Xulio Spírittu. Foto: Miguel Asa
Xulio Spírittu: un tigre del sur lleno de metal
La enseñanza como medio de manifestación poética

El hombre es una cáscara del tiempo
y los pasos del ser van de puntillas
modelando la horma del sarcófago.
Artemio González García

La noche puede ser cualquiera. La guitarra siempre ha tenido peso en el sueño. El riff se disfruta quedito, en el suburbio de la navaja, de la pesadumbre, en el olfato de un algodón. Estallo en centellas y busco una manera de no sangrar desde la herida. Sigo, persisto y me encuentro entre la migración, el desprendimiento y de la capacidad por vivir, todo a raíz del desasosiego. Xulio Spírittu enseña eso: la posibilidad de existir desde el dolor y desde la podredumbre que uno carga en la melancolía del vacío de las nubes. Desde un poblado enorme que nos rige como instancia, me llama, les llama. Nos arma y nos desvirtúa. Es un engendro de los filos y nos dedica un suave estupor al encontrarme en la carretera, en el vicio, en la incertidumbre. No hay espasmos. Hay consistencias. Se sabe cómo será la manifestación y también el cuerpo. Me deja un eco y se revuelca la sustancia en mí, en todas las personas y buscamos una quietud de gloria, un momento ante la sombra del sol, así, sencilla y ecuánime.

Reír de la muerte. Foto: Miguel Asa

Hay canciones que huelen el alivio, la pereza y la euforia. Leer la obra de Xulio es leer un acantilado lleno de espinas y de tinieblas. Desde un Gómez Farías, un municipio al sur de Jalisco, hay una pluma que nos dicta el bien y el mal. Desde ahí nació la euforia de una araña que flota en el sentimiento de varias guitarras, una melodía y un aeroplano que no sabe si va a descender. Existe en su potencia, lo repito, el filo necesario para ser conscientes de lo que una persona entrega. Se escucha un fuerte sonido desde una batería que se contiene entre la sierra y ejerce su paz como una convulsión del muerto que se ha ido por el amor que sigue a flote en el barco que no ha caído. Llega una hormiga y me lo dice todo. Llega como entrega del dolor y se vuelve infante. Se vuelve una entrega del grito que muchas personas necesitan. Un verso desquiciado diría la academia. No hay escuela que no sople su trabajo. En todos los rincones cabe. Su obra es un poema que puede dar el grito para dar un espasmo al hambre y seguir. Eso es, seguir en el desierto. Seguir en la experiencia.

Plantas de poemas. Foto: Miguel Asa

Xulio es un humano de ironías. Le encantan los efectos especiales de la poesía que viven las personas comunes y corrientes. Se vuelve un epitafio adelantado a lo que ya se percibe. No es posible saberse en el dolor, porque se es dolor y pauta de palma todo el tiempo. Su trabajo es una marcha en silencio que recurre a las hormigas y dice que el poema es una navaja, porque corta todo sentimiento, corta, corta, corta. Hiere aquello que no toma consciencia de la vida; nos hace mirar aquello para que sea un rincón en el espacio de la noche, para levitar con el fuego de las infancias. Somos pequeños, de edad, siempre, y toda la vida nos contemplamos como ausentes de nuestras travesuras. Es lo primordial que vivimos en el tapujo de todos los días. Xulio nos da las herramientas para irnos en la melodía de no saber cómo le entregamos al silencio una probada de lo que tenemos en vida. Sabemos que muchas veces el silencio se vuelve un rencor, pero hay que dar paso a las flores que se mueren a diario, para descomponer nuestro sistema humano con el que pretendemos llegar a todas partes, para decir que no vamos a morir en una reja de azúcar.

Flores candor. Foto: Miguel Asa

Tenemos una probabilidad para humillarnos en el occidente de la memoria. No somos más. No somos nada. No somos la contingencia del globo. Entonces, cómo es posible construir desde el silencio si no se permite la furia del horizonte. Sabemos que el fuego no es una canción, es un alimento que se retuerce en cada diario que emerge desde un poema sureño. No puedo describir la palabras desde un océano que abarca la memoria de una nave que se va en pique y al final somos esa misma muerte. Somos el poema que nos da un hilo para saquear lo que nos queda en vida. Y nos quedan todas las probabilidades de la música para romper el misterio de la mente. Hagamos de cuenta que persigo el augurio de una nave que no volverá, que es un hilo transparente de migajas.

 

Camino. Foto: Miguel Asa

Se trata de una experiencia que sacude el cuerpo desde las nubes que nos acompañan en la miseria de la vida. Somos un instante que se desarrolla desde la euforia con el ensayo. Xulio nos pone al límite. Nos brinda la desgracia como amuleto y nos lleva en el eco de la batería como un énfasis de lo que debemos construir como sociedad. Sus espejos no son una episteme de la vida. Nos entrega el lamento del eco y vuelve. El silencio. El silencio. El silencio de nuevo, y la sangre viene a proclamar lo que se deja de lado. El árbol. El infante, la escuela, la navaja, las tardes tristes. La música hasta el fondo, para que sirva de relleno. El escuincle aclama y otra vez lo hace. El poema nos va a cortar, te va a cortar, te va a herir y te dirá lo que no sufres, porque no abres los ojos. Te crees todo y no has leído nada.

