LECTURA DEL PASAJERO NÚMERO UNO

LECTURA DEL PASAJERO NÚMERO UNO

Lograrás la inmortalidad
En la etiqueta de tu féretro
Giselle Ruiz

Ella volaba porque nació pájaro
Andaba por los cielos y los mares de su llanto
Emmanuel Rocha

Por principio, leer. Siguiente, crear. Después, pedalear. Y así, un año después y varios miles de kilómetros, las letras se manifiestan, se generan, son entidad y memoria. Es tiempo para una pausa, para ellas mis amigas, las grafías, que después de una travesía de emociones y perspectivas, se construyan a sí mismas.

Hace dos años, en el brío de un sábado de junio, decidí navegar por carretera. Quise conocer el olor de los horizontes y la magia de las mariposas. Me fui, sin sentido ni dirección, desde el comienzo, desde la idea, a viajar en bicicleta en compañía de letras e imágenes. Desde una casa llena de historias emprendí mi viaje dentro de un sueño que me despertó para susurrarlo a media madrugada. Lo percibí, era mío.

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Después del inicio Birula Radio

Durante un año de gestión, entre apoyo por aquí, solicitudes por acá, talleres más allá y diversas actividades de manera constante, el viaje ya había comenzado, y al igual, un montón de calcomanías se alistaban para ser parte del equipaje. Entre pedaleos urbanos, actividades literarias, concursos y no sé qué más, la incertidumbre en mi persona fue un pensamiento constante, el color estaba en los poros. La aventura, el trayecto, la constante emoción de encontrarme en cualquier sitio, en cualquier espacio; la duda de no saber qué seguiría cada día, me perseguía.

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En Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara

Lo anterior fue el resultado de mi infancia, pues la bicicleta ha sido mi compañera desde mis primeros años gracias a mi Viejo, mi padre, quien en las tardes después del trabajo, recuerdo, levantaba con fuerza y sostenía mi bicicleta mientras yo trataba de encontrar el equilibrio en el vuelo sobre aquellas lomas en las que se postraba mi barrio. Muchas caídas como el tiempo de aprendizaje. Dar vuelta, eso de girar el manubrio era el universo, el imposible movimiento de un chamaco de cuatro años con los brazos diminutos. Años después, aquellas tardes con mi padre desatarían otro pedaleo más extenso, este viaje, esta aventura: aprehender en todo instante.

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PX-Taller en Acapulco, Guerrero

Por su parte, hace tiempo, cuando fui editor de Apócrifa Art Magazine, descubrí una acción que me dejaría atónito años más tarde y que sería parte de mi vida. Durante aquellos días, en la realización de un especial sobre bicicletas, me sumergí en el mar de las dos ruedas en su confección con el arte y otros movimientos sociales. En aquella investigación de contenidos encontré a quienes inspiraron parte de este proyecto, Tasting Travels, Annika Wachter y Roberto Gallegos, un par de jóvenes intrépidos, una alemana y un mexicano quienes viajaban en bicicleta desde Alemania para intentar dar la vuelta al globo. Con ellos, tras una entrevista que les realicé, tuve la oportunidad de observar perspectivas diferentes: que viajar en bicicleta era posible y que las miles de opciones que tenemos delante nuestro suceden sólo una vez. Después de aquel momento nada sería igual. No era algo concreto el que yo fuera a realizar un viaje, sin embargo, cuanto más tiempo pasaba y más cicloviajeros conocía al paso por mi ciudad o de manera virtual, la idea no estaba lejos de mí.

Así fue con Natalia Gama y Christian Wortley que se dirigían hacia Argentina desde California, Estados Unidos; con Cristina Spinola y su fuerza por el diálogo de la mujer en cualquier comunidad a la que llegaba; con Salva Rodríguez quien llevaba más de doce años sobre la bicicleta; con Lorenzo Rojo que a sus casi dieciocho años pedaleando aún quería cruzar las Filipinas; con Dani Ku que recién comenzaba su aventura por América; con Álvaro Neil quien busca hacer sonreír a cualquiera con su Biciclown desde hace más de diez años; con Coco que buscaba la libertad en el viaje; y así por igual un sin número de ciclistas y proyectos que conocí cuanto más indagaba. Gracias a Paulo, a Luciano, a Elías, a Nic, también por compartir su tiempo y sus enseñanzas. Gracias a todos ellos supe que tenía la capacidad para realizar mi propio viaje, pero, qué formato tendría -me preguntaba-, cuál sería la ruta que habría de realizar, qué implicaría gestionar todo lo venidero, simplemente, cómo sería todo esa galaxia.

