Giselle Lucía: páginas e hilos

Giselle Lucía: páginas e hilos
El verso desde la confección de la palabra y la tela desde Cuba
Giselle Lucía. Foto: Luis Joa
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yo soy la tierra
y el río enloquecido
sin oirte
Minerva Margarita Villareal

Cuando supe de ella, recordé mis viejas formas: escribir con la máquina de coser sobre la bicicleta. Así conocí a Giselle Lucía, poeta y diseñadora de modas caribeña que me pareció genuina en su carácter y en su estela. La conocí en La Habana, Cuba, en 2019, cuando el cuerpo de mi maleta fue un grupo de botes de pintura, brochas y algunos versos de niños wixarikas que traía conmigo. 

Hablamos algo, nos debemos un café, en eso hemos quedado desde aquella vez. Sin embargo, han existido noches a distancia y la palabra viene aquí y allá. Ella habla de la poesía como del corte que entrega. Así baila una foto con el río a la vez que cabalga sobre el horizonte, escribe y confecciona. Sus poemas se han movido y persiste. Yo quería escribir sobre ella, pero ella quiso hacerlo. Un día andaremos en bicicleta: apenas está en el equilibrio, por ahora juega a ser tierra. Aquí las respuestas que de ella nacen en estos tiempos, en los que las páginas y los hilos la sostienen como tenaz libélula entre cada páramo de luz. Aquí Giselle. Usted pase a conocerla. 

Escribir y diseñar desde Cuba. Foto: Luis Joa

-Miguel Asa: ¿Por qué la poesía y el diseño?
-Giselle Lucía: Uno no escoge las cosas que ama. La poesía fue quien me escogió. La miré a los ojos un día de mi infancia y me devoró el corazón, ahora le pertenezco. Cuando vuelo, cuando mi pecho se quiebra, al partir, al volver, al reír, al llorar, ella siempre está ahí. Para mí la poesía es el acto de nacer y resucitar muchas veces. Mi modo de sentir las pulsaciones del mundo. No puedo vivir sin respirarla, es mi instinto, esa vibración que siembra cosquilleos en mi interior, mi silencio, mi soledad, mi luz y mi oscuridad, mi misión en esta vida, eso que arde al centro de mi sangre.

El diseño es una sensación diferente, pudiera decir que es la forma de visualizar esas emociones, la parte más tangible. No sabía leer e inundaba con trazos las paredes y el piso de mi casa, dibujaba muñecas con vestidos en las libretas con los creyones de mi madre y creaba historia con ellas. Siempre despertó mi curiosidad el color y las múltiples texturas. Quizás porque crecí en un hogar humilde pero habitado por seres muy creativos. Mi tío es artista visual y yo adoraba pasar tiempo en su taller, se me iban las horas observando cómo terminaba un cuadro o una escultura en barro. Mi bisabuela materna era modista, una mujer fuerte y carismática, daba clases de costura en Alquízar (un pueblo agrícola de Artemisa, al sur de La Habana, donde nací) de forma gratuita, para que las amas de casa que no tenían estudios pudieran tener un oficio y se ganaran la vida. Mi abuela y mi madre también cosen, hacen labores manuales, así que el diseño es un instinto familiar. Aunque no fue hasta que mi bisabuela falleció cuando me convencí de que quería dedicarme a la rama textil. Estaba en tercer año y tuve la suerte de encontrarme con personas maravillosas, profesores que siempre llevaré en mi corazón. Confieso que me escapaba de los talleres de diseño industrial para refugiarme en el taller de vestuario, allí, entre los maniquíes, las máquinas y las telas, las ideas crecían mejor.

¿Qué sientes cuando escribes un poema o haces un vestido?
Renazco. Despierto sensaciones ocultas. El poema fluye como mi voz. Los vestidos confeccionados a mano tienen alma, energía, una historia, surgen de una idea, de algo que quiero que la persona que los luzca entienda y encarne. Así que el maniquí se convierte en una estructura viva y el vestuario traduce esa segunda piel.

¿Cómo es tu proceso creativo?
El proceso creativo para mí es algo sagrado, íntimo, pero puedo decirte que su punto de equilibrio es el movimiento. La creación no puede ser esquemática, por tanto los procesos creativos tampoco. Ninguna obra ha nacido de igual forma ni en la misma circunstancia. No soy de esas personas que se sientan delante del ordenador y escriben, en un horario, en silencio, con una taza de té. No necesito nada y lo necesito todo para crear. Amo las páginas en blanco. Una página en blanco te grita que la vistas con algunos versos, una historia, un dibujo o un diseño. La página en blanco es el boleto para crear nuevos universos. Cuando pienso en el proceso creativo recuerdo siempre a Dalí: Mi locura es sagrada, no la toquen.

¿Flora o fauna? ¿Cuál ser imaginas eres tú?
Flora, fauna, mar, tierra, viento y fuego, todos juntos. Me apasionan todos los animales, en especial los caballos, los perros y las aves. De los caballos su energía, su naturaleza salvaje y su fuerza, de los perros su lealtad y dulzura, de las aves la libertad del movimiento y su canto. Podría vivir en el cuerpo de cualquier animal libre e indócil. Aunque me encantan las flores, si fuera una planta sería un árbol, un árbol grande que tarde cientos de años en crecer y que sobre su cuerpo tengan casa muchas criaturas. Amo a la naturaleza, en ella encuentro mi equilibrio. Creo que si los humanos fuéramos más conscientes de que no somos los únicos habitantes del planeta conservaríamos por más tiempo la sensibilidad y viviéramos más felices.

La palabra y el diseño como creatividad. Foto: Luis Joa.