Una sombra. Foto: Miguel Asa

Caes en la desgracia, porque te crees ciego y eres una persona pusilánime. Se entrega todo y nos miente. Nos hace conscientes hasta de nuestra ridiculez. Nos hace ver encinos cuando no destacamos los perfiles de las flores. Somos unos mentirosos. Somos culpables. Somos iconoclastas de la mierda. Así nos define. Nos lleva al rincón de la canción que crees que nos hace más confortable la vida. No hace una potencia de tus mentiras, sabe de ellas. Sabe lo minúsculo que son tus errores. Nos habla desde su esencia pueblerina y nos brinda una cátedra sincera de la ridiculez humana. Las injusticias son un vacío que los poetas pocas veces tocan. Xulio es tremendo. Se entrega para afirmar que somos una familia bastarda. Nos amarra desde que uno se encuentra con su obra. No te mientas, no me mientas. Te vas a morir en una desgracia por presumida persona. Un gemido no replantea la suavidad del enojo que tiene el alambre de púas. No se necesita ser citadino para saber del dolor de la humanidad. Las personas somos más que ridículas cuando pensamos en eso. La poesía de Xulio nos lleva a exigir, es un arma potente, diles que no nos maten, chingado. De qué te sirve un premio si tu labia no da para más. Xulio se merece eso. Saber qué es. No una mentira iracunda del soberbio sistema que nos ahonda para decir qué hacer. No todos los poetas somos cobardes. Xulio explota. Xulio dice en clase que la revolución es un poema. Xulio no teme, nos da el poema y ya. Xulio no abandona, acompaña. No da el disfraz y él va en todo el conjunto. Es el poema sobre el poema.

Recuerdo rosa. Foto: Miguel Asa

No nos intenten ofrecer una mañana delicada cuando leo a Xulio. No me intenten engañar cuando las navajas están expuestas. No nos ataquen. Xulio es una voz potente, verdadera, sincera. Se columpia. Vuelve y piensa en un lago lleno de hilos y nos amarra a todas las personas que le contemplamos. Xulio es soberbia. No más. Es una fuente llena de crisol que va a explotar cada vez que le toques. Su obra es una pendiente que te va a hacer caer. No hay que protegerse. Es necesario sentir la duermevela para saber que el sueño sólo es un espejismo de lo que vivimos a diario. Nos vamos a cortar, claro, pero nos haremos más fuertes en cada verso. La poesía sincera se entrega en una guitarra y dos acordes. Lo demás es una sustancia a olvidar. Xulio es un espíritu de rebeldía hasta los huesos, y comparte el aprendizaje. La poesía es una mentira, pero la vida nos hace creer que es una realidad. Es momento de refugiarnos de nuestro propio sueño. En nuestras personas están las navajas.

No poema. Foto: Miguel Asa

Xulio Spírittu estudió la licenciatura en letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Es profesor de alquimias para adolescentes. Le encanta la música y con ello ha fundado un proyecto sonoro denominado Lundra con el que experimenta la psicodelia desde una propuesta de rock mexica en el que involucra las artes escénicas y la literatura. Parte de su obra ha sido publicada en antologías poéticas en México como en La invención del presente (2023), en la revista literaria Estación Poesía (2019) de la Universidad de Sevilla en España. Fue seleccionado por Ediciones AWEN para la publicación digital de Los cuerpos del vacío (2022) en Venezuela. Es un iracundo de la soberbia y de la ironía. Le encantan las frutas y se duerme temprano. Es profesor de escuincles y procura enseñar su visión de la poesía sin remedios ni falsedades.

¿Qué es lo que contiene el color violeta en un plato?
El ojo nocturno de un chef que despierta/ mucho antes que la llamarada suceda.

¿Cómo se entrega la palabra a la cosmovisión de la catarina?
Como el iris de la mujer que tiene en sus manos a un recién nacido/ con el corazón desbordado y las plegarias contenidas/ con la fuerza de lo que es y poco a poco se nombra en cada paso/ en cada patita que recorre un árbol tan grande como la vida.

¿Cómo se aprecia la flor de la luna en los ojos del amor?
Con el pellejo más sincero/ con el rostro del pasado que extiende los brazos de la verdad/ y sin remordimientos/ señala lo que se es y lo que nos espera.

¿Por qué el barco vuela en el cuerpo de la cebra?
Porque el camino está trazado/ y si nos detenemos/ un león vendrá a saludarnos con sus garras.

¿Qué es un cardón en un plato de canciones?
Un espagueti vertical/ una estalactita que apunta a la luna/ una cuerda presionada con un slide poco delicado e impredecible.

¿Cómo se vive en el corazón de una biznaga?
Como un poseso/ como una chispa que se entrega a la hoguera del cielo/ después de consumir la humedad de su paciencia.

¿Toalla, viento o lámpara?
Lámpara a media luz/ con la oscuridad a un ladito de la cama/ y una sonrisa en el corazón.

