Renata García Rivera: un árbol de cielo infinito

Renata García Rivera: un árbol de cielo infinito
La voz del viento entre las páginas del árbol
Renata García Rivera. Foto: Miguel Asa
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No se trata de un sueño
la sangre que avanza
al despertar
Minerva Margarita Villareal

El camino de la luz hace que el abrazo de las sombras abarque más espacio. Un árbol es doblemente grande por su sombra, la luz escala sus cortezas y laderas hasta conformar un duplicado que lo rebasa. Renata García Rivera viene a versificar cómo soñar entre las sombras es más cálido de lo que parece.

Nació en el mar de asfalto que es Guadalajara, Jalisco, se rodeó de verdes relatos e incluso antes de aprender a escribir, ya creaba sus propias historias a través de imágenes. El papel es su soporte por excelencia. Yo la conocí con los ojos cerrados. Nos veíamos en los pasillos de la universidad y nos chuleábamos mutuamente los aretes que llevábamos puestos. Llegó el confinamiento y me invitó, también a ciegas, a formar parte de Conticinio, un proyecto de creación y difusión de poesía que desdibuja y expande los límites de la dinámica “seminario-taller”. Fue así, a través de contagiarme de su entusiasmo y abrazo eterno, que confirmé lo que todos sospechábamos: el mar la trajo al mundo para regalar poesía.

Desfragmentación. Foto: Miguel Asa

Su primer libro, Sombras desde el árbol (2020) es un caleidoscopio de claro-oscuros. Las voces contenidas se condensan en cantos de aves y el juego del viento hasta hacerte olvidar que en nuestros alrededores predomina el asfalto por encima de la naturaleza. Aún no terminaba de leer el primer poema cuando supe que leer a Renata es dar con el pozo acuífero más cálido.

En realidad, las sombras que proyecta no son sólo el impacto de la luz solar contra las hojas de los árboles, sino las también múltiples enunciaciones de Renata: ella se sabe pájaro, ventana, raíz y rama. Hay mucha dicha entre los resortes que cuelgan de su cabeza, hay certeza en la sonrisa que le brinda a todos desde el primer momento. Renata te invita a navegar entre los verdes y rojos más apacibles. La tentación de sumergirse es abrumadora, no solamente entre lianas y cantos, sino en corrientes de cándidas lágrimas y sus desfiles en los espejos.

Colores. Foto: Miguel Asa

Los sueños son listones de colores vivos que vestimos al bailar, el movimiento los mece para construir distintas formas en el viento. Su marcha en una caída circular hace vibrar nuestras vidas. A menudo soñar se confunde con una respuesta involuntaria de la mente mientras dormimos, cuando es en realidad la esencia de estar verdaderamente despierto.

Renata viene a desenredar esa confusión entre sus cabellos. “No estoy encerrada, no caigo ni grito ni desaparezco”, asegura. Renuncia a las limitaciones que la física establece para el ser humano, brota como lava desde sus raíces y cortezas, pero ante todo, convoca a emprender el planeo. No existe solamente un origen, ella lo sabe y remite constantemente a nuevos principios. Su poesía es una corona de sueños en perpetua construcción, un mapa al rincón más nítido de una habitación y la salida de emergencia hacia los rayos del sol.

Planta. Foto: Miguel Asa

De pronto, la sombra pierde el sentido de pertenencia: no se trata del reflejo oscuro de cualquier otra cosa, es por sí misma un resplandor impenetrable y autónomo aún en su composición heterogénea. Las sombras no sólo se proyectan en la contrariedad de la luz, también se desplazan en el interior del camino. En ese sendero se concentra la vida, y en su sueño, la poesía.

