Monoleaks: la saturación colectiva del trazo

Monoleaks: la saturación colectiva del trazo
La creatividad es un sueño de Las noches de Prisciliano
Monoleaks. Foto: Miguel Asa
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Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.
Reinaldo Arenas

Una casa en la calle de Prisciliano Sánchez, dentro de la zona Centro de Guadalajara, México, fue interrumpida por un grupo de artistas de distintas índoles de la ciudad desde 2019. Crearon un bastión energético en cada noche de lunes con alegría, demencia y cuestionamientos. Surgieron trazos para allá y para acá. Unos sueltos, otros divergentes, y de repente, todo cambió. De esas noche surgieron los Monoloeaks, un grupo de creativos, entre plásticos, gráficos, visuales y caricaturistas (moneros en sí) se dieron a la tarea de convertir al trazo en una sustanciosa elevación del trabajo de la mano, no sé si zurdos o diestros, pero todos, con una gran soltura, para provocar pensamientos, emociones y sentimientos con distintos cortes.

El engranaje en el detalle. Foto: Miguel Asa

“Lo que queremos es renovar, de hacer un parteaguas de esta exposición y continuar hacia el futuro. Estos fueron cuatro años de experimentación gráfica visual, de alucines y drogas. Estoy muy feliz y contento de compartir con gente que me ha llevado a esto”, menciona Pit, coordinador-fundador de dicho colectivo.

Este proyecto surgió como una reunión de creatividad, de convertir dicha experimentación en una apertura de diálogos, de una mezcla de ponderaciones, de emulaciones y de conjugaciones. Todos han sido todos. La libertad siempre ha sido una búsqueda constante en cada imagen. Los detalles, aunque parezcan absurdos, es el detonante mayor. Ellos se describen como “un ejercicio de creación y colaboración al mismo modo de los surrealistas de los años veinte, para en colectivo generar, semana a semana (por más de un año), una muestra peculiar de cadáveres exquisitos”.

"Carnivoros" de Xerenthiu (fragmento). Foto: Miguel Asa

Y por tal motivo, a inicios de octubre de 2021, los Monoleaks presentaron su exposición Horror Vacui, una entrega de distintos trabajos colectivos e individuales que se manifestaron en la Sala Juárez del Laboratorio de Artes Variedades a cargo de Cultura Guadalajara, y en la que el precepto se concibió como la ridiculez del espacio vacío. Pues si bien, el trabajo de todos en cada imagen fue deliberar con líneas incontables un peculiar trabajo lleno de complejos movimientos, cuestionamientos y direcciones de la pluma. Cada una de las piezas contiene de manera abrupta la saturación de contenidos, y es que, al ser esto el objetivo principal del trabajo conjunto, se torna una dimensión posible, un impacto exquisito para la mirada del espectador, y a su vez, una reflexión de la entidad humana y todas sus posibilidades. La imaginación no para.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Así lo mencionó Xerenthiu, parte del equipo, “es pura locura, no hay reglas, es nada más como que alguien empieza un dibujo, y por iniciativa, toda la intensión siempre es llenar espacios, pero como por instinto, porque no se dijo en ningún momento que se tenían que llenar espacios. Por eso se llama Horror Vacui, porque inconscientemente todos quieren llenar todos los pinches huecos que quedan, que sean todos saturados. Pero no hay reglas, se puede dibujar lo que se quiera”.

Horror Vacui. Foto: Miguel Asa

Abner Rojas, encargado de la museografía de esta exposición, comentó que, “la verdad fue un reto, fue bastante complicado porque era demasiada obra, entonces, lo que hice fue una composición distribuida en la que predomina el diamante, y a su vez, la espejee, cada muro esta dividido a la mitad, en la que hay un diamante, un cuadro y un diamante. De esta manera, realmente, se resolvió el problema del espacio, de la distribución de la obra, la colorimetría y el discurso del montaje”. Con esta lectura, el espectador podrá profundizar desde las distintas etapas de los Monoleaks y sus procesos, que van desde la desgracia, pasan por el humor ácido y se entregan totalmente al caos, sin nunca olvidar que todas y cada una de las piezas genera una carcajada sobre la realidad, hermosas esas particularidades.

"Nova forma" de Esaú HZ (fragmento). Foto: Miguel Asa

Por su parte, Dulce Cruz, una asistente a la apertura mencionó, “es el trabajo de todos, el sentir, son un grupo de amigos, que la verdad, eso es lo que provocan, muchas sensaciones en lo que están dibujando. A parte, entre ellos, hay cierta química que es muy padre y que provocan proyectos muy chidos.” No es por demás que esa inauguración funcionó como un cierre, pero al mismo tiempo, el inicio de otra etapa de los Monoleaks, porque entre ellos hay amistad, confianza y colaboración, algo digno de sobresaltar, la colectividad para la colectividad.

Discursos Monoleaks (fragmento) Foto: Miguel Asa

Sabrina Buenrostro, pintora y amiga del colectivo, compartió que este trabajo le había parecido “encantador, encantadoramente caótico y bizarro. Es como una danza entre el ego y la humildad, desapegarse de tus trazos, me parece bastante interesante y enriquecedor”. Tambipen, Alhelí Cerda, una asistente más, manifestó que “cada área de la exposición tiene sorpresas, te atrapan. Es una experiencia muy viva porque te está atrapando a cada momento.”

"Reina Náusea" de Xerenthiu (fragmento). Foto: Miguel Asa

Monoleaks es un encuentro en que Astroboy no se sentirá un freak en toda esa saturación de pensamiento. Es un parteaguas con su propios ejes divinos. Se trata bien de un poema con distintas vertientes que se plasma desde la máquina hasta los líquidos humanos. Seamos pues, comunidad, parte de las tragedia alegre de este bienestar vacío que se encuentra lleno de colectividad, ellos somos todos.

Totalidad Monoleaks. Foto: Miguel Asa

Gracias por este caos creativo Erándini, Esaú HZ, Erik Zermeño, Fuma El Justo, Pit, Chattex_x, Sadek Reynolds, Omar Nava, Xerenthiu, Jors Salazar, Paulette Valle, Manchón, Santiago Fregoso, Montelogo y a todos aquellos que me faltaron por mencionar, que directa o indirectamente son parte de este proyecto. No queda más que vivir el orden con desorden, y que no exista estrategia para contemplar la vida desde un lado en conjunto con la de otros. Hay que compartir el trazo para explorar la imaginación y volvernos locos en nuestra libertad.

"Vikin-good" de Erik Zermeño y Fuma El Justo (fragmento). Foto: Miguel Asa
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Ángel Ortuño: poeta réptil con dientes de Motörhead

Ángel Ortuño: poeta réptil con dientes de Motörhead
Un humano que se vistió de rock, poesía, tatuajes y humor negro, se ha ido
Ángel Ortuño y compañía Foto: Miguel Asa
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Drink and dance and laugh and lie,
Love, the reeling midnight through,
for tomorrow we shall die!,
(but, alas, we never do.)
Dorothy Parker

En memoria de Ángel Ortuño (1969-2021), poeta y amigo.

Ángel, convoqué a tus voces para decirnos adiós y aquí están los ecos:

Recuerdo cuando me diste un libro, u otro, no sé, una película. Recuerdo las risas de corrección, los maestros incoherentes y sus status quo de mierda. Nunca la ironía me supo tan negra, ni los versos se me llenaron de palabras secas, metálicas y metaleras. La muerte no toca a quien vive en las palabras de sus alumnos, a quien escribe con punk la nueva marcha de la poesía.

Vanessa Botello

Ángel fue un poeta, en primer término, poderoso. Como ninguno. Único, porque creó un lenguaje donde convergían el sentido del humor, el aprendizaje vanguardista e incluso el truco, el artificio y el engaño. Algunos de sus amigos, Víctor Ortiz, Álvaro Luquín y yo, lo esperábamos para desayunar. La noticia fue un golpe tremendo, todavía no la asimilamos. Maestro de muchos de nosotros, un amigo entrañable. Creo que no podríamos calcular la proporción de su legado, eso solo lo podrían decir todos aquellos que al encontrarse con su obra transformaron su visión de lo poético y, quizá, de la vida. Como aquél siempre contemporáneo, Rubén Darío, Ángel Ortuño era un poeta muy antiguo y muy moderno. Más que eso: de tan presente, futuro. Lo seguimos esperando.

Carlos Vicente Castro

De Ángel a ángel

Como el transeúnte que veía poesía
en las calles,
en los buses,
en la burocracia del hospital.
Como el poeta que hacía memes
de los clásicos,
de la poesía,
de sí mismo.
Así le recordará esta que escribe.
Qué es la muerte para quien
se burlaba de la vida misma:
pretexto para Ser poesía.

Lucy Cruz Granados

Ángel fue un gran poeta que unía a la comunidad cultural. Uno de los mejores exponentes de la poesía del occidente de México. Todos lo vamos a extrañar.

Marco Antonio Gabriel

Yo admiraba a Ángel Ortuño: compraba sus libros, atendía sus presentaciones en las que, para mi sorpresa durante sus lecturas, leía a poetas mujeres y compartía poemas maravillosos de ellas, en lugar de hablar o leer algo de él. A pesar de eso, su porte rudo-dark y su tatuaje de Motörhead, me mantuvieron a cierta distancia durante un tiempo. Vencí esa timidez para pedirle que estuviera en mi primer programa de Poesía on the rocks el 12 de febrero de 2016, fue Ángel Ortuño, ese ángel-dark y luminoso quién me acompañó en aquel tembloroso primerisísimo paso sin conocerme. No es sorprendente que ese día habláramos de Lemmy Kilmister, también estuvo Álvaro Luquín y los tres fuimos de Kilmister a Bowie, quien en 1971 fascinaba a su público vestido de mujer (romper géneros fue cosa de viejos rockeros y rockeras como Patti Smith). También me acompañó como tallerista en el Calle de Cervantes, en las lecturas que organicé de poesía para no poetas y hasta compartimos mezcales más de una vez en La Occidental. Hoy, su último post en Facebook, fue para compartir la portada del libro Vine porque me pagaban de la poeta rumana Golgona Anghel, creo que no podía despedirse de otra manera.

Y vendrá el camarada a salvarnos porque para los ojos

de su amor infinito,

todos somos

los únicos.

Iliana Hernández Arce

Ironía es
que se llamara Ángel ese ángel
del dios
de la ironía…

Isaac Ortiz

La muerte de Ángel nos deja un vacío, a muchas y muchos de mi generación pues, además de las gran amistad y generosidad, su poesía nos enseñó la manera de una escritura delirante sobre moldes clásicos. Era Roxy Music sobre Manrique. Un decir no a lo politicamente correcto. Descotidianizar lo cotidiano.

Álvaro Luquín

Gracias por los momentos de risa en las clases, por las anécdotas, por la invaluable enseñanza. Por “Pierre Menard, autor del Quijote”, tardé en darme cuenta que era de Borges. Espero que en donde quiera que esté, siempre disfrute de una buena taza de café, profe.

Ámbar Orozco

De Ángel aprendí a comprender la poesía de otro modo. Entendí que hay algo más allá en el poema. Lo recuerdo mucho hablando de poesía varios cafés y bares de la ciudad y hablando de libros en la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz o en Ediciones de la Noche.

Pero sobre todo, la noche de hace siete años cuando habló súper emocionado de Viaje de gorilas, del poeta ecuatoriano Jorge Carrión, libro que publicamos en Ediciones Morbo y que presentamos en el Ex Convento del Carmen.

Leer Aleta dorsal o Las bodas químicas fue revelador cuando los leí, siendo estudiante de literatura en la Universidad. Porque a pesar de que Ángel no me dio clases en las aulas, sí lo hacía en sus libros o en las charlas que tuvimos en cualquier lado.Y lo que creo que no olvidaré jamás es justamente ver a Ángel en la puerta de la Biblioteca, cuando iba a leer para salir de la ciudad. Gracias, Ángel.

Miguel Ángel Avilés

Estafa 2014
De Ángel Ortuño escuché una vez decirme:
-¿Quien te estafó era de la tercera edad? No puedo enojarme con él, creo que es admirable que se dedique a esto.

Nalleli Sánchez

Pienso mucho en Ángel no sólo como poeta sino como un anarquista poético. Fue capaz de romper, doblar y transgredir el sentido más tradicional de la poesía para recuperar su función ancestral: conmover al lector. El leer un poema de Ángel era un despertar abrupto, un ejercicio de desgarrar lo preconcebido. Creo firmemente no solo que Ángel Ortuño hacía poesía, sino que hacía de la mejor. Esa poesía inteligente, que denuncia los males del mundo y se mete muy dentro, porque abraza lo inefable desde la cotidianidad. Creo, finalmente, que el mayor legado de Ángel no es simplemente su lírica, sino el modo en que él, como persona, influyó en quienes lo conocimos. Fiel a sus convicciones, traidor del patriarcado, metalero irredento y padre ejemplar, Ángel Ortuño fue ejemplo de poeta, de anarquista y de hombre.

Emmanuel Caballero

Ángel Ortuño fue nuestro maestro

literalmente
en tercer semestre de Escritura Creativa

nos enseñó que la literatura es un ajedrez
donde un scriptor es un peón
un compilator una torre
commentator un alfil
el auctor es la reina
y el rey el canon

Ángel Ortuño pasaba su mano por el tablero
tiraba todas las piezas

y se ponía a jugar con los caballos a las muñecas

Manuel Jpg

Me piden que escriba unas palabras sobre Ángel Ortuño. Es difícil hacerlo y saber que no estará más. Tuve la suerte de ser su amigo y también su editor. Preparábamos en estos días su ingreso a Nox como profesor en la materia de poesía. Hablamos hacía muy poco para preparar el programa y bromeamos sobre nuestros achaques y la temible esofagitis. Estor consternado, sorprendido, encabronado por su muerte. Ninguna muerte es justa, menos la de alguien tan talentoso. Un poeta especial y diferente en la literatura mexicana. Nos conocimos hace muchos años -¿treinta, quizá?-. Escribo esto y me doy cuenta de que sigo hablando de él en presente. Nos conocimos hace demasiados años mientras él iba a la facultad y yo acompañaba a quien era mi pareja de entonces. Luego coincidimos en muchos lados, en revistas, en editoriales, en fiestas. Hoy por la mañana, al recibir la noticia de boca de otro querido amigo, me vino toda la tristeza del mundo porque hemos perdido a un hombre generoso, divertido y con un talento enorme.

León Plascencia Ñol

De una alumna para el profe Ortuño
1. Gracias al profesor de planta por hacerlo su suplente.
2. Mane, Tecel, Fares.
3. Prometo probar el café como usted dijo.

Dani Gz Vega

—Hermafrodita, dijeron.
—Como en la canción de Steel Panther. Dije al frente, el profesor sustituto reía, sólo él.

Por hablarnos lo mismo de Gloryhole de Steel Panther que de Mane, Tecel, Fares: los días de la poesía están contados.

Cindy Hatch

Ángel Ortuño fue un poeta que negó siempre serlo, más allá de su humildad, bonhomía y accesibilidad, fue un gran amigo y contertulio de los más diversos banquetes literarios en los que participó, siempre haciendo gala de una sabiduría deslumbrante que matizaba con su no menos llamativo humor punzante, inteligente y desenfadado. Sabía como pocos de poesía, cine, cómic y rock. Amante de Mötorhead, más allá de lo musical, fue sin lugar a dudas un poeta contracultural. Quienes fuimos testigos de todo ello, hoy lloramos la estela que deja tras de sí este poeta mayor, que viajaba en urbano de Tlajomulco a Guadalajara todos los días con una sonrisa eterna y juvenil como sus camisetas negras y sus botas industriales. Dónde estés ahora Ángel, sabemos que estarás con Lemmy tomándote una Victoria.

Roberto Herrera

Recuerdo en especifico un día, no recuerdo la fecha, pero los pequeños clips de 30 segundos que grababa en su clase que concuerdan con mis recuerdos lo marcan como el 13 de febrero de 2020, durante la vida prepandemia.

Él llevaba construyendo el punto de esa clase durante un mes, ese día llegó e hizo lo que nunca: ponernos a trabajar. Sus clases solían ser una especie de conferencia de temas académicamente complejos abordados desde la sencilles en la que se habla en una tarde de chelitas con compas, pero en esa ocasión nos sacó de la rutina durante los primeros 20 minutos.

La actividad fue sencilla, a la fecha me sigue pareciendo un disparador creativo muy interesante, consistía en buscar una noticia aleatoria y el primer párrafo acomodarlo “como poema” y de pronto cosas que sonaban ridículas, como la boda de una lagartija, una actualización de emojis, una desviación de fondos muy mal hecha, de pronto se volvieron una lectura satisfactoria.
Lo recuerdo con tanta claridad porque me cambió. Ángel me cambió la perspectiva que tenía de la poesía, de la literatura como objeto de estudio y de la vida. Gracias a él aprendí a cambiar mi perspectiva de muchas cosas y aún hoy me parece increíble que ya no esté aquí, ayudando a cambiar perspectivas, a reforzar el gusto literario de las personas, que ya no esté aquí para enriquecer cualquier momento, porque su mera presencia ya volvía ese momento una experiencia completa.



Es evidente que se quedaron miles de corazones rotos tras su partida, pero él seguirá entre quienes lo recordemos y lo sigamos leyendo.

Criss García


Ángel, ayer me recomendaste que viera Las pestes de Breslavia. Ya la estoy viendo, el día que nos volvamos a ver, te digo qué me pareció.

Ánuar Zúñiga

Esta noche, la suma de todas mis pérdidas yacen en el cuaderno
entre nosotros, kilómetros y kilómetros de muerte y vida al final del puente;
dos tomas de agua y un sorbo de café a media mañana después del primer riff.
Una navaja hiere el muro otra vez, líneas entre líneas sobre la piel
Se mudan las palabras entre los rincones, donde la ausencia toma su trono
y los silencios hacen alarde de su triunfo otra vez después de la última desdicha:
la muerte de un poeta no tiene nombre ni perdón.
No más visitas con el oculista.
No más visiones nocturnas.
No más pasos vagabundos.
No más afectos
ni risas
ni nos
no.

Renata Armas

Recuerdo muy bien lo primero que nos dijo: todo lo que no es verso, es prosa y todo lo que no es prosa, es verso. Era una frase de alguien que intentaba sonar elocuente, pero Ángel la transformó en una lección. Escucharlo era como oír un poema que surgía de la improvisación, como un baile entre las palabras y los significados. Ángel Ortuño hablaba en prosa poética. Convertía lo cotidiano en lo sublime, un chiste y un regaño a un poema, la constitución en un poemario. Como un alquimista de las letras.

Jesús Ramírez

Hemos visto en las redes sociales en estos días una profusión (absolutamente merecida, por supuesto) de publicaciones, notas, crónicas, sobre él y su obra poética. Han transcrito poemas completos en páginas y revistas, tanto de México como de Estados Unidos. Han mencionado la originalidad y desenfado de sus textos; la gran calidad humana que siempre mostró con su familia, amigos, conocidos, colegas. Yo quiero mencionar, porque creo que en esta área llegué a conocerlo un poco más, la disposición que mostró para entregar a sus alumnos esa visión amplia, libérrima, siempre nueva, de la literatura y en especial de la poesía.

Luis Martin Ulloa

El irreverente Ángel, el de la dulzura ácida, ese que roba a mano armada la carcajada y el asombro, se fue, y no hay ninguna otra mezcla dura tan llegadora que lo sustituya, ni hoy ni nunca.

Rossana Camarena

Siempre en el recuerdo y en el corazón, poeta. Buen viaje.

Luis Medina

Ángel Ortuño en Vía Literaria en 2015. Foto: Miguel Asa

Hablar de rock y poesía en la noche, interrumpir alguna que otra lectura, colocar versos en el tren ligero, escaparme las tardes para dialogar un poco en tu oficina, creer que la poesía concreta fue un augurio para viajar, escribir tan sólo con el fin de celebrar la ironía, esperar la consagrada motocicleta, pensar en las canciones de metal, establecer un énfasis de la marcha de una libélula, descubrir a Mazinger Z en el fondo del volcán y de vez en cuando pensar en la acidez de vivir. Escribir esto, es sólo una muestra de agradecimiento por la capacidad de expandir los motores de una mariposa eléctrica. Convoque para despedirnos y aquí estamos las voces. No supe cuándo lo debía romper y ahora ya no hay fuego. Como me escribiste alguna vez: “De ahí la nostalgia: el dolor de lo que se sabe lejos al recordar, sentir, qué está muy cerca”. Desde amigos, conocidos, alumnos y más, gracias. Misión cumplida.

