Alejandra Artiga: la nostalgia del vector

Alejandra Artiga: la nostalgia del vector
Existe en sus trazos el juego del tiempo
Peligro constante. Ilustración: Alejandra Artiga

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
Juan de Dios Peza

Habría que preguntarse sobre los colores, las miradas y las fortalezas del trazo. Así una respuesta, así un horizonte, así una canción y el tumulto de la razón. Procuramos en muchos momentos una serie de tonalidades y acertamos al encontrarnos con nosotros mismos ante un espejo. Y ahí, procuramos profundizar hacia todos lados. Algo así es el trabajo de Alejandra Artiga, una exploración que sujeta en tonos rosas y una que otra variación impactante que genera su discurso desde distintas modalidades en la que la caligrafía, el dibujo, la textura, la singularidad, nos permiten un diálogo claro con la obra. 

Podríamos hablar y expresar un sentimiento de agudeza, y se trata de una melodía en piano bajo la lluvia. Observar sus ilustraciones necesita de café y galletas. Una pieza en inglés, quizá, y desprender la ternura y fuerza que generan sus imágenes. Tapatía, con un corazón rosa y cabellos dispersos, se detiene en un momento eufórico, escribe, baila y gira. Sus piezas entregan un aliento entre la sinceridad, la lucha, la libertad y la complicidad. 

Kill them with love. Ilustración: Alejandra Artiga

Es preciso escuchar a sus personajes, darles un espacio propio, y es que desde hace tiempo, la obra de Alejandra contiene un estilo en particular, en el que uno como espectador descubre las fresas, los huracanes y las melancolías sin menospreciar la luz, la sombra, las texturas, la amabilidad de los conjuntos, y por supuesto, la armonía de sus composiciones. Observar su trabajo es adentrarte a una técnica de detalle preciso y equilibrado. Tiene una mirada felina que ilustra corazones y los rellena con poemas de tonos morados. Hace luz, de nuevo hace luz y se ajusta a los contrastes. Los cuerpos son diversos  y toda su imaginación contiene una flora diversa. 

Hay que observar que su trabajo ha tenido un proceso en el que persiste una línea, y que con calma, ha llegado a determinar la exploración de su estilo. Hay sonrisa, sinceridad, magia, inocencia, persuasión y entrega. Se repite el fenómeno entre sus ojos y descarga emoción en las pupilas de sus espectadores. Hay una reflexión persistente. Hay una entrega social. Se trata bien de su perspectiva y de su particular genio para crear. Parece una mariposa con ritmo de papalote. Algo así como una hormiga en la línea de la playa. Ese momento pequeño con una edición gigante de los sueños. 

On fire. Ilustración: Alejandra Artiga

Alejandra entrega una especie de trabajo en el que podemos recuperar la mente, la perspectiva y abrirnos a horizontes que apenas comienzan sus propios caminos, una reflexión de la actualidad generacional. Hay una nueva dimensión y en ella un trabajo que limita desde su mirada. Le canta melodías a la razón y al pensamiento desde los trazos. Adjunta mezclas precisas para determinar el alimento de los momentos. Sigue ella. Cree. Sugiere y es instante. Hay que entregarse a la línea sin barreras y con todo el fuego de las manos. Que sea rosa dicen las nubes y los planetas. Así mujer, así humana, así de colores y en ocasiones más sencilla, el tratado personal de Alejandra en su ilustración es un compromiso sensible y poderoso. 

Por ello, hay que tener la expectativa para disfrutar todo con calma, y con ello, saber que estamos bien. Podría anunciarse el espectáculo del dibujo, sin embargo, suma el de considerar las causas sociales como un motivo de entrega y una reflexión de basta madurez. Se trata de un espejo en constante movimiento y que goza de la libertad por ser. Hay inocencia, ya lo dije, pero también una potente oportunidad de conocer lo que determina la sinceridad por estar. Hay una frecuencia que nos llena de magia y sucumbe en la majestuosidad de su sencillez, pues sus planos, sus figuras y sus conceptos permiten una introspección de los sentimientos y de los pensamientos.

Los pilares somos nosotros. Ilustración: Alejandra Artiga

Hay que amar dice Alejandra en las miradas de sus personajes. Hay un contraste exquisito en los colores y es una prueba de lo que representa el sistema de luces ante una lectura semiótica. Para precisar, existe un terciopelo de suavidad visual que nos aletarga la emoción y nos permite generar el día a día de nuestra sensibilidad. Es entregar, apreciar y volar. Con su ilustración, de alguna forma, le salen alas a nuestras miradas. Quizás sincera y armónica, se desplaza en los horizontes del alba y amanece. Una guitarra suena al ritmo del brío. Es preciso, siempre nacer. 

Sin miedo. Ilustración: Alejandra Artiga

¿Cómo es el volcán de un arco iris?
Veo al volcán como a las emociones, en algunos instantes se vuelve frenético y descontrolado, rompiendo y quemando todo. Pero al final toda esta explosión esta compuesta por colores, los colores que llevamos dentro. Las emociones vienen y van con diversa intensidad pero con la misma belleza y fuerza cual volcán de un arco iris.

¿Hacia dónde va el reflejo de una tortilla?
Refleja los ingredientes que la componen, llevándonos a nuestros inicios. Usando el reflejo como puerta. Nostálgica y hermosa. Nos acompaña desde nuestras raíces.

Amor propio. Ilustración: Alejandra Artiga

¿Cómo es el ave que te visita por las noches?
El ave guardián que custodia nuestros sueños. Difícil de procesar, sabia y hermosa. Nos lleva por un mar de aprendizaje y reflexión continua. Esperando nuestro descanso para acompañarnos dentro del mar de sueños.

¿En qué momento se mueve la lluvia rosa?
Salta con la ferviente marcha de los flamingos en las nubes. 

Llore lagos. Ilustración: Alejandra Artiga

¿Cómo se come un helado de sueños?
Con una cuchara de realidad, materializando los sueños bocado a bocado, disfrutando del sabor del esfuerzo y haciendo pausas para saborear todos esos sueños hermosos que están por realizarse.

¿Cómo se organizan las guitarras para ser vuelo?
Dejándose llevar por las emociones, siguiendo el sueño de aquel que las toca.

Soñardespierta. Ilustración: Alejandra Artiga

¿En qué lugar sucede un abismo azul?
En lo más profundo del mar. Aún no conocemos sus secretos, sus sonidos ni sus misterios. Pero aun así nos llama y nos conmueve con su belleza.

¿Dónde surge la flor hacia a las galaxias?
Creando un mar de vivencias por la galaxia. Forjamos mares de colores, vivencias y sueños. Creando una semilla que crece y logra irradiar nuestra vida con su esencia personal. Conectando con otras flores, otras galaxias y otros sueños.

Sueños de lágrimas nacarandas. Ilustración: Alejandra Artiga

¿En qué se parece una estrella y un aguacate?
Si miras muy profundo, puedes notar un brillo que año con año acrecienta su belleza. Este es el corazón. Un núcleo lleno de matices y sonidos, un camino hermoso y difícil plasmado en un brillo creciente.

¿Por qué los colores bailan?
Conectamos vivencias, nos conectamos entre nosotros. Y en este proceso, vamos danzando entrelazando caminos, disfrutando de nuestra compañía. Todos representado colores, el color de nuestra magia. Creando planos arcoiris llenos de historias.

Bisexualidad. Ilustración: Alejandra Artiga

Gonzalo Bojorquez: silencio de contraste

Gonzalo Bojorquez: silencio de contraste
Cuando la escritura con luz nos crece en el interior
Ojo en la luna. Foto: Gonzalo Bojórquez

La levedad en los ojos del levante y la
caída en los ojos del poniente, luz que baja
a hundirse, ¿a hundirse dónde? en la página.
Eduardo Milán

Hay que tener posibilidades en el pensamiento y recomendar la estructura de un fotograma como si se tratase de una experiencia espiritual, que en realidad, sí lo es. En estos tiempos, en que la imagen ha ganado un terreno exponencial, muy pocas personas mantienen la eficiencia de la experimentación visual, pues se trata de un catálogo de posibilidades infinitas que enriquecen nuestras aventuras de observación. Así, cada que lo encuentro, de bigote largo y de una paciencia expedita, Gonzalo Bojorquez, se muestro como un dormilón de la cámara.

Astigmatismo. Foto: Gonzalo Bojorquez

Tapatío dicen las luces de la ciudad, despierta en cada fotograma la posibilidad de vivir todo lo que el pleonasmo no abarca. Y es que considerar el trabajo de Gonzalo es la posibilidad de mitigar el contraste sin remordimientos para obtener una profundidad de la imagen que se desvela en el día. No sé la fórmula, pero sí comprendo la perseverancia de que la nitidez fluya con un ritmo sobrio, pacífico y de un diálogo abierto. Se abre bajo una extensión difusa y pareciera que cada fotografía suya la logra desde el sonido raquítico de una trompeta y sopla. Suena el bajo y la cadencia de la perspectiva se diluye en la saturación. Convive con el retrato, el paisaje, la abstracción, el diamante, el plátano, la sonrisa, el pie, la persona, la silueta, el color y siempre, la luz. 

Danzón. Foto: Gonzalo Bojorquez

Es preciso reconocer en vida que la fotografía es la herramienta que ha cambiado a la especie humana. Y con ella, la evolución del pensamiento sigue latente, por tal motivo, y de manera puntual, es necesario considerar el rincón del conocimiento como muchas probabilidades. La fotografía d e Gonzalo es algo así que ha permitido, por lo menos en nuestros contextos, configuras una de esas posibilidades, pues si bien es cierto que la vida es un riesgo, el crear fotografías es una de las más grandiosas aventuras, y así, nuestro fotógrafo, definido y certero, lanza el disparo y acoge secretos en cada una de sus producciones. 

Encuentros inesperados. Foto: Gonzalo Bojorquez

Porque si bien, todo es fotografiable, hay maneras para hacerlo. Las imágenes de Gonzalo nos permiten contemplar el silencio de muchos conceptos. Hay un silencio que emerge en cada fotografía que nos permite leer el paracaídas de la templanza y bailar al ritmo de un buen soul. Digamos, para ello un coro a capela, y el instrumento es el propio viento, un instrumento que ulula y se lleva ciertos secretos que la fotografía construye, pero que en este caso, someten al espectador a disfrutar desde la sinceridad para abrir la puerta al precipicio de la percepción visual de Bojorquez.

Señales. Foto: Gonzalo Bojorquez

Es necesario tener paciencia para observar los frutos del trabajo de nuestro fotógrafo. Y no sólo eso, es tener el gusto de la fotografía en la experiencia como un sinónimo de radar, pues el detalle, la textura, el enfoque, la composición y más detalles se perciben en el balance de su naturaleza. Es preciso enfocar en el desorden, siempre y cuando, podamos cubrir de llanto la mañana para despertar la lágrima hacia la tierra y con ello, recoger nuestra voluntad para asegurarnos una grata imagen, pues el contraste de Gonzalo, nos viste de una tranquilidad que permite exhibir nuestras concepciones divinas. 

La soledad es un invento. Foto: Gonzalo Bojorquez

Gonzalo Bojorquez estudió Artes visuales en la Universidad de Guadalajara. Se ha involucrado con un gran número de artistas de la escena tapatía y más allá y muchas veces ha creado instantes abstractos que figuran desde su propia huella. Durante el colapso de salud mundial creó un proyecto particular y compartió con muchas personas la mirada, las sombras, los ojos, las luces y fue un destello en la posibilidad de compartir la creación: nos enseñó.Ha publicado en varios medios, en distintas entrevistas y en la promoción de diferentes proyectos, nacionales e internacionales. Su trabajo va desde la gastronomía, las artes escénicas, la música, la editorial, la sociología, la antropología, la arquitectura, el urbanismo, la poesía, lo comercial y demás. 

Mareas. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Cómo se sugiere una memoria dentro de un elefante?
Los elefantes tienen mala vista, pero son capaces de reconocerse en un espejo o reflejo, lo que nos habla de que son observadores, identifican dentro de la penumbra, la memoria funciona así, todo lo que recordamos viene de los detalles.

¿En qué sitios el ojo se convierte en pensador?
El ojo se convierte en pensador en todo lugar, siempre y cuando se observe, al observar se fusionan mente y ojo, practicando mucho la observación el ojo se vuelve mente (pensamiento) y la mente ojo (símbolos, metáforas, detalles, crítica y análisis).

¿Para qué detener el tiempo en pixeles y papel?
Más que detener el tiempo, que es una ilusión, es crear otra ilusión en donde el tiempo funciona distinto, porque se captura algo que queda en el pasado, manteniéndolo presente, sabiendo que seguirá en el futuro. La imagen es un estado atemporal del imaginario.

Todos los niños. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Cuánta arrogancia existe en una cámara fotográfica?
Una cámara es una herramienta, su arrogancia existe en su materialismo, es decir, hacer del objeto un todo al igual que un automóvil, cuando el fin del automóvil es movernos y el de la cámara comunicar.

¿Cómo es posible saber los sueños del color rojo?
Desde las vísceras.

¿Quién existe en el sueño de la convocatoria abierta por la luz?
Todo lo que sea visible, más no palpable.

Texturas. Foto: Gonzalo Bojorquez

¿Por qué los colores son parte de la imaginación?
Porque el color es un detalle y a través de los detalles imaginamos, el color está en todo y la imaginación también, coloreamos la vida a través del color según nuestras emociones y cuando imaginamos el futuro, lo pintamos de colores para desearlo o le quitamos el color para rechazarlo, así que los colores son los detalles que le dan atmósfera a lo que imaginamos.

¿A qué le atribuyes la composición visual que ha considerado el universo?
A la existencia humana, nosotros componemos el universo a través de la vista, el universo puede ser todo, orden y caos dependiendo de cómo lo componemos y componemos para interpretarnos y de esa forma reconocernos dentro de un todo.

¿De qué manera el bulbo configura su erotismo?
El erotismo del bulbo se encuentra en que está abierto a la luz, igual que el del sexo al amor.

¿Qué paisajes se quedan en las posibilidades de la palabra?
Todo paisaje se vuelve palabra al comunicarlo, y toda palabra se vuelve paisaje al sentirla.

La Huella. Foto: Gonzalo Bojorquez

Mariana López: ilustradora que nace en el perfume

Mariana López: ilustradora que nace en el perfume
Entre Tampico y Guadalajara surge un trazo grueso y directo
Autorretrato. Ilustración: Mariana López

Y las contrarias lumbres de las manos,
y el grito alegre, y las divinas
tunas afluentes de la primavera.
Rubén Bonifaz Nuño

Una línea se origina. Se hace un momento. Se determina. Muchas ocasiones hemos de querer el trazo completo de la línea, el balance, el equilibrio, y otras tantas nos vamos sin importar el trazo. Parte de esta experiencia se vive en el mundo de la ilustración, y para ello, buscamos en nuestros contextos determinar el alimento de nuestra imágenes. Así, Mariana López, ilustradora que promueve el contraste y el color saturado, creó experiencias únicas en sus imágenes.

Guadalajara. Ilustración: Mariana López

Nos entrega la sensibilidad de la infancia y llega a recrear escenas un tanto sofisticadas y divertidas si hablamos de una forma de percibir los horizontes. Nos hemos quedado fugaces entre la perspectiva de la solemnidad que el divertimento persigue desde el corazón y Mariana encuentra en la línea gruesa, un despertar, un resurgimiento alegre, todo, en cada una de sus formas, de sus personajes. Abrir la puerta para que la línea, que al parecer está en desorden, se inmuta en el ocaso, es una de las cosas que pareciera que Mariana hace al trazar. Abre, cierra y avanza, se mueve, constantemente. Pasa por aquí, comparte una línea por allá, surge, se vive, se aparta, se lanza, se abraza y persigue la manera de estar en la retícula.

Tabachín / Lluvia de oro. Ilustración: Mariana López

En ocasiones un peinado, el mar, otras las sombras, las letras, las líneas, las texturas, pero es una sorpresa cómo se construyen sus piezas. Hablamos de su estilo. Rompe la simpatía, explora y avanza. Los colores se convierten en un diálogo correcto, pues en cada trazo de una ilustración, existe el error como una posibilidad de lo que vemos. No sé si sea posible el universo de las formas en cada uno de sus trazos pero configura una perspectiva muy peculiar. Sirve una imagen para demostrar el corazón, el silencio o las sirenas. 

