Frida Tejeda: la felicidad de la furia

Frida Tejeda: la felicidad de la furia
Escribir como reflexión de los dinosaurios ante el sol
Frida Tejeda. Foto: Naomi Greene

Durante muchos días me seguiste.
En el canto del pájaro, en las sombras,
en las modulaciones del espacio:
aprendí a conocerte.
Silvina Ocampo

Hay una extraña ola de viento cuando configuras el armazón de un poema debajo de una parota. Hay una alquimia en particular cuando la mariposa nace después de ser larva. Hay dudas, siempre, indeterminadamente, y existimos, así la obra de Frida Tejeda, estudiante de Letras hispánicas y una joven poeta en crecimiento. Hay en sus letras una furia de los recovecos que conmocionan a la unidad de los conejos, los despabila, los enmudece, los desarticula y ahí los deja. Nacida en Guadalajara, México, tiene la fortuna de escribir y de contener una de las voces actuales de poesía en la ciudad. Dentro de sus letras encontramos un espejo repleto de coordenadas geográficas que nos sitúan como personajes inhóspitos y atrevidos de la palabra. 

Aromas. Foto: Naomi Greene

Se encuentra en sus detalles una posibilidad de mirar el movimiento de una hoja, la arrogancia de la dulzura, el anfiteatro de lo radical, y una leve, casi mínima, cobertura de chocolate con notitas de color. Quisiera una ráfaga de viento para deletrear sus poemas y una  canción de lo que significa desprendimiento, rodeado de gomitas y un aeroplano de color para encontrar cada una de las piezas de sus piezas. La poesía comienza después de una tarde, en un abismo como sensación, es pues, la de averiguar debajo del tapete o la de apreciar la luna que estremece a las raíces. Es posible subir a una tabla para darme tiempo y perseguir notas de abeja, dulces y ensordecedoras, para seguir la línea de Frida.

Palabra y voz. Foto: Naomi Greene

Las piezas de Frida incorporan una preocupación social y da respuesta a sus propia individualidades, trabaja y sugiere, poco a poco, construye, se mueve. Ha notado una presencia pues su versificación está en constante movimiento. Desde la inocencia de una planta hasta la introspección de una hormiga, la palabra de Frida alcanza y goza. Es un ritmo peculiar que desmorona a las piedras, deja una marca en el camino y lentamente nos desintegra. Las letras salen a jugar por las mañanas, recortan el jardín y entusiastas se liberan al medio día. Se configura una rueda, bailan y celebran. Hay, en la obra de Frida, diversas catarsis que asimilan  la calma del estanque, un delirio por apreciar el ecosistema de forma lenta, precisa y voraz.

Pensar verso. Foto: Naomi Greene

No se debe señalar una pretensión absoluta, es necesario imaginar en una ola por completo, dar pie al juego de la lotería, para caer lentamente en el sitio que la escritora nos permite. Tenemos que saquear el atrevimiento de los versos de nuestra comunidad, ser latentes, saturarlos y manifestar que hay un encuentro para seguir. Es necesario hablar por el ánimo de encontrar todos los colores que la luz del sol nos permite contemplar. Existe en la poesía de Frida, una sensación de abismo, ya lo dije, que se prolonga y arde de manera menguante, de sutil giro y estrepitosos impulsos que nos generan una determinación lógica. Frida es ella, en sus propios encierros y con su pureza nativa del oriente. 

Naturaleza viva. Foto: Naomi Greene

Dentro de esta situación, Frida Tejeda, marca un vaivén que se posiciona sin origen y sin contrato. Hay en el esfuerzo de su pluma una constelación que se resguarda en la fragancia del veneno. Sutil, he dicho, pues, incesante. Necesita un té verde, un bisquet con mermelada y una flecha empuñada para mencionar que el parque se ha convertido en una bodega de poemas. Hay una larva que se manifiesta en una rueda que circula en el sueño de los columpios y se comparte hacia un sin fin de coordenadas, le han llamado extravagancia y botella a la vez.

Mirada selva. Foto: Naomi Greene

Frida emerge desde un telar particular al oriente de esta localidad y se busca como una ternura enardecida de realidad. Hoy el juego es oportuno. Los dados brincan revolucionarios, y entonces, así, bajamos, en el estallido hacia todas partes. Frida Tejeda sucede y presenta. Aquí nos toma y nos convierte en un sistema que lentamente muere entre punto y punto. Hay que resguardarse de la letra y sabotear a los círculos para modelar las figuras que nuestra autora comparte. 

Hoy llega un momento en que las raíces hablan con los conejos y se viven entre unos y otros, con la soberbia de que mañana vuelva a visitarnos el sol. Nos abrazamos a la cintura de la parota, y mencionamos al amor que la libera. Así Frida, flecha, azúcar y destreza, fórmula de velocidad y precisión, brinca en un módulo de ecuaciones efímeras que no requiere mecánica. Que las hojas sean una línea curva de encuentro, mañana hay que volar. 

Entre nubes. Foto: Naomi Greene

Frida Tejeda es estudiante de Letras en la Universidad de Guadalajara. Ha obtenido algunos reconocimientos literarios por su trabajo de poesía y recientemente comienza su camino dentro de la onda poética de Guadalajara. A su vez, ejerce sus primeras cuestiones como tallerista, y poco a poco, se ha adentrado en la cuestión de la literatura y el género. También escribe cuento.

¿Cómo es la forma del agua que te invita a bailar?
Ondulante y rítmica. Llena de ecos ingobernables que fluyen y empapan mi cuerpo de movimiento.

¿De qué manera se comparan las verduras a un huracán?
De la misma manera en la que se compara un cuervo y un escritorio.

¿Cómo es el destello del trote bajo una lluvia de verano?
Cálido, como los cuerpos sudorosos al bailar. Como la juventud misma, fugaz y abrasadora.

¿Qué encierra la poesía cuando contemplas el mar?
Encierra los momentos más dichosos, pero también los más salados. Encierra risas y heridas llenas de espuma. La poesía contiene al mar completo conmigo dentro de él.

¿Para qué sumerges a los dragones dentro de líquido rosa?
Para mostrarles que solo el rosa puede hacer que las escamas luzcan como guirnaldas, y que sólo pintados de rosa se vuelven parte del carrusel de mi infancia.

Bajo la pluma. Foto: Naomi Greene

¿En qué momento se conmueve un dinosaurio?
Cuando se da cuenta de que después de su muerte será exhibido cual tesoro en los museos más famosos. Es ahí cuando sabe que al fin su vida tuvo un sentido más allá de sobrevivir o no. Un sentido que no entiende, pero sin duda lo conmueve.

¿Cuántas lágrimas se necesitan para encontrar un verso de mercurio?
23. Una tras de otra hasta dejar caer las 23 sobre la página en blanco.

¿En qué luna recorres las letras del amor?
En la luna más brillante y solitaria, esa que reposa en su redondez colgada en el cielo como si nadie la viera. Es ella la única que me acompaña cuando silenciosa, me dispongo a navegar entre las letras amorosas que son gloria para los que del amor gozan o suplicio para aquellos que anhelan ser amados.

¿Por qué debemos escuchar una guitarra mientras se cocina el espagueti?
Porque de no hacerlo el espagueti queda inerte, ya que solo los acordes de la guitarra logran que se cocine a la perfección. Sin la música de fondo la pasta no se cuece, no danza en el agua como debería de hacerlo cuando finaliza la canción. Y si insistes en cocinar espagueti sin la guitarra de fondo, comerás las insípidas y crujientes varitas carentes de magia.

¿Cuál es la batalla más grande a la que te han invitado los delfines?
A la batalla contra la incesante noción de la consciencia.

Metamorfosis
Ahora que mi sangre
se ha hecho la tuya,
basta besar las cenizas
y quebrantar los huesos.

Heme aquí rendida,
ante el hervor nuevo,
como espuma dispersa,
ante el calor del fuego.

Desnuda,
resuelta a partir,
me dejo.

A mí misma.
Al bello siniestro.

Creadores literarios FIL joven (Editorial UDG, 2017)

Quizá
nada más se trate
de mirarnos hasta que
cada pregunta se evapore.
Y así, salvarnos juntos.
Palpitantes, verdaderos.

Inédito

Ígnea
Mujer multiforme
eres la naturaleza elevada,
sublimación del espíritu.
Criatura estoica,
imprudente,
testaruda.

En tu lengua siempre baila
una oposición.
Tu esencia,
la flama viva de antaño.

Arcaicos poderes
habitan en tus deseos.
Te dilatas con el tiempo,
como quien crea la eternidad.

Te impones,
transfiguras la existencia
con gracia, con violencia
y renaces en la infinidad.

Mujer sin dicotomías,
trasciendes a estos versos,
tu esencia es incendiaria.

Has quemado ya el papel que te dio vida
y navegas hecha cenizas la ciudad.

Inédito

Próxima estación
El silbido al final del túnel,
es la noción del futuro.
La certeza de movimiento,
los minutos que se aproximan sin detenerse.

Aquí debajo es toda una ilusión,
un ensayo sin sentido
en el que Dios es libre
y nosotros creemos serlo.

Vamos todos a un vórtice sin piedad,
nos arrastramos en el concreto,
mientras desde la cima
nos observan con desinterés.

¿En donde reside la importancia de nuestras voces?
Si apenas somos polvo,
una luz astillada en la nada,
una mota que flota ligera en la inmensidad,
un murmullo malintencionado.

Inédito

Libertad en construcción
Dueña soy de mis pasos de agua,
que se estrellan en la acera
como gotas de lluvia.

Y aunque la noche no me pertenece,
pronto será mía.
Nuestra.

La calle se doblega,
se rinde
y cede ante la palabra.

No hay jaula que nos contenga.

Inédito

Ricardo Yañez: de música y poesía

Ricardo Yáñez: de música y poesía
La vagancia de la palabra entonada y explosiva
Ricardo Yáñez. Foto: Naomi Greene

Yo la encontré por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.
Gabriela Mistral

La poesía tiene nombre. Se hace un espacio en la médula del horizonte y añora cuantas veces quiere. Se sabe México en cada partitura. Llueve, canta, se acongoja y existe. Así es el poeta tapatío que le ha escrito a la tierra, al campo, a la música y al amor, sólo por mencionar algunos preceptos. Hay un acierto para la vagancia y así lo ha hecho Ricardo Yáñez. Originario de la Guadalajara, Jalisco, y con una gama bonita de colores en una plasticidad de letras, el de la barba blanca, es un elemento que derrama su importancia literaria en pequeños capítulos de la cotidianidad.

El tiempo. Foto: Naomi Greene

Digamos, un posible árbol que baila con el viento mientras, iracundo, observa pasear a las galaxias. De ahí que su palabra sea un rasguño de melancolía y un trazo perdido entre la alpargata y el siguiente nivel de fotosíntesis. Leer a Ricardo, observar, merendar con su obra, apaciguar el tiempo y el canto, es una experiencia que marcamos en el infinito y nos creemos pétalos y bytes en ese instante. Quizás una pérgola es un espacio en el que podríamos creer que su creatividad ha sido sacrificio de la poesía, sin embargo, el capitán de nuestras mañanas (así le digo en mis adentros por una loca temporada en que lo leí abarrotado de chilaquiles y café), le entra a la música como a los corazones que le rodean.

Cielo modelo. Foto: Naomi Greene

Contemplar a Ricardo es jugar en el lodo como cuando éramos niños. Es militar como flor entre los nopales, ese suceso tierno en el que el color se disfraza de saturación y engaña a nuestros ojos. Descifrar a Ricardo es un arquetipo de lo que se puede lograr cuando se abren las alas dentro de la textura del desierto. Uno flota, se reclama una lágrima y baila. No recuerdo precisamente cuando fue que lo leí y sucedió con esmero.

El trazo. Foto: Naomi Greene

Alguna vez, la Prieta, mi madre, me indicó “más vale poco que sea verdad y no mucho que sea mentira”, y así me cuadré con las palabras del poeta tapatío. Me enamoré de las señales que se palpa en su estructura musical; en sus existencias de sol y luna; en la alcoba que resuena en el perfume de las sirenas y me quedo en silencio. Quisiera mantener la palabra bajo el infinito de los cielos y resguardar cada idea que surge de las mentes de la comunidad poeta. Mujeres y hombres hacemos de una posibilidad una reunión de nubes, en las que perfilamos nuestras andanza. Así el calor y la lluvia, el paso y el pedaleo, la mañana y la noche, todo, es parte de la obras que Ricardo nos entrega en su existencia.

La colectividad. Foto: Naomi Greene

Qué afortunados hemos sido, tanto Naomi Greene como yo, al tener una mañana de goce con nuestro Ricardo. Ahí aprendimos de la historia de los papalotes. Descubrimos la mirada de los halcones. Fabricamos nuestro propio testimonio y dimos balance a nuestra visión. El juego y el canto no hicieron falta; la solidez de un poeta como lo es Ricardo, nos hizo temblar, respetuosamente, porque guardamos una particularidad de nosotros. No sabemos qué tanto hayamos crecido en las jaurías de las libélulas pero sí manifestamos una sorpresa en cada uno de nosotros. 

Despertar. Foto: Naomi Greene

Ricardo, desde su canto y su emoción, nos recuerda que la tierra sigue y que hay un horizonte repleto de sabores, todo es un confín de dulces y amargos momentos, es la determinación de todos los ejer humanos. Quisiera haberme perdido en uno de sus versos para florecer en el paladar de las sierras, ser árbol y después, entregar el fruto con todo el glamour del desprendimiento y de la escasa gana de querer controlarlo todo. 

El poema. Foto: Naomi Greene

Disfrutar del trabajo poético de Ricardo, desfragmentar la máquina de creación que es, no debe representar la calumnia del ego ni de las pretensiones, hay una palabra y una imagen una boca y una mano, todo es parte de una balanza en su propio equilibrio. Para alcanzar algunas de sus reflexiones es preciso detallar su norma campirana y gozadora, pues Ricardo así es, un huarache en vuelo que alcanza la nostalgia y el estupor de su comunidad. 

Bajo la pluma. Foto: Naomi Greene

Es verano, hay lluvia, Ricardo Yáñez estuvo con nosotros aquella mañana risueña en el Café Madoka y lo contemplamos a solas, en su postura humana, poeta y músico. No hizo falta la guitarra, pero el canto surgió como un estallido de pájaros. Hay poesía y mucha, una rebelión de la simpleza de las cosas, en la que juega la cajita del verso, es lo que la vida nos ha permitido con el autor de Desandar, pieza editorial del Fondo de Cultura Económica que incluye la mayoría de su obra poética, publicada en 2014. 

Existir. Foto: Naomi Greene

Jugó con nuestro ejercicio poético e hizo de nuestras preguntas silencio, por sí solas, en conjunto, las declaró un poema. Su silencio fue una experiencia gigantesca, magia en textos que no surgieron, y que, a pesar de todo, gozar, engolosinar y disfrutar los pequeños y breves momentos de la existencia, es el armazón que la poética de Ricardo Yáñez hace en la trama de las líneas.

“Te digo lo que pensé desde el principio pero adrede dejé pasar el tiempo para ver si cambiaba de opinión. Tus preguntas son poéticas de por sí, quizá un poema en sí mismo, y no considero contar con la suficiente creatividad como para, en las respuestas, igualar su espíritu. Déjame de cualquier manera pensarlas un poco más, pero la verdad, más que liricas son exigentes en la demanda, que no creo cubrir con suficientemente solvencia, Miguel”, señaló nuestro poeta amigo, y en ello, nos brindó como primera entrada, que el silencio y la no respuesta, son también, las más grandes de las adquisiciones que uno puede tener, y por ello, dejo esta perspectiva con sus palabras para todo nuestro público.

Sonreir a la luz. Foto: Naomi Greene

Aquí la evidencia y artefacto de nubes que posibilitan el fervor de la palabra: sencillez. Ricardo nos aguarda juguetón, risueño y amoroso: la resortera de la poesía es. Hay que contemplar nuestro espectro y migrar hacia desconocidos momentos, y aunque repletos de hojas, siempre hay un color que emerge desde la montaña. Hoy por hoy, nuestro poeta, es un argolla fundamental para el contexto de la literatura de Guadalajara sin ir más allá. Es preciso tener la mente serena, el corazón repleto y el cosmos inundado, pues la palabra, de las pocas cosas, nos lleva a otras sensaciones, a únicas posibilidades y una memoria completa de diversidad y observación. Hay un juego que es la vida y nosotros somos sus jugadores. Ricardo Yáñez no está en la banca, pues baila a diario en el juego. Que la canción siempre brote desde la secuencia de la poesía.

Escaleras poéticas. Foto: Naomi Greene

Ricardo Yáñez, poeta y cantor, con formación en Letras por la Universidad de Guadalajara y la Universidad Nacional Autónoma de México. Colaborador de una vasta diversidad de publicaciones regionales y nacionales. Ha sido profesor, tallerista, columnista, investigador, todo eso además de ser un gran argüendero de la poesía mexicana. Ha obtenido distintos premios literarios y una diversidad de reconocimientos en su trayectoria. Autor de obras de poesía como Deja de ser (Ediciones Era, 1994), Prosaísmos (UAM, 1995), Ni lo que digo (FCE, 1998), Vado (Ediciones Era, 2004), Armadillo (Magenta, 2021), entre muchos más. Sin embargo, también le ha entrado a la música, y algunos de sus poemas han sido acompañados por varios músicos, entre los que destaca su última colaboración con Zindu Cano y Kevín García, quienes conforman Ampersan, mismos que dieron voz al poema “Lo que la vida se lleva”, publicado en el álbum 6 Conejo, con arreglos de Juan Pablo Villa, y que, entre todos, recrearon una pieza desde el sonido cardenche hasta las atmósferas novísimas de la tecnología. Ricardo Yáñez es toda una estructura creativa y de los pocos tapatíos que ha incursionado en diversos papeles de la cultura, de ahí el trabajo que ha realizado en el periodismo, la difusión y la divulgación, y todo ello, más allá de lo que siempre ha sido su eterno amor, su constante formación de noveles poetas.

Ni lo que digo
El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.

¿Qué son los huevos fritos, por ejemplo?
¿Qué son los buenos días?
Los vecinos arrían la bandera
de la felicidad, pero quién se los festeja?
quién se los critica?
Sólo los que se aman los comprenden.

Se está tirando el bóiler. Hay que apagarle.
Se encordó este reloj. Hay que arreglarlo.
Hizo frío por la noche.
No lo olvides.

A veces es una araña la palabra amar
una araña en las vigas de la casa
y uno es la mosca la tonta mosca
A veces el amor es una aspirina
vieja olvidada en el botiquín
y uno no el dolor de cabeza sino el aburrimiento
A veces el amor es una botella de tequila
escondida en el fondo del ropero
y uno la mano oscura y el trago rápido.

Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.

¿Un soneto?, no mames, cruel Ricardo.
Bardo tradicional saliste, Yáñez.
¿De verdad crees poesía lo que tañes
ya en lenguaje sutil o ya en lunfardo?

Si he de serte bien franco yo no ardo
en deseos de al lomo echarme el fardo
y menos cuando sé que, no te engañes,
de noche todo gato es gato pardo.

Yo conozco bien quién soy, y tú ¿quién eres?
Bardo Thodol te finges en talleres
que sabe Dios cómo has imaginado

nomás por eludir otros deberes.
Quizás alguna calle has alumbrado
y a ver cuándo tu casa, atolondrado. 

Vado (Ediciones Era, 2004)

Tres flores
FLOR I
Es posible respirar a dios en esta flor.

Toda la historia se concentra en ella,
es su medio, su fin y su principio.

Por esta flor es que el mar remueve eternamente las arenas
y que la gente reza, come, ama, defeca y muere.

FLOR II
He cortado esta flor.
Esta flor ¿vive más aquí que en su vida?
Esta flor es poco fría y amarilla (muy):
como el sol-vuelto-luna-vuelto-flor.
Esta flor ocupa un lugar en dios.
Dios se cuartearía,
se descuartizaría feamente
si nosotros pudiéramos deshojar este flor.

FLOR III
Hay flores que ordenan el universo.

Sólo los ríos
se bañana siempre
en el mismo río.

*
Un buen silencio
no solicita
desciframiento

*

Ah qué la vida
cohete, ilusión de luces
que se disipa.

Vado (Ediciones Era, 2004)

Almanaque literario de Jalisco: un reto textovisual

Almanaque literario de Jalisco: un reto textovisual
Retratos personales y un juego antropológico-literario de la región​
Biblioteca de México. Foto: Miguel Asa

Los cerros inclinan la cabeza
y alguien dice en la noche creciente:
“viene la muerte cantando
detrás de la nopalera”.
La luna de noviembre es un gran cráneo
y el país entero llora de risa.
Hugo Gutiérrez Vega

Uno piensa que la poesía no tiene cuerpo, pero tiene muchos. Otras veces uno cree que la novela es y que se desprendió de una comunidad terráquea. Muchas, abrimos libros, abrazamos a los contextos y a los personajes y todo se vuelve parte de nosotros. Pues así es. Y hemos de pronunciar la oportunidad de apreciar, olfatear, sentir y vibrar, a cada una de las voces que nos acompaña en el día a día en las calles de Guadalajara y en el resto del Jalisco.

Sabemos del trabajo que esto implica. Así mismo, reconocemos que es una inversión en equipo integrado por colaboradores, compañías diversas y aliados de distintos rubros, y por ello, comenzamos este ejercicio textovisual para dar paso a un Almanaque literario de Jalisco

Durante el silencio mundial nos preparamos e hicimos de nuestra guarida una caja de emociones, sentimientos y pensamientos. En cada una de nuestras líneas hemos contemplado las letras, las artes y las rutas, pues nuestro factor innovador nos indicó la acción de unir muchas experiencia en vida y las queremos compartir de una u otra manera. 

Desde el sabor de nuestros viajes hasta el destino toda la comunidad pensamos en esta línea. Antes que todo, gracias a las personas que cumplieron, fueron parte de nosotros y que motivaron nuestro crecimiento, a sus espíritus, gracias. 

A casi 15 años como proyecto independiente, damos paso a conocer las líneas literarias que surgirán de este viento en nuestro papalote con su estilo propio, muy mexicano y libre. Hoy somos una voz de todos las y los escritores que compartimos y buscamos la libertad del verso, de los poemas, de las y los poeta, de los grupos, pues sí, así como suena, nosotros, en la escritura de toda nuestra comunidad, sin ton ni son, por la libre y sin cuota, sin demos, y todo ello, desde nuestra independencia amigable y social. 

Sea usted parte de este Almanaque que arrancó con algunos poetas locales, nacionales y extranjeros para conformar nuestra línea editorial. Gracias por esta situación a Frydha Victoria, Giselle Lucía, Rossana Camarena, Luis Armenta Malpica, Fabiola Lizette, Renata García,  Françoise Roy, Carmen Villoro y Alexandro Castro, por permitirnos en vida hacerlos parte de nosotros, y Ángel Ortuño, Víctor Pazarín y Ayari Lüders, por haber compartido en algún momento con nosotros su ser y su poesía. Así pues, comunidad lectora, creamos esto para trabajar, sí, escribir y retratar, desde nuestras posibilidades, a todos estos personajes de nuestro contexto. Comenzaremos por nuestra ciudad, para poco a poco, y si el tiempo lo permite, tener muchas fichas desde nuestro estudio que hemos querido ver como un juego. 

Somos dos los encargados de este proyecto mancuerna, Naomi Greene, desde la fotografía antropológica, y Miguel Asa, yo, desde la literatura experimental. Solicitamos disculpas a quienes hemos retrasado, pues esto es un proyecto de vida y de suma organización. A partir de agosto de 2022, cada pieza, aunque regional, es la partitura de los nopales, las mesas, los silencios y los barriles que nos integran. Disfruten ustedes del trabajo que hemos estado preparando desde meses atrás como un ejercicio humano, cercano y voraz.

Vamos a ser precisos, gracias por escribir en Jalisco, hoy nuestro trabajo es obra; ustedes, nuestra profunda inspiración. 

Ululayu: su etapa como revista

Ululayu: su etapa como revista
Iniciamos un espacio de diálogo y colaboración cultural
Guadalajara, México. Foto: Miguel Asa

Saliste de la noche
Con flores en las manos.
Vas a salir ahora del tumulto del mundo,
De la babel de lenguas que te nombra.
Ezra Pound

No inventamos nada nuevo. Simplemente hemos buscado nuestra fórmula. Hemos aprendido desde la bicicleta a crear nuestra palabra y nuestra imagen. Hemos creado una revista virtual después de dos años de trabajo bajo el silencio de las ciudades. 

Aquí, hoy, en este agosto de 2022, presentamos las líneas que llevará este novísimo producto editorial que surge de las experiencias e intercambios que hemos implantado desde Ululayu.

Compartimos aquí letras que versan desde nuestra ciudad, Guadalajara, México, y de otros lugares del mundo. Es nuestra la oportunidad de compartir este sitio virtual con el trabajo de nuestro equipo, mismo que se integra por la confianza, el amor y la sintonía de personalidades diversas.

Presentamos a Jacqueline Loweree, Grisel Gallardo, Alberto Delgado, Yatzy Sánchez, Irene Martínez, Sheccid Meza, Frank Cuesta, Erick Villaseñor, Eduardo Alvarado, Samantha Lamaríz, Alejandra GuCe, Patricia Acosta, como nuestro equipo base. Muchas gracias por colaborar en esta nueva experiencia editorial. Al mismo tiempo y con la misma ternura, damos paso a las palabras provenientes de otras latitudes. Gracias a Agustín Martínez, Jorge Yam, Wil Morrison, Iván Vergara, Manuel Berdeja, Vania Contretas, Alberto Paz, Rossana Camarena y Alejandro Piña, por ser parte de la primera parte de colaboración y frescura. Que el sol les brinde todos los colores para gestar líneas de escritura intensas desde sus perspectivas. 

A ti querido público, no te aseguramos coincidir con tus pensamientos, pero sí multiplicar tus conocimientos desde nuestras perspectivas. Hemos organizado todo un gran equipo con la finalidad de aprender, reflexionar y contribuir a nuestras vidas diarias. Que la palabra y la imagen sean audacia de las letras, las artes y la movilidad en todo el mundo. 




Pluma: tertulia abierta

Pluma: nueva tertulia abierta
Un espacio de escucha, gastronomía y unidad
Anna Castel, poeta. Foto: Naomi Greene

Errar es humano, errar es cotidinao, errar es necesario.
Raúl Aceves

Después de tres años sin temporada continua y de un año de algunas esporádicas reuniones, retomamos con mucho ánimo las rondas de poesía en nuestra tertulia quincenal, Pluma, como el inicio de nuestro próximo 15 aniversario. Tomamos nuestra parte dentro del movimiento poético de nueva cuenta tras la situación mundial que nos permitió vivir la vida, valorar las reuniones humanas y sobre todo, experimentar nuestra amada tierra de otra manera. 

El público. Foto: Naomi Greene

En esta ocasión hemos comenzado con una tanda de nueve meses, en los que cada quince días, visitaremos diversos espacios del Área Metropolitana de Guadalajara, con el fin de compartir las propuestas actuales de poetas locales; a su vez, degustar y conocer la exquisitez de la gastronomía tapatía y las cocinas que su diversidad abarca.

Atención. Foto: Naomi Greene

También buscamos intercalar los sentidos, esto para generar experiencias culinarias en compañía del trabajo literario de nuestra comunidad. Julio fue nuestro proceso inicial y en ello pulquería La Chukirruki y Comalli Cooperativa se sumaron como los primeros sitios en los que las palabras surgieron en dos tandas de verano con un sabor propio.

Don Nadie, poeta. Foto: Naomi Greene

En primer lugar, Cindy Hatch, Alejandro Piña, Aurora González, Naomi Greene y su servidor dejamos parte de nuestros versos en torno al pulque y a su espacio de la ciudad que comparte desde hace algunos años la posibilidad de ingerir, provechosamente, la bebida que nos vio crecer como cultura, el pulque. En la segunda secuencia de esta tertulia una lluvia de atardecer nos refrescó el sentido de comunidad y visitamos un espacio de intercambio, cultura y colectividad. Ahí, Mike Dueñas, Don Nadie, Anna Castel y Ricardo Ventura, situaron los poemas en compañía de una sabrosa cocina vegetariana, y por si fuera poco, los productos de muchos productores locales. 

Ricardo Ventura, poeta. Foto: Naomi Greene

Así, entre paredes de dos espacios culturales, a su manera, nos permitimos compartir nuestras creaciones y talentos, trabajo que se percibe con cada espectador que se muestra en su visita y su disponibilidad para escuchar. Es necesario destacar que, en nuestra primera reunión semestral, el poeta y catedrático, Raúl Aceves, hizo presencia con su obra y manifestó agradecimiento por el tipo de espacios en los que se nos permite interactuar desde la poesía. 

Mike Dueñas, poeta. Foto: Naomi Greene

Agradecemos el apoyo y las gestiones pertinentes ya que permitieron que nuestra tertulia, tuviera un tiempo y un abrazo en cada sitio. Y sin más, a cada poeta que desde su tiempo y dedicación hacen de este encuentro un síntoma de esperanza, convivencia y aprendizaje. Entre una salsa de pulque con zarzamora y chipotle y una hamburguesa de frijoles, volvimos al vuelo. Gracias por escuchar. Seguimos. 

La Nahuala. Foto: Naomi Greene

Ululayu: cicloviaje, gestión y cultura

Ululayu: cicloviaje, gestión y cultura
El pedaleo en un viaje con versos y trazos
Miguel Asa en Sudcalifornia. Foto: Alberto Zamaniego

Este artículo fue publicado originalmente en La Bicikleta, ahora llamada, Pedália, el 17 de agosto de 2016. Lo publico aquí como parte de la memoria que ejercimos algún momento.

Aquí debí colocar un epígrafe de algún escritor:
la bicicleta dijo ser letra que convierte
l
os colores en la libertad de todos.

Despiertas y sabes que todo cabe en imaginar. Pedalear siempre hacia todo y hacia nada. Cantar con el viento en curso, fuera de ti, en el espasmo de los horizontes, a pie de carretera. Gritar a todo pulmón. Viajar sin recursos. Gestionar bajo trueques y a distancia. Simplemente compartir. Y sobre todo, saber que la bicicleta es un personaje y tú el ente que lo acciona. Y dos son uno, son uni-verso, son verso.

La escritura como la memoria del viaje. La fotografía en su función documental. Ambas, de cualquier sabor y olor; desde hace tiempo y hasta no sé dónde; por el valle, la terraceria, el barrio, el pueblo, la ciudad, y todas las historias en todos los sitios. Contigo, en equilibrio constante, algunos libros como parte del peso que tus rodillas impulsan sobre la bicicleta junto el cepillo de dientes, la bolsa de dormir, las parches, los poemas en proceso, las amistades fortalecidas, las fotografías impresas, los calcetines rotos, las cámaras, los huaraches y no sé qué tantas cosas más dentro de las alforjas. Y por si fuera poco, también, rollos de calcomanías con cuatro palabras para evolucionar en movimiento como peso adherido. Letras e imágenes sobre la cinta asfáltica sin destino alguno. Creer en la bicicleta hasta en la revoltosa caída que juega a lastimarte (aquí no es la Luna).

Mural en Múlege, Sudcalifornia. Foto: Delmer Zúñiga

Una expedición acompañada de literatura, artes y medios como elementos para compartir en múltiples soportes, plataformas y comunidades, y por igual, considerar a la bicicleta como algo más que un medio de transporte o de recreación: una constelación que abarca millones de palabras e imágenes, máquina que en todas las galaxias nos permite converger en infinidad de espacios, y en ellos, manifestar nuestras particulares visiones de la libertad fuera del ser físico.

Por lo anterior sabes de antemano que no eres el único que ha creído en la bicicleta como un viaje sideral. Cuántos son los escritores y artistas que han recurrido a ella como influencia de sus creaciones: Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Pablo Neruda, Sylvia Plath, Julio Cortázar, Isabel Mellano, David Byrne, Julie Glassberg, Thomas Yang, Irina Stepanova, Alain Delorme, Elsa Fernández Santos, Adams Carvalho, Llucia Ramis, Amos Oz, sólo por mencionar algunos entre un número inmenso a lo largo de la historia, por ello, no bastaría la vida para analizar todo lo que ha sucedido alrededor de ese artefacto mecánico en su relación con la literatura y las artes.

En Mayto, Cabo Corrientes. Foto: Miguel Asa

Por otro lado, para ti la bicicleta es más que un sustantivo dinámico, así como cualquier otro adjetivo que te pueda sorprender, todo porque la interacción física-mental que ocurre en ti al pedalear genera un espacio de felicidad, te permite sonreír, sentir intensamente dicen unos, volar (vaya cliché) dicen otros, y todo alrededor, flota (eso lo dices tú), y sobremanera, un sinfín de sentimientos y emociones que provocan a tu creatividad. Sin embargo, la fuerza de tus piernas en un viaje extenso también marca la determinación objetiva que resulta de tu reflexión social sobre la relación individuo-comunidad: fomentar la lectoescritura como extensión de información, vincular a las artes como canal de participación colectiva y analizar el sentido creativo como manifestación individual, acciones que funcionan como labor social a manera de trueque: alimentos y hospedaje (aunque sea un pedazo de tierra para colocar la bolsa de dormir) por actividades culturales. Aunque en ocasiones la cartera se quede vacía, siempre ocurre algo para sobrevivir y avanzar, eso permite relacionarte con todo tipo de personas e interactuar de manera libre, honesta y sin prejuicios.

Mural en Santa Rosalía, Sudcalifornia. Foto: Elizabeth Jiménez

Así pues, tu viaje en bicicleta se convierte en un proyecto de gestión cultural y de colaboración social, siempre, con la finalidad de compartir ideas creativas que enriquezcan a los individuos de las comunidades que encuentres en tu trayecto bajo diferentes modalidades: una charla breve, un poema improvisado a media carretera, un diálogo con estudiantes, la presentación de obra en cafés, las fotografías en el suelo de alguna plaza pública, alguna intervención en la vía pública, la participación con escritores y artistas, talleres con reclusos, murales colectivos en escuelas, producciones de radio con ciclistas, algunos esténciles por las calles, más otros formatos posibles con todo el mundo.

En el CUCOSTA, UdeG. Foto: Sandra González

Un año después de tu partida y de pedalear durante largas distancias has comprendido cómo la bicicleta rompe esquemas al funcionar como un medio para generar ideas, concebir proyectos y desarrollar estrategias de gestión para las comunidades que visitas, mismas en las que el artefacto interviene de manera pacífica, y a su vez, actúa con cada ser humano que se vincula con tu creatividad. Por eso, día a día te es fabuloso contemplar cómo las personas aprecian los diferentes rubros que infieren en el formato de tu viaje… la pluralidad de voces que surge a cada kilómetro es la dinámica creativa.

En San Luis Gonzaga, Baja California. Foto: Miguel Asa

Y al final del día, leer para crear y compartir para imaginar, desde un poema hasta un mural, entre el desierto y el huracán, con el cocodrilo y el correcaminos, al lado de las mariposas y de los cuervos, con traileros y con gestores, acompañado de pescadores y profesores, entre el silencio y la euforia, en tierra y en asfalto, con sol y luna, y siempre, la bicicleta como fiel compañera de ese pequeño cambio social que intentas, de manera libre, gratuita y sin desdén. Resistir al pedalear es un verso que queda en el muro de nuestra piel, algo así como el movimiento del viento en todo rededor de nuestra existencia.

WNBR GDL: 11 rodadas de libertad ciclista

WNBR GDL: 11 rodadas de libertad ciclista
La marcha mundial ciclista al desnudo al estilo tapatío
Fragilidad. Foto: José María Martínez

Un día tuve una juventud
que expresó su delirante algarabía
sobre una bicicleta
Carmen Villoro

Llega junio nuevamente y el cuerpo lo sabe. La comunidad ciclista de Guadalajara, México, lo sabe. La piel, los poros, las pinturas, las emociones, de nuevo quieren estallar. Y es que cada verano en la región norte de la esfera, el movimiento denominado World Naked Bike Ride (WNBR) se hace presente, como sucedió desde la primera vez en 2004. Y con ello, desde hace 12 años, en el occidente mexicano no ha parado de realizarse esta manifestación que se ha vuelto parte de la tradición tapatía.

