MARIPOSA SOLUNA: SIMBIOSIS DEL VIENTO

MARIPOSA SOLUNA: SIMBIOSIS DEL VIENTO

VIAJE
Texto y foto: Miguel Asa  

Hasta el polvo me desuno
niebla soy, cal enlutada. 
Jorge García Prieto

Vivo en el corazón del mundo y nací en el polvo que trae el viento. No le preguntas a nadie por mí. Ni trates de responder a los augurios que las siluetas de los humanos toman con el tiempo. No te preguntes de dónde vengo ni quién soy. No busques una farsa ni un remedio. No hagas brujería. Simplemente, no nos prohíban.

Soy el desvarío de una llanta de una bicicleta, el recorrido del mar, la memoria de la tristeza y la melancolía de los escuincles. Me he fugado millones de veces por aquí y por allá. He lastimado tanto como he podido, y por igual, he reconstruido todo a mi paso pues la erosión es mi función y del movimiento hago versos siderales para que las mariposas se postren en las coordenadas de los átomos.

Vivo entre el agua, la tierra y el fuego. Me convierto en la palabra, el sonido, la transformación del color de la humanidad. Me he configurado para no detenerme entre las lágrimas, nazco del paso de tus carcajadas. Ven. Aquí la voz de la furia, de la potencia, de cada sentencia que mis grafías dislocan. Soy de la naturaleza hijo al igual que la ausencia. Soy de la palabra el dueño y de la memoria el más fino recuerdo. Camino sobre todos los rincones y me paseo en grandes nubes. Hago de mi voz el baile de los árboles. Convierto las tierras en huellas curvilíneas. Hablo con los océanos y dirijo sus orquestas de notas interminables. Soy la belleza del unicornio con la sentencia del desierto. He crecido en mares y llantos, y con el vaivén de las campanas que suenan como algodón, me parto en los caminos de los pétalos que destierran a las flores. Entre mí venas: las alas, los suspiros y los volcanes. Entre la nostalgia y el firmamento, una sola línea: la soledad. Me oculto debajo de tu reflejo línea tras línea, en el infinito ciempiés que conmueve a los despistados.

Hago de las aves el respiro del universo, entre el canto de las líneas y el punto, filosofía ancestral que renace en cada piedra con la que dialogo. Me dicen inaudito, el vacío, el destierro, el hambre, la necedad. El horizonte se conmueve con mi columpio. Construyo las memorias de las mareas y le canto a los colibríes la esbelta ondulación que trastorna el sonido de las mañanas.

Si fuera un verso, seré una entrañable levedad en la perfección de las mariposas. Si un poema me llama a ser parte de él, le cobijaré la bondad y le armaré hasta los huesos la brújula de su destino. Si fuera una bicicleta entre las líneas de una letra, me transformo en libertad, color y trayecto. Soy todo y nada, con dos ruedas y sin ellas. Me vuelvo ligero. Me pierdo en los suspiros de los kilómetros, y a la vez, molino de viento.

Amorfo como la sangre, líquido es mi eco, pues en cada trazo delineado por mi insistencia he convocado a millones de seres, los he conmovido, les he llamado por su nombre y la pauta avanza bajo el vuelo de las águilas. Reconozco que no existe error, la materia como la voz de la distancia, dejar.

Me atrevo a dejar en cada partícula los besos que recuerdan los nombres de los asteroides. Me atrevo a dejar siempre al mundo en la distancia, siempre camino como inquebrantable corcel bajo la rima de la Luna. Me sostengo en su sonrisa y de las noches hago pinturas blancas. A su lado, convierto a las estrellas en pequeños almacenes de caricias. En cada una de sus posturas negras le comparto mi ser. Le abrazo. Le asfixio y le llamamos amor. Así la Luna y mis versos: la alquimia entre su existencia y la mía nos convierte en solitarios a la par. Me oculto entre las temperaturas del corazón, y también, entre el tintero que me aleja de la situaciones de canciones y alientos de buenas noches.

Convierto los espacios y seduzco cuanto a mi paso. Todo lo toco y lo conmuevo. Soy presente, ondas de las fases lunares que acompañan a la mujer. Entre las piernas me postro y de las espaldas hago la vejez. Empujo. Soplo. Aviento. Impulso.

Cuento las gotas que de la noche caen como el silbido que portan las botellas. Con el canto de los pájaros revuelco a los horizontes y me auxilio entre la incertidumbre del cuervo. Me reúno en hectáreas de pistilo y contemplo a la Luna, madre eterna, reflejo y existencia pura, conjunta, deseable y copular, en cada instante de ceguera ante su luz. Despierto en sus brazos y teje mi cuerpo con el vapor que surge de su amorío con el Sol, el señor de los colores, el de los arrayanes, el de las esmeraldas, el de las paletas derretidas y el de los carritos de fricción. Abro la visibilidad y me manifiesto al baile presente.

Soy hijo de Soluna y eterna efigie de Altazor, que con su parapente acarició los huracanes y se deslizó en la deformación de sus lenguas. Provengo de una instancia de recorridos infinitos. Me aclamo entre los músculos de las piernas. Ahí, socavo la penumbra de las edades. Rasguño al agua como el firmamento a la pupila eterna del ciego. Me desplazo entre tus dedos y creo remolinos.

Caí entre los espirales de las mariposas para recorrer Soluna como la palabra que contempla la masificación de las distancias. Vengo de los trayectos del caminante, de entre las pinchaduras, el desbalance y la desnutrición. Existo en la eternidad del polvo. Me apago entre la calma de las burbujas, entre las bocas que alimentan las ballenas. Existo, me sumerjo y parezco cisne entre la blancura del amanecer. Funciono y palpo cada sentimiento.

No preguntes a los espíritus por mí, la sabiduría ha dicho que de la verdad poco. Así la danza que dotan mis pasos en la atmósfera de cada una de las galaxias que abro en mi camino. Ulula. Me esparzo en la posteridad de los dominios de los leones. Continuo en un aleteo de millones de aves y uso el desplazamiento de los venados como la ideología que ponderan mis trayectos.

No voy hacia ninguna dirección. No contemplo el fin. No busco un fin. No existe el fin. Camuflo las variantes que conllevan las pendientes al descender en bicicleta. Me vuelo el terremoto al paso de las dos ruedas. Verso, constantemente verso. Versos de lluvia con el Sol prendido para edificar arcoíris en cada momento. En los esteros creo espejos y la llama de la postración la vivo nada. Aquí el camino y allá mi elocuencia. No tengo punto de inicio ni de fin en el plano cartesiano. Entre los números encontrarás las voces de mi diversidad, suma encapsulada de los versos de los desaparecidos.

Soy la revolución y la anatomía de los pueblos. La renovación de perfiles que constituyen cada uno de los tejidos que permean en el universo. Existo despacio y veloz. En el epígrafe de la lucha y en el enojo del desahuciado. Visto como el mar recorre a las playas. Mi escritura permanece, enfría, congela. Entre los carruseles de los ríos, pequeñas hojas abordan el dulce navío de rayos estrellados en la nomenclatura del agua, como si la danza del rescate fuera la cosmovisión del color verde.

Vengo Soluna para cantar al día y saturar el almacén de los colores. Vengo para camuflar a las embarcaciones de transparencia. Entre mi los peces se cobijan y decantan el sabor del calor. Se vuelcan entre líneas de miles de trayectos, millones de discursos y en infinitas navegaciones por doquier. En su casa nos espera con agua. Ella sabe cómo acariciarnos, preservarnos eternos.

Vengo del claroscuro de tu sombra. De un polo a otro, entre los orangutanes, las gacelas y las gaviotas. Recorro con los jaguares la tristeza de la Tierra. Los alebrijes y yo somos la batalla constante. Hacemos del color el reparto de armas.

En cada momento seco la huella de la brocha. Hago de los trayectos en bicicleta una magia singular, cósmica, antagónica, visceral, de grabados intensos, desérticos, pétreos, acumulados en la perfidia de los vuelos. Pedaleo en contra para mitigar su cansancio. Los cansancios. Las alforjas como alcancías que fungen ser las esporádicas librerías se acurrucan en mi dorso. Dice el peso que contrarresta el dolor de las caídas. Con la sangre, el frescor de la herida. Danzar de noche y volvernos locos, falsas sombras de descanso en sudor, constante y feroz locutor del polvo, porque allá, el humo se dispara con gotero.

Bebemos de la lluvia la solidificación de las arenas. En cactáceos, moluscos y huracanes me existo. En ocasiones trato de ser ilusión y pertenezco más profundamente a la transformación, nebulosa, platónica y astral. Soy el equilibrio, la palabra en cuatro letras. Soy el milagro de las plantas, y qué decir de sus tallos, sistema de introspección de color verde en el que me postro. Ven. Repito. Ven. Somos campamento de luciérnagas perdidas en el sistema de frenos. Hicimos de las raíces de los kilómetros el descenso hacia la poesía.

Construí soledades bajo la muerte. Levanté de los huesos grandes muros. Soy del tiempo el lento administrador: la extensión de los segundos, en las velocidades percibo el aroma de la vasija que precisa el nacimiento del barro.

Vengo del futuro que ya se ha ido. Moldo la existencia de las hormigas. Del invierno, embellezco las jaurías de los tímpanos, los recorto con la vista de las manzanas, flor única que de raíz carece de alas y vuela.

Me exploro con los aviones y respiro al lado de los veleros: altamar siempre como la sutileza de sus manos. Abrazo a las palmas y destello mi mirada hacia el polvo. Escribo sobre las pieles y detallo cada milímetro de la superficie. No me detengo. No me sé detener. Hablo desde la profecía del silencio, allá, en donde las espinas se vuelcan como artificio de la filosofía del caminar de la liebre.

Soy el contorno de su cuerpo, la delimitada sensación de volvernos nada, cual efímera incrustación de un laberinto sobre el cerebro, constante que persigue la incertidumbre y se contrae con la humedad.

Mastico con mi andar la pesadumbre y arranco de los sismos mi permanencia, porque mi eco, más profundo que la palabra, inmenso, magno, es el distractor más sutil a diferencia de una caída en bicicleta.

Me acompaño de las adivinanzas, del azar de las mediocridades y de las confusiones, porque en ellas me sobrevivo, dicen que danzo con la mirada y la ondulación de los cabellos como cadenas de la melancolía. Me destierro en el deshielo de los ocasos. Dejo los atardeceres cada que modifico la arquitectura de las nubes y así me transporto: en cada gota de lluvia, en cada resplandor de los halcones, en cada suspiro de los volcanes.