Contrastes. Ilustración: Mariana López

Quiere nadar, ser fuego un espasmo y se despabila desde una espacialidad única. Se mantiene en el horizonte sin ningún problema. Se abraza y es un cúmulo de emociones que nos abraza desde su contextos cotidianos, así como su natal Tampico, Tamaulipas, como su sentir por su habitable Guadalajara, Jalisco. Entre una fruta, una cantante, un platillo, una imaginación, todo concepto lo puede y lo ha encontrado como una oportunidad para descubrirse. 

Contrastes. Ilustración: Mariana López

Mariana está en un momento de desvelo por la línea y el colo. Es necesario pensar en lo que puede hacer con sus trazos en algunas temporadas. Quizás podría determinar que ha comenzado a navegar entre su puerto y su ciudad, y aquí o allá, esperemos que se descubra en la aliciente y recalcitrante potencia de la ilustración. Hoy hay que jugar a ilustrar el todo, mañana podríamos ser sirenas de una lotería. 

Exploración. Ilustración: Mariana López

¿Cómo es que se componen las lluvias de la nostalgia?
La nostalgia es como la lluvia, recordar es volver a vivir, es agradecer, es aprender, es nutrir el suelo por el que ya caminamos. Cuando la nostalgia se apodera de todo nuestro entorno y la lluvia se convierte en torrencial se vuelve difícil ver hacia dónde se va e incluso, nos puede ahogar aunque la lluvia sólo la pueda ver uno mismo.

¿Hacia dónde se dirige la pluma de la luna?
Yo creo que la luna escribe secretos de dos, pensamientos llenos de energía a media noche y una que otra caricia esperanzadora.

Bosques marinos. Ilustración: Mariana López

¿Qué se alcanza a percibir en el brillo de una tuna?
Curiosa la tuna, quién diría que brilla con su exterior opaco con textura suave y pequeñas protuberancias rugosas. Al abrirse nos cuenta una historia de su simple existencia, qué nos va a decir más que lo que uno logre ver en el reflejo de su brillo.

¿De qué manera el silencio provoca color?
El silencio puede colorear de muchas maneras. Puede llenar una habitación de rojo al reemplazar palabras que en silencio gritan. Así como pueden llenar un cuarto de color atardecer donde se comparten existencias sin necesidad de demostrar nada más que la simple razón de la cotidianidad.

Axolotl. Ilustración: Mariana López

¿En qué sonido buscas un elefante?
Un cuarto en silencio, interrumpido por temas del clima, grita la presencia de un elefante del que pocos se atreverían a mirar.

¿Cómo llora un bit en la hoja?
Se deja correr cual lágrima

Crecimiento. Ilustración: Mariana López

¿Por qué la línea tiene nobleza de gusano?
La línea de lejos pareciera que no se ve afectada por nada. Mientras que la mano que la escribe, la superficie que la sostiene y fluidez de la tinta que la consiste cuentan historias diversas que viendo de cerca se mueve en ondas cual gusano.

¿Cómo se distrae una libélula en una ilustración?
Siempre he considerado a las libélulas observadoras pacientes, me imagino que se distraerá al curiosear por aquella falta de grafito consecuencia de un borrador buscando un trazo más certero.

Sol. Ilustración: Mariana López

¿Qué es lo que más sacude a un pétalo?
La caricia en la mejilla de alguien que llora por un amor no correspondido.

¿Cómo se descompone un pixel nostálgico?
Apagando su brillo.

Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio

Alberto Delgado: la fotografía como análisis propio
La reflexión de la luz como una entidad individual
Autorretrato. Foto: Alberto Delgado

A cada instante otro Big bang.
Nacen astros, cometas, aerolitos.

Todo es ala y fugacidad
en la galaxia de esta lumbre.
José Emilio Pacheco

Hace tiempo que no me preguntaba el por qué de la fotografía. Hace tiempo que no recordaba la audacia de volverme un instante y disfrazarme de negativo. Hace tiempo que no frecuento una cámara como en mis tiempos de viajes por carretera para registrar todo lo posible. Se ha detenido el fuego y ahora mira tras de mí, pues encontré, hace poco tiempo, entre las calles de Guadalajara, Jalisco, el sonido de la voz de Alberto Delgado, un joven fotógrafo que al igual que yo y muchas personas más, se cuestiona el movimiento de la cámara, de la luz, de la evidencia y del espasmo. 

Cerritos surf. Foto: Alberto Delgado

De tierras tapatías, Alberto se ha dedicado a la producción de diversos materiales gráficos así como a campañas de producción audiovisual y otras más como documentalista. Al momento, es interesante encontrar su incertidumbre fotográfica llena de cuestionamientos que nos permiten considerar sus posibilidades desde una perspectiva intrínseca, un tanto llena de sabor plateado y de moluscos siderales en la reflexión sobre su fotografía. Preciso, hay dudas que le mueven y que prioriza desde su lente, y como creador, vive de una herramienta básica, su propio análisis dentro de la fotografía. Y es que parece que la tecnología nos ha permitido avanzar hacia otros niveles de la imagen que ya no es necesario pensar la realización de la misma, sólo para empezar. 

Maniobras de parque. Foto: Alberto Delgado

Hace tiempo que no me desplazaba por la dudas de la fotografía pues el tiempo nos amarra a múltiples actividades y es cuando entro a una revisión de mi postura ante la imagen. Alberto dialoga, sugiere, piensa y se involucra entre miles de ideas. La fotografía es una herramienta que nos sirve como humanidad para hacer algún tipo de evidencia de nuestras vidas. Pero, ¿qué hay más allá del clic, del enfoque automático, o de los envíos masivos de fotografías? ¿Hasta dónde se ha considerado las estéticas de la fotografía en nuestros contextos? Pareciera que de manera automática tenemos la respuesta a todo lo que nos interesa, si hablamos de la fotografía, o en sí, con mayor precisión, de su producción y realización. 

Dulce nectar. Foto: Alberto Delgado

Si lo pensamos de diferentes maneras, Alberto sugiere, desde su perspectiva jovial, la aventura a la duda, al descubrimiento, pese a la tecnología, a la acción por valorar con mayor razón la creación de la imagen. Quizás esto no le funcione a todo mundo, sin embargo, nos permite desarrollar un criterio de lo que captamos, de lo que atrapamos, de lo que escribimos con luz, y todo, desde una esencia personal con un valor por el color, la textura, la composición, la retícula, el dinamismo, y sobra decir, de la magia del mundo fotográfico. Su fotografía, aunque reciente y con sus particulares aplicaciones y funcionalidades es un documento que muestra la sencillez del cuadro, esparce en cada imagen la posibilidad de construir una entidad de la simpleza, pero no dicho de manera brusca, sino sensata. Nos motiva y argumenta. La fotografía tiene ese cuento de ser un instante de vida, como diría Julio Cortázar al diferenciar sus emociones sobre una novela y un largometraje. Se preocupa por el detalle y el campo de visión y aterriza.

Niña wixa. Foto: Alberto Delgado

La fotografía de Alberto, hoy día, nos presenta un emblema de la sensibilidad que existe en Guadalajara como campo de creadores visuales. Hay cada vez más un centenar de individuos con un lente de por medio, pero pocos, pese, reitero, a la tecnología, pocos son los que se preocupan del juego de saberse fotógrafo. Su imagen es un dictado de nuestra perspectiva, en la que nuestra altura, nuestra visión, nuestra temperatura y nuestro estado de ánimo se perfilan para consolidar un criterio justo de lo que somos en una imagen. Análisis mismos. Alberto es pues, una configuración que nos podrá remendar el tiempo y la sugerencia de vernos crear, con una cámara, desde el ángulo incorrecto pero sí honesto. Hablemos pues de que aperturar el lente es una posibilidad del tiempo, pero más allá de la fundación de una fotografía, debemos consolidar las bases y los argumentos para sostenerla. Alberto está en eso, en un proceso por descubrir más del campo, más de la imagen, más de las texturas, y sencillamente se basa desde la lógica determinante que le persigue, saber qué es la fotografía en estos tiempos y los remedios que debe usar para llegar al espectro que está buscando. 

Flores Nuevas. Foto: Alberto Delgado

Alberto Delgado se ha movido desde el diseño gráfico, el teatro, la danza, la pintura y el dibujo. Se ha desarrollado dentro de los medios visuales y audiovisuales como elementos principales de sus estudios. Su trabajo se ha relacionado con la imagen y ha trabajado en diversos proyectos sociales, culturales, publicitarios, editoriales, documentales y artísticos, desde un enfoque creativo. Así pues, se ha distinguido por colaborar para distintas empresas y marcas locales. Aquí una prueba de lo que es y de lo que considera.

El balsamo del tejuino. Foto: Alberto Delgado

¿Cómo se hace una paloma entre los versos?
Al construir su hogar, al tejer las palabras, para que sea posible su existencia debe de tener donde habitar.

¿Cuándo llega la luz dentro del océano?
Cuando la difracción fractura todo su entendimiento.

¿Para qué se escribe con luz debajo de la luna?
Para utilizar su fuerza de gravedad.

Juego de niños. Foto: Alberto Delgado

¿Cómo se construye una cámara fotográfica con versos?
Al ilustrar los versos cual una fotografía, cada palabra debe de imprimir una imagen en la razón.

¿De qué manera se sueña dentro de las burbujas?
En paz, sintiéndose protegido, al saber que somos la burbuja y que podemos trascenderla.

¿Cuándo se documenta una lágrima furiosa de amor?
Todos los días pues su furia es la que nos enseña a amar.

¿Para qué sirve una palabra con mil imágenes?
Para articular lo que no se puede ver, como decía Antoine de Saint-Exupéry “lo esencial es invisible a los ojos”.

La música del futuro. Foto: Alberto Delgado

¿De qué manera se es memoria cuando se es mariposa?
Dejando la vida entera en cada color y en cada aleteo que se da.

¿Cómo se colorean los sueños con la tierra?
Utilizándola para germinar y florecer. Sembrando y cuidando todo tipo de plantas de colores y sabores, y el sueño mismo que se planta en la tierra

¿Para qué sirve recordar si se es momento plata?
Momento plata se es cuando se hace una síntesis de lo que nutre la experiencia. Por lo que recordar sirve para enriquecerla y avanzar hacia nuevos y más bellos momentos.

 

Diego Siordia: entre personajes disruptivos

Diego Siordia: entre personajes disruptivos
Un creador que entre pintura e ilustración juega a ser niño
Música de colores. Ilustración: Diego Siordia

Fácil amar
a los POETAS
Su
ESPLENDOR
Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Elise Cowen

Se hace llamar “don Porfirio” y suministra el color como si fuera un antídoto, porque es tan peligroso como milagroso, es anestesia pura. Diego Siordia, su verdadero nombre, traza imaginarios y coquetea con los colores. Es un artista que mira el mundo como si fuera un block de dibujo en blanco, un científico al borde de la locura que hace fórmulas y experimenta con su creatividad.

Nacido en Guadalajara, Jalisco, es uno de los artistas que ha experimentado en diferentes etapas, como el dibujo, la ilustración, el muralismo y el arte digital.

Hombre que llora fuego. Ilustración: Diego Siordia

Si sus ilustraciones hablaran, seguramente escupirían naranjas y azules, y contarían historias sobre el mundo imaginario en el que viven; pero aunque no hablen como los humanos, guardan entre geometrías y color algún secreto, puesto ahí, para ser descifrado por aquel que sabe cómo mirar.

Gas de amor. Ilustración: Diego Siordia

Don Porfirio crea la personalidad de sus personajes con base a lo que observa de la gente a su alrededor, va tomando un poco de acá y de allá, y como retazos humanos va creando seres ficticios, saturados, deformados y tremendamente complejos. Sus fantasías marcan la directriz de sus personajes, y una vez creados se hinchan de vida. Así, como artista que reconoce a sus obras como entes vivientes, don Porfirio es el medio y aliado que les abre la puerta al mundo.

Niños que juegan con monstruos. Ilustración: Diego Siordia

Los colores y las fragancias que reparte en cada línea son una configuración de las metáforas humanas. Existe en cada perfil un elixir del que se desprenden diversas enredaderas de confusión, euforia y cólera. No es posible definir a don Porfirio tras el amalgama que revitaliza cada centímetro de saturación. Así un rostro, la risa, sus demonios, nuestros demonios, los espíritus libres y las confundidas imágenes en el estrato del color rojo.

Babas de amor y locura. Ilustración: Diego Siordia

Existe en cada uno de sus trabajos, un complejo cuestionamiento sobre las posibilidades de reflexión, espejismos que deforman la cosmovisión personal de sus espectadores. Hay una raíz que hace permuta entre el desierto y el mar. Algo tan similar a los espejismos que existen entre mujeres y hombres, objetos diversos y un sin fin de artefactos que se configuran en sus galaxias.

Caleidoscopio. Ilustración: Diego Siordia

Hay ansiedad, locura, piedras, papalotes, bicicletas, desnudos, una línea negra fina y desbordante así como el señuelo de todo un imaginario imposible de cazar. Todo, en don Porfirio, es un enigma avasallador propio de un ejército mágico. No existe la posibilidad del riesgo, es el riesgo mismo, una libre y catártica red de emociones. Algo visceral. Nace desde los vellos hasta los cordones de los tenis. Apabulla a la vista y no es mediocre el carácter de vivir. Se comparte. Traza, plasma, energía, y ya está. Hay un balcón en el que se puede uno posicionar y disfrutar de cada una de sus piezas. Su diversidad genuina es lo que se debe aprender de este tipo de personajes, que muy en el fondo atenta contra las flores, pero en realidad, es quien más las cuida.

Pieza deconstruida. Ilustración: Diego Siordia

Se puede cohesionar una estrategia de dominio público, pero no bastará para descubrir las muchas facetas de este artista plástico, ni el verdadero nivel de aventura que vive en cada uno de sus trabajos. Ya lo dije, es el riesgo. Y eso, es lo que le pone diversión a este circo de animales brutales llenos de ternura y algodón.

Escapar de la locura. Ilustración: Diego Siordia

Alguna vez determinamos dos tótems, hoy me amaso en la soberbia de la libertad, ahí, en que las coordenadas no fungen como un distrito aparte, si no que se es parte de una nación, la de esos monstruos estéticos que proclaman alegría, estupor y candela, aunque pareciera contradictorio, pero son complemento. 

Hay que observar muy detenidamente los giros de sus manos para sentir la vitalidad de cada uno de sus personajes. Diego es un tenaz artista que frecuenta la soledad en la creación y adorna de sensibles pistilos cada una de las imágenes que surgen de su estructura. Un día, espero muy cercano, simular mi cuerpo en una de sus figuras. Qué la melodía de los colores nos permita la coincidencia de vivir y sea para siempre, la libertad del trazo, la que nos vuelva más humanos, más sensibles, solamente, para vernos las caras otras vez, y ya está. Hoy sueña el sol con crearnos como mariposas.

Mexiko. Ilustración: Diego Siordia

Desde siempre se atrevió a tomar las armas afiladas de punta de grafito y desde el año 2012 asistió a clases de arte esporádicamente, por el carácter incierto las dejó. Sin embargo, dos años después, en 2014 ingresó a la Universidad de Guadalajara para estudiar la licenciatura en Artes plásticas. En 2019 logró gestionar varios proyectos y entre ellos consiguió colaborar con Urbnundergrounds, una discográfica alemana que trabaja junto a músicos internacionales.

¿De qué manera compones un baile entre la lluvia?
Al esquivar las gotas… Gran baile.

¿En qué momento se baila con el pincel dentro del desierto?
Cuando más sed se tiene, más cansado estás. Si hemos de morir que sea con algo empuñado en la mano izquierda.

¿Para qué sirven las alas de las ilustraciones?
Para capitalizar nuestras ideas, adoctrinarlas y postearlas en Instagram para llenar el ego y el portafolio.

