AYARI LÜDERS: LA POETA QUE CAMBIÓ MI DESTINO

AYARI LÜDERS: LA POETA QUE CAMBIÓ MI DESTINO

Enero 15, 2019
4:10 horas

Cuatro días
Primera entrega

Ayari ante mis ojos · Foto: Josué Cordova


Y ahora te vas

alcanzándome el mar
que me asfixia de mí
si no te encuentro.
Ayari Lüders

Los últimos versos que publicaste en tu cuenta de Instagram el 29 de diciembre de 2018.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Ayari Lüders (@ayarilueders) el

Niña Gato:

Estoy a tus pies, en la última mañana en que este mundo te vivirá. Hoy tu cuerpo será materia transformada. Me quedo ensimismado en esta gran vela en la que han sido pocas horas de sueño. En esta ocasión no podía permitirme perder el vuelo como hace un mes, cuando me dirigí a Tapachula, Chiapas, para encontrarme con tus ojos, con tu potencia, con el cambio drástico que le darías a mi vida y a todo lo que me rodea. Hace dos días arranqué de mi ciudad, Guadalajara, Jalisco, lo último que tengo de ti: tus versos, tu voz y tu desvelo. Ahora estoy aquí, en tu Ciudad Monstruo, entre el recuerdo de los tuyos, con el vacío del Soconusco y la fuerza de cuatro días en los que te viví, nos vivimos, nos descubrimos: quién diría que aquel 14 de diciembre de 2018 el encuentro de nuestros caminos colapsaría para que me “acondicionaras un espacio en tu corazón”.

Hoy, ante tus pies, en medio de un frío que nos acompaña, extraño todo: tus palabras, la promesa que le hicimos a Dariela Torres y a Solange Saballos aquella noche en que mis brazos te dieron alivio y tu cuerpo me entrego su fuerza, así también como tocar el río, hacer chocolate, platicar de nuestros viajes y de los viajes que haríamos a futuro, de los barquitos de papel, de los poemas, de tu novela y sus números, de los proyectos editoriales, de las canciones de salsa que nos gustaban y que una vez, qué bueno, pudimos sudar con nuestros cuerpos en aquel barecito de Tapachula en compañía de nuestros poetas que nos abrazaron como los novios del Soconusco. También extraño todas las veces que te observé, desde aquella primera vez en Huehuetán cuando compramos agua para los dos antes de la lectura que compartiríamos ante aquella bola de escuincles que te aclamaron y les diste brillo.

Qué puedo hacer en este instante en que te pienso entregada al vuelo, a nuestros vuelos, cuando te contemplé en aquel estado que tanto te gustaba, Chiapas, en un diciembre en el que me compartiste cuatro de tus días y que nos bastaron para tener todas las estrellas del universo, de ese verso que tanto hemos buscado. Y qué puedo hacer con las canciones que Santana García nos recomendó en aquel fin de semana de selva y calor: he repetido tantas veces a The Chamanas y su “Dulce mal” para recordarte con toda la furia que logramos en el Sur lejano de nuestro México, y que ahora mismo, lentamente ante tu féretro, se impregna en mi silencio como fiel tatuaje de tu partida. Y qué me dices del insecto aquel que por equivocación le di muerte mientras Mónica Licea lo tomó con humor negro, entre las cervezas para cumplir uno más de nuestros desvelos, después de haber bailado “Payaso de rodeo” en esa cabaña con agua fría en la que la resaca desaparecía con la ducha, ahí, cuando estuvimos acompañados de Antonio Carrasco que nos salvó el festejo con la magia de su presencia, todos sabemos por qué, el viejo-niño que conocí años después de un primer contacto por las redes sociales y que tú supiste de ello en esos días.

Y cómo olvidar aquella pintura que entre tus manos, mis manos y las manos de las gentes trazamos entre Tapachula y Cacahoatán, y que ahora, penosamente, no sé cómo volverá a mí para sentir lo único que construimos en conjunto como la firma de nuestro pacto eterno, misma que acompañamos de aquel verso tuyo que compusiste con las palabras de todos y que evidenciaron nuestras alegorías con la comunidad en aquel Festival Mesoamericano de Poesía. Como desearía que ese verso permaneciera integró entre mi piel así como lo manifestaste en aquel pedazo de tela que dejamos en ese bastidor que hizo Nery para nosotros, “Verso circular sin frontera fuente de raíz humana”, espacio del único domingo que viví a tu lado y que Ameht Rivera evidenció con unas fotografías en las que nos amamos poquito, ahí, cuando hice las líneas negras alrededor de tu verso para cerrar ese encuentro creativo de nuestras presencias, mientras tú, elocuente y sonriente descubriste en la bocina roja que tanto baile nos brindó la que llamaríamos nuestra canción, “We are never apart” de Nick Muley, y que ahora escucho contigo aquí entre las flores, la tenue luz y la presencia de algunos tuyos que duermen en tu despedida, con el fin de qu por última vez esté entre nosotros: cuántas veces repetiré esa canción para recordarte con tu camisa a cuadros y el abrazo perfecto que nos brindamos entre el cielo y la tierra.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Proyecto Ululayu (@proyectoululayu) el

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Proyecto Ululayu (@proyectoululayu) el

Ahora, en esta mañana de martes, 15 de enero de 2019, tres días después de tu muerte, no sé qué destino tomará mi vida. Te encontré entre la fuerza de nuestros poetas amigos y el calor húmedo del Soconusco con tu vestido negro y un cigarrillo, entre breves tragos de posh previos a una lectura con la muchachada para que días después me dijeras que en ese momento en que me viste “sabías que ya nada sería igual, que todo sería diferente”, y me sentí como los patos en el estanque que me mostraste en Tlalpán, aquí, en tu Ciudad de México, de la que te querías ir y la cual preferí para visitarte un martes en lugar de Guatemala, después del Soconusco, sólo para estar contigo y mirarnos, llorarnos, abrazarnos y existirnos… me hiciste crecer, me diste alas y ahora con tu ausencia me has dicho “ábrelas”.