¿Qué es una campana en un ala de volcán?
La palpitación de una Tierra que no vemos/ pero que imaginamos aún más verde/ más interior/ más nuestra.

¿Para qué tejer esmeriles en las costillas del dolor?
Para reventar el porvenir/ y que el ritual vikingo nos eleve/ nos reúna con los astros/ donde siempre/ ni más ni menos/ somos nosotros mismos.

¿Cómo canta a la baraja rosa sobre el nopal?
Como Chavela Vargas desde el más allá/ toda frágil/ delicada y/ al mismo tiempo/ rasposa e imponente/ colorida hasta médula del no ser que permanece.

Una mexicana muere
en medio las circunstancias más inoportunas 
tres colombianas se miran
se llaman en silencio
se hincan en la arena
como esperando impacientes su destino
con la boquilla del arma en la cabeza
y la memoria clavada hasta el suelo
cuatro gringas debaten a nivel nacional
y hasta discuten
para asegurar algún tipo de futuro
el menos peor o el más terrible
cinco venezolanas apagan la tele
seis chilenas corren a la montaña
con sed y miedo 
aturdidas corren
al lado de unas centroamericanas
que ya ni sudor tienen
ni saliva
ni voz
ni hambre tienen
tampoco esperan
a la mujer que está tendida en la madruga
a la mujer
que no llegó a los Estados Unidos
para trabajar por la inmensa Patria
que es igual a tres hijas
dos perros
un marido
y la cajita en el ropero con fotografías
la cajita donde su abuela la persigue
en un corral con patos que rodean los rosales
y vuelan presurosos
al estanque de la infancia

Los cuerpos del vacío (Editorial AWEN, 2022)

U;[x];U

aguaceros de julio y agosto vienen a limpiar la ciudad   a limpiar los cuerpos aún tirados en la acera    frente al espectacular que ve cómo se encharca la calle   los rostros   mientras se inundan los pechos más sinceros   por ese [poema] que está en el piso con sus ilusiones derramadas   con sus versos no dichos   crecerá un día   crecerá por esta agua que inunda los noticieros nocturnos   que moja las botas del uniformado   que se esconde en su silencio   en su delgada indiferencia   como quien ve llover aferrado a su arma   como niño que abraza a su madre   a su miedo   a su temor de no regresar al cuartel o a su hogar en la montaña   que el año pasado se deslavó y enterró a sus hermanos e hizo lodo su memoria mientras llovía   ese [poema] ¿crecerá?   ¿crecerá en el latido más hondo del uniformado?   ¿en los ojos de los paramédicos que se lo llevan?   ¿crecerá ese [poema] como crecen los verdes más sinceros de la tierra?

El club de la perrera (en edición 2024)

Volver
Volver
           al lugar donde nunca
                         dejamos de existir
volver
          sin preguntar    
          sin revolver los signos
que son insuficientes
volver
         sin plumas
         sin alas
         sin la ventisca los ecos
de un pasado promisorio
volver y cosechar
          algunas almas
que olvidaron sonreír
volver y dejar
que el día la noche
hagan lo suyo: que
         se toleren                                    
         se acaricien                                                        
         se perviertan                                                                               volver y volar
         sobre las aguas
         sobre lagos y puertos
volver y sentir
         el aire                           
                  como un roble
                            un pino                           
                            un cedro

Antología Auditiva LAVA (2015)         

Espejo

Vivo
        en la inmensa calma de una anciana risueña
una anciana que toma el té
cuando la neblina oculta
                                  las siluetas de su melancolía
vivo
        para estar entre sus cabellos de serpiente
                entre sus recuerdos que engañan
y alegran las horas con su clarividencia
soy el niño que juega a cabalgar
sobre un cosmos por demás reconocible
ella es la anciana y yo lo que en ella palpita
soy la criatura del color de su vientre milenario
el beligerante trueno que nace de la serenidad
                            y come de sus ojos las sombras
ella es la anciana y yo el instante
                         que se pronuncia incomprensible
ella es la anciana y yo el retrato vivo
                                        que arde en su memoria

Inédito

U[x]U

qué mezquinos   envían a sus niños a pedir limosna   se beben el alcohol de las tiendas en oferta y no pueden guardar unos pesos para que los chicos regresen al pueblo   a la tierra que es como el vientre de su madre   apuestan a que la calle los haga hombres   [porque a golpes uno se debe ganar la vida]   qué mezquinos   viajan a Milán   a Kioto   a Inglaterra y dejan que la Sra. Lupita les recoja la ropa de la alfombra   los tenis de la piscina   los sueños de la cama   dejan que les lave las tanguitas manchadas con el semen del relámpago   porque el olvido también es un arma   una detonación en los cielos de la infancia [Lupita hizo frijoles puercos para vomitar en la comida]   qué mezquinos   la vida se acaba y publicamos eventos bajo demanda   levantamos muros para resguardar los vicios más innecesarios   somos la especie que olvidó borrar sus huellas   la especie que descarga Apps que contiene todos los secretos de la vida   somos los que cobramos la entrada al cementerio   donde 20 mil jóvenes se orinan dentro de sus tumbas  

El club de la perrera (en edición 2024)