¿Cómo se teje la nostalgia dentro del color?
Al recordar los colores niños, esos de las taquerías sucias, cunas de Mickey y uno que otro asquilín.

Música de colores II.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisando lento pero gritando fuerte, es vivir haciendo la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimentos y su sobresaliente salida en color amarillo.

Naomi Greene: entre la lente y la pluma​

Naomi Greene: entre la lente y la pluma
Documentar a la poesía como escribir a la fotografía
Naomi Greene. Foto: Beatriz González

Cada rango del mundo
conlleva un descenso
al menos un rango
por la terrible presión de la luz.
Anne Carson

Se puede documentar la vida entre el silencio, la calle y la ironía. Tenemos destapadas las miradas como anzuelos para cazar a todas las gomitas podridas del universo. Sabemos que podemos causar una desgracia a la velocidad del tren si le metemos el pie y escapamos como locos a un trampolín de acero. Su nombre es diverso, y en ella se frecuenta una personalidad tímida, pero llena de un espacio imposible de concebir. Naomi Greene, fotógrafa, escultora y poeta en proceso, nacida en la Guadalajara noventera, es hoy día una voz que comienza a entregarse dentro del fuego, porque así es su espíritu, una responsabilidad humana llena de fuerza que se cautiva con la voz de los escuincles y se percibe en las esencias de los perros. 

Problematizar la belleza. Foto: Naomi Greene

No sé el recuento de la vida, ni cómo nos encontramos, pero su visión permite una cuestión ponderada de la rebeldía. Vamos a vestirnos de colores, vamos a saturarnos los cabellos, vamos a rompernos los tejidos, hay que cubrir la soledad de nada, hay que revivir a cada segundo, hay que sentir el dolor y apaciguarlo con un soplido para instaurar todo lo que la fotografía permite. Así, ella escribe entre los países, las razones, las injusticias, la mancha y el tiempo. Comienza a contar un derrame de luz para decirnos todo lo contrario, una pequeña sombra lo puede todo. A veces en la palabra pájaro, otras en la palabra bicicleta, muchas veces árbol y siempre potencia. No tengo la menor duda de que los lentes de su cámara se preguntan a diario qué es lo que busca. 



Mizz Xuxú. Foto: Naomi Greene

Una cuestión es la imagen. Y su palabra, qué habrá que decir. Vamos. Nadie es absoluto o determinante. Así como en su fotografía, Naomi, tiene en sus versos, la necesidad emperatriz de una exploración auténtica. Esto no es un elogio a la cordura, pero como nos hemos creído amigos, hablamos desde la sinceridad. Sus versos buscan establecer un contacto desde la incertidumbre. Así los autorretratos y sus poemas son un encuentro disoluto, disruptivo, secreto. Porque Naomi es un secreto, una artista en varias ramas y una tenaz observadora del silencio, y ahí, en el rincón de la noche, al lado de la banca, es donde la encuentro y la charla es sueño, poesía y fotografías.  



Monjas floreadas. Foto: Naomi Greene

Escribe, de muchas maneras, más allá de la pluma y de la secuela. No se permite no sentir y a cada rato libera la emoción desde el papel. Y la guitarra sigue. Pedalea. Busca. Explora. Explota. Persiste. Si pensara en una cuestión rígida, Naomi es una ave libre, es un ser extremadamente sensible que se bifurca desde la gubias hasta el flash itinerante de la velocidad. No sé si un día exista la posibilidad de narrar una de sus exposiciones foto-poéticas, pero supongo, ese día, será una velocidad momentánea la que llene el valle que traemos algunos en el corazón, pues entre la poesía y la fotografía, somos una minoría la que entendemos la capacidad de dichas escrituras.

Naomi Greene. Foto: Carlos Yamil Neri

Podríamos romperlo todo, pero la canción sigue y se muestra un calcetín roto al lado de las muñecas. Es tiempo de comprender las fotografías como salvajes cuadros. Vamos a romper las enfermedades para hacer de nosotros una colectividad radiante. Dicen los expertos que nadie nació para ser eterno. Existe una alegría por compartir este equipo que hemos procurado. Naomi es parte de Proyecto Ululayu como la coordinadora audiovisual y llegó con un rompimiento desde el interior. No hay tiempo para pensar las cosas, el paracaídas necesita guía entre una letra y un texto. No habrá sabio que descifre la fórmula que hemos creado como equipo. 

Habana vieja. Foto: Naomi Greene

Las hojas de los árboles se desprenden para la caza de las hormigas. Debemos hoy disfrutar de las posibilidades que nos entrega la vida. La fotografía y las letras de Naomi desencadenará hoy un eco perpetuo en nuestro ejercicio creativo y esto permitirá una identidad única de nuestra labor. Somos pequeños dinosaurios con la misión de crear una ilación profunda con los nuestros y Naomi, ella, la sensibilidad de nuestra mirada. Es el silencio del desierto cuando la serpiente pasea de noche. 

Lima migrante. Foto: Naomi Greene

Naomi Greene estudia actualmente la maestría en Antropología visual en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también a la gente, el paso del tiempo y el misterio de vivir. Ha desarrollado una diversidad de proyectos personales y algunos otros que se involucran con la labor social y cultural de distintos contextos. Ha participado en diversas publicaciones. Su experiencia corre en la observación, principalmente. Busca observar más allá, hila puntos, patrones. A su vez, dicha experiencia se compone de lo que contempla, de lo que conceptualiza y de lo que repasa a través del estudio y las vivencias.

Lo anterior le ha permitido fungir como realizadora audiovisual, fotógrafa y editora de video, casi todo en solitario, -o como algunos lo llaman: one-woman-production-, y parte de lo que desarrolla en la actualidad es el trabajo en equipo. Para su tesis de maestría trabaja sobre los impactos positivos que puede tener el cine en menores de edad de contextos vulnerables, especialmente el cine participativo por su acercamiento horizontal y “autónomo”. Para ello, imparte un taller de cine a niños y adolescentes en Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA A. C.) en Guadalajara, México, en el que prueba y descarta con la experiencia personal y colectiva.

Amazonas. Foto: Naomi Greene

¿Cómo llega el pan de café a la fotografía?
A través de una bicicleta roja (chiste local).

¿Qué es la poesía en un rollo de 35 mm?
Cuando tomas fotos análogas aprendes a esperar, la paciencia es un requisito, igual que poder soltar el control. Puedes equivocarte al exponer o tomar la foto en el momento que no esperabas y te das cuenta del “error” al momento de revelar. Se revelan dos cosas: la imagen y tu consciencia como fotógrafo; pero estos aparentes errores tienen su propia verdad, son invitaciones a reconfigurar la mirada y aceptar las cosas que son y ya no se pueden cambiar.

¿Hasta dónde es posible rociar los retratos con versos?
El único límite es la incapacidad del individuo de dejarse llevar por su propia sensibilidad. Si no sabes “observar”, entonces, ¿para qué tomas fotos?

Manos de arena. Foto: Naomi Greene

¿Qué es documentar la letra desde la luz del silencio?
La observación es silenciosa, casi humilde. Soy tímida desde siempre y encontré en las letras y la fotografía una forma de conectar con el mundo. Me siento segura expresándome a través del soporte escrito, y también, he descubierto que la fotografía es evidencia de mi capacidad de observación; son mis huellas en el mundo, la marca que pueda dejar, así como una invitación a los demás para que se adentren en lo que soy.

¿Cómo se observa a la poesía desde un mapa ciclista?
Andar en bici te hace muy consciente de la muerte, uno rueda con el aire en la cara, libre pero siempre frágil. Esa fragilidad es poética de cierta manera, pero la consciencia de esto a veces pasa inadvertida.

¿Cómo se escribe de una fotografía a blanco y negro?
Mirar entre la supuesta ausencia de color es algo que se va desarrollando con el tiempo. Actualmente vivimos entre la inmediatez y los pixeles a detalle, y quizá el formato a blanco y negro es otra forma de ver, sin la pretensión del color y priorizando otros elementos, como las expresiones o emociones dentro de la imagen. Es muy rica en sombras y luces, -como cientos de imágenes a color-, pero también puede ser una imagen que alude a la nostalgia y entonces se le confiere una fuerza diferente. Como fotógrafa hay que saber encontrar la esencia al momento y eso involucra hallar un color determinado a cada experiencia visual.

Uke mochi. Foto: Naomi Greene

¿En qué se convierte un espejo detrás de la luna?
En su reflejo; mirarse en el espejo y mirar la luna requiere un simple movimiento de cabeza.

¿En qué lugar se manifiesta la pluma cuando llega el poema a colores?
La pluma es el vehículo y quienes escribimos somos el medio. Lo que creamos adquiere vida, entonces si los poemas palpitan, la pluma es el inicio y el final.

¿Para qué se viaja entre una sonrisa y una posibilidad?
Los ojos son la ventana al alma, la sonrisa es la puerta.

¿Para qué observa(s) la silueta de la nube dentro de una piscina?
Quiero creerme privilegiada desde mi trinchera, aún si es mentira. Tengo la fortuna de ser libre para crear, mirar con tranquilidad y de poseer los medios para hacerlo. Si puedo detenerme a ver las nubes, de repente dejan de ser nubes y se convierten en perros, o lagartos, o enemigos de caricatura. Así que observo para descubrir historias que a veces se olvidan entre el ajetreo del mundo y el cansancio colectivo.

Degollado. Foto: Naomi Greene

Pájaro en mi ventana

Hay un pájaro en mi ventana.
Insiste en que me asome, pero estoy muy triste como para ponerme de pie.
Me canta, aletea y reclama que me levante.
No me responden las piernas, apenas puedo pronunciar palabra.
Quisiera contarle todo lo que pasó, pero los pájaros no entienden las voces de los hombres.
¿O seremos nosotros los que no entendemos las voces de los pájaros?
Hay un pájaro en mi ventana que insiste en que me asome.
Pero sigo tan triste y no puedo andar.
Aún así me canta y aletea para que pueda ver sus colores tornasol.
Y desde mi rincón le cuento y aprendemos a mirarnos a los ojos.
El pájaro de mi ventana me ha convencido de mirar afuera.
A tropiezos llego y encuentro un mundo nuevo que insiste en que salga.
Pero el miedo es más grande y me rehúso a dejar mi cuarto.
Las cuatro paredes se han incrustado en mi memoria y yo sin ellas no sé quién soy.
Hoy no hay pájaro en la ventana, ni cantos, ni colores tornasol.
Pero la tristeza es tanta que decido asomarme.
Lo que hay afuera me refleja lo que hay dentro: soy yo en un diminuto cuarto,
con los ánimos rotos y unos ojos cansados.
Me avergüenzo y me lanzo a la cama
porque no sé bien cómo mirarme a pesar de saber mirar los ojos de un pajarillo.
Un buen día el pájaro vuelve a mi ventana,
pero esta vez me saca a picotazos y aleteos.
Ni las piernas ni la voz me sirven y en el suelo aprendo todo lo que sabía.
Miro ese reflejo mío y le pregunto, ¿cuánto daño te han hecho?
El pájaro me responde como si la respuesta fuera suya,
y lo miró a los ojos y de repente lo sé también.

Inédito

¿Nadie pregunta?

¿A dónde han ido las ganas despiertas?
¿Los muchachos perdidos?
En el cielo torbellinos de luz,
llamaradas eternas.
¿A dónde han ido?
Callan las paredes, callan los televisores.
La gente enmudece, ahogan sus gritos en ácido.
Mientras unos barajan las cartas,
otros esperan su sentencia.
¿A dónde los llevan?
¿Pueden ver el cielo desde ahí?
¿Quema el Sol?
Silencio.
Uno mira atrás esperando volver a sentir algo,
pero no queda nada.
No nos dicen nada, no nos miran a los ojos.
Somos nada,
tan poca cosa que nuestras tumbas están vacías.
Y barajan las cartas de nuevo,
y salen a las calles llenos de orgullo.
Orgullo falso, miedo latente.
Y nos toman como si fuera tan fácil,
y nos llevan lejos.
Y peor…
nadie pregunta.
Silencio.
Nada.
Toma una carta: un cuatro de corazones
Y vuelven a jugar a ser humanos.

Inédito

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento

Nicole Saucedo: la sonrisa del movimiento
Es necesario explorar el cuerpo en sus facetas nobles
Nicole Saucedo. Foto: Miguel Asa

Dame la mano y danzaremos,
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…
Gabriela Mistral

Las manos suben a la hoja. La hoja cae hacia el suelo. El suelo se lleva los versos. Los versos se postran en la flor. La flor declama una lluvia al colibrí. El colibrí se mueve huracán. El huracán nace del viento. El viento baila con el papalote. El papalote está en su danza. La danza llega a ella. Ella se mueve de distintas maneras. Las maneras la han construido desde la experimentación. La experimentación se ha coartado como un diálogo. El diálogo la esculpe como bailarina, coreógrafa, y performer. Ella es Nicole Saucedo, artista nacida en Guadalajara, México, que ha involucrado la mezcla de texturas para generar productos escénicos que van desde la duda hasta el latido.

bRAIN. Foto: Renata Garza

Pocas ocasiones es posible maravillarse con un libro, eso sucede cuando está hecho desde las manos, así el trabajo de Nicole sorprende, pues de ella nacen flores de diversas texturas que conmueven desde el metal al hilo, se trata de una sinfonía que se mezcla entre formas, sombras y sueños. Se experimenta con el corazón lo que el fuego depara. Así, Nicole, directora de M8 Escena, compañía interdisciplinar de artes vivas, y de Airesis, laboratorio de creación artística, se pasea de producción en producción. Se sensibiliza con aquello que se cuestiona y emerge con diferentes plumas en un aleteo organizado con el sol y la luna, como si se tratará de coordenadas que dirigen a los dedos.

Margen naranja. Foto: Miguel Asa

Su trabajo esta compuesto de distintas partes, trayectos y evocaciones. Muestra la exploración del cuerpo desde la danza y el teatro en composición con otras artes. Se muestra como un ser pensante desde el músculo y desde la mente. Afronta la búsqueda como un ritual constante. Siempre, lo que muy pocas ocasiones observamos, Nicole lo trasciende. Así la música suena en el suspenso del día, se asolea en el estudio y da vueltas entre espejos. Ella escribe con el cuerpo lapsos de cuestionamiento, de dirección, de sensibilidad. Pues más allá de presentar un performance, sus obras nos permiten la incertidumbre humana, las sensaciones posibles que tenemos al alcance y no deseamos percibir.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

La obra de Nicole traspasa los tradicionales discursos en las artes escénicas. Busca explorar. Es una exploradora dentro de las tarimas, busca flores en las escenografías, entre las luces se crea una noche en movimiento y se configura una y otra vez en una materia evolutiva, en un tesón constante de la campana, en la aurora en su despertar como eco del fin del ocaso. Así es Nicole, que en trabajos como bRAIN, Movimiento de la memoria, Escena sobre la mesa, Tienda de sueños, Híbrido Mostaza y otros tantos, se ha sumergido en la investigación corporal, técnica y tecnológica. No es por demás mencionar que su trabajo creativo corresponde a dirigir piezas en las que se conectan diversos sentidos con apoyo de una gama variada de elementos, proyecciones, movimientos y horizontes.

Híbrido mostaza. Foto: Daniel Acosta

Nicole se ha atrevido a conectar de muchas maneras sobre el escenario. Se apacigua en la mirada mientras se cubre de luces y de sombras, en los colores neutros, nada en una exorbitante búsqueda cuando en la sencillez del paso se ejecuta una vorágine de sentimientos y emociones. No se puede ser visceral de un momento a otro cuando disfruta trasladar los poros por el viento, sin noche ni mañana. Busca, percibe y define. Es precisa coreógrafa de la sed del silencio. Compone piezas como el viento empuja a las hojas. Así dirige, de una textura a otro, sin miedo, sin freno, sin nada. Avanza. Explora. Una y otra vez explora. Persiste y se es siempre.

