Eva Espinoza "Eveleva". Foto: Miguel Asa
Eva Espinoza: salvaje poema que reconstruye abismos
El canto a los desiertos de las soledades

Los demás sonámbulos también
lanzamos al despeñadero
las semillas
Mariana Pérez Villoro

Existe el grito de un cuerpo del que se desmonta el poema como una atrofia de la llaga. Hay una palabra que surge y que incendia el cosmos de la zona. Hay un verso que se reconstruye entre estrellas, una caminata y el sereno de la mañana. Hay un ritmo en el que las luciérnagas solapan el secreto del llanto y vamos por ahí desconcertados, dispuestos a extender el fuego de la garganta. Así es Eva Espinoza, quien entre la literatura y las artes creció y brindó por la magia de la creatividad. Entre tanto y tanto soltó la llama que ha encendido un motor que no para: es una máquina de excentricidades la que despliega cada que conmociona con su fuerza vocal. Se trata, pues, de una tarjeta madre que ha permitido vincular el esfuerzo de la noche entre un creciente fervor por las palabras. Es un coro de filamentos contenido en una bolsita de papel, un escarnio a la poesía, la voluntad de saberse en vida para contradecir a la aurora boreal de los signos vitales. Reconstruir con la palabra, compartir desde el hecho, precisar desde la circunstancia. Vamos a envenenarnos hasta el último momento de la sonrisa.

Mirar al sol. Foto: Miguel Asa

Entre los esquemas en que uno confronta a la poesía, se encuentra el hilo del cardumen y de la flor. Ahí es donde se despliega el estilo para dejar escapar el verso. Desde Zapotlán el Grande, Jalisco, la experiencia poética de Eva ha surgido en miles de sabores y modalidades. Es una mariposa que despliega sus alas para existir en el vuelo de los sueños, en corrientes que sólo perciben los colibríes, en instantes de sonrisas de espejos y revueltas personales entre las hormigas. Emigra, todo el tiempo emigra. Eva, ave, parvada, pájaro, pájaro, mariposa. Un todo, una masa de alas entre vientos furiosos llenos de electricidad y firmamento. Migración. La poesía emigra por igual: no se estanca. No se estancan. No se estanca: viaja. En cada emoción que descubre desde su espontaneidad suelta la melancolía, la reflexión, una paleta de caramelo y una carcajada. El poema se resguarda en la bodega corporal. La parvada gira de un modo y de otro, fluye vuelo como río en el firmamento. Entonces nos volvemos el sonido de una canción. Somos el deterioro y a la vez el cielo.

Reflejo del chofer. Foto: Miguel Asa

Se escuda la historia debajo de la piel. Se transforma el elemento fuego en todas las estrellas. Se percibe el silencio como nada. Es que hay ruido. Es que hay ilusión, hay color, hay una soberbia dislocada en la memoria del cardón. Los colores se hacen presentes. Se llama intensidad, porque es un volcán. Es natural. La carretera siempre es paz, dice. Es un recuerdo del primer encuentro que permanece. El naufragio existe y hay movimiento. El poema aquí y allá. La poesía como herramienta de una exaltación de la carne y del hueso. Se trata de una posibilidad de lo que somos. La poesía no abandona. Está presente el eco de la naturaleza. Se trata, pues, de escuchar, de saber el nivel del viento y del cambio de clima para abordar con cautela a la existencia. Eveleva habla de un durazno como la suavidad de la dureza, una analogía con las nubes y los espejos.

Todos los caminos. Foto: Miguel Asa

Eva contempla la poesía como realidad. Se extravía y genera suposiciones. Es un papalote ligero. Es un ave que vuela: para volar es necesario tomar las alas y expandirse, abrir el espasmo en cada eco. Es necesario percibir la intensidad del volcán como la voz de la tierra. Hagamos un puente de comprensión. La poesía es nutrimento. Somos todos los actos, todos los elementos. Tenemos diversidades, perspectivas, estelas y recuerdos. Eva desnuda las oportunidades para sentir. Nos convierte en secretos. En muchas modalidades de un espejo lleno de flores. Nos creemos. La memoria de la mariposa es un estruendo. La sílaba de una mirada lo único que forma son estructuras potentes en la geografía. Eva nos habla desde la libertad. Desde las potencias en el día a día. Nos habla de lo que generan las calles. Somos parte de una luna nostálgica, de un sol ferviente. El trazo es componer de alguna manera y compartir. Se trata de convertir el poema en el gancho, en el hilo. Eva lo hace suelta, libre, unicornio de las playas, consejos de cocos, diálogos de libélulas.