Espera. Foto: Dula Polanco

La WNBR es un movimiento internacional que surgió como parte de dos colectivos: Artists for Peace en Canadá y la Manifestación Ciclonudista en España. La primera rodada que se llevó a cabo fue el 12 de junio de 2004 y hasta el momento han participado un sinfín de ciudades alrededor de todo el mundo, entre las que destacan las ediciones de Ciudad de México y Guadalajara como parte de las más constantes de Latinoamérica

Amar en libertad. Foto: José María Martínez

Es preciso mencionar que el sentimiento global por la naturaleza es un llamado urgente a generar cambios sociales que propaguen un mejor bienestar para nuestras comunidades. Por mencionar, la WNBR tiene como objetivos primordiales:

  • Cuestionar la excesiva dependencia de combustibles fósiles. Menos contaminación.
  • Exigir el respeto al ciclista y al peatón: ¡desnudos ante el tráfico!
  • Promover el uso de transportes de locomoción humana. Más ejercicio igual a mejor salud.
  • Enaltecer tu fuerza e individualidad corporal. Integridad humana y social.
Lonja versus petróleo. Foto: Fabricia Atilano

Sin embargo, en la 11 edición de Guadalajara se han sumado otros tantos:

  • Mejorar la condición física de la comunidad a través de la empatía con el ejercicio.
  • Mostrar la fragilidad del cuerpo humano ante el resto de medios de transporte.
  • Involucrar a la bicicleta como un componente social para el acercamiento de las periferias.
  • Manifestar la desnudez como una manera de ser-cercanos, sin distinción de clases sociales, de orientación sexual, de raza, de género y otros.
  • Estimular el uso de la bicicleta como medio de transporte en la ciudad para acrecentar la red de ciclovías.
  • Enfatizar que la desnudez nos muestra la diversidad de los humanos como lucha en contra de la hegemonía de los cuerpos, de los filtros.
  • Impulsar el derecho de movernos con seguridad pues todas las personas lo hacemos a diario.
  • Inspirar a la ciudadanía a perder el miedo de manejar la bicicleta en la ciudad.
Bajadita. Foto: Ulises Ruiz

Así pues, la desnudez como un factor activo como manifestación es una cuestión que año con año irrumpe en las calles y avenidas de ciudades como Portland y Seattle, Estados Unidos; San Pablo, BrasilByron Bay y Melbourne, Australia; Bruselas, Bélgica; Montreal, Toronto y Vancouver, Canadá; Londres y Manchester, Reino Unido; Puebla, Guadalajara y Ciudad de México, México; tan sólo por mencionar algunas, mismas en las que se cuestiona, directamente, a la ciudadanía, a los gobiernos y a las políticas públicas en turno alrededor de la movilidad sustentable, pues si bien las ciudades crecen año con año, es preciso delimitar las nuevas estrategias para sus futuros desarrollos, generar nuevas dinámicas de interacción con la naturaleza y empatizar como humanidad desde nuestra responsabilidad sociocultural con nuestro medio ambiente y nuestras comunidades.

Final. Foto: José María Martínez

Así, llegamos a la edición 11 de la WNBR en Guadalajara, #WNBRGDL, después de 12 años de esfuerzos mediáticos y desde nuestras trincheras, años en los que han pasado artistas, fotógrafos, ciclistas, activistas y demás, y a quienes agradecemos el esfuerzo lanzado año con año para manifestarnos, cuestionarnos y respondernos como sociedades.

Ruta 11 WNBR GDL

Este año, la ruta ha sido una de las más largas pues creemos como emblema que superar diez años de activismo es una noción de fortaleza, unidad y vitalidad. Simplemente amor por la vida. Nos reuniremos en el punto que se ha convertido en un sitio estratégico y en el que el nombre del artista nos acompaña, la plaza José Clemente Orozco, en punto de las 15:00 horas, para despegar alrededor de las 17:00 horas. 

La ruta será por diversas avenidas de la ciudad, de Oriente a Poniente y viceversa: Vallarta, López Mateos, Hidalgo, República, Belisario Domínguez, Javier Mina, Juárez, para hacer pausa con una “Intervención/descanso” al nivel de Alcalde y proseguir por Juárez, Vallarta, López Mateos, Guadalupe, Niño Obrero, Lázaro Cárdenas, Tonantzin, Las Rosas y Mariano Otero para culminar en la Glorieta de las y los Desaparecidos. 

El centro tapatío y desnudez. Foto: Ulises Ruiz

Dentro de ésta realizaremos una intervención con todas las voces de los asistentes bajo la lectura del poema “La bicicleta” de de la poeta mexicana Carmen Villoro como parte de nuestra unidad a los festejos de Guadalajara como Capital Mundial del Libro 2022, misma que pretendemos grabar en audio y video para dejar constancia de nuestro movimiento en este acto mundial que ronda con las letras de nuestra comunidad. 

Recomendaciones 11 WNBR GDL

A su vez, hacemos un llamado a todos los asistentes a ser parte de nuestras recomendaciones preventivas: bicicleta en buenas condiciones, hidratación suficiente de preferencia, bloqueador solar recomendable, herramienta indispensable y mochila para cosas personales. De igual manera para ejercer un ambiente sano de convivencia te invitamos a evitar el uso de máscaras o similares, soslayar a personas irrespetuosas, rechazar todo tipo de acoso e impedir cualquier abuso fotográfico

Cartel 11 WNBR GDL. Diseño: Miguel Asa

Para celebrar el arte individual gozaremos de un premio al mejor bodypaint de la rodada por parte de nuestros aliados Ave Nocturna Cerveza Artesanal, Mantis Editores, La panadería, Miguel Asa, The Black Sheep Pizza & Pub y La Plottería.

También tenemos oportunidades para aquellos que nos visitan en nuestros hostales amigos Hospedarte Hostels y Casa Colores Hostal con descuentos accesibles que podrás reservar con los códigos: NakedHospedarte y NakedColores.

Llega junio y ya ha es el momento de corresponder a nuestra manifestación. Son 12 años de libertad y 11 rodadas en las que nuestros cuerpos insisten en la vitalidad de la ciudad desde nuestras bicicletas. Frecuentemos la armonía en las calles, en nuestra movilidad y con nuestros vecinos. Aquí, la desnudez anda con nosotros en bicicleta, mi cuerpo es mi poema más volátil.

Diego Siordia: entre personajes disruptivos

Diego Siordia: entre personajes disruptivos
Un creador que entre pintura e ilustración juega a ser niño
Música de colores. Ilustración: Diego Siordia

Fácil amar
a los POETAS
Su
ESPLENDOR
Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Elise Cowen

Se hace llamar “don Porfirio” y suministra el color como si fuera un antídoto, porque es tan peligroso como milagroso, es anestesia pura. Diego Siordia, su verdadero nombre, traza imaginarios y coquetea con los colores. Es un artista que mira el mundo como si fuera un block de dibujo en blanco, un científico al borde de la locura que hace fórmulas y experimenta con su creatividad.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, es uno de los artistas que ha experimentado en diferentes etapas, como el dibujo, la ilustración, el muralismo y el arte digital.

Hombre que llora fuego. Ilustración: Diego Siordia

Si sus ilustraciones hablaran, seguramente escupirían naranjas y azules, y contarían historias sobre el mundo imaginario en el que viven; pero aunque no hablen como los humanos, guardan entre geometrías y color algún secreto, puesto ahí, para ser descifrado por aquel que sabe cómo mirar.

Gas de amor. Ilustración: Diego Siordia

Don Porfirio crea la personalidad de sus personajes con base a lo que observa de la gente a su alrededor, va tomando un poco de acá y de allá, y como retazos humanos va creando seres ficticios, saturados, deformados y tremendamente complejos. Sus fantasías marcan la directriz de sus personajes, y una vez creados se hinchan de vida. Así, como artista que reconoce a sus obras como entes vivientes, don Porfirio es el medio y aliado que les abre la puerta al mundo.

Niños que juegan con monstruos. Ilustración: Diego Siordia

Los colores y las fragancias que reparte en cada línea son una configuración de las metáforas humanas. Existe en cada perfil un elixir del que se desprenden diversas enredaderas de confusión, euforia y cólera. No es posible definir a don Porfirio tras el amalgama que revitaliza cada centímetro de saturación. Así un rostro, la risa, sus demonios, nuestros demonios, los espíritus libres y las confundidas imágenes en el estrato del color rojo.

Babas de amor y locura. Ilustración: Diego Siordia

Existe en cada uno de sus trabajos, un complejo cuestionamiento sobre las posibilidades de reflexión, espejismos que deforman la cosmovisión personal de sus espectadores. Hay una raíz que hace permuta entre el desierto y el mar. Algo tan similar a los espejismos que existen entre mujeres y hombres, objetos diversos y un sin fin de artefactos que se configuran en sus galaxias.

Caleidoscopio. Ilustración: Diego Siordia

Hay ansiedad, locura, piedras, papalotes, bicicletas, desnudos, una línea negra fina y desbordante así como el señuelo de todo un imaginario imposible de cazar. Todo, en don Porfirio, es un enigma avasallador propio de un ejército mágico. No existe la posibilidad del riesgo, es el riesgo mismo, una libre y catártica red de emociones. Algo visceral. Nace desde los vellos hasta los cordones de los tenis. Apabulla a la vista y no es mediocre el carácter de vivir. Se comparte. Traza, plasma, energía, y ya está. Hay un balcón en el que se puede uno posicionar y disfrutar de cada una de sus piezas. Su diversidad genuina es lo que se debe aprender de este tipo de personajes, que muy en el fondo atenta contra las flores, pero en realidad, es quien más las cuida.

Pieza deconstruida. Ilustración: Diego Siordia

Se puede cohesionar una estrategia de dominio público, pero no bastará para descubrir las muchas facetas de este artista plástico, ni el verdadero nivel de aventura que vive en cada uno de sus trabajos. Ya lo dije, es el riesgo. Y eso, es lo que le pone diversión a este circo de animales brutales llenos de ternura y algodón.

Escapar de la locura. Ilustración: Diego Siordia

Alguna vez determinamos dos tótems, hoy me amaso en la soberbia de la libertad, ahí, en que las coordenadas no fungen como un distrito aparte, si no que se es parte de una nación, la de esos monstruos estéticos que proclaman alegría, estupor y candela, aunque pareciera contradictorio, pero son complemento. 

Hay que observar muy detenidamente los giros de sus manos para sentir la vitalidad de cada uno de sus personajes. Diego es un tenaz artista que frecuenta la soledad en la creación y adorna de sensibles pistilos cada una de las imágenes que surgen de su estructura. Un día, espero muy cercano, simular mi cuerpo en una de sus figuras. Qué la melodía de los colores nos permita la coincidencia de vivir y sea para siempre, la libertad del trazo, la que nos vuelva más humanos, más sensibles, solamente, para vernos las caras otras vez, y ya está. Hoy sueña el sol con crearnos como mariposas.

Mexiko. Ilustración: Diego Siordia

Desde siempre se atrevió a tomar las armas afiladas de punta de grafito y desde el año 2012 asistió a clases de arte esporádicamente, por el carácter incierto las dejó. Sin embargo, dos años después, en 2014 ingresó a la Universidad de Guadalajara para estudiar la licenciatura en Artes plásticas. En 2019 logró gestionar varios proyectos y entre ellos consiguió colaborar con Urbnundergrounds, una discográfica alemana que trabaja junto a músicos internacionales.

¿De qué manera compones un baile entre la lluvia?
Al esquivar las gotas… Gran baile.

¿En qué momento se baila con el pincel dentro del desierto?
Cuando más sed se tiene, más cansado estás. Si hemos de morir que sea con algo empuñado en la mano izquierda.

¿Para qué sirven las alas de las ilustraciones?
Para capitalizar nuestras ideas, adoctrinarlas y postearlas en Instagram para llenar el ego y el portafolio.

¿Cómo se teje la nostalgia dentro del color?
Al recordar los colores niños, esos de las taquerías sucias, cunas de Mickey y uno que otro asquilín.

Música de colores II.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisando lento pero gritando fuerte, es vivir haciendo la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimentos y su sobresaliente salida en color amarillo.

Malta 33: lúpulos, antojitos y barrio

Malta 33: lúpulos, antojitos y barrio
Un rincón de la cerveza artesanal jalisciense
Malta 33. Foto: Miguel Asa

La radio pasa canciones de amor
mientras el teléfono permanece en silencio
y las paredes se ciernen
y cerveza es todo lo que hay.
Charles Bukowski

La stout. Esa es mi favorita. Aunque puedo jugar con otras y divertirme si hay amor de amigos al lado. Una stout dulce. A veces muy amarga. En ocasiones con algo de menta por ahí. Otras veces más ligera. Pero stout. Yo paso por una stout y de repente ya hice nuevos amigos. Todo eso sucede en Malta 33, un changarro gourmet de cerveza artesanal de Jalisco, y vaya que existe el cielo y ese lugarcito en el barrio de Santa Tere, en Guadalajara, y yo, sinceramente, prefiero sus sabores y la buena onda que ahí existe. 

Sergio Arechiga, Ángel Ortega y Sara Camargo. Foto: Miguel Asa

Si un poema me sabe bien en el aire fresco, ahora, con una stout, me compongo la hermosura de la vida. Digo, es una de mis formas de apreciar la ricura de la amabilidad de Sara Camargo y Ángel Ortega, una pareja de enamorados que se decidió a emprender con una joya barrial que a miles de degustadores como yo, los han dejado boquiabiertos. Hace siete años Malta 33 nació para ser hoy por hoy un encuentro gastronómico con las creaciones cerveceras de varias latitudes de nuestro estado. En ese tiempo, marcas como Duque, Kukulcan, Ave Nocturna, 3AM, La Huesuda, Colombo, Santa Sabina, Testaruda, Secuaces, Iktan, Herexe, La Rana, Maya, sólo por mencionar algunas, son parte de las cervecerías jaliscienses que han presentado su producto en esa “fonda cerveteca”, como le dicen ellos.

Parte de la variedad. Foto: Miguel Asa

Sin embargo, no sólo lo que ahí sucede es la cerveza. También, una parte importante del sabor local es el que ha dado Sergio Arechiga, conocido entre la familia cervecera como “Toto”, un atlista empoderado, creó una cocina breve tipo fonda con sabores peculiares, así unos tacos de suadero ahumado, al pastor y arrachera, como unos tacos dorados, ambos, con sus respectivas salsas roja y de aguacate, o tan sencillo como el típico elote que nos mueve los labios con crema y queso, y qué decir del burrito, que se sirve en un plato bastante bondadoso para amar el paso de una buena cerveza después de algunos bocados. Así pues, comer se acompaña de beber y la pasión en Santa Tere se convierte en un rincón ligero.

La foto borracha. Foto: Miguel Asa

Entre una barra, las mesas, la buena música, este trío de amigos que ha creado toda una familia alrededor suyo, nos ha dado la pauta para disfrutar, probar, conocer, aprender y valorar el esfuerzo de cada uno de los productores locales. Así como un poema, una cerveza también tiene sus procesos creativos, cocinar es escribir y viceversa. Todo eso es la consideración de la paciencia, el tiempo, el florecer del sol, el agua dentro de la tierra, el poema dentro del poema dentro del poema dentro del poema y ya. Esa posibilidad que hemos obtenido como humanos, nos permite la capacidad de degustar las creaciones de sabores que un sin muchos humanos generamos de muchas maneras. Una de esas ricuras, es una “fonda cerveteca”, y no hay más. 

Clientas satisfechas. Foto: Miguel Asa

Toda esa felicidad no sólo la comparto yo, sino que hay otras personitas bonitas que también, de alguna manera similar, sienten algo parecido. Para ello invité a algunas de ellas a manifestar su escritura con la finalidad de conocer más aspectos de este espacio lupuloso. Citlalli del Villar, analista de negocios de 32 años, comentó que “Malta 33 es un lugar único donde convergen las cervezas artesanales y el concepto de una fonda tradicional con alimentos típicos mexicanos. Un lugar especial para los aficionados de las buenas cervezas y para quienes gustan probar nuevos sabores y estilos.” De igual manera lo atesoró Arturo Hermosillo, oficinista de 42 años, al compartir que “Malta 33 tiene un ambiente chingón y en todo momento (los propietarios) son muy atentos con todos los que llegan a pistear”.

Una stout. Foto: Miguel Asa

No menos importante fue el comentario de Enrique de León, veterinario de 30 años, al escribir que “la calidez y el servicio es incomparable. Desde que entra a Malta 33 quedarás encantado. El barrio siempre rifa”. Pero también dice Verónica López, profesora de secundaria de 32 años, que Malta 33 es “un excelente lugar para sacar el estrés después de batallar con 50 cabrones”, en esencia, “lugar conchita para tomar chelita”. Y eso no queda ahí, César Morán, artista digital, señaló que “Malta 33 es el único bar de chela artesanal de Jalisco que de verdad vale la pena conocer para vivir una noche de ‘Viernes de destape’, y con el tiempo darte cuenta de la familia que se forma por personas que creen en el local y en las personas que están detrás”.

La charla en el disfrute. Foto: Miguel Asa

Así pues, la escritura no paro y Fernando Martínez, abogado de 29 años, escribió “De Malta 33 se pueden decir muchas cosas positivas, desde la comidad hasta las chelas, pero lo que realmente hace a Malta 33 un lugar especial, es el trato con la banda desde el día uno que vienes te sientes como en casa. Ángel, Sarita, Toto y el argentino lo hacen un gran lugar. Sitios de cerveza artesanal mucho, pero como Malta 33 ninguno”.

El sorbo del sabor. Foto: Miguel Asa

Y entre toda esa energía, surgió una narrativa especial de Jass Velasco, supongo un oficio y alguna edad, al crear un micro relato llamado “La república soberana de Malta y sus 33 estados de (ebriedad), sabor.”

“No más entro, me agarran zapateando y desde lejos, me coquetean con un aguamiel de los dioses. Atravieso el tejaban y ya me amarraron con una lager. Resbala la malta, toca la campana. Para empujar, unas (papas) gajo -por supuesto–. Venga sabor nuevo, una IPA hasta que grite ‘¡yiiipaa!’. Me levanto a bajar la lager y apenas agarro la silla me asienta la IPA. ‘Qué le echaron a la silla’, les digo. ‘Puro terciopelo, seguro’, me responden. De regreso, agárrate de la pluma de oro, ‘hasta que el cráneo ruede por el pavimento decía mi abuela’. Todo con medida.”

Escuchar y beber. Foto: Miguel Asa

Y para ello no podrían faltar las letras de la comunidad cervecera, así Vanessa Cortina, de 33 años y colaboradora de Cerveza La Huesuda, al mencionar que “me encanta porque es un bar que tiene 7 años apoyando a las cervecerías de Jalisco, aparte es un buen ambiente y tiene un excelente trato de los dueños. Los queremos mucho. Es el mejor bar de Jalisco”. Por su parte Grisela Hernández, de 29 años y colaboradora de Casa Cervecera Iktan, plasmó “Gracias Malta 33 por abrirnos las puertas y hacernos sentir siempre en casa, por impulsar el crecimiento y fortalecer el desarrollo de las cervecerías locales. Estar en Malta 33 es sinónimo de amistad, y notas de café, mandarina, coco, maracuya… todas las variedades de cheve que hay”.

