Alejandro Piña. Foto: Miguel Asa
Alejandro Piña: el destierro de la palabra
Cuando el poema llega desde un humo nocturno

Ruido suave, donde habita la savia cristalina.
Casas de corteza de árbol, zapatos de corteza de árbol.
Largos viajes verdes, hacia sonidos de muerte.
Bob Kaufman

Vamos a hacer revolución mientras el sol nos permita contemplar los colores. Así persigo a la poesía. Es que, en cada momento de la vida, uno hace actos poéticos y trascendentes con los que diario debemos preocuparnos por hacer memoria. Uno tiene sus propias batallas, pero siempre hay alguien que nos repara el silencio y le damos la gracia de seguir en la línea. Así, de la mano de Alejandro Piña, me he encontrado con la poesía en muchas ocasiones: en el pasillo de la juventud, en el paseo de la merienda, en la noche de la casa, en los amigos del aula, en la comunidad del evento, y siempre, en las calles de los versos. En las puertas del drama hay conjuntos de piñatas que sobresalen con sus colores para entregarnos sabores y momentos en catástrofes que se manifiestan en el patio de casa.

Naturaleza y poeta. Foto: Miguel Asa

De Guadalajara, Jalisco, y con un atrevimiento particular, se esconde entre las nubes de colores que modifican los perfumes. Así, Alejandro se convierte en un soberbio de las letras. Estipula en sus libros la posibilidad del descubrimiento directo, sin superficies y se va al fondo. Rescata carreteras que se asemejan a libélulas y entonces, ahí, de una manera no sé cómo, emerge una sustancia de color violeta y se arrincona al final de la pluma. Suelta un trazo. Una letra. La palabra. Se esconde. Se anida y crece. Nos vamos. Así la pluma no se detiene y hace un viaje por la hoja de papel. La memoria es una bicicleta panadera y noches de mucho entusiasmo juvenil. Nos convertimos en huracanes y en pocilgas a la vez.

Visión y flores. Foto: Miguel Asa

Alejandro, entre el simulacro de los locos, es un tanto estupefacto; sin embargo, lanza la moneda al papalote y lo impulsa un poco más de tiempo sobre la superficie del poema y entre un estrepito y otro, el viaje de la ironía intelectual se prolonga. Hay subidas y bajadas. Patina el verso. La palabra se convulsiona, dialoga, y vuelve al frente. En ocasiones lo he encontrado con la sonrisa pícara del escuincle que ha roto un cristal, y cuando todo ha sucedido, voltea de reojo y lanza el hilo de pescar hacia el nido de tropos. Hay que divertirnos con lo que suceda. La poesía no tiene remedio en el circuito eléctrico de 220 voltios. Se podría sobrecalentar. Pesa. Las figuras lucen telas de algodón listas para comenzar un incendio. No sé si se despegan para cerrar el círculo con el fin de neutralizar la ambición del letrado, pero ahí sigue el impulso de su mano lectora, ácida, amorosa y ferviente.

 

Paciencia y clima. Foto: Miguel Asa

Así, sus versos son córneas de un día dulce y la memoria de buenos momentos. Podría decir que el escuadrón galáctico que éramos se quedó en la fotografía, y ahora nos mantenemos en la posibilidad de irnos de fondo. Así quisimos lucir un calendario, otro, unas fotos, el teatro; nos suicidamos con flores de papel, encontramos el camino y retomamos a la poesía como nuestra llave de diálogo. No sé qué sea más finito, si un globo que conoce la esperanza por mantenerse inflado o que una toma de corriente sea la puerta justa a la dimensión marina. Hay un espacio en la figuración del sistema, hay un procesador en ridículo, y Alejandro ya terminó con el tóner de la mañana, tan similar al espectro del puma para reconciliarte con la humanidad de una u otra manera: así oscila el pensamiento cuando uno tiene la posibilidad de escribir con los ojos cerrados.