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Plataforma PLACA: un poema entre México y España

Plataforma PLACA: un poema entre México y España
Proyecto puente entre la literatura chilango-andaluza y más allá
Iván vergara y compañía. Foto: Archivo
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Te dejo libre de día
con los ojos ambar cerrados
confiando en cada mano
que cubre tu cuerpo blanco. 
Ayari Lüders

Hay un trabajo de años, de pasión y de muchos días de lectura. Hay un puente entre una palabra y otra y surge una vinculación enorme. Siempre, del lado independiente, se hace la labor, la edición como principio, pero siempre, la unidad entre una y otras partes, en ocasiones con viento, otras tantas con flores, pero siempre de la mano de la creatividad. Así sucede con Plataforma PLACA, una reunión de creativos que surgió desde algunos inmigrantes en el contexto de Sevilla, España, y que al día de hoy, ha conectado a distintas ciudades de México, España, Estados Unidos y Chile.

Entre un número bastante surtido de proyectos se encuentra un gestor literario que está en constante movimiento para su existencia, Iván Vergara. A él llegué de la manera menos pensada, eso fue gracias a las palabras de nuestra amiga y poeta Ayari Lüders (+), quien me habló del proyecto, allá por el invierno de 2018, y de todos el ejercicio enorme de colaboración y cooperación.

Plataforma PLACA. Foto: Archivo

Entonces di cuenta de las posibilidades de la poesía en ese formato. Conocí la pasión y todo sentimiento por vincular dos ciudades, Sevilla y Ciudad de México, y el ocaso se convierte en un hilo de voces que se conjugan entre presentaciones, lecturas, exposiciones, producciones, y una gama de eventos que mantienen viva esa relación que surgió desde el el atrevimiento de emerges como migrante bajo una voz solidaria con la comunidad.

Y así, de cuando en cuando, entre un mensaje y otro, he conocido la labor de Iván y de todo el equipo y la esperanza avanza. Dicen que son utopía en la realidad desde 2006 y así lo creo. Entre una feria, entre una luz cenital, entre los libros, entre las reuniones, así anda desde hace tiempo, y no por demás, la tarea de vincular a distancias es una dosis de versos indescifrables, algo así como una nebulosa de corte blanco entre miles de colores.

Simultaneidad. Foto: Archivo

Plataforma PLACA es una suerte de colaboración, en el que la poesía tiene mucho que ver, y otras artes, también le son compañía. El desarrollo de todos los proyectos que han surgido a lo largo de 14 años, son la experiencia de la comunidad, del trabajo, de la unión, de la colectividad y sobre todo ello, de las personas, pues si bien es independiente, gran parte de su trabajo le apuesta a la libertad de colaborar con el fin de potenciar el de otros, en conjunto.

Sólo sé que Iván anda por ahí con algunas de nuestras calcomanías, gracias al bailaor, Rodrigo Robels, quien las llevó directamente a sus manos, y otra vez más, hay puente. El ejercicio de Plataforma PLACA nos entrega la posibilidad más de sabernos presentes, desde la palabra a todos nuestros universos: cuántos puentes hay entre un verso y otro.

Asistentes. Foto: Archivo

¿Cómo es la poesía entre México y España?
Nuevos formatos están apareciendo gracias al entorno digital y ahí la expansión es cada vez más visible con todas las muestras de poesía transmedia #ciberpoesía que están surgiendo. Siento que en España aún están anquilosados, con cierta renuencia a abrirse a un mestizaje creativo con el entorno hispano, y eso les está lastrando. También es verdad que en los últimos meses he ido descubriendo obras de poetas muy valiosos en este país. México y España están ligados profundamente y todo lo político no deja ver lo maravilloso de ello. Ambas son tradiciones que se interrogan en su terreno, pero que encuentran en el lenguaje su punto de anclaje. Me parece que la poesía en México tiende al rompimiento, mientras que en España la tradición es importante se mantenga.

¿De qué manera tejen el color de la poesía?
Imagino entornos híbridos, horizontales y sin alturas que midan tradiciones poéticas. Imagino un mundo poético donde los tejidos de color en cada región fuesen uno solo: alebrijes y bestidos de feria de abril ¿qué podría salir mal?

Editorial Ultramarina C&D

¿Por qué la unión de dos comunidades?
Porque es inevitable. Lo que sí parecía insospechado en estos últimos años ha sido el desembarco de una cantidad ingente de creadores hispanos en España, haciendo que Madrid se esté convirtiendo en una capital hispana en Europa para los americanohispanos. De manera natural se ha dado, incluso con el COVID de por medio.

Con el trabajo de la Plataforma PLACA intentamos fomentar y hacer crecer el puente cultural que existe entre nuestras naciones desde hace siglos. Solo que en esta ocasión lo que requerimos de parte de España es no mirar esto desde un pedestal, sino como el que abraza al primo que viene de lejos a quedarse en casa.

Necesitamos intercambiar experiencias y esta unión es lo que puede originar una eclosión maravillosa de hispanos en Europa.

Por las calles. Foto: Archivo

¿De qué manera son puente?
La PLACA tiene tres ejes para hacerlo: producción, que involucra el Recital Chilango Andaluz, el Gabinete Salvaje, Nuevas Miradas, Transparencias, Invasión, Cercanías y otros eventos en directo. Publicación, que involucra a la Editorial Ultramarina C&D y la Colección Zerkalo; finalmente la promoción o comunicación, la hacemos en las múltiples redes sociales en las que tenemos una amplia presencia.

Todo esto lo dirigimos a una cuestión muy sencilla:potenciar la ida y vuelta de la creación artística y poética de nuestros días, desde la tradición hasta la más visceral vanguardia, tanto tecnológica como artesana, que es donde nos encanta estar. La creación de esta red ha crecido a niveles inmensos, así que está ahí para su uso: es un pastel muy grande que no queremos comer solos, es una fiesta y todos están invitados.

¿Cómo funciona la vibración de la comunidad PLACA?
Es una relación acuática donde todo fluye, o al menos nos esforzamos mucho para que así sea. Necesitamos seguir sosteniendo estos proyectos con la certeza de que los coordinadores permanecerán durante un tiempo indeterminado, pero que será lo necesario para que los veinticinco proyectos se mantengan en activo.

Así que es como una utopía: no es un grupo de poetas que se publican a sí mismos, sino una red de colaboración que genera profundos cambios, desde lo interno hasta lo social, desde la inmigración hasta el sedentarismo. Nos encanta lo de trazar puentes para que se transiten, los ponemos ahí a disposición.

Degradado. Foto: Archivo

¿Qué cosecha editorial ha entregado en el tiempo?
Son ya sesenta libros los publicados por Ultramarina C&D, son doce colecciones definidas para abrir espacios, tanto para poetas con experiencia y carrera, como personas que están comenzando su carrera literaria y necesitan un impulso para hacerlo.

Estos títulos están orientados prácticamente todos a la poesía, aunque no desdeñamos la literatura y los clásicos. Nos sentimos muy orgullosas de ser parte de esto.

¿Cómo ha sido la expansión de los versos?
Desde la experiencia personal hasta la aceptación de lo diverso como riqueza. La poesía es un total que se pierde en lo fragmentado. Hemos decidido publicar algunos tonos poéticos, pero en los eventos que producimos intentamos crear espacios múltiples. Sin la diversidad nos sentiríamos atados a lo convencional; ahí no nos encontrarán.

Poesía en un bar. Foto: Archivo

¿Qué procesos han determinado para ser una máquina poética?
Una consecución de pasos donde nos han animado cientos de personas que aprecian esta labor: inmigrante, independiente y contracultural. Nos anima pensar que estos son proyectos luminosos, que de cierta manera intentan contener toda la deriva fronteriza y de lejanía que se propaga en lo contemporáneo.

Luego nos agarramos a ese concepto tan amplio como es ‘lo poético’, intentamos dirigirnos a ello más allá de los individualismos. Esto no es un terreno propicio para quienes buscan el reconocimiento propio y por ello quizá tanta gente entra y sale: es un proyecto de ampliación y conexión con el otro de manera cercana.

Lo poético es la excusa, estamos haciendo crecer una red de colaboración inmigrante que muestre al sedentarismo mental que los caminos a recorrer son precisamente todos los que no son contemplados desde dentro de la jaula, de la visión propia.

La poesía como reunión. Foto: Archivo

¿Cómo florecen PLACA en sus proyectos?
Intentando soltar lo que nos conduce a la inmovilidad. Estamos pendientes en todo momento de la tecnología y las aportaciones o programas gratuitos que nos permitan generar nuevos proyectos. Nos reconstruimos cada temporada. Una muestra es el Gabinete salvaje, que en sus once años ha cambiado prácticamente en cada temporada de formato, actualmente es un magazine literario diseñado para stories de redes sociales.

Supongo que florecemos con el cariño y la amistad que frecuentan los actos que producimos, nos encanta abrir la puerta y de manera muy natural, dejar los egos afuera, acá dentro es un fiesta distinta y lo adoramos.

Hojas íntimas. Foto: Archivo

¿Cómo se sustenta el trabajo de un proyecto bilateral?
La editorial aporta apenas lo suficiente para poder soportar todos los gastos de gestión, así que contamos con el apoyo de personas que contratan nuestros servicios profesionales, sean de manera individual, o para una institución, sabemos colaborar de la mejor manera para generar lo suficiente que permita hacernos cargo de todos los gastos.

En este momento tenemos actividad durante cada mes en USA, México y España, el método es sencillo y permite pagar todo lo que vamos haciendo, son además ya quince años y nos sostiene un proyecto bien tejido. ¿Los retos por delante? Todos atraviesan cuestiones legales distintas en cada país, pero que garantice la tranquilidad económica de los coordinadores de los proyectos. Es aún una lucha para un colectivo inmigrante.

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Valentín Guardiola: los paisajes desde un tráiler

Valentín Guardiola: los paisajes desde un tráiler
Un potosino que vibró como nuestra inspiración en carretera
Valentín Guardiola. Foto: Miguel Asa
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What have we found?
The same old fears
Wish you were here
Pink Floyd

Para toda mi familia, por el amor que nos profesó.

En las carreteras siempre existen grandes gusanos que resbalan por la piel de la Tierra, de muchas formas se mueven y andan con la esperanza de la especie de manera constante. Hablar de tráilers es manifestar un universo grandísimo, único, espectacular. Pero saber que un trailero inspiró a un joven creativo es otra entidad, otra potencia, una fuerza como no dos veces. Así fue mi hermano Valentín Guardiola, un hombre que desde tengo memoria siempre entregó sonrisas y enormes alivios a la familia, a sus colegas y a todo aquel que le conoció.

Oriundo de San Luis Potosí, San Luis Portosí, México, me dio camino para llegar a muchas partes del país. Fue la puerta que le permitió a mis ojos darle el seguimiento medular a esas máquinas enormes. Nació el 2 de abril de 1968, desde el vientre de mi madre, la Prieta. Los recuerdos que tengo de niño a su lado son de alegría, diversión y calidez, y sobre todo, de mucho Pink Floyd. Sin embargo, hay más que eso, se trata de uno de los principios de Proyecto Ululayu tal como lo conocemos hoy día.

Retrovisor del 503. Foto: Miguel Asa

Con Vale, como le llamábamos en la familia, tuve mi primer travesía más cercana, más honesta y más sincera, pues con él, las carreteras fueron otra cosa, se convirtieron en mi segundo escritorio, en el sitio más reconfortante para improvisar poesía, para existirme a solas, para disfrutar de la tierra, de los versos, de los colores, de los caminos, de los traileros. Se convirtió en el poema que llevo debajo de mi bicicleta a cada rato. Y es que en algún momento de mi vida, allá por diciembre de 2003, una tarde de sábado me pidió que le acompañara a un viaje de carga hacia el norte de México. Aquel día, yo, un joven apenas con la mayoría de edad, lavaba su camión cuando surgió esa propuesta.

Recorrimos las carreteras que nos llevaron a Zacatecas, Saltillo, Torreón, Camargo, Delicias, Chihuahua, Ciudad Juárez, Fresnillo, Aguascalientes y León. Fue una semana con un frío escandaloso. Teníamos que regresar a Guadalajara para la cena familiar de las fechas esas. En ese viaje aprendí todo lo que sé hoy. Dormí en su cabina, con él y con el corazón fortísimo siempre. Comí de todo, viví de todo, y lo que más me entusiasma, es que me brindó todo. Aquellos días fueron de mis primeras épocas como fotógrafo novato. En ese viaje porte una cámara mecánica con la que resguarde toda imagen posible, sin embargo, en algún momento se extraviaron los negativos de esos esfuerzos. 

Navegación terrestre desde el 503. Foto: Miguel Asa

Hubo lluvia nocturna bajo las luces de nuestras posibilidades, amistades nuevas, sensaciones y emociones diversas; conocí las sierras rosas-moradas, los manzanales secos, las dunas del desierto, las duermevelas de las orillas, los saludos fraternos, los códigos de carretera y todo lo posible que se vive en las diez llantas. Los paisajes, después de eso, se volvieron una constante conmigo, en mis ojos nacieron jardines de palabras y todo lo que soy ahora, y más aún, todo lo que es Proyecto Ululayu con toda mi comunidad. En ese viaje descubrí el dormir fuera, potenciar mi corazón, y sobre todo, valorar cada paso, cada respiro, cada sensación del ser.

Aquella ocasión se volcó mi corazón para todas partes, para expandirme, crecer y crear, pues al regreso de ese viaje, en que contemplé a mi hermano como un hombre con todos los matices, me di la oportunidad de saberme valiente. Al regreso de Chihuahua, una parte de la carga se ladeo hacia la izquierda del tráiler y la preocupación surgió como una de las más grandes incertidumbres que he vivido. Ésta se acrecentó cuando llegamos a nuestro destino, pues al dar la vuelta por uno de los bulevares León, la caja de 52 pies que portábamos, sufrió dos pinchaduras del mismo lado en que iba ladeada. Esa noche conocí la potencia de la poesía, la soltura de los momentos y la energía del compañerismo. Nunca me dejó solo. Aprendí entonces, de sus lágrimas, que el más grato esfuerzo surge desde nuestros ojos, la mirada. Por ello, esta breve selección fotográfica que surgió en carretera en distintos momentos, Viaja corazón, y en su nombre, ofrezco como homenaje a toda la comunidad cachimbera.

Paisaje alteño desde el 503. Foto: Miguel Asa

Desde entonces descubrí que los tráilers son espacios de gran contención emocional, recintos divinos que se mueven con el fervor y la paciencia de muchas y muchos traileros. Así se mueve el país, así se mueven los países, sus sueños, sus culturas y sus humanos. Vale me aportó un valor inalcanzable para romper paradigmas en mi sociedad, pues después de la ciudad, desde aquel viaje, las carreteras han sido las que me han permitido sobrevivirme con mi poesía y mis artes, mi creatividad en sí. Puedo decir plenamente que hoy día Ululayu es un proyecto que se mantiene con un amor inmenso hacia ese trabajo tan hermoso, tan sensible y tan humano, pues desde siempre, mi hermano me mostró la paciencia y la constancia para andar: el secreto no es llegar, si no saber cómo llegar.

Después de eso vino a mí una infinidad de traileros, de cachimbas, de horizontes, de tardes, de noches, de amigos y de extraños, todo porque mi hermano me dio la voz. Pareciera que nunca fue suficiente la alegría de sabernos vivos, pero siempre supo que mi camino era el suyo, o por lo menos así se lo demostré en cada uno de mis viajes.

El río Santiago desde el 503. Foto: Miguel Asa

El Pato, como le decía mi madre, la Prieta, fue un ser enorme, con una gran sonrisa en cualquier momento de desesperanza y con la incertidumbre de sus ojos me brindo la fuerza para crecer a mi manera, a nuestras maneras. Tan es cierto todo esto que mi obra lleva la evidencia de sus pasos: las fotografías de las cajas; los viajes que he emprendido por México de diversas formas, a pie, en bicicleta, en auto, en camioneta, en tráiler, y en muchas ocasiones, de rái en distintos formatos; los poemas que he recorrido para crearme momentos; las voraces máquinas en las que me he vivido para convertirme en un rugido de paz.

Hace poco más de un año nos encontramos. Acudí en mi bicicleta al VII Encuentro de poetas Francisco González León en Lagos de Moreno, Jalisco. Así, pasaron los días, y a mi regreso, tuve la fortuna de encontrar a Vale, en la caseta de cobro de Jalostotitlán, Jalisco. Fue mi último viaje con él. Fue una coincidencia fortuita ya que era tarde y yo venía cansado. Le di las gracias al tomar mi llamada, venía una hora atrás de mí. Me recogió junto con mi bicicleta y me conoció en todo mi esplendor. Lo agradezco enormemente.

Somos árbol. Foto: Miguel Asa

Y con todo este amor, algunas personas cercanas compartieron conmigo algunas palabras, así lo hizo Armando Flores, amigo querido de la familia, “Te me adelantaste mi gran amigo de aventuras de nuestra juventud. Extrañaré todo eso que pasamos tantas veces. Espérame que te alcanzare más adelante, nunca te olvidaré”. A su tiempo lo hizo nuestro tío de familia, Bernardo Martínez, “Cuando pienso en ti, me gustaría imaginarte diciendo: ‘Tío, estoy de viaje. No llore. Algún día podrá darme esos abrazos que guarda y que también yo necesito’. Mientras tanto viviré recordando los días que pasaste aquí en San Luis conmigo, agradeciendo lo que llegaste hacer de tu vida”.

Mis hermanas se unieron por igual, Elvira Guardiola compartió, “Gracias por todos los consejos que me diste. Gracias por todo el apoyo que siempre tuvimos, el escucharnos, el cariño incondicional que nos teníamos.” Por igual, Luz Guardiola, “Agradezco el haberte tenido como mi hermano. Fuiste mi amigo. Yo te quiero. Te quiero hasta el infinito. Recuerda que pronto estaremos juntos. Duerme hermano que te despertarás en la vida eterna. Te amo.”

Por su parte con todo el corazón lo hizo mi sobrina Cynthia Flores, “Tío, tú me cuidabas de niña, pasamos muchos momentos juntos y siempre te llevaré en mi corazón. Te quiere tu Vitolilla.” Otro de mis sobrinos también lo hizo, Daniel Rodríguez, mencionó, “De aquí a donde estés en el tráiler, esperaré tu gran apretón de manos y tu jalón de greñas. Suerte en tu viaje en las estrellas”. Y la palabra más fuerte, la más poderosa, la más estruendosa, la de mi madre, la de mi Prieta, doña Paz, “He entregado a mi ser más querido.”

Y no quedaron de lado algunos compañeros, uno de ellos, el Charrua García, “Tuve el gusto de conocerlo por varios años y hacer convoy con él últimamente. Gracias Trivi.”. Así también lo hizo Iván Alonzo, “Le tuve mucho cariño porque siempre fue muy humilde conmigo. Nos íbamos a los tacos a cenar juntos en Colomos, aquí en Manzanilo, Colima”.

Hoy día celebro que en cada kilómetro que he recorrido por mi país siempre estuvo presente el recuerdo de mi hermano. En cada trazo de carretera siempre manifesté la cercanía de mis sueños y de esta inspiración que me entregó para llevarme a destinos inimaginables, inigualables, sorprendentes. Así mismo le agradezco su forma tan auténtica de ser con cada uno de nosotros, con sus amigos, con sus hijos, con sus hermanos, con mi madre y con todo lo que le rodeo.

Hoy la poesía viaja en trailer, en el 503 de la línea Auto Express Oriente, empresa que lo llevo por más de quince años por aquí y por allá, y a la que la agradezco de parte de toda mi familia, el apoyo y el soporte recibido desde entonces. Hoy todas las cachimbas están llenas de versos y las carreteras se han vuelto tertulias que esperan mis palabras, nuestras palabras. Cada rincón de mi bicicleta ha estado con él en su despedida, y al igual, escuchamos a solas y en silencio todo el álbum Wish you were here de Pink Floyd, ante su cuerpo, como mi pequeño homenaje.

Elevación (Viaja corazón) 2007. Foto: Miguel Asa

Quisiera que estuvieras aquí para compartirnos los sueños. Te esperábamos para hablar contigo y mira, me dejaste el sueño listo para la siguiente aventura. No habrá verso en mi futuro que no se llene de ti, de tu valentía y tu coraje, de tu sonrisa, de tu sencillez y de tu honestidad. No habrá palabra que surja de mi boca que no sea precisa y voraz. Hoy mi Prieta, desde su soledad te ama. Todos te amamos como una gloria enorme.