Un poema cervecero. Foto: Miguel Asa

Ya lo dijeron todo. O casi todo. Yo les agradezco por ser un lugar tan especial en el que mi obra plástica tomó una forma y se adaptó como el lúpulo en el sabor. Gracias por permitirme, permitirnos, ser parte de Malta 33. He encontrado una familia enorme que me hace crear un poema de una manera única. Es la cerveza artesanal jalisciense la que me llama a generar esa obra literaria que saldrá de mis manos. Hay vida, tristeza y alegría, y todavía, poesía y una cerveza. Por favor, una stout. Salud. Buena noche.

Malta 33
Hospital 1557, Santa Tere
Guadalajara, Jalisco
Lunes a miércoles 17:30 a 23:00 horas
Jueves a sábado 17:30 a 1:00 horas.

WNBR GDL: del cuerpo a los cuerpos

WNBR GDL: Del cuerpo a los cuerpos
Desde la piel de un individuo hasta la manifestación colectiva
WNBR GDL 2013. Foto: Ulises Ruiz

Dedicado a Anna Salvatici, por ser la primera cómplice de esta acción a mi lado, en donde quiera que esté su espíritu.

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.
Anne Carson

1

¿Desnudos en la calle? ¿Sería posible en Guadalajara? ¿La fotografía como medio de ruptura de paradigmas? ¿El uso de la bicicleta como manifestación? Pues sí, fue por allá de 2006 cuando por mi cabeza surgió la idea de realizar una sesión fotográfica de desnudo en la vía pública como un performance de impacto, y años más tarde, se convirtió en costumbre. Todo este interés por el cuerpo humano me surgió desde tiempos preparatorianos. Y ahora, creo, muchas personas se han de preguntar cómo es que llegó la World Naked Bike Ride (Marcha ciclista al desnudo) a Guadalajara. Les contaré. 

Patricia Cardona y sus bodypaint. Foto: José María Martínez

2
Por aquellos años estudiaba Letras Hispánicas, y de igual manera, fueron tiempos de fotografía. La incomodidad para la academia fue que al estudiar la palabra, también, solicitaba a mi departamento que me permitiera tomar otras materias de artes; aquello era ajeno a la formación tradicional de la facultad, me consideraban el estudiante ecléctico: “¿Cómo es posible que alguien tome materias de letras y de artes?”, pues yo lo hice.

Así, el desnudo fotográfico se propagó en algunos calendarios que publiqué en 2005 y 2006 con la palomilla de letras y otros más de artes. Le llamamos Calendario Fotolectógrafo, el primero, Hombre objetivo Tiempo subjetivo, el segundo, Fluidos ImpreGsos. Entonces éramos Mute Co-lecto, un colectivo de la palabra y la imagen. Gracias a aquellas hazañas plástico-literarias, nos vimos en la posibilidad de descubrir la desnudez ante la fotografía y la poesía. A la par de la facultad (2005-2010), habría de conocer a un sin número de fotógrafas y fotógrafos que me aportaron el conocimiento necesario cuando laboré en Fotográfica Navarro, empresa que hasta el momento ha apoyado mis locuras fotográficas. Así, y de igual importancia, fue el apoyo de Rendija Taller Visual, al mando de Mónica Cárdenas, luis/caballo y Cuitlahuac Correa, quienes me posibilitaron el acercamiento a los cuerpos desde otra perspectiva plástica. 

Manifestarnos libres. Foto: José María Martínez

3
El cuestionamiento que surgió en mí por manifestar al cuerpo humano como un espacio de expresión tiene que ver con el acto del reconocimiento individual. Lo anterior es algo así como lo que durante años trabajaron los artistas del performance Marina Abramović y Ulay, quienes como pareja y durante más de una década sometieron a la perspectiva humana con condicionantes extremas tanto al cuerpo como a la mente, todo esto, un juego de sus cuerpos ante el mordaz juicio social. 

Mi cuerpo y yo. Foto: Ulises Ruiz

4
Así, entre las letras, la fotografía y el performance me deslicé por aquellos momentos, a tal grado de concebir la oportunidad de participar en lo que fue uno de los momentos plásticos más importantes de la Ciudad de México (por aquel tiempo, Distrito Federal): la visita creativa del fotógrafo estadounidense Spencer Tunick. Para llegar a aquella acción, la sesión fotográfica de miles de desnudos en el Zócalo capitalino, tuve que emprender un viaje de raite desde Tonalá, por la vieja carretera del Bajío, hasta la capital mexicana. Logré estar en la madrugada del domingo, horas antes de la acción. Aquella experiencia me permitió descubrir en mi persona y en mi comunidad un valor excepcional por el cuerpo humano, por la vida, por la naturaleza y por la libertad del ser. 

Esa mañana todo tipo de persona estuvo desnuda frente a mis ojos. Nos permitimos valorar el esfuerzo creativo de aquel fotógrafo y fue un momento mágico lo que experimentamos. Más de 20 mil seres humanos desnudos abarrotamos el centro mexicano y alcancé la plenitud como persona. Ahí conocí a quien fue un amor de carretera algunos meses después y también, encontré a algunos amigos de Guadalajara, mismos que fueron testigos de mis nalgas rosadas. Fuimos todos, un tumulto de piel en el frescor capitalino. 

Desnudos y Ciudad de México. Foto: Spencer Tunick.

5
Después de aquello, pasó en diversas ocasiones, por mis pensamientos, la acción de ejecutar un performance individual al desnudo. Así, un día sin más pensar, desperté, hablé con un amigo pintor, Tarcisio Navarro, y creamos la acción. Me pintó de rosa, y el artista urbano Dieta, escribió con esténcil en mi pecho “Así sin nada más.”. Aquello fue una acción de dolor y mucha incertidumbre, pues lo único que me salvó fue el par de tenis blancos que portaba. La adrenalina, la mirada de las personas y la velocidad del momento, fue una esencia indescriptible. Eso, más tarde, sería la necesidad de gestionar un movimiento en la ciudad. 

Avenidas Juárez y yo. Foto: Carole Lepelley
Así sin nada más. Foto: Carole Lepelley

World Naked Bike Ride Guadalajara
En abril de 2010, cuando robada en aquella época al lado de una amiga entrañable, preguntamos en algunas ocasiones a un grupo de ciclistas si estarían de acuerdo con algo así, manifestarse desnudos en la ciudad, y como evidencia, el acto fotográfico. Para entonces, nosotros sabíamos del movimiento internacional World Naked Bike Ride y queríamos ejecutarlo en Guadalajara

Un año más tarde, en 2011, desde la individualidad, llevé la primera notificación al gobierno municipal de Guadalajara. Me citaron, me abordaron, me cuestionaron y me advirtieron problemas con la ciudad pues la desnudez colectiva, según eso, atentaría a terceros al causar contrariedades en el marco del Reglamento de policía y buen gobierno, y más aún, pues el paradigma tapatío sobre el cuerpo humano se mostraba sensible entre lo políticamente correcto, las creencias socioculturales de la ciudad y la libertad de expresión. Todo sucedió de manera sana. Ese año, me desnudé al final, algunos lo hicieron desde antes, a media marcha. 

La música y la desnudez ciclista. Foto: José María Martínez

En 2013, para la celebración del Día mundial sin auto, después de la tercera edición de la World Naked Bike Ride, un equipo de fotógrafos integrado por Cecilia Fernández, Ignacio Calleja, José María Martínez, Refugio Ruiz y yo, realizamos, bajo el discurso de esa marcha, una breve sesión fotográfica en la que cerramos avenida Vallarta por cuestión de dos horas con algunas mujeres y hombres en plena desnudez, proyecto que denominamos Tráfico desnudo. Dicha sesión fue mágica, una experiencia única, radiante, por no decir más. A su vez celebramos a Spencer Tunick. En 2014, al finalizar la cuarta edición de la WNBR GDL, expusimos las mejores fotografías en un espacio de la zona Centro. Después, el propio Spencer, habría de tener una obra de nuestros materiales en sus manos, fuimos felices. 

Spencer Tunick y Cecilia Fernández. Foto: Miguel Asa

Nos hemos desnudado por reconocer el valor de nuestras vidas y de nuestras sociedades. Somos vulnerables todo el tiempo y nos manifestamos con la premisa del respeto a nuestros cuerpos, a nuestra sana interacción como comunidad. No me arrepiento de nada. No cuestiono mi atrevimiento y no cuestiono el morbo de las personas, ni las sensaciones de otras. Qué más da. La provocación social sucedió, y vaya, hoy día sigue vigente nuestra voz, tan sólo para mencionar que nuestros cuerpos se la juegan cada vez que salimos a caminar, a patinar, a pedalear, con el fin más sincero de nuestras vidas, movernos. Desnudos ante el tráfico y ante el prejuicio de sus miradas, toda la vida: nos vemos en junio, por la onceava.  

Naomi Greene: entre la lente y la pluma​

Naomi Greene: entre la lente y la pluma
Documentar a la poesía como escribir a la fotografía
Naomi Greene. Foto: Beatriz González

Cada rango del mundo
conlleva un descenso
al menos un rango
por la terrible presión de la luz.
Anne Carson

Se puede documentar la vida entre el silencio, la calle y la ironía. Tenemos destapadas las miradas como anzuelos para cazar a todas las gomitas podridas del universo. Sabemos que podemos causar una desgracia a la velocidad del tren si le metemos el pie y escapamos como locos a un trampolín de acero. Su nombre es diverso, y en ella se frecuenta una personalidad tímida, pero llena de un espacio imposible de concebir. Naomi Greene, fotógrafa, escultora y poeta en proceso, nacida en la Guadalajara noventera, es hoy día una voz que comienza a entregarse dentro del fuego, porque así es su espíritu, una responsabilidad humana llena de fuerza que se cautiva con la voz de los escuincles y se percibe en las esencias de los perros. 

Problematizar la belleza. Foto: Naomi Greene

No sé el recuento de la vida, ni cómo nos encontramos, pero su visión permite una cuestión ponderada de la rebeldía. Vamos a vestirnos de colores, vamos a saturarnos los cabellos, vamos a rompernos los tejidos, hay que cubrir la soledad de nada, hay que revivir a cada segundo, hay que sentir el dolor y apaciguarlo con un soplido para instaurar todo lo que la fotografía permite. Así, ella escribe entre los países, las razones, las injusticias, la mancha y el tiempo. Comienza a contar un derrame de luz para decirnos todo lo contrario, una pequeña sombra lo puede todo. A veces en la palabra pájaro, otras en la palabra bicicleta, muchas veces árbol y siempre potencia. No tengo la menor duda de que los lentes de su cámara se preguntan a diario qué es lo que busca. 



Mizz Xuxú. Foto: Naomi Greene

Una cuestión es la imagen. Y su palabra, qué habrá que decir. Vamos. Nadie es absoluto o determinante. Así como en su fotografía, Naomi, tiene en sus versos, la necesidad emperatriz de una exploración auténtica. Esto no es un elogio a la cordura, pero como nos hemos creído amigos, hablamos desde la sinceridad. Sus versos buscan establecer un contacto desde la incertidumbre. Así los autorretratos y sus poemas son un encuentro disoluto, disruptivo, secreto. Porque Naomi es un secreto, una artista en varias ramas y una tenaz observadora del silencio, y ahí, en el rincón de la noche, al lado de la banca, es donde la encuentro y la charla es sueño, poesía y fotografías.  



Monjas floreadas. Foto: Naomi Greene

Escribe, de muchas maneras, más allá de la pluma y de la secuela. No se permite no sentir y a cada rato libera la emoción desde el papel. Y la guitarra sigue. Pedalea. Busca. Explora. Explota. Persiste. Si pensara en una cuestión rígida, Naomi es una ave libre, es un ser extremadamente sensible que se bifurca desde la gubias hasta el flash itinerante de la velocidad. No sé si un día exista la posibilidad de narrar una de sus exposiciones foto-poéticas, pero supongo, ese día, será una velocidad momentánea la que llene el valle que traemos algunos en el corazón, pues entre la poesía y la fotografía, somos una minoría la que entendemos la capacidad de dichas escrituras.

Naomi Greene. Foto: Carlos Yamil Neri

Podríamos romperlo todo, pero la canción sigue y se muestra un calcetín roto al lado de las muñecas. Es tiempo de comprender las fotografías como salvajes cuadros. Vamos a romper las enfermedades para hacer de nosotros una colectividad radiante. Dicen los expertos que nadie nació para ser eterno. Existe una alegría por compartir este equipo que hemos procurado. Naomi es parte de Proyecto Ululayu como la coordinadora audiovisual y llegó con un rompimiento desde el interior. No hay tiempo para pensar las cosas, el paracaídas necesita guía entre una letra y un texto. No habrá sabio que descifre la fórmula que hemos creado como equipo. 

Habana vieja. Foto: Naomi Greene

Las hojas de los árboles se desprenden para la caza de las hormigas. Debemos hoy disfrutar de las posibilidades que nos entrega la vida. La fotografía y las letras de Naomi desencadenará hoy un eco perpetuo en nuestro ejercicio creativo y esto permitirá una identidad única de nuestra labor. Somos pequeños dinosaurios con la misión de crear una ilación profunda con los nuestros y Naomi, ella, la sensibilidad de nuestra mirada. Es el silencio del desierto cuando la serpiente pasea de noche. 

Lima migrante. Foto: Naomi Greene

Naomi Greene estudia actualmente la maestría en Antropología visual en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también a la gente, el paso del tiempo y el misterio de vivir. Ha desarrollado una diversidad de proyectos personales y algunos otros que se involucran con la labor social y cultural de distintos contextos. Ha participado en diversas publicaciones. Su experiencia corre en la observación, principalmente. Busca observar más allá, hila puntos, patrones. A su vez, dicha experiencia se compone de lo que contempla, de lo que conceptualiza y de lo que repasa a través del estudio y las vivencias.

Lo anterior le ha permitido fungir como realizadora audiovisual, fotógrafa y editora de video, casi todo en solitario, -o como algunos lo llaman: one-woman-production-, y parte de lo que desarrolla en la actualidad es el trabajo en equipo. Para su tesis de maestría trabaja sobre los impactos positivos que puede tener el cine en menores de edad de contextos vulnerables, especialmente el cine participativo por su acercamiento horizontal y “autónomo”. Para ello, imparte un taller de cine a niños y adolescentes en Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A. C.) en Guadalajara, México, en el que prueba y descarta con la experiencia personal y colectiva.

Amazonas. Foto: Naomi Greene

¿Cómo llega el pan de café a la fotografía?
A través de una bicicleta roja (chiste local).

¿Qué es la poesía en un rollo de 35 mm?
Cuando tomas fotos análogas aprendes a esperar, la paciencia es un requisito, igual que poder soltar el control. Puedes equivocarte al exponer o tomar la foto en el momento que no esperabas y te das cuenta del “error” al momento de revelar. Se revelan dos cosas: la imagen y tu consciencia como fotógrafo; pero estos aparentes errores tienen su propia verdad, son invitaciones a reconfigurar la mirada y aceptar las cosas que son y ya no se pueden cambiar.

¿Hasta dónde es posible rociar los retratos con versos?
El único límite es la incapacidad del individuo de dejarse llevar por su propia sensibilidad. Si no sabes “observar”, entonces, ¿para qué tomas fotos?

Manos de arena. Foto: Naomi Greene

¿Qué es documentar la letra desde la luz del silencio?
La observación es silenciosa, casi humilde. Soy tímida desde siempre y encontré en las letras y la fotografía una forma de conectar con el mundo. Me siento segura expresándome a través del soporte escrito, y también, he descubierto que la fotografía es evidencia de mi capacidad de observación; son mis huellas en el mundo, la marca que pueda dejar, así como una invitación a los demás para que se adentren en lo que soy.

¿Cómo se observa a la poesía desde un mapa ciclista?
Andar en bici te hace muy consciente de la muerte, uno rueda con el aire en la cara, libre pero siempre frágil. Esa fragilidad es poética de cierta manera, pero la consciencia de esto a veces pasa inadvertida.

¿Cómo se escribe de una fotografía a blanco y negro?
Mirar entre la supuesta ausencia de color es algo que se va desarrollando con el tiempo. Actualmente vivimos entre la inmediatez y los pixeles a detalle, y quizá el formato a blanco y negro es otra forma de ver, sin la pretensión del color y priorizando otros elementos, como las expresiones o emociones dentro de la imagen. Es muy rica en sombras y luces, -como cientos de imágenes a color-, pero también puede ser una imagen que alude a la nostalgia y entonces se le confiere una fuerza diferente. Como fotógrafa hay que saber encontrar la esencia al momento y eso involucra hallar un color determinado a cada experiencia visual.

Uke mochi. Foto: Naomi Greene

¿En qué se convierte un espejo detrás de la luna?
En su reflejo; mirarse en el espejo y mirar la luna requiere un simple movimiento de cabeza.

¿En qué lugar se manifiesta la pluma cuando llega el poema a colores?
La pluma es el vehículo y quienes escribimos somos el medio. Lo que creamos adquiere vida, entonces si los poemas palpitan, la pluma es el inicio y el final.

¿Para qué se viaja entre una sonrisa y una posibilidad?
Los ojos son la ventana al alma, la sonrisa es la puerta.

¿Para qué observa(s) la silueta de la nube dentro de una piscina?
Quiero creerme privilegiada desde mi trinchera, aún si es mentira. Tengo la fortuna de ser libre para crear, mirar con tranquilidad y de poseer los medios para hacerlo. Si puedo detenerme a ver las nubes, de repente dejan de ser nubes y se convierten en perros, o lagartos, o enemigos de caricatura. Así que observo para descubrir historias que a veces se olvidan entre el ajetreo del mundo y el cansancio colectivo.

Degollado. Foto: Naomi Greene

Pájaro en mi ventana

Hay un pájaro en mi ventana.
Insiste en que me asome, pero estoy muy triste como para ponerme de pie.
Me canta, aletea y reclama que me levante.
No me responden las piernas, apenas puedo pronunciar palabra.
Quisiera contarle todo lo que pasó, pero los pájaros no entienden las voces de los hombres.
¿O seremos nosotros los que no entendemos las voces de los pájaros?
Hay un pájaro en mi ventana que insiste en que me asome.
Pero sigo tan triste y no puedo andar.
Aún así me canta y aletea para que pueda ver sus colores tornasol.
Y desde mi rincón le cuento y aprendemos a mirarnos a los ojos.
El pájaro de mi ventana me ha convencido de mirar afuera.
A tropiezos llego y encuentro un mundo nuevo que insiste en que salga.
Pero el miedo es más grande y me rehúso a dejar mi cuarto.
Las cuatro paredes se han incrustado en mi memoria y yo sin ellas no sé quién soy.
Hoy no hay pájaro en la ventana, ni cantos, ni colores tornasol.
Pero la tristeza es tanta que decido asomarme.
Lo que hay afuera me refleja lo que hay dentro: soy yo en un diminuto cuarto,
con los ánimos rotos y unos ojos cansados.
Me avergüenzo y me lanzo a la cama
porque no sé bien cómo mirarme a pesar de saber mirar los ojos de un pajarillo.
Un buen día el pájaro vuelve a mi ventana,
pero esta vez me saca a picotazos y aleteos.
Ni las piernas ni la voz me sirven y en el suelo aprendo todo lo que sabía.
Miro ese reflejo mío y le pregunto, ¿cuánto daño te han hecho?
El pájaro me responde como si la respuesta fuera suya,
y lo miró a los ojos y de repente lo sé también.

