Diego Siordia "el Don". Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don
Diego Siordia: entre personajes disruptivos
Un creador que entre pintura e ilustración juega a ser niño

Fácil amar
a los POETAS
Su
ESPLENDOR
Derramándose sobre todas las páginas
Extorsionando arco iris diminutos
Elise Cowen

Le gusta la ironía. Los colores de desmantelan en diversas formas. Lo hacen con el descaro de un sinvergüenza. En sus imágenes uno encuentra una lotería de suertes y de migraciones. Puede uno conectarse con la incertidumbre y también con el descaro de la humanidad de una manera sátira y divertida.

Hace llamar el Don a su alter ego que consta de una personalidad disléxica de la realidad y con la que interactúa para crear todo lo que se le ocurre. Suministra el color como si fuera un antídoto, porque es tan peligroso como milagroso, es anestesia pura. Diego Siordia, ilustrador y artista plástico traza imaginarios y coquetea con la saturación. Es un artista que mira el mundo como si fuera un block de dibujo en blanco, un científico al borde de la locura que hace fórmulas y experimenta con su creatividad en cada estela posible. Nacido en Guadalajara, Jalisco, dice que si sus ilustraciones hablaran, seguramente escupirían naranjas y azules, y contarían historias sobre el mundo imaginario en el que viven; pero, aunque no hablen, guardan algún secreto entre geometrías y colores, puesto ahí, para ser descifrado por aquel que sabe cómo mirar.

Hombre que llora fuego. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Diego crea la personalidad de sus personajes con base a lo que observa de las personas a su alrededor, va tomando un poco de acá y de allá, y como retazos humanos va creando seres ficticios, saturados, deformados y tremendamente complejos. Sus fantasías marcan la directriz de sus personajes, y una vez creados se hinchan de vida. Como artista que reconoce a sus obras como entes vivientes, el Don es el medio y aliado que les abre la puerta al mundo. Los colores y las fragancias que reparte en cada línea son una configuración de metáforas. Existe en cada perfil un elixir del que se desprenden diversas enredaderas de confusión, euforia y cólera. No es posible definir a Diego tras el amalgama que revitaliza cada centímetro de saturación. Así un rostro, la risa, sus demonios, nuestros demonios, los espíritus libres y las confundidas imágenes en el estrato del color rojo.

Fuego de amor. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Existe en cada uno de sus trabajos, un complejo cuestionamiento sobre las posibilidades de reflexión, espejismos que deforman la cosmovisión personal de sus espectadores, imagina el Don. Hay una raíz que hace permuta entre el desierto y el mar. Algo tan similar a los espejismos que existen entre mujeres y hombres, objetos diversos y un sin fin de artefactos que se configuran en sus galaxias. Hay ansiedad, locura, piedras, papalotes, bicicletas, desnudos, una línea negra fina y desbordante así como el señuelo de todo un imaginario imposible de cazar. Todo, en Diego, es un enigma avasallador propio de un ejército mágico. No existe la posibilidad del riesgo, es el riesgo mismo, una libre y catártica red de emociones. Algo visceral. Nace desde los vellos hasta los cordones de los tenis. Apabulla a la vista y no es mediocre el carácter de vivir. Se comparte. Traza, plasma, energía, y ya está. Hay un balcón en el que se puede uno posicionar y disfrutar de cada una de sus piezas. Su diversidad genuina es lo que se debe aprender de este tipo de personajes, que muy en el fondo atenta contra las flores, pero en realidad, es quien más las cuida.

Family pink soul. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Se puede cohesionar una estrategia de dominio público, pero no bastará para descubrir las muchas facetas de este artista plástico, ni el verdadero nivel de aventura que vive en cada uno de sus trabajos. Ya lo dije, es el riesgo. Y eso, es lo que le pone diversión a este circo de animales brutales llenos de ternura y algodón. Alguna vez determinamos dos tótems, hoy me amaso en la soberbia de la libertad, ahí, en que las coordenadas no fungen como un distrito aparte, si no que se es parte de una nación, la de esos monstruos estéticos que proclaman alegría, estupor y candela, aunque pareciera contradictorio, pero son complemento. 