Perspectiva. Foto: Miguel Asa

Tal es su sensibilidad que ha conectado con su última etapa como madre, experiencia que le permitió dialogar consigo misma para consolidar lo que es Paisaje de aRRullos, que describe como un “ritual de danzas y arrumacos”, y en el que persigue la noción de la primera infancia, la de los brazos, que se ejecuta con los verbos acurrucar y descansar. Le atrae aquello que desconoce y lo experimenta con su discurso creativo, lo inhala y lo sopla, lo toca y lo analiza. El movimiento es parte del todo. Su trabajo va de la dirección, la coreografía, la instalación, el performance, la danza, el video y la iluminación, y con todo ello escribe una poética más en la ciudad, otra del cuerpo, la suya misma. Así, Nicole, persiste en su labor. Habrá que esperar su Transcurrir, trabajo en el que dialoga desde los objetos con el video y que transpone la personalidad en los tiempos.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

La luz nace y se transforma en el cuerpos, los músculos arrojan versos y la noche del escenario se extiende volátil, certera, humana. Es tiempo de experimentar el cuerpo en las coordenadas de las hojas en blanco. Seamos pues plumas de nuestro propio espacio.

En el parque de casa. Foto: Miguel Asa

¿Cómo es componer un teatro dentro de un libro?
Se hurta el oficio del cambiador de hojas,

se asume la piel del que dibuja también, 

con compromiso hacia la hoja,

la que se sabe desplegable hasta las paredes, 

con lengüetas,

de algodón de preferencia,

pero servilleta también.

Se traza en rectángulos,

que contengan los garabatos y el horizonte.

De hojas grandes sin arriba, 

reacomodable,

con pestañas móviles,

un libro testigo para volcarse y revolcarse.

¿En qué momento surgen la flores en un escenario?
Las flores que encienden mis escenarios

son las que emergen cuando todavía el cause no encuentra río que lo contenga. 

¿Qué forma tomará la obra?

Florece el estómago con deseos,

múltiples las rutas y los cruces,

florece la imaginación.

Sal. Foto: Renata Garza

¿Cómo lo son movimientos del cuerpo con las nubes?

Simbióticos,
                   muy de los ojos cerrados,
de los dedos en tierra,
                                    del sexo sensible.

Se respiran, se tejen, se cantan, se juegan, son y lo asumen.
Muy parecidos a…. 

                                    deseosos

                                                    inevitables
                    cambiantes

atentos 

                                                             auténticos 


humildes.

¿Para qué funciona la experimentación escénica con las estrellas?

Para vivirme en el universo,

encontrárselas brillantes del frente,

unírseles, conectárseles,

entre y con las coyunturas de mi cuerpo, 

conformar constelaciones en el horizonte.

Tienda de sueños. Foto: Li

¿De qué manera se baila con las abejas?
Uuuuyyyyyyyyyyyyyyyyy
Ppppppppppuuuuuueeeeesssssssssss Vvvvvvvvvveeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaaasssssss Bbbbbbbbbbbbbaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssssssssssssta Ccccccccccccccccooooooooooonnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn Sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssaber Vvvvvvvvviiiiiiiiiiiibbbbbbbbbbrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr rrrrrar(se) Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssussssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssusssssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssrarsssssssssssssssssssssssssssssssss ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssse ≤sssssssssssssssssssssssssssssssssssSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSsssssssssssssssssssssssssssssssssssssss sssssssssssuave
Y rrrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeesssssssssoooooooooonnnnnnnaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrr 
 a miel.

¿En qué momento se vive como galaxia?

Cuando se aprende tener tiempo para cerrar los ojos, vibrar el pulso y a abrir los poros.

¿Por qué hacer teatro en el rincón de un tabique?
Por política, por postura, por investigar, por aprender y desaprehender.

Proc3so. Foto: Laurent Dubost

¿Es posible crear horizontes con luz turquesa al experimentar?
El concepto “luz turquesa” me es nuevo,

pero hubo en tiempo en que intenté vivir en tierra sin sol y casi muero, 

no es poesía,

el horizonte transforma los espacios, 

está en mí,

me es leitmotiv,

al ponerlo de lado, 

invertido,

y al revés sobretodo al atardecer

ando por ahí buscando,

estudiando,

bordeando desde y con el cuerpo,

los límites de lo que reconozco
como “el horizonte de la percepción”.

¿Cómo se descubre el cuerpo en estelas rosas?
Se descubre cuerpa, poderosa,

de tierra, de carne, de brazos fuertes, 

que sabe dar vida…

¿Qué impacta al algodón desde la vela?
Calor,

crujidos,

olas, 

metamorfosis,

dolor,

sal,

verbos,

movimiento.

Tour Street Art GDL: los colores de caminata

Tour Street Art GDL: los colores de caminata
Cuando el arte toma las calles también es aprendizaje
Karen Mora con fragmento de Arre-VRS.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano

Las calles también funcionan como bastidores, pues en ellas se muestra el vuelo de los papalotes, la estructura del color, la delicadeza de la caricia y el frenesí del paladar. En ellas se encuentra una infinidad de cosas, ya sea pueblo o ciudad, siempre hay algo que manifestar. Así existe un proyecto cultural que toma las calles para diagnosticar sus movimientos artísticos, para analizar a la urbe como lienzo: Tour Street Art GDL. Quizás podrá sonar algo irreverente, sin embargo, la creatividad de la comunidad artística también ha lanzado zarpazos en otros formatos, y es que, desde las primeras décadas del siglo XX, el muralismo paso a ser parte de las sociedades, ya sea por protesta, por reflexión, por comisión o por expresión, en sus muros, en sus rincones, y con ello, el verso cambia, se es disparate y pasión al mismo tiempo.

Obra de Chávez Hollar, Unkle y Daniel Neufeld. Foto: Miguel Asa

Con la explosión del arte urbano en los últimos años, las calles de Guadalajara, México, no dejaron de ser parte. Por lo anterior la movilidad al paso de cada trayecto ha cambiado, pues la perspectiva plástica se ha incrustado en muchos muros, rincones, letreros y demás soportes, como el color de la mariposa en el viento. Ahí, Karen Mora es quien percibe el discurso plástico que resguarda el polvo de la ciudad. Nacida en Colima, México, su trayectoria contempla el diseño artesanal, profesión que la llevo a su integración como una cazadora de arte urbano (street art hunter), como una curadora y como una guía turística muy peculiar: le encanta el café después del alba y de una caminata sobre las páginas de la ciudad, un poema matutino.

Paste up diverso. Foto: Karen Mora

Tour Street Art GDL es una exploración, es encontrar, en los recovecos de las calles, el silencio matutino, el amor de la tarde, la naturaleza plástica, el trazo paciente, la brocha exagerada, el movimiento de la danza, el ir y venir del aerosol, la locura de los oficios y las voces de una plaga de artistas con gana de invadir cualquier espacio para manifestar, expresar y compartir las posibilidades creativas de la humanidad. Como lo señala Karen, “Tour Street Art GDL es un proyecto de investigación, registro, aprendizaje y difusión del arte en calle, dentro de Guadalajara, con el fin de compartir lo que vemos a diario en nuestro caminar y proporcionar herramientas gráficas y contextos sociales para aprender a leer lo que existe en ella”.

Xiuhcoatl-VRS. Foto: Miguel Asa
Rutas de cafés con arte mural. Realización: Karen Mora

Así pues, tanto propios como extraños han sido parte de este proyecto, que al día de hoy se enmarca como una iniciativa emprendedora que ha posibilitado unir tanto a espectadores y artistas al mismo tiempo, un abrir los ojos de otra manera ante la ciudad. Así pues, contemplar el arte urbano que sucede en cada espacio tiene su método, quizás, uno propio, extremo, sencillo o simplemente, introspectivo, para saber que existen animaciones de otros artilugios en una variedad de discursos, el monocromo, el colorido, el seleccionado, la paleta particular, y sin más, el estilo, la apropiación, la danza corporal de cada creativo.

Análisis de mural. Foto: Karen Mora

“El proyecto de registro comienza hace más de 10 años, y posterior a ello, como resultado del mismo, generé el #TourStreetArtGDL, que comprende una serie de diseños de ‘rutas’ de arte urbano que comprenden diferentes estilos, técnicas y temáticas. Nace de la necesidad de (re)conocer la ciudad a través de lo que vemos en la calle, al ser ésta un espacio público, la inquietud de compartir su esencia, el origen de algo que forma parte de la ciudad y que nos negamos a ver porque simplemente no lo comprendemos”, cerciora Karen.

Así fue la generación de sus Rutas de Barrios GDL, que comprenden cinco trayectos por lugares colindantes del Centro de Guadalajara, Mexicaltzingo, San Francisco, Expiatorio, Capilla de Jesús y Santa Tere, sitios en los que pasea, conversa y disfruta del arte urbano que ahí acontece. Este producto cultural contó con el apoyo del programa Horizontes, en 2020, que otorga la Secretaria de Cultura del Estado de Jalisco.

Obra de Trepo Parker y Amir Lucky. Foto: Miguel Asa

Y es que cada día nace algo nuevo en las paredes de la ciudad, un personaje a colores, un paisaje en degradados, una flor que nació de una ilustración, un horizonte de un diálogo, y el equilibrio de las creatividades surge al compás de la lectura, del paseo, del clima, y es que no es lo mismo contemplar la diversidad de piezas por la mañana que por la noche, cada voz se transfigura en una emoción, un pensamiento o un sentimiento. Se escribe poesía con brochas y aerosoles. Una poética particular en la que alguien como Karen comparte, bajo su experiencia, su conocimiento y su pasión por este arte tan soberbio, tan efímero y tan humano a la vez.

Espectadores del TSA GDL. Foto: Karen Mora

“El proceso es diario. Es salir a caminar con toda la disposición de dejarse sorprender por lo que hay en las calles, partir del arte urbano y del graffiti, y poco a poco, definir contextos, investigar conceptos y buscar quién está detrás de cada detalle, porque al final, la calle la hacemos todos”, prosigue Karen.

Obra de Chávez HoIlar y Unkle. Foto: Miguel Asa

Y esto no es sólo un proyecto que ha quedado en la Perla Tapatía, sino que se ha replicado en varios estados de México, así como en el extranjero, precisamente en Valencia, España. Parte de ello es exhibir el arte urbano y dar a conocer “la apropiación del espacio público como parte de nuestra vida, nuestra sociedad y nuestra actualidad. Si bien la calle es un espacio en el que todos estamos y convivimos, lo que en ella se manifiesta es un reflejo de lo que vivimos”, define la diseñadora colimense.

Mapa de ruta en Valencia, España. Foto: Karen Mora

Tour Street Art GDL es una iniciativa que promueve la vida dentro de las calles, el compartir la palabrería de cada uno de nosotros desde nuestras propias burbujas con todo, con todos y desde todo. Existen figuras que sólo nuestra imaginación desfragmenta, deconstruye y descubre en cada paisaje urbano. Cada espectador es una perspectiva más pues “es diverso, los estándares de ‘arte’ en Guadalajara son muy definidos, específicamente bastante figurativo, es prioritario que las personas los comprenda para poderlos llamar arte. En la calle es diferente, si bien hay algunas piezas que podemos interpretar fácilmente, la abstracción desde las letras del graffiti hasta los muros experimentales son algo que tiene su propio público. Considero que todos deberíamos estar dispuestos a dejarnos sorprender cada vez que transitemos la calle” sentencia nuestra guía.

Obra de Fin DAC. Foto: Miguel Asa
Visitante y evidencia. Foto: Karen Mora

Escribir palabras, pintar trazos, crear, de una manera, con la brocha, con aerosol, con marcador, con nombre o desde el anonimato, siempre la calle tiene algo que decir. Así, con este lema con el que se muestra Karen, es necesario comprender que las calles también son poemas, que tienen su propia construcción desde la piedra y que cada árbol es testigo de lo que habla nuestra comunidad. La calle es una línea de la creatividad, una, que poco a poco comienza a despertar hacia nuevos horizontes, nuevas determinaciones, en un exploración que cada día muta, y que gracias a personajes como Karen, hacen posible que el conocimiento actual, divergente, social y crítico, se plasme más allá de una pieza, de un muro, de una calcomanía. Es tiempo de observar, con la mirada más grande, el hecho que es la erosión urbana. Ahí está el arte urbano como un sinónimo de un volcán en nacimiento, desde su fuego interior que aguarda, con tiempo y pausa, el emocionante camino de desplazarse hacia arriba, hacia abajo y hacia todos lados, hoy somos la lava, mañana la mutación de la piedra. El arte urbano como la erosión de las calles, evolución de ecos creativos. La calle, nosotros, todos, tenemos algo que decir.

Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses

Alfredito Romano: caricatura y colores sinaloenses
Un ilustrador foráneo que ha hecho raíz en Guadalajara
Alfredito Romano. Foto: Miguel Asa

Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme.
Alejandra Pizarnik

No sé qué tanto hay entre las bicicletas y los ilustradores, unos de un modo, otros de otro, y así se la pasan. Cada quien con su cada cual. Sin embargo, no todas las especies son iguales o similares, tienen siempre particularidades que desarrollan conforme pasa el tiempo. Una de estas que sobresale es escuchar The house of the rising sun de The Animals con algo de nostalgia y recordar el siguiente trazo que va hacia el norte, pasa de este a oeste y regresa al sur. Esto es una seña de Alfredo Romano, trabajador de la línea y de los colores desde muy joven, y orgullosamente, de origen norteño, sí, de allá mero, de Los Mochis, Sinaloa, México.

Familia ilustrada. Foto: Miguel Asa

Alfredito, como se hace llamar, es un prole-sabequépiltrafaslellamaban y yo sólo percibo colores de un trazo de otras épocas, pero siempre, en constante movimiento. Así de curvas, ornamentos, sombras, puntitos, corazones, flores, globos, papalotes, calles, casas, ciudades, paisajes, personajes y no sé qué tanto más expresa en cada movimiento de su muñeca. Una ilustración cargada de felicidad es lo que oculta este gran niño, que además de ello, es un vital activista de la bicicleta, razón por la que ha sido parte de distintas acciones, proyectos y movimientos que tienen que ver con la movilidad no motorizada en Guadalajara, así Camina Barrio, Ciudad para Todos, Mejor Santa Tere, Bicicleta Blanca, del propio World Naked Bike Ride y otros tantos más.

Entre una acción y otra es como Fredy, como lo conoce su familia, se vive el día a día en compañía de su familia adoptiva, sus perros Óscar y Bruno, además de Gatitobebé, el señor de la casa. Y en ocasiones con pinceles, otras con lápiz, otras más con la tableta digital, otras tantas con el pensamiento y los bocetos no se detienen. En ocasiones para criticar, otras para reflexionar, otras para publicitar, otras para agradecer, muchas más para amar, así también para impulsar, así es su trabajo ilustrativo, una gama variada de voces que cada línea permite observar. Es un poema con distintas raíces que apoya y fortalece, por si fuera poco, a la comunidad LGBT+, siempre, como dice, desde su trinchera.

Ella y corazón. Ilustración: Alfredito Romano

Así, Guadalajara lo adoptó hace poco más de veinte años. Un café, un amigo, otro bar, otro amigo, un departamento, la calle, los movimientos y ahora sabemos que se ha ganado su lugar entre las hojas de nuestra ciudad. Un algoritmo peculiar lo trajo aquí. No sé que software requiera, pero es un tipo que a su trabajo lo viste de comunidad, antes persona que plástico. Y es posible charlar con él por horas y configurar ideas para plasmarlas. Evidencia de ello ha sido la colaboración en diversas acciones que han beneficiado a Guadalajara. Ahora sí que un norteño le puso sabor a varias cosas lindas de nuestra comunidad, de esos poemas que más recuerdo y más aprecio fue haber colaborado con él en el 9 Congreso de Ciclismo Urbano, de la BiciRed México, que sucedió en noviembre de 2016, evento en que sus obras fueron parte de la identidad, además de aportar una exhibición en la que el discurso de la bicicleta conmovió a propios y extraños.