Motivo a la soledad a ser clavo exacto dentro de los poros que dibujan a las pieles. Me incrusto tan profundo como la armonía de la madera, zurcida a la tierra, arrogancia eterna esa la de permanecer, la de caer, la de resurgir y la de volar.

Mi calma alimenta a los cortezas, les exprime caramelos de suave intransigencia y cada arista puede dividirse en los balcones que se han empotrado en los mediodías de abril. No menciones que me conoces. No repliques la sustancia como la única fórmula. Somos la decantación de lo que se percibe y se es constante. No preguntes. Un día se termina. Al igual que la mañana de la noche se separa, me separo, porque el ciclo onda, repite, gira, lleva ritmo y de nuevo. Así, al frente, con paso lento y el abismo de la inocencia. Hacemos de las piedras las silentes testigos de nuestras fechorías, compañeras de la calma que con mi rocío extirpo sus formas, una conmoción de la respiración, efecto halado desde la yunta hasta la mirada de un hoyo negro.

No preguntes por mi tristeza. No lances al vacío el reglamento de lo etéreo, aquí, en esas redes pescaré el verso que posa en tu memoria. Lo repetiré tantas veces quiera. Seré del soplido una analogía, ahí mujer, la delicadeza que buscamos nos contempla la claridad de las emociones que venimos a repartir entre las hojas de las plantas, en cada gota inerte que en su caída encuentra el desvelo de la conmoción.

He venido a transpirar entre nuestra alianza, aquella que componemos las vicisitudes del alejamiento, las leyes universales del desprendimiento, del despegue, del aterrizaje y de la implantación del poema. He hecho de la palabra mi fuerza y de su origen mi alimento. Surjo entre los matorrales y alcanzo la velocidad de los chamizos en el espejismo del desierto. Descubro el dolor como la impertinencia del estar. Aquí y ahora soy. Siempre, eterno circuito cerrado. Muevo, ululo, me desprendo. Soy huracán, episteme, aliento.

No recuerdo el día preciso en que el horizonte se convirtió en el juicio de las palabras: un esmaltado chocolate entre las secuelas de la naturaleza. Saber que hablo, grito y me muto en cada instante son figuras extremadamente peculiares: las simbiosis que fingen, que aman, que viven en las estrellas, una melancolía discreta.

Soy el silencio de lo imposible, la musicalidad de la soberbia, naturaleza amante. Soy principio de los sueños. Pertenezco a las alcurnias de grandes bizcochos de almendras. Me manifiesto en un epitafio para nosotros, organismos censurados entre el pensamiento y la distancia: timidez, materia de despojos. Existo en la taciturna conexión de los días y me vuelvo centro de malvavisco relleno de perlas de zanahoria.

Ahora, bajo los ojos del azul, la pluma se vive ruta. Entre el acatamiento del sueño y al compás de los trailers, grandes camiones que se despliegan entre la existencia de la voz que marcan las casetas de cobro. Ulula a su paso entre hilos invisibles, desgraciadamente felices, en su permanente entrega a los caminos y a la fuerza donde las noches son magia.

Que nadie te diga cómo enfurecerte en la vida. Que nadie contemple el silencio del vino encantado en la penumbra del universo. Que la calumnia sea duermevela. Que si te miro seas veneno y llamas. Que observemos el canal de la poesía como el aroma de todos y de todo. Que nadie decida sobre el bastón que colocas en tus manos, el manubrio no cambiará las direcciones que me han permitido construirlos. Aprende que imposibilito la ternura y la sonrisa al paso de las desgracias, pues perezco a cada segundo. Que digas los mil verbos y sea uno sólo el que decida toda verdad: morir. Que te presentes en el firmamento como un lugar común y de tus ojos surjan espinas, siempre diferente de la alcurnia de la metafísica. Que dejes y comprendas que nada es tuyo, ni la palabra misma. Recuerda, soy el dueño de ella y sin ella duermes. Todos amarán tus últimas palabras. Reconoce que la piel, hacia adentro, tiene su propiedad sin papel. No hay terreno como tal. Que la belleza se coexista con el aroma de la congruencia en la libertad del vivo y del muerto. Que la vida no importe nada, que se sumerjan los barcos y exploren dentro de los llanos el vacío del ululamento. Y al final de los tiempos, que te sorprendas por la alevosía de dejar la vida para ser tierra.

Vivimos en el corazón del mundo y nacimos del polvo que trae el viento. Desde el confín mal escrito así las personas y los astronautas, no dejan de ser esencia dentro de las mordidas del recuerdo. Y nos atamos tanto que nos creen paracaídas de los ecosistemas. Una bicicleta se transforma en el deslizamiento de la alegría que contrae la libertad. Nacimos libres: experiencia que no se obtiene dos veces. Estallo en el vientre de la madre que contempla el enorme encuentro ante la luz que percibe su hijo, percibe, huele, llora y canta. Mi progenitora vació en mí el ritmo de su corazón, la respiración que se cuarta bajo las tinieblas que hablan del sexo, de la nada. Así me convierto es espejismo que perdura en las variaciones de la nostalgia. He medido el alcance de mis racimos bajo las conjeturas del brío, que día a día, sucumben en pequeños ciclos transparentes que suturan raíces y venas.

Creo que en ser se encuentra el momento adecuado que no contiene parámetro alguno ante el tiempo. No soy más que una sombra del olvido. Reclamo mi permanencia en las fotografías y me erradica la luz entre linces y centellas. No me busques. No preguntes por mí. Memoriza que pertenecemos al augurio que vive a nuestro alrededor, tan claro como la llama ante los planetas.

Soy la muerte misma. Soy un pleonasmo mal congeniado entre las palabras. Soy el dolor y la curva entre las nubes. Soy el cataplasma edificado en una roca. Soy el llanto, la cuerda de la vida, misma. Soy junto al universo, una gota, una luz, un platillo. Soy estepa, exceso, pócima, silencios. Soy porque soy, lágrima pendular de una mejilla como la bicicleta entre las cumbres. Soy una bomba y mi propia transformación. Soy una alcachofa, soy los vientres y el reflejo del Sol que otorga vida a su compañera Luna. Soy la envidia, un pie tras otro. Soy la cama, tigre e imbécil. Soy maleficio y beneficio. Soy orgasmo. Soy la creación del verso en el tiempo del poema que duerme en la casa de la poesía. Soy invisible para los iracundos. Soy melancolías y tres veces pez. Soy iconoclasta y moderno. Viejo por igual. Muerto y todos los muertos soy. De mis dimensiones no cuestiones. Olvida sintetizar mi cuerpo en tu frecuencia. Soy pasado, presente y futuro sin medida. Soy la orquesta de los sueños, de los sexos que se degustan en el desvelo de las sirenas. Soy un estrago colosal de la Tierra. Mi voz ulula cuando tu llanto calla. No me despiertes de manera sublime. Dame de ti el origen y despeguemos hacia una ruta inalcanzable. Que la muerte nos suspire ante su encuentro. No hablemos de las incertidumbres porque vivimos en nuestras propias locuras. Soy el día de la vergüenza, perversión y vulgaridad. No hay leyes que respete, el vaivén me acompaña y me vivo cuna de los océanos. En mi descansan sus furias, inertes recuerdos de lo tácito que es el tamaño de la humanidad. Porto una calcomanía y con ella despego y me adjunto en cada trazo de mis ruedas. Soy la prisa, la violencia y el desacato. ¿Quién cuestionará mi voz si no perciben mi existencia?

Me acompaño de las aves, de los peces y de sus recuerdos. Soy un sinvergüenza, me pierdo en mí y conmigo, nadie me ha definido sobre mi propio impulso. Soy espesura del cerebro, inconfundible y perdible. Soy una, dos, cuatro, ochos veces el ciclo de la lengua. Comienzo de Sur a Norte y viceversa. Me han nombrado fresa y eclipse: hermanos de la pubertad. Soy un ícono a la izquierda y también a la derecha, entre los lados camino desmesuradamente para establecer asombros en mis propios labios.

Soy dado, piedra. Soy un eufemismo a cada rato. Soy simple y ambiguo. Soy movimiento, entrega constante de la naturaleza, premio que arrecía en mi espalda y me dota de su vitalidad. Soy puerto, barco y navegante. Me impresiono en mis propios errores y me subsisto en ellos, ante la falsa rectitud de las líneas en el mundo mis convencionalismos se omiten, han de recordar que las programo páramo a páramo. Soy sustantivos, verbos y también falacia. Soy rugido, canto y batalla: venado y ocelote, cobra me duermo, liebre de avanzada, mariposa de celulosa, cuervo blanco en la miel, una tarántula entre los cardones, ballena de aluminio, como tiburón de plata, delfín de divertimento interminable. Ulula cada espasmo el candor de su mirada.

Me contengo margen a diario, rodeo y acaricio las pericias de las texturas, resbalo ante la sensualidad de la materia: natura confía, cree y ama. Soy una osadía del Canto Siete. Soy oxigeno, maleable, un astro, dos, cuarenta, cien. Soy un poema errante encargado en la Primavera. Soy profundidad. Soy la anarquía misma y el eco de tu muerte. Soy un recuerdo de los amores perdidos. Soy golpe y herida. Soy el giro hacia arriba de la potencia que emergen el ritmo de la ascenso, cuestionamiento de la fuerza individual. Ulula, contempla, dispara. Emerge, disfruta, baila. Toca, aprecia, conmuévete. Poetiza el sentido y resguarda la gloria para los días del mañana, nunca se sabe la extensión de las miradas.

Vivo en el corazón del mundo y nací en el polvo que trae el viento. No preguntes por mí. Descubre. Siente. El verso se camufla entre los detalles que se construyen con las manos. Estoy aquí, he llegado. De mí el impulso de una bicicleta y el arropamiento al hombre de piel morena. De la poesía, la imaginación. De la Tierra, la creación. Del recorrido, la soledad. Así tú, olvida de mí y escucha: mi canto atroz, volátil, negro, divino y trágico, ulula en el centro del pedaleo para componer versos que han de desprenderse a mi paso. Soy yo. Estoy aquí. He llegado. Adiós 18.

 

Escrito en diciembre de 2015 en la sierra de El Tuito, Jalisco, México. Editado en febrero de 2018 en el malecón de La Habana, Cuba.

 

 

 

UN ANDADOR CON-VERSO MURAL

LABOR
Texto y foto: Miguel Asa.

