NOCHE SOLUNA: AYARI, ULULAYU Y SUS MATRIOLAS

NOCHE SOLUNA: AYARI, ULULAYU Y SUS MATRIOLAS

Enero 20, 2019
23:57 hs

Aún no sé.
Mañana que no me sienta
como ahora me haces sentir
sabré qué hacer.
Ayari Lüders

Niña Gato,
Mujer Soluna:

Hace ocho días dejaste la Tierra para ser canto. Hace ocho días que no sé de ti y que no estás para escuchar mi aventura, mis delirantes trayectos a solas. He tenido tiempo para llevarte entre los poros. No sabes cómo han sido estos días de desvelo. Las paredes se han vestido de tus versos en tus Matriolas. Y no sé qué tanta pintura requiera para extender tu palabra. No sé cuántos rituales le tengo que entregar a tu Tierra para difundir el tiempo de todo tu recuerdo. No sé cuántas lunas me depare el silencio. Hoy abro paso a mi despedida. Hoy regreso a carretera y me envuelvo de tu certeza.

Quiero contarte mi viaje. Sé que el tiempo no ajustó pero es momento de entregar las letras que tenía pendientes. Me será un honor compartir con tu espíritu este bólido en que se ha convertido mi corazón. Te diré lo que fue viajar en bicicleta. Te diré las centellas del desierto, el horizonte de las playas y los sonidos de las ballenas. Te diré todo lo que pueda para que encuentres en el caos de las estrellas un poco de lo que mi espíritu vivió.

Un mes antes de verte por última vez había pasado mi cumpleaños 34 en el 10 Congreso Nacional de Ciclismo Urbano, allá, en Aguascalientes ciudad. Estuve agradecido con la vida, pues entre amigos poetas, artistas y ciclistas llegué a solas para saberme feliz. Fue un mes de celebraciones por todos lados. Recuerdo muy bien lo que en algún momento me dijo Gustavo Fernández, “un día tienes que escribir tu vida”. Y de ahí me he mantenido la promesa de que fuera pronto.

Cuando te hablé de Ululayu caí en cuenta que seríamos huracán. No te miento. No sé por qué razón te escuche inundar mi corazón y los caminos del futuro, sin embargo, ahora es nuestro turno. Me hablaste de viajar por todo el país para leer en todas partes, escribir de todos los lugares, de volvernos herramientas de diálogo, de inundar de poesía todas las calles. Y qué hicimos sino comenzar el viaje a nuestra manera. Hoy preparo la lista para irnos a Tulum. Ya te diré. Me hiciste volver a carretera, a las pistas del silencio y al eco de los gigantes. Me iré lentamente como lo hice ya una vez en bicicleta y deseo que sepas algo de ello.

Despegué un día, con el viento detrás de mí, un día de junio de 2014 decidí moverme de aquí, de Guadalajara y de todo lo que había en ella, mis ojos pregonaban por más paisajes y geografía. Me fui de manera lenta y con una acción que transformó mi vida, un pequeño pedacito de papel con blanco y rojo. No te lo había dicho, esa calcomanía que me ha dado tantos caminos me llevo a ti, Por favor, lea poesía. me entregó el instante más feliz de mi vida a tu lado y eso nunca tendrá comparación.

Así fue Soluna, un sábado por la mañana me desperté y apunte mis huaraches hacia el futuro en bicicleta. Ese día tomé la decisión más grande que he aprendido, la libertad de ser, el vuelo libre que buscaba. De ahí surgió todo, poesía, artes y bicicleta, Ululayu se asomó a mis horizontes, bien digo yo, gestión y creatividad en dos ruedas.