Reflexión. Foto: Miguel Asa

Quisiera que el tiempo no avanzara y tener memorias de los poetas jóvenes que fuimos, y me encuentro en un verso que detalla el anuncio de un crecimiento y de las ausencias que ya vivimos. El tiempo pasa como una furiosa sandwichera y nos aniquila los nombres poco a poco. Así Alejandro se disfraza de espejo y se deja caer sobre las tipologías como si fuera un estallido de volcán. Pero no hay que sostener para nada la desgracia del huracán si le vemos de cerca: seamos él mismo. Ante el poema, nada se sabe, y así, de un giro a otro, la obra de este jalisciense traspasa los rincones dramáticos que se reúnen como pelotón de huida. Y vamos con los cañones disponibles para disparar flores en una dinámica que no se vea en los remedios que buscan persuadir las cortinas del poeta. Así descubro entre un día y otro el sentimiento del olvido, un poema desértico que nos abraza entre las llamas del sol y la escasez de hipocresía.

Textura. Foto: Miguel Asa

Hoy nos queda el hermoso poema del tiempo en los condimentos de la vida, y Alejandro, o como muchos le conocemos, Piña, se escondió en las lecturas durante un tiempo, para construir lo que hoy, bajo la sorpresa de las estrellas, entrega en sus letras. Es una especie de cantina de burbujas en la que el confort de la noche llega desde los malvaviscos sabor uva que remojamos en cubetas de viento y de unidad. Hay que reírnos del brillo para patalear como canguro a cada posición de las moléculas. Hay que flotar y componer una canción mientras nos quede tiempo. Así, como Piña, la batalla no será desperdiciada desde el sonido de una matraca y el zumbido de un trompo. Él baila y se zangolotea cuando la letra se clava en el ladrillo de casa, ha despertado para dejar un rastro, y desde nuestras memorias, es un placer retomar la secuencia del verso. Aquí está, al posar el salto de un poema antes de su expansión atómica.

 

Observar. Foto: Miguel Asa

Nos hemos vuelto recuerdo. Su poesía es de las más perspicaces que he encontrado en mi vida. Los robots no saben nada, a diferencia de él. Tenemos la oportunidad de volvernos un suculento y amigable encuentro de respuestas. Nos dimos a la verdad y entregamos la nostalgia al tiempo y hablamos de nuestra comunidad. Hemos procesado el momento de la palabra en un efervescente camino de introspección, se ha aniquilado la profundidad en la vía del pegamento: cada trazo como análisis de las secuelas de lo que se es, de lo que se percibe, del canto y de la raíz que nos convocó a ser texturas. No es posible borrar el recuerdo cuando las letras se han anclado en el color del cristal, la transparencia como vuelo de las nubes.

Paciencia. Foto: Miguel Asa

Alejandro Piña estudió la licenciatura en letras hispánicas, y por igual, la maestría en literatura mexicana, ambas en la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a la escritura de poesía desde su juventud. Ha publicado ensayo, poesía y alguno que otro estudio académico, en los que hace referencia a la relación de las artes visuales y la literatura. Se dedicó a la docencia en el bachillerato y logró consolidar estrategias para el aprendizaje en dicho nivel. Sigue en el proceso creativo y su misión es compartir sus letras con desenfado. Toma café como si no hubiera a haber mañana. Le gustan los gatos y se entona con una charla bajo las tinieblas de la tarde.

 

¿Qué elemento literario es preciso para mitigar los terremotos?
Para no sufrir durante un temblor, siga los siguientes pasos:
Uno: piense usted que está bailando al compás de la tierra.
Dos: intente hacer malabares con los objetos que vayan cayendo de su lugar.
Tres: escriba un poema al rescatista que habrá de sacar su cuerpo de los escombros.

¿En qué se parece una nube altocumulus a un poema?
El poema es un parche en el cielo, una venda contra la tiranía del sol.

¿Cómo se disfraza tu ternura con una hoja blanca?
A veces, cuando uno se sonroja, hay árboles blancos para describir el calor del amor.

¿Cuándo es el mejor momento para desfragmentar un libro?
Los libros deben despedazarse cuanto antes, porque “aún hay tiempo de cortar amapolas, para que nuestras manos no envejezcan encerradas en el claustro de los libros”.

