes de entre 16 a 22 años, en la primavera de 2020.

Todo esto sin olvidar lo acontecido en 2019, he organizado un gran número de tertulias, murales colectivos que he pintado con estudiantes en sus escuelas, la difusión de nuestros productos culturales, la valoración del proyecto como tal, los viajes que he debido realizar para expandir nuestra labor, simplemente, el creer en nosotros como acción comunitaria ya es un gesto enorme. Así, también ha sido la cocina que he compartido con todo visitante y cicloviajero que ha llegado a casa, cómo olvidar los buenos momentos que ha entregado a propios y extraños. 

Ha sido parte importante de la primera edición de Pasearte, al colaborar muy de cerca con Paseo Mural Orozco, acción de murales colectivos dedicados al artista jalisciense José Clemente Orozco, en la calle que lleva su nombre, misma en la que se localiza Kamilos en el 333, esto como parte de la acción que inicié gracias a la disposición de algunos vecinos y que hoy día, ha sido considerado parte de la edición 2020 de Sucede, el festival cultural de Guadalajara. Gracias por dos años de unidad y amistad. 

Asistir a Kamilos 333 es una recomendación absoluta, además de uno llevarse un buen sabor de boca, también colabora indirectamente con la cultura local, pues “si hay restaurantes mexicanos, negocios mexicanos, que aportan a los jóvenes en diferentes áreas de la cultura, eso nos hace sentir parte de tus murales, de tu poesía, de tu creatividad, somos parte”, me compartió Antonio Torres, vecino del barrio de Analco y visitante del lugar desde hace años. 

De esta manera es cuando creo en demasía en la labor social pues existe el sabor, la experiencia, el riesgo y la fortaleza de aquellos que aportan más allá de su trabajo. Gracias a todo el equipo de Kamilos por persistir en la innovación a la par de la tradición. Gracias a ustedes por deleitarnos con su gastronomía, y sobre todo, por extender el vuelo de la imaginación de los creativos que los amamos. Si está cerca o de visita o simplemente por la gana de acudir, no se lo pierda, encontrará un poema directo a su paladar, ya que ¡Sabe a Guadalajara!

Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza

Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza
Un homenaje a las flores que crecen en la banqueta
Nuestra poeta en Chapultepec. Foto: Iván Vergara

Inundemos el mundo de poesía.
Ayari Lüders

“Ayari, encendió la poesía en los niños de comunidades, nos inspiró a seguir defendiendo la literatura. Hoy su nombre y su esencia está en nuestros corazones. La biblioteca comunitaria Ayari Lüders es un sueño que verá a muchos niños y jóvenes realizarse como estudiantes, creadores y poetas…”, escribe Tanya Landeros, desde Tulum, Quintana Roo, con la mano llena de su ejercicio en la Fundación Letras Itinerantes, proyecto en el que alguna vez, también, las manos de la poeta mexicana fueron verso.

Así fue Ayari Lüders, a quien tuve el gusto de conocer brevemente en el sur de México, allá, en Tapachula, Chiapas, entre ríos, selva, mar y una compañía formidable de poetas en diciembre de 2018. Su personalidad desenfadada y de constante pensamiento me permitieron estrechar la amistad pues charlamos durante horas en esos días. Una de las cosas especiales que mencionó fue que la poesía debe ser un elemento vital para las juventudes y un ente de cambio ante la sinergia de su propio impacto, algo así como mediadora de nuestra era, de este mundo que tanto le dolía injustamente.

Ayari fue una poeta comprometida con diversas causas y muestra de ello es parte de su libro Mujer de Tierra que escribió en sus andanzas por Sevilla, España, cuando estudió el máster en Escritura creativa. Fue la mano de su amigo, Iván Vergaraquien editó la pieza que hoy podemos conocer de ella. Ambos colaboraron en Ultramarina Editorial y en el proyecto intergaláctico Plataforma PLACA.

La poesía de Ayari es un encuentro con nuestra militancia entre la incertidumbre, el plan que no es plan, aquello que no vemos, lo mágico que es la propia Tierra y las sonrisas libres de los niños. Ella, poeta, fotógrafa, actriz y más profesiones que desempeñó, también fue una activista potente, esto la llevó a explorar perspectivas profundas en las que se resguarda su palabra, “una poesía que resuena fuerte y desde un marco contextual que delinea un pensamiento comprometido con el ser humano, la naturaleza y crítico con el avasallamiento de la cultura como una raíz problemática que hay que revertir”, así lo señala Cynthia Pech en La Otra Revista sobre Mujer de Tierra.

Ayari Lüders. Foto: Iván Vergara

La propia Ayari indica, en una entrevista que recuperó Juan Moro en La Jornada Aguascalientes, que “el libro parte de la idea del ser humano como natural, del hombre que es parte, que forma parte de la naturaleza, de una naturaleza que está viva y en constante cambio, y en ese sentido, también está presente la esperanza de que no sólo importa la vida de los seres humanos, que es un poco el problema que tenemos actualmente, pensamos que podemos hacer uso del agua, pero que no importa que los animales se queden sin ella, y por eso está el poema de ‘Credo de tierra’, que es una alusión a esas pequeñas muestras de vida que hace en las ciudades, las flores del pavimento, por ejemplo, esa vida que nace en donde nadie cree que vaya a crecer, y que, sin embargo, sobrevive y crece, y eso en realidad es vida”. 