Medio arrebo y bugambilias. Foto: Miguel Asa

Se trata de jugar a las canicas. De dar un paseo pequeño y ser congruentes con la especie. Hablar del desprendimiento como un acto necesario. Soltar las plumas. Viajar ligero: vivir es improvisar. Eva nos habla de un columpio como una acción de volar. Ahí es donde se manifiesta la cercanía, la influencia, la fe, el amor, las alas, los paracaídas. Hay que mirar los detalles. Esas particularidades nos muestran la calle, el silencio, el transporte público. La libertad de llevar con la calma un monstruo poético. Los detalles son la esencia, las plumas, el reconocimiento y la permisión. Debemos deconstruir la complejidad. En la sencillez del vuelo está la palabra. La visión son espacios. Eva rompe los paradigmas. La velocidad es una forma de medir cuando no es necesario. El poder persiste desde la lengua, por consiguiente, del corazón. Sentir es la congruencia tras emocionar. Hacer poesía en cualquier espacio. Surgir con la memoria. Encajar las letras a la hoja en blanco. Imprimir la voz. Secuencia es el eco. La palabra se disloca en cada eco de Eva. Nos llena. Nos contempla. Emigra. El pensamiento se mantiene en una perspectiva sólida. La raíz juega después de dejar la semilla. Absorbe. Nos libera y el canto y la palabra, afirman que sanar es posible. Luego, abrazar a la humanidad.

Subir la mirada. Foto: Miguel Asa

Con Eva hay burbujas, reflexión, vuelo, esfera, siempre la fragilidad como puente de precaución. Debemos sonreír como un espejo de nuestras mentes. Debemos perseguir una línea que nos encuentra en el camino. Cualquiera: siempre hay una nube disponible. Se es flor de pavimento. Se es un encuentro del diálogo. Somos el perfume y muchas veces el recuerdo. Nos convertimos en memorias con alas, pero el vuelo está ahí. Nos convertimos en flores del campo, de la emoción, de las figuras del cambio. Nos tomamos un café y somos felices. Eva manifiesta que los cuerpos son un eje de comprensión. El trabajo de esta poeta tiene que ver con la libertad, sin los supuestos del retrato. Se trata de propuesta, de esa voz que nos permite un axioma en cada una de las personas que somos. Nos hemos propuesto contribuir al crecimiento de una ronda de fuego. De sentir el error, la miseria y todo lo posible que podemos perder. Se acciona la velocidad, la fuerza y al verso impacta. Se hace posible la magia de contribuir a la pasión. Es resistencia. La poesía es resistencia y existen muchas maneras de expandirla. Eva lo hace como una particular junta letras callejera que dice ser. La poesía tiene reformas en todos los tiempos. Las consecuencias de esto es vivir. Se trata de un efecto para decirnos lo que consideramos en suma paz. Sonreír es el punto. Carcajadas más, carcajadas menos, pero siempre reír.

Hojas y labios. Foto: Miguel Asa

Eveleva nos eleva y distorsiona para salir y resurgir. Eva nos permite contemplar el canto, la atmósfera, el poema desde su voz como un cataplasma de soberbia, de resistencia y de labor social. Hay que cambiar el mundo desde nuestras poéticas. Hay frecuencias y se ejerce en ellas el trabajo de la palabra. Eva no distancia: acerca la poesía, entrega formas de vivir. Ampara a la palabra y viaja. Se llena de lo que ya no es y puede ser. Ella vive. Nos habla del perfume de una gaviota que se entrega. Destaca la estrofa. Nos encamina a hablar sobre nuestras vulnerabilidades, para saber de lo que somos capaces. Eva es una voz que se permite compartir. La resonancia del piano no es igual sin su voz. Es parte de la poesía de Jalisco y la recorre como se debe. Sus esfuerzos son una fuerza única que implica pasión, severidad y argumento. La forma de vivir la poesía será diferente, pero siempre será el mismo medio, la voz. La construcción de Eva ha sido con una semilla potente y en sus venas permite a las letras incrustarse.