Inédito

¿Nadie pregunta?

¿A dónde han ido las ganas despiertas?
¿Los muchachos perdidos?
En el cielo torbellinos de luz,
llamaradas eternas.
¿A dónde han ido?
Callan las paredes, callan los televisores.
La gente enmudece, ahogan sus gritos en ácido.
Mientras unos barajan las cartas,
otros esperan su sentencia.
¿A dónde los llevan?
¿Pueden ver el cielo desde ahí?
¿Quema el Sol?
Silencio.
Uno mira atrás esperando volver a sentir algo,
pero no queda nada.
No nos dicen nada, no nos miran a los ojos.
Somos nada,
tan poca cosa que nuestras tumbas están vacías.
Y barajan las cartas de nuevo,
y salen a las calles llenos de orgullo.
Orgullo falso, miedo latente.
Y nos toman como si fuera tan fácil,
y nos llevan lejos.
Y peor…
nadie pregunta.
Silencio.
Nada.
Toma una carta: un cuatro de corazones
Y vuelven a jugar a ser humanos.

Inédito

Samantha Lamaríz: una narrativa joven​

Samantha Lamaríz: una narrativa joven
La perspicacia por promover la palabra a velocidad
Samantha Lamaríz. Foto: Naomi Greene

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga…
Julio Cortázar

Hay una centella y la veo cada que despierto entre las calles de la ciudad. Las mañanas se convierten en un encuentro circense entre tanto personaje alborotado por la premura de ir a las labores y yo sólo veo a la escritura de Samantha Lamaríz como un momentito en que se vive una eternidad. Quisiera ser así de sencillo para encontrar un derrape de mi velocidad entre las letras para volverme un canto de aves, una vida de mariposa, o tal vez, un tumulto de papeles doblados.

Tarde de puerta. Foto: Naomi Greene

Se llama así, Samantha, y es una joven tapatía salvaje. Su energía es apabullante. Apenas comienza a crear y lleva un ritmo constante. Está en equilibrio y ha comenzado a ser parte de nuestro equipo. Ella, mordazmente, es una aventurera de la narrativa. Existe en su persona un crecimiento desbordante por aprender. Observa el paso, encuentra la luz y vuela. Así anda por los pasillos de nuestra amistad, en el manejo del papalote. Una representación de lo que se puede encontrar en su obra no es la ternura. Se trata de una persona salvaje, indomable, recia y afectiva, pero desde una dureza que ni una piedra logrará comprender. 

Dos colores. Foto: Naomi Greene

Samantha busca en sus letras encontrar la soledad para sonreirle, ignorarla, y nuevamente apreciarla. Se destaca como un huracán y despacito, sin tantas ráfagas, expulsa la opinión de su boca para determinar lo que sigue, lo que sigue, lo que sigue y ya está. Hay que aprovechar el tiempo que se desvela la observación, no seamos minotauros en una alcancía, hay que romper la estructura y poseernos, identificarnos como responsables de nuestras pestes y ser altamente reflexivos sobre nuestras desgracias. No hay que temer. Hay que ser notablemente directo, así lo es Ivana. Desde su estructura literaria, tiene la fuerza para poco a poco ser disruptiva al paso de su lectura. Va más allá de la disidencia, de la deformación de los lineamientos, sino que viene a proponer el cómo rechazar la eficiencia de la mente literaria para divertirse y sacar demonios desde la dulzura de una paleta sabor a fresa.

Raíz de libro. Foto: Naomi Greene

Así de compleja puede ser el conjunto de letras que ha comenzado a diversificar en distintas publicaciones. Tiene la capacidad de ir desde la ausencia a los espíritus que se desnudan en medio de los amaneceres. Hay una disposición que pretende ser incorrecta para mitigar la libertad de su autora. No existe en Samantha elemento alguno que la sostenga como un encuentro pasivo. Samantha es luz, así avanza. Rápida y objetiva. No se toca la sensibilidad por descubrir el frío de las decisiones, decidí. El protagonista debe bailar. Se interesa y surge desde la esfera que tiene debajo del agua. Así es. Samantha es un respiro. Otro. Uno más. Otro. Y no para. 

Azul literario. Foto: Naomi Greene

Si le sacuden se pone a resolver y es que pareciera que el mar le ha dado la misión de corromper el sistema neurótico de la humanidad con su descarga ligera y suave color montaña. Samantha está en el momento de definirse creadora literaria y es que sus avances, por más livianos que sean, perforan las paredes.

Es para mí un completo rompimiento el que se una a Proyecto Ululayu como asistente editorial. Sé que sus letras serán severas con todas las entregas que está por construir dentro de esta configuración que hemos comenzado como equipo. Será un placer leer su narrativa, su prosa, sus palabras, en los diversos sistemas nebulares que surgen desde su aliento. Es tiempo de disfrutar la luna desde otra perspectiva. Es preciso observar el hecho de lo que nace y de lo que vuela a partir de este momento. Samantha es parte del motor que controla al papalote que llevamos en este proyecto. Así pues querido lector, amigo, muy amable ser humano de incertidumbre, no se acostumbre a una voz sin pericias, pues está por comenzar un periplo enorme dentro del factor libertad desde la palabra, la imagen y todos los recuerdos. Vamos a leer a Samantha Lamaríz, que en ella hay una voz peculiar y más de uno, se va a sorprender. 

Factor-es. Foto: Naomi Greene

Que los gatos no nos digan las horas de las ausencias, si no que se contemplen como salvajes personajes al lado de una manzana. Al final de cuentas, esperamos atender su llamada. No es por ignorar, pero Samantha solicita la llamada directa, si no, vamos a colgar. 

Tarde bugambilia. Foto: Naomi Greene

Samantha Lamaríz actualmente estudia la licenciatura en Escritura creativa en la Universidad de Guadalajara. Ha publicado un libro de cuentos de terror Los enredos del Diablo, así como varios cuentos sueltos en distintas antologías y revistas. Ha participado con Grupo Milenio, La Crónica Jalisco, Grupo Salinas (TV Azteca), Editorial UdG, Fallidos Editores, Editorial Paraíso Perdido, La Zonámbula; así como con la Universitat Jaume I y la Universidad Autónoma de México. Últimamente ha estado en una constante documentación para escribir su siguiente libro de cuentos sobre la sexualidad femenina.

Existir. Foto: Naomi Greene

¿Cómo es el avance de la letra en los nidos?
Reptante, puesto que las letras cambian de piel, como las serpientes.

¿Qué procuras cuando se vacía el cielo?
Volver la vista al frente y encarar al océano, siempre lleno, siempre basto.

¿Para qué escribir detrás de los horizontes?

Para ver si logro encontrar el final del arcoíris y charlar con los duendes junto a su olla de oro.

¿Por qué la narrativa juega con la naturaleza?
Porque de los cuatro elementos surgen todas las letras.

¿Hasta dónde llega la potencia de un globo color rosa?
Hasta el atardecer más azafranado.

Libro hacer. Foto: Naomi Greene

¿De qué se disfraza un gusano en tu próximo cuento?
De serpiente o de demonio que, de un segundo a otro, podría  resultar que son lo mismo.

¿Cómo se ambienta una novela con aerosoles?
Una novela con aerosoles me transmite una vibra muy cyberpunk, podría ser por los colores y la libertad impresa.

¿El paracaídas puede funcionar como una buena sombra?
Todas las sombras son paracaídas, creo yo.

¿De qué manera se teje una palabrería de emociones ante el océano?
Quizá en un soliloquio, donde las palabras se enfrascan con las olas y, de a poco, se hilvanan el ir y venir de las mismas, creando doseles de sal y emociones.

¿Cómo es que se fomenta la libertad de la literatura?
La literatura es libertad, y es que yo nunca me siento más libre que cuando escribo.

Cuarentena

Ya no soporto a la persona que vive conmigo, lo bueno es que nada más la veo cuando paso frente a un espejo. 

Minificciones desde el encierro 2021 (Editorial UdeG, 202

Viaja astral

Las personas no se cansaban de decirme de los viajes astrales son peligrosos, que te puedes quedar en otro plano y no sé qué tanto. Pero lo cierto es que yo estoy muy a gusto aquí, fascinado ante la idea de que logré vencer la cuarentena sin salir de casa.
    No sé cuánto tiempo llevo en este viaje, pero estoy tranquilo porque hice un amigo y dice que él me cuida.
    -¿Cómo te llamas? -le pregunté cuando llegué.
    -Belcebú -replicó en tono afable. 

Minificciones desde el encierro 2021 (Editorial UdeG, 2021)

Te prometo, mamá  

Qué las alas de mi ángel me arropen cuando
las zarpas del demonio me alcancen.

Y te prometo que no me fui con ellos, mamá, te lo prometo. Me deshice en sus manos, me convertí en plumas de gorrión, el viento sopló y me elevó, me fui tan lejos que ahora mismo no soy capaz de decirte en dónde me encuentro. No, mamá, no eran dedos los que quisieron capturar mi esencia, eran garras; sus voces, sonidos guturales; sus palabras, delirios de un enfermo apesadumbrado. Puede, es apenas una suposición, que la parca esté próxima a mi encuentro. Mamá, creo que estoy muerta. Creo que…me asesinaron. 

Adelante/Endavant Microrrelatorio (Universitat Jaume I, 2019)

 

Gracias: por favor, siga el vuelo

Gracias: por favor, siga el vuelo
Desprendimiento de 14 años de experiencias poéticas
Una vez en 2014. Foto: Miguel Asa

No hay tiempo que perder
Levántate alegría
Y pasa de poro en poro la aguja de tus sedas
Vicente Huidobro

Respiro. Otra vez lo hago. Vuelvo a respirar. Lo intento despacio. Respiro. Nuevamente. El corazón siente. Respiro y las letras se han llenado de una enorme alegría. Respiro. He encontrado una calma y una oportunidad. No ha existido desprendimiento más grande de mí que esto. Ululayu y su Por favor, lea poesía. han cumplido su ciclo conmigo, han finalizado todas las aventuras a mi lado. Hoy se termina este camino que generé en solitario, con amigos, con desconocidos, con personas extraordinarias, con comunidades radiantes, con una infinidad de seres que me permitieron descubrir mi persona y explorar todas las posibilidades que ahora soy, todo, para dar paso a nuevas aventuras en colectivo, con más ideas y más fuerza, desde una equipo en consolidación hasta una empresa en proceso de construcción. Respiro. Gracias. 

Hoy el paracaídas descansa su vuelo en calma. El arcoiris se vuelve un momento enorme. Nos vamos agradecidos de esta individualidad que fue acompañada por la solidaridad, por la incertidumbre, por la certeza, por las dimensiones, por los vientos, por los adjetivos, por los poemas, por los mares, por las ciudades, por las veredas. Respiro. Se ha indexado a mi cuerpo un nuevo brío. Hay un manjar de sueños que se han purificado desde este pensamiento que fue en su momento un arranque juvenil. 

Agradezco a todas y cada una de las personas que compartieron conmigo la noche, el camino, la pluma, el alimento, la bicicleta, el sonido, la poesía, la brocha, la cerveza, la brecha, la sombra, el respiro, la tristeza, el papel, la cobija, la taza, la habitación, la fuerza, el corazón, las manos, la caricia, la lotería, la tranquilidad, el río, el tropiezo, el desierto, la mesa, la montaña, la minuta, la organización, el minuto, el desorden, la habilidad, la paciencia, el sol, la luna, el texto, la foto, el diseño, el tren, el escenario, el micrófono, la licuadora, la vida y también la muerte. 

Hoy desconecto de mi cabeza la totalidad de esto que fuimos. Hoy cierro esta puerta que me entregó todo. Dejó ir de mí, el aliento avanza y se postra hacia el futuro. Suelto a ese ejército de un sólo hombre que fui, a veces con todos, a veces con nadie, a veces tres, a veces diez. Ha llegado el tiempo de evolucionar y de ser una entidad sólida, sencilla y potente. Ahora, deja de estar en mí la decisión de lo que surja alrededor de este proyecto que se logró como algo novedoso e intrépido para la comunidad que me acompañó. 

He escrito bastante y lo he hecho con todos los matices y con todos ustedes. No cabe duda que estos años fueron un menú auténtico de experiencias y que generó en mí una voluntad de creatividad diaria que me permitió lograr diversas manifestaciones, interacciones y actividades, desde la inclusión, la empatía y la sinceridad. Desde la simpleza de una fotocopia hasta el riesgo de un cicloviaje fueron parte de esta narrativa que en 14 años logré persuadir con mis ojos. 

Todo lo que he construido con Ululayu y Por favor, lea poesía., pasará a ser propiedad de una sociedad civil que poco a poco se ha integrado últimamente, para volar a la siguiente etapa, en conjunto, con ellas, conmigo, con todas, con todos. A las personas, los pájaros y a los átomos, gracias por haber estado en las lecturas, en las calles, en las celebraciones y en las convocatorias. Mis manos han llegado a llenarse tanto que es tiempo de liberar para compartir y delegar, seguir. Este ha sido mi último mes, mi último día, al frente de esta raíz, en solitario. Ahora es el turno de las flores, de los frutos, en equipo. Que la poesía siga con nosotros, vamos a convertir este vuelo. No nos vamos, sólo mudaremos de piel, una piel más amplia y fuerte. Desde aquí, siempre amigo.

Día Mundial del Libro 2022: 2 mil ejemplares de una voz

Día Mundial del Libro 2022: 2 mil ejemplares de una voz
Una repartición de celebración más de nuestra insignia
Por favor, lea poesía. Foto: Beatriz González

La orquesta afina
es hora que acabes de peinarte.
Eres el trompo endémico
que gira su madera
sobre la tierra seca.
Jorge García Prieto

Nos acordamos del libro cada vez que la nostalgia nos vuelve y nos llena tanto cada página que cuando menos te lo esperas, tu vida misma ya es uno. Por ello, celebramos el Día mundial del libro con una repartición como en los viejos tiempos. En el maratón de lectura que organizó la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), con Ensayo sobre la ceguera, obra del portugués José Saramago, nos dimos la oportunidad de volver a las calles de nuestra ciudad. 

Las enfermera poéticas. Foto: Beatriz González

Y es que no sólo celebramos ese día tan importante, sino que también nos permitimos encontrarnos con las y los lectores, de distintas edades, de diferentes perspectivas y de variadas emociones, todo, en medio de un abril lleno de calor, color y amor, mes en el que nuestra ciudad inició con su nombramiento como Capital Mundial del Libro, enorme premisa que recibió por parte de la UNESCO y que permitirá que todo el año la ciudad se llene de acciones en relación al libro y sus contextos. 

Los personajes. Foto: Beatriz González

Un Hombre Araña que bailaba con nuestra calcomanía como la chica usuaria de Mi Bici que se detuvo a recibir nuestro pequeño obsequio fueron parte de las muchas personas que nos abrazaron y que agradecieron nuestra pequeña labor. Así mismo, colaboramos con la Feria Municipal del Libro de Guadalajara al dejar algunos de nuestros ejemplares en algunos locales de editoriales participantes, mismas a quienes agradecemos por seguir a nuestro lado y persistir, con nosotros, en este movimiento. 

Amistad es poesía. Foto: Beatriz González

Repartir 2 mil ejemplares de nuestro lema nos hizo volver a la jugada, a compartir sonrisas, a redimensionar nuestro gusto por la lectura, por la escritura y sobre todo, por el amor a la vida. Entre un centro citadino lleno, caminamos entre los tumultos de personas con la gana de generar nuevos públicos e invitar a la hermosa dimensión que es la literatura, esto desde nuestra inversión de tiempo, esfuerzo y dedicación.

Nuestro movimiento sigue, y con ello, buscaremos permanecer el tiempo que sea necesario, después de más de 300 mil ejemplares. Gracias por recibir nuestro mensaje, que independientemente de que sea una creación propia, ha sido importante su diversificación. Al día de hoy, nuestro crecimiento ha sido gracias a toda nuestra comunidad, la que nos ha permitido que este proyecto que comenzó como un jugueteo universitario, sea, hoy por hoy, una voz creativa de las letras, las artes y la movilidad. Por favor, cultura. 

 

Ediciones El Viaje. Foto: Beatriz González
La Rueda Cartonera. Foto: Beatriz González
Ediciones Arlequín. Foto: Beatriz González
Proyección Literaria. Foto: Beatriz González

Arena Coliseo: espacio de lucha y libertad

Arena Coliseo: espacio de lucha y libertad
El deporte mexicano como sinónimo de identidad y convivencia
El réferi y el triunfo. Foto: Miguel Asa

Este texto se publicó en la edición “Lucha”, de abril-junio de 2013, de Apócrifa Art Magazine. A su vez, se imprimió en gran formato y se colocó en los pasillos de la entrada de dicho recinto, perduro ahí algunos años más. Así sucedió después en La Gaceta de la Universidad de Guadalajara en su sección O2 el 28 de julio de 2014, bajo la edición de Víctor Manuel Pazarín.

Antes que otro poema
me engarce en sus retóricas,
yo me inclino a beber el agua fuente
de tu amor en tus manos, que no apagan
mi sed de ti, porque tus dulces manos
me dejan en los labios las arenas
de una divina sed.
Carlos Pellicer

1

Alguna vez tuve luchadores con capa de plástico sobre un pequeño ring de madera, regularmente de venta en los tianguis. Alguna vez quise ser el Huracán Ramírez para defender a mi mamá de aquel perro que nos ladraba en la cuadra después de regreso del mercado. Quise ser Blue Demon, El Santo, Rayo de Jalisco, El Espectro… No recuerdo qué tantos pasaron por mis tardes de juego. Hasta que un día de mi infancia, por allá en los noventa, el número 67 de la calle Medrano, que en algún momento el señor Salvador Lutteroth vio como nido de luchadores, se apoderó de mi emoción. Hoy rememoro aquellos momentos de gloria sobre mi cama (mi ring propio) y los tengo como una grata memoria de lo que es la lucha libre para mí.