2014 fue un año de pies descalzos, de nutridos caminos y grandes aprendizajes. Gestioné mi viaje durante casi diez meses con aciertos y errores. Aprendí del despojo y de la libertad de las propias cosas. Me he convertido en la posibilidad de dejar. Así deje a mi familia, amigos, lugares y otras tantas recuerdos. Me desenfrené del delirio y me llevé la poesía conmigo, en bicicleta. Perdí bicicletas, los hombres grises se las llevaron. Perdí una cámara y una tableta. Los ojos no verían imposibles. Perdí libros, arte, momentos. Los dejé ahí, entre el canto de las calles y las aglomeraciones de colibríes que me visitaban en cada mañana. Tomaba café y de manera diurna la música sonaba en casa. Había cerrado un ciclo importante de mi vida y destine mi futuro a la labor social. Me prometí que entregaría el resto de mis días a las comunidades, a la juventud, a ese momento de encuentro y de inspiración que encontramos los locos o esos, los que soñamos.

Así pase los primeros meses de esa gestación. Lecturas por aquí, por allá, versos, libros nuevos, un fotovildarte:sueño que no leíste, playeras, viajes y tantas calcomanías en miles de manos. He perdido la cuenta en este momento, ya se han impreso más de 280 mil en estos años y ninguna de ellas me devolverá tu color de ojos cuando las tuviste en tus manos. Recuerdo ese momento. Amo ese momento.


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Pasó el otoño y el invierno de 2014. Tenía tu edad, 30 años, soñaba con cada uno de los recorridos. Dejé limpia la alacena y la casa se vació lentamente. El corazón por igual. La vida me trajo hasta ti. Me había propuesto salir en la primavera de 2015 y las tormentas de los humanos postergaron la partida. Qué bueno es tener espíritu y saberlo fuerte, así logré dos bicicletas más, la primera gracias a Luis Quintanilla, de Zero Bike, y a Pilar Aranda, amiga y fuerza, a quienes aprecio en demasía y a quienes debo la vida por igual. Alejandra Vázquez, de Vazher Bikes, nos apoyo con indumentaria, accesorios y con la cámara que me permitió guardar un poquito de lo que fui en esos terrenos. Te muestro algo de los primeros días, un poco de lo que mi ojos vieron entre pedales, de las fugas de las sirenas entre las lunas, la velocidad del corazón por las carreteras, el deseo de los perdidos.

 

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En ocasiones pienso el por qué esos momentos de la vida, después, miro hacia atrás y nada duele, nada pesa, ha sido la complejidad del desprendimiento la que me ha brindado la cualidad para remediar sin mayor problema la soltura de las palabras. Porque hasta eso, también los versos habían dormido por un tiempo fuera de la página en blanco y aquí estoy otra vez, escribe y escribe para decírtelo todo.

Logré despegar el 1 de septiembre de 2015, hacia el mismo sueño, hacia la misma potencia, hacia la determinación de mi vida como entrega a las comunidades bajo diferentes facetas. La casa se quedo inerte, los espacios se volvieron más grandes y mis horizontes ya no tenían paredes. Despegué hacia Jocotepec, Jalisco, a unos kilómetros de Guadalajara con Emma Ibo, así se llamaba mi bicicleta como un recordatorio de Madame Bovary, del Gran Flaubert, ya sabes, la mujer libre, de enormes tumultos, un huracán que llevaba poesía y arte.

 

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Qué te digo del peso de la bicicleta. Llevaba calcomanías, libros, un gran reto y 200 pesos en el bolsillo. Sí, pregúntame cómo fue. Desde meses atrás, durante toda la primavera de ese año, recibí apoyo de muchas personas, me había propuesto dedicarme a Ululayu de por vida, sabes, entregar obra, hablar en comunidades, compartir la vida, pintar tanto como fuera posible, vivir una nueva experiencia, hacer amigos, hablar en silencio, crear ecos, dormir con las aves y renacer con los pájaros. No tengo en cuenta el número de personas que me han extendido un poquito de su vitalidad y avance. Un centenar de amigos se unieron a mí desde distintos puntos de la geografía. Todo fue aprendizaje enorme y que ahora, me vuelve a ti, somos un “Verso sin frontera/ circular fuente/ de raíz humana”. Ya lo he puesto en mi pecho, el viernes pasado, a un mes de haberte despedido por última vez.