Trazos. Foto: Miguel Asa

¿Cuál es tu juguete favorito?
Cuando era niña mi juguete favorito eran las muñecas. Les inventaba ropa, amistades, novios, paisajes, viajes, rutinas, expresiones lingüísticas. Exploraba a través de ellas lugares donde yo no cabía. Las obligaba a caminar por superficies agrietadas. Las escondía entre las plantas. Su bosque era un helecho. Ellas, como yo, ponían mucha atención a las texturas de la casa. Cada forma representaba un juego. El florero era una espesura de posibilidades: ramo de novia; jardín embrujado; cementerio; pecera llena de raíces y mosquitos araña; cápsula de experimentos; máquina de teletransportación; burbuja amniótica; elixir apestoso. Las flores eran cofres del tesoro: un resorte o un vidrio encontrado en el patio.

Hoy, me gustaría decir que mi juguete favorito es la palabra. Pero me queda poca imaginación. Y con ella me entretengo. Le doy vueltas. La reciclo. Me aferro a su inconsistencia -aunque a veces ello me vuelva demasiado seria.

¿Cómo alcanzar las manecillas del reloj?
Con dos latidos por segundo cuando estoy quieta.

Sentir. Foto: Miguel Asa

¿Qué relación encuentras entre las orejas de un gato y una autopista?
En ambas reposa un brillo dormilón y la oportunidad de percibir con nuestra presencia un rincón donde no pasa el tiempo. En ese rincón, hay alguien que escucha con agudeza.

¿Qué es una llave en cautiverio?
Un destello frío de la memoria.

¿En qué parte de ti encuentras la brisa del mar?
En los vértices de mis manos. En mis ojos, testigos de la ondulación. En los atardeceres. En mi infancia. La busco en el cielo cuando necesito respirar mejor.

Sonrisa y sol. Foto: Miguel Asa

Si pudieras construir las vías del tren, ¿a dónde irían?
A un lugar sin tiempo donde hubiera árboles y agua.

¿Cada cuánto mudas tu piel?
Mi cuerpo lo hace por mí. Se deshace de mis células cuando mueren. Cada minuto arroja más de cuarenta mil cadáveres al vacío. Yo no me entero. Eso me apena y me confunde.

¿Cómo dialogar con un triciclo?
Pidiéndole perdón por lo que no fue.

Dirección. Foto: Miguel Asa

¿Qué llevas en el bolsillo izquierdo?
Hoy solo mugre y pelusa. Pero en el lado izquierdo de mi cuerpo llevo a mi mamá, a mis abuelas, a mis tías, y a todas las mujeres que vivieron antes de mí. Llevo mi ojo más pequeño y profundo, y una mano con la que no escribo; llevo el corazón; llevo pelos y sudor y olor; huesos, piel, cerebro, pulmón, garganta, lengua, oído, voz. En el lado izquierdo del cuerpo llevo la mitad de mi ser: el mundo entero.

Lo incontrolable

Soñé que los veía en la cama
tímidos de abrazarse
murmurando y sonriendo

Soñé agradecer el cumplimiento
de mi deseo e íntimo auspicio

Soñé que volveríamos a ser
a habitar

Soñé contemplarlos desde abajo
con ganas de acurrucarme entre sus panzas
y debajo de esos brazos
que articulan los dedos del cariño

Pero fingí no saber
no percibir

Sombras desde el árbol (Taller de poesía Calle de Cervantes, 2021)

El espacio donde estoy no será igual para siempre

La vida de mi madre
sus plantas
la bocina que recibió por su cumpleaños 51
sus 51 años
su baile flamenco
su mpusica
nuestra vida juntos hermano
compartiendo este espacio
nuestra casa
la misma
todos juntos papá también
en los recuerdos
luces encendidas
las flores de mi madre
los muebles
las paredes completas
el calor
la armonía
nuestros colores

Sombras desde el árbol (Taller de poesía Calle de Cervantes, 2021)

El aire no sube yo lo jalo

De noche quiero
seguir
respirando
conservar mi calor
oler
             mi casa antigua
             calle
             ropa

probar fideos
caminar por este año
sin que nada me toque
aléjese todos
quédate papá mamá hermano abuela
quédense a verme
crecer sin que
nada me toque
quédense
tibios
adentro

Sombras desde el árbol (Taller de poesía Calle de Cervantes, 2021)

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