Gracias Vale, por todas estas enseñanzas tan grandes, tan pesadas, tan fuertes. Gracias por los vientos, las curvas, las nopaleras, los soles y las lunas. Gracias por acudir a mí, por estar en mí, por permanecer en mí. Gracias por esta configuración que hiciste de mí. Gracias por permitirme manejar tu tráiler en aquella ocasión, fue bonito estrenar carretera. Gracias por darme el vuelo necesario para reventar mis llantas en tus caminos. Pronto estaré contigo. Pronto estaremos contigo. Que la ruta siga y el fervor de la cadencia siga en mi corazón al igual que el tuyo. 10-4 hermano, 10-4.

Carga liviana

Hoy todos los caminos tienen tu nombre.
Despierto 
y los paisajes han tomado otro color.
Despierto 
y la vida ya no tiene el mismo humor,
una parte de mi motor se apaga,
se sobrecaliente y dejo que repose.

Hoy la bicicleta se ha inundado
de una potencia que se ha vuelto infinita.

Su cuerpo te exige al sol y a la luna,
te exige el amor por la carretera,
por nuestros pasos,
por las glorias obtenidas
desde aquel viaje a Juárez.

Hoy se han ido todos los condimentos
de las ruedas,
los desiertos son galaxias
sin encuentro
y aquí, la recta a Saltillo vuelve,
no hay curva que no te abrace
y descenso que no te piense. 

Hoy los perfumes 
de las casetas se reúnen para despedirte
con precisión. 

Hoy no existe un 10-4 
en este código vigía.

Hoy las cachimbas son rincones poéticos:
mis traileros, 
el pase no está completo,
se nos ha fugado mi hermano. 

Qué cabe en un cambio de carril
que no venza a mis ojos,
cómo se entrega una caja de reversa,
cuántas flores viste después de la línea blanca,
de qué manera se frena desde el corazón. 

Hoy la carretera
lleva poemas en un trailer
y no sé qué hacer con esa mercancía. 

Se han desplomado los pedales,
una pausa,
piensa y siente,
vamos en tres pasos,
manejemos al mundo
y tú ya no estás.

Qué tan lejos irás ya,
te he de alcanzar después de estos suspiros. 

Qué me espera
en las carreteras sin ti,
sin tu respaldo, sin tus risas.

Esta carga se ha complicado
y el full se cree una hoja de papel,
escribamos todo,
digamos todo:
la carretera se ha abrazado
de nuestro gozo.

Vamos a rompernos
las piernas en la velocidad,
al fin y al cabo las dimensiones 
no saben de nosotros.

Es tiempo de mover el espacio,
encontraré otra ruta 
para escuchar el sonido de tu motor.

Voy hacia allá.

Viaja corazón (inédito)

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Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses

Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses
Un ilustrador foráneo que ha hecho raíz en Guadalajara
Alfredito Romano. Foto: Miguel Asa
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Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme.
Alejandra Pizarnik

No sé qué tanto hay entre las bicicletas y los ilustradores, unos de un modo, otros de otro, y así se la pasan. Cada quien con su cada cual. Sin embargo, no todas las especies son iguales o similares, tienen siempre particularidades que desarrollan conforme pasa el tiempo. Una de estas que sobresale es escuchar The house of the rising sun de The Animals con algo de nostalgia y recordar el siguiente trazo que va hacia el norte, pasa de este a oeste y regresa al sur. Esto es una seña de Alfredo Romano, trabajador de la línea y de los colores desde muy joven, y orgullosamente, de origen norteño, sí, de allá mero, de Los Mochis, Sinaloa, México.

Familia ilustrada. Foto: Miguel Asa

Alfredito, como se hace llamar, es un prole-sabequépiltrafaslellamaban y yo sólo percibo colores de un trazo de otras épocas, pero siempre, en constante movimiento. Así de curvas, ornamentos, sombras, puntitos, corazones, flores, globos, papalotes, calles, casas, ciudades, paisajes, personajes y no sé qué tanto más expresa en cada movimiento de su muñeca. Una ilustración cargada de felicidad es lo que oculta este gran niño, que además de ello, es un vital activista de la bicicleta, razón por la que ha sido parte de distintas acciones, proyectos y movimientos que tienen que ver con la movilidad no motorizada en Guadalajara, así Camina Barrio, Ciudad para Todos, Mejor Santa Tere, Bicicleta Blanca, del propio World Naked Bike Ride y otros tantos más.

Entre una acción y otra es como Fredy, como lo conoce su familia, se vive el día a día en compañía de su familia adoptiva, sus perros Óscar y Bruno, además de Gatitobebé, el señor de la casa. Y en ocasiones con pinceles, otras con lápiz, otras más con la tableta digital, otras tantas con el pensamiento y los bocetos no se detienen. En ocasiones para criticar, otras para reflexionar, otras para publicitar, otras para agradecer, muchas más para amar, así también para impulsar, así es su trabajo ilustrativo, una gama variada de voces que cada línea permite observar. Es un poema con distintas raíces que apoya y fortalece, por si fuera poco, a la comunidad LGBT+, siempre, como dice, desde su trinchera.

Ella y corazón. Ilustración: Alfredito Romano

Así, Guadalajara lo adoptó hace poco más de veinte años. Un café, un amigo, otro bar, otro amigo, un departamento, la calle, los movimientos y ahora sabemos que se ha ganado su lugar entre las hojas de nuestra ciudad. Un algoritmo peculiar lo trajo aquí. No sé que software requiera, pero es un tipo que a su trabajo lo viste de comunidad, antes persona que plástico. Y es posible charlar con él por horas y configurar ideas para plasmarlas. Evidencia de ello ha sido la colaboración en diversas acciones que han beneficiado a Guadalajara. Ahora sí que un norteño le puso sabor a varias cosas lindas de nuestra comunidad, de esos poemas que más recuerdo y más aprecio fue haber colaborado con él en el 9 Congreso de Ciclismo Urbano, de la BiciRed México, que sucedió en noviembre de 2016, evento en que sus obras fueron parte de la identidad, además de aportar una exhibición en la que el discurso de la bicicleta conmovió a propios y extraños.

Personalidad. Foto: Miguel Asa

Desde Santa Tere, barrio en el que se encuentra desde hace rato su torre de control, ha emergido con distintas obras en las que los jardines, los infantes y la honestidad del mejor vivir han plasmado la colectividad, la colaboración y la solidaridad, por una u otra causa, pero siempre presente. En ocasiones de bajo perfil y otras tantas con todo el impacto requerido, su voz es una de las que ha permitido ejercitar a la comunidad creativa una asociación peculiar con la bicicleta, bajo la sensibilización, el fomento y su vinculación de todas maneras posibles.

Sin embargo, Alfredito no sólo es eso. Se trata de una charla de diversión, del abrazo, del constante análisis y de una reflexiva mirada hacia la persona como parte de la sociedad, un verso entre todo lo gigantesco del libro. Así, los corazones suceden entre la cadencia, los augurios y los discursos que el viento nos ha permitido en una estructura que se regula desde distintas escalas. Así, él nos acompañó a celebrar aquel Cicloverso que generamos con Mi Bici Pública y otras instancias en 2017, en el que celebramos el Centenario de la inversión de la bicicleta junto a más artistas y poetas.

Mis primeras rodadas. Ilustración: Alfredito Romano

Pero hoy, después de tantos años, la palabra se ha solidificado entre las voluntades y las sonrisas. La ilustración se ha convertido en complice de sueños, de ideas, de diálogos, y nos existimos desnudos ante el tráfico de vez en vez y seguimos en la lucha desde el color. Persistir y ser razonable con la honestidad de cada quien es lo que perfila cada uno de sus trazos, así, un blanco y negro, ciertos tonos o toda la gama de colores, siempre buscaré la alegría al final de la obra. Hoy estamos aquí, con algunos murales en proceso y la amistad con café y buenas rodadas. Que la línea mantenga el ritmo del pedaleo, vamos siempre a destino: alguna palabra.

Estudio perruno. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se encuentra una línea de color en el infinito blanco?
Imaginándola en la cabeza, buscándola, encontrando la trayectoria sumido en una intensión; el proyectar un resultado es importante cuando se trata de crear, la improvisación cabe en el sólo proceso, como un camino a disfrutar.

¿De qué manera se es viento con la bicicleta?
Soñando, pensando y rodando, la única fusión es con el alma. Al fundirse uno es todo con el viento. Rodando es como he encontrado mucho de las respuestas a mis dilemas, la filosofía de pedalear, de avanzar, de cuidarte y ser libre con tu bicicleta.

La felicidad. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo es llegar a la galaxia de los colores?
Es impregnarse con sensaciones de amor, de pasión, de juego y significado, pintar, colorear es vaciar la cabeza, el fugarse de la realidad cruel, es entender que tal vez lo que estás haciendo es parte de la felicidad al mundo

¿Qué ha sido de la mano y el trazo en las cascadas?
Una entrega, una pasión exploratoria, tranquila, íntima, particular. Tomar el lápiz, el borrador y bocetar, poco a poco la gran idea, la belleza del trazo, la responsabilidad de rasgar el papel con el grafito, de mojarlo con la tinta, otorgando un mensaje, una flor.

¿Qué es posible encontrar entre tus nubes?
Caos. ¿Quién dijo que una nube es una nave tranquila? Navegar en el aire, encontrar las ideas, la forma, el proceso, mientras contemplas la naturaleza cambiante de las cosas. También tranquilidad es verdad, en el caos también se encuentra la paz.

Pedalear para dibujar. Foto: Miguel Asa

¿Qué aromas resguarda tu mundo?
Los del recuerdo, los aromas llegan a mí y los almaceno en una alacena especial para aromas en mi pequeña cabaña que es mi mente. Los aromas me permiten recordar, asociar, tener un control sobre mí, sobre mi deseo, sobre mi cariño, me permiten enamorarme de la presencia.

¿Gelatina, payaso o colibrí? ¿Por qué?
¿Puedo las tres? ¿Por qué siempre todo tiene que ser una elección y no todas las elecciones? La gelatina podrá temblar pero es delicioso, el payaso hace reír aunque a mí me hace llorar, el colibrí es el mensajero del universo, el que lleva y trae los pensamientos y las buenas intenciones.

Sombra. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo se imagina un verso en el dibujo?
Mediante una experiencia concreta, muchas veces un recuerdo, esa imagen que queda grabada en la mente, que rememora un momento. Mi intención siempre es ofrecer versos visuales, con recovecos y líneas conductoras, hasta llegar al verdadero mensaje intencional de la historia de la caricatura.

¿Qué son las series de luces en el verano?
Ambiente. ¿Qué me recuerdan? Que la media luz es indispensable para mi vista, para mis ojos cansados, ávidos de belleza, de suavidad, de siluetas sinuosas. Tener series de luz a mí me hace feliz, extiende mi navidad todo el año.

Si fueras un pan, ¿cuál serías y por qué?
¡Qué buena pregunta! pienso que podría ser un birote, de los salados, para navegar en chile, soy picante, siento ardor. También podría ser un bisquet, o un cuernito relleno de crema, porque mucho de la delicia que tengo, la llevo dentro.

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Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado

Fabiola Lizette: el verso que viene en el bordado
Una joven poeta juega con hilos mientras escribe
Fabiola Lizette. Foto: Miguel Asa
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Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.
Nicanor Parra

Durante el silencio que el mundo vivió en 2020, hicimos de la palabra un encuentro de unidad. Fabiola Lizette, estudiante de Letras hispánicas por la Universidad de Guadalajara, se hizo acreedora de nuestro primer Premio de poesía joven VersoramaGDL, con su poema “Astillas”, mismo que fue seleccionado por los poetas locales, Rossana Camarena y Luis Armenta Malpica, quienes fungieron como jurado.

De entre una convocatoria de más de 50 textos poéticos de jóvenes de distintos sitios del Área Metropolitana de Guadalajara, la obra de Fabiola fue la acreedora a nuestro premio, mismo que correspondió al apoyo de BKT Bici Pública, Kamilos 333, Mantis Editores, Cecilia Fernández y otros aliados más, quienes aportaron desde sus entidades distintos estímulos a nuestra creativa ganadora, que más allá de que fueran locales, buscamos la unidad para colaborar y fortalecer a la joven comunidad creativa de la ciudad.

Perfil con cadenas. Foto: Miguel Asa

En este caso, sobre la obra ganadora Rossana Camarena señaló, “Fabiola Lizette, escribe. El tronco al que se afianza se le vuelve astillas y dibuja con ellas clavadas en los dedos dolor y certezas. Zigzaguea entre pólvora y reflejos, es humo que no se eleva, sangra entre fragmentos a ojos cerrados para tratar disolverse entre sus propias imágenes y desaparecer”. Por su parte, Luis Armenta compartió, “Cuando la palabra es astilla de buena madera, siempre duele, arde o se deja sentir entre las manos del lector. A la sombra de esta autora, la mirada que escudriña en el espejo del poema no puede más que mostrarse así: presente, ganadora.”

Así pues, el entramado que aconteció nos permitió descubrir un nuevo talento de la poesía en la ciudad. Y es que Fabiola, serena recorre la paciencia que muestra en sus bordados, ha comenzado a insistir más en sus letras para compartirnos un pedacito de lo que se construye entre los hilos de colores y la fragancia de los vientos. Es notable el nivel de magia que uno descubre cuando este tipo de sucesos están presentes con mucha honestidad y fortaleza. Con esto, las letras de Fabiola vienen a trasladarnos hacia nuestros adentros para entregar todas las sensaciones al universo. Se puede descubrir cómo los pronombres surgen de las manos, de las creaciones, de lo que es y de lo que se transforma. Así es abrazar la paz y nuestra misma historia.

El tiempo es verso. Foto: Miguel Asa

El recorrido del hilo se configura en una sensación de alivio. Y es que el color de cada uno construye diferentes auroras y ocasos y nos desmiente el espejismo que cada uno porta entre verso y verso. Fabiola nos marca cómo es la sensibilidad de buscarnos dentro del círculo para encontrarnos fuera de él. Así se pauta una imaginación de nuestras luchas y procuramos sostenernos en las cantidades de poesía, aquellas necesarias, para contener el puño hacia alguna dirección.

Desde sus palabras se compone una reflexión en cada verso y muestra los sentimientos y los pensamientos que corresponden a los contextos de manera transparente, líquida, en ocasiones en llamas y en otras sin viento alguno, y es que Fabiola, seriamente, vive la letra y nos configura la manecillas del reloj para ir lento, sin ningún tipo de perspicacia sobrehumana que nos desmienta la realidad en la que nos convertimos, de la soledad en la distancia y del destello en el brillo.

Cuando compañia. Foto: Miguel Asa

Aquí me encuentro con ella, sitiado en un momento del tiempo en que sus letras nos llegaron, por lo que sigo con la creencia de que la poesía nos es un ritual sin precedente, sin destino, sin tiempo y sin control, florece al ritmo del agua que cae dentro del hilo que borda los poemas de Fabiola, y se avanza, se aprecia y se ama. El desbordamiento de los sentimientos se contiene en las dimensiones de cada letra, tiene que ser volcán para perecer llaga. Aquí astillas que hilan, colorean y se expanden a las siguientes juventudes.

Somos árbol. Foto: Miguel Asa

¿Cuáles son los dinosaurios que te gustan?
Se dice que las partículas que alguna vez conformaron a los dinosaurios siguen vivas y están incluso en el agua. Me gusta pensar en esa clase de vida infinita, fragmentada y omnipresente que logra esquivar la temible inmortalidad. Es una bella manera de ver lo cíclico de la existencia.

¿Cómo se explica una taza de café en la playa?
En la ironía del intento de contener lo que está por desbordar en otro cuerpo. Me divierte pensar en la contraposición de una taza como algo fabricado para evitar que algo se derrame, con la intención de amoldar a su forma algo volátil como el agua, la misma que conforma la inmensidad y fuerza recatada del mar. La playa y la taza son antónimos.

Bordar con equilibrio. Foto: Miguel Asa

¿Qué hay en la aguja y en silencio?
La oportunidad de crear. Ambos elementos representan un espacio que puede resultar intimidante o turbio, pero que en realidad es necesario para ceder paso a algo dulce e indispensable como lo es la creación, a pesar del caos que puede encarnar. Ambos remiendan, ambos marcan un camino, implican e invocan la fuerza creadora de quien los atraviesa.

¿Hasta qué punto se ajusta un verso?
Depende de la infinitud que se pueda contener. Siempre habrá corsets más ajustables que otros para vestir los versos, pero se necesita dejar espacio para respirar.

¿En qué melodía te encuentras?
La música es parte fundamental de mi vida, mi memoria siempre está a su merced. Me costaría muchísimo determinar sólo una melodía que aluda a mi interior, pero In un’altra vita de Ludovico Einaudi sin duda está en la lista. También pienso en la voz de Ella Fitzgerald, la performance en Fémina y el beat de Mac Miller.

Caseta de poemas. Foto: Miguel Asa

¿En qué papalote llegaste a la poesía?
Llego siempre en el papalote de la incomodidad. La poesía se me presentó a manera de protesta, me preguntaba por qué había que leer siempre a los mismos autores, y esa inconformidad se tradujo en la curiosidad que me llevó a buscar más. Paralelamente, el lenguaje en mis relatos comenzó a parecerme demasiado explícito e incompleto a la vez, entonces intenté con la poesía. En ella encontré un lugar más certero con el cual abrazar mi mundo interno. Un papalote insatisfecho me trajo hasta aquí. 

¿Hasta dónde quieres llegar con tus alas?
Quiero llegar al misterio. Me parece que el camino de la poesía apunta hacia un sitio impronunciable, y yo me quiero dejar llevar hasta ahí. 

Andar la ciudad. Foto: Miguel Asa

¿Cómo son los pasos de la gaviota?
Camina con certeza: en cuanto ella decida extender sus alas, podrá partir el vuelo. Camina porque sabe que volar es su primera opción, su paisaje predilecto, su escape natural. No sé si existan pasos más seguros que los de una criatura que puede evitar tocar el suelo.

¿A qué le llamas bicicleta y poema?
A lo que me mueve hacia otro. Lo que marca una dirección, una manera de andar y desplazarme. Aventurarme en sus caminos ha resignificado mis pasos.

¿Cómo es que construyes tu mundo?
Con retazos de lo que me rodea. Constantemente rescato fragmentos del mundo que quizá podrían tomar la forma necesaria para lograr deletrear el mío. Reúno flores, papeles, frases, canciones y por supuesto, poemas para la construcción. Aún me abruma sentir que no consigo abarcarlo todo, pero prefiero dejar que los cimientos de la obra me cubran a mí.

Astillas

Si lo que ves es mi sombra,
sopla la vela antes de que me cumpla.
Corta la mecha,
desde niña me dio miedo encender los cerillos.

Si es verdad,
y lo que llevo en el rostro es un espejo,
no te sorprendas si un día me encuentras hecha añicos.

Recuerda que siendo vidrio,
el reflejo también corta.

Atrévete a verme
cada vez que intente convencerme
de que el presente no es el pasado,
aunque sepa que se esfuma en cuanto toca.
No voy a pedirte que te vendes los ojos
pero de mucho ayudaría que los cerraras cuando me sientas,
porque si es verdad
y lo que ves no soy yo,
entonces estas heridas
no son mías.

Inédito

Encierro

Tu abrazo es una habitación de tres paredes,
una ventana
y una salida de emergencia.

Y es que aunque el amor sea pórtico,
candado
y llave;
he estado de cara a la puerta
y he olvidado
cómo usar el cerrojo.

Metropoli, el suelo de una voz (Alcorce ediciones, 2019)

Migas

Siempre tuve miedo a perderme. 
Me aterra la idea de no saber dónde estoy,
de tener que ir a buscar un nuevo hogar
por no saber encontrar el mío.

De niña aprendí a dejar pedacitos de mí
en el trayecto de cada viaje,
-como carnada-
para poder reconocer el camino de vuelta a casa
en caso de tener que volver sola.

A veces olvido que hubo trozos que nunca pude recoger
por haber tomado otra ruta.
De tanto que he migrado,
mi recuerdo queda como una huella a la mitad,
siempre diferente en cada lugar.

Por un tiempo las personas tuvieron nombres de calles,
memorizar sus rostros era reconocer sus banquetas y baches.
Las luces rojas me hacían titubear:
el camino a casa no puede tener solamente un nombre correcto.
Todos los lugares dejaron de ser mi hogar
en el momento en que di el primer paso dentro.

