

Pensar que cargué con libros en un viaje en bicicleta con el fin de leer lo posible. Imaginé. Hice muchos caminos con letras de muchas personas. Libros me llevé, libros se quedaron, libros se montaron, libros me acompañaron, libros fuimos en dos ruedas. Libros fueron parte de mi equipaje y, siempre, muchas personas me cuestionaron por qué lo hacía. No había más. Eran los libros o la comida. El alimento perece, los libros no. La energía entró de un primer combustible. Me llevé las palabras de otrxs en mis costados, les hice espacio, les brindé lugar y por ahí y por allá se quedaron. Llegué al sur de Jalisco con ellos y hasta el norte de México se fueron. Alguien por ahí dijo del riesgo; yo lo asumí antes de la crítica. A la comunidad literaria la conocí en el abrazo de una bicicleta. Y no me da miedo leer ni escribir lo que fue.
“Extática”, aquella obra en la que colaboramos con la editorial jalisciense Salto Mortal, fue el libro que cargué con más descaro y se quedó en un trayecto larguísimo. Uno de tantos, así de varixs narradorxs, poetas, ensayistas, cronistas, editorxs y escritorxs mexicanxs y extranjeros, y les hicimos gloria. Desde ahí, la importancia de documentar. Sobre el peso de los libros me dijeron que era inútil; pero leí en cada zona, en cada pueblo, en cada escuela, en cada playa, en cada rincón que la bicicleta tuvo la oportunidad de contemplar conmigo.
A la par de los años, la oportunidad de valorar el papel que se convirtió en una secuela de enseñanza y de compartición. Una bicicleta me permitió el traslado de lo que no imaginaba. Un libro en un pueblo como visita desde otras rutas. Y así se tejió el desbordante cosmos de la palabra. En ese reflejo, una de las más grandes oportunidades en bicicleta fue conocer a escritorxs con diversidad de estruendos. Y fue cuando se manifestó en el pensamiento la oportunidad de rescatar ciertos momentos, así, de algunxs que ya se han ido y de otrxs más que permanecen; desde ahí la delicia por descubrir sus secretos y, sobre todo, sus rutas.
La visión que un día cambió se debió a la historia; las pérdidas de personas escritoras me hicieron valorar el trabajo, la acción y las exigencias que cada unx se impone para una obra. Simplemente para una obra, pese a la vida. Cambié las velocidades después de comprender que la literatura y los libros debían convertirse en el eje de esta ruta y que ahora forman parte de una galaxia cultural más compleja. Dejé que mi cuerpo experimentara como muchas voces: me fui, me convertí en ellxs, respiré, comí, bebí e imaginé como ellxs. Me incrusté el filamento de la razón, me dejé de lado, me limité y me excedí, les brindé los cabos que quisieron, les olí, les palmé el corazón, les escuché, les compartí y me compartieron. Dijeron cosas y dije cosas. Se quejaron, me abrazaron. Se impusieron, les liberé, me liberaron. Conocí la soberbia con tremenda profundidad y les observé rescatarse. En muchas páginas les contemplé y también delante de mí, de una cámara, de una lista de preguntas y de geografías que dispararon el amor por la tierra.
Generar una muestra sutil fue tan difícil como extirpar una piedra de una cascada. La literatura de Jalisco es una línea de muchas voces que se redimensionan desde la sierra, la estepa y hasta la selva. En Retórika encontrarán algunas voces de Jalisco que dieron pauta e incertidumbre a toda la constelación de una bicicleta y que, por más que soplaron, resistimos a cada una de sus páginas, de sus aromas, de sus dislocamientos. Leímos con cuidado, con exageración y sin medida. Leímos porque creímos. Sabemos que existen y sólo tenemos oportunidad de algunxs cuantxs. Y qué bueno. La honestidad se mostró y, sobre todo, la humildad.
Dejé que la bicicleta mostrara su sencillez. Los libros manifestaron. Las acciones cautivaron. Así que esta ruta, que se vale de muchas personas dedicadas a la literatura en Jalisco, es una muestra de lo que se trabajó adentro, en el centro, desde fuera, en algunos municipios del estado y también con quienes llegaron y se fueron de esta geografía. Hoy por hoy, Retórika hace un homenaje a todas las personas que antaño construyeron la literatura como motivo de tarea, de duermevelas, de desalientos y de incertidumbres. No hemos sido primerxs, ni tampoco seremos el final. Esto es una construcción de muchas más. Lo que se aporte a la palabra desde esta trinchera es de manera honesta. Leer este territorio ha sido magia y desvelo. Coraje, enojo y apapacho por igual. No es necesario mentir: en la literatura también se sufre, pero ya por ello no se muere. Gracias a las personas que se han involucrado por construir la historia de la literatura de Jalisco desde sus trincheras. Este es nuestro formato y nuestra alegría. La hicimos de una manera sin precedentes, pero con todas las líneas editoriales posibles como resumen de un trayecto.
Retórika es una breve memoria de la literatura de Jalisco. No están todxs y tampoco es necesario que nadie esté. Hicimos una obra compleja en pocos años y se manifiesta como una pequeña exaltación de quienes forman parte. No se demerita ninguna labor, sólo se integran las que alcanzaron nuestros criterios. Que estas palabras sirvan para quien lea la literatura de Jalisco como una perspectiva de creación. La bicicleta cargó muchos libros y parte de ellos están aquí. Leer libros para construirnos los paisajes en dos ruedas.