 

Un paracaídas bordado con el mismo hilo
que el que forma mis venas
Gabriela Anaya-Medrano

 

Durante seis días, y bajo diversos horarios, realizamos un mural abierto, libre, sin limitantes y sin ninguna expectativa. Fueron aproximadamente 19 los participantes que se integraron el primer día en que se realizó la sesión teórica. Aquella tarde del jueves, 7 de diciembre, dentro de las instalaciones del Patronato del Centro Histórico de Guadalajara, hablamos de la formación murales colectivos y los distintos rubros que se trabajan con ellos: la interacción con el público de paso, la compartición de tiempo e ideas, la recuperación de espacios públicos, la solidaridad en la ejecución así como la posibilidad de la reintegración del tejido social. Bajo dichas premisas se fortaleció el trabajo en equipo desde cada una de sus perspectivas para formar un grupo dispuesto a interactuar entre sí y más allá de sus posibilidades.

 

Sesión de trabajo
Colaboración por equipos
Diálogos de creación

 

Para esto, nosotros como equipo Ululayu consideramos con anterioridad la disposición física y geográfica de los tapiales, pues el estar dentro de un pasillo que refiere a un recorrido peatonal de norte a sur, buscamos que éste pudiese funcionar como un breve corredor de lectura. Por tal motivo, nuestro interés procuró realizar un mural que en el que se contemplaran letras, y con ellas, algún par de versos que homenajearan la primera cualidad del ciudadano: ser peatón.

 

Lado norte
Desde el lado sur

 

Ese día planteamos a los asistentes la propuesta literaria de nuestra compañera y poeta Lú García como premisa para trabajar en un primer momento, de manera que, el mural no sólo tuviera un funcionamiento meramente “decorativo”, sino que también involucrase al espectador en su total contemplación, por ende, la lectura de una estrofa en un uni-verso de norte a sur, como si fuera un renglón gigantesco al que miles de personas postrarían sus ojos para abstraer su propia lectura con nuestro juego de verso-conectividad, el paso a paso del peatón:

 

Versión lineal

 

Recorridormidandoblajesquinerosobreflejopabasfalto:dosabemostrarnostálgicalle.

 

Zapatosonámbulos,oluminosoplaba,irectangularotondambulantespíritus,uavehículomambientécnico.

 

Correrozásperaíz,urcemento;bogán,gulongitudinal,unambulante,dificioscurecentornocturnonírico,rrientesperandóciluz.

 

Lentomanubrioscilantesonoro,mpensamientos.

 

Todosoñamosusurraruedas,imacuática,minocivo,lanteriormenterminalcalino:sotrosimultáneos.

 

Silueta,citurnombramien:“Tórnatestimonio,bravenidasuspirantes”.altenubesaboro,iganombrestrelladosobrelipsísmicas.

 

 

Versión por estrofa

 

Recorrido dormida

dando doblajes esquineros
sobre reflejo
jopaba asfalto:
todos sabemos mostrarnos
nostálgica calle.

 

Zapatos sonámbulos,
sol luminoso soplaba,
aire rectangular
rotonda ambulantes espíritus,
suave vehículo loma
ambiente técnico.

 

Correr roza áspera raíz,
zurce cemento;
tobogán,
ángulo longitudinal,
luna ambulante,
edificios oscurecen
entorno nocturno onírico,
corrientes esperando dócil luz.

 

Lento toman manubrios,
oscilan antes sonoro,
rompen pensamientos.

 

Todos soñamos
susurrar ruedas,
sima acuática,
camino nocivo,
volante anteriormente
                                     terminal alcalino:
nosotros simultáneos.

 

Silueta,
taciturno nombramiento:
“Tórnate testimonio,
obra avenidas suspirantes”.
Salten nubes sabor oro,
oigan nombres estrellados
sobre elipsis sísmicas.

 

Por lo anterior, y las dimensiones de los tapiales, consideramos la interconexión de los versos de la primera estrofa a partir de las letras finales de cada palabra con las primera de las siguientes con el fin de involucrar a una lectura secuencial al caminar, con ello, la importancia de crear un contexto amistoso y divertido para el espectador.

Durante el ocaso del viernes, diciembre 8, fuimos alrededor de una docena de asistentes los que tomamos las herramientas y las pinturas en la casa del Patronato y caminamos como ejército creativo hasta nuestro el lugar de nuestra batalla: el corredor Poniente de la avenida 16 de Septiembre entre Morelos y Pedro Moreno. Realizamos la primera sesión práctica en la que construimos un boceto que surgió conforme se deslizaba el texto sobre los tapiales en pintura negra. La complejidad de la pintura de aceite fue un reto para algunos, pues no estaban acostumbrados a pintar con dicha materia.

Los colores de la paleta que se nos había sugerido crearon énfasis en una obra en la que la imaginación tuviera libertad bajo la creatividad de todos, similar a una hazaña infantil. Resolvimos el fondo del mural con una textura a base de la mezcla de los diversos colores sobre la retícula: fuimos niños y logramos conjugar un espectro multifacético sin perder el hilo de la misión.Esa tarde se acercaron distintas personas a pintar por breves momentos, entre ellos, un chico de mediana edad que me llamó la atención pues había mencionado que no tenía dónde dormir. Por otra parte, los comentarios de las transeúntes fueron diversos, al igual que los de algunos locatarios aledaños: “¡Qué emocionante saber que están haciendo esto!”, “Me parece una buena idea que pinten esas láminas, por lo menos ya no se ven rayas sin chiste”, “¿Por qué gastan dinero en pintura que sólo se desperdicia en puras tonterías?”, “¿Para qué realizan eso si hay otras prioridades en el municipio?”.

Primeros trazos
El comienzo

 

A pesar de todo, tuvimos que socializar, compartir y dialogar desde el primer momento con las personas que pasaban y que por igual nos abordaban o abordábamos, eso incluyó a algunos elementos de la policía municipal pues no estaban informados de nuestra presencia ni del permiso para pintar en la vía pública. Ante todo y al ritmo de las brochas, sin perder momento alguno y movimientos en particular, también comenzaron con nosotros el trabajo de las cámaras y las perspectivas que registraron la evidencia de nuestras fechorías. Ese día hicimos amistad y sonreímos en cada unos de nuestros múltiples errores y avances.

Al día siguiente, sábado por la mañana, diciembre 9, y con un número menor de asistentes, continuamos, sin embargo, se unieron un par de personas. Así realizamos la definición de las líneas que rodearían a las letras, y de igual manera, intercalamos los colores entre dichas líneas para generar la dimensión de las luces y las sombras, trabajo que hicimos de manera abierta para corresponder al texturizado orgánico que imprimimos en una primera etapa, todos lograron comprender las posibilidades del negro con la trama que marcaron las huellas de las brochas en los colores, a su vez, coincidimos que la idea y la pieza había tomado un aspecto infantil, pues tanto el primer trazo, la mezcla y la situación de las líneas, armonizaban hacia una Matriola de variados aspectos. Con ello, el surgimiento del poema, de los detalles primarios y de la definición de la obra para su versión final.

En algún momento de esas mañana y pese a que nadie del equipo lo notó, logré observar los pasos del joven aquel sin hogar que un día anterior se había acercado a pintar: contemplaba los avances de la pieza, no hice más y así paso de largo. Pensé sobre las posibilidades que podría enfrentar el arte a nivel social y comprendí un sin fin de razones.

Cabe mencionar que durante la mañana de ese día tuvimos comentarios agradables y amistosos por parte del equipo y de personas mayores, pues estos fueron los más asertivos y abiertos para abordarnos y preguntarnos sobre el poema, muchos de ellos buscaron la lectura y en su momento, los acompañamos a leer los versos unidos a lo largo del corredor. Nos sentíamos bien, muy bien, al notar la sonrisa de cada uno al finalizar la lectura y la contemplación de la obra). De igual manera, el encargado del puesto de periódicos que se encuentra al fondo sur del andador, nos manifestó en cada momento su agrado por los tapiales, mencionó en su momento que a él le gustaba el arte urbano y que lo que desarrollábamos le parecía hermoso, le comenté que él sería el guardián de nuestra obra, situación que generó amistad y un diálogo abierto los días restantes de la semana, qué felicidad hacer amigos con la poesía y el arte.

 

Colores pasteles

 

Paso la semana y entre esos días el mural resistió a ser intervenido por algún “artista de la noche”, punto que ya era una ventaja sobre todas las cosas. Durante ese tiempo reflexioné la dinámica que había surgido y cómo había sido aplicada desde un primer momento: yo también estaba en mi propio aprendizaje. Lo anterior me hizo analizar, cuestionar, diversificar y aplicar lo que hicimos los dos primeros días, pues saber que desde una educadora de jardín de niños, artistas de diversas edades con sus propias técnicas, jóvenes de bachillerato, distintos profesionistas y estudiantes de otras licenciaturas, más los transeúntes agregados durante cada día, fue la respuesta a la palabra libertad, a esa apertura que se busco desde un primer momento sin la intensión de limitar y de oprimir las ideas de cada quién, pues como en obras anteriores, cada mural generado se había convertido en un punto de encuentro y de diversificación, en un equipo de amigos que al día nos hermanamos y nos abrazamos a la par, algo que aportó a mi creatividad y al desarrollo de mis ideas la constante variante de las opiniones de los participantes.

 

Entre texturas

Para la tarde del viernes, diciembre 15, los participantes disminuyeron, pero gracias a ello se notó el equipo que se había formado, los mismos que los primeros días habían tenido iniciativa y crearon con nosotros las posibilidades de seguir. Ese tarde se unieron otras dos personas más y así seguimos. Lamentablemente para ese momento, nos habían comunicado que uno de los tapiales había sido retirado, situación que provocó que dedicáramos todo nuestro tiempo al primero que ya habíamos intervenido.

Creamos el jardín de flores hacia el lado sur, la simulación de las edificaciones de la ciudad con trazos rectos de manera vertical y horizontal, y al igual, involucramos los bloques “plasta” de colores que corresponderían a la forma horizontal y textura principal de los tapiales. Con ello buscar que la propia pieza, en su primer resultado, orgánico, tuviera un reforzamiento con base en el soporte en que se realizaba. Terminamos a media tarde y el frío comenzó a suceder. Algunos de los asistentes disfrutaron de la edición de Pluma 11 al acompañarnos esa misma tarde.

Al día siguiente, la mañana del sábado, diciembre 16, un desmesurado cambio de clima llegó, y con ello, la incertidumbre de saber si terminaríamos, pues nadie había llegado a la hora indicada y no teníamos mayor información del resto del grupo. Pese a ello, fuimos dos los que comenzamos a pintar. Conforme pasó el tiempo, el equipo llegó.

A lo largo de esa mañana sabíamos que debíamos terminar. Los colores sobre el lado sur comenzaron a dar forma y volumen a las líneas que realizamos un día antes, entre los juegos de pétalos y los edificios amorfos, la integración de los elementos definieron el jugueteo de nuestra pieza. Poco a poco consolidamos un divertimento que había sufrido modificaciones pues la intensión era componer una estética particular de esa integración en la que todos habíamos sido participes: componer y descomponer y volver a componer.

