CUATRO LETRAS SOBRE DOS RUEDAS

CUATRO LETRAS SOBRE DOS RUEDAS

 

¿Quién podrá detenerme con ensueños inútiles
cuando mi alma comience a cumplir su tarea,
haciendo de mis sueños un amasijo fértil
para el frágil gusano que tocará a mi puerta?

Julia de Burgos

Leer un descenso en paracaídas. Leer el reto de la propia estética, la de otros, la no existente y la olvidada. Leer el universo y su propia infinidad. Leer una memoria, una obra, una palabra indeterminada. Leer el nacimiento y su propia muerte. Leer con adjetivos y sin ellos. Leer la sincopa que delimita cada verso en cada página. Leer el imaginario imperdible de su esencia. Leer con nubes de malvavisco, con carreteras de chocolate. Leer los horizontes, las velas, los insectos, los pinchazos, los cansancios, las nubes, las subidas y las bajadas. Leer en dos o tres tiempos bajo balcones blancos, una palapa o una casa de campaña. Leer la radio, la bicicleta, el sol y la luna. Leer descalzo y sin espíritu. Leer en la laguna, en el campo, en el pueblo, en el camino. Leer en el cerro y bajo túneles verdes. Leer lento, rápido también. Leer para discutir, para gozar, para brindar, para bailar y yo qué sé. Leer, por el simple pretexto de leer.

Leer la mirada. Leer, incansablemente, el agua, la vida y los suspiros. Leer a Alfonsina Storni a la orilla del Océano Pacífico y traer su cuerpo a la existencia. Leer 1984 en un cuerpo modificado. Leer con tono de libertad y sin tiempos. Leer lo deseable. Leer los países y el continente. Leer las lunadas. Leer los lugares comunes y las nuevas adquisiciones. Leer Demasiado amor y recordar la universidad. Leer el prefacio no incrustado. Leer a capela y sin micrófono: volumen alto el de nuestra lectura. Leer bajo su falda. Todo cabe en leer.

Leer para contestar a Gabriel Zaid. Leer kilómetros como veredas, eje universal del único paseo en vida. Leer fragmentos de días y noches, leer a Roberto Maldonado Espejo en La Manzanilla, leer a Pablo Paniagua y sus historias en otros pueblos, abrir las palabras de Cecilia Magaña bajo la sombra de una parota para leer a un costado de un río.

Leer el polvo y la magia. Leer los egos y las envidias, también, sin prejuicio y sin remordimientos. Leer el recuerdo y la ciudad. Leer la penumbra, la sensibilidad, el ruido de las olas. Leer los poemas y cambiarlos por cenas decorosas. Leer el viento entre la lluvia. Leer como vagabundo a la orilla de cualquier carretera. Leer en el fin del punto. Leer siempre bajo ninguna regla.

Leer la lejanía de uno mismo. Leer bajo cualquier costado. Leer en dos ruedas para escribir un viaje. Recobrar el avance del pedaleo y ponderar las millones de naturalezas que rigen a la humanidad. Y si es posible, cuestionar a los átomos de cada textura, como si emprendieras el despegue hacia el olvido.

Leer en cuatro letras y en ninguna. Bajo la noche y la marea, leer el firmamento, cada estrella como el verso no escrito. Leer entre la pesadez y la absurda gana de existir. Leer sin nadie y sin nada. Leer desprovisto de espacio. Leer sin la coalición de los poetas vivos, siempre enfurecidos y antagónicos, bajo los peldaños de la distancia. Leer fuera de foco y lejos de ahí.

Leer como justa precaución antes de irnos a otro lado. Leer como presagio de cada sismo que sacude la panza. Leer para emprender la caída. Leer el verbo hasta hartar la conciencia. Leer para derrocar a la peste. Leer para construir un epitafio incoherente. Leer cualquier ente para compartir el cobijo. Leer bajo la premisa de los pedales eternamente. Leer el error, revolcarse, caer, resurgir y de nuevo aprender. Leer como método de la desintoxicación. Leer de Tonalá hasta Tijuana, desde la alfarería a la decadencia. Leer el sol y el fin de la playa. Sólo leer.

Cuatro letras para un sueño y dejarlo todo. Por última vez, leer el recuerdo de los amantes. Leer las palabras puestas en aquella casa. Leer el futuro sin destino. Leer entre papeles y la caricia medular de una tarde. Leer el mundo como jardín sin estructura. Leer el amanecer sin cielo. Leer para observar y escuchar. Leer el infinitivo hasta crearlo posesivo. Leer la muerte y su presencia. Leer la soledad y en ella, escribir la persistencia del silencio. Escribir como reflejar y sucumbir. Crear para irse. Sepultar la lectura de la experiencia. Modificar el tiempo a capa y espada sin remedios ni curaciones.

Que se vuelva flanco de libertad la pasión de la nada, un distractor mordaz: mi lectura. Y que frente a este mar que observo, se vuelva perenne la mañana ante los libros que buscan el fuego y resuciten a la bicicleta que trajo versos con el viento, desfigurados y huracanes.

Sólo compartimos la palabra, dimensión de la evasión. Sólo pedaleamos por la costa y nos aferramos al hambre, a los muros y a los estudiantes. Sólo no creíamos en llegar, en gestionar, en leer. Sólo fuimos una primera etapa de esta lectura, veneno del mar, interpolación del desierto. Sólo fue ella, la bicicleta que me protegió de la mentira y me dio el impulso de aproximarme más rápido a la muerte. Leer esto no como una declaratoria ni un testimonio. Leerle amor a Emma Cleta. Leerle después en el vacío, en el todo, en la galaxia.

Un año ha pasado y se ha ido, se la llevaron. Un año en el que la distancia se ha construido entre versos, apasionantes atardeceres y una bienaventurada esencia. Hoy leer el primer texto que incrusto en estas líneas virtuales, en lo efímero de nuestro pensamiento, es el comienzo de la siguiente etapa. Este viaje apenas comienza y entre el exceso de errores se encuentra la pequeñez de mis aciertos.

Acá en Tijuana, donde termina mi lengua, leo con gusto la evolución del recorrido y encuentro en ello la amalgama de corazones que se postran como unidad de fortaleza. Ante ello, leer cada kilómetro como la perpetuidad del no saber que seré mañana, si rinoceronte, piedra, norte, ola o frío. Ahora es leer, sólo leer, porque en el destino no hay retorno y todo queda en la lectura del dulce cuerpo de la nada que está al final del camino. Siempre leer en la presencia de la ausencia. Escribo que viajo solo cuando leo que todos están conmigo.

Escrito entre el 18 de octubre de 2015, en La Manzanilla, La Huerta, Jalisco, al 19 de septiembre de 2016, en Playas, Tijuana, Baja California, México.

miguel(así,sinapellidos)

 

VIAJE

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