Personalidad. Foto: Miguel Asa

Desde Santa Tere, barrio en el que se encuentra desde hace rato su torre de control, ha emergido con distintas obras en las que los jardines, los infantes y la honestidad del mejor vivir han plasmado la colectividad, la colaboración y la solidaridad, por una u otra causa, pero siempre presente. En ocasiones de bajo perfil y otras tantas con todo el impacto requerido, su voz es una de las que ha permitido ejercitar a la comunidad creativa una asociación peculiar con la bicicleta, bajo la sensibilización, el fomento y su vinculación de todas maneras posibles.

Sin embargo, Alfredito no sólo es eso. Se trata de una charla de diversión, del abrazo, del constante análisis y de una reflexiva mirada hacia la persona como parte de la sociedad, un verso entre todo lo gigantesco del libro. Así, los corazones suceden entre la cadencia, los augurios y los discursos que el viento nos ha permitido en una estructura que se regula desde distintas escalas. Así, él nos acompañó a celebrar aquel Cicloverso que generamos con Mi Bici Pública y otras instancias en 2017, en el que celebramos el Centenario de la inversión de la bicicleta junto a más artistas y poetas.

Mis primeras rodadas. Ilustración: Alfredito Romano

Pero hoy, después de tantos años, la palabra se ha solidificado entre las voluntades y las sonrisas. La ilustración se ha convertido en complice de sueños, de ideas, de diálogos, y nos existimos desnudos ante el tráfico de vez en vez y seguimos en la lucha desde el color. Persistir y ser razonable con la honestidad de cada quien es lo que perfila cada uno de sus trazos, así, un blanco y negro, ciertos tonos o toda la gama de colores, siempre buscaré la alegría al final de la obra. Hoy estamos aquí, con algunos murales en proceso y la amistad con café y buenas rodadas. Que la línea mantenga el ritmo del pedaleo, vamos siempre a destino: alguna palabra.

Estudio perruno. Foto: Miguel Asa

¿Cómo se encuentra una línea de color en el infinito blanco?
Imaginándola en la cabeza, buscándola, encontrando la trayectoria sumido en una intensión; el proyectar un resultado es importante cuando se trata de crear, la improvisación cabe en el sólo proceso, como un camino a disfrutar.

¿De qué manera se es viento con la bicicleta?
Soñando, pensando y rodando, la única fusión es con el alma. Al fundirse uno es todo con el viento. Rodando es como he encontrado mucho de las respuestas a mis dilemas, la filosofía de pedalear, de avanzar, de cuidarte y ser libre con tu bicicleta.

La felicidad. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo es llegar a la galaxia de los colores?
Es impregnarse con sensaciones de amor, de pasión, de juego y significado, pintar, colorear es vaciar la cabeza, el fugarse de la realidad cruel, es entender que tal vez lo que estás haciendo es parte de la felicidad al mundo

¿Qué ha sido de la mano y el trazo en las cascadas?
Una entrega, una pasión exploratoria, tranquila, íntima, particular. Tomar el lápiz, el borrador y bocetar, poco a poco la gran idea, la belleza del trazo, la responsabilidad de rasgar el papel con el grafito, de mojarlo con la tinta, otorgando un mensaje, una flor.

¿Qué es posible encontrar entre tus nubes?
Caos. ¿Quién dijo que una nube es una nave tranquila? Navegar en el aire, encontrar las ideas, la forma, el proceso, mientras contemplas la naturaleza cambiante de las cosas. También tranquilidad es verdad, en el caos también se encuentra la paz.

Pedalear para dibujar. Foto: Miguel Asa

¿Qué aromas resguarda tu mundo?
Los del recuerdo, los aromas llegan a mí y los almaceno en una alacena especial para aromas en mi pequeña cabaña que es mi mente. Los aromas me permiten recordar, asociar, tener un control sobre mí, sobre mi deseo, sobre mi cariño, me permiten enamorarme de la presencia.

¿Gelatina, payaso o colibrí? ¿Por qué?
¿Puedo las tres? ¿Por qué siempre todo tiene que ser una elección y no todas las elecciones? La gelatina podrá temblar pero es delicioso, el payaso hace reír aunque a mí me hace llorar, el colibrí es el mensajero del universo, el que lleva y trae los pensamientos y las buenas intenciones.

Sombra. Ilustración: Alfredito Romano

¿Cómo se imagina un verso en el dibujo?
Mediante una experiencia concreta, muchas veces un recuerdo, esa imagen que queda grabada en la mente, que rememora un momento. Mi intención siempre es ofrecer versos visuales, con recovecos y líneas conductoras, hasta llegar al verdadero mensaje intencional de la historia de la caricatura.

¿Qué son las series de luces en el verano?
Ambiente. ¿Qué me recuerdan? Que la media luz es indispensable para mi vista, para mis ojos cansados, ávidos de belleza, de suavidad, de siluetas sinuosas. Tener series de luz a mí me hace feliz, extiende mi navidad todo el año.

Si fueras un pan, ¿cuál serías y por qué?
¡Qué buena pregunta! pienso que podría ser un birote, de los salados, para navegar en chile, soy picante, siento ardor. También podría ser un bisquet, o un cuernito relleno de crema, porque mucho de la delicia que tengo, la llevo dentro.

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares

Rodrigo Robles: bailaor de dos mares
El rincón de la música en el corazón centinela de los pies
En muro. Foto: Ernesto Ávalos

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Manuel Machado

Las flores le cubrieron de baile. Ninguna nube le dijo de su destino. Al aire comienza. Nadie le señaló que sus pies serían el tartamudeo del cante. Y así, llegó de México a España y de vuelta. Rodrigo Robles como se hace llamar, es un suculento espectáculo cuando se posa en los escenarios y hace del flamenco un contoneo abrupto lleno de magia. El cantaor surge desde la guitarra. Sí, me gusta decir la palabra magia cuando lo veo bailar, porque el momento se vuelve en esencia de rubíes, de terciopelos y de dolor. Sí, porque el dolor nos mueve. Nos contiene y por eso baila. Se hace el disparejo, dice. Pero la nebulosa que lo construye es todo una joya que persigue el amor con las manos dentro de la amistad de sus piernas.

Rodrigo es una experiencia en vida. Hace más de diez años le hice unas fotografías que me han volcado. Hice de su cuerpo una escultura de aquella música y los relámpagos aún no llegaban. Qué nos podría decir el pasado de nuestro presente. Si tuviera la clave, la música no habría tenido variaciones. Y así va, entre el pasito y la percusión desde el talón. Golpe, giliana, el jaleo muta. Se tejió en Guadalajara, Jalisco, desde la siembra de las galaxias.

Con Karla Guzmán. Foto: Miguel Asa

Así, a Ro, como le decimos los amigos, la punzada no se le ha detenido porque es un tipo de pocas nueces. Esto parece un cante festero. Se mueve, gira, pisa, la madera, la mano, el guiño, la guitarra, otra vuelta, hacia abajo, la expresión, alegría, que el giro esté a media vuelta y va de regreso. Así pasa el tiempo, los amores, los viajes, las distancias. Quería que este texto bailara con él un día y ya lo está haciendo. La densidad del baile existe en las noches. Cuando en las tardes procura el receso. Porque en la mañana el café le ha dado vida. Pasa a cante hondo. 

Así, entre el pulque y las noches de noctámbulos le conocí. Una melisma y sigue. Un espejismo que no sé si volveré a ver, fuimos hermosos en aquella época, ahora también lo somos pero con más lluvia y versos. Así como en cada uno de sus movimientos como si escribiera en el aire, ligado eterno, como si cada movimiento de su cuerpo fueran las letras que construye su pensamiento ha sido apreciarlo. Y se abastece del sentir, de la vibración de la guitarra y de los ecos de las serpientes, porque antes que flamenco, mexicano. La seguiriya se inspira y nos recorre. 

Azul. Foto: Urko

Le cobija la música a diario. El rasgueo se apresura. Y el flamenco le ha descubierto una sensibilidad tónica que muestra mediante su cuerpo. La tonalidad se mueve, el zapateado incandescente sobresale. Él, que hace doce años comenzó una carrera creativa más allá de su formación profesional en relaciones internacionales, le ha dado por compartir escenarios con distintos artistas tales como Nirl Cano, Alba López, Karen Lugo, Karla Guzmán, por mencionar, y con Laia Costa y Joan Torres, con quienes fundó la Compañía Zaranda Flamenco, en Menorca, España.  

Su asertivo corazón y su intransigencia por innovar lo han llevado a generar proyectos mestizos, en los que el flamenco ha contado con la exploración del artista, eso, por la simple idea de refrescar el encanto del tablao. Con más de diez años en los escenarios y con distintas participaciones por aquí y por allá, el flamenco lo lleva tatuado en el espíritu. Escobillado a luz roja. Ro es más que un cante. Se entromete un silencio. Se trata de un bailaor que se ha cobijado de dos mares, una posibilidad entre México y España que nos invita a disfrutar de esta pasión por el flamenco. 

Movimientos. Foto: Miguel Asa

Rodrigo tiene un temple fuerte en el escenario, se construye, se vive, se mueve, así, es el horizonte que le acompaña desde la punta de los pies. Un tembleque amanece. Se considera una especie de ser compartido. No hay momento en que una ranchera o un son no le reanimen la vida. Así un taquito de frijoles, de esos galácticos que desayunamos en algunas ocasiones, como unos chilaquiles mágicos, o un ceviche a la deriva del corazón. Los redobles son huracanes. Los espejos le abrazan en cada paso que entrega.  

Recuerdo un pulque y pareciera que el tiempo del baile no se detiene. Suenan los acordes y los golpes a la madera. El tacón remata y remata. Se mide el tiempo. El avance. El cajón. Otro giro. La mano. Las manos. El vestido. El pantalón. Otro giro. A la par. La guitarra aumenta. El aplauso. A palo seco. Otra vuelta. Movimiento de izquierda a derecha. El rasgueo persigue. El cante se desmorona. Y ahí, el bailador hace de los dos mares un remolino. Que surja el zapateado hasta los 6/8 para desviarnos de la vida. 

Extensión. Foto: Ernesto Ávalos

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicábamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Alas. Foto: Miguel Asa

¿Qué te llevó a bailar?
Nunca lo pensé mucho, es una cosa que simplemente sabía que quería hacer y siempre hice. Cuando decidí empezar mi formación fue en un momento en que dentro de mi experiencia de vida me tocaba decidir. La profesionalización es un camino en el que nunca he creído del todo, por lo menos no para mí; sin embargo he aceptado tomar senderos académicos y profesionales, de buena gana  además, por condición de sistema; pero en realidad creo que bailar ha sido un camino para conocerme y una guía para no perderme entre las posibilidades de la vida. 

¿Cómo son las plantas en tu mundo?
Hace algunos años estuve viviendo en una comunidad okupa en Sintra, Portugal, allí practicamos la permacultura, y una amiga de aquella época me explicaba que para ella las plantas ornamentales no tenían sentido; eso me hizo reflexionar sobre lo que ví en casa de pequeño, en donde  las plantas eran parte de hacer el espacio bello y armonioso. Eso me hizo incorporar la dimensión simbiótica de mi relación con ellas. Sigo creyendo, como en casa viví, que su belleza es una de sus funciones principales, pero también son medicina para el cuerpo y para el alma, y son alimento nos dan sabor, nos hacen alucinar, y calman la mente al cuidarlas. 

Barranca de eco. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Volar. Foto: Miguel Asa

¿Qué color eres para sentir el baile?
Pues no lo he pensado de esa manera nunca. Lo que sí, es que los colores son parte de la inspiración tanto para la composición como para la improvisación, son elementos fundamentales.

¿Cómo se construye un tablao sobre las nubes?
Con los pies en el Aire es el nombre de un espectáculo que producimos y creamos un ser maravilloso, Candela Olarte y tu servidor, entre 2013 y 2014. Su creación fue entre Menorca y Madrid. Esto viene a colación porque tu pregunta me recordó a la construcción de aquel espectáculo donde quisimos rebatir la frase de “con los pies en la tierra”; para darle el valor a la parte sutil, volátil y ligera de la creatividad; a la ensoñación como un valor y elemento fundamental para transformar realidades que nos hacen mirar posibilidades limitadas de nuestra forma de existir. Sin embargo el taconeo se hizo, desde un pedestal, de madera de 1,5 mt de alto, con el suelo inestable, fue arriesgado pero valiente. El tablao siempre es riesgo, y a pesar de verse seguro y sobre el suelo, las nubes melódicas, rítmicas, de partituras de movimiento, y de comunicación de las personas que estén haciéndolo posible, son las flores que lo hacen bello y emocionante. 

Rojo. Foto: Miguel Asa

¿Cómo ha sido el silencio con el viento?
El momento sutil entre un estado de sueño y de estar despierto; es en ese momento donde todo se ve claro y acepto con paz las decisiones que estoy tomando.

¿Chocolate, caricia o telescopio?
Sin azúcar, cacao mejor a chocolate; la caricia siempre y los astros son un gran mapa para saber de dónde venimos y a dónde queremos ir, además de que son más que magníficos.

Un amanecer, ¿cómo?
Después de una fiesta con personas entrañables, donde las risas, el amor y la lucidez de la embriaguez enseñan verdades trascendentes para los que compartimos ese momento. El amanecer le da sentido y riega con los primeros rayos del sol a nuestros cuerpos; llenándolos de energía y ganas de vivir.  

Puente. Foto: Miguel Asa

¿Viajar, suculencia y sabrosura?
Pues los viajes siempre, allí cabe todo. Siempre estamos viajando, aunque no nos movamos de sitio, y el hedonismo no se excluye de la experiencia del viaje; eso sí, el viaje es mucho más que eso. Dentro del viaje todo.

¿La bicicleta cómo baila?
Al ritmo que baila su conductor, uno de los placeres más grandes que hay, ir arriba de una bici; siempre y cuando no haya cuestas pronunciadas. 

¿Qué libros te han llamado?
Pues ahora mismo estoy con dos títulos, bastante filosóficos, uno El Bailaor de Soledades de Didi-Huberman, y el otro muy político de Suely Rolnik, Esferas de la insurrección, Apuntes para descolonizar el inconsciente. Siempre preferiré los relatos orales.

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El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana

El hijo de Tere: el maíz danza en la jarana
Componer canciones siderales al campo
Gabriel de Dios. Foto: Juan Carlos Luna

Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
José Martí

Hay momentos en los que la dicha se queda sin nada. Y va descalza entre las raíces y los espasmos matutinos. El alba llega y la música suena al tanto que el ruido de los pájaros se aglomera en la atmósfera y suena su jarana. Así, con pulque en mano conocí a Gabriel de Dios, quien se hace llamar El hijo de Tere y a sus atardeceres afables por la exploración musical en Guadalajara, Jalisco.

Ahora, años después, los caminos se han diferido pero el encuentro creativo se ha unido como los niños que juegan sin conocerse. Gabriel, es un tipo de espejo de humo que conmueve a las raíces. En su música vibra el canto de las percepciones de un México del campo. Y no sólo eso, también el juego de la mente y del espíritu que remonta en los cerros.

Cantar como sembrar. Foto: Juan Carlos Luna

Así la yunta, la palabra, el huarache y las plantas, son el contexto de su crecimiento. El maíz, el maguey y las variaciones del mundo que tienen las mariposas son el vuelo del canto. Y es que ha colaborado con Leticia Servín, Dr. Sotol, Ampersan y con otros más, que sus posibilidades creativas se van de lo experimental al canto tradicional. Así es Gabriel, un caminante del silencio que entre los remolinos se cubre con la piel morena y la música de ayer, de nuestra historia, que la hace prevalecer en cada interpretación suya. 

Le hace a la composición, dice, y yo digo que le hace a la buena onda y a la magia sonora. Así despacito entre los tiempos, uno al escucharlo, añora las noches de campo y las luciérnagas nocturnas de esos rincones. Así el río se cruza en la duermevela y lleva en él los cantos de la Tierra. Se vive en los procesos naturales desde sus instrumentos, y le sopla, le rasga, le golpetea y le canta y el sonido hace su parte. Y ahí Gabriel con la magia de la mente en cada una de sus composiciones. 