 

Letras y texturas

 

Las líneas de Matriola definieron un mural de trazo “orgánico”, libre, diverso, abierto, de todos, y entre ellos, manifesté la fauna que acompaña a cada una de esas piezas. A partir de los puntos negros que coloqué, las peces y las aves surgieron, agua y viento como razón de nuestro existencia, además, un sinfín de especies que sólo el ojo del espectador podrá descubrir conforme a su paso. Ese día terminamos exhaustos, con una sonrisa, con varias sonrisas, con los abrazos y la posibilidad de sabernos equipo, eso fue la ganancia de Matriola, la amistad que entablamos bajo una pieza para la ciudad. Habíamos dejado los detalles de la diversión para el lunes, pues sólo deseábamos usar nuestras manos como esténcil para delinear las venas de cada pétalo, y por igual, remarcar con color las líneas de las letras. El clima no imposibilitó nada, sino que reforzó nuestra intensión de lograr nuestra creación. Con frío y con mucha pintura en las manos por igual.

El lunes confirmamos bajo un aviso breve por la mañana nuestra cita para cerrar nuestro mural durante la noche de ese día. Al Patronato llegaron algunos de los que habían tenido mayor participación en los días anteriores. Para ese día habíamos solicitado un par de aerosoles sobrantes de otros

Usamos un poco de aerosol sobrante de manera breve sobre las letras para definir con mayor luz el cuerpo de las mismas para conciliar con la oscuridad de la línea negra que tenían como base, con esto, los participantes experimentaron un acercamiento a la base de la calco con lata. De igual manera, y con apoyo de uno de los participantes, buscamos la colocación de texturas en algunas de las formas del mural para corresponder a sobresaltar más los diversos planos de la pieza. Para eso usamos algunos de los colores frescos de manera que correspondieran con la paleta pastel que se resguarda al fondo. La pieza misma se torno en un juego y a un discurso infantil en el que el poema nos llama a leerlo al caminar bajo un paseo por el andador.

 

Un andador con-verso

 

Durante este taller, todos aprendimos algo en particular, conocimos más de nosotros y compartimos un poco más de este tipo de acciones con aquellos que se acercaron a la pieza. Como retroalimentación solicité a algunos de los participantes con mayor asistencia que manifestarán sus perspectivas respecto a su participación y al trabajo realizado. Aquí sus palabras:

Diana Castillo

Matriola fue para mí un taller divertido en donde me reconecté con gente de Guadalajara que le gusta hacer lo mismo que a mí. Fue una buena experiencia aunque con sus limitantes, ya que, según yo, estaba enfocado a lo social más que a lo artístico, a lo que me refiero es en cuanto a la técnica de mural pues no preparamos un muro, ni hubo un boceto, entiendo que es en taller y las condiciones de este son distintas y el enfoque estaba más dirigido a la convivencia y al contacto con la gente que a la técnica en sí. Pero claro que al crear arte urbano es llevar ese lenguaje al alcance de toda la gente, y con ello, apropiarnos de nuestra ciudad y de sus espacios. Y claro que el arte es social pues es una forma de comunicación y expresión. Pienso que la dinámica podría haberse organizado un poco más. Respecto al trabajo en equipo, eso siempre representa un reto constructivo que nos ayuda a convertirnos en un todo y ello es un acierto en el resultado de lo que yo entiendo que se buscó en este proyecto. Con Matriola reforcé algo en técnicas, pues la pintura en aceite no es mi hit y nunca había experimentado el aerosol. Comparto que cada experiencia deja siempre un aprendizaje y una vivencia a nivel emocional, por ello me gustó mucho haber estado pintando en la calle, en pleno Centro, entre la gente. Me gustó escuchar sus comentarios, platicar con ellos y saber lo que piensan de lo que nosotros aportamos para embellecer nuestra ciudad. Disfrute mucho también la convivencia entre los creadores pues ello implicó conocer gente nueva. Espero que proyectos como Matriola continúen para ser parte de ellos.

Favio Suárez

Para mí Matriola fue una nueva experiencia, fue una manera diferente de trabajar a la que estaba acostumbrado, pero me gusto; a parte, combinar poesía con pintura se me hizo chido. Aprendí el trabajo en equipo, pues se me hizo algo chido lo que logramos a pesar de que tenemos ideas o gustos distintos: juntar nuestro talento, ideas o habilidad para hacer algo en común entre todos.

La dinámica me pareció interesante y me gustó, sobre todo en la parte en que hacemos participes a otras personas, personas que van pasando, observan el trabajo y les da curiosidad por pintar: ya sean niños o adultos. Mi participación con el equipo no fue difícil pero si un poco rara de mi parte porque no estoy acostumbrado a trabajar en colectivo. Con Matriola reforcé la parte del trabajo en equipo ya que se le puede sacar muchas ventajas a ello. De igual manera aprendí o experimenté una manera muy chida de pintar, que me gustó mucho, vuelvo a decirlo, estuvo chido mezclar poesía y pintura; sobre todo la manera de acomodar y adornar el espacio y las letras.

A mí me gustó mucho el trabajo que logramos y me siento satisfecho con el resultado, a parte de haber trabajado con personas muy chidas, y por igual, haber conocido un poco de ellas.

Berneck Becerra

El haber participado en Matriola representó para mí un evento de recreación social y participación ciudadana en el que aprendí que el trabajo en conjunto es muy útil para crear y materializar proyectos de cualquier índole. La dinámica estuvo bien, sin embargo, creo yo que faltó algo de comunicación pues perdí el hilo de la secuencia de trabajo. Aunque sólo fui dos días, pienso que mi participación fue útil, sin embargo pudo haber sido mejor. Dentro de Matriola reforcé mi paciencia, y por este proyecto, quiero agradecer la invitación y desearles suerte para sus siguientes proyectos. Me gustan sus propuestas.

Carlos Vázquez

Matriola fue para mí algo muy bueno donde aprendí muchas cosas. Aprendí a convivir con personas nuevas con ganas de hacer arte. Mi dinámica fue algo nuevo ya que no había experimentado esta dinámica en equipo y el estilo de pintura fue un buen reto y bello más que nada. el trabajo en equipo fue muy bueno, ya que la unión hace la fuerza. Forje la amistad y obtuve mucha enseñanza de Miguel, un estilo diferente y muy bueno. Sólo me queda decir gracias por permitir ser parte de este bello mural.

Edith García

Matriola representó para mí la unidad entre los tapatíos por medio del arte. Aprendí a tomar los errores como aprendizaje y a no aferrarme a puntos negativos. Creo que fluyó de forma orgánica, incluso, cuando llovió durante la mañana del sábado, el resto del grupo se integró conforme avanzó la mañana hasta el final del día. Mi participación en el trabajo en equipo fue bastante asertiva, comprendí que muchas personas trabajan de formas diferentes y que uno debe ser cauteloso y respetuoso a la hora de intervenir algo que ya estaba hecho, siempre preguntando antes de hacer algún movimiento. Obtuve elementos como la poesía abstracta, no sabia que esto se podía utilizar y creo que me lleve algo valiosísimo: reforcé mi forma de trabajar en equipo y mi técnica al pintar con un material diferente sobre una superficie distinta a lo que acostumbró. Me gustaría compartir una disculpa por todas las veces que quedé mal, y también, una felicitación a todos los organizadores: el arte mueve a la gente y espero que este tipo de proyectos se sigan llevando a cabo en todo Guadalajara.

Diego Illescas

Matriola representó para mí un ensayo de Avenida Poema pues comprendí cómo sería los principios de la dinámica de ese proyecto. Además, en el taller aprendí un poco sobre la técnica de pintura en spray, a su vez, logré analizar el cómo resaltar elementos como las letras, y también, cómo se pueden generar formas en un mismo elemento. Consideró que la dinámica facilitó mi aprendizaje y permitió un trabajo fluido. Por mi parte estuve observando con el fin de entender cómo el mural se convirtió en una unidad bajo el funcionamiento de la dinámica, esto mientras pinté con pintura de aceite y en aerosol para resaltar las líneas. Este taller me permitió reforzar la teoría del color, misma que aplico en mis conocimiento de arquitectura, a partir de ver cómo los colores armonizaban unos con otros.

Diana Contreras

Matriola fue para mí un proyecto en el que no sólo se tomó en cuenta la necesidad de hacer un espacio más ameno para los transeúntes, sino también el de acercarlos de igual manera a la poesía: tal vez no tengan un interés muy fuerte al principio pero la semillita queda, y de ahí, puede surgir algo bueno. En Matriola aprendí a trabajar de distinta forma, y a la vez, a convivir con personas con gustos muy diferentes. Por igual aprendí a improvisar, lo cual no siempre hago y en este caso fue un ejercicio muy bueno, pues permite salir de la rutina y experimentar distintas formas de trabajo. La dinámica me pareció buena, al principio muy improvisada, pero conforme fuimos avanzando se agarró un ritmo de trabajo que ya habíamos captado todos. Mi participación con el equipo creo que fue buena y llegué a aportar algunas cosas que sirvieron durante la realización del mural. También creo que hubo buena comunicación con mis demás compañeros y me quedo satisfecha por ello. En Matriola reforcé una comunicación más rápida con gente que no conozco, eso por principio, además de adaptarme a formas de trabajo que no son habituales para mi, me agradó. Matriola fue para mí una experiencia muy buena, por lo que considero que se deberían de seguir haciendo talleres de esta forma, ya que por lo general suelen ser mucho más fríos y formales, aquí fue algo formal pero teníamos algo de libertad para meter cosas que se nos ocurrieran en el momento sin que nos saliéramos de contexto.

 

Galería Monumental es un festival de arte urbano en el Centro Histórico de Guadalajara, que busca hacer de la ciudad un museo al aire libre, dándole voz a sus paredes y resignificando los espacios públicos por medio del arte y la expresión gráfica. Galería Monumental surge a partir de la inquietud de transformar la dinámica de los espacios públicos por medio del arte, en donde se fusione en el Centro Histórico, la identidad de una nueva generación y su riqueza histórica al crear lugares simbólicos para la comunidad, supuesto que da pie a un sentido de pertenencia, así como al detonar la convivencia y la creación de patrimonio cultural, incrementando el turismo urbano y principalmente, visibilizando las tradiciones locales de sus habitantes.