¿Cuál es tu momento mágico en la Tierra?
Mi momento mágico en la Tierra es el presente. Vivir agujereados por los dolores del pasado agota nuestra energía vital, y vivir sosteniendo el futuro, nos impide sentir y apreciar las cosas verdaderas, de esa forma podemos convertimos en edificios apuntalados, llenos de temores y durezas. Creo que el futuro se construye en el mismo sentido que encuentras la plenitud de tu corazón. Muchas personas trabajan para obtener beneficios individuales, y al final lo que sí obtienen es una gran insatisfacción, es decir, una sed infinita que tampoco los hace felices. Me siento plena cuando sirvo a los demás, cuando aprecio la utilidad de lo que hago, cuando expreso mis sentimientos, cuando traduzco mis esperanzas y sueños de querer ayudar a cultivar un mundo mejor. Todos podemos ser exitosos y felices. El verdadero éxito es vivir. Estoy respirando, mi corazón late, tengo un cerebro que puede imaginar y construir universos y en él las ideas no tienen límites, puedo recomenzar mi vida y cambiarla cuantas veces lo desee. Tengo un corazón con la capacidad de amar. Miro a mi alrededor y observo como todo es la expresión del movimiento. Mi momento mágico es este, tener la sensibilidad para apreciar el milagro que es la vida.

¿En qué momentos te encuentras con la poesía?
Vivo con ella, es mi forma de adaptarme a este mundo ilegible. Es mi oxígeno. Habré muerto en el instante que deje de sentirla en mi corazón.

¿Qué hay de la música? ¿Qué discos te hacen volar? ¿Por qué?
La música siempre me hace volar. Si la poesía es mi oxígeno, la música es mi sistema respiratorio. Para mí es un estado de meditación, una especie de conexión energética muy intensa, algo que sobrepasa mi estrecho cuerpo humano, como si nos conociéramos desde hace siglos. No podría hablarte de discos, pero sí de reencuentros, de pulsación, de energía. Amo el flamenco en todas sus dimensiones, quizás porque crecí con él y mis pies conservan las marcas de los zapatos mientras bailaba, u otras razones que guardo. Uno de los recuerdos más hermosos de mi infancia es la clase en la que comenzamos a practicar en palmadas los diferentes palos, pura magia. Incluso, mientras estudiaba en la universidad (ahora puedo confesarlo), me escapaba de clases para ir a los festivales y conferencias de Casa de las Américas, y los conciertos del festival de Leo Brouwer (Las Voces Humanas), al que venían músicos de todo el mundo. Disfruto mucho las piezas clásicas, el jazz, el tango, la ópera y, por supuesto, la clave cubana. El diálogo y la textura que se genera entre la voz humana y los instrumentos. El piano, el sitar, el cajón, la guitarra, el bansuri y el violín me hacen vibrar, y no tengo explicación para eso. Es algo tan fuerte que trasciende a la palabra, algo que me persigue quizás desde vidas pasadas.  

¿Cuál es tu momento favorito del día?
Es difícil. Me pides que elija entre el Sol y la Luna. Vivo literalmente con la cabeza en las nubes. Observo el amanecer y el atardecer como una religión. Mi momento favorito es ver como el día cambia constantemente. En la mañana, escuchar los pájaros partir y las olas del mar desde mi ventana mientras el sol lo inunda todo: es la sensación de recomenzar una y otra vez. Al mediodía, ver a las personas en sus rutinas, aprender de sus vidas. En la tarde, salir a correr, respirar aire puro, ver a los niños jugando fútbol en el parqueo frente a casa, cocinar, o hacer sonreír a alguien. De la noche amo el silencio, el más creativo, silvestre y poético de todos los instantes.

Día de confección. Foto: Pavel del Valle

¿Cuáles son tus referencias creativas? ¿Autores, proyectos, acciones?
Las referencias creativas son brújulas, cambian según la marea, el proyecto, las emociones. Me acompañan los poetas y artistas de siempre, esos con los que crecí y aprendí a distinguir luces, esos rostros íntimos que me dialogan y prefiero reservarme. En los últimos tiempos he estado leyendo y releyendo a diversos autores, entre los que podría mencionarte a Saint-John Perse, Baudelaire, Kierkegaard, Cortázar, Dostoyevski, Canetti, Emily Dickinson, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Yussef Al Khal, Stefaan van den Bremt, Jaime Sabines, poetas prerrafaelistas, voces femeninas desconocidas, entre otros. Aunque mis mayores referencias creativas provienen de otras áreas. La sabiduría se traduce en los libros, pero se palpa en la vida, y esa es mi fuente cardinal. 

Háblame de tus libros.
Con respecto a los libros publicados, a principios de año salió Contrapeso, una pequeña selección poética editada por Colección Sur (de la UNEAC). También está el poemario para niños El circo de los asombros y la novela infantil ¿Qué nombre tiene tu casa?, ambas por la editorial Gente Nueva. Otros libros vienen en camino, hijos con los que espero reencontrarme en breve, tal es el caso de los poemarios Criogenia, La Habana me pide una misa, el poemario infantil Sinfonía en azul y mi segunda novela para niños. Los otros libros disfrutan del calor de mi gaveta, quizás sean más antiguos, ya llegará su turno. El azar editorial es así, los libros se publican a conveniencia del destino y no por orden de nacimiento ni mayoría de edad.

Vestido de Giselle Lucía. Foto: Ariel Navarro

¿Qué es para ti crear entre disciplinas?
La creación es el instinto, el impulso de hacer algo nuevo, de darle vida a esas emociones que nos atraviesan. Los niños con frecuencia tienen esos impulsos, pero no todos los desarrollan. Desde pequeña me dejé llevar por ellos, hice de ellos mi escudo para enfrentar otros rostros duros que te enseña la vida. Me adapté a crear de esa forma, acostumbrada a la sensación de mover los límites. Eso es algo que le agradezco a mi abuela materna, que me apoyó en todas y cada una de mis locuras, y me ayudó a administrar mejor el tiempo para hacer cada cosa. Ahora esa costumbre se convierte en necesidad. No me interesa la etiqueta de una profesión u otra, solo hago lo que siento y en el momento que considero debo hacerlo, ya sea un poema, un cuento, un vestido, un cartel, un videoarte, un performance, modelar, dibujar, bailar, aprender una partitura o simplemente desaparecer.