Encuentros. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Hay que observar muy detenidamente los giros de sus manos para sentir la vitalidad de cada uno de sus personajes. Diego es un artista tenaz que frecuenta la soledad en la creación y adorna de sensibles pistilos cada una de las imágenes que surgen de su estructura, el Don, dice. Construye esencias únicas en su expansión y alguna veces crea secretos. Se va despacio entre la abstracción que abarca. Juega con sus propios personajes y desde uno muy particular, es uno de ellos.

Maldito chango. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Y también, hace de otras personas parte de sus personajes. Nos decanta, nos transforma, muestra lo que desde su particular visión encuentra en la humanidad y también, en la propia naturaleza. Crea discursos llenos de contradicción, de ironía hasta dejar en sofisticado ridículo a toda cosa que aprehende entre sus trazos. Quita las máscaras y busca una versión particular, en la que somete a su juicio la curiosidad, el pensamiento y la disrupción que en ocasiones no mostramos desde la sinceridad. Nos destapa. Nos encomienda una trayectoria de la risa y de la diversión. Hay que encontrar la simulación de una personalidad y escribe un guion. Dos pasos elementales, dos encuentros en una sensación, el infortunio de la perversión, y muchas ocasiones el desdoblamiento de un encuentro con lo irreal, aquello que sólo se percibe en el imaginario, las configuraciones personales de la gracia, las gesticulaciones y los detalles efímeros de nuestros tiempos, nuestro día a día, la sensación de ser alguna vez una irrisoria etapa de encanto.

Perras máscaras. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Ya he simulado a uno de sus personajes, muchas personas más, y por igual, animales, artefactos y cuanto se pueda imaginar. El Don tiene un encanto que nos viste de certidumbres y de melodías que nos trasladan a un mundo de colores lleno de claroscuros que visibilizan la cadencia de mostrarnos antes la desfachatez de la mente. Nos brinda la posibilidad de estar con nosotros desde nosotros con la perspectiva libre de simbiosis neutralizadas. Es orgánica dicha perspectiva. El Don hace una tarea de desvinculación que nos transfiere rasgos salvajes con dicho toque de ternura, y sin embargo, nos salva, nunca nos deshecha. Que la melodía de los colores nos permita la coincidencia de vivir y sea para siempre, la libertad del trazo, la que nos vuelva más humanos, más sensibles, solamente, para vernos las caras otras vez, y ya está. Hoy sueña el sol con crearnos como mariposas.

Tu mirada favorita. Foto: Miguel Asa / Intervención: el Don

Diego Siordia, alías “el Don”, estudió la licenciatura en Artes plásticas en la Universidad de Guadalajara. Desde siempre se atrevió a tomar las armas afiladas de punta de grafito. Ha colaborado con Proyecto Ululayu en las dos ediciones de Cicloverso, 2017 y 2018. De igual manera a formado parte de diversas colectivas en diversas geografías. En 2019 logró gestionar varios proyectos y entre ellos consiguió colaborar con Urbanundergrounds, una discográfica alemana que trabaja junto a músicos internacionales. Su especialidad es la ilustración, sin embargo, dentro del arte contemporánea de jalisco es un artista que ha experimentado en diferentes etapas como el dibujo, la pintura, el muralismo y el arte digital. Le gusta preparar carne asada, bailar cumbias y disfrutar de su familia. Ama a sus mascotas. Canta norteñas sin apego.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisando lento pero gritando fuerte, es vivir haciendo la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimientos y su sobresaliente salida en color amarillo.

¿Entre un globo y una avioneta qué dimensiones hay?
Depende, si la avioneta alcanza al globo o el globo a la avioneta, prefiero que la avioneta alcance al globo y que esté desinflado.

¿Cómo es vivir en una línea negra con calcetines rosas?
Es ir lento, pisada lenta pero grito fuerte, es hacer la diferencia.

¿Hacia dónde vuelan las aves del paisaje azul?
A su refugio o algún tugurio, a su muerte, a su destino .

¿Entre tus mujeres y tus hombres qué filosofía existe?
Respeto mutuo, paciencia y la inigualable ingesta del alcohol para diluir los sentimientos y su sobresaliente salida en color amarillo.