Agradezco al Patronato del Centro Histórico de Guadalajara la apertura y el apoyo, a Sarape Social por el compromiso con la comunidad y a todos los patrocinadores por haber hecho posible este evento de amistad, integración, unidad y desarrollo creativo para la ciudad. Hoy, unos versos con trazos acompañarán a algunos peatones durante un tiempo en el Centro de nuestra Guadalajara. Ayer fuimos desconocidos, hoy, somos un equipo fortalecido por poesía y arte para nuestra comunidad. De norte a sur, el color en las letras, en la ciudad, en un pasillo que algunos contemplaran como un recorrido mágico.

 

POESÍA Y ARTE SOBRE RUEDAS: CICLOVERSO

POESÍA Y ARTE SOBRE RUEDAS: CICLOVERSO

LABOR
Texto y foto: Miguel Asa

Parte de este texto se encuentra publicado en la edición de septiembre de 2017 de Cycle City.

 

Regresé en enero a Guadalajara, Jalisco, mi ciudad. Habían pasado meses después de mi último pedaleo con Emma en Tijuana, Baja California. Después de ello fueron viajes de lecturas y talleres por Acapulco, Guerrero, Ciudad de México, San Miguel Allende, Guanajuato y León, Guanajuato, y para cerrar el olvido de haber perdido mi bicicleta, me fui a La Manzanilla, Jalisco,

Después del noveno Congreso Nacional de Ciclismo Urbano en noviembre de 2016, mismo del que me hice cargo de la imagen, no había actividad alguna sobre el tema de la bicicleta en días futuros. Me atreví a retomar las actividades ordinarias que hacíamos en la ciudad previo a mi partida, entre lecturas, talleres, conversatorios, los poemas breves en el tren ligero, las charlas en la calle, los paseos sin tiempo, entre una demasía de cosas. Sin embargo, algo me faltaba, y recordé, sería año de festejos.

Poema de Mario Pineda con obra de Denisse Figueroa

El viento siempre es un compañero de la bicicleta. En cada giro del pedal sobre el núcleo del equilibrio la comparsa lleva el horizonte como objetivo, así nosotros, pues celebramos el décimo aniversario de nuestro movimiento Por favor, lea poesía. a la par del bicentenario de la invención del vehículo que hemos incluido en nuestro proyecto, la bicicleta: mejor pretexto no podría existir.

Después de mi viaje en dos ruedas por el Pacífico mexicano, realicé una pausa para celebrar en la ciudad con gestión, vinculación y producción, así creamos Cicloverso, una edición especial de Vía Literaria, en otras palabras, poesía y arte sobre dos ruedas.

Mara P. Hernández ilustró las letras de Luis Curiel

La idea de Proyecto Ululayu buscó la autorización del Instituto de Movilidad y Transporte del Estado de Jalisco (IMTJ), el soporte de BKT Bici Pública y la vinculación con Radio Universidad de Guadalajara a través de Birula Radio.

Fueron 39 poetas y 65 artistas, de distintas partes de México y del globo, los que crearon 65 piezas únicas para 65 estaciones del Sistema de Bicicleta Pública Mi Bici en Guadalajara, Jalisco, precisamente, en su centro histórico. Por igual, Cecilia Fernández realizó la producción de los poemas para la programación de Radio UdeG, como acompañamiento de dicha exhibición urbana.

El poema de Paola Llamas Dinero que incruste en mi obra

Pedaleamos para celebrar. Conspiramos con la comunidad. Nos volvimos trazo del horizonte y todo ello en más de siete meses de labor social, un regalo de nosotros para la ciudad y su población. Realizamos convocatoria, invitamos a otros, poetas y artistas, creamos a la par, nos apoyamos y coincidimos. Diversos, espontáneos, ciclistas, de color, a blanco y negro, con textura y sin ella, con la mano, con el pincel, las gubias, la máquina de coser y la aguja. De todo, hay de todo. El imaginario digital, la sombra, la técnica, la colectividad, el compartir de forma simultánea para congregar las líneas de los versos en las de las imágenes. Los signos fueron teoría de otros esquemas.

Daniel Andrade bordo los versos de Grecia Hernández

Ahora, cuando veo por fin la galería en las calles del centro de Guadalajara, me es imposible no suspirar por cada verso que los poetas participantes compartieron con nosotros, letras que atamos a nuestros pedales de por vida; y por igual, no dejo de sorprenderme por cada pieza creada bajo diferentes técnicas y soportes por los artistas involucrados, todo una alcurnia de texturas, perspectivas, conceptos. Así, diez años de nuestro movimiento, 200 más de muchas bicicletas, y yo, con la visión de continuar con mi viaje el año entrante.

La máquina de coser de Judith Satín camino con los versos de Carmen Villoro

Fuimos Sayuri Sánchez, en la coordinación editorial, y yo, Miguel Asa, en la coordinación de diseño y producción, los que realizamos esta edición. Gracias a Grecia Hernández y Sebastián Cecillón, compañeros de Birula Radio por apoyar desde su pedaleo. Gracias a todos por su sincero esfuerzo y su amable acompañamiento en el pedal. Gracias Cycle City por el espacio.

Volví a la ciudad para celebrar, sin embargo, el viento me llevará de vuelta a la carretera que tanto he aprendido a amar. La poesía anda en bicicleta, con nosotros. Paz.

Mi reflejo sobre una ficha de un Cicloverso

 

PUERCONEJOS: ARTE PARA SEGUIR

PUERCONEJOS: ARTE PARA SEGUIR

LABOR

 

Con Proyecto Ululayu he comenzado con la celebración del décimo aniversario de nuestro objeto efímero Por favor, lea poesía. que ha sido fuente de vinculación, exploración y difusión a lo largo de estos años. Por lo anterior he creado una serie de artesanías denominada “Puerconejos”, alcancías de yeso y cuerpo tradicional hecho en Tonalá, Jalisco, México, con mi propio trazo que he denominado efecto Matriola (sí, ese montón de colores y líneas negras que ustedes han visto en murales, ilustraciones e invitaciones), y con ello, la realización de piezas únicas para ponerlas en venta, de tal manera que, esto sea un paso de cooperación para seguir con nuestro proyecto que al día de hoy ha crecido en demasía.

A su vez, con esta serie que tendré en venta durante un par de meses para Guadalajara y todo México, celebró dos años del inicio de la primera etapa de mi viaje en bicicleta. Cada Puerconejo incluirá 10 calcomanías de nuestra lema, un separador de edición limitada de mi autoría, y en el interior de la pieza, un poema mío, perteneciente al poemario inédito Poemas para dormir a Ehécatl. Es preciso mencionar que cada poema será diferente, pues la obra se incluirá dentro de las piezas posibles que surjan del proyecto. Cada pieza mide 15 cm de ancho por 25 cm de largo y 21 cm de alto, con un peso aproximado a los 400 grs, en colores diversos, o en su caso, personalizado, con recubrimiento brillante o semimate.

Aquí les comparto las primeras piezas que han salido por pedido. Espero que contemos con tu apoyo para seguir con la gestión de más proyecto involucrados con la poesía y las artes. Da click aquí para ingresar a nuestra tienda en línea #Kichink.

PRÓLOGO PARA NADIE DESDE LA NADA

PRÓLOGO PARA NADIE DESDE LA NADA

VIAJE
Texto: Miguel Asa | Foto: Eymi Rosado

que eres todo un ejército
en un solo hombre
y que no has parado
Estefanía Najar

No somos el recuerdo del asfalto que arde,
de manos que piden hambrientas
ni de charlas sin sentido sobre la poesía que no se escribe.
No somos ni el instante de la noche
en que la luna es más grande que la casa.
Nancy Cedillo

Se siente como si fueras una hoja en los bordes del viento. Se siente una ligereza extraña desde el primer instante. Se siente el eco de la lluvia en la piel. Se siente un alejamiento sin retorno, la sangre se vuelca en los suspiros y la incertidumbre es constante, parece nunca acabar, y en medio de todo, te vuelves infinito.

Quisiera saber hacia dónde has partido, hacia dónde has virado. Quisiera saber qué es lo que tus aros reflejan en este momento, qué brilla en ellos, qué ocultan. Quisiera contemplar las texturas que rodean a tus ruedas ahora mismo. Quisiera observar, detenidamente, cómo tu silueta se forma en el lente de mi cámara, añejo vitral de colores que he perdido. Quisiera degustar los aromas que tu cuadro emana en aquellos cielos, nuestros cielos de sueño, alegorías que descarnan el nacimiento de las memorias de juventud. Quisiera volver a tu pedaleo y envolverme ahí, platicarte hasta el alba, hasta dejarte de querer. Quisiera las caricias que dibujabas como veredas en el universo, ocasos divinos detrás de nuestra ventana. A pesar de todo, presiento que estás en algún lugar del planeta frente a la luna, y me sabes bien, nos sabes bien, nos creemos bien.

Se siente la vejez al correr en el firmamento. Se sienten los años en cada espasmo. Se sienten los suspiros a manera de llanto y de redescubrimiento. Se siente el día como se siente la noche, tiempo indeterminado de mentiras y verdades. Se siente la pausa de la vida en medio de la nada y a través de todo. Se siente el orgasmo oculto en los labios oxidados. Se siente el camino y se sienten los pueblos: los colores como alimento del vestigio en que me he convertido.

Hice amistad con el polvo, una eterna amistad, amable, voraz, devorante, pues recorrió conmigo cada una de nuestras respiraciones mientras desaparecimos en aquella coyuntura del camino. El polvo vino a suplirte: fue la caricia del amanecer, el cansancio de la tarde y la fortaleza del anochecer. El polvo, aquello que alejamos a diario, fue conmigo el suplicio del prisma que actuó bajo tus destellos.

Me alimenté de mi sudor a diario, pues a cada pedaleo, se quedaba rezagado sobre mis ojos, corría por mi frente y en todo mi cuerpo se volvió camino firme con su humedad; fue sal en momentos de sed, huella blanca sobre mis ropas, el resquicio de mi continuo desgaste. Mi sudor fue la evidencia del sol, de las horas, de los días y los meses, y sobre todo, de la presencia de ti. Fue el líquido que te invadió en cada subida y que se perdió en cada bajada. Mi sudor fue la voz de mi silencio, de los horizontes, de las texturas y del tiempo, reflexión de nuestro pasado. Fue la voz que me acompañó y que dejó huella en todo aquello que rodeó a mis pupilas, a mis manos, a mis pies, por igual a tus llantas, a tus frenos, a tu ligereza; voz de interminable augurio y de largos trayectos, voz de poema, voz de tierra y de agua.