Saber por dónde voy es aprender a volver:
ir hacia adelante
es volver a mí.

Por eso
reconozco más fácilmente el camino a casa que mi casa misma:
no puedo perderme.
Quienes dicen que pueden tienen suerte.
Debe ser más sencillo no encontrarse en el espejo
que no poder escapar de él.

Un latente hallazgo: Antologia de poesía mexicana (Valparaíso ediciones, 2021)

El lugar que es nuestro

1
Observo el tropiezo del segundero en el reloj.
Me observo en ese ciclo que siempre avanza
pero sólo para volver al mismo punto
y dar una vuelta más.
Cada tanto se vuelve uno en otro cuerpo
pero nunca ocupa el mismo lugar.

2
En ese espacio,
            entre las dos manecillas que se encuentran entre sí,
            únicamente por voluntad del tiempo
te recuerdo
            y sólo entonces
abrazo el tropiezo.

Inédito

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Rodrigo Robles: bailaor de dos mares

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares
El rincón de la música en el corazón centinela de los pies
En muro. Foto: Ernesto Ávalos

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Manuel Machado

Las flores le cubrieron de baile. Ninguna nube le dijo de su destino. Al aire comienza. Nadie le señaló que sus pies serían el tartamudeo del cante. Y así, llegó de México a España y de vuelta. Rodrigo Robles como se hace llamar, es un suculento espectáculo cuando se posa en los escenarios y hace del flamenco un contoneo abrupto lleno de magia. El cantaor surge desde la guitarra. Sí, me gusta decir la palabra magia cuando lo veo bailar, porque el momento se vuelve en esencia de rubíes, de terciopelos y de dolor. Sí, porque el dolor nos mueve. Nos contiene y por eso baila. Se hace el disparejo, dice. Pero la nebulosa que lo construye es todo una joya que persigue el amor con las manos dentro de la amistad de sus piernas.

Rodrigo es una experiencia en vida. Hace más de diez años le hice unas fotografías que me han volcado. Hice de su cuerpo una escultura de aquella música y los relámpagos aún no llegaban. Qué nos podría decir el pasado de nuestro presente. Si tuviera la clave, la música no habría tenido variaciones. Y así va, entre el pasito y la percusión desde el talón. Golpe, giliana, el jaleo muta. Se tejió en Guadalajara, Jalisco, desde la siembra de las galaxias.

Con Karla Guzmán. Foto: Miguel Asa

Así, a Ro, como le decimos los amigos, la punzada no se le ha detenido porque es un tipo de pocas nueces. Esto parece un cante festero. Se mueve, gira, pisa, la madera, la mano, el guiño, la guitarra, otra vuelta, hacia abajo, la expresión, alegría, que el giro esté a media vuelta y va de regreso. Así pasa el tiempo, los amores, los viajes, las distancias. Quería que este texto bailara con él un día y ya lo está haciendo. La densidad del baile existe en las noches. Cuando en las tardes procura el receso. Porque en la mañana el café le ha dado vida. Pasa a cante hondo. 

Así, entre el pulque y las noches de noctámbulos le conocí. Una melisma y sigue. Un espejismo que no sé si volveré a ver, fuimos hermosos en aquella época, ahora también lo somos pero con más lluvia y versos. Así como en cada uno de sus movimientos como si escribiera en el aire, ligado eterno, como si cada movimiento de su cuerpo fueran las letras que construye su pensamiento ha sido apreciarlo. Y se abastece del sentir, de la vibración de la guitarra y de los ecos de las serpientes, porque antes que flamenco, mexicano. La seguiriya se inspira y nos recorre. 

Azul. Foto: Urko

Le cobija la música a diario. El rasgueo se apresura. Y el flamenco le ha descubierto una sensibilidad tónica que muestra mediante su cuerpo. La tonalidad se mueve, el zapateado incandescente sobresale. Él, que hace doce años comenzó una carrera creativa más allá de su formación profesional en relaciones internacionales, le ha dado por compartir escenarios con distintos artistas tales como Nirl Cano, Alba López, Karen Lugo, Karla Guzmán, por mencionar, y con Laia Costa y Joan Torres, con quienes fundó la Compañía Zaranda Flamenco, en Menorca, España.  

Su asertivo corazón y su intransigencia por innovar lo han llevado a generar proyectos mestizos, en los que el flamenco ha contado con la exploración del artista, eso, por la simple idea de refrescar el encanto del tablao. Con más de diez años en los escenarios y con distintas participaciones por aquí y por allá, el flamenco lo lleva tatuado en el espíritu. Escobillado a luz roja. Ro es más que un cante. Se entromete un silencio. Se trata de un bailaor que se ha cobijado de dos mares, una posibilidad entre México y España que nos invita a disfrutar de esta pasión por el flamenco. 

Movimientos. Foto: Miguel Asa

Rodrigo tiene un temple fuerte en el escenario, se construye, se vive, se mueve, así, es el horizonte que le acompaña desde la punta de los pies. Un tembleque amanece. Se considera una especie de ser compartido. No hay momento en que una ranchera o un son no le reanimen la vida. Así un taquito de frijoles, de esos galácticos que desayunamos en algunas ocasiones, como unos chilaquiles mágicos, o un ceviche a la deriva del corazón. Los redobles son huracanes. Los espejos le abrazan en cada paso que entrega.  

Recuerdo un pulque y pareciera que el tiempo del baile no se detiene. Suenan los acordes y los golpes a la madera. El tacón remata y remata. Se mide el tiempo. El avance. El cajón. Otro giro. La mano. Las manos. El vestido. El pantalón. Otro giro. A la par. La guitarra aumenta. El aplauso. A palo seco. Otra vuelta. Movimiento de izquierda a derecha. El rasgueo persigue. El cante se desmorona. Y ahí, el bailador hace de los dos mares un remolino. Que surja el zapateado hasta los 6/8 para desviarnos de la vida. 

Extensión. Foto: Ernesto Ávalos

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicábamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Alas. Foto: Miguel Asa

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida me tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Barranca de eco. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Volar. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Rojo. Foto: Miguel Asa

¿Cómo ha sido el silencio con el viento?
El momento sutil entre un estado de sueño y de estar despierto; es en ese momento donde todo se ve claro y acepto con paz las decisiones que estoy tomando.

¿Chocolate, caricia o telescopio?
Sin azúcar, cacao mejor a chocolate; la caricia siempre y los astros son un gran mapa para saber de dónde venimos y a dónde queremos ir, además de que son más que magníficos.

Un amanecer, ¿cómo?
Después de una fiesta con personas entrañables, donde las risas, el amor y la lucidez de la embriaguez enseñan verdades trascendentes para los que compartimos ese momento. El amanecer le da sentido y riega con los primeros rayos del sol a nuestros cuerpos; llenándolos de energía y ganas de vivir.  

Puente. Foto: Miguel Asa

¿Viajar, suculencia y sabrosura?
Pues los viajes siempre, allí cabe todo. Siempre estamos viajando, aunque no nos movamos de sitio, y el hedonismo no se excluye de la experiencia del viaje; eso sí, el viaje es mucho más que eso. Dentro del viaje todo.

¿La bicicleta cómo baila?
Al ritmo que baila su conductor, uno de los placeres más grandes que hay, ir arriba de una bici; siempre y cuando no haya cuestas pronunciadas. 

¿Qué libros te han llamado?
Pues ahora mismo estoy con dos títulos, bastante filosóficos, uno El Bailaor de Soledades de Didi-Huberman, y el otro muy político de Suely Rolnik, Esferas de la insurrección, Apuntes para descolonizar el inconsciente. Siempre preferiré los relatos orales.

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Proyecto Ululayu: catorce años de aventuras creativas

Proyecto Ululayu: catorce años de aventuras creativas
Escribamos la historia de nuestro movimiento
Desfragmentación poética. Foto: Miguel Asa

Dejaremos un suelo, dejaremos el sueño;
el sueño es nuestro espacio donde hemos cantado. 
Adalberto Navarro Sánchez

Una vez pensé que sólo sería un divertimento urbano durante la facultad, ahora son miles de experiencias que se han compartido en diversas partes. Surgió en mi ciudad, Guadalajara, México, en una primavera de amor y vagancia. Proseguí manifestarlo por primera vez en las calles de Zacatecas, México, y allá comenzó el esplendor. Lo que un día escribí en la calle se convirtió en mi proyecto de vida: Por favor, lea poesía. 

La idea surgió en abril de 2008, en un esfuerzo vago de intervenir las calles con un lema literario en aerosol. Meses después trabajé en calcomanías rústicas, papel autoadherible blanco y marcador negro. Posteriormente generé un diseño tipográfico y adapté el lema en una calcomanía, Helvetica en blanco con fondo rojo, y a partir de ahí, en una diversidad de formatos. Al día de hoy son más de 300 mil calcomanías las que se han ido de mí a diferentes partes del globo y estoy más que agradecido con la vida. 

Por todo lo anterior y todo lo que ha pasado, al día de hoy, deseo recopilar lo más que se pueda de información de este fenómeno que me trajo hasta aquí. Comienzo a escribir la historia de todo lo que ha sido esto y para ello te invito a que seas parte de ello. Comparte conmigo tu aventura, tu experiencia o aquello que sea nuestro proyecto, nuestro movimiento, para ti. Estoy en la formación de una cronología y alimentaré esta historia con la voz de todos los posibles que deseen unirse. 

Toda la información es para uso documental y todos los datos serán tratados de manera anónima, a excepción de aquellos que se requieren publicar en artículos, materiales u otras obras, serán bajo tu autorización previa. Agradezco la cercanía de tu personaje y el tiempo de tus letras. 

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Guadalajara: relación peculiar con el libro

Guadalajara: relación peculiar con el libro
Es necesario conocer el mundo editorial de la ciudad
Ilustración: Chubi

Cada esquirla de agua
es una escama que levanta el viento
Carmen Villoro

Los libros tomarán las calles de Guadalajara, México, con intensidad y solidaridad el año entrante, debido a que a finales del 2020, Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, declaró a la ciudad como la Capital Mundial del Libro 2022, con el apoyo de representantes de la Asociación Internacional de Editores (AIE), la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA) y el Foro Internacional de Autores (IAF), por la propuesta que presentó el gobierno local y que contiene tres ejes de acción: “la recuperación de los espacios públicos mediante actividades de lectura en parques y otros espacios accesibles; la vinculación y cohesión social, especialmente a través de talleres de lectura y escritura para niños; y el fortalecimiento de la identidad de barrio mediante las conexiones intergeneracionales, la narración de cuentos y la poesía callejera.

Por tal motivo Ululayu se ha dado a la tarea de analizar y reflexionar el movimiento del libro dentro de la ciudadanía tapatía, previo a dicha celebración que comenzará en abril de 2022. Esta encuesta contiene una serie de factores que exploran la diversidad de acciones que existen en nuestra ciudad y su población en torno al libro. Observar y contemplar el movimiento local del libro, sus formas de producción, de vinculación y de difusión con el público tapatío es esencial para comprender las dinámicas socioculturales que se ejecutan por el beneficio común de la ciudad. 

Te invitamos a ser parte de esta encuesta que aportará información necesaria y precisa sobre el acontecer editorial de la ciudad. Todas las respuestas son bajo anonimato y serán utilizadas para estadísticas, estudios de mercado y análisis del mundo del libro en Guadalajara. Agradecemos tu honesta y justa participación. 

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World Naked Bike Ride Guadalajara: diez ediciones

World Naked Bike Ride: diez ediciones
La libertad de un cuerpo desnudo es más que un diálogo con el entorno
Desnudos ante el tráfico. Foto: Ecomzoom

Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Idea Vilariño

Sentir, es lo primero. Vivir, disfrutar, contemplar, es lo segundo. Andar, patinar, pedalear, es lo que nos brinda el vuelo. Pareciera algo imposible que los cuerpos desnudos no dijeran nada, pero a la menor provocación los poros escriben poemas en las calles y todo es colectividad, risa, gozo y libertad. La piel en movimiento por la ciudad manifiesta el valor de nuestra existencia: la vulnerabilidad como parte de nuestro día a día, de nuestra propia humanidad y de todo lo que le rodea.

Plaza José Clemente Orozco. Foto: Dula

Así, la World Naked Bike Ride Guadalajara (Rodada Mundial Ciclonudista), llegó a su décima edición que contó con la asistencia de más del millar de cuerpos humanos sobre diversos medios, patines, patinetas y bicicletas, el pasado sábado, julio 10, con el fin de manifestar respeto hacia el peatón y al ciclista, concepto que tiene por principio la sensibilización de la vida y de nuestro entorno, la Tierra, pues tanto la muerte humana por máquinas motoras y la excesiva contaminación ambiental que hemos logrado, han perjudicado nuestras formas de vivirnos, de movernos y de vincularnos, por ende, una insana convivencia en sociedad.

Glorieta Chapalita. Foto: Dula

Esta manifestación llegó a Guadalajara en 2011, después de que se convirtiera en movimiento mundial en 2004, entre la unión de colectivos sociales de Zaragoza, España, y Vancouver, Canadá, con el fin de cuestionar la dependencia a los combustibles fósiles, enaltecer el cuerpo humano, conscientizar sobre la movilidad no motorizada y promover la salud física.

Arcos del Milenio. Foto: Dula

A lo largo de once años, parte de la comunidad ciclista de la ciudad, ha cuestionado a su sociedad en diez ediciones. Cada una de ellas ha tenido ciertas particularidades y han provocado, tanto a propios como extraños, reflexionar desde la vulnerabilidad del ser y desde la crítica más noble, sencilla y humana, la desnudez.

Arcos del Milenio. Foto: Ecomzoom

Cada edición ha tenido diferentes rutas y se ha convertido en una de las acciones ciclistas anuales de la ciudad, en la que se dan cita toda clase de mujeres y hombres, de distintas edades, géneros y sectores, y que ha sido posible gracias a la apertura de los participantes, quienes desde la mejor de sus disposiciones se han permitido sentir, compartir y difundir el valor de nuestras voces, que exigen, que reclaman y que incentivan el respeto a la vida.

Arcos del Milenio. Foto: Ecomzoom

Podría considerarse como un evento esporádico para manifestarse por la libre, sin embargo, han existido un sin fín de historias que la han convertido en una rodada muy peculiar, y que sin ellas, no tendría razón de ser: así la pareja que lleva años asistiendo; aquella fotografía aérea de concurso; el cambio de ruta que impactó por error en un evento político; la fortaleza de los colores en los bodypaints desde la mano de muchos artistas; los cicloviajeros extranjeros que se aliaron a la causa; los visitantes de otras ciudades que han acudido para ser partícipes; la comunidad de un barrio que nos brindó agua a nuestro paso; las palabras que se han escrito en cuerpos; los diversos tipos de bicicletas; los periodistas que han compuesto notas diversas; los fotógrafos que han detenido el tiempo del pedaleo en sus memorias; los divertidos accesorios que aparecido en los cuerpos; las frases, las palabras y las causas que se leen al pedalear; las consignas colectivas que se generan desde muchos pulmones; las carcajadas en grupo; las miradas de los espectadores; las ideas, las emociones, los sentimientos y los pensamientos que todo esto ha generado en Guadalajara y más allá.

Después de la lluvia. Foto: Ecomzoom

Llegar a diez ediciones suena sencillo, pero es de reconocer que han sido varias etapas en la que muchas personas de la comunidad ciclista se han unido para que suceda, desde distintos rubros, todo, para ejercer la solidaridad con el movimiento. Esta acción se celebró con diez carteles conmemorativos que realizamos varios artistas locales y que compartimos para motivar dicho festejo: Yossilustra, Diego Siordia, Viocolor, Ana Camaleón, Chubi, Maty, María Puyé, Alfredito Romano, El ArtBusto y yo. Por su parte, la colaboración de emprendedores locales también se unió a la décima reunión, así Kitendi con algunas de sus bolsas, Einung con su serigrafía en varias playeras, y La Plottería con la impresión de los carteles, todo, productos que se obsequiaron a la comunidad asistente. 

Y no todo quedó ahí, en una ruta con casi 25 km de extensión que cruzó por diferentes zonas a través de varias avenidas de la ciudad, López Mateos, Guadalupe, De las Rosas, Mariano Otero, Chapultepec, Hidalgo, República, Irineo Paz, Revolución, Corona, Juárez y Vallarta, y que comenzó desde uno de los puntos ya tradicionales de reunión, la plaza José Clemente Orozco, el sol, la lluvia y el viento complementaron todo el ánimo del contingente, esto pues, de inicio a fin, tuvo variaciones climáticas que no hicieron menos divertida la desnudez pedalera, sino todo lo contrario. Para muchos fue una nueva experiencia, para otros fue renovar su presencia. Y por primera vez existió un momento de cancelación de ruta por cuestiones de seguridad, misma que se sobrellevo bajo las vías de la Línea 3 del tren ligero al tomar avenida Revolución en dirección hacia el Centro de la ciudad, en un momento en que la lluvia abrazo las calles de una manera impresionante. 

Desnudos húmedos al cerrar. Foto: Ecomzoom

Pese a toda circunstancia, con mucha unidad y con un ánimo contundente, la World Naked Bike Ride Guadalajara celebró con sus participantes otro año más de vulnerabilidad y existencia. Es tiempo de celebrar la vida y generar empatía en nuestras comunidades desde nuestros cuerpos: la vida es tan sólo una vez.

Unidad y sonrisas. Foto: Ecomzoom
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Versa-di-verso: una jornada incluyente

Versa-di-verso: una jornada incluyente
Celebrar la diversidad y al cultura en el marco del mes del orgullo
Nos diversidad. Foto: Miguel Asa

Los pájaros no saben más de lo que muestran
esta soy yo
Iza Rangel Espinoza

En el mes del orgullo, VersaDiVerso, grupo interdisciplinario de reflexión en género y diversidades todxs, con las alianzas de Mantis Editores, de Proyecto Ululayu, más el apoyo de librería LOPA, del restaurante La Mata Tinta, y el compromiso de invitados y colaboradores, presenta su jornada de cultura y diversidad. 

Del 23 al 26 de junio, en una serie breve de eventos se reunirán distintos actantes de la comunidad LGBTIQA+, con el fin de compartir experiencias, trabajos, acciones y creatividad sobre distintos procesos personales y colectivos en cine, literatura, comunicación, arte, teatro y otros.

Asimismo, como grupo de estudio sobre la temática que atañe a lo masculino y sus diferentes ángulos de enfoque actual, queremos sumar a las actividades culturales de Tlaquepaque y GuadalajaraJalisco, durante este mes del orgullo de la diversidad LGBTIQA+ con esta jornada de discusiones, puntos de vista, creación poética y artística que se relacionan con lo que hacemos parte del universo de lo diverso.

Por parte de nuestros recintos aliados habrá un modesto souvenir para nuestros asistentes. Por su parte, LOPA ofrecerá una degustación de cerveza y a la par, Mantis Editores obsequiará un ejemplar de Poetas en Casa 2020 que realizó con apoyo de Cultura Jalisco, a través de Proyecta Industrias Creativas y Culturales. A su vez, en La Mata Tinta podrás solicitar el coctel de pitaya y algo más, preparado especialmente para esta jornada, con motivo de nuestra celebración. Acude y participa, la diversidad es de todxs.

Miércoles, junio 23, 2021, 18:30 – 20:30 h
La Mata Tinta, Juárez 145-13, Centro, Tlaquepaque

Cine y género

Diálogo desde Doña Herlinda y su hijo a El baile de los 41
Participan: Marco Treviño y Carlos Oropeza (actores invitados)
Presentan: Eduardo Carrillo y Teófilo Guerrero
Máximo 30 asistentes

Jueves, junio 24, 2021, 18:30 – 20:30 h
La Mata Tinta, Juárez 145-13, Centro, Tlaquepaque

Poesía, artes y género

Lectura y conversatorio desde la diversidad creativa
Participan: Citlalli Ixchel, Luis Aguilar, Verónica López y Roberto Hernández
Presentan: Santiago Omar y Sergio Nuñez
Máximo 30 asistentes

Viernes, junio 25, 2021, 19:00 – 21:00 h
LOPA, Guadalupe Zuno 1804, Americana, Guadalajara

Poesía de la diversidad

Presentación del libro Ese gran reflector encendido de pronto
Compilador: Luis Aguilar
Presentan: Jonathan Berumen, Omar Gutiérrez y Miguel Asa
Máximo 25 asistentes

Sábado, junio 26, 2021, 17:00 – 19:00 h
La Mata Tinta, Juárez 145-13, Centro, Tlaquepaque

Teatro y género

Presentación del monólogo Una mujer sola de Darío Fo
Actuación de Juan Valenzuela bajo la dirección de Azucena Evans.
Presenta: Invitado por confirmar.
Cupo abierto

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Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía

Cecilia Fernández: una radio fotográfica de poesía
Los sonidos de los versos en las ondas hertzianas de Guadalajara
Cecilia Fernández. Foto: Arturo Lutz Ley
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Mi lengua es imperfecta. Hablo en imágenes, no porque quiera lucirme con palabras sino por la incapacidad de encontrar aquellas palabras. Pues no puedo pronunciar las palabras de la profundidad de otra manera.
Carl G. Jung

Ella es agua. Ella me ha mostrado el agua más que nadie. De repente gota, de repente huracán. Así en la fotografía como en la poesía o en la radio. Siempre agua. Siempre líquida. Y uno tan viento. Así ha sido nuestra amistad, un encuentro de palabras líquidas con historias de vientos. Fluir es el verbo. Entre una cámara fotográfica, un micrófono y el teclado nos hemos encontrado. Así es Cecilia Fernández, poeta, viajera, fotógrafa, gestora, locutora, productora de radio, periodista cultural y sobre todo, amiga. Ella es así, compartida, inmensurablemente.  

