Luna Cueva. Foto: Miguel Asa
Luna Cueva: agua nueva de la poesía sureña
Crear belleza como aventura de innovación

un hombre que debió nacer nube
o alacrán
quizás piedra o cemento
o un puente ara que por primera vez construyas algo
perdurable
María Ausencia

Las personas que escriben poesía, toman muchos elementos naturales para hacerlo. Se diversifican. Se sustituyen y reflejan. El agua es una conformación de muchos elementos que reflejan a otras cosas que se conforman de otras reflexiones, es decir, un poema puede conectarse con un objeto y dentro del mismo, puede haber más cosas que conectan con otras. El agua es un claro ejemplo de una de las formas de crear poemas. Luna Cueva toca el poema y lo amasa conforme a la noción de una caminata. En la misma encuentra la contemplación −dice−, la observación profunda. De igual manera encuentra en los sueños otras realidades llenas de ideas, donde existe la libertad. Los sueños son una lejanía y ahí encuentra una evolución, un anhelo, así como la incertidumbre. Se trata de un momento para redescubrir el cambio, perseguir sentimientos.

 

Agua y plantas. Foto: Miguel Asa

Entre la aventura que permite avanzar y aprehender el campo de la lectura, porque no sólo se leen los libros, sino también el mundo. En la vida hay límites, el sol lo dice, brinda importancia, vida y también nos hace nada. La luna, por el contrario, dice la poeta nacida en Zapotlán el Grande, Jalisco, es una reflexión, un giro, una mirada directa a un cuerpo celeste que se entrega en color morado como un misterio. Encuentra en las hojas secas una felicidad inhóspita y nos habla de su posibilidad de diálogo en el otoño. Hay una certidumbre de la naturaleza en su poesía. De ahí que venga una decantación de la practicidad: hay que crear sin rumbo, probar, interpretar lo posible. En diversos sabores se encuentra la hojarasca, y de ahí, los crujidos de la muerte de las hojas, de las plantas. Así de sencillo como decir que los suéteres nos dan felicidad.

Flor y columna. Foto: Miguel Asa

Dentro de la poesía de Luna existe una metamorfosis que nos permite dialogar con la Tierra; abraza el sustento de la semilla y conecta con su juventud la posibilidad de encontrar nuevas experiencias de la simbiosis que permite el agua. Una producción natural, leer, formar torres de crisantemos: que vuele la ardilla o el elefante en el laberinto de la poesía. Hacer que ruja la ternura de los perros. En cada acto vivimos la persistente separación de los momentos, como si fuéramos constantemente cuestionados. Sin embargo, hay actos que nos invocan la distancia del paso, el ritmo de la muerte, el éxtasis de la singularidad.

Sala del tiempo. Foto: Miguel Asa

El poema viene escrito con naturalidad, de disfrutar las cosas como signos de libertad. Al final, la apertura de los sentimientos es una apertura a la fugacidad. Toda la vida es un universo en donde es necesario experimentar de cualquier manera, sin atosigar a las naturalezas de cada ente. Las flores, como los bosques, la familia como la soledad. Se transforma el todo en un espacio de observación, se traslada la visión hacia un punto particular: hay que ir al detalle, espacio de observación de poco espacio. Una novedad como aprendizaje. Luna crea desde la sencillez de un cuestionamiento simple, la vinculación entre dos entidades, cualesquiera que sean. En sus poemas hay una vinculación de diversas maneras, los que nos llevan hacia el eco de las sirenas, por lo que le encanta crear con agua.

Interior. Foto: Miguel Asa

La oportunidad de crear se encuentra en los elementos físicos, naturales, en esos detalles que de alguna u otra manera nos modifican el día, incluso el gusto por las capas de ropa sobre el cuerpo. Desde un bosque imaginario, Luna nos permite encontrar reflexiones dedicadas hacia una depuración y hacia un encuentro a la vez. Hay retornos desmedidos y columnas en las que sostiene sus poemas. Pareciera que nos deja caer, pero nunca nos suelta: es la realidad en la lectura. Es necesario pensar más allá del libro, darnos cuenta del agua que percibimos a diario, de la reflexión que la actualidad merece y también se es un pasito lento con la certeza de que la lluvia constituye un ejemplo de la capacidad de la soberanía. La poesía de Luna nos remite a las consideraciones del orden, y también, a las posibilidades de la tradición. Sin embargo, insinúa lo latente de un ritmo moderno, del sencillo alcance del caos. En Luna son constante las caídas con retorno.