La fuerza de mi cuerpo delató a mi mente y a mi espíritu para transformarlos en elementos de traslación y de continuo aprendizaje sobre ti. No te imaginas lo que se puede contemplar en la soledad diaria, parecía ser un séquito de emociones que dislocaba cada parte de mi cuerpo y las armaba con sonrisas ajenas sobre ti, en constante pedaleo. Sin embargo, estoy agradecido de que estés ahí oculta, quizás, bajo la luz del sitio en donde solíamos acurrucarnos de manera efusiva bajo las noches en medio de la nada.

Siempre estuviste a mi lado, en cada nacimiento del sol, en cada vibración del mar, en cada grano de arena que mis pies tocaron. Aún te recuerdo y lo haré eternamente. Espero que un día comprendas todo lo que sucedió y el por qué te dejé ir. No sé si escapé o cambié de destino, no sé si le llamarás éxodo o viaje, realmente no sé si quepa todo lo que piensas en lo que aquí determino, no estuve a cargo de la decisión de nuestros destinos y eso no lo podremos cambiar. Te digo, las respuestas están ausentes, sólo existo, existimos, y creo que eso me basta, quizás a ti no, pero ya está hecho. Podrás decir que estoy loco, y quizás sea verdad; pero dime, qué humano no ha cometido locura alguna en su vida con una bicicleta; quién no ha construido condominios sobre la punta de un mondadientes; quién no ha deseado, firmemente, ser mariposa, duermevela, papel, gafas, tormenta, delirio, camino, volcán o anhelo; quién no se ha fijado en la cordura de su pensamiento la inmediatez de sus deseos. Dime quién.

Sí, me puedes nombrar loco, pero qué más da si lo único que tengo en vida es este cuerpo rasgado por la infancia y reconstruido en distintas etapas de suspiros para crecer con el silencio de mis versos, aquellos que de manera fugaz escribí tantas noches sobre nuestro viaje. Como extraño esos momentos en que fuimos pluma y llanto, conversación y alegría. ¡Demonios, cómo pudiste irte así, tan silente, tan línea, tan punto, tan infinita, tan bicicleta, tan tú!

Sé que ahora estás muy lejos y que todo lo que fuimos se ha convertido en una llana memoria de nuestros días, mas qué le vamos a hacer si tan sólo recorrimos una mísera distancia del revuelo de un sueño efímero que alguna vez tuvimos. Qué te digo, en serio, qué te digo. Pareciera ser que el llanto no cubrirá la tela con la que guardaré tu aliento.

En este momento tan sólo quiero relatar, sin amor y sin consuelo, todo, o casi todo lo que aconteció a mi alrededor para llegar contigo a miles de células, a lo llantos, a las comunidades, al corazón, con todo mi pesar y bajo tu ausencia. Aquí hay historias de emoción y de pesadumbre, y lo sabes bien, hechos que hicieron desvivirme dentro de la complejidad del ser humano y en la sencillez de la naturaleza. Aunque desearía contarte todo, algunas partes las guardo, me las quedo, las oculto y las revivo, contigo allá, a lo lejos, mientras, posiblemente, estés en talleres de otro mundo, de otras paredes, de otras geografías. Sé que creerás que algunas son mentira y para ello no tengo solución, estuviste ahí. Una vez dijiste que escribiría nuestra historia y aquí está. Esto es un vil intento de lo que fragua mi memoria. Tómalo como desees; quise hacerlo de la manera más honesta posible pese a todo argumento: de nada sirve construir caminos con materiales que desconocemos, pues bien es cierto que los puentes tienden a caer cuando no se han fortalecido desde su parte baja.

Lo aquí expuesto son los vestigios de lo que fuimos en alcobas diferentes y en traspatios de otras gentes, son las carcajadas de todos aquellos que conocimos en un sinfín de aulas y auditorios de escuelas, siempre, bajo poemas que alimenté con tu presencia, con las voces de aquellos que nos impulsaron y de todo lo que tanto amé al frente de mi cámara fotográfica. Escribí esta crónica sobre ti que me dejaste solo, ante el universo y ante la poesía. Hoy soy melodía de distintas casas, el caminante sin destino, hombre que con desatino pretende ser viajero y horizonte.

Pero qué te digo si estás lejos, estamos lejos, enamorados de lo que fuimos y de lo que somos: estrellas de la ternura de nuestros recuerdos. Ahora me pregunto dónde ruedas, qué bailas, qué percibes, qué imaginas, qué contemplas, qué transmites, qué sientes, qué amas. Y los días pasarán y no habrá voz que responda. Te digo, la incertidumbre es constante, muy constante. Sin embargo, que sé yo de todo ello si sólo sentí, vibré, fluí, compartí, anhelé, construí a tu lado, y por igual, te olvidé. Y qué sé yo de mí si me configuré en todo camino para escribirme en medio de la nada con tu fortaleza, querida bicicleta, el aliento de mis letras y una supuesta coartada. Una vez, el polvo fue mi compañero, y el sudor, la escritura sobre mi almohada.

 

Para Emma Cleta, la bicicleta Orbea MX30 aportada por Zero Bikes que viajó conmigo por el Pacífico mexicano y que me abandonó en septiembre de 2016 en la calle Primera, ahí, en la zona Norte del Centro de Tijuana, Baja California, México, en manos de los hombres grises. 

TERCERA VEZ QUE NOS SUBIMOS AL TREN

TERCERA VEZ QUE NOS SUBIMOS AL TREN

LETRAS

 

Tercera vez que nos subimos al tren y cada vez somos menos efímeros. En la tercera ocasión en que los túneles de Guadalajara encausaron versos a sabrá cuántos miles de usuarios por día, somos más visibles, más nostálgicos y no menos poetas, así es Vía Literaria. Hemos gestionado este programa como la participación social entre escritores, movilidad y público en general, de tal manera que el involucrado sea partícipe de cada letra colocada dentro de los vagones que pasean por la línea 1 y 2 del tren ligero de Guadalajara.

Esta tercera edición, con material de diversas partes del globo, celebramos a la poesía como instantes de nuestra vida cotidiana, relámpagos que acontecen en la oscuridad de la urbe. Aquí se presenta el trabajo que diversos autores nos compartieron de manera libre, y lo mismo importa, que gracias a su participación Vía Literaria no existiría. A seis meses de haber iniciado nuestros recorridos por las vías nos sentimos más vinculados con las mariposas, los vientos, las calles, las bicicletas, los parques, los puentes, las sombras, los atardeceres, las siluetas, las alegrías, la puntualidad y la desorganización que se vive entre las venas de concreto. Somos pues, un tres construido en menos de dos para ser uno solo, verso-instante de una ciudad poética y visible, de colores y rasgos peculiares, Guadalajara. Abordamos el tren, avanzamos con él, somos él. Una vez más, las puertas de los vagones fueron enmarcadas por versos de distintos escritores que nos hicieron llegar su obra desde la ciudad local, Guadalajara, al igual que de otras de diversos estados de México, y de más allá, España, lo que nos permite reconocer que nuestro programa existe gracias a la participación de todos ellos y sus letras, misma que consideramos un esfuerzo que se agradece y reconoce.

Entre una obra dinámica, lúdica, sencilla, compleja, sintética, de todas partes, los versos que compusieron Jèssica Pujol, Abril Medina, Elizabeth Ruvalcaba, Mila Tesla, Brahyan Ledesma, Alejandra Casas, Sofía Cham, Judith Satín, Verónica G. Arredondo, Martha Mega, Edgardo Torres, Jorge Nores, Juan Carlos Gallegos, María Orozco, Andrea Madrigal, Armando Alanís Puldio, Carlos Vicente Castro, Violeta Rivera, Jonathan MInila, Luis Rangel, Enrique Adrián Martínez, Guillermo Preciado Valladolid y Angie del Desierto, son hoy día parte de nuestro número tres. Así pues, disfrute usted lector de lo que aconteció, a principios de 2016, dentro del tren ligero de Guadalajara y sus túneles de maravilla. Enhorabuena para todos los que nos abordaron en la estación tres.

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SEGUNDA EDICIÓN PARA TÚNELES URBANOS

SEGUNDA EDICIÓN PARA TÚNELES URBANOS

LETRAS

 

Después de la primera edición de Vía Literaria el programa debía seguir. Yo había partido de Guadalajara cuando desarrollamos el proceso editorial para la segunda edición. No fue una tarea fácil, pues Sayuri se encontraba en la ciudad y yo lejos de ella, lo que representaba un trabajo que ninguno de los dos había experimentado, mucho menos, cuando diversas situaciones modificaban mi trayecto. En ese momento fue cuando di cuenta que realizar este programa sería una tarea de paciencia y persistencia, sobre todo porque me encontraba sin rumbo fijo y bajo una constante incertidumbre en cuanto a la gestión de otras actividades a mi paso.

Nos ajustamos a trabajar en línea para desarrollar la edición dos: nuestra tarea desde un principio siempre fue aprehender. Entre correos y llamadas por internet fue que ejecutamos esta segunda edición. Entre Guadalajara, Jalisco, y Colima, Colima, seleccionamos obra de escritores de muy diversos estilos, con voces muy particulares y bajo el criterio que habíamos establecido con anterioridad, la entrada a poetas jóvenes y de renombre. De igual manera, invitamos a colaborar a Gerardo Esparza, editor y director de De Lo Imposible Ediciones, quien invitó a otros escritores para sumarse a nuestra segunda edición lo cual beneficio al programa.

En esta ocasión fueron 23 escritores los que participaron: Marco Antonio Gabriel, Paloma Patlán, Melissa Nungaray, José Zarzi, Jessica Rodríguez, Mavi Robles-Castillo, Carlos Tirado, Antonio Calera-Grobet, Arturo Grijalva Elizalde, Luis Eduardo García, Carlos M. Castro, Iliana Hernández, Rita Stenner, Rossana Camarena, Carmiña Mejía, Ada Erika Figueroa, Rocío Mendoza, Rodolfo Orozco, Óscar Tagle, Nancy Estrada, Gidalthy Alba, eL eNe y Diego Espíritu.

Pues aquí la obra que en 92 dovelas se publicaron como nuestra segunda edición, misma de la que habla el poeta Diego Espíritu con una breve introducción que acá compartimos. Gracias por creer y seguir fieles a nuestro programa.


De la segunda edición

La poesía está en movimiento. El poema es un artefacto móvil que no se detiene. Apenas fija un sentido, el conjunto de elementos que lo constituye se torna en otra cosa. Cada poema representa un vehículo de significado, cuyas trayectorias -al ir una junta con la otra en un desplazamiento paralelo, o bien, en su cruce- representa la vía que lo define. Una ruta poética, pues, es el flujo impredecible de distintas escrituras. La poesía está en movimiento no porque represente alguna historia particular – la de la libertad, por ejemplo-, sino porque es una vía constante de encuentros, pero también de accidentes.