Miel y frambuesas. Foto: Miguel Asa

Eva Virginia Espinoza, conocida como EvelEva, estudio psicología en el Centro Universitario del Sur (CUSUR), de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Es psicoterapeuta, performer y poeta. Nació el mismo año en el que cayó el muro de Berlín. Forma parte de una familia repleta de tinta en sus raíces. De estas surge la palabra, la escritura. Durante toda su infancia los cuentos, las canciones, el sonido de una guitarra clásica y las pinturas de su padre, nutrieron su sensibilidad. A ella le gusta jugar a escribir desde los 12 años. Nunca ha sentido interés por editar o publicar sus letras. Sin embargo, conoció la magia de la poesía en voz alta en 2017. Inició su viaje y su labor informal como “junta letras callejera” en Colima, Jalisco y Michoacán, México, para llevar poesía a aquellos lugares y momentos que suelen estar desprovistos de arte y sensibilidad, como el transporte público en hora pico, las cafeterías, parques, teatros de feria, en las calles y a veces, en lugares destinados a promover la cultura. Le gusta reírse de manera improvisada. Le gustan los tacos y el sonido del atardecer. Le gusta compartir.

¿Cómo baila el colibrí con la luna?
El colibrí se desmonta las plumas, baila desnudo, sólo cubierto por la luz pálida de su amada, que lo acompaña y lo resguarda en todo espacio, en todo tiempo. Por eso se piensa que los colibrís no vuelan de noche, porque se vuelven invisibles cuando la luna los abraza. Juntos bailan la música de las estrellas, inaudible para aquellos que no saben de amor. Conforme la tierra gira y el amanecer se aproxima, la luna suelta de a poquito al colibrí, él, se coloca una a una las plumitas y vuelve a ser un ave inquita, al volar más rápido que ninguno, para sentir breves las horas que lo separan del abrazo, luminosamente musical de su amada.  

¿De qué manera se solidifica la emoción de la lavanda?
La lavanda es una flor alquimista, que trasmuta la forma de lo sensible. En los sueños alcanza su victoria y logra, sin mucho esfuerzo, disolver las pesadillas. Ella, vuelve ligero lo pesado del miedo, blando la dureza de la rabia y evapora las lágrimas de la tristeza. Quitándoles la fuerza, para transferirla a las emociones que más le gustan, solidificando así la paz, el amor y la alegría, gemas preciosas, de colores brillantes.

Es una curandera alquimista, magia violeta, aroma poderoso que bajo la almohada hace que el insomnio más violento se rinda y ya ganada la batalla, en los sueños condensa sus virtudes, dejando en nosotras, sus fieles creyentes, las piedras preciosas que ha transmutado previamente. Si alguien tuviese el tiento de ir a preguntarle: ¿cuál es su fin con esto?, posiblemente nos respondería, con una voz aireada con olor dulce, como la de las ninfas, que Ser lo que Es, es su fin.

¿De qué se integra el perfume del huracán?
Las veces que he sido consumida por el huracán, en los remolinos furiosos del viento, he podido sentir en su perfume notas de madera corroída, aluviones de sueños frustrados, miedos consumidos por las inundaciones de lágrimas y el inconfundible olor de finales apresurados por las inclemencias de la realidad. Es un olor desbastador, abrumador, paralizante… Allí dentro, es imposible no quedarse impregnada de todo eso, la mirada se pierde, no existe punto fijo al cual asirse, el frenesí es implacable. Terminamos oliendo a muerte, pero, aun así, es indispensable para recomenzar, para asumir sin excusas lo frágil de la existencia y seguir siendo naturalmente cíclicos.