Este texto en la Arena Coliseo. Foto: Miguel Asa

2
Ahora festejo aquí, con los míos, todo el misterio que ha tenido siempre ese mundo, esa institución que es la lucha libre: un acto sorprendente de mi país; aquí, en la Arena Coliseo de Guadalajara, en el número 67 de la calle Medrano, de donde surgieron grandes leyendas de la mano de Cuauhtémoc “El Diablo” Velasco, y al mismo tiempo la emoción de muchos chamacos como yo al soñar las diversas “llaves”, el vuelo hacia el contrincante, la fuerza de los luchadores, la esencia de los técnicos y la rebeldía de “los rudos, los rudos, los rudos” grito con pasión, y sobrevuelo la festividad de todo lo que ha sido este recinto para quienes se han postrado ante él.

El golpe. Foto: Miguel Asa

Pensar que aquí nacieron Ángel Blanco, Alfonso Dantés, Pantera Blanca, Pantera Negra, Sergio Borrayo, Américo Rocca, Gran Marcus Jr., Mil Máscaras, El Solitario, Cien Caras, Máscara año 2000, Universo 2000, Perro Aguayo, Ringo, Cachorro Mendoza, Atlantis, Apolo y César Dantés, entre otros tantos, da la certeza de que El Diablo tomó su lugar dentro de esta Arena e hizo de ella una fuente de talentos de la lucha.

Niño y sorpresa. Foto: Miguel Asa

3
En ocasiones pienso en el silencio de la Arena y me alejo de la realidad, siento el misterio que guarda este sitio histórico, testigo de muchos momentos… Mi mente comienza con el cuestionamiento: cuántas lágrimas habrán caído en su suelo, cuánto dolor oculta esta noche, cuántas personas han asistido hasta hoy, cuántos “intentos de luchadores” (como yo) han deseado subir al ring, cuántas familias han aparecido por aquí, cuántos romances han nacido por el gusto a la lucha libre, cuánto tiempo han entrenado ellos (los luchadores de verdad) para dar gusto a un público diverso, cuántas caídas, cuántos retos, cuántas máscaras rotas, cuántas cabelleras despojadas a sus dueños, cuántos fieles seguidores han perseguido las carreras de esos hombres de doble personalidad, cuántos gritos, cuánta sangre, cuántos han muerto en el ring, cuántos sentimientos, cuánto es cuánto en tantos años… Aún las preguntas siguen.

Público y ring. Foto: Miguel Asa

La Arena, y toda la historia contenida en sus pasillos: veo pasar al papá con sus hijos, y con él, la esperanza del niño puesta en sus héroes, nuestra imaginación que nos hace desbordar sombríos momentos de angustia y sobresalto. Por allá los novios con el corazón latente, el ring como caja de luz con fuertes movimientos, los gritos de las señoras apasionadas, y entre tanto ajetreo, las cervezas y los duros con salsa aluden al sabor de mi pueblo, mientras uno se quita la máscara para dar bocado y seguir con la gritería: todo un alarde de infinitos sabores para la vista.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

4
Cuando me entrego a la silla, estallan en mí diversas emociones: el giro, el vuelo, la técnica, el reconocimiento, el fervor, el orgullo, mi país, la historia, nuestro gusto por las luchas…, y volteo a mi alrededor… El referí en la cuenta por la tercera caída y observo a una misma comunidad con la sonrisa puesta en el corazón por todo lo que provoca este acontecimiento dentro de nosotros. La euforia nos posee a todos, algunos con máscaras y otros como civiles comunes. Y otra vez el señor de las cervezas por ahí y el de los duros con salsa por allá… “¿Y mi cambio, don?”, mientras en las gradas el “vuelta, vuelta, vuelta” para las chicas sonrojadas. La convivencia familiar y el cuatismo entre toda la palomilla es sinónimo de fraternidad. También observo a unos cuantos que siempre, o casi siempre, están presentes: esos fieles seguidores que vienen desde años atrás y en ellos la pasión perdura. “Se les va el camión” a todos los de arriba, mientras el “te trajo tu mamá” a los de abajo. El divertimento entre compas se muta en una alegría colectiva. Y es que parece un poema surrealista lo que acontece minuto a minuto en este sitio.

Proc3so. Foto: Miguel Asa

5
El misticismo de la lucha libre, aquí como en otras arenas del país, es un fervor que se percibe antes de salir del vestidor. Profesionistas, trabajadores, personas del pueblo son las que se convierten en símbolos de nuestra cultura popular. Hoy, después de más de medio siglo de su nacimiento, la Arena Coliseo de Guadalajara es un mar de sentimientos y de estrategias: un ring, cientos de butacas, trabajos de diversas familias y el gusto de miles que se han apropiado de la lucha libre como el punto de encuentro favorito.

En el parque de casa. Foto: Miguel Asa

Aquí estoy, con los luchadores y su sudor, haciendo mío ese sentimiento que me ha llegado de diversas maneras. Grito con euforia y celebro a aquellos que por su espectacularidad se entregan en las tres cuerdas. Un luchador en mi mano derecha y otro en la izquierda, ahora una suflex y quizás una quebradora figurativa, y seguiré la tarde en juego. Después fingiré que es momento de la lucha estelar. Al fin, que los de plástico son míos.

 

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento
Es necesario explorar el cuerpo en sus facetas nobles
Nicole Saucedo. Foto: Miguel Asa

Dame la mano y danzaremos,
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…
Gabriela Mistral

Las manos suben a la hoja. La hoja cae hacia el suelo. El suelo se lleva los versos. Los versos se postran en la flor. La flor declama una lluvia al colibrí. El colibrí se mueve huracán. El huracán nace del viento. El viento baila con el papalote. El papalote está en su danza. La danza llega a ella. Ella se mueve de distintas maneras. Las maneras la han construido desde la experimentación. La experimentación se ha coartado como un diálogo. El diálogo la esculpe como bailarina, coreógrafa, y performer. Ella es Nicole Saucedo, artista nacida en Guadalajara, México, que ha involucrado la mezcla de texturas para generar productos escénicos que van desde la duda hasta el latido.

bRAIN. Foto: Renata Garza

Pocas ocasiones es posible maravillarse con un libro, eso sucede cuando está hecho desde las manos, así el trabajo de Nicole sorprende, pues de ella nacen flores de diversas texturas que conmueven desde el metal al hilo, se trata de una sinfonía que se mezcla entre formas, sombras y sueños. Se experimenta con el corazón lo que el fuego depara. Así, Nicole, directora de M8 Escena, compañía interdisciplinar de artes vivas, y de Airesis, laboratorio de creación artística, se pasea de producción en producción. Se sensibiliza con aquello que se cuestiona y emerge con diferentes plumas en un aleteo organizado con el sol y la luna, como si se tratará de coordenadas que dirigen a los dedos.

Margen naranja. Foto: Miguel Asa

Su trabajo esta compuesto de distintas partes, trayectos y evocaciones. Muestra la exploración del cuerpo desde la danza y el teatro en composición con otras artes. Se muestra como un ser pensante desde el músculo y desde la mente. Afronta la búsqueda como un ritual constante. Siempre, lo que muy pocas ocasiones observamos, Nicole lo trasciende. Así la música suena en el suspenso del día, se asolea en el estudio y da vueltas entre espejos. Ella escribe con el cuerpo lapsos de cuestionamiento, de dirección, de sensibilidad. Pues más allá de presentar un performance, sus obras nos permiten la incertidumbre humana, las sensaciones posibles que tenemos al alcance y no deseamos percibir.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

La obra de Nicole traspasa los tradicionales discursos en las artes escénicas. Busca explorar. Es una exploradora dentro de las tarimas, busca flores en las escenografías, entre las luces se crea una noche en movimiento y se configura una y otra vez en una materia evolutiva, en un tesón constante de la campana, en la aurora en su despertar como eco del fin del ocaso. Así es Nicole, que en trabajos como bRAIN, Movimiento de la memoria, Escena sobre la mesa, Tienda de sueños, Híbrido Mostaza y otros tantos, se ha sumergido en la investigación corporal, técnica y tecnológica. No es por demás mencionar que su trabajo creativo corresponde a dirigir piezas en las que se conectan diversos sentidos con apoyo de una gama variada de elementos, proyecciones, movimientos y horizontes.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

Nicole se ha atrevido a conectar de muchas maneras sobre el escenario. Se apacigua en la mirada mientras se cubre de luces y de sombras, en los colores neutros, nada en una exorbitante búsqueda cuando en la sencillez del paso se ejecuta una vorágine de sentimientos y emociones. No se puede ser visceral de un momento a otro cuando disfruta trasladar los poros por el viento, sin noche ni mañana. Busca, percibe y define. Es precisa coreógrafa de la sed del silencio. Compone piezas como el viento empuja a las hojas. Así dirige, de una textura a otro, sin miedo, sin freno, sin nada. Avanza. Explora. Una y otra vez explora. Persiste y se es siempre.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Tal es su sensibilidad que ha conectado con su última etapa como madre, experiencia que le permitió dialogar consigo misma para consolidar lo que es Paisaje de aRRullos, que describe como un “ritual de danzas y arrumacos”, y en el que persigue la noción de la primera infancia, la de los brazos, que se ejecuta con los verbos acurrucar y descansar. Le atrae aquello que desconoce y lo experimenta con su discurso creativo, lo inhala y lo sopla, lo toca y lo analiza. El movimiento es parte del todo. Su trabajo va de la dirección, la coreografía, la instalación, el performance, la danza, el video y la iluminación, y con todo ello escribe una poética más en la ciudad, otra del cuerpo, la suya misma. Así, Nicole, persiste en su labor. Habrá que esperar su Transcurrir, trabajo en el que dialoga desde los objetos con el video y que transpone la personalidad en los tiempos.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

La luz nace y se transforma en el cuerpos, los músculos arrojan versos y la noche del escenario se extiende volátil, certera, humana. Es tiempo de experimentar el cuerpo en las coordenadas de las hojas en blanco. Seamos pues plumas de nuestro propio espacio.

En el parque de casa. Foto: Miguel Asa

¿Cómo es componer un teatro dentro de un libro?
Se hurta el oficio del cambiador de hojas,

se asume la piel del que dibuja también, 

con compromiso hacia la hoja,

la que se sabe desplegable hasta las paredes, 

con lengüetas,

de algodón de preferencia,

pero servilleta también.

Se traza en rectángulos,

que contengan los garabatos y el horizonte.

De hojas grandes sin arriba, 

reacomodable,

con pestañas móviles,

un libro testigo para volcarse y revolcarse.

¿En qué momento surgen la flores en un escenario?
Las flores que encienden mis escenarios

son las que emergen cuando todavía el cause no encuentra río que lo contenga. 

¿Qué forma tomará la obra?

Florece el estómago con deseos,

múltiples las rutas y los cruces,

florece la imaginación.

Sal. Foto: Renata Garza

¿Cómo lo son movimientos del cuerpo con las nubes?

Simbióticos,
                   muy de los ojos cerrados,
de los dedos en tierra,
                                    del sexo sensible.

Se respiran, se tejen, se cantan, se juegan, son y lo asumen.
Muy parecidos a…. 

                                    deseosos

                                                    inevitables
                    cambiantes

atentos 

                                                             auténticos 


humildes.

¿Para qué funciona la experimentación escénica con las estrellas?

Para vivirme en el universo,

encontrárselas brillantes del frente,

unírseles, conectárseles,

entre y con las coyunturas de mi cuerpo, 

conformar constelaciones en el horizonte.

Tienda de sueños. Foto: Li

¿De qué manera se baila con las abejas?
Uuuuyyyyyyyyyyyyyyyyy
Ppppppppppuuuuuueeeeesssssssssss Vvvvvvvvvveeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaasssssss Bbbbbbbbbbbbbaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssssssssssta Ccccccccccccccccooooooooooonnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssaber Vvvvvvvvviiiiiiiiiiiibbbbbbbbbbrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrrrar(se) Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssussssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssusssssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssrarsssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssse ≤sssssssssssssssssssssssssssssssssssSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSsssssssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssuave
Y rrrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeesssssssssoooooooooonnnnnnnaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrr 
 a miel.

¿En qué momento se vive como galaxia?

Cuando se aprende tener tiempo para cerrar los ojos, vibrar el pulso y a abrir los poros.

¿Por qué hacer teatro en el rincón de un tabique?
Por política, por postura, por investigar, por aprender y desaprehender.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

¿Es posible crear horizontes con luz turquesa al experimentar?
El concepto “luz turquesa” me es nuevo,

pero hubo en tiempo en que intenté vivir en tierra sin sol y casi muero, 

no es poesía,

el horizonte transforma los espacios, 

está en mí,

me es leitmotiv,

al ponerlo de lado, 

invertido,

y al revés sobretodo al atardecer

ando por ahí buscando,

estudiando,

bordeando desde y con el cuerpo,

los límites de lo que reconozco
como “el horizonte de la percepción”.

¿Cómo se descubre el cuerpo en estelas rosas?
Se descubre cuerpa, poderosa,

de tierra, de carne, de brazos fuertes, 

que sabe dar vida…

¿Qué impacta al algodón desde la vela?
Calor,

crujidos,

olas, 

metamorfosis,

dolor,

sal,

verbos,

movimiento.

Frydha Victoria: el juego de la poesía

Frydha Victoria: el juego de la poesía
Se sonríe verso sin remedio para existir en la pista de baile
Frydha Victoria. Foto: Miguel Asa

Desborda la ternura de su tacto
en verde prisionero,
y al fin revienta en flor
como el esclavo que de noche sueña
en una luz que rompa
los orígenes de su sueño.
Alí Chumacero

Aquella noche fue huracán. Era juventud. Todo el éxtasis de la noche se volvió una memoria. Acabamos con el arte de la galería aquella. Nos vimos, dialogamos y la poesía se conformo con hacernos amigos entrañables. Los cantos de la bicicleta la recuerdan a cada rato como una de las poetas jóvenes que me abrieron paso por aquella carretera hacia el norte de México. Su nombre es Frydha Victoria, y cuando hablo con ella la memoria colapsa en la breve tormenta de nuestras páginas. Orgullosamente de Tepic, Nayarit, es una poeta y periodista que se enamoró de las letras como la raíz de la tierra, de la que la palabra se ha entregado a los horizontes de la nostalgia, de las lágrimas, de las ausencias y del baile. Ella escribe versos cada que baila. No lo sabe, pero muchos la observamos en la pista, y nuestras lágrimas perpetúan el silencio de nuestras locuras.

Observar versos. Foto: Miguel Asa

Hay que rayar la ciudad con pasos de música grupera, escribirle amor a las tormentas y pasar en silencio por las calles para después dejar escapar el grito de los libros. Frydha camina con calma y juega en el columpio del poema. Se balancea en tiempos distintos. Se llama con mucho amor. Se entrega y nos comparte en cada línea de sus piezas magia de la infancia, de la jauría que fuimos alguna vez todos, la inocencia de la palabra en las calles que nos saben a niebla y color rosa. Aquí va y también allá, siempre, con una paleta de caramelo que le pinta los labios. Disfruta, baila, se acongoja y despierta como la reina de la pista poética. Así, extravagante y sincera, tiene flechas para los corazones rotos, nos revuelca desde su inocente mirada hacia los amores de la secundaria.

Leer los fantasmas. Foto: Miguel Asa

No sé cómo explicar el detalle que tiene la voz de Frydha. Intento extrañar a Pancho Pantera, pero la luna no me deja. Y 1994 nos revuelca las lágrimas de nuestras pieles, sí, porque también el cuero llora. Y así baila, entre las plumas de un quetzal disfrazado de galaxia, y Frydha ama, despacio, cada paso que entrega entre sonrisa y sonrisa, entre poema y poema y se enamora otra vez de la poesía y se olvida y se enamora y se olvida y se enamora y se es baile y canta, su falsete, su eco, sus versos, un descubrimiento de la soledad entregada entre estrellas y zanahorias.

Baile urbano. Foto: Miguel Asa

La he visto sonreír, moderar el silencio, hacer el estruendo, y también, rociar lágrimas al viento para bañar mariposas. Su espíritu es sutil, con alcance de piedra y caricia de ala. Frydha escribe suspiros en las carreteras. Hace amigos como teje los cielos. Persiste en amarnos suculentamente entre la playa y el mar. Nos vacía la tristeza y se acurruca con nosotros para dar paso a llenarnos con calma, gota tras gota, como si se tratase de una suerte de nuestros corazones, algo así como acantilados repletos de almíbar.

Horizonte de la poeta. Foto: Miguel Asa

Si algo le he aprendido a la poeta nayarita, es su humildad, en la que se cobija entre la justa razón de ser palabra, verso, poema y temblor. La voracidad de sus obras contienen una irremediable sustancia que se compone de elementos que no podremos tocar nunca, quién sabe que le brilla en el corazón cuando escribe, pero siempre, es una esperanza leerla, es un delfín entre el mar de los sueños. Me arranca el paso, descubro otras lunas, la libertad de ser desde lo que se pertenece. Abre sus brazos como montañas mexicanas. Tiene un brío que se convierte en cada verso y que en ocasiones me pregunto hasta dónde llegaran. No he conocido poesía actual más sencilla y sincera que la de Frydha.

Pasillos. Foto: Miguel Asa

En Nayarit hay una flor que respira huracanes, exhala con latido de volcán y nos entraña los tejidos con fuerza de mar. Su trabajo es constante, hierve y sigue. Frydha es autora de Ánforas de Oporto (2013), Traslúcidos (UAN, 2015) y Todos los fantasmas de esta casa (Crisálida, 2021). Ejerce el periodismo en su ciudad natal, aplica la cercanía a las amistades profundas y comparte desde los pasitos coquetos del baile. Es tiempo de ser piedra para acariciar terciopelos con suma justicia y perseverancia. El recuerdo de volvernos lluvia será en pasteles de colores, y a veces, en el amor por la quebradita. Habrá poesía mientras haya baile.

Compartir el silencio. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se almacenan los poemas en las flores?
Me gusta pensar en todo lo que sucede alrededor de nosotros cuando no nos damos cuenta. Mientras escribimos un mensaje, o un poema, o mientras regamos las plantas de nuestra casa, las plantas de otros lugares permanecen quietas y expectantes para ver lo que sucede. Ceremoniosamente, las flores van guardando entre sus hojas y pétalos, el grito de las personas que pasan a un lado de ellas. Guardan el agua del rocío y guardan los secretos que cuentan los niños que todavía no saben hablar.

Ellas no escriben poemas, porque no utilizan nuestro lenguaje, pero sí hablan en el idioma de la poesía, y son conscientes del entorno y también se mueven con nosotros. Algunas abren sus pétalos cuando sale el sol y otras, que son más caprichosas, esperan una vez al año para dar señales de vida. El movimiento es su lenguaje y eso también sus poemas.