Lo que sí he comprobado es que esta forma de crear “entre disciplinas”, como dices, me mantiene viva y con ganar de construir todo el tiempo. Muchas personas viven acostumbradas a elegir, a enfocarse en una sola cosa, pero así como no puedo elegir entre el amor de mi vida, el amor de mi madre y mis abuelos, porque son sentimientos diferentes, tampoco puedo elegir entre mis pasiones. Cada una arma un pedazo de mi ser y afecta mi visión sobre las cosas. Disfruto el camino y abono la semilla que me dejan los errores cometidos. El cerebro humano tiene inteligencias múltiples. Crear entre disciplinas es eso: explorar, conectar y, antes que nada, sentir. 

Detalle de vestido. Foto: Ariel Navarro

¿Cómo ha sido tu experiencia en la gestión cultural?
Vivimos acostumbrados a hablar y mostrar solo la cara hermosa de las cosas, pero en realidad los gestores regalan una parte preciosa de su tiempo, sus ideas, su energía, su descanso y sacrifican muchas cosas para el bien colectivo y, cuando compartes la dualidad artista-promotor, muchas veces corres el riesgo de que el éxito de tu obra caiga en tela de juicio. El arte requiere sacrificio, requiere amor y sangre, movimiento, pero ante todo, requiere humildad. Hoy estoy aquí, mañana estaré en otro rincón del país o del mundo, lo que es seguro es que dondequiera que me encuentre siempre cultivaré la poesía y el arte, porque no he aprendido a vivir de otra forma. Cuando amas lo que haces tu única verdad es el instinto de crear.

Taller con el Grupo Silvestre de Balboa, Asociación Canaria de Cuba.

Háblame de tu trabajo con los niños y los talleres en las comunidades.
Amo a los niños, quizás porque en algún rincón de mi corazón sigo siendo una niña y no he superado la edad de las preguntas, o porque me niego a aceptar ciertas cosas. Algún día seré madre, pero quisiera seguir siendo inocente en mi corazón. Cuando trabajo con ellos siento que mi inteligencia se pone a prueba, evacuo temores y solo permanece lo puro. Cuando escribo para ellos me siento llena de energía, es como ver el mundo desde otras dimensiones y seguir encontrándole sentido. Eso me divierte, y se parece a la paz. Con respecto a los talleres en la comunidad, recuerdo que acababa de cumplir los 18 años cuando me propusieron dar clases. Fue una de las mejores decisiones de mi vida. A lo largo de estos siete años tuve experiencias increíbles, trabajé con niños autistas, sin amparo filial, adolescentes con problemas de conducta, adultos mayores con Alzheimer, con cáncer, con problemas depresivos… En el 2019 dimos un taller en el Centro de Salud Mental de Playa. En medio de las realidades individuales de cada uno, la posibilidad de crear, de escribir, de encontrarse con la literatura, cambió la vida de muchos, y a veces con un día de trabajo. Puedes imaginarte cuantas cosas se lograrían si dejáramos a un lado los esquemas y abriéramos con más frecuencia el corazón. La poesía tiene algo mágico, sanador, capaz de cambiar cualquier cosa. Es importante que la palabra sirva para sembrar esperanza. La poesía no puede ser una flor empolvada entre los libros, debe ser una forma de vivir, una experiencia social.

¿Qué representa para ti la relación México-Cuba?
Los lazos entre Cuba y México son históricos, y no solo en el plano cultural. Podría citar muchos ejemplos, pero para eso están los libros de Historia. Ahora lo que se necesita es fortalecer más ese abrazo, hacer que la poesía crezca sobre nuestros paisajes todavía con más fuerza.
En mi caso, las primeras publicaciones en revistas y compilaciones fuera de Cuba, mis primeras colaboraciones con artistas y proyectos foráneos, fueron en México. Me he mantenido vinculada por medio de diversas iniciativas creativas, que incluyen también el diseño. En los últimos meses comencé a colaborar con la revista literaria Cardenal, donde llevo la columna de poesía Silabearte, y en el futuro cercano otros proyectos darán frutos. Existe una parte espiritual que me atrae de México, de América toda. Nuestro continente en un terreno enorme de sabiduría y belleza silvestre, aún desconocido. Hay tanto por explorar, por descubrir. La relación entre nuestros pueblos supone ese paso de avance. Siempre recuerdo a Martí cuando dice que “los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en las masas, y la levantan como la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase para esta generación.”

Visceral

Odio al artista
que cree que el arte viene desde el asco
y trepana su cerebro para extraer cada palabra dulce,
cada trozo de suavidad,
esas palabras que él llama defectuosas,
y se arranca la sensibilidad
en busca de la perfecta belleza de su obra.

Odio lo perfecto
como todos los esquemas artificiales,
como el hombre perfeccionista
que subsiste gracias a su oportunismo,
un hombre que me odiaría si leyera estas palabras
y me llamaría cursi
y dijera que aún soy transparente
y mi palabra no crece.

Un hombre que no se permite la dulzura
es un cuerpo que se quema de espaldas al sol.

Contrapeso
Congelar el cuerpo de un hombre es una tarea difícil.
Congelar el cuerpo de una mujer una tarea imposible.
Congelar el cuerpo de un país es tener miedo a todo lo que crece.