Patio e historia. Foto: Miguel Asa

La posibilidad de caminar es una de las etapas del día que le encantan. Es una introspección que lleva a la contemplación, pues como lo he dicho, se resigna con la belleza de la contemplación, a no quedarse quieta ante su imaginario. Por eso incrusta en las páginas, versos determinantes, puntuales, exactos, a su manera, pero exactos. La contemplación es una de las ventanas más grandes que portamos como humanos; somos la posibilidad de la negación y de la aceptación y viceversa. No debemos entregarnos a la podredumbre de la alcancía y de sus nuevos objetos. Somos un desbalance de las nuevas cuestiones que se perfilan en la caída de la hoja del árbol. Nunca es otoño exactamente, pero hay que amar a los suéteres como amalgamas de un momento de la pasividad de nuestras escoltas.

Verde y curiosidad. Foto: Miguel Asa

Leer a Luna es leer el misterio y leer de nuevo la timidez del silencio. Que este no se levante, porque se convierte en la caricia más feroz del viento. El sur tiene poesía y está llena de encuentros y de reflexiones que hacen de su región una estela de voces diversas. Luna se encuentra en el crecimiento de su voz y de su potencia: hay rasgos que la descubren y ritmos que nos mantienen, en los que permanecemos, porque nos deja ser libres en ellos. La naturaleza es un factor, una instancia que permanece de alguna o de otra manera como una furia corta. Es un incendio que consume toda galaxia. Es una instancia para reflexionar en el encuentro con el detalle. Hay que saber caminar para ver la susceptibilidad del instante. La vida es corta y el sol nos provee de ella. En la luna descansan nuestros diálogos. No es tiempo para dejar de soñar. 

Fuente de poemas. Foto: Miguel Asa

Luna Cueva estudia la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Fue participante del taller virtual Luvina, de escritoras hispanoamericanas durante la pandemia. En 2022 tomó un taller con el poeta y editor Luis Armenta Malpilca, con el que despertó su interés por la poesía. A finales de ese año tuvo su primera publicación de poemas, en el libro Creadores literarios de FIL Joven. Ha sido publicada por la revista Vaivén, del Sistema de Educación Media Superior de la UdeG. Disfruta de comer, mas no de cocinar. Sin embargo, en ello encuentra un espacio de creación, de rituales y de familia. Sabe que un huracán es un inicio nuevo. Ama leer de manera lenta. Tiene sus tiempos. Lee todo lo que puede, incluso la forma en que dialogas con ella.

¿Cómo construye un huracán la belleza de una trompeta?
En medio del desastre de un huracán, si uno escucha con atención, podrá percibir el sonido del viento, que aúlla las notas de una trompeta al agitar las ramas de los árboles caídos.

¿Para qué se teje el iris hacia la silueta de la puerta?
El iris delinea la silueta de la puerta para marcar a los peregrinos el camino a seguir. Destella en el marco sin osar atravesar la salida, ya que teme desdibujarse en los rayos del sol, y se planta como un faro de colores, sin un destino al que llegar.

¿Cómo es la ventana del patio del sueño de una mariposa?
En los sueños de las mariposas hay un patio trasero al que se accede a través de una ventana. La ventana es un portal de ramas con olor a subconsciente. Tiene tres esquinas chamuscadas por el aleteo de las mariposas, a las que les gusta transportarse al plano de los sueños en tropa.

¿Por qué una Catarina suspira ante los colores de un violín?
La Catarina suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa. En él, habitó tres inviernos en los que se refugió del frío en sus paredes irregulares. Sin embargo, cuando el abandono del violín llegó a su fin, de su hogar surgieron notas que hicieron estremecer su cuerpo, no sólo por la vibración de las paredes, si no por su belleza.

Tras huir de su hogar, ahora inhabitable, la Catarina se sume en los recuerdos de la última pieza que escuchó y suspira ante los colores del violín que alguna vez fue su casa.

¿Cómo se baila con un árbol de flores rojas?
Para bailar con un árbol de flores rojas, primero deberá sosegarse: se enciende una fogata a sus pies y se pretende que las llamas amansen el ego de las flores rojas, que son soberbias. A continuación, se puede bailar una pieza con el árbol; el segundo baile quedará a su consideración.

¿En qué consiste la vibración de una hormiga y la esperanza?
La vibración de la hormiga es pausada e incorpórea; es casi imperceptible, excepto por un cosquilleo en los huesos, por lo que se confía en que está ahí incluso cuando no se siente. Lo mismo pasa con la esperanza.

¿Por qué la mantarraya lanza versos a las nubes?
La mantarraya lanza versos a las nubes porque le gusta figurarse que, entre las formas que ocultan, hay una que se asemeja a la suya. Dice que las nubes son los corales del cielo, y tal como ella nada en el arrecife, los murciélagos hacen lo propio en el firmamento.