Creció en un barrio tradicional de Guadalajara, Jalisco, ahí, cerca del Museo de las Artes, y así, ella es una nación completa en Radio Universidad de Guadalajara. Le encanta percibir el silencio del color desde la naturaleza de nuestros ojos. La conocí por completo en una edición de desnudo de Rendija Taller Visual, ese hermoso equipo fotográfico que tanto amamos: Mónica Cárdenas, luis/caballo y Cuitláhuac Correa. Ahí fuimos fotógrafos, compartimos modelos con otros más y fuimos. Antes, yo ya había sido parte de las tantas entrevistas que ya ejercía.

Vía láctea. Foto: Cecilia Fernández

En el infinito Cecilia ha sido agua. Todo el tiempo nos ha abarcado de agua. El poema es mar. Se congela en la fotografía porque en ella tiene todos los lugares. Sabe el poema que la radio es eco. Y se inmuta.

Así la vivo. Desde el micrófono hasta el espíritu. Cecilia es una amante gigante de la playa. Cada que abre paso el mar ella le recita un poema. Y el agua se sostiene en una fotografía. Son rocío y salvajes seres. Una constelación de la Tierra. Puede ser gota, brisa, lluvia, tinta o veneno y siempre onda sonora: viento.

De sus volúmenes la ciudad ha escuchado llantos, todo el ejército del agua. No por ello el treinta es sinónimo de imaginación, esa que ha escuchado seres, sonidos y contextos. Qué se puede decir desde el silencio ante ella. En la ciudad, las voces se unen, ella marca pauta, la cultura sabe de ella porque ella ha hecho saber de nosotros, tarea giganta.  

Y así me despego. De su sencillez. De un augurio que sólo los versos de agua podrán entender entre las olas. Aquí no se necesita navío. Aquí el navío es la sed, el viento, el péndulo. Aquí navío son las ondas sonoras. A veces mar, a veces planta, a veces cámara.

Piel adentro de nos. Foto: Cecilia Fernández

Así se construye Cecilia, desde la voz de la fotografía para recordarle al poema que se extiende en la radio que la vida es hoy. Así nos vamos. Aprendemos a escuchar desde la soberbia. Aprendemos a ser un sello potente, una telaraña en el barrio de la infancia. 

No somos mentira. Somos eco. Transmisión, memoria y recuerdo. La radio en el poema como la superficie de sabernos mañana. En la ciudad, en la otras y en la otra. Nos vamos despacito a la euforia de los pesares, por no decirles de la vida.

Cecilia ha sido una fortaleza para más de un centenar de creativos. Se las sabe de todas en el medio cultural de Guadalajara. Y como periodista, ha dejado huella en programas como Saltaperico, Señales de humo, Caza de tinta, Puro drama y últimamente en Polifónica. Ella es un espejo sonoro en la voz del 104.3 del FM de la ciudad. Y les repito, se las sabe de todas. Su voz ha sido reflejo de la cultura en nuestro radar. Algunos crecimos con sus programas y más allá, todos vivimos desde ella. La creatividad existe en Guadalajara gracias a parte de su trabajo. Ella es un almanaque cultural de la Perla tapatía.

La sombra en rodada. Foto: Cecilia Fernández

Sin embargo, también el silencio le rodea y ha construido poemas con él. Ahí se abalanza. Dice ser palabra y es letra. Sus poemas son acuáticos. Son una razón que el polvo no comprende. Sin embargo, es una ironía de los viajes. Se bifurca en las palabras y sabe de los poetas. Se convierte en cada letra en un movimiento marino. Se describe en episodios. Hay una política en ella que no es posible descifrar. No se tiene que hacer el intento para llegar más allá en sus versos. Es agua. Todo lo demás, una gran pauta de la zozobra. 

Cecilia se entrega al teatro, a las voces, al juego de su imaginación. Así es, un pensamiento enorme, ella nos ve unas gorditas, un poema, un augurio, un mar, una gota, unos huevitos a la mexicana, una cámara, unos chilaquiles, una fotografía y somos todos, nos ve entrevista y somos ella. Las voces de diversas seres de la misma especie en el mismo ritmo.

 

Fuga erótica. Foto: Cecilia Fernández

En 2013, hicimos una cosa hermosa, hicimos fotografías de desnudo con más fotógrafos, Ignacio Calleja, José María Martínez y Refugio Ruiz, en medio de los Arcos de Guadalajara. Había bicicletas con los modelos. Esas fotos fueron un momento hermoso para la ciudad: Tráfico desnudo le llamamos. Nos creímos libres y lo hicimos. Un año más tarde Spencer Tunick, en San Miguel de Allende, Guanajuato, tuvo una de ellas. Cecilia y yo viajamos de manera espontánea para ello. Lo hicimos. Ella me llevó en 2014 a nuestro amigo fotógrafo para dejarle nuestra obra de desnudo. Esa fotografía nos marcó y somos felices. Lo demás es una memoria. Un accidente de pedaleo.

Ya de viaje, en 2016, el mar de Loreto, Sudcalifornia, me brindó la colaboración en sus Hallazgos cotidianos. Y aporté. No sé cómo lo hice mientras bailaba desde un viaje en bicicleta pero estuve ahí. El Museo del Periodismo y de las Artes Gráficas (la Casa de los Perros) fue el lugar. Muchos se acercaron. Pero uno, con la voz del verso. Directo, cuadrado, color y ya. Fuimos todos. Cecilia presentó más de 200 fotografías que hizo desde su cuenta personal en Instagram, todo una gama de colores. 

Autorretrato. Foto: Cecilia Fernández

Cecilia ha sido todo, amiga de reportajes, de sucesos, de fotografía y Guadalajara es hoy como ha sido ella. A sus palabras no se le escapa un horizonte. Aquí lo vivimos. Es un poema de mar. No me queda nada, los poemas son de ella, ya vienen. Ella ha ocultado en la letra que este testimonio es una evidencia de amor, de radio y de amistad, conmigo y con muchos. Debemos de volcarnos en su sabor. Cecilia siempre se entrega, siempre comparte. Agradezco a la vida esta oportunidad. Sin su cámara mis versos serían silencio. Ella conduce, yo le sigo, el FM de Guadalajara le sabe. 

Cecilia Fernández no es un spaguetti. Ni una tarde de cervezas en una terraza. Ella es una aglomeración de sentimientos a la tapatía. Es la mezcla de metales que no entenderá el agua. No hagamos esfuerzos. Somos hoy. Hay que escucharla para saber de su memoria. Ella es la voz del verso en la radio. Los barcos siempre vuelan. El sonido les lleva, el viento les acompaña.  

Variaciones de los versos. Foto: Cecilia Fernández

¿Qué es el agua en la fotografía? 
Es algo muy complejo de atrapar, no la imagen, sino la esencia. El agua es tiempo, es luz, por ello se entiende también con la cámara. Funcionan bajo la misma lógica. Ambas existen por todo aquello que las toca/que tocan, por todo aquello que les sucede dentro. Ambas perpetúan el instante, ambas son memoria líquida, memoria sólida.

El agua absorbe todas las formas, escanea todo por dentro, por fuera. Por ello requerimos agua para vivir, porque el universo requiere guardar información. El agua es la lente del universo, lo que usa para retratarnos. Mientras que nosotros usamos la cámara para retratar nuestras breves historias, nuestra propia huella.

¿Cómo surge el desvelo de la poesía en la radio?
La radio se traduce cotidianamente en imágenes, es su materia prima, de esta forma construye: la noticia, los relatos, la poesía. La radio edifica con la palabra, el sonido y los silencios, el mundo entero para comunicarlo. Por ello, requiere de la poesía para entregar a las sociedades nuevas versiones de sí mismas; lanza la invitación a contemplar las profundidades de la belleza, y del caos, pero también a adquirir la agudeza de pensamiento para actuar. La poesía sublima los mundos, y la radio en su hacer, la esparce.

Una vez Francia. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera construyes a la comunidad?
La radio es constructora de comunidad por su naturaleza, generalmente reúne en torno de sí a la diversidad de actores que conforman una sociedad y disemina sus ideas y mensajes con gran facilidad, además con economía de recursos (humanos, de tiempo, y presupuestos), por ende, mi oficio como comunicadora me lleva a cumplir con esa tarea.

Los programas que he realizado como productora o conductora (desde hace años) se han enfocado en los temas culturales, y han sido un diálogo permanente con sus actores, gestores y directivos.  

Cada que hago un programa me gusta pensar que aporto un grano de arena al vasto universo de lo cultural y social; incidiendo en la creación de códigos que unan y configuren las diversas visiones del mundo desde una perspectiva del arte.  

¿Cómo ha sido entrevistar al universo?
Muy simpático… pues se expande. Generalmente entrevisto a las mismas estrellas, planetas y constelaciones, pero también es común, que cotidianamente, aparezcan nuevos actores y proyectos y eso hace que la cultura no se detenga, así como el universo. La posibilidad de dialogar con personas de amplias y diferentes ideas es apasionante.

Dormir en fuga. Foto: Cecilia Fernández

¿De qué manera surge el agua con tus fotografías?
Así, natural, es un venero. Voy a donde está, miro a donde suena, la contemplo en la tierra y el aire. Requiero el agua en todas sus formas; en mares, nubes, vahos. Surge con el sello de la maravilla, con la certeza de la inmensidad, y yo apenas puedo sostener su forma un instante y es con la cámara. Su figura y paso, son efímeros. Es tan parecida a la luz; se cuela entre los dedos, imposible de asirle. Entonces la fotografía me funciona para capturar un esbozo de su emoción, de su lenguaje, de su flujo y de su constancia. La imagen es una suerte de resistencia, una forma de preservar la memoria.

¿Cómo se ama a la poesía desde la radio?
Muy sonoramente. Es un deleite para el paladar y el oído. Es la fascinante y deliberada acción de poblar de imágenes el aire. Se ama la poesía en su trayecto de viento. Se ama la palabra, el ritmo, el mensaje, la forma. Se ama al poeta, y se ama a quién escucha. La poesía nace sonora, luego se hace tinta, luego la hacemos de nuevo sonora y la entregamos a domicilio. La casa natural del poema es el espacio, por eso, lanzarla desde la radio es fundamental.

Fresa amor. Foto: Cecilia Fernández

¿Cuándo se es locutora de las mariposas?
Cuando las ideas no paran, cuando no hay tiempo para contar cada ala y todos los vuelos. Cuando sólo es posible fluir de oído en oído, de pensamiento en pensamiento. Hacer radio es así…  un desplazamiento permanente y multitudinario. Mi voz es un aleteo más en esa polifonía de voces que cruzan el éter.

¿Qué entrega la fotografía en el sonido?
Una foto es un golpe sonoro, aunque siempre se piensa que sólo es un golpe visual. Existe un sonido implícito en la imagen, nunca nadie lo menciona, pero habita ahí y hasta es posible escuchar.

La foto en su cuerpo de papel y veladura entrega el replique quieto de la campana, el eco congelado, el canto en pausa. Es la fotografía la que mejor preserva el sonido. Quizás, sólo falta tecnología y tiempo para recuperar cada invisible y sutil vibración del aire guardada en ellas.

Giro del sur. Foto: Cecilia Fernández

¿Para qué la radio en las sensaciones de la cultura?
Para que exista. Comunicar es replicar lo que somos, hacemos, pensamos, sentimos o creamos (del verbo crear). La radio es un tipo de memoria colectiva y se convierte en un recuento inmediato de la configuración humana, por ello es fundamental trabajar permanentemente con los temas culturales.

¿Cómo pedaleas entre las sombras del mar?
Con paciencia y cautela, mirando siempre a tierra y al horizonte. Manteniendo rumbo e impulsada por el viento y mi fuerza. Y luego llega el día y el mar se extiende más allá de sus olas, se extiende sobre la amplitud de la tierra como la memoria sobre el cuerpo, entonces pedaleo con más fuerza y persistencia, pues finalmente andar el mar, es abrazar toda la circunferencia de lo posible e imposible.

Con-tacto. Foto: Cecilia Fernández

Yo también llovía

(de cuando era nube)

Inédito

Muchas veces somos
eso

una silueta en el paisaje
una llamarada
una ausencia
eso

el sonido imperceptible, impostergable
la ráfaga
el matiz
eso

la mudez en el nido
una lejanía
la pereza

eso

Inédito

Si eres azul eres silencio
garza blanca
y espuma

Inédito

Al sur lo define la línea
mudo horizonte
catedral de arena y agua
campanadas de peces

Inédito

H

La H
muda como el paisaje
dice lo que no dice

_
La H muda es Caribe
y mira
y calla
desde la más inminente quietud

_
La H
paisaje
insonoro
grácil salpica
infinitos
belleza desconcertante
muda
hay que decir
nada

Inédito

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El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana

El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana
Componer canciones siderales al campo
Gabriel de Dios. Foto: Juan Carlos Luna

Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
José Martí

Hay momentos en los que la dicha se queda sin nada. Y va descalza entre las raíces y los espasmos matutinos. El alba llega y la música suena al tanto que el ruido de los pájaros se aglomera en la atmósfera y suena su jarana. Así, con pulque en mano conocí a Gabriel de Dios, quien se hace llamar El hijo de Tere y a sus atardeceres afables por la exploración musical en Guadalajara, Jalisco.

Ahora, años después, los caminos se han diferido pero el encuentro creativo se ha unido como los niños que juegan sin conocerse. Gabriel, es un tipo de espejo de humo que conmueve a las raíces. En su música vibra el canto de las percepciones de un México del campo. Y no sólo eso, también el juego de la mente y del espíritu que remonta en los cerros.

Cantar como sembrar. Foto: Juan Carlos Luna

Así la yunta, la palabra, el huarache y las plantas, son el contexto de su crecimiento. El maíz, el maguey y las variaciones del mundo que tienen las mariposas son el vuelo del canto. Y es que ha colaborado con Leticia Servín, Dr. Sotol, Ampersan y con otros más, que sus posibilidades creativas se van de lo experimental al canto tradicional. Así es Gabriel, un caminante del silencio que entre los remolinos se cubre con la piel morena y la música de ayer, de nuestra historia, que la hace prevalecer en cada interpretación suya. 

Le hace a la composición, dice, y yo digo que le hace a la buena onda y a la magia sonora. Así despacito entre los tiempos, uno al escucharlo, añora las noches de campo y las luciérnagas nocturnas de esos rincones. Así el río se cruza en la duermevela y lleva en él los cantos de la Tierra. Se vive en los procesos naturales desde sus instrumentos, y le sopla, le rasga, le golpetea y le canta y el sonido hace su parte. Y ahí Gabriel con la magia de la mente en cada una de sus composiciones. 

Gabriel le hace al campesino desde su música. Le canta a la labor del campo. Él se mueve entre el frío y el rincón de la sauceda. Le hace cosquillas al maguey y se conmueve entre el calor de la música en las celebraciones. Hace, en cada presentación suya, el margen de la voz que conspira entre el amor y los nopales. Y así va. La música de El hijo de Tere parte hacia la tradición, recupera y comparte lo que tenemos en México. Se ha convertido en uno de los músicos que persiste a raíz del ocasor

Su Cantar de siembra se manifestó en 2020. Y melodías de juego y de noche se anunciaron para descubrir esta faceta de tacto humano. No voy a mentir que me funcionó como un recuento de mis paseos en bicicleta por las veredas de aquella ranchería en que mi Viejo creció. Esa obra es un conjunto de experiencias en que Gabriel se ha volcado. Allá, A la sombra de un mezquite, está el recuerdo, y más allá va La Chaparrita por la Tierra labrada al lado de Juanita quien lleva los Elotes de Agua y mar hacia aquel Ensueño de luna sólo para decir Gracias a Dios. Y hay un camino que debemos recordar: la tierra y nuestros pies. ¿Cuánto hace que no estás descalzo ante ella? ¿Cuánto ha pasado de que tus huellas no acarician la naturaleza?

El hijo de Tere con Teresa Figueroa. Foto: Juan Carlos Luna

El hijo de Tere es la serenidad de la canción en esta lotería mexicana que nos tocó ser. Las gracias existen en su canto. El brillo del sol en el reflejo del maíz por igual. La caminata va con las estrellas y a nosotros nos conmueve el estar aquí. Y hace poco, lo viví desde el maizal. Pinté a su lado un paisaje, le hice ecos de colores a sus canciones. Nos vivimos. Fuimos el pulque y el maíz en el juego de las manos. Ambos, venimos del campo, o por lo menos, lo tenemos en nuestras historias, y eso ya es ganancia. 

Así es Gabriel de Dios, un escuincle entre la comunidad que juega con la música y le hace al curioso con cada artefacto. Que este texto a la tierra y a su música sea evidencia de que una vez fuimos agua y viento: gracias noche. 

El maíz entre las sombras. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué te llevó a crear magia sonora?
El planteamiento de esa pregunta me parece muy interesante porque la música y el canto han estado ligados a la medicina, la sanación y la espiritualidad desde siempre. Aún hoy en día marakames, chamanes y rezanderas suenan y cantan para lograr el encantamiento y la magia. Sin pretender compararme con esos grandes hombres y mujeres, yo diría que en mi música hay una búsqueda espiritual y mística, una búsqueda por la sanación propia y la de mi comunidad.

¿Qué te mantiene en color? 
Yo diría que el trabajo. Trabajar en el buen sentido, no desde perspectiva del capital en que el trabajo es un factor que hay que explotar para obtener riqueza. Trabajar como un acto de amor, una actividad que me permite relacionarme con otros humanos y mantener en movimiento mi mente, mi cuerpo y mi creatividad.

¿Cómo encuentras la oportunidad del sol y la luna? 
Son el sol y la luna quienes me encuentran. A veces me distraigo en con pensamientos y cosas superfluas, pero es imposible no voltear a ver un atardecer, una luna nueva, un sol brillante y recordar la magnificencia y la sencillez que significa estar vivo.

¿Cómo canta el maíz al dormir? 
Después de la cosecha, en el otoño, los campos descansan hasta el inicio del nuevo ciclo agrícola, durante estos meses milpas y parcelas se visten con el amarillo ocre del rastrojo, es entonces, diría yo, cuando duerme el maíz- EL maíz duerme y canta cuando lo acaricia el viento, es un canto de paz y de calma, a la espera del nuevo sol.

El sonido de una noche. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué hay de las estrellas? 
Las estrellas nos hablan del tiempo. A veces me pongo a pensar cómo sería la vida sin calendarios, los calendarios son necesarios, pues nos ayudan a organizarnos y estar todos de acuerdo en qué día estamos viviendo, pero no dejan de parecerme una imposición violenta. Pienso que sin calendarios voltearíamos otra vez al cielo por la noche, ver cómo se mueven venus y marte y las constelaciones. Tengo amigues a quienes les gusta el zodiaco y la astrología, pero la mayoría de ellas y ellos hablan del movimiento de los astros de acuerdo a lo que dice un libro y no por cómo se ven en el cielo. Pienso que deberíamos ver más las estrellas, encontrar nuevas constelaciones, nuevos signos y nuevos tiempos.

¿Cómo le escribes al amor?
Enamorado.