Consagre los primeros kilómetros delante de un día de lluvia, me despedí con el alba, desde Tonalá, el municipio donde crecí, fui a ver el alba. Roberto Penilla llegó temprano, él es un ser entrañable para mí. Te habría gustado conocerlo. Le he platicado de ti. Viajamos a San Pancho a fin de 2018 y pinté la tercera Matriola para ti, en el Festival Internacional de Arte Colectivo San Pancho, con uno de tus versos potentes, “Soy una parte más del universo y todas sus caras”. Me dio gusto saber que lo apreciaste en vida. Beto celebró conmigo el inicio de año nuevo y te pensamos. Por pura casualidad me pude llevar las latas necesarias. A todos les gusto tu verso.

Y te cuento, ese martes de septiembre tomamos café y nos despedimos. Beto me dio un fuerte abrazo. Salí con el fuego, el agua, la tierra y el viento como energías de mi trayecto. Me encontré con Ulises González y me brindo un impermeable. Aún anda por ahí. Fue una mañana linda. Regresé a casa de mi madre, doña Paz, la Prieta, y desayuné con ella. Sus ojos se inundaron de esperanza y me fugué.

Mario y su familia
La primera secundaria que visité.

Salí al medio día con todo el sopor del mundo. Me dirigí hacia Chapala con el fin de llegar por la noche con mi poeta amigo, Mario Z. Puglisi, allá, en su Jotepecec. Ahí leímos de su poesía, compartimos con la primera escuela y comencé la experiencia de pedalear. Me viví tres días de amabilidad y descubrí la fuerza de la solidaridad. No fueron días ligeros te comparto, pero comprendí la alegoría de la respiración. Ahí convivimos y respiramos las alianzas.

 

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Quisiera comprender en algún momento de mi vida porque me encantan los trayectos. Después de haber viajado por México de aventón, durante la preparatoria y la universidad de manera intermitente, la bicicleta se convirtió en mi futuro.

Ya te diré sobre los huracanes y los desiertos. Por ahora, te informo que hubo luna con sol, algo así como te quiero llamar de por vida, Soluna, el reflejo rojo en el uni-verso que tanto amaste, y hablé con Vera Ramírez, casi una hora, platicamos de ti después de que he pintado la quinta Matriola con un verso que seleccionó nuestra poeta nicaragüense, Solange Saballos, y escribimos de ti “Libero barcos de papel” y ahí mis cuatros barquitos de papel se quedan.

También, Verso sin frontera arrancará pronto. Voy a las carreteras a encontrarte. A solas lo he pedido. Buscaré una camioneta para llevar los libros personalmente y dispondré de leer y pintar tus versos en los rincones que me sea posible. Tu amiga, nuestra amiga, Tanya Landeros ya está informada, hemos comenzado a trabajar. Te aseguro que Letras Itinerantes tendrá tu tarea. Dame el tiempo necesario para hacer este viaje. Dame la soltura del todo para recobrar la fuerza y el suspiro de tu aliento.

Por cierto, lo había olvidado, Proyecto Ululayu se inspiró en dos grandes seres, Tasting Travels, Annika Wachter de Alemania y Roberto Gallegos de México, quienes hacer años hablaron conmigo y me permitieron descubrir otro lado de la bicicleta. Aquí podrás leer algo que ellos escribieron. Fue mágico.

Te dejo por igual aquel breve homenaje que hicimos en Seis grados de separación, el programa de mi amiga Cecilia Fernández por Radio Universidad de Guadalajara. Grabé a Mafer y a Carlos, te leyeron en tu funeral. Escucha con amor.

Y bien, otra noche de desvelo y tu luz sigue encendida. Gracias por devolverme la fuerza para volver a carretera. Espero tus indicaciones para nuestra ruta. Por cierto, los miércoles serán Días de poesía como lo hacías. Ya te daré avances.

Eres la verdad de mi vida. Buena noche.

Te dejo esto por aquí:

Niña Gato
Mujer Soluna
nombre en tu canto
de octubre-agua
de noviembre-viento
que los huracanes crezcan
hasta fin del firmamento.

Hoy te contaré mi viaje.

Escrito a los ocho días de tu partida, bajo la luna roja en la que inundaste a todos, un domingo, en Guadalajara, Jalisco, México. 

VIAJE