De Criogenia. (Premio David de Poesía, 2019)

Frida Khalo prepara los clavos

Agonizo en la fractura permanente de mi ser.
No hay herida ni quehacer
que se escape en la fisura del silencio.
Es mi ruptura lo único que poseo.
La piel es el camafeo de mi arte y su existencia,
si el color es la demencia que presagia otro deseo.
Tengo la columna rota:
su metal me autorretrata.
Soy una mujer que acata su verdad como una idiota.
La esperanza siempre brota del ojo que no me mira,
mientras el pincel conspira los paisajes de mi alma.
Aunque muera no habrá calma
para inventar la mentira.

De Las máscaras del demente. (Libro inédito, 2015)

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Chapala: un lago y una estación poética

Chapala: un lago y una estación poética
Los versos de jóvenes de la ribera en diálogo con músicos locales ​
En el Centro Cultural González Gallo, Chapala, Jal. Foto: Lucía Trejo
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Las cimas blancas de mis glaciares,
ya no son más que agua nieve, rocosas,
tristes, grises y distantes.
Albertina Reyes

Durante tres meses, de agosto a octubre de 2019, en las tardes de viernes y sábados, construimos versos sobre el césped. Ahí, en el Centro Cultural González Gallo, que antes fue la estación ferroviaria de la región y que hace algunos meses cumplió 100 años de existencia, fue el espacio que nos permitió entrelazar palabras y experiencias que se convirtieron en una producción sonora genuina: Chapala o Poemas sobre el césped de Chapala con los pies desnudos bajo la luna de octubre con sumas de nostalgias, ritmos, géneros, amores, naturaleza y otros versos V. Vaivén (este último título es el colectivo). 

En el jardín que resguarda el inmueble construido por el arquitecto Guillermo de Alba de 1917 a 1920, jóvenes originarios de la ribera de Chapala integraron un taller experimental en el que la palabra, la pronunciación, el sonido, el verso, el volumen, la radio, las voces de personajes, la potencia, la interpretación, el paisaje sonoro, la improvisación, la unidad, y sobre todo, la poética, fueron parte de la puerta al conocimiento que hoy se refleja en poemas colectivos de largo aliento en el que se manifiestan pensamientos, ideologías, preocupaciones individuales, y no menos importante, la consideración de su contexto: el lago de Chapala.

Carolina López, Irvin Quintero, Yamile Bernardo, Fernanda Parra, Isaac Flores, Jorge González, Edgar Ledezma, Albertina Reyes y Lucía Trejo, son quienes de manera constante entregaron versos sobre cuestiones personales, procesos sociales y motivos universales: así la preocupación por las matemáticas, el color de los árboles, el juego de los niños, la equidad de género, así como el amor que desploman por su coloso de agua; tan sólo algunos de los temas que se abordaron durante su desarrollo creativo dentro del taller.

PX Taller “es sin duda una de mis mejores experiencias, conocí a personas maravillosas, pase grandes momentos que los llevaré conmigo siempre. Todo lo que necesitaba, este taller me lo dio”, escribió Irvin. De igual manera, algo de lo aprendido fue “grabar nuestros poemas con pistas e improvisar en compañía de otros artistas”, señaló Edgar. Por otro lado, “las metas que cumplí en este curso fueron bastantes, sí, me atrevo a decir, metas que creía imposibles se volvieron posibles porque eso se logró”, compartió Carolina. A su vez, fue una fuente de perspectiva, pues “me ha dado la oportunidad de iniciar en lo que me gusta hacer, de conocer gente nueva, de ver de otra forma la poesía”, manifestó Fernanda. No menos fue el trabajo en equipo, porque “descubrí que cada persona guarda una singularidad, y que en colectivo, hacemos cosas asombrosas”, declaró Yamile. Y la poesía no se quedó ahí, sino que conocieron “las distintas formas de usar los tropos, el estructurar un poema e improvisar en conjunto”, anunció Isaac. Esta edición fue especial, “el taller influyó en mi vida, ahora tengo una visión distinta del mundo y la poesía. Lo recordaré, incluso, cuando hayan transcurrido décadas”, expresó Jorge. Todo lo anterior corresponde a sus propias palabras sobre el impacto y los beneficios que alcanzaron para sí y de forma colectiva.

La función del taller fue más allá de un proceso creativo, pues “me favoreció en mi desarrollo personal. Logré mayor seguridad y empatía”, como indica Lucía, quien me asistió y apoyó en todo momento y a quien agradezco enormemente por todas sus aportaciones. 

Esta edición contó con el respaldo de Alas y Raíces México y la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco con el objetivo de enriquecer a los jóvenes de las comunidades de Chapala, pues es necesario ampliar el esquema de las letras y la música en otros cuadrantes más allá de los convencionales, por tal motivo, la poesía en voz alta hacia su improvisación en el momento, con ello, tres piezas, que después de seis meses trabajo, ven la luz y que ahora puedes escuchar. 

La potencia de esta edición se debe a la presencia de músicos invitados quienes compartieron sus procesos creativos, con los que los participantes alcanzaron otra perspectiva sobre la relación poesía-música para destacar el desarrollo de una composición. La cantautora Ana Verá compartió parte de sus formas de estructurar así como su dominio de la improvisación con el acto de ser. Por su parte, Raúl Marquéz, vocalista de Monte Bong, correspondió con su experiencia dentro del ámbito musical y detalles del armado de una pieza sonora. Así lo hizo también el rapero local Terraplen, quien brindó su experiencia empírica como muestra de una posibilidad de creación. La colaboración de Tremendez permitió la exploración del juego y la música desde la pauta de armonías sencillas. Y como complemento exponencial, Katya Padilla, cantante independiente, estableció la conexión de la poesía y el son jarocho con el uso de la jarana y varios versos como parte de la mexicanidad y sus contextos musicales.  