No quiero despedirme de ti, no necesito despedirme de ti. La garganta pesa y los ojos se sienten exiliados. He hablado con todos los que nos vieron vibrar en nuestro encuentro y me han compartido su dolor; no creen que un mes antes estábamos bailando con Selena y otras músicas que le dieron brillo a ese puente que hicimos y que ahora seas la primera en ausentarse de nuestro grupo: todos te aman como no tienes idea.

Por mi parte, realmente he tratado de mantenerme despierto desde que llegué de Guadalajara para no ausentarme de tu cuerpo, mismo que me ha presentado a tu familia, a tus amigos y a muchos seres queridos que tanto me han hablado de ti, y que ahora, me han hecho sentirme parte de todo esto. Quisiera guardar cada una de las anécdotas que me han compartido para reconstruir tu vida entre mis pensamientos, ya será el tiempo.

Ayari, qué te digo niña, me duele escribir delante de tu cuerpo como única salvación de nuestro recuerdo, y es que me diste tanto en tan sólo un mes que ahora pienso que la potencia de tu alegría no debe desaparecer. Te entrego mis lágrimas mientras que la canción sigue una y otra vez en volumen bajito mientras veo el silencio de tu féretro. Lloro como la fuerza de tus poemas, mismos con los que atravesaste mi viento, ese viento reacio y recalcitrante que moviste con tus versos y tus besos.

Ya amanece y no dejo de llorar, cuánta agua saldrá de mis ojos para sellar tu ausencia. Esperaré a mañana para partir, para despedirme de los tuyos y en compañía del resto. Y será en la Librería Jorge Cuesta, espacio que Daro Soberanes consiguió por petición mía, en la que le daremos lectura a tu memoria, Mujer de Tierra, y de ahí, cada lectura mía será una lectura tuya. Honraré tu nombre hasta el fin de mis días, pues en tan poco tiempo supe del valor de la poesía como ente rector de nuestro encuentro, mismo que refuerzo con una de tus palabras favoritas, inundar, así como la escribiste en la dedicatoria que me permitió conocer tu caligrafía en Cantos de Tierra, plaquette realizado bajo tu proyecto editorial Escáldica Ediciones: “Espero que inundemos cada calle, cada mundo, cada abrazo”, y así será.

Ya son las 7:00 horas y sé que todo pasará de repente. No te olvidaré. Doy gracias a Chiapas, tu estado mexicano favorito, por haberme permitido encontrar la alegría de tus ojos, la pasión de tu mirada y la inmensidad de tu persona, porque sólo una vez te viví cuatro días, y de esos días, escribiré eternamente hasta que mi espíritu se encuentre con el tuyo.

Ya no soy más el mismo. Ha pasado un mes desde que te conocí y me quedo con tus breves letras en nuestras charlas repentinas, y vaya cliché, pero como decía Neruda, “es tan corto el amor y tan largo el olvido”, que de tu recuerdo construiré castillos y anunciaré tus versos a cada momento y en cada espacio que mi materia me permita.

Ayari, Niña Gato, te digo adiós de manera momentánea. Sé que estarás a mi lado en cada unos de mis días y sé firmemente que pedalearas conmigo como lo habíamos pensado. Qué sé yo ahora de lo que me depara el tiempo, mi vida, tu muerte. La canción seguirá por la mañana, las tardes, nuestras noches. Agradezco eternamente a Josué Cordova por la fotografía que nos hizo in fraganti cuando hablamos de ti y de mí, apartados de todos, encontrados en la nada.

Y recuerda, en casa pinté una Matriola con uno de tus versos pues sabía que pronto irías como lo habías dicho. Así también en San Pancho, Nayarit, al finalizar el año, pues descubrí que entre tus versos y mis líneas la naturaleza se ha congregado para detenerse como único fin de vida: pintaré tantos murales con tu versos como segundos de mi vida te pensaré.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Matriola (@matriolax) el

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Matriola (@matriolax) el

Muchas gracias Ayari Lüders Monsivais, muchas gracias por el viento y los huracanes. Gracias a la poesía que me permitió vivirme en tus brazos, en la silueta de tu cuerpo, en el horizonte de tus dedos. Me quedo con todo lo que viene. Ya te contaré.

Te dejo en tu recuerdo las palabras que me escribiste el 16 de diciembre de 2018 a las 19:36 horas y que hoy, a las 7:20 horas, repito para ti:

“Hoy no quiero explicarme nada, sólo quiero sentirlo. Cerrar los ojos y volver a ver las líneas que haces nacer desde tus manos. Así te quedas planeando en mi mente todo el rato, pintando atardeceres, bailando con mis locuras, y eso es el mejor regalo para mi corazón hasta que vuelva a verte.”

Cuatro días para amarte toda la vida, unas horas para decirte adiós.

Gracias Ayari, gracias vida, gracias poesía.

Miguel Asa, tu bicitante.

Aquí nuestra canción como así lo declaramos aquel 16 de diciembre de 2018:

Escrito en la Ciudad de México, bajo la madrugada del martes que dejaste de ser materia, ante tu cuerpo, antes los tuyos, ante mi tristeza.

VIAJE