Gabriel le hace al campesino desde su música. Le canta a la labor del campo. Él se mueve entre el frío y el rincón de la sauceda. Le hace cosquillas al maguey y se conmueve entre el calor de la música en las celebraciones. Hace, en cada presentación suya, el margen de la voz que conspira entre el amor y los nopales. Y así va. La música de El hijo de Tere parte hacia la tradición, recupera y comparte lo que tenemos en México. Se ha convertido en uno de los músicos que persiste a raíz del ocasor

Su Cantar de siembra se manifestó en 2020. Y melodías de juego y de noche se anunciaron para descubrir esta faceta de tacto humano. No voy a mentir que me funcionó como un recuento de mis paseos en bicicleta por las veredas de aquella ranchería en que mi Viejo creció. Esa obra es un conjunto de experiencias en que Gabriel se ha volcado. Allá, A la sombra de un mezquite, está el recuerdo, y más allá va La Chaparrita por la Tierra labrada al lado de Juanita quien lleva los Elotes de Agua y mar hacia aquel Ensueño de luna sólo para decir Gracias a Dios. Y hay un camino que debemos recordar: la tierra y nuestros pies. ¿Cuánto hace que no estás descalzo ante ella? ¿Cuánto ha pasado de que tus huellas no acarician la naturaleza?

El hijo de Tere con Teresa Figueroa. Foto: Juan Carlos Luna

El hijo de Tere es la serenidad de la canción en esta lotería mexicana que nos tocó ser. Las gracias existen en su canto. El brillo del sol en el reflejo del maíz por igual. La caminata va con las estrellas y a nosotros nos conmueve el estar aquí. Y hace poco, lo viví desde el maizal. Pinté a su lado un paisaje, le hice ecos de colores a sus canciones. Nos vivimos. Fuimos el pulque y el maíz en el juego de las manos. Ambos, venimos del campo, o por lo menos, lo tenemos en nuestras historias, y eso ya es ganancia. 

Así es Gabriel de Dios, un escuincle entre la comunidad que juega con la música y le hace al curioso con cada artefacto. Que este texto a la tierra y a su música sea evidencia de que una vez fuimos agua y viento: gracias noche. 

El maíz entre las sombras. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué te llevó a crear magia sonora?
El planteamiento de esa pregunta me parece muy interesante porque la música y el canto han estado ligados a la medicina, la sanación y la espiritualidad desde siempre. Aún hoy en día marakames, chamanes y rezanderas suenan y cantan para lograr el encantamiento y la magia. Sin pretender compararme con esos grandes hombres y mujeres, yo diría que en mi música hay una búsqueda espiritual y mística, una búsqueda por la sanación propia y la de mi comunidad.

¿Qué te mantiene en color? 
Yo diría que el trabajo. Trabajar en el buen sentido, no desde perspectiva del capital en que el trabajo es un factor que hay que explotar para obtener riqueza. Trabajar como un acto de amor, una actividad que me permite relacionarme con otros humanos y mantener en movimiento mi mente, mi cuerpo y mi creatividad.

¿Cómo encuentras la oportunidad del sol y la luna? 
Son el sol y la luna quienes me encuentran. A veces me distraigo en con pensamientos y cosas superfluas, pero es imposible no voltear a ver un atardecer, una luna nueva, un sol brillante y recordar la magnificencia y la sencillez que significa estar vivo.

¿Cómo canta el maíz al dormir? 
Después de la cosecha, en el otoño, los campos descansan hasta el inicio del nuevo ciclo agrícola, durante estos meses milpas y parcelas se visten con el amarillo ocre del rastrojo, es entonces, diría yo, cuando duerme el maíz- EL maíz duerme y canta cuando lo acaricia el viento, es un canto de paz y de calma, a la espera del nuevo sol.

El sonido de una noche. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué hay de las estrellas? 
Las estrellas nos hablan del tiempo. A veces me pongo a pensar cómo sería la vida sin calendarios, los calendarios son necesarios, pues nos ayudan a organizarnos y estar todos de acuerdo en qué día estamos viviendo, pero no dejan de parecerme una imposición violenta. Pienso que sin calendarios voltearíamos otra vez al cielo por la noche, ver cómo se mueven venus y marte y las constelaciones. Tengo amigues a quienes les gusta el zodiaco y la astrología, pero la mayoría de ellas y ellos hablan del movimiento de los astros de acuerdo a lo que dice un libro y no por cómo se ven en el cielo. Pienso que deberíamos ver más las estrellas, encontrar nuevas constelaciones, nuevos signos y nuevos tiempos.

¿Cómo le escribes al amor?
Enamorado.

Soltar el silencio. Foto: Juan Carlos Luna

¿Qué dice el poema en la jarana? 
El son mexicano, como muchas otras tradiciones poético-musicales del mundo, es una expresión completamente sonora, no tiene escritura, ni para la música ni para los versos. La recopilación de coplas en medios escritos es relativamente reciente. Es quizá por ello que en el son, el ritmo de la palabra y el ritmo de la música están íntimamente ligados: En La bamba el pmnico de la jarana “canta” los acentos de la voz cantada ta-ta-tan ta-ta-tan ta-ta-tan-tan-tan; El pájaro carpintero o La petenera se cantan con una quintilla sextilla y entonces la jarana tiene que hacer un rematito extra para acompañar los últimos versos, lo cual da a estos dos sones un ritmo particular.

¿Hacia dónde viajas cuando compones? 
Considero mi proceso creativo como un acto intelectual, cuando compongo pienso en las cosas que conozco, lo que he leído, en el conocimiento que he adquirido escuchando a otras personas, en ocasiones recurro al internet para saber sobre ciertos temas, también me gusta escuchar la forma en que otros compositores han abordado el tema del que quiero hablar. Si viajo a algún lugar diría que es hacia mi historia, mi presente y el entramado social del cual soy parte.

Un campesino Matriolax y Gabriel. Foto: Juan Carlos Luna

¿En qué se construye el silencio?
En la paz y el respeto, si no tenemos paz será muy difícil que podamos encontrar silencio, de igual manera, es necesario respetar el silencio y la paz del otro para podernos escuchar. Pocas veces he podido percibir el silencio, una que recuerdo bien es cuando murió una mujer que fue muy querida en mi familia, se fue en paz, plena, y entonces oí el silencio de la buena muerte. También he escuchado el silencio colectivo de la expectativa y la esperanza, ese me parece un poco más común, hasta cuando el delantero estrella de la selección está por tirar el penal decisivo para pasar a cuartos de final, Juan Gabriel jugaba mucho con eso en sus conciertos.

¿Cómo celebras a la vida?
Cantando.

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Jaramar: de cantos, pintura y escultura

Jaramar: de cantos, pintura y escultura
La poeta que esculpe música entre la naturaleza y los viajes
Jaramar. Foto: Festival Quimera Metepec

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
Ángeles Mora

Fue en Zacatecas. Fue en abril. Fue en el Festival Cultural de aquella ciudad. Aquella noche. Un año antes que iniciará con esta aventura de Por favor, lea poesía. Fue en Zacatecas. Fue con Sergei y Juvidel. Fue con mi hermano. Fue una tarde de cantos. Fue un sol de pocos. Que mis labios te nombren. Y se sentó junto a mí para escuchar a Omara Portuondo. Fue en Zacatecas, muy cerca de Las Quince Letras, cuando el canto de Jaramar se volcó piedra en mí.

Roja fue la tierra, las piedras, el viento. Dos genias contemplé aquella noche. Dos mujeres de voz y esculturas. Ahí estaba Jaramar a mi lado en aquella geografía que amaría en tiempos futuros. Jaramar le cambió el ritmo al sintagma que portaba en mis palabras. Fue en Zacatecas cuando su canto nos vistió de trenes, de aliento y de mares. Aquella tarde conocí el canto de sus flores: en vivo y con el respaldo del público norteño. La sombra con el encuentro de la pesadumbre. La luna era espejo de Jaramar y yo ahí. Lo vi. La voz, los músicos, una memoria e intento esculpir estas letras. Se vuelve un sonido.

La memoria no es tan grande para describir lo que Jaramar nos entrega en cada actuación. Intento el poema y su voz dice Trenzas y risas. La memoria no soporta el instante de la vejez. Y ahí estamos. Zacatecas tiene unas piedras que saben de ella. Hay una evidencia de su música y desde las lágrimas No vuelvo a amar. Fue ahí en Zacatecas que Una flor amarilla le puso otro nombre a esa ciudad y pocos lo supimos. 

Esculpir cantos. Foto: Alejandro Pérez

Hace tanto tiempo que la escucho y es momento en que el sueño se deja ir por su voz y lo detengo. El sueño con con ella es el eco de nunca terminar. Poner su voz en el mediodía del trapeador y el momento toma forma. Es un florecimiento en las venas. Te vuelves método y alegría. Pero siempre nos dice como salir de ahí. Uno se puede creer lobo estepario o cien años de soledad y tiene para toda dramaturgia: ella es un teatro complejo.

Escribir el poema desde la escultura para dejarla en la pintura sonora, dice Jaramar. Y ya las palabras llegan a la médula. Pero ya escribió el poema y ahora lo canta. No se trata de la soledad, ni de la telaraña que somos. Su canto es una textura de México que persigue los aromas. Les llama. Les canta. Les es una mentira y una verdad. Jaramar se suelta y es entrañable. Su canto nos descubre en el silencio una mañana y nos volvemos etéreos. 

Nos lleva en la noche bajo cualquier ausencia. Así la palabra en la canción nos lleva al viaje que deseamos. Nos volvemos amor y perjurio. Así canta y el público entra a meditar. Somos la canción. Nos cautivamos y el silencio nos es y Jaramar dice que sigamos. Ella es piedra nube y uno en la calzada de flor, sol entre el desierto. Y doy vuelta en la glorieta del mar. Me vuelvo perfil en la playa y de ahí al bosque. Y los libros me siguen. Y la sincopa funciona como verso estipulado por las flores. Y ahí voy a buscarla. Sube y baja. Se vive, se canta, se pinta y se esculpe. Juega. Nos recrea y simpatiza. Vamos al poema. Nos vuelve pasajeros de sus viajes. Nos comparte el sonido desde la profundidad de las cuevas. Jaramar tiene terciopelo en el juego y brillamos. Nos evita el dolor. Le entrega senderos al camino con sus canciones. Hoy somos un poquito más de danza y de naturaleza.

Jaramar trabaja para que Todas las naves del mundo lleguen a nosotros este año. Y yo vuelvo a ella y las “canciones viajeras del mestizaje” están en espera por contagiarnos. Jaramar sigue en el canto y señala que dicho trabajo “busca reflejar y sintetizar mi búsqueda musical a través de un repertorio que recorre el camino del mestizaje”. Así nómadas como ella, vienen “canciones surgidas en la España de la época de la conquista en la que confluyeron las culturas cristiana, mora y judía nutriéndose unas a otras, cuya lírica y formas melódicas migraron como poderosas materias primas a México”. Así con el recuento de su pasión señala, “es la poesía novohispánica representada por la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz; canciones tradicionales mestizas; y mi propio trabajo de composición”. Por su parte resalta, “en la selección, como ha sido el caso en mis proyectos anteriores, es principalmente la voz de las mujeres la que habla”.

Ser vuelo. Foto: Alejandro Pérez

Siempre trae en la bolsa del mandado sus canciones viajeras y aborda, “el tratamiento arreglístico y de producción tienen como base el concepto de fusión. Parte de las formas y melodías propias de la España del Siglo XV para a partir de ahí viajar estilística y sonoramente al Siglo XXI, pasando por elementos de la música tradicional mexicana, sin dejar de lado las muy diversas influencias que forman mis capas sonoras y las de mi equipo de colaboradores”. Jaramar sigue con sus viajes y nos traslada bajo las nubes en distintos espacios, desde el puente al corazón, desde el bosque a la madeja de amaneceres. Cantar para esculpir una pintura es lo que hace Jaramar.

El eco de vivir. Foto: Alejandro Pérez

Aquella noche escuché a Jaramar abrirle a nuestra Omara que nos cantó a Pedro Infante y celebramos la vida. Ahí fue. A su lado, en que la poesía cambió otra parte de mi vida. Zacatecas fue testimonio de ese encuentro y ahora busco la silueta de la piedra en la que nos encontramos. Sus palabras, ancla de su sencillez, aquí se pintan solas,

Toco tus aguas,
trazo signos de cristal;
bebo tus aguas,
en tus alas niego el tiempo.
Tomo tu ropa,
pinto tus ojos,
dibujo tu aliento,
recorro tu país;
te olvido para verte.

(fragmento de Diluvio)

 

Música para la pintura. Foto: Alejandro Pérez

¿Cómo es la composición musical a través de la pintura?
Seguramente es distinto para cada persona, el camino que he descubierto a través de la práctica que funciona para mi es, en primer lugar con la palabra, los textos que serán la base y columna vertebral de las canciones. Al escribir – o elegir – esos textos, que existen antes de construir la música para ellos, los voy poblando de imágenes, y de esa manera lo que voy creando son pinturas sonoras que cuentan historias.

¿Qué se sostiene entre una naranja y Guadalajara?
El aliento con sabor a naranja.

¿Cómo construyes el océano Pacífico?
A través de los sueños; el mar es el medio imprescindible a través del cual viajo en mis sueños.

¿De qué manera eres augurio?
Puedo imaginar y transformar gracias a que sueño, ahí está la raíz de los augurios.

Viajera. Foto: Paola Toledo

¿Qué flor eres cuando cantas?
Una inventada, diferente cada vez.

¿Cómo surge la canción en medio del desierto?
Mientras conservemos el aliento, existirá el canto, aún en medio del desierto. Y nunca dejará de ser y decir y sonar, aún en el silencio.

¿En qué lugar encuentras los colores: playa, selva o bosque?
En realidad mis colores son los de la vida, toda: las paredes, los árboles, la ropa de la gente que anda en la calle, las banquetas, el agua, el cielo, la tierra… todo, una amalgama de colores en la que a ratos resaltan unos y a veces otros.

En el canto de la naturaleza. Foto: Fernando Reyna

¿Has volado en bicicleta?
En mis sueños.

¿Cómo sucede la gastronomía por tu paladar?
A través de lo que surge primero con mis manos, especialmente si es algo que puedo amasar y formar, como el pan.

¿Qué es lo que más te conmueve de la naturaleza?
Que es vida… y muerte, y vida de nuevo. Y así.

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DI: canción y marea de Sudcalifornia

DI: canción y marea de Sudcalifornia
Una voz que nace del eco del desierto y del mar
DI y la potencia de la libertad. Foto: Gonzalo Morales.

Y cuando caigo al sueño se hospeda en mi columna
Vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
Me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
Empollado en la muerte.
Gonzalo Rojas

Cuando llegué en bicicleta a Santa Rosalía, allá, en Mulegé, Sudcalifornia, me tomaron una foto. Ahí me encontré con un espectro de amistades. Estreché lazos enormes de felicidad y los paisajes fueron hermosos. Hoy día recuerdo con fervor aquella tierra y los sonidos que en ella se ocultan los vivo día a día. Así, por causas del destino llegué a DI, una chica con una voz de desierto y marea turquesa. En ella se postra “la universalidad”. En ella vive el aprendizaje que obtuvo desde pequeña y es que escucharla trae amplios recuerdos del polvo desértico, de allá, de la Cachanía, de donde es originaria.

La universalidad y la música. Foto: Pantone7548c

Escuchar la música de DI, que recién comienza a manifestarse en el ámbito, es una delicia que se contempla como una puerta a la magia de la península mexicana, y de ahí, al todo. Existe en su presencia y en su voz la lejanía de las distancias y nos vuelve cercanos a la quimera que llevamos dentro. El espacio es de sal y piel. Así nos vamos descubriendo poco a poco. Así, le cantamos a la vida y resplandece un solitario eco que se llena de cardones desde la flor que contiene una espiga colmada de arena. El mar resuena en DI y vuela con el sol como el “astro padre”.

“Ahora, conforme estoy madurando y estoy adquiriendo más experiencia, me doy cuenta de que es importante darle voz, a través de mí, a muchas cosas que pasan en mi entorno, pues hay personas que no tienen esta vía de expresión y de comunicación”, menciona el proceso de su crecimiento.