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La máquina que ha entregado su corazón
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En el proceso de corte

Después de aquel junio todo fue diferente, pues la calcomanía que he impulsado desde hace ocho años, Por favor, lea poesía., se encontraba en su segunda edición de largo tiraje. Ese pequeño artefacto adherible me permitió vincular todos mis proyectos creativos, desde mi formación profesional, Letras Hispánicas, hasta aquella formación autodidacta en diseño, fotografía, gestión y otros, que había emprendido a la par como universitario. En ese momento, las actividades para fomentar la poesía de diversas maneras estaban a la orden del día.

 

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En la segunda edición en Palíndromo

Con un tiraje de 21,000 calcomanías, comenzaba la despedida. Entre el décimo octavo aniversario de Mantis editores, la edición cartonera de espresso con ediciones El Viaje y De lo Imposible ediciones, las lecturas en cafecitos, la entrada al aire de Birula Radio, los paseos ciclistas, los talleres, la instauración de Vía Literaria en el tren ligero de Guadalajara, las invitaciones a escuelas, intervenciones públicas, las reuniones con escritores y artistas, entre otros hechos, sucedió lo que había imaginado: Proyecto Ululayu emergía.

 

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Los poetas en el 18 aniversario de Mantis editores
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Los poetas Mantis en Chapultepec

Inspirada en el Canto VII de Altazor o el viaje en paracaídas de Vicente Huidobro, la figura amorfa de este proyecto la concebí para compartir, para imaginar, para sentir: Ululayu como onomatopeya del verbo ulular; Ululayu como el pasajero número uno en un viaje en bicicleta; Ululayu como el sustantivo del ente que me acompañaría en el trayecto; Ululayu como el sonido que ocurre en los oídos al pedalear; Ululayu como la voz del viento; Ululayu como el movimiento eterno de la Tierra; Ululayu como cuerpo fantasma en los versos y las fotografías; Ululayu como cuerpo motriz de la gestión y la creatividad; Ululayu encontrado en el cuerpo de un huracán; Ululayu, el ululamento de las dos ruedas en el rompimiento del silencio, simplemente, el confidente.

 

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En la tercera edición, antes de partir, en la Rambla Cataluña

Así pues, durante ese tiempo, principios de 2015, la vinculación entre mi bicicleta, las literatura y las artes, se había convertido en la mezcla adecuada para un proyecto de vida en constante movimiento: gestión y creatividad en dos ruedas, un experimento que no había contemplado ocurrió así, inmediatamente.

Después de algunos sucesos, entre ellos dos asaltos en los que me despojaron de dos bicicletas con las que había pensado partir en algún momento y parte de mi equipo fotográfico con el que haría el registro, el despegué se había postergado por más de tres meses, pues bien, había contemplado arrancar “en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos de calor” de aquel 2015.

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En Haz la lucha días antes de la partida

A lo largo de esos meses que sirvieron para realizar los preparativos, la gestión y las diversas actividades que realizaba habían suscitado el principio del cuerpo del proyecto. Ante ello, había llegado el momento de vaciar la casa, vender algunas cosas, obsequiar otras, intercambiarlas a manera de trueque… en poco tiempo, todo se fue, todo aquello que había sido útil en una vida citadina se convirtió en una vana evidencia de un instante de mi vida. Y ahí estaba, al borde de la mayor aventura que habría de sucederme. Mucha gente comenzó a colaborar, fueron parte muchas personas, no sabría el número con exactitud, pero cada uno sabe de qué manera han estado presentes. El apoyo de diversas instancias y pequeñas empresas funcionó como parte del primer impulso, además de las personas que fondearon, de las que ofrecieron apoyo de otras maneras y de las que con una sonrisa brindaron fuerza, todas me permitieron realizar una nueva vida. Así igual, gracias a Cultura UdeG, a Caravanas Culturales por la Paz, a Radio Universidad de Guadalajara, a Zero Bike, a Bicicletas Vazher, a Ok Hosting, a DeporteHabitat, a Siteur, a Boneshaker, a Rey del Pedal y a todos aquellos que de una u otra manera fueron parte del despegue.

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En la despedida con Mila Tesla

En menos de un mes la fiebre del viaje comenzó a latir. Ya había dado el primer paso, viví en casas de algunos amigos los últimos días de mi estadía, y finalmente, con mi madre, quien durante algunos años rehabilitó mi cuerpo después de varios accidentes que tuve, todo, para tener la voluntad de viajar de esta manera.

Escrito el 19 y 20 de octubre en Guadalajara, Jalisco, frente a una ventana con las lunas del mes.

 

VIAJE

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