¿Por qué la bicicleta es una raíz rosa?
Sobre una bicicleta me sentí libre por primera vez, fue cuando quitaron las rueditas entrenadoras y me dejaron ir a un jardincito que había a unas cuadras de mi casa. Yo pedaleaba lo más rápido que podía, daba vueltas y sentía que era grande, tenía 7 años, y aunque mi bici era azul, su raíz era rosa, porque con su flexible cordón imaginario sostenía mi infancia, me permitía nutrirme de las experiencias nuevas, dependiendo cada vez menos de los adultos que me rodeaban. La raíz flexible hacía que cuando me caía volviera a subirme, bastaba sacudirme o poner saliva en los raspones de las rodillas y por la inercia estar arriba sin miedo, para de nuevo sentir que era grande.

Ahora, mi bicicleta es verde pistache, tiene una canasta colorida y su raíz sigue siendo rosa, quizá un rosa más intenso, porque su espesor ha aumentado con los años, pero sigue nutriéndome y manteniéndome fuerte mientras voy y vengo, con la poesía y el viento, con esa sensación sublime de pedalear y estar lejos, pero, cerca de todo. Libre.

¿Cómo es que escucha una gacela dentro de un sueño de primavera?
Los sueños en primavera suenan a cálida bienvenida, a zumbidos de insectos y atmósfera floral, pero la gacela tiene un oído extremadamente sensible, ella puede escuchar incluso la conversación que las abejas entablan con la flor, escucha la sinfonía minúscula de los granos de arena y las patas de las hormigas, como percusiones militares. La gacela mueve sus orejas independientemente, con una escucha, la delicia de la sombra de un árbol, bajo la cual el viento canta fresco melodías alegres, y con la otra, se centra en el temible silencio del asecho felino del tiempo, que viene a devorarla, para convertirla en pasado. 

¿Qué dicen los árboles de la poesía en plato?
Los árboles aman la poesía, es uno de sus alimentos favoritos, aunque la prefieren sin plato, en papel, para llevar, aunque no se muevan de lugar. Son de los que disfrutan de la poesía vertical, la que se alza, vuela y crea caleidoscopios con sus hojas, la luz y sus sombras. El plato a veces impide a la poesía levantarse y se queda en sus redondeles, atrapada horizontalmente, a muchos árboles les aburre cuando esto sucede, se quejan y revuelven su follaje, refunfuñan entre ellos, reclaman por el jugueteo y el desenfado de la poesía callejera, para llevar.

Los árboles son parlanchines, aman la poesía. Aunque hay algunos que no comparten esta postura, estos encuentran en la poesía en plato un exquisito manjar de orden y balance en sus sabores metafóricos, buscan los mejores poetas culinarios para que les preparen experiencias minimalistas o abstractas bellamente emplatadas, y mientras las reciben charlan de lo triste que es que sus familias se achiquen con la tala y de lo bueno que seria que más humanos fueran poetas y menos leñadores.

¿Qué hace una ballena para esculpir un libro en el poema?Las ballenas se comunican a distancias tan enormes, que alcanzan con sus cantos la dimensión donde todo es lo mismo, sensibilidad… Ellas saben cómo entrar, nacieron con un sonar que les muestra las rutas a las canteras de los poemas, de las canciones y los sonetos. Estando allí, elige, a pensar de su acromatopsia, el poema más iridiscente. Se sabe que los poemas que cuentan con betas de múltiples colores tienen en su morfología mayor capacidad para lograr esculpir un buen libro. Esto lo saben las ballenas, porque han sido artesanas de libros desde antes de Moby Dick. A ellas les basta el resonar de su canto a través del poema, para saber si es de alabastro, o es de arena y se quedara perdido en el fondo del olvido.

Elegido el poema, lo materializan, lo llevan a las olas y esperan hasta que el vaivén haga surgir de él todas las páginas necesarias hasta formar un libro, pulido por el agua salada, la espuma, la arena y el tiempo.