Lo aquí compartido es pues el resultado de tardes de lecturas públicas dentro del lago de Chapala con desconocidos, de sus versos como integración de alquimia juvenil, de voces juguetonas que crearon a partir de sus propia voces, de la presentación de sus materiales en cada sesión, de la edición y crítica de sus propios textos, de los retos individuales a superar tras cada ejercicio, del hecho de compartir con diversos artistas, y también, de las nieves, de los charales y de las charlas que nos entregamos en lo ocasos con aquel espejo gigantesco. 

Chapala EP

Chapala es un EP de agua, amor, matemáticas, equidad, plantas y demás. Existe algo en él que nos permite reflexionar sobre nuestro quehacer diario como especie. Por todo ello, gracias a Ceiba Studio por su colaboración y potente apoyo en este proyecto. Gracias a Isaías Guevara por todos los arreglos. Gracias a Octavio Espinoza por toda la mezcla y el proceso de grabación puntual de todos los participantes. Y más allá, gracias a todos los familiares y amigos por el apoyo a sus involucrados, sin la paciencia y fuerza de ustedes, no hubiera sido posible. Una vez, recitamos poesía en un lago, hoy le entregamos nuestra propia ofrenda: poesía líquida. 

Chapala

Mariposa caótica,
aletea tempestades
al reverso del mundo.

Aleteo impredecible,
viento rabioso,
tormentas de fuego
incitadas con carbono
del firmamento.

Vislumbro otro rostro,
otro aspecto,
conceptos al pedalear,
al ritmo de las olas,
enérgico lago, espejo de pueblo
así libre,
sobre ruedas te contemplo.

Un ser energético
estamos cansados
de ser patéticos.

Me sumerjo en el agua
así me purifica
cuando busco una fragua,
estoy perdido en este mapa,
las nubes aquí se consumen,
los colibríes vuelan,
los búhos cantan,
mira aquí está,
mi esencia se abalanza
como las olas, así galopan,
y digo “hola” a la vida,
el sol me saluda,
también me arropa,
voy en bicicleta…
así me regocija.

Tengo gana de vuelo
y gritar al azul que no es estúpido
inmenso huracán que ama
a todo aquello, universo dentro.

Te susurro al ombligo
para penetrar tu alma
y no pierdas la calma
al saber que nos has perdido.

Penetra el reflejo
hasta lo más profundo,
para observar quién es,
para olvidar qué es,
para saber cómo fue…

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

Qué camino yo debo
debo cruzar
porque cada vez
que vengo a pedalear
es lo que hay
en este pavimento,
en este asfalto,
sigo cantando mis lamentos
al viento,
es el único que entiende
cuando recito
y aquí se extiende
es el agua que me saluda
es el sol en el cual me inunda

Mariposa de escarmiento
que decreta el orden y el caos.
Mariposa colérica,
en el ojo del huracán converjo,
las olas galopan encrespadas
y braman venganza
en cada célula del eterno vuelo.

Atrapado y olvidado,
entre espacios infinitos,
cuartos carbonizados
de cuerpos ambiguos.

No mueras
por quien no existe,
que sea por aquellos
que aún siguen.

Amor mío

Dedos que cantan salvaciones
besos que engendran sanaciones
entre desiertos buscan aliento
y refugio para un día de invierno
Tu voz marca
ritmo de mis latidos ,
crea esa pauta
entre bosque y suspiro,
roce y aliento, roce y delirio,
porque amarte
es el primer paso
piel morena
besos con desacato.

Piso con pies desnudos:
Desnudos los que sienten el suelo
sin cobertura
desnudos dichosos por disfrutar…
aroma bipolar de la tierra
desnudas las ramas
desnudos árboles

Ven mírame a los ojos,
contempla el universo
del cual somos presos
te lo ofrezco,
es lo único que tengo por dar,
mis palabras, poemas,
mi filosofía y mi arte de amor
ya lo dijo Erich Fromm,
horizontes que voy buscando
el día de hoy
así yo voy
buscando la calma en la cama
que nos regocija
aunque la verdad, chica,
aquí ya nada califica.

Qué nos ha pasado
estando aislados,
qué nos ha pasado
con los ojos remojados,

La verdad te extraño
cruzando peldaños
me dolió bastante
tu arte del engaño.

Lago que en
tantas noches vislumbre tu belleza,
tantas veces tus nubes cambiar,
de puras e infernales,
y así te amo…
amo cuando lloras y te llenas de infinito
amo cuando se tiñe de verde tu orilla.

Pareces una población perdida
entre la naturaleza acuífera:
perdida entre las fauces del dragón,
perdido, en tu contemplación.

Y es que mírate, ángel mío,
añoro ir descalzo sobre ti,
sentir tu piel bajo la mía
y palpar las delicias que ofreces.

Aquí existiré siempre,
Chapala de mi corazón,
llamo a tu lago, vida,
y a ti, mi amor.

Soy, tormenta en tu habitación,
soy, árbol del bosque que escucha,
soy, brújula de toda navegación,
soy, diamante de mar que te encuentra.

Barco que navega
abismo de tu mente,
tren que pasa
como beso en la frente,
sol que te ve a los ojos
y pregunta:
¿eres tú espíritu silente
el que escribe
todo lo que sientes?

Un lugar
aquel que nos deja acariciar la brisa,
que se adhiere a nuestro cuerpo,
que se adentra hasta los huesos,
amor mío, bésame sin prisa.

Un lugar,
en el que descubres quién fuiste
y en qué te convertiste.