Vía literaria es el esfuerzo por mostrar el itinerario poético  de un conjunto de voces -al dejar un registro visible del mismo. Cada recorrido, sea cual sea su meta u objetivo, no está exento de obstrucciones y seguramente no ha sido la excepción para este. Sin embargo, cada poema de esta segunda edición de Vía Literaria es un signo que, de una u otra forma, permanece. Así, la selección es un muestra de propuestas jóvenes pero también de aquellas con una trayectoria. Es la culminación de un trabajo en proceso cuyos checkpoints son estos espacios breves, pero en movimiento.  La vía poética es también un cúmulo de versos sin una estación fija. La vía poética es también una literaria.

Diego Espíritu, enero 2016.

UN TREN CON VERSOS EN VERANO

UN TREN CON VERSOS EN VERANO

LETRAS

 

Vía Literaria surgió de la mano de un colectivo que fundé en 2006 con compañeros de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara y otros allegados, Mute Co·lecto, en Guadalajara, Jalisco, México, y a su paso, gestionamos este programa de fomento a la lectura como un incentivo social en el que la literatura pudiera vincularse con la ciudadanía en general. En una primera instancia las oportunidades de su realización fueron positivas, sin embargo, por causas ajenas a nuestra gestión no fue desarrollado. Para entonces ya habíamos realizado la selección de la obra poética y el diseño con fotografía de mi autoría en relación con cada una de ellas. Pese a todo, la ejecución del mismo se vio limitada. Después, Mute se desintegró y el programa quedo en el aire. Tiempo más tarde insistí con algunas instancias de cultura y otras empresas que pudiesen apoyar a la ejecución final del programa, todo fue negativo.

A lo largo de casi ocho años estuve persistente en silencio, aunque muchas personas ya habían dado por perdido el proyecto. Sin importar, seguí cada año en espera de una respuesta positiva, y entre todas las consecuencias que involucró la calcomanía que había creado en 2008, Por favor, lea poesía., habría de llegar el momento.

Cuando comencé con la gestión de Ululayu, en 2014, que por principio era un viaje en bicicleta por América con literatura, artes y movilidad no motorizada, había decidido no dejar en el tintero todo lo realizado tiempo atrás con Vía Literaria. A principios de 2015 tuve un nuevo acercamiento con el Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR) a través de su jefatura de Fomento a la cultura a cargo de la gestora, Prisca Esponda. Dialogamos sobre el programa, sus objetivos y de todo el trabajo que se había realizado años atrás para su ejecución. Su valoración fue positiva, siempre, bajo la observación de dirección general.

Meses después, conocí a Sayuri Sánchez, no dude en invitarla a coordinar el programa, lo cual me pareció una idea fabulosa, pues sabía que su participación sería por demás enriquecedora. Ella acepto y nos convertimos en un diminuto equipo de trabajo con un sustancioso programa. Para julio de ese mismo año Vía Literaria entró a los vagones con obra de 45 escritores de distintas localidades: Jorge Orendaín, Andrea Avelar, Pablo Gómez, Sergio-Jesús Rodríguez, Luis Armenta Malpica, Zeydel Bernal, Mariana Pérez Villoro, Crisfer Barajas, Al Barreto, Eunice Lara, Rafael Saravia, Nancy Cedillo, Raúl Gibrán, Francisco Aguilar, Ulises Chávez, Luis Alberto Arellano, Vincent von Faustus Caleb, Emely Sánchez, Miguel Ángel Gómez, Manuel Romero, Emilia Espinosa, Jave Villanueva, Mónica Kulhmann, Miguel Ángel Áviles, Guillermo Solano, Gabriela Zuñiga, María Fernanda Iñiguez, Aleqs Garrigóz, Ángel Ortuño, Alfredo Lozano, Pablo A. Graniel, Omar Sánchez, Carmen Villoro, Yair López, Zahira Rico, Cecilia Fernández, Manuel Fons, Érick Salgado, Víctor Villareal Velasco, Gerardo de la Rosa, Claudia Otero, Federico Jiménez y Rita Bedia Lizcaino.

Vía literaria nació en el verano de 2015 con Sayuri como vigía cuando yo estaba a un par de meses de salir de Guadalajara hacia una aventura en bicicleta. Con ello, las palabras de Luis Armenta Malpica, editor y director de Mantis Editores, nos otorgó como entrada de este programa. Agradezco a todos aquellos que fortalecieron esta idea, y a su vez, posibilitaron su realización.


De la primera edición

La poesía viaja siempre: del pasado al futuro, de la memoria al sueño. Así lo sabe un hombre  (así, sin apellidos) e imagina que en su ciudad natal, Guadalajara, las palabras se mueven en los trenes. Eléctricos, ligeros, los poemas crean un movimiento de fomento a la lectura original e interesante. Ocupan un espacio en los vagones y se dejarán ver pese al trajín constante de los muchos viajeros.

Siteur ha prestado noventa y dos espacios; los poetas, alguna frase, un verso que deambule entre aquellos que suben o que bajen. También entre durmientes se leerá la poesía. Y esto hay que celebrarlo. Que detengan las prensas, no los trenes. Que los tipos sean móviles, pero que consideren unos cuantos segundos para mirar el mundo de otra forma.

Por favor, viaje por la poesía sin miramientos: aquí verá La Aurora y serán su Refugio los otros que acompañan el diario deambular de esta ciudad de todos. La ciudad que ha soñado algún hombre (así, sin apellidos) cuando cree en la poesía: porque nadie va solo si sabe leer la vida, aunque sea por momentos.

Luis Armenta Malpica, julio 2015

LECTURA DEL PASAJERO NÚMERO UNO

LECTURA DEL PASAJERO NÚMERO UNO

VIAJE

Lograrás la inmortalidad
En la etiqueta de tu féretro
Giselle Ruiz

Ella volaba porque nació pájaro
Andaba por los cielos y los mares de su llanto
Emmanuel Rocha

Por principio, leer. Siguiente, crear. Después, pedalear. Y así, un año después y varios miles de kilómetros, las letras se manifiestan, se generan, son entidad y memoria. Es tiempo para una pausa, para ellas mis amigas, las grafías, que después de una travesía de emociones y perspectivas, se construyan a sí mismas.

Hace dos años, en el brío de un sábado de junio, decidí navegar por carretera. Quise conocer el olor de los horizontes y la magia de las mariposas. Me fui, sin sentido ni dirección, desde el comienzo, desde la idea, a viajar en bicicleta en compañía de letras e imágenes. Desde una casa llena de historias emprendí mi viaje dentro de un sueño que me despertó para susurrarlo a media madrugada. Lo percibí, era mío.

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Después del inicio Birula Radio

Durante un año de gestión, entre apoyo por aquí, solicitudes por acá, talleres más allá y diversas actividades de manera constante, el viaje ya había comenzado, y al igual, un montón de calcomanías se alistaban para ser parte del equipaje. Entre pedaleos urbanos, actividades literarias, concursos y no sé qué más, la incertidumbre en mi persona fue un pensamiento constante, el color estaba en los poros. La aventura, el trayecto, la constante emoción de encontrarme en cualquier sitio, en cualquier espacio; la duda de no saber qué seguiría cada día, me perseguía.

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En Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara

Lo anterior fue el resultado de mi infancia, pues la bicicleta ha sido mi compañera desde mis primeros años gracias a mi Viejo, mi padre, quien en las tardes después del trabajo, recuerdo, levantaba con fuerza y sostenía mi bicicleta mientras yo trataba de encontrar el equilibrio en el vuelo sobre aquellas lomas en las que se postraba mi barrio. Muchas caídas como el tiempo de aprendizaje. Dar vuelta, eso de girar el manubrio era el universo, el imposible movimiento de un chamaco de cuatro años con los brazos diminutos. Años después, aquellas tardes con mi padre desatarían otro pedaleo más extenso, este viaje, esta aventura: aprehender en todo instante.

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PX-Taller en Acapulco, Guerrero

Por su parte, hace tiempo, cuando fui editor de Apócrifa Art Magazine, descubrí una acción que me dejaría atónito años más tarde y que sería parte de mi vida. Durante aquellos días, en la realización de un especial sobre bicicletas, me sumergí en el mar de las dos ruedas en su confección con el arte y otros movimientos sociales. En aquella investigación de contenidos encontré a quienes inspiraron parte de este proyecto, Tasting Travels, Annika Wachter y Roberto Gallegos, un par de jóvenes intrépidos, una alemana y un mexicano quienes viajaban en bicicleta desde Alemania para intentar dar la vuelta al globo. Con ellos, tras una entrevista que les realicé, tuve la oportunidad de observar perspectivas diferentes: que viajar en bicicleta era posible y que las miles de opciones que tenemos delante nuestro suceden sólo una vez. Después de aquel momento nada sería igual. No era algo concreto el que yo fuera a realizar un viaje, sin embargo, cuanto más tiempo pasaba y más cicloviajeros conocía al paso por mi ciudad o de manera virtual, la idea no estaba lejos de mí.

Así fue con Natalia Gama y Christian Wortley que se dirigían hacia Argentina desde California, Estados Unidos; con Cristina Spinola y su fuerza por el diálogo de la mujer en cualquier comunidad a la que llegaba; con Salva Rodríguez quien llevaba más de doce años sobre la bicicleta; con Lorenzo Rojo que a sus casi dieciocho años pedaleando aún quería cruzar las Filipinas; con Dani Ku que recién comenzaba su aventura por América; con Álvaro Neil quien busca hacer sonreír a cualquiera con su Biciclown desde hace más de diez años; con Coco que buscaba la libertad en el viaje; y así por igual un sin número de ciclistas y proyectos que conocí cuanto más indagaba. Gracias a Paulo, a Luciano, a Elías, a Nic, también por compartir su tiempo y sus enseñanzas. Gracias a todos ellos supe que tenía la capacidad para realizar mi propio viaje, pero, qué formato tendría -me preguntaba-, cuál sería la ruta que habría de realizar, qué implicaría gestionar todo lo venidero, simplemente, cómo sería todo esa galaxia.

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La máquina que ha entregado su corazón
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En el proceso de corte

Después de aquel junio todo fue diferente, pues la calcomanía que he impulsado desde hace ocho años, Por favor, lea poesía., se encontraba en su segunda edición de largo tiraje. Ese pequeño artefacto adherible me permitió vincular todos mis proyectos creativos, desde mi formación profesional, Letras Hispánicas, hasta aquella formación autodidacta en diseño, fotografía, gestión y otros, que había emprendido a la par como universitario. En ese momento, las actividades para fomentar la poesía de diversas maneras estaban a la orden del día.