¿Cómo viaja el recuerdo dentro de un champurrado de fresa?
Viaja al hacer remolinos introspectivos, caliente, remoja lo endurecido por el frio de la amnesia, abriéndose paso entre las horas de diciembre. El recuerdo se adhiere a la maza, a la fresa y no se suelta, hasta que llega a la lengua, allí hace rebelión y despierta las papilas con su insistencia de ser recordado. A cada lengua le llega un recuerdo diferente, en cada sorbo, se atrapa uno distinto; de infancia, de adolescencia, de tribu, de bebida ancestral, de recuerdo de feria, de noche con la abuela… están los alegres, los tristes y los inocuos. Pero en el champurrado de fresa, de chocolate o de canela, siempre hay puñados de ellos, en un viaje en bucle, para seguir la inercia de la cucharilla que mezcla y enfría el siguiente, para adentrarnos en otros momentos, que están dentro y no fuera.

 ¿Cómo canta un saltamontes al misterio de tu voz?
Canta como chaman en una ceremonia de medicina sagrada, canta con las alas, rezumbando las notas ocultas, se mimetiza con las plantas y entona verdes melodías, canta con las patas notas graves de palo y tierra, canta para descifrar porque mi voz más que ser personaje, es un escenario en constante transformación, para puestas en escenas de emociones diversas, complejas, opuestas o silentes. El saltamontes canta para mostrarme aquello que solo “los ojos ciegos ven y los oídos sordos escuchan, una verdad” que vibra más allá de las reglas humanas, de las respuestas y las incógnitas. Canta, como cantan los saltamontes.

¿El baile de las flores que contiene entre tus poros?
Cuando las flores bailan las preguntas se extinguen ¿Has tenido la fortuna de que las flores bailen sobre ti? ¡Es bellísimo! Sus movimientos ondulantes, perfectos, sincronizados armoniosamente con el bit de la música que llevan por dentro. Poseídas por el gozo de vivir, salpican y de pronto, una no es más que el suelo que pisan -tampoco es menos-,en los poros se queda contenida la sensación aromática de lo increíble, de lo mágico, de la alegría de ser finita y luego se marchita.

La historia de un segundo

Segundo nació,
al instante mismo
en que había muerto su predecesor.

Y mucho antes de lo que tardas
en leer su historia.
Segundo repetía el patrón,
y segundo
había muerto.

No se preocupen
no estén tristes.
Segundo tuvo la vida
que todos los segundos anhelan,
Segundo “fue feliz”.

Nota de la autora:

No me hago responsable de
ninguna angustia existencial
que puedan despertar
mis escritos.

Pues
a mí no me piden permiso,
e igual
me angustian.

Fue un martes de tarde tersa,
en el que perdida
en la danza improvisada
que hace una partícula de polvo
en un rayo de luz,
Imaginaba la vida y muerte
de un segundo.

¡Tonta, ingenua! 

No tenía ni idea
de que
el siguiente movimiento de mis ojos,
tendría como destino
las frías manecillas del reloj,
que, con su crueldad de verdugo,
apuntaban a los pobrecillos números.

Entonces lo supe.
Lo supe como nunca antes
lo había sabido:
llevaba una hora perdida
-como tantas horas, durante tantos años-
pero está,
era diferente,
por qué no constaba de 60 minutos,
para nada…
era más bien, como un cementerio,
cómo un cementerio con 3600 tumbas
de segundos ignorantes,
que habían muerto
y sido olvidados al instante,
como si nunca hubieran existido.

De golpe y porrazo,
palpe mi propia insignificancia.

Me di cuenta
que yo misma era un segundo
esperando su tumba
en el cementerio del tiempo universal.

Y, lo que sigue a la sorpresa,
es la angustia.

Un puño de acero inexistente,
me retorció el gaznate,
haciéndome imposible
tragar saliva,
gritar de espanto
o pedir ayuda.

Con un mareo exacerbante
y a tumbones
fui en busca de papel y tienta.

¡Total!

Si he de saberme tan breve
como un segundo,
mínimo,
mínimo voy a contagiar el mareo,
haciéndoles saber 
que ustedes también son
un montón de segundos ingenuos,
a ver si así
aprovechan su tiempo.