Brisa que porta agua
cautiva llovizna,
resplandeciente golpeteo al suelo,
salir y embellecernos
mágica textura
para escuchar el lago,
para observar cómo se llena,
cómo se contempla la calma
bajo la cortina
de la gota que no descansa.
Aguas que reviven
su carisma, su amor,
puesta de sol y el lago,
el lago resplandece
al caminar por el malecón,
observa las olas,
olas que quieren salpicar
descalzo amor.

Vivo siento el tiempo
y roza mi cuerpo
contempla arrastrar sueños
con cadenas y lamentos.

Vago con los pies desnudos
saboreo el césped con mis dedos
palpan el fresco del agua:
el corazón de la tierra
emana energía a través
de las calles de mi cuerpo.

Estos zapatos no me pertenecen.

Sígueme,
porque te necesito ver,
que vayas orbitando
en este sistema que está alineando…

Seguiré
pero te necesito ver
te quiero acompañándome
en este sistema que está alineando…
Se…

Quiero tomarte la mano
subirte a mi nave espacial
que nos deja en el punto más lejano,
mirar para atrás,
recordar que nada de este es en vano,
que de lo que escribo a veces lo tacho
y lo tiro al lago:
a veces se queda
y a veces me deja
lo que siempre había deseado
a veces errores, a veces amores,
a veces de todo,
y simplemente le compongo
como en este verso
improvisé desde el lago
desde lo que viví en aquella tarde
con el ocaso…

No dos veces

La calle grita y nada escucha
cuando el corazón acorazado
retiñe y por la vida lucha,
me arropan fervientes cadenas
y pasa de largo el efímero tiempo…
sueño con abrir la reja
donde se aloja gigante pensamiento.

Mujer completa,
brote de luz
que atraviesa murallas,
ilumina y besa heridas
tierra fértil
que en sus semillas cobija
y guarda calor
que en tiempos de odio germina
libre ave,
beso de vida,
vida de agua.

Vives y vivo,
mañana no sigo aquí,
vivo en constante viaje,
busco a quién incluir…
su tornado lo acepto como mío,
tu piel marcada bendigo.

No excluyas por insignificante
pues exclama su vida rosa
cuando sus versos provocan
una marea en las rocas.

Túnel vacío,
apagado y oscuro,
relieves impuros.

Pavor al deseo,
al deseo de quien eres.
pavor al relato,
al relato que quieres.

Puedo ocasionar un terremoto.
El azar gobierna nuestras vidas
clasificamos esencia por factores.
Los volcanes retuercen sus miradas,
hablan de temor
y la geometría carece de amor,
tus formas llueven dentro de mí:
aprende a volar,
caer de pie, ya no funciona.

Hombre completo
caído esqueje
nacido en tierra de guerra.

Una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tienes en tu cabeza,
la personalidad que llevas ahí presa.

Testigo de sangre pintada
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

La calle grita y nada escucha
anonadado,
nadando en un charco de penas
que importa el tono de piel
si el mismo color de sangre
corre por las venas…
he salvado vidas
cuando libres colibríes recitan
enciendo mi vela interna.

No hay miedo,
miedo al eco,
miedo al vuelo,
miedo al suelo,
miedo al cielo,
miedo al ruedo.
no hay miedo,
miedo al duelo,
miedo al velo,
miedo al hielo,
miedo al miedo ,
al propio miedo
miedo por no verte
en la suculenta vereda
de este universo,
no hay miedo
en el revuelo
pues hoy las piedras
de voz estámpida
son hadas enamoradas,
no hay miedo del miedo,
en medio sin miedo.

Somos
una nueva pregunta para tu respuesta,
una nueva historia
cada vez que te acuestas,
la voz que tiene en tu cabeza,
la personalidad que te tiene presa.

Otro que soy yo,
mi reflejo
en que me encuentro
y en el otro siento.

Otro en que me reconozco
y por el otro me conozco.

Otro que soy yo,
otro que no soy yo.

La calle grita y nada escucha
deja secuela una verdad mayor
bajo la espada y la piedra
tal vez teman que me sé cuidar
como la venenosa hiedra,
quién sería yo en silencio
preso y vacío:
un títere domesticado
por la inmundicia del prejuicio

Hombre completo
caído esqueje,
nacido en tierra de guerra,
testigo de sangre pintada,
calles incendiadas
que tiemblan
despiertas.

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Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza

Ayari Lüders: la poesía de la naturaleza
Un homenaje a las flores que crecen en la banqueta
Nuestra poeta en Chapultepec. Foto: Iván Vergara
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Inundemos el mundo de poesía.
Ayari Lüders

“Ayari, encendió la poesía en los niños de comunidades, nos inspiró a seguir defendiendo la literatura. Hoy su nombre y su esencia está en nuestros corazones. La biblioteca comunitaria Ayari Lüders es un sueño que verá a muchos niños y jóvenes realizarse como estudiantes, creadores y poetas…”, escribe Tanya Landeros, desde Tulum, Quintana Roo, con la mano llena de su ejercicio en la Fundación Letras Itinerantes, proyecto en el que alguna vez, también, las manos de la poeta mexicana fueron verso.

Así fue Ayari Lüders, a quien tuve el gusto de conocer brevemente en el sur de México, allá, en Tapachula, Chiapas, entre ríos, selva, mar y una compañía formidable de poetas en diciembre de 2018. Su personalidad desenfadada y de constante pensamiento me permitieron estrechar la amistad pues charlamos durante horas en esos días. Una de las cosas especiales que mencionó fue que la poesía debe ser un elemento vital para las juventudes y un ente de cambio ante la sinergia de su propio impacto, algo así como mediadora de nuestra era, de este mundo que tanto le dolía injustamente.

Ayari fue una poeta comprometida con diversas causas y muestra de ello es parte de su libro Mujer de Tierra que escribió en sus andanzas por Sevilla, España, cuando estudió el máster en Escritura creativa. Fue la mano de su amigo, Iván Vergaraquien editó la pieza que hoy podemos conocer de ella. Ambos colaboraron en Ultramarina Editorial y en el proyecto intergaláctico Plataforma PLACA.