Soltar el silencio. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué dice el poema en la jarana? 
El son mexicano, como muchas otras tradiciones poético-musicales del mundo, es una expresión completamente sonora, no tiene escritura, ni para la música ni para los versos. La recopilación de coplas en medios escritos es relativamente reciente. Es quizá por ello que en el son, el ritmo de la palabra y el ritmo de la música están íntimamente ligados: En La bamba el pmnico de la jarana “canta” los acentos de la voz cantada ta-ta-tan ta-ta-tan ta-ta-tan-tan-tan; El pájaro carpintero o La petenera se cantan con una quintilla sextilla y entonces la jarana tiene que hacer un rematito extra para acompañar los últimos versos, lo cual da a estos dos sones un ritmo particular.

¿Hacia dónde viajas cuando compones? 
Considero mi proceso creativo como un acto intelectual, cuando compongo pienso en las cosas que conozco, lo que he leído, en el conocimiento que he adquirido escuchando a otras personas, en ocasiones recurro al internet para saber sobre ciertos temas, también me gusta escuchar la forma en que otros compositores han abordado el tema del que quiero hablar. Si viajo a algún lugar diría que es hacia mi historia, mi presente y el entramado social del cual soy parte.

Un campesino Matriolax y Gabriel. Foto: Juan Carlos Luna

¿En qué se construye el silencio?
En la paz y el respeto, si no tenemos paz será muy difícil que podamos encontrar silencio, de igual manera, es necesario respetar el silencio y la paz del otro para podernos escuchar. Pocas veces he podido percibir el silencio, una que recuerdo bien es cuando murió una mujer que fue muy querida en mi familia, se fue en paz, plena, y entonces oí el silencio de la buena muerte. También he escuchado el silencio colectivo de la expectativa y la esperanza, ese me parece un poco más común, hasta cuando el delantero estrella de la selección está por tirar el penal decisivo para pasar a cuartos de final, Juan Gabriel jugaba mucho con eso en sus conciertos.

¿Cómo celebras a la vida?
Cantando.

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Jaramar: de cantos, pintura y escultura

Jaramar: de cantos, pintura y escultura
La poeta que esculpe música entre la naturaleza y los viajes
Jaramar. Foto: Festival Quimera Metepec

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
Ángeles Mora

Fue en Zacatecas. Fue en abril. Fue en el Festival Cultural de aquella ciudad. Aquella noche. Un año antes que iniciará con esta aventura de Por favor, lea poesía. Fue en Zacatecas. Fue con Sergei y Juvidel. Fue con mi hermano. Fue una tarde de cantos. Fue un sol de pocos. Que mis labios te nombren. Y se sentó junto a mí para escuchar a Omara Portuondo. Fue en Zacatecas, muy cerca de Las Quince Letras, cuando el canto de Jaramar se volcó piedra en mí.

Roja fue la tierra, las piedras, el viento. Dos genias contemplé aquella noche. Dos mujeres de voz y esculturas. Ahí estaba Jaramar a mi lado en aquella geografía que amaría en tiempos futuros. Jaramar le cambió el ritmo al sintagma que portaba en mis palabras. Fue en Zacatecas cuando su canto nos vistió de trenes, de aliento y de mares. Aquella tarde conocí el canto de sus flores: en vivo y con el respaldo del público norteño. La sombra con el encuentro de la pesadumbre. La luna era espejo de Jaramar y yo ahí. Lo vi. La voz, los músicos, una memoria e intento esculpir estas letras. Se vuelve un sonido.

La memoria no es tan grande para describir lo que Jaramar nos entrega en cada actuación. Intento el poema y su voz dice Trenzas y risas. La memoria no soporta el instante de la vejez. Y ahí estamos. Zacatecas tiene unas piedras que saben de ella. Hay una evidencia de su música y desde las lágrimas No vuelvo a amar. Fue ahí en Zacatecas que Una flor amarilla le puso otro nombre a esa ciudad y pocos lo supimos. 

Esculpir cantos. Foto: Alejandro Pérez

Hace tanto tiempo que la escucho y es momento en que el sueño se deja ir por su voz y lo detengo. El sueño con con ella es el eco de nunca terminar. Poner su voz en el mediodía del trapeador y el momento toma forma. Es un florecimiento en las venas. Te vuelves método y alegría. Pero siempre nos dice como salir de ahí. Uno se puede creer lobo estepario o cien años de soledad y tiene para toda dramaturgia: ella es un teatro complejo.

Escribir el poema desde la escultura para dejarla en la pintura sonora, dice Jaramar. Y ya las palabras llegan a la médula. Pero ya escribió el poema y ahora lo canta. No se trata de la soledad, ni de la telaraña que somos. Su canto es una textura de México que persigue los aromas. Les llama. Les canta. Les es una mentira y una verdad. Jaramar se suelta y es entrañable. Su canto nos descubre en el silencio una mañana y nos volvemos etéreos. 

Nos lleva en la noche bajo cualquier ausencia. Así la palabra en la canción nos lleva al viaje que deseamos. Nos volvemos amor y perjurio. Así canta y el público entra a meditar. Somos la canción. Nos cautivamos y el silencio nos es y Jaramar dice que sigamos. Ella es piedra nube y uno en la calzada de flor, sol entre el desierto. Y doy vuelta en la glorieta del mar. Me vuelvo perfil en la playa y de ahí al bosque. Y los libros me siguen. Y la sincopa funciona como verso estipulado por las flores. Y ahí voy a buscarla. Sube y baja. Se vive, se canta, se pinta y se esculpe. Juega. Nos recrea y simpatiza. Vamos al poema. Nos vuelve pasajeros de sus viajes. Nos comparte el sonido desde la profundidad de las cuevas. Jaramar tiene terciopelo en el juego y brillamos. Nos evita el dolor. Le entrega senderos al camino con sus canciones. Hoy somos un poquito más de danza y de naturaleza.

Jaramar trabaja para que Todas las naves del mundo lleguen a nosotros este año. Y yo vuelvo a ella y las “canciones viajeras del mestizaje” están en espera por contagiarnos. Jaramar sigue en el canto y señala que dicho trabajo “busca reflejar y sintetizar mi búsqueda musical a través de un repertorio que recorre el camino del mestizaje”. Así nómadas como ella, vienen “canciones surgidas en la España de la época de la conquista en la que confluyeron las culturas cristiana, mora y judía nutriéndose unas a otras, cuya lírica y formas melódicas migraron como poderosas materias primas a México”. Así con el recuento de su pasión señala, “es la poesía novohispánica representada por la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz; canciones tradicionales mestizas; y mi propio trabajo de composición”. Por su parte resalta, “en la selección, como ha sido el caso en mis proyectos anteriores, es principalmente la voz de las mujeres la que habla”.

Ser vuelo. Foto: Alejandro Pérez

Siempre trae en la bolsa del mandado sus canciones viajeras y aborda, “el tratamiento arreglístico y de producción tienen como base el concepto de fusión. Parte de las formas y melodías propias de la España del Siglo XV para a partir de ahí viajar estilística y sonoramente al Siglo XXI, pasando por elementos de la música tradicional mexicana, sin dejar de lado las muy diversas influencias que forman mis capas sonoras y las de mi equipo de colaboradores”. Jaramar sigue con sus viajes y nos traslada bajo las nubes en distintos espacios, desde el puente al corazón, desde el bosque a la madeja de amaneceres. Cantar para esculpir una pintura es lo que hace Jaramar.

El eco de vivir. Foto: Alejandro Pérez

Aquella noche escuché a Jaramar abrirle a nuestra Omara que nos cantó a Pedro Infante y celebramos la vida. Ahí fue. A su lado, en que la poesía cambió otra parte de mi vida. Zacatecas fue testimonio de ese encuentro y ahora busco la silueta de la piedra en la que nos encontramos. Sus palabras, ancla de su sencillez, aquí se pintan solas,

Toco tus aguas,
trazo signos de cristal;
bebo tus aguas,
en tus alas niego el tiempo.
Tomo tu ropa,
pinto tus ojos,
dibujo tu aliento,
recorro tu país;
te olvido para verte.

(fragmento de Diluvio)

 

Música para la pintura. Foto: Alejandro Pérez

¿Cómo es la composición musical a través de la pintura?
Seguramente es distinto para cada persona, el camino que he descubierto a través de la práctica que funciona para mi es, en primer lugar con la palabra, los textos que serán la base y columna vertebral de las canciones. Al escribir – o elegir – esos textos, que existen antes de construir la música para ellos, los voy poblando de imágenes, y de esa manera lo que voy creando son pinturas sonoras que cuentan historias.

¿Qué se sostiene entre una naranja y Guadalajara?
El aliento con sabor a naranja.

¿Cómo construyes el océano Pacífico?
A través de los sueños; el mar es el medio imprescindible a través del cual viajo en mis sueños.

¿De qué manera eres augurio?
Puedo imaginar y transformar gracias a que sueño, ahí está la raíz de los augurios.

Viajera. Foto: Paola Toledo

¿Qué flor eres cuando cantas?
Una inventada, diferente cada vez.

¿Cómo surge la canción en medio del desierto?
Mientras conservemos el aliento, existirá el canto, aún en medio del desierto. Y nunca dejará de ser y decir y sonar, aún en el silencio.

¿En qué lugar encuentras los colores: playa, selva o bosque?
En realidad mis colores son los de la vida, toda: las paredes, los árboles, la ropa de la gente que anda en la calle, las banquetas, el agua, el cielo, la tierra… todo, una amalgama de colores en la que a ratos resaltan unos y a veces otros.

En el canto de la naturaleza. Foto: Fernando Reyna

¿Has volado en bicicleta?
En mis sueños.

¿Cómo sucede la gastronomía por tu paladar?
A través de lo que surge primero con mis manos, especialmente si es algo que puedo amasar y formar, como el pan.

¿Qué es lo que más te conmueve de la naturaleza?
Que es vida… y muerte, y vida de nuevo. Y así.

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Poesía en la casa: trece años

Poesía en la casa: trece años
Este movimiento silencioso ha generado que algunos volvamos a leer este género
Diferentes versiones de nuestro emblema. Foto: Miguel Asa

Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa 
y tan misteriosa como su propio creador
Víctor Manuel Pazarín

Mihi ipsi scripsi!
Friedrich Nietzsche

Leerla sin insultarla, sin menospreciarla. Leerla en el baño, en los caminos, en los parques, en los epígrafes, en los tacos, en la cama, en el columpio, en el sueño, en el esplendor del sol, en Tonalá, en el jardín de tu casa, con el amor, con el odio, con todo, pero leerla. Leerla como si fuera una pasta italiana, una sopa azteca, un trago de pulque, un raite por las carreteras, un orgasmo en pareja, una seducción del viento, un verso en el oído, una ironía en los huesos, un minuto de la vida y basta.

¿Acaso la poética de la incertidumbre tecnológica nos ha dejado devastados en un individualismo masivo? Hay poesía en todas partes: en los burdeles, en el sanitario, en la comida, en la vagina, en el pene, en la carne, en las tostadas de frijoles, en el burro, en el son jarocho, en Cuba, en La Gaceta, en Guadalajara, en su espalda y en la mía, en mi bici y en las ninfas. Hay poesía en las pendejadas de ellos y en las torpezas de éstos. Hay poesía sabrosa, que duele, que inspira, que idolatramos, que recordamos, que olvidamos y que siempre está ahí. Hay poesía de los miedos y de los egos. Hay poesía diferida y por consumo. Hay poesía de kilogramos y poesía del exilio. Hay poesía, siempre hay, y cuando no hay, nos arrepentimos.

¿Nos hemos convertido en racistas literarios con base en la moneda de turno? Hay poesía para niños, para los amorosos, para adultos, para viejos y hasta para muertos. Hay poesía aquí y en China, en el norte y en el sur, en el Este y en el Oeste. Hay poesía en tu nacimiento y en las etiquetas rojas. Hay poesía en las pestes y en las cóleras. Hay poesía de rato y poesía eterna. Hay poesía estéril y poesía que fecunda. Hay poesía rodante y poesía senil. Hay poesía en la muerte del más viejo, en el futuro del más nuevo. Hay poesía en las casas y en las montañas, en el mar y en el desierto. Hay poesía en la belleza del día y en el de su mirada. Hay poesía nefasta, maloliente sensata y cursi. Hay poesía premiada y la humilde. Hay poesía en los libros y en los nombres. Hay poesía en el nixtamal y en las manos de mi abuela. Hay poesía en México y mucha, mucha hay.

¿Acaso nos hemos vuelto autodidactas de los espejismos? Ayer mi madre y yo charlamos sobre la fuerza de sus manos al curar un músculo lastimado de una mujer joven. Ayer vi el cielo de colores en el tráfico de esta insólita ciudad. Ayer descubrí la sonrisa de un niño al verme sorprendido. Ayer un taxista me dio las gracias. Ayer pegué una calcomanía en el tren, otra en la casa del vecino, en el automóvil de mi amiga, en el teléfono público, en el local aquel, en la memoria de cinco mil gentes, en las paredes, en los versos ocultos, en los poemas olvidados, en los poetas arrumbados, en los besos, en la piel, en la propia poesía.

Y fue para compartir, para difundir, para leer. Fue para ti, para los de allá y los de acá. Fue para los de la tiendita, para el de los tacos, para el policía, para el banquero, para el mesero, para el chofer; fue para la cocinera, para la verdulera, para el merolico, para el estudiante, para la madre, para el tío, para el niño. Fue para leerla o ignorarla, para decorar, para comprender y analizar, para cuestionarse, para seguirla, para tirarla, para quemarla, para abstraerla, para criticarla, para pegarla.

Se consultan versos en las manos de los muertos, en las lecturas que hacemos, en las páginas que nos recuerdan que alguien existió, en las letras y aquí estamos para disfrutar y exagerar que la poesía no sirve para nada en estos tiempos, sólo para redimir el espíritu y ya.

¿Cuántos nos cobijamos en la poesía sin que seamos vistos? Ya lo diría en su momento, la poesía es para todos, no tiene cuerpo ni prestigio alguno, hay para el más jodido como para el más insulso. Hay versos que logran transportarnos para mitificar nuestras miradas en los versos de otros. Hay creadores y lectores, hay máquinas de escribir que desgarraron sus tintas en millones de versos, hojas blancas que sirvieron como espacios imaginarios de mundos felices y hostiles, y que, ahora y siempre, hay momentos para redescubrirlos. 

Este texto se publicó en La Gaceta de la Universidad de Guadalajara en su sección O2 el 17 de febrero de 2014, bajo la edición de Víctor Manuel Pazarín.

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Carmen Villoro: una obra negra en preludio

Carmen Villoro: una obra negra en preludio
Los versos que se cocinan con el cuerpo en la palabra
Carmen Villoro. Foto: Luis Pérez
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Casas, caminos, nubes,
ensenadas azules y montañas
abrieron sus ventanas.
Tomas Tranströme

Cocinar las letras. Eso lo leí en ella. Aromas peculiares, soledades y sabores. No sé de qué manera una Obra negra llegó a mí. Y de repente el esquema de la poesía tiene recetas, olores, paredes, rincones y una lista de colores líquidos que rondan en la piedra. Así cocina cemento y pone las telas de las flores Carmen Villoro, con fragancias gruesas y anhelos sin pesar. 

Originaria de la Ciudad de México, ha creado ciudadanía en Guadalajara alrededor de las bugambilias, los amigos y las celebraciones. No recuerdo precisamente cuando le leí un poema de Carmen a cierta persona que en mis ojos se reflejó una mañana bajo las sábanas. Entonces comprendí que el ritmo de las moléculas se teje con el baile de los delfines. Así, con poesía desde hace años, Carmen es más que una amiga, se ríe y simplemente entrega el gesto a los pequeños momentos, esos, que contemplamos a diario, ahí, puntualmente, en la lotería del tiempo, están los detalles de la poesía. Así una despedida, una casa en construcción, el habla, la palabra y sus artilugios, la calma, los recorridos y demás, están en sus versos. Tiene una alcoba llena de recursos con los que teje, dibuja, canta, llora y sueña.

Sentir es el detalle de la poesía. Foto: Luis Pérez

A veces pienso que Carmen siempre está en un estado onírico: vamos, ella observa las texturas de las flores sin lupa, tiene una visión intergaláctica que nos permuta en tipografías suaves. Así lo dice. Y por ello me atreví a preguntarle sobre detalles y se volcaron las preguntas como sirenas en la lupa. Aquí, sabría que tendría recetas muy particulares y con precisión. Entonces, hoy mis ojos se conmueven y contemplan el acto de la buena fe y la persistencia. Hagamos de los detalles bombas de amor, dice. Y se congestiona con la peculiaridad de la vida, entre su creación, sus palabras y los versos. No sé si pueda ser un ave, la confusión, un sistema matemático que se viste de rosa para darnos palmaditas en la espalda, la posibilidad de dispersarse entre el silencio, la ola que viene repleta de calma o el paso que furioso alcanza el colibrí.

Así la poesía de Carmen y su labor: sentir. Ese verbo es con el que a veces diálogo y lo manifiesto. Sentir, encuentro entre cambios. Sentir el viento desde el huracán. El desierto y los balcones de las estrellas. Sentir, qué es si no otra palabra más en la vértebra de los segundos. Sentir en la nada. Sentir en el vacío y desde la glorieta en bicicleta. Sentir. Eso me ha enseñado Carmen una vez que le leí a aquella persona sobre las sábanas. Sentir el espíritu una vez para no acabar en el delirio de la gota. Así me quedo con sus palabras, que llegaron como riego a este jardín poético. Otra vez, la palabra sentir como pilar de la poesía. 

Una obra negra siempre tendrá eco. Foto: Luis Pérez

Y ya te has dado cuenta que la nostalgia no es para siempre. Y que el cuento se desvela en medio de las crinolinas. Y que nos hemos callado un cardumen dentro de la piel. Y que mis venas son ríos de lo que se percibe en la cocina. Y que hoy ella me ha dado el recetario de esta región, invisible e inaudita, pero al final vocablo. Y que no descansaré de las perlas que postran sus versos, pues ahora persisto en esta obra que si no negra, los colores se expanden. La cumbia suena: Carmen pero me queda tu retrato/ El lindo pañuelito blanco/ Y el rizo de tus cabellos, Carmen. Y así nos quedan sus palabras, en este papel de hoy y la obra ya está en proceso.

Existe un momento para detenernos y ver las soledades de las casas sin cocinas. De aquellas que aún no han sido nido de charlas y de mondadientes. De aquellas en las que la poesía pasó ligera y no se desveló en la intransigencia. De aquellas en las que llega uno impuntual con el corazón roto para enmendarse con una bandita y seguir. Se eleva Carmen y va el discurso de los botes de agua. Ya decía yo. Estos cimientos más que concreto son flores desde la columna de sus versos. Le han salido alas, y aquí, sus vuelos.

Disfrutar los colores desde caulquier misión. Foto: Luis Pérez

¿Cómo es una flor ante la abundancia de la poesía?
La poesía no está en la flor ni está en el poeta, está en el encuentro del poeta con la flor, ahí surge esa experiencia de asombro que no puede decirse con palabras, ni siquiera con la palabra poética. Ésta es siempre un intento malogrado, apenas un roce de esa experiencia inefable.

¿De qué manera preparas una receta gastronómica con letras?
Las letras, las sílabas, los sonidos que éstas producen son la materia prima con la que se cocina el poema. Los silencios son un ingrediente necesario para que las palabras tengan cuerpo y puedan formar versos. Todo texto debe hervir a fuego lento y dejarse reposar. Los poemas precipitados se abrazan y se queman, los que perduran fueron aquéllos que merecieron el tiempo que todo necesita para estar al punto. El platillo puede ser insípido si es intelectual, la razón es ingrediente duro de cocer, en cambio la emoción lo ablanda y le da buena consistencia, dichosa y placentera, pero no debe pasarse de almibarado porque el azúcar en demasía amarga. Los poemas se sirven en platos limpios, sin salsas ni acompañamientos y han de ser degustados con cuidado y  calma para que revelen el poder que contienen en el corazón, al fondo de las hojas.

No hay prisa, sólo libros. Foto Luis Pérez

¿Cómo escapas de la acción de lavar los platos?
La acción de lavar los platos es una de las grandes acciones de la vida. Sería feliz en una lonchería en la que mi misión fuera lavar platos por horas. Nada como una tarja donde el agua y la espuma se dan cita y se mezclan entre restos de fruta que desaparecen en el remolino de agua, y transforman la mantequilla en cristales transparentes. Quiero ser vidrio y porcelana entre unas manos fuertes y seguras. ¿Quién no?

