UN TREN CON VERSOS EN VERANO

UN TREN CON VERSOS EN VERANO

 

Vía Literaria surgió de la mano de un colectivo que fundé en 2006 con compañeros de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara y otros allegados, Mute Co·lecto, en Guadalajara, Jalisco, México, y a su paso, gestionamos este programa de fomento a la lectura como un incentivo social en el que la literatura pudiera vincularse con la ciudadanía en general. En una primera instancia las oportunidades de su realización fueron positivas, sin embargo, por causas ajenas a nuestra gestión no fue desarrollado. Para entonces ya habíamos realizado la selección de la obra poética y el diseño con fotografía de mi autoría en relación con cada una de ellas. Pese a todo, la ejecución del mismo se vio limitada. Después, Mute se desintegró y el programa quedo en el aire. Tiempo más tarde insistí con algunas instancias de cultura y otras empresas que pudiesen apoyar a la ejecución final del programa, todo fue negativo.

A lo largo de casi ocho años estuve persistente en silencio, aunque muchas personas ya habían dado por perdido el proyecto. Sin importar, seguí cada año en espera de una respuesta positiva, y entre todas las consecuencias que involucró la calcomanía que había creado en 2008, Por favor, lea poesía., habría de llegar el momento.

Cuando comencé con la gestión de Ululayu, en 2014, que por principio era un viaje en bicicleta por América con literatura, artes y movilidad no motorizada, había decidido no dejar en el tintero todo lo realizado tiempo atrás con Vía Literaria. A principios de 2015 tuve un nuevo acercamiento con el Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR) a través de su jefatura de Fomento a la cultura a cargo de la gestora, Prisca Esponda. Dialogamos sobre el programa, sus objetivos y de todo el trabajo que se había realizado años atrás para su ejecución. Su valoración fue positiva, siempre, bajo la observación de dirección general.

Meses después, conocí a Sayuri Sánchez, no dude en invitarla a coordinar el programa, lo cual me pareció una idea fabulosa, pues sabía que su participación sería por demás enriquecedora. Ella acepto y nos convertimos en un diminuto equipo de trabajo con un sustancioso programa. Para julio de ese mismo año Vía Literaria entró a los vagones con obra de 45 escritores de distintas localidades: Jorge Orendaín, Andrea Avelar, Pablo Gómez, Sergio-Jesús Rodríguez, Luis Armenta Malpica, Zeydel Bernal, Mariana Pérez Villoro, Crisfer Barajas, Al Barreto, Eunice Lara, Rafael Saravia, Nancy Cedillo, Raúl Gibrán, Francisco Aguilar, Ulises Chávez, Luis Alberto Arellano, Vincent von Faustus Caleb, Emely Sánchez, Miguel Ángel Gómez, Manuel Romero, Emilia Espinosa, Jave Villanueva, Mónica Kulhmann, Miguel Ángel Áviles, Guillermo Solano, Gabriela Zuñiga, María Fernanda Iñiguez, Aleqs Garrigóz, Ángel Ortuño, Alfredo Lozano, Pablo A. Graniel, Omar Sánchez, Carmen Villoro, Yair López, Zahira Rico, Cecilia Fernández, Manuel Fons, Érick Salgado, Víctor Villareal Velasco, Gerardo de la Rosa, Claudia Otero, Federico Jiménez y Rita Bedia Lizcaino.

Vía literaria nació en el verano de 2015 con Sayuri como vigía cuando yo estaba a un par de meses de salir de Guadalajara hacia una aventura en bicicleta. Con ello, las palabras de Luis Armenta Malpica, editor y director de Mantis Editores, nos otorgó como entrada de este programa. Agradezco a todos aquellos que fortalecieron esta idea, y a su vez, posibilitaron su realización.


De la primera edición

La poesía viaja siempre: del pasado al futuro, de la memoria al sueño. Así lo sabe un hombre  (así, sin apellidos) e imagina que en su ciudad natal, Guadalajara, las palabras se mueven en los trenes. Eléctricos, ligeros, los poemas crean un movimiento de fomento a la lectura original e interesante. Ocupan un espacio en los vagones y se dejarán ver pese al trajín constante de los muchos viajeros.

Siteur ha prestado noventa y dos espacios; los poetas, alguna frase, un verso que deambule entre aquellos que suben o que bajen. También entre durmientes se leerá la poesía. Y esto hay que celebrarlo. Que detengan las prensas, no los trenes. Que los tipos sean móviles, pero que consideren unos cuantos segundos para mirar el mundo de otra forma.

Por favor, viaje por la poesía sin miramientos: aquí verá La Aurora y serán su Refugio los otros que acompañan el diario deambular de esta ciudad de todos. La ciudad que ha soñado algún hombre (así, sin apellidos) cuando cree en la poesía: porque nadie va solo si sabe leer la vida, aunque sea por momentos.

Luis Armenta Malpica, julio 2015

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