La poesía de Ayari es un encuentro con nuestra militancia entre la incertidumbre, el plan que no es plan, aquello que no vemos, lo mágico que es la propia Tierra y las sonrisas libres de los niños. Ella, poeta, fotógrafa, actriz y más profesiones que desempeñó, también fue una activista potente, esto la llevó a explorar perspectivas profundas en las que se resguarda su palabra, “una poesía que resuena fuerte y desde un marco contextual que delinea un pensamiento comprometido con el ser humano, la naturaleza y crítico con el avasallamiento de la cultura como una raíz problemática que hay que revertir”, así lo señala Cynthia Pech en La Otra Revista sobre Mujer de Tierra.

Ayari Lüders. Foto: Iván Vergara

La propia Ayari indica, en una entrevista que recuperó Juan Moro en La Jornada Aguascalientes, que “el libro parte de la idea del ser humano como natural, del hombre que es parte, que forma parte de la naturaleza, de una naturaleza que está viva y en constante cambio, y en ese sentido, también está presente la esperanza de que no sólo importa la vida de los seres humanos, que es un poco el problema que tenemos actualmente, pensamos que podemos hacer uso del agua, pero que no importa que los animales se queden sin ella, y por eso está el poema de ‘Credo de tierra’, que es una alusión a esas pequeñas muestras de vida que hace en las ciudades, las flores del pavimento, por ejemplo, esa vida que nace en donde nadie cree que vaya a crecer, y que, sin embargo, sobrevive y crece, y eso en realidad es vida”. 

Por todo ello celebramos su vida en nuestro Versorama durante este mes que la vio nacer mediante nuestras redes sociales. Nos unimos entre nuestras motivaciones, la oportunidad de encuentro y otras tantas cosas; es lo que tejimos a manera de homenaje, nosotros los que nos quedamos aquí, a vivir la poesía, a sentirla, a tejerla, siempre, para inundar el mundo con ella. 

Serie Versorama en homenaje a Ayari Lüders.

“Por eso celebramos su 32 aniversario en medio de playas, poemas, amigos y demás silencios. Este año ha sido con el fin de leerla, de recordarla, de hacerla presente en nuestro medio. Por el compromiso, la pasión y la convicción de Ayari, de que el mundo puede ser algo mucho mejor. Con su poesía le recordamos, con ella nos impulsamos y refrendamos la vocación de conectar regiones y artes; su obra, aún por descubrir en su inmensidad, nos descubre un mundo donde el compromiso social va por delante. Su enorme poesía está ahí latiendo a ser descubierta masivamente por su propuesta: comprometida, tangible, expandida. Su vida y obra es un legado que el mundo debe conocer. Te extrañamos Ayari, así sucede en México y en Europa”, escribe Iván desde un rincón de Madrid, España. 

Ayari nació en la Ciudad de México, en octubre de 1988. Hizo de todo, imagino, corrió, comió, viajó y se sorprendió por el mundo durante 30 años. Se convirtió en Tierra en enero de 2019 en las mismas coordenadas para volar en barquitos de papel. Un mes antes hicimos una Matriolax colectiva al lado de nuestra amiga poeta Mónica Licea y muchos niños en Tapachula. La última vez que la contemplé hablamos harto, de los tacos, del frío y de la poesía; de las flores esas que surgen en las orillas de las banquetas. En su memoria generé una serie de murales que nombre Verso sin frontera, a partir de las letras que me entregó de su propia mano dentro de su poemario artesanal, “Verso sin frontera// circular fuente// de raíz humana”. En ellos he pintado sus versos con mis paisajes abstractos en El Rosario, Sinaloa; en La Habana, Cuba; en Guadalajara, Jalisco; en Chihuahua, Chihuahua; y en su Ciudad de México. No sé cuándo dejaré de hacerlo, pero a ella le gustaban mis líneas.

De todo ello me quedan Tanya, Iván, Laura, Dierk, Solange, Dariela, Uriel, Edmundo, y no sé cuántas personas más que la conocieron, y todos juntos, hoy la extrañamos. Gracias a la Plataforma PLACA y a la Fundación Letras Itinerantes por unirse a este gesto de ofrenda para la difusión y vigencia de su poesía.

“Hoy no quiero explicarme nada, sólo quiero sentir. Ya extraño el tiempo que no es este sino hace rato, cuando todavía podía abrazarte”, gracias amiga, gracias Ayari. En tu memoria. 

Mujer de Tierra. Foto: Iván Vergara

A veces…

A veces simplemente
se atraviesa la vida como un rayo
que deslumbra y ensordece
hasta confundir todo sentido.
A veces es un espejo que azota
hasta romperse en mil astillas.
A veces hay que ver al cielo
y retarlo mientras nos llueve.
A veces hay que inventar que somos fuertes
y creerlo sobre todas las cosas.
A veces hay que recordar
que toda decisión tomada
es el sumario de una vida
de errores y aciertos,
de certezas y temores.
A veces hay que saberse cansada
y respirar mirando el horizonte improvisado.
A veces simplemente
hay que seguir
porque no hay otra forma
pero esas veces, también,
hay que mirarse lo de adentro
y confiar en que estamos
en buenas manos.

Extender el fuego

Tocar la llama de esta tierra
con el frío descalzo
de los pies sembrados.
Es fría la llama,
sus años azules estallan lejanos

         rayo que vibra
         en el espacio helado

Es combustible la vida invisible,
el secreto mundo,
la inmensidad atómica.
Es combustión serena, silenciosa.
La muerte es silencio que nace,

         eclosión callada

vida que subyace
como luz que navega
en el vacío lleno de tiempo.