Por todo ello celebramos su vida en nuestro Versorama durante este mes que la vio nacer mediante nuestras redes sociales. Nos unimos entre nuestras motivaciones, la oportunidad de encuentro y otras tantas cosas; es lo que tejimos a manera de homenaje, nosotros los que nos quedamos aquí, a vivir la poesía, a sentirla, a tejerla, siempre, para inundar el mundo con ella. 

Serie Versorama en homenaje a Ayari Lüders.

“Por eso celebramos su 32 aniversario en medio de playas, poemas, amigos y demás silencios. Este año ha sido con el fin de leerla, de recordarla, de hacerla presente en nuestro medio. Por el compromiso, la pasión y la convicción de Ayari, de que el mundo puede ser algo mucho mejor. Con su poesía le recordamos, con ella nos impulsamos y refrendamos la vocación de conectar regiones y artes; su obra, aún por descubrir en su inmensidad, nos descubre un mundo donde el compromiso social va por delante. Su enorme poesía está ahí latiendo a ser descubierta masivamente por su propuesta: comprometida, tangible, expandida. Su vida y obra es un legado que el mundo debe conocer. Te extrañamos Ayari, así sucede en México y en Europa”, escribe Iván desde un rincón de Madrid, España. 

Ayari nació en la Ciudad de México, en octubre de 1988. Hizo de todo, imagino, corrió, comió, viajó y se sorprendió por el mundo durante 30 años. Se convirtió en Tierra en enero de 2019 en las mismas coordenadas para volar en barquitos de papel. Un mes antes hicimos una Matriolax colectiva al lado de nuestra amiga poeta Mónica Licea y muchos niños en Tapachula. La última vez que la contemplé hablamos harto, de los tacos, del frío y de la poesía; de las flores esas que surgen en las orillas de las banquetas. En su memoria generé una serie de murales que nombre Verso sin frontera, a partir de las letras que me entregó de su propia mano dentro de su poemario artesanal, “Verso sin frontera// circular fuente// de raíz humana”. En ellos he pintado sus versos con mis paisajes abstractos en El Rosario, Sinaloa; en La Habana, Cuba; en Guadalajara, Jalisco; en Chihuahua, Chihuahua; y en su Ciudad de México. No sé cuándo dejaré de hacerlo, pero a ella le gustaban mis líneas.

De todo ello me quedan Tanya, Iván, Laura, Dierk, Solange, Dariela, Uriel, Edmundo, y no sé cuántas personas más que la conocieron, y todos juntos, hoy la extrañamos. Gracias a la Plataforma PLACA y a la Fundación Letras Itinerantes por unirse a este gesto de ofrenda para la difusión y vigencia de su poesía.

“Hoy no quiero explicarme nada, sólo quiero sentir. Ya extraño el tiempo que no es este sino hace rato, cuando todavía podía abrazarte”, gracias amiga, gracias Ayari. En tu memoria. 

Mujer de Tierra. Foto: Iván Vergara

A veces…

A veces simplemente
se atraviesa la vida como un rayo
que deslumbra y ensordece
hasta confundir todo sentido.
A veces es un espejo que azota
hasta romperse en mil astillas.
A veces hay que ver al cielo
y retarlo mientras nos llueve.
A veces hay que inventar que somos fuertes
y creerlo sobre todas las cosas.
A veces hay que recordar
que toda decisión tomada
es el sumario de una vida
de errores y aciertos,
de certezas y temores.
A veces hay que saberse cansada
y respirar mirando el horizonte improvisado.
A veces simplemente
hay que seguir
porque no hay otra forma
pero esas veces, también,
hay que mirarse lo de adentro
y confiar en que estamos
en buenas manos.

Extender el fuego

Tocar la llama de esta tierra
con el frío descalzo
de los pies sembrados.
Es fría la llama,
sus años azules estallan lejanos

         rayo que vibra
         en el espacio helado

Es combustible la vida invisible,
el secreto mundo,
la inmensidad atómica.
Es combustión serena, silenciosa.
La muerte es silencio que nace,

         eclosión callada

vida que subyace
como luz que navega
en el vacío lleno de tiempo.

Es fuego la vida convexa:
puente luminiscente

         gira, gime
         da vida.

¡Danos vida, flama dorada!
Hasta ser vistos por tu llama somos.
Somos luz viajera,
luna solitaria que rima en las olas
con el cielo inmortal del que pendemos

         nos ciega

y nos suspende
en la obscuridad de la pupila:
abismo universal que nos contempla.
Es reflejo la estrella
que explota, expira
exhala y extiende 

el fuego

Polvo

Canta el ave
allá donde la ciudad calla
y el tlacuache sube
a la montaña azul de horizonte.
La hoja que brota
respira la tarde
que va obscureciendo
de sol pero no de luz.
Canta el gorrión
en plena calle
sus plumas cemento le pesan
y el perro se resguarda
de la lluvia ácida del cielo
bajo el puente de hierro,
la casa de escombros.
La planta despierta
cuando el sol le llama
y llora hojas descoloridas
sobre la calle.
Barre una mujer
la calle marchita
y el gato temeroso se oculta
de la ciudad ennegrecida de gases.
El árbol sacude sus ramas
y de smog las libera.
De polvo construimos ciudades
y de polvo los pulmones
enterramos.