¿Si fueras animal, tierra, viento o agua?
Me gusta pensar en las aves que navegan en el aire, esa materia que nadie puede ver pero sí se siente cuando inflamos un globo o cuando volvemos a la superficie después de nadar largo tiempo bajo el agua. El ave es la metáfora perfecta del crecimiento, la madurez y la muerte. Cuando son pequeños, los pájaros son lanzados al vacío hasta que aprenden a mover sus alas en el mismo lenguaje del viento, y a partir de ahí exploran el mundo.
Ellas se mueven en parvadas, dibujan figuras geométricas para comunicarse, y duermen lentamente en las ventanas de las casas, observando a los niños detrás de una ventana, o a una persona que duerme también en soledad. No necesitan permiso para entrar a ningún lado, y nadie les ordena sobre su cuerpo. Cuando es hora de morir, se van hacia un nido alejado y simplemente dejan de existir, no lloran porque son pájaros.

Reflejo de piedra. Foto: Miguel Asa

¿En dónde comienza la simetría de la palabra?
El lenguaje y la comunicación son un eje fundamental en el entendimiento de la humanidad, las palabras construyen, destruyen y también modifican. La palabra, citando a Dumbledore, son la fuente más inagotable de magia.
En ese sentido dibujo a la palabra y al lenguaje como una materia viva e invisible que se transforma. Específicamente, la palabra como herramienta de comunicación es descifrada a través de un interlocutor, y a partir de ahí se completa el significado y el mensaje. La simetría de la palabra comienza en la punta de la lengua que la esboza, y concluye en la arista de la mente de quien la descifra.

¿Cuál es el proceso de composición de un poema sobre la lluvia?
Hay que ver el agua y encontrarnos en ella. Hay que ver su paso por las calles o el desagüe del patio. Hay que ver cómo juegan los niños y los perros con los grandes ríos que bajan por las calles de la ciudad. Hay que evocar el recuerdo de nuestra primera experiencia del agua y hay que interpretar esa experiencia. Finalmente, rompes la hoja.

Lectura en puerta. Foto: Miguel Asa

¿A qué velocidad existes dentro de las letras?
Soy una persona de silencios prolongados. Prefiero observar los sucesos que transcurren y, cuando termino de contemplar lo que acontece, me siento a escribir, pueden durar meses, años, días, pero siempre es el tiempo necesario para comenzar a hacerlo.

No me interesa tener cierto periodo de vigencia, no escribo para los reflectores sino para poder interpretar lo que pasa alrededor y obtener una respuesta. Cuando se tiene éxito esa contemplación se vuelve un manuscrito que evoluciona a libro, pero cuando hay mayor éxito, lo escrito permanece guardado en un cajón.

¿Qué es lo que conmueve a la sustancia azul de tu poesía?
Me gusta pensar en el paso del tiempo y a partir de ahí observar los cambios. El tiempo me parece como ese velo invisible que nadie aprecia hasta que sale una cana o los niños pequeños aprenden a hablar y juegan. Ese sentido de evolución, de células que se reproducen y forman un ser autómata. Ese sentido de principio y fin que culmina en muerte, me conmueve un montón.
Sobre todas estas cosas va situándose mi escritura.

Sobre atravesar distintos parajes urbanos por donde antes caminaron nuestras madres y nuestras abuelas. Sobre ver nuestros propios rostros en el rostro de ellas, y sobre ver el futuro o adivinar el timbre de nuestra voz a décadas de distancia.

La poesía y la contemplación del tiempo son una suerte de adivinar el futuro.

Por otro lado también está el cuerpo y todo lo que lo conforma. El cuerpo como un ser autómata que, pese a nuestras propias voluntades, evoluciona y avanza a su propia manera, forma células que pueden dañarnos o repararnos, hacen huesos donde antes no los había, y sobre todo, se acaba.

Sonreir a la luz. Foto: Miguel Asa

¿Cómo explota una nube dentro de tu corazón?
No me gusta pensar en explosiones, ni en nubes, pero si esto sucediera, definitivamente sería en fragmentos acristalados que perforarían el cuerpo hasta llegar a tocar el piso con pedazos microscópicos de mi piel en ella.

¿Hasta dónde llega el ritmo de aquella canción?

Hasta el sillón donde se encuentra otro interlocutor, escuchando la misma canción en el mismo minuto que nosotros.

¿Cómo se poetiza una bicicleta?
La bicicleta es un artefacto con el que podemos volar. Pocas veces me he sentido más libre que cuando voy a dos ruedas y observo los atardeceres de Tepic. La bicicleta es plenitud, es fuerza y es movimiento, ese movimiento que sale de nosotros y con un pedal ya nos llevó metros adelante, sin dar un paso.

¿Cómo es la distancia existente entre tu respiración y la escucha del mundo?
El otro día escuché a alguien decir que tenemos en nosotros los átomos que viajaron por todo el universo, o que incluso vivieron en los dinosaurios. La idea anterior me sorprendió muchísimo y me puse a pensar en todo lo que respiramos diariamente, es el polvo de nuestros muertos y es el mismo polvo que alguien en otro país aspirará también para convertirlo en dióxido de carbono e iniciar este proceso infinito de renovación.

Mi respiración es corta y quedita, no creo que exista distancia. Mi respiración rebota en las paredes de mi casa y conforma un diálogo con ella.

Escaleras poéticas. Foto: Miguel Asa

Pancho Pantera fue un mejor tipo durante 1993
Yo te recuerdo

jeans azules        playera roja
al fondo del bote de aluminio sonreías
fuimos todos
indestructibles víctimas de tu cuerpo fornido

Eras el polvo
la línea blanca de nuestra infancia
mucho lloramos por tener el néctar de tus venas
sobre nuestros vasos de leche
Pancho
si tú me hubieras dicho
que después de veinte años
la vida nos iba a patear a todos
que en vez de líneas de chocolate
nos íbamos a meter mota y hongos y otras drogas
todo hubiera sido distinto
no estaríamos tumbados boca arriba viendo brillar el mundo
Pero juro que a ti te gusta nuestra decadencia
y piensas que ya vendrán más niños embravecidos por tu dulce
y los verás crecer como a nosotros
y en veinte años –quizá menos-
llegarán a reclamarte
porque tú eras mejor tipo antes del 94.

Inédito

IV
¿Cómo nombramos esto?
¿Cómo decir yo era una hija
carne hecha de tu carne?
¿Cómo decir tú eras un padre
manso animal de cuerpo tibio
de amor constante de palabras?
Tu nombre es ahora
un nudo dibujado en mi lengua
este músculo sin voluntad
que no te anuncia.

Todos los fantasmas de esta casa (Crisálida, 2021

¿Qué es un pájaro que no vuela? Dijiste

¿Qué sucede
cuando las lecciones aeronáuticas no funcionan?
He pensado, muchas veces,
en flotar sobre mi órbita.

Analizo la posibilidad, muchas veces,
de renunciar al espesor de la noche
a la asfixia que me oprime la garganta, y
no hay reclamo.

Otra vez quise saltar,
pero tú viajaste por una sonda que te salía del cuello,
águila que perforó el infinito, el sonido,
el ritmo de las cosas que se suceden a sí mismas.
No hay reclamo.

Sigo con la terquedad de las plumas incautas,
me funciona el pecho lo suficiente
para seguir al aire y morderlo.

Inédito

Yo
que perdí la batalla contra la voluntad
el vacío de sentirme otra
que me amortajé el cuerpo hasta retroceder
e ignora la inclemencia
el estertor sobre mi clavícula izquierda

Yo
que rebasé la catástrofe
y atestigüe el sonido            la fuerza
nuestro reflejo en el agua incitándome a comenzar

Yo
que desgarré mi garganta
que el humo me envolvió en un mareo
en la mala suerte del extravío

Yo
que no supe después
a quien reclamar el infortunio

Todos los fantasmas de esta casa (Crisálida, 2021)

Yo

Vengo, y te digo
que una tragedia siempre es punto de conversación,
que no sonrías
no temas
no finjas
no busques la mano en la mano
la piel que absorbe la piel
no concentres el tiempo en un devenir de atentados,
aquí nadie es más culpable
aquí, en este lugar donde tus plantas pisan
no habrá una respuesta.

Inédito

Tour Street Art GDL: los colores de caminata

Tour Street Art GDL: los colores de caminata
Cuando el arte toma las calles también es aprendizaje
Karen Mora con fragmento de Arre-VRS.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano

Las calles también funcionan como bastidores, pues en ellas se muestra el vuelo de los papalotes, la estructura del color, la delicadeza de la caricia y el frenesí del paladar. En ellas se encuentra una infinidad de cosas, ya sea pueblo o ciudad, siempre hay algo que manifestar. Así existe un proyecto cultural que toma las calles para diagnosticar sus movimientos artísticos, para analizar a la urbe como lienzo: Tour Street Art GDL. Quizás podrá sonar algo irreverente, sin embargo, la creatividad de la comunidad artística también ha lanzado zarpazos en otros formatos, y es que, desde las primeras décadas del siglo XX, el muralismo paso a ser parte de las sociedades, ya sea por protesta, por reflexión, por comisión o por expresión, en sus muros, en sus rincones, y con ello, el verso cambia, se es disparate y pasión al mismo tiempo.

Obra de Chávez Hollar, Unkle y Daniel Neufeld. Foto: Miguel Asa

Con la explosión del arte urbano en los últimos años, las calles de Guadalajara, México, no dejaron de ser parte. Por lo anterior la movilidad al paso de cada trayecto ha cambiado, pues la perspectiva plástica se ha incrustado en muchos muros, rincones, letreros y demás soportes, como el color de la mariposa en el viento. Ahí, Karen Mora es quien percibe el discurso plástico que resguarda el polvo de la ciudad. Nacida en Colima, México, su trayectoria contempla el diseño artesanal, profesión que la llevo a su integración como una cazadora de arte urbano (street art hunter), como una curadora y como una guía turística muy peculiar: le encanta el café después del alba y de una caminata sobre las páginas de la ciudad, un poema matutino.

Paste up diverso. Foto: Karen Mora

Tour Street Art GDL es una exploración, es encontrar, en los recovecos de las calles, el silencio matutino, el amor de la tarde, la naturaleza plástica, el trazo paciente, la brocha exagerada, el movimiento de la danza, el ir y venir del aerosol, la locura de los oficios y las voces de una plaga de artistas con gana de invadir cualquier espacio para manifestar, expresar y compartir las posibilidades creativas de la humanidad. Como lo señala Karen, “Tour Street Art GDL es un proyecto de investigación, registro, aprendizaje y difusión del arte en calle, dentro de Guadalajara, con el fin de compartir lo que vemos a diario en nuestro caminar y proporcionar herramientas gráficas y contextos sociales para aprender a leer lo que existe en ella”.

Xiuhcoatl-VRS. Foto: Miguel Asa
Rutas de cafés con arte mural. Realización: Karen Mora

Así pues, tanto propios como extraños han sido parte de este proyecto, que al día de hoy se enmarca como una iniciativa emprendedora que ha posibilitado unir tanto a espectadores y artistas al mismo tiempo, un abrir los ojos de otra manera ante la ciudad. Así pues, contemplar el arte urbano que sucede en cada espacio tiene su método, quizás, uno propio, extremo, sencillo o simplemente, introspectivo, para saber que existen animaciones de otros artilugios en una variedad de discursos, el monocromo, el colorido, el seleccionado, la paleta particular, y sin más, el estilo, la apropiación, la danza corporal de cada creativo.

Análisis de mural. Foto: Karen Mora

“El proyecto de registro comienza hace más de 10 años, y posterior a ello, como resultado del mismo, generé el #TourStreetArtGDL, que comprende una serie de diseños de ‘rutas’ de arte urbano que comprenden diferentes estilos, técnicas y temáticas. Nace de la necesidad de (re)conocer la ciudad a través de lo que vemos en la calle, al ser ésta un espacio público, la inquietud de compartir su esencia, el origen de algo que forma parte de la ciudad y que nos negamos a ver porque simplemente no lo comprendemos”, cerciora Karen.

Así fue la generación de sus Rutas de Barrios GDL, que comprenden cinco trayectos por lugares colindantes del Centro de Guadalajara, Mexicaltzingo, San Francisco, Expiatorio, Capilla de Jesús y Santa Tere, sitios en los que pasea, conversa y disfruta del arte urbano que ahí acontece. Este producto cultural contó con el apoyo del programa Horizontes, en 2020, que otorga la Secretaria de Cultura del Estado de Jalisco.

Obra de Trepo Parker y Amir Lucky. Foto: Miguel Asa

Y es que cada día nace algo nuevo en las paredes de la ciudad, un personaje a colores, un paisaje en degradados, una flor que nació de una ilustración, un horizonte de un diálogo, y el equilibrio de las creatividades surge al compás de la lectura, del paseo, del clima, y es que no es lo mismo contemplar la diversidad de piezas por la mañana que por la noche, cada voz se transfigura en una emoción, un pensamiento o un sentimiento. Se escribe poesía con brochas y aerosoles. Una poética particular en la que alguien como Karen comparte, bajo su experiencia, su conocimiento y su pasión por este arte tan soberbio, tan efímero y tan humano a la vez.

Espectadores del TSA GDL. Foto: Karen Mora

“El proceso es diario. Es salir a caminar con toda la disposición de dejarse sorprender por lo que hay en las calles, partir del arte urbano y del graffiti, y poco a poco, definir contextos, investigar conceptos y buscar quién está detrás de cada detalle, porque al final, la calle la hacemos todos”, prosigue Karen.

Obra de Chávez HoIlar y Unkle. Foto: Miguel Asa

Y esto no es sólo un proyecto que ha quedado en la Perla Tapatía, sino que se ha replicado en varios estados de México, así como en el extranjero, precisamente en Valencia, España. Parte de ello es exhibir el arte urbano y dar a conocer “la apropiación del espacio público como parte de nuestra vida, nuestra sociedad y nuestra actualidad. Si bien la calle es un espacio en el que todos estamos y convivimos, lo que en ella se manifiesta es un reflejo de lo que vivimos”, define la diseñadora colimense.

Mapa de ruta en Valencia, España. Foto: Karen Mora

Tour Street Art GDL es una iniciativa que promueve la vida dentro de las calles, el compartir la palabrería de cada uno de nosotros desde nuestras propias burbujas con todo, con todos y desde todo. Existen figuras que sólo nuestra imaginación desfragmenta, deconstruye y descubre en cada paisaje urbano. Cada espectador es una perspectiva más pues “es diverso, los estándares de ‘arte’ en Guadalajara son muy definidos, específicamente bastante figurativo, es prioritario que las personas los comprenda para poderlos llamar arte. En la calle es diferente, si bien hay algunas piezas que podemos interpretar fácilmente, la abstracción desde las letras del graffiti hasta los muros experimentales son algo que tiene su propio público. Considero que todos deberíamos estar dispuestos a dejarnos sorprender cada vez que transitemos la calle” sentencia nuestra guía.

Obra de Fin DAC. Foto: Miguel Asa
Visitante y evidencia. Foto: Karen Mora

Escribir palabras, pintar trazos, crear, de una manera, con la brocha, con aerosol, con marcador, con nombre o desde el anonimato, siempre la calle tiene algo que decir. Así, con este lema con el que se muestra Karen, es necesario comprender que las calles también son poemas, que tienen su propia construcción desde la piedra y que cada árbol es testigo de lo que habla nuestra comunidad. La calle es una línea de la creatividad, una, que poco a poco comienza a despertar hacia nuevos horizontes, nuevas determinaciones, en un exploración que cada día muta, y que gracias a personajes como Karen, hacen posible que el conocimiento actual, divergente, social y crítico, se plasme más allá de una pieza, de un muro, de una calcomanía. Es tiempo de observar, con la mirada más grande, el hecho que es la erosión urbana. Ahí está el arte urbano como un sinónimo de un volcán en nacimiento, desde su fuego interior que aguarda, con tiempo y pausa, el emocionante camino de desplazarse hacia arriba, hacia abajo y hacia todos lados, hoy somos la lava, mañana la mutación de la piedra. El arte urbano como la erosión de las calles, evolución de ecos creativos. La calle, nosotros, todos, tenemos algo que decir.

­Alexandro Castro: la búsqueda en las geografías

­Alexandro Castro: la búsqueda en las geografías
La poesía es un traslado de la infancia entre desiertos
Alexandro Castro. Foto: Miguel Asa

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Julio Cortázar

Pienso en un cuchillo de chocolate cuando leo un poema norteño. Y de repente, pasa por mi cabeza el sabor de una cecina y una agua de pepino. Un traguito. Nos paseamos por las calles de Chihuahua, México, y de repente, otra vez, encuentras poesía en todas partes. Así me perdí una noche para encontrarme con los versos de Alexandro Castro, un joven poeta nacido en 1996 en Ojinaga, poblado fronterizo en el oriente del estado de Chihuahua, y todo fue un glamoroso veneno, así como un pastel de chocolate bañado de tequila.

Es imposible no pensar en la palabra fuego y denominar algunos caminos como olvido. Quisiera saber qué es lo que depara al cuerpo de un desierto cuando se extingue la poesía. Y así, encuentro en las letras de Alexandro, una infinidad de desiertos. Es necesario leerlo sin haber afilado la navaja y procurar delinear el corte con tremenda precisión hasta que se deje de lado el tiempo. Existe un sentimiento cercano que desprenden sus letras, o quizás es el norte mexicano, ese estado, que se convirtió en un ingenio de viajes y descubrimientos. Así sucede, pareciera que el trote de un caballo se expande en las orillas de un libro a partir de lo que conversa el poeta y la serpiente del mezcal. Dice que una lechuguilla y luego un sotol. Yo lo espero con los burritos a todo lo que da.

Encontrar el libro. Foto: Miguel Asa

La música tiene filo por igual. Hay un descanso seco, es una mecha inexplicablemente encendida dentro del corazón. No existe una picadura que no le disloque un parpadeo a sus células. Se vive tremendo entre el quehacer de una línea al cuerpo y otra a la vida, líneas de dibujos, líneas de letras. Se avanza un tanto lento, pero es sagaz, fue velador, un elemento seguro de sus palabras en la profundidad de las geografías mexicanas. Y es que cuando uno lo aborda pareciera el niño que juega con lodo y luego lo lanza. Así, entre una poesía de corazón tinto y maderos fortificados con tierra, sus versos nos trasladan al dolor personal, a la alcoba en la que se han roto las almohadas y los sueños. En ocasiones un zancudo, una víctima o una sangre.