 

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En la segunda edición en Palíndromo

Con un tiraje de 21,000 calcomanías, comenzaba la despedida. Entre el décimo octavo aniversario de Mantis editores, la edición cartonera de espresso con ediciones El Viaje y De lo Imposible ediciones, las lecturas en cafecitos, la entrada al aire de Birula Radio, los paseos ciclistas, los talleres, la instauración de Vía Literaria en el tren ligero de Guadalajara, las invitaciones a escuelas, intervenciones públicas, las reuniones con escritores y artistas, entre otros hechos, sucedió lo que había imaginado: Proyecto Ululayu emergía.

 

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Los poetas en el 18 aniversario de Mantis editores
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Los poetas Mantis en Chapultepec

Inspirada en el Canto VII de Altazor o el viaje en paracaídas de Vicente Huidobro, la figura amorfa de este proyecto la concebí para compartir, para imaginar, para sentir: Ululayu como onomatopeya del verbo ulular; Ululayu como el pasajero número uno en un viaje en bicicleta; Ululayu como el sustantivo del ente que me acompañaría en el trayecto; Ululayu como el sonido que ocurre en los oídos al pedalear; Ululayu como la voz del viento; Ululayu como el movimiento eterno de la Tierra; Ululayu como cuerpo fantasma en los versos y las fotografías; Ululayu como cuerpo motriz de la gestión y la creatividad; Ululayu encontrado en el cuerpo de un huracán; Ululayu, el ululamento de las dos ruedas en el rompimiento del silencio, simplemente, el confidente.

 

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En la tercera edición, antes de partir, en la Rambla Cataluña

Así pues, durante ese tiempo, principios de 2015, la vinculación entre mi bicicleta, las literatura y las artes, se había convertido en la mezcla adecuada para un proyecto de vida en constante movimiento: gestión y creatividad en dos ruedas, un experimento que no había contemplado ocurrió así, inmediatamente.

Después de algunos sucesos, entre ellos dos asaltos en los que me despojaron de dos bicicletas con las que había pensado partir en algún momento y parte de mi equipo fotográfico con el que haría el registro, el despegué se había postergado por más de tres meses, pues bien, había contemplado arrancar “en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos de calor” de aquel 2015.

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En Haz la lucha días antes de la partida

A lo largo de esos meses que sirvieron para realizar los preparativos, la gestión y las diversas actividades que realizaba habían suscitado el principio del cuerpo del proyecto. Ante ello, había llegado el momento de vaciar la casa, vender algunas cosas, obsequiar otras, intercambiarlas a manera de trueque… en poco tiempo, todo se fue, todo aquello que había sido útil en una vida citadina se convirtió en una vana evidencia de un instante de mi vida. Y ahí estaba, al borde de la mayor aventura que habría de sucederme. Mucha gente comenzó a colaborar, fueron parte muchas personas, no sabría el número con exactitud, pero cada uno sabe de qué manera han estado presentes. El apoyo de diversas instancias y pequeñas empresas funcionó como parte del primer impulso, además de las personas que fondearon, de las que ofrecieron apoyo de otras maneras y de las que con una sonrisa brindaron fuerza, todas me permitieron realizar una nueva vida. Así igual, gracias a Cultura UdeG, a Caravanas Culturales por la Paz, a Radio Universidad de Guadalajara, a Zero Bike, a Bicicletas Vazher, a Ok Hosting, a DeporteHabitat, a Siteur, a Boneshaker, a Rey del Pedal y a todos aquellos que de una u otra manera fueron parte del despegue.

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En la despedida con Mila Tesla

En menos de un mes la fiebre del viaje comenzó a latir. Ya había dado el primer paso, viví en casas de algunos amigos los últimos días de mi estadía, y finalmente, con mi madre, quien durante algunos años rehabilitó mi cuerpo después de varios accidentes que tuve, todo, para tener la voluntad de viajar de esta manera.

Escrito el 19 y 20 de octubre en Guadalajara, Jalisco, frente a una ventana con las lunas del mes.

 

CUATRO LETRAS SOBRE DOS RUEDAS

CUATRO LETRAS SOBRE DOS RUEDAS

VIAJE

 

¿Quién podrá detenerme con ensueños inútiles
cuando mi alma comience a cumplir su tarea,
haciendo de mis sueños un amasijo fértil
para el frágil gusano que tocará a mi puerta?

Julia de Burgos

Leer un descenso en paracaídas. Leer el reto de la propia estética, la de otros, la no existente y la olvidada. Leer el universo y su propia infinidad. Leer una memoria, una obra, una palabra indeterminada. Leer el nacimiento y su propia muerte. Leer con adjetivos y sin ellos. Leer la sincopa que delimita cada verso en cada página. Leer el imaginario imperdible de su esencia. Leer con nubes de malvavisco, con carreteras de chocolate. Leer los horizontes, las velas, los insectos, los pinchazos, los cansancios, las nubes, las subidas y las bajadas. Leer en dos o tres tiempos bajo balcones blancos, una palapa o una casa de campaña. Leer la radio, la bicicleta, el sol y la luna. Leer descalzo y sin espíritu. Leer en la laguna, en el campo, en el pueblo, en el camino. Leer en el cerro y bajo túneles verdes. Leer lento, rápido también. Leer para discutir, para gozar, para brindar, para bailar y yo qué sé. Leer, por el simple pretexto de leer.

Leer la mirada. Leer, incansablemente, el agua, la vida y los suspiros. Leer a Alfonsina Storni a la orilla del Océano Pacífico y traer su cuerpo a la existencia. Leer 1984 en un cuerpo modificado. Leer con tono de libertad y sin tiempos. Leer lo deseable. Leer los países y el continente. Leer las lunadas. Leer los lugares comunes y las nuevas adquisiciones. Leer Demasiado amor y recordar la universidad. Leer el prefacio no incrustado. Leer a capela y sin micrófono: volumen alto el de nuestra lectura. Leer bajo su falda. Todo cabe en leer.

Leer para contestar a Gabriel Zaid. Leer kilómetros como veredas, eje universal del único paseo en vida. Leer fragmentos de días y noches, leer a Roberto Maldonado Espejo en La Manzanilla, leer a Pablo Paniagua y sus historias en otros pueblos, abrir las palabras de Cecilia Magaña bajo la sombra de una parota para leer a un costado de un río.

Leer el polvo y la magia. Leer los egos y las envidias, también, sin prejuicio y sin remordimientos. Leer el recuerdo y la ciudad. Leer la penumbra, la sensibilidad, el ruido de las olas. Leer los poemas y cambiarlos por cenas decorosas. Leer el viento entre la lluvia. Leer como vagabundo a la orilla de cualquier carretera. Leer en el fin del punto. Leer siempre bajo ninguna regla.

Leer la lejanía de uno mismo. Leer bajo cualquier costado. Leer en dos ruedas para escribir un viaje. Recobrar el avance del pedaleo y ponderar las millones de naturalezas que rigen a la humanidad. Y si es posible, cuestionar a los átomos de cada textura, como si emprendieras el despegue hacia el olvido.

Leer en cuatro letras y en ninguna. Bajo la noche y la marea, leer el firmamento, cada estrella como el verso no escrito. Leer entre la pesadez y la absurda gana de existir. Leer sin nadie y sin nada. Leer desprovisto de espacio. Leer sin la coalición de los poetas vivos, siempre enfurecidos y antagónicos, bajo los peldaños de la distancia. Leer fuera de foco y lejos de ahí.

Leer como justa precaución antes de irnos a otro lado. Leer como presagio de cada sismo que sacude la panza. Leer para emprender la caída. Leer el verbo hasta hartar la conciencia. Leer para derrocar a la peste. Leer para construir un epitafio incoherente. Leer cualquier ente para compartir el cobijo. Leer bajo la premisa de los pedales eternamente. Leer el error, revolcarse, caer, resurgir y de nuevo aprender. Leer como método de la desintoxicación. Leer de Tonalá hasta Tijuana, desde la alfarería a la decadencia. Leer el sol y el fin de la playa. Sólo leer.

Cuatro letras para un sueño y dejarlo todo. Por última vez, leer el recuerdo de los amantes. Leer las palabras puestas en aquella casa. Leer el futuro sin destino. Leer entre papeles y la caricia medular de una tarde. Leer el mundo como jardín sin estructura. Leer el amanecer sin cielo. Leer para observar y escuchar. Leer el infinitivo hasta crearlo posesivo. Leer la muerte y su presencia. Leer la soledad y en ella, escribir la persistencia del silencio. Escribir como reflejar y sucumbir. Crear para irse. Sepultar la lectura de la experiencia. Modificar el tiempo a capa y espada sin remedios ni curaciones.

Que se vuelva flanco de libertad la pasión de la nada, un distractor mordaz: mi lectura. Y que frente a este mar que observo, se vuelva perenne la mañana ante los libros que buscan el fuego y resuciten a la bicicleta que trajo versos con el viento, desfigurados y huracanes.

Sólo compartimos la palabra, dimensión de la evasión. Sólo pedaleamos por la costa y nos aferramos al hambre, a los muros y a los estudiantes. Sólo no creíamos en llegar, en gestionar, en leer. Sólo fuimos una primera etapa de esta lectura, veneno del mar, interpolación del desierto. Sólo fue ella, la bicicleta que me protegió de la mentira y me dio el impulso de aproximarme más rápido a la muerte. Leer esto no como una declaratoria ni un testimonio. Leerle amor a Emma Cleta. Leerle después en el vacío, en el todo, en la galaxia.

Un año ha pasado y se ha ido, se la llevaron. Un año en el que la distancia se ha construido entre versos, apasionantes atardeceres y una bienaventurada esencia. Hoy leer el primer texto que incrusto en estas líneas virtuales, en lo efímero de nuestro pensamiento, es el comienzo de la siguiente etapa. Este viaje apenas comienza y entre el exceso de errores se encuentra la pequeñez de mis aciertos.

Acá en Tijuana, donde termina mi lengua, leo con gusto la evolución del recorrido y encuentro en ello la amalgama de corazones que se postran como unidad de fortaleza. Ante ello, leer cada kilómetro como la perpetuidad del no saber que seré mañana, si rinoceronte, piedra, norte, ola o frío. Ahora es leer, sólo leer, porque en el destino no hay retorno y todo queda en la lectura del dulce cuerpo de la nada que está al final del camino. Siempre leer en la presencia de la ausencia. Escribo que viajo solo cuando leo que todos están conmigo.

Escrito entre el 18 de octubre de 2015, en La Manzanilla, La Huerta, Jalisco, al 19 de septiembre de 2016, en Playas, Tijuana, Baja California, México.

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