¿Para qué el escarabajo compone en las venas del arpa?
El escarabajo revolotea en las venas del arpa para deleitar a los oyentes silenciosos que le sirven como público. Desde sus escondrijos, los grillos hacen sonar sus instrumentos y las mariposas baten sus alas. El bosque se hunde en una sinfonía nocturna.

¿Qué es lo que postra el viento entre sus manos?
El viento —que es un señor con sombrero de nubes y ojos traslúcidos que siempre va con prisas— trae bajo el brazo un maletín, del que se le escapa el tiempo y, a veces, dos colibrís.

¿Por qué la tetera del libro es azul?
La tetera del libro es azul porque la pintaron las ranas con el rocío de la mañana. Es también por ello que la tetera tiene una grieta que salpica al servir el té: la dejaron caer al estanque, las descuidadas.

Pétalo naranja
En medio de las ruinas

de una ciudad ya devastada,

un pétalo naranja se abre camino.
En sus monumentos,
            faltos de gloria tras la caída,
se graban las iniciales
de quienes una vez
fueron amantes.

El pétalo,

con el sigilo de un intruso,
acaricia la tumba
donde reposa el corazón agonizante
de una civilización.

                         el fantasma de una
                         muralla se levanta
                         en la soledad de la
                         noche, cuando no hay
                         testigo que confirme
                         si la fortaleza es de piedra

                                           Si las guerras fueran primavera,
                                el pétalo echaría raíces
                    en las costillas de los cuerpos
         que yacen entre los restos.
El pétalo vacila
         en su aterrizaje,
y se balancea
          como novia hacia el altar.

El aire, que es veneno, lo obliga a descender:
            el pétalo naranja
                       se expande como dalias negras.

Inédito

Temo 
Y yo que temo a los espejos,
a habitaciones llenas, a una vacía,
al narcisismo, a los complejos,
a viajar en barco, a andar en tranvía,

a rimar a veces,
                          a perder el orden

a comprometerme, a pasar el rato
a llegar a vieja, a ser siempre joven,
a fingir sonrisas, a ocultar mi llanto
a los que vomitan, los que nunca comen
a caerme a el suelo, a volar muy alto.

A olvidar las cosas, a aferrarme a ellas
a beber mis miedos, a romper botellas
a juntar granizo, a contar estrellas
a las cosas feas y a las cosas bellas.

A la vida eterna, a morir en vida,
a los estrados, a la afonía,
a presentaciones, a las despedidas,
a seguir con esto, seguir todavía.

Inédito

Un cadáver de huesos pulidos
Toma asiento.
Se avecina el viaje por la experiencia
de un cadáver de huesos pulidos
que tintinea sus articulaciones
de descontento.

Aquel que no vive
es el que más sabe de la vida;
consúltale de tu mal de amores,
que no importará que no tenga labios para besar
ni corazón para sentir,
aun así te contará historias
de lo que ha visto con esas cuencas vacías.

Lector, tú que no sabes,
solicita un consejo.

Lector, tú que aún sientes
sigue tu corazón.
Las flechas de Apolo
no reviven las arterias
de un corazón malherido.

Inédito

Portador de verdades de papel
Anda, ocúltate en tus versos.
Hiere al aprendiz, finge que lo sabes todo.
Usa la palabra, arma de doble filo,
hasta que seas la última pluma,
hasta que te des cuenta
de que pintando mundos
has dejado el tuyo detrás.

Portador de verdades de papel,
dime, tú que adoras el sonido de tu voz,
tú que afilas la pluma y atacas hasta la estrofa,
¿es necesaria la vanidad
para escribir mi nombre
entre las páginas del mundo?

Inédito

Ruinas
En el ardor que calcina mi pecho
huyo de un fin eventual
en que seamos llamas extintas
            y no seas más que un recuerdo
                      que no puedo discernir de un sueño.

En la agonía de mis viejas costumbres
           alargo las noches
fragmentando memorias de dos
de hojas con la tinta fresca.

Lloro a las cenizas
mientras las brasas me queman los ojos
y recelo de la sequía
en un cuerpo que es tormenta.

Tu llamar es un lamento lejano
cuando estoy en la mar,
repudio tu canto de sirena
para evitar la galerna
a medio verano.

A mi alrededor hay un refugio
de siete pisos
sin ventanas ni puertas,
sus cimientos sobre paja
humedecidos por mi sangre
se derrumban
y veo el techo caer sobre mí
            en
            cámara
            lenta.

Llega antes
la mano que tiendes,
me acurruco en el suelo
a esperar la caída
                           y dejo perderse tu imagen
                                                       entre los restos.

Inédito