Así, desde muy temprano, hablamos de flores, de piedras y de mar. Amanecí con su nueva canción y estoy en el disfrute de escucharla. Entre palabras y acordes es preciso contemplar la sustancia de lo que viene. En ella vienen el polvo y la conformidad de saberse música, experiencia y papel. Le llamé y dejamos que la mañana fuera un eco de su tierra. Habrá que seguir la perspectiva de su voz joven y veamos qué es lo que sigue para DI. En ella la potencia de la libertad se manifiesta en esta nueva etapa y sugiere estar en el universo como una entidad única, en constante evolución, en una marea desértica que modifica el todo. Aquí ella y sus palabras, su música y sus horizontes.

¿Cómo te involucras con las flores?
Me gustan mucho. No me gusta que me regalen flores. Me gusta apreciarlas en su hábitat natural y rodearme de ellas en donde están.

¿Cuando tocas la tierra qué sinfonías hay?
Pues yo diría que las sinfonías de los ancestros, como también tocar las piedras, como que se abren portales de sonidos y mensajes de cientos, de miles, de millones de años. 

¿Qué ha sido Camila para ti?
Algo muy hermoso. Camila es una puerta hacia el amor que estoy sintiendo ahora por mí y para mí, y que esto lo he podido estar descifrando a través de darme un clavado con esa primera canción. Creo que hasta es de la buena suerte. 

¿Cómo fue su producción?
Fue en la Ciudad de México, la produjo Jorge Flores, que lo quiero muchísimo y fue en su estudio. La rola la hicimos él y yo. Yo compuse la rola y él produjo la rola. En la bateria estuvo Omar Avilés, sudcaliforniano de Guerrero Negro que también vive acá en la Ciudad de México, y le hablé y le dije.

Naturlaza hay en su música. Foto: Pantone7548c

¿Qué es la bicicleta para ti?
Es un medio de transporte muy divertido. Prefiero caminar porque soy un poco distraída. Cuando la uso me divierto mucho. Me gusta que me vuela el cabello, me gusta escuchar música mientras estoy pedaleando, me relaja, está cool la bici.

¿Con qué música comes y qué comes?
Me gusta comer comida vegana de preferencia o mariscos. Habitualmente como sopas, me gustan mucho los calditos. Escucho música electrónica, o Queen, Daft Punk, Parcels, o nada, a veces nada. 

¿Qué es el silencio para ti?
Majestuoso. Es algo que aprecio y valoro mucho cuando estoy sobreexcitada de la mente me gusta no escuchar nada. Cuando medito me gusta estar en silencio. Después de escuchar música en el estudio y lo que estamos haciendo, trabajando, me gusta el silencio. A parte de ser algo majestuoso y que te mantiene en el instante del aquí y del ahora, también es una herramienta para el descanso mental y eso es valioso para un artista.

¿Cardón o serpiente?
Serpiente. Porque se me hace más imponente, salvaje. Históricamente vinculada a algo negativo cuando sólo es una criatura hermosa e incomprendida.

¿Cómo fue la producción de Ser salvaje?
Ser salvaje es otro viaje, es algo muy importante para mí. Camila es como un rubí, es un rubí que está flotando ahí, en el mar y en el desierto, y en toda esa estructura natural que te puedes imaginar escuchando la rola, que se me hace muy chido. Pero Ser salvaje es algo que me costó más. Camila es una rola que hice porque sentí un golpe de inspiración. Pero Ser salvaje no está vinculada a ningún otro elemento más que a mí y esta necesidad de decir que quiero evolucionar, que quiero conectar con esto que estoy sintiendo, experimentar mi vida más libre, conscientemente, y valorar más cómo soy. Me tomó más tiempo estructurar los versos, el coro, hacer borradores de letra. Hice varios demos de la rola, se llamaba de otra forma. Al final terminé de escribirla por ahí de noviembre. Primero empezó de una forma, pausé y cuando retomé, todo fluyó muy bien. En enero me metí al estudio a dirigir todo y a que la rola sonara como ya por fin sabía que tenía que sonar. Estoy muy orgullosa, fue algo que trabajé más, un poco más, yo, conmigo, porque quería expresar cosas que jamás había expresado. 

Ser y descubrirse. Foto: Pantone7548c

¿Qué sigue para DI? ¿Algún EP?
Más rolas. Voy a terminar la mezcla de otra rola y después en unos meses veré qué onda, si va a ser un EP o no o qué. Pero hay más rolas, hay más música. 

¿Qué colores eres?
Negro, iba a decir, lo pensé así, negro, pero negro y rosa. 

¿Cuál es tu lugar favorito de Sudcalifornia?
Mulegé, la bahía. El Burro, la playa pues, cualquiera de esas. Pero El Burro es a donde me llevaban mi mamá, mi hermano y mis amigos siempre, y ahí me gusta estar.  

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Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo​

Cinthya Morado: sonidos de fuerza y jugueteo
Tonalidades diminutas que perciben fuego en el canto
Cinthya Morado y sus artesanías. Foto: Daniel Mosqueda

Todos rompimos murallas
o cabalgamos quimeras.
J. L. Serrano

Subí 89 km desde la costa del Pacífico mexicano para llegar a Tepic, Nayarit. Fue un ascenso bastante prolongado para un sólo día pero aquello se convirtió en un gran reto. Llegué a la ciudad por la noche. Hubo oportunidad de estar por allá en un febrero. Ahí conocí a una cantautora natural, sideral, profunda: Cinthya Morado

En una noche con conocidos coloridos de la región, hicimos encuentro en Galería Lea, aquel espacio sencillo y elocuente de Salvador Lea, un pintor y amigo de la ciudad que nos permitió coexistir. Esa noche entre poetas, artistas y demás ingresé en la percepción de conocer a algunos cuantos. Ahí, entre el baile, la noche y las esperanzas andaba Cinthya Morado, mujer peculiar y de sencillo tono humano, a quien conocí mediante nuestra amiga poeta Frydha Victoria, y así, lo demás se convirtió en historia.

La naturaleza es creatividad. Foto. Cinthya Morado

Hoy, tiempo después, exploro en los acordes y me crezco entre la imagen de su Diminuta, obra sonora que recién ha surgido en 2020 para dar paso a todo una conceptualización de su personalidad. Seré honesto. Cada pieza de esa composición contempla historias potentes, divertidas y corren el riego en cada tono. Se anticipa el entusiasmo a respirar y sentir. La exploración de Morado es una estafeta entre el silencio de los gatos y las esperanzas. El discurso se carga de experiencias y de tonos climáticos que nos llevan por aquí y por allá como un juego repentino de infantes. 

Es divertida y se ausenta de la incertidumbre. Hay poesía en cada una de sus letras. La magia que persigue con esta obra va más allá del sonido que se repite una y otra vez, es un telar sonoro. Así la instancia voraz de la secuela de la vida, el canto y los instrumentos. Aquí hoy, una breve entrevista con Morado, quien actualmente radica en Aguascalientes, y que persiste en sus sueños de gatos, cerros y días.  

Por mi cuenta, paseo en bicicleta con el afán sonoro de El suelo que me lleva a la curiosidad y al divertimento. Vuelo. Y así me encuentro en un disco repleto de comedia, paciencia y laberintos muy mexicanos. Texturas imprescindibles que se mezclan en el delicado aroma de sus timbres. Diminuta es una experiencia especial, hay que estar en la hamaca y despertar con café para escuchar con detenimiento. 

¿Qué te atrajo a la música?
No sabría decir con exactitud qué me atrajo a la música, en mis recuerdos más primigenios ya está presente el jugar con melodías y ritmos, eran mis formas de divertirme, siempre hacía melodías con lo que iba observando o haciendo. Desde muy pequeña mis papás nos cantaban y ponían música de muchos tipos: crecí con Cri crí y con Nirvana, con Tracy Chapman y con Mozart. Me gustaba escuchar y a veces lloraba con algunas canciones aunque no tuvieran letra o no la entendiera. Creo que hay una conexión muy intuitiva de la que no reconozco un inicio específico, pero sé que mi sensibilidad tiene mucho que ver con mi primera infancia y mis primeros descubrimientos habitando este mundo.

¿Qué es componer para ti?
Hacer música es súper mágico. Cada vez lo entiendo de una manera diferente y un poco más profunda. Lo veo como si tratara de encapsular momentos, como de hacer mantras también. Hay veces que tengo ideas o emociones o me pasan cosas difíciles de procesar y al convertirlas en canciones y repetirlas una y otra vez, me entiendo mejor. Me gusta pensar también que tienen el potencial de conectar con otras personas. Creo que se lanzan al exterior y se quedan ahí, que dejan de pertenecerme del todo y se van combinando con el tiempo y el espacio. Es muy loco pensar en que alguien más también puede tocar y cantar piezas mías que nacieron en momentos tan íntimos. Cuando me muera mis canciones seguirán existiendo, eso es muy emocionante.

Flores y Cinthya. Foto: Regina Béjar

¿Qué es Diminuta?
Diminuta es un EP minimalista, íntimo y de autorretrato que grabé a principios de pandemia en Joi Records, en Aguascalientes. La oportunidad de grabar se dio de sorpresa y hacerlo fue un reto y un proceso rápido pero muy bonito. Dentro del equipo de este material está José Octavio Primero en producción y mezcla, Gerardo Castmu en masterización y Rubén Ramírez Díaz como músico invitado en dos de las canciones. La portada es una obra de Ulises Sarabia y el diseño gráfico de Ricardo López. Salió en septiembre de 2020 y está disponible en todas las plataformas digitales.

¿Hacia qué caminos poéticos es posible declarar tu obra?
No sé si se le puedan llamar poéticos a los caminos que traza mi música, me encantaría que sí, ésa podría ser una de mis metas. La poesía es un lenguaje muy sublime, toca fibras muy íntimas y profundamente humanas, es algo casi espiritual, creo. Para mí es un sueño poder lograr eso aunque sea un poquito; decir algo, provocar algo, evocar a la naturaleza, que quienes me escuchen sientan parecido a lo que yo siento cuando canto o cuando escribo lo que canto, me ilusiona eso.

Cinthya y piedras. Foto: Regina Béjar

¿En alguna nota la bicicleta?
Amo la bicicleta. Aprendí a andar en ella un poco tarde, a los diez años. Todavía recuerdo la primera vez que logre el equilibrio y avancé, estaba sola porque era muy miedosa, y también, muy insegura; entonces, cuando intentaron enseñarme nunca pude, fue hasta que lo intenté por mi cuenta y sin que nadie me viera. Fue muy liberador. Hubo un tiempo en que me movía en bicicleta a todos lados, a veces también salía a la carretera, es maravilloso. Debo decir que últimamente ya no la uso tanto, me recrimino eso. Quiero volver.

¿A qué te sumerges cuando piensas en gatos?
Cuando me preguntan si soy de gatos o de perros siempre respondo que de gatos. Me gusta mucho su autosuficiencia y su determinación. Creo que saben perfectamente lo que quieren y van por la vida hacia ello, siempre claros y honestos consigo mismos. Son ágiles y les gusta jugar pero también duermen mucho, a veces les gusta la compañía y la buscan, a veces no y se van. Son silenciosos y pasionales. Me gusta que cambian de humor y que siempre se entregan al momento presente.

¿Qué son los árboles en tus canciones?
Los árboles son muy importantes en mi vida, no sólo en la música. Me transmiten muchas cosas. Me gusta observarlos, he escrito varias canciones y textos sentada a la sombra de árboles, son un lugar seguro para mí, son también compañeros e inspiración. Puede sonar raro, pero yo creo que hay árboles específicos a los que he querido de verdad.

¿Alguna vez serás pájaro?
No creo. Amo mucho a las aves, pero me siento muy lejana a su naturaleza, soy más bien una de sus fans y soy muy, muy humana; ser ave es muy perfecto y yo no quepo ahí.

 
Cinthya Morada desde sí. Foto: Regina Béjar

¿Qué explota en tu pensamiento cuando cantas?
Cuando canto no pienso, es uno de mis estados menos racionales, es como si me fuera de mí misma, o más bien, como si viajara hacia dentro de mí y me ausentara de mis propios pensamientos para nada más sentir. A menos de que no esté cómoda en ese momento o no esté concentrada, entonces sí, me cuestiono.

¿Qué surge del viento y de ti para todos?
Relaciono al viento con el movimiento y con la vida, con dejarse llevar y con la libertad. De mí para todas hay honestidad.

¿Mar o sierra?
Sierra. Soy de Nayarit y crecí muy cerca del mar, sin embargo siempre he preferido las montañas, la tierra, las hojas secas y los árboles altos; aunque he de decir que ahora que vivo lejos, sí extraño mucho la playa.  

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Versonautas: galaxía de letras y notas

Versonautas: la galaxía de letras y notas
Conjunto sonoro que es un performance más allá de lo poético
Ana Sanahuja y Roqui Albero son Versonautas

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor 
dice que el amor es muerte es miedo 
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe   
Alejandra Pizarnik

En septiembre de 2014, previo a mi primer viaje extenso en bicicleta por las costas del Pacífico mexicano, la poesía estuvo delante de mí en un escenario desde la voz de un hombre peculiar. Fue en un concierto de Jorge Drexler donde percibí la intensidad de aquel hombre en algunos versos junto a su trompeta. Aquella noche fue la presentación del disco Bailando en la cueva del compositor uruguayo ante el público tapatío, su cumpleaños 50, y de una breve intervención no pensada de nuestro lema ante todo el público: Por favor, lea poesía sonó ahí. Quién iba a saber que horas más tarde sería una juerga enorme al lado de todo el grupo de Drexler, y por igual y muy gratificante al día de hoy, el nacimiento de una amistad fraterna con los Versonautas

Versonautas son amigos, amantes, comparsas.

Sus nombres son Ana Sanahuja y Roqui Albero y ambos dan vida a este proyecto intergaláctico en el que la poesía y la música se fusionan para crear una inmersión colorida, así lo digo porque así lo creo. A Roqui lo escuché versar aquella noche junto a su trompeta, y aquello, más allá del concierto, me dejó atónito. Los lazos se crearon y después tuve la fortuna de conocer a Ana y de todo lo que son como pareja: un ente explosivo de creatividad conjunta. La poesía y la música ha sido nuestro tema a lo largo de estos años. Ha sido una magia contemplativa estar en el desarrollo de este enorme proyecto hasta el día de hoy desde la distancia.

En 2020, la flor de Versonautas surgió, Astro Azul, un álbum experimental, performativo y delirante. En él las palabras se hilan de cada nota y forman una escultura sonora única en su tipo, en el que el amor, la exploración en pareja y las aventuras poético-sonoras culminan en momentos de pensamientos inauditos. Entre ellos, la participación de amigos expandieron las posibilidades para entregarnos un eco puntual, estratégico, esperanzador, así la voz de Silvia Pérez Cruz, Jorge Drexler, Raúl Rodríguez y otras participaciones, se congregaron para amarnos de una manera especial desde la versopsicodelia.

Contemplar esta obra es anticiparnos a las melodías discretas y a los misterios que anuncian sus versos. La poética con la que se construye es elemento completamente diverso y entrega en cada composición lugares asimétricos, en los que uno se puede estar y rodear las mañanas, las tardes y las noches en soledad o en pareja. Al final de los días, Astro Azul, es un disco que en el pedal entrega efectos alegres, sensibles y nostálgicos de la vida que somos.

Escuchar este disco y dar cuenta de la potencia que se ha requerido para impulsarlo es notar la presencia de la posibilidad creativa de dos personajes y toda la fuerza que han implicado, algo así como una de las maneras mágicas del amor desde dos hacia el todo. Versonautas, desde hace meses, me ha dado otra posibilidad de la poesía, más allá de las páginas y de los libros, en sí, en los momentos en que me encuentro alrededor del viento.

Ahora es cuando siento la exploración del eco y de las notas de todas las atmósferas. Esta obra es para disfrutar a media luz, con un poco de agua y un sorbo de vino. Es buscar la permanencia en el mismo poema, en el estallido de las galaxias, en lo que nos come lentamente. Astro Azul entrega la posibilidad del éxtasis de la palabra, el caminar eterno de las bicicletas, es a la vez aurora y ocaso, la apertura y el cierre de las posibilidades. Astro Azul, es más que un universo.