Es fuego la vida convexa:
puente luminiscente

         gira, gime
         da vida.

¡Danos vida, flama dorada!
Hasta ser vistos por tu llama somos.
Somos luz viajera,
luna solitaria que rima en las olas
con el cielo inmortal del que pendemos

         nos ciega

y nos suspende
en la obscuridad de la pupila:
abismo universal que nos contempla.
Es reflejo la estrella
que explota, expira
exhala y extiende 

el fuego

Polvo

Canta el ave
allá donde la ciudad calla
y el tlacuache sube
a la montaña azul de horizonte.
La hoja que brota
respira la tarde
que va obscureciendo
de sol pero no de luz.
Canta el gorrión
en plena calle
sus plumas cemento le pesan
y el perro se resguarda
de la lluvia ácida del cielo
bajo el puente de hierro,
la casa de escombros.
La planta despierta
cuando el sol le llama
y llora hojas descoloridas
sobre la calle.
Barre una mujer
la calle marchita
y el gato temeroso se oculta
de la ciudad ennegrecida de gases.
El árbol sacude sus ramas
y de smog las libera.
De polvo construimos ciudades
y de polvo los pulmones
enterramos.

Escribir por si acaso

Escribir por si acaso,
por si una noche, esta,
la vida me huye en sangre.
Por si el aliento se acaba
en un grito mortal
y por si una noche, esta,
vuelvo a casa en noticia,
en periódico alarmista,
en lista de desaparecidos.
Por si me callan los ecos
de una bala mordaza
que me quede la poesía
sobre todos los muros
que las palabras sean grieta.
Escribir por si acaso.
Por si una noche, esta.

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Por favor, lea poesía: 12 años compartidos

Por favor, lea poesía: 12 años compartidos
Una edición especial para celebrar en todos los espacios desde la poesía
Edición por 12 años
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Si la ciencia ha ganado en continuidad y estabilidad, se debe a que la filología, o sea el arte de bien leer, ha llegado a su apogeo.
Friedrich Nietzsche

Lo que comenzó como un juego urbano en mis tiempos de estudiante universitario, hoy forma parte de cientos de personas, o por lo menos eso creo. Tras doce años de repartirla, pegarla y seguirla y demás, llega un momento en que nuestra calcomanía se convierte en aliada de otros preceptos, y por ello, una celebración con una edición especial.

Compartir, es el verbo. Otorgar, brindar, colaborar, contribuir, ceder, de la manera que sea, pero compartir. Bajo ese verbo surgió la calcomanía que demanda Por favor, lea poesía., y que al día de hoy ha superado las 300 mil copias, mismas que se han fundido en cientos de espacios, en pequeñas porciones, por todo el planeta; motivos suficientes para que en Proyecto Ululayu la celebremos.

A principios de 2020 publicamos en nuestras redes sociales la votación para que nuestro público eligiera los colores de esta ocasión. Fueron tres lo que mayor número de votos obtuvieron: turquesa, morado y rosa. Así, imprimimos 10 mil calcomanías para esta edición. Por ello hemos optado manifestar el respeto hacia nuestro líquido vital con el color turquesa; marcar nuestra empatía hacia la equidad de género con el morado; y también, sobresaltar nuestras raíces mexicanas con el rosa.

Con ello, abrimos nuestro proyecto a lo que nos ha construido, nuestra comunidad. Con esta acción buscamos involucrar a las y los que han accionado a nuestro lado. Sabemos que persistimos pero no hubiera sido posible llegar hasta esta coordenada geográfica-temporal sin toda la potencia de ustedes.

Nuestra edición especial

Por eso, lo que resta del año repartiremos de forma gratuita esta edición en los lugares que visitemos, con las personas que nos encontremos, así como en eventos culturales posibles. Por su parte y para todos aquellos que no están a nuestro alcance, antes de que termine el año lanzaremos nuestra tienda en la que todo público podrá adquirir paquetes diversos con envíos a todo el país y más allá. Esta oportunidad será con el afán de seguir con nuestro proyecto, pues al día de hoy, ha sido una gran inversión que actualmente ha fortalecido nuestros productos culturales.

Compartimos porque nuestro movimiento es “apertura, amor y extensión”, según Ivania Abitúa. “Es lago y viento, pedaleo y sol, canto y baile. Es una invitación a la vida, un recordatorio del ser y cuento del cuento de la eterna vida”, comenta Yamile Bernardo. Lo hacemos porque “es rebeldía a lo establecido, es amor a la vida de la palabra y de quien la crea; es un regalo disfrazado de discurso”, dice Jorge Guerra desde su viaje en bicicleta por Latinoamérica. También porque es “un recordatorio de que la poesía habita en cada esquina, cada poste o cada sonrisa”, señala Lidia Lorena. Sucede porque creemos que “es una convocatoria abierta, una exhortación al disfrute, para quienes disfrutamos con absoluto éxtasis las letras maravilladas del poeta”, así lo comparte Dir Salamanca desde Colombia.

Esta edición la creamos porque “es una de las aventuras que nunca voy a olvidar”, escribe la cantante mexicana Sofia Stainer. Sin olvidar que influimos ya que “fue un parteaguas muy cabrón en mi perspectiva del arte y de mí misma”, comparte la doctora Andrea Figueroa. Porque también “fue el inicio de la admiración por lo que sentían las personas libres”, anuncia la ciclista Regina Alcacio. Y no menos importante porque “es la calca que siempre quise en la universidad y siempre se acababa”, dice Gina Kinkowicth.

Porque para nosotros la poesía representa compartir la vida, esta nueva ola de color va por todos. Y sí, para los que se preguntan por el color rojo que siempre hemos tenido, seguirá, ya que hoy es canto de nuestra tradición.

 

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