¿Qué es lo que se persigue cuando el beat sonoro arropa a las lágrimas?
La música sirve de frazada contra el invierno de las palabras.

¿Hacia dónde es posible llevar la lectura de un satélite?
La dirección en la que se lee la luna es del centro hacia todos los puntos cardinales. Excepto el norte. Jamás hay que leer el norte.

¿Para qué sirve una tarjeta madre conectada a unos versos?
Sepan cuantos esto leyeran, que una vez una inteligencia manufacturada diseñó el primer verso y no se hizo la luz. El primer poema destruyó todo lo que alguna vez amamos.

¿Qué tan sublime es el contacto visual con un tiburón?
No es particularmente sublime. En todo caso, yo diría que el encuentro con un tiburón será carnal o no será.

¿Cuánto tiempo tarda en crearse un souvenir poético?
Actualmente la mano de obra afgana se halla en reestructura. Por favor, procure insistir desesperadamente más tarde.

¿Por qué te gustaría ser anfitrión del vuelo de una mariposa?
La aspiración de mi vida es ser la mariposa que te invada el centro, que asedie tus muros con la lengua, que raspe una A desde la garganta hasta la punta de tus labios.

Soy, a mitad de la noche, un inmenso árbol de rabia en flor. Tengo hambre de hambres, de hombres, de hembras, de cabras, de carne cruda escurriéndome la sangre en el vello. Pienso en rojo y me palpita sed de sexo en todos los poros. Nada me satisface más que acariciarte el miedo con la lengua, palparte las entrañas desde dentro, abrirme paso entre tu carne con las garras para verte desdoblada, desnuda como el envoltorio de un regalo. Pero el manjar que más codicio está en tus labios: en el callado nombre inscrito trémulo entre tus labios trepidantes de caos, de pánico, de horror. Nunca te devoraría si en tus labios no estuviera cifrado mi nombre como grito póstumo, ante la agonía final de tu pequeña muerte.

Inédito

Al final de todos los caminos transitables acecha el susurro de un animal herido. Camino porque no sé otra cosa que empecinarme en andar de frente, hacia adelante, engrane del progreso prometido, falso profeta de la rutina, aprendiz de una cotidianidad destructora. Vivo extraviado, fuera de mí mismo, viéndome transitar de una estupidez a otra porque sí, porque no hay cabida para el cuestionamiento, no hay tiempo. El tiempo se pierde con la misma facilidad que los segunderos, nada alcanza ni es suficiente, vivo fuera de mí sin saberlo y ya empiezan a refulgir las cadenas que recién pulí para atarme al mundo.

Inédito

A traición
me tomaste para sacrificio
a la una de la tarde de un jueves
mientras
allá
un bosque ardía

Exorcisaste el sabor
de cualquiera de nuestros recuerdos.

Y no me duele tu ausencia
-vámoslo poniendo en claro-
me cruje el sinsabor de tu memoria
la palidez de tu imagen

cuando me pienso contigo
cada vez que te imagino
persiste un tenue dejo de traición
que me enfurece

rabia de rabiar en la rabieta.

Inédito

El grito
No
No quiero
No te impongas
No me insultes
No hagas con tu voz un arma

Míralo deambular por la casa:
un grito acrílico
golpea las paredes de amarillo
como un animalito mustio
malherido peligroso agazapado
en la esquina de la laringe
al acecho del error

El humo del cigarro hace su nido
en el techo
y la luz de una tarde
en que pudimos habernos besado
se estrella contra un grito
púrpura y vengativo

La canción en la radio se somete
a la arritmia del grito
al monarca de la violencia
al grito que desgarra los monasterios
del corazón

Uno pensaría
hallar al final del grito
un duendecillo de liberación
o catarsis

¿Cuándo ha sido la realidad
un lienzo dispuesto para nosotros?

Abril
que a veces sí es el mes más cruel
te arrancó el nombre a dentelladas
y lo escupió en las banquetas
de alguna memoria
para dar abrigo a todo paria
a todo guardián del silencio
para afianzar
de unas todas por vez
tu ausencia.

Inédito