CICLOVERSO, MADRID, 10 MIL Y FIL 31

Texto: Perla Zamora, Génesis Díaz, Cinthya Lomelí, Lú García y Miguel Asa
Foto: Nabil Quintero  
Gracias a todos los que asistieron a nuestro Cicloverso dentro de la 31 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tuvo como invitada de honor a la capital española, Madrid. Gracias a cada uno de los que conocimos, a cada persona que coincidió con nosotros, a la vida, a la fortaleza de todos los que hicieron vinculación con nuestro proyecto y se enamoraron de ello, al reencuentro, a la fraternidad, a la magia que todo tiempo permite al vernos los ojos. Gracias al equipo que fortaleció este pedaleo, su esencia es básica: Ululayu. 

 

¿Quien dice que la casualidad no existe como hecho? Nos encontramos preciso, en tiempo de coincidir. En el marco de la 31 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el equipo Ululayu, cristalizó la solidaridad como el “hecho mágico”. La participación del equipo, a través de la exhibición de nuestro Cicloverso, simbolizó la construcción de un tejido fuerte, el cual, fue percibido por el público asistente, y el invitado de honor: Madrid.

Un pasillo, lugar de paso, de emergencia… el sistema circulatorio concebido como residual se convirtió durante nueve días en el lugar. Avenida Poetas, entre la calle E y F, albergó un papalote de colores, inventó la posibilidad, rompió horizontes, al ser propio, manifestándose libre, alto, ligero, siempre de todos.

La instalación de Cicloverso, proyecto logrado por 39 poetas y 65 artistas, originarios de distintas ciudades de México y del mundo, permitió ser la escenografía transitoria favorita, lugar de lectura, de atención, de siempre curiosidad, así como el marco ideal para la imagen del recuerdo, y de la misma forma nicho de oportunidad, para expresar por parte del equipo Ululayu, sobre los proyectos logrados, así como demás planes de intervención futura mediante la literatura, las artes y la bicicleta.

La dinámica del equipo se respiró solidaria, llena de compromiso. El mensaje a los visitantes fue la sensibilización a través del cuidado de la casa de todos, el mundo, la ciudad, esto, desde el fomento al uso de bicicleta, a la lectura, a la creatividad, a desarrollarnos desde lo humano. A la participación individual, desde la educación propia, heredada, desde el ejemplo, desde la consciencia misma. Invitamos al baile, a la sonrisa, al cuestionamiento, a generar siempre una reflexión, un criterio propio.

Fue una enorme celebración a la bicicleta, pues a 200 años de su invención no deja de sorprendernos, y que hoy día, en la ciudad, es parte de la celebración que conlleva la movilidad no motorizada. Fue la celebración de sabernos inmersos dentro de este espacio colmado de letras; nos dejó sonrisas, satisfacción y presencia. Nos dejó, saborearnos gustosamente libres, al ser lengua, al ser vehículo, al ser color.

Cicloverso fue más allá de lo tangible y lo visible. Fue esa sorpresa que evocó el espectador al leer los versos plasmados en aquella pared, fue una ilustración que atrajo al niño a través del color, el recuerdo emergente de rodadas imparables y a destiempo por calles, carreteras y montañas de aquel muchacho estático en la esquina de avenida Poetas.

Esta exhibición fue símbolo de identidad y pertenencia, de historias y raspones compartidos por nuestros visitantes. El encuentro perfecto para siempre abrazar el camino, aunque el recorrido sea largo. Acercar al ciclista  a la poesía y viceversa, que el lector y el poeta se reconozcan, que el artista acompañe al poeta en bicicleta; que ese fue el mejor pretexto para reconocerse humanos y parte de la urbe. Cicloverso dejó alegría, añoranza, tristeza, y su recuerdo permite emoción e incertidumbre, crecimiento y respeto, sonrisas y agradecimiento, asombro y voluntad para continuar en esta rodada.

Con Cicloverso dejamos ir más de 7 mil calcomanías, de igual manera hicimos vinculación y gestionamos, generamos apropiación y responsabilidad con nuestro proyecto y avanzamos hacia otros horizontes: no cambiamos, sólo nos expandimos. Mérito que se reconoce en cada acción que realizamos. Dejamos claro y nos quedó claro que reconocer al otro es lo primordial que logramos como comunidad. Nos queda un pedaleo que seguir y agradecer a todos los que formaron parte de este momento. Gracias a las coordenadas en las que nos conocimos, en las que la vida nos encontró, en las que nos compartimos el saludo, el abrazo, el gesto, el apapacho.

En avenida Poetas todos fuimos espectadores, a todos nos atrapó un Cicloverso. Y por igual, la Tierra nos obsequió la promesa de seguir avante con la unión de la literatura y la bicicleta como testimonio de arte; la esperanza de la creación, que tocó fibras sensibles en cada uno de los ojos que miraron Cicloverso, de saber que el arte sigue vivo dentro de la vía pública y así, dentro de todos los viandantes.

Somos equipo, y más que eso, somos una familia que como el viento, ulula fuerte en la cara. Somos la poesía que se inserta, que permea, y busca habitar hondo en el espacio. Simplemente somos: nosotros en la creación. Ahí dejamos recuerdos y la brecha de un nuevo camino, nadie se fue sin nada. Todos, somos todo.

 

LABOR