Escribir por si acaso

Escribir por si acaso,
por si una noche, esta,
la vida me huye en sangre.
Por si el aliento se acaba
en un grito mortal
y por si una noche, esta,
vuelvo a casa en noticia,
en periódico alarmista,
en lista de desaparecidos.
Por si me callan los ecos
de una bala mordaza
que me quede la poesía
sobre todos los muros
que las palabras sean grieta.
Escribir por si acaso.
Por si una noche, esta.

Por favor, lea poesía: 12 años compartidos

Por favor, lea poesía: 12 años compartidos
Una edición especial para celebrar en todos los espacios desde la poesía
Edición por 12 años

Si la ciencia ha ganado en continuidad y estabilidad, se debe a que la filología, o sea el arte de bien leer, ha llegado a su apogeo.
Friedrich Nietzsche

Lo que comenzó como un juego urbano en mis tiempos de estudiante universitario, hoy forma parte de cientos de personas, o por lo menos eso creo. Tras doce años de repartirla, pegarla y seguirla y demás, llega un momento en que nuestra calcomanía se convierte en aliada de otros preceptos, y por ello, una celebración con una edición especial.

Compartir, es el verbo. Otorgar, brindar, colaborar, contribuir, ceder, de la manera que sea, pero compartir. Bajo ese verbo surgió la calcomanía que demanda Por favor, lea poesía., y que al día de hoy ha superado las 300 mil copias, mismas que se han fundido en cientos de espacios, en pequeñas porciones, por todo el planeta; motivos suficientes para que en Proyecto Ululayu la celebremos.

A principios de 2020 publicamos en nuestras redes sociales la votación para que nuestro público eligiera los colores de esta ocasión. Fueron tres lo que mayor número de votos obtuvieron: turquesa, morado y rosa. Así, imprimimos 10 mil calcomanías para esta edición. Por ello hemos optado manifestar el respeto hacia nuestro líquido vital con el color turquesa; marcar nuestra empatía hacia la equidad de género con el morado; y también, sobresaltar nuestras raíces mexicanas con el rosa.

Con ello, abrimos nuestro proyecto a lo que nos ha construido, nuestra comunidad. Con esta acción buscamos involucrar a las y los que han accionado a nuestro lado. Sabemos que persistimos pero no hubiera sido posible llegar hasta esta coordenada geográfica-temporal sin toda la potencia de ustedes.

Nuestra edición especial

Por eso, lo que resta del año repartiremos de forma gratuita esta edición en los lugares que visitemos, con las personas que nos encontremos, así como en eventos culturales posibles. Por su parte y para todos aquellos que no están a nuestro alcance, antes de que termine el año lanzaremos nuestra tienda en la que todo público podrá adquirir paquetes diversos con envíos a todo el país y más allá. Esta oportunidad será con el afán de seguir con nuestro proyecto, pues al día de hoy, ha sido una gran inversión que actualmente ha fortalecido nuestros productos culturales.

Compartimos porque nuestro movimiento es “apertura, amor y extensión”, según Ivania Abitúa. “Es lago y viento, pedaleo y sol, canto y baile. Es una invitación a la vida, un recordatorio del ser y cuento del cuento de la eterna vida”, comenta Yamile Bernardo. Lo hacemos porque “es rebeldía a lo establecido, es amor a la vida de la palabra y de quien la crea; es un regalo disfrazado de discurso”, dice Jorge Guerra desde su viaje en bicicleta por Latinoamérica. También porque es “un recordatorio de que la poesía habita en cada esquina, cada poste o cada sonrisa”, señala Lidia Lorena. Sucede porque creemos que “es una convocatoria abierta, una exhortación al disfrute, para quienes disfrutamos con absoluto éxtasis las letras maravilladas del poeta”, así lo comparte Dir Salamanca desde Colombia.

Esta edición la creamos porque “es una de las aventuras que nunca voy a olvidar”, escribe la cantante mexicana Sofia Stainer. Sin olvidar que influimos ya que “fue un parteaguas muy cabrón en mi perspectiva del arte y de mí misma”, comparte la doctora Andrea Figueroa. Porque también “fue el inicio de la admiración por lo que sentían las personas libres”, anuncia la ciclista Regina Alcacio. Y no menos importante porque “es la calca que siempre quise en la universidad y siempre se acababa”, dice Gina Kinkowicth.

Porque para nosotros la poesía representa compartir la vida, esta nueva ola de color va por todos. Y sí, para los que se preguntan por el color rojo que siempre hemos tenido, seguirá, ya que hoy es canto de nuestra tradición.