Sus letras se bifurcan entre el amor, el olvido, la incertidumbre y constantemente, en una búsqueda de un no sé qué que se apacigua con un verso estridente. Así, una imagen inquieta por aquí, algo melódico por allá, algo tradicional y complicado por acá y de repente, otra vez, el poema se concluye con el remate del cuchillo de chocolate. Así bien, recorrer sus versos es contemplar una alcancía rota llena de calor, es una resortera lista para ser catapulta. Así en ese proceso norteño conocí a Alexandro, un retrato viejo tan infantil, como una gota de lluvia que quiere caer y simplemente vuela sin alas; se dispara a sí misma entre las hojas de los huertos de manzanas, se descubre con sus sierras rojas-naranjas, rosas-moradas, y se esfuma.

Respiro. Foto: Miguel Asa

Esto aquí que se muestra es una inquietud que no terminará pronto. Se es una posibilidad de anunciar el regreso del aprendizaje a cada rato, y es que Alexandro está en ese estado, de buscar, describir, aprender, tiene sed, de una sed que no se quita con algún aguardiente. Se trata de una bocanada que también él no sabe explicar. El verso corre, lo toma, lo percibe, lo traslada, lo intenta, lo hace y de nuevo va. Busca. No hay quietud en estos tiempos para que el desierto se sienta solo.

En su obra se acurruca la mirada del halcón joven. Vuela para conocer. Va de aquí para allá y se sucede en el aire. Percibe, existe y se deshecha a sí mismo. Hay que voltearnos todos los días. Caer a la tierra y elevarse de nuevo. No se percibe la flor si no se le concede florecer. Hay geografías que se construyen entre lo que sigue y lo que uno sigue. Así Alexandro, un norteño que triunfal se ha adentrado a la cotidianidad de la palabra tapatía porque el recorrido es ese, norte-sur y viceversa.

Retratos de poetas. Foto: Miguel Asa

Cómo me gustaría encontrarlo en una cachimba para leerle a los tráileros aquellos recorridos de nuestras maravillas poéticas, que si bien no transforman el mundo, fueron impertinentes con el viento. Hay que quebrarse dice, saberse error y pesadumbre, una canción banquetera, aquel paquete cinco estrellas de desprendimiento y un tantito del último trago de sotol. Hay que sorprenderse como todas las posibilidades, una no basta y dos no es exceso cuando se aprende. Así un norteño camina por las calles de Guadalajara, con su Eróstrato (PECH, 2019), en busca de otra geografía que le entregue aprendizaje, unos versos más fuego, más sol, más ardor, esto no se acaba. Apenas llega el año y ya huele a velocidad. Hay que quemar el pasado, la poesía se concibe en las quebraduras de nuestros pasos, “Haz al menos de mis recuerdos/ de mis pedazos,/ algo perfecto”.

Líneas. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se colorea la poesía desde tus bits?
Hay una canción del grupo de rap Atmosphere llamada Guarantees, en la que Slug dice “And when I finally get the color, won’t be nothin’ left to paint on” y de ahí me gustaría partir para responder. Pienso que el color ahí está, que sólo nos hace falta encontrarlo y para ello no hace falta sino observar. Son varias las ocasiones en que he escuchado que “no se escribe sólo cuando se escribe”, es decir, no sólo se crea al momento de plasmar, creamos desde antes mediante el pensamiento. Supongamos, entonces, que el color se nos escape y debamos buscarlo constantemente para poder crear. Así con la poesía, las palabras y los sentidos. Hay que estar atentos a lo que sucede en la vida para poder atrapar los estímulos.

¿Qué sucedió para que el norte ocurriera en el sur?
En pocas palabras: amor. Para contarte más puedo decirte que encontré un hogar en las casas en que hemos vivido Cindy y yo. Así, desde una casa en Chihuahua, una en Vallarta y otra acá, es que el norte sucedió en el Occidente.

Pasillos. Foto: Miguel Asa

¿Cómo es la elocuencia de una máquina de escribir frente al mar?
Es un oxímoron porque, a pesar de tener cierta elocuencia, es torpe como el niño que se para frente a su castillo de arena para evitar que la ola lo rompa. Se niega a morir por su condición evanescente.

¿Escribir para soñar en un costal con burbujas?
Me gustaría creer que se escribe para intentar explicar quién lleva el costal con burbujas, a dónde o por qué. Supongamos que estamos dentro del costal de burbujas, pero ¿qué lo mueve? ¿con qué fin? De repente alguna burbuja explota y podemos ver hacia afuera, ahí es cuando se vuelve necesario escribir.

¿Hay un eco en la simbiosis de un halcón?
Por supuesto. Es en el eco del chillido del halcón donde sucede la magia. Me imagino que cuando llega a nosotros su sonido, el animal ha terminado de convivir, de cazar, y vuela ahora con una presa en su pico como quien declama en voz alta el poema que recién escribió.

Salida. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se escucha la voz del cardenal en las caderas de la carretera?
El cardenal es un tenor persistente y canta tanto que, muy probablemente, cuando hayamos terminado de romper la curva, el ave no recuerde la razón por la que comenzó a cantar.

¿Cómo encuentras suspiros?
Mientras duermo. Hace tiempo pensaba en eso, en los suspiros inconscientes que podemos soltar al dormir. Imaginemos lo mucho que podríamos aprender sobre nosotros mismos si supiéramos qué nos hace suspirar a media noche.

¿Existen momentos para disfrazar los versos?
Sí, pero lo que hace falta es depurar al verso de su disfraz, quitarle las palabras innecesarias como se cortan las hojas de las plantas para verlas crecer.

Silencio. Foto: Miguel Asa

¿Por qué vivir en el límite de la palabra y la vida?
Por consecuencia, creo. Rebotamos de una parte a otra como pelotas de tenis. Al estar tan al pendiente del lenguaje (aunque a veces nos enfoquemos más en lo otro, la vida) ya no hay una manera de no estar al límite. Las palabras se convierten en un remedio para la vida, una forma de explicar lo que estamos viviendo.

¿Qué debe crecer en las memorias del amor?
Todas las sensaciones que nos sean posibles. Habremos de voltear hacia el pasado para recordar esas ansias de cuidar, ese deseo que sentimos por la otra persona, la admiración que despierta en nosotros. Al final del día es esa la manera en que habremos de recordar, cualquier cosa, a través de los sentidos.

Una ciudad desinflada. Foto: Miguel Asa

Niños

Es un espacio enorme
la mente.
Una bodega en la que jóvenes,
muchachos problema, golpean
la propiedad ajena.

Vienen
y prendern sus churros de mota
que huele a cielo
y a píes de caminar todo el día por el centro.

Vienen y tragan pastillas
como si de dulces habláramos.
Las mezclan con bebidas energéticas
y ves cómo la adrenalina
desprende el alma de sus cuerpos.

Los miras refugiarse en sus burbujas de cristal
con lágrimas que realmente son gotas pa’ los ojos
porque si los mira su madre,
al pobre chido pandedios,
que saca puros dieces, o al otro,
que practica piano hasta que
las yemas de los dedos
le quedan como a niña conociendo su cuerpo.

Quién sabe qué será de ello.
Quién sabe qué espacio enorme les espere.

Eróstrato (PACH, 2019)

Mañana

El día de mañana es una pradera
llena de hienas
con pelaje de dudas
que bailan a mi alrededor
y ríen de mi desgracia.

Míralas,
comiéndose lo poco que queda de mí,
lo necesario para ir a descansar cuando el sol aparece.

-¿A dónde se fueron?
        No han terminado su cena.

Eróstrato (PACH, 2019)

Prometeo

Traigan a Prometeo para que me salve,
prometo no acusarlo con Dios.

Sólo necesito que robe el fuego en que ardo.

Díganle que Zeus no ha de enterarse,
que puede regresar un poco de lo que se robó
tomando las cenizas que quedaron de mis pies
y soplando para que prenda de nuevo el fuego
pues yo ya no puedo avanzar.

Díganle pronto, por favor,
que no tolero más el chillido de las pavesas
ni el crujir de la madera al quemarse;
que los huesos revientan las ampollas cada vez que ando,
que las brasas, ceniza restante de mis pies,
están consumiendo cada lugar en que piso.
cada huella que queda está marcada con hollín.

Estoy quemando todo a mi alrededor cada que camino
y creía, en algún momento,
que iba a poder lidiar con el calor de estar vivo.

Traigan a Prometeo aunque no quiera.
Si no viene, llévenlo a él al fuego.

Inédito

Cerbero

Sentado a media tarde en una silla
justo al frente de la casa de mi tío-abuelo,
quien falleció cuando yo era chico,
sentí cómo un cachorro negro, con patas cafés,
se sentaba enseguida de mí.

Tiré el resto de un cigarro que no pude fumar
y el perro se asustó,
corriendo a otra parte y quedando
a poco menos de dos metros.

Los perros huelen la muerte.
Mi tío-abuelo murió por cáncer y mi abuelo nunca volvió a fumar.

Inédito

Veo un rostro que se dibuja en mi ventana

Es de noche y nada ha cambiado.
Comienza el eterno protocolo,
ese de morder una pastilla a la mitad
para ir a que mamá me mienta y diga que descanse.
Luego vuelvo, a tientas, al sueño.
Y me miento, no duermo, no intento hacerlo.
Veo un rostro que se dibuja en mi ventana
no es de nadie.
Su nariz huele la noche
y sus ojos no me alcanzan a percibir.
Los perros, lejanos, ladran
y el que tenemos en casa, duerme.
Ni el perro, ni mi familia que descansa,
sabrán que hay un rostro en la ventana.
Es de noche y todo sigue como siempre,
nada ha sucedido y pareciera que no amanecerá.
El rostro de la ventana se despidió.
Estoy durmiendo y ya no podemos vernos.
Pronto amanecerá y nadie sabrá
que esos ojos y los míos estuvieron viéndose
sin saberlo. El espejo miente
nunca fue una ventana.

Inédito

Prado: cuando el pan nace desde la música

Prado: cuando el pan nace desde la música
Una panadería de autor que experimenta con los sabores
Juan Prado. Foto: Miguel Asa

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.
Gabriela Mistral

La canción suena a cada rato. La escucho con El Hijo de Tere y lo recuerdo. Siempre habla de mi beca vitalicia de pan y me alegro. No sé en qué momento se descubre que el pulque está en la composición de un pan y los poemas nos descubren inocentes infantes. Y es que en algunas ocasiones nos controlamos los corazones con un sencillo sabor, en muchas otras, nos disparamos todo tipo de textura para remediarnos la vida. Así sucede con Prado, la panadería de autor que desde hace un año se encuentra establecida en el barrio de Santa Tere, en Guadalajara, México. Ahí, ubicada en las calles Juan Manuel y Nicolás Romero, sucede una infinidad de mezclas que día a día se ofertan a la comunidad, en dicho recinto y en distintos locales gastronómicos de la ciudad. Es un placer conciliar esos sabores cada mañana y el brío se despeina cuando suspiro de su sabor.

Panadería de autor. Foto: Miguel Asa

Desde hace ocho años, Juan Prado, un panadero y músico tapatío, se independizó con la finalidad de hacer diseños de panadería, como él le llama. En sí, desde hace 25 años, ha explotado su creatividad en la labor de las masas. Y con el tiempo, su carácter, su buena onda y su música le han acompañado dentro del medio gastronómico y cultural. Su idea parte de una búsqueda creativa hacia el paladar. A cada pan lo considera una obra de arte, un producto que no tomará de nueva cuenta ese sabor que producen las piezas únicas, las que destilan una vez ese aroma y jamás vuelve. Así, en ocasiones, la producción de dicha panadería se encuentra como una escena que no se repetirá. Y cuando cocino e integro cada textura de algunos de sus panes, me desbordo, me enamoro y me pierdo, soy justo, no volverá la receta, no existirá en la lengua ese momento de exquisitez y gloria.

Juan Prado en mostrador. Foto: Miguel Asa

Y con todo eso, en ocasiones no consideramos que tengamos la posibilidad de probar un pan de café, de pulque, de vino, y cuando menos lo esperas, sucede. Juan, o “Padrino”, como algunos de la pandilla lo conocen, ha creado en compañía de la trova, diversas líneas panaderas que han surgido de sus manos como maestro, aprendiz y colega desde su perspectiva. Prueba de ello son los clientes que le reconocen su trabajo, y que cada vez más, el sabor de barrio nos llena de experimentos, nos deleita en varias posibilidades. Así, las recetas han variado en cada día, aquella panadería tradicional mexicana con sus respectivos toques; recetas blancas, integrales, con masa madre; pan de caja con centeno, roles glaseados a base de pulque, pan de café con relleno de chocolate, conchas con chocolate y café o con vainilla y cacao envinado; es algo indomable, algo inimaginable, y el sabor cuelga de un verso y la guitarra sigue.

 

Conchas. Foto: Miguel Asa

Todo lo creado surge desde una idea de innovar, experimentar, explorar, eso es lo que demuestra la propia poética del proyecto. Cada bocado es una canción que recordaremos de memoria e intentaremos cantar una y otra vez. Sin embargo, pese a ello, Prado tiene establecidos sus productos de línea, que de igual manera, han sido recetas creadas y equilibradas para su producción diaria. Así que, entre tanto lío, uno puede encontrar el amor a primera vista o el compás de una buena melodía entre la batidora del lugar. Es necesario preparar, analizar, disfrutar la diversidad de los caminos que nos presentan sus recetas, cada mezcla con otros alimentos, nos entregan texturas maravillosas al corazón. Nadie dijo que la cocina, en sí, la panadería, no tuviera secretos para enamorarnos de la vida una vez más.

El pulque a la harina. Foto: Miguel Asa

La canción la repito “Agua y mar”. Un caminito frío busco en la inmensidad. El fuego me despierta. Quiero bailar una mañana con ella y pan de pulque con té. Deseo cocinar para mis amigos y pan de café con un tequila. Anhelo despertar y pan de centeno con manzana verde, miel y un queso extraño. No sé cómo se crean los poemas de la mano del pan de Juan, pero me percibo como si fuera un baile.

Cada día es un tiempo de una mancuerna divina esta la de probar, en cada oportunidad, dichas experiencias. Y así, me fui alguna vez, cuando me pidió que hiciera algo de mi trabajo para él. Algunas líneas y unos colores cálidos fueron la receta para retratarlo brevemente como identidad de su proyecto, de su tienda, de su concepto. Y es que, una panadería de autor, debe tener una identidad de autor, y así yo, entre mis peripecias gastronómicas, prepare mi propio pan visual para Juan y su comunidad, y de ahí, una amistad tan grande como los hornos del universo.

Empanadas rellenas. Foto: Miguel Asa

Pero no todo queda ahí, el sabor de cada uno de sus panes integra una comunidad solidaria, es un reflejo de alegría, paz y humanidad. Y esto representa más allá de la maravilla de ser, pues Juan y su equipo de colaboradores, siempre se ha sumado a causas sociales, así con personas con enfermedades mentales, como con personas en situación de calle, y otros tantos más, pues para el proyecto, la misión es contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas en su contexto, siempre, desde una razón justa y honesta como micro empresa.

En ocasiones podríamos creer que el pan es la discordia de los alimentos, pero su creación es tan vieja que realmente no podemos cuestionar su evolución hasta nuestros días. Ha sido como la poesía quizá. Y es que Juan, también, usa bicicleta para distribuir su pan, y de ahí, que su evolución también sea en las dos ruedas. Y es así, claro, preciso, así, equilibrado, emocionante, pues Prado es una panadería que entrega en sus sabores benevolencia a los amantes, lealtad a los amigos y unidad a la familia, todo eso, bajo la preocupación de crear productos de calidad, sensibles en el sabor y balanceados en la compartición. Ahí, con justa razón, es hablar de colectividad y comunidad desde la receta a la cultura.

En el horno. Foto: Miguel Asa

La canción sigue. Y sigue con café. Algún truco poético en la cocina. Y sigue la charla. Y es que llegan de diferentes maneras y el domicilio se convierte en un breve encuentro, y uno le apura al café, el otro llena la charola, y alguien más se sacude el aroma y come, una mordida, un pedacito, de la composición de un pan, y la mañana nos ha creado un congreso de sonrisas, pues trabajar en Prado es “observar, analizar, ver las técnicas y emplearlas de una forma innovadora; ese autor que imagina algo, más que crear, debe saber manejar los diferentes productos que tiene; es intercalar, intercambiar”, comenta Gilberto Flores, maestro panadero y colaborador.

Además de todo eso, la consideración hacia el cliente es una prioridad, pues “la experiencia que he obtenido aquí es tener la apertura a las diferentes necesidades de las personas, pues algunas llegan y tienen diferencias conforme al cliente en general, pues no pueden conseguir diversos alimentos aptos para ellas en algunas tiendas o en los grandes comercios; así el hecho de que llegan aquí y se sientan abrigadas con el entendimiento que se les brinda. Por ejemplo, si son veganas, tenemos alguna opción, si son diabéticas también, si son alérgicas por igual”, comparte Elizabeth Velasco, colaboradora de la panadería.

Juan y colaboradores. Foto: Miguel Asa

Pero no sólo los clientes tienen su lugar, sino que también quienes pasan por las mesas de producción se han convertido en evidencias de aprendizaje, ya que “ha sido un avance muy importante, estoy aprendiendo mucho desde que entre, siento que sí he cambiado… como que tenemos un proceso de adaptación para coordinarnos en el trabajo con el fin de tener empatía con la gente, una posibilidad de intercambiar ideas, y es lo que se hace aquí, opinas tú algo y es lo mismo que te aportan, es una familia”, indica Leslie Moreno, asistente de producción.

Y todo esto no se saborea en un primer bocado. Hay que descubrir sin medida las posibilidades de querer degustar el sabor de un buen pan. Prado, panadería de autor, tiene su propio estilo, tiene su propio público y no se muestra como competencia, si no como una voz de diversidad y de diseño. Hay que llegar a los aromas que precise el verso para contener migajas formidables, la mañana en el párpado de la gota y así surgen las miradas. Se genera el compás y se pedalea con sabor a colectividad. La canción existe. Hay pan, poesía y anhelos, simplemente hay que degustarlos lentamente, en el intermitente mundo de nuestras lenguas.

La cortadora. Foto: Miguel Asa

La canción seguirá ahí, como acompañante de la poesía que se lee por las mañanas con el café, y ese mordisco al pan, al sabor, al trabajo de equipo. Así ustedes, pasen a degustar, que el verso surge desde el horno hasta la comisura de los labios. Que sea la poesía un sabor espléndido de la noche. Buen provecho.

Horario: 8:30 a 19:00 horas.
Ubicación: Juan Manuel 1202, Colonia Villaseñor, Guadalajara, Jalisco.
Teléfono: 33 1016 1049