Si fueras un sueño, ¿cuál serías?
Soy el sueño de mi madre y de mis abuelas. Soy el canto dramático que jamás salió de la garganta y reventó en el pecho de mi abuela materna como una granada. Soy la lluvia que mojó el cuerpo oculto de mi abuela paterna y la cubrió de besos prohibidos. Soy las calles que ellas nunca transitaron y las palabras que no se atrevieron a decir. Soy la poesía que mi madre no publicó y el vuelo que temió para mis alas frágiles. Soy el sueño de libertad que forjé para mi única hija y mis múltiples, imaginarias nietas.

Hay qyue construir paisajes con malteadas. Foto: Luis Pérez

¿Cómo te sorprende la piedra y el silencio?
El silencio es la manifestación más clara de la presencia de lo sagrado. No sólo es el fondo sobre el que se dibuja el discurso. Es una expresión contundente y elocuente. Ante el amor y ante la muerte guardamos silencio porque ante esas experiencias cualquier palabra se vuelve retórica. Y la piedra trae con ella su silencio que es la quietud y la majestuosidad de la naturaleza. Mi existencia es ruido pasajero; la piedra ha sido desde siempre y permanecerá siendo ese silencio que llamamos Dios.

¿De qué manera repercute un animal en tus letras?
Yo soy un animal de letras. Alienada por el lenguaje y la cultura me veo en la necesidad de rebelarme a través del juego. Hacer de las palabras la plastilina moldeable para construir criaturas nuevas que hablen una gramática distinta, más cercana a las imágenes que a las ideas. Soy un animal destinado a ser un homo sapiens que pretende ser un homo ludens. Con la edad reconozco mejor al animal que llevo dentro. Y lo protejo.

Variaciones de los versos. Foto: Françoise Roy

¿Cielo, agua, hoja o maracuyá?
Maracuyá es una hermosa palabra. Es carnosa y al decirla la lengua la paladea, los labios la detienen para que no se vaya, los dientes evitan lastimarla. El amarillo se abre camino entre su pulpa densa y tropical. Cielo, agua y hoja son testigos callados de su sensualidad.

¿Qué momento memorable tienes al lado de una bicicleta?
Sobre una bicicleta transité la juventud: la empinada pendiente, los brazos levantados, el manubrio apenas detenido con un toque sutil de las rodillas. Tengo una bici retro en el descanso de las escaleras. Una escultura al tiempo que se fue y a la nostalgia que perdura.

¿Qué sientes cuando degustas una nieve al lado de la vida?
Me gusta esquiar sobre la nieve de limón, sobre todo en verano. Después morder el cono de galleta y cerciorarme de que la vida cruje para mí. Sólo entonces, sentarme en una banca y mirar a los niños y a los perros con la alegría de quien se ha olvidado de sí misma salvo por el sonido de la galleta entre los dientes y la lisura blanca por la que se desliza el día.

¿Con qué juegas en tus creaciones, con un papalote, una pelota o un trompo?
Un papalote que baila; un trompo que se levanta por los aires, ligero como un papel; una pelota que gira hasta convertirse en un punto fijo que, unido a un hilo, se pierde en el firmamento. 

 

Resposteria gramatical

Poner el sustantivo en un recipiente; ablandarlo con adjetivos suaves y cremosos; cernir los artículos y las preposiciones; añadir un par de metáfora frescas; batir los complementos a punto de turrón para envolver la mezcla; lubricar el molde con más de una vocal para que las consonantes secas no se peguen; vaciar el contenido en un soneto firme; hornearlo al fuego lento del afecto; dejarlos reposar para que la pasión no ceda a la intemperie; servirlo en la mejor tipografía; consumirlo despacio y con deleite como todo lo que ha de desaparecer del plato.

En Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

El mar se abrió
entre guerras y violetas y mi llanto.

El agua se contuvo en los dos frentes
y se formó un atajo.

Marchó la carne, luego la idea
el palpito se adelantó a su sombra.

Las palabras vendrían después:
este camino era
cuestión de sangre.

En Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

Sobre el comal caliente los círculos se inflan un momento,
son el suspiro de la mujer que les da vida con sus manos
tostadas. A tu mesa llegan las tortillas humeantes, el
alimento milenario que convierte la comida en un ritual. En
tu boca se agitan los maizales, germina la tierra, arde de
nuevo el sol, mientras saboreas el grano que alguna vez fue
sólo de los dioses.

En Jugo de naranja (Trilce Ediciones, 2000)

VI

La palabra es una fruta,
es redonda y jugosa
y tiene un hueso duro en el fondo.

La palabra “palabra” abre su cáscara,
se desnuda y enciende entre los labios, el paladar,
la lengua.
Se escucha entonces su pequeño cuerpo
que estalla como el trigo
y los dientes apenas y la tocan
para no lastimarla.

La palabra “fruta” es más carnosa,
la palabra “comerse” tiene, a su vez,
unos pequeños dientes,
la palabra “autofagia” se autofaga,
la palabra “redonda” sale como burbuja
y en el aire explota,
la palabra “explota” me salpica,
la palabra “fondo” tiene su hueso en el fondo,
la palabra “duro” lo hace más corrioso,
la palabra “silencio” se lo traga
o por lo menos lo esconde.
Es la palabra un fruto
que ha suspendido el tiempo
en plena adolescencia.
Está ahí siempre pendiente del árbol del lenguaje
anaranjada y dulce.
Si la tocas con amor, te fecunda.

Es un fruto
pero es también una piedra
dispuesta a seguir siendo piedra.

Estalla pero a la vez se enrosca.
Es el punto y la línea,
la parte y el todo,
el presente que contiene pasado y porvenir,
el núcleo y sus orillas.

La palabra es una forma de mirar
lo que no está,
por ejemplo el paraguas, ese,
o el paisaje de niebla.
Es un engaño para mitigar el dolor
de la despedida que somos.

Fragmento de “La palabra”, Obra negra (Editorial Arlequín, 2006)

No me lo digas todo, no me cuentas
No quiero entre plegarias tu garganta
ni entre quijadas
el hígado enraizado de sus ruegos
 
No los quiero
 
No me traigas la luz que me enceguece
No me hagas ese tajo
No me hables de la espalda hasta sacarme el mal
No me tragues la vida
No me dejes la espada entre la voz.
 
Yo te suplico a ti
No me desvastes

En Liquidámbar (Mantis Editores, 2017)

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Luis Armenta Malpica: un tesoro perverso lleno de ironía

Luis Armenta Malpica: un tesoro perverso lleno de ironía
El poeta que en su privacidad es una elocuencia divertida
Luis Armenta Malpica y Alejandro Silva. Foto Miguel Asa
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Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
César Vallejo

No se puede despertar por la mañana simplemente, preparar el café, hacer algo de ejercicio y vibrar la sensualidad desde nuestra cotidianidad. Quién sabe cómo se peina aquel hombre, o cómo se perfuma aquel otro, o cómo es posible lucir bello como el que viene por la banqueta de enfrente, o cómo escribir un poema mientras se pierde en el sueño. Y así pasa con Luis Armenta Malpica mientras me manda una selección predilecta de stickers en el mensajero, un fetichismo contemporáneo que nos hace reír y diversifica los discursos, y no sólo eso, los poemas. 

Así se anda Luis, entre la palabra, el objeto nuevo de la diversión y la plenaria de cambios sociales. Hay en su trabajo una particularidad en especial: hay un canto entre la desolación, el sentimiento y la perversión (algo también tiene) y se divierte. Va iracundo, entre pasos de montaña y lágrimas de niño. Así pasa con Luis, poeta, editor, traductor y a quien conocí en mi travesía con versos por Guadalajara, Jalisco, entre la magia de los amigos y uno que otro canto perdido. Luis es secreto, Luis es un tequila y una cerveza, Luis es colores, Luis se viste y se desviste tan sencillo en las páginas. Así baila y decora las palabras desde su baile.

Luis nació en el extinto Distrito Federal, pero hoy es más jalisquillo que nada. Le hace al loco, me dice, y sigue en la exploración literaria, juega. Se es niño y viejo a la vez. Juega con una pelota pero responde con el acento del ajedrez. Así pasa en algunas mañanas de charlar. Entre otras sombras, nos distanciamos y nos perdemos. Así el calcetín, la jaula o la dinámica de ser. En su obra manifiesta un pasito por allá y otro por acá. Sus versos los aglomera con Selena y un poco de mezcal. Qué decir de atender a la alineación del cuerpo. Sabe. Sabemos que estamos en cambio. 

La mirada desde la poesía. Foto: Miguel Asa

Que la poesía gira y es una tómbola, que está en constante evolución y diversificación, que los campos están en otras exploraciones, que ya no es la misma inquietud, que ha cambiado el clima, que ya es de noche, que ya escribe, que ya pasa por acá, que abre el libro, que saca la foto y denuncia al poema. Restríngelo. Una mordida, el poema. Ya va. Está en las manos. Y todo, pareciera que una flor nace desde el sexo de un hombre y surgen los cantos de las mantis, animal que le erotiza, le estimula y gesta. Nada y muere todo el tiempo. Su trabajo, va como canto en el espejismo de esta vida. Sabe modular el equilibrio. Es un sueño, elefante y desgracia. Se congela por la frescura del temblor y va así, despacito entre los alacranes y los bisontes. Sabe volar a solas, dice que el perfume es un terremoto lleno de selva. Le apetece el sabor y vuela. 

Es un caballo negro. Solidario y sin temor a las perspectivas y jugamos: “Si lo sabe el poema, que lo sepa el mundillo literario”, “Un verso y un reverso, como la vida.”, “Pase por su verso: no muerde. “Poeta sin marca ni versito que le ladre”, “Se renta todo o en estrofas.”, “Dos versos más y me enamoro.”, “El poema te desviste por sí mismo.”. Y nos ponemos a jugar con la palabra y la no censura ante la comunidad. Y más allá: “Eres mi versito favorito.” “¿Y si nos bersamos?” “Te mando un bersito tronado” “Dame un berso húmedo.” “Estoy a un berso de quererte? “Berso, luego existo” y más tantos que andan por ahí entre los móviles de las personas. Y la poesía llega de otras maneras y sonríen. Ahí, en esa colectividad, estamos abrazados todos. Y nos divertimos.

Nadie ha dicho que ha sido feliz de manera breve, porque las felicidades se encuentran a cada rato. Así en el pasillo de la feria aquella o el sentimiento de las palabras en las personas. Y Juan Gabriel canta otro pedacito más. Hay que reírse. Hay que coquetearle a la vida para divertirse. Disfrutar el eco y el abismo. Así la fruta como la caminata. No sé qué horas son. Un poema, un libro, los colores. De ahí, estructuras cándidas, en las que los osos y las nubes se vuelven encuentro y se pintan alas. Y ahí va Luis, desde la colonia Atlas, en Guadalajara, al mundo y se fabrica un éxodo para destilarlo en poesía.

Que la comunidad, que la poesía es posible, que somos evolución poética a cada rato, que ya es tarde, que la barra ahora no atiende, que la palabra, que el viaje, que las contemplaciones, que los stickers, que si un libro de hombres, que los tequilas, que ya no escriben, que si la videollamada, que el verso soldó, que si la luna descalza, que si la entrevista y que sí las preguntas y que pues aquí están.

La creación es un juego. Foto: José Ángel Leyva

¿Qué sientes cuándo ves un calcetín tirado en la calle?
Ojalá me topara con algún objeto así, abandonado de su par, introspectivo, para que me hiciera detener el tráfago de la vida cotidiana, pero no he tenido esa suerte. Camino poco por la calle. En casa hay mucho orden, así que es poco probable que me tropiece con algún calcetín fuera de sitio. No sé si el que se saldría de sus casilla soy yo o, más relajado, me lo pondría en la mano y lo utilizaría como títere.

¿De qué manera es tu forma de percibir la luna?
Me gusta cuando la luna se pone regrandota como una pelotota y alumbra el callejón, porque recuerdo a mi padre. Se dice que la luna es un símbolo femenino y sabemos que influye en los ciclos de las mareas y la fertilidad. En mi caso, como si fuera alemán, la luna es masculina. O por lo menos ambigua, flexible, no heteronormada. Es un gran ojo en el cual me observo y todo parece real. Y digo real porque mi vista es defectuosa, con esas nubes leves que aparecen en la luna llena. Sin sus consecuencias, creo. Aunque también es cierto que la violencia resalta más en mí en las noches de luna

Paciencia en cada palabra (y delirio). Foto: Miguel Asa

¿Qué piensas cuando comes bombones?
Hace mucho que no los como, pero el recuerdo (más que un pensamiento) me remite a mis años de boy scout y las noches de campamento. Mis primeras salidas sin mis padres, los cánticos frente a la fogata, los equipos de excursión y la destreza (o no) para hacer nudos. En el presente sería un pensamiento más bien sensual o sexual: la forma, el color, la dulzura, podrían remitirme a la delicadeza de un pezón o una mejilla. Si lo pienso, es así. El peso lo gana la añoranza. Y ya se me antojaron los bombones.

¿Alguna vez has intentado volar?
No lo he intentado: he volado. Practique buceo varios años y la sensación del vuelo es formidable en el agua. Una acción de planear, con los brazos extendidos, el cuerpo en posición horizontal, dejándote llevar por las ondas. Eso es volar también.

Libros y palabras en dos tiempos. Foto: José Ángel Leyva

¿Cómo ha sido la bicicleta para ti?
Es otra referencia a mi infancia y adolescencia. Mi padre era ciclista semiprofesional, así que tuvimos bicicleta desde pequeños. Y jugábamos a tomar y dejar pasaje en la calle de nuestra colonia, con unos “diablos” o una canastilla para el pasajero. O nos íbamos en grupo a lo alto de un cerrito y nos deslizábamos por una vereda o por el asfalto que luego fue la avenida de acceso de un nuevo fraccionamiento. Todavía me gusta ver a la gente montar en bicicleta. El traje de ciclista es, junto al de quienes practican buceo y hacen lucha grecorromana, de las vestimentas de deporte más atractivas que existen.

¿De qué manera transformas a tu comunidad?
Me gustaban más las preguntas anteriores. Para una respuesta seria primero tendríamos que seleccionar qué entendemos por comunidad: la familia, el grupo de amigos, de vecinos, el medio literario, la diversidad lgbt, etc. Creo que respeto a cada grupo e intento integrarme con mis mejores recursos y limando mis limitaciones y asperezas. No sé si la transformación es inmediata o tan visible, pero sí puedo asegurar que es paulatina.

Sonreír al poema es vivir. Foto: Miguel Asa

¿Qué son los stickers para ti?
Una manera de jugar. Y me refiero a la creación de stickers con Miguel Asa, a la distribución de los mismos con mis mejores amigos, a la curiosidad y celebración de lo que más nos gusta por medio de caricaturas o representaciones, animadas o quietas, a la creación de una simbología muy efectiva para comunicarnos, incluso en las cuestiones afectivas (junto con los emoticonos). Un lenguaje que exploro y disfruto como si fuera otra vía para acercarme al arte y a la gente.

¿Cuál es tu momento preferido con la naturaleza?
A solas o con alguien muy especial, desnudos (en lo posible) recostados en las rocas y mirando un mar embravecido. Esa sensación de fragilidad y deseo de penetrar el agua, de sumergirme y encontrar un azul más profundo que lo que tengo afuera, es tan atrayente para mí que tenía que vencer dicha fascinación en el buceo. Mi pareja de buceo siempre me lo recordaba: no te dejes ganar por el abismo, porque me atrae, me atrae.

Son las palabras un espejismo. Foto: José Ángel Leyva

¿Por qué escribir poesía?
Tal vez porque es la mejor (o una de las mejores) manera que conozco de conocerme y de estar con los otros. Tengo muchos deseos que no podría exponer de otra forma que en versos o poemas. Y muchas inquietudes que la poesía responde con otras resonancias. Es un aire que se vuelve vital y permite que vuele. Es el agua que no sacia mi sed, pero me ahonda.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu vida?
Soy un hombre muy afortunado y por eso me caigo bien. Una buena charla, una comida, beber con los seres queridos, leer, escuchar música, cantar, bailar, hacer un poco de ejercicio, viajar y muchas otras cosas tienen el mismo goce, ya sea que lo haga a diario, con mi pareja, mis amigos o familia. Disfruto muchísimo mi vida, de verdad, lo que se me presente.

Anexo M:II

Su cuerpo es este barco que descargo
de finales felices.
 

No hay que incendiar las naves o confesar algún amor
ocurrido en bodegas y toneles.
Escondíamos la carne y nos seguían las moscas.
Paradas en el sueño nos miraron roer de cada palo
de las otras banderas
la miel que nos untaban los años yuxtapuestos
con el hambre en la voz
y el hombre más picante tras la lengua trabada
(del acoso al acuse hay un acaso).

Cada ola mantiene su propia libertad.
Acaba por hundirnos el conjunto.

A fósforo quemado llegó la despedida: usted arrió
su nombre como un pliegue del cielo.

Yo dejé el matamoscas en un baño
con cien nombres grabados y ningún corazón
ninguna flecha en los tantos teléfonos.

El amor sólo existe en las manos que no pueden marcar (aunque lo estiren)
otro nombre que el suyo.

Fragmento de “Elementos circunstanciales”, Envés del agua (Cultura Jalisco, 2012)

5

Todo empezó una noche del primero de julio, en el año noventa de la tierra:
la muerte bajó al agua (incomprendida)
cuando el hombre en el agua de sí se bautizaba.

Te imaginó y se dijo: hágase ya la luz
para mirarte.
Y se hicieron los lunes y los sábados
en que habías de volver de tu oficina, cubierto de cenizas
de los otros
del tiempo
que transcurre de tu boca a su boca.

Para empezar a andar en los segundos
en su reloj de arena formaron los minutos, las horas, los días, años y siglos
donde vieron llover y se mojaron, uno en brazos del otro
cada cual en recuerdo de su muerte.

Consagraron un día para el amor: y lo llamaron miércoles
si era miércoles, y viernes si era viernes.

El resto del recuerdo nada más lo han vivido.

Fragmento de “Stabat Mater”, Envés del agua (Cultura Jalisco, 2012)

Migajas para una despedida

La poesía empieza
cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba
pero aún tienes miedo.
Benjamín Prado

No se ha muerto mi padre
pero casi.

             Es la palabra quieta
de este poema. Es el hijo
incompleto que me calla.
             Sombra del trigo. Estepa
sin pisadas. El invierno se siente
a cada impulso: un aire
dolorado de espigas
familiares y lobos en las sienes.

No duele, pero
casi sentimos esa gota
de asombro: demora los relojes en las caras
igual que las abuelas hicieron
con el péndulo (detenido cuando alguien nos dejaba
más solos en el mundo).

Esta su muerte empieza desde hace varios
libros y alguna rasgadura.
             Me dicen que al igual que la luz
se encuentra próxima.

(Los que no pueden ver
expresan sombras.)
Yo lo niego: la tristeza es impropia
de los hombres. Yo
lo niego.

La lentitud de lo que no hemos dicho
se nos siembra en los ojos.

             Y pienso en este frío en el que hundo las manos
con los aullidos párpados.
              Encuentro una palabra que aterida me llama. En la escritura
del corazón hay un empeño
por encontrar la tinta que en el pecho se amase.

Nos rendimos al viaje de polvo
revestidos: mi padre y sus costumbres
tan dulces y dañinas; yo
y la ceguera por todo
lo que una huella quiebre.

             Desde la oscuridad escapan las palomas. Dejan mis manos
libres para asir el silencio que llegue
con la lluvia. Agua que nos responda
porqué se deja atrás lo que incendiamos
para que hubiera luz.

Un corazón de padre se agita
en este poema. Esta sola tristeza
haciendo círculos.

             Por el llanto del pez conocemos los mares y esa suerte
de suponer que todo se renueva si horneamos otro pan contra las olas.

Él entra en la penumbra
guiado por las migajas que he dejado al azar
siguiéndolo en la muerte.

             Porque no sé si cavo (o quepo) en lo que soy de él
nuestro miedo es la vela.

En Des(as)cendencia (Écrits des Forges y Mantis Editores, 1999)

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Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en barco de papel

Víctor Pazarín: poeta de Tonalá en su barco de papel
El ensayista que navega entre los diarios y los imposibles
Víctor Manuel Pazarín. Foto: Miguel Asa
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¡Qué manera de comenzar! —me digo, y la evoco—.
¡Qué grande manera de empezar a vivir!
¡Qué noche tan triste esta noche, que apenas inicia!
Víctor Manuel Pazarín

Qué pequeña manera de morir estamos padeciendo desde siempre. Qué galaxia tocó la incertidumbre este sábado. Qué lastimosa tarde que te busco en mi pueblo y ya te has ido.