Y no conforme con eso,
voy a hacer eterna la vida de esté,
que escribiéndola con letras
haré que él reviva,
cada vez que alguien la lea.

Inédito

Aquella noche en seis poemas

I
Por la ventana se desliza una gota/estrella 
huérfana de brisa
astuta y sencilla se evapora…

II
Te observo
-distante- 
anhelando que pronto 
hagas preludios 
en el calor de mi vientre.

Estoy seca de cuerpos,
hambrienta y serena;
Al rugir por la espalda
desato un abrazo que se hunde 
hasta el rincón más antártico de tu planeta.

Las dunas áridas de mi ser, 
encuentran manantial y oasis 
en las sábanas mojadas 
por el llanto de la piel
-salado brota descosiendo heridas-.

Sin más, nos hacemos surcos,
erosionamos con caricias 
la premura del tiempo.

III
Presiento que la noche 
nos ha dejado ausentes

a nuestro costado 
una silueta muta la forma…

Una tercera piel nos teje vida
y lo conocido es obsoleto.

-Sin concepto previo- 
Ya sólo nos queda presente…

Besos, abismos, carcajadas, 
silencios, excesos 
momentos tersos y… 
estas ganas;
¡Tantas ganas! 

Ganas de amanecer
sobre el horizonte 
de tu torso desnudo.

IV
Eres tú,
resonando en las entrañas de mi universo, 
serpenteas en los anhelos de un quiebre con la realidad,
por la virtud del ser y su forma expresada.

Tus inexistentes reglas me dispersan, 
más allá de ideas y convicciones, 
mucho más allá de una cita furtiva,
yo quiero contigo la vida.

V
Hoy la prisa agotada
nos ha vaciado las palabras,
y un presagio se dispara en actos.

Yo…
persiguiendo el hambre de una caricia fértil, 
me encuentro en ti, 
mi alma se hincha 
hasta rebalsar en esencia…

Todo se apronta en silencios, 
en suspiros e imprudente complicidad.

VI
Por la ventana se desliza, 
ya témpano, una brisa
y en ese albor nos miró
por la delicia repletos.

Inédito

Sin título

El amargo en la saliva, 
Las ganas entumidas en la quijada
Mirada desorbitada 
Verborrea acelerada, 
Ira incomprensible, 
Explosiones de llanto. 

Tiemblo y cuento mis infartos…

Apenas un segundo
y siento una intuición perdida
en los pensamientos acelerados,
en los extraños ruidos del afuera,
y esta sensación de haber viajado
al rescate de mis retazos
directo al olvido.

Un pestañeo
regreso…
 el ruido parece ahora voces
 el pensamiento se me cuaja dentro,
ya no recuerdo lo olvidado
pero yo juro,
juro que fui a buscarlo.

Inédito

Obstinada certeza inexistente

Vivimos dando tumbos,
colisionamos con las oportunidades,
no las tomamos…
nos estrellamos contra ellas.
Nos precipitamos en las oquedades
de un martes cualquiera a las 9 am.
Y nos deleitamos con el dolor
de las heridas que nos hemos causado.
Todos andamos
pensando que sabemos a dónde vamos… ¡Mentira!
Caminamos escondidos
tras máscaras de adultos
responsables y reprimidos,
aterrados por la incertidumbre,
nadie sabe nada.

Todos vamos improvisando,
a tientas,
con una luz tenue
que apenas nos permite ver
a veces cinco pasos adelante
a veces nada.

Hasta el más sabio
juega a que no está jugando a vivir.

Pero el juego, es absoluto…
Queramos o no verlo,
todos vamos improvisando.

Inédito

Sin título

Si miro dentro,
sólo encuentro
un infinito océano de contradicciones.

Estoy destinada a saberme
alma eterna, en cuerpo finito,
a sentirme subjetiva,
en un mundo que valora,
sobre todo, lo objetivo.

Yo aquí,
compleja duda resuelta.
Antes de ser musitada a la vida,
mi ser esencial
ya conocía todas las respuestas  
aquí me van surgiendo las preguntas
Y a veces me atormenta la idea
de que, aun sabiendo,
no pueda ser lo que vine a ser.

Inédito