Astro azul es la experiencia y la búsqueda de diversas atmósferas en el que el juego y la memoria se han fragmentado para convertirse en un reflejo de amor infinito de la poesía y la música contemporánea: un delirio sensorial de un viaje de dos. Y para ello, sus propias palabras como en el Poema del amor a veces

se tocan antes
están siempre a punto de tocarse
no se hablan
se balbucean
se chocan las bocas
se pasan el aire
labios de caballo 
se cierran los ojos
se pasean las almas por el oscuro del otro
se sobrevuelan
y se encuentran los cuerpos
y se piensan a la vez 
hacen nacer el pensamiento
y juntos
lo dejan morir
hacen nacer el gesto a la par
y juntos
lo disuelven

Versonautas es una palabra obsequiada por Jorge Drexler

¿Qué es Versonautas?
Versonautas es una aventura que emprendimos hace 7 años, un lugar en el que nos encontramos para crear, el espacio que nos permite mezclar vida, profesión, arte y aprendizaje. Es un modo de navegar sin ataduras en un mar de posibilidades infinitas. “Versonautas“ también es una palabra que nos regaló el cantautor Jorge Drexler. 

¿Por qué crear un proyecto de poesía y música?
No sabemos si hay un porqué, todo partió del amor, del gusto por hacer cosas juntos, de encontrarnos en otro plano. Los dos somos músicos con formaciones diferentes y la poesía fue un punto a partir del cual hacer música en libertad. Dedicarse a una disciplina artística o género en concreto puede, a veces, impedir que surja la creatividad, ya que siempre hay un peso de la tradición que ya nos marca unas pautas. El hecho de agregar un elemento nuevo para nosotros ha sido el faro que nos ha guiado hacia un lugar en el que lo creativo esté por encima de lo técnico.

¿Cómo fue que se encuentran como amigos, pareja y ahora colaboradores de proyecto?
Quizás fue el hecho de detectar en nosotros más afinidades que las puramente sentimentales. Nuestros sueños se encontraban, nuestras conversaciones se encendían y nuestros anhelos coincidían. Sabíamos que el juntarlo todo tenía su riesgo, podíamos ahogar nuestra relación, pero eran tantas las ganas que decidimos apartar todo atisbo de duda y arriesgarnos, siempre tuvimos una intuición positiva al respecto de implicarnos en lo profesional. De algún modo, vimos que, además de amantes, éramos también las piezas perfectas para poner en marcha un sueño común.

Ana y Roqui desde hace siete años: Versonautas

¿Dónde se originó este proyecto y por qué?
El proyecto nació entre Valencia y Barcelona y la excusa fue un proyecto que pretendía unir la gastronomía con el arte. Creamos un festival llamado Saborasons, palabro inventado en catalán que sería algo como Saborasonidos. Ahí creamos el Banquete de las Palabras, un viaje a través de poetas que versaban sobre la gastronomía. Fue un espectáculo multisensorial en el cual un amigo chef convertía lo que recitábamos en una experiencia gustativa a través de sus platos en forma de pequeñas catas.

¿Qué proyectos o creativos han influenciado a Versonautas?
Al inicio nos conectó mucho el cine, un arte que navega entre la fotografía, el texto y la música con una fluidez inspiradora. También hemos bebido de todo tipo de música, aunque cada vez más, nos interesa la creación del espacio sonoro, de las texturas.

¿Cómo es un espectáculo de Versonautas?
En estos seis o siete años hemos ido evolucionando y ahora, con Astro Azul, nos parece que se ha dado un nuevo comienzo, una metamorfosis muy deseada. Planteamos un ritual escénico que se desnuda ante la audiencia. El viaje no para, durante una hora todo se va hilvanando mediante la música, el sonido abstracto, la luz y la palabra. Esta aparece deconstruida, recitada, cruda y cantada.  Juntos partimos de una nada creadora y vamos mostrando capas hasta llegar a la pura sencillez.

¿De qué manera llevan su proceso creativo?
Siempre hemos ido componiendo nuestro universo a partir de lo que nos sugería la palabra. Esta era el motor a partir del cual elaborar un discurso sonoro. Al inicio buscábamos los textos que nos dieran esa fuerza creadora hasta que, en este último trabajo, decidimos empezar a escribir y pensar en un todo escénico ya desde el inicio. En este proceso, la escritura no pretende formar parte de un poemario, es en sí un modo de sincerarnos con nosotros mismos. Nuestros textos, más bien son ideas sintéticas, partículas de poesía, spoken songs o canciones habladas.

¿Qué imagina ser cada uno de ustedes, flora, fauna, algún ser en especial?
Nos conformamos con dejar que aflore aquello que en nosotros pida nacer, embriagarse de luz. Queremos ir abandonando las cáscaras que se van marchitando y que surja el nuevo ser que nos habita. Nuestra idea es no reprimir nada por miedo, salir de todos los armarios en los que a veces encerramos al espíritu, el cual que no entiende de patrones establecidos.

¿Qué momento identifican como mágico para Versonautas?
La magia en un escenario se da, es difícil controlarla, ella decide cuándo mostrarse. Nos parece que hay que invocarla desde lo erótico, desde el juego…aunque un poco de ron o de tequila antes de empezar ayuda mucho…jaja…Destacaríamos los tres días de estreno el pasado mes de septiembre en la Sala Carme Teatre de Valencia, en muchos momentos nos sentimos flotando sin tiempo en un espacio infinito. Las miradas luminosas y las palabras emocionadas de la gente, también son momentos mágicos. 

Versonautas es creatividad en complicidad

¿Cómo es la relación música y poesía para Versonautas?
Es un idilio muy antiguo, algo que viene de nuestros ancestros. Creemos que hay una voz que nos indica siempre cuándo está funcionando esa alquimia. A nosotros nos gusta que ambas cosas estén vivas, que ninguna sea demasiado protagonista respecto a la otra, aunque hay veces en que se requiera cierto matiz para que todo funcione. Lo importante es que uno sienta que ha hallado el milagro, que haya búsqueda.

¿Desayuno, comida o cena?
Somos como vosotros, comer, beber, cocinar, hablar, compartir recetas… A pesar de su fuerza, no nos ha convencido la cultura sajona de comer como puro trámite. El encuentro alrededor de una mesa con productos frescos es un ritual sagrado. “El hombre, como decía Montaigne, más que un animal racional, es un animal que cocina”.

¿Pedalear? ¿Individualmente o en familia? ¿Hay poesía en ello?
En todo se puede manifestar lo poético, cómo no. Valencia es una ciudad ideal para el pedaleo. Nosotros nos movemos en bici por toda la ciudad, también con nuestro hijo sentado en su sillita. Cuando vengas lo podrás comprobar.

Ana y Roqui son versopsicodelia, spoken song y performance.

¿Cómo se contemplan en México?
Para nosotros, la América con la que compartimos idioma y lazos es fundamental y México es, sin duda, la tierra mágica por excelencia, algo que puede que España haya perdido. Ambos hemos visitado México en varias ocasiones y siempre hemos quedado embriagados de una fuerza arrolladora. Vosotros tenéis fuerza y ternura, sois apasionados y generosos. A nosotros México nos parece que es un universo en sí mismo, inabarcable hasta para sus propios habitantes, lleno de misterios, culturas ancestrales, climas diversos, plantas maestras…quién podría no ser un amante de esa tierra milagrosa. Estamos seguros de que, en cuanto podamos, en cuanto despertemos y recuperemos la libertad arrebatada por una supuesta seguridad, nuestro Astro Azul volará hacia vosotros. 

¿Qué hay de la Tierra?
La tierra, como el cuerpo, habla en un lenguaje que hemos desoído demasiado. El último siglo ha sido el de los grandes avances tecnológicos y también el de los grandes retrocesos medioambientales. Sabemos que nos ha podido la opulencia, que hemos creado un sistema depredador y que ahora nos toca parar y escuchar. Pero, conociendo bien lo excelso y lo perverso del ser humano, nosotros desconfiamos hasta de las buenas intenciones, no sea que surjan nuevos tiranos que, invocando el paraíso, vengan a sustituir a los de ahora, debemos estar atentos también a eso, a ese nuevo business verde. Queremos pensar que la conciencia acabará aflorando como una marea de amor a lo que somos: materia orgánica, tierra, partes de un gran ser vivo. Arrasar la tierra es una forma de auto lesionarse.

¿Qué labor social ha hecho Versonautas?
Concretamente en Versonautas y fruto de la casualidad -pues surgió a partir de la demanda de varios profesores de literatura-, creamos hace unos años el proyecto educativo “Abrapalabra”, taller-recital pensado para acercar la poesía a los adolescentes. Los estudiantes de ESO y bachillerato se encuentran en un momento de vital importancia que los lleva a preguntarse sobre las grandes cuestiones humanas: el amor, la vida, la autoestima, la muerte, el más allá, el universo interior, la propia vocación … Sin casi ser conscientes, a través de las canciones, ya han comenzado a sentir cierta inquietud poética que les ayuda a afrontar sus preocupaciones. Nosotros intentamos mostrarles la utilidad que puede tener la poesía en sus vidas y el efecto transformador que ésta puede generar en ellos. Acudimos a los institutos mediante un recital-taller participativo, son sesiones muy transformadoras.  

¿Planes a futuro?
Seguir haciendo lo que nos llena: escribir, componer, grabar, actuar, reflexionar, crear sinergias con otras personas y con otras disciplinas artísticas, cuidar a nuestro hijo, encontrar un lugar en el que cultivar, aprender cosas nuevas, etc. Cuesta pensar en el futuro, últimamente pensamos más en “construir un presente”, quizás sea la mejor lección de todo esto. Pero nuestro más ferviente deseo es que despertemos como especie, que nos dejemos conmover por la belleza, que perdamos el miedo y que a ningún ser humano le sea arrebatada su dignidad. 

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Docu al parque: palomitas en comunidad

Docu al parque: palomitas en comunidad
Colectivo que promueve documentales mexicanos en espacios públicos
Docu al parque en vivo. Foto: Itzmalín Benítez

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Julio Cortázar

“Vamos al parque”, le dije a mi Viejo (a mi papá le dicen Panchito en el rancho), “porque habrá documental y palomitas”. De ahí del barrio de Jesús le dimos dirección a la vida hacia el parque del Refugio; la verdad: estábamos a unas cuadras. Ingresamos a la reunión. Todo el público estaba enfocado en la pantalla en la que las imágenes de un patinador ruso se desplazaba al hacer una que otra pirueta en la patineta. Mi Viejo a media luz no alcanzaba a ver. Me puse a su lado y le leí lo que decían los subtítulos. En el cambio de documentales le di una explicación a medios chiles y fue cuando un sentimiento lindo me sobrepaso: “esto es un documental en el parque”.  

En el Parque del Refugio. Foto: Itzmalín Benítez

Cada miércoles, en ocasiones de manera semanal y otras quincenal, sucede Docu al parque, ahí en el Refugio o hacia dónde les indique el huarache. Fue en San Isidro Mazatepec, en la realización de un taller con Documotora, una productora de documentales participativos, en donde una reflexión colectiva dio paso a este proyecto ciudadano, “hay un chingo de documentales pero no un espacio para verse”, dijo Itzmalín Benítez, quien hace tres años con sus compañeros decidieron proyectar este tipo de cine en el espacio público.

“A mí me parece muy bueno porque es una forma que tenemos muy sencilla de acceder a información de lo que sucede en el entorno y que a veces por apatía o por falta del tiempo, no nos enteramos. Los documentales que han presentado me han sido muy útiles”, señaló Francisco Guzmán, vecino de Mezquitán quien ha acudido de manera constante durante tres años.

Con “un montón de voluntarios” que invitan, entre artistas, gestores y ciudadanía en general, son los que apoyan en cada evento de manera desinteresada con el fin de que ese tipo de movimientos tomen más fuerza entre la ciudadanía.

“Una importancia del cine, en especial del documental, es poder hablar de aquellos temas o poder manifestar de alguna manera, por así decirlo, la inconformidad o algún problema social que nosotros estamos viviendo, una representación sobre algo de lo cual no se nombra y no se está mencionando en ningún lado”, compartió Daniel Guzmán.

Atención del público. Foto: Itzmalín Benítez

El objetivo de Docu al Parque es encontrarse con la comunidad, y a través de las temáticas que presentan, hacer reflexiones en colectividad sobre las problemáticas o realidades que vivimos con el fin de compartirlas, dijo muy entusiasmada Laura Vázquez, quien es parte del colectivo. A su vez, la recuperación del espacio también es algo que promueven, además, buscar la amistad con los vecinos, y sobre todo, estrechar las relaciones entre ellos pues su realización ha entregado beneficios, “la convivencia, el encuentro, el intercambio de ideas, las reflexiones que se han dado, creo que es algo muy importante, el sabernos escuchar”, dijo Cecilia Medina quien agregó que “lo más interesante es ese momento en el que la gente se puede reunir a ver un documental, pero que al mismo tiempo, convive y se recrea”.

Invitado en diálogo con el público. Foto: Bernardo Castro

Sin embargo, el proyector no se queda ahí. Docu al parque se ha movido en distintas ocasiones para presentarse en otros sitios de la ciudad, por mencionar, la Expenal de Oblatos, la Plaza de la República, en diversos centros comunitarios, y más allá de la ciudad, por Chapala y Tequila. A su vez, también se han movido en bicicleta y lo han hecho para contemplar, en un breve recorrido, los antiguos cines del Centro de Guadalajara; y en otra ocasión, fue con una rodada convocada por la banda de Bici Negra para realizar la proyección en el jardín de Analco, el barrio más viejo de la ciudad. 

En la Expenal de Oblatos. Foto: Fernando López

La mira del proyecto siempre ha sido comunitaria, pues existe la posibilidad de que realizadores presenten sus trabajos audiovisuales, así como el que distintos públicos puedan observar y dialogar con los mismos. A su vez, han participado con distintas organizaciones que han presentado sus labores sociales, esto, a la par de documentales relacionados con los temas que cada una de ellas aborda. También existe la apertura para la presentación de propuestas locales, con ello, la potencialización de las reflexiones con el público. 

En la Plaza de la República. Foto: Itzmalín Benítez

Como en todo proyecto cultural e independiente, existen los sueños. Los de este equipo se enmarcan en el seguimiento de sus actividades, en la continuidad de su gestión, llegar a más público, y sobre todo, ser autosustentables. Esto último se debe a que el recurso con el que se mantienen proviene de la venta de distintas chucherías, palomitas, pulque, artesanías y otros productos creativos, como el volumen de documentales que hicieron con el material de Verano Documental que hicieron en 2018, por lo que en cada sesión el público tendrá diversas opciones. Y no menos importante es el botecito para la cooperación, la cual es voluntaria, misma que es vital para que siga en funcionamiento este proyecto.

Este colectivo considera que el documental es una herramienta de denuncia, de concientización, de sensibilización y de reflexión, pues tiene un papel importante en el sentido de transmitir algo y, más allá es, ser “un punto de reunión dentro de un barrio, la recuperación de un espacio público y la creación de diálogo acercando a los documentalistas y a los documentales mexicanos a un público que puede ser conocedor o desconocedor totalmente, eso es algo como muy bonito, es muy abierto” precisó Bernardo Castro, miembro activo. 

Hacer comunidad es la misión. Foto: Itzmalín Benítez

Gracias a todos los que hacen posible estas acciones ciudadanas porque compartir la emoción de esta labor es manifestar la presencia de la unidad y la solidaridad. Después de todo, observamos un documental con imágenes de la Ciudad de México en las que se manifestaban algunas problemáticas sociales. Mi Viejo no comió palomitas, pero yo sí. Nos alcanzó la noche para compartir, para darnos cuenta de que el barrio está presente y de que la oportunidad de hacer ciudadanía está ahí. Regresé a casa para celebrar la vida y pensé en cómo sería un documental de poesía en la ciudad. Estos chicos sí que inspiran. Así que ya sabes, los miércoles por la noche en Guadalajara hay alguien que comparte documentales. Gracias Docu al Parque