Si me preguntan por qué me hago llamar Miguel Asa, fue por la dicha de haber conocido a Víctor Manuel Pazarín. Aquel seudónimo que tomé de las letras de Dolores Garnica, en 2005, Miguel (así, sin apellidos), lo sintetizó él: “Extraña y necesaria la súplica de Miguel Asa —o Miguel Asísinapellidos— y tan misteriosa como su propio creador”. Y hoy mi Tonalá se queda sin su poeta.

Y me acordé que la lotería de mis textos se logró gracias a su respaldo. Mis palabras encontraron auxilio en sus didácticas y mi práctica se hizo presente ante muchos. Me tomó por la poesía experimental, algunas cosas de valía carnavalesca (los tacos, la lucha libre y no sé qué más infortunios), además de uno que otro asunto fotográfico. Pazarín fue amigo de muchos amigos. Hizo de La Gaceta de la Universidad de Guadalajara un rincón de amor. Luis Armenta Malpica me dio la noticia de su fallecimiento y lo quise despedir con otras voces. 

Y desde Sudcalifornia, Adriana Navarro, compañera de oficio y su amiga, escribió: “Juntaría todas las palabras aladas y transparentes que me tendías. Tus palabras desbordadas llenas de tiempo y color, de paisajes profundos, palpitantes, que me ayudaron a construirme y a extenderme en páginas y páginas por tantos años. Gracias por la enseñanza, la confianza y tu gran amistad.”

Y me acuerdo del piso 6 del edificio de la Universidad de Guadalajara. Ese piso que nos conmovió la vida y nuestras fichas. Desde ahí su presencia y la apertura para la comunidad desde la poesía y los universitarios. Cuántos espacios nos entregó para publicar, para ser, para poetizarnos. 

Y Luis me dice: “Cuando conocí a Víctor Manuel Pazarín, hace como treinta años, ya era un hombre respetado con Mala Estrella. Apostó por los muy primerizos Guadalupe Ángeles, Julio César Aguilar, León Plascencia Ñol, entre otros. Y con Soberbia, una revista que animó posteriormente, deambulaba por el mundo literario de Guadalajara intentando la comunión, fallida, de los diversos escritores de ese entonces. En alguna presentación, Víctor me presentó de esta manera: ‘premios Aguascalientes hay bastantes, expremios sólo hay uno’”. 

Y le respondí: Cuando conocí a Pazarín me permitió publicar un poema en La Gaceta para quien entonces era mi pareja: dnc. El verbo de mis textos se promulgó como una lotería dentro del desierto al aceptarme como colaborador del periódico universitario. Sencilla, escueta y con una forma peculiar de observar, fue quien nos entregó un enorme trabajo editorial en Guadalajara y más allá del occidente mexicano.

Y desde mi Tonalá contemplé la dramaturgia de Teófilo Guerrero: “Durante una de las funciones de una puesta en escena en la que trabajaba, había una sonrisa germinando en un hombre sentado entre el público, eso me dio la confianza de seguir con la obra en una de sus mejores funciones en el Teatro Degollado. Años después ese hombre y yo coincidimos en las letras y en las publicaciones, como aquella ocasión en el Degollado, su sonrisa honesta y generosa hizo eco en mi ánimo. Hoy ya no está Víctor Pazarín, se fue a buscar metáforas a la eternidad”. 

“Y ahora que lo pienso -prosigue Luis Armenta-, con su humor sarcástico, Víctor Manuel era ese Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas. Entre más de una decena de felinos que habitaban su casa y su jardín, Pazarín sonreía lo mismo ante un poema que ante cualquier obstáculo. Cargaba en sus espaldas un carcaj de punzantes respuestas y se mostraba pleno, desnudo, sin el menor pudor, ante cualquier fotógrafo o pregunta. Esa seguridad, tan del mundo del teatro, cómo nos hace falta”.

Y me acuerdo, hice y escribí de desnudos, de trailers, de poesía, de casas, y no sé de qué tanto más bajo sus alas. Víctor entregó calzadas a la poesía. Se fue a Tonalá para contemplar desde allá todos los versos de Guadalajara. Le sabían, nos sabía. Fue un pequeño secreto del oriente en las páginas de la Universidad. 

Y llueve Iliana Hernández desde su nostalgia: “¿Qué somos sin la palabra? Un collage. Hoy mientras tomaba el café se abrió la puerta a otra dimensión, arrancó lo que sabía que estaba y no tengo capacidad para olvidar, tampoco comprendo el sentido de tantas cosas, por ejemplo, que hace tiempo me prodigaron amor desde el anonimato, un aleteo, un revuelo. ¿Quién se da cuenta y persigue hacedor lo desconocido? Develó lo que no sabíamos que estaba, yo no sabía, sin embargo el poeta demostró que estaba. Gracias tierra por cada uno de sus días”. Y Tonalá se ausentó de su poesía. 

Y me pregunto quién escribirá desde el oriente de la ciudad sobre los reflejos de nuestras pesadumbres. Quién nos hablará desde La Casa de la Lima. Quién avanzará sobre la avenida Río Nilo con versos, métodos, críticas y demás. Hoy me pregunto quién le tomará La medida a esa parte de nuestra ciudad. Y los pájaros no responden.

Y cerca de la Mona Alfarera, desde Los Ariles, en nuestra Tonalá, Teresa Figueroa pronuncia: “Víctor, hoy quiero honrar tu voz inmarcesible, tu inteligencia clara, tus textos honestos, tu conocimiento que siempre compartiste. Quiero honrar la luz de tu memoria. Quiero honrar tu amistad sincera. La muerte se ha llevado tu cuerpo, pero nunca nos va a quitar tus palabras”.

Y cómo le hago para que esta lotería de tu muerte nos sepa a Ardentía, al fulgor de los ocasos desde el pueblo alfarero, a la cerámica quebrada en los hornos solitarios. Qué le digo a La Gaceta. Qué les digo a los universitarios en bicicleta que se identificaron contigo. Qué les digo a mis textos lotería de sus tristezas. Qué te dirán después de este día. Qué te dice este texto. Qué te dicen estas voces. Qué te decimos, Pazarín. Y Tonalá llora en barro. 

Y en una cancha de fútbol, el labio se separa de la letra. Miguel Ángel Áviles vocifera: “Recuerdo a Víctor como recuerdo a mis grandes amigos: a partir de libros, lecturas, cafés, entrevistas. Hay muchas páginas en medio desde el día en que lo conocí, y eso va a quedar siempre. Pero especialmente esos días en que charlamos sobre sus cuentos y poemas o cuando iba a la redacción de La Gaceta a saludarlo o en los pasillos de alguna feria del libro. Es un día triste porque se va un amigo”.

Y finaliza Luis: “Mientras conmemoramos el 700 aniversario luctuoso de Dante Alighieri, el centenario de la muerte de Ramón López Velarde y los 200 del natalicio de Charles Baudelaire, podría decirle a Víctor: poetas vivos y poetas muertos hay bastantes, pero me dueles tú. Descansa en paz, amigo, echaremos de menos tus discretas Presencias, tus Éxodos, tus Barcos de papel”.

Y no tengo tiempo para recordar por qué me llamaste Asa. No tengo tiempo para delimitar la ciudad más acá de sus versos. Sólo nos resta encontrarte, ensayista y periodista, en el poeta: “El verdadero, el otro”, la lucha, la libre, la desnudez, el taco, la pesadumbre, los artistas, los ilustradores, las penas, el piso 6 y tu levedad en Tonalá. 

Ya te fuiste. Me toca ver el ocaso desde El Cerro. Y Luis me abraza para llorarte. Todos nos abrazamos para llorarte porque la poesía aún existe. Cruzaré Río Nilo con tus palabras. Que nunca falte el 231. Adiós, misterioso creador. 

El verdadero, el otro
Víctor Manuel Pazarín
(Sobre un cuadro de la pintora Verónica Sandoval)

El traje de mañana o pasado mañana,
el traje en el que envuelta
azul, muy azul
estará mi carne,
tendrá que ser el verdadero, el otro:
el que venga a cubrir la palidez
de mi abierto
—siempre muy abierto—
y triste corazón
que ya no encuentro.

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Rossana Camarena: una letra en el viento

Rossana Camarena: una letra en el viento
Ella juega a la ruleta rusa y es huracán
Rossana Camarena. Foto: Miguel Asa
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Soy la que soy
casualidad inconcebible
como todas las casualidades
Wisława Szymborska

Solicité un espacio y la conocí, lo demás, es una enorme historia, algún día hablaremos de eso, quizá. Entre los ecos del Encuentro de poetas Francisco González León en 2018, en los Altos de Jalisco y la buena onda de la vida, nos encontramos. No sé qué me llevó a ella pero encontré en su espíritu la divinidad de la poesía. En una carretera nos conocimos, conducía mientras otros nos acompañaron. Qué decir de la vida, de las tardes del movimiento, del viento y su vórtice, de sus letras y mis letras en hermandad, todo fue un huracán. 

En Lagos de Moreno, Jalisco, manifesté mi aprecio por su persona y su creatividad. Y es que Rossana Camarena no es cualquier poeta, como dicen algunos, es más que una llanera solitaria que a todo le apuesta y que con todos cambia.

Desde el primer momento abrazó a Proyecto Ululayu como su casa. Lo hizo parte de su vida y ahora vive con él. Conocí su mente por sus letras. Y es que las glorias se cantan en la terraza, se columpia uno en la hamaca y se vive en los sueños. Y dijimos, “haremos historia” y la historia ya nos llegó.

Las letras son abrazo. Foto: Miguel Asa

Así los chilaquiles verdes de viernes nos consumen el corazón, palabras más, palabras menos, compartimos lo que nos contiene. Así pues, su poesía es un disfraz vestido de diversidad, pues si bien bala también ruleta rusa. Pero más allá de todo, su poesía es la búsqueda de un bosque de colores que nadie conoce, y al saberlo, se lo ha apropiado. 

Rossana es poeta, diseñadora, gestora y por demás, amiga de un centenar de personas creativas, es un enorme vínculo entre muchos de nosotros. Muchos quisiéramos su humildad para saborear de las diferentes glorias que nos ha preparado el destino, los trayectos, sencillamente, la poesía.

Rossana es la credibilidad de Ululayu, pues le conoció los huesos de los versos que le sostienen. Y siempre, o casi siempre, está dentro de la erosión que provoca nuestro proyecto. Sin embargo, también está presente en otros tantos ángulos que creamos a cada rato. Con Rossana la poesía no es estrategia ni política, es ser humano y palabrería salvaje, presente, de piso y fuerza. Poca de esa poesía que busca revolución, que es vida y la sombra de los infantes tal vez. Y también es mar, erotismo, confusión, precisión, salto y profundidad, un plasma que se embriaga de aventuras, de innovación y de energía. Su poesía se proclama como un silente puente entre los que están y los que no están, los que pudieron estar y los que estuvieron. Ella siempre tendrá brazos para abrazarnos.

Sonreir es su naturaleza. Foto: Miguel Asa

Aquí una sencilla evidencia de su vida, que para mí ha sido fortuito contemplarla, apreciarla, existirla. Pero no queda más que vivir cada una de sus letras para armarnos de valor y descubrir que estamos aquí, ante la bala y la flor, íconos de los discursos actuales.

Rossana Camarena está aquí en muchas lenguas, en la superficie que es su jardín, regar, observar y compartir. La poesía es su casa y en ella vive como el ciempiés, de un lado a otro, con los tiempos como resonancia del poema y de la virtud.

Cada que la observo, es un papalote de muchos hilos. Es tiempo de leer su poesía, saberle de escritura y vibrarnos de ella. Me encantaría que los viernes siempre fueran de chilaquiles verdes en Kamilos 333, rincón suicida donde construimos sin fin de elocuencias. Aquí una breve muestra de lo que es ella y sus letras, un paisaje en el vórtice del viento.

La máquina es sueño. Foto: Miguel Asa

¿Por qué escribir?
No hay otra opción que me arrebate la sensación y la plasme en papel. Las ganas necesitan vertirse en un cuaderno.

¿Cómo repercute la poesía en tu vida diaria?
Es al revés, mi vida repercute en la poesía, se va escribiendo conforme se vive y se   acomoda a donde quiera que voy.

¿Cómo es la concepción de la palabra?
Parecida a la concepción humana, esto es que hay una atracción, se procura el clímax experimentando hasta encontrar esa explosión imposible de controlar que acaba bañándonos por completo.

Leer en la paciencia de ser. Foto: Miguel Asa

¿Interculturalidad? ¿Qué te ha entregado la poesía?
Es impresionante las puertas que se abren a la palabra. El mundo te recibe abriendo las manos. La poesía entrega a raudales empatía, vibración gozosa que plaga el universo de sonidos que te erizan la piel.Las palabras se tejen y cubren con una gran manta el frío del mundo. La palabra se me entrega completa. 

¿Hacia dónde se dirige tu obra?
Mi obra no tiene timón, va a dónde se le da la gana, no tiene preferencias ni objetivos que cumplir, quizá la única dirección anhelada es ser leída, con cualquier pretexto y por cualquier razón. 

¿Naturaleza? ¿Te preocupa?
Si hablamos de Madre Natura, no. Sé que es tan poderosa que ella sabrá cómo y cuándo eliminarnos. Me preocupa la naturaleza humana que parece perder el rumbo de vivir. Olvidamos que nos rige el azar y cambiamos tiempo por dinero, así ninguno de los dos alcanza para nada.

Constante re-flexión. Foto: Miguel Asa

¿De qué manera surge la pasión por la palabra?
Leyendo a otros, viviendo otros pellejos a través de relatos, imágenes. Es así que el deseo de proyectar lo mismo se te mete en la conciencia, y hay que escribirlo con fluidos para alertar los sentidos.

¿Existe un sueño?
Conseguir el pasaporte de pájaro. 

¿Vida? ¿Qué es el presente?
¿La mía? Una serie de todo, una colección enorme de momentos, personas, lugares. Latir no es vivir. La vida da, genera, comparte. Ser conscientes de cada respiro nos lleva a escanear cada minuto. El presente es esa efeméride que desaparece al irse pronunciando. 

¿Palabra? ¿Diseño? ¿Cómo se conjugan?
Palabra y diseño hacen una trenza con la estética. Algo que suena lindo y se lee como se ve causa un impacto profundo, de esa manera el equilibrio de ambos provoca al lector. 

La poesía es un pájaro. Foto: Miguel Asa

Disparo

La primera bala la dirijiste al cuerpo
por los ojos,
sin cálculo y con prisa
atravesó el espacio
susurrando en mi oreja cosas
tan repetidas
que no puse atención.

La segunda bala la dirijiste al cielo, con los ojos cerrados
sin atinar pero sabiendo
que ahí habitan los pájaros
y una nube podría resultar herida.

La tercera fue aquella bala
que dejaste en el “cilindro”
a ojos abiertos
esa que no disparaste por no hacer daño
y que al mover el arma de sitio
se impactó contra tu sien.

Yo quería, y tú no
jugar a la ruleta rusa.

Inédito

Ojalá para entonces

Ahí estás
con la sensibilidad sujeta a la razón,
sientes que por voltear a ver el sol te iluminas
pero no sabes mirar, no ardes
tampoco te ablandas
ni con toda el agua del mar.

Eres impermeable
no abres los brazos
lates por inercia,
usas por coraza las costillas
para deformar lo que hay.

Te cuesta respirar
corres para ver si así se escuchan tus latidos
no te detienes, vas de prisa,
nada entra en ti si no puedes comprobarlo.

Te sientes seguro en la rutina
sustituyes la percepción
por una foto en Instagram,
no te enteras que las verdaderas nomenclaturas
no se dan en el laboratorio
sino en el roce.

En tu mundo
el neón sustituye una fl ama,
el diccionario es poesía
y la provocación, amor,
si osas consumir el aire asegúrate de vivir
como pájaro, como nube
para merecer la elevación.

Deseo que a la hora de la muerte
alcances a escuchar un réquiem
puedas sentir, pronunciar un “gracias”
y ojalá, para entonces
tu ego haya tomado la estatura
para que de algún modo quepa
en ese pequeño ataúd.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nota póstuma

Perdón si con mi muerte
provoco algún desconsuelo,
por las cosas del alma
no podré poner remedio,
por las cuestiones terrenales
me apliqué a dejar todo
en orden impecable.

Mis pertenencias son pocas
pero quiero repartirlas:
Para mi esposo,
las cartas de amor
que me entregaron otros
que sí supieron qué decir.
Para mis hijos,
todo lo que contenga letras,
propias y ajenas.
Para mi madre,
todo lo verde que en mi casa exista
y pueda seguir floreciendo.
Para mis hermanos y sobrinos,
las imágenes donde aparentamos 
ser una verdadera familia.
Para mis amigos,
los recuerdos todos.

Agradezco no se celebren misas,
cremen mi cuerpo,
úsenlo de tierra para macetas.
Reúnanse si quieren
y emborráchense en mi honor
con una música que acompañe mi ausencia.

Como discurso lean esta carta
y al final quémenla
también como símbolo de mis restos.
Cierro los ojos ya
y dejo aquí mi cuerpo.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Vuelo

Te pronuncio
y se pronuncian también todas las verdades,
mis oídos se inundan de razones
los ojos y los labios se cierran,
las manos se abren
intentan atrapar el aire
comprimen un grito
que me obliga a tragar.

Veo cómo te diluyes en la lluvia
hombre de barro, primer hombre
¡No ves que estoy aquí, desnuda
con la manzana que reluce?

Tú secas el corazón al sol
pero no te calienta siquiera,
yo voy ensartando plumas
transformándome en un vuelo
al que tú una y otra vez no llegas.

Te hundes en algo desconocido
dices cosas que no entiendo
me doy cuenta que llevas muñones y no alas
que te elevas por inercia
mientras yo decido ponerme al fuego
por puro gusto.

Quizá tú no sabes
que antes, mucho antes
que morir de frío
prefiero arder hasta el último hueso
sin miedo,
y por insistencia.

De Ojalá para entonces. (Ediciones El viaje, 2021)

Nada

De lo que venga de mí, de lo que apenas:como marejada, como lengua de sal, como ojos de ostra, canto de sirena en red del pescador sin hambre.
   De lo que venga de mí, de lo que se va acurrucando: como caracoles, como reflejo de luna, como fragmento de ola, estrella de mar sin cielo.
   De lo que venga de mí, de lo que murmura: como espuma deshecha, como vaivén que crece, como deseo que revienta en onda sola, sin arena ni mar ni nada.
   De lo que venga de mí, no de otros, que solo venga, venga y se quede.

De Una mujer un libro. (Editorial La Zonámbula, 2016)

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Senda Jalisco: la bicicleta en el occidente mexicano​

Senda Jalisco: la bicicleta en el occidente mexicano
En búsqueda de la diversidad de proyectos ciclistas
Cerro Viejo, San Miguel Cuyutlán, Tlajomulco, JAL. Foto: Miguel Asa

Sé que no soy gente buena,
pero también sueño que no hay fronteras.
Balam Rodrigo

Cuando salgo a pedalear por algunos pueblos de Jalisco siempre me pregunto sobre muchas cosas: gastronomía, hospedaje, bicicletas, cultura, historia y demás. Siempre que salgo de Guadalajara pienso un poco sobre lo que deseo encontrarme en tal pueblo, pero siempre me dejo seducir por el trayecto y la sorpresa está presente. 

Ante ello, no basta sólo eso, sino que también se vinculan los aromas, los sabores, las temperaturas, el esfuerzo, el sol, la luna, la flora y la fauna y un gran número de situaciones que me pasan por la cabeza. Sin embargo, también me ha dado por saber un poco más sobre las personas de mi estado, sobre en dónde les gusta pedalear, qué rutas tienen por sus comunidades, cómo se vinculan y otros tantos. 

Por lo anterior y al tener el conocimiento de que la bicicleta en Jalisco año con año toma fuerza y lo hace desde diferentes modalidades, pretendo descubrir las acciones que suceden desde la ciudadanía, mismas que han sido monumentales, y a su vez, conocer cómo se han construído. El gozo de esta documentación es disfrutar de las rutas, los proyectos, los eventos y las perspectivas de todo aquel grupo ciclista dentro de nuestro estado.

En Proyecto Ululayu escribiré sobre lo que las dos ruedas manifiestan en Jalisco. Este ejercicio es con fines documentales y no más. La ingenuidad es parte de esto y es preciso compartir lo que la bicicleta vive por un sin fin de sendas en el occidente mexicano. Que el sabor de nuestra tierra nos comparta el mejor de los sones en bicicleta. Gracias por pedalear con la creatividad. 

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